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Alerta de huracán, Melissa Good

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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Febrero 19th 2017, 12:11 am

-¡Tiradnos la maldita ropa, idiotas! -gritó Steve, con sólo la cabeza fuera del agua.

Dar se apoyó contra la baranda.

-Di por favor -reclamó sarcásticamente.

-Dar... -Kerry le dio una palmada en el brazo-. Vamos. -Recogió las camisas y los pantalones y los hizo un ovillo. Entonces dudó-. ¡Se van a caer al agua! -les informó.

-Y por cierto, ¿qué demonios estáis haciendo? -dijo Mark apoyándose al lado de Dar-. Hace un tiempo horrible para ponerse a nadar, ¿sabéis?

José se puso en pie con el agua resbalándole cuerpo abajo.

-¡Han sido unos bastardos con armas!

Dar suspiró.

-Bien, ha tenido su gracia... hasta ahora. -Se enderezó y echó un vistazo a su alrededor. Entonces, volvió a ver la serpiente-. Esperad... -Avanzó por el puente, desenredó el "juguetito" y se lo echó al cuello antes de regresar junto a los demás-. Toma... -dijo entregándosela a Kerry-. Ata la ropa a un extremo. -Acto seguido, se volvió hacia Mark-. Tú vigila por si viene alguien. Deben haber sido unos cazadores con ganas de juerga, o algo por el estilo.

Mark se enderezó y miró a su alrededor.

-¿Qué se supone que tengo que ver? ¿Un puñado de retrasados mentales con rifles? Mi contrato no cubre esto, Dar -murmuró.

Kerry terminó de atar la ropa a la cola de la serpiente y vio cómo Dar la bajaba hasta donde estaba José, agachándose con el brazo extendido al máximo para que pudieran alcanzar sus pertenencias. Mantuvo una mano agarrada a la plataforma y la otra suspendida en el aire por si su jefa perdía el equilibrio, a pesar de la certeza de que si lo hacía, ambas caerían al agua.

-Vale... ¿lo tienes? -gritó Dar con una mueca de dolor al sentir la tensión contra su pierna. Vio a José alzarse y cerró los ojos en un acto reflejo-. Oh... Dios... hubiese preferido no ver eso... -murmuró al mismo tiempo que Eleanor emitía un agudo y desagradable chillido.

-Cállate... estoy cogiendo la maldita ropa -refunfuñó José haciéndose con ella finalmente-. Toma... -y soltó la cola del improvisado montacargas-. Ya está... ¡¡aiiieee!! -gañó, al sentir el peso muerto del animal de juguete cayendo a su alrededor-. Jesús, Dar... voy a darte una patada en el culo en cuanto salga de aquí.

Dar se enderezó despacio, consciente de la mano de Kerry sobre su antebrazo.

-No podrías ni aunque yo fuese una silla y llevases botas de latón -gritó ella.

-¡Callaos los dos de una vez! -les espetó Eleanor-. Oh Dios mío... me pica todo el cuerpo...

-A mí también -comentó Steve arremangándose la camisa-. Oh, mierda... ¡Augh!

-Pensándolo mejor, tal vez darles la ropa no haya sido una buena idea -comentó Dar a su amante con aire apacible-. Acuérdate de las ortigas...

-Ay. -Kerry hizo una mueca de dolor al tiempo que se miraba las manos-. Gracias por avisarme.

Dar sonrió.

-Estoy segura de que sobrevivirás -se rió entre dientes y exhaló mientras las cuatro figuras emergían mojadas, iracundas y llenas de barro, y se acercaban a ellos-. Bien... ¡ya basta! -Levantó la voz-. Salgamos de aquí. Ya tendremos tiempo después de gritarnos entre nosotros, ¿de acuerdo?

-Es lo más inteligente que has dicho desde que estamos aquí -le picó Eleanor-. Apártate de mi camino -añadió empujando a Dar y acometiendo de nuevo el puente de cuerda sin importarle ya la altura a la que estaba suspendido ni su inestabilidad, y rascándose enérgicamente el brazo mientras lo hacía.

-Muy bien... -Dar se apoyó contra las sogas-. Supongo que regresamos al campamento. - Todos pasaron delante de ella en un momento y esperó el turno de Kerry, que se había quedado la última deliberadamente, apoyando los pies con cuidado.

-Malditos sean todos... los voy a demandar hasta que le haya sacado el último centavo a esa condenada compañía... -iba farfullando José mientras caminaba-. Por irresponsables, por poner en peligro a los clientes... ¡putas!

Dar suspiró e intentó filtrar su voz y dejar de oírle, concentrándose en cambio en el dolor de su pierna a medida que avanzaban por el sendero. Funcionó, pero la dejó preocupada, de tal manera que no reparó en que todos se habían detenido y chocando así con la espalda de Kerry, lo cual las sobresaltó a las dos.

-Qué... oh... perdona. -Se apoyó en el hombro de Kerry y exhaló-. ¿Qué pasa?

Silenciosamente, Mark apuntó hacia el campamento. Dar fue junto a él y se asomó por entre las hojas para ver el vestíbulo principal de la choza. El autobús había sido estacionado a un lado y delante de la estructura había dos camionetas con remolques llenos de varios artículos de campamento y prominentes escopetas de caza, además de dos tipos tumbados en la parte de atrás de una de ellas bebiendo cerveza. Había otros dos en el porche, uno de los cuales tenía a la infeliz Skippy contra la pared e intentaba besarla. La guía, por su parte, no podía hacer más que retorcerse frenéticamente intentando escapar, pero sin mucho éxito

-Son los bastardos que nos desnudaron -gruñó Steve-. Dejadme ir hasta allí... -demandó rascándose los brazos sin parar-... auggghghh.

Dar sintió una oleada fría barriendo su cuerpo de arriba abajo que hizo que todo, excepto aquellos hombres, se diluyera, y que el agotamiento que la había embargado desde el accidente quedara en el olvido. Su atención se enfocaba ahora únicamente sobre aquellos hombres, y una leve y austera sonrisa se dibujó en sus labios.

-Bien, se acabó. Ya he tenido bastante. Esos tipos no saben dónde se acaban de meter - ronroneó, empujando a José y a Steve a su paso y acercándose furtivamente a la parte descampada.

-¿A dónde diablos crees que vas? -siseó Steve agarrándola del brazo.

Ella se lo sacudió como si se tratara de un simple mosquito.

-A liberar algo de frustración reprimida -gruño, retomando su camino.

-¡Dar! -la voz de Kerry surgió gutural, pero repleta de ansiedad-. Espera...

Avanzó sola durante unos segundos, aunque después unos pasos a su espalda y una mano agarrando con fuerza la tela de su camisa le hicieron detenerse. Ella se soltó.

-Quédate aquí -ordenó a Kerry, avanzando directamente hacia uno de los que estaban en el porche-. ¡Eh!

Ya estaba sobre la plataforma de madera antes de que hubiesen tenido tiempo de reaccionar a su llamada. Uno de ellos eructó a modo de saludo.

-Eh... ¡tú eres guapa! -Anduvo tambaleándose hacia ella con una mano extendida-. Ven aquí, preciosa...

Dar sintió el movimiento antes incluso de que ocurriese. Una reacción profundamente enterrada en su cuerpo proyectó su cuerpo hacia delante y envió un codazo a su mandíbula del tipo, estampándolo contra la pared con un aullido sobresaltado. Después giró la cabeza hacia el otro, y frenó su intención de pillarla por la espalda con un derechazo por encima del hombro, casi deleitándose cuando el impacto sacudió su brazo, desde el puño hasta el hombro. Él retrocedió tambaleándose y, tras seguirle de cerca, le agarró por la sucia camisa de franela y le inmovilizó contra la puerta del vestíbulo principal.

El tipo abrió la boca, pero la gélida mirada de los ojos azules de la mujer hizo morir las palabras en su garganta, dándole el aspecto de un niño a punto de echarse a llorar.

-Tú... -Dar bajó el tono de su voz tanto como le fue posible-.... te estás interponiendo entre yo... -Le golpeó con una rodilla en la ingle y observó que sus ojos y su boca se abrían desmesuradamente-... y el Dairy Queen.

Lo dejó caer y él se derrumbó agarrándose la entrepierna y emitiendo un leve gimoteo. Dar se giró en redondo y observó a los dos bebedores de cerveza, enarbolando sus rifles y a punto de saltar por los laterales del remolque. Les estudió por un momento y fue hacia ellos directamente, sin miramientos, al tiempo que abría y cerraba los puños.

Ninguno de los dos tuvo tiempo de actuar. Uno salió proyectado de cabeza contra el suelo y el otro de culo contra el remolque. El que había caído fuera corrió hacia el lado del conductor, consiguió abrir la puerta, encender el motor y meter primera, saliendo de allí como alma que lleva el diablo con los neumáticos derrapando sobre la gravilla del camino y propinando a su compañero de la parte de atrás una suerte de paliza contra las paredes del remolque metálico, proyectado arriba y abajo como una rana sobre el capó caliente de un coche. Sus gritos de desesperación, junto con el sonido de la camioneta, se fueron perdiendo poco a poco.

Dar se volvió hacia el que había recibido su primer golpe. Él, por su parte, se arrastró como pudo fuera del porche y salió corriendo al tiempo que el perro del campamento le ladraba de forma amenazante. A continuación, fue Skippy quien recibió su mirada, fría y llena de ira.

-¿Dónde está el conductor del autobús?

La muchacha abrió la boca y la cerró varias veces antes de emitir cualquier sonido.

-Oh... uh... yo... está...

-Encuéntralo -gruñó Dar.

-Ssssssí señora -farfulló echando a correr hacia el otro lado de la cabaña.

Todo quedó en silencio. Sólo el crujir de las botas de Kerry sobre la tierra arenosa quebraba la quietud del ambiente a medida que cruzaba el descampado y se plantaba ante ella en el porche.

-Bueno... -murmuró con los brazos en jarras.

Dar la miró tímidamente.

-Siento haber sido tan brusca contigo antes... ¿estás bien?

Kerry frunció los labios y echó un vistazo al hombre que aún se retorcía en el suelo.

-Emm... sí... supongo. -Hizo una señal al resto del grupo para que se acercaran-. ¿Y tú?

La mujer se encontraba apoyada contra la pared cuando el resto se les unió, mirándola con una mezcla de cautela y admiración.

-Sí, estoy bien -comentó-. Sólo quiero un helado. -Caminó hacia el banco que había a un lado de la puerta y se sentó, estirando las piernas hacia delante y dejando escapar un suspiro.

Skippy regresó mirando a Dar, hecha un manojo de nervios.

-Viene de camino.

-Bien -dijo la mujer de pelo oscuro con los ojos cerrados-. ¿Tienes material de primeros auxilios? -preguntó girando la cabeza-. Empezando por un corrimiento de tierra... se puede decir que hemos tenido un día de perros. Esos cuatro se han rebozado en un montón de ortigas. -Cabeceó hacia Steve, Eleanor, Charles y José, que se la quedaron mirando.

-Uh... -Skippy los miró-. Será mejor que llame a los paramédicos.

Eleanor le dirigió una mirada maliciosa.

-¿Nos mantendrán aquí?

-Pues... no lo sé... emm... probablemente... -respondió la guía a media voz.

-Usted métanos en ese maldito autobús -gruño la VP de Marketing-. Mi abogado se encargará del resto.

-El mío también -agregó José.

-Yo soy abogado -añadió Steve-. Y, chica, espero que tengáis un buen seguro. -Le apuntó amenazadoramente con el dedo-. Esto es vergonzoso, por no decir una temeridad...

-¡Sí! -gruñó José.

-Un momento. -Kerry se puso en pie y caminó entre ellos viendo que Skippy se encontraba al borde de las lágrimas-. Dejad de gritarle porque no es culpa suya. -Le dirigió una silenciosa mirada de simpatía a la guía-. Ella sólo está haciendo su trabajo.

Skippy le dirigió una trémula sonrisa.

-Gracias.

Kerry le devolvió el gesto.

-Tú cállate, puta -le espetó Steve.

La joven se volvió hacia él, consciente de un súbito movimiento en la periferia de su campo de visión.

-¿Perdona?

-Eres la putita de Dar... todos lo sabemos... así que cállate y ve a lamerle el culo o... -Ni siquiera vio venir el puño que le golpeó en plena cara, enviándolo por el porche con un afilado crujido de la madera. El cuerpo de Steve se deslizó flácido hasta el suelo.

Kerry, por su parte, sacudió la mano con energía.

-Ay... -se quejó con una mueca de dolor-. Duele como un demonio... -Todos se la habían quedado mirando, incluso Dar, puesta ya en pie y avanzando hacia ella en silencio-. Y para que te enteres, yo no soy ninguna "putita".

Un silencio incómodo se instauró entre el grupo. Finalmente, Skippy se aclaró la garganta.

-Emm... ¿alguien... quiere galletas? -ofreció con desesperada alegría-. Tenemos de tres tipos diferentes, y un poco de zumo... mientras esperamos al conductor. Quiero decir... yo... le he pedido al director del campamento que saque vuestras cosas y... bueno, nunca nos había pasado algo así... Lo sentimos mucho... de verdad... emm... ¿os traigo un zumo o algo?

Una larga pausa.

-¿Galletas? -Su voz se quebró ligeramente.

Mariana, misericordiosamente, vino en su ayuda.

-Eso sería genial... y si tiene loción de Calamina... Estoy segura de que no es culpa tuya... Veamos si también podemos encontrar algunas vendas. -Introdujo a Skippy dentro del vestíbulo, mientras Kerry volvía atrás y se sentaba al lado de Dar, consciente de sí misma. La mano le dolía muchísimo, y la acunó en la otra mirando fijamente los hinchados nudillos, como si no fueran los suyos.

Jesús. Le había atizado a una persona. No... mucho peor. Le había atizado al ayudante del vicepresidente de marketing de la compañía para la que trabajaba. Todo por un par de palabras. Miró a Dar, con aire avergonzado.

Unos cálidos y orgullosos ojos azules la contemplaban fijamente, acompañados por una sonrisa bien definida.

-No he debido hacerlo -susurró Kerry.

-No... pero no pasa nada -le dijo Dar extendiendo una mano deliberadamente para atrapar la suya, examinándole los moratones-. Te va a doler un poco durante dos o tres días.

-Mmm... -Kerry absorbió la calidez de los dedos de su amante-. Están igual que los tuyos aquella noche... -murmuró, echando un vistazo al resto del grupo, que evitaba deliberadamente mirarlas-. Lo he estropeado todo.

-No te preocupes por eso -le dijo la mujer de pelo negro-. Lo superaremos... confía en mí.

Sus ojos verdes, ligeramente húmedos, la contemplaron unos segundos.

-Confío en ti.

Dar asintió en un gesto tranquilizador y se reclinó hacia atrás, exhalando y deseando que el conductor del autobús llegase pronto.

***
A su regreso, y después de dos paradas para recoger suministros médicos y una más en el Dairy Queen, que proporcionó no sólo el helado de Dar sino también un montón de hamburguesas para el exhausto grupo, ya había anochecido. Incluso Skippy abandonó su gallardía en el campamento y se unió a la comilona en silencio, intentando evitar las agrias miradas de los tres aventureros más quejicosos.

Steve no había abierto la boca desde el mismo momento en que había levantado el culo del suelo, alimentando sus agravios en malhumorado silencio y rascándose incesantemente. A simple vista, su piel se había convertido en una red llena de ronchas, al igual que la de Eleanor, Charles y José. Armados con sendos frascos de loción, se habían puesto tanta encima que cualquiera les habría confundido con criaturas de ciencia ficción.

Mark por su parte encabezaba la comitiva a lomos de su Harley con Mary Lou en el asiento trasero. Duks y Mariana dormitaban tras haber acabado de cenar.

Dar yacía en un asiento cerca del fondo del vehículo, mordisqueando virutas de chocolate y lamiendo las gotas derretidas de su helado de vainilla con una expresión absorta en la cara. Kerry, justo enfrente, daba cuenta de un postre de dulce de chocolate caliente con grandes cerezas como aditivo especial.

-Dime una cosa, Dar -comenzó, con el rabito de una cereza entre los dientes.

-¿Mm? -Los ojos azules de la ejecutiva la miraron por encima de la ya medio acabada bola de chocolate.

-El helado te hace sentir mejor -admitió Kerry-. ¿Por qué?

La mujer de pelo negro mordisqueó un pedazo más.

-No tengo ni idea -afirmó masticando con despreocupación-. Y en realidad no me importa... Sólo sé que siempre que me encuentre mal, un cucurucho de helado lo soluciona.

-Mm. -Kerry saboreó un bocado más de chocolate caliente.

-Probablemente sea porque dicen que es malo para la salud.

-Probablemente -concordó en voz baja.

Comieron en silencio durante un momento.

-¿Qué va a pasar el lunes? -acabó por preguntar Kerry con un susurro.

-No te preocupes con eso -contestó su amante.

-Nos van a causar muchos problemas -dijo Kerry, indicando las filas delanteras del autobús-. Todos ellos.

-Lo sé, y te digo que no te preocupes -repitió Dar-. Deja que yo me encargue de eso. - Atrapó una gota errante con su ágil lengua-. Yo también guardo algunos ases en la manga.

Kerry reflexionó sobre ese comentario.

-Dar... yo... prefiero dimitir a verte pasar por todo esto -profirió muy suavemente.

-Pues yo no quiero que lo hagas -objetó Dar al instante-. Deja que yo me ocupe de todo, Kerry... dijiste que confiabas en mí.

-B... bueno sí, y lo hago... Pero es que... -Se interrumpió un momento y suspiró-. No quiero que te hagan daño.

Una pequeña sonrisa surgió de los labios de la mujer.

-Estaré bien... Vamos a olvidarnos de todo esto hasta el lunes, ¿de acuerdo?

Kerry exhaló.

-Vale -convino, aunque sin dejar de repetirse que eso era algo definitivamente mucho más fácil de decir que de hacer.



***

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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 5th 2017, 8:09 pm

-Eh, Col. -Kerry vigilaba el tráfico con atención mientras conducía el Lexus por la calzada de Rickenbacker-. Ya hemos vuelto.

-Menos mal, chica... ¿qué ha pasado? -La voz de Colleen rebosaba alegría al otro lado del teléfono-. No regresabais hasta mañana por la tarde.

-Lo sé. -Echó un vistazo a Dar, que dormitaba contra la puerta del copiloto con los ojos medio cerrados-. Han surgido unos cuantos problemillas. -Dar había querido conducir, pero Kerry no cedió al respecto, por lo cual ahora se alegraba. El trayecto había resultado tranquilo puesto que la mayoría estaban dormidos desde antes de entrar a la ciudad, y absolutamente todos se habían dispersado en silencio en cuanto pisaron el aparcamiento de la oficina.

-Oh, vaya... -cloqueó la pelirroja-. Bueno, pues por aquí todo bien... Vuestro cachorro se ha portado como un angelito, y yo me he dedicado a pasear y a ver partidos de fútbol en vuestra magnífica tele -confesó-. ¿Habéis cenado?

-Pues... en realidad no -respondió Kerry-. Pero no te preocupes... ya tomaremos algo cuando lleguemos... al menos yo -agregó-. Dar no se encuentra bien.

-No exageres -masculló la mujer de pelo negro-. Es sólo un dolor de cabeza.

-¿En serio? De acuerdo... entonces encenderé las luces de su cuarto... -La voz de Colleen se apagó un poco a medida que avanzaba por la casa-... y le abriré la cama... ¿quieres que haga café o algo así?

-Buena idea -concordó Kerry-. Estamos entrando en el ferry... Nos vemos en quince minutos. -Colgó el teléfono y lo dejó a un lado. Después, condujo el automóvil hasta el barco, apagó el motor y cubrió la mano de Dar con la suya-. Ya casi estamos en casa.

-Kerry... estoy bien. -Sus ojos azules se posaron sobre la joven-. De verdad.

-Mira, Dar... ambas sabemos que odias que se te preste un poco más de atención de lo normal, pero cojeas... y sé que te duele... Así que, ¿podrías guardarte el cuento de "soy tan fuerte que podría tragarme una placa de circuitos sin masticar" para alguien que no te conozca tan bien como yo? -la riñó Kerry-. No es un delito sentirse mal, por el amor de Dios.

Dar se hundió más en el asiento y dejó asomar una fingida mueca, como de un niño que no quiere dar su brazo a torcer.

-Una carita adorable, Dar... pero a mí no me engañas. -Aun así, la verdad era que la joven sentía una sonrisa naciendo de su interior-. Creo que deberías cambiarte de ropa y acostarte en cuanto lleguemos... ¿es mucho pedir?

La imponente mujer suspiró.

-No... no, tienes razón... -afirmó frotándose las sienes-. Necesito una aspirina y una bolsa de hielo en la maldita rodilla, y... -Frunció el ceño ligeramente-... más helado.

Kerry puso en marcha el Lexus en cuanto atracó el barco, bajó la rampa y giró en el primer cruce dirigiéndose hacia su barrio.

-Creo que aún tenemos moca en el congelador -comentó irónicamente-.

Aunque al menos podrías barajar la posibilidad de acompañarlo con un sándwich de queso o algo por el estilo.

-Ugh... -Dar hizo una mueca de disgusto-. No... yo... ahora mismo no tengo el estómago para experimentos. Con el helado me sobra.

Kerry estacionó el automóvil y salió a recoger sus bolsas del maletero. Se sentía un poco angustiada por su amante, pero sabía que presionar a Dar acerca de su estado no iba a servir de nada. Tal vez mañana...

-Vamos... -Esperó a que Dar la alcanzara al pie de la escalera y se tragó las ganas de agarrarla por el brazo a medida que ascendía cojeando-. Te cuesta, ¿verdad? -comentó en un tono ligera y deliberadamente casual.

-Sí -admitió Dar. Para ser sincera, que "le estuviera costando" era poco decir. La articulación estaba inflamada, y cada paso le provocaba latigazos de dolor desde la rodilla hasta la ingle. Ese dolor era además el responsable de que tuviera el estómago revuelto, y a mitad de la escalera se vio a sí misma haciendo denodados esfuerzos por no apoyar parte de su peso en Kerry.

Hicieron una pausa en la subida, justo antes del último tramo de escalones, y se quedaron mirándose la una a la otra. Kerry no estaba segura de cuál de ellas se había movido primero, pero de pronto se encontraron abrazadas, en una silenciosa rendición que las sorprendió a las dos.

-Gracias -dijo Dar.

-No hay de qué -contestó Kerry, ayudándola a terminar el ascenso. La puerta se abrió antes de que tuvieran tiempo de llamar al timbre, y el amistoso saludo de Colleen se transformó en un chaparrón de expresividad al más puro estilo irlandés en el momento en que vio el deplorable estado en que se encontraba su amiga.

-Santa María y José, Kerry... ¿qué diablos os habéis hecho? -Colleen agarró a Chino y le hizo retroceder para que ellas pudiesen pasar al interior de la casa-. ¿Qué te ha pasado en la mano? Y Dar, ¿por qué cojeas?

-Es una larga historia -suspiró Kerry mientras ayudaba a Dar a entrar en su habitación-. Dame un momento y te contaré una buena historia para no dormir.

Dar se apoyó contra la pared y dejó caer su peso sobre la pierna sana, tratando en vano desabrocharse la hebilla del cinturón.

Kerry le apartó las manos con delicadeza y terminó por ella, para luego seguir con los vaqueros.

-Ese café huele bien -murmuró, dejando caer la prenda al tiempo que deslizaba sus dedos bajo la suave camisa de algodón y apoyaba su cara contra el pecho de la mujer-. Pero tú hueles mejor.

Una suave risita.

-Fue una buena idea ducharnos antes de salir -comentó irónicamente la mujer de pelo negro, dejando que sus labios rozaran la suave piel de la oreja de la joven-. O estoy segura de que no hubieras dicho eso.

Kerry sonrió mientras la besaba suavemente en los labios antes de volver su atención sobre la pierna herida.

-Oh... mierda, Dar.

Dar exhaló.

-Sí... me da que se ha inflamado un poco. -Contempló la zona con aire irritado. La piel estaba hinchada y tensa por encima de la rodilla y coloreada con una pavorosa colección de rojos, azules y púrpuras. Se quitó la camisa sin molestarse en desabrochar los botones y la arrojó al respaldo de la silla que le quedaba más cerca-. ¿Me das mis pantalones cortos?

Kerry rescató sus pijamas de las bolsas y le alargó lo que le había pedido. Luego se puso de rodillas y tocó suavemente la rodilla de su amante, flexionada ya que no estaba apoyando ni el más mínimo peso sobre esa pierna.

-Dar, esto tiene muy mal aspecto. -Miró hacia arriba, deleitándose al mismo tiempo en la visión del torso semidesnudo de Dar-. Deberías ir a que te la miren.

-Nah -discrepó Dar-. Mañana estará bien... sólo necesito un poco de reposo. -Hizo una mueca de dolor a medida que doblaba la pierna lo suficiente como para meterla por la pernera del pantalón. A continuación, el mero acto de apoyarla en el suelo para realizar la misma operación con la otra estuvo a punto de hacerla caer al suelo.

-D... -Kerry se levantó rápidamente y la sujetó hasta que se consiguió mantenerse de pie por sí misma-. Haz el favor de mirarte -le ordenó mientras terminaba de subirle los pantalones y le daba un ligero tirón a la goma de la cintura para que le prestara atención-. Esto no se te va a curar sólo... así que mañana mismo vas a llamar al Dr. Steve.

-Vamos, Kerry... no es... -Dar se detuvo cuando una ardiente llamarada de dolor la atravesó, haciéndola apretar los dientes. De acuerdo, quizá sí que era. Esperó un momento a que las estrellas dejasen de volar por su cabeza y suspiró-. Está bien.

Una mano cariñosa le dio unas cuantas palmaditas en la barriga.

-Buena chica.

-No voy a ir al hospital -advirtió Dar-. Los odio.

-Lo sé. -Kerry dejó escapar una sutil sonrisa-. A ver qué dice el Dr. Steve... A lo mejor tiene un hueco en su consulta a primera hora del lunes.

-El lunes no puede ser... vamos a estar hasta arriba de cosas -contraatacó.

-Dar -Kerry la miró fijamente durante unos segundos-. Muy bien, entonces le pediremos que venga a verte a la oficina mañana -sentenció con una sonrisa triunfal-. Estoy segura de que no le importará hacerte ese favor.

"No, seguro que no le importa", admitió Dar, reconociendo la derrota.

-Bueno, ya veremos. -Tiró de su camisa hacia abajo para alisar la tela-. A lo mejor mañana ya estoy bien.

Como una niña pequeña. Kerry pasó un brazo alrededor de su cintura y la abrazó suavemente.

-Venga... a la cama.

Dar se resistió.

-Me sentiría mejor si paso un rato en la sala de estar... sólo para relajarme -objetó-. Además, es difícil comer helado estando tumbada.

Kerry empezó a reírse.

-¿Sabes que a veces demuestras tener una mente de piñón fijo? -cedió-. Muy bien... puedes oírme contar nuestra triste historia... y te traeré un poco de helado.

La mujer dejó que la ayudase hasta llegar a la sala con uno de sus largos brazos alrededor de los hombros de Kerry.

-Me encanta oírte contar historias -comentó-. Ya lo sabes.

-¿Eh? -La joven la contempló con detenimiento-. ¿A qué viene eso?

Dar guardó silencio mientras consideraba lo que acababa de decir.

-No sé... creo que necesito con urgencia ese café -murmuró finalmente con consternación. Levantó la vista y vio a Colleen emerger de la cocina-. Gracias, Colleen. -Se sentó en el sofá y Chino fue hacia ella atropelladamente, pisándole los pies y gimoteando-. Vale... vale... -Se agachó y recogió a la cachorro, sufriendo a continuación un implacable ataque de lametones e inofensivos zarpazos.

Colleen llevó a la mesa una bandeja con las tazas de café y miró con atención la rodilla de Dar.

-Jesús María, parece como si hubieras estado jugando al rugby o algo así. -Se sentó y repartió las tazas-. Bueno... ¿qué ha pasado?

Chino se retorció y se soltó para saludar a Kerry dándole golpecitos en el brazo hasta que ella la recogió y la abrazó.

-Eh, pequeña... ¿nos has echado de menos?

Chino bostezó con un agudo gruñidito y empezó a mordisquearle la muñeca cuando ésta se puso a hacerle cosquillas en la tripa.

Dar se recostó sobre el cómodo y suave cuero del sofá con la pierna estirada sobre la mesa, echando pequeños tragos al café y dejando que su cuerpo se relajara. Había conseguido dormir un poco en el autobús, pero una serie interminable y enigmática de imágenes y escenas persistentes le habían dejado aún más cansada que antes.

-Espera... enseguida vuelvo -dijo Kerry dejando a Chino en el regazo de Dar y dirigiéndose a la cocina-. Sujétala tú un segundo. -Sonrió abiertamente cuando la cachorro se instaló de inmediato sobre el estómago de Dar, quien cambió de posición estirando su cuerpo con la cabeza apoyada sobre el brazo del sofá a modo de almohada-. ¿Y por aquí todo tranquilo? -preguntó a Colleen, más que nada por evitar silencios incómodos.

-Sí, bastante -contestó Colleen apartándose el pelo rojizo de la cara con una de sus pecosas manos-. Se ha portado muy bien... excepto cuando se las arregló para robar un plátano y tuve que remover cielo y tierra para recuperarlo.

Dar sonrió y acarició la cabeza del animalito.

-¿Hiciste eso? -Observó a Chino, quien se irguió a medias y movió las orejas con aire inocentón-. Los plátanos no deben sentarles bien a los perros, ¿verdad?

-Así es -afirmó Colleen son una sonrisa-. La mía se hizo con varios cuando era pequeña... y estuvo con gases una semana entera. -Observó a Kerry, que volvía con un cuenco y algo más en su poder.

Ésta se arrodilló a lado de donde yacía Dar, entregándoselo.

-Aquí tienes -dijo, sacando también la otra mano-. Y una aspirina para la rodilla.

Dar equilibró el recipiente sobre su pecho y se echó la pastilla a la boca, tragándola con un sorbo de café.

-Gracias. -Dejó la taza en la mesa y rescató el helado, que Chino olfateaba con interés-. Quieta ahí... esto es para mí.

Kerry se rió entre dientes y se levantó.

-¿Quieres una bolsa de hielo?

Dar sacudió la cabeza.

-Nop -masculló con la boca llena de helado al tiempo que seguía con la mirada a Kerry de camino a la cocina, y después de vuelta con un plato humeante y un tenedor.

-Col, hay más, por si te apetece -comentó Kerry ondeando el cubierto ante ella.

-Estaba acabando de cenar justo cuando llamasteis, pero gracias -respondió la pelirroja con una sonrisa-. Ahora cuéntame la historia y me iré... Mis gatos deben estar deseando verme.

Kerry suspiró.

-¿Por dónde empiezo...? -A continuación, expuso con brevedad el supuesto objetivo del viaje.

-Oh... Señor... Nuestra administración también fue víctima de un viaje de esos, y una de las gerentes regresó embarazada -respondió Colleen-. Desde entonces no han hecho más.

Dar se rió entre dientes.

-Tengo el presentimiento de que en nuestro caso la experiencia tampoco se volverá a repetir.

-Probablemente. -Kerry la miró de reojo al tiempo que se llevaba a la boca un pedazo de pollo sechzuan que había sobrado unos días antes-. En fin, que llegamos allí y...

Había algo conciliador en la voz de Kerry, pensó Dar mientras daba cuenta de su helado. Incluso aunque no escuchase todas y cada una de las palabras, su tono, subiendo y bajando, haciéndose más alto para resaltar algo y cayendo después, era tan agradable a sus oídos como la belleza de su cuerpo para sus ojos.

