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Relatos que entienden

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Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Marzo 5th 2011, 6:14 pm

Ya en casa, perfectamente instaladas, nos ponemos cómodas: pijama de franela y zapatillas. Yo subo la calefacción porque sé que nos va a hacer falta. Alba recoge todos los paquetes y todavía le queda humor para gastarme alguna broma de fábrica. Cuando quiere es una gansa. Mañana no se acordará de la mitad de las cosas que ha comprado y volverá a ser la chica seria y responsable con el traje perfectamente planchado que se va a la oficina, pero eso esta noche no importya. Esta noche es más Alba que nunca. La miro con su pijama de nubecitas azules y el pelo recogido en una coleta. Pasa por mi lado y me da un azote en el culo.

-Preparo algo de picar mientras tu, McGiver, colocas la estrella en el árbol.

Siempre me tocan las labores domésticas, pero ya estoy acostumbrada a ese reparto de papeles. Alba no es muy manitas, al menos en este sentido. La oigo trastear en la cocina. Me gusta ese sonido familiar. Me gusta ese sonido familiar. Pongo algo de música suave. Sade está bien para la ocasión. Bajo las luces del salón y termino de colocar la estrella en la punta más alta del árbol. Ahora sí que todo es perfecto.

-¡Alba! Ven, que voy a encender las luces del árbol.

Este momento siempre me ha parecido muy especial, desde que recuerdo, cuando de niña mi abuelo nos reunía a toda la familia para disfrutar juntos de ese acontecimiento. Por eso siento que debe respetarse como un ritual. Es como dar vida a un sueño. No se puede hacer de cualquier manera. El encendido de las luces del árbol es mi forma de mantener vivo el espíritu de la Navidad que siempre he vivido. Esto no tiene nada que ver con la religión, al menos con la tradicional. Tiene más que ver con la mía propia, la de hacer que los sueños se cumplan y ver a la gente feliz. Alba viene corriendo desde la cocina, acompañada de una botella de cava. Ella siempre sabe darle a todo un toque especial. Yo me agacho, enchufo las luces y... ¡voilà!, magia. Las luces se apagan y se encienden frente a nosotras, que nos hemos quedado mudas, abrazadas y emocionadas. Brindamos. Nos besamos.

-¡Feliz Navidad, amor mío!

Ahora sí que sólo podemos besarnos. Nos tiramos al sofá y continuamos besándonos. Nos desnudamos y nos quedamos así, abrazadas y en silencio, viendo cómo las luces del árbol se reflejan en nuestros cuerpos desnudos, callados, anhelantes del deseo que vamos a compartir.

-La Navidad, vista desde esta nueva perspectiva, se muy, pero que muy saludable. -Alba siempre ve el lado más original de las situaciones.

Ahora, su lado y el mío están prácticamente fundidos en un cálido abrazo. Es un espacio de tiempo limitado por dos suspiros que arrancan al unísono, por una caricia prolongada que discurre por un territorio que desea ser conquistado. Persio una luz, una luz que me guíe como mi propia estrella de Oriente por los caminos del deseo. La veo en su mirada, luego en su pecho, y al instante siguiente en la profundidad de su ombligo. Marca los puntos cardinales de su cuerpo que se ajustan a los míos. Es un mapa perfecto calcado en su piel por la mía. Nos amamos sin prisas, reconociendo los caminos, navegando los mismos ríos por los que siempre navegaremos. La pasión nos conduce a aquellas cuevas que albergan más suspiros. El deso nos acompañaen la larga misión de llegar juntas a un mismo destino. Me guía y me dejo guiar por la luz de mi estrella, con la misma fe que otros siguieron la suya. El instante se prolonga sin sentido, sedientas ya de los sabores que alimentan nuestros sueños. La sed se calma y el desierto se transforma en oasis compartido, de su secret a mi boca y de mi boca a la suya, en un beso infinito que persigue estrellas por el cielo. Ahora todo es silencio.

-¿Te he dicho que estas han sido las mejores navidades de mi vida? -me dice apenas recobra el aliento. Yo la miro y sonrío. Estoy segura de que es verdad.

Continuará
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Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Marzo 14th 2011, 11:09 am

-¿Quieres abrir tu regalo de reyes? -le digo con malicia.

-¡Ah! ¿Pero no eras tu...? -Alba sabe decir la palabra justa. Sabe cómo tenerme enamorada día a día y yo sé cómo hacer para que ella siga estando enamorada de mi. Es un ir y venir, un fluir continuo que nos lleva una y otra vez a encontrarnos, a sorprendernos, dentro de la monotonía que podría tener una pareja.

-Me gusta verte así de feliz, con la mirada ardiente -le digo, mientras me pierdo entre sus brazos, en la calidez de su cuerpo desnudo.

-Pues tu tienes la culpa. Antes de que digas nada más, coge esa botella de cava y vamos a la cama.

¿Cómo negarle nada? Ahora soy yo la que quiere su regalo de reyes. Nos vamos hacia el dormitorio. Dejo que se adelnate y me quedo colocando los regalos al pie del árbol. En el salón, la única luz que queda son los reflejos intermitentes de las luces de colores. Sobre el árbol brilla una estrella, la mía, la que me guía hacia la felicidad.

-¿Por qué has tardado tanto? -me pregunta.

-Tenía que ponerle una copita y unos polvorones a los Reyes.

-Eres tonta, pero me encanta que seas así.

-¿Sabes una cosa? -le digo.

-¿Qué?

-Que te quiero.

Así de simple y de perfecto es el sentimiento. Me atrae hacia ella y me besa. Otro gesto simple y hermoso que podemos prolongar hasta el infinito, que podemos variar hasta sorprendernos y tener que volver a empezar.

-Yo también te quiero.

-Por fin, pensé que no lo ibas a decir nunca.

Cierro los ojos y pienso que éstas están siendo las mejores Navidades de toda mi vida, sólo espero que el próximo año estemos aquí las dos para contarlo. Feliz Navidad.

FINAL.
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Re: Relatos que entienden

Mensaje  Invitado el Marzo 15th 2011, 1:15 pm

CRONICA DE UN ROMANCE (I)


