PlanetaL, tu foro les
Lo más visto
Libros
Fanfictions y Relatos
Cine
Cortometrajes
Archivo TLW
Fan fictions TLW
Últimos temas
» Sólo por un momento
Septiembre 3rd 2017, 2:07 pm por anita

» Un Nuevo Comienzo, Mayra
Septiembre 1st 2017, 8:38 pm por anita

» Fotos antiguas
Septiembre 1st 2017, 6:45 pm por anita

» Caretas de papel
Agosto 28th 2017, 9:38 am por E.M.A

» Libro No te veía por Jennifer Torices Gómez
Julio 21st 2017, 5:08 pm por Viren

» Peliculas de tematica les
Abril 29th 2017, 8:51 pm por julia

» Alerta de huracán, Melissa Good
Abril 17th 2017, 8:54 pm por malena

» Cortos de temática lesbica
Abril 15th 2017, 12:21 pm por julia

» Easy Abby
Abril 15th 2017, 12:16 pm por julia

Webs amigas


Ir a Revista MiraLes

Ir a AmbienteG

Visitas


Contador de visitas



Torpezas del destino

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 10th 2016, 5:11 pm

Me hospedé por unos días en un hotel tras mi llegada a España. Lo suficiente para que los hinchazones y moratones de mi cara sanaran un poco. Bien sabe Dios que no quería preocupar innecesariamente a mi familia. Muy a pesar de que el hijo que llevaba en mi ser se encargaría de recordármelo cada día, tenía mas que claro que David pasaría a formar parte del pasado. Estaba decidida a sepultarlo en lo más profundo.

—¡Cariño!— se me tiró mi madre nada mas abrir la puerta de casa.

—Hola mamá, yo también te extrañé— comenté riendo por su acalorado recibimiento pues no hacía ni mes y medio que la había visto.

—¡Dios!— exclamó al separarse percatándose del tamaño de mi tripa— ¡Cuanto creció mi bebé!

—¿Quién es? ¿Quién es?— apareció mi hermano pequeño a su lado— ¡Tata!— se abalanzó el también sobre mí.

—¡Él si que creció!— afirmé señalando a Alex. Reímos antes de separarnos y entrar.

—¿Y David?— preguntó Alex una vez llegamos a la sala y nos sentamos.

Me quedé unos instantes callada, silencio que no pasó desapercibido por mi madre.

—Trabajando— mentí.

—Oh, mejor, porque no me gusta— rió Alex antes de volver a abrazarme.— Que bueno que vinieras tata,

—¿sabes la última? Nicole se vino a vivir a la ciudad. ¿No es fabuloso?— comentó emocionado.

Miré a mi madre esperando me confirmara lo que mis oídos creían haber escuchado.

—Si, decidieron expandir el bufete en el que es socia en España. Robert y Andi también se vinieron a vivir aquí.

—Oh, ¡pero eso es fabuloso! Lo que me resulta extraño es que Andi no me lo comentara la última vez que hablamos.

—Bueno, al parecer fue algo repentino.

—¡Dios, tata! ¡La casa de Nic es enorme! ¡Y tiene piscina!— llamó mi atención Alex a mi lado.

—¿En serio?— intenté parecer emocionada.

—¡Sii! ¡Me dijo que si hacia los deberes durante la semana podría ir a bañarme este finde!

—¿Y los has hecho?— lo cuestionó mi madre.

—Uhm…— se quedó un rato pensativo— Upps, ¡no!— exclamó abriendo los ojos como platos.—

—Te quiero mucho tata, no te vayas que tenemos que hablar— me previno besándome en la mejilla antes de perderse escaleras arriba.

—Aún no lo desintoxicáis de la cafeína, ¿eh?— reí a mi madre mientras señalaba con la cabeza en la dirección por la que se había ido el pequeño.

—Tú eras igual de parlanchina, solo que ya no te acuerdas— me devolvió el golpe.— Bueno, ¿me vas a contar a que se debe esta inesperada visita?— se puso seria de repente.

—¿Qué pasa? ¿No puedo regresar a casa por Navidad?

intenté romper su seriedad, cosa que no funcionó. Esta mujer estaba claro que era mi madre, me conocía como si me hubiera parido.

—Pues si, solo que llegas ocho meses antes…y teniendo en cuenta que tu siempre llegas tarde a todos lados…— tiró la piedra y escondió la mano.

—Solo me apetecía visitaros. Además, la boda de Andi es en apenas un mes.

—Ya, pero en tu estado…— acarició mi tripa.

—Pues por eso mismo, mejor ahora que luego.

—¿Cuándo sales de cuentas?— cuestionó sin apartar la vista de mi vientre.

—A finales de junio o así.

—¿Te quedaras aquí hasta que nazca?

—Si, es mas, no pienso volver a Italia.

Mi respuesta se ganó su atención. Me miró con la misma mirada con la que me había mirado cuando mi hermano había preguntado por mi ex.

—Qué ha pasado cariño…— preguntó acariciándome la mejilla.

—No ha pasado nada mamá— mentí— Solo que David y yo lo hemos dejado. La única razón por la que acepté su propuesta de matrimonio fue porque pensé que era lo mejor para el bebé pero me equivoqué. Es de sabios rectificar, ¿no crees?— le intenté sonreír para quitarle hierro al asunto.

Lo ha vuelto a hacer, ¿verdad?— en ese momento el suelo pareció despertar mi mas terrible curiosidad haciéndome pegar la vista a él— ¿Cariño?— susurró sujetando mi rostro haciendo que la mirara. Parpadeé varias veces, pero mis ojos me traicionaron. Me abrazó— No te preocupes cariño, ese desgraciado no volverá a ponerte un dedo encima, ¿me oyes? Porque nadie de esta casa va a permitirlo. Ni que te toque a ti ni que toque a tu bebé. Y por su bien, espero que ni intente acercarse por aquí, porque lo barro a escobazos.— sonreí por el comentario aun en el abrazo.

—Tranquila mamá, es demasiado cobarde como para venir.

El ruido de la puerta al abrirse hizo que nos separáramos. Pronto ante mi vista apareció mi hermano Dani acompañado, para mi total sorpresa, por Nicole.

—¡Hermana!— gritó acercándose a mi lado y envolviéndome en un abrazo— Jaja, ¡demonios! ¡Si pareces un botijo ya!— rió besándome.

—Oye, ¡no te pases!— lo amenacé con un dedo, aun consciente de la mirada de Nic sobre mí.

—Como está mi cuchi cuchiiii— comenzó a hablarle a mi tripa haciéndome cosquillas con sus dedos.

—Jajaja.

—¡Sanote sanote, puro machoteeee!…Porque es niño, ¿no?— me miró de repente serio.

—Lo cierto es que no lo sé, prefiero que sea sorpresa— le sonreí.

—¡¡Ahh!!¡Tenías que ser tú! Bueno, por la forma…— comenzó a medir el ángulo de mi vientre—…es un niño. Así que ya le voy comprando la equipación y el balón de fútbol, pienso hacer de él un Ronaldinho.

—¿Pero qué dices?— entró mi madre en la disputa— ¡Por la forma se nota claramente que es una niña!

—¿Qué? Mamá, cómprate unas bonardi ahora que están en oferta. ¿Que no ves el ángulo?

—¿Qué ángulo y que ocho cuartos? Dani por Dios, que la barriga de tu hermana no es como uno de tus planos de arquitectura.

Miré a Nic mientras el par seguía discutiendo a cada uno de mis lados. Los miraba risueña desde la entrada de la sala. No sé en que momento me levanté, pero de repente estaba mirándola en la cercanía.

—Hola— la saludé.

—Hola, ¿cómo estas Natalia?— me preguntó sin apartar su mirada de la mía.

—Bien, dentro de lo que cabe. ¿Y tú? Acabo de enterarme de que ahora vives en la ciudad.

—Sip, aún estoy trasladando cosas pero llevo viviendo aquí como dos semanas ya.

—Uhm… ¿y viniste sola?— pregunté sin saber realmente porque lo había hecho. Bueno, tal vez si, quería saber si en su vida había alguien, ¿satisfecho?

—No…me acompañó alguien— su sonrisa me hizo suponer lo que tanto tiempo atrás me había negado: la idea de que pudiera estar con alguien.

“No seas imbécil, mírala…preciosa, inteligente, con buen trabajo, agradable, forrada... lo que se dice un partidazo… lo mas seguro es que se la rifen…eso, y tu aquí pensando chorradas y no escuchando lo que te dice…vamos, babea un poquito mas que no vas a crear goteras gracias a que estas en la planta de abajo”

—¿Perdona?— intenté recuperar el hilo de la conversación.

Te preguntaba que de cuanto estas— me sonrió con ese tipo de sonrisa suya de “sé lo que estas pensando”.

—De siete meses o así.

—Ya falta menos entonces.

—Sí…

Nos quedamos unos instantes en silencio sin saber que más decir. La presencia de mi madre y mi hermano a mis espaldas interrumpieron la calma.

—Cariño, Dani me va a llevar al súper un momento. Me la cuidas Nic.— dijo besándonos a ambas en la mejilla y saliendo seguida por mi hermano.

—Ta lueee— se despidió este.

Nic y yo nos miramos una vez estuvimos a solas.

—¿Te apetece tomar algo?— le pregunté insegura. Comenzó a reír.— ¿Qué?

—Nada…es solo que me hizo gracia. No te preocupes, mejor sentémonos. ¿O tú quieres algo?— me cuestionó insegura ahora ella.

—No, no me apetece nada— le sonreí.

—Nos sentamos en el sofá. El silencio pronto se instaló entre nosotras de nuevo. Me miró y le sonreí sin saber realmente que más hacer o decir.

—Te queda bien el cabello corto— comentó mas yo creo por romper el silencio que por otra cosa.

