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Alerta de huracán, Melissa Good

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Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Junio 24th 2013, 8:31 pm

Primera parte


La oficina estaba prácticamente en silencio, atravesada sólo por el débil rasguñar de una pluma sobre el papel y el suave y característico murmullo de un ordenador al fondo. La decoración de la estancia se basaba en un juego de cálidos tonos caoba, con una pequeña mesa de conferencias rodeada de sillas por uno de los lados, una mesita discreta sobre la que reposaba una jarra de agua y un conjunto de vasos, y el escritorio frente a una gran ventana que cubría toda la pared y ofrecía una amplia vista del horizonte: el océano Atlántico, agitado y de un tono azul verdoso.[/font]

Tras el escritorio, una mujer alta y morena ataviada con una falda gris bastante conservadora, una camisa blanca de seda y las mangas por encima de los codos dejando al descubierto sus brazos morenos y torneados. El respaldo de la silla oculto bajo la chaqueta a juego y la morena cabeza apoyada en el puño, mientras la otra mano sostenía y manejaba afanosamente una elegante pluma.

Terminó con uno de los folios y lo dobló, dejándolo junto al pequeño acuario en el que dos peces siameses nadaban lánguidamente, dirigiendo ocasionales miradas a la dueña de la mesa.

Y van doce. Quedan dieciocho. -Dar suspiró rozándose el mentón con el extremo de la pluma-. Las evaluaciones del personal deberían llevar mucho tiempo hechas. -Se detuvo un momento y pulsó uno de los botones de su aparatoso teléfono-. ¿Mari?

-¿Sí...? Hola, Dar. Buenas tardes. -La voz de la Directora de Personal surgió relajada y amistosa al otro lado de la línea.

-¿Me puedes explicar por qué no hay forma de que una de las mayores compañías de IS del mundo tenga las condenadas evaluaciones de su plantilla en la Intranet? -preguntó Dar con irritación-. ¿Sabes el tiempo que nos ahorraría?

-Ah, Dar... -Mariana suspiró como si llevara todo el día respondiendo a la misma pregunta, y de hecho así era-. Si lo hiciésemos así, ¿cómo demostraríamos la cláusula de la normativa que exige que todos nuestros altos directivos sepan escribir a mano? -contraatacó-. Y ya que sacas el tema... no deberías quejarte tanto. Sólo eres directamente responsable de treinta personas. Piensa en José. Él tiene doscientas.

Dar lo consideró, mordiendo el extremo de la pluma.

-Tienes razón. Ya sólo esa idea me hace sentir mucho mejor. -Se rió entre dientes-. Debe estar tirándose de los pelos... literalmente.

-No bromees -suspiró Mari-. En realidad, la razón de que no estén preparadas las evaluaciones es que había ciertas reticencias en Seguridad. Desde la Intranet cualquiera podría tener acceso.

-Oh. -Se tomó unos segundos para considerar también este nuevo dato-. Entonces... supongo que no debería mencionar el hecho de que acabo de pasar por la sala de impresoras y que uno de esos chismes estaba escupiendo las evaluaciones de José a diestro y siniestro, ¿verdad?

Mari suspiró con disgusto al otro lado del auricular.

-Era como una de nuestras comidas de empresa. -Dar empezó a dirigir muecas al teléfono-. Todo el mundo mirando de reojo...

-¿Y no hiciste nada? Dar... se supone que eres la responsable de Gerencia ahí. -La voz de su homóloga de la sección de Personal empezaba a sonar irritada.

-Eh... ¿Cómo iba yo a saber que no se trataba de un incentivo para incrementar las ventas? -preguntó Dar razonablemente-. Después de todo, yo estoy haciendo las mías a mano.

-Jesús... Está bien, de todas formas me vendrá bien un café. Ya me paso yo - resolvió Mariana con un suspiro-. ¿Cómo lo llevas?

-Estoy a la mitad -mintió Dar.

-Ya veo... -La voz de la mujer denotó la más completa de las incredulidades-. ¿Por qué siempre esperáis hasta el último minuto?

