PlanetaL, tu foro les
Lo más visto
Libros
Fanfictions y Relatos
Cine
Cortometrajes
Archivo TLW
Fan fictions TLW
Últimos temas
» Fotos antiguas
Julio 15th 2017, 4:32 pm por malena

» Libro No te veía por Jennifer Torices Gómez
Julio 12th 2017, 11:48 pm por julia

» Peliculas de tematica les
Abril 29th 2017, 8:51 pm por julia

» Alerta de huracán, Melissa Good
Abril 17th 2017, 8:54 pm por malena

» Cortos de temática lesbica
Abril 15th 2017, 12:21 pm por julia

» Easy Abby
Abril 15th 2017, 12:16 pm por julia

» When we rise
Abril 2nd 2017, 8:28 pm por julia

» Poesía k entiende
Marzo 21st 2017, 11:31 pm por malena

» Youtubers
Marzo 13th 2017, 11:03 pm por malena

Webs amigas


Ir a Revista MiraLes

Ir a AmbienteG

Visitas


Contador de visitas



Relatos que entienden

Página 3 de 9. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Abril 28th 2009, 7:38 pm

Anna Lidia Vega Serova nació en San Petersburgo, de padre cubano y madre rusa. En Cuba, país donde creció y reside actualmente, ha obtenido premios literarios, entre ellos el David en el género de cuento. Entre su obra publicada están los siguientes libros, Bad painting, Catálogo de mascotas, limpiando ventanas y espejos, baile del sol, Noche de ronda, Imperio doméstico, el día de cada día, adiós cuento triste...

Su obra ha sido incluida en numerosas antologías de narrativa en Cuba y otros países.


El eclipse

Ya se habían llevado casi todo. Quedaba el teléfono, la cama (el colchón lo recogía por la mañana el chófer como pago por sus servicios), el aparador que nadie quiso porque está lleno de comején, el afiche de habanos que había perdido los colores, algunos libros estropeados, un sartén herrumbroso y la maleta en la esquina de la sala.

Fumaba. Miraba el teléfono aunque no esperaba llamada de nadie. Tampoco tenía a quien llamar. Todo estaba dicho.

Sin embargo descolgó y comenzó a discar.

Del otro lado contestó una voz dulce y cansada.

“Hola –le hubiera gustado decirle- soy yo. Mañana me voy y estoy sola. Quiero verte. Necesito verte. Si me pides que me quede, me quedo. Por ti soy capaz de cualquier cosa…” Pero no dijo ni una palabra.

Colgaron y se quedó un rato oyendo el eco entrecortado. Encendió otro cigarro. Hubiera sido mejor salir a caminar. Fumaba y miraba el humo. Las figuras efímeras en el aire.

Tenía dinero. Bastante. Podía regalarle a alguien una noche inolvidable. Invitarlo al mejor restaurante de la ciudad o al bar más elegante o a una discoteca cara. Sacó la agenda de la cartera y repasó por milésima vez los números y nombres. Se había despedido poco a poco de todos. Había regalado los libros, cuadros, adornos, ropas y discos. Vendió los equipos y los muebles, saqueando su propio hogar. Era molesto volver a ver a cualquiera. No sabría de qué hablar. Y también sentía algo próximo a la vergüenza.

El padre la había insultado esa mañana. Le dijo que traicionaba toda su confianza, sus sueños, lo que pudo haber sido y no fue. Que renegaba de ella. “Utilizas a la gente. Te aprovechas de todos y los abandonas cuando ya no te sirven. Eres una mierda”. Tiró al piso su juego de llaves de aquella casa y se fue. Ella estuvo unos segundos inmóvil, luego corrió tras él para explicarle, pero ya había arrancado el motor del carro. “Papá” –dijo con la boca, sin sonido. De alguna forma presentía que tenía razón. Su razón.

Cerró la agenda y volvió a marcar el número. Esta vez reunió todas sus fuerzas para poder decir “hola” cuando le contestó la voz.

-¿Dime?

-Me gustaría verte…

-Estoy muy ocupada. Llámame mañana.

-Mañana me voy…

-Entonces llámame cuando regreses.

-No regreso…

-Disculpa, tengo a alguien aquí…

-¡No cuelgues! Si quieres llamaré más tarde para vernos, podemos salir a donde quieras y conversar, necesito hablar contigo, decirte…

-Estoy con mi novia, ¿puedes entenderlo?

-Disculpa, es que pensé…

-¡Chao! ¡Que tengas suerte! –colgó.

Volvió a encender un cigarro. La vida se le iba en humo. ¿Cómo es que uno llega a perderlo todo hasta perderse uno mismo? Era muy tarde. No había ninguna fuerza en el mundo capaz de revertir las cosas, ningún mecanismo de salvación, ninguna persona cercana.

Decidió bajar a comprar un par de cervezas en el bar de la esquina para emborracharse a solas. Era muy raro eso de pasar la noche antes de partir fumando y mirando un teléfono que no le conectaba con nada. Vio una cucaracha cruzar velozmente la habitación y recogió los pies con asco. Asco, eso era lo que sentía. Asco y futilidad.


Continuará
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Mayo 1st 2009, 7:55 pm

El eclipse II

De regreso, cuando abría la puerta escuchó el timbre. Se le aflojaron las piernas, pensó que sería la otra, que se arrepintió de la frialdad con que la había tratado, que estaba dispuesta a acompañarla esa, su última noche en la Habana, que visitarían los lugares marcados por los recuerdos, rememorando los momentos más intensos de los años de relación, que de pronto todo volvería a ser como antes y no habría necesidad de escapar a ninguna parte, huyendo del dolor y vacío…

-¿Hola?

-Hola, soy Andrea, no sé si te acuerdas de mí…

Desilusión y sorpresa. Andrea, una españolita agraciada que conoció un par de noches atrás en la Fiat y a la que jamás volvió a recordar.