—Gracias, a ti también te queda bien el cabello más largo.

Reímos a la vez ante mi ocurrencia.

—Sip, me lo dejé dos centímetros más largo que la ultima vez.— bromeó, pero el recuerdo de la ultima vez que nos vimos pareció venir a su mente así como lo vino a la mía.

—Quiero que sepas que siento mucho lo de la ultima vez, me gustaría que me disculparas por haberte golpeado – la miré a los ojos.

—No te preocupes, si hiciste lo que hiciste fue porque me lo merecía, la única que tiene que disculparse por su comportamiento soy yo— no dejó de devolverme la mirada ni un instante.

—No pasa nada, ya está olvidado.

—Si, ya veo…olvidado…— por el cambio de su tono, ese olvidado había sido interpretado de la manera que menos hubiera deseado.— ¿Y qué tal por Italia?— cambió de tema.

—Bien, aunque no creo que vuelva. Pareció sorprendida ante mi respuesta.

—¿Y eso?

—Quiero que mi hijo nazca en España y se críe aquí— me limité a responderle.

—Entonces, David y tú os venís a vivir aquí también— afirmó apartando la mirada de mí y mirando hacia la pared de enfrente.

—No…David se queda en Italia.

De nuevo parecí despertar su atención.

—Creía que estabais prometidos…— comentó dudando.

—Tu dijiste, lo estábamos…lo hemos dejado.

Para mi sorpresa solo se limitó a hacer un gesto afirmativo con su cabeza y volver su atención a la pared de enfrente. Vale que no esperaba que me avasallara a preguntas, no era su estilo, ¿pero ni una pizquita de curiosidad le despertaba el asunto?

“¿Pero tú eres imbécil o que? ¡Mejor si no pregunta! ¡Menos explicaciones!” me decía mi lado sensato por un lado. “Ya pero… ¿qué no le interesa ni lo mas mínimo? ¿No siente nada al respecto?” me reclamaba el lado sensiblón por otro.

Tal conversación con mis pensamientos se vio interrumpida cuando mi padre hizo acto de presencia.

—¿Estoy soñando? Nicole, ¿esa chica que está a tu lado es un ángel?— cuestionó en su línea bajo el marco de la puerta.

—Uhm…pues desde aquí no le veo las alas, pero yo creo que si, debe de ser que está fuera de servicio— respondió esta a mi lado siguiéndole el juego mientras me miraba con una sonrisa.
Hola papá— me levanté y lo abracé.

—Mi niña— comenzó a besuquearme haciéndome cosquillas con los pelos de su barba.
Jaja, ¡papá!— me aparté.

—¿Y cómo está mi nietecito?— comenzó a acariciar mi tripa de la misma manera que había hecho mi hermano.

—¿Y por qué rayos todos los hombres de esta casa creen que es un niño?— cuestioné cruzándome de brazos y apartándome de sus dedos.

—Jaja, ¿a qué es una ricura cuando se mosquea?— le comentó a Nic, la cual no perdía detalle desde el sofá.

***
avatar
anita
Yujuu! me empieza a gustar el foreo
Yujuu! me empieza a gustar el foreo

Cantidad de envíos : 208
Fecha de inscripción : 06/03/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 11th 2016, 12:47 pm

Seguramente parezca sorprendente, pero muy a pesar de vivir en la misma ciudad, muy a pesar de tener amigos en común, y muy a pesar de además ser familia, no volví a ver a Natalia desde ese día en que la encontré en casa de sus padres. Y aseguro que no precisamente por falta de ganas por mi parte. Lo intenté. A Dios pongo por testigo que lo intenté. Buscaba mil y una excusas para ir a casa de mis tíos, para llamar por teléfono…y nunca, nunca coincidí con ella. Una de dos, o yo tenia mucha mala suerte…o ella no paraba mucho por casa. Aunque iban a ser las dos…

—¡Mañana me caso!— exclamó por tercera vez mi amigo antes de volver a abrazarme.

—Tú sigue, que a este paso me parece que no— me lo quité de encima lanzándole una mirada amenazante. No funcionó.

—Ays, ¡qué guapetona tá mi madrinaa, maree!— me abrazó de nuevo. Suspiré resignándome al hecho de que a este paso la noche sería muuyy larga.

En lugar de una despedida de solteros como las que hacía la gente normal con boys y tías medio desnudas, el par este había decidido hacer una cena para los amigos más cercanos, según ellos para de paso “inaugurar también la choza”.

Apenas había llegado hacía media hora, el mismo tiempo que Robert llevaba encima de mí.

—¿Por qué no vas y compruebas como le va a tu futura en la cocina?— le sugerí en un intento por quitármelo de encima.

—ah, si ella puede. Ya veras cuando esta noche pruebes su especialidad… ¡te vas a morir!
¿Pizza congelada?— inquirí elevando mi ceja.

—¡Noo! ¡Patatas fritas y huevos!— exclamó con ojillos brillantes mientras se relamía.
El mero pensamiento de Andi en tacones y vestida de gala con su vestido negro mientras luchaba contra los huevos usando como escudo la tapa de la olla me hizo reír.

—¿Qué?— preguntó ceñudo mi amigo mirándome como si en ese momento tuviera tres cabezas.

—Nada…cosas mías…— seguí riendo ante lo que fue su cara.

—Ya veo…— intentó enarcar su ceja de la misma manera que yo lo hacia, para solo conseguir que me partiera más. El timbre de la puerta sonó— Mucho cachondeo lo que tienes tu ya me parece a mí…— renegó levantándose y saliendo a abrir.

Aproveché para asomarme a la cocina y comprobar si la situación era tan critica ya como para tener que descolgar el teléfono y llamar a emergencias. Pues para emergencias no pero para el psiquiátrico casi. Lo único que encontré fue a Andi bailando reggeton mientras cortaba lechuga con un mp3 colgado al cuello…Y digo único porque para mi sorpresa ni las cacerolas ni el horno expulsaban humo negro a propulsión.

Salí fuera, consciente de que a mi amigo ya le había dado tiempo de recibir a los nuevos invitados. Mi sorpresa fue evidente al comprobar de quien se trataba, al igual que la suya.

—Hola— la saludé acercándome a ella.

—Hola— me devolvió el saludo sacándose la chaqueta ayudada por mi amigo— Gracias— le sonrió agradecida.

—No hay de que…la pondré en una de las habitaciones, por favor, toma asiento. Estas en tu casa— sonrió amablemente Robert antes de perderse por el pasillo.

—¿Y Andi?— cuestionó tomando asiento en el sofá.

—En la cocina, terminando de ultimar la cena— me senté a su lado.

—Oh…— parecía algo cortada por mi presencia. La noté mirar varias veces de reojo en la dirección por donde mi amigo se había perdido hacía escasos segundos. La observé detenidamente, mientras nerviosa, miraba a todos lados de la habitación excepto a mí, hasta que al final nuestros ojos parecieron encontrarse. Le sonreí obteniendo para mi satisfacción una sonrisa por su parte.

—Creo que iré a saludar a Andi…— dijo levantándose demasiado rápido teniendo en cuenta su estado sumergiéndose poco después en la cocina. Los gritos de Andi al ver a su amiga del alma no tardaron en ser escuchados en kilómetros a la redonda. En ese momento justo apareció mi amigo riendo junto a Iris.

—¡Mira a quien encontré en la puerta!— exclamó emocionado.

Me acerqué bastante sorprendida a saludarla.

—Vaya, menuda sorpresa…no esperaba verte, ¿cómo tú por aquí?— comenté mientras la besaba en la mejilla.

—Pues supongo que a lo mismo que tú— me sonrió aun sin separarse de mí.

—¡Iris! ¡Pensé que no vendrías!— apareció Andi de la nada separándome de un empujón de la chica.

Me fijé en Nat, que inexplicablemente en ese momento no dejaba de mirarme. Le sonreí esperando que su semblante serio cambiara a una de sus preciosas sonrisas, pero lo único que obtuve fue un primer plano de su espalda y su trasero mientras se adentraba de nuevo en la cocina.

De mientras en el salón, ajenos a todo, Andi, Iris y Robert charlaban animadamente. Consciente de que poco notarían si seguía o no allí presente decidí aventurarme y seguir a Natalia. La encontré de espaldas a mí, frente a las cacerolas al fuego.

—¿Todo bien?— pregunté acercándome a su lado.

—Sí, perfecto, en unos minutos estará listo— comentó refiriéndose a la comida y sin volverse.

—No me refería a eso— sujeté su mano robándole el cucharón y dejándolo a un lado.

Entrelacé nuestros dedos y la aparté del hornillo haciéndola sentar en una de las sillas. Me senté a su lado no sabiendo muy bien a que había venido todo esto. Me limité a observarla. Su mirada parecía estar fija en algún punto del suelo, la seguí reparando en lo que verdaderamente parecía estar observando, nuestras manos aún entrelazadas. Moví el pulgar, acariciando suavemente el dorso de su mano. Tal movimiento pareció bastar para sacarla de su ensimismamiento.

—Se va a pegar el solomillo— dijo apartándose de mi lado y volviendo junto al fuego.

Me acerqué de nuevo a ella, pero esta vez sin decir nada.

—Te vas a manchar, mejor apártate.— me previno, intentando, supongo, que la dejara en paz.

—Tu también te vas a manchar— le respondí sin dejar de mirar su perfil.

—Ya, pero una mancha en la falda de una mesa de camilla no vislumbra tanto como lo haría en ese caro pantalón o en esa camiseta— espetó aun concentrada en remover el contenido de la sartén.

—No puedo creer que digas eso. Estás preciosa.

Hizo una mueca antes de dirigir su mirada por primera vez a mí desde que estaba en la cocina. Estaba por hablar cuando pegó un salto separándose del hornillo por instinto.

