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Torpezas del destino

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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Marzo 26th 2016, 9:49 pm

Cerré la puerta de un portazo para después apoyarme en ella e intentar calmarme.

—¡¡Agghh!! ¡¡Es insoportable!!— comencé a dar vueltas por la habitación— Siempre tiene que tener la razón, ¡siempre! ¡la odio!¿Por qué tiene que ser tan condenadamente perfecta?¡la odio!¿por qué tuvo que meterse tan dentro de mi?¡la odio!¿por qué tiene que llevarme siempre al extremo?— me senté al fin sobre la cama— ¿Por qué tengo que sentir esto?— me tapé la cara y me tiré hacia atrás quedando boca arriba— Natalia, eres una imbécil integral… imbécil por sentir algo imposible… y mas imbécil por comportarte como una imbécil, y nunca mejor dicho— miré al blanco techo – ¿Por qué siempre tienes que complicarlo todo? ella te da su amistad, su cariño… y tu te aprovechas cuando te conviene… y la mandas a volar cuando te apetece… Y solo porque odias sentirte tan estúpida… tan débil… Bonita forma de demostrar tu fortaleza inexistente.

Me quedé unos instantes mas en esa posición, hasta que voces procedentes del pasillo llamaron mi atención, me levanté pensando que tal vez serían las chicas, pero las voces pasaron de largo. Suspiré.

—Creo que casi va a ser mejor que vaya yo misma a buscarlas.

Salí de la habitación y puse rumbo hacia el patio trasero donde tenía lugar fiesta. A esas horas de la noche parecía encontrarse en su punto álgido. Caminé entre la multitud de gente mientras trataba de otear el horizonte de cabezas buscando las dos que se me habían perdido.

—¿Me buscabas?— me susurró una varonil voz cerca de mi oído. Me giré.

—Vaya, tu, que sorpresa… te llamabas Adrián, ¿no?

—Sip, Natalia… ¿y tus amigas? ¿No vinieron?— noté que me miraba con cierto brillo en sus ojos.

—Uhm… si, creo… lo cierto es que las perdí de vista hace un rato. Intuyo por tu pregunta que no las has visto.

—No, para nada… seguramente encontraron a alguien interesante y fueron a conocerse mejor a un lugar más privado, tú me entiendes.

—Si, te entiendo… — no pude evitar sentir una punzada de dolor en mi interior de solo pensar en que tal vez fuera cierto, que ella hubiera encontrado a alguien interesante y ahora estuviera con el.

—¿Por qué no vamos allá al fondo? mis amigos y yo conseguimos una mesa. Estaremos mas cómodos— me miró sugerente.

Oteé de nuevo el horizonte esperando que por alguna casualidad aparecieran las chicas entre la multitud. Una calida mano se situó en la parte baja de mi espalda, intentando guiarme a través del batiburrillo de gente. Me di la vuelta.

—Adrián, lo siento, no creo que sea buena idea… mejor sigo buscando a mis amigas, estoy preocupada.

—Vamos, ya están creciditas… — acercó peligrosamente su cuerpo al mío haciendo que se rozaran mientras comenzaba a bailar a mi lado— Piensa en ti y diviértete por un rato— siguió bailando mientras ladeó ligeramente su cabeza y comenzó a acercarse a mi cara.

—¿Sabes? estoo… me encantaría quedarme aquí contigo pero acabo de recordar que tengo que hacerme la depilación pa mañana poder ponerme el bikini, nos vemos— di media vuelta y salí del bullicio para dar a parar a la barra del bar.

—Hola, perdone… ha visto a una chica alta, como de metro ochenta, morena, ojos azules… llevaba una camiseta negra de tirantas y unos jeans azules… — pregunté al tipo de la barra que en esos instantes lavaba algunos vasos en el fregadero.

—El bellezón que vino a por la borracha dices…—Si… un momento, ¿que borracha?

—La chica de los dos chupitos de fresa con nata… Castaña, un poco mas alta que tu…

—¡Andi!

—Sí, creo que la morena la llamó así…

—¿Se marcharon hace mucho?

—Pss… no sé… estuvieron bailando un rato y luego se marcharon… hará como diez o quince minutos…

—Vale, gracias— le guiñé un ojo.

—De nada, ¿no te tomas nada, guapa? Invita la casa—me sonrió poniendo un chupito vacío frente a mi.

—No gracias… otro día será— le sonreí antes de darme la vuelta y volver a sumergirme entre la multitud.

***

—¡¡Diablos Andi!!— exclame nada mas sacar el cuerpo inerte de la amiga de mi prima del agua. La coloqué suavemente en el borde de la piscina y comprobé sus constantes vitales. Su pulso era débil, pero no respiraba. Comencé rápidamente a poner en práctica todos esos años de enseñanza en primeros auxilios. Iba por la segunda insuflación cuando comenzó a toser.

—Cof cof.

—Ya ya… tranquila, respira…

—Cof cof… que ha… ¿que ha pasado?— me miró desde abajo asustada.

—Te tiraste al agua, ¿no recuerdas? Se quedó pensativa por un instante.

—Oh, si… ¿me has besado?— abrió sus ojos de forma exagerada, casi cómica.

—Uhm… tanto como besar…

—¡¡Me has besado!!— se levantó como un resorte del suelo resbalándose en el proceso y cayendo sobre su trasero— ¡Ouch!

—No te he besado… Solo junté mis labios con los tuyos para hacerte un trasvase de aire— le tendí mi mano para ayudarla a levantarse. La aceptó.

—¡Pues eso en mi tierra es conceptuado como besar! Nat me va a matar como se entere…

—Oye, espera, un momento… ¿como que te va a matar cuando se entere?

—¿Eh? ¿Verbalicé eso en voz alta? Elevé mi ceja esperando una respuesta.

—¿Por qué no solo lo olvidamos? No le decimos nada a nadie, ¿vale? Aquí no pasó nada.

—¿De qué te avergüenzas exactamente?¿Del hecho que estabas tan pedo que no dudaste ni un segundo en tirarte a la piscina aun no sabiendo nadar o del hecho de que te salvé la vida haciéndote el boca a boca?

—De ambas— me miró— Ya sabes como es Nat… no le cuentes… — me suplicó.

—Porque sino te matará.

—Nicole, es una larga historia…

—¿Y? tengo toda la noche— me senté en una hamaca mientras la miraba con una ceja alzada. Se sentó a mi lado y miró hacia al suelo por unos instantes antes de alzar la mirada y enfrentarse a mi.

—Creo que no debo ser yo quien te hable de ello, sino Nat… Son cosas de ella, entiende… yo no soy nadie para contártelas… Solo, sé paciente… a ella le está costando asumir todo esto… pero lo está haciendo…

—Está en algún lío, ¿verdad?— pregunté insegura de por donde iban los tiros.

—Si… pero es un lío del que nadie puede ayudarla a salir… solo ella puede encontrar la luz en la inmensa oscuridad.

—¿Por qué las chicas de aquí siempre sois tan crípticas?— sonreí haciéndola sonreír.

—Solo ten un poco de paciencia…

—No te preocupes, lo haré.

—Gracias…

—Por nada… gracias a ti… por ser tan buen amiga.

—Tiene sus ventajas… las cuales te explicaría… pero me estoy helando— hizo una mueca abrazándose a sí misma

— ¿Podemos marcharnos?

Nos levantamos de la hamaca y comenzamos a andar hacia nuestra habitación.

***

¿"Que diablos les pasa a los tíos? ¿Que acaso llevo un cartel en la frente que diga chica fácil con lucecitas de neón y música? "

Abrí la puerta del cuarto esperando encontrar a las chicas dentro, pero la oscuridad y el silencio fue lo único que me recibió al entrar.

"Que boba eres… esperando encontrarlas aquí, como si no tuvieran cosas mejores que hacer que estar encerradas en la habitación de un hotel viendo la tele y comiendo helado contigo… dios, necesito… " Apoyé mi cabeza en la pared " Necesito aclararme de una puñetera vez, no puedo seguir así… tengo… tengo que contarle… ¿qué tal si me equivoco y resulta que ella siente lo mismo? " . Me di la vuelta y me dejé caer al suelo. " Si, claro, y luego vas y te despiertas " . Suspiré " Reconozcámoslo, ¿qué probabilidades existirían de un sí por su parte? Una entre un millón, si es que menos " . Giré la cabeza y vi mi reflejo en el espejo de uno de los armarios.

—Mírate… para ella no eres nada mas que una niñata egocéntrica… — sonreí agriamente a mi reflejo— Y tal vez esté en lo cierto…

Volví mi vista hacia la ventana donde un majestuoso cielo gobernado por una blanca y brillante luna con un sequito de estrellas tras de sí me dio la bienvenida. Un recuerdo golpeó en mí, penetrando en el interior de mi consciencia y hablando como si tuviera vida propia.

" Nat, la gente puede decir lo que quiera… lo importante es lo que tu creas que eres no lo que crean ellos… tu eres quien mejor se conoce a sí misma " .

—Y quiero que me conozcas así… pero me da miedo… me da mucho miedo el solo hecho de pensar que aquello que veas te guste menos que la visión que ya tienes de mí…

Noté que la puerta se abría y me giré. Eran ellas.

—¿Que os ha pasado? Venís empapadas.

—¿Y tu que haces ahí tirada? Pareces una cucaracha albina— fue la respuesta de Andi.

—No te desvíes de la conversación— me levanté y me acerqué a ellas.

—Estuvimos nadando un rato… hace una noche muy calurosa— se acercó al armario como si nada y comenzó a coger algo de ropa seca.

—Ya… ¿y nadasteis antes o después de haber estado bailando?— ambas me miraron— ¡Oh, si! ¿Cómo lo sé? me lo dijo el tipo de la barra… Yo preocupándome por vosotras y las señoritas bebiendo, bailando y nadando.

—No saques conclusiones de algo que no has visto… — trató de intervenir Nicole poniéndose a mi lado.

—¿Que no saque conclusiones? Te recuerdo que tú te la pasas sacándolas todo el tiempo.

—¡Ya dime! ¿Que puñetas te pasa conmigo? ¿Tienes algún problema? ¡Porque si lo tienes ya dímelo de una condenada vez a la cara!… ¡Estoy empezando a cansarme de tus prontos y tus niñerías! ¿No querías a Andi? ¡Pues fui a buscártela! No me vengas ahora con celos estúpidos e ideas que solo están aquí— me tocó ligeramente la sien con un dedo. Se dio la vuelta abriendo la puerta dispuesta a salir de nuevo de la habitación, pero alguien bloqueaba la salida.

—¿Tú? ¿Me puedes explicar que mierda se te perdió aquí?

—Parece que no llego en un buen momento… — Adrián buscó mi mirada desde el pasillo.

—Tu solito lo notaste… ¡aire!

—Nic… — me acerqué a su lado mirándola en un intento por pedirle tregua. Se apartó ligeramente de donde estaba haciéndome más sitio y permitiéndome que hablara con nuestro visitante— Adrián, ¿qué querías?

—Bueno, yo solo venía a traerte esto… debió caérsete mientras bailábamos antes— me fijé en su mano donde estaba la pulsera que Nicole me regaló por Navidad, miré mi muñeca por reflejo y comprobé que no estaba.

—Oh, gracias… no me había dado ni cuenta de que la había perdido, gracias— la cogí— Significa mucho para mi— dirigí mi mirada hacia mi lado, pero Nic la evitó, entrecerró sus ojos y miró al chico.

—De nada… pregunté a uno de los chicos que conocí anoche y…

—Sí, muy bien, ya subiste, le entregaste la pulsera y te agradeció… no hay mas. Ahora si nos haces el favor… ahuecando el ala— Nic comenzó a mover su mano en un claro gesto por que se marchara.

—Oh, si… Natalia, fue un gusto haberte visto antes… Ojalá hubiéramos podido pasar más rato juntos. Intuyo que tu y yo nos hubiéramos llevad…

Nic cerró la puerta en sus narices, la miré iracunda mientras le apartaba las manos del pomo y volvía a abrir solo para encontrarme con un Adrián más blanco que el papel por el susto del portazo a escasos centímetros de su nariz.

—Lo siento… se voló— le sonrió falsamente mi prima.

—Disculpa… — intenté disculparme— ¿Te encuentras bien?— le toqué en el brazo.

—Uhm, si… bueno, me voy— miró a mi prima antes de dirigir su mirada hacia a mi de nuevo— A ver si podemos volver a vernos antes de que nos marchemos.

—Si, gracias de nuevo por la pulsera… hasta luego.

—Hasta luego— se dio la vuelta y comenzó a caminar por el estrecho pasillo.

Cerré la puerta y miré a Nic a mi lado.

—Bonitos modales enseñan en el colegio inglés— me di la vuelta y comencé a dirigirme hacia el baño, pensando, pobre de mi, que la conversación había sido zanjada ahí.

—Si, pero en el colegio español no creas, que tampoco se quedan atrás— me giré ante su respuesta— Apuesto a que en la asignatura de cinismo eras la mejor— Abrí mi boca para responderle pero sorprendentemente nada salió— Tranquila, no hace falta… como siempre sacaré mis propias conclusiones.

Abrió la puerta y ahora si salió. Me quedé parada en el sitio, incapaz de pensar calmada y racionalmente todo lo que acababa de suceder en apenas cinco minutos. Miré la pulsera en mi mano mientras lagrimas venían a mis ojos.

" Imbécil, doblemente imbécil… no sabes nada mas que complicarlo todo… " .

Comencé a sollozar levemente.

—Ey— unos brazos me sostuvieron desde atrás. Me giré y una mirada tranquila se encontró con la mía— Tranquila— trató de secarme las lagrimas— Creo que llegó amiga… llegó el día y la hora en la que salgas ahí fuera y te aceptes a ti misma dando el primer paso.

—No… — me rehuí de su abrazo secándome las lágrimas casi a golpes con mis manos— No es el momento…

—Sí que lo es— trató de nuevo de acercarse a mí— Y lo sabes… solo que estas asustada.

—No…

—Natalia— me agarró por los hombros y me hizo mirarla— Es el momento de que dejes de pensar con esto… — señaló mi cabeza— y pases a pensar con esto… — y señaló mi corazón—

—No… — comencé de nuevo a sollozar.

—Sí, ella está esperando una respuesta por tu parte. Y sabes que es justo que se la des. Justo para ti, y justo para ella— la miré entre lágrimas solo para encontrarme con esos cálidos ojos que parecía que nunca dejarían de sorprenderme.

***

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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Marzo 26th 2016, 10:05 pm

"¿Pero esta niña de que coño va? Primero nos hecha la bulla porque según ella estuvimos bailando y luego resulta que ella acabó haciendo lo mismo… y con ese… ese…¡¡ese mamarracho!! ¡Por dios! Pensé que tenia mejores gustos " .

Paré al fin de caminar. Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no me había parado a mirar hacia donde me habían llevado mis pies. Suspiré mientras el húmedo aire marino me calaba hasta los huesos a través de mi ropa empapada. Mire hacia la inmensidad del mar, tratando de ver algo sin realmente verlo. La luz del faro a lo lejos consiguió llamar mi atención.

"Solo ella puede encontrar la luz en la inmensa oscuridad… " . La conversación que minutos antes había tenido con Andi volvió a mí.

"¿Por qué tiene que ser tan complicada?… Es un completo enigma… Un enigma que logra atraer tu atención como si fuera un imán… ¡Dios! ¿Por qué tiene que afectarme tanto? Nicole tu no eres así… Que está sucediéndote que esa niña te tiene sorbido el seso… ¿Por qué rayos no paras de pensar en ella? Cada minuto, cada segundo… ¿Por qué simplemente no puedes sacártela de aquí? " . Me senté sobre una roca y sostuve mi cabeza entre mis manos. " Siempre he pasado olímpicamente de todo… Nunca he dejado que nada me afecte lo mas mínimo… Hasta cuando murió papá no supe llorar su
muerte… Fui incapaz de hacerlo, aceptarlo… ¿Y ahora? ¿Qué tiene ella de especial? Por qué me hace sentir así… débil… "

Apenas pude controlar las lágrimas que comenzaron a salir de mis ojos y a rodar por mis mejillas. Los apreté con fuerza mientras me rendía a mi silencioso llanto. Un llanto que se vio profanado cuando alguien posó una mano sobre mi hombro.

—Yo…

—Yo… —apreté el hombro que sostenía antes de acercarme a ella y abrazarla desde atrás— Lo siento— le susurré al oído. La noté temblar en mi abrazo pero no se separó de mí.

Le volví la cara suavemente haciendo que me mirara a los ojos. Lo que descubrí me partió el corazón en dos. Sus ojos me mostraron lo que en ese momento sentía su alma. Cansancio, impotencia, pero sobre todo dolor.

Acaricié su rostro, mientras me permitía por primera vez mirarla con todo aquel amor que sentía y que siempre había negado. Una lágrima comenzó a rodar por mi mejilla, pero un suave dedo se interpuso en su trayecto.

—Shh, no llores, todo está bien— me susurró con lagrimas en los ojos e intentando sonreír.

Acortó el breve espacio que quedaba entre nosotras y besó tiernamente mi cara deteniendo el sendero de otra lágrima. Se separó un poco quedándose quieta, su respiración era rápida aunque acompasada. Podía sentir su calido aliento golpeando en mi cara.

Me giré para observarla mejor, mantenía sus ojos cerrados. Acaricié de nuevo su mejilla mientras mi mirada viajaba a sus labios… tan cercanos, tan tentadores, tan deseables. Nuestras pupilas se encontraron, ladeó un poco la cabeza y nuestras narices se rozaron tímidamente. Observé como sus ojos cambiaban ligeramente de color y el brillo volvía a ellos, me estaba sonriendo. Le devolví la sonrisa sin apartar la mirada de la suya antes de sentir la caricia de sus labios primero en la punta de mi nariz y luego en mi frente.

—Todo está bien— repitió antes de separarse de mí.

—Nic, no, no está bien… Y lo sabes, yo… —dejé de mirarla incapaz de sostenerle la mirada por mas tiempo.

—¿Si?— me cuestionó suavemente sujetando mi barbilla y haciendo que la encara de nuevo.

—Yo… no he sido justa contigo en todo este tiempo… tu… yo… Dios, esto no tiene ningún sentido… — cerré los ojos y me aparté de ella dándome el suficiente espacio para pensar con claridad como expresar aquello que sentía— Yo…

—Estas confundida.

—No… si… quiero decir… tal vez un poco— me senté a su lado en la roca y suspiré— Ok, quizás algo más que un poco…

—Eres joven, es normal que tengas dudas… hasta yo las tengo…

—Pero siempre pareces tan segura…

—Tú dijiste, parezco.

Nos quedamos un breve instante en silencio, observando las olas del mar a través de la oscuridad.

—Estoy teniendo serios problemas para aceptarme a mi misma. Creía que lo tenía superado pero… lo que sucedió esta noche me hizo ver lo contrario. He intentado hacer que nada sucede, pero seamos realistas, está afectando a mi relación con los demás, contigo…

—¿Tan malo es lo que sientes que te repudias a ti misma?— me miró.

—No es que sea malo… es que no es correcto…

—¿Y por qué no es correcto? ¿Porque los demás no lo ven bien? ¿O porque tu sientes que no está bien?— me quedé un rato pensativa, asimilando las preguntas— Nat, lo que sientes… a pesar de la confusión… ¿te hace sentir feliz?

—Si… resulta paradójico…

—Entonces, ¿por qué no aceptarlo? Sé que es complicado… ¿pero verdaderamente lo has intentando? y me refiero a sin dejarte llevar por lo que piensen o dejen de pensar los demás.

No contesté sabiendo que tenia razón, estaba tan centrada en lo que los demás pensarían de mí que ni me había centrado en lo que yo pensaba.

—Lo intentaré…

—Sé que puedes hacerlo… yo te apoyaré… en lo que sea— sujetó mi mano.

—¿Aunque lo que me suceda sea raro?

—¿Te vas a transformar en sapo?

—No… — sonreí.

—Entonces… aunque lo que te suceda sea raro… Natalia, difícilmente, y a pesar de tus prontos, eres una niña que no sea haga querer… no he sido la excepción a la regla…

—¿Me quieres?— pregunté insegura.

—¿Tengo que responder para que lo sepas? — me sonrió mirándome fijamente.

—No… yo también te quiero mucho… aunque sepa demostrarlo tan mal… — sonreí agriamente.

—No se trata de quien lo haga mejor que quien, esto no es un concurso… se trata de lo que sientes en el interior de ti…

—Haces que todo parezca tan fácil…

—Las cosas no son fáciles ni difíciles, somos nosotros las que las hacemos de una forma u otra.

—¿Tratas de decirme que soy complicada?

—Upss, estooo— rodó sus ojos en un gesto bastante cómico. No pude evitar reír.— ¿Sabes? me encanta cuando ríes… tienes la sonrisa mas bonita que he visto en mi vida.

—Se nota que no has vivido mucho…

—Jaja, ¡¡oyee!! Hablo en serio… me gusta cuando ríes.

—¿Si? ¿Y hay algo mas que te guste de mi?— le pregunté sugerente y mas que interesada por los rumbos que estaba tomando la conversación.

—La forma en que te sonrojas…

—Yo no me sonrojo…

—¿Segura?— inquirió sonriendo de lado y mirándome con descaro.

—¡Eres cruel!

—Sí… pero aun así, te gusto y me quieres.

—¡Y además egocéntrica!

—Si bueno, tal vez un poco.

—¿Y cómo sabes que me gustas?

—Porque el sentimiento es mutuo.

—Lo de egocéntrica ya está fuera de cuestión… — rodé mis ojos y comenzó a reír.

Nos quedamos otro breve instante en silencio mirando el mar.

—Gracias Nic— noté que dirigió su mirada hacia a mí.

—¿Por qué? si no hice nada.

—Por ser así como eres… por aguantarme… por quererme a pesar de todo…

—Ya te dije que no es tan complicado como parece… — volvió a mirar hacia el frente quedándose un instante en silencio antes de volver a hablar— Creo que deberías decirle lo que sientes.

—¿A quien?—la miré extrañada.

—A la chica de la que estas enamorada— su mirada volvió a juntarse con la mía.

—Como supiste que yo… que…

Lo reconozco, la había subestimado y me había dejado lo que se dice k.o.

Siguió mirándome por unos instantes más, antes de volver su vista al frente. La vi parpadear varias veces antes de responder.

—Solo lo supuse… No había sido hasta esta noche que no lo había visto claro. No tienes porque avergonzarte de lo que sientes.

—No es tan sencillo.

—Y aquí vamos de nuevo…

Iba a responderle cuando la presencia de dos personas paseando por la orilla llamó mi atención. Iban agarradas de la mano mientras caminaban. Me volví hacia mi prima, ella también las observaba. La noté tiritar levemente.

—Nic, estas helada, vayámonos al hotel— le pasé un brazo por los hombros atrayendo su atención.

—Prométeme que le dirás… y que trataras de ser feliz— su mirada era vidriosa.

—Ya soy feliz con lo que tengo… para que ansiar más— le acaricié el rostro.

—Prométemelo, por favor, es importante para mi— susurró a la vez que una lágrima caía por su mejilla.

—Te lo prometo…

—Estoy bien… estoy bien…

—Tu cuerpo no parece decir lo mismo.

Estaba tirada sobre la cama, con un paño frío sobre la frente.

—Estoy bien…

—¡Hosti que guapoo! ¡Tienes voz de camionera!— comentó Andi entrando a la habitación.

—Más quisieras… que te ayude a hacer los coros…

—¿Le dijiste a la profesora?— cuestioné a mi amiga atrayendo su atención.

—Si, dijo que se pasaría en un momento…

—Genial, estaría bien que llamara al medico del hotel, creo que le subió la fiebre.

—¿A quien le dio fiebre? ¿Al besugo?— preguntó la enferma apartándose el paño y mirándonos asustada.

—Si, al besugo, fueron a traerlo de la piscifactoría para llevarlo al hospital… — trató de calmarla mi amiga sentándose a su lado— Pobrecica… le afectó a la chaveta… — le colocó el paño de nuevo sobre la frente tapándole media cara.

—No seas… solo delira… lleva hablando toda la mañana del dichoso besugo… — comencé a dar vueltas por el dormitorio— ¿Por qué no vienen de una puñetera vez?

—Tranquilízate… no creo que sea grave… seguramente un enfriamiento…

—¿Y desde cuando eres médico? – me detuve en mis pasos y la encaré, reparando en su cara herida— Lo siento Andi yo… solo estoy preocupada… — me acerqué y me senté a su lado contemplando a Nicole tumbada junto a nosotras— Todo esto es por mi culpa, como siempre.

—Ya… como no ahora sentimiento de culpabilidad al alza. Tenía que pasar y pasó, no hay más. No es momento para la caza de brujas buscando culpables.

—El besugo está enfermo… no podrá ir a la boda… — comenzó a moverse la enferma en la cama.
—Shh, tranquila… ya tiene el esmoquin, no puede faltar…— de nuevo empezó a susurrarle Andi.

—Eres la monda…

—¿Qué? ¿No será peor que le llevemos la contraria?

Me disponía a responderle cuando alguien tocó a la puerta.

—Al fin, ya voy yo… — pero no era quien esperaba— ¿tú?

—Hola, ¿que hay Natalia?

—Hola Adrián, lo cierto es que no me coges en buen momento.

—Vaya, parece que nunca acierto.

—¿Qué querías?

—Me enteré que ibais de excursión al castillo y pensé en recogeros para irnos juntos.

—Oh, bueno, no sé si podremos ir.

—¿Por qué?

—Nicole no se encuentra demasiado bien…

—Bueno, si ella no puede, no es motivo para que no vayáis vosotras… además, mejor sin el ogro— me guiñó un ojo— Te paso a recoger en quince minutos.

—¿Eh?— moví mi cabeza incrédula— Perdona, ¿que parte de la conversación no entendió tu única neurona exactamente?

—Yo bueno pensé…

—Me da igual lo que pensaras o dejaras de pensar, solo respeta y deja de andar metiéndote donde no te llaman. Y ahora si me disculpas… — le planté la puerta en todas las narices.

—¿Quién era?

—El pescador… quiere pescar al besugo… — soltó Nic moviéndose en la cama.

—Nadie que esperáramos. Parece que cada vez está mas caliente— comenté acercándome y tocándole la cara.

—Eso parece… voy a buscar de nuevo a la profe.

Vi a mi amiga desaparecer tras la puerta, me giré y encaré de nuevo a mi prima. Inconsciente ya, no paraba de retorcerse en su delirio.

—Shh, vamos, tranquila cariño…

La puerta se abrió de repente mostrando a mi amiga junto a la profesora y otro tipo bajito y rechoncho.

—Está ahí doctor— señaló Andi.

El médico se acercó a la cama y comenzó a examinarla.

—Parece que realmente está mal, ¿desde cuando lleva así?— nos preguntó la profesora.

—La temperatura le ha subido por momentos… pero desde hace como diez minutos que está inconsciente. — me apresuré a responder.

—Si, está realmente alta… cuarenta… le pondremos algo para ver si le baja un poco y le quitaremos la ropa a ver que tal…

Le quitamos la poca ropa que llevaba dejándola solo en ropa interior.

—Doctor, ¿está muy grave?— cuestionó mi profesora.

—Tiene algo de infección en la garganta, pero parece que lo único serio es la fiebre… con lo que le he puesto y unas compresas frías debería de bajarle…

—Chicas, me gustaría quedarme pero bien sabéis que soy la única profesora al cargo de la excursión, me queda o irme o mandarla suspender…

—Ya, no se preocupe… vaya, de todas formas aquí no hay mucho que hacer… todo depende de ella…
— traté de calmarla.

—Bueno, aquí os dejo mi numero de teléfono, si sucede algo me llamáis sin dudar…

—No se preocupe, yo también me pasaré de vez en cuando para vigilar como va— la tranquilizó el doctor.

—Muchas gracias doctor…

—No hay de qué… pásale unas compresas frías por todo el cuerpo, si ves que empeora no dudes en avisarme a través del teléfono en recepción, aun así me pasaré en un par de horas a ver como evoluciona— me comentó antes de salir del cuarto.

—Bueno, yo me voy marchando también, el autobús debe de estar en la puerta… Andrea, ¿tú también te quedas?

—Si… me quedo.

—Andi, no es necesario… además, bien sabemos lo ilusionada que estabas con poder ver ese castillo… — traté de convencerla.

—Ya… pero ese castillo no es más importante que mis amigas. No voy a dejaros.

—Pero aunque te quedes, no podrás hacer nada por ella.

—Andrea, Natalia tiene razón… no hay mucho que se pueda hacer por ella en este momento. Anda, vente y te distraes un rato, te vendrá bien.

—Sí, ve, te vendrá bien— comencé a empujarla hacia la puerta.

—Pero…

—Nada de peros, hazte unas buenas fotos del lugar y luego nos cuentas. No te preocupes por Nic, la cuidaré bien— le besé la mejilla.

—Ya, eso no lo pongo en duda. Si sucede algo promete que llamaras.

—Si, no te preocupes… vamos, ¡que el autobús se va!

—Ya ya… ten cuidado… nos vemos.

—Nos vemos— me despedí viéndolas perderse por el largo corredor.

La alta temperatura pareció remitir gracias al efecto del medicamento y las compresas frías. Serían algo más de las tres de la tarde, me encontraba tumbada a su lado leyendo mientras devoraba una chocolatina.

—¿Tu madre no te enseñó que no se debe comer tumbada?— una ronca voz susurró a mi oído.

—¿Nicole?— me giré sorprendida de que hubiera despertado de su largo letargo y no midiendo demasiado bien la distancia que apenas nos separaba.

— ¿Si?— cuestionó sensualmente mientras veía como sus ojos entrecerrados se dirigían hacia mis labios.

—¿Te encuentras bien?

—Oh si… — susurró acercándose un poco mas—¿Sabes? se te picaran lo dientes— comentó con su frente ya pegada a la mía.

Comencé a reir tontamente, producto de los nervios por la inesperada cercanía y no sabiendo exactamente si la niña seguía delirando o en realidad hablaba en serio. Pareció leer mi mente.

—Hablo en serio… y adiós a tu bella sonrisa… y ya nadie querrá besarte… o tal vez si… — terminó de acortar el poco espacio que nos separaba y juntó nuestros labios.

Al principio solo presionó delicadamente para luego comenzar a moverlos lenta y suavemente. Me dejé hacer y respondí, no cuestionándome demasiado si aquello estaba bien o estaba mal. Pero la presión y el movimiento de sus labios igual que comenzaron cesaron. Me separé algo confusa y la miré. Sus ojos permanecían cerrados y su respiración parecía pausada, nada que ver con la mía.

—¿Nic?— le susurré, pero no se movió del sitio. Se había quedado durmiendo de nuevo. Me quedé observando su rostro por unos instantes. Una plácida sonrisa asomaba a sus labios.

"¿Acaso lo habré soñado? "

Me levanté de la cama con cuidado y entré al baño sin hacer ruido. Una chica rubia de mejillas sonrosadas me dio la bienvenida.

Después de todo va a ser cierto que me sonrojo… dioses, me ha besado " Elevé mi mano y acaricié inconsciente mis labios. " En sueños, pero lo ha hecho…¿será que?… no Nat, un momento, amarra tu alocada fantasía y no la dejes volar muy alto, todo ha sido producto de la alta temperatura… " Comencé a refrescar mi acalorada cara.

¿Y si le quito las compresas frías y la tapo un poquito mas?… ¡¡yaa!!No puedo creer que esté pensando eso, ya ni sé quien está mas caliente " Me sacudí la cabeza en un intento por eliminar mis propios pensamientos. " Dios, ese beso fue… definitivamente el más tierno que me han dado en toda mi vida… me pregunto que hubiera pasado si no se hubiera quedado inconsciente de nuevo… ¡¡Yaa!!
¡¡Páralooo!!Todo ha sido producto de un cúmulo de circunstancias casuales, ¡¡ella no quería besarte!! ¡¡Ella solo estaba en mitad de su delirio!! " Salí del baño y me senté en una silla al lado de la cama observándola dormir tranquilamente. Me pregunto a quien besabas en tus sueños… no puedes llegar a imaginar cuanto le envidio "

***

Mi agradable y plácido sueño se vio interrumpido cuando noté que unos brazos intentaban cogerme.

—¿Eh? ¿Qué pasa?— abrí los ojos asustada y claramente desorientada. Los brazos pararon todo tipo de movimiento.

—Nada… solo quería pasarte a la cama… me da no se qué de verte así en esa silla, te vas a quedar sin cuello.

—¡Nic! ¿Estás despierta?— me levanté sosteniéndole la cara entre mis manos y mirándola fijamente.

—Uhm… sip, o al menos eso creo… ¿tengo pinta de estar dormida?— comenzó a mover los ojos a ambos lados intentando parecer asustada.

—No… lo siento, supongo que pensaba que de nuevo estabas delirando— la solté.

—Ahn… ¿y lo hice mucho?

—¿El qué?

—Pss delirar. ¿Te encuentras bien?— se acercó posando sus manos en mi cara de la misma manera que instantes antes yo había hecho con ella.

—Uhm, si… solo un poco desorientada… ¿qué hora es? ya es de noche… — me solté de su agarre y fui a mirar la hora.

"Imbécil, ¿que creías? ¿Que se iba a acordar acaso? "

—La hora de la cena seguro, tengo hambre. ¿Dónde está Andi?

Encontré ropa sobre el sillón y comencé a doblarla ausente.

"… Eso te pasa por montarte películas tu solita " .

—Ajam…

—¿Nat?

—Sí, es normal, no has comido en todo el día.

—Natalia— unas manos se posaron sobre mis hombros y me hicieron volverme— Que sucede… — sus ojos me miraban extrañados, confusos, preocupados.

—Yo…

" ¿Qué? no me digas que ahora piensas decirle… ya te vale, mejor calladita que estas mas bonita, si ella no se acuerda no serás tu quien se lo recuerde… ¡solo fue un beso! No tiene mas misterio… puede vivir perfectamente sin ese preciso detalle "

—¿Tú?— esperó pacientemente.

—… Solo intento recoger un poco esta leonera, Andi debe de estar a punto de llegar de la excursión y tenemos que ir bajando a cenar— me giré y seguí de nuevo con mi tarea.

—Siento mucho que tuvieras que quedarte sin excursión por cuidarme.

—No te preocupes, no fue nada… de todas formas tampoco me hacia demasiada ilusión— dije de espaldas y sin mirarla.

—Ya… aun así, gracias…

La noté quedarse clavada en el sitio, esperando una respuesta por mi parte que me negué a concederle. Viendo que la conversación había quedado zanjada en ese punto fue al baño y se encerró. Me volví para contemplar la puerta.

—Eres gilipollas Natalia, acabaste de disipar toda duda.

***
—… Y esas lámparas colgando del techo… ¡woooaa! En mi vida he visto tanto lujo junto. Deberíais de haber visto las escaleras… ¡¡enormes!!¿Recuerdas cuando vimos la Bella y la Bestia, Nat?¡¡pues igualitas!!Y el techo… ¡¡Dios!! ¡¡Parecía que tenia diamantes incrustados! barrococo total, o sea, ¡barroquísimo!

—Parece que te gustó— comentó Nic dejando el tenedor a un lado y echándose hacia atrás satisfecha en su silla.

—Ya veréis las fotos… ¡es que es impresionante! ¿Y que tal vosotras? ¿Os aburristeis sin mí?

—Y luego te quejas de que yo soy egocéntrica— apuntó el comentario mi prima hacia mí.

—Es que tu le ganas— le sonreí burlona.

—¿Ah si? ¿Y en que mas le gano?—alzó una ceja.

—Bip bip, tiempo, estoo… os recuerdo que estoy aun aquí.

Me limité a morder mi cuchara mientras dirigía una mirada traviesa a mi amiga. Mirada que no pasó desapercibida por Nic.

—Uhm, bueno chicas, mejor voy volviendo a mi guarida…

—¿Te sientes mal?— pregunté preocupada mientras comenzaba a palparle la frente y las mejillas.

—Jaja, no… ¡quitaa! tengo una reputación que mantener.

—Sí, no seas tan sobona— añadió mi amiga. Le dirigí una mirada atravesada antes de volver la atención de nuevo a mi prima.

—Espera un momento que acabe esto y te acompaño.

—No hace falta, de verdad estoy bien, no te preocupes— se levantó— Pasadlo bien chicas, buenas noches.

—Buenas noches— respondimos ambas.

—¡Al fin solas! ¿Qué ha pasado aquí hoy? con pelos y señales, cuenta— me atacó Andi en cuanto Nic estuvo lo suficientemente lejos.

—¿Que va a pasar? Que Nic estuvo durmiendo durante casi todo el día y yo estuve leyendo tu novela rosa, que por cierto es un asco. A ver si empiezas a invertir mejor tu dinero.

—¿Casi? ¡Ajam! ¡Entonces sucedió algo!

—¿Y por qué piensas que sucedió algo?

—Porque para mí eres como un libro abierto… tu cara lo dice todo.