-Sí, claro… ¿cómo andas?

-Ahora que hablo contigo, divina. En realidad, te llamo para invitarte a salir. Si no tienes planes, claro…

-¿Dónde nos vemos?

Pensó que después de todo era una tipa afortunada.

Se retocó el maquillaje y el peinado, acabó la cerveza, abrió la otra, encendió un cigarro. Experimentaba un alegre cosquilleo en el abdomen. Miró una vez más las paredes desnudas y salió a rescatar la noche.

Cuando llegó al Malecón se encaramó en el muro para que las olas le salpicaran los pies. Se le antojaba que el mar se despedía de ella y le daba la bendición. “Te voy a extrañar” –le dijo. Sabía muy poco sobre el país al que se iba. Sabía que no tenía costa. Se le pasó por la cabeza dejarse caer sobre los arrecifes para que las olas la lamieran completa. Visualizó su muerte. De alguna forma su partida también era un suicidio, pensó. Y un asesinato. Se agachó para tocar con las manos la ola que se avecinaba. Se llevó los dedos a la boca. “Sabes a mar –le había dicho la otra hacía una eternidad -¿sabes amar?”. No quería pensar en ella. Pero se pensaba sola. Estaba ahí, en algún lugar profundo, como un dolor de muelas. Intentó concentrarse en Andrea, pero comprendió que no la recordaba. Se le escapaba su imagen, sólo sabía que era joven y bonita y que tenía un sol tatuado en el hombro. Aquella noche en la Fiat se mostraron los tatuajes: el sol y la luna. La una para la otra, bromearon. Sonaba estúpido.

Desde lejos vio a la muchacha haciéndole señas junto al primer león de Prado. Su león, otro regalo que le había hecho la innombrable, junto con la luna, el mar, el segundo banco a la derecha del parque Fe del Valle, una carpa roja y amarilla en el Jardín Japonés, el hotel Los Frailes, el lobby de Ambos Mundos a la hora en que tocan el violín y el piano, TV Café, la voz de Adriana Varela, la figura de la Dama del Velo en el Museo Napoleónico, el olor a hierba buena y mil elementos más. La ciudad estaba minada por la otra.

Andrea le sonreía. Notó que era muy linda, luminosa y abierta. Por un instante quiso alejarse de ahí corriendo. Sabía que podía hacerle daño. La locura es contagiosa. La desdicha corrompe.

-Si un viernes de luna llena te montas en ese león y le dices “quiero volar”, le crecerán alas y te llevará, te llevará…

No le importaba revelarle los secretos a una desconocida. Era como traicionar la traición, restarle importancia.

-Eres fantástica –dijo Andrea.

Caminaron un rato. La española contaba su vida. Parecía una vida calma, estable y aburrida. Tenía una novia peruana en Madrid y un amor platónico y eterno en Barcelona. Un magnífico trabajo con buen sueldo, una familia grande y unida, excelentes amigos, bonita casa. Viajaba mucho en busca de aventuras, de movimiento. Eso no lo dijo, pero se adivinaba.

Se sentaron en una esquina a beber cerveza.

-Háblame de ti.

“Yo no existo” –hubiera podido decirle y sería la más pura de las verdades.

-Soy poeta –dijo.

-¿Es eso una profesión?

-No sé… es una forma de ser.

Otra vez hablaba con palabras de la otra.

-¿Me recitarías algún poema?.

-Más tarde –prometió.
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Mayo 5th 2009, 6:25 pm

El eclipse III

Le habló de La Habana. La Habana es un poema, dijo. Mírala, parece tuya. Siéntela, huélela, saborea sus curvas, sus voluptuosos contornos, sus estrechas callejas, su ritmo cadencioso, su olor a sexo y sudor. La Habana es una puta exhibicionista, una enferma, una loca. Sabía que estaba en nota, hablando mierda. Pero no podía contenerse. Era preferible eso a echarse a llorar.

Miraba a los ojos maravillados, maravillosos. Pensó que podría amar a una mujer con esos ojos. Se lo dijo. También le dijo que sólo tenían una noche. Quiso ser sincera. Le contó lo de la maleta hecha y el pasaje de avión. Pero no pudo explicarle los motivos. No los tenía muy claros. Simplemente sabía que debía hacerlo para sobrevivir.

-A muchos cubanos les pasa, por una razón u otra…

-He conocido a cubanos en Madrid. Les cuesta adaptarse. Siguen reuniéndose con cubanos, escuchando música cubana, cocinando comida cubana, tomando ron cubano y fumando tabaco cubano…

-Pero son pocos los que vuelven.

-Y tu, ¿piensas que volverás algún día?

-Aún estoy aquí.

Miró alrededor. Había mucha gente, todos bebiendo, hablando muy alto, riendo. Un trío iba de mesa en mesa ofreciendo bolerones lacrimógenos. Sintió que todos estaban a años-luz, incluyendo a la mujer que tenía enfrente, la mujer de los ojos abismales.

-Estoy aquí –repitió para convencerse, tomó la mano de Andrea y jugó con sus dedos.

-¿Quieres que busquemos otro sitio?

-Si, algo más calmo…

La guió en la oscuridad sosteniéndola de la mano, o, más bien sujetándose. Estaba bastante mareada. La llevó a un bar más próximo a su barrio. Sabía que acabarían en su casa, pero le temía un poco a ese momento.

Andrea propuso un brindis por ellas. Nada en este mundo es casual, dijo. Nuestro encuentro tiene un significado, aunque aún no lo conozcamos. Supo que la española también estaba en nota. A nadie sobrio se le ocurre hablar de las oscuras leyes del destino. No la contradijo, aunque le pareció una tontería. Bebió en silencio.

-¿Y el poema? Me prometiste un poema.