Graciela entró al boliche con sus amigas Paula y Susana, recorriendo con una mirada aburrida el lugar, que estaba un poco más lleno que de costumbre. Paula y Susana habían insistido bastante para esa salida, en realidad desde hacía meses venían insistiendo en lo bueno que sería para ella salir, divertirse, olvidar todo lo malo. Los malos momentos tenían nombre de mujer, mas exactamente el nombre de Ana, con quién Graciela estuvo durante año y medio pensando que era una mujer con la que estaba formando una pareja sólida y estable. Hasta que el destino hizo que Ana se encontrara nuevamente con esa ex a la que no podía decirle nunca que no y se acostó con esa mujer, con tan poco manejo de la discreción que fue muy pero muy fácil para Graciela darse cuenta que Ana le era infiel, y aún mas fácil descubrir con quién, dado que apenas conocerse Ana le había confesado que la gran debilidad de su vida era Estefanía, y que nunca podía evitar tener sexo con ella si la otra la llamaba o la buscaba.
Graciela había iniciado la relación con Ana pensando que esas palabras eran una exageración, pero cuando intuyó que Ana le estaba siendo infiel, bastó con hacer un par de preguntas para que Ana se confesara..."sí Graciela, te quiero mucho pero con Estefanía pierdo de vista todas las razones para no serte infiel...llámalo como quieras pero es un hecho". Esas fueron las palabras de Ana. Y si bien Ana era una persona importante en la vida de Graciela, mas precisamente importantísima, cuando Ana no supo responderle si amaba a Estefanía o la amaba a ella, decidió cortar con la relación, porque se respetaba mucho a sí misma para aceptar una pareja que estuviera no sabía si estaba con ella por comodidad, por cariño o por amor.
Las separaciones duelen, son muy duras, lleva tiempo recuperarse...por eso durante todo un año Graciela se recluyó en casa, vivió su duelo, evitó salir a un boliche o conocer a otras chicas por temor a terminar enredada con alguna solo para calmar la pena. Pero ese sábado en la noche aceptó la invitación de sus amigas porque se sentía diferente...se sentía fuerte nuevamente. No era que estuviera al 100% ni mucho menos, pero la pena no era tan honda, había vuelto a sonreír más de una vez y a fijarse en las chicas con ganas, lo que era una buena señal.
- ¿Qué tomamos? - preguntó Paula.
- Escalera al cielo - dijo Susana.
- Será mejor que tomemos cerveza sino ustedes se caerán al bailar - respondió Graciela, porque sus amigas ya estaban un poquito entonadas dado que antes de irse al boliche se habían reunido en casa de ellas y habían estado tomando algunos martinis
- OK, cerveza - acordaron las otras dos. Graciela fue a buscar la cerveza y tres vasos. La música estaba muy buena, Kylie Minogue cantaba "Is in your eyes", increíblemente era uno de esos días en los que el número de lesbianas superaba al de varones gays en la disco, Susana y Paula decían miles de tonterías y Graciela se estaba divirtiendo mucho, como hacía mucho tiempo no se divertía. De pronto Susana le dice:
- Cambia de lugar conmigo.
Graciela le hizo caso, cambiaron el lugar, desde donde estaba ahora se veían las escaleras de acceso a una de las barras, Susana le dice al oído.
- Mira que bien esta la rubia, la de remera blanca, la estoy viendo hace rato y está sola.
Graciela miró a la chica rubia, que a su vez la miró y sonrió abiertamente. Se puso nerviosa, hacía mucho que no jugaba el juego de la seducción...miró para otro lado mientras Susana, que estaba un poco mas alegre de lo debido, le machacaba al oído.
- Pero no seas gila, si miras para otro lado te la van a pelar, hoy esta lleno de lobas, anda y decíle algo.
- No seas así, por favor.
- Pero es que vos hoy estás redormida, o estas fuera de práctica.
Graciela volvió a mirar, la chica rubia la miraba a su vez, esta vez la chica levantó su vaso hacia ella en un mas que evidente saludo, esta vez no podía dudar de las intenciones de la chica rubia. Graciela comenzó a caminar entre la gente para llegar a las escaleras, pero de pronto no la vio...se apenó pensando que quizás se había equivocado y ese brindis no era para ella, hasta que sintió una mano sobre su hombro y una voz suave preguntando casi en su oído.
- ¿Me buscas a mí?.
Volvió la cabeza y sus ojos se encontraron con los ojos verdes grisáceos de la chica rubia, que sonreía pícaramente, se puso nerviosa y sonrió para disimularlo...vaya que era de armas tomar esta chica.
- Pues...si estas sola sí.
- ¿Me ves con alguien mas? - preguntó la chica. Graciela negó con la cabeza, la rubia le tomó la mano y dijo - Vamos a bailar entonces, me encanta Kylie.
Se pusieron a bailar una frente a la otra mirándose a los ojos...la rubia miraba a Graciela sin ningún tipo de recato, la recorría con la mirada...Graciela ciertamente no era una modelo sin embargo tenía varios puntos a su favor, la mirada vivaz, unos labios carnosos que a la rubia se le antojaba besar, una figura cuidada, el cabello negro muy suave como pudo comprobarlo la rubia cuando se lo acaricio como al descuido, fingiendo que acomodaba un mechón rebelde que caía sobre los ojos de Graciela.
- Soy Camila ¿y vos?.
- Graciela.
- Lindo nombre...no te había visto antes por aquí.
- Si, no vengo mucho - respondió Graciela. ¿Para qué decir que con Ana no venían porque a la otra le daban celos, y que después de su ruptura por motus propio había restringido sus salidas durante más de un año para no meter la pata y relacionarse por soledad o para matar el dolor?. Ese tipo de historias espantaban y la verdad que esta chica le gustaba y quería, al menos esa noche, tenerla cerca.
- Pero bailas muy bien - respondió Camila, acercándose mas a Graciela, tanto que Graciela pudo sentir su perfume, y un par de rizos de Camila rozaron su mejilla...en ese momento cambiaron la música a música latina, cumbia, y Graciela se dijo que era su oportunidad. Pasó un brazo por la cintura de Camila y le dijo:
- ¿Me sigues?.
- Solo baila y veamos si te sigo - le respondió Camila. Graciela había aprendido a bailar ese ritmo con su primo hacía años, y aunque el género musical no le gustaba para nada, si reconocía que ese tipo de música era una excusa excelente para el aprete consentido como le decía su primo. Pego su cuerpo al de Camila, guiándola con la mano que tenía en su cintura y comenzaron a moverse cadenciosamente, Camila seguía cada paso de Graciela pero también pegaba su cuerpo, estaban tan cerca que los pezones se rozaban y ese baile las estaba erotizando demasiado, pese a casi no conocerse. Graciela pensó "si así se mueve en la vertical, lo que será en la horizontal" , sonrió pícaramente no solo con los labios sino con los ojos y por primera vez en meses sintió el llamado poderoso del deseo. El brillo en los ojos de Camila indicaba que le estaba sucediendo lo mismo...porque entreabrió los labios y se pasó la lengua sobre ellos provocativamente. Graciela solo la miraba, vio como la cara de Camila se acercaba y de pronto sin saber muy bien quién comenzó se estaban besando apasionadamente, Camila se le antojaba tan sensual a Graciela que no quería negarse, solo quería disfrutar de esa mujer. Camila tenía una lengua muy hábil, y Graciela recorría con sus manos la espalda de la chica, apretándola, estrujándola.
- Uta - dijo Graciela cuando sus labios se separaron.
- Hay algo que no me quedó muy claro - murmuró Camila sobre los labios mismos de Graciela, antes de comenzar a besarla nuevamente, de un modo diferente esta vez...porque el anterior beso fue por pura calentura, pero mientras la besaba por segunda vez algo diferente le sucedía por dentro, algo mas que la atracción puramente sexual. Graciela la estrecho sintiendo en este beso más de dulzura que pasión. Separaron los labios mirándose a los ojos, sorprendidas.
- ¿Te gustó? - preguntó Camila.
- Mucho.
- Creo que nos llevaremos muy bien tú y yo - dijo Camila, acariciando la mejilla de Graciela con el dorso de su mano derecha. El resto de la noche lo pasaron bailando entre besos, abrazos apretados y más besos, casi sin hablar...las dos se sentían muy excitadas como para pensar, hablar o hacer otra cosa. Eran poco más de las 5.30 de la mañana cuando Camila miró la hora y dijo:
- Si no me voy ahora ya no tendré en que irme.
- Pero te llevo en taxi, no te preocupes.
- Graciela, no puedes...vivo lejos de la ciudad, sería carísimo ir hasta allá en un taxi, si no me voy ahora tendré que esperar dos horas al próximo bus.
- Bueno...te acompaño a la terminal.
Sacaron los abrigos de la ropería. Graciela ofreció tomar un taxi hasta la terminal, pero Camila le dijo que tenían tiempo de ir caminando, porque quería conversar un poco más, y porque pensaba que quizás en la caminata Graciela la invitaría a su casa. Dentro del local entre la música y que solo habían apretado, la conversación entre ellas había sido casi nula.
- ¿Y cuantos años tienes? - preguntó Camila.
- 30 ¿y vos?.
- 34.
- ¿Donde vivís? .
- En Punta Arenas...por eso vengo una vez por mes al boliche, a veces dos, porque mi casa queda lejos de la ciudad.
- Ajá.
- ¿Vos sos de acá, de la ciudad?.
- Sí.
- ¿Y con quién vivís?.
- Con mis padres ¿y vos?.
Camila esperaba y temía la pregunta al mismo tiempo. Porque sabía que la respuesta a esa pregunta podía significar que no volviera a ver a Graciela, había ocurrido muchas veces antes. Pero también sabía de la inutilidad de mentir, mejor era perder ahora que perder mas adelante.
- Vivo con mi esposo.
A Graciela el espíritu festivo se le cayó de golpe al suelo. No, no otra casada en busca de trío, pensó para si misma...se le notó en la cara el disgusto, porque frunció el entrecejo. La pregunta no era una pregunta sino como la repetición de lo que Camila le terminaba de decir.
- ¿Con tu esposo?.
- Sí.
- Ajá...¿y que haces en un boliche gay, buscando a una mujer si estás casada?...disculpa mi ignorancia pero no entiendo - continuo Graciela, visiblemente molesta.
- Dejame explicarte...me casé muy joven, con 17 años.
- ¿Y eso que tiene que ver? - preguntó Graciela, cada vez mas fastidiada con la idea de escuchar alguna otra historia inventada para comenzar la tela de araña y lograr el trío que muchas buscaban.
- Esperá...me casé joven, como te dije...con el novio que tenía desde los 14 años, que además es el único hombre que he tenido, con lo cual toda mi experiencia sexual se reducía a él, y solo salía con él...éramos muy jovencitos los dos, él tenía 20 cuando nos casamos.
- Ah, ya sé y como ahora después de tantos años de casados la vida sexual se ha tornado monótona quieren introducir innovaciones.
- ¿Por qué no me dejas hablar a mi? - preguntó Camila, tomando la mano de Graciela con suavidad. Con la misma suavidad Graciela se deshizo de esa mano y alzó las cejas, interrogante.
- Fabián es un buen tipo....esencialmente bueno, nos fuimos a vivir a Punta Arenas, es un lugar tranquilo y más barato que en la ciudad...nos llevamos bien, pero él me conoce muy bien. Nuestra vida sexual como dices tú, no es mala por lo cual no necesitamos innovaciones. Sin embargo cada tanto él trae algunas películas para ambientarnos, para evitar caer en la rutina y un día hace unos años trajo una película de lesbianas. Para mi vergüenza fue esa noche la que mas excitada estuve en toda mi vida. Fabián lo notó y cada tanto traía una. Luego empecé a alquilarlas a escondidas de mi esposo, hasta que él las descubrió...hablamos mucho, y fue él quien me dijo que probablemente yo tenía una faceta bisexual.
- Y ahí fue donde te dijo que encantando compartiría una mujer contigo, esa historia ya me la han hecho antes, no pierdas tu tiempo porque mi respuesta es no. Ha sido un gusto compartir esta noche contigo, pero no, gracias.
Graciela tenía un carácter poco paciente con ciertos temas y si algo le enfermaba eran las mujeres que buscaban tener sexo con una mujer y su esposo o novio, le enfermaba que no pudieran tener ovarios para acostarse con una tipa si eso querían, pero sin escudarse en cumplirle el sueño al tipo que tuvieran a su lado. Camila meneo la cabeza...nunca era fácil explicar lo que le sucedía a ella por dentro, en su cabeza, en el cuerpo, ni era fácil explicar que tipo de trato mantenía con su esposo respecto a este tema.
- Te equivocas, no me dijo eso. Me dijo que era algo que tenía que explorar, si sentía que me haría feliz. Me dijo que él no soportaría que yo tuviera un amante hombre, pero que si podía aceptar a una mujer en mi vida....y dije en mi vida, no en nuestra vida, a él no le importa participar para nada...quiere que yo sea feliz porque me ama.
- No te puedo creer ni una palabra Camila....mira, tú me gustas, me encantas....despiertas mi deseo de un modo que hacía mucho no se despertaba, no te lo negaré porque lo has sentido...pero no puedo creer lo que me estás contando. Y si no me equivoco aquel es tu ómnibus, dice Punta Arenas.
Camila miró y si, era su ómnibus...no podía quedarse porque Fabián la esperaba para ir a casa de sus padres a almorzar, y obvio que debía dormir algo para no tener cara de cansancio. Suspiró...sentía un dolorcillo raro en el pecho, si bien con Graciela no había compartido mas que una noche de aprete en un boliche gay, quería hablar con ella, explicarle, estaba sintiendo esto como una pérdida...tomo un papel y escribió su número de celular, y su dirección de e-mail.
- Llamame o escribime...no me puedo quedar ahora, pero me encantaría que me escucharas, que supieras un poquito como es mi vida antes de juzgarme y desecharme...me gustas, horrores Graciela...
Graciela detuvo el ómnibus para que no siguiera de largo...se miraron a los ojos, profundamente...no sabiendo si era una mirada de despedida o de comienzo. A veces la diferencia entre una cosa u otra es tan sutil que no alcanzamos a verla. Camila abordó el ómnibus y Graciela se lo quedó viendo hasta que desapareció calle abajo. No podía creerlo...un año sin salir, conocía a alguien que despertaba su instinto sexual de modo poderoso y resultaba ser una tipa casada. Evidentemente su sensor gay se había dormido totalmente en ese tiempo de abstinencia...¿o era la abstinencia la que le había hecho ponerse tan caliente con solo tener en brazos a Camila?. Si era eso entonces su precaución había sido totalmente contraproducente, porque de no haber dicho Camila que era casada y de haber tenido ella lugar, o un poco de dinero para ir a un hotel, esa noche le hubiera hecho el amor furiosamente. Guardó el papel con el teléfono en su billetera...quizás un día la llamaría, solo para saludarla. Después de todo tenía a su favor el haberle dicho la verdad, cuando bien podía haber acomodado a su antojo las cosas.


******



- ¿Cómo que casada?.
- Casada, con un hombre, registro civil, iglesia, flores ¿te suena? - dijo Graciela, burlándose un poco del asombro en la voz de Susana, que la había llamado para saber cómo había terminado la noche con la rubia.
- Che, no te puedo creer....no parecía para nada una infiltrada...digo...bueno, si lo pensas bien capaz que sí, era bastante raro que estuviera sola…nosotras tenemos la manía de ir en grupo de amigas.
- Me parece que a nosotras dos la bebida nos embotó totalmente el sensor.
- ¡A vos te embotó el sensor la bebida y la calentura nena, mira que fajaste lindo en el boliche!.
Soltaron una carcajada las dos.
- ¿Y no te dio teléfono o algo para encontrarla?.
- ¿Y para qué quiero encontrarla?....no me interesa una relación con una mujer que tiene alguien en su vida, mucho menos con una que tenga a un hombre en su vida...aunque la verdad que despierta mi deseo de un modo que no te puedo describir.
- Hmmmm....¿y si la llamás para tener una compañera de cama?....digo, para no perder entrenamiento...
Graciela rio...Susana no cambiaría jamás, bien sabía que ahora mismo le estaba tomando el pelo, porque ambas pensaban lo mismo sobre ciertos temas.
- No mujer...porque si caigo en esa, en un par de meses querrá meter al esposo en nuestra cama...además...yo que sé...me da cosita acostarme con una que se acuesta con un tipo, viste...
- En eso si, también me daría cosita. Ni que decir que si te llegas a enamorar…pensar que después ella se va con su marido, uhhhh, no creo que de ningún modo podría.
- Causa perdida entonces.

- Y bueno…ya va a caer alguna otra pajarita, estamos en contacto….te dejo porque alguien esta colgado del timbre, que ansiedad por Dios.

- Ta, nos hablamos, cuídate.
Cortó la comunicación con Susana. Se tiró en la cama, mirando el techo...era domingo a la tardecita, estaba aburrida, su padre escuchaba fútbol como era la costumbre todos los domingos a la tarde, y no tenía ganas de ir a la cocina porque seguramente su madre empezaría a hacer un detallado reporte de todos los chimentos del barrio, y no tenía ni un poquito de ganas ni de paciencia para escucharle. Cerró los ojos y la imagen de ese beso apasionado, de los labios de Camila en los suyos, le golpeo con fuerza.

¿Sería verdad toda esa historia del trato con el esposo?....no, no, no podía ser verdad…ningún hombre soportaría ser cornudo consciente..¿o sí?. Por ahí el esposo de Camila pensaba que una amante mujer no era competencia para él…en un típico pensamiento machista, él pensaría que esas relaciones de su esposa eran “para pasar el rato”.

- “Ufa, si que me la hizo bien esta mujer…me tiene pensando en ella, como una boba”.

Fue a buscar la billetera y cuando la abrió el papelito en donde Camila había anotado sus datos cayó a sus pies…lo levantó, lo miró y meneo la cabeza. ¡No podía estar considerando el llamarla!.

- “Quizás fui grosera con ella, debería disculparme...podía haberme mentido”….



*****



El celular sonó un par de veces antes que Camila pudiera cortarle el chorro de conversación a su suegra y apartarse un tanto, ya que no identificaba el número que aparecía en el visor. Pensando que podía ser Graciela, salió al patio…mas bien esperando que fuera Graciela, aceptó la llamada.

- Hola

- Hola
Reconoció la voz de inmediato y una media sonrisa apareció en sus labios.

- Hola Graciela.

Graciela se sorprendió, realmente no esperaba que Camila recordara su voz con tanta claridad.

- Pensé que no llamarías.

- Bueno, creo que te debo una disculpa, me porté como una total maleducada contigo anoche-
- No, no te preocupes…es que te plantee algo que no es común.
- Mas que eso, me planteaste algo totalmente incomprensible para mi, pero te agradezco la sinceridad, pensé mas tarde que bien pudiste haber mentido si lo que querías era cama…obviar la verdad técnicamente no es mentir, si no hubiese mencionado a tu esposo y yo hubiera tenido donde irnos, ambas sabemos como habría terminado esa noche.
- Estamos a tiempo de tomar el rumbo de esa noche….
- Por favor Camila…
- OK, no comienzo…pero dame una oportunidad, para explicarte bien como es mi vida, no te pido que compartas lo que yo siento…pero si que me escuches.
- Hmmm…no lo creo.
- Vamos…un café…en donde tú elijas. Piénsalo y me llamas…

- Esta bien.

- Camila ¿con quién hablas? – gritó su suegra desde la casa.

- Debo cortar…llámame.

Cortó la comunicación justo antes de que Gladis llegara a su lado. Sonriendo nerviosamente respondió.

- Era uno de los distribuidores de cigarrillos, no puede conseguirme lo que pedí.

- Ah muchacha, ese kiosco da demasiado trabajo…

- No crea Gladis, no crea.



******



- “Pero tú si que eres bien tonta Graciela…no debiste llamar, ni la primera vez ni esa segunda, debiste pensar que iba a lograr que la invitaras al famoso café” – mascullaba para sus adentros Graciela, mientras esperaba en el coquetísimo café “Bistrot” la llegada de Camila. Había elegido ese lugar porque las mesas tenían una distancia razonable, y además había buscado una de las mas apartadas para poder hablar sin temor a ser escuchadas. Un par de días después de esa tarde de domingo había vuelto a llamarla, justificándose en que debía ser mas abierta y escuchar al menos a esa mujer…pero en su interior sabía que esa era una mentira. Quería volver a verla y saber si ahora, a la luz del día, en un lugar que no fuera el boliche, toda esa ebullición que se había dado allá se repetía.