Mordí mi cuchara mientras mentalmente me debatía si debía contarle lo sucedido a mi amiga o simplemente debía arrojarlo al baúl de los trastos viejos de mi memoria y cerrar el cofre bajo llave. Decidí el camino fácil sabiendo a ciencia cierta que no podría retenerlo por mucho tiempo en el limitado espacio de mi cabeza.

—Me besó — solté de repente.

—¡¿Que?!— gritó con ojos desorbitados y la mandíbula casi rozando la mesa.

—Pss… que me besó.

—Ya, ya entendí… ¿entonces?

—¿Entonces que?

—¡Que si hay algo!

—¿Debería?

— ¡Pues te besó!

—¿Y?

—¿Como que y?— sus ojos parecía que en cualquier momento se desprenderían de su cara.

—Estaba soñando… — comenté dejando a un lado mi postre.

—A ver… déjame que rebobine… me estas contando que te besó… ¿en sueños?

—Sí… así como quien no quiere la cosa, se acercó y me besó.

—En sueños…

—En sueños.

—¿Seguro que la que deliraba hoy era solo ella? no tendrás fiebre… — comenzó a palparme la cara.

—¡Me besó! Estaba leyendo tu asquerosa novela al borde de la sobredosis por tanto empalago cuando se despertó… se acercó a mi… y me besó.

—Oye que es una novela muy romántica, a ver que va a pasar… ¡entonces si te beso! ¿Y que pasó? ¿Habéis hablado de ello?

—No, no hemos hablado. No pasó nada porque se durmió y al parecer tampoco se acuerda ni de lo sucedido, lo cual viene a ser bueno.

—¿Cómo que bueno? amiga, las cosas pueden solucionarse entre vosotras, tal vez si tengas esa oportunidad, si te besó es por algo.

—Claro, por fiebre alta. Mira Andi, fue un beso nada mas… no voy a ponerme a hacer castillitos al aire solo por eso, no quiero más falsas ilusiones. Lo mejor es que me olvide de lo que pasó y que trate de olvidarme de ella.

—¿Ah si? ¿Y cómo lo harás?— me miró inquisitivamente cruzando los brazos sobre su pecho y apoyando la espalda en la silla.

—No sé… no me presiones…

—¿Ves? Tu misma sabes que no podrás.

—¡Ya calla!— empecé a malhumorarme sabiendo que mi amiga estaba en lo cierto.

—No me da la gana, sabes que es verdad y tendrás que aceptarlo. ¿Qué le contaste anoche?— siguió indagando.

—No mucho, lo cierto es que ella solita lo averiguó… no le habrías dicho tu, ¿no?

—¿Qué? O sea, ¿que ahora me ves como una vil chivata? esto es demasiado… Me preguntó que qué te pasaba y solo le dije que mejor lo hablara contigo. Yo no tengo nada que ver. Te dije que la chica no era estúpida, que acabaría por darse cuenta… — me miró claramente indignada por haber pensado siquiera que podía haber traicionado mi confianza.

—Lo siento Andi, sabía que tu no habías sido… solo estoy nerviosa…

—Ya, venga, tranquila… —intentó calmarme.

—Se lo tomó bastante bien, para serte sincera, mejor de lo que hubiera pensado… aunque fue extraño…

—¿Por qué?— cuestionó mi amiga intrigada.

—Piensa que estoy enamorada de otra chica, me hizo prometerle que le diría a esa persona. Ella… me lo pidió entre lágrimas— Agaché mi cabeza mientras el recuerdo de la noche anterior volvía a mí.

—Wow… ella siente algo…

—Te dije que pararas con eso Andi… no me hace ningún bien, te lo aseguro.

—Lo siento amiga, pero veo que aquí hay algo más que cariño fraternal por su parte. No te digo que esté locamente enamorada de ti pero de sentir, siente algo… ¡y voy a averiguarlo como que me llamo Andrea Estrada Carmona!

—Estás loca… — le sonreí.

—Sí, estoy loca por verte de una puñetera vez feliz.

***
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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Marzo 27th 2016, 10:32 pm

Caminé de regreso a la habitación casi en piloto automático. Mi cabeza seguía aún en el comedor donde Natalia y Andi se habían quedado.

" Es ella, estoy segura… He visto como se tratan, como se miran… Dios, ¿por qué tiene que dolerme tanto? a fin de cuentas no es como si yo… ¡ni lo pienses porque no! no es… ¡viable! ¡es tu prima!… además, está colada por su amiga de toda la vida… aunque fuera el caso, no hay nada que hacer… ¡y no te gusta! ¡tu no te fijas en las chicas de esa manera! " Moví mi cabeza tratando de poner orden mis pensamientos mientras abría la puerta. Un ruido a mis espaldas me hizo volverme.

—Como no… tu…

—Hola, ya veo que te alegras de verme— espetó Adrián.

— ¿Y por que será que intuyo que el sentimiento es mutuo?—comenté irónica.

—Pensaba que estabas enferma…

—Tu dijiste, estaba, ¿qué se te perdió por aquí?

—Una bonita chica rubia de ojos verdes, ¿la has visto?

—Uhm… no, creo que no… a no ser que te refieras a mi novia.

—¿Tu novia?— cuestionó extrañado.

—Si, la rubia con la que comparto habitación… ¿te referías a ella?

—Ella no es…

—¿No es que?— elevé mi ceja. Me miró frunciendo el ceño. — Te recomiendo que te alejes de ella si no quieres pasarlo mal… muy muy mal.

—¿Me estas amenazando?

—Prefiero que lo tomes como una advertencia, y ahora si me disculpas… — abrí la puerta de la habitación y entré.



" Genial Nicole… bonita forma de librarte del tipo. Por tu bien mas te vale que solo desaparezca y no le vaya con el cuentico a Natalia, porque la has pifiado colega " .

Me dirigí al armario y agarré mi pijama. Estaba terminando de ponérmelo cuando escuché un suave toque en la puerta. Me acerqué y abrí pensando que de nuevo sería el mamarracho.

—¿Que te picó ahora?— pregunté nada mas abrir. Unos ojos verdes me miraron confusos al otro lado del pasillo.

—Pues ahora que lo dices… un mosquito. Mira lo que me hizo el condenao— me mostró su dedo ligeramente hinchado por la reciente picadura— ¿Puedo pasar? ¿O esperas a tu amante de Verona?

—Si claro, lo siento… es solo que pensaba que de nuevo sería ese pesado— me hice a un lado permitiéndole el paso.

—¿Qué pesado?— preguntó dirigiéndose al baño y poniéndose agua fresca en el dedo.

—Adrián… preguntó por ti…

—¿Pero que le pasa a ese tío?

—Que le gustas, eso le pasa, y tampoco lo culpo por ello— admití en el marco de la puerta. La vi cerrar el grifo pensativa antes de encararme.

—¿Qué le dijiste?

—¿Prometes no gritar ni enfadarte conmigo?— cuestioné insegura.

—Esto se pone interesante— se acercó a mi elevando ambas cejas en un claro gesto de estar esperando una respuesta.

—Le dije que eras mi novia.

Su cara fue todo un poema. Elevó más las cejas, desvió la mirada hacia un lado y volvió a mirarme arrugando el ceño.

—¿Y se lo tragó?

—Ni idea…

—Pues ojalá me deje ya de una puñetera vez tranquila con eso. Aunque bueno, mañana nos vamos… no creo que volvamos a verle.

Salió del baño desvistiéndose de camino hacia el armario.

—Entonces, ¿no estas molesta conmigo?

—No, ¿debería?— me miró antes de sacarse la camiseta.

—No, supongo— entré al baño incapaz de seguir fuera mirando otra cosa que no fuera su cuerpo.
" Estamos muy mal… ¿desde cuando acá te vienes fijando en los cuerpos desnudos de las chicas? "

—Pues eso, no estoy molesta. No hay motivo, me lo quitaste de encima, al contrario te debo de estar
agradecida, ¿o no?— cuestionó entrando a mi escondite y sacando su cepillo de dientes— ¿zabes? De no haber zido tu la que ze lo dijera hubiera zaltado yo— habló con el cepillo en la boca.

—¿Y Andi? creía que pasarías un rato a solas con ella.

—Ze fue con un chico que conoció en la ezcurzión… ez zimpático.

—¿Y eso no te molesta?

—Para nada… mucho mejor… se ve majo, vamos que sino no la hubiera dejado a solas con el tipo— salió del baño. La seguí.

—¿Y no te importa que esté con él?

—¿Por qué debería de importarme?— se volvió encarándome.

—¿No es Andi?

" Dios, que ridícula soné preguntando eso… "

—¿No es que?— preguntó extrañada, mirándome como si en ese momento me hubiera salido un tercer ojo en la cara.

—La chica que te gusta.

Apenas había acabado mi frase cuando comenzó a reír como loca. La observé sin saber que era aquello que había dicho que le provocaba tanta gracia. Mi cara si que debió de decirle algo a ella.

—Lo siento… lo siento— se disculpó tratando de calmarse de su ataque de risa. Enarqué mi ceja derecha esperando una respuesta— No es Andi… Andi es solo… Andi… ¿que aun no has visto la obsesión que tiene por los buenorros? ¿Tendré que llevarte al oculista?

Comenzó a reír de nuevo contagiándome esta vez.

—Que estúpida soy, pensé…

—Ya, no te preocupes, es normal… es mi amiga de toda la vida y siempre estamos juntas. Yo también lo hubiera pensado, pero no, Andi es como mi hermana. Creo que nunca la podría ver de esa manera, de hecho me cuesta verla así.

—Si, entiendo…

—¿Satisfecha ya tu curiosidad entonces?

—No exactamente… pero bueno.

—Solo deja que todo siga su curso— bostezó— Y usted señorita debería irse yendo a la cama ya, mañana será un laaargo día.

—Sí, mamá…

***

Ok, no es Andi… ¿entonces quién? Tampoco es que salga con mucha más gente. Uhm, piensa Nicole… ¿que tal si es del chat? Eso lo explicaría… ok, tampoco es que se pase la vida conectada… de hecho lo hace de higos a brevas… ¡¡la cubana sabrosona!! ¡No hay otra! ¡Apuesto a que es ella! Sí, ahora entiendo toda esa extraña correspondencia de lado a lado a todas horas… ¡tiene que ser ella! "

La música de mi mp3 dejó de sonar en ese momento, lo agité inconsciente golpeándolo contra la mesa, el sonido invadió de nuevo mis oídos.

¿Y qué si es ella? Tampoco es como si me importe demasiado quien sea… Vale, tal vez un poco, pero solo curiosidad… ¿curiosidad? Mas quisieras, ahora vas y lo cascas, ¡no te lo crees ni tú! " .

La música volvió a detenerse.

"Maldito cacharro, eso me pasa por comprar en los restos "

Me lo quité y lo tiré estrellándolo contra el suelo.

"¡Esta bien! ¡Lo admito! ¡Los celos me consumen! ¿Y qué? Esa niña me gusta más de lo que creía. Lo que siento por ella me rompe todos los esquemas que creía tener bien asentados… va mas allá de una relación puramente fraternal, pero ¿y qué? No hay nada que hacer al respecto, porque analicemos fríamente la situación, uno: es mi prima, dos: está colada por los huesitos de otra persona y tres:… ¿había tres? "

Fruncí el ceño a la vez que me levantaba del sitio y comenzaba a dar vueltas por el dormitorio.
Ok ok, pensemos de nuevo quien puede ser… cuanto antes lo sepa antes puedo destrozarle todos los huesitos "

Abrí mis ojos sorprendida de mis recién descubiertos pensamientos psicópatas.

"¡Maldita sea! ¿Por qué tiene que ser tan complicado solo fingir que no pasa nada? ¿Y si le digo? "

Paré todo movimiento " Sí, claro, como no… ¿pero tu eres lela o que te pasa? Como si no tuviera ya bastante con sus quebraderos de cabeza pa que encima tu le eches mas "

Me abalancé sobre la cama quedando boca abajo.

—Papá… ojalá estuvieras aquí… tu siempre tenias la solución a todo… — me giré cambiando de posición encarando al techo— ¡Y tú! ¡Quien quiera que sea que esté allá arriba! ¡Dame una puta respuesta por una vez en mi vida!

***

Abrí los ojos consciente del movimiento y el ruido que había al otro lado de la cama en la que me encontraba tumbada. Me giré lentamente descubriendo a la causante de mi despertar. Estaba echada a mi lado, inmersa en la lectura de un grueso libro que apenas podía sujetar entre sus pequeñas manos mientras roía ausente una chocolatina. Decidí acercarme al darme cuenta de que no se había percatado de mi despertar.

—¿Tu madre no te enseñó que no se debe comer tumbada?— susurré cercana a su oído con una voz demasiado ronca para mi gusto.

—¿Nicole?— se giró sorprendida hacia mí quedando sus labios a escasos centímetros de los míos.

—¿Si?— pregunté con un tono descarado mientras no evitaba dirigir mi mirada hacia esos prohibidos y sensuales labios.

—¿Te encuentras bien?— cuestionó bastante confusa.

—Oh si… — susurré en el mismo tono acercando más mi rostro al suyo— ¿Sabes? se te picaran lo dientes— para aquel entonces su frente y la mía eran una.

Comenzó a reír nerviosa. Su mirada confusa lo dijo todo.

—Hablo en serio… y adiós a tu bella sonrisa… y ya nadie querrá besarte… o tal vez si… — terminé de acortar el poco espacio que nos separaba y junté nuestros labios. Al principio solo presioné delicadamente esperando obtener una respuesta por su parte.

Respuesta que no tardó en llegar cuando noté que sus labios comenzaban a bailar al son de los míos.

— ¿Nicole?— una delicada mano se posó sobre mi hombro agitándolo suavemente.

—Uhm… no pares…

—Nicole… estas soñando… ¡despierta! ¡Vas a llegar tarde a tu graduación!

—¿Eh?— abrí los ojos encontrándome de nuevo con esos tentadores labios— ¡Dios!— me levanté de repente, golpeando en el camino mi cabeza con la de mi prima.

—¡Auch! Tía, ¡tranquila!

—Lo siento, me asusté… ¿te hice daño?— comencé a palpar con mis manos el lugar donde le había golpeado.

—No… pero ya entendí el término cabezota en el sentido pleno.

—Lo siento de veras… ¿que hora es?

—Las cinco y media…

—Maldita sea… tenemos que estar en una hora en el instituto… ¿tu ya estas lista?

—Yo y todos… menos la anfitriona de la tarde por lo que veo— comenzó a sonreír— no puedo creer que te hayas quedado dormida…

—Sí… — recuerdos del sueño volvieron a mí. Sacudí la cabeza en un intento por librarme de ellos.

—¿Soñando cositas interesantes?— cuestionó con una chispa en sus ojos verdes.

—Mas o menos… — desvié mi mirada de la suya, temiendo que pudiera descubrir el rumbo de mis pensamientos— Voy a prepararme.

Me levanté, cogí mi ropa y puse rumbo al baño. Diez minutos me bastaron para salir duchada y ataviada con mi vestido de graduación.

—Virgen santísima… estas… estas…

—Sin comentarios por favor… — repliqué malhumorada poniéndome las sandalias de tacón de diez centímetros elegidas por mi tía especialmente para la ocasión.

—Que seca… — se sentó sobre la cama observando como me maquillaba en el espejo del armario.

—No sé porque exigen etiqueta… ¿qué acaso los jeans y las camisetas no se llevan o qué?

—Bueno, es lo normal, una no se despide del instituto eternamente todos los días.

—Ya… pero esto es estúpido. Bien sabes que no me siento parte de ese lugar lo mas mínimo.

—Vamos, ¿no te emociona ni un poquito?— se levantó acercándose a mi.

—Ok, tal vez si me emocione. Acabo una etapa de mi vida, eso me hace sentir orgullosa de mí misma.

—A mi también me hace sentir orgullosa de ti. En este año has conseguido adaptarte a todo. A nosotros, al instituto… prácticamente has estudiado dos cursos en uno. Has sido una de las mejores alumnas, por no decir la mejor de toda la promoción… y has tenido una de las notas más altas en las pruebas de acceso a la universidad. Es como para estar orgullosa.

—Visto así… ¿de verdad estas orgullosa de mí?

—Mucho… — me miró con una sonrisa iluminando su rostro.

—Gracias— un impulso hizo que me acercara y la estrechara entre mis brazos. La besé en la mejilla.

—Dios, no sé como mamá pudo insistir tanto para que te compraras esas sandalias, como si ya de por sí no fueras alta… — susurró antes de separarnos.

—Tu madre es igual de cabezota que tu.

—Gracias por el cumplido— me sonrió antes de situarse frente al espejo y comenzar a ponerse brillo en los labios.

—¿Sabes? Tu también estas muy guapa. Ese vestido te queda… de infarto.

—Gracias… ¿pero también? que yo sepa nadie te dijo que tu lo estuvieras— comenzó a mofarse sacándome la lengua a través del espejo.

—Pero ibas a hacerlo, ¿o no?— le susurré desde atrás al oído. La noté estremecerse antes de huir hacia el otro lado de la habitación con el pretexto de buscar algo en la repisa.

—Tu siempre taaan egocéntrica.

—Sí, pero mi egocentrismo te gusta… ¿o acaso me negaras que no será raro eso de levantarte cada mañana e ir a clases sin mi?

—Pero mira que eres creída— entrecerró sus ojos.

Toc toc

—¿Se puede?— Diana nos miraba sonriente desde el marco de la puerta.

—Claro tía— le sonreí de vuelta.

—Wooh, estas preciosa Nicole… — entró a la habitación sin dejar de mirarme— pero Nat, ¿no crees que le falta algo?

—¿Algo tal vez como esto?— sacó un pequeño saco de terciopelo de entre los libros de la estantería y me lo tendió. Lo cogí insegura.

—¿Qué es?

—Ábrelo y sales de dudas— sugirió mi tía.

En el interior un fino colgante de plata haciendo extrañas formas me sorprendió. Lo saqué sin saber que decir.

—… Es precioso… gracias— abracé a mi tía y luego a mi prima.

—¿Me concedes el honor?— me preguntó esta ultima solicitándome la joya para instantes después colocarla alrededor de mi cuello. Me miré al espejo. Sin duda era precioso.

—Me alegro que te gustara. Creo que será mejor que vayamos saliendo si no queremos llegar tarde— comentó mi tía saliendo del cuarto.

La seguimos, bajando las escaleras y entrando al salón donde mi tío y mis dos primos nos esperaban.

—¡Madre mía! Chicos, sin lugar a dudas esta tarde seremos la envidia de todos. ¡Pero que tres bellezones nos acompañan!— comenzó a decir a sus hijos mientras nos veía entrar.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Marzo 27th 2016, 10:40 pm

Salimos de casa llegando apenas con el tiempo justo para sentarnos y comenzar a observar la ceremonia. Cuando mi nombre fue dicho, salté al escenario entre aplausos de un público desbocado, cogí mi diploma y sonreí triunfal al tiempo que notaba como varios flashes me atacaban desde abajo. Miré y allí estaban ellos, mi familia. En ese momento estuve segura de algo, de que pasara lo que pasara, nunca me abandonarían.

Tras una hora la ceremonia llegó a su fin. Me levanté de mi asiento y entre saludos y felicitaciones por parte de mis compañeros y profesores llegué hacia donde estaban mis tíos.

—Felicidades cariño— me abrazó mi tío nada mas ponerme a su altura— Sé que tu padre allá donde esté esta orgulloso de ti— me expresó emocionado.

—Gracias tío… — le sonreí apretando su hombro ligeramente.

— Yo yo… —decía el pequeño Alex mientras intentaba apartar a su padre de mi.

—¡Tuu!— le sonreí agachándome como pude dada la incomodez de mi vestido y cogiéndolo en brazos—Cómo está mi niño favorito?— le besé la mejilla.

—¡Feliz!— exclamó sonriente a la vez que depositaba un besito baboso en mi mejilla.

Los abrazos y felicitaciones se siguieron sucediendo por parte del resto. Poco a poco nos fuimos quedando solos en el salón. Salimos del sitio y fuimos a cenar. ¿Adivináis donde? Pos si, al argentino de la calle Lorca, como no. Después de la cena, Nat y yo nos despedimos para poner rumbo a la fiesta donde mis ya ex compañeros de clase nos esperaban.

—Dios, ¡que ambientazo!— exclamó Nat entrando al sitio y elevando su tono para poder ser escuchada sobre la música.

—Sí, vayamos allá al fondo, parece que vi a Iván.

—Desde esas alturas no me extraña— me sacó la lengua.

Comencé a caminar en esa dirección seguida de cerca por ella. Andi apareció en mi camino de repente.

—¡Sorpresa para la recién graduadaaa!— gritó antes de hacer soplar un matasuegras justo en mi oído.

—¡Auch!— grité frotándomelo mientras le dirigía una mirada asesina que como no, no surgió ningún tipo de efecto. La condenada comenzó a reír como loca.

—¡¡Naat!!— gritó a mi prima cuando la tuvo en el punto de mira.

—¡¡Andiii!!— le devolvió el grito intentando mantener la euforia de su amiga en alza.

—¡¡Nat!! ¡Conocí al hombre de mis sueños!— le echó un brazo sobre el hombro y se la llevó al centro de la pista. Seguí caminando por mi parte hacia donde estaba Iban.

—¡Eyy! Que pasa tío— le saludé.

—Pues ya ves, aquí, más perdío que el carro de Manolo Escobar.

—Jajaja, ¿por qué no solo te dejas llevar por una vez?

—¿Estas loca? no pienso fingir que soy como ellos.

—¿Que te apuestas a que si?— elevé mi ceja mientras algo perverso se me ocurría.

—No gracias, la ludopatía es una enfermedad.

Rodé mis ojos, este chico estaba claro que no era de este planeta.

—¿Que estas bebiendo?

—Un chupito de mora sin alcohol.

—Ok, ahora regreso.

Me levanté, caminé hacia la barra e hice mi pedido. Cuando regresé mi prima y su amiga ya habían vuelto.

—A esta invito yo— coloqué los vasos sobre la mesa.

—Woooh… ¿te he dicho ya lo mucho que te aprecio?— se me tiró Andi al cuello.

—El sentimiento es mutuo— le sonreí.

—Bueno, ¡brindemos!— exclamó a mi otro lado Natalia. Cada uno sujetó un vaso y lo elevó hacia arriba.

—Por todos nosotros… y por la amistad que nos une, que no acabe nunca… ¡Amen!— gritó Andi

—¡Amen!— reímos antes de beber el chupito.

—Bueno, y ahora, ¡todos a bailaar! ¡Que la noche es joven!

— comenzó a elevar los brazos y a empujarnos de nuestras sillas.

—¡¡Quita niñaa!!— intentó zafarse su hermano.

—¡¡No seas sosoo!! ¡¡Te acabas de graduar!!

—¿Y? eso no quiere decir que a partir de ahora tenga que parecer idiota.

—¡Estúpidoo!— le sacó la lengua— ¡Vamos Nic!— me sujetó del brazo haciendo que me levantara— Vamos a bailar estaa… ¡¡Nat!! ¡Y tu!— la agarró a ella también dirigiéndonos al centro de la pista.
Comenzó a botar a nuestro lado para instantes después perderse entre la multitud. Nat y yo seguimos bailando poseídas por el ritmo de la música. Música que no tardó en cambiar de registro llegando el turno de una balada.

—¿Tendría el gusto de concederme este baile?

—Claro señorita— acepté la mano que se me tendía frente a mí a la vez que rodeaba su cintura y atraía su cuerpo hacia el mío. Comenzamos a movernos lentamente al ritmo de la melodía. Pronto su cabeza se posó sobre mi hombro. La noté suspirar. Me agaché y le susurré al oído— ¿Te encuentras bien?

Elevó su verde mirada, haciendo que nuestros ojos se encontraran antes de responder.

—Divinamente— sonrió ocultando esta vez su cara entre mi cuello. Sonreí de vuelta besándole la sien y hundiendo mi nariz en su fino cabello.

Para mi completa insatisfacción la canción pronto llegó a su fin. Me separé de mi acompañante bastante reticente a la vez que un sonido mas movido invadía la pista de baile.

Seguimos bailando por el resto de la noche.

Serían algo más de las cinco de la mañana cuando llegamos a casa. Subimos despacio, con cuidado de no hacer ruido y entramos a la habitación.

—¡¡Mi camaa!! ¡Teléfono!— se tiró sobre el colchón.

Dejé mis zapatos a un lado e hice lo mismo en mi propia cama. Estuve observando el techo por unos instantes antes de girarme y encontrarme con unos ojos verdes que me observaban.

—¿Qué? ¿Admirando el paisaje?

Sonrió antes de suspirar y volver su atención hacia el blanco techo. Ahora fue mi turno de observar detenidamente sus finos rasgos. Pensamientos de mi sueño volvieron a golpear en mi mente al posar la mirada en sus labios. Los chupitos debían de haberme sentado realmente mal, solo sé que mis piernas parecían tener vida propia cuando me levantaron de donde estaba y me llevaron a la otra cama.

—¿Molesto?— pregunté casual mientras tomaba posición a su lado.

—Uhm, no… — me miró extrañada.

—Natalia, sé que esto no viene a cuento ahora pero… mientras estuve enferma en el viaje, ¿tú leíste una novela?

—Si, aquel peñazo rosa de Andi. Menudo asco de libro.

—No me digas que a ti también te lo recomendó… Un consejo, no te fíes de sus gustos literarios en la vida— hizo una mueca.

—Lo tendré en cuenta… — estuvimos un momento en silencio, decidí romperlo— ¿Mientras dormía comiste una chocolatina?

La noté revolverse antes de levantarse y dirigirse hacia la puerta del balcón.

—¿Por qué me preguntas eso?— la abrió y salió a la terraza.

—No sé, curiosidad tal vez… — me levanté siguiéndola al exterior.

—¿Recuerdas algo?— preguntó mientras perdía su mirada en el centelleante cielo.

—No… ¿por qué? ¿Debería recordar algo?— la miré fijamente mientras notaba como su semblante cambiaba. Me miró, ¿con miedo en sus ojos?

—Yo… sí, comí una chocolatina— apartó la mirada dirigiéndola hacia algún punto del oscuro cielo.
Elevé mi mano y sostuve su barbilla haciendo que me mirara de nuevo.

—¿De qué te avergüenzas?

—Yo…

Desvié mi mirada hacia sus labios, los acaricié antes de volver a mirarla a los ojos.

—¿Sí?— la cuestioné suavemente a la par que me iba acercando lentamente.

—Yo… — cerró sus ojos.

— Tú… — susurré antes de que nuestros labios se encontraran. El contacto fue suave, delicado, apenas una suave presión. Me separé de ella, aun mantenía sus ojos cerrados. Podía sentir el latir de su corazón a través de la fina tela de su vestido, acompasado con el mío. Me deleité observando su rostro, acariciándolo. Sus ojos se abrieron suavemente haciendo que nuestras miradas se encontraran. Le sonreí antes de perder mi mirada en el oscuro cielo donde una luz brillante llamó mi atención— Una estrella fugaz, pide un deseo.

De nuevo acortó el espacio que nos separaba y junto nuestros labios, aunque esta vez en una caricia mas apasionada. Pegó su cuerpo al mío, rodeándome el cuello con sus brazos mientras nuestras lenguas bailaban al son de la pasión. Se separó de repente, asustada.

—¡No!— llevó la mano a su boca, y entró corriendo al cuarto.

—Natalia… — la seguí.

—¡No! Esto no está bien… tu… yo… no podemos… — comenzó a dar vueltas por la habitación. Me interpuse en su camino y la sujeté por los hombros.

—Tranquila, no pasa nada— intenté calmarla. Se zafó de mi agarre.

—Sí, si que pasa… ¡somos familia!

—¿Y? que me lo recuerdes no va a cambiar lo que siento por ti. Sé que está mal, pero no puedo luchar contra ello… y sé que tú tampoco puedes luchar contra tu corazón.

Basta ya de pensar con esto— toqué ligeramente su cabeza.

—Estoy asustada… — admitió volviendo la vista hacia el suelo con sus ojos llenándose de lagrimas.

—Shh, vamos, no llores… yo también lo estoy… . — hice que me mirara— Pero estoy segura de algo, de que esto que siento por ti es mas poderoso que todo ese miedo… quiero intentarlo… sé que podemos hacerlo.

—Es una locura…

—Más loco sería seguir negando lo que sentimos.

—¿Como supiste que yo…?— se giró en mi agarre dándome la espalda.

—Esto si que resulta loco pero… tuve un sueño… tu leías y yo me acercaba a ti y te besaba… y me respondías— se volvió encarándome de nuevo.

—No fue un sueño, realmente sucedió.

—No entiendo… ¿por qué no lo recuerdo entonces?— la miré extrañada.

—Fue durante tu delirio… por eso no lo recuerdas.

—¿Y por qué no me lo dijiste?—le acaricié la mejilla.

—¿Y qué sentido hubiera tenido? lo hiciste soñando, producto de la fiebre. Tampoco es que fuera muy fiable— se rindió a mi caricia por unos instantes— ¿De verdad quieres intentarlo?

—Sí… quiero intentarlo… — me acerqué y la bese suavemente.

—¿Y que será cuando te vayas?— se separó de nuevo de mí y comenzó a dar vueltas en circulo por la habitación.

Volví a interponerme en su camino.

—No tengo pensado marcharme ni ahora ni luego. Hay algo que me ata… y está aquí… en esta casa, en esta habitación… está frente a mí ahora mismo.

—Yo… — se acercó y me abrazó comenzando a llorar de nuevo.

—Shh, tranquila… — la besé en la mejilla— Creo que será mejor poner punto y final a este intenso día y descansar un rato, estas cansada, mañana podemos seguir hablando, te parece?

El verdor de sus ojos resaltaba con el rojizo producto de las lágrimas, el humo y el cansancio. Asintió ligeramente con su cabeza. Me tumbé sobre mi cama sin soltarla de mi agarre, y así, abrazadas, la noche dio paso a un nuevo día.

***

Me separé reticente de mi acompañante levantándome de la cama con cuidado de no despertarla. Serían algo más de las 12 de la mañana. Cogí la sabana y la tapé antes de besarla en la mejilla y salir de la habitación con destino al baño. Tras una rápida ducha y ya enfundada en una ropa algo más cómoda decidí bajar las escaleras.

—¡¡Nicooo!!— gritó Alex nada mas verme entrar a la cocina enganchándose automáticamente a mi pierna como había tomado costumbre de hacer en todo este tiempo.

—Que pasa renacuajo— le alboroté su cabello rubio a la vez que me acercaba a donde estaba a mi tía y la besaba en la mejilla — Buenos días tía.

—Buenos días tesoro, Alex deja a Nicole… — le reprendió al pequeño que seguía colgado de mi pierna.

—Déjalo, si no molesta— saqué el bol de cereales y lo llené. Me dirigí a la mesa con mi desayuno y el pequeño Alex riendo tontamente.

—¿Que tal la fiesta de anoche? no llegasteis muy tarde después de todo.

—No, sobre las cinco o así. Estuvo bastante bien, al menos nos divertimos un rato— comencé a desayunar.

—Mamá, ¡Alex está metiendo los dedos en los cereales de Nic!— gritó Dani al otro lado de la mesa haciendo sus deberes.

—¡¡No e cierto!!— se defendió el chiquillo pillado in fraganti en ese momento con una mano en el interior de mi taza.

—¡Alex!— le regañó su madre.

—No importa, estamos desayunando, ¿a que si?— cuestioné al pequeño mientras le golpeaba levemente con la cuchara en la nariz. Volvió a reír.

—Buenos días— apareció en escena Nat estirándose en el marco de la puerta.

—Buenos días bella durmiente— la saludé con una sonrisa. Entró acercándose y besándome la mejilla, besó la cabeza de su hermano y después a su madre. Cogió otro bol y se preparó el desayuno sentándose junto a Dani.

—¿Y a mi no me das un beso?— se quejó este.

—Lo siento, no tengo por costumbre besar sapos— comenzó a devorar su desayuno mientras literalmente se acostaba sobre la mesa.

—¡¡Mamá!!— volvió a gritar Dani.

—Natalia, no hagas rabiar a tu hermano…

Se limitó a rodar sus ojos y coger un cereal lanzándoselo a la cara.

—¡Mamá! ¡Miralaa!

Mamá solo suspiró y salió de la cocina con el cacharro de la ropa recién lavada en la mano.

—¿Y ahora quien te defenderá lengua floja?— comentó tirándole otro cereal.

—¡¡Ahhh!!¡Eres una enclenque! me voy a chivar a papá— cogió sus cosas y salió.

—Los pelicos como escarpias se me han puesto… uy que miedo…

—Eres mala… — le dije entre cucharada y cucharada.

—¿En serio?— comenzó a mover sugerente sus cejas, movimiento que hizo que el pequeño sentado en mi regazo comenzara a reír de nuevo.

—¿Dormiste bien?

—Oooh, siii, ¿y tú?

—Divinamente.

—Hola chicas, ya veo que os estáis poniendo como la kika… Vaya glamour. Cereales, que ricos— metió su mano en el bol de Natalia.

—Ey— protestó esta— Róbale a ella, que yo aun estoy en fase de crecimiento.

Miguel comenzó a reír provocando que Alex se carcajeara también.

—Nicole, ¿cuando acabes puedes venir un momento a mi despacho? necesito hablar contigo sobre algo— se puso serio de repente.

—Uhm, si claro tío, ahora mismo voy. Salió de la cocina seguido por el pequeño.

—¿Para que crees que sea?— preguntó curiosa Nat.

—Ni idea, ahora averiguo… — me levanté, lavé el bol y lo dejé en el escurridor— Te veo luego arriba— le guiñé el ojo antes de salir. Una sonrisa fui la respuesta que obtuve.

Toqué suavemente a la puerta antes de entrar al despacho.

—Hola, aquí estoy.

—Siéntate Nicole, un segundo— lo vi luchar con la puerta de la caja fuerte durante unos instantes antes de que esta se abriera. Sacó un sobre del interior y lo colocó frente a mí sobre la mesa. Tomó asiento en la silla de al lado a la mía.— Seguramente estés pensando a que viene todo este secretismo, ¿verdad?

—¿Sucede algo?— pregunté insegura mientra comenzaba a pensar que tal vez había descubierto lo que sucedía entre Nat y yo.

—No exactamente, como bien sabes dentro de una semana dejaras de estar bajo mi tutela…
"Será que…"

Las alarmas comenzaron a saltar en mi cabeza. El momento que tanto llevaba temiendo en los últimos meses parecía haber llegado.

—… yo… tu padre… que tu te quedaras bajo mi tutela tras su muerte no fue una casualidad.

—¿Como?— fruncí el ceño confusa.

—Tu padre meses antes de morir me llamó preocupado… a él… le acababan de diagnosticar un cáncer de colon.

Estaba muy asustado, más que por su enfermedad por ti… porque sabía que tras su muerte te quedarías sola. La enfermedad estaba bastante avanzada para cuando lo diagnosticaron, por eso decidió seguir haciendo su vida normal hasta que… le llegara la hora. El quería ahorrarte todo ese sufrimiento… y quería pasar el resto que le quedara contigo… y me consta que lo hizo… — por aquel entonces las lagrimas rodaban no solo por mis mejillas, también por las de mi tío.

—Sí… el… solicitó una excedencia como cinco meses antes… me dijo que solo necesitaba vacaciones… que estaba cansado y quería pasar mas tiempo conmigo… el… estaba raro… pero no le di importancia… ¡Dios! ahora lo entiendo todo… fui una estúpida por no haberme dado cuenta de nada…

—No, cariño… no fuiste estúpida, tu no podías saberlo…— me abrazó.

—Sí lo fui, de haberlo sabido…

—Con haberlo sabido no hubieras solucionado nada… solo te hubiera causado mas dolor a ti… y a el por ser consciente de que eso te dolía. El quiso que te diera esto cuando cumplieras la mayoría de edad— se separó del abrazo tendiéndome el sobre que instantes antes había colocado sobre la mesa— Sé que aun falta una semana para eso, pero no creo que importe demasiado una semana mas una semana menos. A fin de cuentas mas tarde o mas temprano tendrás que saber la verdad.
Fruncí el ceño, insegura mientras agarraba el sobre que me tendía.

—Tu padre solucionó todo su testamento en los meses previos de su muerte. Tu custodia y todos sus bienes pasaron a mí temporalmente hasta que cumplieras la mayoría ante la ley. He tratado de hacer todo lo que me dijo que hiciera. Me pidió que no vendiera la casa en Londres por si algún día querías regresar a vivir allí.

También sabes que por su trabajo tenía un buen seguro, todo el dinero lo tienes ingresado en una cuenta bancaria a tu nombre en Londres. Dijo que con eso tendrías mas que suficiente para poder estudiar en una buena universidad y mantenerte por unos años, al menos hasta que acabaras de estudiar y pudieras hacerlo por ti misma.

—No puedo creer que papá lo tuviera todo planeado… que no me hubiera dicho nada…

—El solo quería lo mejor para ti… y se aseguró de ello.

—¿Este sobre contiene todo eso que me dices?— cuestioné mientras me secaba las lagrimas con el dorso de la mano.