-¡¡Porque esto es como un dolor en el culo, Mari!! -respondió Dar exasperadamente-. ¡Dile a Plano que entre en el siglo XXI como todos los demás y suba todo esto de una maldita vez! ¡Si hicieran las cosas bien no habría problemas de seguridad!

-¿Puedes deletrear eso, Dar? Seguro que les encantaría el fax -respondió Mariana con voz seria-. De acuerdo... pondré una recomendación, otras más, para que hagan los informes virtuales.

-Gracias -respondió Dar malhumorada-. Tengo que dejarte. -Colgó el teléfono y retomó su tarea. Cada una de las evaluaciones constaba de cincuenta categorías con las que calificar a sus empleados, y también una sección de comentarios en la que por norma había que poner algo-. Por el amor de Dios... -Suspiró resignadamente recolocando los folios-. ¿No les bastaría con un papelito que dijera "si no te despido es porque trabajas bien"? -Dijo esto último dirigiéndose a los peces, que le respondieron meneando las aletas-. No, supongo que no. -Devolvió su atención a los papeles, escogió un fruto seco de su taza color azul cobalto y lo mordisqueó.

En ese momento, un golpecito a la entrada le hizo adorar repentinamente las interrupciones.

-Adelante -dijo en voz alta, viendo asomar a continuación la cabeza de su secretaria tras la puerta entreabierta-. María... ¿tenemos ya los informes de Marketing?

La mujer, madura y bajita, sacudió la cabeza.

-Nada... y van tres veces que llamo al departamento. -Avanzó sobre el suelo alfombrado y colocó varias carpetas en el archivo de Dar-. Tres cuentas nuevas. Kerry va a tener una semana ajetreada.

-Sí... -concordó Dar. La simple mención de su ayudante le trajo una inconsciente sonrisa a la cara-. Depende... -Marcó con velocidad aprendida un número en el teléfono. Sonó dos veces y a continuación, una voz animada-. Necesito hablar con José -comenzó Dar secamente.

-Lo siento... en este momento está reunido -fue la respuesta del otro lado.

-Dígale que salga y que se ponga al teléfono o estaré allí en treinta segundos -afirmó dejando caer el tono de su voz.

Silencio.

-Un momento, por favor.

Dar esperó, mirando el reloj con un gesto exagerado. Por su parte, María se cubrió la boca para evitar que se le escapase la risa. Veintisiete segundos después alguien diferente apareció al otro lado del auricular.

-¿Qué diablos quieres, Dar? -gruñó el Vicepresidente de Marketing.

-Necesito los informes -respondió Dar con el mismo talante-. Y francamente no puedo permitirme perder el tiempo que supondría que mi gente persiguiese a la tuya por todo el maldito edificio y se los sacase por las malas.

En el silencio, pudo oír la respiración pesada de él. Esperó pasando unos cuantos comentarios más a la hoja que tenía a medias mientras mordisqueaba otro fruto seco.

-Estoy esperando -dijo con dureza.

-Pues espera un poco más. -La línea se convirtió en música.

Dar tarareó escogiendo una nuez y empujando la taza hacia María.

-¿Quieres?

La secretaria aceptó la oferta escogiendo un pedazo de albaricoque, sonriendo internamente ante el repentino gusto de su jefa por los aperitivos saludables en lugar de sus habituales chocolatinas.

-Los tendrás ahí en cinco minutos -afirmó la voz de José en cuanto volvió a ponerse-. Y deja ya de asustar a mi personal.

-Si hicieran su trabajo no tendría que llamarte, ¿no crees? -replicó Dar suavemente antes de colgar-. Subnormal -murmuró sacudiendo la cabeza-. Bien... si no tienes esos informes a tiempo en tu mesa, ven a verme.

-Sí... Dar, ¿has visto al nuevo ayudante del Sr. José? -añadió María bajando la voz-. No soy de las que van por ahí chismorreando, pero dos personas me han dicho ya que es un tipo realmente astuto y que los dos están tramando... ¿Cómo se dice? Ir contra ti.

Dar se inclinó sobre los codos, jugueteó con la pluma que tenía en la mano y la miró.