La vio entrar y mirar un poco perdida, hasta que la vio y le sonrió de esa manera…de la misma manera que cuando tocándole el hombro preguntó “¿Me buscas a mí?” y el corazón le dio un salto en el pecho, desbocado…Camila la vio a su vez y sonrió gatunamente…que Graciela hubiera accedido a ese café significaba para ella mucho mas de lo que se imaginaba en ese momento. Caminó resueltamente y se sentó frente a Graciela.

- Gracias por venir…realmente gracias.

- Si…claro…¿cómo estás?.

- Feliz de estar aquí.

- Vamos, no empieces.

- ¿Qué no empiece con qué?...solo digo la verdad.

- OK, OK. ¿Qué tomas?.

- Lo mismo que tú.

Pidió otro capuchino con cacao. El servicio era rápido así que en pocos minutos estaban solas, en ese rincón del café donde nadie podía oír lo que hablaban. Camila observaba a Graciela…seguía gustándole horrores esa mujer, y sabía, era consciente, que esta era su oportunidad de quebrar su resistencia, de lograr que diera una mirada a su vida por fuera de los preconceptos y de los prejuicios.

- Y bien…cuéntame, intentaré escucharte sin prejuzgar.

- No tienes idea de cuanto agradezco esto, Graciela…retomo donde dejamos…me casé joven, a los 17, con el novio que tenía desde los 14 años. Mi único referente de vida sexual era Fabián…ha sido y es el único hombre que he tenido.

- ¿Por qué te casaste tan joven?.

- El se iba a España…a trabajar, quisimos casarnos antes de que se fuera. Estuvo allá unos años, para ahorrar dinero…regresó, compramos la casa de Punta Arenas, pero creo que esa parte de la historia no importa mucho. Fabián es un buen hombre, esencialmente bueno, muy interesado en hacerme feliz, nos llevamos bien….me conoce bien, he crecido, hemos crecido juntos…mi interés por las mujeres no surgió por una mala vida sexual con mi esposo. Te conté lo de las películas…para no caer en la rutina, a él se le ocurrió alquilar alguna porno cada tanto…hace unos años, trajo una película de lesbianas….la trajo para excitarse él, pero la excitada fui yo y de que manera, hasta me avergoncé…Fabián lo notó, y cada tanto traía una como distraído…después comencé yo a alquilarlas a escondidas, y a buscar información sobre lesbianismo, todo el tema se me antojaba sensual…excitante…empecé a mirar a las mujeres, pero a mirarlas con otros ojos. Fabián descubrió un día las películas, yo me quería morir de la vergüenza…hablamos mucho esa noche, mucho, hasta me dijo que había notado mis miradas cuando pasaba alguna chica, eso me dio aún mas vergüenza. Fue él quién me dijo que yo tenía una faceta bisexual. Me dijo que yo debía explorar en esa faceta, y que estaría bien si era algo que me hacía feliz a mí…que él no podía tolerar la idea de que yo me acostara con otro hombre, pero que con una mujer las cosas eran diferentes.

- ¿Por qué diferentes?.

- Porque una mujer me daría algo que él no podía, y eso no le molestaba…que él quería verme feliz…que si en cambio yo me acostaba con otro hombre, eso significaría que él no había sido suficiente para mi y eso lo lastimaría muchísimo…que podía aceptar a una mujer en mi vida.

- Camila, yo no puedo creer que el tipo, tu marido digo, quiera ser cornudo….no me digas que nunca quiso meterse en una cama contigo y otra porque que quieres, se me hace imposible de creer.

- ¿Por qué?...él me ama…¿no harías tú lo posible por ver feliz a quien amas?.

- ¡Si, pero no sería cornuda!.

- No lo entiendes.

- Claro que no, no entiendo nada…

- Graciela, a él no le importa participar….es mas, no le ha interesado ni conocer a las relaciones que he tenido…él quiere que yo sea feliz. Por motivos de trabajo viaja bastante seguido, no quiere que esté sola…y sabe que lo que yo busco en una mujer es algo que él no puede ni podrá darme nunca. Es totalmente diferente lo que siento con una mujer.

- ¿Y qué te gusta mas?.

- Me preguntas algo que no puedo responderte porque no se trata de que algo te guste mas que otra cosa….por ejemplo…a mi me encanta este capuchino, pero también me gusta la pizza de anchoas, y no tienen nada que ver una cosa con la otra…la sensación al paladar, al gusto es totalmente diferente…bueno lo mismo es en esto…lo que es mi relación con Fabián no tiene nada que ver en lo que es mi relación con otra mujer.

- ¿Cuántos años hace que tuviste esta conversación con Fabián?.

- Cinco.

- ¿Y exploraste la faceta bisexual o no?.

- Sí, sí la exploré – respondió Camila cortada…ahora se sentía bajo un doble examen, la mirada de Graciela era inquisidora. Sabía que de las respuestas a las preguntas que Graciela haría de aquí en adelante dependería un mucho tener una remota posibilidad de relacionarse con ella en ese plano sexual que había sido el detonante la noche en el boliche.

- ¿Cuántas veces?.

- ¿Cómo cuantas veces?.

- Camila, eres inteligente…pregunto cuantas amantes has tenido.

Camila calló unos minutos…decir la verdad o mentir…podía decir un diplomático número uno y quedar como una reina ante los ojos de Graciela. O no quebrar esa línea de sinceridad que desde la primera noche había seguido y confesar la verdad.

Graciela la miraba…ahora va a mentirme, se dijo.

- Seis veces…solo con una tuve una relación de relativa duración…vengo a Montevideo, las conozco en el boliche, a alguna por Internet, si pinta algo bien…así son las cosas, no empezaré a mentirte…la mayoría huye al saber que soy casada. Y la que no, quiere sexo…

- ¿Y qué quieres tú?.

- Yo…que quiero yo. Abruma la pregunta.

- Me interesa la respuesta.

- Ya sé lo que es el sexo con una mujer…quiero saber cómo es el amor de una mujer.

La respuesta hizo vibrar algo en Graciela. Camila estaba sorprendida de sus propias palabras, era como si alguien ajeno a ella las hubiera pronunciado…continuo dejando fluir las palabras, sin editar, sin pensar.

- Deseo que una mujer me ame…y amarla, enamorarme…no solo cama, no solo pasión…¿pido mucho, Graciela? – preguntó, tomando la mano de Graciela entre las suyas, olvidando que estaban en un café heterosexual, concurrido por señoras de su casa. Se miraban a los ojos, profundamente…aquello no era una reflexión al azar, era la expresión de un deseo profundo. Graciela tenía ganas de comérsela a besos allí mismo, de olvidarse de ese marido que esperaba a Camila en Punta Arenas, de decirle que podían amarse como nunca antes se hubieran amado antes dos mujeres.

- ¿Las señoras quieren algo más? – preguntó la moza, sacándolas del ensueño…la jovencita había visto a Camila tomar la mano de Graciela y no quería escandalizar a las otras clientas, era el único modo que encontró de llamarles la atención. Camila soltó la mano de Graciela, que se puso roja hasta la raíz de los cabellos.

- No…disculpa, no…trae la cuenta por favor.

- Enseguida.

La moza se alejó. Camila se arregló el cabello, estaba sorprendida por las cosas que sentía…esta vez no era como las otras…no era simple deseo, no era buscar unas noches de sexo…era algo que se removía en el terreno de los sentimientos.

- Tenemos que seguir hablando.

- Yo sé…pero no podemos quedarnos aquí, hay demasiadas señoras que estarán escandalizadas de habernos visto tomadas de la mano…no es un lugar para nosotras.

- Entiendo.

Pagaron y salieron. A poca distancia del café había una plaza, pequeña, coqueta. Escogieron un banco algo alejado de los demás. Graciela pensó que de ser una pareja hombre – mujer podrían comenzar a besarse allí mismo sin que nadie se asombrara, porque se moría de ganas de besar a esa mujer nuevamente. Camila la miró y pasó la lengua por sus labios…estaba pensando lo mismo que Graciela…la atracción era fuerte, intensa.

- ¿No te enamoraste de ninguna de esas seis?.



(continuará)



Por Mariela R.L.


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Re: Relatos que entienden

Mensaje  Invitado el Marzo 15th 2011, 9:31 pm

CRONICA DE UN ROMANCE 2

- No.
La repuesta de Camila fue simple y directa. Graciela la miró sorprendida…esperaba un poco mas de romanticismo o que disfrazara la realidad, la brutal sinceridad de Camila en este tema la sorprendía y al mismo tiempo le gustaba, porque era poco común y muy meritorio que no intentara hacer caer las cosas a su favor, como lo harían muchas otras. Graciela miro directamente a los ojos de Camila…no, no mentía, no podía mentir y mantener la mirada de esa forma.
- ¿O sea que siempre fue sexo?.
- Con la mayoría…en realidad, con todas el trato era sexo sin ataduras, ni compromiso, ni exigencia, ni promesas…solo con una en un momento sentí que podía ser posible algo mas. La estuve viendo casi seis meses. Teníamos un compañerismo intenso fuera de la cama, una complicidad…nos entendíamos muy bien.
- ¿Y qué pasó con ella?.
- También era casada, su esposo comenzó a sospechar que había alguien más, así que dejamos de vernos. No quiero arruinar la vida de nadie.
- Claro, muy comprensivo de tu parte.
- ¿Te burlas?.
- No, no lo hago…disculpa si sonó de esa manera, pero de verdad que no me burlaba. ¿Y qué cosa te hace ahora desear el amor de una mujer y no solo el sexo?.
- Tú. Conocerte a ti es lo que me ha hecho desear conocer el amor de una mujer mas allá de la cama.
- No me enredes Camila.
- No lo hago…estoy siendo mas sincera en estas horas contigo que en toda mi vida.
Seguía manteniendo la mirada directa de Graciela en sus ojos…decía la verdad, quizás una verdad que nunca antes había querido ver, quizás en este momento era su corazón el que hablaba, sintiendo que había encontrado a la persona con la cual llevar a la realidad ese deseo oculto.
Graciela desvió la mirada esta vez, nerviosa, alterada…su razón se negaba a dejarse envolver por esas palabras de Camila, que bien podían ser un medio para llevarla a la cama…o una verdad que Graciela no podía manejar, ella jamás podría estar con una mujer casada, aunque esta mujer le ofreciera el corazón en la mano.
- Dime que no te pasa nada conmigo, y te juro que no te molesto más, ni te llamo más. Pero mírame a los ojos y dime que no sientes nada y no te pasa nada.
- No puedo decirte que no me pasa nada sin tener que mentir, y has sido sincera conmigo, no lo mereces – respondió Graciela, viendo de nuevo a los ojos de Camila – te debo cuando menos ser sincera, tú lo has sido conmigo aún sabiendo que no estaría afín a tu visión de las cosas. Me pasan cosas contigo…pero no puedo con esto que me pasa, Camila.
- ¿Por qué?. ¿Tienes compromiso…novia, pareja?.
- No, nada de eso. Estoy libre.
- ¿Entonces?.
- Nunca podría estar con alguien sabiendo que debo dejarla ir a los brazos de otra persona…no tengo alma de cornuda consciente, no es fino lo que digo pero es lo que siento. Mucho menos puedo tolerar compartir a una mujer con un hombre, yo no sé compartir.
- Indirectamente me dices que Fabián es un cornudo.
- Pues para mi visión de las cosas, lo es.
- El es un hombre que me ama, más allá del sentido de pertenencia y desea verme feliz.
- Pues esta mujer que tienes delante tiene muy fuerte el sentido de pertenencia, y no soy tan generosa como tu esposo. Probablemente él sea mejor persona que yo, no lo sé.
- ¿Entonces?. ¿Qué hacemos?.
Se miraron a los ojos. Graciela meneo la cabeza…había sido un error ir a esa cafetería, era un error estar en esta plaza. ¿De qué servía sentir el alma revolucionada por una mujer con la que no podía estar?. ¿De que valía volver a sentirse viva, sentirse deseada y desear a una mujer, si de ninguna manera podía siquiera considerar el tener una relación?. Las palabras de Susana vinieron a su mente “Hmmmm....¿y si la llamás para tener una compañera de cama?....digo, para no perder entrenamiento...”…miró a los ojos de Camila, y el llamado del deseo era poderoso, tentador…la rubia se acercó a medio centímetro de su cara, la mirada clavada en sus ojos y susurró casi sobre su boca…
- Dime…qué hacemos con esto que sentimos.
Graciela flaqueo, todas las razones para no ver a Camila se desmoronaban al sentir sus labios tan cerca, casi rozándola, recordó los besos en el boliche, la mezcla de pasión, calentura y ternura que se agitó en su pecho esa noche. Volteó la cara, queriendo escapar de ese influjo.
- No me hagas esto.
- ¿Qué cosa? – preguntó Camila, aferrando las manos de Graciela en las suyas, olvidando totalmente que estaban en una plaza pública, o mas bien no queriendo recordarlo, sabía que se estaba jugando en ese minuto mientras la mirada de Graciela se perdía quién sabe donde, la sentía queriendo recuperar su cordura, pero eso significaba que le diría que no la quería ver mas…tenía un minuto para presionar, ese minuto en que aún puedes volcar una decisión a tu favor si eres suficientemente convincente. Le tomó la barbilla y la obligó a que la mirase nuevamente.
- No me dejas pensar.
- Esto no tienes que pensarlo, solo tienes que sentirlo Graciela ¿es que no lo entiendes?...se trata de sentir, no de razonar, en temas de sentimientos no hay que razonar.
- No puedes hablarme de sentimientos Camila…es la segunda vez que nos vemos, esto solo puede ser una calentura.
- ¿Y sí lo es, qué?. Si lo es mas a mi favor…¿qué te importaría de lo demás, si es solo cama?. ¿Por qué negarnos al placer?...estoy segura que sería lo mejor que he vivido aunque solo fuera una vez…vamos Graciela, solo una vez…nos merecemos esa oportunidad.
Graciela retiró sus manos de las de Camila. Nunca se había acostado con una mujer solo por calentura. No quería empezar en ese momento, no con esa mujer que le despertaba cosas mas allá de la calentura…acostarse una vez no, sería imposible, querría seguir viéndola, y sabía bien que no podría tolerar el compartirla. Se puso de pie, se acomodó el cabello mientras Graciela la miraba, sabiendo que había perdido ese minuto en que puedes influir en la decisión de una persona. Los ojos negros de Graciela se posaron en los suyos, en una mirada triste, profundamente triste.
- No puedo Camila. No soy capaz de eso…no soy como tú, perdóname…no soy mejor, ni peor, pero no puedo con la idea de un revolcón y luego hasta mas ver.
- Una vez…una sola vez…
- No. Lo mejor es que no nos hablemos, que no nos veamos mas, olvidemos que nos cruzamos en ese boliche.
- Fácil decirlo, difícil hacerlo y lo sabes, eres consciente.
- Claro que sí. Adiós Camila…fue lindo conocerte.
- No acepto un adiós – dijo Camila, mientras Graciela se alejaba…la vio irse y por primera vez en su vida lamentó el estar casada. Sonó su celular, interrumpiendo ese sentimiento de rabia e impotencia…era la voz de Fabián, preguntando donde estaba.