—No, ese sobre contiene otro tipo de información… mas privada. Algo referente a tu padre que el nunca te reveló esperando poder hacerlo algún día… cuando lo hubiera conseguido… pero que no le dio tiempo a terminar…

—No entiendo…

—Solo léelo, comprenderás muchas cosas… de su vida, de tu vida…

Rasgué el sobre sacando un papel pulcramente doblado. La letra de mi padre me apareció ante mis ojos al desliarlo.

"Pequeña… Sé que para cuando leas esto a pesar de ya no estar contigo desearas matarme— no pude sino sonreír ante el agrio humor de mi padre aun en los malos momentos—Sé que tu cabeza ahora te dice que debería haberte contado todo lo que estaba sucediendo, pero algún día cuando crezcas y seas madre llegaras a entender los motivos que llevan a un padre a tomar ciertas decisiones, mi corazón me decía que así era como debía de ser y así obré. Bien sabes que siempre me gustó guiarme por ese músculo. Cuando tu madre murió fuiste lo único que pudo sacarme de esa profunda oscuridad en la que me sumí. Fuiste mi luz, mi guía todos estos años. Nunca quiero que pienses que fuiste el motivo por el que nunca volví a estar con nadie más. Aun hoy que escribo estas letras el recuerdo de tu madre, mi amada Violet, sigue en mi corazón como el primer día. Has sido y serás lo mejor que he creado en mi vida, me siento muy orgulloso de ti y sé que tu madre allá donde esté lo esta mas aun, que ya es decir… — volví a sonreír entre lagrimas— Sé que no he sido el mejor padre del mundo, sobre todo los primeros años cuando no parábamos de mudarnos de un país a otro. No fue hasta que nos asentamos en Londres que conseguí darte ese hogar que tanto me pedías a gritos hasta entonces. Estuve ocupado, centrado en mí, y no me daba cuenta de que poco a poco mi niña ya no era tan niña. Estos últimos meses me han abierto los ojos y me han permitido conocerte mejor, he descubierto cosas en ti que ni tu misma conoces todavía, eso me gusta, me hace sentir feliz y mas orgulloso aun. Puede que heredaras lo peor de mí, pero te quedaste con lo mejor de tu madre, eso te lo puedo asegurar.

Seguramente alguna vez te preguntaste porque siempre viajábamos constantemente de un país a otro y de repente nos establecimos en Londres. Todo tiene su explicación, ojalá solo hubiera tenido el suficiente tiempo para contártela en persona. Todo comenzó el día que nací, hace exactamente… ok, sabes cuando nací así que mejor ignoro el dato que de solo pensarlo me hace sentir viejo— nuevamente sonreí— El caso es que mi nacimiento no pareció agradar demasiado a mi verdadera madre y ella me abandonó en un orfanato en Italia. No la culpo, ya sabes que Dios no me dio demasiada belleza. Gracias a ese orfanato es que conocí al tío Miguel. El estaba en la misma situación que yo, y gracias al tío Miguel es que un día los abuelos decidieron sacarme de allí adoptándome también. Es para alucinar, ¿verdad? pero así fue. Durante muchos años ambos desconocimos la verdad sobre nuestras verdaderas raíces. No fue hasta que cumplimos los quince que el abuelo nos contó. Desde el momento que supe que aquel no era mi lugar un sentimiento me embargó, quería conocer la verdad, conocer mis raíces, encontrar a mi familia de sangre. No creas que fui un desagradecido con los abuelos, solo quería conocer la verdad de mi vida, conocer mi puzzle… y comencé a buscar las piezas, a encajarlas… gracias a esa búsqueda fue que conocí a tu madre. Ese día permanece imborrable en mi memoria, acababa de bajar del tren en Paris, llovía a cantaros, y allí, entre toda gente, la vi… bueno, tu conoces la historia bastante bien, era tu cuento preferido para dormir, ¿recuerdas?

Italia, España, Francia, Alemania… hasta que las piezas me llevaron a Inglaterra. Me gustaría poder decirte que toda esa búsqueda dio sus frutos, pero lo cierto es que a pesar de todo y por frustrante que parezca, no la encontré. Supe que mi padre, tu abuelo, era un coronel del ejercito italiano y que murió antes incluso de que yo naciera, pero de mi madre no conseguí averiguar demasiado. Solo sé que viajó y viajó, conoció a mi padre, me tuvo en Italia y siguió viajando hasta que se instaló en Inglaterra, su país de origen. Un best seller bien que saldría con su vida ¿o no?

Siento no haberte contado nunca todo esto, no quiero que pienses que me avergonzaba ni nada, solo quería estar verdaderamente seguro de todo. Tal vez te sientas traicionada ahora que sabes la verdad… solo espero que algún día puedas perdonarme por ello.

El tío Miguel podrá responderte si tienes alguna duda al respecto, tiene un buen corazón, te aseguro que puedes confiar plenamente en el, es la única persona a la que realmente me he sentido unida de toda mi familia en todos estos años. Confío en que el te tratará como si fueras su propia hija.
Nunca olvides que te quiero. Sé feliz cariño.

Tu padre, Ricardo."

Me quedé unos instantes observando su firma, intentando asimilar el contenido de la carta en mi cabeza. La persona que tenia frente a mi no era mi tío, mis abuelos no eran mis abuelos… nadie era quien creía que era. La confusión debió de reflejarse en mi rostro.

—Cariño, ¿te encuentras bien?— preguntó mi tío suavemente mientras me frotaba un brazo.

—Sí, creo que sí… demasiada información para un solo trago, supongo… .— tragué, incapaz de decir más.

—Entiendo… a mi… me gustaría que no le dijeras nada a los chicos… verdaderamente nunca me importó demasiado saber de donde venía… no creo que sea relevante para los chicos, al menos no ahora…

—Está bien… yo… creo que saldré un rato… necesito dar una vuelta… pensar… — me levanté y salí del despacho. Alex se me abalanzó en cuanto me vio pasar por el salón camino de la puerta de la calle.

—¡Nicooo!

—Ahora vengo pequeño— me agaché y lo besé antes de terminar de cruzar la sala y llegar a la puerta. Salí al exterior y comencé a caminar sin saber realmente a donde ir. Sólo necesitaba pensar y asimilar toda la información que acababa de obtener.

***

—¡Lo sabia! ¡Te lo dije! ¿Y entonces?

—Jaja, ¿cómo que y entonces? Andi por favor, no me estreses, déjame despegar un ratico los pies del suelo.

—¿Pues tu no tenias vértigo?

—Jaja, dios, estoy feliz, me siento…

—Pletórica es la palabra.

—¿Tanto se nota?.

—Bueno… estooo… ¿y donde está ahora?

—Papá la llamó para hablar, están encerrados en el despacho.

—¿Crees que notó algo?

—Nah, no creo… será algo referente a su herencia supongo.

—Vaya que te sacaste buen partido entonces.

—Jaja, ya, no seas, sabes perfectamente que eso no es algo que me importe, aunque viviera debajo del puente la seguiría.

—Parece que a alguien le dio fuerte…

—Es que es maravillosa, es…

—Ya ya, todos lo sabemos, no hace falta que sigas que me empiezo a poner celosa.
—Jaja, no seas boba… sabes que mi corazón es grande.

—Está bien, está bien… me conformaré con ser la otra.

—Jaja, Andi, debo dejarte…

—¿Ya llegó tu amorcito?pásamela le pongo los puntos sobre las íes.

—Primero celosa amante empedernida y ahora padre sobreprotector, te vas superando en registros.

—Jaja, ¡pasamelaa!

—Luego, luego.

—Ok, ok, capto la indirecta.

—Jaja, nos vemos.

—Nos vemos amiga.

Colgué el teléfono y bajé las escaleras. Encontré a mi padre saliendo del estudio.

—¿Y Nicole?

—Salió.

—¿A dónde?— pregunté extrañada.

—A dar una vuelta supongo.

—¿A dar una vuelta?— fruncí el ceño— ¿Por qué no me aviso?.

—Supongo que necesitaba estar sola, ¿como lo pasasteis anoche?.

—Bien… — me quedé unos instantes pensativa— ¿Hace mucho que salió?.

—Como veinte minutos o así.

—Que raro…

—Dale su espacio cariño, lo necesita.

Miré a mi padre intentando descifrar el sentido oculto que había tras esas palabras.

—¿Ocurrió algo?— pregunté insegura, intuyendo que aquí algo no cuadraba.

—No, nada… tal vez solo necesitaba pensar, no la presiones cariño… todo esto es complicado, son demasiadas cosas ahora mismo en su cabeza.

—No entiendo… — afirmé confusa.

—Tranquila, algún día lo entenderás… — apretó mi hombro antes de salir del cuarto y dirigirse al salón. Me quedé parada, analizando sus palabras.

"¿Algún día entenderé?… si ya, cuando crezca, ¿no? esto es increíble… no entiendo a que viene tanto misterio, me pregunto que habrá pasado, esto no es típico de Nic, salir sin decir nada, dijo que nos veríamos arriba cuando acabara"

Subí de nuevo a mi cuarto y me senté en el escritorio. Abrí el cajón y encontré mi diario. Lo saque dispuesta a plasmar unas letras cuando oí la puerta de abajo.

"Debe ser ella…"

Dejé el cuaderno donde estaba y salí de la habitación, la encontré a medio camino en las escaleras.
—Ey— la saludé acercándome y besándola en la mejilla.

—Hola— fue todo lo que dijo. Siguió subiendo las escaleras sin detenerse. Me quedé pétrea en el sitio viéndola entrar a la habitación.

"¿Qué diablos sucede aquí?"

La seguí entrando en la habitación. La encontré sentada en el mismo escritorio del que instantes antes me había levantado. Me acerqué, posando una mano sobre su hombro.

—¿Sucede algo?— pregunté insegura, aunque ya intuyendo que algo no iba bien.

—Uhm… lo cierto es que… tenemos que hablar— dijo a la par que se levantaba del sitio y se alejaba de mi lado.

Parecía nerviosa. Se abrazó a si misma aun de espaldas a mí.

—Dime.

—Vuelvo a Londres.

Me quedé helada, asimilando la implicación de esas tres simples palabras.

—¿Que?… ¿por qué?… me refiero, para algo referente al abogado y al testamento, ¿verdad?— me acerqué y la agarré del brazo haciendo que se volviera, su mirada era vidriosa— ¿Verdad?— cuestioné en apenas un susurro mientras veía como de nuevo me daba la espalda.

—No… no es para algo temporal… vuelvo para quedarme allí.

—Pero anoche dijiste…

—Olvida todo lo que dije anoche… todo lo que pasó…

—¿Cómo puedes…?— no pude continuar, mi voz se quebró. Apreté los ojos fuertemente impidiendo que las lágrimas salieran. Los abrí encontrándome de nuevo con su espalda— ¿Ni siquiera eres capaz de mirarme a los ojos?— ante mi cuestión se giró enfrentando mi mirada.

—¿Satisfecha?— inquirió sin dejar de mirarme. Sus ojos estaban rojos y ligeramente hinchados.

—No… que ha pasado allí abajo… ¿por qué este cambio de actitud? hace un rato…

—Olvida lo de hace un rato… olvida todo— se apresuró a cortarme.

—¿Como me puedes pedir que olvide? ¿Así? ¿Sin más? a que juegas Nicole… dime… ¿a qué juegas?— acorté el espacio que nos separaba sin dejar de mirarla ni un segundo.

—Ya a nada. El juego acabó. Esto… — acortó el poco espacio que nos quedaba juntando nuestras frentes—… es la vida real, prima— susurró antes de separarse y volver a darme la espalda.

—Muy bien, pues que te vaya perfecto, prima— me encargué de remarcar bastante bien la última palabra. Salí del cuarto lo mas dignamente que pude y con el corazón hecho añicos en mi mano.


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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Marzo 28th 2016, 8:28 pm

NOVENA PARTE

Hacía cuatro meses ya de mi llegada a Londres. Cuatro meses de independencia plena y total. Ok, tal vez no tanto.

Abandoné la casa de mis tíos pocos días después de mi cumpleaños. La situación con Nat después de que le dijera que me iba no mejoró lo mas mínimo, en realidad solo empeoró. Nos evitábamos a toda costa hablando solo cuando se hacía estrictamente necesario. Tal hecho no pasó desapercibido para nadie en la casa. Hasta el pequeño Alex fue consciente de ello. Aún así el día de mi despedida fue, para que negarlo, terriblemente triste y complicado.

A mi llegada a Londres me establecí con la señora Norman. El papeleo de mi herencia duró varios días. No fue hasta que todo eso estuvo listo que no pude entrar de nuevo en casa, donde, a pesar de las insistencias de mi vecina, me instalé. Septiembre trajo además el comienzo de mi vida como universitaria. Tuve la suerte de obtener plaza en la carrera de derecho. A papá le hubiera gustado eso.
Seguramente os preguntareis el por qué mi decisión repentina por volver, por qué cuando todo parecía ir bien, cuando parecía ser feliz. Hubiera sido tan fácil quedarse en España, estudiar allí, estar con Nat … El peso que sentía por estar haciendo algo "prohibido" con ella claramente se había esfumado con la revelación de esa carta pero también esa revelación me había hecho ver que aquel no era mi sitio, no era mi lugar. Mi hogar estaba en Londres. Esa ciudad había sido importante para papá, lo había sido para mí, y seguiría allí, acabando el puzzle que él comenzó tantos años atrás. Era lo menos, sentía que se lo debía después de todo este tiempo.

—¿Vas a volver a España por Navidad?— cuestionó Robert sacándome de mis pensamientos.

—Uhm, lo cierto es que aun no sé…tal vez me quede a pasarlas aquí …

—No puedes seguir ignorando el asunto por mucho tiempo, Nicole.

—¿Tu también?— comencé a recoger mis libros de la mesa y a meterlos en mi bolsa. Me la colgué al hombro mientras esperaba pacientemente a que mi amigo hiciera lo mismo.

Salimos del viejo edificio y nos dirigimos hacia los aparcamientos montando en el coche en el más absoluto silencio. El trayecto de camino a casa transcurrió igual. Aparcó a un lado y comencé a abrir la puerta para salir.

—Deberías de llamar a casa …

Lo tendré en cuenta …— me dispuse a salir pero mi amigo me frenó.

—Nicole, son tu familia, lo sabes, ellos están esperando una respuesta por tu parte.

Cerré la puerta y suspiré mirando hacia el frente, por mucho que tratara de negar la evidencia sabía que mi amigo tenía razón.

—No es tan sencillo … yo los abandoné …

—¿Y? Es normal que quisieras hacer tu vida.

—Ya … pero también sabes que no fue tanto así— lo miré

—Vine aquí con un propósito, ¿y que he conseguido? Nada …

—Sabías que no resultaría fácil. Tu padre se pasó toda su vida, ¿qué esperabas?.

Ya no sé que esperaba …

—No puedes seguir así … llama a casa … habla con tus tíos, habla con Natalia.

—¿Y qué le digo? Lo siento mucho, te dejé porque tenía que cumplir el sueño de mi padre pero lo cierto es que me muero por estar contigo— hice una mueca.

—Podrías.

—Sí claro, no es tan fácil … no puedo decirle la verdad … se lo prometí a mi tío.

—Ok, pues no le digas la verdad.

—¿Me estás pidiendo que le mienta? — lo miré desconcertada.

—Te estoy pidiendo que omitas ciertos detalles, no que le mientas.

—¿Y eso no es mentir?.

—¿Y acaso no lo estas haciendo ahora?.

Me quedé pensativa, analizando sus palabras, que por mucho que me dolieran eran ciertas.

—Prométeme que pensaras todo esto y actuaras en consecuencia, y cuando digo actuaras no hablo precisamente de hacer lo que haces siempre, salir corriendo. Vas a enfrentar la situación como la adulta que eres. ¿Estamos?.

—Estamos.

—Así me gusta, que me hagas caso.

Le sonreí antes de acercarme y besarle la mejilla.

—Gracias …

—Mejor un buen puro en el día de tu boda— me guiñó. Rodé mis ojos antes de abrir y apearme del coche.

Al entrar a casa la soledad me atravesó. Estar en esa casa tan grande, vacía … pero a la vez llena de recuerdos no me estaba haciendo ningún bien. Dejé mi mochila en el suelo y entré a la cocina. Abrí el frigorífico y miré su interior con desgana. Ese cacharro pedía a gritos una buena visita al supermercado. Saqué el brick de zumo de naranja y me puse un vaso antes de poner rumbo al salón.
Presioné el botón del contestador automático a mi paso tirándome sobre el sofá, vaso en mano. La preocupada voz de mi tío invadió la sala por unos breves instantes.

“Cariño, llamé hace unos días para ver como estabas pero no sé, supongo que no oíste el mensaje. Espero que te encuentres bien, hace tiempo que no sabemos nada de ti, estamos preocupados. Supongo que tal vez simplemente es que estas ocupada con tus estudios. Por favor, llámanos cuando tengas un rato … te quiero, cuídate”.
BIIIIPPP

Me quedé en silencio y sin moverme. Zumo completamente olvidado.

— Robert tiene razón, no puedo seguir ignorándoles …— comenté a la nada.

Dejé el vaso sobre la mesa antes de levantarme y dirigirme hacia el teléfono. Descolgué el auricular colocándolo sobre mi pecho no demasiado segura de que era lo que se suponía que iba a decir cuando encontrara una voz al otro lado. Tras unos breves instantes mis dedos parecieron actuar antes que mi pensamiento. Un toque, dos toques, tres toques, cuatro toques, cinco toques … Ya estaba por colgar el auricular cuando una suave voz sonó al otro lado.

— ¿Sí?.

Los nervios me traicionaron haciendo que automáticamente colgara. Me quedé por un momento mirando el teléfono, con el corazón en la garganta, e incapaz de moverme.

“Era ella…era su voz…” fue todo lo que mi pensamiento pudo decirme coherentemente “No puedo volver a llamar”.

Me aparté del teléfono como si fuera a pegarme la sarna y comencé a dar vueltas por la habitación. La foto de mi padre sobre la mesa atrajo mi atención.

“Si, ya … parezco imbécil, ¿verdad? Pero pss … que culpa tengo si lo soy realmente …”

Seguí dando más vueltas que un trompo por la sala.

“No me mires así … si nací cobarde que le voy a hacer …”. Salí del cuarto y comencé a subir las escaleras, decidida a desistir en mi intento de llamar.

“Prométeme que pensaras todo esto y actuaras en consecuencia, y cuando digo actuaras no hablo precisamente de hacer lo que haces siempre, salir corriendo. Vas a enfrentar la situación como la adulta que eres. ¿Estamos?”.

La voz de mi amigo resonó en mi interior de repente.

Giré en redondo al llegar a la parte superior y bajé las escaleras llegando de nuevo a la sala. Miré el teléfono antes de decidirme a descolgarlo. Marqué rellamada.

Otra vez un toque, dos toques, tres toques … ataque de pánico a la vista …

— ¿Sí?.

Silencio total por mi parte.

—¿Hola?.

Más silencio en respuesta.

—¡¿Hoooolaaaaaa? !

—Hola … — al fin me demostré a mi misma que sabía hablar.

El silencio imperó al otro lado de la línea esta vez.

—Así que eras tú … — habló al fin.

—Sí, yo … ¿cómo has estado?—pregunté bastante insegura siquiera de que respondería.

—Bien, como voy a estar … aunque supongo que no tan bien como tu, debes de estar muy ocupada, ¿verdad?— comentó irónica y con un tono dolido que la delataba.

—Bueno, las clases están siendo pesadas … siento no haber podido llamar antes.

—Ya, vale, muy bien … disculpas aceptadas, ¿algo más?.

—¿Está tu padre?.

—No.

—¿Tu madre?.

—No.

—Ok, ya veo … siento haberte molestado entonces. Diles que llamé.

—Claro.

—Está bien, gracias. Me alegro que estés bien. Intentaré llamar otro día. Hasta luego.

Colgué antes de recibir una respuesta. Miré la fotografía de mi padre.

La jodí bien jodía … — le comenté antes de subir abatida al segundo piso.

***

Pues eso, que el muy capullo va y me dice ... wou wou wou ¡¡wouu!!¡¡Chica, páralee! Que se supone que es un bizcocho, no una torta de aceite.— me detuvo mi amiga mientras vertía el segundo vaso de aceite en la masa.

—Lo siento … — me disculpé ausente apartándome de su lado y lavándome las manos en el fregadero.

—No importa … pero ya baja de donde sea que estés, nos tiene que quedar divino para mañana.

—Sí … —suspiré— Entonces, ¿qué pasó con el tipo?.

—Como si eso te importara ahora mismo … —elevó ambas cejas sonriéndome.

—Lo siento … no quise … — traté de disculparme de nuevo.

—Ya, vamos, no te preocupes … Pásame la levadura, anda.

Abrí el sobre y comencé a verterlo sobre la masa.

—Sigue sin dar señales, ¿verdad?— preguntó de repente.

— ¿Eh?.

—Ella. Aún no ha llamado ...

—No, no lo ha hecho— fruncí el ceño terminando de vaciar el sobre.

—Estará ocupada, no te preocupes, vivir sola implica sus obligaciones, además seguramente esté liada con la universidad y todo ese rollo.

—Sí, supongo …

—¿Por qué no la llamas?.

—¿Estás loca?— miré a mi amiga como si fuera un alien.

—No, si estás preocupada … pues llámala … a medianoche, así te aseguras que estará.

—Sí claro, para encontrarme con la sorpresita de que su novio me coge el teléfono. No gracias.

—¿Crees que tenga novio?

—Si, es Robert, no tengo ninguna duda … por eso regresó.

—¿Acaso se lo has preguntado?— me cuestionó sin dejar mover la masa.

—No pero …

El teléfono comenzó a sonar en ese momento. Dejé a mi amiga en la cocina y me dirigí hacia la sala a contestar el aparato.

—¿Sí?— respondí auricular en mano.

El suave clic de colgar fue lo único que me respondió al otro lado. Volví a la cocina donde mi amiga seguía peleándose con la masa.

—¿Quién era?— cuestionó con la curiosidad que la caracterizaba.

—Alguien que por lo visto se arrepintió.

—¿Entonces la llamaras?.

—Paso. Que llame ella ahora que es rica.

—Cualquiera te entiende … — comentó colocando la masa en el molde.

—¿Qué? También tengo mi dignidad … y aunque me muera por escuchar su voz no la voy a …

De nuevo el teléfono me interrumpió. Volví a dirigirme a la sala.

—¿Sí?— volví a preguntar, pero nadie respondió esta vez.

—¿Hola?— inquirí insegura— ¡¿Hoooolaaaaaa?!

Estaba por colgar cuando al fin alguien habló en respuesta.

—Hola …

Quedé petrificada en el sitio al oír el sonido de esa calida voz de nuevo. El estupor momentáneo dio paso al enfado conmigo misma por seguir siendo incapaz de controlar el efecto que me causaba.

—Así que tú …

—Sí, yo … ¿cómo has estado?—la noté insegura.

—Bien, como voy a estar … aunque supongo que no tan bien como tu, debes de estar muy ocupada, ¿verdad?— le respondí lo mas borde que pude.

—Bueno, las clases están siendo pesadas … siento no haber podido llamar antes.

—Ya, vale, muy bien … disculpas aceptadas, ¿algo más?.

—¿Está tu padre?.

—No.

—¿Tu madre?.

—No.

—Ok, ya veo … siento haberte molestado entonces. Diles que llamé.

—Claro.

—Está bien, gracias. Me alegro que estés bien. Intentaré llamar otro día. Hasta luego.

No me dejó ni tiempo a responderle. Me quedé escuchando por unos instantes el sonido del timbre en mi oído antes de colgar yo también. Me dirigí enfadada a la cocina.

—¿El mismo de antes?.
—Seguramente— mi enfado era notable.

—Por tu cara vengo a suponer que esta vez simplemente no se limitó a colgar. No seria de nuevo esa voz amenazándote … — me miró asustada.

—No— me apresuré a calmarla— Era Nicole.

—Hablando de la reina de Roma ... ¿Y? ¿Que pasó?.

—Nada, quería hablar con mis padres. Dijo que llamaría otro día … que esta ocupada y yo que sé que cosa … claro, de seguro con su noviecito. Estoy segura de que viven juntos.

—Y yo estoy segura de que estas celosa, muy celosa.

—¡No estoy celosa!— grité mientras cerraba el horno de una patada y la miraba.

—Captado, no estas celosa … lo cual viene a ser bueno teniendo en cuenta que supuestamente la olvidaste y te importa un rábano lo que haga o deje de hacer.

—Si de verdad eres mi amiga, ¡ya déjalo!

—Olvidado y sumergido en el fondo del mar. ¿Has vuelto a recibir alguna amenaza más?.

—Uhm, no … creo que ya se cansaron de la broma— comencé a fregar agradecida de que hubiera decidido cambiar de tema al fin.

—No sé Nat, pienso que deberías contarle a tus padres, ¿qué tal si va en serio?.

—Es que es estúpido … ¿Quién va a querer matarme?... Mira, no quiero preocuparlos innecesariamente.

—Yo no lo veo estúpido. Puedes estar en peligro— me miró con ojos asustados.

—Nah, vamos, no te preocupes, recuerda que tengo buen ángel— le guiñé un ojo y seguí enfrascada en mi labor.

—Eso espero …

***

Salía de clases cuando alguien llamó mi atención al otro lado de la calle. Era Jack Stevens, el detective que había contratado para llevar el caso de mi padre. Crucé y me acerqué a él. Era un hombre cuanto menos extravagante. Nada que ver con los típicos detectives que se ven por la tele enfundados en su gabardina.

—Buenas tardes— le saludé al ponerme a su altura.

—Hola señorita Vizza, ¿cómo ha estado?—preguntó cortés.

—Bien, como siempre, ¿alguna novedad respecto al caso?

—Si, me temo que si— sacó un sobre del bolsillo interno de su llamativa chaqueta fucsia—Hice algunas averiguaciones sobre el hospital donde trabajó su abuela después de instalarse en Inglaterra.

—Al parecer fue durante mediados de los sesenta. Me dirigí hacia Brighton con el objetivo de extraer más información al respecto pero encontré el lugar donde estaba el hospital derruido. Según averigüé que lo derribaron en los setenta. La mayoría de los médicos y enfermeras del sitio pidieron el traslado al nuevo hospital. Accedí a los expedientes de los trabajadores de por aquel entonces y el nombre de tu abuela no figura entre ellos.

—Eso quiere decir que allí tampoco estuvo demasiado tiempo.

—Ajam, se trasladó a Portsmouth.

—¿Está seguro?.

—Si, de hecho el dato me lo confirmó una de sus compañeras durante su estancia en Brighton.

—¿Ha hecho averiguaciones en Portsmouth ya?

—No, aún no, parto en tres días hacia allí, en cuanto averigüe algo se lo comunico. Tenga, aquí tiene todos los datos de mi viaje a Brighton— me tendió el sobre que instantes antes había sacado.

—Gracias, espero tenga suerte y averigüe algo más.

—Eso espero, nos vemos, que tenga un buen día— metió las manos en el bolsillo de su chillona chaqueta y comenzó a caminar perdiéndose calle abajo.

—¿Ahora te gustan maduritos y estrafalarios?—cuestionó mi amigo acercándose.

—Y sepsis, no lo olvides— metí el sobre en mi bolsa y eché a andar seguida de cerca por Robert.

—¿Averiguó algo nuevo?

—Sí, al parecer mi abuela no duró mucho en Brighton. En unos días viajará a Portsmouth, al parecer ese fue su siguiente destino.

—Vaya que tu abuela fue un culo inquieto. Tantos países, tantas ciudades, una mujer de mundo, sin duda.

—Sí, es algo bastante extraño, ¿no crees?.

—Pss, sus motivos tendría, ¿crees que huía de algo?.

—La verdad no lo sé, pero espero averiguarlo. Continuamos andando por la mojada calle en silencio.

—¿Has llamado a casa?— preguntó de repente.

—Uhm, si— un escalofrío me recorrió todo el cuerpo haciendo que me revolviera en mi abrigo.

— ¿Y?.

—Y nada, no estaban.

—Lo cual viene a decir que es como si no hubieras llamado, tienes que volver a llamar.

—Hablé con Nat.

—¿Y qué te dijo?.

—No mucho, lo cierto es que estuvo algo borde, y no la culpo.

—Se le pasará …

Giramos la esquina y entramos en mi calle.

—¿Quieres entrar?—pregunté a mi amigo acercándome a la puerta.

—No, mamá quería que fuera con ella a visitar a la abuela cuando saliera de trabajar. Ya debe de estar a punto de llegar.

—Ok, como quieras …— me encogí de hombros y abrí la puerta.

—¿Nicole?.

—¿Sí?— me giré encarándolo.

—No olvides volver a llamar a casa.

—No te preocupes, saludos para la abuela.

—Se los mando, hasta luego— comenzó a caminar alejándose.

Suspiré y entré a casa. De nuevo un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Dejé mi bolsa en el suelo y me abracé a mi misma dirigiéndome hacia la cocina a por mi habitual vaso de zumo. Salí al salón, dejé mi vaso sobre la mesa y me quité el abrigo tirándolo sobre el sofá. Presioné el botón del contestador.

—No tiene mensajes— me comunicó la metálica voz.

Suspiré antes de agarrar mi vaso y sentarme en el sillón. De nuevo ese escalofrío. Bebí el contenido de mi vaso y me levanté. Dejé el vidrio en el fregadero y comencé a subir las escaleras hacia mi cuarto. El sonido del teléfono hizo que cambiara de dirección.

— ¿Sí?.

—¿Nicole? ¿Eres tú?.

—Uhm, si, ¿quien es?.

—Soy Andi, dios Nicole— comenzó a sollozar.

—¿Andi que ocurre?.

—Es horrible … lo hicieron … sabía que no era ninguna broma …— apenas se le entendía.

—Andi por favor, tranquilízate y habla un poco mas despacio, ¿qué ha sucedido?.

—Natalia, está en el hospital …

—¿Que le sucedió? ¿Se encuentra bien?—pregunté mientras comenzaba a formarse un nudo en mi estomago

—Ella está … inconsciente … lleva horas inconsciente.

—Ahora mismo viajo hacia allí.

Colgué el auricular y llamé al aeropuerto.

Siete horas más tarde estaba bajando del taxi que me había llevado a la casa de mis tíos desde el aeropuerto. Parecía haber luz en el salón. Toqué insegura a la puerta, eran pasadas las diez de la noche. La luz de la entrada se iluminó a la par que una Andi con los ojos enrojecidos me abría la puerta.

—¡Nicole!— se me tiró al cuello no pudiendo contener las lágrimas.

—Shh, Andi, tranquila …— traté de calmarla.

—Si…— se separó secándose la cara con las manos— Pasa.

Entré dejando la bolsa a un lado en la entrada y cerrando la puerta tras de mí. La seguí al salón.

—¿Qué ha pasado?— pregunté consciente de que por lo que aparentaba la situación algo feo había sucedido.

—Lo que tenía que pasar … — se sentó abatida en el sillón— Le dije que se lo contara a sus padres, pero no me hizo caso … lo tomó como una maldita broma …

—Por favor Andi, explícate mejor, no sé de que demonios estas hablando— me senté a su lado.

—De las amenazas que lleva recibiendo desde hace dos meses, prácticamente desde que comenzamos las clases.

—¿Qué le ha sucedido a Nat …?

La golpearon, esta mañana, cuando iba de camino al instituto— comenzó a llorar de nuevo— Fue mi culpa, debería de haber estado con ella …

—Vamos Andi, cálmate … ¿en qué hospital está?.

—En el Santa María ... ella aún no ha despertado … lleva horas inconsciente…— apenas podía hablar.
Tranquila…— la abracé.

—¿Nico?— susurró una vocecita desde arriba.

—Me costó horrores que se durmiera …— comentó separándose de mí y sonándose la nariz con un pañuelo.

—No te preocupes, ya voy yo.

Subí las escaleras y abrí la pequeña puerta de seguridad encontrándome a un Alex lloroso sentado en el suelo. Me senté a su lado, atrayendo su atención.

—Ey muchachote, ¿cómo estas?.

—Nico … — sollozó entre pucheros tirándose a mis brazos.

—Shh, tranquilo cariño— lo besé antes de ponerme en pie con el en brazos.

—¿Nicole?— Dani apareció entre las sombras en la puerta de su cuarto.

—Hola Dani … — me acerqué y lo besé también.

—¿Nicole que ha pasado? ¿Qué le hicieron a mi hermana?— preguntó llorando.

—Aun no lo sé … pero lo averiguaré …

Me tardé un buen rato en tratar de consolarlos pero al final conseguí hacer que se durmieran. Salí de casa algo más de las once, llegando al hospital casi a medianoche. La información que me dio Andi sobre el estado de Natalia era mas bien escasa pero no por ello entrañaba menos gravedad.
Bajé del taxi y entré al hospital por la zona de urgencias. Me acerqué al mostrador con el objeto de preguntar y estaba por hacerlo cuando a lo lejos logré divisar a mi tío. Me acerqué a su lado.

—Tío …

—¿Nicole?— se volvió extrañado a mirarme— ¡Nicole!— me engulló entre sus brazos apenas pudiendo contener las lagrimas.

—Tío, ¿qué ha pasado?.

—Oh Nicole, algún desgraciado ha golpeado a mi niña … algún desgraciado ha intentado matarmelaaaa— gritaba en su llanto.

—Tío, como está ella …— pregunté separándome y mirando sus ojos hinchados y rojos.

—Está en la UCI … en coma …

La gravedad de la situación me golpeó más fuerte de lo que hubiera deseado. Abracé a mi tío, insegura de poder seguir enfrentándolo por más tiempo sin derrumbarme. Necesitaba ser fuerte, por ellos, y por mí.

Subimos por el ascensor y llegamos a planta. Anduvimos por unos pasillos más hasta llegar a una blanca e impoluta sala de espera. Mi tía estaba sentada en una silla, mirando el cristal de enfrente ausente, con un frío café entre sus manos.

—¿Alguna novedad?— preguntó mi tío acercándose a su lado y quitándole el vaso de plástico de entre sus manos.

—No …— susurró apenas audible.

—Tía …— me acerqué y puse una mano sobre su hombro. Me miró.

—Nicole, ¿cómo …?

—Eso no importa ahora— me agaché y la abracé— Se va a poner bien, lo sé— dije mirándola a los ojos y sin saber realmente muy bien por qué había vocalizado eso.

—Sí …— susurró en un amago de sonrisa entre lágrimas.

Le devolví la sonrisa antes de levantarme y acercarme al frío cristal. Lo que vi me partió el alma en dos. Apreté los puños fuertemente haciendo que mis propias uñas se clavaran en mi piel.

“Voy a encontrar al desgraciado que te hizo esto … y más le vale rezar …”

El amanecer nos descubrió sentados en los fríos plásticos de esa sala. El estado de Natalia no había variado lo mas mínimo en toda la noche, seguía inconsciente. Me levanté de mi silla y me estiré intentando acoplar todos mis huesos. Me acerqué al grueso cristal y observé como una enfermera comprobaba los monitores y el suero antes de mirar hacia el cristal y sonreírme. Le devolví cortésmente la sonrisa sin realmente sentirla. Una mano se posó en mi hombro. Me di la vuelta, era mi tío.

—Cariño, voy a llevar a Diana a casa para que aliste a los niños, Andi se quedó la noche allí y tendrá que ir a clase …

—Ok, tío, no te preocupes, ve tranquilo, me quedo aquí … si surge alguna novedad te llamo.
—Gracias— miró a través del cristal— No tardaré.

Salieron de la sala dejándome sola. Miré de nuevo hacia el cristal donde la enfermera había acabado y salía. Entró a la sala, poniéndose a mi lado.

—El doctor pasará en unos minutos.

—Gracias …
—De nada, tranquila, se pondrá bien, es una chica fuerte comentó mientras me tocaba el brazo en un claro gesto por consolarme.

—Sin duda …— la miré y le sonreí.

—No está permitido pero, por hoy haré una excepción, puedes pasar a verla unos minutos … al menos hasta que llegue el doctor.

—Gracias, eso me gustaría.

La seguí al otro lado y entré a la habitación. El silencio entorpecido por el sonido de las maquinas fue lo único que me dio la bienvenida. Me acerqué a la cama donde yacía la persona que más me importaba de este mundo.

—Hola— sujeté su mano— ¿Cómo estás princesa? ... ya, aparte de dormida— sonreí agriamente.