—¡Maldita sea!— exclamó soltando el cucharón y dirigiéndose hacia el fregadero.

La observé mientras se mojaba donde el aceite la había quemado. Me acerqué a su lado y saqué su mano del chorro de agua, observándola. No parecía mucho, pero si lo suficiente para que se formara una fea ampolla. Cogí el trapo y la saqué un poco antes de comenzar a dirigirla hacia la puerta.

—¿Qué se supone que haces?— gritó soltándose de mi agarre.

—Se te va a poner feo, mejor déjame te pongo algo para que no se inflame ni salga ampolla.

—¡No! ¡Ni se va a poner feo ni va a salir ampolla! Además, ¡te recuerdo que ha sido por tu culpa!

—¿Qué? Si claro, ahora resulta que fui yo quien con telequinesia elevé la gota de aceite de la olla y te la mandé a la mano. ¡No me salgas con esas ahora!— la agarré de nuevo e intenté dirigirla hacia fuera.

—¡Que parezca una bola de billar no significa que tengas que arrastrarme!

—Muy bien— elevé mis manos en son de paz— Como quieras…ya veo que los años no te han cambiado, sigues igual de cabezota que siempre.

—Y tu igual de…de…— no parecía encontrar la palabra— de…. ¡de así!

—¿Sí? ¿De así cómo?— me acerqué situando mi cara a escasos centímetros de la suya.

—De…de…de…— su mirada la traicionó haciéndola ir a mis labios.

“¿Ahora te pones nerviosa?”. Enarqué mi ceja derecha mientras poco a poco seguía acercándome a su rostro.

—… ¡Creí que ibas a curarme!— soltó de repente poniendo espacio entre nosotras.

Sonreí triunfal sujetándola de la mano y dirigiéndola al exterior solo para encontrarme con las caras sorprendidas de nuestros amigos.

—¿Sucede algo?— cuestionó Andi pasando su mirada de una a otra y reparando en nuestras manos entrelazadas.

—Nada grave, ¿tenéis botiquín?

—Si, en el baño de arriba— afirmó mi amigo.

—Ok, ahora volvemos.

Los noté quedarse con cara de póquer mientras subíamos las escaleras y nos perdíamos por el pasillo de arriba. No tardamos mucho en escucharlos cacarear de nuevo.

Abrí la puerta del baño y encendí la luz permitiéndole el paso a mi acompañante.

—Gracias.

—Por nada, siéntate por favor— le solicité abriendo el mueble y buscando la caja.

—Está ahí.

Dirigí la mirada hacia donde me señalaba encontrándola de inmediato.

—Gracias.

—De nada.

“Demasiado correctas me parece a mí…”

La abrí y comencé a buscar la crema para las quemaduras.

“Mercromina, alcohol, algodón, tiritas, cinta adhesiva…” comencé a sacar mil y una cosas de la caja menos lo que andaba buscando “…agua oxigenada, vendas, un tanga… ¡Dios! ¿Qué hace esto aquí?” Pensé con la prenda en mi mano, ajena a la mirada de Nat sobre mí hasta que la escuché reír.

—¿Qué?

—Jaja, nada, que tal parece que nunca has visto unas bragas— siguió riendo divertida.

—Pues no, en un botiquín como que no— las tiré con cara de asquillo a la bañera.

—Jaja, no puedo ni imaginar como habrán llegado hasta ahí.

—Mejor ni imagines— hice una mueca antes de volver mi atención a la maleta de “emergencias”.

“...vendas, tijeras, vendas, gasas, mas vendas…madre mía, una momia aquí lo flipa…”

Noté una mano introducirse en la maleta para instantes después poner frente a mis narices lo que tanto buscaba y no encontraba. La miré solo para encontrar esa sonrisa de “no sé que harías sin mí” en su rostro. Le sonreí de lado entornando ligeramente mis ojos antes de arrebatarle el tubo de crema.

—Gracias— susurré en tal guisa.

Se echó a reír de nuevo. Sonreí satisfecha colocando un poco de mejunje en una gasa arrodillándome ante ella. Sostuve su mano entre la mía y con cuidado comencé a administrarle la pomada. La noté estremecerse.

—¿Te hice daño?— cuestioné insegura, parando todo movimiento.

—No— me sonrió— Es solo que está fría.

—Uhm…si quieres la podemos calentar un poquito al microondas— comenté toda seria sin dejar de mirarla a los ojos. Su risa no tardó mucho en volver a inundar la habitación.

—Eres una payasa— susurró entre risas.

—Todo sea por volver a escuchar tu risa.

Supongo que no esperaba tal contestación, pues de inmediato dejó de reír pero no de mirarme. De nuevo sus ojos la traicionaron haciendo que los encontrara sobre mis labios. Sonreí, consiguiendo para mi completo pasmo que me dedicara la sonrisa más bonita que había visto en toda mi vida.

—Creo que será mejor…salir, ¿no crees? Ya deben estar pensando que qué hacemos tanto rato…aquí…solas…— parecía estar teniendo serios problemas al ver como mi cara, e irremediablemente mis labios, se iba acercando peligrosamente a la suya.

Nuestros labios apenas acababan de juntarse cuando el sonido de la puerta hizo que se separaran de golpe.

—Nat, Nic… ¿todo bien?— el tono preocupado de Andi era evidente mientras aporreaba la puerta.

—Si, todo perfecto— se apresuró a calmarla Natalia— Será mejor ir saliendo…— de nuevo su mirada se dirigió hacia mis labios antes que a mis ojos.

—Sí…será mejor.

Me levanté y le tendí mi mano, la cual para mi agrado cogió con una sonrisa.

Cuando salimos mas invitados habían llegado. Poco más, aparte de miradas, pudo ser intercambiado durante toda la cena.

—Andi, ¿puedes pedirme un taxi por favor?

Me disculpé del grupo de gente con los que estaba y fui a su lado.

—¿Ya te vas?— le pregunté extrañada. Apenas acabábamos de cenar y el postre ni había sido repartido aún.

—Sí, estoy algo cansada— intentó sonreírme.

—No puedo creer que no quieras ver la cara de todos estos cuando prueben esa cosa que Robert preparó— le susurré al oído en plan cómplice. Movió su cabeza antes de sonreírme.

—Eres mala…

—No tanto como tu…que quieres irte sin ver el gelatipudin de chocolate.

Comenzó a reír.

—¿El gelati qué?

—¿Habláis de mi postre?— nos abrazó Robert a ambas desde atrás.

—¿Hablábamos de su postre?— me cuestionó Nat.

—Uhm, no, para nada…hablábamos de lo ricas que están las trufas de chocolate— me burlé.

—¡No compares con mi gelatipudin de chocolate! porque nada que ver…lo mío si es glamour para los cinco sentidos…

—Ya, ya, lo que tu digas, pero deja de babearnos encima y sirve el postre.

Me sacó la lengua antes de alejarse.

—Nic yo ya me voy…

—Espera y te llevo.

—No, no hace falta, yo…no quiero molestar. Además, la fiesta ahora se pone en lo mejor.

—No puede ponerse en lo mejor cuando lo mejor se va— comenté sin apartar la mirada de la suya. Me sonrió antes de poner rumbo a la habitación donde Robert había dejado su chaqueta.
Comencé a seguirla cuando Rachel se interpuso en mi camino.

—Nic, por favor…sálvame…— me rogó.
—¿Qué sucede?
—El hermano de Andi, Iván, está zumbado…— me susurró asustada— Me ha estado contando que entierra cosas de vez en cuando con la esperanza de que algún día, en un futuro lejano, las encuentren… ¡Dios! ¡No me dejes a solas con ese psicópata! ¿Qué tal si esta noche mientras duermo le da por despedazarme?

—Ok ok, en el macetero de la entrada encontraras las llaves.

—Gracias, tú si eres una amiga— me abrazó.

—Ya ya…— miré hacia el pasillo donde Nat ya estaba despidiéndose de Robert y Andi. Rachel siguió mi mirada.

—Upps, lo siento, creo que te estoy distrayendo, gracias de nuevo— me besó antes de alejarse.

Cogí mi bolso y me acerqué hacia donde estaban mis amigos solo para descubrir que Nat ya había desaparecido.

—¿Se fue ya?

—Si…pero si corres la alcanzas, ¿no ves que lleva el freno de mano echado?— se guaseó Andi.

Sonreí antes de besarla a ella y a mi amigo.

—Nos vemos mañana.

—Si, ¡y no llegues tarde!— escuché a Robert mientras salía por la puerta y corría por el jardín.

— ¡Nat!— grité cuando la vi abriendo la puerta del taxi. Paró su movimiento viendo que me acercaba corriendo. Paré jadeante a su lado, mientras intentaba recuperar el aire.

—Te estas haciendo vieja— comentó riendo.

Elevé mi dedo aun intentando capturar algo de aire para mis pulmones y me acerqué a la ventanilla del conductor.

—¿Qué se le debe?

—Pero si no la llevé a ningún lado— se quejó este malhumorado.

—Está bien— saqué un billete de diez euros de mi bolso y se lo tendí— Quédese con el cambio— Me volví y me dirigí a Natalia— ¿Nos vamos?

Rodó sus ojos antes de cerrar la puerta que aun sostenía abierta y comenzar a caminar a mi lado. Me acerqué a mi coche abriéndolo con el control remoto y abrí su puerta, entró susurrando un gracias. La cerré y lo rodeé montando al otro lado. Encendí el motor y me sumergí en el tráfico.

—Ya te me ibas a escapar— comenté dirigiéndole una sonrisa antes de volver mi atención a la carretera.

—Lo siento, solo tengo ganas de llegar a casa y acostarme. Tengo los pies que parecen botas.

—¿Está yendo bien el embarazo?— la miré.

—Si, con las complicaciones normales nada más, tú sabes— me sonrió.