* * *

- ¿La dejaste plantada en la plaza?...ah, pero la sutileza no es lo tuyo ciertamente – dijo Susana, dándole el mate recién cebado a Graciela, mientras Paula ponía bizcochos en un plato para traer a la mesa ratona. Graciela no había podido irse a casa después de dejar a Camila en aquella plaza, se sentía demasiado conmovida y confundida, así que llamó a sus padres para avisar que llegaría mas tarde y pasó por casa de las chicas a ver si ellas le calmaban en algo esa fuerte sensación de haber tomado la decisión errada.
- No la molestes Susana, no ves que esta triste.
- ¿Por una mina a la que solo vio dos veces?...¡debe ser fuerte la calentura entonces!.
La visión de la vida de Susana era muy práctica, por eso mismo a veces sus comentarios podían ser chocantes, la única ventaja es que sabías que siempre te diría exactamente lo que pensaba, fuera bueno o malo. La simpleza con la que Susana veía las cosas, hacía que Graciela sonriera y al mismo tiempo se preguntará el porque justamente, ver a una mujer solo dos veces la hacía sentirse de esa manera, como si hubiera perdido al gran amor de su vida. Como si en esa plaza hubiera dejado esa única oportunidad de ser feliz.
- No seas bestia.
- No, no…deja que hable…me hace pensar mejor.
- Si la escuchas mucho terminarás siendo tan bestia como esta mujer.
- Muy bestia pero te morís por mí – respondió Susana, besando a Paula en la mejilla. Graciela las miraba con añoranza de esa vida en pareja, una vida que le encantaría tener.
- Pero cuenta bien las cosas…¿esta mujer quería algo contigo?.
- Me dijo que conmigo quería conocer el amor de una mujer mas allá de la cama.
- A la flauta…que frase, se las conoce todas la rubia.
- No Susana…sabes, yo creo que era sincera.
- Vos querés creer eso porque es muyyyy halagador que te digan algo así, por eso digo que las conoce todas esa mujer, sabe bien como tocar el corazón de una mujer para llevarla a la cama. Terrible payadora resultó la rubiecita.
- Fue muy sincera en todo, habiendo podido mentir para manejar las cosas a su favor Susana…por eso creo que también era sincera al decirme eso.
- ¿Y por qué no lo tomaste como sexo y punto?.
- Porque no puedo…nunca pude aún con una que no me importara, no podría con ella.
- Para, para….¿me vas a decir que estas metida con esta mujer?.
- No sé.
- Tus “no sé” históricamente han sido un “sí”. Esto es grave Graciela.
- No, no lo es, porque no la voy a ver más. La historia se terminó antes de empezar. ¿Qué tengo en común con una casada?. Todo el mundo sabe muy bien que las mujeres casadas no dejan al marido por la amante mujer, aún así fuera cierto que el tipo no se mete en las relaciones y toda esa historia que me contó…yo no lo soportaría.
- Ya no molestes a Graciela, Susana…ella sabe que es lo mejor, que es lo que quiere hacer…y de última, nosotras no podemos decidir las cosas, ni siquiera Graciela puede…el destino dirá lo que deba ser.

* * *

- Estás callada.
Camila levantó la mirada del plato donde llevaba unos minutos revolviendo la comida de un punto al otro, pensando en esa mirada tan triste de Graciela, y en esa primera vez en que lamentó estar casada…miro a su esposo, que con una ceja alzada la miraba interrogante.
- No es nada.
- ¿Segura?.
- Claro, por supuesto.
Fabián miraba suspicaz a Camila. Conocía demasiado bien a esa mujer con la que llevaba tantos años compartiéndolo todo como para no notar que estaba triste y preocupada por algo. Ella había salido esa tarde, él ya estaba acostumbrado a que por temporadas ella saliera mas de casa, parte del acuerdo al que habían llegado hace cinco años…pero nunca la había visto así. Le tomo las manos por encima de la mesa, cariñoso.
- ¿Sabes que soy tu mejor amigo, verdad?.
- Claro.
- ¿Y que puedes contarme lo que sea?.
- Sí, sí – murmuró Camila…puedo contarte lo que sea, pero no que me arrepentí de estar contigo por primera vez en la vida…pensaba eso mientras miraba a los ojos a su esposo. Fabián sonrió, y se concentró en disfrutar de la comida, mientras Camila pensaba que no supo aprovechar su oportunidad, no jugó bien sus cartas para tener a Graciela. ¿En qué punto había fallado?.
- Este fin de semana no estaré en casa.
- Ajá.
- Digo…por si necesitas la casa, puedes contar con ella los dos días completos, salgo el sábado en la mañana y no regreso hasta el domingo a eso de las 10 de la noche.
- No, no, no te preocupes, quiero estar sola este fin de semana.
- ¿No conociste a nadie el fin de semana pasado?.
- No.
- Ah, es que como llegaste tan tarde pensé…
- Piensas mucho tú últimamente.
Definitivamente Camila estaba rara…él sabía cuando ella conocía a una mujer que le atraía, aunque no se lo contara, lo sabía por el brillo en sus ojos al volver del boliche, por la alegría que no provenía del alcohol, por el olor ajeno en la ropa, por muchas pequeñas cosas…él sabía que ese fin de semana Camila había conocido a alguien, pero esta vez ella no se lo comentaba como otras veces. Aquello era extraño, nunca había sido así antes. Solían comentar de las mujeres de Camila, como se comentan los hombres entre sí de sus conquistas. A él no le molestaba para nada que Camila se diera sus gustitos con mujeres, tampoco que le comentara cómo era tal o cual…total, no pasaba nada, eran boberías de mujeres, no sexo real, lo que no podría soportar es que ella se acostara con otro hombre. De esta manera, Camila siempre regresaba a él, no existía ningún peligro para su matrimonio. Ninguna mujer podría darle nunca lo que él le daba, ni tampoco podían ellas ofrecerle esa tranquila y segura vida matrimonial que tenían desde hace tantos años.
- Podías venir conmigo entonces, voy para el Este, es lindo en esta época del año. Le pido el apartamento a Nelson, y paramos ahí.
- No Fabián, no tengo ganas, lo siento.
- Como tú quieras…pero entonces no te quedes sola, llama a alguna de tus amigas, sabes que no me gusta que te quedes sola en la casa.
- Lo haré.
Lo miraba…cornudo consciente, eso le había dicho Graciela, él mismo le pedía que llamara a una amante para pasar el fin de semana. Lo veía tan seguro de ella que le dio rabia, así que levantó la mesa para que él no le buscara conversación, no tenía ganas de que le siguiera preguntando por la salida del fin de semana, ni que le dijera que llamara a una de sus amigas, solo faltaba que le diera “llama a tal o a cual”.
Llevó los trastos a la cocina, mientras Fabián jugaba con Milky en la sala, sentía los ladridos felices de Milky y el golpeteo de la pelota, uno mas de los ruidos de rutina de cada noche, que le hacían saber que estaba en casa con su esposo…tomo el celular, se moría por llamar a Graciela…o mandarle un sms.
- “Ella no quiere nada de ti, Camila..tú no puedes ofrecerle lo que ella espera. ¿Para qué quieres llamarla?. ¿Para hacer un patético y lastimoso papel de quien pide un poquito de afecto de favor?”.
No podía hablar con Fabián de esa tormenta que tenía dentro, de que estaba triste por el rechazo de Graciela, de que le hubiera gustado ser libre porque se moría de ganas de saber cómo era el amor de una mujer…los ojos negros de Graciela eran la puerta a un mundo donde todo era muy diferente a lo que Camila conocía. Y la asustaba ese mundo tanto como la atraía.
- “No seas tan estúpida Camila…tienes una libreta con varios nombres de mujeres que no dudarían ni un minuto en venir este fin de semana si las llamas, con las que tendrías muy buen sexo…deja ya de joder con esa fanática que te miraba como si tuvieras peste” – se recriminó a sí misma, mientras lavaba los platos casi con mas rabia que aplicación.