Acaricié su cabello, reparando en el parche que había a un lado de su cabeza.— Quien quiera que te hizo esto … lo va a pagar caro, muy caro … me voy a encargar personalmente de ello, ¿me oyes?— Bajé mi mirada a su rostro, ligeramente hinchado por los golpes. Otro parche se sostenía bajo una de sus cejas. Acaricié esta vez su mejilla. Su rostro denotaba tranquilidad, sosiego. Me acerqué besando suavemente sus labios hinchados. Aun golpeada y demacrada, seguía pareciéndome un ángel. Una lágrima cayó sobre la sabana. Me sequé la cara, enfadada conmigo mismo por no ser capaz de controlar mis emociones. Tras unos instantes tratando de serenarme al fin hablé. – Sé que no he sido lo que se dice, la persona más sincera, pero … tenía que regresar, de cualquier manera … pensé que simplemente sería más fácil hacer como si nada hubiese pasado, pensé que era lo mejor, solo olvidarnos la una de la otra … pero no se puede … no es tan sencillo … yo … no solo destrocé lo que podía haber sido … también me encargué de arruinar nuestra amistad … te hice creer que era solo un juego, que no sentía nada … cuando lo cierto es que me muero por estar contigo, por sentirte cerca, por escuchar tu suave voz … aunque solo sea para gritarme como cuando te enfadas … Natalia, te quiero … por favor, despierta … no me dejes …

Para ese momento ya había perdido el poco control que tenía sobre mis emociones, apoyé, de rodillas, mis brazos en la cama y oculté mi cara entre ellos permitiendo que las lágrimas que emanaban de mis ojos fluyeran libremente, tal como habían deseado desde ayer.

Una temblorosa mano se posó sobre mi cabeza acariciando torpemente mi cabello. Levanté la vista y a través de las lágrimas me encontré con los ojos verdes más bellos que había visto en toda mi vida. Sonreí, solo para ser correspondida con otra sonrisa.

—Despertaste …— fue lo único que supe decir.

—Claro, ya tenía hambre … ¿dónde está mi desayuno?— cuestionó con voz pastosa.

Mi carcajada se ganó otra sonrisa, me acerqué y la abracé.

—Ouch, con cuidado …

—Lo siento— me separé asustada y temiendo haberla lastimado.

—Te lo creíste— me intentó sacar la lengua. Solo moví mi cabeza en respuesta.

—Algunas cosas simplemente nunca cambian— comenté acercándome y besándola en la mejilla.

—Creía que esas cosas te gustaban— dijo mirándome en la cercanía.

—Me gustaban …y me siguen gustando …— me acerqué y le susurré al oído— Cada día más …

La tercera sonrisa de la mañana … el día prometía …

***
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anita
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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Marzo 29th 2016, 3:33 pm

Tres días después y gracias a mi favorable evolución, el doctor decidió darme el alta.

—A ver, con cuidado niños, vuestra hermana tiene que descansar— intentó mi padre quitarme a mis hermanos de encima nada mas cruzar el umbral de la puerta de casa.

—¡Nat!— se abalanzó Andi sobre mí, peor que mis propios hermanos.

—Dijo con cuidado— elevó Nic una ceja a mi lado mientras la observaba.

—Ya, y también dijo “niños”— le respondió mi amiga.

—¿No deberías estar en clases?.

—Ok ok, solo porque lo dijo ese señor tan sepsi— se separó ignorando totalmente su cuestión.

—¡Oye! ¡Que es mi padre!

—¿Y? no deja de ser sepsi solo por eso.

—Y porque no me has visto en mis años mozos— comenzó a mover el susodicho las cejas de manera sugerente.

—¡Ya! ¡Suficiente! ¡Que alguien me saque de aquí ahora mismo!— grité.

Me ayudaron a subir las escaleras y a llegar hasta mi habitación donde me tumbé sobre mi cama.

—mi almohadita querida …

—Peor que los niños— comentó mi prima burlona.

—¡He estado gravemente enferma! un respeto.

—Jaja, estaré abajo si necesitas algo princesa— me besó mi padre antes de salir.

—¿Estás cómoda?— me cuestionó Nic a la par que me cubría con una fina manta.

—Uhm, si, gracias— le sonreí. Se sentó a mi lado.

—¿Ha averiguado la policía ya algo?— preguntó mi amiga tomando asiento a mi otro lado.

—No, no han vuelto a comunicarse con nosotros desde que estuvieron en el hospital tomándome declaración.

—El asunto está complicado, esos tipos se aseguraron bien de actuar sin testigos a la vista— comentó Nic.

—¿Y tu no recuerdas nada?

—No, de ese día solo recuerdo que salí de casa y poco más …

—Les habrás contado lo de las amenazas, ¿verdad?

—¿Cuándo regresas?— intenté ignorar la pregunta cambiando de tema y volviendo la atención hacia mi prima.

—¿Qué amenazas? – cuestionó elevando una de sus cejas y centrándose en Andi.

—Las que lleva recibiendo desde hace un par de meses, ¿no lo ha contado?. ¿Nat?.

—No pensé que fuera relevante.

—¿Qué no pensaste que fuera relevante? ¡Te recuerdo que han intentado matarte! Esto no es un juego Natalia.

—¿Qué tipo de amenazas fueron?.

—Pss, llamadas de teléfono, algunas notas …

—Enséñame esas notas.

—Las tiré— mentí— Pensaba que no formaba parte nada mas que de una broma pesada.

—¡Alucino contigo!— se levantó mi amiga de su sitio y comenzó a dar vueltas por la habitación.

Su móvil eligió ese momento para sonar— ¿Sí? ... ok, ahora mismo voy— colgó— Debo irme— se acercó y me besó— Esto no se queda así, luego te llamo, hasta luego Nicole.

—Hasta luego … ¿De qué tienes miedo Natalia?— me enfrentó nada mas salir mi amiga.

—¿Cómo?.

—Sé perfectamente que tratas de encubrir a esos matones.

—Yo no …

—Entonces muéstrame esas cartas— solicitó no dejándome acabar.

—Ya dije que las tiré— insistí.

—Muy bien— se levantó y caminó hacia el escritorio, cogió la papelera y la volcó desparramando todos los papeles en el suelo— Pues las buscaré.

—No me creerás tan estúpida como para tirarlas ahí y ni vaciarla.

—No me ayudas demasiado a que piense lo contrario. Suspiré antes de responderle.

—En el último cajón del escritorio, debajo de esa vieja libreta.

Abrió el cajón encontrando las notas al instante. Se sentó en la silla, observándolas detenidamente. Noté como su ceño se fruncía antes de mirarme y hablar.

—En las llamadas, ¿reconociste la voz?.

—Nunca me hablaron, siempre era un contestador.

—¿Te has dado cuenta de que las notas están todas impresas por la misma máquina?— levantó los papeles agitándolos al aire.

—Sí, me di cuenta. En todas la p y la y aparecen recortadas por abajo, y si apareciera una q, una g o una j también aparecerían igual— reconocí dándome cuenta que de nada servía ya mentirle.

—La impresora del despacho del director.

Se acercó, sentándose a mi lado y sujetando mis manos entre las suyas.

—Dame una buena razón lo suficientemente poderosa como para que no vaya ahora mismo y la bufe a palos.

—Nicole no …— suspiré decidiendo contarle la verdad— Descubrí que era ella la que me enviaba los anónimos.

—Sabía que solo lo hacia para asustarme pero se lo eché en cara en uno de nuestros enfrentamientos. Acordamos de que yo no le diría nada a nadie y ella a cambio me dejaría en paz … y me dejó en paz, hasta que creyó que me había chivado. El jueves pasado el director me llamó a su despacho para comentarme sobre las jornadas libres que estamos preparando. Ella confundió el motivo de la visita, creyó que la había delatado.

—¿Y ese es motivo suficiente para pegarte una paliza a muerte?.

Me encogí de hombros sabiendo que difícilmente podría hacerla cambiar de parecer.

—No creo que quisiera hacerme daño … solo asustarme.

—Por dios Natalia, ¿te has mirado al espejo? ¿Has asimilado el hecho de que has estado inconsciente por más de veinte horas? Eso no es querer asustar a alguien, es querer quitarlo de en medio— se levantó notablemente enfadada.

—Todo fue producto de la desgracia … un accidente. No voy a denunciarla, y confío en que respetes mi decisión.

Pude ver el odio en sus gélidos ojos azules antes de que saliera de la habitación. La oí bajar las escaleras seguido por el ruido de la puerta de la calle al abrirse y cerrarse.

“Nicole por favor, no hagas ninguna estupidez …”.

Cerré los ojos y comencé a rezar a quien quiera que estuviera allá arriba.

***

“No me puedo creer que sea tan inocente … ¿Acaso el golpe le afectó? Oh, si. No la denunciaré, pero a esa Iris no le van a quedar ganas de acercársele nunca mas”.

Me encontraba a la salida del instituto, esperando a mi victima. No tardé mucho en localizarla tras el sonido de la campana, como no, rodeada por sus secuaces.

—Hola Iris— la saludé apenas pasó por mi lado. Se quedó parada y muda en el sitio— Cuanto tiempo.

—Hola Nicole— me encaró al fin— Chicos, luego os veo —se despidió de sus amigotes.

—Ciertas cosas difícilmente cambian— comenté mientras los veía alejarse.

—Debo suponer que tu visita no es precisamente cordial.

—Supones bien.

—¿Cómo está tu prima?.

—Bastante mejor de cómo la dejaste— la miré con ira haciendo que se revolviera asustada.
—¿Ella te lo dijo?.

—No fue necesario. Te encargaste de marcar el camino perfectamente, todo era cuestión de seguirlo.

—Me dijo que se había desecho de ellas— dijo entre dientes.

—Deberías de dejar de subestimar a las personas y no pensar que son tan estúpidas como tu, en cualquier momento podrían sorprenderte.

Me acerqué un paso hacia ella, el mismo que retrocedió asustada.

—Que me denuncie si quiere, no me importa— espetó con ira sabiendo que el asunto se la había escapado completamente de las manos.

—¿No te importa? Te recuerdo que no solo has amenazado a una menor, la has golpeado hasta el punto de casi matarla. ¿Cuánto podría caerte por eso?— traté de asustarla, consiguiéndolo para mi regocijo.

—Yo no quise hacerle daño … ¡fue un accidente!— gritó haciendo que varios de los transeúntes que pasaban en ese momento se detuvieran a contemplar la escena.

—Eso suelen decir los asesinos después del crimen.

—¡No sigas! ¡No soy una asesina! ¡Solo fue un accidente! Yo no hice que tropezara y se golpeara contra el bordillo.

—Tal vez … Pero si no la hubiera amenazado no la hubieras golpeado, y si no la hubieras golpeado no hubiera tropezado.

—¡Fue un accidente!— volvió a gritar fuera de sí sujetándose la cabeza con ambas manos.
Eso mismo cree ella, por eso no va a denunciarte— paró sus movimientos y me miró con ojos asustados

—Tuviste suerte después de todo, y si quieres seguir teniéndola te daré un consejo, evita molestarla porque para la próxima se pone feo, muy muy feo— me acerqué y le di dos palmadas en la cara haciéndola salir de su estupor. Me giré y me alejé dejándola inmóvil en el sitio.

Llevaba caminando un par de manzanas cuando mi móvil comenzó a vibrar. Lo saqué del bolsillo de mi chaqueta y contesté.

— ¿Sí?.

—¡Nicole!.

—¿Natalia? ¿Qué sucede?.

—Nada, solo … quería saber que hacías.

—Una sonrisa vino a mis labios al percibir su tono preocupado.

—Daba un paseo, ¿por qué? ¿Necesitas algo?.

—No, yo solo … nada, olvídalo. Ten cuidado, ahora nos vemos.

—No te preocupes, hasta ahora.

—Me detuve para guardar el teléfono, observando que enfrente había una pastelería. Entré para instantes después salir con un paquete entre mis manos.

Llegué a casa y me sumergí en la cocina.

—¿Qué es eso? ¿Qué me compraste?— se me abalanzó Dani nada mas verme.

—Pues…— traté de hacerme la interesante.

—¡Dimee!— gritó desesperado.

—Que impaciente …— intentó hacerme cosquillas con el objetivo de quitarme la caja, el pequeño Alex alertado por mis risas acudió en ayuda de su hermano— Ya ya,
¡¡apartad!— se apartaron entre risas y satisfechos.— Pequeños demonios …

Abrí la caja y les entregué un pequeño chocolate. Ambos se quedaron pasmados, incrédulos de que solo fuera a darle eso. Los miré con una ceja alzada.

—¿Qué? Eso os pasa por tomaros esas libertades conmigo— les saqué la lengua antes de comenzar a correr alrededor de la mesa, caja en mano, con ellos detrás.

—Ey ey ey, ¿qué pasa aquí?— apareció mi tío en la cocina.

—¡Tamo jugando!— exclamó el pequeño dando saltos tratando de alcanzar la caja que aun sostenía entre mis manos.

—Ya veo … ¿yo también puedo?— cuestionó con ojillos brillantes mientras veía como se acercaba a nuestro lado sin apartar la mirada de mi caja.

—¡Oye! ¿Pero qué es esto? ¿Es que no os dan de comer desde la navidad pasada o qué?.

Los tres rieron de nuevo. Moví mi cabeza incrédula y me acerqué a la encimera abriendo de nuevo el paquete y sacando una porción de tarta de limón y una tartaleta de fresa.

—¡Hala! mataos vivos— dije sacando un plato y alejándome de ellos. No tardaron en abalanzarse.

Subí las escaleras riendo mientras los escuchaba pelear en la cocina. Toqué suavemente a la puerta cerrada antes de abrirla y sumergir mi cabeza en la abertura.

—¿Se puede?— cuestioné suavemente y con una sonrisa en mis labios.

—¿Tiene visita concertada?— preguntó risueña la paciente desde la cama.

—Uhm, no, creo que no, pero le traigo unos presentes.

—Oh, adelante entonces.

Entré a la habitación cerrando la puerta tras de mi y me acerqué a su lado tendiéndole el plato.

—Tú si que me entiendes— me miró con ojos brillantes antes de llevar el pastel a su boca. Movió la cabeza en un claro gesto de satisfacción.— Uhm, riquísimo…muchas gracias.

—De nada— sonreí satisfecha viendo como devoraba el contenido del plato.

—¿Quieres?— preguntó con la boca llena...

—No gracias …

—Como quieras …tu te lo pierdes…— siguió comiendo, agotando el contenido y lamiendo el plato después.

—Jaja, trae anda, que ya le sacaste suficiente brillo— se lo aparté de las manos levantándome y dejándolo sobre el escritorio.

—¡Oye! ¡Aun le quedaba un poco!

—Si tú lo dices— elevé mi ceja a la vez que volvía a su lado. Agarró mi mano.

—Gracias, fue un bonito detalle por tu parte, no pensé que te acordaras de lo que me gustaba— bajó la mirada. Le sujeté la barbilla e hice que me mirara.

—¿Y por qué no iba a acordarme?

—Porque tu misma me pediste que te olvidara.

—¿Y lo hiciste?— la cuestioné suavemente.

—No, no pude. Ni aunque quisiera podría…y te puedo asegurar que lo he intentado…todo este tiempo he tratado de odiarte pero ni eso he podido siquiera.

—Yo tampoco he podido olvidarte en todo este tiempo.

—¿Por qué me dejaste?— cuestionó mirándome fijamente— ¿Por qué me hiciste creer que no sentías nada por mí?

—Tu me…

—Sí, te escuche en el hospital… ¿por qué lo hiciste? ¿Por miedo?— su tono no era de reproche. Sonaba dolido.

—No, yo…solo tenia que volver, pensé que de esa manera era lo mejor para ambas, reconozco que me equivoqué.

—Nicole, lo que sucedió ese día en el despacho de papá…fue lo que te hizo cambiar de opinión, ¿verdad?

—Si— respondí tras unos breves instantes de dilema mental.

Esperé la siguiente pregunta, no demasiado segura de que iba a responderle. No quería mentirle, pero también había prometido a mi tío no contarle la verdad. La indecisión debió de mostrarse en mi rostro. Acarició la mano que sostenía entre las suyas antes de hablar.
Tranquila, no sé lo que sucedió ese día allí…pero debió de ser lo suficientemente importante como para hacerte cambiar de parecer. No quiero que te sientas obligada a contarme, si hiciste lo que hiciste fue por que creíste que eso era lo mejor en ese momento, solo quiero saber lo que piensas ahora, ¿sigues pensando que así es como debe de ser? ¿Como debemos de quedar?

—No sé si así deba o no deba ser…solo sé lo que siento en este momento.

—¿Y qué sientes?

—Algo que nunca antes había sentido por nadie, algo que me hace sentir la persona más feliz y más desgraciada a la vez.

—¿Yo te hago sentir eso? ¿Te causo dolor?— cuestionó suavemente sin dejar que nuestros ojos se separaran.

—No, tu me haces sentirme la persona mas dichosa…la desgracia viene después, cuando descubro que en realidad no estás, que no tengo nada y solo es una ilusión…un recuerdo…eso es lo que causa dolor…— confesé tragando pesadamente y evitando las lágrimas.

—Quiero ser algo más que un recuerdo en tu vida, que una ilusión.

—Y yo deseo que lo seas, pero siendo realistas… ¿qué futuro hay? tú estas aquí, y yo allí…

—Es temporal, me quedan solo unos meses para terminar el instituto, podría convencer a papá para irme a estudiar allí.

—Nat, no es tan sencillo tú…

—Las cosas son complicadas si tú misma las complicas, tú me enseñaste eso. Déjame intentarlo, por favor…

—No voy a permitir que dejes todo por mí— me levanté y fui hacia la ventana.

El frío viento hacia que las hojas volaran de un lado a otro de la calle. Fijé mi atención en un chiquillo que corría detrás de su madre, prácticamente siendo arrastrado de su mano por esta. Unas manos en mi cintura y un cálido cuerpo pegado a mi espalda me devolvieron a la realidad de ese cuarto.

—No se trata solo de ti…— me volví en el abrazo mirándola a los ojos— Quiero estar contigo.

—¿Estás segura? ¿A pesar de todas las dificultades?

—A pesar de todas las dificultades, nunca he estado más segura en toda mi vida.

Sonreí elevando mi mano y acariciando su delicado rostro. Se rindió a mi caricia entornando suavemente sus ojos.

Acorté el poco espacio que separaba nuestros labios y la besé suavemente. Se separó un poco antes de volver a hablar.

—¿Eso es un sí?— cuestionó con una sonrisa.

—Uhm…tal vez…

La sonada respuesta se ganó un golpe en mi brazo. Sonreí antes de volver a acercarme a su rostro y besarla de nuevo.

***

Un suave toque en la puerta me sacó del recuerdo de lo que había sucedido instantes antes en esa misma habitación. Me aclaré la garganta antes de responder.

—Adelante.

—¿Cariño? Tienes visita— comentó mi madre entrando y haciéndose a un lado.

Mi visita era cuanto menos, inesperada. Me levanté de la cama ligeramente asustada.

—Hola— saludó tímida desde la puerta.

—Hola.

—Bueno, os dejo a solas, si necesitáis algo me avisáis— salió mi madre de la habitación, pobre de ella, sonriente y desconocedora que acababa de llevar a mi cuarto a la causante de que estuviera postrada sobre esa cama.

Me quedé callada e inmóvil, esperando una respuesta por su parte.

—Supongo que te estarás preguntando que ando haciendo aquí…yo solo quería ver como estás.
Amoratada y golpeada, ¿satisfecha con tu trabajo?— le contesté duramente. Bajó la mirada ante mi respuesta.

—Lo siento, no fue mi intención que acabaras así…solo quería asustarte…supongo que perdí el control…

—No me digas, casi no se nota— ironicé.

—Por favor, perdóname, sé que estuvo mal lo que hice— comenzó a acercarse.

—Iris, ya…si lo que pretendes es que no te denuncie tranquila, que no lo haré.

—Puedes hacerlo si quieres, bien sé que me lo merezco.

—El castigo ya lo tienes contigo misma y tu conciencia… no necesitas más.

—Yo…

No pudo acabar, la puerta se abrió haciendo aparecer a Nicole.

—¿A que no sabes que…?— sus palabras también se vieron cortadas al percatarse de la presencia de Iris—¿Qué haces aquí? Creí que te había dejado bien claro lo que había, ¿qué pasa? ¿Eres corta de entendederas o qué?— se acercó amenazante a la rubia.

—Nicole tranquila, ella ya se iba, ¿verdad Iris?

—Sí…ya me iba…lo siento mucho…todo…—salió del cuarto.

Miré a Nicole, mantenía sus puños cerrados a ambos lados de su cuerpo. Su cara lo decía todo. Me miró enfurecida.

—¿Cómo has dejado que entre?

—Nicole, solo quería disculparse…
—Oh si, fenomenal, ahora se disculpa y se arregla todo,¿y c uándo quedamos para la próxima paliza?— comenzó a dar vueltas por la habitación.

Me levanté de la cama y la paré.

—Ey vamos, hasta ella tiene sentimientos después de todo.

—Le dije que no se acercara— elevó un dedo iracunda— ¿Acaso ya no doy miedo?

Me senté sobre la cama, divertida por los rumbos que comenzaba a tomar esto.

—¿Y tú de qué demonios te ríes? no tiene ninguna gracia.

—Eso es porque no te estas mirando ahora mismo, ¿qué te molesta exactamente? ¿Que haya venido a verme o que te haya “desobedecido”?— me encargué de remarcar bien la ultima palabra.

—Una cosa lleva a la otra.

—Si claro…Vamos Nic, ya déjalo estar…solo quería disculparse.

—Supongo— se sentó a mi lado abatida — Es solo que no puedo evitar preocuparme.

—Lo sé— sujeté una de sus manos entre las mías antes de acercarme y besarla en la mejilla.— ¿Sabes? Después de todo Iris me hizo un favor…te trajo de vuelta.

Me miró, claramente alucinada, levantándose de la cama.

—¡¿Y ahora resulta que encima hay que agradecerle que te haya pisoteado?! Tú estas mal, ¡muy mal! Ahora mismo llamo a tu padre para que te lleven a revisar esa cabeza de chorlito de nuevo.

Comenzó a dirigirse hacia la puerta, me levanté entre risas y la abracé.

—Eres una loca…

—Quien fue a hablar— me sonrió. Elevé mi mano y acaricié su rostro.

—Te quiero— le susurré prácticamente sin pensarlo. Vi que su sonrisa se magnificaba antes de acercarse a mis labios.

—Y yo a ti, te quiero…


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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Marzo 30th 2016, 9:48 pm

DÉCIMA PARTE

Mis obligaciones me obligaron a regresar a Londres unos días después.

—¿Y cuándo me la presentarás?.

Levanté la mirada de mi cuaderno por octava vez en menos de cinco minutos y miré a mi amigo entornando mis ojos.

—Vuélvemelo a preguntar y nunca, ¿me oyes?

—Uys, eso sonó amenazante …— comenzó a tirarme trocitos de goma a la cara.

—Tú sigue …que hoy no vuelves entero a la cena.

—¿Pero no me ibas a invitar? Joder que estirada estás desde que tienes novia.

—Ya …— cerré el cuaderno y lo encaré al otro lado de la mesa— ¿Satisfecho?

—No, ¿qué se siente al besar a una chica?— cuestionó adoptando una pose de lo más mariposona.

Enarqué mi ceja, observándolo incrédula, estaba claro que este chico nunca dejaría de sorprenderme.

—¿Qué sentiste cuando me besaste?.

—Cosquillitas … jeje, tu me entiendes …—empezó a gesticular con su cara.

—No, no te entiendo— le respondí seria.

—¡Vamos! ¿Qué sentiste tú?.

—Babas, muchas babas … Por tu bien y el de tu futura, espero que hayas aprendido a besar mejor.

—Teníamos diez años, ¿qué quieres? Demasiado que te besé …

—Oh si, y ahora resulta que me hiciste el gran favor de mi vida.

—¡Claro que sí! Fui quien abrió el camino, ¡pero si nadie se te acercaba a menos de tres metros!

—Y ni falta que hacía.

—Claro, teniéndome a mi cerca …

—Cierto, contigo me bastaba y me sobraba— rodé mis ojos recordando a un mini Robert escondiéndose despavorido detrás de mi para evitar que los matones del colegio le robaran el desayuno.

—¿Entonces cuándo me la presentaras?.

—Mira niño … —elevé el dedo amenazante— a la … El teléfono cortó todo argumento. Me acerqué y lo cogí.

— ¿Si?.

—¿Cómo esta la estudiante de derecho mas guapa de todo Londres?.

—¿Sólo de Londres?— pregunté a la vez que una sonrisa se instalaba automáticamente en mi rostro. Sonrisa que atrajo a mi amigo como un imán a mi lado.

—¿Es ella? Déjame, pásamela, pásamela— comenzó a susurrar entre saltos intentando robarme el auricular. Lo empujé y me volví de espaldas.

—Decir de toda Europa sería muy presuntuoso por tu parte.

—Jaja, ¿cómo estas cariño?.

—Extrañándote horriblemente, pero bien, supongo que bien. ¿Y tú? ¿Cómo vas con los exámenes?.

—Fatal, empiezo a pensar que me equivoqué de carrera.

—Vamos no será para tanto, ya verás como salen bien, solo no te presiones.

—¡Lo que pasa es que no deja de pensar en tiiii!— grito Robert acercándose y ganándose otro buen empujón.

—¿Estás con alguien? ¿Molesto?— la oí cuestionar dudosa.

—¡Noo! Es solo Robert, estábamos estudiando …

—Oh, ok, entonces te dejo, no quiero que te distraigas.

—¡Noo! Quiero decir, no me distraes.

—No es lo que he oído …

Giré mi cara y le dediqué una mirada asesina, asustado levantó los brazos y se separó sentándose sobre el sofá. Moví mi cabeza en un claro gesto de que se largara de la sala. Se levantó y salió.

—Lo siento…ya se fue…no le hagas caso…

—Jaja, ¿lo echaste? Dios, ahora me cogerá pelusilla…

—Eso le pasa por cotilla, te digo que Andi a su lado no es nada.

—Pues ya es decir entonces… ¿y cuando me lo presentaras?.

“¿Qué pasa? ¿La pregunta del día o qué?”.

—¿Quieres conocerle?.

—Me muero por conocer al personaje.

—¿Debo ponerme celosa?.

—No mucho más de lo que ya estoy yo por saber que él te tiene al lado mientras otra tiene que conformarse con tu voz.

—Solo tres semanas.

—Y dice solo…tu lo que no quieres es verme. Claro, como tienes a Robert es fácil…

—Oye que tú también tienes a Andi.

— ¿Y?.

—Pues eso, ¿y? .

—Que te quiero.

—Ah y yo no…

Un grito pareció oírse en la otra línea.

—Mamá dice que te alimentes, te abrigues bien y saludes a la señora Norman de su parte.

—Que no se preocupe.

—¿Ya te he dicho que te quiero?

—Uhm, puede… ¿por qué?.

—Porque te quiero, un beso, nos vemos.

—Te quiero, nos vemos.

Colgué el auricular y me giré percatándome de la presencia de mi amigo bajo el marco de la puerta.

—¿Y tú que haces ahí?.

—¿Comiendo?— respondió con la cuchara en su boca y la tarrina de helado entre sus manos.
—Ya veo, muy bonito…tira pa la cocina y deja eso, que luego tu madre me regaña porque no cenas.

***

—¿Luego saldréis a tomar algo?.

—Uhm, no sé, la verdad es que no tengo ni idea…— le respondí a mi amiga mientras seguí enfrascada en la colocación de los adornos del árbol de Navidad.

—¡El ositoo! ¡El osiiitooo!— exclamaba saltando a mi lado mi hermano mientras me tendía la preciada figura.

—El osito, ¿dónde lo ponemos Alex?— lo cuestioné observando que poco espacio quedaba ya entre las ramas para otro cacharro más.

—¡Ahiii!!— alzó los brazos intentando llegar sin éxito a la cúspide del gran árbol.

—¿Al lado de la estrellita?

—¡Siii!!— saltó emocionado.

—Ok— lo alcé en mis brazos y le permití poner el adorno.

—¡Ya!— gritó haciendo palmas.

—Dios, ¡¡eres un fenómeno Alex!!¡¡Te quedo divino de la muerte, oseaaa!!— lo aplaudía a su vez mi amiga.

—Jijiji.

—Lo coloqué en el suelo dirigiéndome de nuevo a Andi.

—¿Algún plan para luego?

—Lo de siempre supongo, ya sabes cena familiar y fiestorro en casa. Si no tenéis nada mejor que hacer, que lo dudo— me guiñó un ojo pícaramente— Os podríais pasar.

—Pues mira, no es mala idea, a ver que dice Nicole, porque dudo que quiera quedarse en casa.

—La verdad es que eso de pasar la cena de Navidad con los socios de tu padre— hizo una mueca.

—Ya sabes lo completo que es…

—¡Sí! Ya veras que sorpresa cuando te vea— apareció el susodicho tras la puerta de la entrada.

— ¡Vaya! ¡Pero si tenemos visita! ¡Hola Andi!

—Hola Miguel.

—¡Papá!— se tiró Alex a sus brazos desde el sofá.

—¡¡Woooaa!!¡¡Pero si está aquí mi hombrecitoo!! Pasa David, no te quedes en la puerta— le comentó al chico que se encontraba a su lado instantes antes de entrar a la habitación.
Hola— nos saludó cortésmente aun cerca de la puerta. Le devolvimos el saludo.

—Os acordáis de David, ¿verdad?

“Como olvidar al primer chavalín con el que me morreé…”

—Si… ¿Qué hay? ¿Cómo estas?— me acerqué a él y lo besé cordialmente.

—Pues nada, aquí a traer unos bultos para la cena para luego no venir tan cargados, si me permitís voy sacarlos del coche.

—¿Necesitas ayuda?— le cuestionó mi padre.

—Nah, puedo solo…ahora regreso— dijo dedicándome una sonrisa antes de volverse y salir.

—Que chico mas simpático, ¿verdad?— comentó papá dirigiéndose hacia la cocina con mi hermano aun en sus brazos.

—¿Y Nic?— pregunté extrañada, pues supuestamente debería de haberla recogido ya.

—Llamó a la oficina diciendo que su vuelo se retrasaba por un par de horas, iré en un rato, ¿te apuntas?

—Me gustaría— le sonreí bobamente mientras lo veía perderse tras la puerta.

—Tierra llamando a Natalia, tierra llamando a Natalia, Houston tenemos un problema.

—¿Eh?— volví la atención hacia mi amiga.

—¿Acaso aun no te has coscado de la situación?— enarqué mi ceja al más puro estilo Nic— El tipo de ahí fuera…jeje, hola— lo saludó sonriendo falsamente cuando el susodicho cruzó la sala directo a la cocina—…va a cenar con vosotros esta noche— susurró entre dientes.

—Sí, ¿y?

—¿Cómo que y? ¿Tengo que hacerte un croquis? ¡Tu ex y tu novia van a estar en la misma mesa!

—No es mi ex…— traté de restarle importancia al asunto.

—No trates de llamarme mentirosa…que yo misma vi como os intercambiabais los chupetes en la guardería… además, ¿no te has fijado como te mira? ¡Pero si te desnuda con la mirada!

—Jaja, Andi, por favor, no me seas dramática…el no me mira así, y respecto a lo de los chupetes… ¡éramos niños!

—Que conste que te avisé…saluda a Nicole de mi parte —se acercó besándome en la mejilla— Y si queréis pasaros luego ni lo dudéis.

—Sí, gracias.

—Por nada…mantén los cuchillos bien lejos de esos dos en toda la noche.

—Jaja, y luego la paranoica soy yo…hasta luego.

—Hasta luego.

Cerré la puerta y me giré encontrándome con David de nuevo.

—Lo siento, tenías que…— me aparté dejándole sitio para pasar.

—No, ya he…sacado todo…solo eran un par de ollas.

—¿Ya se fue Andrea?

—Sí, tenía prisa, me pidió que te despidiera de su parte— mentí.

—Gracias, raro…de sobra es sabido que le caigo peor que una patada en el culo.

—Nah, no creo. ¿Y que tal en Italia?— intenté cambiar de tema.

—Bastante bien, estoy compartiendo piso con un par de chicos más.

—¿También estudiantes de periodismo?

—Si… ¿y que hay de ti? no has cambiado tanto desde la ultima vez que te ví …

—Jaja, ¿tu crees?

—Claro que sí, de pequeña eras la niña más bonita de todo el colegio y ahora de mayor… ¡wooaa!

“Oh oh, Nat terreno peligroso…a ver donde pisas”

—Esta claro que necesitas revisarte la vista con urgencia.

—¿Sabes? que estudiaras periodismo no me sorprende, era algo que desde pequeño te apasionaba pero, ¿estudiarlo en Italia?

—Ya sabes que siempre me gustó todo de allí— me miró con descaro.

“¿Este chico siempre ha sido tan directo? Definitivamente tanta pasta y pizza le afectaron…”

—¿Y tú? ¿Me seguirás?— continuó.

—Jaja, ¿a Italia? No creo…

—Bueno, realmente me refería a si estudiarías periodismo, también te encantaba.

—Y lo sigue haciendo…

—¿Eso es un sí?

—Tal vez…pero nunca en Italia.

—Nunca digas nunca— me sonrió— Además, tú lo tendrías fácil allá. Tienes familia y hablas mucho mejor que yo el italiano, que ya es decir.

—Jaja, pues estaría bien…si fui yo quien te enseñó. Pero nah, paso…prefiero España.

—Uys, ¿y de que hablan los tortolitos?— apareció mi padre.

—Nada, aquí rememorando viejos recuerdos— comentó David sin dejar de mirarme.

—¿Vas a ir ya a por Nic?— le pregunté obviando el comentario.

—Si, ¿venís?

“No, por favor, di no…”

—Papá seguro David tiene muchas cosas que hacer…

—Nah, para nada, ¿quien es Nic?

—Mi sobrina, vamos a recogerla al aeropuerto. Vive y estudia en Londres pero pasará las Navidades con nosotros— dijo mi padre saliendo de casa.

El camino hacia el aeropuerto transcurrió con el monólogo eterno de papá hablando de negocios con David. Aparcamos el coche y nos dirigimos hacia la terminal desde donde desembarcaría. Íbamos caminando cuando noté que alguien me agarraba desde atrás por la cintura.

—¡Buu!.

Me giré claramente asustada. Era Nicole. Me miró sonriente antes de envolverme entre sus brazos.
—Princesa, no te pares o llegare… ¡Nicole! ¿Cómo…?— cuestionó extrañado papá mientras reparaba en su presencia.

El vuelo solo se retrasó una hora, iba de camino a coger un taxi cuando os ví— se separó de mi y se abrazó a él.

—Cariño, hubieras llamado... Sabes que no había ningún problema.

—Ya, pero quería daros una sorpresa.

—Una sorpresa me diste a mí, que por poco me da un infarto del susto— la golpeé en el brazo en broma.

—Ouch, ¿así es como me recibes? yo también te quiero.

Le saqué la lengua en respuesta. Sonrió antes de dirigir su mirada hacia el chico que había a nuestro lado.

—Nicole, él es David, el hijo de mi socio Carlos. David, Nicole, mi sobrina.

Se saludaron cordialmente antes de poner rumbo hacia el coche. El viaje de regreso esta vez transcurrió en un interrogatorio hacia Nic, tanto por parte de papá como de David quien para mi sorpresa y “desgracia” había elegido pasar el camino esta vez en el asiento trasero con nosotras. Sus miradas y sus sonrisas hacia mi no parecieron pasar desapercibidas para la persona sentada a mi otro lado.

—¿Y conoces a ese David desde hace mucho?— cuestionó Nicole mientras ya en nuestra habitación colocaba su ropa en el armario.

—Desde niños, ¿te ayudo?— me levanté colocándome a su lado.

—No, no hace falta…— siguió entregada a su labor.

—¿Estas molesta conmigo?— dejó todo su quehacer y me miró.

—No, ¿por qué?
—Porque aun no me has besado— me acerqué mas, rodeando su cintura con mis brazos.

—Ah, por eso…— torció la boca pensativa— Pues déjame decirte que tu tampoco lo has intentado, ¿no te hace eso pensar que tal vez lo esté esperando?

Le sonreí antes de comenzar a acercarme a su rostro, nuestros labios comenzaron a rozarse apenas cuando la puerta fue abierta de pronto. Nos separamos rápidamente.

—¡¡Nicooo!!— gritó Alex entrando y enganchándose como siempre de la pierna de esta.

—¡¡Aleeex!!¡Cuánto tiempo renacuajo! A ver, déjame verte... —consiguió que se separara— ¡¡Iooss!!¡¡Cómo has crecido!!

—Jiji, ¡¡toy grande!!

—¡¡Siii!!— se puso de rodillas a su lado— Dentro de poco me ganaras.

—Jiji, ¡¡sii! ¡Miraa! ¡Quería verteee!— señaló hacia la puerta desde donde Rosita intentaba huir.

—Ohh, vaya… ¡Rositaa! ¿Seguro que quería verme? Más bien creo que quiere irse.

—¡¡Noo!!¡Rositaaa!— se levantó y la cogió. Rosita asustada se escondió en su caparazón.—
¿Rosita?— la sacudió— ¡Desperta!

—Jaja, Alex déjala, esta cansada…

—Si, tié sueño, voy a acostarla— salió corriendo de la habitación dejándonos de nuevo a solas.

Se levantó y cerró de nuevo la puerta. Comenzó a acercarse sugerente hacia mí.

—¿Por dónde íbamos?

Uhm…— sus labios en mi cuello no me dejaban pensar con claridad.

De nuevo la puerta se abrió de repente.

—¡Nicole!— exclamó ahora mi otro hermano entrando sin ningún tapujo a mi habitación y acercándose a nosotras.— ¿Qué hacéis?— cuestionó extrañado dada nuestra rara posición.