—Uhm, bueno, no sé, nunca he estado embarazada— comenté mirando de nuevo a la calzada.

—Quién sabe, tal vez algún día… ¿no quieres tener hijos? —la noté que seguía mirándome.

—No sé, supongo…lo cierto es que nunca me lo había planteado— reconocí.

—¿Ni tu pareja tampoco?

—¿Mi pareja?— la encaré.

—Si, ¿nunca lo habéis hablado?

Comencé a reír, nunca hubiera imaginado que pensara que estaba con alguien, es mas, ¿por qué siquiera iba a pensar que estaba con alguien?

—¿De que te ríes?— preguntó seria y ligeramente molesta.

—Por nada…es solo que… ¿quién te ha dicho que estoy con alguien?— volví mi atención hacia ella mientras formulaba la pregunta.

—Tu me lo dijiste— respondió extrañada.

—¿Segura?— volví a preguntar aparcando el coche en la puerta de su casa.

—Cuando te pregunté si viniste sola de Londres me dijiste que no, que alguien te había acompañado.

—Y supusiste que yo…— no pude acabar, me dió la risa tonta.

—No es tan descabellado…eres inteligente, agradable, preciosa…

—Y sigo enamorada de ti— la corté.

Me miró confusa durante unos instantes, sus ojos, al igual que había sucedido otras tantas veces en la noche, se dirigieron hacia mis labios. La noté tragar pesadamente antes de oír el suave clic de la puerta al abrirse. Coloqué mi mano sobre la suya.

—¿No vas a decir nada?

—Sí, buenas noches Nicole— susurró antes de apearse del coche.

Me quedé mirando su espalda, viendo como se alejaba por el pequeño camino de la entrada hasta llegar a la puerta. Sacó la llave de su bolsillo y la abrió perdiéndose en el interior.
Estuve un par de minutos mas mirando la puerta cerrada sin realmente verla.

“Muy bien Nicole, ya creo que hemos hecho suficientemente el imbécil por hoy…que va a ser lo siguiente que harás, ¿arrastrarte y suplicar?”

Giré la llave poniendo de nuevo en marcha el motor y me alejé.

***

“Ella aún me…aun me quiere…a pesar de todos estos años, a pesar de mis desplantes, a pesar de esto…” me acaricié la tripa a través del vestido de dama de honor rosa chicle hecho a medida especialmente para la ocasión. Definitivamente tu mamá no es tan especial como se creía, hay alguien más loca que ella en este mundo— le susurré a la personita que crecía en mi interior.

—¿Tu crees?— escuché su suave voz a mis espaldas.

Me volví encontrándomela.

—¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en la iglesia?— pregunté extrañada dirigiendo una mirada al reloj.

—Pues nada, que al novio le dio por tomarse un trago antes de firmar la sentencia de muerte. Y no lo iba a meter en un antro para que luego no quisiera salir…al menos aquí hay pies suficientes para sacarlo a patadas.

—Lo tuyo es amor— comenté riendo.

—¿Lo dudabas? Estas bellísima— susurró tras mirarme de arriba abajo.

—Tú no te has mirado al espejo— comenté ausente recreándome en la visión. Llevaba un vestido largo, con un escote pronunciado que poco dejaba a la imaginación y la espalda completamente descubierta. El color hacía juego con sus ojos azules.

—Adivina quien lo eligió…

La miré esperando la respuesta.

—Robert.

—No si, después de todo va a tener buen gusto— seguía sin poder apartar la mirada de su cuerpo.

—Jaja, creo que cuando lo veas te arrepentirás totalmente de lo que acabas de decir, esto fue un flash que le dio.

—¡¡Nat!!¡¡Nic!!¡¡Mi amada me esperaaa!!— gritó el susodicho desde abajo.

—Creo que será mejor irnos moviendo, que conociendo a Andi esa ha llegado una hora antes.

No me equivoqué, cuando llegamos a la iglesia Andi ya estaba allí. Y a juzgar por lo brillante que estaba el suelo del pasillo del sagrado edificio, la niña había pasado la mopa de bien con el largo vestido de la de paseítos que se había metido mientras esperaba.

La ceremonia transcurrió como se esperaba…con Andi y Robert llorando a moco pelado prácticamente durante todo el enlace. No pude evitar observar a Nicole. Permanecía a un lado de Robert ajena a mis miradas.

“Está preciosa…me corrijo, es preciosa. Porque está visto que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. No entiendo como aun así está enamorada de mí…”

En ese momento, inexplicablemente me miró encontrándose con mi mirada. Le sonreí sabiendo que me sonreiría. Y así hizo.

“Nat, que vamos a hacer…Tienes demasiados problemas encima como para involucrarte con ella ahora…además, ya no somos unas adolescentes, esto es la vida real, es serio… ¿qué pensaría papá?”

Pensamientos de una conversación lejana vinieron a mí de repente.

“Entonces, ¿por qué no aceptarlo? Sé que es complicado… ¿pero verdaderamente lo has intentando? y me refiero a sin dejarte llevar por lo que piensen o dejen de pensar los demás”

Sonreí ante el recuerdo de esas palabras, tan lejanas en el tiempo y a la vez tan cercanas. Volví a dirigir mi mirada hacia Nic, solo para encontrarla de nuevo mirándome. Fue su turno de sonreírme y obtener mi respuesta.

***
avatar
anita
Yujuu! me empieza a gustar el foreo
Yujuu! me empieza a gustar el foreo

Cantidad de envíos : 208
Fecha de inscripción : 06/03/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 12th 2016, 3:47 pm

La ceremonia, el banquete, el baile…Suficientes botellas habían sido descorchadas para que mas de uno ya bailara solo abrazado a su copa en el centro de la pista.

Sonreí mientras desde mi privilegiado sitio en la mesa de los novios observaba al hermano de Andi, Rafa, con la camisa fuera del pantalón y con la corbata en la misma guisa como lo había conocido una Nochebuena hace bastantes años atrás, intentando bailar la danza del vientre, o mejor dicho del michelín, en el centro de la pista. Aplaudió eufórico cuando la pieza acabó mientras hacia reverencias a diestro y siniestro.

Dirigí mi atención hacia una de las mesas, donde Rachel y Natalia charlaban animadamente. Decidí acercarme.

—Vaya vaya, mira nada menos quien está aquí. La madrina más guapa del año— comentó Rachel mientras por mi parte tomaba asiento al lado de Nat.

—¿Solo del año? joder, el suplicio de llevar estos tacones no compensa entonces— me quejé.— ¿Qué pasó anoche al final? ¿Te quedaste en casa del psicópata?— comencé a burlarme.

—No, al final me quedé en casa de una amiga— miró picara a Nat.

—Hola— apareció Iris de repente a su lado. — ¿Me concede esta pieza?— cuestionó a la joven tendiéndole su mano.

—Uhm, ya me estaba preguntando cuando demonios me lo pedirías— agarró la mano que le ofrecían y se levantó. Se despidió de nosotras mientras era llevada al centro de la pista.

—¿Tú lo sabias?— me preguntó Nat sin dejar de mirar al par que en ese momento ya bailaban.

—Uhm, ¿el qué?

—No, no lo sabias— sonrió mirándome y haciéndome un gesto con su cabeza de nuevo hacia las dos chicas.

—¿Eh? Ooohh – vi la luz de repente— ¿De veras?— las volví a mirar de nuevo.

—Uhm, sip, me lo acaba de contar Rachel.

—Bueno, hay que admitir que hacen buena pareja— sonreí— Aunque hace unos años hubiera pensado que era un suicidio— hice una mueca.

—Jaja, la gente cambia, es la prueba viviente.

—Ahora que lo han visto mis ojos, me lo creo... — seguí mirándolas antes de mirar a Nat— ¿Y usted me concedería este baile?

—Nic, no creo que en mi estado… No la dejé acabar.

—Por favor…— supliqué.

—Luego no te quejes si te piso con uno de mis gordos pies.

—Tus pies no están gordos, solo tu tripa— le saqué la lengua.

—¿A que ya no bailo?— me amenazó.

—Love and peace— comencé a agitar una servilleta blanca al aire.

—Jaja, esta claro que tanta lluvia en Londres te ha trastocado los circuitos— se burló—Anda vamos.

Se levantó agarrándome de la mano, y para mi alucinación, siendo ella quien me arrastraba a la pista. Nos pegamos y comenzamos a bailar, ajenas a un par de ojos que en ese momento no perdían detalle de todos nuestros movimientos.

***

Me encontraba en mi despacho, trabajando en el ordenador cuando Lucía, mi secretaria, me avisó de que tenía visita.

—Hágalo pasar por favor.

Apenas unos segundos después mi tío hizo acto de presencia en mi oficina.

—Vaya, vaya, veo que el negocio parece ir de maravilla— comentó curioso mirando hacia todos lados.

Me levanté de mi asiento acercándome a su lado con una sonrisa en mi rostro. No tardó mucho en envolverme en sus brazos.

—Hola cariño— me besó en la mejilla antes de separarnos.

—Hola tío, ¿cómo tú por aquí? que agradable visita— le sonreí.

—Pues nada, vine al centro de la ciudad a hacer unos recados y pasé por la puerta y pss, decidí hacerte una visita aprovechando que hacia días que no sabía de ti.

—Si, lo siento…he estado algo liada.

—Oh, bueno, será mejor entonces que me marche, seguro te estoy distrayendo— comenzó a moverse incómodo.

—Para nada— le sonreí. Tomé asiento en el filo de mi mesa y le hice una seña para que se sentara en la silla de enfrente.

—¿Segura?— cuestionó inseguro.

—Totalmente, ¿qué tal todo por casa?

—Bien, después de unos días algo agitadas las aguas al fin parece que vuelven a calmarse.

—¿Sucedió algo?— pregunté frunciendo el ceño.