* * *

- Estás en otra.
Camila miró a Eunice, que asomaba la cabeza entre sus piernas, después de haber estado unos minutos haciéndole sexo oral mientras su mente estaba muy lejos de la excitación sexual. Tan lejos que miró a Eunice como quién mira a un extraterrestre que de pronto se hubiera plantado en su cama. Eunice no supo si reírse o enojarse tremendamente, siempre se había jactado de lo buena amante que era…era la primera vez que una mujer se quedaba indiferente mientras se la comía. Así que subió hasta quedar recostada al lado de Camila, encendió un cigarrillo y dijo fingiendo un falso enojo:
- Chiquita, me parece que hoy vos no estás para coger sino para conversar. Y jodete si te molesta el humo a mi me molesta que no se concentren cuando tengo sexo con alguien.
Camila se rió. De las amantes que habían pasado en su vida, Eunice era la más particular. Estaba en una edad indefinida entre 40 y 50, indefinida porque llevaba cuatro años de conocerla y cada año Eunice cumplía 40. Estaba casada también, con un piloto de avión, que pasaba más tiempo fuera del país que en casa, con lo cual para Eunice era muy fácil tener numerosas aventuras tanto con hombres como con mujeres. Pero por sobre todas las cosas, sabía ser amiga, buena escucha y era la única persona con la que Camila podía hablar con libertad, sabiendo que no haría un drama o se ofendería.
- Conocí a alguien.
- ¿Hombre o mujer?.
- Mujer, no seas tonta…sabes que el único hombre para mí es Fabián.
- ¿Y que pasó?. ¿Te rechazó y eso te tiene tan mal?.
- No, no es eso…es que yo quería amar a esa mujer.
- Podes coger con la que quieras….
- Shhh, no me entiendes…quería amar a esa mujer.
Eunice miró a Camila sin comprenderla del todo. Nunca en la vida se había enamorado de nadie, todas sus relaciones eran por sexo, por poder, por conveniencia, a veces por algo parecido al cariño, otras por simple costumbre, se amaba demasiado a sí misma para sentir amor por otra persona. Sin embargo estaba capacitada para entender las palabras de Camila.
- ¡Te enamoraste? – exclamó en una mezcla de afirmación y pregunta, asombrada de ese simple hecho tan común en la vida de tantos seres humanos.
- No sé.
- Cómo no sé…eso lo sabes o no, no es una duda.
- Nunca ninguna me hizo sentir como me sentí con ella.
- ¿Cuántas veces hiciste el amor con ella?. ¡Debe ser muy buena en la cama si te dejó así!.
- Nunca me acosté con ella.
- Entonces sí te enamoraste. Malo, muy malo…las mujeres como tú y yo no podemos enamorarnos, nos debemos a nuestro marido.
- Yo no abandonaría a Fabián. Pero con ella sentí que quería saber cómo era amar a una mujer, mas allá de la cama, del sexo…quise sentirla mía.
- No se puede, Camila. ¿Qué harías si te enamoras?. ¡Serías infeliz!.
- No, si ella aceptara compartir…todo sería tan fácil, Eunice, pero ni siquiera me dejó explicarle mi idea.
- No funciona Camila. Eso es una locura. De pronto encuentras a una que acepte esto que me dices…y lo aceptaría esperando a que tú dejes a tu esposo. Y un día tu esposo se da cuenta que no tienes solo sexo con una mujer, sino que amas a una mujer y es bien sabido que no se puede amar a dos personas. En algún punto, uno de los dos te presionaría a elegir y si hay algo que tú no tienes derecho a jugar con los sentimientos de nadie. Una cosa es el sexo, pasarla bien, teniendo claro como en nuestro caso que yo me voy a mi casa con mi marido y tú te quedas aquí esperando al tuyo y no ha pasa mas nada. ¿Me entiendes lo que digo?.
- Yo creo que sí puede ser…si yo mantuviera el equilibrio, para que ninguno de los dos se sintiera en segundo plano…podría funcionar Eunice.
- Te estás mintiendo….sabes que te estás mintiendo…es mas, te mientes ahora, como te mientes cuando te declaras bisexual.
- ¿Por qué me dices eso?.
- ¿Revisaste tu historial sexual?. El único hombre ahí es Fabián…después, todas mujeres…ni miras a los tipos en la calle, te digo yo si uno esta bien…y casi - casi estoy segura que si no existiese Fabián, no hubieras vuelto a tener sexo heterosexual después de tu primera experiencia gay.
Camila hizo un repaso mental de sus relaciones…algo de razón había en las palabras de Camila, no miraba a los hombres desde hacía mucho tiempo atrás…bueno, nunca le había gustado otro fuera de Fabián, pero no los había mirado mas desde su primera vez con una mujer. Eunice casi se rió ante la cándida sorpresa en la cara de Camila mientras hacía ese repaso en su mente y continuó hablando.
- Vos lo que sos ahora es una lesbiana que, accidentalmente, está casada con un tipo. Por eso sería un gran desastre que te enamorases de una mujer.
- Pero a mi me gusta tener sexo con Fabián y lo quiero…
- Pero si un día Fabián desaparece, no volverías a tener a otro hombre. Y dijiste lo quiero, no lo amo. Ahora quieres tener a esa mujer que conociste y te ha movido el piso pensando que podrías mantener un equilibrio…y supongo que ella no estuvo de acuerdo con la idea.
- No llegue a plantearle nada, no quiso saber de mí por ser casada.
- Bien…es una mujer inteligente.
- ¿Por qué?...yo sé que ella sintió cosas, que le pasaron las mismas cosas que a mí, que se le movía el mundo con tocarme las manos…que el mundo se desvanecía con un beso suyo.
- Es inteligente porque se evitó y te evitó mucha pena Camila. Si ella aceptara, tú te enamorarías…si te enamoras, conociéndote eras capaz de tirar por la borda tu matrimonio. Y creeme cuando te digo que el mundo es mucho mas difícil sin un hombre al lado y hay que tener muchas agallas para vivir sin ser la señora de…estás grande para empezar otra vida. Y para colmo, sos una guacha de mierda que me hizo venir para alabarme los besos de otra en mi propia cara y yo soy tan tonta que me pongo a darte consejos de vida. Mejor me voy a bailar, por ahí encuentro alguien más afín a tener un rato de placer que vos.
Eunice salió de la cama y comenzó a vestirse, con esa ropa sugerente y cara que siempre usaba. Camila pensó que quizás fuera al Marbella, donde había conocido a Graciela, aunque con Eunice no era seguro que fuera a un lugar gay…también podía ir a un lugar de moda a ver si conseguía un chico lindo con ganas de sexo. Tímidamente preguntó.
- ¿Adónde vas a ir?.
- A Marbella.
- Voy contigo entonces – dijo con indisimulable alegría, saltando de la cama para vestirse con rapidez porque sabía que Eunice no era de las que le gustaba esperar.
- Tú no tienes vergüenza ninguna. Seguro que ahí conociste a la que te tiene así, y por eso quieres ir.
Camila se puso roja, como una colegiala pillada en falta. Eunice rió divertida…ah, el amor, el amor…que bueno que ella siempre había podido escapar de su maléfico influjo. Le hizo un gesto con la cabeza.
- Apúrate…a lo mejor si te ve conmigo, esa mujer lo piensa dos veces y te da un sí. Yo tomaré un café mientras terminas de prepararte…usa algo sensual, por favor. Si me vas a plantar por lo menos quiero que me envidien cuando nos vean llegar juntas.

(continuará)

Mariela

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Re: Relatos que entienden

Mensaje  maryjoe el Marzo 15th 2011, 9:44 pm

mmmmmmmmmmmmmm que rico episodio jejejejeje
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Re: Relatos que entienden

Mensaje  Invitado el Marzo 19th 2011, 9:20 pm

CRONICA DE UN ROMANCE 3


Susana podía ser francamente insoportable cuando se lo proponía y después de tres días completos de asedio, había logrado que Graciela aceptara ir al boliche. Su temor era encontrarse con Camila, no lo había dicho, pero Susana le espetó con su brutal franqueza.

- Hace un mes que no sales, dejate de jorobar, si la ves a esa mina, no le das bolilla…no tiene sentido que te quedes encerrada en tu casa por evitar encontrarte con esa mujer. Mira si por estar en casa, te estas privando de conocer a la que sí puede ser para vos. ¿Cómo vas a conocer a alguien siempre encerrada en casa?.

Tenía razón. ¿Acaso volvería a tomarse un año encerrada en casa, por evitar encontrarse con Camila?. ¿Cómo podía ser que en un mes no hubiera podido evitar pensar en ella casi a diario?. Aquella tarde en la plaza había tomado una decisión, no dejarla entrar en su vida, no podía ser tan cobarde para temer flaquear si la viera.

Se arreglo con sencillez, jeans, camisa blanca, unos mocasines cómodos…nada sensual porque realmente no tenía intenciones de conquistar, sino de pasar un rato fuera de casa, es mas pensaba regresar temprano y pasó por casa de las chicas. Llegaron las tres juntas al boliche.

Era una noche tranquila en el Marbella, no estaba super lleno como de costumbre, por lo que apenas llevaba unos minutos dentro cuando la vio, acompañada de esa mujer que destacaba en ese ambiente por su aire de mujer de mundo, su ropa cara y la soltura con que se desenvolvía. Camila traía una blusa roja pegada al cuerpo, los senos en un primer plano, un jean azul oscuro que le quedaba pintado…era un monumento a la sensualidad, la recorrió con la mirada avida…Susana la codeó:

- Ahí está la tuya.

- No seas tonta – dijo Paula, notando la mirada de Graciela que vislumbraba tristeza y bronca. ¿Dónde estaba toda esa palabrería de querer conocer el amor con ella?. ¿Dónde…si apenas un mes después estaba con esa mujer en aquel boliche vestida de ese modo tan sensual?. Evidentemente, lo único que le interesaba a Camila era el placer, nada mas…no le importaba nada de las personas, todos esos pensamientos cruzaban y se mezclaban en la mente de Graciela, mientras la veía bailar a Camila con Eunice.

- Vamos al pub, dale, me han dicho que pasan buenos videos en la pantalla gigante – invitó Paula, tomándola del brazo, queriéndole evitar el espectáculo. Graciela la miró.

- Sabes que no…sabes que tengo que decirle unas cosas a esa minita.

- No vale la pena.

- Dejala Paula…que la mande al carajo, así se la puede sacar de la cabeza.

- Susana, no eches leña al fuego.

- No, si tiene razón. ¿Cómo pude ser tan boluda?...casi le creo esa tarde en la plaza, que boba soy. Pero ahora le voy a decir lo que se merece.

Cruzó el salón entre la gente, hasta quedar junto a Camila. La tomó del brazo con violencia, tanto que Camila perdió pie y Graciela tuvo que sostenerla, quedando con los rostros casi pegados.

- ¿Qué haces? – murmuró Camila, entre sorprendida y divertida…a que no fuera verdad lo que dijera Eunice al invitarla y por celos Graciela le daba un sí. Los ojos de Graciela se veían más negros que nunca, con chispas de rabia en ellos…con la mano libre, Camila le tomó la nuca y la atrajo hacia su boca, atrapándola con sus labios en un beso violento, pasional…Graciela la besó con rabia, las lenguas enzarzadas en lucha, enredándose. No supieron cuando o cómo Eunice se alejo…cuando separaron sus labios no había nadie junto a ellas.

- ¿Celosa? – murmuró Camila sobre los labios de Graciela que apenas se habían despegado de los suyos.

- Sos una mentirosa y una falsa…todo lo que dijiste…

- No lo soy. Sabes que no lo soy.

- Dijiste que querías amarme…y estás aquí con otra.

- ¿Y no me dejaste tú en libertad?. Yo sigo queriendo amarte.

Camila sabía que tenía de nuevo en sus manos ese minuto para presionar buscando una reacción de Graciela. Volvió a besarla, mientras le pasaba los dos brazos por la espalda, liberada de la mano de Graciela en su brazo, la apretó contra su cuerpo…queriendo que ese beso durara mucho tiempo, para así sentir el calor de Graciela contra sí, buscando excitar a Graciela con esos besos cargados de sensualidad. Graciela la apretó también en tanto en su interior la rabia se transformaba en lujuria, en deseo…esa mujer la encendía.

- Te dije que no aceptaba un adiós…vamos…

- ¿Adónde?.

- No preguntes, solo vamos.

La tomó de la mano, sabiendo que no iba a negarse, no en ese momento…salieron del boliche, a menos de media cuadra, después de doblar la esquina había un motel que trabajaba mayoritariamente con los concurrentes a ese boliche, así que no había problema en que la pareja fuera del mismo sexo. Graciela se dejaba llevar, sin querer pensar, solo queriendo sentir…Camila decidida pidió una habitación y minutos después estaban a solas, una frente a la otra, en ese cuarto modesto con una gran cama en el medio…no necesitaban de nada más.

Se miraron, tocándose el rostro, buscando reconocerse, Camila maravillada de haber logrado vencer la tenaz resistencia de Graciela, Graciela sin pensar…solo sintiendo, dejándose invadir por ese deseo potente que le despertaba esa mujer que tenía enfrente…quería hacerle el amor.

La boca de Camila era un imán y Graciela se dejó atraer, besándola de manera furiosa, pasional, salvaje, mientras le masajeaba los glúteos con las manos; Camila le revolvía el cabello, volviendo a atrapar sus labios si Graciela quería separarse…la situación las estaba poniendo realmente calientes. Camila comenzó a dar besitos en el cuello de Graciela, deslizándose hasta donde la camisa lo permitía…tardo poco en cansarse del juego, y comenzar a desabotonar la camisa blanca de Graciela, dejando al descubierto unos senos pequeños, atrapados en un soutien rosa, que estaban en su máximo tamaño causado por la excitación, Camila olisqueo entre ellos, aspirando el olor de Graciela, conociendo por primera vez cómo olía la mujer en la que no había podido dejar de pensar en los últimos 30 días. Apartó delicadamente la tela que cubría el seno derecho para con la puntita de la lengua rozar el pezón oscuro…Graciela suspiró echando la cabeza hacia atrás, señal que Camila entendió y abriendo la boca, atrapó totalmente el pezón, succionando con calculada fuerza…Graciela sentía su sexo cada vez mas húmedo y caliente.

- Me estás calentando….

- Justamente es lo que busco…déjame llevarte hacia el placer, yo ya estoy caliente y lista para ti – respondió Camila, con los ojos brillantes, sabiendo que Graciela estaba tan excitada como ella, desprendió el soutien rosa y lo tiró en el piso de la habitación, junto a la camisa blanca para poder tener un acceso directo a ambos senos, alternando su boca entre uno y otro con chupones, mordisquitos y lametazos que pusieron a suspirar ruidosamente a Graciela, que era muy sensible a las caricias en sus senos…directamente ligados a su sexo, se estaba poniendo insoportablemente caliente y quería, necesitaba ser calmada. Sus manos se enredaban en el sedoso cabello rubio de Camila, dejándola hacer, Camila hundida entre sus senos, bajaba ahora con su lengua hasta el borde los jeans, lamiéndola, haciendo que el deseo subiera…se detuvo, abrió el jean y lo bajó, se quedó de rodillas con la cara frente a la bombacha de Camila, totalmente humedecida…aspiró el aroma de su sexo y se humedeció aún mas de lo que ya estaba…ese olor despertaba sus mas bajos instintos, quería tirarla sobre la cama y tomarla ya mismo, pero no…no lo quería de ese modo, quería que ese momento fuera caliente pero también algo mas, quería que fuera tierno. Restregó su cara sobre el sexo de Camila, cubierto por la ropa interior, aspirando ese aroma embriagador y difícil de describir…era particular, penetrante, dulzón…

- Quítamelo – ordenó Graciela, y Camila quitó el jean primero, la ropa interior después, quedando Graciela totalmente desnuda ante ella…despertando aún más el deseo de poseerla. Graciela le quitó la blusa y el soutien…quería verla, no tocarla sino verla…admirar el cuerpo menudo, los senos con un tamaño mediano para la estructura del cuerpo, las pecas distribuidas aquí y allá…acarició los senos con ambas manos, mirando a Camila a los ojos, que habían adquirido un tono mucho mas oscuro del que recordaba. Camila la tomó de la mano, fueron hasta la cama y con un suave empujón la hizo quedar de espaldas sobre la cama…a su merced…como una leona fue arrastrándose sobre la cama, quedando sobre ella…