—Eh, nada, mirándole a tu hermana algo que tenia en el cuello.

—Será un chapetón de su novio.

—Seguramente— me miró risueña admirando todas las tonalidades de rojo en mi cara.

—¡Sal de aquí sapo!

—Nicole que bueno que vinieras— pasó olímpicamente de mí y la abrazó— Ya veras, conseguí un nuevo juego de luchas.

—¿El que te conté?

—¡Sí! Me costó encontrarlo pero…buff, tá de vicio…

—¿jugaremos? si si, por fa…

—Claro…espero que hayas practicado porque esta vez no pienso dejarme.

—Te vas a cagar…me voy a practicar— e igual que entró, salió.

—Niños— rodé mis ojos.

—Así que novio, ¿eh?.

—No te irás a…

—¿Me puedes besar de una puñetera vez?— se acercó no dejándome ni acabar. Y estaba por hacerlo cuando de nuevo la puerta se abrió sorprendiéndonos ahora abrazadas.

—¡Nicole! ¿Tienes ropa sucia?.

—No…toda limpia tía — se separó de mí algo cortada.

—Lo suponía. Si tenéis frío dadle a la calefacción, aunque por mí podéis seguir abrazadas. Ahorro pa el rancho— cerró la puerta dejándonos a solas de nuevo.

Comenzamos a reír por lo cómico de la situación.

—¿Toda tu familia se puso de acuerdo o qué?.

—Por si acaso mantén las distancias…que aun queda papá.

—Y el David ese…

—El no creo que suba. Toc toc.

—Al menos alguien educado… ¡adelante!— grité a quien fuera que estuviera al otro lado del pasillo.

—Hola, ¿se puede?— cuestionó dudoso David entreabriendo la puerta.

—Hola, sí, claro.

—Bueno, me estaba preguntando si querríais venir a dar una vuelta antes de la cena.

—Uhm…— miré a Nicole esperando una respuesta por su parte.

—Conmigo no contéis, aun me queda equipaje por sacar, la ducha…uff…

—¿Y tú Natalia?.

—Bueno, eh…otro día tal vez…aun me queda ducharme también, además tenia que arreglarte el pelo, ¿verdad Nic?— busqué que me siguiera el juego.

—Oh si…pero no te preocupes, ve si quieres, ya me las apañaré— sonrió pasando completamente y como si aquello fuera lo más normal del mundo.

—Anda, ven…

—No, mejor otro día… ¿sí? De verdad tengo aun cosas que hacer.

—Ok, como quieras, luego os veo entonces…hasta luego.

—Lo siento, hasta luego— dije a la vez que lo veía desaparecer tras la puerta cerrada.

—Eres mala, mira que darle calabazas al pobre chico—comentó Nic comenzando a ordenar de nuevo su ropa.

—Habló la santa…parece que quisieras que me metiera en su cama.

Enarcó su ceja y me miró.

—Creía que no tenía de que preocuparme, que solo era tu amigo de la infancia.

—Pues sí…

—¿Entonces? ¿Pretendes que te cele? ya sabes que eso no es que vaya precisamente conmigo…

—Ya, pero al menos podrías fingir un poco.

—¿Mas de lo que ya de por si hago? Por favor, no me vengas con niñerías ahora…— se dio la vuelta y siguió con su labor.

—¿Niñerías? ¿Te parecen niñerías? Dime, ¿de verdad te importo?

—Por supuesto que me importas, ya deberías saberlo, ¿o que aun no te diste cuenta?— me encaró de nuevo.

—No lo parece cuando te comportas así…como hace un rato…— salí de la habitación con lágrimas en los ojos y me encerré en el baño.

***

“Vale Nicole, tu sigue centrada en tu plato e ignora las risas de tu novia con ese payaso…no vas a mirar, no vas a enarcar tu ceja y por supuesto no vas a abrir tu bocota para interrumpirles. Eso, tu solo come y calla. Los celos no te consumen…solo es, la sensación de sentirte ignorada por la persona que quieres mientras un elemento trata de camelársela a base de bromitas y chistecitos…”

—…si, y va y dice, el pavoo, ¡el pavooo!

—Jaja, menudo pánfilo. Espero me lo presentes algún día, se ve un tipo…interesante.

—Jaja, sin duda…si hubieras visto la primera vez que salimos de copas…

“Suficiente…”

Me levanté de mi silla y puse rumbo hacia la cocina. Me apoyé con las manos en la encimera a la vez que cerraba los ojos y trataba de calmarme. Unas manos no tardaron mucho en posarse en mi cintura. El olor de su perfume la delató.

—¿Qué quieres? ¿Ya te aburriste de tu amigo?— pregunté aun con los ojos cerrados.

—No seas estúpida… Me giré y la encaré.

—Estoy cansada Natalia, esto no funciona…y lo sabes.

—¿Te cansaste de mí?.

—No pero…

—Sí de él.

—Tal vez…Mira, parece un chico agradable, simpático, buena gente, le gustas, a tu padre le encanta…Lo que quiero decir es que tal vez deberías reconsiderarte la idea de…

Cortó toda mi verborrea juntando nuestros labios.

—No hay nada que reconsiderar…te quiero a ti…y que sea un chico agradable, simpático, buena gente, que le guste y a mi padre le encante…No va a cambiar nada. Siento haberme comportado como una niña contigo esta tarde, pero más siento que la rabieta me haya llevado a ignorarte de esta forma durante toda la noche.

—¿Rabieta? ¿No era un plan?

—¿Siempre tienes que cuestionarme todo?

—Ya sabes que no me gusta dejar cabos sueltos.

—Ejem— carraspeó alguien en la puerta. Nos separamos antes de girarnos y descubrir de quien se trataba— Lo siento, no quería interrumpir, solo venía a por algo de hielo.

—Uhm, si, está en el congelador…

—Gracias, no lo hubiera ni imaginado…— comentó el chico abriéndolo y sacando una bolsa para instantes después vaciarla en la cubitera.

—¿Necesitas ayuda?— trató de acercársele Nat.

—No, no te preocupes, podéis seguir con lo vuestro— me miró con asco antes de salir por la puerta.

—David espera…— trató de seguirle Natalia pero la sostuve del brazo.

—Déjalo, creo que será mejor que le des su tiempo…

—Si, supongo…— bajó la mirada.

—Ey— le sostuve la barbilla haciendo que me mirara— Todo va a estar bien, ya veras— le sonreí.

—Eso espero, será mejor que volvamos…

—Sí.

La seguí a través de la puerta y el pasillo hasta llegar a la sala. Nos sentamos a la mesa, frente a nuestros respectivos platos. David, que en ese momento estaba hablando con su padre, se giró a mirarnos. De sobra esta decir que el desgraciado se pasó el resto de la noche ignorando a Natalia a su lado.

—Hola— dije saliendo al patio de la cocina y dirigiéndome hacia el balancín con una copa en cada mano. Le tendí una al chico sentado, la cual aceptó.—

—¿Puedo?— cuestioné insegura.

—Por que no ibas a poder, si a fin de cuentas prácticamente vives aquí.

—Aún así, no dejo de ser una extraña.

—Por eso te tomas tantas libertades con la hija de los dueños, ¿verdad?

—Siento mucho que tuvieras que enterarte de esa manera.

—No lo sientas, me alegro de que me hubierais abierto los ojos de esa manera, seguro que bastante ya os habréis reído a mi costa — tiró el cava hacia el césped quedándose con la copa vacía entre sus manos.

—No digas cosas que no sabes, Natalia te aprecia mucho…y me guste más o me guste menos, puedo intuir por que…

—¿Y ella te lo ha dicho?

—No, pero basta entrar ahora mismo ahí dentro y mirarla a los ojos para ver que se encuentra herida.

—¿Y qué haces aquí perdiendo tu tiempo conmigo? ve allá a consolarla, que seguro que se te da estupendo— me miro fríamente.

—Pensaba que eras otro tipo de persona, pero ya veo que me equivoqué— me levanté y comencé a caminar hacia el interior. Me detuve y me volví— Solo una última cosa, ¿qué te molesta más? ¿El hecho de que esté con una mujer? ¿O el hecho de que tu ego de machito haya sido herido? Ahí queda la pregunta…— me giré y continué caminando hacia dentro.

Entré a la sala, donde la música ya invadía el espacio haciendo que las paredes retumbaran. Me acerqué a mi tío, demasiado alegre dado lo temprano de la noche.

—¿Sabes donde esta Natalia?

—Subió a su cuarto, al parecer no se encontraba muy bien…anda súbele una copa que se anime, ¡la noche es joven!— comenzó a bailar saltando mas que un canguro.

Subí las escaleras y toqué suavemente a la puerta.

—Adelante.

—Hola— dije entrando y cerrando la puerta tras de mí—¿Qué haces aquí tan temprano? ¿No te encuentras bien? pregunté acercándome y ya sabiendo la causa de tal encierro.

—Estoy cansada, fue un largo día.

—¿Segura?— me quité mis zapatos y me tumbé junto a ella en la cama.

—No, lo cierto es que no paro de darle vueltas a lo que ha sucedido en la cocina…no quería que se enterara de esa manera…Me duele saber que después de todo no fuera como esperara, que no me acepte de esta manera, creía que era mi amigo…— me miró al borde de las lagrimas.

—Ey vamos— la abracé— Solo necesita tiempo para asimilarlo todo…concédeselo.

—Ojalá tengas razón…

—Ya veras como sí— la besé en la sien antes de separarme un poco y tratar de secarle las lágrimas— Y no llores mas, que se te corre el rimel.

—Pero si no llevo rimel— sonrió.

—Tal vez, pero conseguí mi objetivo— le sonreí a mi vez antes de acercarme y besarla suavemente.

—¿Y solo tienes ese objetivo?— cuestionó sugerente cuando nos separamos.

—Si te portas bien, tal vez mas tarde te desvele el resto.

—Interesante— comentó antes de posicionar sus labios de nuevo sobre los míos.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Marzo 31st 2016, 7:13 pm

—Muere cabrón de mier…

—¡Dani! ¿Qué te tengo dicho?

—Sí, señorita Scarlataaa…¡¡cabronazo!!¡Dale Nic!

—¡¡Daleeee!!

Rodé mis ojos mientras intentaba por tercera vez centrar la atención en el libro que sostenía en mis piernas. Serían algo más de las seis de la tarde. De nuevo el sonido del par de energúmenos que tenía delante me distrajo de mi cometido. Elevé mi vista hacia el televisor donde dos pequeños monigotes intentaban ganar la Segunda Guerra Mundial ellos solitos.

—¡¡Danii!! No puedo, ¡necesito ayuda! ¡Ayuda! cambio…

—¡¡Usa el bazocaa!!¡¡El bazocaa!!

—Ah, será hijo de…—tiró Nicole el mando al suelo antes de subirse a mi lado en el sofá y robarme parte de mi manta.

—Ey…—intenté quejarme para solo ganarme por eso el quedarme destapada completamente. Me sacó la lengua mientras se reliaba en ella en la otra esquina del sillón.— Ahora veras…— me abalancé sobre ella.

—¡¡No te preocupes, yo te vengaré primaa!!¡¡Fiuuu!!

—¡¡Fiuuuuu!!— seguía mi hermano golpeando frenéticamente los botones del mando mientras se revolcaba por el suelo, ausente a nuestra propia batalla campal sobre el sofá.

—Ouch…si serás…— se defendió intentando hacerme cosquillas. Suficiente ataque para acabar de bruces contra el suelo. – ¿Te has hecho daño, cariño?— preguntó inocente desde arriba.
Mi respuesta no se hizo esperar, de nuevo subí sobre ella y comencé a atacar, siendo yo esta vez la que la arrojaba contra el suelo.

—¿Estas bien, mi amor?— pregunté ahora yo desde arriba.

—Oh sii…— sin esperarlo acortó el breve espacio que nos separaba y me robó un beso— Divinamente tesoro…—susurró antes de levantarse. — Pa que no pase frío mi niña— Me tapó mimosamente con la manta — ¿Te apetece algo caliente?

—¿Un chocolate?— la miré con ojillos suplicantes.

—Marchando un chocolate para la niña. Dani, ¿tu quieres algo?

—¡Palomitas!

—¡Y unas palomitas para mi vengador!— la vi desaparecer por el pasillo.

Apenas habían pasado unos segundos cuando el timbre sonó.

—¡Voy yo!— la oí decir a la vez que se dirigía hacia la puerta.— Hola.

—Hola… ¿qué hay? ¿Está Natalia?— el sonido de esa grave voz hizo que de un salto me levantara del sofá.

—Sí, pasa…

Me encontraba doblando la manta cuando David y Nicole entraron a la sala.

—Hola…— dijo algo cortado aun en el marco de la puerta.

—Hola, no te esperaba…

—Bueno, yo…estaré en la cocina. Dani, ¿por qué no vienes y me ayudas con esas palomitas?

—¿Ahora? joo…

—Andaa…por fáa…

—Bueeeno, pero luego jugaremos un partidillo, ¿vale?

—Hecho… ¿David? ¿Te apetece tomar algo? ¿Un café?

—¿Un chocolate?

—Un café estará bien, gracias.

—Ahora mismo volvemos…— de nuevo se perdió por el pasillo, aunque esta vez junto a mi hermano.

—Yo…siento molestar…— intentó disculparse mi amigo.

—Nah, para nada, ni te preocupes, ya ves que planazo tenemos para una fría tarde de domingo.

—¿No están tus padres?

—No, salieron a una comida, se llevaron solo a Alex.

—Oh, ya veo…bueno, yo solo vine a…disculparme contigo por lo de la otra noche…siento haberme comportado así, supongo que solo me sorprendió. El hecho de que me gustas creo que no es ningún secreto, desde niños me has gustado…pero quiero que sepas que el que estés con otra persona no va a cambiar nada al respecto. Seguirás siendo mi amiga, y te seguiré queriendo y apreciando como tal.

Lo noté titubear durante unos instantes, antes de tragar pesadamente y volver la mirada hacia otro lado. Me acerqué y lo abracé.

—Gracias David, todo esto, significa mucho para mí— dije apenas me separé de el.

—Es buena chica, ¿verdad?

—Si…— bajó la mirada— Y tu también eres un buen chico.

—Gracias, supongo que simplemente no vengo con los complementos adecuados— me miró tratando de bromear.

—Si hay algo de lo que me he dado cuenta, es de que los complementos poco importan a veces— le sonreí.

Pareció quedarse un rato pensativo, analizando mis palabras, hasta que el conocimiento se vio reflejado en su cara. Estaba a punto de hablarme cuando Nicole y Dani aparecieron en la sala.

—La merienda está lista.

El buen ambiente reinó durante el resto de la tarde. A eso de las ocho David se despidió de nosotros y se marchó a su casa. Terminé de recoger los cacharros de la merienda y subí a mi habitación. Me encontraba preparando mi ropa para meterme a la ducha en cuanto saliera Nicole cuando el sonido de su móvil me sorprendió. Lo sostuve entre mis manos intentando adivinar quien era a través del identificador de llamadas y con el dilema de seguir dejándolo sonar o cogerlo. Decidí que lo mejor era dejarlo sonar hasta que saltara el contestador, y así hice. Pero tras unos breves instantes en silencio de nuevo comenzó a sonar. Lo cogí y salí de la habitación. Toqué a la puerta del baño.

—¿Nicole? ¿Has termin...?

—¿Sí?— abrió la puerta rodeada en una minúscula toalla.

—Eh, estoo…— sacudí ligeramente mi cabeza en un claro gesto por librarme de todos esos pensamientos perversos que comenzaban a venir — Móvil— se lo planté en todas las narices.

—Oh, gracias… ¿Sí?— cuestionó con el cacharrito en su oreja— Oh, hola señor Stevens.

Me quedé pasmada en la puerta sin ser capaz de moverme ni de apartar la mirada de cada gesto. Ella por su parte permanecía ajena a mí, concentrada en la conversación con el tal Stevens. No sé ni como lo hice pero al final conseguí ordenar a mis piernas que volviéramos a la habitación para otorgarle cierta privacidad. Cerré la puerta tras de mí antes de suspirar.

Me senté sobre mi cama mientras intentaba evadirme del suave susurro a través de la cerrada puerta de su perfecto ingles. Unos minutos bastaron para que entrara a la habitación, para mi insatisfacción con algo más de ropa. Comenzó a rebuscar en una carpeta que sacó de uno de los bolsillos interiores de su maleta vacía.

—¿Era importante?

—Si— siguió enzarzada con los papeles hasta que pareció encontrar aquello que tanto buscaba. Estuvo un rato leyéndolo antes de coger de nuevo el teléfono y llamar.

—Señor Stevens, no puede ser…— comenzó a dar vueltas por la habitación con el teléfono al oído— No, le digo que no puede ser, y no me estoy metiendo con su trabajo, solo que los datos no concuerdan— hablaba tan rápido que no la entendía, parecía exasperada.— Ok, me reuniré con usted, nos vemos— colgó y tiró el móvil hacia la maleta. Movió la cabeza antes de comenzar a ordenar todos los papeles que había sacado y a guardarlos en su sitio.

—¿Sucede algo?— pregunté insegura, no sabiendo a que venia todo eso.

—Si, tengo que volver a Londres— comenzó a sacar su ropa del armario y a meterla en la maleta.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Cuándo?—pregunté levantándome y acercándome a su lado.

—Mañana seguramente, tengo que recoger unos papeles de la oficina de mi abogado para llevárselos a alguien.

—¿Y no puede dárselos tu abogado?

—No, tengo que verificarlos con los que yo tengo en mi poder antes.

—Pero...

—Es necesario Natalia, es importante— me miró dejando a un lado su labor— Te prometo que si puedo, intentaré regresar aunque sea para tres días.

—No te preocupes— me acerqué y la abracé— Haz lo que tengas que hacer, podré esperar.

***

—Mire señor Stevens, no tengo nada en contra de usted ni mucho menos, pero esta información no me cuadra lo mas mínimo.

—Pues está claro, todos los datos lo confirman, su abuela Anne Rismond Brown murió hace exactamente 26 años.

—¡No! ¡Le digo que no, ella no puede estar muerta!

—Pues lo está, y pronto lo comprobará.

Preferí callarme y dar por zanjado el tema en ese momento. Intenté ignorar el martilleo incesante de mi cabeza y me centré en el paisaje a través de la sucia ventana de mi puerta. Hacía ya dos días que había regresado de España, el mismo tiempo que llevaba sin poder conciliar el sueño.

“Ella no puede estar muerta, no puede. Sé que aun vive, no sé por qué, pero lo sé…”

Dos horas mas tarde llegamos a nuestro destino, Portsmouth.

—¿Hacia dónde nos dirigimos?— pregunté en cuanto vi que pasábamos la ciudad de largo y poníamos rumbo a las afueras.

—Hacia el cementerio.

Tragué pesadamente ante la revelación, vale que sabía que me demostraría el dato pero nunca imaginé que de forma tan directa.

—No te dará miedo…— comentó guasón mirándome de reojo. Me limité a enarcar mi ceja y mirarle de lado.

—Tranquilo, cuidare bien de usted.

Siguió conduciendo aparentemente molesto. No tardamos mucho en llegar al siniestro lugar. Bajé del coche, alegre por librarme de los malditos muelles del asiento del copiloto, y comencé a estirarme intentando colocarme todos los huesos en el sitio. El desgraciado me había tenido en esa tartana viajando durante toda la noche.

—¿Y bien?— lo miré esperando que me mostrara la evidencia. Con toda la parsimonia del mundo cogió un papel, sacó un sobrecito de su bolsillo y comenzó a liar un cigarro.

—Uhm…sígame…— entró al campo sagrado y comenzó a caminar. Lo seguí no demasiado segura de si el tipo sabía exactamente hacia donde iba. Después de varias vueltas en círculo al recinto pareció ver la luz.

—Está en la parte vieja.

Rodé mis ojos y lo seguí en silencio mientras interiormente me recordaba a mi misma que el asesinato era un grave crimen a o los ojos de la ley, muy a pesar de que con el se pudiera librar al mundo de imbéciles como al que seguía.

Salimos del recinto y cruzamos la carretera, entrando a una zona mas desolada. Tras pasar varias lapidas al fin se detuvo en una. Se giró sonriéndome con aire triunfal.

—Hemos llegado. Le presento a su abuela.

Pasé al tipo, y miré el mármol que en ese momento me señalaba con tan poco tacto.
Anne Rismond Brown 1938—1980
Tus hijos y tu esposo no te olvidan

Me agaché, apoyando mi rodilla en la mojada tierra y acaricie la lapida.

—¿Satisfecha?— cuestionó impaciente Stevens.

—No, ¿cómo descubrió que esta mujer era mi abuela? ¿Qué le llevó hasta aquí?—pregunté sin mirarle aun acariciando el frío mármol.

—Como le dije una compañera de su abuela me dijo que con el traslado del hospital ella había decidido venir a Portsmouth, sabia que se llamaba Anne pero desconocía sus apellidos, usted solo me dio las iniciales como recordará.

—Era la única información de la que disponía en ese momento.

—Ella me dio el nombre completo, descubrí que era su vieja compañera casi por casualidad mientras me ayudaba a buscar entre los archivos del nuevo hospital. Cuando llegué aquí lo primero que hice fue buscar si estaba en el registro de defunciones.

—¿Y ya está? ¿Así de sencillo?

—¿Sencillo? Me llevó días obtener toda la información.

—¿Toda la información?— me giré escéptica— ¿Qué información? ¿La de que estaba muerta? dígame Stevens, ¿se ha encargado acaso de averiguar algo mas de quien tanto asegura que es mi abuela?

—¡Las pruebas están claras! me pidió que buscara a su abuela y aquí la tiene.

—Creo que le paso un cheque mensual con los suficientes ceros como para que pueda hacer bien su trabajo.

—Si, y cumplí con mi parte del trato, el trabajo está hecho, que usted no quiera aceptar la realidad es otra cosa bien diferente.

—¿Realidad? ¿Qué realidad?— reí irónicamente— ¿La de que es un incompetente?

—Mira niña…—comenzó a amenazarme con su mano.

—¿Niña? ¿Cómo que niña? Seré joven pero no imbécil. No hace falta ser detective para darse cuenta de que hizo mal sus deberes Stevens. ¿Se ha parado a mirar atentamente esa lapida? ¿A comprobar datos? ¡Pero mírela!— le ordene agarrándolo de su llamativa chaqueta a rayas y poniéndolo frente a la losa— ¿Qué dice? Aparte del nombre que parece ser lo único que le llama la atención. Fíjese en las fechas. Mi abuela no nació ese año y usted lo sabe.

—Podría ser un error en la lapida o en sus averiguaciones se apresuró a responder.

—Eso es algo que me encargaré de comprobar personalmente Stevens, porque usted, como bien dijo, ya hizo su trabajo. Está despedido.

Ni que decir tiene que el muy cerdo me dejó ahí mismo. Salí del cementerio y comencé a caminar hacia la ciudad. Con un poco de suerte tal vez pudiera averiguar algo que me ayudara a llegar hasta la familia de esa mujer.

Y la tuve, cuando llevaba apenas media hora de camino divisé una parada de bus, comprobé las líneas y espere al bus que me llevaría al centro de la ciudad. Apenas unas horas mas tarde estaba saliendo del registro civil con toda la información que necesitaba. Un taxi me llevó a mi siguiente destino, el domicilio del esposo de Anne Rismond.

No estaba demasiado lejos del centro, apenas un par de urbanizaciones mas al este. La casa que encontré parecía bien cuidada a pesar del pésimo estado en el que parecía encontrarse dada su antigüedad. Atravesé el jardín y subí las maltrechas escaleras de la entrada. Toqué con decisión a la puerta una vez estuve a la altura, no dándome así tiempo para arrepentirme.

—¿Quién es?— preguntó una ronca voz al otro lado de la puerta.
—Uhm, ¿señor Spencer?
—Si, ¿quién es?— de nuevo cuestionó, aunque esta vez entreabriendo algo la puerta.

—Hola, me llamo Nicole Vizza, estoy buscando a mi abuela, creo que conocía a su esposa. Me gustaría hablar con usted por si pudiera ayudarme al respecto.

—Mi esposa murió hace muchos años, no creo poderte ser de ayuda— intentó cerrar, pero frené la puerta con el pie.

—Por favor, es importante…no le tomará mucho.

Pareció tomarse un tiempo para pensarlo antes de abrir la puerta y permitirme pasar al interior.

—Muchas gracias.

—No las des…no sé si pueda servirte de mucha ayuda, pasa, toma asiento.

Entré y me senté en uno de los sillones de la sala, el anciano tomó asiento frente a mí escrutándome con la mirada. Se la sostuve por un buen rato, hasta que ya, incapaz, la evité y paseé mi vista por la decoración del cuarto. Un cuadro con una imagen llamó mi atención. El anciano pareció notarlo.

—Era hermosa, ¿verdad?— cuestionó melancólico.

—Mucho.

—Bueno, ¿en qué puedo ayudarte?

—Antes que nada, siento mucho el tener que molestarle pero su ayuda se me hace vital en estos instantes.

—No te preocupes pequeña, dime.— me escuchaba atento.

Decidí que lo mejor sería empezar desde el principio así que le hablé de mi búsqueda y de las averiguaciones de mi detective.

—Así que él pensó que eras su nieta.

—Sí, su esposa nació en 1938, ¿verdad?

—Si, aquí mismo en Portsmouth…y te puedo asegurar con total certeza que es imposible que fueras su nieta, mi esposa no podía tener hijos.

—Un dato más a favor de mi teoría.

—Si, ese tipo de detective lo cierto es que no tenía mucho  —sonrió— ¿Te apetece tomar algo?— se levantó de su asiento.

—Un vaso de agua estaría bien.

—¿Un vaso de agua? No serás como esas niñas anoréxicas, ¿verdad? Te traeré mejor un buen vaso de zumo de naranja.

—Gracias señor Spencer— sonreí.

—Llámame Peter— me sonrió de vuelta antes de perderse en la otra habitación. No tardó mucho en salir con sendos vasos en sus manos. Agarré el que me ofrecían.

—Gracias.

—De nada pequeña, ¿cómo averiguaste dónde encontrarme?

—En el registro civil, tuve suerte de que no hubiera cambiado de dirección.

—Si, esta casa me trae demasiados recuerdos como para deshacerme de ella.— suspiró melancólico.— Tu abuela era enfermera entonces.

Su cambio de tema me descolocó.

—Si, trabajó en el mismo hospital que su esposa. Y curiosamente también se llamaba Anne y las iniciales de sus apellidos coincidían.

—Bastante casualidad— se quedó un rato pensativo antes de levantarse de nuevo de su asiento y abrir la puerta de uno de los armarios del mueble de la televisión. Sacó una caja y comenzó a rebuscar en ella. No pareció tardar en encontrar aquello que buscaba. Me tendió una vieja foto en blanco y negro— Anne me dijiste.

—Sí— contesté confusa observando la foto. Dos muchachas jóvenes sonreían a la cámara mientras la majestuosa torre Eiffel se alzaba a sus espaldas.

También se llamaba Anne, y también era enfermera en el mismo hospital que mi esposa. Se conocían desde años atrás. Mi esposa antes de instalarse definitivamente en Inglaterra viajó por Europa. Sé que su amiga la acompañaba.

—Mi abuela también viajó por casi toda Europa. ¿Cree que…?— dije sin poder apartar la mirada de la fotografía aun en mis manos.

—Anne Russell, su segundo apellido no lo recuerdo, aunque lo cierto es que creo que nunca lo mencionó.— hizo una pausa para llevarse el vaso a los labios y beber— La última vez que la vi fue el día de nuestra boda. Tras eso mi esposa no volvió a saber de ella.

—Sabe si aquí en Portsmouth, ¿seguían trabajando juntas?

—Sí, al menos durante un tiempo. Mi esposa dejó el hospital tras casarnos, supongo que tu abuela seguiría trabajando allí.

—¿Y sabía algo de mi abuela referente a su vida? ya sabe, si estaba casada, tenia hijos...
No, creo que era soltera, y al menos mi esposa nunca me mencionó nada de hijos.

—Entiendo… ¿sabe al menos donde vivía?

—Si, era compañera de piso de mi esposa. Compartían un pisito por el centro. Aunque ya te digo que después de que nos casáramos no volvimos a saber nada, ni siquiera mi esposa que era tan amiga de ella.

—Ya veo…— miré de nuevo la foto antes de devolvérsela al anciano.

—No, quédatela, es antigua, pero tal vez te sirva de ayuda…y si no al menos de recuerdo, tengo cientos de mi esposa, por una que pierda no me va a pasar nada— dijo sonriéndome y entregándome la foto.

—Muchas gracias— le sonreí de vuelta— Gracias por todo, me ha sido de gran ayuda su información.

—De nada, espero que puedas encontrar a tu abuela. Era una mujer misteriosa pero sé que mi esposa la apreciaba mucho. De verdad se entristeció cuando tras casarnos desapareció.

—¿Puedo hacerle una ultima pregunta?—pregunté ya casi al lado de la puerta.

—Sí, claro.

—¿Su esposa estuvo en Italia en alguno de sus viajes?

—Uhm, no lo sé, supongo…tendría que mirarlo en su pasaporte. Lo tenía sellado con todos sus viajes.

—¿Lo conserva?

—Sí, era una mujer muy ordenada, le gustaba tener todos sus papeles clasificados. Creo que debo de tenerlo por ahí en algún lado, si quieres cuando lo encuentre puedo ponerme en contacto contigo.

—Eso me gustaría, si no fuera mucha molestia, claro— sonreí.

—No la es, pequeña.

Le di mi número de teléfono y me despedí del anciano. Cuando apenas llevaba una manzana caminada un taxi llamó mi atención con su claxon.

—¿Nicole Vizza?—preguntó el conductor.

—Si— respondí extrañada acercándome.

—Me llamaron del número 24 de esta calle. Tiene el trayecto pagado. Para la estación de tren, ¿verdad?

Solo pude sonreír ante la buena voluntad del hombre al que acababa de visitar. Por un momento llegué a desear que en verdad hubiera sido el esposo de mi abuela.

***
“Nicole, donde estas…por qué no me llamas... ¿tan liada estas que ni te acuerdas de mí?”

—Demasiado caro… ¿nos vamos? ¿O seguirás acariciando la tela hasta gastarla?

Dejé de manosear el vestido que sostenía entre mis manos y salimos de la tienda.

“¿Y si la vuelvo a llamar?”

—¿Te hace un café?— preguntó mi amiga mientras pasábamos junto a la cafetería.

—Si— respondí ausente.

—¿Sí? ¿Desde cuando te gusta el café?—se volvió hacia mí.

—Quise decir un chocolate…

—Sí, claro…

Entramos y pedimos nuestra consumición tomando asiento en una de las mesas. Mientras venían las bebidas Andi comenzó a sacar trapos de las bolsas.

—Dios, que cosa más mona, ¿no crees?

—Andi por favor, que estamos en mitad de la cafetería, guarda la ropa interior— le susurré ya comenzando a sentir vergüenza ajena.

—No me seas antigua, es ropa.

Justo en ese momento el camarero se acercó. Apartó con un sonrojo la nueva colección invierno—primavera de lencería de mi amiga y dejó nuestro pedido sobre la mesa.

—Gracias— le dije antes de que se marchara.

—Otro antiguo…— comentó por su parte Andi.

Moví la cabeza divertida y comencé a añadir azúcar y cacao en polvo a mi vaso de leche.

—Al fin te ríes…ya me estaba comenzando a preocupar. Solo sonreí y seguí con mi cometido.
¿No tienes nada que decir al respecto?— siguió.

—Que está muy bueno— respondí risueña tras tomar el primer sorbo de mi caliente brebaje.

—Ya veo…— agarró su taza y se la llevó a los labios. Bebió unos cuantos sorbos antes de apartarla.— ¿Y que vas a hacer en Semana Santa?

—¿Ya pensando en Semana Santa? Por Dios Andi, si faltan casi dos meses.

—Pues si, pero febrero es muy corto— replicó antes de volver a beber— ¿Va a venir Nicole?

Dejé mi taza sobre la mesa y comencé a mover el contenido con la cuchara.

—Uhm, no sé…no me ha dicho nada.

—¿Desde cuando no hablas con ella?—preguntó casual ya intuyendo la respuesta.

—Desde hace un par de semanas…— respondí aun concentrada en el movimiento de mi cuchara.

—No te preocupes…estará liada y eso…

—Supongo— me encogí de hombros.

—¿Vas a ir al viaje a Sierra Nevada?

—No, no creo… ¿tu sí?

—¿Estas loca? Si no vas tú, no voy yo.

—Tampoco así— la miré— Que no vaya yo no significa que no puedas ir tu.

—Ya, pero se me acaban de ocurrir otros planes— comenzó a hacerse la interesante.

—Vamos, desembucha— solicité curiosa.

—Tú y yo nos vamos cinco días a Londres a hacerle una visita sorpresa a tu amorcito.

—¡¿Qué?!— elevé el tono de forma inconsciente mas de lo que hubiera deseado.

—Pues eso…— agarró su taza, terminó de beber el contenido en un sorbo antes de levantarse y coger todas sus bolsas— Que nos vamos ahora mismo a la agencia a reservar los billetes de avión.


Última edición por anita el Abril 2nd 2016, 9:13 pm, editado 1 vez
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anita
Yujuu! me empieza a gustar el foreo
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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 1st 2016, 10:29 pm

UNDÉCIMA PARTE

—No, no y no. Ahora mismo te vuelves a tu casa y hablas con tu madre.

—¡No quiero! ¡No pienso volver a casa! ¡Me quedo aquí! Como mi amiga que eres estas en la obligación de acogerme— cruzó los brazos sobre su pecho y arrugó el ceño.

—Y como tu amiga que soy también estoy en la obligación de darte consejo. Robert, ve a casa y habla con tu madre tranquilamente.

—¡No pienso ir a hablar con esa mala madre! Además, ya deshice la maleta— sonrió triunfal sentándose sobre la cama de la habitación de invitados.

—Ya veo que te apalancaste bien. Solo una cosa, ¿me puedes explicar que demonios ha pasado?

—¿Que qué ha pasado? ¡Esto ha pasado!— se quitó el gorro mostrándome su cabello cortado a la taza, al más puro estilo eclesiástico antiguo. Comencé a reír sin querer.

—Eso, tu ríete— me tiró el gorro de lana a la cara.

—Lo siento, lo siento…Ey, vamos, no te queda tan mal… de nuevo no pude remediarlo y comencé a reír.

—Parezco un champiñón… ¿ves lo que me hizo? ¿Qué clase de madre le destroza la vida a un hijo de esta forma tan cruel?— cuestionó indignado desde su asiento.

—Robert, no seas chiquillo. Tu madre lo hizo con toda la buena intención del mundo.

—Si claro, pues que sepas que para la próxima te vas tú como conejilla de indias para que practique sus cursillos de peluquería.

—Muy bien…pero mañana, ¿me oyes? Mañana vas a ir a tu casa a hablar con tu madre.

—¿Eso significa que puedo quedarme?— cuestionó levantándose y acercándose a mi lado con ojillos suplicantes.

—Solo por esta noche— elevé mi dedo ante su cara intentando parecer autoritaria.

—Gracias. Tú si eres una amiga— me abrazó— Te prometo que me portaré bien.

—Muy bien, así me gusta— me separé de él haciendo que el solo mirarlo de nuevo me pareciera cómico— Pero hazme un favor, ponte el gorro.

Lo dejé en la habitación, bajé a la sala y marqué el numero de teléfono que me sabia de memoria desde los nueve años. Una inesperada voz cogió el auricular al otro lado.

—¿Hola?

—Hola Jenni, ¿qué hay?

—Benditos los oídos, bien por mi parte, a pasar unos días fuera de esa cárcel donde me metieron a estudiar mis queridísimos papis, ¿qué hay de tu vida? a ver si nos vemos un día de estos.

—Si, a ver si un día de estos quedamos para tomar algo y charlar.

¿—Y a que se debe tu llamada? No me digas, mi hermano fue a tu casa con el drama…Dios, ya lo estoy imaginando…mamá me estuvo contando lo que pasó, ese niño es tan sufrido... ¿es verdad lo del corte de pelo?

—Jaja si, es cierto…y creeme que es peor que lo que te contó tu madre.

—Jajaja,ya lo imagino: Nic, me arruinó la vida— intentó fingir la voz de su hermano haciéndome reír mas— Por fa, hazle una foto, será una buena forma de poder chantajearlo después.

—Jaja, eres cruel…Jenni, hazme el favor y dile a tu madre que no se preocupe, que pasara la noche aquí. Mañana haré que vuelva.

—Ah,¿ qué no te lo quedas para siempre? joder Nic, ya nos podías hacer el favor.

¡—Te la estas ganando niñata!— soltó mi amigo apareciendo en escena en la línea de arriba.
Temblando estoy, ¿qué me vas a hacer champiñoncito?

—Te…te…te… ¡tú ya veras cuando te pille!

—Si si…lo que tu digas hermanito. , Nic, me dio gusto oírte, lo dicho a ver si nos vemos.

—Igualmente Jenni, cuídate, nos vemos.

—Nos vemos… ¡adiós champiñoncito!— y colgó.