Era consciente de que el lunes iba a ser un absoluto desastre. Casi deseaba llamar diciendo que estaba enferma, pero eso significaría dejar a Kerry sola ante el peligro, y no era justo. Dar apuró el resto del sabroso helado y estaba a punto de lamer la cuchara cuando los implorantes ojos castaños que la miraban fijamente desde su pecho le hicieron cambiar de idea.

-Oh... está bien... -Acercó la cuchara y contempló cómo Chino la limpiaba a pequeños lametones con una mancha de helado en su nariz negro azabache-. A ti también te gusta, ¿eh?

La cachorro emitió un ávido gruñido y trepó metiendo toda la cabeza en el cuenco vacío y embadurnando su suave pelaje color crema en lo poco que quedaba pegado.

-Eh... eh...

-Dar, ¿le estás dando helado al perro? -Kerry parecía cómicamente ultrajada-. No me lo puedo creer.

-Bueno, no... no era mi intención -protestó Dar intentando sacarle la cabeza del cuenco-. Eh... sal de ahí...

Al final, la mascota se dio por vencida y quedó sentada, con aire satisfecho, al tiempo que se limpiaba el hocico con glotonería, y repitiendo luego la operación con la cara de Dar.

-Awww... vamos...

Kerry se echó a reír ante semejante escena.

-Sé que fue un regalo para mí, Dar... pero en honor a la verdad... este bicho es ya más tuyo que mío.

-No -dijo Dar tras conseguir apartarla de su cara-. Sigue siendo tu mascota... pero tiene una extraña afición por sentarse encima de mí.

-Si tú lo dices... -Kerry sonrió abiertamente y retomó su relato.

Dar escuchó durante un minuto más o menos, antes de hacer su cuenco a un lado y cambiar a una posición más cómoda. Sintió que finalmente su cuerpo empezaba a relajarse a medida que el sofá se amoldaba a él. Así, decidió cerrar los ojos para concentrarse en la historia.

-Y entonces Dar se enfrentó a todos ellos y... -Kerry levantó la mirada al sentir unos leves golpecitos en el brazo-. ¿Qué?

La pelirroja señaló a un lado al tiempo que sonreía.

Al mirar hacia allí, descubrió a su compañera profundamente dormida en el sofá con la cachorro, prácticamente en el mismo estado, encima de ella. La impresión que daban ambas era la de no poder imaginar una situación de mayor felicidad.

-Oooooooh... -No pudo evitar sonreírse-. Espera... voy a buscar la cámara... shh... -Se levantó y subió la escalera, sacó su máquina de 35 milímetros del armario y regresó.

-Shh... te va a oír... -susurró Colleen cuando vio a su cómplice en posición.

-Vale... vale... -Kerry hizo girar la lente con habilidad, perfeccionando al máximo la toma, porque sabía que el flash probablemente despertaría a Dar, y enfocando la cabeza y el pecho de la adormecida mujer junto con la cachorro dormida. Al momento, el fogonazo del flash acompañó el chasquido del disparador.

Y en efecto, unos soñolientos ojos azules pestañearon ante ella en cuanto bajó la cámara, mirando después alrededor con aire desorientado.

-Oh... dime que no lo has hecho -se lamentó Dar.

-Sí, lo he hecho -confesó Kerry sin ningún tipo de reparos, poniéndose la cámara al cuello-. Estabas taaaaaaan adorable que no me he podido resistir.

Dar se cubrió los ojos con un brazo y suspiró.

Colleen, por su parte, se echó a reír.

-Bueno, pues yo me voy... se está haciendo tarde. Ya me contarás el resto de la historia mañana. -Se puso de pie y abrazó a Kerry-. Descansad, ¿vale? Espero que tu rodilla tenga mejor pinta mañana, Dar.

-Gracias -respondió ésta con una sonrisa-. Y gracias por cuidar de Chino.

La pelirroja dijo adiós con la mano y salió trotando, dejándolas mirándose la una a la otra.

-¿Me has hecho una foto? -gimoteó la mujer-. Keerrryyyy...

-Oh, venga... la cámara te adora y lo sabes... podrías cubrirte de barro y ponerte un cerdo en la cabeza y seguirías saliendo fantástica, así que cállate, Dar Roberts. -Kerry dejó la cámara sobre la mesa, fue hasta su compañera, se arrodilló a su lado y rascó las orejas de la adormilada Chino-. ¿Lista para ir a la cama?

-¿Eso es una pregunta o una invitación? -respondió Dar con una sonrisa furtiva.

Kerry se inclinó hacia delante y la besó.

-¿Te basta como respuesta?

Dar la rodeó con un brazo y la atrajo hacia sí, devolviéndole el beso.

-Oh sí.

Chino bostezó, escondiendo la cabeza tras una de las piernas de Dar.



***


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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 5th 2017, 8:10 pm

Kerry se despertó con la luz del sol pegándole de lleno en la cara y entrecerró los ojos tratando de ver la hora.

-Mm... es domingo y no estoy en ninguna cabaña infestada de bichos en medio de ninguna parte... Eso es bueno. -Se encontraba tumbada de lado, de cara a la puerta, y un enorme brazo la mantenía literalmente pegada a otro cuerpo, dormido y acurrucado justo detrás de ella.

Alzó su mano dolorida y la flexionó, con una mueca al sentir tensión en los dedos.

-Jesús... nadie me dijo que esto doliese. ¿Cómo se las arreglarán para hacerlo a todas horas por la tele? -Así, dejó caer la mano en la cama y la cabeza sobre la almohada, mientras el aroma a lino de las sábanas limpias le llenaba los pulmones.

Tenía gracia. La mayor parte del tiempo pensaba en sí misma como en una niña pequeña, sobre todo en el trabajo, cuando caminaba por aquella enorme oficina, y tenía que pellizcarse y repetir de vez en cuando: todo esto es mío. Y ahora, aquí estaba, despertando en un lugar precioso con una belleza abrazada a ella, por lo que no podía evitar seguir el mismo proceso de autoconvencimiento... aunque con más frecuencia aún, y decirse...

-Esto es mío.

Entrelazó sus dedos con los de Dar y disfrutó de la cálida y viva sensación que le causaron estos al entrar en contacto con la piel desnuda de su estómago y la ligera presión de la sosegada respiración de Dar contra su espalda.

"Ella es mía. ¿Cuándo empecé a tener tanta suerte?"

Giró la cabeza y contempló el rostro de su amante, relajadamente dormido.

Simplemente, era así. Su rostro mostró un leve indicio de sonrisa, mientras contemplaba el modo en que un mechón de pelo negro cubría de forma encantadora uno de los ojos de Dar.

Éstos, como por casualidad, se abrieron en ese mismo momento reflejando increíblemente la luz del sol que entraba por la ventana.

-¿Ocurre algo?

Kerry negó con la cabeza en silencio.

Dar se acurrucó más contra ella y, tras encogerse de hombros, dejó que el sueño la arrastrara sin oponer resistencia una vez más.

-Bien... porque no me apetece moverme ahora mismo.

Kerry se apretó suavemente contra ella cerrando los ojos. Su compañera no era del tipo de personas que se quedan en la cama una vez se despiertan, lo cual le hizo sospechar que el día anterior realmente la había agotado más de lo que le gustaba admitir. Sin embargo, si eso significaba poder estar así mismo durante toda la mañana... bueno, no iba a ser ella quien se quejara.

Nop, de ninguna manera. Le encantaba dormir y lo hacía siempre que podía, así que entrelazó más firmemente sus dedos con los de Dar y se dejó llevar.



***



Dar no quería levantarse. Por fin había encontrado una posición cómoda, con la rodilla apoyada sobre las torneadas piernas de Kerry de forma que el dolor no era tan pronunciado. Así, había conseguido dormir.

A pesar de ello, un breve vistazo a su alrededor le confirmó que ya era bien entrada la mañana, y que la pobre Chino necesitaba un poco de atención. Miró a Kerry, aún dormida, y disfrutó en silencio por un segundo de aquel aire infantil que tenía siempre que estaba dormida, y que inevitablemente le hacía sonreír. Muy despacio, deslizó su cuerpo de entre las sábanas y enderezó la pierna cuidadosamente.

Al instante, exhaló con irritación. De esta vez sí que la había hecho buena. Echó la colcha a un lado y contempló su rodilla con amargura, notando el extenso cardenal y la persistente hinchazón de la articulación. La dobló con cuidado, animándose un poco al ver que tenía un poco más de movilidad que por la noche y que el dolor antes punzante se había convertido en una molestia continuada.

Con un suspiro, se sentó en el borde de la cama de agua y abandonó su cálida comodidad ayudándose con los brazos para incorporarse. Se apoyó cautelosamente sobre la pierna e hizo una mueca de dolor al tiempo que aguantaba la respiración y se agarraba de la cómoda.

Mierda, mierda, mierda... Cojeó hasta el armario y se puso unos pantalones cortos. Después, buscó con afán en el último cajón del mueble hasta dar con una de sus viejas rodilleras, de las que había usado con frecuencia en el pasado, cuando se dedicaba al deporte de forma más o menos profesional.

-Bueno... es mejor que nada -murmuró mientras la examinaba, deslizándola después y ajustándosela sobre la articulación.

Ya de pie, comprobó que le daba un poco más de estabilidad, suficiente para caminar, aunque no con absoluta normalidad. Así pues, añadió a su atuendo una sudadera corta y se dirigió a la sala de estar. Chino la oyó al momento y empezó a saltar arriba y abajo y a lloriquear desde el cuarto trasero.

-Vamos, pequeña. -Abrió la puerta trasera para dejarla salir y fue hasta el porche para ver al animal que, con todo un alarde de alegría, y derrochando una enorme cantidad de energía cerebral, empezó a buscar el lugar más adecuado para desahogarse.

-Otro ejemplo de la superioridad mental humana -dijo Dar a la cachorro-. Nosotros no perdemos tanto tiempo eligiendo dónde orinar. -El fresco aire matutino agitó las mangas medio rotas de su sudadera y acarició la piel desnuda y suave de su estómago. Después, se entretuvo un momento respirando la brisa salada mientras se estiraba bajo la cálida luz del sol.

Tras pasarse una mano por el pelo, regresó adentro cojeando seguida de cerca por la perrita, que siguió brincando por toda la cocina hasta que Dar se hizo con un cucharón grande y le puso un poco de comida en su comedero.

-Eh... eh... tranquila, Chino... mastica, ¿quieres? Si sigues así te vas a ahogar. - Contempló al animal devorar la comida como si fuese un aspirador viviente, sonriéndose y sacudiendo la cabeza.

A continuación, se apoyó en la encimera mientras ponía a trabajar la máquina del café.

-Veamos Chino... ¿habrá algo para desayunar por aquí? -Abrió uno de los estantes y sacó una caja, de color azul chillón, agitándola suavemente-. Hmm... parece que sí. -Se detuvo un momento con aire pensativo-. Eh... ¿y si le preparo a tu mamá un desayuno sorpresa?

Chino se giró para mirarla, estornudó y regresó a su comida.

-El caso es criticar... -añadió con un resoplido-. Vale, no soy Julia Child... pero puedo hacer un desayuno decente. -Echó un vistazo al frigorífico-. Si soy capaz de poner en marcha operaciones de un millón de dólares... una estúpida tostadora no debería darme problemas.

Chino le soltó un pequeño ladrido como respuesta.

-¿Te estás riendo de mí, señorita? -Dar se puso en jarras, mirando fijamente al animal-. Ya vendrás luego a pedirme algo. -Cojeó por la cocina, sacó el pan, la mantequilla y un poco de mermelada-. Ok... las tostadas las tengo bajo control... ¿Me ves capaz de enfrentarme a unas crepes?

Los mansos ojos de Chino se ensancharon, casi con incredulidad.

-No... probablemente tengas razón... algo más sencillo. A ver, unos huevos... -decidió Dar sacando el cartón de la nevera-. Le gustan revueltos... ¿cuántos harán falta? -Dar inspeccionó los objetos blancos y redondos como si escondieran el más indescifrable de los misterios-. Hmm... parecen pequeños... así que cinco o seis, ¿eh? -Acto seguido, los dejó sobre el mostrador, donde se mecieron suavemente-. Vale... ¿tenemos...? - Volvió a meter la cabeza en el electrodoméstico-. Ah... sí. -Extrajo un paquete de salchichas congeladas-. "Dorar y servir... precocinadas...". Eso me gusta. Sin riesgo de provocar una epidemia.

La cachorro ladró meneando la cola.

-Ninguna advertencia del fabricante -afirmó, señalando la caja-. Bien... necesito dos sartenes, un plato para los huevos y algo donde batirlos. -Se asomó a la alacena-. No... mejor paso de la avena. La última vez que intenté hacer terminó en la basura. -Se rió irónicamente de sí misma mientras sacaba las dos sartenes y un cuenco-. Bueno... lo primero, cascar los huevos.

Rompió las cáscaras blancas y vació el contenido en el cuenco, con cuidado de que no cayese dentro ningún trozo.

-No... Kerry ya toma suficiente calcio... no necesita ser sorprendida con trocitos crujientes al comer. -Sacó un tenedor del cajón y batió los huevos tras agujerear las yemas para desparramarlas bien-. ¿Les pongo algo? -Miró por encima los frasquitos de especias-. Mmm... un poco de sal y pimienta. -Espolvoreó un pellizco de ambas al tiempo que seguía batiendo-. Ok... tiene buena pinta.

Encendió los fogones y dejó que se calentaran las sartenes.

-Me pregunto si habrá que echarles algo antes... -Se acordó de cuando vio el programa de televisión de cocina de Louisiana en uno de sus últimos vuelos, y que el cocinero había puesto media barra de mantequilla-. Oh... cierto... algo para que no se pegue... vale. -Cojeó una vez más hacia el refrigerador y sacó la mantequilla. Cortó un cubo de tamaño considerable y lo dejó caer en la sartén, que empezó a humear, salpicar y sisear de forma amenazante-. ¡Ey!

Chino ladró y se escondió bajo la mesa.

-Vale... tranquilidad... -Repartió la mantequilla por toda la superficie de la sartén y observó cómo se fundía-. Nunca te avisan de estas cosas -murmuró mientras vertía los huevos y bajaba el fuego. Después, puso las salchichas en la otra sartén.

-Chino, creo que tengo esto bajo control -comentó Dar revolviendo los huevos con la cuchara de madera-. Sí... fíjate... se están solidificando... -Hizo una pausa y dio una vuelta a las salchichas en cuanto éstas empezaron a sisear-. Eh... huele bastante bien, ¿no? -Bajó la vista y descubrió a la cachorro pegada a su pierna-. Eso es un sí. - Revolvió los huevos un poco más-. Bueno... ahora están pasando de gelatinosos a sólidos. -Quitó la cacerola del fuego con aire triunfal..- ¡¡Ahhh!! -exclamó, dejando caer a medias la sartén y apagando la lumbre apresuradamente-. Mierda... quema.

Se puso a buscar desesperadamente algo con lo que poder agarrar la sartén sin peligro y se las ingenió para apartarla del hornillo y depositar los huevos en el plato.

-Bien... por ahora vamos bien. -Devolvió su atención a las salchichas y las movió levemente-. Bueno, parece que están calientes. -Acto seguido, les dio media vuelta-. Oh... dorado... lo conseguí... dorar y servir. A mí me parecen bastante doradas.

Las dejó hacerse un poco más mientras metía unos pedazos de pan en la tostadora y la encendía.

-Pues nada, ya no hay vuelta atrás -dijo, asintiendo con energía-. Si se me va de las manos, Kerry se hará con la situación antes de que este condenado cacharro accione la alarma de incendios. -Regresó a las salchichas, cronometrando mentalmente el pan. Las puso en el plato junto con los huevos y acto seguido cazó las rebanadas al vuelo-. Eh... lo estamos haciendo muy bien, Chino... lo estamos haciendo bien... y es la primera vez que...

Un leve carraspeo interrumpió su monólogo y, sobresaltada, miró a su espalda para descubrir a Kerry apoyada contra el marco de la puerta ataviada con una camiseta larga hasta los muslos y el pelo ligeramente alborotado.

-¿Qué estás haciendo?

Dar sintió una tonta sonrisa abrirse paso en su cara mientras observaba a su adormecida amante, que la seguía mirando con aire perezoso.

-Em...

Kerry entró en la cocina y se quedó mirando el plato, repleto y agradablemente humeante.

-¿De dónde ha salido esto?

Dar le ofreció el plato.

-Lo he hecho yo -anunció con orgullo-. Iba a darte una sorpresa en la cama, pero...

Kerry tomó un pedacito de huevo y lo mordisqueó.

-Mm -susurró dirigiéndole a Dar una mirada de sorpresa-. Está muy bueno. -Arrebató el plato de las manos de su amiga y lo dejó sobre el mostrador mientras sus ojos viajaban por el cuerpo de Dar.

"He cerrado acuerdos de millones de dólares que no me habían hecho sentirme tan bien", reflexionó Dar en un momento de silenciosa lucidez.

-Sólo me faltan las tostadas -afirmó mudando de posición torpemente y colocando el pan. Entonces, sintió una cálida mano en su costado desnudo-. ¿Sí?

-Escucha... -Kerry se acercó y le dio un suave beso en el ombligo-. Yo llevaré esto fuera, y tú... -se interrumpió alargándole el móvil-... llama al Dr. Steve -concluyó acariciándole el brazo-. ¿De acuerdo?

-Hoy estoy mucho mejor -objetó Dar esperanzadamente-. De verdad... Kerry... lo estoy... esta rodillera ayuda mucho.

Los ojos verdes de la joven la miraron fijamente, casi sin pestañear.

Dar, por su parte, suspiró.

-Está bien... -Contempló a su chica mientras levantaba el plato y lo llevaba al balcón, y fue tras ella cojeando, agradecida de poder sentarse en una de aquellas sillas ovaladas mientras Kerry regresaba con el café y algunos cubiertos. Se quedó pensando un minuto, después marcó un número de teléfono y esperó a que le atendiesen-. Hola... sí, por favor. -Esperó-. Es para el Dr. Steve... dejaré mi número. -Lo dio junto con su nombre-. Me di un pequeño golpe en la rodilla ayer y sólo quería que le echara un vistazo. -Escuchó durante un momento en silencio-. De acuerdo, gracias. -Colgó el teléfono al tiempo que Kerry ocupaba su silla-. ¿Contenta?

Kerry atravesó con el tenedor un pedazo de salchicha y se lo ofreció.

-Dar, no hay ninguna necesidad de que estés mal. -Observó a su amante masticar la salchicha y tragársela-. ¿No hay avena?

-No... no he hecho... me ha parecido tentar demasiado a mi suerte -le informó Dar-. Éste es mi límite.

Una suave risita.

-Bien, está delicioso... Me has impresionado. -Probó los huevos-. Deliciosos, en su punto y sin trozos de cáscara... Perfectos.

Dar bajó la vista.

-Solía observar a mi padre cuando los hacía -comentó en voz apenas audible-. Es una de sus pocas especialidades y no lo hacía para cualquiera... sólo para las personas que realmente le gustaban.

Kerry masticó alegremente.

-Oh... ¿entonces ya puedo estar segura de que he sido aceptada? -Sus ojos centellearon-. ¿Ahora que has hecho el desayuno sólo para mí?

Una pensativa sonrisa se formó en los labios de Dar.

-No sé... eres la primera persona para la que hago algo. -Sonó el teléfono y lo atendió-. ¿Sí?

Kerry se quedó pensativa, con las púas del tenedor entre los dientes. De repente, al escuchar las palabras de Dar, los huevos parecían saber de otro modo. Aquello no tenía nada que ver con la comida, pero sí con el hecho de que Dar la aceptaba de buena gana como parte de su vida. Como parte de sí misma.

-Sí... hola Dr. Steve. -Dar se reclinó en el asiento y apoyó el pie cuidadosamente contra la barandilla del balcón mientras estudiaba con detalle la articulación cubierta por la rodillera-. No... yo... estábamos haciendo senderismo ayer por el norte del estado y tuvimos un pequeño accidente... me disloqué la rodilla y se me ha puesto de todos los colores posibles. -Escuchó con atención la voz al otro lado del teléfono-. No... no, nada de hospitales... no la tengo tan mal, sólo me duele un poco. -Otra pausa-. No... bueno, sí. -La voz de Dar adquirió un leve tono de resignación-. Sí... eso es... bueno, no, no puedo. -Esta vez, los hombros de la mujer cayeron, revelando una actitud de profundo abatimiento-. Vale... sí... no, le veré allí. -Suspiró-. Sí, dentro de una hora está bien... De acuerdo, adiós. -Colgó y dirigió a Kerry una mirada de soslayo-. Nada, que quiere hacerme una radiografía.

-Bien por él -respondió Kerry-. Creo que es una magnífica idea. -Le ofreció un poco de huevo revuelto en el tenedor-. ¿Una hora entonces? Bien... tengo ganas de conocerle.

Una sonrisa renuente apareció en el rostro de Dar.

-Él también tiene ganas de conocerte -admitió-. Bueno... por lo menos es en su consulta. -Se reclinó, dejando que la luz del sol bañase su cuerpo-. ¿Qué es lo peor que me puede hacer, eh?



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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 5th 2017, 8:11 pm

Dar se encontraba sentada en silencio sobre la camilla, apoyada sobre las manos y contemplando su rodilla con aire malhumorado. El Dr. Steve le había hecho lo que le parecía como unas cien radiografías y ahora se había retirado a su sala de estudio, a hacer lo que fuera que hiciese para sacar la información necesaria de las placas. Por lo menos no se había tenido que poner una de esas condenadas batas ya que, después de todo, el problema estaba en la pierna, y previsoramente se había hecho con un par de pantalones cortos antes de salir de casa.

Kerry, a petición suya, la había dejado sola y se había marchado a comprar algunas cosas que necesitaban, prometiéndole antes que la compensaría por estarse portando tan bien, y que regresaría lo más deprisa posible para recogerla en la consulta. Un sonido la alertó y vio al Dr. Steve entrar al cuarto, ataviado con un chaleco de color rojo chillón, camisa azul de jugar al golf y bermudas caqui.

-Bueno... déme primero las malas noticias.

-Dar, ¿por qué siempre te tienes que poner en ese plan? -dijo el Dr. Steve, agitando un dedo ante ella-. Eres una pesimista empedernida... ¿dónde está ese encantador modelo de virtud tuyo?

La mujer de pelo negro bajó la vista hacia el suelo.

-Si esperas lo peor, cuando lo que ocurre no es tan malo te llevas una agradable sorpresa -informó al médico-. Y Kerry llegará en cualquier momento.

-Mmhmm... bien. -Levantó dos de las radiografías y las colocó sobre un panel luminoso-. ¿Me cuentas otra vez cómo te has hecho esto? -Dijo trazando cierta zona iluminada con su pluma-. Tienes una compresión de la articulación aquí... y aquí, y un estiramiento de los tendones aquí y aquí... Como si hubieras estado dándole patadas a un coche. Y no lo has hecho, ¿verdad?

Dar suspiró.

-No... hubo un corrimiento de tierras... la caída fue de unos cincuenta pies, más o menos... y aterricé mal. -Se levantó de la camilla y avanzó cojeando por la habitación-. ¿Tengo algo roto?

El doctor estudió la radiografía con atención.

-No lo parece, amiga mía -dijo dando una palmaditas en el brazo de Dar-. Eres afortunada... si hubiese sido una lesión de las malas... hubieras necesitado reconstrucción.

Dar hizo una mueca de dolor.

-Mm... ¿entonces qué hago? ¿Tomar aspirina hasta que me deje de doler? -Regresó a la camilla y se sentó, aliviando el peso en la pierna.

-Oh no... no has tenido "tanta" suerte, Dar... -rió el Dr. Steve-. Te voy a poner una rodillera más restrictiva, y un precioso par de muletas.

-Ah ah... nada de muletas -objetó Dar de inmediato-. Odio esas cosas.

-Dar...

Los dos se giraron al escuchar unos ligeros golpes en la puerta.

-Adelante -invitó el Dr. Steve, sonriendo cuando Kerry asomó la cabeza adentro-. ¿Qué tal? -Le sonrió-. Entra... entra...

Kerry entró y le devolvió una tentativa sonrisa antes de que sus ojos saltaran al rostro de Dar.

-¿Cómo va?

Dar exhaló.

-Kerry, éste es el Dr. Steve. -Alzó una mano en dirección al doctor-. Steve, ésta es Kerry.

-Encantada de conocerle -dijo la joven, dándole un apretón de manos.

-Ah... yo también me alegro de conocerte, Kerry... no sabes cuánto -dijo el doctor devolviéndole el saludo-. Bueno, quizá la única persona que es capaz de hacer sonreír a este gato terco me ayude a convencerle de usar un simple par de muletas, ¿no crees?

-Eh... -Dar frunció el ceño.

-¿Ya estás dando problemas? -Kerry rió suavemente, fue hasta su compañera apoyándose en la camilla y puso una mano en el muslo de la mujer-. ¿Qué es lo que tiene que hacer? -le preguntó al doctor.

-Tiene mucha hinchazón y líquido libre en la rodilla -explicó vivamente el Dr. Steve-. Podemos arreglarlo de dos maneras... O esperamos haciendo que Dar repose y el cuerpo lo reabsorba, o...

-En ese momento, mostró en su mano una aguja larga y hueca.

Los ojos de Dar se abrieron como platos, pero no dijo nada.

-Por eso quiero que se ponga una rodillera, para evitar movimientos bruscos y convencer aquí a mi buena amiga de que no la sobrecargue y le dé una oportunidad de sanar por sí misma.

Kerry se lo quedó mirando, y luego dirigió la vista hacia Dar.

-Y bien... ¿cuál es el problema?

Su compañera suspiró.

-Odio las muletas -gruñó-. Me rompí una pierna cuando estaba en la universidad y tuve que andar con esos inventos del demonio durante cuatro meses... Casi me vuelve loca.

-Ah... bueno, Dar... sólo te pido una semana, eso es todo -le dijo el Dr. Steve amablemente-. Venga... es eso o estarte metida en la cama todo el santo día.

Una débil sonrisa surgió en la cara de Kerry, e hizo que sus ojos centelleasen con aire travieso.

-Hmm... -susurró la joven, riendo entre dientes-. Tómatelo como una ventaja estratégica, Dar... Si te presentas con muletas en el trabajo nadie se atreverá a atacarte.

Unos ojos azules la contemplaron displicentemente.

Kerry suspiró.

-De acuerdo... a ver qué te parece esto... Si apareces con muletas y te atacan, las puedes usar para golpearles en la sala de reuniones. -Hizo una pausa para ver el efecto de sus palabras, y contempló cómo una inquina sonrisa comenzar a afilar el rostro de Dar-. Sólo es una semana.

Dar exhaló son resignación.

-Bueno... Me servirá de excusa para ir vestida con ropa normal... No voy a llevar una maldita falda y la chaqueta con una rodillera y un par de muletas -cedió finalmente-. Y no pueden oponerse, ya que la culpa fue de su maldita excursión.

-¿Lo ves? Ahí lo tienes. -Kerry se volvió y le guiñó un ojo al Dr. Steve-. ¿Y ahora qué?

El doctor se rió entre dientes.

-Túmbate, Dar... voy a ponerte esa rodillera y te daré un minuto para que te vayas acostumbrando a ella. -Salió del cuarto y regresó trayendo consigo una pieza blanca y de aspecto rígido. La deslizó por la pierna de su paciente y la colocó encima de la zona lesionada-. Por suerte estás en buena forma. -Le golpeó el muslo con los nudillos-. Creo que esto mantendrá tu pierna de una pieza. -Apretó las correas y pegó las tiras, ajustándola con la máxima presión posible-. Ya está... ¿Cómo lo sientes?

Dar tensó los músculos del muslo y movió la pierna arriba y abajo. Luego se sentó, doblando la rodilla hasta donde fue capaz.

-Estable.

-Es como se supone que debe estar -le dijo Steve alegremente-. Bien... deja que busque unas muletas de tu talla... ¿las quieres de madera o de aluminio?

-Madera -contestó Dar con aire ausente, centrando su atención en la rodillera. Luego miró al hombre hasta que estuvo fuera del cuarto y se giró hacia Kerry-. Estoy siendo un poco brusca, ¿verdad?

-Emm... no... bueno... -Kerry se aclaró la garganta-. Creo que admitir una debilidad es muy difícil para ti, Dar. -Recorrió suavemente el brazo de la mujer con sus dedos-. No te gusta hacerlo, especialmente en el trabajo, y sé que esta semana va a ser muy dura.

Dar reconoció silenciosamente que, a fin de cuentas, ella tenía razón.

-Bueno, será mejor que me acostumbre un poco a esto... ¿Qué te parece si comemos y luego damos un paseo corto por la playa? -le ofreció.

Los ojos de Kerry se iluminaron.

-Claro... ¿vamos a Joe? Hay un paseo de tablas justo al lado- Había desarrollado un fuerte gusto por el marisco desde que empezara a vivir con Dar, y la mera visión mental del menú le había hecho la boca agua. Además, era una dieta muy saludable.

-Suena bien -convino Dar.

El Dr. Steve regresó con dos muletas de madera para su "víctima".

-Déjame ajustarlas primero. -Soltó la anilla alargando la longitud del poste y se las entregó.

-De acuerdo... -La mujer puso las puntas de los pies en el suelo y se levantó-. ¿Alguna cosa más, Dr. Steve?

Él la miró con aire pensativo.

-¿Quieres algo para el dolor? -preguntó por fin.

-No -decidió finalmente con un suspiro pensativo-. Tiendo a confiar demasiado en esas cosas... y no es buena idea -contestó honestamente-. Con aspirinas me vale.

Steve le dio unas palmaditas en el costado.

-Buena chica. -Después le dio un tironcito al pelo rubio de Kerry-. Cuídala, ¿de acuerdo? -Tomó su mano y se detuvo-. ¿Y qué tenemos aquí? -preguntó contemplándola-. ¿Tú también te caíste a ese agujero?

-Pues... no exactamente. -Kerry se frotó la oreja-. Yo... me di un golpe con algo.

-Con "alguien" -le corrigió Dar.

Las cejas del Dr. Steve se alzaron.

-¿Ah sí? -Se rió con ganas, visiblemente sorprendido, llevando a Kerry hacia una zona bien iluminada del cuarto-. A ver... deja que le eche un vistazo.

No se atrevió a protestar bajo la atenta mirada de Dar, así que suspiró y avanzó. Hizo una mueca de dolor cuando el doctor le examinó los moratones que lucía en el dorso de la mano.

-Au...

-¿Puedes cerrarla? -le preguntó.

-Pues... la verdad es que no -confesó Kerry cerrando los dedos a medias-. Sólo hasta aquí... después me duele mucho. -Se encontró de repente siendo encaminada hacia el aparato de las radiografías y oyó la suave risa de Dar a su espalda-. ¡Por lo menos yo no estoy protestando! -dijo mirando por encima de su hombro mientras el Dr. Steve posicionaba la máquina.

Finalmente salieron a la soleada calle con Dar maniobrando con cuidado sus muletas y Kerry acunando su mano, cubierta con una fina venda de contención.

-No tenía ni idea de que un hematoma en el hueso doliera tanto... -se quejó la mujer rubia-. No parecía ser algo grave.

-No es nada... -la imitó Dar, fastidiándola con una sonrisa.

-Sí, sí, sí... -suspiró Kerry examinando la venda-. Vas a tener que aprender a cambiarme la venda... es la primera vez que me hago algo así -afirmó moviendo los dedos-. Me alegro de que sea un simple golpe -dijo con modestia, mirando al frente-. Vamos... estoy oyendo unas enormes y sabrosas gambas gritando mi nombre.