- Estás para comerte…y es justamente lo que haré – murmuró en un tono de voz que destilaba calentura, le cerro la boca con un beso a Graciela sin dejarla responder nada, mientras por primera vez los cuerpos desnudos se encontraban…los senos se masajearon pero no por casualidad, sino porque deliberadamente Camila había calculado que eso pasara antes de besar a Graciela y el contacto de piel con piel la puso casi al borde de un orgasmo. Camila dejó la boca de Graciela y comenzó a recorrer con su lengua el cuerpo, alternando lenguetazos con besos, succionando a la altura de los senos que atrapaba con su boca, fingiendo penetrar con su lengua el ombligo, haciendo que Graciela quisiera que ya llegara adonde se dirigía inexorablemente…cuando la lengua de Camila tocó su clítoris Graciela dejó escapar un profundo suspiro. Camila dejó que su lengua jugueteara por unos segundos con el botón de placer de Graciela con rápidos movimientos, antes de atrapar con su boca la casi totalidad de la vagina, saboreando por primera vez los jugos que en abundancia salían de esa vagina caliente y palpitante. Teniendo cubierta con su boca la vagina, la lengua de Camila se puso en acción, presionando arriba - abajo sin penetrar, pasando por el clítoris en un masaje persistente y con suficiente presión como para que el primer orgasmo sacudiera el cuerpo de Graciela a los pocos minutos haciendo que gimiera con fuerza mientras apretaba la cabeza de Camila hacia su vagina, sintiendo que sus entrañas eran conmovidas por la fuerza de las contracciones…Camila se detuvo, sintiendo en sus labios, en su lengua, la fuerza de ese orgasmo…mirando a Graciela a los ojos, intensamente negros. Cuando los movimientos cesaron liberó a la vagina de la prisión de sus labios, para besar los muslos…Graciela le hizo un gesto para que subiera…Graciela subió besando su viente, los senos, hasta que sus labios se juntaron con los de Graciela, se mordisquearon mutuamente, mientras Graciela desabrochaba el jean de Camila para poder quitarlo…como se le dificultaba la tarea mientras la besaba, dejó de hacerlo, la empujó hasta dejarla boca arriba en la cama, quitó el jean con rapidez, luego la ropa interior que estaba totalmente empapada, dejándola ante ella desnuda…le separó las piernas, y se acomodó entre ellas, de tal manera que sus labios vaginales rozaran los de Camila, y sus senos se masajearan…comenzó a moverse sobre Camila, sometiendo a la vagina caliente de Camila a una masturbación húmeda y caliente que provenía de su propio sexo totalmente empapado por el orgasmo que había tenido hacía pocos minutos…Camila gemía, sintiendo que el orgasmo se acercaba cerró los ojos y se dejó llevar…fue violento, explosivo, salieron tal cantidad de fluidos de su interior mientras daba pequeños grititos que Graciela la miró sorprendida…era la primera vez que le pasaba eso mientras hacía el amor con una mujer. Camila la miró, le pasó las manos por detrás de la nuca y la atrajo hacia sí, besándola de una manera como si se la quisiera comer, con pasión, con lujuria, totalmente caliente.

- Me encantas…me encantas…quiero comerte de nuevo…

- Yo quiero comerte, probarte, tú ya has probado…

- Hagámoslo al mismo tiempo – respondió Graciela, dándose vuelta y colocándose en cuatro sobre Camila, dejando su sexo a la vista y sobre la cara de ella…un segundo después la lengua caliente de Camila estaba de nuevo recorriéndola, mientras ella veía ahora sí totalmente el sexo de esa mujer…hinchado, mojado, invitante…el olor a hembra excitada provocó en Graciela un aumento de temperatura de su propia vagina, que Camila captó, y aprovechó para intentar con su lengua penetrar el interior de Graciela.

Graciela pasó la lengua sobre el clítoris hinchado de Camila, que no podía gemir por tener la boca ocupada y la lengua hurgando dentro del sexo de Graciela…esta a su vez comenzó a chupar ese clítoris, encerrándolo haciendo una O con su boca y succionando, sintiendo que Camila quería retorcerse debajo suyo y al mismo tiempo, aplicarse en su trabajo de penetración con la lengua…ambas cerraron los ojos, queriendo dividirse entre el brindar placer mientras sentían que la marejada del propio placer las arrastraría en cualquier momento. Camila terminó primero llenando la boca de Graciela con abundante líquido, en tanto Graciela la siguió unos segundos después, atrapando casi la lengua de Camila en su interior con los violentos espasmos de su sexo. El cuerpo de Graciela se relajó sobre el de Camila, quedando ambas exhaustas, jadeantes, con las caras a centímetros del sexo de la otra, la habitación plena de olor a sexo…Camila comenzó a acariciar con suavidad los glúteos de Graciela, y sus piernas…Graciela permanecía con los ojos cerrados, disfrutando de la laxitud de su cuerpo satisfecho.

- Me encantó

- También a mí – dijo Graciela mientras se ponía en pie, pretendiendo recobrar el control de sí misma…sintiéndose plenamente satisfecha en el plano sexual, pero avergonzada de haberse dejado llevar por…¿la calentura?. ¿Sólo por calentura había llegado a esa habitación de hotel?. Miraba a Camila, desnuda sobre esa cama…deseando ir de nuevo a amarla, pero no…no era solo calentura sino un deseo que iba mas allá de lo meramente sexual.

- Vení – dijo Camila con una sonrisa que prometía aún mas placer.

- No puedo…es tarde…

Camila gateo sobre la cama, la tomó de la mano y tiró de ella hacia la cama…Graciela se dejó caer sobre el cuerpo desnudo de Camila mientras ella susurraba.

- Claro que podés.

Graciela se dejó llevar por la invitación de Camila a comenzar el segundo round de una pelea que duraría toda esa noche.

* * *



- No puede ser que desaparezcas sin avisarnos, nos preocupas, sabes que al menos podes decir que te vas, te estuvimos buscando por todos lados...además pedazo de guacha, podrías atender el celular, yo que sé que puede haberte pasado.

- Sí mamá – respondió Graciela a los rezongos telefónicos de Susana, dejando que dijera todo lo que quería, acostumbrada a esos síndromes de mamá gallina de su amiga…síndromes que agradecía porque sabía que no venían mas que del cariño.

- No me tomes el pelo. ¿Se puede saber donde estabas?...tu mamá estaba preocupada esta mañana, llamó para preguntar si estabas aquí, le dije que como era muy tarde cuando salimos del boliche te quedaste con nosotras para no molestarles y que ibas en camino, que llegarías para almorzar con ella. Pero me preocupé mucho.

- Sí, escuche tu mensaje al salir del motel que esta a la vuelta del boliche, muchas gracias por la coartada, tomé un taxi y llegué justo para el almuerzo.

Un notable silencio del otro lado de la línea. Graciela se imaginaba el cómico gesto de sorpresa en la cara de Susana, para luego escuchar de nuevo su voz.

- ¡No me digas qué….?

- Si te digo.

- ¿Te fuiste con la rubia al motel?.

- Sí.

- ¿Y ahora?.

- Y ahora nada…fue una noche. Solo una noche.

Eso era lo que le dijo con Camila al separarse en la puerta del motel esa mañana. Camila insistió para que quedaran otro día en verse, Graciela se puso firme en su posición…solo una noche, fue lo que me pediste en aquella plaza…no mas...e hizo uso de todo su autocontrol para no ceder ante la mirada desolada de esos ojos verdes. La acompañó hasta tomar el bus que la dejaría en Punta Arenas, en casa de su esposo, donde pertenecía y regresó a casa cabizbaja, nuevamente con esa sensación de haber empujado fuera de su vida a la única mujer con la que querría compartirla.

- ¿Y cómo fue?.

- Morbosa y encima chusma.

- Si te fuiste con ella, fue por una buena razón.

- Fue fantástico. No te voy a dar detalles.

- ¿Y por qué no vas a verla de nuevo entonces, si fue tan bueno?.

- Porque si la veo otra vez no seré capaz de no tener una relación con ella, y definitivamente yo no soy capaz de dejarla ir con su esposo…la quiero para mí, o no la quiero a mi lado.

- Vos también…habiendo tanta mujer soltera, te vas a fijar en una casada.

- Yo no me fije Susana…el destino la puso en mi camino.

- ¿Por qué no te venís a tomar mate?.

- No, no…me gustaría estar sola. Mañana nos hablamos.

Cortó y se tiró sobre la cama, boca arriba, mirando el techo…recordando cada beso, cada caricia, cada momento de esa noche apasionada que apenas terminaba de vivir. El celular sonó pero no lo atendió. Unos minutos después el zumbido le indicó que tenía un mensaje de texto…tomó el aparato y leyó.

“Gracias por la mas maravillosa noche de mi vida. No acepto un adiós”.

Sonrió y al mismo tiempo una lágrima se deslizó por su mejilla.



* * *



Camilla llegó a casa en las primeras horas de la tarde ese domingo. Fabián estaba en el comedor tomando mate y lo quedó mirando como ida…recordando en ese momento que él le había dicho que llegaría para almorzar. Vio también que él ya se había ocupado del tema comprando empanadas y la estaba esperando para comer y hasta había comprado vino, indicador que esperaba también algo mas esa tarde de domingo, esperaba a su mujercita amorosa y dispuesta. Quizás por eso sonaba tan molesta su voz al decirle.

- Caramba…debiste estar muy entretenida para llegar a esta hora.

- Por favor Fabián, no empieces con boberías. – le dijo mientras lo besaba en la mejilla. El intentó besarla en los labios, pero ella lo esquivó. Los ojos de él expresaron una genuina sorpresa.

- ¿Qué pasa, Camila?.

- No pasa nada…solo que no estoy de humor.

- ¿No estás de humor para besarme después de tres días sin verme?. ¿De dónde venís?.

- ¿Desde cuando te pones en el papel de esposo guarda bosques?.

No solía responderle así a él, pero estaba dolida…dolida por esa única noche tan maravillosa que no volvería a repetirse, dolida porque sabía que no podría hacer flaquear a Graciela nuevamente, porque tal vez esa noche de sexo tan maravillosa había sido un error, y no podía saber el por qué pero eso sentía.

No tenía ganas de estar teniendo esta conversación con Fabián, le hubiera gustado que él no estuviera en casa para poder calmar la tristeza y recomponerse antes que él llegara a casa. Estaba enfadada de verlo allí, en la casa que era de los dos, lo sentía como un intruso en su vida y no le gustaba sentirse así.

Fabián la miraba mientras ella pensaba todo eso con la mirada perdida en cualquier punto y sintió que algo había cambiado entre ellos. El nunca había sentido lo que estaba sintiendo ahora…sentía que de alguna modo que no alcanzaba a entender, estaba perdiendo a Camila. Precisamente desde aquella noche en que ella le mintió diciéndole que no había conocido a nadie. Después de ese día ella había estado mas melancólica que otra cosa, incluso hasta la notaba reticente a tener sexo con él, no era que lo rechazara totalmente pero se las ingeniaba para no propiciar los encuentros…no comprendía la situación, esto era nuevo y no sabía manejarlo…solo una cosa podía estar pasando, algo que lo hacía sentir furioso.

- ¿Estás saliendo con otro tipo?. – espetó enojado.

- ¿Qué?.

- Es eso…tiene que serlo, estas saliendo con otro tipo, por eso estás tan rara. Sabes que eso no lo aguanto, Camila. Me banco tus asuntos con chicas, pero ni se te ocurra tener a otro hombre.

- No seas tan pelotudo, por favor.

Era lo único que le faltaba para completar ese día, que Fabián se mandara una escenita y le acusara de tener otro hombre, cuando hacía años que ni siquiera se fijaba en ellos. Tenía ganas de gritarle que por culpa de él estaba perdiendo la oportunidad de tener a la mujer más maravillosa que se hubiera cruzado en su vida, estaba furiosa. Se miraron como dos perros dispuestos a pelear. Era la primera vez que Fabián le hacía una escena de celos en muchos años…no era un hombre celoso, pero antes de que Camila comenzara a salir con mujeres, cada tanto se ponía celoso de algún cliente del kiosco o de un proveedor que le mostrara mas atención que la normal. Después de que Camila comenzara con sus asuntitos, él se sentía seguro y para nada celoso. La palabra pelotudo fue una señal de alarma para Fabián, porque Camila no usaba ese tipo de lenguaje y nunca antes le había hablado con esa rabia en sus palabras.

- ¿Qué…acaso ya no te gustan los hombres?.

- No.

La respuesta fue directa y sincera, como todas las que Camila daba. Fabián quedó totalmente descolocado. Buscó en los ojos de su esposa una señal de que esa respuesta era una broma, una manera de hacerlo sentir tonto para que dejara de reclamarle, pero ella le sostuvo la mirada sin esbozar nada que le diera pie a su teoría de que buscaba molestarlo.

- No te entiendo Camila.

- ¿Es tan difícil de entender, Fabián?. Ya no me gustan los hombres, no me interesan.

- ¿Te intereso yo?.

- Tú eres mi esposo.