-Yo he oído lo mismo. -Sus intensos y claros ojos azules miraron a María-. Kerry está en una reunión con él y con Eleanor ahora mismo. De hecho... fue él quien puso en cuestión los proyectos de las instalaciones para este año.

-Dios mío -dijo la mujer mayor con el ceño fruncido-. Habrá problemas, ¿verdad?

Ella asintió lentamente.

-El Sr. Fabricini y yo nos conocemos desde hace tiempo -comentó calmadamente la ejecutiva-. De hecho, éramos amigos. -Y de hecho también, un antiguo compañero de clase cuya contratación había supuesto una desagradable sorpresa para ellas al regreso de vacaciones-. Pero aquello se acabó -confesó al fin con franqueza-. Podría ponerse bastante feo, sí.

María suspiró.

-Eso no es bueno -dijo arrugando la frente una vez más-. ¿Por qué no podrán simplemente venir, hacer su trabajo e irse a casa... en lugar de estar todo el día buscando problemas? -Exhaló-. Pobre Kerry, sola con esos dos.

Una silenciosa sonrisa asomó al rostro de Dar.

-Ella es fuerte... estará bien, María -afirmó para tranquilizar a su secretaria-. Escucha, sé que tengo una reunión con el comité ejecutivo después del almuerzo, pero ¿podemos cambiar lo del informe del cliente ese para mañana o sigue planeada para las cuatro?

-Lo comprobaré. -María se dirigió hacia la puerta-. Y te mantendré al tanto de lo de los informes.

-Gracias -dijo soltando un suspiro. Volvió a concentrarse por un minuto y luego dejó caer la pluma y se reclinó en su sillón con ojos pensativos.

Así que era cierto. Hasta María estaba enterada. Dar sintió una familiar frustración creciendo en su interior, accionada por el entristecido comentario de la mujer. ¿Por qué simplemente no podían aparecer y hacer su trabajo? Su primer encuentro le aclaró que Steven Fabricini había sido contratado específicamente porque conocía a Dar, y José esperaba que aquello le proporcionase ciertas ventajas en la sala de reuniones.

No es que no estuviera cualificado, meditó Dar. Incluso bastante más que José, en su más honesta opinión. Pero también tenía menos escrúpulos que aquel cubano fanfarrón, era más despiadado y mucho más agresivo si lo tenías como enemigo.
Igual que ella, si quería ver las cosas muy objetivamente, y en tal caso la decisión de José no había sido mala para sus propósitos.

En cualquier caso, su primer encuentro no había ido bien.

"-Hola Steven. -Dar permaneció quieta tras su escritorio, con las manos sobre el mismo, cuando él entró.

-Vaya, vaya, vaya... Mira lo que tenemos aquí. Pero si es mi antigua mejor compinche, Dar Roberts -comenzó Steven avanzando con pavonería, cerrando la puerta tras él y cruzando la habitación. No había cambiado mucho: alto, de constitución delgada, similar a la de un corredor de fondo, y pelo tupido y oscuro. Sus ojos pardos no dudaron en estudiarla mientras se acercaba, con una pulida sonrisa ya en su rostro para cuando le tendió la mano-. Ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?

"No el suficiente", casi respondió Dar mientras aceptaba el gesto con desgana y se lo devolvía con un poco más de fuerza de lo normal.

-Así es -contestó ella en tono neutral-. Creo que la última vez que te vi fue justo después de que te expulsaran de la Facultad en el último semestre.

-Mm... sí, y tú disfrutaste maquinando todo aquello, ¿verdad? -El hombre rió entre dientes-. Pero está bien... sin resentimientos... después de todo, las cosas no han ido tan mal, ¿verdad? Aquí estamos los dos -dijo abriendo los brazos-. Mi oficina no es tan agradable como esta, pero... -se interrumpió, posando los ojos en ella-. Quizá eso cambie pronto.

Dar se limitó a levantar una ceja, negándose a picar el anzuelo.

-Bueno, te deseo suerte -concluyó ella manteniendo una expresión pétrea.

En ese momento resonaron unos golpecitos de la puerta interior y ella mandó entrar alzando la voz, girando a medias la cabeza para observar el reloj al tiempo que Kerry aparecía. La mujer rubia atravesó el haz de luz solar que se vertía por la ventana y se pasó la mano por el pelo, destacando aún más su ya de por sí agraciada constitución.