—Lo que tenía que suceder supongo…David regresó dispuesto a llevarse a Nat — su mirada de odio al hablar del tipo me sorprendió.

—No entiendo, ¿pero no lo habían dejado?— cuestioné ceñuda levantándome de mi improvisado asiento y sentándome a su lado

—Uhm, sip, más o menos.

—Y Nat… ¿volvió con él?— susurré rezando a todas las divinidades posibles para que me ofreciera un no como respuesta.

—No, ni ella quería ni nosotros lo hubiéramos permitido…

—Pues ahora si que no entiendo…— afirmé suspirando tranquila ante el hecho de que aun seguía cerca y tenía una esperanza, aunque esta fuera mínima.

—No sabes nada, ¿verdad?

—Estas comenzando a preocuparme, ¿hay algo que deba saber?

—Si, pero no creo que deba ser yo quien te lo diga. Sé que te quiere mucho y confía en ti, por eso te lo contará— comenzó a levantarse. Lo miré desde abajo.

—¿Tío?

—¿Sí, cariño?— cuestionó suavemente.

—¿Hay algo que pueda hacer?

No sabía a que se refería, pero estaba claro que tratase de lo se tratase si estaba Natalia de por medio haría lo que fuera.

—Solo tenle paciencia— me sonrió.

—¿Mas?— le devolví la sonrisa intentando bromear.

—Más. Sé que la quieres mucho y harás lo que tu corazón te diga.

Lo miré confusa, no sabiendo a que venía todo aquello exactamente.

“Tal vez él… ¡ya! ¡Nic! ¡No pienses estupideces!”

—Nicole, sabes cuanto te aprecio. Mas que como mi sobrina en todo este tiempo he aprendido a verte como otra hija más. Me siento realmente orgulloso de ti, no solo por como has conseguido llegar hasta donde estas ahora, sino también por la fuerza y la templanza que has tenido a la hora de enfrentar todo lo que la vida te ha dado. Soy consciente de que te ha castigado mucho, diría demasiado…ya es tiempo para ser feliz, te mereces serlo…

—Gracias…— susurré inaudible antes de verme de nuevo entre sus brazos.

—Por nada cariño— me sonrió antes de separarse. Comenzó a caminar hacia la puerta y estaba ya por salir cuando de se giró.

—¿Tienes algún plan para esta noche?

—Uhm, no…creo que no, ¿por qué?

—¿Te apetece cenar conmigo? Me gustaría comentarte algo referente a negocios.

—Ok, ¿a qué hora me paso?

—Si no te parece mal me gustaría quedar fuera de casa. Tú sabes, allí habrá mas jaleo y me gustaría poder hablar tranquilamente contigo. ¿Te parece bien en el brasero de la avenida San Luis?

—Perfecto, no hay problema. ¿A las nueve y media va bien?

—A las nueve y media va bien, nos vemos entonces— me sonrió antes de terminar de abrir la puerta y salir.

“¿A que ha venido todo esto? Definitivamente cada día entiendo menos…¿será que me estoy haciendo vieja y estoy perdiendo facultades?”

Suspiré antes de bordear mi escritorio y sentarme a continuar con mi trabajo.

***

—¿Y papá?— pregunté entrando a la cocina.
—Uhm, salió a hacer unos recados, ¿por qué?— respondió mi madre sin dejar de planchar.

Me dejó esto en la mesita— le mostré el papel, el cual ni miró.

—Ah, ya…algo me comentó…

—¿Y no se le ocurre decírmelo antes? Son casi las ocho y media— miré el reloj de la cocina.

—Bueno, aun te da tiempo…No se te ocurra no ir, que mira que tu padre ya sabes como se pone, además, es importante.

—No si se nota…Dios, no entiendo a que tanto misterio… Salí de la cocina y subí las escaleras malhumorada.

Apenas tenía una hora para adecentarme un poco y largarme al lugar donde me había citado con tanta insistencia.

Conseguí salir por la puerta un cuarto de hora antes de lo acordado pensando, pobre de mí, que era mas que suficiente para llegar a tiempo. Un partido de fútbol tiró abajo todos mis planes. Eran casi las diez de la noche y aun estaba metida en el taxi.

—Mire, mejor me bajo aquí, donde voy está a apenas cinco minutos.

—¿Seguro que en su estado puede?— me miró escéptico el conductor a través del retrovisor.

—Quédese con el cambio— dije dándole un billete y saliendo del vehículo.

“Demonios, estoy embarazada, no soy invalida…” pensaba malhumorada mientras caminaba por la calle.

Diez minutos más tarde estaba entrando por la puerta del restaurante.

—Perdone, tengo reserva en la mesa trece.— dije al chico de la entrada.

—Buenas noches, acompáñeme por favor— me lanzó una sonrisa colgate tan blanca que casi me ciega.

Lo seguí a través del restaurante. Si que mi padre me invitara a cenar a un restaurante a través de una nota me había sorprendido, lo que encontré al llegar a la mesa no fue menos.

—¿Tú?

***

avatar
anita
Yujuu! me empieza a gustar el foreo
Yujuu! me empieza a gustar el foreo

Cantidad de envíos : 208
Fecha de inscripción : 06/03/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 13th 2016, 5:58 pm

Miré el reloj de mi muñeca para solo comprobar que apenas habían pasado tres minutos desde la última vez que lo había mirado. Suspiré resignándome al hecho de que teniendo en cuenta la puntualidad de Miguel, me había plantado.

—¿Le gustaría que le vaya entregando la carta, señorita? —me cuestionó el camarero por tercera vez desde que había llegado a la mesa.

—No, gracias, esperaré un rato mas— le sonreí amablemente esperando que se esfumara de mi lado pero lo único que conseguí fue que se quedara mas pasmado mirándome bobamente.

“Genial, lo que me faltaba ahora… ¿Qué no hay mas clientes a los que mirar? ¿Tiene que ser precisamente a mí?”

Estaba tan ensimismada jugando con el tapón de la botella de agua que no me percaté de la llegada de alguien a mi lado.

—¿Tú?— la escuché decir. Elevé la mirada encontrando a una Natalia con cara de pocos amigos.

—¿Qué haces aquí? ¿Y tu padre? ¿Le sucedió algo?— me levanté de la silla temiéndome lo peor.

—No es necesario que finjas conmigo. Ya me di cuenta de que todo es una encerrona— dijo malhumorada.

—¿Cómo?— cuestioné confusa.

—¿Ahora también eres sorda o qué?

—¿Pero de qué rayos hablas? Si estoy aquí es porque tu padre me citó, no para verte a ti.

—¿Les apetece que vaya trayendo la carta?— entró a escena el bobo.

—¡No!— respondimos ambas al unísono atrayendo la atención de varios comensales.

—Señoritas por favor…mantengan la calma, están en un lugar publico— apareció inexplicablemente el chef a nuestro lado.

Me senté en mi silla esperando que Nat hiciera lo mismo, y así hizo. Nos quedamos mirando fijamente.

—Muy bien, les iré trayendo unos entremeses para ir abriendo boca. Nada mejor que llenar el estómago para verlo todo con mas claridad— comentó el tipo consciente de que poco caso le hacíamos. Desapareció dejándonos a solas en la mesa.

—Si estoy aquí es porque tu padre vino esta mañana a mi oficina y me invitó a cenar. Me dijo que tenía negocios que comentarme.

—Al menos a ti tuvo la decencia de decírtelo en persona. A mí me dejó esta nota en la mesilla de noche mientras dormía la siesta — me entregó el papel. Lo leí.

—Hola cariño, me gustaría invitarte a cenar esta noche, solos tú y yo. Hay demasiado de que hablar, demasiado que saber…llegó la hora de conocer el puzzle…es hora de pensar con el corazón…

—Te espero a las nueve y media en el brasero de la avenida San Luis, mesa 13. No me hagas esperar mucho… Miguel
PD: Ponte bella para mí.

Fruncí el ceño al comprobar que lo que decía la nota podía perfectamente ser aplicado a mi persona. El recuerdo de la conversación con mi tío en la mañana vino a mí.

“Sé que la quieres mucho y harás lo que tu corazón te diga”

—¿Tú entiendes algo? porque yo no…empiezo a pensar que a este hombre ya le llegó el Alzheimer. ¿Nic? ¿Nicole me estás oyendo?

Aparté la mirada del papel para encontrarme con unos confusos ojos verdes.

—¿Te encuentras bien?— su tono de voz sonaba preocupado.

—Si, solo estaba pensando. Creo que ya sé porque tu padre nos citó aquí.— admití dejando el papel sobre la mesa.

En ese preciso instante volvió a aparecer el chef barrigón con un plato de entremeses y una botella de agua.

—Pa que vayan haciendo boca…en un momento les traen la carta.

—¿Agua?— cuestionó Nat al ver como le colocaba la botella al lado— Creí que esto era un restaurante con glamour— se quejó.

—Y yo creía que dado su estado usted no podía beber alcohol.

—¿Y me trae agua? Pa el susto, ¿no?— inquirió indignada.

—Por favor, algo más nutritivo, que ese pobre niño tiene que desarrollarse— intercedí yo también.

El tipo me miró antes de agarrar la botella y dejarnos de nuevo a solas.

—¡Y traiga la cartaaa!— gritó Natalia— Bueno, que me decías…— siguió volviendo la atención a mí mientras se apoderaba de un trozo de queso del plato recién traído y comenzaba a roerlo. Comencé a reír— ¿Qué? Tu misma dijiste que el pobre niño tenía que desarrollarse.

—Claro…el pobre niño…tú lo que sigues siendo es una glotona de cuidado— me burlé.

—Y a mucha honra.

Sonreí y estaba por hablar cuando de nuevo el bobo de la carta, esta vez con ella entre sus manos, apareció a nuestro lado.