- Carajo, no me estás contestando. Soy tu esposo y soy hombre ¿te intereso?.

La miraba como un perrito apaleado esperando una caricia…Camila se dijo que ya había estropeado gran parte de su vida en ese día, que no había necesidad de estropearla del todo. Se acercó a él, lo abrazó y mirándolo a los ojos le dijo:

- Tú me interesas…si ya no me interesaras, no estaría ahora aquí. Y no me preguntes más, no voy a hablar de ello porque no puedo con lo que me pasa, y no puedo compartirlo contigo. Debo resolverlo sola. Pero aquí me tienes…como siempre, quédate tranquilo.

Salió del comedor y se metió en el baño. Fabián la dejó ir, sintiéndose extraño…no podía reconocer au esposa en esa mujer que estaba ahora duchándose en la casa que era de los dos. Milky ladró a su lado reclamando su atención, pero él no podía ser compañero de juegos de su perra en ese momento. Las reglas del juego habían cambiado sin que él lo notara. ¿Qué estaba pasando?. No había otro tipo OK…¿qué pasaba entonces?. ¿Cómo era esa historia de que a su mujer ya no le gustaban los hombres?. Eso no podía ser posible, una mujer como Camila no podía creer realmente que podía prescindir de los hombres, siempre había sido muy apasionada con él, él sabía que ella disfrutaba realmente del sexo que tenían los dos.

- “Debe estarse tomando demasiado en serio uno de sus asuntitos…eso debe ser…o se ha cruzado con alguna rayada extremista, que le mete ideas raras. Tranquilo Fabián, si no hay otro tipo, tú ganas…solo tenle un poco de paciencia. Ella lo ha dicho, si ya no le importaras, no estaría aquí…no te portes como un bobo, eso no te lo perdonaría Camila jamás”.

Milky volvió a ladrar, esta vez de manera mas exigente, y Fabián salió al patio a jugar con la pelota de goma…sí, le haría caso a Camila, dejándole espacio esa tarde para que resolviera su mente, no quería molestarla. Todo retornaría la normalidad, estaba seguro, como siempre había sido.



* * *



La mayoría de la gente no vive como quiere, sino como puede. El tiempo transcurre rápido, los días se convierten en semanas y estas en meses que también se suman. Hay momentos que viven para siempre dentro de las personas, que tratan de que esos momentos no les lastimen y sin embargo no logran olvidarlos.

Graciela había intentado retomar su vida después de aquella noche en el hotel, a la vuelta del Marbella, lográndolo en apariencia, pero no había pasado un solo día sin que recordara los ojos de Camila, la manera gatuna en que llegó hasta sus labios en aquella cama, su sabor, su olor…le bastaba cerrar los ojos para que las imágenes de esa noche vinieran a su memoria, soñaba con esa noche y despertaba excitada, deseando tenerla consigo. Había ido algunas veces mas al Marbella en esos meses, nunca la había visto a ella, sí había visto algunas veces a la mujer madura que la acompañaba en aquella noche…una vez hasta se sintió tentada de preguntarle por Camila. No lo hizo por vergüenza…hasta podía pensar esa mujer que le estaba coqueteando. Se puso como meta borrar de su mente a esa mujer, pero le estaba resultando tan pero tan difícil. ¿Cómo se podía pensar tanto en alguien que ni siquiera tuvo tiempo de dejar huella?.

Camila había respetado las palabras de Graciela. Esta noche…solo esta noche, no me vuelvas a llamar, no me a busques, eso le había dicho al salir del hotel y exceptuando por ese pequeño mensaje que mandó a su celular aquella tarde de domingo, nunca mas la contactó. Dejó de ir al Marbella porque ya no tenía sentido…si no podía estar con Graciela, no quería estar con otra. Ya no tenía sentido buscar con quién tener sexo, porque con ninguna otra podría sentir lo que había sentido esa noche…esa noche la había cambiado, no podía pensar como antes en una noche de placer sin compromiso ni futuro….quería estar con Graciela, no con cualquiera.

Como eso no era posible, intentaba recuperar el equilibrio en su matrimonio. Fabián parecía haber olvidado la pequeña discusión de aquella tarde, nunca había mencionado mas nada, ni siquiera le preguntaba porque ya no salía, mantenía lo que él consideraba un saludable silencio. Si bien era cierto que estaban alejados en el plano sexual, era algo que él parecía no resentir, por lo que Camila tampoco le buscaba…ya no le agradaba mantener relaciones con él y tampoco le gustaba fingir ante el hombre con el que llevaba tantos años compartiendo su vida. Por eso mismo se hacía la desentendida ante las cada vez mas largas ausencias de Fabián…ya no eran solo los fines de semana, sino también días entre semana que faltaba a la casa, aumento de trabajo decía él…ella no sabía si creerle o no, era mas saludable dejar las cosas como estaban. Lo notaba a él nervioso, ausente, alejando...pero ¿qué derecho tenía ella a reclamarle algo?. La confianza que en un tiempo existía entre ellos ya no estaba, por eso no le preguntaba nada.

Supo las razones de esa rara actitud de Fabián por una llamada recibida en su casa…preguntaron por Fabián Rosas Martirena, ella les dijo que no estaba…la mujer al otro lado de la línea parecía nerviosa y angustiada.

- Dígale que el bebé esta enfermo, María está con el niño en el hospital pero lo necesita.

- ¿Cómo dice señora?.

- El niño de Fabián está enfermo…María no sabe qué hacer y no pudimos ubicarlo de otra manera.

- Le daré el mensaje, no se preocupe – respondió Camila, colgando sorprendida, sin entender…mandó un mensaje de texto a Fabián para que viniera hasta la casa de inmediato si le era posible, que lo necesitaba. Fabián estaba en casa de unos familiares, muy cerca de Punta Arenas y vino enseguida, alarmado…Camila no lo llamaba de ese modo a no ser que algo urgente estuviera sucediendo.

- ¿Qué pasa?.

- Llamó una señora muy nerviosa para ti, diciendo algo sobre un bebé internado y que María te necesita.

Fabián se puso pálido, luego enrojeció, se le cayeron las llaves de la camioneta de la mano. Abrió la boca, Camila no lo dejó hablar…le puso dos dedos sobre los labios, conocía bien a ese hombre y estaba angustiado.

- Ve. Cuando estés libre, vuelves y me cuentas.

- Pero…

- Nada. Ve.

Fabián obedeció. Regresó a la casa a la madrugada, ojeroso, pálido, cansado…era hora de la verdad. Camila estaba esperándolo levantada, preocupada por él, no para recriminarle sino auténticamente preocupada. Se sentaron uno frente al otro en la mesa del comedor, Camila le tomó la mano.

- ¿Cómo está el niño?.

- Bien…se recuperará…la madre se asustó.

- ¿María?.

- Sí…María.

- Fabián…¿no crees que es hora de que echemos cartas sobre la mesa?. El último año nos hemos escondido uno del otro, pero la verdad nos ha alcanzado.

Fabián miraba a Camila a los ojos…esperaba recriminaciones, gritos, enojos…pero se había olvidado que era su esposa, no cualquier otra mujer, y que su esposa apreciaba la sinceridad sobre todas las cosas, por dolorosa que fuera. Tomo aire y soltó su verdad.

- María tiene 20 años. El niño es mío…nació hace tres meses. Viven en Colonia.

- ¿Sabe que sos casado?. ¿Cuánto hace que la conoces?.

- Como un año…no, no lo sabe…no se lo pude contar. Camila, ella me ve de un modo…como hace años tú no me ves…fue un juego, porque no creí que se enamoraría de mí, la conocí llevando a las orquestas a los clubs allá…trabaja en uno.

- Entonces tus ausencias…no eran solo por trabajo.

- No. Iba allá a estar con ella, durante su embarazo, y ahora a estar con los dos.

- ¿La amas?.

- No sé.

- Fabián, eso es sí o no…yo tengo algo que decirte también.

- Ya sé que me vas a decir. Tú ya no me amas. Hace tiempo que lo siento, Camila, tú no puedes esconderte de mí.

- ¿Y qué estamos haciendo entonces, jugando al matrimonio feliz?. Esta relación perdió hace tiempo su sentido Fabián.

Fabián le tomó las manos…le asustaba terriblemente la idea de que se terminara ese matrimonio, donde se sentía tan protegido…tenía miedo de enfrentar otra vida, de comenzar de nuevo en medio de incertidumbres, no quería afrontar la responsabilidad de ser padre de tiempo completo.

- Camila piénsalo…no tiene porque cambiar nada entre nosotros. Yo dejo a María si es lo que quieres, me sigo ocupando del niño pero termino mi relación con ella. Nosotros dos podemos componerlo todo.

- Fabián no podemos ser tan cobardes. Tú tienes un hijo ahora. Yo tengo que aceptar que esta ya no es mi vida, por mucho miedo que me de el futuro...perdí algo muy importante por miedo…no te permitiré cometer el mismo error. No te lo voy a permitir porque te conozco, sé que eres esencialmente bueno y que mereces estar con una mujer que te ame, y esa mujer esta allá en Colonia con tu hijo.

- No me hagas esto, Camila…no me dejes.

- Yo no puedo más Fabián. No puedo más con esta vida, no es la que yo quiero. Por el amor que nos tuvimos…déjame ir. Démonos el permiso para una nueva vida.



* * *



En esa separación Camila perdió muchas cosas. Perdió la casa en Punta Arenas que vendieron, el kiocsco que también vendieron, perdió a Milky que se fue a Colonia con Fabián, tuvo que soportar las preguntas de familiares y amigos que no entendían como el matrimonio perfecto se había terminado.

Ni Fabián ni ella dieron explicaciones, civilizadamente repartieron los bienes comunes. Camila pasó a vivir en Montevideo, en una pensión los primeros meses porque no lograba que le alquilaran un apartamento a una mujer sin empleo, hasta que Eunice supo que vivía así y puso el grito en el cielo, por lo que fue a vivir a un apartamento pequeño propiedad del esposo de Eunice, quién se lo alquiló a un precio irrisorio y sin exigirle garantías por ser amiga de su esposa. Por intermedio de Eunice también consiguió empleo en un kiosco en el Centro, no era gran sueldo, era un comienzo, Camila era consciente de que no podía vivir toda la vida de ese empleo así que comenzó a estudiar nuevamente después de años de no tocar un libro, se inclinó hacia una carrera en Hotelería y Gastronomía que parecía ser de futuro, y que no le llevaba años.

De a poco armaba una nueva vida…una vida donde no dependía de sostener el status de ser la señora de, sino que podía ser lo que ella quisiera…y le gustaba. Le gustaba ser dueña de su tiempo aunque viviera en un apartamento de 25 m2. Le gustaba poder ir donde quisiera, volver a la hora que fuera, sentir que conocía a otra Camila que había obligado a estar recluida durante años.

Una noche de sábado, en que el esposo de Eunice estaba de viaje, ésta vino a buscarla para que salieran a algún lugar. Camila no había vuelto a pisar ningún boliche después de aquel sábado que pasara con Graciela en el hotel…tampoco había vuelto a tener ninguna otra aventura. Desde la separación de Fabián había decidido tener su tiempo sola, sin nadie, hasta aclarar bien que quería para su vida…y cuanto mas tiempo pasaba, las cosas eran muy claras. Eunice la había definido perfectamente “sos una lesbiana que, accidentalmente esta casada con un hombre”. Ahora era una lesbiana libre…sin marido, ni compromiso, ni saltando de una cama a otra…libre y lista para una relación como la que Graciela le había pedido, y no había podido darle. Pero el miedo la ganaba…y no quería conoce a alguien y perder esos recuerdo que la habían sostenido todos esos meses, el recuerdo de esa noche con Graciela.

- Ve tú Eunice.

- Ah, no…usted se viene conmigo.

- No tengo ganas, realmente.

- Tuviste el valor de cambiar de vida y dejar tu matrimonio…¿no tendrás el valor de vivir lo que eres, Camila?. No puedo creer eso. Hace casi dos años que llevas una vida de monja, trabajo y estudio, nada mas…es hora de volver al ruedo.

Camila lo pensó…Eunice tenía razón. ¿Qué podía perder?. Se vistió…en su interior sabía que quería para esa noche…lo sabía muy bien.



* * *



La vida de Graciela también había cambiado en ese tiempo también. Cambio de trabajo, un intento de reconciliación con Ana que abortó en un par de semanas, reconciliación buscada más que nada para olvidar a Camila, más tarde una relación de un par de semanas con Federica, una chica muy pero muy joven que solía ir al Marbella y que había buscado hasta el hartazgo a Graciela, logrando tenerla un par de veces en su cama…veces de las que Graciela se arrepentía nada mas terminado el momento de pasión. No tenía nada en común con Federica, nada de nada, lo dejó bien en claro con la chiquilla, una de las cosas que Camila le había enseñado en esos breves encuentros que habían disfrutado era que lo mejor era ser totalmente sincera. Federica era joven, pero no tonta, supo que no tendría nada de Graciela, así que se convirtió en una buena amiga y cada tanto salían juntas, en el boliche pensaban que eran pareja, Federica no negaba el rumor y como Graciela no tenía interés en conocer a nadie, simplemente dejaba que la voz se corriera, para poder estar en paz las pocas veces que iba allí, en compañía de Federica o con Susana y Paula.