Bajaron por la calle despacio, evadiendo la muchedumbre que paseaba a su alrededor, puesto que era domingo. La mayoría de los jóvenes avanzaban satisfechos de poder lucirse, y los mayores simplemente echaban un vistazo, algunos admirados, y otros incrédulos ante la existencia de cierto estilo de ropa o de conducta.

Kerry contempló a las personas que tenía alrededor. A su lado caminaban dos muchachos jóvenes de aspecto muy atlético y con pantalones cortos que prácticamente revelaban la "religión" a la que pertenecían. Kerry se rió entre dientes suavemente y agitó su cabeza, tras lo cual se disculpó con dos mujeres con las que había estado a punto de chocar. Ellas le sonrieron y la miraron con más detenimiento del habitual, lo que hizo que Kerry se ruborizara y bajara la vista.

-¿Ocurre algo? -inquirió Dar, observando a la pareja que se alejaba.

-Em... no, no... yo sólo... -Kerry se alisó la cómoda camiseta blanca y se ajustó pulcramente la hebilla de los pantalones cortos-. Ellas...

-¿Te estaban mirando? -Los ojos de Dar centellearon mientras bajaba la voz-. No las culpes... eres muy atractiva. -Paseó los ojos por el cuerpo y el pelo de su compañera, que llevaba recogido en una trenza y dejaba así su rostro totalmente despejado.

Kerry enderezó los hombros ligeramente y le devolvió la mirada.

-¿Entonces por qué no te miran a ti? -Señaló los farrapos desvaídos de Dar y el polo carmesí. La alta mujer también llevaba puesta su gorra de béisbol favorita, que mantenía el pelo negro apartado de su frente y dejaba salir por la parte de atrás su espesa mata de pelo en forma de cola de caballo.

-Ah ah... mirar a un lisiado es de mal gusto -le dijo con aire suficiente-.
Relájate... aquí mirar es como un hobby... no le des más importancia. -Giró hacia una cafetería, agradeciendo que hubiesen llegado al fin, puesto que había comenzado a sentir molestias en la rodilla, a pesar de lo poco que habían caminado desde la consulta hasta allí. En realidad, una semana no era para tanto, si con ello se evitaba aquella maldita aguja de seis pies de longitud. Sintió un estremecimiento involuntario al recordarla.

-Eh chicas. -Una extraña voz llamó su atención y ambas se detuvieron, evitando chocar con una mujer alta de pelo rojo y la rubia que la acompañaba-. ¿Qué tal?

Dar rebuscó en su memoria tratando de ubicarlas. Era la directora del coro de la iglesia y una amiga suya, también de allí.

-No nos va mal, ¿y vosotras? -contestó educadamente-. El otro día recibimos el boletín informativo... gracias por enviarlo.

-No tiene importancia. -La pelirroja sonrió con ganas-. ¿Qué os ha pasado, chicas? -Dijo señalando la pierna de Dar-. ¿Habéis tenido un accidente de coche o algo así?

-Algo así -dijo Kerry sonriendo a su vez-. Hola Anne... me encanta tu camisa.

La mujer rubia le devolvió el gesto.

-Gracias... ¿y qué vais a hacer? ¿Dar una vuelta? -dijo, apartándose del tránsito arrollador.

Las dos mujeres iban vestidas con vaqueros desgastados y camisetas de la Fiesta de las Artes del mes anterior. Parecían buenas personas.

-Vamos a Joe a almorzar... y luego daremos un paseo. Dar está intentando acostumbrarse a las muletas -explicó Kerry, echando un vistazo a su alrededor-. ¿Y vosotras?

Anne se encogió de hombros.

-Pues nada en concreto... ¿os importa si nos unimos? -dijo dándole un golpecito a su compañera-. Liz me acaba de decir que ya le está entrado hambre.

Kerry observó la cara de Dar, intentando averiguar su opinión antes de decir nada. La expresión de la mujer alta era de ligero interés, sin el más leve signo de objeción.

-Claro... sería genial... así podríais hablarme del programa artístico que mencionabais en el boletín.

Caminaron despacio debido a la rodilla de Dar hasta llegar al restaurante. Una vez allí, tomaron asiento cerca de la ventana, que ofrecía una buena vista del mar.

-Quédate aquí -dijo poniendo una mano en el brazo de Dar-. Te traeré un plato... ¿vale?

A Dar no le hacía gracia todo aquello, pero incluso ella reconoció que intentar hacer malabares con un plato y un par de muletas resultaría francamente ridículo.

-Vale -concordó reclinándose en el asiento y estirando los fatigados músculos por la inusual presión. Miró por la ventana hasta que regresaron las tres. Kerry puso el plato ante ella y salió trotando a por el suyo. Anne y Liz se sentaron y colocaron las servilletas en sus regazos.

-Y dime, Dar... ¿qué os ha pasado? -preguntó Anne, metiéndose una gamba en la boca.

-Estábamos haciendo senderismo y hubo un corrimiento de tierras -contestó Dar brevemente mientras seleccionaba un pedazo de cangrejo frío y lo zambullía en salsa de mostaza-. ¿Qué tal va el coro? -le preguntó con educación a Liz.

-Mm... iría mucho mejor si pudiese convenceros de que os unáis -comentó Liz, tomando un sorbo de su té dulce.

Dar sonrió ligeramente reconociendo el cumplido.

-Mi trabajo no me permite comprometerme a algo así -explicó-. Tengo que salir de la ciudad cada dos por tres. -Miró a Kerry, que regresaba y se sentaba en la silla de al lado con un plato rebosante-. ¿No te vas a quedar con hambre? -bromeó, sonriendo cuando Kerry le sacó la lengua.

-Entonces... -Kerry le dio un buen bocado al pan de ajo-. Habladme de ese programa vuestro... hay algunas clases a las que me gustaría ir... como esa de pintura al óleo, por ejemplo.

Anne se lanzó en una entusiasta explicación y Liz dejó los comentarios, permitiendo a Dar escuchar y comer el plato que Kerry le había traído. La mujer rubia se rió de algunos comentarios y frecuentemente alargó la mano para tocar el brazo de Dar cuando contestaba. Ésta, se contentaba con hacer una pequeña aportación a la charla de vez en cuando.

-Ah, Dar... tienes que probar esto... -interrumpió Kerry ondeando un cangrejo de río ante ella-. Te va a encantar... toma... -Arrancó una pata, la zambulló en mantequilla y se la ofreció a su chica. Dar sonrió amablemente y se agachó para tomarla pulcramente entre sus dientes masticándola y saboreándola-. ¿A que sí?

-Pues sí -concordó Dar mientras todas reían. Su ojo capturó un movimiento extraño y giró la cabeza para descubrir a un fotógrafo en una de las mesas de fuera, midiendo ángulos y disparando un par de veces. La mujer de pelo negro pensó que probablemente andaría buscando famosos. Se rió suavemente, dejó de prestar atención al hombre de caqui y se concentró en disfrutar de su almuerzo.

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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 6th 2017, 11:45 pm

Cuarta parte


-Esto va a ser un circo -dijo Dar mientras se dirigía a la oficina con Kerry caminando a su lado-. Creo que voy a hacer un cartel diciendo lo que me ocurrió y me lo voy a colgar al cuello para ahorrar tiempo. -El frío viento, que acompañaba el frente de temporal que se acercaba esa mañana, se agitó contra la chaqueta de cuero que llevaba sobre la camisa de algodón metida en los cómodos pantalones de carga. Ésa había sido una de las pequeñas iluminaciones de la mañana, a parte de la insistencia de Kerry en "ayudarla" a ducharse, y ahora esperaba aparecer en la reunión del comité ejecutivo y ver a sus compañeros inquietos bajo sus trajes de lana.

Pasaron junto al guardia de seguridad que les saludó con una inclinación de cabeza y asintió positivamente a Dar, la cual hizo rodar los ojos y se dirigió al ascensor.

Estoy condenadamente agradecida de que sea temprano, comentó secamente la ejecutiva. El ascenso fue tranquilo con Dar apoyada contra la pared y Kerry entretenida con un pedazo de su vestido que llevaba un bonito alfiler con una rosa de filigrana y hojas delicadamente remontadas.

-¿Ya te he dicho lo mucho que me gusta este alfiler? -murmuró.

-Unas seis veces. -Dar dejó que una sonrisa cruzase su cara-. De nada. -El día anterior, después del almuerzo, habían encontrado uno de esos artistas errantes por el paseo entablado y cada una había cogido uno o dos de los bonitos adornos... Dar tenía un pequeño caballo alzado sobre sus patas traseras que no llevaba puesto por andar con muletas. Salieron del ascensor y pasaron por el vestíbulo con Kerry un paso más adelante para abrir la puerta cuando llegaron al despacho de Dar-. Bien, vamos allá.

María las miró cuando entraron.

-Buenos días... ¡Dios mío, Dar! -la secretaria se levantó y miró fijamente a su jefa mientras la alta mujer se las arreglaba para entrar en el despacho-. ¿Qué pasó?

Kerry avanzó y abrió la puerta interna del despacho dejándola abierta.

-Un rudo fin de semana -bromeó ligeramente levantando su mano enyesada-. De hecho, acabó antes de lo esperado.

Dar exhaló.

-Es una larga historia, María... digamos sólo que tenemos que estar preparadas para todas las clases de porquería que van a caer de todos los tipos de dispositivos de movimiento de aire rotatorio hoy -hizo una pausa y a mitad de la puerta se volvió-. Además de los habituales desastres de lunes, estoy segura de que Mariana vendrá aquí en cuanto llegue..., enredamos las cosas. -Se giró y se dirigió a su escritorio. Se sentó en su cómoda silla con una sensación de alivio y dejó las muletas en el suelo a su lado. Encendió el ordenador con un movimiento vivo y se reclinó en el asiento mientras oía la queda voz de Kerry en la otra habitación poniendo a María al corriente del el fin de semana. Apareció su programa de correo e hizo una mueca de dolor observando cómo crecía rápidamente la lista de mensajes nuevos en la pantalla.

Se acordó de que acostumbraba a ser divertido. Hasta solía encontrarse esperando que llegase el lunes, que era cuando la mayoría de los desastres realmente interesantes les hacía levantar sus feas cabezas. Ahora... una oreja se centró en Kerry y suspiró, ahora tenía otras prioridades. El teléfono sonó y pulsó un botón.

-¿Sí?

-Dar.

-Mariana. Buenos días -contestó Dar entrelazando los dedos y reclinándose en el asiento.

-No, no lo son. Tenemos un problema -declaró con un susurro la VP de Personal-. La policía viene de camino. Fabricini ha presentado cargos.

Dar se incorporó apoyándose en los codos.

-¿¿Presentó cargos?? ¿Por qué? ¡No le toqué!

-No contra ti -contestó Mariana-. Contra Kerry. Por agresión. Le rompió la nariz.

-Oh, debes de estar bromeando -la interrumpió enfadada-. No puede ir en serio.

-Dar, no estoy bromeando y va en serio, acabo de hablar con él y no va a ceder. Va a presentar cargos por agresión y una demanda por daños y perjuicios -la voz de Mariana sonaba muy tensa-. No sé qué anda buscando, pero...

Dar miró el despacho silenciosamente.

-Yo sí lo sé -contestó-. Sé lo que está buscando. -Exhaló y asintió una vez-. De acuerdo... gracias Mari... le diré a Kerry lo que ocurre. -Colgó la llamada y se guardó la noticia cuando Kerry asomó la cabeza en la oficina.

-Voy al piso de abajo a por café, ¿quieres? -le preguntó la mujer rubia.

-Claro -Dar se obligó a sonreír-. Me encantaría. -Observó a Kerry salir y se quedó estudiando la superficie de su escritorio durante un momento. Quince años. Sus ojos se desviaron hacia el reloj dorado que reposaba en el estante que atravesaba la habitación, su conmemoración de los diez años. Quince años. Tomó una respiración y marcó un número. Esperó a que atendiesen-. Sube aquí -declaró calladamente cuando contestaron y colgó. Esperó.

No tardó mucho tiempo. Fabricini entró en su oficina con media cara tapada por una venda blanca y con la piel cubierta por manchas y embadurnado de loción. Se sentó sin que se lo pidieran y lanzó una carpeta sobre el escritorio con aire silenciosamente triunfante.

Dar lo abrió y observó el contenido con un rostro inexpresivo, seguidamente lo miró.

-¿Qué quieres?

Él ni siquiera hizo como que no la entendía.

-Te quiero fuera de aquí -contestó con viciosa satisfacción.

Dar lo contempló silenciosamente.

-De acuerdo -respondió simplemente-. Llama a la policía, retira los cargos y lo tendrás.

-Oh, no Dar... quiero cobrarle mi libra de carne a esa prostituta tuya -contestó Steve con una sonrisa.

-Retiras los cargos o no hay trato -contestó Dar-. Tienes una demanda en contra por acoso sexual.

La mantuvo esperando por un largo momento.

-¿Sabes lo dulce que es esto? -ronroneó-. Es perfecto, tú estás ahí sentada, completamente desvalida, y yo estoy aquí saboreando cada segundo. -Hizo una pausa-. De acuerdo, Dar... dejaré en paz a tu pequeña... pero te quiero fuera de aquí hoy.

Dar miró de lado el correo que acababa de bajar, cuatrocientos nuevos mensajes.

-De acuerdo -accedió ofreciéndole el mango del teléfono-. Llama.

Lo escuchó hablar de modo encantador con la policía y colgar.

-Adiós, Dar... ha sido un placer trabajar contigo -se levantó y se marchó.

Dar cerró los ojos brevemente. Ahora venía la parte difícil. Cogió el teléfono y marcó la extensión de Mari. La VP de Personal atendió inmediatamente.

-Mari.

-Dar... oh, bien... me alegro de que seas tú... escucha, he estado discutiéndolo con Duks, quizá podamos encontrar una manera de...

-Ya lo arreglé -la interrumpió Dar-. Ha retirado los cargos.

Silencio.

-Oh... -Mari estaba obviamente sobresaltada-. Bien... yo... yo no pensé que se fuera a echar atrás, Dar... yo...

-Y no lo hizo -declaró quedamente la mujer de pelo negro-. Tan sólo le di lo que quería. -Tomó aire-. Dimito. -Un suave sonido la hizo levantar la vista y vio a Kerry de pie en la puerta mirándola en estado de choque-. Voy a hacerlo por escrito... hazlo, Mari - concluyó Dar y colgó-. Cierra la puerta.

Kerry obedeció y se encaminó al escritorio, donde posó el café. Se arrodilló al lado de Dar y apoyó una mano en su brazo.

-¿Qué quieres decir con que dimites? -le preguntó absolutamente confundida-. Dar, ¿qué está pasando?

Unos tristes ojos azules la observaron.

-La policía venía hacia aquí, Kerry... él presentó cargos contra ti por agresión y una demanda por daños y perjuicios.

-¿Y? -a Kerry le saltó saliva al hablar-. ¡Déjale que lo haga! Dar, no me digas que dimitiste por eso... yo le... yo le... ¿qué problemas puedo tener por haberle pegado? ¿Que van a hacer... condenarme a prisión? ¿En el condado de mi Dade? No lo creo... aquí tienes que matar a alguien para que por lo menos te metan en una jaula.

-Kerry... no voy a dejar que eso aparezca en tu expediente ni que tengas que pasar por toda esa porquería con la policía, ser acusada y echada abajo... e ir a las cortes... dios sabe que él probablemente consiga un jurado que le dé la razón por no se qué daños y perjuicios... -acarició la mejilla de la mujer rubia-. No... no puedo quedarme quieta mirando sabiendo que es por mi causa... y que lo podía haber impedido.

-Dar, no puedes dejarle ganar así -protestó Kerry furiosamente-. No te voy a dejar hacerlo.

Dar suspiró y le acercó la carpeta.

-No tenemos otra opción -tocó la carpeta con el codo-. De todas formas una de nosotras tendría que salir.

Kerry la miró fijamente y abrió la carpeta. Sus ojos cayeron en una pila fotografías de 8 por 10'. Ella y Dar. Paseando, comprando... de pie en el paseo entablado abrazadas. Ella dándole a Dar de su cangrejo de río. Una llamativa fotografía de ella mirando a su amante, con una expresión que incluso Kerry no podía explicar de otra manera que no fuese adoración.

-Oh -cerró la carpeta-. Bien, entonces, me iré yo, Dar... vamos, tú eres mucho más importante para la compañía que yo... esto es ridículo. -Miró a Dar-. ¿Puedes llamar a Les? ¿No puedes hacer nada?

Dar estudió sus dedos entrelazados.

-No estoy segura de que quiera hacer algo -admitió.

Kerry la miró fijamente.

-¿Entonces te estás rindiendo? -ondeó una mano-. Después de quince años, ¿así de simple? -Agitó su cabeza-. No me lo puedo creer.

-Vamos, Kerry... no me arrepiento del tiempo pasado aquí, pero quizá sea momento para moverse... se me está haciendo cada vez más difícil mantener el perfil que necesito para esto -objetó Dar para que la entendiese-. Sin hablar de las repercusiones en mi vida personal, y no quiero eso en absoluto.

Kerry guardó silencio por un momento.

-¿Y qué se supone que debo hacer yo? -inquirió finalmente-. No pensarás que me voy a quedar en este agujero del infierno sin ti, ¿verdad? -Se levantó y pasó una mano por su pelo-. No me puedo creer que estés rindiéndote y dejándole ganar -repitió suavemente-. Yo... -Agitó su cabeza y se encaminó hacia la puerta interna, la abrió y salió sin una palabra.

Dar estaba silenciosamente aturdida. Aquí estaba ella, había sido bastante noble, a su parecer, poniéndose entre Kerry y una mala situación. Pero Kerry no lo veía en absoluto de esa manera... y en lugar de agradecérselo se iba defraudada. Dar se sentía muy desconcertada, pero no tuvo tiempo de considerar sus opciones antes de que la puerta se abriese bruscamente y entrase Mariana con su rostro perturbado y enfadado.

-¿Tú también vienes a gritarme? -le dijo a la defensiva.

Mariana se detuvo y se la quedó mirando.

-Estoy aquí para intentar hablar contigo y meterte algo de sentido común. Dar, no puedes irte así sin más.

-¿Por qué no? -Dar apoyó la barbilla en una mano-. ¿Tengo un contrato de por vida?

-No... no, Dar, ya sabes a lo que me refiero -Mariana tomó asiento.

-No, no lo sé -la alta mujer sacudió su cabeza-. Estoy en un estado de voluntad, no tengo ningún contrato firmado, la compañía no me posee, y no hay ninguna razón por la que no pueda simplemente coger y marcharme por esa condenada puerta. -Dar se levantó agarrando sus muletas y dando pasos por la habitación-. Es lo que él quiere, es lo que José quiere, es lo que Eleanor quiere... dios sabe que quizá estoy en su camino.

-¿Qué? Claro que lo estás, tú... -balbuceó Mariana-. Alguien tiene que hacerles frente, Dar, o ellos hundirán la compañía, tú y yo lo sabemos.

-¿Por qué yo? -Dar se giró y golpeó su pecho con un dedo-. Todo lo que hago es ser un blanco, Mari... no importa lo que haga, no importa cuantos jodidos conejos me saque del culo, no importa cuántas cuentas salve, o cuántos puntos haga que suban las acciones, siempre soy la maldita perra Dar Roberts... ¿no crees que ya estoy enferma y jodidamente cansada de eso algunas veces? -Su voz rozaba el alarido-. Ahora tengo a ese jodido anormal que contrataste que lo único que hace es ponerme las cosas condenadamente difíciles y no te oigo decirle alguna maldita palabra, ¿no es así?

Mariana la miró fijamente.

-No no... dejádselo a esa perra... ella lo hará tan bien como lo sabe hacer y lo callará... ¿cierto? -Dar la rodeó-. ¿Cierto? ¿Tengo que quedarme quieta y aguantar un evidente ataque personal por medio de otro empleado y me dices que no me puedo marchar? ¡Que te zurzan, Mari! -Ahora el temperamento de Dar saltó-. ¿Por qué diablos no le planteaste cargos por acoso? ¿O por jodida insubordinación? -Se inclinó sobre el escritorio-. Permíteme decirte una cosa... fue condenadamente afortunado que fuese Kerry quien le pegase, porque si hubiera sido yo, tendría algo más que una jodida nariz rota.

-Vale... vale... Dar... tranquilízate -Mariana levantó sus manos cautamente-. Tienes razón.

La mujer de pelo negro se giró y fue hacia la ventana apoyándose en ella con una mano.

-Sé que la tengo... he estado luchando todas las batallas aquí durante mucho tiempo, todos los demás se han olvidado cómo -declaró sosegadamente-. Bien, tendréis que encontrar a otro que luche por vosotros. -Dejó su cabeza descansar sobre el vidrio calentado por el sol-. Yo estoy cansada de hacerlo.

Silencio.

-Entonces... esto es sólo una excusa, ¿verdad? -preguntó Mariana quedamente.

Dar contempló las olas verdes y azules.

-Quizá.

Una suave exhalación.

-¿Qué te ha pasado, Dar?

Era casi cómico.

-Me he dado cuenta de que ahí fuera hay más para vivir que en el próximo e-mail, Mari -Dar resopló suavemente-. Desgraciadamente para la compañía. -Se giró-. No me voy a quedar mirando mientras ese bastardo ataca a Kerry... y puesto que tú no hiciste nada al respecto, lo haré yo. -Una pausa-. Lo he hecho-. Incluso si la propia Kerry protestaba. Tan sólo esperaba que la mujer rubia la perdonase.

Mariana se reclinó en la silla y exhaló.

-Sé que piensas que todo esto es por mi culpa, Dar... y lamento que pienses eso. -Levantó la vista pero la mujer alta no hizo que sus ojos se encontraran-. Tal vez tengas razón... debería haber saltado encima antes... deteniendo todo esto cuando comenzó... simplemente pensaba que lo tenías bajo control, y que si yo interfería, se volvería peor. -Hizo una pausa para darle a Dar la oportunidad de hablar. Al ver que la otra mujer no lo hizo suspiró-. De esta manera, también debería haberos separado a ti y a Kerry cuando me di cuenta de cómo os mirabais la una a la otra.

Continuó sin responder.

-Pero eso lo deberías haber hecho tú misma -continuó Mariana-. Y si lo hubieras hecho, no estaríamos sentadas aquí ahora.

La cara de Dar no mudó su expresión.

-Sigue. Échame todas las culpas -murmuró la mujer de pelo negro-. Ya lo hice... y ahora estoy haciendo algo al respecto ¿Cuál es tu problema?

Ella no tuvo oportunidad de responder porque la puerta se abrió y José entró.

-¿Qué es eso que he oído? ¿Dimites? -preguntó José con voz incrédula.

-Sí -contestó Dar-. Ya puedes encomendar la comida para la fiesta, José... felicidades. Ganaste -escribió un mensaje en su programa de correo y lo envió-. Ya está... acabo de comunicárselo a Les... eso lo hará definitivo. -Se levantó y agarró su maletín, sacó su portátil y lo dejó en el escritorio... -No tengo muchos objetos personales aquí. -Tomó sus delfines y miró sus peces luchadores-. Veré si María quiere quedarse con esos dos. -Puso su insignia y su busca encima del portátil.

-Espera... espera... -dijo José levantando una mano- ¿Qué quieres decir con que gané?

Dar lo miró fijamente.

-¿No era esto lo que querías? Contrataste un tipo que sabías que era un antiguo enemigo mío y le diste instrucciones explícitas de encontrar mi punto débil y explotarlo. Lo hizo. Me marcho, tú ganas -su tono era frío y sarcástico-. Felicidades y buena suerte... espero que fastidies la compañía de mala manera, tendrán que revocar la oficina entera.

-Yo no hice...

-Por supuesto que lo hiciste -Dar disparó de vuelta- ¿Quieres ver el e-mail que le enviaste?

El teléfono sonó.

-Dar, Mark en la línea número uno -la voz de María emergió.

-Gracias, María... ¿Puedes llamarme un taxi por favor? -contestó Dar crispadamente.

-Sí -la secretaria sonó confundida.

-Gracias -Dar pulsó el botón-. ¿Qué pasa, Mark?

-La línea central nororiental está abajo -declaró el jefe de MIS-. No consiguen localizar el problema.

Dar tomó aire.

-Encuentra a otro para arreglar eso, Mark. Ya no es mi problema -contestó con tono uniforme-. Dales más o menos una hora para encontrar a alguien que me sustituya.

Hubo silencio durante casi treinta segundos enteros.

-Entendido -respondió finalmente Mark y colgó.

Dar colgó su cartera del hombro y miró alrededor.

-Bien, me voy a casa -declaró rotundamente-. Que os lo paséis bien. -Cojeó hacia la puerta, la abrió y desapareció tras ella. Mariana estaba de pie junto al escritorio con el rostro arrugado por la preocupación-. María...

La mujer cubana rodeó el escritorio y se le acercó.

-¿Te vas? ¿Por las buenas? -le preguntó visiblemente perturbada.

-Eso me temo -contestó amablemente-. Gracias, por todo, María, eres una buena persona y aprecio todo lo que has hecho.

María retorcía sus manos. Se acercó más y abrazó a Dar.

-Que dios te bendiga, Dar... este lugar no te merece -miró a José que salía del despacho en ese momento-. Y tú eres un pedazo de caca. Y espero que dios te mande atropellar ahí fuera con un autobús. -Fue hasta su escritorio, cogió su bolso y salió dando un portazo.

Dar la siguió en silencio. Se dirigió por el silencioso corredor hacia el ascensor cuyas puertas se abrieron cuando de acercó. Entró y se giró apoyando la espalda contra la pared posterior cuando se cerraron las puertas y empezó a moverse.


***
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 6th 2017, 11:46 pm

Kerry volvió a su despacho y se sentó. Estuvo mirando fijamente su escritorio durante mucho tiempo sin moverse.

-No me puedo creer que haya hecho esto -suspiró finalmente-. No me puedo creer que lo haya hecho sin ni siquiera hablar conmigo sobre ello... como si fuese una especie de cría que necesite ser protegida o algo así -Se levantó y comenzó a dar pasos de un lado a otro.

-No puedo dejar que lo haga.

Pasos, pasos, pasos.

-Sé que piensa que lo está haciendo por las razones adecuadas -suspiró-. Sé que quiere protegerme de toda esa porquería legal... pero lo que ella no comprende es que yo estoy políticamente mucho más a salvo de lo que ella piensa... se olvida de quién es mi padre.

Ojos verdes contemplaron la ventana.

-De acuerdo... entonces, ¿qué diablos es lo que voy a hacer? -tamborileó el escritorio con sus dedos- La primera cosa que necesito es encontrar aliados -Consideró el teléfono. Lo cogió y marcó un número. Tocó al otro lado varias veces saliendo a seguir un buzón de voz-. Maldita sea, Mark... ¿dónde estás?

Su pregunta fue respondida de una manera inesperada al abrirse la puerta y entrar Polenti con una mirada de enfado en su rostro.

-Oh... me oíste.

-¿Qué demonios ocurre? -preguntó Mark poniendo las manos en sus caderas- ¿Lo ha dejado?

Kerry se sentó en su escritorio.

-Es complicado, pero esencialmente, sí... lo ha hecho -cruzó los brazos-. La cuestión es, ¿qué vamos a hacer al respecto?

-Espera un segundo... ¿podemos empezar por un "por qué"? -Mark levantó una mano- No quiere decir que no esté contigo en eso de hacer algo, pero me gustaría saber que libro me estoy leyendo antes de saber la página por la que vamos.

Kerry frunció los labios.

-¿El contexto? Lo ha hecho porque Steve Fabricini me iba a causar grandes problemas y ella lo cambió por su puesto de trabajo.

Mark la miró con curiosidad.

-Lo sé... pero no la voy a dejar irse así -reconoció Kerry-. Por eso... primer punto, ¿cuántos problemas puedes crearle?

Mark se sentó y puso las manos entre sus rodillas.

-¿Problemas? Bueno... puedo expulsarlo de la red y reencaminar su mapa de navegación para que no pueda encontrar sus archivos.

Kerry se inclinó hacia delante y atrapó su mirada.

-No, Mark... no ese tipo de problemas. Los de verdad -sus ojos verdes centellearon-. Esos en los que sé que eres muy bueno.

Él se aclaró la garganta y pestañeó ante ella sorprendido.

-No pensé que tú... bueno, vale, puedo causarle muchos problemas, ¿por?

Kerry sonrió.

-Me gustaría que le causases tantos problemas como humanamente puedas, ¿vale? -contó con los dedos- Estoy hablando de tarjetas de crédito, impuestos, carné de conducir, legales, utilidades... todo.

El maxilar de Mark se descolgó.

-¿Estas hablando en serio?

Ella asintió.

-Estoy hablando en serio.

-Uau -se frotó la nariz-. Juegas sucio -La miró con una jovial sonrisa-. Eso me gusta -Se levantó- ¿Qué vas a hacer tú?

La cara de Kerry se endureció y sus ojos se volvieron fríos y calculadores.

-Voy a hacerles entender lo indispensable que ella es -le dijo la mujer rubia rodeando su escritorio y buscando algo en su pantalla-. Veamos, donde estaba... oh, vale, sí, aquí está -Marcó un número en su teléfono que fue atendido al segundo toque-. Sí, soy Kerry Stuart del departamento de Operaciones en Miami... necesito hablar con Les Roesenthal, por favor -Una pausa-. Es urgente -Puso el teléfono en espera-. Comienza por cortarle la electricidad, Mark... me gusta la idea de él caminando por el sensible moho.

Mark sonrió.

-Si, señora -salió trotando por la puerta cerrándola al salir.

Kerry asintió hacia la puerta sonriente.

-Te las verás conmigo. Eres una lastimosa muestra de medio asado de perro.

-¿Perdone? -preguntó una voz de hombre desde el teléfono- Creo que no la entendí... ¿Srta. Stuart?

-Lo siento... estaba hablando con otra persona -dijo Kerry con una embarazosa sonrisa-. Sí, ¿es el Sr. Roesenthal? Creo que tenemos que hablar.



***



'Una gaviota solitaria volaba en círculos sobre la playa montando las cálidas ráfagas de aire. El agradable silencio y el cuchicheo de las olas eran los únicos sonidos que llegaban a los oídos de Dar mientras se encontraba sentada en el porche con la rodilla en alto sobre una silla cercana. Su cabeza descansaba contra el vidrio mientras contemplaba la gaviota con ojos medio cerrados.

En la mesa había una botella de vino dulce por la mitad, con un vaso al lado. Dar alzó un brazo y volvió a llenar el vaso. Bebió un sorbo, el cual hizo recorrer el interior de su boca antes de tragarlo. Chino estaba durmiendo en el suelo de azulejo cerca de sus pies. Se había quedado exhausta tras sus bufonadas de alegría al ver la inesperada llegada de Dar.

El teléfono había sonado varias veces dentro de la casa, pero Dar decidió ignorarlo prefiriendo quedarse mirando el horizonte y evaluar sus opciones.

Se sentía extraña por no estar trabajando. Le parecía aun más extraño el no estar segura de si la decisión que había tomado había sido la correcta y no una fundada en una reacción por el tirón de la rodilla y por la percepción del ataque a Kerry. Sabía que le debía una disculpa a Mariana, pero suponía que podría llamar a la VP de Personal luego a su casa, cuando estuviese fuera de la compañía. Bebió otro sorbo de vino. Miró su teléfono móvil cuando éste comenzó a sonar.

-Ah... me pregunto quién será, Chino. -Agarró el teléfono y lo abrió-. ¿Sí?

-Hola.

Dar sintió una mansa ola de alivio pasar por ella. -Hola. -La voz de Kerry estaba tranquila, le faltaba el toque de enfado que había tenido antes-. Siento haberme ido sin hablar contigo.