-Más tarde…

Otra vez el maldito fantasma. Era aquella la que le cantaba canciones, sentada en el muro frente al mar, con la mirada perdida a lo lejos. Le cantaba antes de dormir, y cuando estaba deprimida le cantaba y le acariciaba el pelo, y cuando le fallaban las fuerzas le cantaba muy bajito y la abrazaba. Le contaba su amor con canciones y también su dolor y sus dudas y después su desamor. No conocía una sola canción que no le hubiera cantado, no había ni una que no la recordara.

-Mejor cántame tu…

Escuchó su voz mirando siempre los ojos de la mujer que la miraba a los ojos. Había una proximidad incómoda y falsa. Una vez más lamentó estar ahí y una vez más se respondió que era mejor eso a estar sola en la casa que ya no era su casa. Se tomó un largo trago, sonrió.

-Tienes una voz preciosa –dijo. Y sin preliminares, corte directo –vivo a dos cuadras de aquí, ¿qué te parece si te invito?

Para su sorpresa la española aceptó con marcada alegría. Compraron unas cervezas más y avanzaron por el Bulevar. Antes de abrir la puerta le explicó el estado lamentable en que se hallaba su hogar.

-Por suerte aún queda la cama…

-Eso no es importante…

Pero quiso contarle como era su casa antes. El nidito construido entre dos. Por primera vez mencionó a la otra y se atragantó y aceleró la descripción de dónde iban los cuadros y dónde estaba el equipo de música y dónde vivía Esterlina, la jicotea, y dónde las macetas de helechos. Andrea la interrumpió con un beso. Enseguida le abandonaron las fuerzas, se desmoronó dentro de su boca, se perdió en sus ojos.

Comenzó a desnudarla.

-Me he pasado como media hora eligiendo la ropa interior… para ti…
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Mayo 14th 2009, 5:15 pm

El eclipse IV (Final)

Apreció la ropa interior por unos instantes. Luego se la quitó también. Se dedicó a besarla toda, a reconocer cada fragmento de aquel cuerpo, hasta abandonarse por completo a sus sentidos. No le quedaba ya ningún pensamiento, ningún recuerdo, nada que la atara al mundo. Era infinito, pero tenía fin. Y cuando este llegó se preguntó que hacía esa mujer en su cama. No sabía de qué hablarle. Quería que se fuera, pero no se le ocurría cómo echarla sin herirla. Evitaba mirarla. Era bella, desnuda era mucho más bella, pero no le hacía sentir nada.

Para llenar el vacío, para no asfixiarse definitivamente, decidió recitarle uno de sus poemas, el primero que recordó.

-Dentro de la luna / hay otra luna: / quebrada, / Tiene las grietas / que va dejando el pez / con su lengua larga, / cicatrices/ que va lamiendo el pez / con su lengua seca. / Dentro de la luna / hay otra luna / oscura. / Una mujer de negro / arrastra el pez por la cola / y las aletas pesadas / van marcando / dos surcos en la arena…

Pero Andrea no quería poemas ya. Se restregaba contra ella como una gata, murmuraba, la acariciaba.

-Es la primera vez que le soy infiel a Isabel. No sé cómo se lo voy a contar.

-No tienes por qué hacerlo…

-Claro que sí… Soy de formación católica, ¿sabes?

No comprendía que tenía que ver una cosa con otra y las dos juntas con ella. Pero se propuso ser cortés. La escuchó fumando y bebiendo lo que quedaba de cerveza. Hasta acertó a contestarle. Le parecía una muchacha admirable, graciosa y sutil, y le daba mucha pena que las cosas fueran como eran. Tal vez si tuvieran más tiempo… Pero el tiempo se acababa. Tras las ventanas comenzaba a clarear y la hora de la partida se acercaba con una seguridad aplastante.

-Quiero decirte que para mi fue muy importante que estuvieras conmigo esta noche. No la olvidaré nunca…

-Yo tampoco. Y te aseguro que este no es el final. Lo presiento…

-Pero ahora debes irte.

-Me cuesta… Siempre me ha costado desprenderme de la gente…

Se levantó, empezó a vestirse, mirando de vez en cuando a la mujer en su cama. Andrea no se movía.

-Te voy a acompañar hasta la esquina, debo comprar cigarros.

Recogió la ropa regada por el piso y se la extendió. Le ayudó a ponérsela. Tenía muchas ganas de estar sola. Estaba asustada. No iba a cambiar de opinión, llegaría hasta el final, aunque deseaba que pasara algo que de pronto la detuviera. Pero no podía ser una española que en un par de días regresaba a su maravillosa vida.

Se abrazaron delante de la puerta.

-¿Prometes escribirme?

-Claro, tan pronto llegue allá…

-Verás que seremos grandes amigas. Te ayudaré en lo que pueda.

-Gracias…

No creía que ese episodio trascendiera. Una tenía un sol tatuado en el brazo, la otra una luna en la pierna. Nada que ver. Le dio un último beso y abrió el cerrojo.

De regreso se tiró en la cama y miró al techo fumando profundamente. Ya había alejado a Andrea de su cabeza. Echó un vistazo al teléfono, titubeó y finalmente descolgó.

Se demoraron mucho en contestarle. Se imaginó cómo dormían aquellas, enroscadas, cómo respiraban cerca, cómo se despertaban escuchando el fatídico timbre, abrían lentamente los ojos tocándose, hasta que por fin la innombrable levantaba el auricular y, sin dejar de acariciar casi instintivamente los hombros de la otra, insistía en averiguar quién era el loco que llamaba a esta hora.

Por supuesto, no le dijo nada. O sí, se lo dijo todo mentalmente. Escuchaba la voz por última vez y le rogaba que no colgara, que la reconociera a través de la línea silenciosa y le dijera palabras claves, contundentes y tiernas. Pero colgó con una amenaza, una maldición, claro que colgó.