Ese sábado como otros Federica la había invitado al cine, fueron al trasnoche y al salir, insistió para que fueran un rato al Marbella ya que la noche estaba tan linda y hacía tanto que no iba.

- Vamos, no seas así…mira, son apenas las 2 de la mañana, la noche recién comienza, hace mucho que no vamos, esta lindísimo últimamente, vas a pasarlo bien.

- OK.

Fueron. Federica estaba con ánimo fiestero y apenas entraron pidió un trago. Invitó a Graciela, que se dejó llevar un poco, mientras bailaban divirtiéndose en medio de la pista…formaban una pareja llamativa, mas que nada por Federica que atraía donde quiera que fuera. Tan llamativa, que Camila las vio apenas entró al lugar. Graciela tomaba de un trago y Federica reía, tomándola del hombro.

Graciela sintió la mirada…levantó la cabeza y sus ojos se cruzaron con los de Camila…una Camila cambiada, con el cabello corto, diferente y al mismo tiempo igual a cómo la recordaba. Acompañada de esa veterana elegante que era habitué del lugar, y que apenas entrando se fue a conversar con un grupo de mujeres, en tanto Camila permanecía allí de pie…mirándola a los ojos.

- ¿Vas a bailar o vas a cargarte a esa rubia?.

Graciela miró a Federica, volviendo a la realidad. Federica le tocó la punta de la nariz con el dedo índice, risueña…conocía a Graciela como para saber que estaba impactada.

- ¿Quieres ir atrás de la rubia?.

Graciela asintió. Federica se encogió de hombros…si era lo que Graciela quería, no había más que hablar. Se fue a la barra, y en unos pocos minutos una chica más o menos de su edad se acercó a hacerle una pregunta tonta, en la táctica mas conocida del ambiente para iniciar una conversación.

Graciela miró a su alrededor…no veía a Camila. ¿Había sido un producto de su imaginación?...no, la había visto…esos ojos, ese rostro estaban grabados a fuego en su mente…comenzó a caminar entre la gente, buscándola…no podía haberla perdido, no quería hablar con ella solo quería poder verla de lejos, porque seguramente Camila seguía casada…caminaba entre la gente, sin encontrarla…y sintió esa mano en su hombro, y la voz suave que tan bien recordaba murmurando en su oído:

- ¿Me buscas a mí?.

Cerró los ojos, un ligero temblor recorrió su cuerpo con el solo contacto de esa mano en su hombro…la respiración de Camila en su cuello le traía hermosos recuerdos.

- ¿No quieres verme que cierras los ojos?.

Abrió los ojos y se encontró con el rostro de Camila muy cerca del suyo. Era un rostro igual y diferente…había nuevas líneas de expresión, el cabello corto le daba un aire mas maduro, los ojos habían perdido la expresión totalmente despreocupada tenían otro aire mas seguro, mas aplomado.

- A ti te buscaba…y sí quiero verte.

- Bailemos – invitó Camila…era la manera de saber si Graciela estaba o no con esa chica…si aceptaba tenía su oportunidad, y esta vez podía ofrecerle a Graciela lo que buscaba. Por respuesta Graciela la tomó de la mano y fueron al medio de la pista a bailar mirándose a los ojos, tocándose como al descuido. Le gustaba el juego a Camila pero quería algo mas…se acercó propositivamente a Graciela, hasta quedar casi pegada a ella y le dio un rápido beso en los labios.

- Estás tal como te recordaba.

- Tú estás diferente.

- ¿Se nota?.

- Sí.

- En algo sigo igual – murmuró Camila sobre los labios de Graciela antes de volver a besarla profundamente, apasionadamente, reviviendo todo aquello que las había hecho apasionarse años atrás, Graciela pasó los brazos sobre los hombros de Camila y continuaron besándose por un largo rato. Era como si el tiempo no hubiera pasado, les seguía provocando las mismas sensaciones el besarse, el tocarse. Se miraron a los ojos al separase, Camila sonrió…esta vez no habría adiós.

- ¿Estás con esa chica?.

- No. ¿Y tú?. ¿Estás con la señora elegante?.

- No. Estoy sola.

Graciela no entendió las palabras de Camila…pensó que esas palabras de Camila eran una insinuación para otra noche de pasión. Lo pensaba mientras Camila la miraba directo a los ojos, esperando esa chispa de compresión que no llegaba. La tomó de la barbilla y repitió las palabras muy despacio.

- Estoy sola, libre, sin esposo y aún quiero saber cómo se siente amar a una mujer y quiero aprenderlo contigo.

El resto de la gente, la música, todo desapareció en ese momento para Graciela…la vida le ponía la asignatura pendiente frente a ella…sola y libre, y por lo visto asumida como lesbiana…no podía perderla esta vez, de ninguna manera.

- Yo tengo que aprenderlo también…enséñame – fue la respuesta que Graciela le dio a Camila y volvieron a besarse, comenzando a caminar en terrenos nuevos y extraños para ambas, dejando atrás a partir de ese beso una vida para comenzar a construir su vida…juntas.





FIN



Mariela – R.L.

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Re: Relatos que entienden

Mensaje  maryjoe el Marzo 20th 2011, 9:50 am

gracias por la historia krake, ademas tiene final feliz smile
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Re: Relatos que entienden

Mensaje  krak777 el Abril 10th 2011, 12:42 am

siiiii a mi me gustan mucho este tipo de relato espero entren mas chicas y se animen y coloquen uno que otro relatito agradable de leer wink wink wink wink
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Mensaje  Clarita el Mayo 8th 2011, 12:54 am

He encontrado este artículo por casualidad y no sabía muy bien dónde colocarlo. Si no está bien aquí pido a alguna moderadora que lo lleve al lugar que corresponda.

Gracias.

ORGULLO LESBICO

"Se lo dijo con los ojos a media voz y la palabra cegada. Mamá que creo que... me parece que...soy lesbiana. Vale, pues muy bien, pues sí, pero ¿te tengo que seguir bordando el ajuar?... a mí no hace falta que me vengas con juegos de palabras jeroglíficas, ni con dobles sentidos escondidos en pecados que ya no sé si son, si van a ser, o si han sido mortales algún día (tanto cambio en los catecismos me están quitando la fe a jirones de racionalidad...), a mí lo que me interesa es que me digas si siendo lo que eres, te tengo que comprar la plancha a vapor o la de enchufe de toda la vida que igual te servía para quitar una arruga que para descongelar el pescao... Mira Clarita, a mí me da igual a quien tú metas en tu cama, yo te aconsejaría que sea la misma que metas en tu corazón, pero lo que quiero saber es qué iniciales tengo que bordar al lado de las tuyas o si lo prefieres pongo XX y así tú ya te apañas como quieras con aquello del anonimato y la reserva de la privacidad de la propia e íntima identidad sexual. Y ya que estoy con la aguja en ristre, ¿qué te parece si pongo tu nombre en todas tus bragas?... mira que los heterosexuales lo tenemos más fácil: unos gallumbos serán más o menos delicados, más o menos modernos... pero siempre se distinguirán por esa bolsica "recoge huevos" de toda la vida; pero vosotras dos amontonando bragas y tangas, ya me dirás como reconoces los tuyos, yo si quieres, que no me cuesta nada, hago lo que hacía como cuando ibas a la escuela, te pongo el nombre en punto de cruz y se te quedan los tanguicas, además de reconocibles, bien fusionaos con la vida moderna y la de antaño...¿Qué te parece?... Por cierto, que estoy pensando yo... ¿cuántas sartenes para tortillas tengo que compraros?"
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Re: Relatos que entienden

Mensaje  Invitado el Mayo 8th 2011, 11:01 am

que bueno!!! jajajajaja

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Re: Relatos que entienden

Mensaje  yoshi el Mayo 8th 2011, 6:42 pm

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Re: Relatos que entienden

Mensaje  LLuna el Mayo 9th 2011, 12:08 pm

Por cierto , me he reido un " güev " ... como me suena eso del ajuar


Última edición por LLuna el Mayo 9th 2011, 4:27 pm, editado 1 vez
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Mensaje  Leica el Mayo 9th 2011, 3:27 pm

muy buen articulo, si señor!!! atuspies
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Re: Relatos que entienden

Mensaje  Invitado el Junio 21st 2011, 4:21 am

Hola, posteo por primera vez, les dejo algo que a mí en lo personal, me pareció precioso. Es de Albertina Carri, una directora de cine, actriz y escritora argentina. Ojalá les guste rosa

Más fuerte que el Absenta

Ella me toca la pierna por debajo de la mesa, ¿sabrá lo que está haciendo? Es el Absenta pienso y sigo una conversación imposible –como toda conversación bajo los influjos de este alcohol tan potente– sobre si tal es gay o no lo es, ¿y a mí me qué me importa, por qué me meto? ¿cuál es el morbo que se despierta por saber si alguien es gay o no? La cuestión es que ella –ella que vino a esta cena a contarle a su amiga sobre un affaire que mantuvo en no sé qué provincia con un fan– insiste en tocarme la pierna, ahora ya no con su pierna sino con su mano. Sabe lo que está haciendo, me digo, sabe al menos que me está tocando; lo que no sabe ella –y yo tampoco– es hacia donde vamos con esa mano apoyada en mi pierna derecha.

Por las dudas pido otra vuelta de Absenta. Y ella me pregunta, seductora ¿vos te exiliaste con tu madre en México, Albertina? Me quedo un segundo muda, acabo de estrenar una película sobre mis dos padres desaparecidos, bueno, puede no haberla visto, incluso mejor si no la vio ¿pero de dónde saca esto de México? y me doy cuenta…¡Me confundió con otra directora de cine! ¡Genial! ¿qué hago? ¿me paro y me voy? Es muy linda, puedo perdonarle el desliz, y si vuelve a decir mi nombre con esa boca tendré más bellas razones para perdonarla. Me quedo, a esperar ese sonido otra vez.

Antes de eso –quizás para olvidar el equívoco, yo también tengo mi ego– le robo un beso que me es devuelto con otros labios, no son los mismos con los que habla, estos son más tiernos, están llenos temor y deseo, están llenos de algo que me da miedo. Siento una inquietud en el alma, como si hubiese cruzado un umbral peligroso, siento ganas de llorar o de agarrar el auto y manejar hasta estrellarme contra una pared. ¿Y si en lugar de volver a besarla la ahorco y esto se termina acá? No es para tanto, son solos unos besos y estamos borrachas, nada de lo que estoy sintiendo es demasiado real, por lo tanto no hay que temerle.

Finalmente la dejo en su casa, me despacha en la puerta, luego de besos y más besos y eso es todo. Adiós para siempre, no me pidió ni mi teléfono y yo no tengo el suyo, ya nos volveremos a cruzar, en el mismo bar, con los mismos amigos y nos sonrojaremos por lo que hicimos, puedo vivir con esto, los años me han encallecido y el alcohol me pone demasiado tierna, pensé esa noche mientras me dormía y lloraba sin saber por qué.

Nunca había tomado Absenta y nunca me había enamorado así. ¿Cómo reconocer la diferencia? Al día siguiente le cuento a un amigo mis dudas y me dice "no, esa bebida es tremenda, yo la única vez que la tomé, terminé teniendo una noche de sexo desenfrenado con un compañero de la primaria que era recontra straight" yo ni siquiera eso, pensé, solo una confusión absoluta. En ese mismo día, me llama otro amigo –uno de los que estaba en el bar la noche anterior– y me dice a modo de amenaza "mirá que ella no es una más de tus minas, a ella la vas a tener que cuidar" ¿qué me está diciendo? ¿qué soy yo, un monstruo? ¿qué acaso tengo alguna esperanza con ella? La mezcla de Rivotril y Absenta me está haciendo pésimo, debería volver a la cocaína, me dije, y eso hice, durante los días que no me llamó.



Luego viene la parte en que vivimos como en un comercial de J&B o en alguna película de Tarantino –que pensándolo bien se parecen mucho– entregando nuestro ánimo a la fiesta desenfrenada porque encontramos el amor, porque la vida cuando emociona tanto se parece un poco a la muerte. Y así, en ese estado de felicidad sobreactuada, llegamos a casarnos –a unirnos civilmente para hablar con corrección– en el mismo bar en que nos conocimos.

… Y nos fuimos caminando a Machu Pícchu, y recorrimos París, y me hizo abuela antes que madre, y me mandó a la mierda cuando me puse insoportable, y la amenacé con irme a vivir al campo cuando algo me dolió y me abrazó tan fuerte que no pude, y me dijo que tengo los dientes más lindos del mundo, y le dije que me gustaba tanto que la quería, y le rezamos a la luna y al mar y a nuestros muertos, y me embarazó en un telo. Y descubrí que le gusta correr a la mañana y comer sandía a la tarde y mirarme cuando duermo y cambiarle los pañales a nuestro hijo.

Y descubrí que mi fiesta inolvidable es mi vida con ella, la madre de mi hijo, la que trabaja más de lo que yo quisiese, la que me confundió con otra, la que me hizo ser otra, la que me hace bendecir al amor cada mañana.

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Re: Relatos que entienden

Mensaje  Clarita el Junio 21st 2011, 11:14 am

Es muy bonito. Espero que pongas más relatos como este.
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Re: Relatos que entienden

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