-Mm... sí, eso fue un poco decepcionante -le dijo Kerry suavemente.

Dar no sabía qué decir al respecto, por eso se mantuvo en silencio.

-¿Estás en casa? -preguntó Kerry.

-Sí.

-No has respondido el teléfono.

-Lo sé... estoy fuera en el porche con Chino -respondió la mujer de pelo negro-. Entonces... ¿ya te dieron mi despacho?

Una suave risa le respondió.

-Bueno, puesto que me fui de una reunión donde le dije a dos de los VP antiguos que me besasen el culo, probablemente no está entre mis posibilidades hoy.

-Mmm. -Oscuramente, eso alegraba a Dar-. ¿A qué dos?

-José y Eleanor... Mariana se fue a casa -respondió Kerry-. Y yo también me voy... desde que toda la división se ha puesto de huelga... no hay necesidad de que me quede aquí.

-Mm... eso está bien... espera. -Dar se incorporó-. ¿Qué?

-Debe de haber sido algo en la cafetería... cincuenta y dos personas de operaciones, casualmente, todas se han puesto enfermas y se han ido a casa -le contó Kerry alegremente.

Dar suspiró.

-Kerry... es un bonito gesto, pero va a crear problemas a todos -informó a su compañera.

-Dar, no les pedí que lo hicieran -regresó la voz de Kerry-. Creo que no comprendes cuánto te respeta esta gente... María presentó su dimisión, hay diez más pendientes incluyendo la de Mark, y el servicio de Personal ha sido bombardeado con cartas oficiales de censura contra Fabricini aludiendo de todo, desde robo hasta intento de violación.

-Oh -murmuró Dar.

-Y su automóvil se ha quedado codificado.

-Oh -con un énfasis diferente.

-Y le han rajado los neumáticos.

-Ah... Kerry...

-Y le han cortado la electricidad, teléfonos, gas y agua.

-Kerry... -alarma ahora.

-Y han cancelado sus tarjetas de crédito.

-¡Eh!

-Su cuenta de ahorros ha ido a parar a una fundación de mujeres y niños.

-¡KERRY!

-Esa última era de broma -dijo Kerry riendo entre dientes.

-Vamos... te vas a meter en muchos problemas -le dijo Dar con tono grave.

-Sí... soy perfectamente capaz de meterme y salirme de ellos, Dar... no necesito que te lances sobre las situaciones por mí -respondió Kerry seriamente-. Me siento halagada de que te hayas ido por mí, ¿sabes? -No tenía respuesta para aquello-. -¿Dar?

-Sí -contestó Dar quedamente-. Lo siento... supongo que me las arreglé bastante mal para solucionar esto -contempló la gaviota displicentemente-. Quizá debería haberme quedado en casa hoy.

-¿Dar?

-¿Sí?

-Te quiero.

Una débil sonrisa asomó rápidamente en los labios de Dar.

-Yo también te quiero -hizo una pausa-. Disculpa si exageré.

-Disculpa aceptada, si me perdonas de antemano por intentar que cambies de idea.

Dar sonrió ligeramente triste.

-No creo que ésa sea mi opción, amor.

Kerry rió entre dientes.

-¿Por qué te ríes? -inquirió Dar con curiosidad.

-Te veré en unos minutos -respondió su amante-. Ciao.

Dar se quedó contemplando el teléfono.

-¿Qué estará tramando ahora? -le preguntó a la soñolienta Chino que meneó la cola en respuesta.



***



Kerry abrió la puerta y la cerró tras ella. Escuchó una lucha de pequeñas patas contra las baldosas del suelo y sonrió cuando Chino se contorneó para atacar sus pies.

-Eh cielo... -se arrodilló y recogió a la cachorro- Ohhh... te estás haciendo grande, ¿eh? ¿Te gustó estar hoy en casa con mamá Dar?

-Encontró el aguacate de mamá Kerry en el fondo del frigorífico -comentó Dar apoyada sobre la puerta de la cocina-. Tuve que raspar guacamole de algunos sitios interesantes.

Kerry rió y frotó el estómago de la cachorro.

-Ohh... chica mala. -Se levantó y siguió a Chino, dejó su maletín y fue hacia Dar. Deslizó sus brazos alrededor de ella y la abrazó-. Que día de perros.

Dar también la abrazó.

-Habría estado de acuerdo contigo hasta hace cinco segundos -sintió una sensación de alivio-. Escucha... pedí algo de comida del club... supuse que sería una mala noche para cocinar.

-Mmmhmm... -Kerry enterró su cara en el suave tejido de algodón de la camisa que se había puesto Dar-. Con tal de que pueda comer justo aquí, me parece genial. -Pasó una mano hacia arriba y hacia abajo por el costado de Dar y la volvió a abrazar.

Dar se calentó alegremente en la calidez. El caos de sus tripas se alivió por primera vez en ese día. Plegó sus brazos alrededor de la pequeña mujer y enterró su cara en el suave pelo rubio rindiéndose a la necesidad de sentirla.

-Me alegro de que no sigas enfadada conmigo -comentó suavemente.

Kerry le dio unas palmaditas en el costado.

-No estaba realmente enfadada... quiero decir, estaba enfadada por lo que había ocurrido, pero... después de todo, lo hiciste por mí, así que... ¿cómo me podía enfadar? -inclinó su cabeza hacia atrás y consideró a Dar-. Y... hum... tuve que oír algunas historias de horror sobre la cárcel del condado de Dade que me contó la ayudante de Mark... que parecía que sabía una cantidad no habitual de historias sobre ello... y... hum... -Hizo una pausa y soltó aire-. Lo que estoy intentando decir, bastante mal, es que me alegro de haberme ahorrado esa particular experiencia.

Dar sonrió.

-Yo también me alegro -reposó sus antebrazos en los hombros de Kerry-. No lo tenía planeado... pero cuando oí lo que él había hecho... -Sacudió su cabeza suavemente-. No podía dejarle que siguiera con ello.

Kerry se enderezó y pasó una mano por el pelo negro de su amante disfrutando del sedoso tacto.

-Lo sé pero... -se detuvo abruptamente y tocó con suavidad el lado de la cabeza de Dar-. Hey.

Dar hizo una mueca de dolor y apartó un poco la cabeza.

-Au.

-Aún tienes un golpe ahí -persistió Kerry aliviando el toque y limitándose a examinar la superficie con las yemas de los dedos-. ¿Duele mucho?

Dar cerró los ojos brevemente y los abrió.

-Duele, un poco -admitió-. Como la pierna... un dolor poco intenso pero molesto.

Kerry le observó los ojos desde más cerca.

-Dar, ven aquí junto a la ventana un momento. -Esperó a que la mujer de pelo negro obedeciese, después se puso de puntillas y miró fijamente los iris azul claro-. Cierra los ojos. -Dar lo hizo-. Vale, ábrelos. -Las pestañas se abrieron temblorosamente-. Dar, tu pupila de este lado está reaccionando de forma diferente a la otra.

-Mm -Dar cabeceó desenvueltamente-. Sí... supuse que me podría haber golpeado con algo en ese sitio.

Kerry cogió su cara con las manos.

-Creo que deberías ir a examinarte eso -declaró con firmeza mirándola fijamente desde más cerca cuando Dar empezó a protestar-. Dar, estás actuando de una manera diferente desde que pasó lo del hundimiento de tierra.

-¿Qué? -Las negras cejas se juntaron-. ¿Qué quieres decir?

Kerry suspiró, sin saber cómo explicarse.

-Estás diferente... al principio pensé que fue el viaje, pero incluso cuando estamos en casa estás diferente... no sé... no eres tú misma.

Dar lo consideró. Se encogió de hombros.

-Me encuentro bien... -objetó-.Yo sólo... -calló-. He estado un poco en baja forma, pero... -Levantó una mano-. Se me pasará en un par de días.

-Ven aquí. -Kerry la cogió de la mano, deslizó un brazo de apoyo alrededor de Dar y la ayudó a cojear hasta la cama, donde se sentaron las dos. Cogió las manos de Dar con las suyas mirando a su chica, quien la observaba con abiertos y casi ansiosos ojos azules.

-Dar, ¿confías en mí?

Los ojos se ensancharon un poco.

-Claro que confío... ¿Por qué?

-Por favor, vamos a llamar al Dr. Steve -le pidió Kerry suavemente-. Me sentiré mucho mejor si él le echa un vistazo y dice que todo está bien.

Dar la estudió confundida.

-Pero... -Kerry estaba seria, podía verlo. Y, a decir verdad, el molesto dolor de cabeza estaba empezando a acabar con ella-. De acuerdo. -Se encogió de hombros ligeramente-. Me parece una pérdida de tiempo por un pequeño golpe en la cabeza, pero si te hace sentir mejor...
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 7th 2017, 3:39 pm

Kerry apretaba las manos y estudiaba el dolorosamente limpio azulejo de la sala de espera del hospital Monte Sinaí que estaba en la playa. Su pequeña carrera hacia el consultorio del Dr. Steve había llevado al pedido de examen de un TAC, contra las vehementes protestas de Dar, lo que le había supuesto usar todos sus considerables poderes de persuasión para traer a su amante hasta aquí.

Exhaló, mientras sus dedos tiraban de la costura de sus pantalones. Dar ya llevaba allí dentro como una hora y empezaba a preocuparse. ¿Esto dura tanto tiempo? ¿Qué estarán haciendo?,o, ¿estará Dar luchando contra ellos y por eso está tardando una eternidad?

Una suaves pisadas le hicieron salir de la solitaria vigilia en la que se encontraba tras las ocupadas horas en la sala de espera de radiología. Una alta figura, con un andar extrañamente familiar, se dirigía hacia ella. La figura llevaba una sudadera con capucha. Kerry solamente lo había visto una vez, pero lo reconoció inmediatamente. Se levantó y avanzó un paso tranquilizándose cuando él le extendió la mano.

-Hola jovencita -pronunció con lentitud la áspera voz cuando se le acercó.

-Sr. Roberts -susurró Kerry-. Dios, me alegro de que esté aquí. -Lo abrazó impulsivamente-. Dar está ahí dentro haciéndose un examen en la cabeza.

Él respondió torpemente al afecto físico de Kerry.

-Tiempo muerto -bromeó débilmente-. ¿Qué ha hecho la pequeña bicho esta vez? -Echó un vistazo alrededor y se sentó junto a ella-. Estaba aquí recogiendo algunos medicamentos... hasta que te vi entrar.

Kerry se lo dijo.

-Y yo también entré en la función -levantó su mano enyesada-. Pensé que ella estaba actuando un poco raro... dejó su trabajo hoy.

Él tosió del susto.

-¿Raro? Eso es más que raro, pequeña... esa cabezota ha perdido el juicio... ¿qué le van a hacer?

Ella suspiró.

-No lo sé... llevan ahí dentro una eternidad... probablemente tenga un ataque -envolvió su mano lesionada con la mano buena-. Espero que esté bien.

-Hey, hey... hace falta más que un golpe en la cabeza para perturbar a mi niña, ya deberías saberlo -Andrew Roberts la tranquilizó torpemente-. Ah... -Aclaró su garganta-. Te gusta de veras, ¿eh?

Kerry pestañeó ante él.

-Mucho -exhaló-. Significa todo para mí.

Unos claros ojos azules, muy parecidos a los de Dar, la estudiaron durante un momento.

-Eso es bueno... eso es realmente bueno... ahora no te preocupes, ella va a estar bien -hizo una pausa-. ¿Qué le están haciendo?

-Un TAC -le respondió Kerry.

-Oh, diablos. -Andrew jugueteó con los cordones de su sudadera-. Cuando era una niña, se cayó del tejado de la maldita casa... teníamos miedo de que se hubiera roto el cuello, la espalda o cualquier cosa... la transportaron en una camilla de politraumatizados y cuando llegaron al hospital la inmovilizaron con varas y todo tipo de material.

Kerry asintió.

-Para impedir que se moviese, claro...

-Sí, bueno... era trabajoso... la mantuvieron atada para eso... debieron pasar unas condenadas dieciséis horas más o menos... casi se vuelve loca... casi rompió la maldita tabla intentando soltarse -sacudió su cabeza-. Desde entonces odia los hospitales.

-Oh -Kerry sintió encajarse varias piezas del puzzle-. Sí... eso tiene sentido, supongo. -Se mordió un labio-. ¿Le ocurrió algo?

-No -resopló-. La condenada niña es mitad de hierro, mitad de goma.

Kerry sonrió ligeramente, se giró hacia él buscando con sus ojos su desfigurado rostro.

-Ella le quiere mucho, ¿sabía?

Sus hombros cayeron y exhaló.

-Sí, lo sé... es mi niña... yo también la quiero.

Kerry estudió las baldosas del suelo.

-Lo dice como si eso garantizase que los padres aman a sus hijos.

Él estaba a punto de responderle cuando se abrió la puerta y una enfermera asomó la cabeza.

-¿Srta. Stuart?

Kerry se levantó.

-Soy yo -gesticuló acercándose, girándose a medio camino para animar a Andrew a que se le uniese.

Pero él se había ido. Kerry suspiró y se dirigió a la mujer.

-¿Sí?

-El médico quiere hablar con usted... y después puede ver a su amiga -le dijo la mujer-. Venga por aquí.

El Dr. Steve estaba en una pequeña habitación de reexaminación junto a la pared para observar radiografías y otras películas, pero ahora sólo tenía pantallas desplegadas del TAC. Se encontraba estudiando una con otro hombre cuando vio entrar a Kerry.

-Ah... Srta. Kerry... bien... bien. -Le hizo señas para que se acercase.

-Hola. -Kerry se detuvo y miró el examen por encima de su hombro. No significaba nada para ella, sólo una gota grande con gotitas más pequeñas en el centro. -Entonces... ¿qué es esa cuchara grande? -Exhaló-. ¿Cómo está Dar?

-Ah -el Dr. Steve se aclaró la garganta-. Le tuvimos que dar un poco de sedante, está descansando cómodamente. -Apuntó a la pantalla-. Ahora... aquí está el problema... ese pequeño golpe le produjo una densidad líquida dentro de la cabeza. -Trazó una pequeña área semicircular-. Está presionando el cerebro haciendo que las cosas sean un poco imprecisas para ella ahora mismo.

-Oh -Kerry envolvió las manos bajo sus brazos-. Y entonces... ¿qué le va a hacer?

-Bueno, podemos hacer dos cosas... podemos intentar que se reabsorba por sí mismo, como, de hecho, parece que es lo que está haciendo, ¿lo ves aquí? -Trazó una fina línea gris-. Era más grande... ahora está más pequeño. -Lo estudió-. O podemos abrir por aquí y extraerlo.

Kerry pestañeó.

-¿Eso no es peligroso?

-Cielo -el Dr. Steve cogió las manos de ella entre las suyas-. Cuando se trata de la cabeza, todo es peligroso, ¿entiendes? Cualquier cosa que afecte la materia gris puede provocar todo tipo de problemas... desde parálisis a problemas de equilibrio, pérdida de la capacidad para hablar... es algo muy delicado.

Kerry debió parecer aterrorizada porque él le soltó las manos tomando la cara en su lugar.

-Hey... no... no... nada de eso está ocurriendo aquí... así que calma -la tranquilizó él apresuradamente-. Tranquila... ella está bien, y creo que se va a quedar así, pero, y quiero decir pero, tienes que hacer que se quede en la cama durante un par de días, hasta que eso disminuya. -La miró-. Nada de negocios ahora, Kerry necesita estar tranquila y que no le suba la tensión arterial ni nada de ese tipo de cosas.

Kerry tomó aire.

-¿Puede mantenerla aquí? Es difícil hacer que se quede sentada en casa. -Esto cambiaba los planes. Ahora sabía que tenía que regresar a la oficina y, en la medida de lo posible, mantener las cosas unidas el tiempo suficiente hasta que Dar mejorase. Había esperado que uno o dos días de huelga hubiesen... bueno... tenía que enfrentarse a ello-. Si se queda aquí tendrá que hacerlo.

Él suspiró.

-Podría... pero creo que eso le causaría más stress que mandarla a casa... tiene un gran problema con los hospitales.

-Lo sé -asintió la mujer rubia-. De acuerdo... la mantendré tranquila, de alguna manera -prometió-. ¿Puedo verla?

El Dr. Steve asintió.

-Claro... sólo le di sedante para cansarla antes de que se levantase y se fuera... hace aproximadamente veinte o treinta minutos -apuntó-. Ella está allí...

Kerry le dio un apretón en el brazo y fue a través de las puertas automáticas hasta una pequeña antecámara donde encontró a su amante tumbada en una delgada camilla. Por un momento, se quedó allí de pie, mirándola, después se acercó y cogió la mano de Dar entre las suyas y la frotó calentándola.

-Hey.

Lentamente, unos deslumbrantes ojos azules se abrieron y se volvieron hacia ella.

-Oh... hey -Dar se las arregló para decir-. Me drogaron pinchándome algo en el culo -murmuró-. ¿Puedo irme ya?

-En unos pocos minutos -le anunció Kerry suavemente-. Tienes un bulto dentro de la cabeza como el que tienes fuera.

Dar se tomó un minuto para digerir la noticia.

-¿Malo?

-Mm... no... no lo creo... el Dr. Steve dice que sólo necesitas reposo por unos días... te va a dejar ir, pero tienes que prometer que serás buena, y que estarás muy tranquila.

-Mal momento -una débil sonrisa irónica resbaló por la cara de Dar.

-Yo creo que es un momento estupendo -discrepó Kerry-. Él habló de una semana... eso dará tiempo de sobra a la compañía para darse cuenta de qué es lo que haces por ellos. -Hizo una pausa-. Y por qué no pueden hacerlo sin ti.

Dar negó ligeramente con su cabeza.

-Todos somos reemplazables, Kerry.

-Pueden poner a alguien en ese despacho, pero nunca podrán reemplazarte, y ambas lo sabemos -respondió Kerry acariciando la mejilla de Dar y quitando el desordenado pelo de su frente-. Y creo que eso es algo que hace que te guste tanto ese trabajo, ¿cierto? -Observó una gota en los ojos de Dar-. No desistas de ello, Dar... arreglaremos las cosas... Les aún no ha hecho nada respecto a tu dimisión.

Los ojos azules pestañearon lentamente.

-¿Cómo lo sabes?

Kerry sonrió.

-Porque me lo dijo él... quiere hablar contigo primero. Viene hacia aquí -mantuvo sus suaves caricias-. Me dijo que tú eras el corazón de la compañía, y su empleada más estimada, y que se maldeciría si se quedaba sentado dejándote marchar sin más.

-¿Hablaste con él? -Dar intentó no parecer adulada por el cumplido pero no pudo evitar una pequeña sonrisa.

-Oh sí... claro que lo hice... de hecho, le llamé y le estuve gritando unos quince minutos -le contó Kerry-. Le dije lo cerdos que eran José y Eleanor, y lo que sentía sobre Steve, lo que pasó durante el fin de semana, y cómo había sido un milagro que tú no lo hubieras enterrado en un hoyo y lo hubieras dejado allí, y cómo yo lo había fastidiado todo por no controlar mi temperamento.

Dar se la quedó mirando fijamente, muda.

-Y que maldita sea si iba a dejar que tú te vieses forzada a dimitir por algo que yo había hecho -continuó Kerry-. Que eso no era justo.

La mandíbula de Dar se movió varias veces antes de emitir ningún sonido.

-¿Y qué dijo él?

La frente de Kerry se arrugó.

-No sé si es un cumplido o un insulto, pero dijo que formábamos un equipo perfecto.

Lentamente, la cara de Dar se cubrió con una sonrisa y comenzó a reírse suavemente.

-Fue un cumplido -le aseguró a la mujer rubia-. Kerry, eres fantástica.

-No, no lo soy... sólo estaba furiosa -suspiró-. Estaba enfadada y frustrada, no me importaba lo que pudiera pasar... quiero decir, iba a presentar mi dimisión de todas formas, por lo que me figuré que me sentaría bien expulsando todo eso de mí mientras aún estaba empleada. -Levantó la mirada hacia las diminutas ventanas cuadradas de las dos puertas que daban a la parte de atrás de la pequeña habitación-. Oh... -Apuntó con el dedo índice hacia la ventana-. Me estaba preguntando dónde se habría metido.

-¿Quién? -Dar medio se había incorporado y cayó hacia atrás al reconocer la figura encapotada que se deslizaba dentro de la habitación-. Papá...

-Shh... shh... sí... hey, Dardar... -Andrew Roberts se acercó y le revolvió el pelo cariñosamente-. Las condenadas enfermeras andan arrastrándose por este sitio... ¿no tienen descansos para tomar café o algo?

Kerry observó el rostro de Dar mientras ésta miraba embobada al alto hombre. -Hey... Sr. Roberts, ¿por qué no regresa con nosotras... y nos hace una pequeña visita? -le ofreció viendo cómo una ávida chispa de entusiasmo aparecía en los claros ojos azules de su amante-. Es seguro y con mucha privacidad.

-Papá... sí... solamente una hora... podríamos ponernos al día -agregó Dar con urgencia-. Me gustaría de veras... y a Kerry también... tiene mucha privacidad.

-Ahá -Andrew resopló suavemente echando un vistazo alrededor-. Lo sé... estuve un par de veces, sólo para asegurarme que iba todo bien contigo.

-Pero... -Kerry parecía desconcertada.

-Demonios, Dar... ¿aún no le has dicho qué significa la "s" de seal(1) ? -dijo ásperamente el hombre alto dudando durante un perceptible momento. Dar se inclinó hacia él y le cogió la mano.

-¿Por favor? -le pidió simplemente.

Él volvió a echar un vistazo alrededor.

-De acuerdo... os encontraré a las dos abajo... pero sólo un poco... yo no... -se detuvo-. Yo no me quedo en un sitio por mucho tiempo. -Le dio un apretón a Dar en la mano antes de soltársela-. Tengo que asegurarme de que llegas bien a casa... con tus pequeños huevos mezclados, Dardar.

Dar sonrió abiertamente ante el cariñoso nombre. -Gracias, por alguna razón todo el mundo parece que hoy están malditamente empeñado en cuidar de mí -alzó una ceja ante Kerry, quien le sacó la lengua.

-Hey, guarda tu lengua antes de que la pierdas, jovencita -la riñó Andrew-. De acuerdo... os veo abajo en la entrada de las ambulancias. -Le dio a Dar una palmada en el hombro y se deslizó fuera mirando a ambos lados antes de dejar la puerta oscilante cerrarse tras él.

Kerry cruzó los brazos.

-Es muy dulce -le comentó a Dar, que se estaba sentando cuidadosamente.

-Uf... no dejes que te oiga decir eso -respondió Dar frotándose la frente-. Le daría un ataque... arruinarías su imagen.

Kerry rió tontamente y puso una mano en su cadera.

-Bueno... -pronunció demoradamente-, la castaña no cae lejos de donde se encuentra el árbol, ¿verdad, Dardar?

Dar la miró bajo sus negras cejas y comenzó a reírse.

-No... no lo hace -respondió tímidamente-. ¿Podemos salir de aquí ahora?

Recogieron al padre de Dar justo en el sitio que había dicho. Se deslizó rápidamente en el asiento trasero del Lexus cerrando la puerta tras él.

-Condenación.

-¿Qué? -preguntó Dar medio volviéndose en el asiento de pasajeros.

-He vivido en cuartos más pequeños que esta condenada cosa -resopló Andrew-. ¿También tiene ducha? -Extendió sus largas piernas y se recostó contra la puerta poniendo una mano sobre el asiento que ocupaba Dar-. ¿Te lo dio May?

Dar se aclaró la garganta.

-No... me lo compré yo -admitió-. Esto era una especie de término medio entre lo que yo quería y lo que la compañía esperaba que condujese.

-Huh -gruñó-. ¿Qué te están haciendo ahora? -Una pausa-. ¿O qué te hicieron?, la pequeña kumquat dijo que lo habías dejado hoy.

Kerry casi se estrella con un árbol.

-¿Qué me ha llamado? -preguntó con voz sobresaltada.

-Es una fruta nativa, Kerry -la tranquilizó Dar-. Es como una diminuta naranja ovalada. -Consideró a su padre especulativamente-. En cuanto a lo que hago... o hacía... -Se encogió de hombros-. Estaba envuelta en operaciones.

Kerry rió.

-Las castañas se asan en el fuego... -cantó melódicamente.

-Kerry -Dar le dirigió una mirada.

La mujer rubia condujo hasta el ferry y aparcó. Después se medio giró en el asiento para mirar a Andrew.

-Ella es la más antigua vicepresidenta de operaciones -le informó-. Y el CEO de la compañía viene de camino para pedirle que se quede.

-Eh, eh... -Andrew palmoteó a su hija en el brazo-. Mi pequeña... sabía que acabarías pateando traseros en lo que fuera que te metieses.

Dar suspiró.

Kerry sonrió contenta de ver una diminuta chispa en los azules ojos de Dar.



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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 7th 2017, 3:39 pm

-Jesucristo en muletas... ¿en qué estaba pensando esa condenada mujer? -Andrew miraba el apartamento-. La última vez que vi tanto mármol estaba en un maldito museo. -Caminó y se quedó mirando el complejo equipo informático-. Apuesto que eso no era suyo. -Se giró para ver a Dar caminando por la sala de estar con sus muletas y derrumbándose en el sofá-. ¿Cansada, bicho?

Dar suspiró.

-Un largo y detestable día. -Se tendió hacia atrás en el sofá, levantó la mirada cuando Kerry regresó con Chino retorciéndose-. Hey...

Kerry soltó a la cachorro que se abalanzó contra la pierna de Dar, gimoteando y rechinando hasta que la mujer de pelo negro la cogió.

-Vale... vale...

Andrew la miró fijamente. La capucha se fue deslizando mientras él movía la cabeza.

-Finalmente tienes un perro, ¿eh?

Dar intentaba en vano que Chino no le lamiese la boca.

-Es de Kerry -masculló.

-Oh sí, puedo verlo -resopló su padre-. Sé que siempre quisiste tener uno. -Se sentó en el sillón dando palmaditas en su superficie-. Esto está condenadamente bien, bicho... me alegro de que tengas un buen sitio donde colgar el sombrero.

Kerry había ido a la cocina y volvió con el inalámbrico.

-Sr. Roberts, ¿quiere cenar? Teníamos un pedido hecho antes de ir al hospital.

Unos ojos azules escondidos en la negrura de la capucha se enfocaron en ella.

-¿A quién demonios le estás hablando, kumquat?

Kerry pestañeó.

-Hum... ¿a usted?

-Aquí no hay nadie que se llame Sr. Roberts -le dijo-. Están Comandante Roberts, Andy o "cabeza de mierda". -Hizo una pausa-. Así que escoge uno.

Dar rió disimuladamente ante la expresión de Kerry.

Pero la mujer rubia se recompuso.

-¿Qué tal papá? -sugirió cautamente yendo al encuentro de sus ojos con una mansa aceptación.

Ahora fue el turno de Andrew para pestañear. Se giró hacia su hija.

-Esta pequeña es valiente, ¿verdad? -aceptó maravillándose- Muy bien, kumquat... ése servirá -exhaló-. Y si tienen algo normal como hamburguesas, me pido una.

Kerry le sonrió.

-Vale, papá -sus ojos verdes centellearon-. Marchando una hamburguesa.

-Hm -gruñó él y levantó la mirada-. ¿Tienen helado? -Extrañado, se quedó mirando a Kerry cuando ésta estalló de risa teniendo que agarrarse en una silla para apoyarse-. ¿Qué demonios le pasa? -preguntó melancólicamente.

Dar agitó la cabeza.



***


Kerry abandonó el sueño por el despertador y, cuidadosamente, extendió su mano para apagar la alarma antes de darse media vuelta y contemplar a su amante. Dar normalmente tenía un sueño muy ligero, pero esta mañana se encontraba profundamente dormida con el rostro completamente relajado e inexpresivo. El día anterior había ocurrido lo mismo y Kerry se preguntó si tendría algo que ver con la lesión.

Bueno, Kerry aún tenía unos minutos, así que se complació contemplando a Dar mientras dormía apaciblemente. Su rostro débilmente perfilado por la luz del amanecer. Sólo un débil movimiento irregular movía la suave y morena piel. Kerry enredó ociosamente un poco del pelo negro alrededor de sus dedos y lo pasó por sus labios absorbiendo la paz del momento. Era difícil apartarse y se encontró luchando contra el impulso de permanecer al lado de Dar, al infierno con la compañía.

Finalmente suspiró y salió de la cama tapando cuidadosamente el cuerpo de Dar con el edredón antes de abandonar el cuarto y subir por las escaleras hacia su habitación. Se detuvo abruptamente cuando casi se choca con una figura sentada en el suelo.

-Oh.

-Hola, kumquat -profirió Andrew Roberts en voz baja. Tenía a Chino entre sus rodillas y estaba jugando con ella. La cachorro rodaba encantada sobre su lomo mientras él le frotaba la barriga-. Pensé que me podrías llevar en el coche.

La noche anterior habían cenado y Kerry había entretenido al padre de Dar con lo que había sucedido, cuando acabaron era casi media noche por lo que él, renuentemente, se había acostado en uno de los cuartos de invitados de arriba.

Ella se había preguntado, brevemente, dónde se hubiera quedado de no ser allí. Él no parecía tener una casa permanente, una que ellas identificasen como tal, de todas formas, parecía que viviese en las sombras apareciendo a intervalos irregulares y pasando por sus vidas inesperadamente.

Kerry sabía que Dar quería pedirle que se quedase durante algún tiempo. Pudo leerlo en la cara de su amante y en la mirada nostálgica cada vez que contemplaba a su padre. Pero guardó silencio, con la idea de que si lo presionaba, simplemente desaparecería de nuevo. Bueno. Kerry consideró la oscura figura ante ella. Tal vez pueda ayudar.

Se sentó con las piernas cruzadas en las frías baldosas al lado de él y recogió el pelo detrás de una oreja con aire ausente.

-Hum... supongo que no podría convencerte de que te quedaras hoy por aquí, ¿eh?

Él levantó la mirada y frunció el ceño ante ella.

-Nah, vamos Kerry... la pasada noche estuvo muy bien, pero tengo que continuar... y yo... -hizo una pausa preso en los agradables ojos verdes-. ¿Por qué? -inquirió cautelosamente.

La mujer rubia exhaló.

-Bueno... tengo que irme a trabajar -declaró quedamente-. No quiero... va a ser un lío, y no estoy segura de que pueda encargarme de todo, pero tengo que hacerlo.

-Uh huh.

-Y si dejo a Dar aquí sola se va a volver loca de aburrimiento y preguntándose qué estará pasando -continuó Kerry-. Y eso no es bueno para ella... el médico dijo que no debía perturbarse.

-Uh huh.

-Y yo estaré con los nervios en pie todo el día preguntándome cómo estará ella. -Vinieron las suaves palabras-. Pero si tú estuvieras aquí, ella no se aburriría, y yo no me tendría que preocupar -finalizó Kerry asentando sus ojos en él en silenciosa apelación.

-¿Has pensado alguna vez en dedicarte a la diplomacia, jovencita? -preguntó Andrew Roberts irónicamente.

-Es la verdad... quiero decir, conoces a Dar mejor que yo, ¿cierto? -contestó Kerry razonablemente.

Él miraba hacia abajo observando sus manos con los bordes de la capucha disimulando su rostro desfigurado.

-De acuerdo -respondió renuentemente al final-. Haré de niñera por ti.

Kerry apretó su mano.

-Gracias... no será todo el día... lo prometo.

-Sip... es buena idea... no sabes en qué tipo de líos nos podemos meter mi niña y yo si unimos nuestras mentes -la avisó Andrew.