Entonces estrelló el teléfono contra el suelo y lanzó un grito prolongado y salvaje. Después se acomodó en la cama y se masturbó con toda la rabia y dolor y asco que la consumían. Sobre todo, asco. Justo cuando se venía tocó a la puerta el chófer para llevarla al aeropuerto.
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  miss L el Mayo 14th 2009, 11:56 pm

a veces las cosas salen así
por cierto, me ha gustado mucho la descripción de la habana, por un momento he vuelto allí corazoncitos
avatar
miss L
Entérate, ya soy una usuaria conocida
Entérate, ya soy una usuaria conocida

Cantidad de envíos : 358
Edad : 34
Fecha de inscripción : 05/03/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  Invitado el Mayo 26th 2009, 10:51 pm

weno pos aber si os gusta sta istoria k e enkontrao x ai x internet i molaaaaa
es kortita nod
xo weno k vais a tener k esperar unos dias asta k la ponga toda entera nuse
mas k na x eso dl suspense mrgreensonrisa
abla d las relaciones x internet i to eso
i de los sueños k tenemos kon los ojos abiertos
xk joe... kien no a soñao alguna vez konocer a esa persona k nos mola mogoyon chicaenamorada
i kon la k se abla x el msn
o x ste foro...
xo nunka yegamos a konocerla mas k en nuestra mente No
i seskriben istorias bonitas k kuentan eso
i weno pos se la dediko...
joe la dediko i punto mrgreensonrisa

Una historia inacabada

LO SÉ ...

Sé como eres. Te he visto. Nos hemos cruzado y nuestras miradas también. Mi corazón se ha desbordado.

Nerviosa, he bajado la cabeza. Nos hemos cruzado y ya has desaparecido de mi lado.

Me giro y te veo alejarte.

Intento seguir mi camino pero mis pies ya han dado la vuelta. Te sigo.

Veo como te mueves, como caminas, como te paras y sigues tu camino...y yo te sigo.

No controlo mi cabeza, simplemente sigo mis instintos. No llego a olerte pero presiento tu esencia...

Giras a la derecha y te pierdo de vista. Corro para que tu rastro no desaparezca y te veo abriendo una puerta.

Espero lo justo. Quiero entrar pero no debo. Decido dejarlo en un bonito encuentro fruto del destino.

Camino de vuelta a mi destino inicial pero mi corazón vuelve a latir. Me dejo llevar y decido ir hacia la puerta. La empujo y se abre.

El ascensor está subiendo y para en un piso. Sé donde estás y subo corriendo las escaleras. No sé a que puerta picar pero decido seguir siendo fiel a mis instintos.

Dudo. "¿Quiero o no quiero?" ¿Estoy perdiendo la cabeza?" "¿Quien es la pirada que se presenta en una casa tras perseguir a una chica por la calle?" Sigo dudando.

Tras de mi se oye una puerta que se abre... y te veo. Me quedo en blanco.

"Hola!" dices tu

Oigo tu voz por primera vez y me gusta.

"Creo que eres tu" - digo - "¿Neus?"

"Si"

"Soy Lara…bluesky… del foro..."

Tu te acercas y por primera vez te huelo. Tu aroma, tu pelo,... Me das un beso en la mejilla y yo sonrío y me lanzo porque quiero hacerlo. Llegados a este punto es lo que quiero hacer.

Y te beso en los labios. Es cálido, suave, tierno. Nos rozamos pero sin tocarnos mucho. Nos presentimos y nuestros cuerpos se van encontrando pero sin llegar a estar unidos, tocándonos pero sin tocarnos.

Nuestros labios se separan pero nuestros ojos siguen fijos los unos en los otros.

Caminas hacia la puerta y yo te sigo...

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Mayo 27th 2009, 10:42 am

Pinta bien este relato Tess. Se te ha olvidado poner la autora Very Happy aunque sea el seudónimo
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  pke el Mayo 27th 2009, 12:17 pm

molaaaaaaaaa...... mrgreen


PKE
avatar
pke
Yujuu! me empieza a gustar el foreo
Yujuu! me empieza a gustar el foreo

Cantidad de envíos : 135
Edad : 31
Fecha de inscripción : 21/04/2008

http://www.fotolog.com/mrpiddles

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  Invitado el Junio 1st 2009, 10:48 pm

weno tia kopie la istoria i se molvido kopiar lautora
xo weno k la busko otro dia i la pongo
no ponerse nerviosa

Una historia inacabada

II. UNA VISITA INESPERADA

Te has presentado en mi puerta y me has dicho:

-“Soy Lara… Bluesky”

Y me has besado.

Ni en el mejor de mis sueños me habría atrevido a pensar algo así. Y ahora estás aquí. Aún estoy desconcertada.

Te llevo al comedor y te señalo el sofá. Te sientas. Estás muy nerviosa. Yo también estoy nerviosa, me muevo como una autómata. Estoy en una nube, es como un sueño.

-“¿Quieres algo? ¿un café?”. Sé que te gusta, pero prefiero que me digas que no. Tengo miedo de que si te dejo sola unos minutos te arrepientas de haber venido y te vayas.

-“No”.

Quiero darte algo, quiero que estés a gusto. No me atrevo a sacar ninguna bebida, puedes pensar que tengo oscuras intenciones, no hay que ir deprisa. Decido dejarlo para después.

Saco del fondo de un armario un cenicero olvidado y lo pongo sobre la mesita. Sé que fumar te calma.

-“Si tu no fumabas, ¿cómo tienes cenicero?”

No puedes dejar de ser crítica incluso en este momento de tensión. Sonrío. Me gusta que seas observadora y tengas siempre una opinión propia.

-“Es de Lurdes. Ya sabes… mi compañera de piso. Ella fuma a veces”.

Sonríes. Me gusta como sonríes. Me siento junto a ti. Nos miramos a los ojos. Tienes unos ojos preciosos, me pierdo en tu mirada. Tu mirada es profunda, distante y misteriosa. Mirada de ojos miopes, me dijo una amiga una vez, son especiales.