—La carta— dijo tendiéndole una a Natalia. Se quedó un rato observándome de nuevo sin decidirse a dármela a mí. Nat lo notó.

—¿Es para hoy o para mañana?— le soltó notando su bobería. El tipo prácticamente me arrojó el libro saliendo por patas.— Los hay simples…— comentó volviendo la atención a su menú.

“Y las hay celosas…” pensé mientras sonreía.

—¿El menú trae chistes ahora?— siguió con su tono borde.

—¿Y a ti te picaron los chinches en la siesta?— la miré burlona. Se limitó a fruncir los labios y a mirar la carta de nuevo.

—Tomaré un churrasco— dijo entregándole su carta al chef que de nuevo casi por arte de magia había aparecido a su lado.

—Lo mismo— inquirí tendiéndole la mía.

—Copiona…— me miró entrecerrando sus ojos dirigiendo la copa de agua a sus labios.

—Tal vez…

—Aun lo recuerdas…— sonrió.

—¿Por que iba a olvidarlo?

—No lo sé…ha pasado mucho tiempo…— comentó mientras con el tenedor pinchaba el mantel de la mesa.
—Natalia… ¿podemos hablar?

—¿Qué no lo estamos haciendo ya?— cuestionó mientras seguía haciendo agujeritos. La paré antes de que el mantel pareciera un queso emmental.

—Es importante— afirmé con la mano aun sosteniendo la suya. El gesto pareció sacarla de sus pensamientos, haciendo que toda su atención se desplazara hacia mí.

—Tú dirás…

—Esa nota fácilmente podría ser mía— le admití.

—¡Sabia que era una trampa!— intentó levantarse de la mesa.

—¡No! ¡Espera!— la frené— La cosa no es así.

—Pues explícate mejor porque definitivamente no entiendo.

—Lo que quiero decir es que lo que dice esa nota podría aplicarse a mí…y a ti.

—Ya… ¿Cuántas botellas de vino te has bebido mientras esperabas?— me miró incrédula.
Continué ignorando su comentario.

—La mañana que tu padre me citó en su despacho, después de la graduación, me reveló algo que no sabía. Algo que ni siquiera imaginaba.

—¡Sabia que ese día había sucedido algo ahí dentro! ¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿No confiabas en mí?

—Claro que si confiaba…pero tu padre me hizo prometerle que no lo haría. Él pensaba que no era necesario.

—¿Qué fue lo que te contó?

—El no mucho…me entregó una carta de mi padre…en ella me contaba el porque de muchas cosas de mi vida…

Paré mientras el recuerdo de esa mañana venía a mí. La mano de Natalia sobre la mía me hizo salir del trance y mirarla a la cara. La dulzura que tantas veces atrás había visto en esos ojos verdes me saludó.

—¿Qué decía?— cuestionó suavemente, mientras con el pulgar acariciaba el dorso de mi mano.
Estuvo enfermo y no me dijo…murió a causa de un cáncer…— la suave caricia me animó a continuar.— También me contó la verdad sobre su vida…el por qué nos habíamos pasado los años yendo de un lugar a otro.— sonreí agriamente— Dios, no tengo ni idea de por donde seguir…

—Vas bien— me sonrió intentando tranquilizarme.

—Regresé a Londres con el fin de continuar la búsqueda de mi padre. Para buscar a su madre.

—¿Perdona? Ahora si que me perdí…— afirmó confusa.

—Mi padre y tu padre no son hermanos. Mi padre fue adoptado por los abuelos cuando aun era un bebé, al igual que tu padre.

—Pero... eso no puede ser, papá nunca me ha dicho…

—Y por eso me hizo prometerle que no te lo diría.

—¿Y por qué lo haces ahora? después de tanto tiempo… ¿qué sentido tiene?

—Es la verdad, es justo que la supieras algún día. Y la nota decía que ese día había llegado.

Separó su mano de golpe de la mía y se apoyó contra el respaldo de su silla. Una mueca de dolor atravesó su rostro antes de comenzar a acariciarse la abultada tripa.

—¿Te encuentras bien?— cuestioné preocupada al tiempo que me levantaba de mi silla y me arrodillaba a su lado. Me miró desde arriba durante unos instantes antes de responder.

—Sí, solo fue una patada. Al parecer Dani tendrá suerte y saldrá futbolista.

Sonreí ganándome su sonrisa.

—¿Puedo?— pedí permiso elevando mi mano al aire, insegura de que aceptara.

—Claro que puedes— susurró sujetándola y llevándosela al vientre. Un nuevo golpe me dio la bienvenida— Parece que le gustas— me sonrió.

—¿Sí? ¿Te gusto?— inquirí acercando mi rostro al hinchado abdomen. Otra golpe pudo notarse.— Uy, ¿eso es un sí? si es un si da dos golpes más— Nat comenzó a reír y mas aún cuando los dos golpes fueron dados— Si, sabia que eras una niña inteligente— continué acariciando la tripa no demasiado consciente en ese momento ni de lo que hacia ni de lo que había dicho.
Sus platos.

La inesperada voz del chef casi me cuesta la mesa como gorro y veintiocho puntos de sutura en la cabeza.

—Lo siento— dije saliendo de debajo del aun tembloroso mueble acariciándome mi dolorido tarro de las ideas.

—¿Estas bien?— preguntó preocupada Natalia a la vez que tomaba asiento en mi silla y trataba de ignorar las caras que en ese momento estaban vueltas hacia a mi cuchicheando lo que supuestamente andaría haciendo debajo de la mesa.

“Panda de chismosos pervertidos…”

—Si, estoy bien.

Miré al chef con cara de pocos amigos mientras colocaba el plato de carne frente a mí.
—Gracias— susurré a entre dientes antes de que se alejara.

—¿De verdad estas bien?— cuestionó de nuevo mi acompañante alargando su mano a través de la mesa y colocándola sobre la mía. Observé durante unos instantes su gesto antes de enfrentar su mirada. Le sonreí.

—No te preocupes, tengo la cabeza dura.

—No, si se nota…— comentó guasona separándose de mi y agarrando el cuchillo y el tenedor.

Hice lo propio.

—Buen provecho.

—Igualmente, esto tiene una pinta…agg— soltó los cubiertos de repente.

Alcé la mirada de mi plato solo para encontrarla de nuevo sujetándose la tripa.

—¿Otra?

—No…creo que mas bien fue una contracción— la noté palidecer un poco. Me levanté corriendo arrodillándome a su lado al igual que había hecho antes y comencé a hacerle aire con la servilleta.

—¿Estas bien? ¿Quieres ir al hospital?

—No, estoy bien…me dan a veces, no te preocupes— respiraba pesadamente.

—¿Cuándo sales de cuentas?

—En dos semanas o así.

—¿Segura que no quieres que te lleve al hospital?— pregunté insegura.

—De verdad, estoy bien. No es la primera vez que me pasa. Hoy esta algo rebelde.— se acarició la tripa.—

—¿Seguimos comiendo?

—Como quieras…— me levanté sentándome en mi sitio. La observé llevarse el tenedor a la boca y masticar.

—¿Qué?— cuestionó elevando sus cejas.

—Nada…— cogí mi tenedor y comencé a comer yo también.

—No me has terminado de contar que sucedió en Londres, ¿encontraste a tu abuela?— habló de repente volviendo al tema.

—Si…— sonreí— Me costó años, pero la encontré.

—Me alegro, tendrás que presentármela algún día.

—Ya la conoces…— me miró con el ceño fruncido— Vive conmigo— le aclaré.

—¿La señora Norman? ¿Tu vecina?— preguntó alucinada.

—Uhm, si…surrealista, ¿no? Imagina, mi padre tantos años buscándola y la tenía al lado.

—Y tu tantos viajecitos de “negocios”, y la seguías teniendo al lado— se encargó de remarcar lo dicho.

—Sigues molesta conmigo por eso— entré en el tema.

—No, no lo estoy. Sabía que me querías a pesar de todo, aprendí a verlo hace mucho…el hecho de que siempre parecieras marcharte en el momento menos indicado no significaba lo contrario. Tenías tus motivos, solo que no supe verlo en su momento. Supongo que anduve demasiado centrada en mi... en lo que sentía…y me olvidé de ver el resto…— bajó la mirada.

—Lo siento…

Mi disculpa la hizo levantar la mirada hacia mí.

—No te disculpes. Tú no tuviste la culpa. Fue un cúmulo de circunstancias casuales lo que nos llevó al punto al que llegamos.

—Torpezas del destino.

—No lo hubiera descrito mejor— me sonrió – ¿Sabes? muchas veces he tratado de resignarme al hecho de que si el destino quiso que sucediera de esa forma, era porque realmente tenía que ser así.

—¿Y lo conseguiste? ¿Te resignaste?— pregunté sin poder apartar la mirada de sus ojos verdes.

Y estaba por responderme cuando noté como el dolor de nuevo cruzaba su rostro.

—¿Natalia?— susurré al ver que agachaba la cabeza y se encogía ligeramente.

—Nicole…o ya sufro incontinencia urinaria o acabo de romper aguas…

—Mas bien va a ser lo segundo— comenté levantándome como un resorte de mi silla y yendo a su lado— Tranquila, respiremos— sujeté sus manos y comencé a respirar por la nariz y expulsar el aire por la boca.— Sigue, no pares.

—¡No seas boba!, como voy a parar… qué quieres, ¡¿que me asfixie?!— gritó a través del dolor llamando la atención de varios comensales.

—Shh, no te alteres, focalízate en respirar…voy a buscar el coche.

Intenté separarme pero lo único que conseguí fue que me apretara aún más las manos.

—¡No!¿Que piensas dejarme aquí?— gritó entre dientes.

—Voy a buscar el coche…


—Está bien, está bien…

La ayudé a levantarse y comenzamos a caminar hacia la puerta.

—¿Está de parto? —preguntó mi bobo admirador al pasar por su lado.