-Hmm -los ojos de Kerry se arrugaron cuando sonrió-. Lo tendré en mente.

Él asintió y le hizo cosquillas a la cachorro.

-Es una cosita tierna -comentó.

-Mm... sí que lo es -respondió Kerry-. Creo que es como tú. -Rió suavemente cuando la cachorro se retorció alegremente contra su pie.

Él frunció el ceño ante ella.

-¿No tienes que vestirte para ir a ese sitio? ¿O trabajáis en pijama?

Kerry se levantó y le sonrió.

-Capté la indirecta. -Se fue trotando por las escaleras tratando de prepararse psicológicamente para el día que le esperaba.


***



Una mano en su hombro. Dar sintió la sacudida, pero su cuerpo no quiso moverse.

-Dar.

Parte de su cerebro conocía la profunda y áspera voz y la reconoció. Pero aún había una fuerte oscuridad sobre su conciencia y ello luchó con el deseo de volver a deslizarse en el pacífico sueño.

-Paladar, levanta tu trasero o tendré que abofetearte.

Uh oh. Un ojo azul se abrió en alarma y lo consideró. Después se le unió el otro y Dar se giró quedando boca arriba con el corazón bombeando a un ritmo irregular.

-¿Papá? -se aclaró la garganta por la ronquera y se frotó los ojos intentando salir de la niebla-. ¿Qu...?

-Vamos... pasan de las diez y ya he limpiado casi cada pulgada de este sitio. -Andrew extendió una mano hacia ella y suavemente le sujetó la barbilla y la contempló con cariño-. Ese maldito material que te dio te ha descolocado.

Dar sintió sus pensamientos desordenarse y tomó aire varias veces.

-¿Eso crees?

-Sip... a mí me pasa igual -le informó su padre-. Nunca tendría el maldito valor de tomar drogas. -Le palmeó la mejilla suavemente-. Vamos, bicho... deja que te dé el desayuno y algo de java.

-Qu... vale -la mujer de pelo negro hizo un esfuerzo para sentarse-. ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que te ibas esta mañana.

Andrew se sentó en el borde de la cama de agua cruzando los brazos sobre su pecho.

-Es lo que iba a hacer... hasta que tu pequeña kumquat posó esos bonitos ojos verdes que tiene en mí y me pidió que me quedase por aquí un poco -bufó-. Condenada astuta niña.

Dar sonrió un poco mientras ahogaba un bostezo.

-Sí... bueno, a mí me hace lo mismo. No te sientas mal.

Su padre rió suavemente entre dientes.

-Ya lo he notado.

Dar descubrió una sonrisa hacerse camino por su cara.

-De acuerdo... déjame echarme algo de agua en la cabeza... -giró sus piernas hacia fuera de la cama y se inclinó hacia la abrazadera-. Estúpida cosa...

-Anda... dame eso. -Andrew cogió la abrazadera y la deslizó en el sitio con manos experimentadas-. Creo que aún recuerdo cómo se hace, puesto que me pasé media condenada niñez tuya poniéndote todo tipo de vendas -ajustó las correas.

Dar se reclinó hacia atrás y lo observó.

-La hinchazón ya casi se ha ido... por lo menos esto funciona -suspiró alzando su pierna cuando él terminó y poniéndose derecha-. Gracias. -Se levantó y casi cae al invadirla una ola de vértigo-. Maldición...

-Oh, demonios. -Andrew la agarró apresuradamente-. Agárrate... -Pasó un brazo alrededor de ella y la alzó acunándola como si fuera una niña-. De acuerdo... cálmate, bicho.

Dar pestañeó mientras su cabeza acababa de aclararse y absorbió una respiración.

-Vale... estoy bien -frotó sus temporales irritadamente-. Puedes soltarme.

Su padre resopló.

-Sí, sí... -salió del dormitorio ignorando sus protestas y, finalmente, la posó en el sofá-. Déjate de pequeñeces, ¿vale? He cargado con cosas mucho más pesadas que tú un infierno de veces más lejos que eso -le recordó-. ¿Te acuerdas de Moose?

Dar se reclinó en el sofá y tomó aire.

-Sí... claro que me acuerdo... solía pensar que era un extraterrestre... nunca había visto a un ser humano comer tanto como él.

-Sí, bueno... tuve que cargar con él durante tres millas hace un par de años... el condenado casi me mata. Le hice comer barras Christly de cereales durante tres meses después de aquello. -Se sentó al lado de ella y le dio palmaditas en el muslo-. Así que no alborotes.

Dar volvió a sonreír y se pasó las manos por el pelo.

-De acuerdo -capituló-. Jesús... ¿qué hora es? Me pregunto cómo estará Kerry... será mejor si yo...

-Ah ah... -Su padre ondeó una mano llena de cicatrices ante ella-. Llamó hace una hora... dijo literalmente "esto apesta, pero estoy sobreviviendo".

La mujer de pelo negro asintió lentamente.

-Maldición -dijo mordiéndose el labio-. Desearía que no tuviese que hacer esto.

-Enfría los motores, bicho... tienes ahí un pequeño astuto bombón... lo hará bien -le aconsejó Andrew-. Te he hecho algunos huevos y discos de jockey. -Se levantó-. Sienta tu trasero ahí, yo te los traeré.

Dar ahogó un bostezo y asintió mirando pensativamente la mesa mientras él desaparecía.



***



Kerry se sentía como si llevase colgada una diana roja y blanca con el blanco pintado de negro justo en su pecho mientras caminaba hacia el edificio. Ya tenía dolor de estómago y aún no se había subido en el ascensor. Saludó nerviosamente al guarda con un movimiento de cabeza cuando pasó por él.

-¿Srta. Stuart? -llamó el hombre inclinándose ligeramente hacia ella.

-¿Sí? -Se detuvo preguntándose si él tendría órdenes de no dejarla pasar o algo así.

Él rodeó el escritorio y se le acercó.

-¿La Srta. Roberts está bien? -preguntó moviendo sus pies nerviosamente y mirando alrededor-. Sé que normalmente vienen juntas, por eso...

Kerry le sonrió cálidamente.

-Está bien... gracias por preguntar -lo tranquilizó-. ¿Ha pasado ya alguien del piso catorce?

Él supo lo que le estaba preguntando.

-No señora... usted es la primera.

Kerry asintió.

-Ok... gracias... le diré a Dar que preguntó por ella. -Sus ojos verdes centellearon-. Deséame suerte para hoy.

Él se lamió los labios.

-Va a... -dejó la frase sin acabar.

-Oh no -Kerry negó con la cabeza firmemente-. Pero alguien tiene que sostener la bolsa de papel mientras todos los demás se lanzan por ella, ¿verdad? -Ella sabía que la noticia se propagaría en cuestión de minutos-. Dar me pidió que lo hiciera.

Él asintió.

-Entiendo. -Esbozó un saludo para ella-. Buena suerte, señora.

Kerry siguió su camino en solitario esplendor hasta su planta y saliendo a un pasillo completamente vacío. Sus pasos la llevaron primero al despacho de Dar. Ésta fue la primera vez que usó su llave. Entró donde María debería estar ya trabajando. La habitación se encontraba lúgubremente silenciosa. El escritorio de la secretaria estaba limpio como un alfiler, pero le faltaban los habituales objetos personales que María solía mantener allí. Sus fotografías enmarcadas, por ejemplo, y el intrigante prisma que esparcía luz por la habitación, el cual había sido un regalo de Dar.

Kerry se sintió irracionalmente triste ante la vista. Pasó una mano por la superficie de madera del escritorio mientras se la engullía una ola de frustración.

-Esto es tan insensato. -Agarró el contenido de la caja y se dirigió al despacho interior sintiendo la ausencia de su amante como un soplo físico. Notó que Dar lo había dejado todo de la manera que ya estaba, incluso los peces se encontraban depositados en solitario sobre la limpia superficie del escritorio con la luz de la ventana capturándolos en llamaradas de azul y rojo. La única cosa que se había llevado, reparó Kerry, eran los delfines que ella le había regalado.

-Oh, Dar. -Kerry exhaló sintiéndose enferma. El portátil se encontraba en silencio, dando un mudo testimonio del abandono de su dueña. Se preguntó qué habría pasado por la mente de Dar para desistir. Era la insignia tangible de su oficina, en realidad, lo que le daba acceso al corazón de la compañía. Dándole la autoridad, que ahora, aunque brevemente, descansaba en las manos de Kerry. Con un suspiro, cogió también lo que se encontraba en la caja de Dar. Rodeó el escritorio y se dirigió a la entrada trasera que daba a su propio despacho.

Sabía que podría encender el ordenador del despacho de Dar y trabajar desde allí, pero no tenía intención de mandar ese particular mensaje. Incluso tenía las palabras pase de Dar... la definitiva expresión de que su amante confiaba en ella. Si hubiera querido, podría haber derrumbado grandes sistemas informáticos por todo el mundo con la identificación y los accesos de Dar. Pero tampoco tenía ninguna intención de enviar ese mensaje.

Entró en su despacho y posó los papeles. Extendió su mano para encender el ordenador, agarró su taza y caminó a través del vestíbulo en busca de café.

Estaba de espaldas a la puerta, por lo que no vio quien había entrado, pero eso también le dio un momento para prepararse la respuesta que le iría a dar al recién llegado.

-Kerry -la voz de Mariana sonaba muy cansada.

La mujer rubia se giró y respiró profundamente.

-Hola.

-No esperaba verte aquí -le dijo honestamente la VP de Personal-. ¿Cómo está Dar?

Kerry bebió un sorbo de su café.

-Está bien... calmándose en casa. -Una pausa-. Intentó llamarte anoche.

La otra mujer suspiró y se reinclinó contra la pared.

-Salí y me emborraché -admitió Mariana-. Ví su número en el identificador de llamadas... iba a llamarla hoy. -Miró a Kerry-. ¿Sabes que Les ha puesto un punto de suspensión en su dimisión?

-Sí, lo sé -contestó Kerry quedamente-. Hablé con él -exhaló-. Vamos a mi despacho un minuto. -Siguió a Mari hasta la habitación y cerró la puerta-. Mira... no sé qué va a pasar... -comenzó.

-Él viene hacia aquí, Kerry -le anunció Mariana fatigadamente-. Y está muy disgustado.

-Lo sé -respondió Kerry-. Hablé con él ayer durante casi una hora... se lo conté todo... sobre José... sobre Eleanor... y sobre ese cerdo bastardo. -Se sentó en la esquina de su escritorio-. Y le dije que todo era culpa mía.

-¿Culpa tuya? -saltó Mariana-. Kerry, ¿de qué demonios estás hablando? ¿Qué quieres decir con que es culpa tuya?

-Me perdí. -La mujer rubia la miró fijamente-. Me... perdí... Dar estuvo todo ese tiempo sin ceder ante su acoso... no le dijo ni una palabra... y podía haber limpiado el campamento con él -le dijo a Mari-. Y yo lo estropeé... lo estropeé, porque no conseguí mantener la boca cerrada cuando él me picó. -Posó su taza de café y dio un paso-. Sin eso, él no tenía nada, nada, Mari... incluso con esas estúpidas fotografías seguía sin tener nada... pero con eso... ya tenía suficiente... -Se detuvo y se apoyó en el frío vidrio de la ventana-. Acertó a Dar en su punto débil -concluyó suavemente-. Yo.

Mariana se sentó lentamente en una de las sillas para las visitas.

-No -discrepó quedamente-. Oh, sí, quiero decir que claro... tienes razón, pero él nunca debería haber llegado tan lejos, Kerry. -Se apoyó en los codos-. Dar tenía razón... yo debería haberlo parado.

La mujer tenía un aspecto como si un camión hubiese pasado por encima de ella. Kerry suspiró.

-Bueno, no tiene sentido llorar por la leche derramada, es lo que dicen siempre. -Se giró y contempló su correo haciendo una mueca de dolor ante las páginas y páginas de mensajes marcados como urgentes-. Veamos lo que pasa cuando llegue Les... sé que considera a Dar un empleado muy valioso.

-Lo hace -concordó Mariana-. Ella se ha arriesgado por él en numerosas ocasiones... ella se ha arriesgado por todos nosotros y por eso es por lo que todo esto es tan... repugnante.

Kerry contempló sus manos que estaban plegadas sobre el escritorio.

-Dijiste que deberías haberlo parado... ¿por qué no lo hiciste?

La mujer más mayor miró la alfombra.

-He pasado media noche pensando en eso -admitió-. Y la conclusión a la que he llegado es que estaba demasiado habituada a que Dar hiciera el trabajo sucio... llevándose los golpes y atrayendo el fuego hacia ella que todos nosotros deberíamos llevar... -Hizo una pausa-. Era más fácil limitarme a quedarme en la retaguardia y ver cómo ella se encaraba con él... nunca pensé ni por un momento que él se le igualaría en el paso... él está fuera de su liga.

Kerry asintió aceptando aquello.

-Esperaba que ese fuera el caso... -dijo suavemente-. Esperaba que todos estuviésemos de pie tras ella para aguantarla cuando se dejase caer. -Levantó la vista hacia la expresión sobresaltada de Mariana-. Una vez me dijo... que todos en los que había confiado en los negocios se habían girado contra ella... y anoche, antes de irnos a dormir, me dijo que si yo... si resultaba que me encontraba a todos aquí... celebrando... su ida, que no debía sentirme mal por ello.

Una suave exhalación.

-Kerry, creo que sabes que eso no es cierto -dijo Mari alzando una mano-. Tienes doce despachos vacíos que lo prueban -declaró-. Tienes una división en pedazos, al CEO viniendo hacia aquí en el primer vuelo... Duks ni siquiera vendrá hoy, diablos... yo sólo he venido porque no tenía más remedio... todo el material que iba a acertar en el ventilador va a acertar en MI ventilador... por dios, la mayoría de la gente no la odia.

-Lo sé -reconoció suavemente la mujer rubia-. Pero, supongo que... los que lo hacen son mucho más oralmente, o por lo menos es lo que parece a veces. -Giró un lápiz entre sus manos-. Cuando comencé a trabajar aquí... todo lo que oía durante las primeras semanas... era sobre la horrible perra que era ella.

Mariana se mordió el labio inferior.

-Tuve que darme cuenta por mí misma de lo muy equivocados que estaban -Kerry suspiró-. Pero mucha gente no le da esa oportunidad.

-Ella no lo pone fácil -declaró Mari quedamente-. Mantiene a todos a un brazo de distancia, Kerry... hasta a Duks y a mí, y somos amigos desde hace años -suspiró-. Incluso a Mark... que todos sabemos que está perdidamente enamorado de ella.

Los labios de Kerry se tensaron en una débil sonrisa.

-Sabes, yo nunca la he visto así... quiero decir, supe que tenía un lado duro, porque lo había visto manifestado, pero siempre había algo... no sé... siempre pude ver que había algo más allá que la hembra alfa.

-Bueno -Mariana le dirigió una mirada torcida-. Tú estabas en unas circunstancias mitigantes, como les gusta decir a los abogados -ponderó aquello-. Pero veo a lo que te refieres... si todo esto sale bien, creo que necesitamos cambiar la manera de hacer algunas cosas... hacer cosas en grupos de trabajo para intentar reducir algo del estrés y la lucha cuerpo a cuerpo.

Kerry aceptó aquel comentario.

-Bueno, ya veremos... y, aunque ella lo reconsidere, no volverá esta semana.

Las cejas de Mari se juntaron.

-¿Tan mal está de la pierna? Pensé que...

Kerry suspiró y jugueteó con su lápiz.

-No... anoche tuve que llevarla al hospital... tiene una contusión... una hinchazón en el interior del cráneo -admitió.

-Dios bendito... ¿y ella está bien? -preguntó Mari genuinamente interesada-. Eso podría ser...

-Peligroso... sí -la mujer rubia asintió silenciosamente-. Ella está bien... está tomándoselo con calma... tengo a alguien allí para hacerle compañía. -Levantó la vista-. Así que... sólo estoy yo. No tengo ningún personal de apoyo, no tengo su experiencia, y si me vienen con alguna mierda cuando pase por el vestíbulo me marcho de aquí.

Mari se puso de pie.

-Iré a hablar con ellos -declaró quedamente-. Creo que se alegraran de verte, no dirán ni pío, me aseguraré de ello.

El teléfono de Kerry sonó y ella observó en la pantalla que se trataba de una llamada remitida desde el despacho de Dar.

-Aquí vamos -pulsó el botón-. Operaciones, Stuart.

-Soy John Adams en Providencia... tenemos un pedido pendiente para un nuevo circuito para una semana... ¡qué diablos está pasando ahí abajo!

Kerry suspiró interiormente mientras le dirigía una mirada a Mariana.

-Solo un momento... ¿cuál es el ID de vuestra cuenta? -Escribió un número y comenzó a trabajar.



***
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 8th 2017, 11:31 am

Ambos se encontraban un poco nerviosos y con la lengua un poco atada, comprendió Dar mientras permanecían sentados en silencio en el sofá con Chino sobre su estómago. Él se encontraba sentado en el sillón de espaldas a la ventana y su cara entre las sombras de la capucha de su sudadera. Bueno, ninguno de los dos era buen conversador, pero alguien tenía que empezar.

-Tú, ¿tienes un sitio donde quedarte? -le preguntó, quedamente, bebiendo de un gran vaso de leche con chocolate.

-Un par de ellos -contestó su padre-. Este sitio, aquel sitio... ya sabes. -La contempló en silencio durante un momento-. Hago algunas cosillas aquí y allá, ellos me dieron esta tarjeta... -Sacó una pequeña cartera del bolsillo de su cintura y de ella una tarjeta de color plateado que parecía de crédito-. Sólo tengo que pagar todo con esto, ellos cuidan de mí.

Dar asintió lentamente.

-¿Por causa de mamá? -arriesgó en su suposición recordando los a veces oscuros e insondables modos del gobierno.

-Sip -dijo guardándose la cartera-. Ella recibe mi pensión... los beneficios... es así como lo quiero. Ellos toman cuenta de mí. -Su voz parecía acabar la sesión de preguntas.

Muy bien, segundo asalto. Ding ding. Dar volvió a asentir con la cabeza mientras jugueteaba con una de las suaves orejas de Chino. Después levantó la mirada y estudió su rostro, contemplando las cicatrices que habían torcido la carne formando una máscara casi irreconocible.

-¿Qué ocurrió? -hizo una pausa-. Si quieres contármelo. -Despúes simplemente esperó.

Él pensó durante mucho tiempo.

-Fue sólo una maniobra que salió mal -pronunció finalmente, casi sin ninguna emoción en la voz-. Fuimos a examinar un material del que habíamos oído decir que podría tratarse de un arma química, era una trampa, tres tipos murieron y yo acabé deseando ser uno de ellos.

Dar consideró aquello. Hablar sobre emociones y sentimientos era algo que hacían bastante mal, y ella lo sabía, pero...

-Sólo voy a decir esto una vez -declaró suavemente-. A mamá le importaría un comino tu aspecto.

Él estudió sus manos en silencio.

-Lo sé -admitió, cayendo en silencio otro poco-. Ella no quería que me fuese esa vez -acabó por añadir calladamente.

-Lo recuerdo -Dar exhaló serenamente-. Pero yo pensé... -Habían arreglado las cosas, o al menos eso es lo que le había parecido a Dar, su madre se perturbaba, sí, pero siempre lo soportaba.

-Sip, bueno, me llegó a decir que si iba, ella ya no estaría allí cuando regresase -afirmó Andrew rotundamente-. Me dijo que era opción mía. -Pestañeó unas cuantas veces, sus ojos se movían inquietos en la cara llena de cicatrices.

Dar estaba realmente alucinada.

-Ella no te habría dejado.

Dos dolidas órbitas azules se alzaron hacia las suyas.

-No fue su marcha... fui yo, la forma en que lo vio -tragó saliva-. Ella tenía razón, bicho, era mi opción... y escogí ir. -Tomó aire-. Pensaba que podría arreglar las cosas cuando regresase.

Dar absorbió aquello.

-Sólo estaba intentando que te quedases -dijo finalmente-. Temía por ti... tenía miedo de perderte -protestó-. Habría estado allí cuando volvieses y lo sabes.

Sus ojos se cerraron.

-Me gusta pensar eso. -Su voz era serena y triste-. Es el pequeño entretenimiento al que juego en mi cabeza, haciendo que no me vuelva loco y me tire de algún puente en cualquier sitio -su voz estaba ligeramente rota.

-Papá... ¿por qué no la llamas? -Dar se inclinó hacia delante haciendo que la escuchase-. Puedes ir a casa, ella lo entenderá, lo sé.

Un suspiro muy cansado.

-No puedo -respondió suavemente-. Porque no sé... ¿sabes? Y si ella ya no... si ella lo asumió, o si ella... -Una agonizante pausa-. No puedo encararlo, Dar, no puedo vivir con eso, ¿me entiendes? -Se defendió mansamente-. No puedo encarar que ella no... -Se detuvo, su garganta tragaba ruidosamente.

Dar liberó su aliento sostenido durante un doloroso momento.

-Oh, papá -murmuró.

Él suspiró.

-Entiendo que no tenga mucho sentido para ti. -Se frotó los ojos con una mano impaciente-. Maldición.

Ella lo miró fijamente con completa comprensión.

-Sí que lo tiene.

Andrew absorbió aquello durante un largo y pensativo momento. Después miró a su hija.

-¿Alguien le hizo daño a mi niña pequeña? -Un destello de fresco peligro entró en su voz. Él esperó el golpe viendo el maxilar de ella contraerse y relajarse.

Dar sacudió su cabeza de un antiguo dolor recordado.

-Agua bajo el puente, papá, digamos simplemente que fui tras lo que mamá y tú teníais, y creí haberlo encontrado -le dijo sosegadamente-. Pero estaba equivocada. -Por primera vez vio claridad entre los espesos arbustos, y tuvo la seguridad de que había puesto su corazón en el lugar correcto.

Su último año en la universidad, todo parecía maravilloso... buenas notas, buenas perspectivas en la compañía para la que había trabajado durante cuatro años, y un delirante y excitante buceo en el amor que la dejaba mareada y le aseguraba que había encontrado su otra mitad.

Sí.

Cuatro meses de felicidad, seguidos de dos de infierno en los que todo se reveló. Sus pesadillas se encontraban llenas de una burlona voz que le decía lo inadecuada que era. No tenía ningún recuerdo de la graduación, el talento bruto y crudo y la inteligencia que le habían permitido mantener el grado de matrícula de honor. "Eres una persona inculta, ruda y mediocre que pasará toda su vida como una gerente de mediana categoría soñando lo que podría ser".

Su parte nueva e inexperta casi había creído en aquello.

Una pesadilla de depresión, alcohol y desesperación la había seguido, llevándola una noche bajo un puente, con una pistola y un momento en el que su odio hacia sí misma fue tan intenso que hasta pudo sentirlo.

Aún no sabía qué era lo que la había detenido. Sólo se acordaba de salir andando debajo de aquel puente a la mañana siguiente, mirando el nuevo día y decidiendo que aún no iba a dejar de vivir.

Había una venganza pendiente.

Había llevado unos cuantos años, pero se sintió muy satisfecha cuando todas las piezas encajaron en su sitio y la compañía adquirió una prestigiosa firma. Y la recientemente gerente regional Dar Roberts usó el chuchillo con decisión rebanando pulcramente el plan de diseño e investigación llamándolo...

Mediocre.

Encarando a su antigua amante.

Dar había firmado personalmente los documentos del cese y disfrutando inmensamente con ello. Tenía la expresión de Shari en la cara cuando los entregó.

Junto con su tarjeta.

Que tenga un buen día.

-Yo... prácticamente había perdido el interés después de aquello. -Dar despidió a sus recuerdos.

-Hum -gruñó su padre-. Hasta ahora. -La miró con astucia-. Porque no sé lo que sientes por ella, pero esa pequeña chica de ojos verdes ha perdido la cabeza por ti, bicho.

Dar sonrió llena de alegría.

-Hasta ahora -reconoció-. Cuando encontré a Kerry comprendí que finalmente había encontrado aquella cosa real. -Sus ojos se encontraron con los de su padre-. Por eso te entiendo, papá.

Él caminó hacia ella y se sentó a su lado. Ambos se observaron en confortable silencio.



***


Sonó el teléfono por lo que le parecía a Kerry la milésima vez. Kerry se lo quedó mirando apoyando su cabeza en una mano.

-No, no, no lo sé, no, aún no está listo, no tengo ni idea, no, ella no me lo dijo, no, y no -murmuró. Después pulsó el botón-. Operaciones, Stuart.

-Hola.

Fue como una bocanada de ambrosía. Kerry encontró una sonrisa formándose en su cara incluso antes de que las sílabas se marchitasen y dejase salir un sereno suspiro.

-No sabes lo bien que sabe oír una voz amiga.

-Mm... violento, ¿huh? -retumbó suavemente Dar a través del aparato-. ¿Cómo está eso?

-Apesta. -Kerry se frotó los ojos-. Me siento como si me hubiese arrastrado durante todo el día tras un camión del vertedero lleno de pollos podridos -respondió-. Les está aquí, está de reunión con Mari y los otros desde hace un par de horas. -Hizo una pausa-. ¿Cómo te sientes?

-Eh -contestó Dar-. Dormí hasta tarde, siento que va a ser una lata todo el día. Papá y yo estuvimos hablando un rato, después comimos algo... ahora estamos viendo el Cazador de Cocodrilos -dudó-. Gracias, ya de paso, por pedirle que se quedase por aquí.

Kerry sonrió y apoyó un lápiz contra su labio inferior.

-Pensé que te gustaría la compañía -respondió sosegadamente levantando la mirada cuando su teléfono sonó-. Espera un minuto. -Puso a Dar en espera y atendió por la otra línea-. Operaciones.

-Srta. Stuart -la voz de Les sonaba tranquila y bastante austera.

-Sí, soy yo -respondió Kerry sintiendo saltar su estómago-. ¿Qué puedo hacer por usted?

-Estamos teniendo una reunión en la sala de conferencias, ¿podría venir, por favor?

-Claro -contestó Kerry uniformemente-. Ahora mismo. -Colgó y respiró profundamente antes de atender la otra línea-. Hola.

-¿Malas noticias? -inquirió Dar.

-No sé... era Les... quiere que vaya a la sala grande de conferencias -le contó Kerry-. Mira... lo peor que puede pasar es que me despidan, Dar... y como que... me da igual, ¿sabes? -Sacudió ligeramente la cabeza-. Después del día de hoy, probablemente hasta le quede agradecida.

-Mm -Dar consideró aquello-. Relájate, sé honesta y no dejes que te sacuda -instruyó sosegadamente a Kerry-. Mantén la cabeza alta... sólo has hecho bien a la compañía, Kerry.

Sintió que se tranquilizaba con aquellas palabras.

-De acuerdo... creo que puedo hacerlo -respondió-. Pero si él o alguien más empieza a echarte por tierra están fritos.

Una suave risa le contestó.

-Ésa es mi Kerry.

La mujer rubia sonrió abiertamente.

-Apuesta por mis botas. -Se levantó y enderezó el cuello de su camisa, tras lo cual se puso la chaqueta-. Deséame suerte. -Suspiró-. Te llamaré de una manera u otra cuando salga de allí.

-Buena suerte -deseó Dar obedientemente-. Estoy contigo.

Los ojos verdes centellearon suavemente ante la luz del atardecer.

-Lo sé -respondió-. Hablaré contigo después. -Colgó y pasó una mano por su pelo-. Muy bien... vamos allá.

Era un paseo corto hasta la sala de conferencias y aprovechó para reunir sus conocimientos junto con lo que Dar le había dicho mientras llegaba hasta la puerta y llamaba con unos ligeros golpecitos.

-Entre -sonó la voz de dentro. Giró el picaporte, tiró de la puerta hacia ella y entró en la habitación donde la hostilidad era tan densa que era casi como un paño de humo. José, Eleanor y Steve estaban allí, junto con Mariana y, por supuesto, Les. Kerry alzó un poco la barbilla y caminó sobre la alfombra hasta la silla del final, directamente en frente del CEO. Apoyó sus manos en el respaldo de la silla y los miró fríamente.

-Siéntese, Srta. Stuart -le ofreció Les cortésmente. Sus ojos la observaban con interés.

Kerry se sentó en la silla, la misma que solía ocupar Dar. Posó sus manos sobre la mesa y levantó la cabeza en actitud de oyente.

Esperó pacientemente. Hizo que ellos hablasen primero, como le había aconsejado Dar. Déjales que tracen la línea antes que tú.

-Bien. Tenemos aquí un buen enredo. -Les se aclaró la garganta y empezó.

-Sí, lo tenemos -asintió Kerry ligeramente-. He hecho todo lo que he podido, considerando las circunstancias.

-¡Eso es mentira! -Steve se levantó-. No has hecho nada que no sea fastidiar las cosas...

-Cállate -le saltó Kerry-. Desorientado, invertebrado e inútil pedazo de machista. -Captó la ceja gris de Les elevarse sobre la mesa y se levantó sintiendo la sangre bombear por su cuerpo-. Nunca en mi vida he visto una colección de personas tan inútiles como ésta.

-Hey, no puedes... -José se levantó desafiándola.

-Claro que puedo -respondió Kerry acalorada-. Vosotros no seríais capaces de averiguar el uso de una bolsa de papel si Dar no escribiese las instrucciones dentro, y tenéis las pelotas de estar aquí criticando una situación que es por VUESTRA MALDITA CULPA. -Su voz pasó a ser un grito. Toda la rabia que venía acumulando durante dos días explotó.

-¡Nosotros no le pedimos que dimitiese! -respondió José.

-Oh, ¿pero no era eso lo que andabais buscando? -Se opuso Kerry inclinándose hacia delante sobre sus manos-. ¿Entonces para qué contratar a alguien con instrucciones específicas de abalanzarse contra ella? -Apuntó a Steve que se encontraba hirviendo a su lado-. Alguien que recibió instrucciones por escrito de TI -apuntó a José- para "encontrar el punto débil de esa perra y hundirle el cuchillo en él"... ¿no era esa la cita?

Silencio.

-Bueno. Ya tenéis lo que queríais -continuó Kerry-. Y ahora el problema es que todos sabemos que lo único que mantenía la jodida compañía en movimiento era ella. Vosotros por supuesto que no podéis -una larga pausa- yo no puedo, después del día que llevo hoy no consigo imaginar cómo demonios se las arregló para hacerlo durante tanto tiempo.

José miró fijamente a Mariana, quien mordía su lápiz.

-¿La vas a dejar salirse con la suya?

La VP de Personal se encogió de hombros.

-EEOC, José, dejé que el Sr. Fabricini le dijese cosas peores a Dar en la cara, no puedo impedir que la Srta. Stuart diga lo que piensa.

-Eso es porque tú y ella sois íntimas como los ladrones... -declaró Eleanor acaloradamente-. No hay nada que podamos hacer...

-Disculpen -ladró Les.

Todos lo miraron en silencio.

-Gracias. -Se ajustó la corbata-. Agradecería que se marchasen todos a excepción de la Srta. Stuart. -Hizo una pausa-. Ahora.

Salieron en silencio evitando la mirada de Kerry salvo Mariana, que le palmeó el hombro cuando pasó.

El sonido de la puerta al cerrarse tras ellos le pareció increíblemente alto a Kerry, pero no mostró reacción alguna. Se sentó y plegó sus manos sobre la mesa.

Les la consideró a través de la longitud de la mesa de conferencias. Después se levantó y fue hacia donde estaba ella apoyándose en la esquina de la superficie de madera y cruzando los brazos sobre su pecho.

-Esa fue una grave insubordinación, Srta. Stuart -le remarcó fríamente.