Siento que todo me da vueltas, mi corazón se desboca, y esas punzadas en el estómago… Tengo deseos de meter mi lengua en tu boca, y mi pierna entre las tuyas, y apretar fuerte… pero no, no quiero asustarte.

Sacudo la cabeza y aparto mis ojos de los tuyos. Me invade una honda tristeza. Se supone que tengo que hablar de algo, tranquilizarte, tranquilizarme, pero no se me ocurre de que hablar, hay un vacío en mi cabeza.

Enciendes un cigarro, le das una profunda calada y lo dejas sobre el cenicero. Me fijo en tus manos. Tienes unas manos muy bonitas, dedos alargados, muy delgados y las uñas arregladas. Te cojo la mano. Como si recibieran una orden oculta, nuestros dedos se entrelazan, se aprietan fuerte, transmitiendo en ese contacto todos nuestros sentimientos.

Sin soltar tu mano me acerco a tus labios y nos besamos otra vez, suave, tierno. Me enredo un rato entre tus labios, aún no me atrevo más allá de darte un mordisquito en el labio inferior. Nos abrazamos. Deslizo mis labios hacia tu oreja, te muerdo el lóbulo con mucha ternura, poniendo mi alma en ello y te susurro al oído:

-“cariño, mi amor, mi vida, mi cielo…”

Te siento tensa entre mis brazos, y me detengo. Entonces recuerdo lo poco que te gustan las palabras cariñosas. Me aparto un poco, te miro y te sonrío. Te acaricio la mejilla, te doy un piquito rápido.

“Vaa, ahora si voy a hacer ese café mientras te fumas el cigarro”.

“No me gusta tomar café sola”, protestas.

“No lo vas a tomar sola, yo me tomaré otro”.

“Pero si tu no tomas café”, y otra vez vuelves a sonreirme pícara.

“En ocasiones si, depende de la compañía”.

Nos reimos. Me levanto y me voy a la cocina. Aún no puedo creer lo que me está pasando.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Julio 1st 2009, 10:49 am

Inés Núñez nació en Madrid en 1967. Estudió Arte dramático y años más tarde se especializó en dirección cinematográfica. Ha publicado artículos sobre cine y teatro en las revistas Zero, Entiendes, Nosotras y Dos.Dos. Es autora del relato “Como decíamos ayer”, que fue incluido en la obra colectiva otras voces, publicada en la editorial Egales y traducida al francés como Pars avec elles. Nouvelles. Desde finales de 1992 trabaja como productora y directora en proyectos de televisión y cine. En esta faceta ha llevado a las pantallas títulos muy premiados en festivales nacionales e internacionales, como el cortometraje “En malas compañías” o el documental “Series extravagantes”. En la actualidad compagina su trabajo en cine y televisión con la escritura de guiones, cuentos y su primera novela.

Nuestro secreto

(Este relato forma parte del libro Amor im...perfecto, de Inés Núñez, publicado por la editorial egales)

Una vive en Madrid, en un ático con vistas al Palacio Real, la otra en New York, en un apartamento en el West Village. Una ve películas de Elia Kazan, la otra no tiene tiempo para ir al cine. Una oye un vals de Arturo “Zambo”, la otra escucha a Mahler, la sinfonía nº 10, en La Mayor. Una es periodista y escribe colaboraciones para diversos medios –pronto publicará su cuarto libro-, la Otra es pediatra en el Memorial Hospital de New York. Una sigue la dieta mediterránea, la Otra vive a base de fast food. Una bebe vodka Stolichnaya, la otra Martini seco. Una viste de Ungaro y Yohji Yamamoto, la otra de Prada y Celine. Una le regaló en su último viaje a la Otra una cartera de Hermès, la Otra, el último modelo de gafas de Gucci. Una, si se quiere perder se instala en el Hotel Torre del Canónigo en Ibiza. La Otra prefiere el sur de Francia, una casita en la Provenza. Una usa She de Emporio Armani, la Otra Givenchy. Una va siempre en taxi, la Otra conduce un Citroen C3, pero no lo tiene en New York, así que acaba por ir también en taxi. Una juega al golf, la Otra al pádel.

A primera vista pueden parecer muy diferentes, pero estas dos mujeres se aman. Y cada diez de mayo se ven. No han faltado a esa cita en los últimos quince años. No hay motivo, ni razón, ni fuerza mayor, que evite ese encuentro. Hoy es diez de mayo…

Una está terminando de arreglar unas flores, rosas amarillas y peonías, sus favoritas. La mesa está lista. Cenarán en casa. Hace rato que el champán, todo un clásico Moët & Chandon, se enfría en la nevera. Sobre la mesa todo está dispuesto: cubiertos, sobreplatos, vajilla y cristalería traídas de su último viaje a Venecia, velas e inciensos perfumados. No falta un detalle. Salvo algún pequeño toque, la cena está ya casi lista. Hoy cenarán ensalada de langosta con trufas, habitas con jamón y foie al aceite de menta y rosbif aliñado. De postre, pastel de chocolate blanco y negro de naranja. Una es una gran cocinera. Una descorcha el vino favorito de la Otra, un Dalmau reserva del 96, para que adquiera la temperatura perfecta. Una se sirve una copa. Es un burdeos regio de sabor concentrado e intenso. Su uva, la Cabernet Sauvignon, ha reposado el tiempo justo y, como Una, está listo para ser degustado.