—¡Tú que crees descarado baboso! No, si te parece solo estoy ensayando pa cuando llegue el momento— le escupió Nat.

—Oh, señorita, ¿llamamos a una ambulancia?— apareció el chef de la nada haciéndome pegar un bote.

—¿Pero usted en lugar de andar levita o qué?— inquirí molesta de que no parecieran ver la gravedad de la situación a juzgar por como no paraban de frenarnos.— No se preocupe, gracias— lo rodeamos y salimos.

—¿Estás bien?

—No, estoy de parto— respondió borde mientras caminaba a duras penas.

—Tranquila, no es bueno que te alteres…

—No, si estoy muy tranquila… ¡¿Dónde está el puñetero coche?!— gritó histérica mientras intentábamos cruzar la avenida.

Me saqué las llaves del bolso y abrí la puerta del copiloto ayudándola a entrar. Rodeé el coche y subí arrancando el motor.

—¿Te encuentras bien?

—¿Tú me ves bien?— gritó intentando respirar.

—Pisé mas el acelerador a través de la avenida sorteando a varios coches.

—¿Me quieres llevar a la sala de parto o a la del forense? —gritó sujetándose al agarrador de la puerta como quien se agarra al flotador mientras se ahoga. La ignoré acelerando mas— ¡Eso tu acelera mas y traumatizamelo antes de nacer! ¡que cuando lleguemos va a estar tan acojonao que no va a querer salir!

—No te preocupes, conozco a buenos psicólogos— comenté entrando por el camino destinado a ambulancias de urgencias.

—Si, se nota lo bien que te han dejado….— siguió con la verborrea aun ya habiendo salido del coche. Cogí una silla de ruedas de la entrada y volví al auto abriendo la puerta— …una inconsciente, una inconsciente psicópata, ¡eso es lo que eres!— siguió recriminándome mientras la ayudaba a subir a la silla. Instalada en ella la dirigí corriendo a través del pasillo de urgencias. Los médicos no tardaron en hacer el resto.

***
avatar
anita
Yujuu! me empieza a gustar el foreo
Yujuu! me empieza a gustar el foreo

Cantidad de envíos : 208
Fecha de inscripción : 06/03/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 14th 2016, 11:53 am

—¿Dónde está?— pregunté a la enfermera que en ese momento me preparaba en la sala de partos.

—¿Quién?— cuestionó extrañada.

—¡La psicópata que me trajo!

—Tuvo que quedarse fuera esperando. Lo siento, no puede pasar nada más que el esposo.

—¡¿Qué esposo y qué niño muerto?!Ay Dios, cariño, tu no has escuchado eso, no le hagas caso a mamá, tapate los oiditos…— comencé a acariciarme la tripa. Al notar que la enfermera estaba por marcharse volví a gritar— ¡¿Dónde cree que va?!¡Tráigame a la psicópata!

—Lo siento, son reglas del hospital, ya le he le dicho que…

—¡Y yo le he dicho que me la traiga! ¡Ni tengo esposo ni me interesa tenerlo!¡Y ahora llame a mi novia!— grité fuera de mi pareciendo la niña del exorcista.

Salió asustada de la sala para instantes después volver acompañada por Nicole y dos tipos en bata azul y gorro blanco que no tardaron en posicionarse entre mis piernas.

—Tranquila, ya estoy aquí— intentó calmarme Nic acariciándome el cabello y dándome su mano.

—¡¿Dónde demonios andabas?! Llevo… ¡Ahhh!— no pude acabar, el dolor era cada vez mas insoportable. —

—¡¿A qué hospital tercermundista me has traído que ni la epidural me han puesto?!

—Tranquilícese señora, está en buenas manos— intentó tranquilizarme uno de los tipos de bata azul y gorro blanco.

—¡Señorita! ¡Es señorita!— grité.

—Shh, no te alteres cariño…— hizo el intento de calmarme mi acompañante.

—¡No estoy alterada! ¡Estoy de parto!

—Muy bien señorita, llegó el momento, ¡empuje!— me ordenó el tipo que aún seguía con la cabeza entre mis piernas.

—Comencé a hacer fuerza y empujar.

—Señorita, ¡empuje mas!— volvió a ordenarme.

—¡Dile a esos pitufos que empujar es lo que hago!— agarré a Nic del cuello de la camiseta poseída por el dolor.

El llanto de un bebé no tardó mucho en inundar la sala.

—¡Enhorabuena señorita! ¡Ha tenido usted una niña!

***
Los calidos rayos del sol sobre mi cara hicieron que poco a poco fuera abriendo mis aun pesados parpados. Miré alrededor del blanco y aséptico cuarto intentando recordar como había llegado hasta allí. El cuerpo de Nicole acurrucado en el sillón de al lado de mi cama me hizo recordar la agitada noche que habíamos tenido.

“¿Y mi bebé? ¿Dónde está mi bebé?” Reparé al mirar de nuevo alrededor de la habitación.

Comencé a moverme con la intención de levantarme.

—¿Dónde crees que vas?— preguntó una ronca voz a mi lado.

—¿Dónde está mi bebé?— la encaré.

—Tranquila, está en la incubadora— dijo levantándose y comenzando a desperezarse.

—¿En la incubadora? ¿Qué le pasa?¿Está bien?— cuestioné asustada mientras la zarandeaba.

—¡Wou! ¡Wouuu! tranquila chica…se encuentra perfectamente. Dijeron que esta mañana la subirían ya a la habitación.

—¿De verdad no me mientes? ¿De verdad está bien?

—De verdad que está bien. Decidieron que como había nacido un poco antes sería bueno meterla unas horas nada mas, pero está perfectamente— me sonrió intentando tranquilizarme.

—¿La has visto?

—Si, es preciosa— volvió a sonreírme— Al igual que su madre.

Sonreí tímida agachando la cabeza. Recuerdos de la noche pasada llegaron a mi mente.

—Nic, yo…siento todo lo de anoche.

—No te preocupes, es normal, estabas nerviosa y asustada.

—Histérica es mas bien la palabra— hice una mueca con mis labios.

—Pss…ná…no se notó mucho…— sonrió.

—Dios, que vergüenza…— me agaché tapándome la cabeza con la sabana.

—Ey, claro que no…lo hiciste muy bien— dijo bajando mi defensa contra el mundo.

—Sí, gritar, ¿no?— de nuevo me tapé.

—Bueno, eso también— volvió a destaparme.

—¿Llamaste a casa?

—Sí, llamé a eso de las siete. No quise despertarlos antes. De todas formas tu seguías sedada.

—Hasta tuvieron que sedarme…tierra trágame…— comenté ocultándome otra vez.

—Jaja, ya no seas cobarde. Conmigo estas a salvo del mundo.

—Lo sé— le sonreí.— Gracias por haber estado conmigo todo el tiempo…por haber…— sus dedos sobre mis labios no me dejaron articular mas palabras.

—Shhh, no agradezcas nada. Ha sido lo mas bonito que me ha sucedido en la vida— la sinceridad de sus ojos azules me hizo estremecer.

—¿Más que yo?— me aventuré a preguntar. Me sonrió antes de responder.

—Podría hacerle frente con decisión si quisiera— comenzó a acercar su rostro hacia mí.

—¿Pero ganaría?— susurré con sus labios casi pegados a los míos.

—No lo sé, tal vez si se esforzara un poco…— nuestras bocas se juntaron para al instante, con el ruido de la puerta, separarse.

—¡¿Dónde está la mamá más preciosa?!— gritó mi padre entrando a la habitación.

—Miguel, no grites, que estamos en el hospital— le regañó mi madre, que poco siguió su propio consejo—¡Natalia! ¡Mi amor!— gritó abalanzándose sobre mi y abrazándome. Papá, copión él, le repitió el gesto.

—Hola mamá, papá…

—¡Mi bebé! ¡¿Dónde está mi bebé?!— gritó mi madre separándose de mi y mirando de repente hacia todos lados.

—¡Si! ¿Y mi nieto? ¿Dónde está mi nieto?— miró papá a Nat.

—Sigue abajo, en la incubadora. Supongo que lo subirán en un rato.

—Y papá…es nieta— le saqué la lengua desde la cama.

—Oh, ¡otra princesita!— sus ojos se pusieron brillantes de repente.— No puedo esperar…— se levantó y salió por la puerta.

—Nos miramos las tres antes de comenzar a reír.

—¿Cómo estás cariño?

—Bien, algo incomoda, pero bastante bien— le sonreí a mi madre.

—Me alegro, que bueno que Nicole estuviera contigo todo el tiempo— la miró y le sonrió.

—Si…— acordé dirigiéndole una mirada yo también.

—No fue nada…— intentó restarle importancia.

—Claro que lo fue, no sé que hubiera sido de mi Nat sin su Nic.

Miré sorprendida a mi madre por lo que acababa de decir. Pareció ignorarme.

—Cariño, si quieres puedes irte a casa a descansar un rato. Te la cuido de mientras— le sonrió de nuevo.

—¿Me la cuida?— una afirmación de su cabeza y una sonrisa picara fue la respuesta de mi madre— Gracias— la besó en la mejilla antes de dirigirse hacia mí— Pórtate bien, en un rato regreso— me susurró en el oído antes de acercarse y besarme cerca de la comisura de mis labios. Cerré los ojos ante el suave contacto. Cuando los abrí ya se había marchado dejándome a solas con la mujer que me conocía mejor que yo misma.

—¿Habéis hecho las paces? ¿O tu padre tendrá que seguir haciendo de Celestina?— cuestionó picara.

—¿Desde cuando lo sabes?— pregunté sorprendida.

—Desde el mismo día que posaste tus ojos sobre ella en el aeropuerto. ¿O que acaso me vas a negar que no sentiste mareo?— cuestionó burlona. Sonreí al recordarlo.