-Lo sé -respondió Kerry levantando la vista hacia él-. Oigo lo que ocurre en mi departamento.

Les Roesenthal tenía unos grisáceos ojos azules, casi tan impactantes como los de Dar. Ahora mismo, la estaban observando con una débil señal de... algo.

-Su anterior jefa no era conocida por ser una jugadora en equipo.

Anterior. Kerry se sintió un poco triste.

-No, es sólo que se niega a jugar en un equipo perdedor -respondió.

Él asintió ligeramente.

-Tengo su puesto por cubrir, Srta. Stuart... usted es inteligente, astuta... creo que quedaría bien en él.

Kerry lo miró fijamente.

-Respetuosamente, señor, no trabajaría para alguien que dejase irse a alguien como ella sin una justificación.

Él irguió su cabeza.

-Creo que es el más educado "bésame el culo" que he oído alguna vez, Srta. Stuart -comentó Les-. ¿Entonces no quiere el puesto? Implica un buen aumento, buenas pagas extra, un gran paso para alguien con su edad y su nivel de experiencia.

Los ojos verdes brillaron peligrosamente.

-Creo que no me he explicado bien -Kerry se aclaró la garganta-. Béseme el culo. -Hizo una pausa-. Señor.

El CEO se rascó el maxilar, se levantó del escritorio y tiró de la silla que estaba al lado de ella, se sentó quedando ambos con las rodillas rozándose.

-Sabe, Srta. Stuart... cuando entró en la plantilla, apenas pensé que Dar se había vuelto chiflada -jugó con sus dedos entrelazados-. No tenía ni idea de lo que pretendía, pero le dejé seguir adelante porque confío en su juicio. -Hizo una pausa reflexivamente-. Ella se ganó esa confianza.

Kerry permaneció callada, limitándose a mirarle a la cara.

-¿Cree que puede conseguirme una charla con ella? -Ahora los ojos azules grisáceos tomaron un débil centelleo.

La mujer rubia bajó la vista hacia la mesa, escondiendo una sonrisa, y después la volvió a levantar.

-Sí... puedo hacerlo -respondió serenamente-. Ella está en casa.

Les le sonrió.

-Bien.

Kerry tomó un respiro.

-Eso era una prueba, ¿verdad? -arriesgó a decir cautelosamente-. ¿Lo de ofrecerme el puesto? -Los ojos centellearon ahora visiblemente-. ¿Pasé? -se atrevió.

-Como una campeona -respondió él con una risita-. Probó ser una verdadera discípula de Dar, Srta. Stuart... así que tómelo con calma.

Kerry exhaló.

-Lo siento, ha sido un día muy largo -admitió mientras se levantaba y caminaba hacia el teléfono que descansaba en el mueble junto a la pared-. Aguarde. -Marcó un número sin sorprenderse de que fuese cogido antes de que diera un toque-. Hola.

-Hey -la voz de Dar sonaba preocupada-. ¿Va todo bien?

-Eso creo -le dijo Kerry en voz baja-. Les quiere ir a verte.

-Ah. -Su compañera ponderó el asunto-. Sí... claro, ¿por qué no? -respondió-. Si lo traes podrías llevar luego a papá fuera de la isla, danos unos minutos para prepararnos.

-Vale -Kerry sintió una agradable sensación de alivio envolverla-. Te veo dentro de un rato. -Colgó y volvió a la mesa de conferencias-. Le puedo llevar si quiere -le dijo al CEO.

-Es la mejor oferta que me han hecho en todo el día -respondió Les alegremente-. Vamos.



***

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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 8th 2017, 11:31 am

Dar colgó el teléfono y miró a su padre.

-Bien. -Se refregó la cara-. Supongo que me vendrá bien darme una ducha y vestirme, mi jefe viene hacia aquí.

Andrew puso las manos tras su cabeza y estiró el cuerpo, muerto tras una larga tarde de ver cocodrilos.

-¿Te llevas bien con él?

-Mas o menos sí -Dar se puso de pie, agarró sus muletas y se dirigió hacia su dormitorio-. Vuelvo enseguida.

Su padre rascó la cabeza de Chino y cruzó los tobillos.

-Ten cuidado, Dardar, no te resbales ahí dentro.

La mujer de pelo negro se detuvo, inadvertidamente, en la puerta, y lo miró con silencioso afecto. Después sacudió su cabeza y se metió en el cuarto de baño. Se quitó el pijama y puso el agua a correr. Esperó por un momento mientras se quitaba la abrazadera de la pierna y después pasó cuidadosamente al plato de ducha. La pierna le dolía un poco, pero nada relacionado con el día anterior. Se sintió un poco optimista mientras cojeaba bajo el agua cálida.

Era una sensación estupenda. Lavó su cuerpo cuidadosamente evitando los arañazos del viaje. Lavó su pelo con cuidado alrededor del inmóvil bulto blando que tenía más arriba de la oreja. Sin embargo, parecía que había disminuido de tamaño. Se quedó de pie bajo la fuerza del agua durante varios minutos, aliviando la tensión acumulada.

Renuentemente cerró el agua y salió de la ducha agarrando una de las largas toallas playeras que tenía en el cuarto de baño para secarse. Se envolvió con ella y agarró otra usándola para secarse el pelo antes de salir del baño y moverse cautelosamente hacia su cuarto sin sus muletas.

Hmm. Probó su pierna cuidadosamente, contenta con el resultado. No está mal, consideró. Se encogió de hombros y cogió un polo y unos pantalones vaqueros. Vistió el polo y se miró con curiosidad en el reflejo del espejo.

-Tiene que ser -se hizo una cara torcida a sí misma y se cepilló el pelo rápidamente.

-Hey, ¿Dardar? -la llamó su padre desde la otra habitación.

-¿Sí? -Cojeó hasta la puerta y salió encontrándolo cerca de las puertas corredizas de vidrio-. ¿Qué pasa?

Él se giró.

-Hey, ¿dónde están las malditas muletas?

-En el cuarto, está bien. La pierna está mucho mejor -comentó Dar poniendo una mano contra el vidrio.

-Uh huh -sonó escéptico-. Me creería lo que estás diciendo si fuera yo quien lo dijese, he llegado a mentir a un línea azul.

Dar lo miró y se rió entre dientes irónicamente meneando su mano.

-Duele, pero la espalda me está matando por usar esas condenadas cosas, necesito un descanso -admitió-. De todas formas me voy a sentar, ¿Quieres mostrarme algo?

Andrew pareció nervioso de repente.

-Nah, bueno... -se aclaró la garganta-. ¿Aún vas allí? -Su cabeza indicaba el mar.

Dar asintió.

-Dejé de hacerlo por un tiempo -admitió tranquilamente-, pero a Kerry le encanta, se sacó el certificado y hemos estado yendo casi todos los fines de semana.

-Bien por ella -declaró Andrew.

Una suave risa.

-Ella volvió a meterme en un montón de cosas... -la mujer de pelo negro suspiró-. Yo estaba... -dudó- considerando volver a la competición.

Los ojos de su padre se iluminaron.

-¿En serio? -La estudió seriamente-. Parece que podrías. -La atizó experimentalmente-. Eres mejor que algunos de los cachorros que me mandaron la última vez, te lo puedo asegurar.

Dar rió un poco avergonzada.

-Sí, eso lo he mantenido... -murmuró-, y tú eres el responsable de ello, siempre pensé que te defraudaría si lo dejase.

Andrew permaneció en silencio por un momento. Le puso una cariñosa mano en el brazo.

-Bicho, nunca podrías decepcionarme -su voz era sincera-. No importa lo que acabes haciendo, ni lo que acabes siendo, eres mi niña, y no hay nada en la vida que cambie eso.

Dar se encontró incapaz de responder y se le hizo un nudo en la garganta.

-Nada de ese material blando. -Andrew se aclaró la garganta-. Si vuelves a eso me vas a oír, ¿entendiste? -Extrajo una tarjeta blanca de su bolsillo y se la dio-. Aquí me encontrarás.

Un número de busca. Dar sonrió y se lo metió en el bolsillo de la camisa. Fue cojeando hasta su maletín y, mientras descansaba en una silla, sacó una de sus propias tarjetas. Garrapateó el teléfono de la casa en la parte de atrás y se la dio a él.

-Cambio a cambio -le dijo-. Llámanos de vez en cuando.

Miró fijamente la tarjeta mientras la giraba sobre sus dedos. Se la guardó cuidadosamente sin decir una palabra.

Los dos oyeron el sonido de un coche fuera.

-Apuesto a que son ellos -declaró Dar sosegadamente-. Gracias por quedarte hoy por aquí.

-Eso puedes agradecérselo a kumquat, fue idea suya -masculló Andrew-. Bueno, saldré por detrás y la esperaré, cuídate, ¿oíste, bicho?

Dar lo abrazó sintiéndolo tensarse por un momento y luego relajarse devolviéndole el abrazo.

-Te quiero, papá -susurró-. Te echaré de menos.

Él tomó aire de forma insegura y le dio unas palmaditas en el costado.

-Yo también. -Se soltó y se aclaró la garganta-. Sé buena. -Le dio otra palmada en el brazo y se deslizó en la oscuridad por la puerta de atrás.

Dar permaneció mirando hasta que la silueta se mezcló con el follaje. Se giró cuando escuchó pasos fuera en la puerta central.


***


Kerry estacionó el Mustang junto al Lexus de Dar y miró a su pasajero. Les había estado mirando alrededor con gran interés y, a cambio, le dio a ella una oportunidad para estudiarlo. Andaba por los sesenta, de media altura y rechoncho, con el pelo gris y ojos inteligentes. Tenía una cara redonda con una nariz chata y cejas espesas que se movieron cuando se giró para mirarla.

-Bonito sitio. -Habían charlado agradablemente sobre el sitio mientras ella conducía evitando mencionar el trabajo.

Kerry asintió.

-De acuerdo, bien, éste es el apartamento, así que... -Abrió la puerta y salió. Esperó a que él se le uniese antes de seguir y subir las escaleras. En cuanto se acercaba a la puerta dudó y alzó la mano para llamar, pero luego tomó una decisión silenciosamente y, en vez de llamar, fue con los dedos hasta el teclado numérico y abrió la puerta con su código.

Les no hizo ningún comentario.

-Después de ti. -La mujer rubia abrió la puerta y la sostuvo gesticulando con la otra mano. Un rápido vistazo dentro le permitió ver a Dar apoyada casualmente contra el respaldo del sillón contemplándolos. No había señales de Andrew, pero tampoco esperaba que las hubiese-. Hola.

Los ojos de Dar se encontraron con los suyos y le hizo un diminuto guiño.

-Hola. -Su atención se centró en Les-. Hola, Les... entra.

Kerry alzó una mano y retrocedió un paso.

-Hasta luego.

Dar alzó una mano en respuesta, y observó la puerta cerrarse tras su amante tras lo cual volvió su mirada hacia su jefe.

Se contemplaron en silencio durante un momento. Dar exhaló y se levantó.

-Siéntate, ¿quieres una bebida?

-Creo que necesito una -respondió Les irónicamente aceptando la invitación y sentándose en el sofá, recostándose hacia atrás y mirando alrededor-. Bonito sitio, Dar.

La mujer de pelo negro asintió.

-Gracias. -Fue cojeando hasta el armario que estaba contra la pared y cogió una botella. La abrió y vertió parte del dorado licor en dos vasos. Volvió a posar la botella y regresó. Le ofreció a Les su vaso y se sentó en la silla enfrente de él.

-Y bien. -Tomó un sorbo. Sus cejas se elevaron ante el sabor-. Muy bueno -añadió con aprobación.

-Me acordé de que te gustaba el whisky escocés -comentó Dar tomando un sorbo de su propio vaso. El alcohol de veinte años incendió calurosamente mientras descendía.

-Sí que me gusta -afirmó Les-. Sí que me gusta. -Miró alrededor -. Sabes, Dar... no es que haya pensado un montón de tiempo en ello, pero no te imaginaba en un sitio así. -Sus ojos fueron hasta el equipo informático-. Un apartamento de alta tecnología en las afueras de Brickell, claro... pero...

Dar sonrió brevemente.

-Me lo dio una tía mía.

Cayó un silencio embarazoso.

-Entonces -volvió a decir Les-, ¿qué vamos a hacer ahora, Dar? -Bebió unos sorbos de su whisky y la miró por encima del borde de su vaso-. Pienso que comprenderás que tengo a alguien de mucho peso sentado sobre esa demanda de dimisión tuya.

Dar consideró aquello.

-Adulador -comentó brevemente.

-Vamos a dejarnos de mierdas entre nosotros -le aconsejó Les-. Ambos sabemos que te considero una parte esencial de mi equipo de dirección, y me mataría perderte. -Hizo una pausa-. Especialmente por algo tan ridículo... -esperó, pero ella no hizo ningún comentario-. Así que, ¿qué es lo que realmente ocurre, Dar? He oído la parte de Mari y la de José y no lo capto, ¿qué es lo que hizo que abandonases todo y te marcharas?

Dar lo consideró en silencio durante un momento. Exhaló.

-Buena pregunta. -Una pausa y sacudió la cabeza ligeramente-. Tiene que ver con que en el último mes he sido atacada más veces por mi propia compañía que por alguno de nuestros competidores... y quizá haya empezado a preguntarme qué demonios es lo que estoy haciendo allí.

Les pensó en ello dando sorbos a su bebida silenciosamente.

-Eres una chica de perfil alto, Dar, siempre atraerás hondas y flechas y lo sabes -aventuró-. ¿Era tan malo ese tipo como una aguja en los calzoncillos?

Un encogimiento de hombros.

-Quizá. -Contempló la mesa-. Quizá porque era personal, no profesional... quizá el que fuese compañero mío en la universidad y lo hayan traído aquí deliberadamente para atacarme... -comentó cambiando el vaso de mano-. Pero supongo que me podría haber encargado de eso.

Les asintió dos veces.

-¿Pero?

-Pero él fue detrás de mi gente -concluyó Dar-. Y yo ya había tenido bastante. -Levantó la mirada hacia Les- Ya he tenido bastante de ser la perra prostituta del infierno hasta que se necesita algo.

Les se inclinó hacia delante.

-Dar, el hecho de que la mayor parte de las operaciones estén paradas completamente y que tengo más de cincuenta escritorios vacíos, debería decirte que no todos lo sienten así -contestó seriamente-. Y creo que sabes que yo no siento eso en absoluto o no estaría sentado aquí ahora mismo. Estaría en mi casa en Plano, viendo un partido y pensando a quién iba a promover para VP de Operaciones.

Dar se aclaró la garganta ligeramente.

-Debí haberte llamado primero -admitió-. Te lo debía.

Una diminuta sonrisa cruzó el rostro de Les.

-Una disculpa de Dar Roberts, gracias a dios que estoy sentado -bromeó con ternura-. De todas formas, me alegro de haber venido, para ver las cosas por mí mismo. -Se recostó en el sofá-. Tengo que reconocer que tienes problemas aquí. Y quería conocer a esa misteriosa ayudante tuya que parece que está causando todos esos problemas en desproporción con su tamaño.

-Ella no causa los problemas -gruñó-. Los resuelve.

Les se rió entre dientes suavemente.

-Ya me he dado cuenta, por eso le he ofrecido tu puesto.

A Dar le costó todo su autocontrol mantener una cara de medio interés en vez de tensarse.

-¿Y? -preguntó forzando una sonrisa perezosa en su cara-. Quedaría bien en él.

El CEO la miró intensamente. Asintió ligeramente con la cabeza.

-Eso fue lo que le dije, y su respuesta fue que le besase el culo -comentó secamente-. Lo que parece ser una tradición de tu departamento.

La sensación de alivio casi la estranguló. Dar tuvo que tomar aire varias veces, enmascarándolas bebiendo unos sorbos de su bebida, antes de poder contestar.

-Hace parte de la integración -pronunció con lentitud-. Ella lo aprendió más rápido que la mayoría. -Bendita seas, Kerry... seguí a mi corazón cuando vine hacia ti y eres la primera persona que no me clava un puñal en él-. ¿Quién es tu segundo candidato?

Les exhaló mientras contemplaba sus manos pensativamente.

-No tengo ninguno, esperaba poder convencerte de que volvieses. -Hizo una pausa-. Sólo quería ver qué diría la Srta. Stuart, y, básicamente, dijo exactamente lo que esperaba. -Hizo otra pausa y la miró-. Sabía que confiabas en ella y quise ver por qué.

La expresión de Dar se ablandó un poco.

-¿Y lo viste?

Él asintió.

-Sí, lo vi. -Esperó a que ella continuase, pero se mantuvo en silencio-. Así que... ¿qué te parece, Dar? Te ofrecería más dinero aunque no creo que eso sea lo que realmente te interesa.

La mujer de pelo negro se aclaró la garganta.

-No, tienes razón... -Alzó una mano dejándola caer enseguida-. Necesito dos cosas.

Les se inclinó hacia delante expectante. Sus ojos se afilaron y esperó.

-Mi estructura de organización permanece intacta -enunció Dar cuidadosamente-, completamente intacta.

El CEO frunció los labios.

-Política sensata, eso es un asesinato.

-Lo sé -respondió Dar-. Pero necesito que sea así.

Él tamborileó con los dedos.

-Vamos a tener que marcar puntos sobre las revisiones y todo eso -murmuró él-. De acuerdo, es una pesadilla de personal, pero lo haré. -Hizo una pausa- ¿Qué más?

-Que José se busque otro ayudante.

Les se rió.

-Lo vi venir. -Se reclinó hacia atrás evidentemente rendido-. Mi problema es que necesito una manera de mandarlo fuera legítimamente -le dijo a Dar-. O de otra manera, ese pequeño bastardo pondrá una demanda por despedimiento injusto, y no quiero ese tipo de publicidad.

Una sexy sonrisa cruzó lentamente el rostro de Dar.

-Yo te daré esa manera, si me dejas que sea yo el verdugo. -Sus ojos brillaron peligrosamente-. Absolutamente legítima.

Les la miró fijamente y dejó salir una bocanada de aire.

-¿Eso significa que te quedarás? -inquirió-. Tuve una larga charla con Mariana, siente que mucho de esto es por culpa suya, piensa que nada de esto habría pasado si ella lo hubiera detenido.

Dar lo dejó un minuto esperando y después asintió con la cabeza.

-De acuerdo, pero te aviso desde ya, no aguantaré más porquerías de ellos -avisó serenamente-. No en mi nombre o cualquiera de mi personal.

Les se mordió el labio.

-Van a ser una cuantas semanas duras, hay muchos resentimientos por allí -contestó-, pero tengo mucha confianza en ti, no estoy preocupado. -Apuró el whisky escocés-. ¿Estás libre para cenar? Nunca consigo verte, Dar, ¿cuánto hace que no nos vemos?, ¿dos años?

Los labios de Dar se tensaron bruscamente.

-En realidad, tenía planes, pero eres bienvenido a unirte a ellos -declaró amablemente-. Hay un pequeño sitio italiano en el otro lado de la isla... y es informal.

Sus ojos centellearon ligeramente.

-Bueno, disfruté de mi conversación con la enigmática Srta. Stuart, ¿seguro que no le importará?

Dar se sintió ultrajada al descubrirse ruborizándose, por lo que se alegró de que la luz del crepúsculo la escondiese.

-Estoy segura de que estará bien. -Se levantó y cojeó hasta la cocina-. De hecho, déjame que le dé un toque.

Les se relajó estirando las piernas y cruzando los tobillos.

-¿Qué te has hecho en la pierna? -le interrogó.

-Estalló la articulación cuando caímos en ese maldito hundimiento de tierra -contestó Dar mientras regresaba con el teléfono portátil y marcaba un número-. Me debes un favor de los grandes por ese pequeño viaje, Les.

Él se rió.

-Ya oí hablar de ti y la serpiente, después hice que Beatrice llamase al presidente de esa medio compañía de burros y les dejase caer las palabras negligente y pleito.

Dar se rió entre dientes mientras se acercaba el teléfono a la oreja para escuchar las llamadas.

-Hey -dijo suavemente cuando respondieron-, ¿dónde estás?

La voz de Kerry sonaba rendida.

-Abajo por Southpoint, paseando por la playa, ¿por? -preguntó-. Acabo de llegar, supuse que os llevaría un rato.

-Nop -le informó Dar-. Te estamos esperando para cenar, así que vente para acá.

-¿De veras? -preguntó Kerry.

-De veras -le aseguró Dar.

Una débil pausa.

-¿Vas a volver?

-Sip.

-¿Aún eres mi jefa?

-Sip.

-Impresionante -la voz de Kerry se iluminó inmensamente-, eres simplemente impresionante, Dar... no te haces idea de lo que me alegra oír eso. -Se oyeron sonidos de pasos por la arena-. Estaba aquí sentada en mi coche intentando pensar en para quién me gustaría trabajar, viendo si podría tener alguna oferta decente por los alrededores.

-Bueno, ellos no pueden tenerte. -Dar medio se giró y bajó la voz-. Eres mía.

-Ooh -Kerry rió con total deleite-. Me produces escalofríos.

Dar sonrió sintiendo que su mundo volvía a estabilizarse alrededor de ella.

-Además, me he enterado de que rechazaste una buena oferta. -Observó a Les mientras se levantaba y vagaba alrededor de la sala deteniéndose para examinar las fotografías enmarcadas de los estantes.

-¿Qué of...? Oh -Kerry resopló-. Eso... sí bueno. Como si lo fuese -se aclaró la garganta un poco y cambió de asunto-. Tu padre es un encanto, me dio un regalo para ti. Me dijo que le daba demasiada vergüenza dártelo a ti directamente.

-¿Un regalo? ¿Por qué? -preguntó Dar con curiosidad.

-Hum... ¿Tu cumpleaños? -le recordó Kerry-. ¿Recuerdas?, ¿Aquella fiesta que hicimos?

-Oh -dijo la mujer de pelo negro-. Eso -hizo una pausa, mirando a Les-. ¿Qué es?

Kerry rió suavemente.

-Una caja -dijo chinchándola.

-Kerrryyyyy... -gruñó Dar mansamente.

-Bueno, ¡es lo que es! -se burló su chica-. No tengo rayos X en la vista, ¿sabes?

La mujer de pelo negro suspiró.

-Tan sólo date prisa y vuelve a casa.

-Jesús, Dar... estoy en el barco... ¿quieres que salte y reme? -protestó Kerry-. Yo quiero... pero a los marineros les daría un ataque... ya sabes como se ponen. -Hizo una pausa, escuchando el agradable sonido de la respiración de Dar contra el receptor-. Te quiero -murmuró-, no hace falta que respondas... sé que Les está ahí contigo -añadió.

-Yo también te quiero -respondió Dar encajando el golpe-. Te veré en unos minutos. -Y colgó.

Kerry se quedó allí sentada mirando fijamente el teléfono durante un rato antes de plegarlo y meterlo en su bolso.

-Uau. -Se reclinó hacia atrás en el asiento y apoyó una rodilla contra el volante.


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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 9th 2017, 5:39 pm

Quinta Parte


Dar miró su reloj cuando entraron en el apartamento.-Jesús, ya pasa de medianoche -comentó sorprendida-. No pensé que fuese tan tarde.

-Uh huh -bostezó Kerry, caminó dentro y se derrumbó en el sofá-. Fue una agradable cena, creo... él es una persona interesante. -Recogió a Chino que había salido corriendo del cuarto de útiles, así que Dar le abrió la puerta-. Hey cielo... uo... uo... no mastiques los dedos de mamá, ¿vale?

Dar regresó cojeando con dos grandes vasos de leche con chocolate y puso uno sobre la mesa.

-Toma. -Se sentó en el sofá junto a su chica y se deslizó hacia atrás estirando las piernas y quejándose-: Ay.

-Te dije que usases las muletas -le riñó Kerry dándole unas palmaditas en la pierna a la alta mujer-. Te vi intentando no cojear delante de Les.

-No es eso -dijo Dar tomando un sorbo de leche-. Es el resto de mi cuerpo intentando compensarlo... la espalda me está matando -se quejó.

-Ah... ya veo. -Kerry deslizó suavemente una mano por la espalda de Dar-. Uau... tienes la espalda toda tensa. -Apoyó la mejilla contra el hombro de Dar-. ¿Qué tal unos minutos en la bañera con agua caliente?

Unos ojos azules se giraron hacia ella centelleantes.

-Eso sí que es una fantástica idea -le felicitó Dar-. Hace una noche estupenda... vamos. -Se apoyó en Kerry mientras se dirigían hacia el dormitorio y cambiaron sus vaqueros por los trajes de baño.

-Me gusta como te queda ese bañador. -Dar se había colado furtivamente tras Kerry y deslizó los brazos alrededor de su tronco abrazándola cariñosamente-. Es del color de tus ojos. -El bañador de Kerry era de un azul verde ligeramente brillante y casi translúcido con la luz baja, acentuando el contorno de su cuerpo...

Kerry se reclinó contra ella y plegó sus brazos sobre los de Dar.

-Gracias. -se giró cogiendo una cajita pequeña-. Casi me olvido de esto... es de tu padre -anunció extendiéndoselo.

-Oh... -Dar la cogió examinándola cuidadosamente como si tuviera miedo de que se abriera de un salto. Desembrolló lentamente el papel y encontró un recipiente cerrado que se abrió suavemente-. Uau.

Dentro, junto al negro terciopelo, descansaban dos perlas negras opalescentes que brillaron ante ella. Tenían el tamaño de los garbanzos secos y hacían un buen par.

-Uau -exclamó Kerry al mirarlos-. Son espléndidos.

-Sí -asintió Dar-, desde luego que lo son. -Cerró la caja suavemente y la cerró sacudiendo la cabeza ligeramente-. Sus regalos son siempre como éste... nunca sabes cuando te va a dar uno, pero cuando lo hace... siempre es... -Contempló la caja-. Siempre es algo especial.

-Puedes usarlos para que te hagan unos pendientes -sugirió Kerry-. Te quedarían de maravilla.

Dar soltó la caja en la cómoda y la empujó con un largo dedo.

-Quizá -concordó-. Venga... vamos a empaparnos un rato.

Salieron fuera, llevándose los vasos con ellas. Kerry sostuvo los vasos mientras Dar se metía en el agua.

-Ungh. -La mujer de pelo negro estiró los brazos y cogió su vaso de leche-. Esto sabe genial -Miró a Kerry cuando se le unió acurrucándose inmediatamente contra ella-. Dejemos los vasos -le aconsejó Dar dejándolos en la barandilla. Después pasó un brazo alrededor de los hombros de Kerry.

Durante unos minutos apenas se quedaron allí sentadas, absorbiendo la sensación del agua, una mezcla de cálido agua con cloro flotando por sus rostros. El océano había subido y las olas golpeaban contra los diques. En la distancia, ellas conseguían oír las campanas de las boyas balanceadas por el viento.

-Está bonito aquí fuera -murmuró Kerry reclinando su cabeza hacia atrás y contemplado el cielo estrellado con una asilada nube.

Dar giró la cabeza y observó la silueta junto a ella bajo la luz de la luna.

-Vaya si lo está.

Kerry captó su mirada y sonrió ligeramente ruborizándose.

-Entonces -se aclaró la garganta-, todo ha salido bien, ¿eh?

-Mmm. -Dar meneó los dedos de los pies alegremente-. Les me pidió que lo reconsiderara, y le dije que tenía dos condiciones, se las dije y hecho. Eso fue todo. -Ahogó un bostezo-. Tú eras una de las condiciones, y Steve era la otra.

Kerry ponderó la frase final.

-Entonces... sabe lo nuestro, o... -dejó la idea flotando.

-Lo sabe -confirmó Dar riendo sosegadamente entre dientes-. Dijo que lo supo en cuanto vio aquellas primeras fotografías, aquellas de Orlando, pero que en el fondo estaba contento de que ocurriese.

-¿Y no supone un problema? -preguntó Kerry-. Quiero decir... llevamos jugando al gato y al ratón desde hace meses, porque era una de las grandes reglas, ¿y entonces?

Dar se encogió de hombros.

-Se ha venido abajo, ¿qué es más importante?, ¿las reglas de la compañía o las ganancias? -le comentó a su compañera secamente-. Pueden hacer excepciones... y sí, es un problema, pero no es como si no hubiera pasado antes, Kerry, y esa regla es principalmente para proteger al empleado más nuevo.

-¿Proteger? -Kerry irguió la cabeza-. Oh, ¿de acoso y ese tipo de cosas?

Un asentimiento.

-Exactamente, es para que los jefes no se aprovechen de sus subordinados, y es una buena regla. -Extendió una mano y apartó una gota de agua de la mejilla de Kerry-. Pero le dije que te necesitaba... y él se alegró de que no estuvieses siendo presionada o coaccionada en ningún sentido, así que tan sólo va a ocuparse de ello.

-Oh -Kerry pensó en ello-. Impresionante. -Besó el hombro de Dar-. Entonces puedo llevarte el almuerzo y no sentirme culpable, ¿cierto?

Unos claros ojos azules me movieron hacia ella.

-Ahora puedo pasear por ese pasillo varias veces al día sin sentirme llamativa -respondió Dar secamente-. Quiero decir, es como otra cosa cualquiera... nos trataremos profesionalmente en la oficina, es sólo que no tendremos que estar preocupadas con lo que la gente averigüe lo que hacemos fuera.

-Hmm -Kerry asintió ligeramente-. Entonces, ¿puedo llamar al resto del personal y decirles que vuelvan mañana? -preguntó anhelosamente-. Porque no creo que consiga aguantar más días como el de hoy.

Dar dudó.

-Yo... hum... podría llamarlos por la mañana -se aventuró.

Unas bolitas verdes como el mar giraron y se fijaron en ella. -Podrías si fueses al trabajo, cosa que no vas a hacer. -Kerry pestañeó ante ella-. ¿Cierto?

La mujer de pelo negro tamborileó con sus dedos en la barandilla.

-Estoy mucho mejor de la cabeza -declaró-. De veras... y también de la rodilla... sería mucho más relajante para mí empezar con algún material que quedarme aquí sentada preocupada por ti. -Apartó un mechón mojado de la frente de Kerry-. Además, tengo que hacer una cosa allí mañana.

Kerry suspiró.

-Quiero que te quedes en casa. -Pasó sus dedos por el cuero cabelludo de Dar y palpó suavemente la zona del golpe. Tuvo que admitir que casi había desaparecido-. Pero puedo ver que no es eso lo que va a pasar... así que, ¿podemos al menos hacer una jornada corta?

Una lenta sonrisa.

-Te lo prometo, cena al ocaso, fuera en el agua -ofreció Dar con una ceja alzada a modo de invitación-. Tú, yo, el barco... algunas gaviotas... ¿qué te parece? -Se inclinó hacia delante y robó un beso-. ¿Hmm?

Kerry mordisqueó el cuello de Dar.

-De acuerdo -convino susurrando las palabras junto a la oreja de la mujer alta-. Estás admitida.

-Estupendo. -Dar volvió a agachar la cabeza encontrando los acogedores labios de Kerry. Tiró de ella hacia su regazo y pasó un brazo firmemente alrededor de la cintura de la rubia mujer. Sintió las manos de Kerry descendiendo por sus hombros y sus ojos se cerraron en reflejo cuando sus cuerpos se unieron en armoniosa familiaridad.

Ya tratarían de todos los problemas mañana. Ése sería otro día. Ahora mismo, todo lo que importaba era la agradable brisa nocturna, las estrellas y ellas dos.

Kerry ahogó un bostezo mientras pasaba por la cocina hacia la máquina de café. Mecánicamente colocó café irlandés en el recipiente destinado a ello y puso la máquina a trabajar. Aún pestañeaba ligeramente cuando se apoyó contra el contador.