La Otra aterriza en estos momentos en el aeropuerto de Barajas. Al poner su tacón en tierra le sube por todo el cuerpo la agradable sensación de estar en casa. Cogerá un taxi que la dejará en la misma puerta en la que la vienen dejando en los últimos años. No perderá un minuto. Sólo trae equipaje de mano. El trayecto, si el tráfico es bueno, le lleva apenas treinta minutos. Del brazo lleva una gabardina. Parece que va a llover. Camina segura y con paso decidido hacia la salida. El taxista conoce la dirección. Admira a la Otra a través del retrovisor. Es una mujer hermosa. Ahora se recuesta y disfruta del trayecto que año tras año realiza, tanto interior como exteriormente. El viaje es continuo, eterno…

Una está sentada en un sofá de cuero marrón, escuchando un valls de Arturo “Zambo”: “El tiempo que te quede libre, / si te es posible, dedícalo a mi. / A cambio de mi vida entera, / o lo que me queda / y que te ofrezco yo, / atiende preferentemente / a toda esa gente que te pide amor, /pero el tiempo que te quede libre, / si te es posible, dedícalo a mi”…La llave en la puerta rasga el aire que se concentra en la sala. Una se pone en pie de un salto y se lanza a los brazos de la Otra, que apenas tiene tiempo de soltar la bolsa de viaje. Se besan la Una a la Otra. El círculo comienza a cerrarse nuevamente.

Continuará
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Julio 17th 2009, 11:07 am

La Otra se ha tomado un respiro para refrescarse. Unos toques de perfume y un último vistazo en el espejo le devuelven la imagen de un rostro sereno y una mirada ardiente. Es feliz, de eso no hay duda. Sonríe. Una llena dos copas de vino y le ofrece una a la Otra, que la toma entre sus dedos y se la lleva a los labios. Es un trago largo, cálido y familiar. Se miran felices. Una la atrae hacia sí y la besa en la boca, depositando parte de su último trago de vino en ella. Es un juego que les resulta familiar y al que se entregan saboreando ambos placeres. Se sientan a cenar. Aprovechan estos momentos para ponerse al día. Es una conversación agradable que va y viene de la Una a la Otra. Se atropellan, se roban las palabras; en los finales de Una empiezan los principios de la Otra. Se ríen, comentan, cotillean…

Una: ¿Qué bar está de moda este año en New York?.
Otra: El Halo, en 49 Grove St. ¿Y aquí en Madrid?
Una:El Glass, en el Hotel Urban.

Siempre tienen algo que contarse. Esos momentos de charla son un placer para ellas. La cena está deliciosa. No tienen prisa, alargan la sobremesa en el placer de encontrarse de nuevo juntas.

Una pone un poco de música. Kitaro es una buena elección para el momento de pasar a la sala. Se acomodan en el amplio y acogedor sofá, ahora totalmente relajadas. Una toma las manos de la Otra entre las suyas. Saben que ya todo es inminente, que nada puede retrasar el instante en que se encuentren de nuevo la Una en la Otra. Una toma a la Otra en sus brazos. Se besan suavemente , sin espacios, primero sin prisa, al ritmo de un deseo que va in crescendo. No tienen pukso. No se oye ya nada más allá de una respiración cortada y acompasada. Una recorre con su mano la espalda de la Otra y le desabrocha con cuidado la blusa, dejándola caer al suelo. La Otra elige siempre con sumo cuidado su ropa interior. Una descubre un pecho firme y moreno tras la suave tela color berenjena.

Una toma ese pecho entre sus manos y se lo lleva a la boca, hasta excitarlo de tal modo que los pezones duros y largos le rompen entre los dientes. Los muerde, los besa… La Otra pierde la consciencia. Ya sólo puede sentir, dejarse matar. Una le habla en un susurro al oído mientras con la punta de la lengua juega al laberinto del placer. Las palabras se confunden, eldeseo crece, los cuerpos se acercan peligrosamente, se ajustan. Es el momento de parar en seco.

Una: Vamos a la cama.

La Otra la sigue, aunque conoce perfectamente los caminos. La cama es un amplio futón cubierto con un edredón blanco. El champán reposa junto a la cabecera, iluminado sólo por unas velas. Una se tumba y le pide a la Otra que termine de desnudarse. La Otra no lo duda. Una observa ese ritual lento y sensual con la mirada encendida. La Otra se desnuda despacio para ella, prolongando el momento. La luz de las velas hace más hermoso y deseable su cuerpo. Se desabrocha el pantalón. Sus dedos son una caricia para sí misma. Se recrea en cada gesto, en cada maniobra que hace para desprenderse de la ropa. Una la mira desde detrás de la copa de champán, como si se tratase de un caleidoscopio. La Otra repara ahora en la fina seda de su tanga, en la excitación que siente entre sus piernas, y la humedad que le resbala ya por los muslos. Una aún no la ha tocado, pero a veces piensa que no hace falta. Se muere.

Continuará
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Julio 28th 2009, 12:33 pm

Una la toma entre sus brazos. Se ha quitado la ropa y la recibe desnuda, abierta de placer. Primero permanecen así abrazadas, la Una contra la Otra, sin moverse apenas. De vez en cuando una leve presión la excita aún más. Se miran, se besan, calladas, sudadas, húmedas, saladas, pero sus manos ya no pueden estarse quietas. Una acaricia los hombros y las clavículas de la Otra. Lame cada zona que intenta perderseentre los recovecos de la piel. Baja, la toma con fuerza de la cintura, la besa, la huele, se frota, muerde el principio del vello púbico. La Otra se aferracon fuerza a los bajos de la cama. No va a hacer nada por detenerla; al contrario, acomoda sus caderas y se abre aún más para facilitarle la entrada. Una la ayuda, alzándola con sus manos por detrás, dejando ante sí un fruto jugoso y apetecible. Su lengua tantea, revisa, entra y sale, pero no se queda; sopla ligeramente a las puertas del placer hasta desesperar a la Otra. Hace que se le entrecorte la respiración. Ahora toma entre sus labios el clítoris que asoma tentador y lo bate con destreza. Lo muerde y lo empuja de lado a lado. Lo retiene unos segundos, eternos para la Otra, sorbiendo hacia dentro, haciendo presión con la punta de la lengua. La Otra intenta acercarse más y más. El ritmo sube, la presión crece, el deseo está desbocado. Ahora es fácil entrar. Una desliza su lengua puntiaguda y dura hacia dentro y la penetra, primero despacio, arrancando de la Otra un gemido que la enerva aún más. Entra profunda y largamente. Su lengua se mueve en círculos en ese interior húmedo. Las dos se acompasan a ese ritmo y cuando Una nota que la Otra está a punto, la gira bruscamente y la penetra desde atrás, primero dos dedos, luego tres y, al final, casi la mano entera. A cada embestida se abre más, los jugos resbalan y la habitación se impregna de un olor dulzón y salado de mar. La Otra no cree que pueda aguantar más. Una le muerde la nuca, la parte trasera de las orejas y en el momento justo le dice al oído: “Dámelo todo ya, cariño”. La Otra se rompe por dentro, se estrella contra sí misma, se expande y se concentra, pierde la consciencia por unos instantes y explota. Finalmente se cierra contra el cuerpo de Una que sonríe en silencio y la abraza.