—Cobarde…mírala nada mas como huye, claro como sabe que lleva las de perder.

—Robert, ya puedes colgar. No hace falta que me hables desde el teléfono, te oigo perfectamente gritar desde aquí.

—¿Pero qué se cree??— me hizo caso omiso respondiendo esta vez con el decibelio mas elevado. Me separé el auricular y lo dejé sobre la mesa. Puse rumbo a la cocina. Ni que decir tiene que mi amigo siguió a lo suyo, desahogándose desde arriba.

Suspiré mientras abría el frigorífico con el objetivo de encontrar algo comestible para hacer la cena. Los recursos, como siempre, escaseaban. Cogí cuatro huevos, el queso y el jamón york y los coloqué sobre la encimera. Me disponía a buscar la sartén cuando sonó el timbre de la puerta. Miré el reloj de la cocina.

“Perfecto…mas para cenar…”

Me dirigí hacia la puerta de la entrada y miré por la mirilla. Solo oscuridad encontré.

“Genial, encima graciosillo…”

Abrí claramente disgustada. Disgusto que se transformó en shock total por lo que encontré al otro lado de la puerta.

—¡Sorpresa!— gritó Andi mientras rodeaba a Nat con un brazo y comenzaba a hacer muecas extrañas con su cara.

Me quedé parada en el sitio, observando a Natalia, sin saber que hacer ni que decir.

—¿Hola?— de nuevo habló Andi, moviendo una mano delante de mis narices. La miré saliendo del shock inicial.

—Hola— sonreí volviendo mi atención a Natalia.

—Hola— respondió esta suavemente sonriéndome a su vez. Moví la cabeza ante mi descortesía.

—Oh, por favor, lo siento, pasad…— me hice a un lado y entraron cargadas con dos mochilas y dos maletas.

—Siento que nos presentemos así sin avisar…— se disculpó Natalia mirándome.

—No te preocupes, me agrada que estés aquí— cerré el espacio que nos separaba y la oculté entre mis brazos. Me separé un poco y le sonreí antes de acercarme a sus labios y besarla suavemente.

—Oye, muy bonita tu choza— nos interrumpió Andi haciendo un sonoro gesto con su boca y mirando hacia todos lados.

—Gracias…

—Yo seré un champiñón pero tú eres una…una…unaaa…—de repente de nuevo apareció la voz de mi amigo desde arriba.

—¿Tienes visita?— preguntó Nat aun en mis brazos.

—No exactamente— comenté mientras nos  separábamos —Es Robert, tuvo un incidente con su madre y decidió venir a pasar la noche.

—Oh, bueno, no te preocupes, nosotras ahora llamamos a un taxi y nos vamos a un hotel, no queremos molestar— se apresuró Natalia.

—¿Estas loca? No pienso dejar que vayáis a un hotel teniendo aquí habitaciones de sobra, además, no molestáis— dije mirándola a la vez que le hacia soltar la mochila que llevaba colgada al hombro.

—Ooh, yo sí, ¿el baño por favor?

—Al fondo a la derecha.

—¡Hostia! ¡Como en las pelis!— afirmó Andi divertida mientras seguía la dirección dada.

—¿De verdad no molestamos?— cuestionó de nuevo Nat.

—Por supuesto que no, es mas, me encanta teneros aquí, ha sido toda una sorpresa. No esperaba poder verte hasta dentro de unos meses.

—¿Demasiado lío?— preguntó acariciando mi brazo.

—Bastante…las clases están siendo pesadísimas y lo cierto es que estoy teniendo además bastantes problemas con los abogados de papá y los negocios.

—Vaya, parece que no llegamos en buen momento entonces.

—Para nada, llegáis en el mejor momento— de nuevo la besé. Un ruido en la parte alta de las escaleras hizo que nos separáramos. La sonrisa cortada de mi amigo fue todo lo que encontramos.

—Lo siento…no quería interrumpir— dijo en la misma posición que se encontraba, aun sin moverse. Rodé mis ojos y le pedí que bajara. Ya a nuestro lado hice las pertinentes presentaciones.

—Natalia, él es Robert. Robert, Natalia. Se besaron cortésmente.

—Es un gusto conocerte al fin Natalia, si supieras lo que larga esta de ti— me dio un codazo mientras hablaba.

—¡Oyee!— me quejé.

—Jajaja, lo mismo digo, también tenia ganas de conocerte, me han hablado mucho de ti.

—¿En serio?— cuestionó curioso— ¿Mencionó también que…?

—Hola— apareció a nuestro lado Andi.

—Hola— se giró y saludó mi amigo.

—Andi, él es mi amigo Robert. Robert, ella es Andrea, la amiga de Natalia.

—Hola Andrea— volvió a saludar mi amigo bobamente.

—Andi, puedes llamarme Andi. Así me dicen mis amigos.

—Oh, hola Andi, yo me llamo Robert, puedes llamarme así, mis amigos así lo hacen— le tendió su mano torpemente antes de acercarse y darle un beso de cortesía.

—Jeje…— rió tontamente Andi.

—Nat y yo nos miramos y sonreímos antes de coger el equipaje y subir las escaleras.

—Menudo par…— comentó Natalia nada mas subir las escaleras.

—Si…no sé por qué, pero intuyo que esos dos se van a llevar muy bien.

—Jaja, mejor no apuesto.

Abrí la puerta de mi habitación y la dejé entrar.

—Guau, que bonita— dijo mirando hacia todos lados y soltando su equipaje a un lado.

—¿Es el tuyo?— la cuestioné señalando la maleta que aun cargaba en mi mano.

—Uhm, no exactamente…un cuarto mío y tres cuartos de Andi.

—Ok, lo llevaré a su habitación de todas maneras, luego puedes sacar tu ropa. Si necesitas entrar al baño ahí está la puerta. Ahora te doy el tour por la casa— le guiñé un ojo antes de salir del cuarto. Fui y dejé la maleta en la otra habitación de invitados y regresé. La encontré mirando por la ventana.

—¿Todo bien?— cuestioné acercándome y abrazándola.

—Uhm, si…— se volvió entre mis brazos y me enfrentó— Perfecto.

Sonreí antes de agacharme y besarla.

—Te extrañé…— admití.

—Y yo a ti…me alegro de haberle hecho caso a Andi.

—¿Y eso?— pregunté sin soltarla.

—Fue idea suya el venir a verte.

—Oh, ¿y tu no querías?

—Me moría por venir…— sonrió antes de empinarse y besarme de nuevo— Solo buscaba la excusa perfecta.

—Ya veo…lo que viene a decir que no soy suficiente excusa para ti.

—¿Siempre tienes que ir mas allá?— cuestionó ladeando ligeramente la cabeza.

—¿Siempre me lo pondrás tan fácil?— le sonreí con autosuficiencia.

—Dios, no puedo creer que esté colgada por un ser tan egocéntrico…— se separó fingiendo falsa molestia y fue hacia la maleta que instantes antes había dejado en el suelo.— Esta ha sido tontería subirla— comentó dándole una patada.

—¿Por qué? ¿Metiste un cadáver?— la piqué.

—Mas o menos…— susurró sacándose una llave del bolsillo y metiéndola en el pequeño cerrojo. – No sabes el show a la hora de pasarla por el detector de metales.

Me acerqué curiosa a su lado a la par que giraba la llave y la abría. Una caja de cartón era todo lo que contenía.

—¿Y eso?

—Un regalo de papá y mamá.

—Y esta es la habitación de Nicole— apareció mi amigo junto con Andi en el marco de la puerta. Enarqué mi ceja y lo miré— ¿Qué? Le estoy enseñando tu nidito.

—Muy bonito por cierto— se apresuró a comentar Andi a su lado.

—Gracias, supongo que ya habrás visto entonces tu habitación.

—Sí, esa de la izquierda, también muy acogedora.

Miré a mi amigo buscando una explicación por el repentino cambio de habitaciones.

—¿Qué es eso?— me ignoró totalmente y se fijó en la caja que había en el interior de la maleta.

—El motivo por el que toda seguridad nos rodeó en el aeropuerto— respondió la castaña a su lado.

—Oh… ¿puedo abrirlo?— cuestionó con ojillos brillantes ya dirigiéndose hacia el paquete.

—No, por si no lo has notado es un regalo, y es mío— me interpuse en su camino.

—Egoísta…

—Compórtate que tenemos invitadas— le susurré— Nat,¿te doy el tour?— comenté dirigiéndome hacia ella.

—Si, me gustaría.

—¿Y el regalo?— preguntó mi amigo con sufrida curiosidad.

—Por tu bien espero que siga como está para cuando vuelva.

—Ni que decir tiene que cuando volvimos lo pillamos in fraganti abrazado al jamón.

***

El lejano sonido de risas y voces me trajo de vuelta al mundo de los vivos. Abrí los ojos lentamente y miré alrededor de la extraña habitación. La calidez de otro cuerpo a mi lado hizo que una amplia sonrisa se instalara casi de forma automática en mi rostro.

Me giré en el abrazo que me sostenía y observé a mi acompañante mientras dormía. Su rostro parecía libre de toda tensión en esos instantes. De forma involuntaria comencé a acariciarlo con mi mano. Una sonrisa apareció en sus labios.

—Podría acostumbrarme a despertar así todos los días— susurró con los ojos aun cerrados.

Cerré el poco espacio que nos separaba y la besé suavemente. Beso que rápidamente comenzó a tornar mas apasionado por su parte.

—Buenos días— saludó cuando nos separamos sin dejar a un lado la sonrisa.

—Buenos días— fue mi replica mientras intentaba recuperar el aire que me faltaba.

—¿Todo bien?— comentó preocupada acariciándome la mejilla.

—Si, solo…me dejaste sin aire.

—¿En serio?— sonrió de lado a la vez que se posicionaba sobre mí.— Pues no fue mi intención…— susurró con sus labios ya en mi cuello. Cerré los ojos y me abandoné a sus caricias.

—Uhm…. — fue todo lo que mi cerebro supo racionalizar en ese momento.

Un fuerte ruido procedente de abajo me hizo volver a la realidad.

—¿Qué ha sido eso?

—Ni idea... será el gato de la vecina con los contenedores de basura— comentó sin abandonar ni un instante su labor.

Otro ruido, esta vez más fuerte, seguido de risas llamó mi atención.

—Y el gato de la vecina también ríe así, ¿verdad?

—Si…— susurró abandonando mi cuello y tomando posesión de mis labios. De nuevo otro ruido fue escuchado.

—Juro que los mato… — se separó con desgana. Reí ante su cara malhumorada.— ¿Qué?— cuestionó mirándome.

—Nada…no te enfades…— le acaricié la mejilla— Los niños tienen hambre.

—Si, y creo que será mejor bajar antes de que desarmen toda la cocina... o peor, que haya que llamar a los bomberos…— hizo una mueca que me hizo reír.

Nos levantamos y en pijama bajamos a la cocina. Lo que encontramos nos hizo quedarnos en el marco de la puerta. Una Andi ataviada en pijama y mandil luchaba contra un huevo mientras intentaba freírlo ocultándose tras una tapadera. Robert a su lado, animaba vigorosamente su valentía mientras a su vez intentaba quitarle algo de negrura a sus carbonizadas tostadas.
Nic y yo nos miramos antes de entrar al campo de batalla.

—Oh, ¡hola! Sentaos, ¡estamos haciendo el desayuno!— saludó sonriente Robert mientras seguía lijando las achicharradas tostadas.

—Buenos días— dijimos tomando asiento en la mesa y con el móvil a mano por si en cualquier momento había que llamar a emergencias.

—¿Vosotras queréis huevo?— se volvió en su escudo Andi.

—Si por favor— respondió Nic para disgusto de mi amiga. Me miró a mí esperando mi respuesta.

—No, gracias.

—¿Prefieres comer carbón?— me susurró Nic al oído intentando hacerme cambiar de idea.

—Prefiero comer carbón antes que lo que cocine esa de ahí— le respondí obteniendo por su parte la respuesta que esperaba. Comencé a reír llamando la atención de los cocineros a nuestro lado.

—Parece que durmieron bien— le comentó divertido Robert a mi amiga.

—Eso parece— me miró picara esta. Me limité a sacarle la lengua.

El desayuno transcurrió entre risas y payasadas del par de cocineros.

—¿Me harías el favor?— cuestionó Robert suplicante a mi amiga.

—Claro, estoy acostumbrada a meterle la maquinilla a mi hermano.

—Gracias, te estaré eternamente agradecido— sujetó su mano y miró hacia arriba— Gracias, gracias…gracias por enviarme a este ángel.

Desaparecieron de la cocina dejándonos a solas con el desastre.

—Bueno, parece que nos toca limpiar la zona cero— comentó Nic dejando a un lado su vaso de vacío y levantándose del sitio.

—Eso parece…— la seguí y comencé a ayudarla a recoger cosas de la mesa. Las risas procedentes de arriba eran notables— No te equivocabas.

—¿En qué?— dejó su labor y me miró extrañada.

—En que se llevarían bien— comenté señalando con mi cabeza hacia arriba.

—Ahn, claro…ya deberías saber que nunca me equivoco. —sonrió de lado.

—Lo tuyo si es vanidad— le arrojé el trapo.

—Yo también te quiero mi amor— rió mientras volvía a su quehacer.

Una hora más tarde estábamos subiendo las escaleras de nuevo, escaleras que iban a ser bajadas por nuestros amigos.

—¿Dónde vais?— los cuestionó Nic al llegar a su altura.

A hablar con mamá. Andi me convenció— miro a esta con cara de cordero degollado, la cual por su parte le respondió haciéndole ojitos.

—¿Le acompañas?— me dirigí hacia Andi.

—Si, me mostrará la casita del árbol— anunció con emoción en su voz.

—Si, por cierto, ¿a qué quedé guapo?— dio una vuelta sobre sí mismo mostrándonos su nuevo look.

—Oh si, un adonis…—respondió Nicole rodando sus ojos.

—No seas envidiosa— la palmeó en el brazo— Bueno, nos vamos, portaos bien.

—Jeje, hasta luego— se despidió mi amiga siendo arrastrada de la mano por Robert.

—Hasta luego.

Nos quedamos paradas, observándoles llegar a la puerta y salir antes de mirarnos y comenzar a reír.

—Jaja, dios…esos dos son tal para cual…

—Y que lo digas…ya lo estoy imaginando presentándosela a su madre: mamá, es la mujer de mi
vida— intento imitar la voz de su amigo.

—Jaja, oyee, quien te dice que no lo sea…

—¿Y quien lo negó?— me sacó la lengua.

La palmeé en el mismo brazo donde su amigo la había golpeado instantes antes.

—¡Auch!— se quejó— ¿Ya se te pego la mano floja del otro?

—Pss… ¿te vas a duchar?— cambié de tema mientras poníamos rumbo a la habitación.

—Si, pero entra tu antes, de mientras hago unas llamadas que tengo pendientes.

—¿No me acompañas?— cuestioné provocativa apoyándome en el marco de la puerta del baño y comenzando a desabrochar los botones de la camisa de mi pijama.

—Ehn…— pareció quedarse sin habla momentáneamente— yo…

—Jajaja, no tardo— la besé en la mejilla y entré al baño cerrando la puerta tras de mí. Me apoye en ella.

“Natalia…no juegues con fuego o acabaras quemándote… Dios, debo de ser masoca porque quiero quemarme…¿seguirá en el pasillo?”.

Dejé mis pensamientos a un lado y me desnudé entrando a la ducha. Para cuando salí la habitación donde habíamos dormido ya estaba recogida, aunque Nic aun seguía colgada al teléfono.

—No me importa lo que cueste…si si, tampoco se pase, que mi padre no era ministro…Ok, como quiera…si claro, tengo todo el tiempo del mundo…hasta otra— colgó— Malditos abogados.

—No te preocupes, se solucionara…— me acerqué rodeándola por la cintura.

—Eso espero…Uhm— comenzó a olisquearme— Ya hueles mejor.

—Pues siento decirte que tu no. Ya puedes entrar.

—Graciosilla...

Me besó antes de separarse y poner rumbo al baño. Suspiré a la par que miraba a mi alrededor. Me senté en la silla del escritorio a esperarla sin saber que otra cosa hacer. Una foto en la estantería llamó mi atención. En ella estaban Robert, Nic y otra chica. Me fijé en ella, no debía de ser mayor que yo. Lo cierto es que era preciosa, y, a juzgar por la apariencia y la ropa de Nic, la foto debía de ser reciente.

“Quien será…me pregunto si…”moví mi cabeza dejando la foto a un lado “…ya, no seas paranoica…es solo una chica…seguramente alguna amiga…si, amiga, y nada mas…” Una punzada de celos me atravesó el estomago.

“¿Y si no?...”

El timbre interrumpió mi monologo interno. Bajé las escaleras de dos en dos y me planté delante de la puerta, abriéndola sin ningún tapujo y ni cuestionándome siquiera que esa no era mi casa. La misma chica de mi paranoia apareció ante mis ojos.

—Hola— dijo en un perfecto inglés— ¿Está Nicole?

—Oh, ¿Nicole? si…pero en este momento está en la ducha— respondí lo mejor que pude.
—Ok, ¿puedo pasar?— cuestionó vacilante.

—Claro…— me hice a un lado.

Entró directa a la cocina donde dejó la bolsa que traía y luego pasó a la sala.

“¿Quién demonios es esta? ¿Y a que rayos viene tanta confianza?”

Cerré la puerta y entré a la sala. La encontré sentada en el brazo del sillón, husmeando entre la repisa de cd's.

—No le digas que ando toqueteando esto, se pone histérica.

—No te preocupes— la curiosidad pudo conmigo— Por cierto, soy Natalia— le tendí mi mano esperando su presentación.

—Oh, así que tú eres la famosa Natalia— me miró sorprendida antes de acercarse, obviando mi mano tendida, y abrazarme.

—¡Tu! ¡Apártate de mi chica!— apareció en la sala Nicole.

—No seas egoísta, y comparte un ratico— comentó la otra riendo. Se separó de mí y fue a abrazarla. – Te extrañé larga.

—Y yo a ti enana, ¿qué te trae por aquí?

Olvidada a un lado en la sala, me limité a observar con cierta suspicacia el intercambio de miradas y sonrisas por parte y parte.

¿Ahora resulta que no puedo venir a visitarte?— se separó al fin de mi Nic. — Vengo a traerte algo de parte de mamá y a llevarme a mi hermano de la oreja, que por cierto, ¿dónde está?

—Fue con Andi a tu casa, os perdisteis por el camino.

—Si, supongo… ¿quién es Andi?— preguntó extrañada.

Una amiga de España, vino junto con Nat a pasar unos días— me señaló con una sonrisa asomando a sus labios.

“Hasta que al fin te das cuenta de que existo…”

—Oh, lo siento— se acercó de nuevo la chica a mi, tendiéndome esta vez su mano— Soy Rachel.

—Encantada.

—Es la hermana de Robert— comentó Nic acercándose a nuestro lado.

—Lo mismo digo… pero no te creas, que no nos parecemos en nada— me guiñó uno de sus ojos azules antes de sonreírme. Le devolví la sonrisa.

—¿Y qué me trajiste?

***


Última edición por anita el Abril 6th 2016, 5:30 pm, editado 2 veces
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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 2nd 2016, 8:58 pm

—Robert, ¡que nos comemos al micromachine! — le grité a mi amigo ya viéndome empotrada en el culo del mini que llevábamos delante.

—Lo siento…

—¿Lo sientes? Por favor, aluniza ya…no quiero acabar esta tarde en la morgue— seguí mirando la pantalla de mi móvil.

—Lo siento, solo me distraje… ¿han llamado las chicas?

—No, era otra persona…además, ¿para qué iban a llamar las chicas? Si no hace ni una hora que las dejamos.

—Tal vez necesiten algo…— comentó parando en el semáforo en rojo.

—Hombres, siempre creyéndose todopoderosos— rodé mis ojos.

—Menuda pachonga que tienes— me miró incrédulo— Pueden necesitar ayuda…

—Muy bien, superman, pues métele al acelerador antes de que los que llevamos detrás empiecen con la melodía de los cojones.

—¿Se puede saber por qué estás de tan mala hostia? Suspiré antes de mirar a mi amigo.

—Lo siento, es solo que me llamó Peter Spencer…

—¿El abuelo de Portsmouth? Pero eso es bueno, ¿no?

—No, no es bueno…tengo que ir a recoger el pasaporte, mañana a mucho tardar.

—¿Por qué tanta prisa? Ni que se fuera de viaje del inserso al Caribe.

—Al Caribe no, pero si con su hija a Francia. No sabe cuando regresará y lo del pasaporte es importante.

—¿Para qué? No te sirve nada más que para confirmar que esa mujer estuvo con tu abuela— comentó aparcando el coche sobre el bordillo y apagando el motor.

—Si, y también para confirmar todos los lugares por los que pasaron.

—¿Y que piensas hacer después? ¿Irte a investigar a cada país como hizo tu padre? Por Dios Nicole, es una locura…deberías dejarlo, este asunto se está convirtiendo en una obsesión.

—Lo sé, lo sé…pero no puedo dejarlo. No ahora…se lo debo a mi padre.

—Pues el pago de la deuda va a acabar con tu vida y tu relación con Nat.

—No seas trágico, no va a pasar nada. Esto y mi vida pueden mantenerse al margen perfectamente— crucé los brazos sobre mi pecho.

—Solo te digo que deberías decirle la verdad…

—¿Y tú? ¿Cuándo se lo dirás?— el cambio de tema lo dejó k.o.

—¿Decir qué?— preguntó extrañado.

—No te me hagas ahora el que no sabe. Tu y yo sabemos que estas colado por Andi.

—¿Qué? ¿Yo colado? Tú te pinchas…

—Claro, y por eso te veo babear y beber los vientos por ella.

—Yo no babeo…

—¿Tengo que recordarte lo mal que besas?— lo pinché con sorna.

—Eso fue un golpe bajo. Está bien, me gusta… ¿satisfecha?

—No, ¿cuáles son tus intenciones para con ella?

—¡¿Qué?!— me miró incrédulo.

—Lo siento, pero como tu mejor amiga que soy, y como novia de su mejor amiga estoy en la obligación de preguntarte, ¿vas a ir en serio con ella? ¿O solo tontearás como haces siempre?

—¿Tú crees que tenga la más mínima oportunidad?

—Si te pregunto tus intenciones es porque lo pienso, ¿o no?

—Si, supongo.

—¿Entonces? ¿Para cuando la declaración príncipe de beukelaer?

***

Me encontraba sobre la cama, viendo un viejo álbum de fotografías de una Nic bebé, cuando noté que alguien tocaba a la puerta.

—Adelante— respondí sabiendo de sobra quien sería.

—Hola— entró Andi al cuarto tomando asiento a mi lado

—¿Qué ves?

—Unas fotos. Mira que ricura.— le mostré a una mini Nic con un chupete y una muñeca entre sus pequeños brazos.

—Que tierna…Ya revelamos el misterio, nunca ha sido así de grande— comentó devolviéndomela y mirando el resto.

—Ha cambiado tanto…

—Pues si, con un año no levantaba un palmo del suelo y ahora mide metro ochenta, lo que hacen los petisuis, ¿eh?

—Payasa… ¿Nada divertido en la tele?

—Pues no, no me entero de papa.

—Que esperabas…— seguí observando fotografías ausente.

—Nat…

—¿Sí?— levanté mi mirada al notar el repentino cambio en el tono de su voz.

—¿Qué te parece Robert?— cuestionó tímida, mientras miraba hacia el álbum y comenzaba a manosearlo.

—Es un chico agradable y simpático. ¿Por qué?— le pregunté sabiendo por donde venían los tiros.

—¿Crees en el amor a primera vista?

—No, lo cual no tiene porque significar que no suceda.

—Me gusta mucho, Nat. Lo conozco desde hace apenas tres días pero tengo la sensación de que lo conozco desde siempre. Me siento tan bien cuando estoy a su lado. Es… es…nunca me he sentido así…no sé como explicarlo…— una lagrima comenzó a rodar por su mejilla.

—Ey— le sequé la cara e hice que me mirara— ¿Por qué lloras?

—Porque me siento estúpida…

—Bienvenida al club del amor, puede recoger su tarjeta en recepción cuando quiera, le aseguramos grandes descuentos en ropa del hogar y textil— la hice reír.

—¿Crees que el sienta algo por mí?—preguntó insegura.

—No lo sé, no lo conozco lo suficiente pero…de que le gustas, le gustas.

—¿Tú crees?

—Te aseguro que a mi no me mira igual— respondí burlona.

—Porque tú estas comprometida…y nada menos que con su mejor amiga.

—¿Y? aun conservo mi sex appeal— moví sugerente mis cejas.

—Jaja, eso seguro…Qué voy a hacer Nat…

—Lo que has hecho estos días pasados. Disfrutar y estar con él. Deja que siga su curso. Si tiene que surgir algo, surgirá.

En el silencio de la casa escuchamos la puerta abrirse y cerrarse.

—Ya están aquí, no llores más…ya veras como todo sale bien— le aseguré.

—Bajamos las escaleras y entramos a la cocina, donde los chicos estaban guardando las provisiones que habían comprado en el súper.

—¡Mira!— exclamó Robert plantándole a mi amiga en todos los morros un bote de mermelada de naranja.

—Te acordaste…— suspiró esta agarrando el bote de compota entre sus manos y abrazándolo contra su pecho.

—Claro, cómo olvidarme, si me dijiste que te encantaba— la miró fascinado.

—Oh, gracias— lo abrazó.

—De nada— comentó el chico bobamente.

—¿Podemos hablar?— llamó mi atención Nicole al otro lado de la cocina.

—Si, claro…— la seguí arriba a la habitación. – ¿Sucede algo?

—Me han llamado hace un rato. Debo viajar a Portsmouth a recoger unos papeles. Iré ahora a sacar el billete de tren. Lo mas seguro es que parta mañana temprano — abrió el armario y sacó una mochila donde comenzó a meter papeles y ropa.

—¿Por lo del abogado?— paró su movimiento y la noté dudar antes de responder.

—Si, por lo del abogado.

—¿Quieres que te acompañe?

—No, no hace falta, no te preocupes…lo cierto es que no sé si me dé tiempo de regresar antes de que vuelvas a España.

—Ya veo…— aparté la mirada de su figura mientras trataba de ignorar el dolor que poco a poco se iba instalando en mi pecho.

—No te preocupes, Robert conoce esta ciudad mejor que nadie, te aseguro que no os aburriréis.

La miré, observaba absorta unos papeles sin hacerme apenas caso. Salí de la habitación y me encerré en el baño.

“¿No aburrirme? Nicole, ¿en qué piensas?...si lo único que deseo es estar contigo…vine para eso, y ni lo notaste…” cerré los ojos y dejé escapar mis lagrimas en silencio.

***

—Robert, ¿quieres dejar ya el puto móvil de una puñetera vez?

—Joder, como está el patio…— me miró sin borrar la sonrisa de su cara antes de quitarle el sonido al endemoniado cacharro y seguir tecleando como loco.

—Suspiré y volví a mi quehacer. Ante mí, papeles y más papeles referentes a lo que había conseguido averiguar sobre la vida de mi abuela me devolvían la mirada retadores.

“Mierda…en la vida voy a poder descifrar todo esto…Es como un rompecabezas sin sentido.

"Tengo todo y nada. Veamos, Italia, Francia, Alemania, España e Inglaterra. Ok, centrémonos ahí… Brighton, Portsmouth… ¿y luego? Demonios, algo se me escapa…Esta mujer no puede haber desaparecido de la noche a la mañana así como así…”.

El zumbido de la vibración del móvil de mi amigo de nuevo cortó mi línea de pensamiento. Lo miré iracunda.

—¿Qué? ¿Eso también te molesta? Cualquiera te entiende, vengo a ayudarte y mira encima como te pones me miró elevando sus cejas y con la misma sonrisa de antes.

—A ayudarme a vaciar la nevera, ¿no?— enarqué mi ceja.

—No, a ayudarte con estos papelitos— comentó a la par que cogía varios montones y los lanzaba al aire.

—Joder, ¡Robert!, ¡¿eres imbécil o te lo haces?!— le grité intentando cogerlos al vuelo antes de mirarlo mas que mosqueada.

—¿Y tú eres neurótica o te lo haces?— dijo levantándose y encarándome— ¿Qué demonios te pasa últimamente?

—¡Estás insoportable! Entiendo que quieras resolver esto… pero se te está escapando de las manos. ¡Mírate! No comes en condiciones, no duermes… ¡Ni siquiera vas a clases! Necesitas ayuda Nicole, y con urgencia…No puedes con esto, es demasiado, y lo sabes…

—Robert, eres mi amigo y respeto tus opiniones, pero por favor, no trates de meterte en mi vida, porque es mía. Y si no como, no duermo o no voy a clases…es mi problema, no tuyo… ¿entiendes?

—Pues si es TU problema, no hagas parecer al resto culpable.

—¿Si tanto te molestan mis humos para qué sigues viniendo?

—Eres la hostia…— movió la cabeza incrédulo— Lo cierto es que no sé ni por que lo hago…
Quizás porque eres mi mejor amiga y me importas…o tal vez es porque simplemente sea masoca…

—Tal vez… ¿sabes? no quiero que nadie se compadezca de mí…y mucho menos tu…ahí tienes la puerta—le hice un movimiento con la cabeza, señalándosela.

—No te preocupes, sé donde queda. Espero que te vaya bien Nicole y que no tengas que lamentarte algún día por todas estas estupideces. Por perder tu vida, a las personas que alguna vez te importaron, tus sueños anhelando cumplir los imposibles de otro…por pasarte la vida buscando a alguien que lo mas seguro es que ya esté bajo tierra.

—¡Vete ahora mismo de mi casa!— le grité golpeando con los puños la mesa.

—No te preocupes, ya me voy. Que tengas suerte.— dijo dándose la vuelta y saliendo de la habitación. No tardé mucho en oír la puerta principal cerrarse.

Cerré los ojos y apreté fuertemente los labios. Las lágrimas que había estado evitando comenzaron a recorrer mis mejillas. Abrí los ojos y miré la fotografía de papá. Me miraba con la misma sonrisa de siempre. Esa sonrisa que aun en los momentos difíciles me recordaba que solo era algo pasajero y que todo pasaría. Cerré los ojos de nuevo y me senté sobre la silla, ocultando mi rostro entre mis manos mientras me apoyaba sobre la mesa, sabiendo a ciencia cierta que esto no era algo pasajero, y que desgraciadamente ya no había vuelta atrás.

El sonido del teléfono me hizo levantar de un salto de la mesa. Me despegué varios papeles de la cara aun medio dormida antes de dirigirme hacia el aparato y contestar.

—¿Sí?— respondí intentando colocar todos mis huesos en el sitio mirando de reojo el reloj. Eran las seis de la tarde.

—Hola— contestó una voz que hizo que automáticamente una sonrisa se instalara en mi rostro.

—Oh, hola cariño, ¿cómo estas?

—Bien, estaba aquí, pensando en ti…y decidí llamarte.

—Siento no haberte dado muchas señales de vida en las últimas semanas— traté de disculparme.

—No te preocupes, supongo que estuviste liada y eso…

—¿Cómo va todo?

—Uhm, regular…

—¿Regular? ¿Qué ha sucedido?—cuestionó preocupada.

—Nada— traté de mentir— Las clases, están siendo difíciles.

—¿Segura que nada mas?

—No. Lo cierto es que esta mañana me peleé con Robert —admití sabiendo que de nada servia ocultarlo.

—Bueno, no es como si fuera la primera vez, ¿no?— trató de quitarle importancia para hacer que me sintiera mejor.

—No, pero esta vez es diferente. Nos dijimos demasiadas cosas a la cara.

—¿Y? vuestra amistad es mas fuerte que cualquier palabra, no dejes que todo se vaya al demonio por una tontería.

—Es que no es una tontería…—comenté antes de que la voz me fallara y ya no pudiera hablar más. Las lágrimas de nuevo volvieron a inundar mis ojos.

—Shh, cariño, vamos, no llores…todo va a estar bien…

—No, no va a estarlo…soy una completa imbécil…Por una razón o por otra siempre consigo que todas las personas que quiero me dejen.

—No digas eso, porque no es cierto…ya verás como todo se soluciona…

Seguimos hablando por teléfono al menos una hora mas y debo reconocer que cuando colgué, no solo me sentía mejor sino que mis ideas estaban algo mas claras.

Al otro día me levanté temprano y fui a clases. Robert tenía razón, no podía seguir así…anhelando cumplir el sueño de mi padre a costa de mis propios sueños y la gente que quería. De nuevo contrataría un detective y que el hiciera su trabajo, pero antes me ocupaba algo más importante. Pedirle una disculpa a mi amigo. Desgraciadamente el día pasó sin que pudiera localizarlo. Volví a casa cansada y abatida por mi infructuosa jornada.

Giré la llave y entré al interior soltando de inmediato mi mochila a un lado y quitándome la chaqueta. El olor de un conocido perfume se introdujo en mis fosas nasales de camino a la cocina a por mi acostumbrado vaso de zumo.

“Dios, como necesito a esa niña…”

Abrí el mueble buscando mi vaso favorito y no encontrándolo.

“Juraría que esta mañana lo guardé al fregar…”

Cogí otro y abrí el frigorífico encontrándome el sitio de mi preciada bebida vacío.

“¿Dónde demonios…?”

Salí a la sala, pensando como ultimo intento que tal vez lo había dejado olvidado ahí en la mañana cuando había desayunado. Lo que encontré me hizo detenerme en mis pasos, dejándome más parada que un gato de escayola.

—Hola, ¿te hace un zumito?— me ofreció con una sonrisa mi preciado néctar desde el sofá.

—Nat, ¿cómo…?— intenté preguntar al tiempo que se levantaba y se ponía frente a mí, agitando ligeramente unas llaves ante mis aun sorprendidos ojos.

—Me las dio la señora Norman— las dejó sobre la mesa y me abrazó. Le respondí abrazándola con fuerza.

—Dios, pellízcame, esto tiene que ser un sueño…— me pellizcó— Ayy, eso dolió… ¿tienes que tomártelo todo en el sentido literal?— me separé de ella cuando comenzó a reír.

—Ya, tú lo pediste, yo cumplo…no te enfades— de nuevo me rodeó la cintura y se pegó a mí.
¿Y cumplirás todo lo que te pida?— la cuestioné con un tono bastante sensual.

—Uhm…tal vez…— me miró divertida.

—Tu nunca cambias, ¿verdad?— le sonreí.

—Antes muerta que sencilla.

—Jaja, loca…me alegra que estés aquí…

—Y a mi me alegra estar aquí…— me miró dulcemente antes de empinarse y juntar nuestros labios.

—¿Andi está arriba?—pregunté al separarnos.

—No. Esta vez vine sola— me miró sugerente antes de comenzar a besar mi cuello.

—Uhm…genial…se me ocurre entonces que podemos subir y ponernos algo más cómodas…y luego ponernos al día…—comenté rindiéndome al dulce suministro de esos cálidos labios en mi cuello.

***
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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 3rd 2016, 9:56 pm

— Lo harás…

— No…

— Oh, sí que lo harás…

— ¿Y por qué yo y no él? dime— me miró adoptando una pose de lo más infantil.

— Porque lo digo yo, y punto— seguí caminando por la húmeda calle aun a pesar de que mi acompañante se había quedado clavada en el sitio— Es para hoy— me giré.

— No, no quiero— se cruzó de brazos y siguió sin moverse.

— Nicole por Dios, no seas cría— coloqué las manos en mis caderas a la vez que la miraba.

— Solo si me das algo a cambio.

— Ok, lo que quieras, pero vamos que tengo frío.

Comenzó a caminar. Una vez estuvo a mi altura me rodeó con sus brazos.

— ¿De verdad tienes frío? Pero si hoy hace hasta sol.

— A eso— me giré y señalé hacia un sol apenas visible cubierto por nubes— ¿lo llamas sol?
Bueno, también lo llaman astro rey— me miró seria. Intenté imitarla elevando mi ceja, para solo obtener carcajadas por su parte.— A ver, a ver, hazlo otra vez…

— Si, claro, y mientras la nena se mea de risa aquí a una se le congela el moquillo— comencé a caminar de nuevo.

— Aish, si es que no me tienes paciencia— me abrazó de nuevo desde atrás besándome la mejilla.— Por cierto, ¿donde vamos?

— A casa de Robert.

— ¿En sentido contrario?

Paré en mis pasos y la encaré.

— ¿Cómo que en sentido contrario? ¡¿Pues cuándo pensabas decirme?!—la golpeé en el brazo.

— Auch, controla tu fuerza Sansona— comenzó a frotarse el lugar golpeado de forma tan exagerada que me hizo reír.

— Eso, y encima ríete. No tienes corazón…— comenzó a hacer pucheros.

— Jaja, no seas dramática, pero pss…si ni te rocé… además, te lo merecías.

— Claro, claro…justifica el daño.

— Aish— rodé mis ojos antes de agarrarla del brazo y comenzar a caminar de nuevo por donde habíamos venido.

No tardamos demasiado en llegar a un residencial de pequeños chalets adosados.