Pudo oír la voz de Dar como un bajo murmullo proveniente de su despacho. Supuso que su compañera estaba haciendo las llamadas que le había prometido al resto de su desaparecido personal.

¿Algo de suerte? le preguntó cuando la oyó colgar el teléfono.

Oh sí, Dar se había movido hasta la puerta de su despacho y estaba estirándose cogiendo el marco de la puerta con sus dedos mientras giraba su cabeza de un lado a otro para soltar los músculos del cuello. Ya tengo a Mark… me ha maldecido porque tenía planeado trabajar en una de sus motos, pero dijo que irá y que llamará al resto de su personal para que yo no tenga que hacerlo

La alta mujer de pelo negro soltó la puerta y caminó hacia donde se encontraba

Kerry. Ahora me falta la más difícil… María.

Ouch, Kerry deslizó una mano por el vientre de Dar sintiendo la calidez de su piel bajo el tejido. Ya casi no cojeas comentó.

Mm… sí, está mucho mejor, concordó Dar con una sonrisa. Sin embargo, creo que hoy usaré las muletas para salir sin tener que vestir el traje de trabajo.

Kerry resopló. Dar, después de venir anoche el CEO de la compañía para pedirte que te quedaras, ¿crees que alguien diría una palabra aunque fueses vestida con una camiseta y unos pantalones cortos? hizo una pausa, espera un minuto… olvida lo que acabo de decir. Dirían cosas, claro, y yo tendría que abofetear a todos esos tontos.

Dar rió. Gracias por hincharme el ego, besó la cabeza de Kerry cariñosamente.

Permíteme, pasó por la mujer rubia hacia la cocina y agarró un cuenco y sus Frosted Flakes del armario ¿Quieres?

Un suspiro.

Dar, ¿crees que me podrías hacer sentirme mejor poniendo por lo menos un poco de plátano en eso? preguntó Kerry lúgubremente Y, no gracias… estallan demasiado fuerte y me dañan los oídos tan temprano Apartó a Dar y abrió el frigorífico.

Atrapó una fruta y queso danés de un recipiente pulcramente cerrado.

Prefiero un desayuno tranquilo y sosegado.

Dar sonrió abiertamente mientras se alejaba mascando ruidosamente y apretó el botón del ordenador de la cocina.

Dar Roberts, 656 mensajes nuevos, 234 urgentes respondió rápidamente el ordenador.

Oh, Jesús Dar casi se atraganta con un cereal. Borra todos los que no estén marcados Le dijo al ordenador.

Olvídalo… pueden volver a enviarme esas malditas cosas.

Borrado. Dar Roberts 234 nuevos mensajes, 234 urgentes.

Borra todos los mensajes con asuntos duplicados instruyó Dar. Y también los que tienen el mismo remitente Miró a Kerry que estaba masticando su queso danés y se apoyó en ella para sacar dos grandes tazas. Eso debe librarme de la mitad.

Borrado. Dar Roberts 155 nuevos mensajes, 155 urgentes.

Dar suspiró.

Bueno, es mejor que más de 600, supongo examinó la lista. Veamos… oh… leer el 143.

Sookis, Mariana. Enviado 7:32 AM

Dar

Sólo tengo una críptica nota de Les que básicamente dice:
“Está de vuelta. Tiene algo y tiene la autoridad para hacer lo que sea que esté haciendo”
¿De qué está hablando? Asumo que se refiere a ti porque dejó en mi escritorio tu dimisión marcada con un “Rescindido”…intenté llamarte esta noche, pero no hubo respuesta… Me gustaría hablar contigo. Sabes que tenemos algunos problemas de los que hablar.
Mari.


A veces es como un grano en el culo Dar rodó los ojos, agarró el teléfono y marcó un número. Esperó. Buenos días, Mari Comentó en el receptor manteniendo su voz más o menos neutral.

Una pausa.

Oh… Dar… Dios… sí, buenos días, contestó la VP de Personal algo vacilante. Te mandé un e-mail, no sabía si lo ibas a leer o…

No lo había hecho hasta ahora por la mañana contestó. Les estuvo aquí anoche.

Una larga pausa.

Oh Mariana pensó en ello. Entonces…¿vuelves con nosotros, es eso? Preguntó esperanzadamente Es lo que supuse por su nota.

Eso parece respondió Dar. Tengo algunas condiciones, y él las sabe, así que…

Se encogió de hombros y sonrió a Kerry cuando le ofreció una taza.

Acabo de llamar a Mark… él está llamando a su personal, y veré si puedo hacer que vuelva el resto del personal de Operaciones Bebió con agrado unos sorbos de su café. Voy a hacerles poner su tiempo como trabajado.

Mari dudó.

De acuerdo murmuró ¿Qué hay sobre la situación con Fabricini?... concluí por la nota de Les que te encargas tú de ello Preguntó cautamente.

Síp la informó Dar. Te remitiré la documentación, pero lo resolveré todo cuando llegue ahí.

Okay volvió a decir Mariana ¿Estás segura de venir? Pensé que Kerry me había dicho que el médico te había mandado a casa para descansar Preguntó sigilosamente. Quiero decir, Dar… esto puede esperar un día o dos… de veras no quiero verte hacerte daño.

La mujer de pelo negro sonrió irónicamente.

Todo está bien… le prometí a Kerry que haría media jornada y que la sacaría a cenar, le dijo. Y no rompo ese tipo de promesas.
***
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 9th 2017, 5:40 pm

Pasó una mano por el despeinado pelo de Kerry y le rascó cariñosamente la parte trasera de su cuello causando que la pequeña mujer cerrase sus ojos y ronronease felizmente.

Un suave suspiro. Bueno… supongo que te veré en un rato… y, ¿Dar?

¿Mm? dijo Dar tomando un sorbo de café.

Lo siento.

¿Por qué? preguntó Dar quedamente.

Tenías razón… todos retrocedimos dejando que te acertase a ti respondió Mari calladamente.

Eso no me hace sentirme muy bien.

Dar fijó los ojos en la cara de Kerry mientras la pequeña mujer la consideraba. El sol entraba por la ventana bañando su rostro con una luz dorada.

Todo está bien respondió finalmente alzando una mano para acariciar la suave piel.

Antes no me habría importado… no me habría afectado… pero creo que he andado un poco desequilibrada últimamente… y vosotros no tenéis medios para saber eso Le dijo a Mariana. Asumisteis que iba a reaccionar como siempre lo había hecho.

Mm murmuró Mari. Bueno, no volverá a ocurrir Juró.

He preparado reuniones con José y Eleanor para hoy, y vamos a tener algo de charla directa.

Kerry giró la cabeza y besó la palma de la mano que le acariciaba la mejilla. Voy a ducharme dijo con voz hueca frotando el vientre de Dar.

Dar sonrió y asintió con la cabeza. De acuerdo… deja que acabe mis llamadas, Mari… y te veré de aquí a un rato hizo una pausa ¿Cómo está Duks?

Gruñón dijo Mari riendo apesadumbradamente. Lo desperté y le dije que volvías. Ahora tiene que quitarse el bañador y volver al trabajo Hizo una pausa.

Eso fue un pequeño tributo para ti, ya de paso Agregó. Es la primera vez que llama diciendo que está enfermo en cinco años Suspiró.

De acuerdo… vamos a volver a normalizar este sitio… conduce con cuidado, amiga.

No conduzco yo, pero pasaré a hacerlo le dijo secamente. Hasta luego, Mari… escucha, tenemos una cena… coméntalo, ¿vale?

De acuerdo Mariana pareció aliviada. Hasta ahora, Dar.

Dar colgó el teléfono y se asomó por la puerta corrediza de vidrio.

La empujó hacia atrás y se salió al cubículo de piedra dejando que el sol de la mañana calentase su piel tras la frescura del aire acondicionado de dentro. El mar estaba de marea baja y muy verde a sus ojos. Se apoyó en la baranda contemplando la vista mientras la brisa le echaba el pelo hacia atrás.

Se dio cuenta de que tenía sentimientos mezclados respecto a su vuelta al trabajo. Una parte de ella se alegraba, la que necesitaba de acción y desafío, pero había otra parte, la que se sentía culpable, una parte escondida que había esperado secretamente que su dimisión hubiera sido aceptada… esperando que Kerry y ella hubieran tenido entonces una cuantas semanas para simplemente…
Los ojos de Dar encontraron el horizonte. Se encontró a sí misma queriendo sacar tiempo de su vida y gastarlo conociendo mejor a su amante, yendo a los sitios que le gustaba… incluso ir a esquiar… a Key West… todas esas cosas que ahora no podían hacer por falta de tiempo.

Suspiró y se mordió el labio. Bueno, al menos una cosa, si Les sabía lo de ellas y decidían tener la misma semana libre todo estaría bien. De hecho, decidió que eso era exactamente lo que iban a hacer. Se enderezó y regresó dentro. Cogerían una semana y saldrían. Al diablo la compañía. Exhaló y se dirigió a la ducha.

Escuchó el sonido del agua que caía al entrar en su dormitorio. Una figura desnuda esperaba pacientemente apoyada contra la puerta, con los brazos cruzados y con ojos verdes oscurecidos observándola con seductoras intenciones.

Oh sí. Dar tomó una respiración cuando una sacudida sensual le acertó justo en la ingle. Al diablo la compañía.

Bueno, bueno…¿Qué tenemos aquí? inquirió acercándose y desplazándose hacia el fibroso cuerpo que tenía ante ella. El aspecto de Kerry había mudado bastante desde que se habían conocido tres meses antes. Su palidez interior había pasado a una capa dorada y su dolorosa delgadez había desaparecido, reemplazada por una suma de veinte y cinco libras de sólido músculo esculpido cubierto por una agradable capa de suavidad.

Dar siempre la había encontrado atractiva, pero los cambios le habían traído a Kerry una nueva confianza en sí misma que parecía brillar dentro de ella casi hipnotizando los apreciativos ojos de Dar.

Tengo que asegurarme de que no vas a resbalar y caer mientras te duchas, Dar le informó Kerry alegremente al alcanzarla y desabotonar el primer botón de su camisa.

Acabo de tener a mi jefa de vuelta… y no quiero perderla de nuevo

Desabrochó el segundo botón ¿Te molesta compartir la ducha?

Ehh Dar deslizó ambas manos por sus costados y trazó suavemente con el pulgar los ya casi invisibles bordes de las costillas. Oh, creo que podría soportarlo Bajó su cabeza y la besó. Más o menos…

Mm Kerry desabotonó el tercero y el cuarto botón. Le quitó la camisa deslizándola sobre los hombros de Dar y la dejó caer al suelo. Trazó un suave descenso por el alto cuerpo hasta llegar a los pantalones cortos, que también desvistió. Apuesto que podrás Mordisqueó la suave piel sobre la yugular de Dar y dio un paso en frente, haciendo que sus cuerpos se rozasen. Sabes tan bien… Murmuró.

Dar sintió como el corazón le daba una sacudida y comenzaba a bombear.

¿Ah sí? se acercó más y deslizó sus brazos alrededor de Kerry. Sintió como sus omoplatos se movían mientras ella respondía y surgió la calidez de sus cuerpos en contacto. Bajó la cabeza y capturó una oreja, trazando su contorno con la punta de la lengua Tú también Ronroneó suavemente y oyó el suave sonido de Kerry tomando una respiración.

Lentamente fueron hasta la ducha. Cambiaron el frío aire por la cálida llovizna y el penetrante olor del gel preferido de Dar emanando alrededor de ellas. Dar colocó un poco de gel en sus manos y empezó a enjabonar la espalda de Kerry moviendo sus dedos sobre los fuertes hombros y bajando hasta sus caderas.

La mujer rubia dejó escapar un suave sonido. Ella también había empezado a enjabonar los costados de Dar. Se apartó ligeramente permitiendo que los dedos de la alta mujer continuasen su camino por su vientre mientras ella deslizó los suyos por los muslos de Dar.

Mi pastor siempre me enseñó… murmuró volviendo a juntarse al enjabonado cuerpo de Dar Que la limpieza anda al lado de la piedad…

¿Ah sí? Dar inclinó la cabeza y dio un pequeño mordisco en el hombro de Kerry.

Mm… tengo que mandarle una postal un día de estos diciéndole cuánta razón tiene profirió Kerry iniciando una lenta y atormentadora progresión hacia el centro del cuerpo de Dar con desvíos a este y oeste.

Dar rió entre dientes.



* * *



Era una experiencia bastante rara. Kerry caminaba tranquilamente al lado de Dar, que iba con sus muletas, llevando el maletín de su amante además del suyo. Normalmente se separaban al entrar en el edificio, pero esta vez… no. Esta vez mantuvo la cabeza erguida y contempló a la gente que las rodeaba sabiendo que eran, sin ninguna duda, el centro de atención.

Buenos días. Srta. Roberts, Srta. Stuart las saludó el guarda guiñándole un ojo a Kerry.

Buenos días respondió Dar mientras pasaba junto a él dirigiéndose al ascensor. Afortunadamente, parecía que todos ya habían subido por lo que se encontraban solas en el ascensor.

Bueno Dar la miró ¿Estás lista?

Kerry estudió el reflejo en las puertas del ascensor y tomo una profunda respiración.

Más o menos… voy a ir a mi despacho y ver lo que tengo sobre la mesa…¿vas a convocar una reunión?

¿De Operaciones? preguntó Dar Será lo mejor… probablemente sobre las diez…¿Quieres mandar una nota? Dar salió por la puerta cuando llegaron a su planta y esperó a que Kerry se le uniera Eso debe darme tiempo suficiente para asentar unas cuantas cosas Caminaron por el corredor y Kerry le abrió la puerta esperando a que la alta mujer entrase.

Dar se detuvo en la puerta y la miró con una amable sonrisa cruzándole el rostro. Gracias comentó antes de volverse y adentrarse en el cuarto.

María se encontraba allí, sentada tras su escritorio con las manos plegadas en la superficie. Se levantó al entrar Dar y tomó una respiración.

*Buenos días*, Dar.

La ejecutiva paró apoyándose en sus muletas.

Buenos días, María… gracias por venir le dedicó una sonrisa a la secretaria ¿Tuviste un buen día de descanso?

María le devolvió la sonrisa.*Sí… sí...* mi hija me llevó a Sea Es capee jugué en las máquinas tragaperras y gané cincuenta dólares declaró. Pero me alegro de que me llamases… me alegro de que vuelvas.

Dar rió.

Así que, esa es tu manera de pasar el tiempo… miró a Kerry. Tenemos que intentar esa este fin de semana Sus ojos regresaron a María, observando la débil mirada de entendimiento. Me alegro de que aceptases regresar… hubiera odiado de veras tener que substituirte, María Pasó a su despacho dejando a su secretaria y a su chica mirándose mutuamente.

Kerry se sintió ruborizarse cuando Maria le dedicó una sonrisa cómplice.

Um… creo que es mejor que trabaje algo se aclaró la garganta

Yo… voy a… uh… tomar un café…¿quieres uno? Le preguntó tocándose la mejilla y sintiendo el calor contra la yema de sus dedos.

María se acercó y le cogió las manos. Kerrisita.

Unos ojos verde mar la miraron con incertidumbre. ¿Sí?

Has sido un regalo para ella le dijo María suavemente. Que dios te bendiga.

Kerry bajó los ojos y sintió intensificarse su rubor mientras asentía ligeramente con la cabeza. Tomó varias respiraciones y finalmente volvió a mirarla.

Gracias susurró. Creo que este sentimiento es el mejor regalo de dios a cualquier persona Consiguió decir. Me alegro de haber estado en el lugar adecuado en el momento adecuado.

*Sí* María sonrió. Ve a tu despacho… yo voy a bajar… te traeré un café y algunos dulces Soltó las manos de Kerry y le dio un pequeño empujón. Ve… le haré caras como esta… Saco la lengua A todas las otras secretarias.

Kerry se rió. De acuerdo… dijo rindiéndose Gracias Salió al vestíbulo y se dirigió a su despacho. Mark la detuvo. Oh… hey…

Hey dijo él dándole un pequeño golpe en el brazo con el puño. Oí decir que pateaste traseros ayer… bien hecho Su cara estaba bronceada e hizo una mirada un poco aburrida ¿La jefa está aquí?

Ella exhaló. Sip… acaba de entrar en su despacho… seguro que vamos a pasarnos una semana enderezando las bombas del correo electrónico este súbito y casual reconocimiento de la unión de ella y Dar fue, tuvo que admitirlo, un poco perturbador.

Pero también agradable. Era como relajar una tensión de la cual no había sido consciente.

Gracias por venir tan rápido. Mark se rió entre dientes.

Sí… bueno… supongo que la motocicleta tendrá que esperar hasta el fin de semana… tengo demasiada porquería apilada en mi escritorio, y tengo que contratar a Mel Fisher para encontrarlo volvió a dar una palmada en el brazo de Kerry. Te veo luego.

Kerry le dijo adiós con una mano y siguió por el vestíbulo. Entró en su despacho y se dejó caer en la silla apretando el interruptor de encendido de su ordenador y esperando a que éste arrancase.

Se preguntó que iría a hacer Dar. Sabía que terminaría haciendo que Steve Fabricini saliese pero…¿cómo? ¿Iría Dar se limitaría a amenazarlo o tenía algo más en la manga? Su jefa no había entrado en detalles, diciéndole tan sólo que le había dicho a Les que tenía una forma de despedirlo que absolvía a la compañía de cualquier litigación.

Kerry tamborileó con sus dedos en el escritorio. La falta de información era agravante. Dar le había asegurado que no estaba preocupada con que Kerry se lo contase a alguien, lo que pasaba es que aún no había pensado bien cómo iba a hacer las cosas, por eso… Pero era frustrante, porque sentía mucha curiosidad por lo que Dar habría encontrado.

¿Sería Steve un felón y Mark habría encontrado un largo registro delictivo de él?

¿Sería en realidad un espía de la IBM?

¿Un agente secreto de la CIA, aparentando ser una repugnante bola de fango ? Nah. Decidió. No era tan buen actor. Él era un bola de fango de verdad.

¿Sería quizá que el padre de Dar había descubierto que se trataba de un terrorista cubano… enviado aquí para destruir la economía americana?

Hmm. Volvió a centrar su atención en su correo electrónico que se había reproducido alarmantemente de la noche a la mañana. El correo principal ahora tenía muchos e-mails hijos, algunos de ellos habían muerto dejando los asuntos originales huérfanos.

Jesús dijo pasando las páginas. Me pregunto si podría eliminarlos todos. Sonó el teléfono y pulsó el botón para atender. Operaciones, Stuart.

Una voz aterrada respondió. Oh… genial… uh… Señorita Stuart… soy Roger, de Charlotte… uh… tenemos un problema.

De acuerdo Kerry se inclinó hacia delante, pateando su problema y poniendo las células de su cerebro en el engranaje ¿De qué se trata?

Un fuerte sonido de salpicar llegó por el teléfono. Uh…¡ow! gritó Roger Umm él sistema de riego vino hacia aquí… y Umm. ¡Yeeoww! El teléfono producía sonidos como si caminase a ciegas y sonó con estrépito, tras lo cual fue recogido Una maldita silla me dio en… uh… bueno, de cualquier modo, estamos inundados.

Inundados repitió Kerry cuidadosamente ¿Bajo agua?

¡Mierda! gritó él Uh… lo siento… sí… la sala de control está con tres pies de profundidad… y no se está poniendo nada…¡wow! Se oyó Un fuerte estallido y un chasquido Yo… creo que eso fue el panel central…

¿Roger? Kerry habló alto al teléfono.

¿¿Sí?? Contestó, Oh… espera tengo que subirme al escritorio…

¡Sal de ahí! gritó Kerry, después puso la llamada en espera, marcó la extensión de Dar y esperó a que su jefa atendiese, ¡Ayuda!… Ladró en el teléfono y regresó a la otra línea ¿Roger?

Uh… tengo un problema, Señorita Stuart —contestó el hombre nerviosamente.

Más de uno, le dijo Kerry ¿Qué es?

No sé nadar, contestó. Y creo que acabo de ver un 3270 flotando por ahí. El teléfono se desconectó de repente.

Mierda, Kerry levantó la vista al oír los pasos de alguien corriendo y, a seguir, su puerta, que estaba medio abierta, se abrió con un estallido. Dar entró con sus claros ojos azules chispeantes y cada pulgada de su cuerpo erizada de la energía acumulada. ¿Qué ocurre? dijo secamente.

La mujer rubia tomó una respiración. Dios, te pones muy sexy cuando haces eso.

Dar se encontraba obviamente fuera de sitio. Qu… buh… exhaló ¡Kerry! Gritaste pidiendo ayuda…¿qué demonios está pasando?

Oh… cierto… Charlotte se está inundando, explicó rápidamente. Perdona lo de antes… están con un gran problema. Se acercó y puso un brazo alrededor de su compañera. Lo siento, Dar… no pensé que lo fueras a entender como que yo estaba… um… Le dio vueltas buscando la frase.

¿En peligro de muerte? Dar se relajó ligeramente ¿Sabes?, acabo de golpear a un técnico de la fotocopiadora tan fuerte hacia un lado que probablemente lo van a tener que quitarle el paquete de tinta de la garganta quirúrgicamente. Suspiró y se frotó la cara. Vale… así que tenemos un potencial desastre, ¿cierto?

Mm… El chico de Netops acaba de decirme que le pareció ver un panel central 3270 flotando en la sala de control, la informó Kerry.

¿Alguien hizo un chequeo para ver si hay algún cáñamo ardiendo por ahí? Dar resopló. Los 3270 no flotan, exhaló. De acuerdo… déjame comenzar a trabajar en el problema… intenta volver a ponerte en contacto con ellos por teléfono, o llamando a los móviles… Murmuró mientras volvía a salir meneando la cabeza.

Kerry sonrió ligeramente, al oír en el tono de Dar el interés escondiendo la excitación. Ella amaba esto, comprendió la mujer rubia. Adoraba cuando las cosas se ponían realmente difíciles y se ponía a arreglarlas. Con una suave risita, regresó a su escritorio y consultó el esquema de la red, haciendo una mueca de dolor al ver los puntos rojos parpadeantes que indicaban las secciones que estaban abajo.

Oh… esto duele, empezó a marcar los números de emergencia.



* * *

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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 10th 2017, 2:58 pm

Mira… me importa un maldito comino lo que tengas que hacer para soltarlo — gruñó Dar al teléfono —. Necesito a tu condenado presidente al teléfono en cinco minutos, o la próxima llamada será de nuestro departamento legal. Tú eliges — Levantó la vista cuando, María asomó la cabeza y ondeó una pequeña bandeja de cartón. Una mano se alzó y se movió en su dirección —. Yo lo sostendré.

María se acercó con los pastelitos y se los ofreció.

Hay tres de esos pequeños de queso — susurró la secretaria —. Sé que te gustan.

Los ojos de Dar centellearon ligeramente mientras asentía con la cabeza. Puso una mano tapando el receptor.

— Gracias — dijo con la voz hueca aceptando los dulces y la humeante taza de café cremoso, levantó la mirada y se encontró con los ojos de María.

Era un sentimiento singular, algo desnudo, algo vergonzoso. Dar se encontró a sí misma sonrojándose un poco. Se alegró de que su moreno lo escondiese en su mayoría, pero supo que probablemente las puntas de sus orejas se habían vuelto rojas por la pequeña carcajada que dio María antes de salir misericordiosamente de la habitación.

No era que María no lo hubiera sabido antes, pero… Dar suspiró, y le dio una dentada a uno de los dulces. Solía mantener su vida íntima en privado, incluso su breve interludio con Elana había pasado bajo el manto, hasta aquel último encuentro en público mordazmente sarcástico.

Quizá por eso se estaba sintiendo un poco asustada, ¿hmm? Le había llevado mucho tiempo llegar al punto en el que podía pensar en ello y no encogerse por dentro, aunque exteriormente había mostrado tanta emoción como si Elana hubiera girado meramente sobre su informe.

Rostro de piedra. Le había dicho Duks después de haber tenido bastante consolidada su reputación como el iceberg del primer ministro de la compañía. El modo en como se había cepillado a Elana había sido apuntado con un mero elevamiento de ceja y una tirantez en los labios.

Oh dios si ellos lo hubieran sabido.

Dar contempló su escritorio durante un momento en silencio. Levantó la mirada cuando una voz volvió por la línea.

— ¿Y bien? — dijo secamente. — Srta. Roberts, tenemos un equipo de personas dirigiéndose hacia allí… no estoy seguro… — la voz dudó.

— Mira — gruñó Dar, bajando su voz a su escala más baja —.

Necesito saber qué químicos están en la mezcla rociada y necesito saberlo ¡AHORA! — Pulsó en el botón del volumen haciendo que el sonido resonase en su pecho — ¡O tendrás que hacerte responsable de la factura por mandar hacia ahí en avión un equipo de riesgo químico en un maldito Learjet! — La compañía de seguros se estaba negando a permitirle que cualquier empleado entrase en la sala de gestión de redes hasta que los peligros fueran evaluados y ellos tenían tres cuartos de las redes domésticas abajo, tres horas más tarde de cuando ocurrió el accidente.

— Dar… — María asomó la cabeza — Mariana en la línea *número dos* — Le dijo en voz baja.

— Ahora no — Dar puso su actual llamada en espera —. Estoy en medio de un desastre — Observó mientras María desaparecía.

Después apoyó su cabeza en una mano mientras volvía a pulsar el botón de llamada en espera con la otra mano — ¿Lo tengo o voy a tener que llamar a mi departamento legal? Si lo hago os harán pedazos .

Un movimiento de papeles y bajos murmullos.

— ¿Dónde necesita que se le mande la información? — respondió la voz tensamente — La podemos pasar por donde solemos hacerlo, pero tiene que entender que la composición variará dependiendo de la calidad del agua local, te los tipos de cañerías… y…

— Tan sólo envíala — lo interrumpió Dar y repitió el número de fax de su compañía de seguros de Carolina del Norte. Levantó la cabeza al entrar Kerry y suprimió una sonrisa —. Y quiero saber por qué se descargó ese sistema.

Kerry la rodeó y agarró un dulce, mordisqueándolo mientras se acomodaba en la esquina del escritorio de Dar escuchando un agitado murmullo procedente del otro lado del teléfono.

— Todos están gritando — murmuró.

Dar alzó una de sus manos y la dejó caer.

— Muérdeme — respondió con voz hueca —. No quité las condenadas regaderas.

Kerry soltó el dulce y capturó los dedos de Dar, abrazándolos y mordisqueándole el pulgar.

Vale.

— Srta. Roberts, aún no sabemos cuál ha sido la causa — la desgraciada voz vino por el teléfono —. Podría ser una falsa lectura de calor, puede haber sido un error mecánico… no tiene sentido especular hasta que no tengamos algún dato. Mi equipo va de camino… tan pronto como lleguen y deduzcan lo que ocurrió, créame, la llamaré.

Dar sintió el agradable cosquilleo de unos dientes blancos raspándole ligeramente la sensibilizada piel del lateral de su dedo.

Bien — concordó —. Pero tengo todo un centro de datos abajo, y ni siquiera pueden entrar ahí para empezar a limpiar… así que será mejor que muevan sus culos — Colgó y reparó en que la otra línea aún estaba encendida. Pulsó el botón — ¿Mari?

Se oyó un juramento en alto.

— Oh…¿qué? Dar… sí — Mari se aclaró la garganta —. Escucha, dijiste que ibas a ocuparte de una cierta situación… bueno, creo que… — La fuerte voz de Steve se hizo oír de fondo exigiendo algo.

— Mándalo aquí arriba — dijo Dar tranquila pero con enérgicamente al teléfono.

— ¿Qué? — preguntó Mariana.

— Yo me ocupo. Mándalo aquí arriba — repitió Dar con una lenta y peligrosa sonrisa cruzando su rostro —. Después de esta mañana, voy a disfrutarlo.

Un momento de vacilación.

— De acuerdo — accedió renuentemente la VP de Personal —. Pero…

— Hazlo — la atropelló Dar y desconectó. Se reclinó en su silla y sonrió sin ningún atisbo de humor —. Oh sí… voy a disfrutarlo bien.

Dar — Kerry la observaba tranquilamente — ¿Qué vas a hacer? Los claros ojos azules la apuntaron.

Despedirlo — contestó Dar fríamente —. Y verlo retorcer su pequeño trasero fuera de este despacho en medio de dos grandes guardias de seguridad.

Kerry exhaló mientras estudiaba a su compañera silenciosamente. Dar… escúchame un minuto, se levantó del escritorio y se arrodilló apoyando una mano en el muslo de la alta mujer para equilibrarse. Él aún te guarda rencor desde hace diez años, ¿cierto? — Preguntó — Por eso empezó todo este estúpido asunto.

Dar arrugó la frente. Sí, ¿y?

Kerry pasó ociosamente la mano por el tejido de algodón. ¿No hay alguna manera de que puedas hacer esto sin perpetuar este odio?

— ¿Qué? — la mujer de pelo negro la miró fijamente.
Un suspiro.

Él te odia por algo que ocurrió hace media vida… es mucho tiempo para mantener esa rabia dentro… ahora esto… es sólo más rabia, y más odio, y mayor necesidad de venganza.

— ¿A quién le importa? — preguntó Dar — Kerry, no hay ninguna manera de que no nos vayamos a odiar… y, francamente, me importa un cuerno si lo hace. Tan sólo lo quiero fuera de aquí — Le dijo a la mujer rubia —. Será mejor que salgas de aquí antes de que se presente… no tiene sentido involucrarte.

Kerry tomó una respiración. Dar, yo ya estoy involucrada — dijo firmemente —. Si te odia a ti, me odia a mí — Miró a Dar directamente a los ojos —.

Y no me gusta ser odiada — Una pausa —. Incluso por alguien como él… ahora mismo ya tengo bastante con mi familia.

Dar pestañeó ante ella.

Eres muy inteligente…¿puedes encontrar una manera de echarlo sin escalar en esto? — Unos ojos verdes la miraron tristemente, leyendo la mirada aturdida en el rostro de la alta mujer — Así no volverá a nosotras cualquier día — Kerry acarició el lateral de la cabeza de Dar, donde aún se podía sentir un pequeño bulto, después se levantó y le dio un beso en la mejilla —.

Piensa en ello, susurró en la perfecta curva de la oreja. Después se giró y salió silenciosamente.

Dar se encontraba sentada en medio de un charco de luz. Los rayos de sol desempolvaban sus pantalones de algodón en los cálidos paneles ocre mientras seguía de frente al sitio vacío donde había estado Kerry arrodillada unos instantes antes. Su mejilla sentía el hormigueo de la suave presión y aún podía oler el perfume de Kerry en el aire que la rodeaba.

Su salvaje solución de cinco minutos antes se había esfumado, se había disipado en una oscura confusión que contraía sus cejas mientras se giraba lentamente en la silla descansando los codos sobre la mesa y rodeando la taza de café con un par de juegos de dedos flojamente entrelazados.

Había… sido demasiado fácil. Cortado y disecado. ¿Qué le importaba lo que él pensase de ello?

Oyó altas y enfurecidas voces en la parte de fuera de su despacho. María se había movido rápidamente para detener el avance hacia la puerta interior, la voz de la secretaria sonaba ultrajada.

¡María! la llamó Dar. Está bien.

Silencio. Después la puerta se abrió de un golpe y Steve entró furtivamente cerrándola con un portazo y andando hacia donde ella se encontraba sentada, de espaldas a la luz del sol.

— ¿Qué diablos quieres? — gruñó él.

Dar bebió un sorbo de su café, saboreando la crema en la parte posterior de su lengua. — Siéntate — le contestó tranquilamente.

Mira, no tengo tiempo para jugar contigo, Dar — respondió Steve permaneciendo de pie —. Debería haber sabido bien que te guardarías un as en la manga… pero no te preocupes. Hay muchos más de donde vino ese.