—A ti no te…

—¿Importarme? ¿Por qué iba a importarme? Por mi está perfecto. Sé que es la única persona que te ha hecho, te hace y te hará feliz.

***
Antes de irme a casa no pude evitar pasarme por la habitación de las cunitas de los recién nacidos. Al llegar encontré a Miguel chupando el cristal mientras le hacia fiestas con sus manos a su nieta, la cual dormía placidamente pasando olímpicamente de él.

—¿Qué? Practicando, ¿no?— inquirí risueña poniéndome a su lado.

—Es tan dormilona como la madre…y tan bonita, se parece mucho a ella cuando nació— siguió babeando.

—Entonces no cabe duda de que tendrás que apartarle los enamorados a palazos, ¿eh abuelo?— le hablé echándole un brazo por los hombros.

—Abuelo…suena bien, ¿no?— comentó sin dejar de mirar al bebé.

—Si, suena perfecto. Será la envidia de todos en el cole por tener un abuelo metrosexual.

—Jaja, anda, ¡¡ya quita!!— intentó apartarme de él en broma.

—Es preciosa, ¿verdad?— comenté fijando mi atención en el bebé que en ese momento parecía despertar.

—Mucho… ¿Nicole?— cuestionó sin dejar de mirar hacia el cristal.

—¿Si?— encaré su perfil. No tardó mucho en girarse y mirarme a los ojos.

—¿Resolviste anoche tus diferencias con Natalia?— la seriedad de sus ojos marrones enfocados en los míos me hizo revolverme incomoda.

—Uhm, bueno… si te refieres a si le conté la verdad, si, lo hice— miré de nuevo al bebé.

—Siento si te molestó que te hubiera mentido de esa forma, pero aun así, lo volvería a hacer.

—No, no me molestó. No te preocupes— admití sin dejar de mirar a través del cristal muy a pesar de que sabía que su mirada estaba sobre mi.

—¿Entonces?— continuó.

—¿Entonces que?

—¿Resolvisteis lo vuestro? Me giré ante su pregunta.

—Si, ¿cómo lo sé?— sonrió antes volver la vista hacia su nieta— Tengo ojos Nicole. Solo hace falta mirar los suyos o los tuyos para verlo. Siempre lo he sabido y lo cierto es que nunca me ha importado. Al contrario. Me sorprendió tanto como a ti que Nat se comprometiera con David, incluso que aceptara salir con el. De sobra era conocido que parecía buen chico y me gustaba, pero también sabia que ella no lo amaba. No sé si comenzó algo con él por soledad o simplemente por agradarme a mi. A pesar de todos los años que habían pasado, a pesar de evitarte… nunca dejó de quererte, por mucho que tratara de negar la evidencia seguía enamorada de ti. ¿Sabes? me arrepiento de haberte pedido hace años que no le dijeras nada, me culpo a mi mismo por no haber sido capaz de contárselo personalmente…Ese secreto acabó con vosotras, destruyó su felicidad, tu felicidad…— una lagrima comenzó a caer por su mejilla.

—Tío, no tienes la culpa de nada. Cuando las cosas no se dan, no se dan. No importa lo que hagamos por cambiarlas, por evitarlas. Si sucedió así, es porque tenía que ser así.

—Eso es un pensamiento demasiado conformista, ¿no crees?

—Tal vez lo sea, pero de nada sirve atormentarse por algo que no sabes siquiera si hubiera funcionado. Sí, ha sido doloroso…pero también lo que ha sucedido nos ha hecho crecer, madurar…y lo mas importante, ha hecho que este bebé exista— sonreí volviendo mi atención hacia la cuna que teníamos en frente.

—Cierto…— dirigió también su mirada— Pero no puedes llegar a imaginar cuanto le ha costado a mi hija luchar por ese bebé. No solo le costaste tu, también su orgullo. Ella estaba dispuesta a darlo todo por su hija, incluso a seguir con David a pesar de sus abusos.

—¿Qué?— miré de nuevo su perfil.

—No te lo llegó a contar, ¿verdad? Tuvo que volver a España y dejar su trabajo allí porque el muy cerdo no la dejaba. Tan bueno que parecía y el muy cabrón la maltrataba. Por eso cuando vino a intentar llevársela a la fuerza lo echamos a patadas.

—Desgraciado de mierda…— susurré entre dientes mientras poco a poco iba sintiendo como la sangre comenzaba a helárseme.

—Nicole, tranquila. Ese imbécil pasó a la historia. No creo que se le ocurra volver a acercarse. Y más ahora que sabe que ella no está sola.— colocó una mano en mi brazo intentando calmarme.

—Mas le vale, porque no responderé como me lo encuentre de frente— escupí con ira.
Y yo tampoco te frenaré— rodó sus ojos de manera cómica. No pude evitar sonreírle.

—Bueno, será mejor que me vaya marchando. Tengo unas cosas que hacer antes de regresar.

—Gracias Nicole.

—¿Por qué?

—Por todo…por…

—Tío, no hay nada que agradecer…y si ese fuera el caso la única que tendría que hacerlo soy yo— lo paré antes de que siguiera.

—Bueno, como sea, gracias— me sonrió.

—Por nada. Debo irme— lo besé en la mejilla— Nos vemos luego.
Miré por última vez al bebé antes de comenzar a caminar hacia la salida.


Apenas tres horas mas tarde, tras ir a casa y hacer unas llamadas a la oficina, estaba entrando de nuevo a la habitación del hospital. La escena que encontré me resultó de lo más tierna.

—¿Te vas a quedar como un pasmarote en la puerta o vas a pasar?

—Uhm, sí claro— respondí tímida entrando al cuarto.

—Cualquiera diría que nunca me has visto medio desnuda comentó con gracia mientras seguía dando el pecho a su hija.

—Bueno, sí…— sonreí acercándome a su lado y tomando asiento en el sillón.

—La trajeron hace como una hora. Está hambrienta.
Observé a la pequeña comer tranquilamente, ajena a cuanto la rodeaba exceptuando su fuente de alimento.

—¿Se fueron hace mucho tus padres?

—No, hace apenas quince minutos o así. Después de que te fueras vinieron Alex, Dani y su novia.

—Estuviste bien acompañada entonces— le sonreí.

—Sí…por cierto, gracias por las flores. Son preciosas— dirigió su mirada hacia el ramo colocado pulcramente en un jarrón antes de mirarme y sonreírme.

—¿Y por qué piensas que son mías?— inquirí burlona.

—Porque la nota te delata— me sacó la lengua— ¿Papá te ha comentado algo de lo de anoche?— cuestionó de repente seria.

—Si, hemos estado hablando de ello. Me ha contado varias cosas más.

—Ellos lo sabían, todo el tiempo— admitió colocando a la niña sobre su hombro mientras intentaba ponerse bien la ropa.

—Trae— me levanté y cogí al bebé entre mis brazos.

—Gracias— sonrió colocándose bien el camisón.

Me quedé observando al bebé entre mis brazos. Dormía placidamente. Acerqué mi rostro y besé suavemente su frente antes de colocarla en la cuna.

“Nunca permitiré que nadie te ponga un dedo encima. Aunque tu madre y yo nunca volvamos a estar juntas para mi siempre vas a ser y serás mi pequeña”

La miré desde arriba durante un rato mas antes de volverme y encontrarme con la mirada de la única persona que había amado y amaría el resto de mi vida.

—¿Qué?— cuestioné tomando asiento a su lado. Enseguida tomó mi mano entre la suya.

—Nada, veía como te quedaba mi hija— comentó con una sonrisa.

—Ah, ¿sí? ¿Y como me queda?— elevé mi ceja siguiéndole el juego.

—Como siempre había imaginado, perfecta.

—¿Siempre?— inquirí acercándome a su rostro.

—Si, siempre….— miró mis labios dudosa antes de comenzar a mover su rostro.

Pero un toque en la puerta acabó con la magia.

—¿Se puede? vengo a ver como van— apareció en la habitación uno de los médicos que había atendido el parto

—¿Puede salir un momento, por favor?

Miré a Nat antes de acercarme y besar su mejilla.

—Nos vemos ahora— le susurré.

—Si…

Salí del cuarto para apenas diez minutos más tarde volver a entrar.

—¿Se despertó?— pregunté situándome a su lado.

—Sí, el doctor estuvo examinándola— siguió meciendo a la niña entre sus brazos.

—Es preciosa— puse voz a mi pensamiento sin proponérmelo.

—Claro, tiene a quien parecerse. A nosotras que somos divinas.

—Si, sobretodo— reí por su comentario.

—Hablo en serio. De mayor será como tu, quiero que sea como tú— susurró mirando al bebé con una sonrisa colgada en sus labios.

—Pobre niña entonces…— hice una mueca con mi cara.

—Para nada. Será la niña mas afortunada del planeta. Así como lo es su madre— afirmó mirándome a los ojos mientras decía esto ultimo.

—Te quiero Natalia— susurré a la par que veía como sus labios se iban acercando a los míos.

—Y yo a ti, Nicole, te quiero…

Fue lo último que dijo antes de que sus labios conquistaran mis labios y mi corazón de forma absoluta.

¿Sabéis? No fue hasta ese día que comprendí el por qué de las torpezas de mi vida, el por qué de las torpezas del destino. Sin duda el camino había sido largo y tortuoso, pero había llegado a mi destino, a mi meta, había llegado a mi anhelado queso... Nadie me lo había robado…todo el tiempo estuvo ahí, esperándome…

Simplemente, y al contrario de lo que siempre pensé, nunca antes había llegado al final del laberinto.
avatar
anita
Yujuu! me empieza a gustar el foreo
Yujuu! me empieza a gustar el foreo

Cantidad de envíos : 208
Fecha de inscripción : 06/03/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Torpezas del destino

Mensaje  Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.