Ahora toman una copa de champán, se ríen, charlan.

Una: ¿Te acuerdas de la primera vez que me besaste?

Otra: Recuerdo hasta el roce de tus dientes contra mi lengua.

Lo recuerdan todo. Las dos viven el resto del año de esos recuerdos. Pueden esta así, abrazadas, jugando la Una con la Otra distraídamente No hay rincón de sí mismas que no conozcan, que no hayan visitado en alguna ocasión. No sienten ni vergüenza, ni pudor. Sus cuerpos están tranquilos y relajados. Se besan, juegan a beber champán la Una en la boca de la Otra, de sus ombligos, de sus caderas. Parece como que el tiempo no pasara entre ellas y todo perteneciera a un mismo momento. Han conseguido crear su propio universo, su propio espacio en el corazón. Las manos de la Otra comienzan a estar intranquilas, se demoran en volver. Quiere devolver todo el placer que acaba de recibir. Una está conforme.


Continuará
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Agosto 7th 2009, 12:54 am

La Otra monta sobre la Una y comienza a mover sus caderas sobre ella, que permanece abierta. La besa larga y profundamente. Casi llega con su lengua al final de su garganta. La chupa, la muerde, baja hasta los pechos y comienza a acariciarlos, a lamerlos en círculos alrededor de los duros pezones. Los muerde y tira de ellos. Una no resiste. Intenta moverse, pero la Otra la tiene fuertemente sujeta con sus piernas. Repite el mismo gesto tantas veces como lo desea. Una la sujeta por la cintura y la Otra se desliza sobre su costado. Ahora su mano baja buscando el sexo abierto hasta penetrarla de un solo golpe, llegando casi hasta la matriz, con el dedo índice recto hacia arriba en una doble penetración. Una está fuera de sí. Le muerde los hombros, los pechos. La Otra no deja de penetrarla mientras roza su propio sexo contra el muslo de Una. La Otra se excita tanto de verla que pronto las dos llegan en un grito ahogado al orgasmo. Antes de que a Una le de tiempo a reaccionar, la Otra ha bajado hasta su sexo y lo lame frenéticamente. Se gira sobre sí misma y sobre el vientre de Una ofreciéndole a la vez su sexo. Se pierden la Una en la Otra. El círculo está cerrado y explota el universo, se desbordan los ríos y entran en erupción los volcanes.

Ahora Una duerme en brazos de la Otra. Son dos piezas perfectas de un rompecabezas. Amanece… Ya es once de mayo. En la casa huele a café recién hecho. Una se está duchando, la Otra la enjabona. El tacto es delicioso para ambas. Sus cuerpos se deslizan suavemente, sus pezones se ponen duros al contacto del agua y de la piel. Se besan, se deslizan la Una en la Otra como dos masas de gelatina. Una ayuda a la Otra a aclararse el pelo. La observa, quiere fijar de nuevo en su memoria cada gesto, cada rasgo. Se sonríen. Saben que ya les queda poco tiempo. Una coge una toalla grande y envuelve a la Otra. La frota con energía. Se siguen besando. Una deja que la Otra acabe de arreglarse. Una termina de preparar un desayuno delicioso. Toman café en silencio mirándose la Una en la mirada de la Otra. No hay palabras. Una le da un pequeño paquete y un beso de despedida. La Otra le entrega una bolsa que contiene algo. Una se va a su dormitorio y desde allí oye cerrarse la puerta de la calle.

Dentro de un momento se alejarán la Una de la Otra, pero el rastro que queda es Amor, perfecto o imperfecto, pero amor al fin y al cabo. Una le ha comprado este año un encendedor DuPont recubierto de laca china negra y rematado en oro con sus iniciales. La Otra, al abrirlo, sonríe y piensa que olvidó decirle que había dejado de fumar. La Otra le ha comprado una pluma estilográfica Mont Blanc en color amarillo. Una juguetea con la pluma entre los dedos y un escalofrío intenso le recorre la columna vertebral. Una sabe que cada noche de su vida es de la Otra, en un secreto compartido. La Otra sabe que cada noche de su vida es para Una. La vida sólo les ofrece una noche al año para revivir ese misterio.

Final
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  julia el Agosto 31st 2009, 11:09 am

Ella, mi virus

Isabel Franch

Desde que no está, todo es diferente. Ha vuelto la rutina, las mañanas de obligado despertador, el desayuno a solas, los movimientos mecánicos, idénticos cada día, sin que nada los modifique o los perturbe. Ayer, pensando en ella, me vino a la memoria el tiempo que pasamos juntas, las cosas que compartimos, los momentos de intensa unión.