Dar lo estudió. No era mal parecido, o no lo sería si no tuviera la mitad de la cara tapada con una venda y la otra mitad aun enrojecida por las ortigas.

— Voy a despedirte — le comentó en un intento de conversación .

Él resopló. Claro… venga… voy a disfrutar del infierno demandando tu culo por ello — dijo apoyando las manos en sus delgadas caderas —. Así no tendré que trabajar durante unos cuantos años.

Te estoy despidiendo por un motivo — Dar extrajo una carpeta del cajón de su escritorio y examinó el contenido —. Falsificaste tus antecedentes de empleo — Repasó con voz apacible y pensativa —.

No es procesable.

Él la miró fijamente. ¿Qué?

Deslizó una copia de los antecedentes hacia él, con dos datos señalados con un círculo.

Declaraste que te habías graduado en UM con grado ES. No lo hiciste — taladró el papel con un lápiz —.

Y dijiste que habías trabajado para Anderson desde el 96 hasta el 98. No lo hiciste… te fuiste a finales del 97 — Cruzó las manos —.

Los antecedentes de empleo declaran que cualquier falsificación conllevará a un cese inmediato — Apuntó —. Y tú lo firmaste.

Silencio de muerte.

¿Hablas jodidamente en serio? — dijo mitad susurro, mitad grito — Todo el mundo mete mierdas en sus curriculums, eres una loca idiota.

Mm… — Dar asintió con la cabeza —. La mayoría de la gente lo hace… pero si te pillan, esto es lo que pasa — declaró —. Y sí, hablo en serio — Lo miró fijamente — ¿Quieres sentarte ahora?

Él miró fijamente sus antecedentes de empleo y luego a ella. ¿Y tú?...estás tirándote a tu maldita ayudante…¿qué te acarrea eso?

Pensó que realmente se debería estar enfadando. Pero, en cambio, casi sintió pena por él.

Ésa no es una ofensa de cese — le informó —. Y la multa por ello depende del supervisor del empleado — Una sonrisa muy breve y fugaz —. Y a menudo depende del valor relativo del empleado afectado.

— Eres un pedazo de mierda — sus ojos la odiaban.

La voz de Kerry hizo eco en sus orejas y apagó el súbito y seductor deseo de lanzarse sobre el escritorio y estallarle la mandíbula.

Sabes, Steve… si emplearas la mitad de la energía que gastas odiándome en hacer tu trabajo, no habrías sido despedido de tres compañías en los dos últimos años — le aconsejó sosegadamente —.

Sigues culpándome… y, francamente, mi vida es demasiado complicada incluso para tenértelo en cuenta.

¿De qué demonios estás hablando? le preguntó con respiración irregular.

Dar se inclinó hacia delante.

Mira… siento haberte denunciado sobre aquel asunto en aquel entonces y meterte en problemas… si hubiera sabido lo que sé hoy. Habría dejado que violaras el sistema y salirte con lo que hubieras podido, ¿vale?

Él la miró fijamente.

Ya han pasado diez años, Steve… no soy la misma persona… y ya no tengo remordimientos por ti… tan sólo déjalo y sigue — continuó Dar —. Te daré una buena recomendación si quieres… eso te meterá en cualquier Fortuna 500 al que la lleves… tan sólo deja toda esa mierda del pasado, ¿de acuerdo?

Durante mucho tiempo sus ojos se miraron, mientras el silencio transcurría por los tensos minutos.

No tienes que hacerlo — su voz goteaba amargor —. Sólo pon en tu pequeño y apropiado informe que lo dejé yo, ¿vale? — Se levantó y dejó caer la carpeta en la mesa —. Felicidades… espero que agarres tu pequeña victoria y te la metas por el culo.

Los ojos de ella se apartaron y dio un suspiro. — Gilipollas — dijo meneando la cabeza y marcando un número.

— Seguridad, Amos — contestó una voz ruda y masculina. Dar le explicó tranquilamente lo que había pasado y recibió una breve y comprensiva contestación. Después colgó y llamó a Mark.

— MIS… oh, hola, jefa — el tono de Mark era alegre y le puso una diminuta sonrisa en la cara —. Maldición que bien sabe oír tu voz.

Cierra el acceso a Fabricini — Dar suspiró —. Lo acaba de dejar.

Ooo ooo… ooo… trinó Mark, espera… siguió una rápida sacudida de teclas — ¡Tachán! Hecho — Carcajeó —. Bien hecho, jefa… tu mandas.

Sí — gruñó Dar —. Tengo que llamar a Mari…¿Cómo anda el redireccionamiento?

Apesta — respondió Mark —. Vamos a pasarnos aquí toda la noche.


Mmph — Dar desconectó la línea y suspiró —. Bueno, Ker… lo intenté. De veras que lo hice — Murmuró para sí misma mientras marcaba el número de Personal. La secretaria de Mariana fue quien contestó — ¿Está ella?


* * *

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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 10th 2017, 2:59 pm

Kerry se encaminó fuera de la parte trasera del balcón, alrededor de la parte de atrás de la sala de copias donde había un pequeño patio que desde donde se podía ver el agua. A veces le gustaba venir aquí y pensar, en la sosegada paz de esta lujosa altitud. Hacía un bonito día, y se dio cuenta anhelosamente de que la actual crisis probablemente iba a sobreponerse a lo de salir más temprano, lo que era un poco deprimente.

Había estado esperando poder pasar algún tiempo tranquilo en el agua, donde se pudiesen limitar a observar el ocaso juntas, y bucear un poco en las cálidas y profundas aguas. Dar se relajaba de verdad allí, y a veces hasta se mareaba un poco y, por supuesto traviesa, algo que Kerry encontraba encantador.

Sólo unos minutos, prometió sabiendo que tenía que regresar adentro y reenfrentarse con el problema. Tan solo unos cuantos minutos para apoyarse en el caliente metal de la baranda, sentir el cálido aire fresco del mar contra su rostro y beber de la luz del sol.

Deseó que Dar estuviese junto a ella, y se preguntó qué habría pensado su amante sobre su petición… la mirada aturdida no le había indicado si realmente lo consideraría, o si la idea era aceptable o no, pero Kerry tenía la sensación de que por lo menos había conseguido que pensase en ello. Y eso tenía que ser bueno, ¿cierto? Con un suspiro, cerró los ojos, y giró el rostro hacia el sol, sintiendo la luz contra sus párpados.

La puerta de detrás de ella se abrió y se giró pestañeando de sorpresa al reconocer la delgada figura de Steve caminando en su dirección. Cautelosamente, se acercó contra la baranda y lo observó mientras se acercaba.

Así que… — él la estudió — Aquí tenemos a la pequeña mascota de la Reina perra…¿este es tu espacio privado? Caminó hacia la baranda y se apoyó, oh… no te preocupes — Sus ojos la rastrearon — . Tu señora me acaba de despedir… tengo a los monos limpiando mi escritorio.

Kerry lo contempló pensativamente. — Siento lo de tu nariz — le comentó.

Él la miró fijamente. Y bueno, ¿cómo es eso de tirarse a la jefa?

La mujer rubia sintió un profundo traqueteo de rabia hacer erupción en su intestino.

¿Te gustaría saberlo? — le respondió — Pero ella no le echaría ni una segunda mirada a tu feo trasero, suspiró interiormente. “ ¿Qué era lo que le estabas diciendo a Dar sobre lo de que no te gustaba ser odiada? Refinado, Kerry… muy refinado… de cualquier modo, ¿qué pasa con este idiota que consigue sacar a tu parte cabrona del infierno?.

Y retiro lo dicho… no lo lamento en absoluto — Añadió —. Perdona se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta.

Debí habérmelo imaginado antes — gritó tras ella —. Pero Dick McMasters es un compañero mío… me dijo que no lo publicarías.

Kerry se giró, con la mano en el picaporte de la puerta, y lo miró, feos recuerdos la inundaron.

Ah… veo que lo recuerdas… la voz de Steve asumió un tono salvaje, sí… me lo dijo todo sobre ti… la homosexual atada y atrapada de la alta sociedad… casi se parte el culo de risa cuando le conté la pequeña y patética perdedora en la que te has convertido.

Le llevó varias respiraciones hacer bajar sus náuseas y vencer la familiar sensación de miedo que había sentido durante aquellos largos y oscuros meses.

Tú eres el que está sin sueldo — le dijo finalmente — ¿Así que cuál de nosotros es el perdedor? Hizo una pausa espero que algún día empieces a tomar responsabilidad de lo que te ocurre… en vez de culpar a todos los demás. Quizá acabes siendo una persona feliz

Abrió la puerta y salió cerrándola, marchándose tan rápido como pudo encaminándose ciegamente hacia la sala de descanso. Se zambulló dentro y se apoyó contra el contador. Levantó la vista cuando una mano le toco el brazo. Qu… oh, hola Duks.

Uno amables ojos castaños la consideraron. Hola, Kerry…¿te encuentras bien?

Kerry tomó una respiración y la soltó.

Sí… sí… se puso una mano en el estómago. Creo que fue un pastelito de carne que no me ha sentado bien — Se obligó a sí misma a sentarse —. Eh… estás quemado del sol.

La cara de Duks mostró una sonrisa torcida. Sí… sí, me puse el bañador y bajé a la piscina por primera vez desde que me mudé a este condenado sitio — le dijo soltándole el brazo y caminando hacia la máquina de café. Se sirvió una taza y la miró por encima del hombro — Eh oído que tenemos un transportador AVP.

Kerry contempló el suelo durante un momento. — Sip — concordó finalmente. Está siendo escoltado — Intentó sentirse mal al respecto, pero el tormento de sus tripas no la dejó —

. Yo… tengo que volver al trabajo, le dirigió una breve sonrisa a Duks. Te veo luego.

El vestíbulo parecía más ancho de lo normal y se alegró al meterse en su pequeño despacho con la puerta cerrada. Se quedó de pie durante un largo rato apoyada contra la fresca madera, después, se apartó y se dirigió hacia su escritorio. Se sentó en el fresco cuero de su silla y plegó las manos sobre la superficie de madera. Un suave golpe vino desde la puerta interna y suspiró.

Adelante.

Dar entró, con un toque de preocupación en sus ojos azules.

Hey.

Kerry juntó todas sus fuerzas y se medio giró para encarar a la alta mujer. — Hey — frunció los labios. ¿Cómo fue?

Dar se subió un poco los pantalones y se sentó en el borde del escritorio de Kerry. — Lo intenté — le dio una mirada torcida a la mujer más pequeña. Hasta le ofrecí una carta de recomendación — Se encogió de hombros —. No sirvió de nada.

— Ya lo sé — Kerry apoyó una mano en la pierna de Dar, consolándose con la calidez. Tropezó conmigo en la terraza — Su voz asumió un tono ligeramente ronco —. Yo también lo intenté.

Sus claros ojos verdes se alzaron. No sirvió de nada.

— Mmph — Dar deslizó una mano por encima de la suya. Estás fría… ¿Te encuentras bien? Le preguntó vacilantemente

Observando la palidez en la piel de su Kerry donde normalmente había un tono dorado — ¿Ker? — Agregó suavemente al no contestar la mujer rubia.

Sí… estoy bien… yo... Kerry tuvo que resistirse al impulso casi aplastante de reposar su cabeza sobre el muslo de Dar y dejar que la alta mujer la acariciase como un gato. Me trajo unos recuerdos desagradables… eso es todo — Levantó la mirada, hacia los amables ojos azules y dejó que la generosa mirada se asentase sobre ella —. Es un gran imbécil .

Dar se rió entre dientes, un poco aliviada. Sí… lo sé… pero se ha ido, así que podemos concentrarnos en el desastre actual — hizo una pausa un poco torpemente —.

Um…¿Quieres compartir los recuerdos, o…?

El teléfono de Kerry y sus dos buscas sonaron simultáneamente.

Podemos hablar luego — dijo la mujer rubia haciendo una mueca —. No era nada grande… de veras, alcanzó el teléfono. Operaciones, Stuart.

Una apresada voz le contestó.

Kerry, soy John Collins… tengo la oficina de Nueva York respirando bajo mi cuello y no consigo localizar a Dar… tienes que darme algo para decirles.

¿John? lo interrumpió Dar llanamente. Espera un minuto Puso la llamada en espera y encaró a su ayudante, alzándole la barbilla con los dedos para que sus ojos se encontraran. Podemos hablar ahora si lo necesitas se ofreció tentativamente.

Un silencio pacífico se estableció sobre ellas mientras se limitaban a estar sentadas contemplándose la una a la otra. Las pestañas de Kerry acabaron cerrándose temblorosamente y una débil sonrisa torció las comisuras de su boca.

Cuando me uní por primera vez a Asociados, tenía un supervisor que se llamaba Richard McMasters — declaró —. Y en realidad no estaba suscrito al EEOC — Esto era explicándolo por encima.

— Ah — las cejas de Dar se contrajeron y un tono gris apareció en sus ojos ¿Te acosó?

Kerry exhaló. Oh sí… aprovechaba cada oportunidad para tocarme y hacer algún comentario sobre mi aspecto, hasta que no pude mirarlo sin que me temblasen las manos preguntándome qué sería lo próximo que saldría de su boca — se detuvo por un momento —. Y entonces una noche me lo encontré en la biblioteca y me dijo que quería… conocerme mejor… y que si no cooperaba me despediría.

El zumbido del ordenador sonaba muy fuerte en el silencio. Un suave ruido procedente del protector de pantalla que había vuelto a la vida

Te… — Dar dudó —. Yo… quiero decir, te… — se encontraba honestamente chocada y un poco herida por Kerry no habérselo contado antes.

Me acorraló en el cuarto trasero dos días más tarde, y le dije que si no me dejaba en paz, tenía a mi padre que haría que el IRS lo atacase — el rostro de Kerry se tensó en una sombría sonrisa —.

En cierto modo, eso empeoró las cosas… se mantuvo tras de mí de otras formas, desechando mi trabajo, expandiendo rumores… hasta un día, una buena persona como Arthur Anderson lo contrató lejos

— Hizo una pausa —. Él dijo que era una prerrogativa de los jefes para poner fuera a la mayoría de sus empleados… Sus ojos investigaron la cara de Dar. Creo que puedes ver por qué nunca te hablé de ello, concluyó, un poco melancólicamente .

— P… — Dar apenas podía articular las emociones — Yo… nunca…

Kerry cubrió con su mano los repentinamente nerviosos dedos que aún descansaban contra su cara.

Lo sé — contestó cálidamente —. Créeme, lo sé, Dar… es sólo que… me siento rara hablando de esto contigo, soltó una respiración disipando algo de la tensión. Quiero decir, eres mi jefa, después de todo.

Dar estaba desanimada. Nunca había pensado en preguntarle a Kerry si quedarse en su posición actual era lo que quería hacer… sólo había pensado en sí misma, y en cómo se sentía sobre ello. Pero cuando abrió la boca para hacerlo, no salió nada.

Se aclaró la garganta y lo intentó de nuevo. Estás… Kerry, si no te sientes cómoda con esto podemos… quiero decir, hay lugares suficientes en la compañía… yo sólo… yo…

Kerry sintió la tensión creciendo bajo la ropa que cubría con su brazo, que descansaba sobre los muslos de Dar.

— Me dijiste que me necesitabas donde estaba — declaró suavemente.

Lo hice… lo hago… Kerry… yo… quiero decir, claro que lo hago, pero si va a perturbarte… yo… Dar sintió tartamudear, algo que no le había ocurrido desde el cuarto grado. Sujetó su maxilar cerrando la boca, y tragó varias veces. Podemos hacer arreglos si no estás cómoda con esto, se las arregló para decir en un tono más tranquilo y uniforme. Sobreviví sin una ayudante durante años… puedo volver a arreglármelas sola.

— ¿A qué precio? — Kerry se levantó y se pasó una mano por el cuello sintiendo el pulso acelerado bajo las yemas de sus dedos. Dijiste que la presión estaba dando cabo de ti — Le recordó a su compañera, cuyos ojos bajaron hacia el escritorio —.

Yo estoy bien… adoro este trabajo, adoro trabajar para ti y no quiero irme a ningún sitio, ¿vale? Se inclinó hacia delante y tocó la frente de Dar con la suya. Sólo he tenido algunos sucios recuerdos, eso es todo… él es un imbécil, quizá me recuerde a Dick por la manera en que me saca de quicio todo el tiempo, este no era el momento para contarle a Dar el resto.

Quizá nunca sería el momento adecuado para ello.

Jesús, ¿Desde cuándo me he vuelto tan insegura? Se preguntó Dar mientras sentía que su corazón comenzaba a calmarse. ¿Qué demonios me está pasando últimamente?...es como si fuera de nuevo una niña, volviendo atrás para ser una condenada adolescente.

De acuerdo — se las arregló para sonreír —. Puedes hablarme más sobre ello más tarde… si te molesta, ¿Vale? — Sentía que había más, pero comprendió que presionarla ahora era mala idea.

Kerry le devolvió la sonrisa. Vale, le echó una mirada de soslayo al teléfono, que sería parpadeando. Ahora…¿Qué diablos le digo, Dar?

¿Huh? la ceja de Dar se alzó al encontrarse con los ojos de Kerry Oh… es verdad, se frotó los temporales. Um… dile que estamos mandando un equipo de ejecutivos hacia Carolina del Norte para hacerse cargo y recuperar los sistemas lo más rápido posible.

Kerry alcanzó el botón, pero luego dudó. ¿Lo estamos haciendo? preguntó con curiosidad.

Una furtiva y seductora sonrisa asomó por una de las comisuras de la boca de Dar.

Sí… me figuro que en unas ocho horas pondremos sus culos en funcionamiento y tendremos un par de días para nosotras en una pequeña cabaña que conozco cerca de allí — dudó levantando ambas cejas esperanzadamente — ¿Te parece bien?

Los ojos verde mar pestañearon. ¿Te refieres a nosotras? dijo apuntando al pecho de Dar y luego al suyo. Tú y yo…¿vamos a ir?


Dar simplemente afirmó con la cabeza.

— Bestial — emitió Kerry y pulsó el botón. Hola, ¿John? puso el micrófono sin sonido un instante, no tendrán por acaso algo de paseos a caballo allí, ¿no? — Despejó el micrófono — John, sabemos que está muy mal… puedes decirles que Dar va hacia allí para hacerse cargo personalmente.

Una pausa.

¿De veras? contestó el hombre, claramente impresionado. Eso me los quitará de encima… gracias Kerry… eres la mejor.

— Es un placer — le aseguró la mujer rubia alegremente. Todos los pensamientos de Steve se disolvieron. Desconectó la línea y se giró hacia Dar. Y ahora… estábamos hablando de caballos, ¿cierto?

Una carcajada. Sí… tienen un sendero de paseos a caballo… me imagino que podremos hacer un poco de caminata mientras estemos allí, sugirió. Si salimos esta noche, tendremos mañana y el viernes para reforzar la oficina de redes y, entonces, tendremos todo el fin de semana para jugar

La idea se le había ocurrido justo antes de recomenzar y había puesto el plan en acción antes de salir de su despacho. Tengo a María haciendo las reservas.

Kerry sonrió, ¿Quieres que vaya a casa y haga las maletas?, sugirió, ¿Cuándo es el vuelo?

A las siete, y eso sería buena idea, la alabó Dar. Asegúrate de poner algo de ropa de abrigo… allí hace frío, sus cejas se alzaron seductoramente. Demasiado para lencería ligera, desgraciadamente.

Kerry se levantó y deslizó un dedo por el cierre abrochado de la camisa de seda de Dar.

No sé… creo que quedas muy sexy sólo con ese viejo jersey tuyo, le susurró.
Una suave risa. Oh, ¿eso crees?

Mmhmm… la mujer rubia bajó su voz aún más, pero entonces… eres preciosa, Dar… estarías sexy hasta con un saco, le confidenció, acariciando los labios de su compañera con los suyos.

Voy a ir a buscar nuestras cosas… de todas formas necesito un poco de aire fresco, dio una palmada en la pierna de Dar, rodeó el escritorio, cogió la chaqueta de la silla, se la puso por encima de los hombros y se encaminó hacia la puerta.

Dar la observó al salir y dejó salir un largo y lento respiro.

— Wow — se pasó una mano por el pelo. Creo que también necesito algo de aire fresco.

La luz del sol pestañeó alegremente a sus pies en alegre concordancia.



* * *
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 11th 2017, 11:11 pm


Chino gimoteó con éxtasis todo su cuerpo retorciéndose de alegría al tiempo que mordisqueaba los dedos de Kerry. Después irguió la cabeza y miró tras la mujer rubia expectante. Kerry rió.

Lo siento, pequeña… ella no está conmigo — rascó las orejas de la cachorro —. Sé que ella es tu compañera, ¿huh?

Chino pestañeó y pareció perder el interés por Dar al concentrarse en atacar los zapatos de Kerry.

— Raowr — la cachorro tiró de un cordón dejándolo caer y ladrando ultrajada al ver que la cosa persistía en permanecer atada a Kerry y que todos los tirones del animal no la podían mover.

De acuerdo…¿por qué no sales mientras preparo algunas cosas, huh? Kerry abrió la puerta trasera permitiendo que la cachorro corriese precipitadamente hacia el pequeño jardín vallado. Era seguro para ella, desde que Dar había pasado más de un fin de semana construyéndolo, lo que incluía el asegurarse de que no había ningún hueco bajo el cerco y sacar las piedrecillas que seguramente el animal intentaría comer. Observó a Chino olfatear alrededor por un momento y después se metió dentro comenzando por poner dos maletas juntas. Empezó por la de Dar.

Lo que era fácil. Pantalones vaqueros, polos suaves y pulcramente apretados, dos suéteres que eran los dos que tenía, su camisa de franela, la sudadera con la Kerry adoraba verla y buenos calcetines calientes. Y ropa interior, claro. Kerry se divirtió escogiendo sus piezas favoritas, incluyendo aquellas tan bonitas de las pequeñas imágenes de Dogbert. Oh, y la camiseta de béisbol y los pantalones cortos. El kit de aseo, con su champú, su jabón, su cepillo de dientes y el pequeño frasco del interesante polvo de talco aromático que a Kerry le gustaba ponerle. Lo olió y cerró los ojos, el pequeño ruido que emitió su garganta casi la sobresaltó.

— Jesús — se dio una palmada en la frente. Me estoy volviendo una hedonista, murmuró cerrando la maleta y uniéndola al transportador que Dar siempre usaba. Pero así es como Dar la hacía sentirse, reflexionó… sexy y sensual, como si estuviera tomando un baño de feromonas la mayoría del tiempo.

Todo parecía más intenso… su olor… el profundo y opulento color de sus ojos… Oh chico, Kerry se detuvo y tomó varias respiraciones. Vale… creo que necesito un vaso de agua. llevó la maleta hasta el sofá y la dejó allí. Continuó hacia la cocina y se sirvió un vaso de té helado de melocotón, el cual se deslizó por su garganta como una fresca y dulce ola. Se apoyó contra el contador y se lo bebió a sorbos, pensando en las tablas de rutas de TCP/IP hasta que su cuerpo se volvió a asentar y pudo subir las escaleras hacia su cuarto.

Su maleta era un poco más difícil, principalmente porque tenía ropa de invierno entre la que escoger. Metió un par de pantalones vaqueros, puesto que eran más cómodos que la pesada pana, que era su otra opción. Dar le había dicho que le gustaba mucho cómo le quedaban los vaqueros no teniendo nada que hacer con esa decisión.

Por supuesto. Kerry sonrió mientras se lanzaba sobre su colección de suaves suéteres de lana. Seleccionó dos que eran sus favoritos y otro cuyo color le recordaba al de los ojos de Dar. Este último era un regalo de su hermano y estrechaba sus curvas, provocando una apreciadora sonrisa en la cara de Dar la última vez que había tenido ocasión de vestirlo.

Lo metió dentro de su maleta de cuero de color canela junto a un par de camisas de manga larga que podría vestir por debajo. Agregó un par de mitones, sus calcetines calientes y su kit de baño, alegrándose de que no le debería venir el periodo hasta la próxima semana.

Una vez todo empaquetado comenzó a bajar, después se detuvo, posó la maleta en su cama. Fue al armario donde abrió un cajón y sacó una pequeña caja aterciopelada. La abrió pensativamente. Sus ojos trazaron los contornos familiares del hermoso anillo de filigrana que estaba dentro. ¿Sería el momento adecuado?

Kerry suspiró y cerró la caja, volviéndola a poner en el cajón. Una parte de ella sólo quería deshacerse de las inseguridades y proseguir con el regalo… pero otra parte de ella dudaba, atrapada entre el temor de que Dar no quisiese ese tipo de compromiso y el conocimiento de que ella, Kerry… lo necesitaba de una manera profunda y casi incómoda.

Quizás… se mordió el labio. ¿Quizá el día de San Valentín? Sólo faltaban dos semanas… una bola de nervios se le formó en el estómago. Tal vez consiguiese saber lo que sentía Dar este fin de semana… sólo para asegurarse de que no quedaría como una completa necia cuando se decidiese a hacerlo.

Oh, vamos, Kerry… sabes que te ama. Se reprendió a sí misma. Jesús… no se va a echar a reír ni nada.

¿Verdad? Kerry tamborileó con los dedos sobre su muslo. Agarró la cajita y la metió en la maleta, la cerró y se colgó la correa del hombro. Decidió, mientras iba hacia abajo y ponía su maleta al lado de la de Dar, que tal vez practicaría. Se sentó y ojeó el correo.

Oh, extrajo las tres o cuatro que eran suyas remitidas de la dirección de Kendall. Dos eran facturas, la tercera era una oferta de una prueba beta de la nueva colección de aplicaciones de Microsoft y la cuarta…

Hace tiempo que no sé de ella, Kerry giró la carta de su gran tía entre sus dedos antes de levantar la solapa y sacar la cremosa y suave estacionaria con aroma a polvo y recuerdos. La abrió y desdobló el papel sobre sus rodillas estudiando la delgada escritura parecida a una araña.


Querida Kerrison,

Mi querida, me han llegado palabras de que andas enemistada con tus padres, y eso me preocupa enormemente. No por ellos, sabes bien que nunca me di bien con tu padre, sino por ti, ya que sé lo mucho que significa para ti la familia.

Tu hermana me dijo que estás bien, viviendo ahí en Miami, con una persona que me ha dicho que te gusta bastante. Con su habitual charla débil, se las arregló para darle vueltas al asunto, pero yo voy a asumir que esa otra persona es una mujer y si piensas que mis viejos nervios no pueden con ello te informo con mucho gusto de que ese no es el caso.

Espléndido para ti, mi querida. Me encantaría conocer a esa persona, y quiero asegurarte que, independientemente de lo que parece que piensen tus padres, el resto de tu familia no ha cortado contigo de ninguna manera. Eres bienvenida a mi casa, y sé que a Mitchell le encantaría verte. Por favor, llámame, cuando tengas oportunidad, ya que también me gustaría oír la historia real, en oposición a la censurada versión con la que tu hermana quiso agraciar mis orejas supuestamente blandas.

Con gran afecto,

Tía Penny.


Kerry sonrió abiertamente mientras releía la carta. Mi buena Tía Penny, meneó la cabeza recordando la vieja pero astuta mujer que había visto por última vez antes de mudarse a Miami.

Cuando le había dado el anillo y se rió, haciendo que Kerry se girase hacia la luz observándola con centelleantes ojos del mismo color que los suyos.

Había sido una de las únicas personas en la vida de Kerry que le había dicho, espacio en blanco, que era bonita, degradando los continuos años de incesantes pareceres de su madre. Kerry la habría llevado en el corazón sólo por eso, pero ella siempre tenía la sensación del cálido afecto de su tía y se alegraba de que incluso este último desastre no hubiese roto ese lazo. Tomó nota mental de llamar a su tía después del fin de semana. A modo de antojo, regresó a su cuarto y cogió la pequeña caja de papel de escribir. La metió dentro de la maleta junto con un par de sus plumas favoritas.


Eso es lo que haré, Chino… le escribiré una carta… eso le gustará, le dijo a la cachorro que se encrespada alegremente a sus pies. Apuesto que ella te gustaría… tiene un terror escocés, quiero decir, un terrier que solía comer mis zapatos cuando iba allí. Chino miró hacia arriba, después apoyó su barbilla en el pie de Kerry y suspiró.

Kerry también suspiró y se recostó contra el suave cuero del sofá bebiendo de la paz del lugar. Agarró a Chino y la abrazó, sonriendo cuando la cachorro se tendió sobre su pecho con la cálida respiración colándose furtivamente por entre los botones de su camisa.

Se relajaría un momento y después volvería a la oficina.



* * *


Aquí tienes, Dar — María entró apresuradamente con dos sobres que contenían los billetes de la compañía aérea —.

Tengo reservas para las dos en el avión, y vuestra habitación de hotel está lista — La secretaria le dedicó una traviesa sonrisa —. Sólo tienen habitaciones con… como se dice, con jaguar.

Dar se detuvo en lo que estaba haciendo y levantó la vista sobresaltada. ¿Qué? echó una mirada a los billetes, ¿Un jaguar?

Sí… con burbujas… María hizo movimientos circulares con la mano, en el agua.

Oh… oh… un jacuzzi — Dar rió entre dientes y le mandó una mirada rigurosa —. Esto es estrictamente negocios, María.

Sí… sí… pero tú sabes cuán importante es mantenerse limpio, Dar —contestó María inocentemente —. Ya sabes, es una pena que regreses con gérmenes.

Lentamente, los claros ojos azules se alzaron y la contemplaron con una traviesa sonrisa en los labios… María… si no te conociera mejor, diría que me estás animando a que haga algo contra la política de la compañía con mi talentosa ayudante.

María pestañeó ante ella. Oh sí, asintió seriamente con la cabeza. Te veré el lunes, Dar… pásatelo bien, salió trotando dejando a su muy aturdida y sorprendida jefa sentada tras su escritorio.

Un jaguar, ¿huh? se guardó los sobres dentro de su chaqueta y consultó el reloj y hablando de mi adorable y talentosa ayudante… Agarró el teléfono y marcó el número del teléfono móvil de Kerry.

Sonó cuatro veces antes de que contestase. La voz sonaba un poco aturdida.

Oh mierda.

Dar contempló el teléfono divertida. Buenas tardes para ti también, Kerrison, pronunció con lentitud ¿Qué pasa?

Mierda, mierda, mierda… Kerry suspiró. Lo siento, Dar… preparé las cosas, después me senté y jugué con Chino por un momento y me quedé dormida, sonidos de murmullos provinieron del teléfono. Voy de camino… no sé qué diablos se apoderó de mí, sonaba disgustada. Dios…

Hey… tranquilízate, Dar rió. Nos levantamos temprano, no dormimos mucho anoche y estás cansada, es normal dar una condenada cabezada… no te has perdido nada, extendió la mano y tomó un sorbo de café de su taza.

El centro aún está abajo, aún necesitan de nuestra ayuda, tengo nuestros billetes y María nos reservó un cuarto de hotel completo con Jacuzzi.

Un silencio momentáneo.

Oh, ¿De veras? Kerry había cerrado la puerta del coche y se oyó el sonido de ponerlo en marcha, un Jacuzzi, ¿huh? ella es muy sutil, una pausa. Suena bien, sin embargo… Colleen me ha estado tentando con visiones de ti, yo, un fuego y algunos malvaviscos.

Ooh, ronroneó Dar. Podría con esa… adoro los malvaviscos, se levantó y empezó a guardar el portátil. Te esperaré abajo… podemos tomar un rápido aperitivo en el aeropuerto antes de subirnos al avión.

De acuerdo, dijo Kerry ahogando un bostezo. Te veo en unos momentos.
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