— Ah, si, era por aquí, ahora me acuerdo…— comenté.

— Si, ahora te acuerdas— me sacó la lengua.

Antes de que pudiera responderle ya habíamos llegado a la puerta de la vivienda. La misma que se abrió a los dos segundos de tocar.

— Buenas— saludó Nic a Rachel al abrir esta.

— Oh, menuda sorpresa— dijo pasando su mirada de ella hacia mí— Pasad.

— Hola— la saludé acercándome y besándola en la mejilla. Nic hizo lo propio.

— ¿Está el cabezón de tu hermano?— le preguntó.

— Uhm, sip, en la cocina, armando el puzzle de tres mil piezas.

— Mala señal…

— ¿Tu sabes que le pasa? No se habrá peleado con Andi…— me miró mientras decía esto último.

— No, no se ha peleado con ella— le aseguré.

— ¿Andi? ¿Qué pinta ella en la historia?— cuestionó Nicole frunciendo el ceño.

— ¿Pues no es su novia?— preguntó Rachel.

— ¿Su novia? ¿Y cuando pensaba ese enano decirme? ¿El día de la boda?

— ¿Quién es?— apareció Robert en el marco de la puerta de la cocina— Ah, tú…— comentó sin demasiado entusiasmo volviendo al interior de la habitación.

— Será mejor que…— señaló hacia la cocina y comenzó a caminar hacia allí perdiéndose en el interior ella también.

— Bueno…creo que nos quedamos solas— me miró la rubia a mi lado.

— Eso parece…

— ¿Hace un rico chocolate?— me sonrió.

— Hace— respondí devolviéndole la sonrisa y siguiéndola al exterior.

***

Entré a la cocina para encontrarme con mi amigo sentado a la mesa.

— ¿Para qué viniste?— cuestionó elevando su cabeza y encarándome antes de volver su atención a la pieza que sostenía entre sus manos.

— Lo sabes perfectamente…— dije colocándome a su lado y observando su obra.

— Pues mejor otro día…hoy estoy ocupado como puedes ver…— comentó intentando encajar la pieza en varios extremos. Tras varios intentos se rindió dejándola a un lado y cogiendo otra. Cogí la pieza que había abandonado y la coloqué en el espacio donde iba. La miró encajada, ligeramente sorprendido de que fuera ese su lugar.— Gracias— susurró volviendo la atención a la pieza que aun sostenía.

— Robert, lo siento…Sé que me equivoqué, que me porte fatal contigo…

— Déjalo, ya que más da…el daño ya está hecho— me miró triste.

— Lo sé, y sé que eso no puedo cambiarlo…pero déjame rectificar, por favor…— le supliqué.

— ¿Me prometes que volverás a contratar a alguien para lo del caso de tu abuela y que te olvidaras de seguir jugando a los detectives?

— Te lo prometo.

— ¿Y me prometes que no volverás a saltarte clases? ¿Que te alimentaras en condiciones y trataras de dormir algo mas?

— No sé si pueda prometer tanto…

— Muy bien, pues que sepas que no pienso pasar mas mis apuntes a limpio, así que sino los entiendes después, arreando que es gerundio…— intentó fingir enfado, pero su sonrisa lo delató. Me acerqué y lo abracé.

— Gracias, por a pesar de todo seguir siendo mi amigo.

— Nunca he dejado de serlo, y, pase lo que pase, nunca lo dejaré de ser.

— Gracias…

— Bueno, ya, quita, que me vas a hacer llorar como una magdalena y tó…

— Jaja, tranquilo, traje klinex por si acaso— lo miré burlona.

— Dios, que buena amiga, siempre pensando en todo…— rodó sus ojos— ¿me ayudas con esto?

— Solo si me das la pieza que llevas en la mano.

— ¿Pa qué? Si ni encaja…— me la tendió. La giré antes de acercarla a uno de los extremos de la obra y colocarla.

— ¿Qué decías?— cuestioné guasona.

— Que te adoro mi vida, no sé que haría sin ti— me lanzó un beso al aire.

— Jaja, eso mejor lo mantenemos en secreto, no quiero que cierta chica me cuelgue en el árbol más cercano.

— ¿Nat es celosa?— siguió intentando encajar piezas donde no era.

— No lo sé, supongo que lo normal. Pero hablaba por Andi — lo miré esperando una explicación.
No me mires así, intenté decírtelo varias veces, pero estabas tan absorta en lo tuyo que ni caso me hacías.

— Lo siento, yo…

— Ya, no pasa nada, está olvidado…Y sip, estamos saliendo.

— Uys uys, pero ¿saliendo? o ¿“saliendo”?— remarqué las comillas de la última pregunta.

— Si lo que quieres saber es si vamos en serio te diré que…sip.

— Vaya vaya …

— Es maravillosa, sus ojos son como…— comenzó con el monólogo de maravillas y lindezas de su amada mientras sonreía bobamente mirando hacia la inmensidad de la nada en el techo. Sonreí volviendo parte de mi atención hacia el puzzle.

***

El delicioso olor proveniente de la parte baja de la casa hizo que poco a poco fuera abriendo mis ojos. Miré a todos lados de la habitación, algo desorientada por el lugar en el que me encontraba. El recuerdo de la noche anterior vino como un flash a mi consciencia haciendo que de inmediato se instalara una sonrisa en mis labios.

Cerré los ojos y me regocijé en el recuerdo de las suaves manos de Nicole sobre mi cuerpo, de sus cálidos labios… suficiente para que el solo hecho de recordarlo hiciera que el calor comenzara a tomar forma en la parte baja de mi vientre. Abrí los ojos aun sonriendo bobamente mientras me decidía a salir de debajo de las sabanas.

El frío golpeó mi cuerpo desnudo mientras rebuscaba entre el edredón tirado en el suelo parte de la ropa que la noche antes había caído sin previo aviso. Una vez vestida salí de la habitación y bajé las escaleras, prácticamente siendo arrastrada por la tentadora fragancia que salía de
la cocina. Entré, solo para descubrir a Nic, ataviada con un delantal sobre su pequeño short de deporte y su top, haciendo tortitas.

— Buenos días— dije rodeándola desde atrás y depositando un beso en su cuello.

— Buenos días bella durmiente— susurró girando la cabeza y robándome un beso antes de volver su atención a la plancha.

— Uhm, huele rico…— comenté olisqueando sobre su hombro aun abrazada a ella.

— Pues espera a probarlas…— volvió a girarse besando esta vez mi sien— ¿Dormiste bien?— susurró sin dejar de mirarme.

— Divinamente… ¿y tu?— la cuestioné rozando ligeramente sus labios con los míos.

— Uhm, en mi vida había dormido mejor…— susurró de nuevo antes de apoderarse de mis labios, plancha por completo olvidada a un lado. El comienzo de olor a chamuscado hizo que nos separáramos.

La observé divertida viendo como trataba de despegar las tortitas de la plancha sin mucho éxito antes de apartarme de su lado y terminar de poner la mesa.

Colocó el plato sobre la mesa a la vez que tomaba asiento. Me senté frente a ella.

— ¿Zumo?

— Si, gracias. ¿Con mermelada de fresa?— cuestionó señalándome una de las tortitas.

— Como estén más ricas…

— Entonces ya veras…— se levantó, puso cacao en polvo en un vaso y añadió un poco de leche, lo metió al microondas. Unos minutos bastaron para que degustara el mejor desayuno de toda mi vida.

— Dios, estaba de muerte…— comenté chupándome los dedos manchados de chocolate.

— Jaja, dijiste, estaba…— se echó hacia atrás en su silla y me miro terminando de beber el café que le quedaba en su taza.

— Tres kilos me has hecho engordar con esto, que lo sepas.— me eché hacia atrás yo también, apoyándome en el respaldo mientras me frotaba el estómago satisfecha.

— Genial, con un par de desayunos más estarás en tu peso— me miró burlona.

— Jaja, ¿en mi peso? ¿O en el del hipopótamo?

— Sin comentarios— sonrió colocando la taza sobre la mesa.— ¿Qué te apetece hacer hoy?
Uhm, no sé, ¿dónde me llevaras?— apoyé los codos sobre la mesa acortando la distancia que nos separaba.

— ¿A dónde quieres ir?— adoptó la misma posición que yo.

— Mientras vaya contigo que más da donde vayamos… Sonrió ante mi respuesta.

— Ok, entonces te llevaré a los suburbios a que compres al rastro cosas ilegales.

— Jajaja, graciosilla— le saqué la lengua. La seriedad de su rostro me hizo dudar por unos instantes. Fruncí el ceño.

—Estas de coña, ¿verdad?

— ¿Lo estabas tú cuando dijiste que te daba igual ir donde fuera?

— No pero…— sus carcajadas me detuvieron.— Que guasona estamos desde bien tempranico, ¿eh? Se nota que dormiste bien…— le sonreí de lado.

— Si yo le contara…— sonrió haciéndose la interesante. El sonido del teléfono interrumpió nuestra conversación.

— No te escapes…

— Jaja, si claro, como si tuviera muchos lugares donde ir — rodé mis ojos. Lo último que vi fue su sonrisa antes de que se perdiera por la puerta.

***
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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 3rd 2016, 10:03 pm

—Entiendo…muchas gracias por haberme avisado.

Colgué el auricular mientras trataba aun de asimilar la noticia que Caroline Spencer, la hija adoptiva de Peter Spencer, me había dado.

—¿Sucede algo?— unos pequeños brazos rodearon mi cintura atrayéndome hacia la calidez del cuerpo al que pertenecían.

—Si— me giré en el abrazo y encaré a Natalia— Me acaban de avisar que alguien a quien conozco está agonizando.

—Oh, vaya, lo siento. ¿Es joven?

—No, es ya…mayor. Como de la edad del abuelo. Aun no puedo creer que…— me separé de su lado y me acerqué hacia la ventana.

—Ey, vamos…— se acercó de nuevo a mi, colocando esta vez una mano sobre mi espalda.

—Tengo que volver a Portsmouth— dije casi sin pensar apartándome de ella y saliendo de la sala.

—¿Qué?— me siguió agarrándome del brazo.

—Me voy a Portsmouth— la encaré.

—Si, eso ya lo he escuchado… ¿pero así? ¿Sin más?

—Tengo que hacerlo…

—Ya se nota… ¿y yo qué? ¿Estoy pintada acaso?

—Natalia, entiende, necesito hablar con ese hombre por última vez…

—Ya veo…lo que no entiendo es para que…

—Son…— “No puedes decirle la verdad”—…negocios.

—Ok, déjame acompañarte al menos— dijo adelantándome en las escaleras.

—No, me gustaría ir sola— la detuve.

—Te gustaría…muy bien, ¿qué mas te gustaría hacer sola? ya puestas…

—Natalia, por favor, no tengo tiempo para chiquilladas— terminé de subir las escaleras y entré a mi habitación.

—¿Te parecen chiquilladas?— cuestionó dolida siguiéndome al interior de la habitación— Nicole, si tu no tienes tiempo a mi se me agota la paciencia. Trato de entender que sucede, buscar una explicación razonable a tus huidas repentinas pero no puedo, y lo siento pero no me basta con que me digas que son negocios. Sé perfectamente que no estas teniendo ningún problema respecto a eso, ni con abogados ni con nada, y lo sé porque le pregunté a papá.

Me limité a sacar mi bolsa del armario y comenzar a meter ropa en su interior.

—¿Me ignoras? muy bien, me queda bien claro todo…ay no, espera, tienes prisa, no puedes siquiera explicarme a que demonios tanto misterio.

—No hay ningún misterio, ya te dije que son negocios.— me volví encarándola.

—Muy bien… ¿Y esos supuestos negocios son más importantes que yo? ¿Te importan más?

—Natalia no trates de…

—¿De hacerte sentir culpable? ¿Te has parado a pensar como me siento yo? ¿Cuántas veces nos hemos visto desde que comenzamos la relación? ¿Las has contado? porque yo si…tres veces en seis meses… ¿y cuantas veces has salido huyendo? otras tres… ¿qué quieres que piense al respecto? Está bastante clara tu postura…— sus lagrimas recorrían su rostro con total libertad de movimiento.

—Natalia…— intenté calmarla acercándome.

—No, no me toques Nicole, estoy cansada…estoy cansada de fingir que no pasa nada, de intentar comprender cosas que ni siquiera entiendo…estoy cansada de esperar junto al teléfono a que te dignes a llamarme…de esperar junto al buzón a recibir tus cartas… estoy cansada de tus promesas vacías…

—Natalia, por favor escu…

—No, Nicole, ya no hay tiempo para mas…esto se ha acabado.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 6th 2016, 5:22 pm

DUODÉCIMA PARTE

La vida puede resultar un asco si de verdad te lo propones. No importa cuanto poseas, no importa lo que obtengas… nada tiene sentido cuando sientes que tu vida está vacía.

El mundo siguió girando después de que Natalia me dejara. Si, dejara, porque ella me dejó. Vale que tal vez me lo merecía pero, ¿eso también implicaba el evitarme de por vida?

Bueno, ya que más da, han pasado ocho años desde aquello…Ocho años que me han llevado a todos lados y a ninguno. Cuando acabé la carrera me asocié con Robert y unos compañeros mas y montamos un bufete. Quizás éramos inexpertos al principio pero poco a poco y con la ayuda de colegas con reputación que se unieron a nosotros conseguimos que el negocio pronto prosperara y consiguiera el prestigio suficiente como para hacerse un hueco importante entre los mejores del gremio a escala nacional.

Con mi vida personal como supondréis no tuve igual suerte al respecto. Seguí volviendo a casa de mis tíos durante un tiempo, e intenté acercarme a Natalia para salvar lo nuestro en un par de ocasiones…pero no fue suficiente… Si ya de por sí nos separaba mar y tierra ella se encargó de poner mas de por medio. Decidió irse a estudiar periodismo a Italia nada mas acabar el instituto. Lo último que supe de ella fue que vivía en Roma trabajando como columnista en un periódico local.

Robert seguía con Andi, vivían juntos…y yo, a pesar de las múltiples citas que tanto uno como otro se empeñaban en conseguirme, seguía sola.

—¿Conseguiste los detalles del caso Hitchman?

Suspiré antes de abandonar la esplendorosa vista que ofrecía el ventanal de mi oficina y dirigir la atención hacia mi amigo.

—Sí, están ahí sobre la mesa.

Genial, Peter quiere echarles un vistazo antes de darle carpetazo.

—¿Caso cerrado?— comenté tomando asiento tras mi escritorio y abriendo mi correo electrónico.

—Sí, al parecer llegaron a un acuerdo entre las partes.

—Bueno, un quebradero de cabeza menos…— me centré en los mensajes de mi bandeja de entrada.

—Vale, me voy a entregar esto— dijo señalando la carpeta que sostenía en una de sus manos. Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta. Se giró de nuevo hacia mí— Ah, por cierto, ¿para esta noche prefieres carne o pescado?

—Esta noche?— lo miré enarcando mi ceja.

—Nicole, te lo dije hace tres días…

—Lo siento, no sé si pueda ir, tengo cosas que hacer ya.

—¿Sí? ¿Cómo qué?— se cruzó de brazos esperando mi excusa.

—Tengo trabajo para mañana.

—La cena es a las nueve, espero seas puntual por una vez— dijo saliendo antes de que pudiera replicar.

—Miré la puerta cerrada por unos instantes antes de volver a centrarme en la pantalla del ordenador. El teléfono me interrumpió esta vez.

—¿Sí?

—Señorita Vizza, tiene una llamada por la línea 2, ¿se la paso?

—Sí, claro— respondí a mi secretaria con una sonrisa ya instalada en mi rostro al saber de quien se trataba. Solo una persona me llamaba al trabajo por esa línea, el pequeño Alex.

—¿Nico?

—Hola pequeño, ¿no deberías de estar en clase?

—Si, es solo que…— comenzó a llorar haciendo que el pánico comenzara a instalarse en mí.

—Cariño, ¿qué sucede?

—Nico, a papá le pasó algo…vino la ambulancia y se lo llevó.

—¿Cuándo?

—Hace un momento, estoy asustado Nico…— siguió llorando.

—No te preocupes cariño, tranquilo, ¿estás solo en casa?

—No…mi hermano está arriba llamando por teléfono a mi hermana.

—Enano, ¿se puede saber que haces?— cuestionó al pequeño una voz varonil al otro lado de la línea.

—Es Nico— le respondió lloroso Alex entregándole al parecer el auricular.

—¿Nicole?

—Dani, ¿qué ha pasado?

—La verdad no lo sé aun, pasé la noche fuera de casa y cuando llegué esta mañana me encontré todo el jaleo. La ambulancia se llevó a papá al hospital hace apenas media hora. Por lo visto parece que fue un infarto. Mamá aun no llamó.

—¿Has avisado a tu hermana?

—Si, ya la avisé.

—Muy bien, estaros tranquilos, cualquier noticia me llamáis a mi móvil, ¿ok?

—Si, no te preocupes.

—Vale, en un rato os veo.

—Colgué antes de volver a coger el auricular y comunicarme con mi secretaria.

—Rose, cancélame toda la agenda para hoy y un par de días más.

—Pero señorita Vizza tie…

—Rose por favor, es importante, y por favor consígame un billete de avión para España a más tardar para dentro de tres horas.

—Está bien, la llamo para confirmarle.

—De acuerdo, muchas gracias.

***

“Creo que papá sufrió un infarto…”

Las palabras de mi hermano se repetían una y otra vez en mi cabeza. Miré a través de la ventanilla del taxi mientras intentaba en vano evitar las lágrimas.

—¿Se encuentra bien señorita?— cuestionó el conductor mirándome curioso por el espejo retrovisor.

—Si, no se preocupe. Por favor, acelere un poco más.

—No se preocupe, ya estamos llegando— dijo mostrándome sus negros dientes a través de su sonrisa.

Apenas cinco minutos después estaba bajando del vehículo y entrando al hospital. Me dirigí hacia el mostrador con la intención de preguntar que había sido de mi padre, cuando la presencia de otra persona hablando con la chica me detuvo. Terminé de acercarme mas al mostrador al ver que se apartaba solo para casi infartarme cuando al girarse vi la profundidad de unos conocidos ojos azules.

—Oh…hola…— susurró casi tan sorprendida como yo.

—Hola…venía a…

—En la UCI…— se apresuró a responder antes de que acabara.

—La segunda planta, ¿verdad?

—Si…— afirmó mientras comenzaba a caminar hacia el ascensor. Paseé la mirada por su cuerpo antes de seguirla.

“Dios, no…ni lo pienses…”. Moví la cabeza intentando eliminar mis pensamientos.

El ascensor se cerró con solo nosotras en su interior.

—¿Sabes exactamente que ha sucedido?— me cuestionó mirándome fijamente. Le sostuve la mirada por unos instantes antes de responderle algo aturdida.

—No, Dani me dijo que creía que había sido un infarto, pero que no estaba seguro.
—Sí, a mí me dijo igual.


—¿Te llamó él?

—No, Alex…estaba bastante asustado.

Salimos del ascensor poniendo rumbo a la unidad de cuidados intensivos.

—Apenas vea como está papá iré a verle…

—No te preocupes, está bien. Me pasé por allí al venir del aeropuerto. Nervioso y asustado, pero bien.

—Es un niño…demasiado.

—Si, pero es fuerte.

—¿Tú crees?— cuestioné deteniéndonos antes de entrar a la siguiente sala.

—Claro, se parece a su hermana— me miró mientras decía esto último.

—Entonces no es tan fuerte…

—No me contradigas— sonrió levemente haciéndome sonreír a pesar de todo.

“Oh oh, peligro…deja de mirarla y entra a ver como está tu padre antes de que hagas o digas cualquier tontería…”

Al entrar a la sala encontramos a mi madre sentada en una silla. Se levantó a recibirnos.

—Oh, cariño— se abrazó a mí llorando.

Nicole se mantuvo alejada de nosotras, otorgándonos algo de privacidad. La vi acercarse al cristal de la habitación antes de ponerse a hablar con uno de los médicos que en ese momento salía del cuarto.

—Shh, tranquila… ¿qué ha sucedido? ¿Cómo está papá? —cuestioné volviendo a mi madre a la vez que me separaba de ella y la encaraba.

—Snif, fue un infarto.

—¿Pero se encuentra bien? ¿Cómo está?

—Está bien, dentro de la gravedad de la situación. Ahora mismo está estable. Tal vez mas adelante tenga que someterse a una operación…— comenzó a llorar.

—Vamos mamá, tranquila. Lo importante es que ahora está bien.— traté de sonreírle.

—Si… ¿viniste sola?— preguntó mirando alrededor percatándose de la presencia de Nic junto al doctor.

—Desde Italia si…a Nicole la encontré al llegar al hospital. En ese momento se acercó a nosotras.

—Hola tía— saludó a mi madre besándola en la mejilla y abrazándola.

—Hola Nic, gracias por haber venido…

—Por nada, sois mi familia, es lo menos que podía hacer.

—¿Qué dijo el doctor?— le pregunté acercándome hacia el cristal y mirando al interior donde mi padre permanecía conectado a un respirador y varias maquinas mas

—Que fue un infarto, pero que ahora mismo se encuentra estabilizado. Comentó que tal vez lo subieran a planta en unas horas. No descartó que en un futuro tenga que someterse a una operación.

***

—¿Qué tal por Roma?— rompí el silencio que imperaba en el coche desde que habíamos salido de casa de mis tíos.

Aprovechando que habían pasado a mi tío a planta, llevé a Natalia a su casa para comprobar como estaban sus hermanos y recoger algo de ropa para su madre, que a pesar de nuestras insistencias había decidido quedarse en el hospital acompañando a Miguel.

—Bien…todo bien…— comentó ausente mientras seguía mirando a través de la ventanilla del copiloto.

Ante su escueta respuesta decidí que no era el momento idóneo para cháchara por lo que seguí conduciendo a través de la noche el mercedes de alquiler que para mi agrado la eficiente de mi secretaria me había reservado al aterrizar.

—¿Y tú? ¿Qué tal por Londres? he oído que el negocio te va muy bien.

Me sorprendió su afirmación pues aunque sabía que seguía en contacto con Andi no pensaba que se dedicaran a hablar precisamente de mí.

—Si, lo cierto es que no puedo quejarme, va bastante bien.

—Es lo que tiene sacrificar tanto.

La miré esperando encontrar algo en su mirada, dureza tal vez, pero lo único que encontré fue cansancio.

—Si, supongo…— comenté estacionando el coche en el parking del hospital y sacando la llave. Nos quedamos un breve instante en silencio, sin movernos, solo mirando al frente.

Me giré y miré su perfil, en ese momento una lágrima caía por su mejilla. Elevé mi mano y la sequé con uno de mis dedos. La noté estremecerse ante mi caricia antes de cerrar fuertemente sus ojos impidiendo así que mas salieran. Continué acariciando su rostro.

—Natalia…— susurré acercándome.

—No… — dijo abriendo sus ojos y separándose de mí. Abrió la puerta y salió.

Suspiré antes de hacer lo mismo y salir del vehículo.

El camino hacia la habitación transcurrió de nuevo en el más estricto silencio. La seguí a través de los pasillos tratando de mantener la distancia que ella misma se había encargado de imponer entre nosotras. La presencia de otra persona hablando con su madre en la puerta de la habitación la hizo aligerar el paso.

—¡David! — exclamó a la vez que lo abrazaba. Lo besó.

Aminoré mi paso, entre sorprendida, aturdida y algo celosa por lo que veían mis ojos. Me acerqué a mi tía, tendiéndole la bolsa con lo que nos había solicitado.

—Gracias, cariño — me sonrió sosteniéndola entre sus manos y entrando a la habitación.

Me quedé en el pasillo, viendo a mi tía perderse en el interior y a la pareja aun besándose. Al límite de lo que podía soportar decidí que lo mejor que podía hacer en ese momento era seguir a Diana. Estaba por hacer eso cuando Natalia se dirigió hacia mí.

—¿Nicole?

—¿Si?— dije volviéndome y percatándome que estaban ya a mi altura.

—¿Recuerdas a David?

Miré al tipo unos instantes antes de reconocerlo tras la mugrosa barba de cuatro días.

—David Carrido— afirmó tendiendo su mano ante mí.

—Si, ya recuerdo— comenté mientras se la agarraba y la estrujaba con fuerza. La mueca de dolor en su cara fue evidente.

—Un gusto verte de nuevo— dijo con poca gana mientras intentaba mover su lastimada mano a un lado de su cuerpo.

—Lo mismo digo— respondí guardándome todo mi sarcasmo.

—David es mi prometido— comentó casual Natalia mientras lo agarraba del brazo posesivamente.

Si haberla visto besándose con el tipo me había helado la sangre ya la noticia ni digamos. La miré sorprendida, viendo como me sonreía, antes de dirigir la mirada a la persona que más instintos asesinos desataba en mi en ese momento, su supuesto prometido que, para que negarlo, tenía mas cara de sorpresa que yo.

—Que bien, me alegro. Enhorabuena.

Intenté sonreír antes de tenderle de nuevo mi mano al capullo que tenía enfrente. La miró entre dudoso y con miedo antes de estrecharla en la suya. Sorprendido de que esta vez no se la estrujara me sonrió, suficiente para desatar mi “ira” de nuevo.

Soltó su mano agitándola evidentemente al aire mientras me miraba ceñudo. Me limité a sonreírle con fingida inocencia antes de volver mi vista hacia Natalia y acercarme a ella estrechándola en un abrazo que duró lo suyo.


Sabía que por instinto me rodearía la cintura con sus brazos, y así fue. Me separé un poco y la miré a los ojos esperando encontrar, pobre de ella, la señal que necesitaba. El verde azulado que tantas veces atrás había visto en sus ojos me indicó lo que necesitaba saber en ese momento. Le sonreí sinceramente, acercando mis labios a su oído.

— Espero que seas muy feliz, prima.— le susurré obteniendo un estremecimiento por su parte.

La miré de nuevo a los ojos, observando que gracias a mi comentario mordaz el color había variado ligeramente.

Satisfecha, me agaché depositando un suave beso muy cerca de sus labios, notando como su respiración se aceleraba. La miré triunfal antes de separarme. Su mirada solo me devolvió odio…y la de su prometido mejor no hablamos.

Entré a la habitación dejándolos a solas en el pasillo. Unos minutos después entraron. No tardé mucho en despedirme de mis tíos y salir del sitio.

Conduje por la ciudad sin rumbo fijo durante casi una hora mientras mi cabeza trataba una y otra vez de pensar que era lo que debía de haber hecho en mis otras vidas para que el destino me tratara de forma tan cruel en esta.

“¿Qué creías pedazo de subnormal? ¿Qué la niña iba a estar esperándote?”

Detuve el coche frente al puerto y salí de el. El húmedo aire marino me golpeó de lleno. Me abracé a mi misma mientras caminaba hacia el borde. Intenté ver algo en la lejanía a través de la fría oscuridad, pero ni mis pensamientos encontré. Suspiré antes de bajar la cabeza y enfrentarme al negro océano mientras las lagrimas conquistaban mis ojos.

—Obtuviste lo que mereciste, ni más ni menos…. y tal vez simplemente…sea mejor así…

Sequé mi cara, enfadada conmigo misma por estar actuando así, y puse rumbo hacia el auto. Inicié la marcha con la intención de dirigirme hacia el hotel donde me hospedaba. Las luces de un pub llamaron mi atención mientras conducía a través de la desierta calle. El dolor de mi corazón me hizo estacionar y salir del coche, incapaz de regresar a la fría soledad que me otorgaba la habitación del hotel.

Entré y me acerqué a la barra pidiendo un whisky doble en cuanto la camarera me tuvo en el punto de mira. Bebí mi vaso en apenas dos sorbos solicitando otro.

—Buenas noches, ¿tienes fuego?— me preguntó alguien a mi lado. Me giré y encaré a la rubia que osaba profanar mi ahogo de las penas. Unos conocidos y sorprendidos ojos marrones fue lo que encontré.— ¿Nicole Vizza?— cuestionó insegura, cigarro por completo olvidado a un lado.
Hola Iris. No, no tengo fuego— volví la atención hacia la camarera que en ese momento depositaba otro vaso frente de mi.— Gracias— susurré cogiéndolo y bebiendo un trago.

—¿Nicole?— colocó una mano en mi espalda.

—Si, soy Nicole— la encaré de nuevo con cara de pocos amigos. Pareció ignorarla.

—¿Ha sucedido algo?— cuestionó mientras de nuevo me rendía al liquido amarillo del vaso en mi mano.

—¿Y por qué tendría que suceder algo?— le sonreí agriamente— Eyy, ¿tiene un mechero?— pregunté a la chica que servía en la barra.

—Si, claro— me tendió uno, el mismo que le di a la rubia a mi lado.

—Ya tienes fuego, incendia el monte y piérdete— dije dándoselo y girándome a un lado esperando que se marchara. Para mi total desagrado me rodeó y me encaró de nuevo.

—Para que lo sepas, alcohólica no anónima, la piromanía ya es un capitulo cerrado en mi vida.

—Muy bien, me alegro…— intenté fingir emoción—…

—¿algo más?

—Sí, que ha pasado contigo…tú no eras así…

—La gente cambia…a la vista está— subrayé mirándola de arriba a abajo mientras me daba cuenta de que por su apariencia debía de ser una chica de negocios.

—Eso parece…y yo que pensé que ganaría el premio al mayor cambio en la reunión del instituto a los diez años…

—Pos ya ves….— respondí sin ganas.

—¿Qué haces en España? te hacía en Londres, como una gran abogada.

—Asuntos familiares.

—Ya veo…pues deben de ser realmente importantes y graves cuando te hacen perder la compostura de tal forma.

—¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?— pregunté intentando cambiar de tema, rindiéndome al hecho de que por mucho que lo intentara no conseguiría que se marchara y me dejara en paz.

—Trabajo aquí.

—¿Aquí? ¿En este antro?— enarqué mi ceja.

—Oye, ¿qué antro?— entró en la conversación la chica de la barra que en ese momento servía unos tragos no demasiado lejos. Volví la atención hacia la rubia a mi lado.

—Trabajo en comisaría como detective.

—Joder, de estar en chirona a llevar las llaves— comenté con guasa.

—Nunca he estado en chirona— respondió con tanta seriedad que me hizo revolverme incomoda.

—Lo siento no he…

—Ya, no te preocupes— me sonrió.

—Vivo en Londres, trabajo en un bufete de abogados allí, vine por asuntos familiares.— me sorprendí revelando.

—Eso dijiste, ¿algo grave?

—Mi tío sufrió un infarto.

—Pero él no ha…— no acabó la frase esperando que continuara.

—No, se encuentra bien. Estará en el hospital unos días más.

—Me alegro que esté bien, es un buen hombre.

—Si, lo es— admití mientras recordaba algunos de los momentos que había compartido con él.

—¿Y que hay de Natalia? La última vez que la vi fue hace un par de años, acababa de terminar la carrera. ¿Sigue viviendo en Italia?

El cambio de tema me hizo revolverme de nuevo, pero aun así respondí.

—Si, sigue viviendo en Roma y en cuanto a como está… puedo decirte que perfectamente, con planes de boda cercanos.

—Oh, eso si…me sorprende— parecía que la chica alucinaba con la información.

—Mas me sorprendió a mí, que me enteré hace un rato— mi pensamiento se verbalizó en mi voz casi sin darme cuenta. Di un nuevo trago a mi vaso, notando como su mirada se clavaba en mi perfil.

—Así que ese es el motivo…

—Es bonito celebrar por la familia, ¿no crees?— le comenté irónica.

—¿Por qué lo dejasteis?

Su pregunta me dejó K.O. La miré extrañada.

—¿Qué? Tampoco había que ser adivina para saberlo. Se notaba a la legua que algo había entre vosotras.

—Torpezas del destino.

—¿Qué?— volvió a preguntar mirándome seria.

—Por eso lo dejamos, por torpezas del destino.

—Vaya, veo que el alcohol saca a la luz tu lado mas filosófico.

Está vez fue mi turno de mirarla seria.

—Lo siento— alzó las manos en son de paz.

—Ya, no pasa nada. Es solo que es una larga historia.— admití cansada ya de todo.

—Muy bien, tengo toda la noche— me sonrió tomando asiento a mi lado.

***
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anita
Yujuu! me empieza a gustar el foreo
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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 8th 2016, 12:22 am

Abrí los ojos notando los cálidos rayos del sol golpeando sobre mi cara. Miré a mi alrededor mientras trataba de acordarme donde estaba. El sonido de mi móvil hizo que alargara la mano y lo cogiera.

— ¿Sí?— cuestioné mientras el dolor en mi sien se hacía patente.

— ¿Nicole? ¿Eres tú? ¿Qué te pasa?

— Uhm, nada Robert, una larga noche nada más.

— ¿Sucedió algo? ¿Cómo está tu tío?

— No te preocupes, está bien. Se encuentra estable, pero sufrió un infarto. Ahora solo le queda cuidarse un poco y esperar a una posible operación.

— Oh, bueno, dentro de lo que cabe es bueno. ¿Y tú como estas? Por el tono de tu voz…
Estoy bien— me apresuré a responder antes de que acabara de hablar.

— Ok, no pregunto más.

— Siento mucho lo de la cena de anoche.

— No te preocupes, estás disculpada, de todas maneras tampoco pudo venir la amiga de Andi.

— Así que había nueva amiga para conocer… ¿Cuándo dejaréis de buscarme novias?

— Cuando consigamos emparejarte con alguien.

— Seguid soñando.

— Algún día mi querida Nicole caerás…

— Si si… ¿Cómo está todo por el bufete?

— Sobrevive sin ti.

— Un alivio, al menos ya sé que no resulto indispensable.

— Jaja, lo cierto es que Peter está mas liado que la sandalia de un romano con el nuevo caso.

— Oh, dios…no me digas, que novedad más grande.

— Jaja, tu secretaria me dijo que tu billete de vuelta era para mañana.
— Si, pero lo mas seguro es que vuelva hoy mismo.
— ¿Por qué? Nicole, no seas boba, tomate unos días para estar con la familia. El trabajo puede esperar.

— Supongo, pero no me siento cómoda aquí.

— ¿Viste a Natalia?

— Si, a ella…y a su prometido— escupí con rabia la ultima palabra.

— Vaya, ya veo.

— Tú lo sabías, ¿verdad?

— Bueno, sabía que estaba con alguien, pero no que fuera a casarse con él. ¿Estas segura de que era su prometido? Es raro, Andi no me ha dicho nada…

— Tan segura como me lo presentó de esa manera.

— Joder…— el sonido del teléfono de su despacho lo interrumpió— Un momento.

— No te preocupes.

— Me levanté de la cama y entré al baño donde llené un vaso con agua. Salí, cogiendo la pastilla que inexplicablemente había sobre la mesa y la introduje en el líquido, mientras seguía esperando a mi amigo. No tardé mucho en volver a escuchar su voz.

— Nicole, tengo que dejarte, es de la oficina del fiscal.

— No hay problema, cuídate. Saludos para Andi.

— No te preocupes, se los doy. Nos vemos.

— Nos vemos— susurré cortando la llamada y tirando el móvil sobre la cama.

Un papel sobre la mesita de noche llamó mi atención. Me acerqué y lo cogí.

"Buenos días Nicole, espero que esas copas de mas no te estén pasando factura ahora. Por si acaso ahí te dejo una pastilla para la resaca. Te aseguro que es milagrosa.
Espero poder volver a verte antes de que te marches. Seguramente tengas noticias mías en unos días. Espero que lo tuyo con Natalia pueda solucionarse, nunca pierdas la esperanza.
Atentamente…Iris"

“¿En que momento le conté a Iris todo?”. Me pregunté ceñuda mientras dejaba la nota a un lado y ponía rumbo a la ducha.

***

“Espero que seas muy feliz, prima”

El recuerdo del susurro de esa cálida voz en mi oído no dejaba de hacerme estremecer muy a pesar del rencor que esas simples y llanas palabras con ese toque de sarcasmo despertaban en mi ser.

“Te has equivocado Natalia, admítelo. Y lo peor es que tal vez ya no exista vuelta atrás”

Cerré los ojos intentando contener las lágrimas. Unos fuertes brazos me rodearon de inmediato.

— Shh, no llores mi amor, tu padre va a estar bien... — noté a David susurrarme al oído en el abrazo.

“Si supieras que no lloro por él…si supieras que lloro porque a pesar de todo sigo enamorada de ella…”

Abrí los ojos y miré en la profundidad de sus ojos marrones esperando encontrar todo aquello que encontraba cuando tantos años atrás miraba en otros ojos azules. Lo que vi, o más bien lo que no vi, me hizo cerrarlos de nuevo y abandonarme a mi llanto.

Unas horas mas tarde estaba entrando a la habitación de mi padre.

— Hola papá, ¿cómo estas?— lo besé.

Como si me hubieran atropellado. ¿Vienes sola?— cuestionó mirando hacia la puerta.

— Sí, David fue a su casa a ver a su madre. Lo mas seguro es que tenga que regresar esta tarde mismo a Roma.

— Oh, que pena. Me hubiera gustado haberos tenido a todos aquí unos días.

Sonreí al notar la tristeza en su comentario.