Llegó sin avisar, en mitad de la noche, mientras dormía. Buscó la parte más débil de mí para introducirse; y aprovechó mi fragilidad para instalarse en mi casa. En poco tiempo, invadió toda la estancia. Su presencia se sentía por todas partes: en el cuarto de baño, en la cocina, en el salón, en el pasillo, en las paredes y, por supuesto, en la alcoba. Llenó los armarios, las estanterías, los cajones. Todo lo impregnó. Todo. Hasta el aire.

De forma sigilosa, se introdujo en mi cama. Desplegó sus encantos. Me sedujo con artimañas de Eros y de Tánatos a partes iguales. Como una droga, como un brebaje maligno, me envolvió en sus redes hasta hacerme sucumbir. Y yo me dejé llevar. Se apoderó de mí y yo me dejé poseer. No sé qué pócima uso, pero desde el momento mismo en que entró en mi cama, empecé a sudar. Y a jadear. Me faltaba el aire. La sangre me hervía. Se me secó la saliva. Los colores de la habitación cambiaron. Y todo daba vueltas. El reflejo de la ventana dibujaba espejismos en las paredes. Una música de mil violines a la vez parecía acompañarnos. Y nada importaba. No había nada al otro lado de la habitación, nada más allá de nuestro nido de látex, de nuestro refugio de cuatro paredes.

Estuvo conmigo más de dos semanas. Fue una relación intensa, llena de pasión, casi furiosa. Al principio no había nadie más en el mundo; sólo ella y yo. Nuestra conexión, en aquel periodo, fue de una intensidad feroz. Los primeros días, no salimos de casa y apenas nos movíamos. Íbamos, de la cama al sofá, del sofá a la cama. Y ni siquiera encendíamos la luz porque nos quemaba las pupilas. Nos desplazábamos a través de una dulce y acogedora penumbra, para cubrir aquel breve recorrido: otra vez de la cama al sofá y otra vez del sofá a la cama. Sólo de forma obligada, hacíamos, de tanto en tanto, una visita al cuarto de baño para evacuar lo único que ingeríamos: líquido. ¿Quién pensaba en comer durante aquel primer periodo? Ella me llenaba tanto, que ni el bocado más suculento de la tierra habría podido robarle un solo segundo de protagonismo. Reclamaba toda mi atención y yo se la daba. Estábamos unidas por algo inexplicable. ¡Tan dentro la una de la otra…! Era una simbiosis embriagante, con tintes alucinógenos. En algunos momentos, mientras estábamos en la cama, quietas y abrazadas, nos daba la sensación de estar volando. Todo se movía a nuestro alrededor. Todo giraba a una velocidad de vértigo. Y nos agarrábamos la una a la otra, protegiéndonos, para no vernos arrastradas por aquella fuerza centrífuga. Durante ese tiempo, era imposible no pensar que íbamos a estar juntas toda la vida; que íbamos a morir así, unidas y abrazadas.

Superada esa primera etapa, nuestra relación se relajó un poco. Pasábamos ya más horas en el sofá que en la cama y no de forma tan estrecha. A veces poníamos la televisión o leíamos, hacíamos un crucigrama, mirábamos una película en el vídeo. Pero seguíamos muy unidas y, a menudo, nos daba por recordar la etapa anterior. De repente, nos asaltaba aquel estado febril y, sin preámbulos, nos metíamos en la cama. Sobre todo, a la hora de la siesta y desde el momento mismo en que se iniciaba el crepúsculo. Entonces, aún despertábamos juntas; y, siempre, muy entrada la mañana, como en un domingo perpetuo. Nos saludábamos, nos desperezábamos y nos hacíamos alguna carantoña. Luego, nos levantábamos al unísono para cumplir con lo que se había convertido en una rutina diaria: prepara una infusión caliente y un par de tostadas. En aquella segunda fase, ya no nos daba tanto reparo ingerir alimento. Incluso nos apetecía y nos sentaba bien.

Yo, a partir de ese momento, empecé ya a plantearme la posibilidad de volver a trabajar, pero ella no me dejaba. Cuando se lo insinuaba, se volvía feroz, posesiva, celosa, a veces, incluso agresiva. Daba miedo verla así. Aunque, si he de ser sincera, yo entonces sucumbía todavía a sus exigencias sin oponer resistencia. Simplemente, olvidaba mis intenciones y me iba a retozar con ella.

Con el tiempo, de forma irremediable, nuestra relación se fue deteriorando. Pasábamos cada vez menos ratos juntas, compartíamos menos cosas y apenas hablábamos. Nuestros intereses parecían haber tomado rumbos diferentes. Nos quedábamos dormidas nada más pillar la cama; a veces, incluso en el sofá, mirando una película. Así, sin decirnos nada. Parecíamos cansadas la una de la otra, como si todo lo que habíamos tenido en común se hubiera esfumado.

No fui yo quien la dejó, aunque, en el fondo, me alegré de que ella tomara la decisión. Ayer al levantarme, noté su ausencia. En la habitación había un silencio raro y en mi cama, un vacío muy blanco. Me acordé de todo el tiempo en el que había ocupado aquel espacio, de todo lo que había quedado allí. Y me asaltó un suspiro de alivio. La relación me ha dejado muy debilitada. Tardaré en recuperarme mucho más de lo que tardaré en olvidarla. Lo sé. Pero ahora que no está…, ahora que la gripe, por fin, me ha dejado, ya empiezo a saber qué voy a hacer sin ella. ¡Y tengo tantos planes!
avatar
julia
Admin

Cantidad de envíos : 1632
Personajes favoritos : Bette
Fecha de inscripción : 27/02/2008

http://planetal.forosactivos.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  miss L el Agosto 31st 2009, 6:25 pm

meparto meparto meparto
avatar
miss L
Entérate, ya soy una usuaria conocida
Entérate, ya soy una usuaria conocida

Cantidad de envíos : 358
Edad : 34
Fecha de inscripción : 05/03/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos que entienden

Mensaje  Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 3 de 9. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.