— No te preocupes papá, tal vez pronto. Ahora en lo único que tienes que pensar es en recuperarte y cuidarte más.

— Sí, el medico ya pasó esta mañana y me leyó la cartilla. Parece que me toca tomármelo con calma a partir de ahora.

— Mas te vale viejito— mi comentario se ganó una enorme sonrisa— ¿Y mamá?

— La mandé a casa en cuanto Nicole apareció por la puerta.

— ¿Ha venido Nicole?— pregunté extrañada.

— Si, esta…— la puerta del baño se abrió haciéndola aparecer con una cara no demasiado feliz—…justo ahí.

— Hola— me saludó con el rostro aun descompuesto.

— ¿Te encuentras bien?— cuestioné preocupada mientras me acercaba a su lado y comenzaba a palparle la frente.

— Si, supongo que la cena de anoche no me sentó demasiado bien— susurró sin dejar de mirarme a los ojos.

— Deberías de bajar y tomar un caldo caliente que te asiente el estómago— sugirió mi padre desde la cama.— Nat, acompáñala a la cafetería, anda, no quiero que esta niña cabezota se enferme.

— Tío, estoy bien, no es necesario…

— Tal vez te siente bien, vamos— dije a la vez que sin pensar la agarraba de la mano y la dirigía hacia la puerta

— Ahora regresamos papá, ni te muevas de ahí— le bromeé a la vez que salíamos del cuarto.

— Oh, si, como si pudiera…— fue lo último que oímos en la lejanía.

Avanzamos por el pasillo aún de la mano y entramos al ascensor sin decir nada. No fue hasta que entramos a la cafetería que nos separamos. Solicitamos la consumición en la barra y ya con ella nos sentamos en una mesa cercana.

— Dios, no sé siquiera si pueda mantener esto por mucho tiempo en mi estomago— comentó señalando el caliente brebaje de pollo.

— Solo inténtalo a ver— le sugerí mientras llevaba la taza de chocolate a mis labios. Me limité a observarla comer con desgana mientras saboreaba por mi parte mi caliente bebida.

— ¿Rico?— cuestionó sacándome del trance en el que me tenía sumida su sola visión.

— Mucho, ¿qué tal lo llevas tú?

— En cualquier momento el pollo vuela a la taza del inodoro.

Sonreí moviendo la cabeza antes de volver a beber de mi taza.

— ¿De qué te ríes? No es gracioso…— fingió sentirse indignada.

— No, claro que no…— volví a sonreír.

— Tienes una sonrisa preciosa— susurró con sus pupilas clavadas en las mías. Estuvimos durante unos instantes así, mirándonos. Lo que vi reflejado en sus ojos azules me hizo estremecer.

— Yo…será mejor que suba a ver a papá…—comencé a levantarme de la silla. Su mano sujetó mi brazo, deteniéndome..

— Natalia espera…

— Ya lleva rato solo— dije liberándome de su agarre y saliendo de la cafetería.

Corrí por el pasillo y entré al ascensor consciente de que me seguía. Las puertas estaban por cerrarse cuando una mano hizo que se abrieran. Se sumergió en el interior del pequeño espacio conmigo.

— Natalia, por favor... Escúchame, necesito hablar contigo.

— No Nicole, no hay nada de que hablar…Todo está dicho ya…

No pude decir mas, mis labios pronto se vieron apresados por los suyos. Intenté resistirme al principio, pero la calidez de su cuerpo unida a la pared que me sostenía a mis espaldas hizo imposible mi huida. Pronto su lengua comenzó a pedir permiso para entrar a mi boca, se lo di, abriendo mis labios, rindiéndome a ella.

La falta de oxígeno unido al ruido de la puerta del ascensor al abrirse en nuestro destino me hizo empujarla y separarla de mí.

— ¡No! ¡No vuelvas a hacer eso!— salí del ascensor y de nuevo comencé a correr por el pasillo con la esperanza de poder refugiarme en la habitación de papá. Una mano me agarró del brazo haciendo que me detuviera antes de arrinconarme esta vez contra la pared del pasillo y tomar de nuevo posesión de mis labios.

De nuevo la debilidad y el deseo se adueñaron de mí. Y de nuevo la falta de oxígeno en mis pulmones hizo que me separara de ella.

— ¡Dije que no! ¿No entiendes o qué?

— Eres tú la que parece no entender— me robó otro beso.

— ¡No!— me separé golpeándola sonoramente en la cara con mi mano.

— ¡Auch! Ahora golpeas mas fuerte— se acarició su dolorida mejilla.

— No vuelvas a hacerlo, estoy prometida.

— Sí, de alguien a quien no amas— fue su sincera respuesta.

— Tal vez, pero le voy a dar un hijo— respondí a la defensiva y sin pensar demasiado bien las consecuencias que implicaba tal revelación.

Se separó aturdida, sin dejar de mirarme, tal vez buscando algo que desconfirmara mi afirmación.

— ¿Qué?

— Estoy embarazada de un mes y medio. Nadie lo sabe aún.

Comenzó a caminar hacia atrás, poniendo espacio entre nosotras.

— Sí, ya lo sé yo…Despídeme de tu padre por favor…— dio la vuelta y comenzó a caminar.

La observé alejarse mientras interiormente trataba de frenar las tremendas ganas que tenía de salir corriendo tras ella. La responsabilidad por el ser que nacía en mi interior pudo conmigo. Cerré los ojos y apoyada como estaba en la pared me fui deslizando hacia abajo, donde silenciosamente derramé, para pasmo de muchos de los que pasaban en ese momento por el pasillo, las lagrimas mas amargas de toda mi vida.

“Y tal vez simplemente…sea mejor así…”

***

La noticia del embarazo de Natalia cayó sobre mí como un jarro de agua fría. Una cosa era que estuviera comprometida con el tipo, y otra muy diferente que estuviera esperando un hijo de ese desgraciado. Todas las esperanzas que había albergado en mi interior se habían esfumado completamente al conocer la noticia.

Ni que decir tiene que volví a Londres ese mismo día, y como siempre, y para tratar de no pensar, me sumergí de nuevo en mi trabajo. Habían pasado ya dos meses desde mi regreso.

— ¿Qué te parece? ¿Estoy guapetón?— cuestionó mi amigo saliendo del probador enfundado en un caro traje de Armani.

— ¿Tiene que ser precisamente blanco?— lo cuestioné con una ceja alzada desde mi silla.
— Pues si, quiero que revele mi pureza virginal.

— Oh si, claro, como te queda tanta…— rodé mis ojos.

— Si mi Andi se va a casar de blanco, dime, ¿por qué yo no?

— Visto así…Pero sigo pensando que el negro de antes te quedaba mejor.

— Anda, no me seas antigua. ¡Modisto!— gritó al dependiente que en ese momento se encontraba al otro lado de la tienda.

— Es el dependiente, no el modisto.

— Que más da…si lo único que quiero es que me pille el bajo…— comentó mientras se remangaba el pantalón y modelaba por toda la tienda.

— Dios, quien me mandaría aceptar ser tu madrina…

— Aish, ya no te quejes tanto, eres peor que Rachel. Me pregunto como le estará yendo a mi Andi con ella. ¿Y si luego cuando acabemos nos pasamos por la diseñadora?

— Ni lo pienses, ¿no te han dicho que trae mala suerte ver a la novia vestida antes del día?
— ¿Y desde cuando eres supersticiosa?

— Desde ahora mismo. Cuando acabemos de esto tú y yo regresamos a la oficina. Aún me queda un informe por redactar.

— ¿Y qué hay de tu vestido? ¿Me está bien del talle?— cuestionó mientras seguía mirándose en el espejo de todos los ángulos posibles.

— Faltan 5 meses para la boda aun, y si…te está bien del talle.

— Bueno, pero tienes que llevar vestido, y tiene que ser elegante. Tienes que estar a mi altura.

— Uff, un poco difícil, pareces el muñeco de la tarta.

— Sí, claro. Envidia cochina la tuya— comentó dando un giro sobre sí mismo.

— Uy, si…me corroe.

— ¡Modisto!— volvió a vocear atrayendo la atención de varios clientes además de la del susodicho.

— ¿Sí, señor?— se ofreció este a su lado.

— Creo que me llevaré este, ¿me puede pillar el bajo? me gustaría ver como me queda.

— No hay problema…

— ¿Cuánto creéis que puede tardar una persona normal en cogerle el bajo a un pantalón con un par de alfileres? Este tipo, o el modisto como lo aclamaba mi amigo, batió plusmarca mundial en lentitud tardando más de media hora.

Salimos de la tienda, súper mega hiper exclusiva y tope fashion según Robert, una hora después.

— Bueno, ¿donde vamos ahora?

— Ya te dije que a la oficina— afirmé entrando en mi honda civic negro. Mi amigo subió a mi lado en el asiento del copiloto.

— ¿Ya? ¿Y que hay de la merienda?

— ¿Qué merienda?

— La que me debes desde…que te dejé el juego de la nintendo… ¿te acuerdas?

— Robert, por el amor de Dios, teníamos doce años.

— Si, pero las promesas no caducan.

Rodé mis ojos antes de poner rumbo hacia el edificio de oficinas.

— ¡No! ¡Allí no!— comenzó a quejarse como un niño pequeño.

— ¿Por qué no?— lo cuestioné con una ceja alzada.

— Allí a esta hora ya no quedan bollitos de chocolate.

— ¿Sabias que eres peor que los niños pequeños?

— Y tu te pareces a gruñón de los siete enanitos— fue su respuesta antes de sacarme la lengua.

— Te van a salir michelines— traté de picarlo.

— Es un riesgo que asumiré, además así luego floto en las aguas caribeñas.

— Muy bien, también iras desnudo el día de la boda, ¿verdad? Más blanco y puro imposible ya en esa guisa— lo miré con sorna.

— Muy graciosa…— cruzó los brazos sobre su pecho— Ya veremos cuando te vayas a casar tu…

— Espera sentado entonces— dije mientras estacionaba el vehículo en un aparcamiento libre y sacaba las llaves.

— Algún día…

— …lejano— acabé por el antes de apearme del coche.

Después de merendar poco tiempo me dio de volver a la oficina. Lo dejé en su casa algo mas de las ocho, resignándome y volviendo yo también a la mía.

Solté mi maleta a un lado y me quité el pesado abrigo antes de entrar a la cocina a por mi usual vaso de zumo de naranja. Entré a la sala, vaso en mano, presionando el botón del contestador mientras pasaba camino del sofá. La masculina voz de Dani invadió la sala por unos instantes.

— ¡Nic! ¡Adivina! ¡Aprobé mi examen de prácticas! ¡Ya tengo la licencia de conducir! ¡Dios! ¡No me lo creo! ¡Y solo a la tercera! Ya puedes ir agarrándote el primer avión que encuentres que esta noche nos vamos de juerga a celebrar. Un beso prima.

— Y solo a la tercera…jajaja— no pude evitar reír ante su entusiasmo.

Suspiré con una sonrisa aun en mi rostro antes de levantarme de mi cómodo asiento y poner rumbo escaleras arriba hacia el baño. Cogí el teléfono inalámbrico en mi camino hacia arriba y marqué el número antes de pegarlo a mi oreja.

— ¿Diga?— la suave voz de Alex me recibió.

— ¿Cómo está mi niño favorito?— cuestioné con una sonrisa en mis labios.

— ¡Nico! Bien, ¿y tu? Te extraño.

— Yo también te extraño pequeño, pero te prometo que pronto iré a verte.

— ¿Sí? ¡Guayy!

— Jaja sí, ¿qué tal el colegio? estarás estudiando duro, ¿no?

— Si, saqué un nueve en lengua y un diez en mates.

— Wooh, entonces si estas haciéndolo duro. Me alegro mucho cariño, estoy muy orgullosa de ti.
Gracias Nico.

— Por nada, si es la verdad. ¿Cómo está papá?

— Está bien, aun no trabaja, así que está todo el día en casa.

— Vaya, que buena vida le quedó.

— Jaja sii, yo le digo pero no me hace caso.

— Mayores, nunca entienden…

— Jaja

— Alex, ¿está tu hermano en casa?

— No, salió hace un rato con sus amigos. ¡Al fin aprobó el examen práctico!

— Si, me llamó esta tarde para decirme, que pena no haberlo podido encontrar.

— Bueno, no te preocupes, yo le digo que llamaste. Se pondrá feliz.

— Muchas gracias. De todas formas intentaré llamar en unos días a ver si tengo más suerte.

— Si…por cierto, ¿sabes las últimas?

— Uhm, no, ¿cuáles son las últimas?—pregunté curiosa pensando que tal vez fuera alguna de sus travesuras.

— Creo que mi hermana se vuelve a vivir a España.

— ¿Y eso?— ahora si que la curiosidad me dominaba.

— No sé, creo que consiguió trabajo.

— Oh, vaya, estarás contento entonces.

— Si, ya quería tenerla cerca. Pero, ¿a que no sabes cuál es la última más última?— la emoción era evidente en su voz.

— No, ¿cuál es la última más última?

— ¡Voy a ser tío, Nico!

Me quedé en silencio durante unos instantes.

—¿Nico? ¿Sigues ahí?

— Si cariño, es fabuloso.

— Si, pero creo que es un secreto. Aun no han dicho nada, solo se lo escuché hablar a papá y mamá.

— Alex, que te tengo dicho de andar escuchando tras las puertas…

— No escuchaba queriendo…fue en la cocina.

— Bueno, donde fuera.

— Nico, me tengo que ir a lavar las manos para cenar.

— Ok, no hay problema. Dale un abrazo fuerte fuerte de mi parte a tu padre, ¿vale? y un beso a tu madre.

— Claro, yo lo hago.

— Muchas gracias, nos vemos pronto pequeño.

— Nos vemos Nico.

No había ni dejado el teléfono sobre la mesa cuando sonó de nuevo.

— ¿Qué se te olvido?

— ¿Nicole Vizza?— cuestionó una voz femenina al otro lado.

— Si, ¿quién es?

— Soy Iris, ¿me recuerdas?

— Ah, hola Iris, ¿qué hay?— pregunté sorprendida de escucharla. Lo cierto es que a pesar de lo que decía la nota y de lo que habíamos hablado esa noche, pensé que no volvería a saber de ella en mucho tiempo.

— Bien, como siempre, aun trabajando en la comisaría. Te llamaba porque tengo algunos datos sobre el paradero de tu abuela.

— ¿Qué has averiguado?— los nervios comenzaban a ser patentes en la boca de mi estómago.

— ¿Podemos vernos mañana? Me han llamado hace un momento, pero aun no tengo todos los datos. Solo te diré que está viva y que vive en Londres.

— ¿Cómo lo has averiguado? Llevo años intentando saber de su paradero sin éxito.

— Tengo mis influencias.

— Eso veo, mañana me viene perfecto. ¿A qué hora llegas?

— A eso de las doce de la mañana.

— De acuerdo, no hay problema, iré a recogerte.

— No es necesario, podemos quedar en cualquier sitio si te viene mejor.

— De verdad, no hay problema, solo dime la terminal y el número de puerta.

— Terminal B, numero 2.

— Nos vemos mañana entonces.

— Si, nos vemos.

— Muchas gracias Iris.

— Por nada, fue un placer. Hasta mañana.

— Hasta mañana.

Dejé pensativa el teléfono sobre la mesa.

“Mi abuela está viva…y está mas cerca de lo que hubiera imaginado”

Dirigí la mirada hacia el retrato de mi padre.

— Mañana papá, mañana colocamos todas las piezas de tu puzzle.

Al otro día, a las doce, como había acordado con Iris, ahí estaba en el aeropuerto esperándola. No tardé mucho en divisarla a lo lejos, percatándose de mi presencia al instante.

— Hola, buenos días— saludó acercándose a mí y besándome en la mejilla.

— Buenos días, ¿qué tal el viaje?

— Bastante bien—me sonrió.

— ¿Has desayunado?— la cuestioné insegura.

— Si, no te preocupes. ¿Nos marchamos?

— Si claro… ¿necesitas ayuda?— señalé su bolsa.

— Oh, nah, no hay problema.

— Como quieras…— comencé a caminar hacia la salida. El silencio nos acompañó hasta llegar a mi coche.

— Bonito carro— silbó mientras metía su equipaje en el maletero.

— Gracias, lo compré hace menos de un año.

— Si, se nota que es nuevo— comentó subiendo en el asiento del copiloto.

Metí las llaves en el contacto y arranqué el motor. No sabiendo hacia donde ir puse rumbo a mi casa.

— ¿Habías estado antes en Londres?— pregunté intentando iniciar una conversación casual con ella.

— Si, he estado en un par de ocasiones. Algunas veces por cuestiones de trabajo, otras simplemente por ocio.

Sonreí ante el recuerdo de lo que era esta chica en sus años de instituto y en lo que se había convertido ahora.

— ¿De qué te ríes?— cuestionó curiosa con una sonrisa en sus labios. La miré antes de responder.

— Nada, es solo que pensaba en nuestros años de instituto.

— Ahh, rememorando como me partías los morros, ¿eh?

— No exactamente— le sonreí— Además, si te los partí en su momento fue porque te lo merecías.

— Si, ¿sabes? ahora que lo veo en retrospectiva…me alegro que me los partieras.— me devolvió la sonrisa.

— No te hacia masoquista— me burlé girando la calle que daba a mi casa. Subí el bordillo deteniendo el coche frente a la puerta de mi cochera.

— ¿Tu casa?

— Si, ¿necesitabas ir a algún otro lugar?— pregunté insegura.

— No, tal vez más tarde, pero no ahora. Por cierto, bonita casa— comentó señalándola con su cabeza antes de sonreírme.

— Gracias, entremos.

Salimos del coche y entramos al interior.

— ¿Quieres tomar algo?— cuestioné al entrar.

— Un vaso de agua estará bien por ahora— me sonrió.

— Como quieras, ponte cómoda— señalé dejándola en la sala y entrando a la cocina a por el agua. Al salir la encontré sentada en el sofá rodeada de papeles.

— ¿Todo eso es de mi abuela?— dejé el vaso a un lado sobre la mesa de cristal tomando asiento frente a ella en el suelo.

— Si, tu abuela le dio bastante a la pata.

— Pues por lo que llevaba averiguado, bastante más de lo que hubiera podido imaginar.

— Bueno, tú también has vivido en varios países.

— Si… ¿cómo... ?— comencé a preguntarle asombrada de que lo supiera.

— Tengo contactos. Naciste en España. Tu padre era italiano de nacimiento, con madre inglesa y padre italiano, aunque criado en España por su familia adoptiva. Tu madre era francesa. Viviste en España durante tu primer año, luego te mudaste a Francia. Estuviste dos años, tu madre murió allí en un accidente de coche. Un conductor ebrio invadió su carril en una noche lluviosa matándola en el acto. Contabas con apenas dos años. Después de que tu madre muriera estuviste una temporada con tus abuelos maternos mientras tu padre trataba de recuperarse de la perdida de su esposa. No lo pasó nada bien al parecer.

— Volvisteis a España durante un año, luego Alemania y de nuevo Francia, hasta que a los nueve te instalaste en Londres. Tu padre murió de cáncer cuando tenías diecisiete. Regresaste a España bajo la custodia de tu tío. Al año volviste a Londres, donde vives hasta ahora. ¿Mis datos son correctos?

— ¿Trabajas en la comisaría de la ciudad o en la CIA?— pregunté aun con la boca abierta.

— Jaja, ¿sorprendida? bueno, tengo mis…contactos—

No la dejé acabar.

— Aunque ya estoy intrigada con esos misteriosos contactos, ¿es que acaso nos vigilan a través del satélite estilo gran hermano o qué?

Comenzó a reír de nuevo

— No te rías, es serio…— dije con tono indignado.

— Nunca hubiera pensado que fueras así…

— ¿Así como?— pregunté entre curiosa y divertida enarcando mi ceja.

— Así como eres…No dabas esa impresión en el instituto.

— Bueno, ni tú la que das ahora. Es mas, ahora mismo me pregunto si seguirá estando Iris allá adentro— me acerqué a ella intentando mirar a través de su oído.

Me gané otra buena carcajada por su parte.

— Creo que será mejor que empiece a contarte cosas— se puso seria.

— Soy toda oídos.

— Muy bien…

Una hora y media más tarde me encontraba despidiéndola en la puerta.

— ¿Segura que no quieres quedarte a comer?

— No, ya te digo, quedé con unos amigos. Quiero aprovechar la estancia para verlos y eso…

— Bueno, como quieras…— comenté mientras miraba a la puerta de la casa de al lado.

— Ey, ¿y tu seguro que estas bien?— cuestionó acariciándome el brazo con su mano en un gesto por confortarme.

— Si…supongo que si…Tú sabes, demasiada información para un solo trago— traté de sonreírle.

— Es normal. Bueno, te dejo ya…Espero que me llames algún día. Estaría bien volver a verte. Podríamos quedar y tomar algo.

— Sí, muchas gracias por todo Iris, yo…— colocó un dedo sobre mis labios silenciándome.

— No hay nada que agradecer. Es gracias a ti por lo que hoy puedo ayudarte. Tu y Natalia me hicisteis ver que el camino que estaba tomando no era el adecuado…Me permitisteis rectificar.
Me alegro de haberte sido de ayuda. De corazón espero que lo tuyo con ella pueda resolverse algún día. Mereces ser feliz, suficientes torpezas ha cometido ya el destino contigo.

— Gracias— dije acercándome y abrazándola.

— Por nada…y llámame— gesticulo con su mano como si fuera un teléfono antes de comenzar a caminar— Nos vemos Nicole.

— Hasta pronto Iris.

La observé como se metía en el taxi que hacía unos minutos había llegado a recogerla. Lo último que vi fue el guiño de su ojo antes de que el taxi se perdiera calle abajo.

Suspiré aun sujetando la puerta con mis manos mientras me armaba de valor. Entré a casa cogí una vieja foto de la mesa de cristal y mis llaves antes de volver hacia la puerta y salir con decisión. Salté el pequeño seto que separaba mi casa de la de la vecina y caminé segura hacia la entrada. Elevé mi mano hacia el timbre dispuesta a tocar cuando el recuerdo de la conversación con Iris llegó a mí.

— ¿Pero sabes donde está? ¿Su dirección?

— Calle North Star, número 7.

— ¿Qué? Que tipo de broma es esta.

— No es ninguna broma. North Star, número 7.

— ¿Cariño?— cuestionó preocupada la señora Norman frente a mi sacándome de mi ensimismamiento.

— Oh, hola, lo siento…— me disculpé intentando volver a la tierra mientras interiormente me preguntaba en que momento mi dedo había decidido tocar al timbre.

— No te preocupes, pasa. Que bueno que llegaras estaba a punto de tocarte para darte algo— habló entrando al interior y sumergiéndose en la cocina. Entré, cerrando la puerta tras de mí y la seguí.

— Bueno, solo quería ver como estaba y hablar con usted un rato.

Dejó su quehacer y me miró antes de acercarse a mi lado.

— ¿Estas bien cariño? No tienes muy buena cara.— comenzó a palpármela.

— Tranquila, me encuentro perfectamente— paré sus manos sonriéndole.

— Bueno…— me sonrió a su vez antes de separarse de mí y volver a dirigirse hacia el horno. Lo abrió sacando un bizcocho.

— ¿Y eso?— me acerqué metiéndole el dedo, como siempre hacia.

— ¡Sabia que lo harías!— intentó apartarlo de mí.

— Jaja, entonces para que me lo pone cerca. ¿No me va dar que lo pruebe a ver si le falta azúcar?

— Jaja, no seas golosa— rió mientras lo envolvía en papel de aluminio— Ahora tienes que comer algo con mas sustancia. Esto es para la merienda así que ni se te ocurra comértelo ahora— dijo entregándomelo mientras agitaba un dedo frente a mis ojos.

— Si señora— reí colocándolo sobre la mesa. Me giré y la abracé— Muchas gracias por todo.

— Por nada mi niña, sabes que lo hago con gusto.


— No puede ser…

— ¿Por qué no? Compruébalo, pero mis datos son claros al respecto. Esa mujer es tu abuela.

— No, no puede ser…

— Cariño, ¿de verdad estas bien?

Bajé la mirada para encontrarme con unos preocupados ojos grises que me miraban interrogantes. Me separé del abrazo tomando asiento en una de las sillas.

— Si, estoy bien… ¿Puedo hablar con usted un momento?

cuestioné insegura de que era lo que se suponía que iba a decirle.

— Claro, ¿qué ocurre? ¿Es por esa niña, verdad?— preguntó sosteniendo una de mis manos.

— No... — le sonreí.

— Entonces, que sucede…

— ¿Usted sabía algo referente a la vida de mi padre?— pregunté no sabiendo por donde comenzar.

— No, sólo sé que era un hombre de negocios y viajaba mucho. Era muy buen hombre, pero también muy reservado. Eso sin duda lo heredaste de él— me sonrió.

— Sí…— bajé la mirada sonriendo ante el recuerdo de mi padre antes de volver a encararla. – Usted cuando era joven, ¿también viajó mucho?

La noté revolverse algo incomoda antes bajar su mirada y hablar.

— Si, de joven estuve en muchos países por mi trabajo.

— ¿A que se dedicaba?— cuestioné sabiendo la respuesta que me daría.

— Era enfermera— su rostro pareció iluminarse al decirlo. Trabajé durante mucho tiempo cooperando con distintas organizaciones como la cruz roja. Estuve en Italia, Francia, Alemania, España…

— ¿Sabe? Menos en Italia, he vivido en todos esos países.

— Si, lo sé…Por los negocios de tu padre.

— Si, algo así. ¿No le entristeció dejar todo por su trabajo? ¿Dejar a su familia por ayudar a los demás?

De nuevo bajó la mirada antes de responder.

— La única familia que me quedaba viajaba conmigo. Ella era lo único que tenía, lo único que me quedaba…y decidí seguirla.— su semblante cambió ante el vívido recuerdo.

— ¿Qué pasó con ella?

— Que un día conoció a alguien…y me dejó.— una lágrima rodó por su arrugado rostro.

Quedé unos instantes en silencio, debatiéndome si después de tantos años esto tenía algún sentido. El recuerdo de mi padre, sus anhelos, la perdida de la única persona que había sido capaz de amar, la calidez de su recuerdo en mi mente, el vacío de mi soledad.

Aparté la mirada hacia la ventana cerrando fuertemente los ojos para evitar que las lágrimas salieran. Sí, si que tenía algún sentido. Volví a abrirlos y la miré, encontrándome con unos tristes y confusos ojos grises.

— Usted la amaba, tanto que sacrificó todo por ella— afirmé evidenciando bien el sentido de todo.

— Si…todo…pero aun así, para ella simplemente era su amiga. Su mejor amiga.

— Ella se casó.

— Sí. Con un buen hombre, para que negarlo…

— Y usted desapareció de su vida.

— Era lo menos que podía hacer— sonrió agriamente.

— ¿Nunca se ha preguntado que fue de su vida?

— Si, muchas veces…demasiadas veces me he sentido tentada a llamarla…a saber de ella…pero sabía que si lo hacía no podría soportarlo…la quería demasiado…y después de eso solo quería odiarla…

— Pero nunca pudo.

— No, a pesar de todo el dolor que sentía, de las ganas que tenía de odiarla por todo lo que dejé, por todo lo que perdí…nunca pude hacerlo…

— Entonces, si pudiera vivirlo de nuevo… ¿lo volvería a dejar todo…por ella?

Sabía que la respuesta de esta pregunta marcaría la diferencia entre seguir con lo que estaba haciendo o simplemente dejarlo como estaba ya.

— La hubiera seguido…pero no hubiera renunciado a aquello que renuncie, a las personas que abandoné.

En este momento las lágrimas rodaban libremente por sus mejillas. Apreté la mano que sostenía la mía dándole ánimos para continuar si quería.

— En mi estancia en Italia sucedió algo…Una noche un tipo me…forzó y yo…Quedé embarazada— se detuvo un momento, mientras trataba de recomponerse del dolor que le producía el recuerdo de aquello. Intenté hablar pero me detuvo continuando— No sabía que hacer, no tenía dinero, ni familia, ni siquiera tenía una casa a la que regresar cuando volviera a Inglaterra… ¿qué futuro le esperaba a ese niño a mi lado? Aún así decidí tenerlo…era un niño precioso, sano…pero lo abandoné. Regresé a buscarlo unos meses después al orfanato donde lo dejé pero para entonces ya había sido adoptado.

— ¿No lo siguió buscando?

— Sí, si que lo hice…en el orfanato me dijeron que la familia que lo había acogido eran comerciantes italianos afincados en España. Así que fui a ese país. Estuve como un año intentando averiguar, yendo de un lado para otro… pero no sirvió de nada. Nunca lo encontré. A veces me pregunto que habrá sido de su vida, como habrá sido su infancia, si ha sido feliz, si se casó, si tuvo hijos…si sabe la verdad y me odia por haberlo abandonado.

— Nunca la odió, es mas, siempre la buscó— me miró sorprendida entre lagrimas, continué— Tuvo una infancia feliz, se lo aseguro. En cuanto a su vida, conoció a una mujer fabulosa una lluviosa tarde en la estación de tren de París, se casó con ella y tuvo una hija. Quedó viudo a los tres años de conocerla y nunca más se volvió a casar. Se dedicó en cuerpo y alma a cuidar de esa niña. Vivió en muchos países. Italia, España, Francia, Alemania. Decidió establecerse en Inglaterra. Sabía que su madre estaba cerca y quería encontrarla. Pero un día enfermó… y murió sin saber que su búsqueda finalizó el mismo día que decidió instalarse en la casa de al lado.

El destino es tan cruel a veces…marca la senda y tu solo la sigues…Crees ser dueño de tu destino, crees dirigir tu vida hacia el lado que quieres…para al final del camino descubrir que no eres mas que una simple marioneta… descubrir que eres como el ratón que busca en el laberinto llegar a su queso…Muchas veces en mi vida me he preguntado cual es mi queso, que es lo que busco…que es lo que me depararía el destino.

Papá siempre me decía que todo en la vida sucede por una razón…que para todo hay un motivo de ser… Entonces, ¿qué sentido tenía tener a su madre al lado sin ni siquiera saberlo? ¿Qué sentido tuvo que mi madre muriera precisamente la tarde en la que inexplicablemente yo no viajaba con ella? ¿Por qué papá tuvo que dejarme tan pronto? ¿Por qué bajo la tutela del tío Miguel en lugar de la de la señora Norman? ¿Por qué cuando encontré el amor no fui capaz de conservarlo? ¿Por qué…? ¿Por qué…?

Por qué el destino parecía burlarse de mí de esta manera…por qué me arrebataba el queso que tanto me había costado conseguir…

***
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Re: Torpezas del destino

Mensaje  anita el Abril 10th 2016, 12:03 am

Colgué el teléfono y miré a mi amigo sentado al otro lado de la mesa de mi despacho.
Hecho.

—¿Yap?— preguntó sorprendido.

—Pos si, yap. Te dije que el trato estaba cerrado. Solo faltaba la confirmación.

—Ya, pero no pensé que…

—¿…Fuera tan fácil?— acabé yo por él.

—No, que fuéramos prescindibles.— terminó con fingido dolor.

—Por supuesto que no lo somos amigo, por eso nos envían a ampliar horizontes en otro país— le respondí con una sonrisa.

—Dios, no me lo creo…España…

—Si, España…así que más te vale ir buscándote casa donde vivir.

—No te preocupes, ya Andi y yo le echamos el ojo a una la última vez que estuvimos visitando a sus padres.

—¿Ya?— comencé a reír— Vaya, si que tienes ganas de cambiar de aires.

—No es eso. A Andi le hacía mucha ilusión regresar a España, lo sabes.

—Sip, lo sé— sonreí— Por eso mismo fue que cuando Richard propuso de expandirnos mas allá del país elegí España.

—Ah, ¿no lo hacías por ti?— me sonrió.

—También, para que negártelo. Quiero volver a casa.

—Creía que Londres era tu casa.

—Yo también lo creía, pero lo cierto es que ya nada me ata a este lugar— admití.

—¿Te llevaras a tu abuela?

—Sí. Bueno, si se deja y quiere— sonreí.

—No creo que quiera separarse de ti.

—Y yo tampoco quiero separarme de ella. Es irónico, ¿no crees? Siempre vi a esa mujer como la abuela que nunca tuve…y en más de una ocasión deseé que lo fuera realmente…

—Y sucedió— acabó mi amigo con una sonrisa.

—Sí, sucedió. Todos estos años buscándola…y estaba frente a nosotros…todo el tiempo.
El móvil de Robert eligió sonar en ese momento.

—¿Sí?...Oh, hola mi amor— su rostro se iluminó al instante— Si, si— me miró sonriendo bobamente— Si, estoy con ella…si…que Andi dice que si carne o pescado para esta noche— me preguntó esto ultimo a mi.

Rodé mis ojos sabiendo de sobra que esta vez no me libraba.

***

—Natalia por favor, déjame explicarte— me siguió David al interior de la habitación.

—No hay nada que explicar— lo encaré antes de volverme y abrir el armario. Comencé a sacar mi ropa y a ponerla sobre la cama.

—Natalia, entre ella y yo no ha pasado nada, no es lo que parece…— siguió avasallándome a mis espaldas impidiéndome hacer la maleta.

—Ah, ¿no? ¿Y entonces qué es lo que parece?— me volví encarándolo. Su silencio lo dijo todo. Me giré de nuevo y seguí metiendo trapos en el pequeño espacio.

—Natalia, por favor, por nuestro hijo— intentó parar mi labor sujetándome por los hombros.
Me giré iracunda.

—No tengas ahora el descaro de meter a mi hijo de por medio. Te recuerdo que no has tenido la decencia suficiente ni de respetar nuestra casa.

—Natalia, por favor, prometo cambiar…— rogó.

—Tus promesas carecen de valor ya para mí. Estoy cansada de tus descaros, de que te creas mi dueño. Estoy cansada de que gastes todo el dinero que ganas en vicios y juegos. Hasta aquí hemos llegado.

Me volví, cerré la maleta y agarrándola salí del cuarto. No tardó mucho en volver a seguirme.

—Te vas con la puta, ¿verdad?— me agarró del hombro fuertemente y me empujó haciendo que quedáramos frente a frente.

—David, no hagas esto más difícil. Entiende que es lo mejor.

—No, ¡no es lo mejor! No voy a permitir que mi hijo se críe con esa zorra, ¡¿me oyes?!— me zarandeó.

—¡David! ¡Me haces daño!

—¡No! ¡No te irás con ella! ¡Tu me perteneces!— me arrinconó contra la pared del apartamento.
David, ¡déjame! Por favor, ¡no!— grité al notar su puño golpearme en la cara.

—¡No te irás con ella!— me golpeó de nuevo.

—¡No! ¡David!— volví a gritar mientras me sujetaba mi hinchada barriga en un intento por protegerla de su arrebato. Mientras no decidiera cebarse con mi hijo, que me golpeara la cara poco me importaba.

—¡Calla! ¡A mí nadie me da órdenes! ¡Y menos una zorra como tu!— me escupió antes de volver a asestarme otro golpe en la cara.

—No sé ni como pude hacerlo, pero desde mi posición contra la pared agarré la lámpara de la mesa de al lado rompiéndosela en la cabeza. Paró de golpearme, separándose de mí ligeramente aturdido por el lampazarazo recibido. Aprovechando su estado de desorientación, huí lo más rápido que pude.

***

—¿Entonces te gusta?

—Bueno, no es tan grande como pensé…— comenzó a quejarse.

—Cuatro baños, cuatro dormitorios, cocina, salón, sala de estar, una pequeña biblioteca, un jardín diez veces más grande que el que tenias, una piscina y un huerto…¿te parece poco?— abrí mis ojos, pasmada de que no le gustara.

—Jaja, cariño, era broma. Me encanta. Es perfecta— me sonrió.

—¿En serio?— cuestioné ya insegura.

—Claro que si, me gusta mucho el jardín y el huerto. Siempre fue mi sueño poder llegar a tener uno algún día— sus ojos se iluminaron.

—Entonces no hay mas que decir, si a mi abuela le gusta, nos la quedamos— le dije al tipo que nos la estaba mostrando. Sonrió satisfecho antes de salir y dejarnos a solas.

—Cariño, segura que puedes pag…

—Abuela, no te preocupes por eso— la corté sonriéndole.

—Me gusta que me llames así.

—Que te llame cómo, ¿abuela?— cuestioné sin dejar de sonreírle a la vez que me acercaba y la abrazaba.

—Te quiero cariño— susurró en el abrazo.

—Y yo a ti, me alegro mucho de que quisieras venir conmigo— noté que las lagrimas comenzaban a escapar de sus ojos— Ey ey ey, ¿ahora me lloras? ay no, mejor una sonrisa enorme, que si no voy a comenzar a pensar que no te agrada la idea de vivir conmigo— me gané su sonrisa.

—No seas boba…que si no me lo hubieras pedido tú ya lo hubiera pedido yo.

—Ay Dios, lo que me faltaba, una abuela caradura— le bromeé rodando mis ojos.

—¡Oye!—se separó de mí sonriendo— Que soy tu abuela, un respeto a la tercera edad!

***
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