-Tengo los informes -dijo ella, dirigiendo a Steven una mirada curiosa y centrando luego su atención en Dar-. Ese centro de Nueva York va a ser casi imposible de completar... Nynex tiene proyectados otros sesenta días antes de arrancar los circuitos.

-No es suficiente -dijo Dar concisamente-. Veré qué puedo hacer. -Luego se giró hacia el lugar que ocupaba un visiblemente interesado Steven-. Kerry, éste es Steven Fabricini, el nuevo ayudante de José -le presentó-. Kerry Stuart, mi mano derecha.

Kerry casi... casi había sonreído ante aquel comentario. A Dar no le había pasado desapercibido cierto brillo en los ojos de la mujer al tenderle cortésmente la mano a su visitante.

-Un placer.
-Lo mismo digo. Sin duda. -Habló dejando caer cada palabra y dedicándole una encantadora sonrisa-. Trabajaremos muy bien juntos, estoy seguro.

Kerry se limitó a hacer una inclinación de cabeza, después se giró y se deslizó fuera de la habitación dejándolos solos otra vez.
-Vaya, vaya... Dar, vieja amiga... ciertamente tu gusto ha mejorado -rió Steven-. Es una preciosidad.
Ella consiguió frenar la rabia que pugnaba por salir de su interior, aunque casi demasiado tarde.
-Steven, esto es una compañía EEDC, y nos lo tomamos muy en serio. Deberías guardarte ese tipo de comentarios para ti, porque no creo que le interesen a nadie más.
-Oh, vamos Dar. -Se levantó con aquella obscena sonrisa aún pintada en la cara-. Tienes ciegos a todos los de aquí con esa actitud de "bésame el culo"... pero yo no voy a caer en la trampa. -La apuntó con el dedo-. Te conozco... y así es como te voy a hundir.

Dar lo miró fríamente.
-Steven, ya no soy la persona que conociste. Ten cuidado y no prometas cosas que luego no puedas cumplir.

El rió y se marchó por donde había venido.

Desde entonces se habían lanzado unas cuantas puñaladas, culminando en un desafío formal, un par de días antes, en lo referente a las negociaciones adicionales al proyecto que habían estructurado antes del final del último año. Ella sabía que Steven buscaba lucirse ante José, y aquello le suponía una oportunidad para atacarla. Por eso revisó la información y envió a Kerry a la reunión en su lugar.

Se preguntaba cómo le iría.


***
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Junio 27th 2013, 11:22 pm

La sala de reuniones era pequeña, sólo una mesa ovalada con seis sillas y una pizarra blanca detrás de una cortina beige. En aquel momento, cuatro personas estaban sentadas a la mesa. Tres de ellas mirando fijamente a la cuarta: una mujer de mediana estatura, pelo rubio y claros ojos verdes. Llevaba una sencilla falda azul oscuro y un jersey de lana a juego que contrastaba con los trajes de ejecutivo y las resplandecientes faldas y chaquetas rojas de sus acompañantes.

-Lo siento... creo que no he entendido bien la pregunta -especificó Kerry haciendo girar el bolígrafo entre sus dedos y observando pacientemente el otro lado de la mesa. José, Eleanor y Steven completaban el círculo, y Kerry tenía la desagradable sensación de ser un conejo encerrado en una jaula... con tres serpientes hambrientas.

"Afortunadamente", pensó para sí, "los conejos tienen uñas y dientes para usarlos cuando es necesario".

-¿Qué tienen que ver media docena de directivas que ni siquiera fueron aprobadas con los proyectos del año pasado?

Obviamente Steven Fabricini se había enfadado por el hecho de que Dar la enviara a ella en su lugar, reparó Kerry, pero comprendía por qué lo había hecho... Ella tenía las respuestas a sus preguntas, y además aquella vuelta de tuerca impedía que la reunión se convirtiese en un debate en el que Dar se vería forzada a estar a la defensiva, atacada sin tregua por los tres responsables de Ventas y Comercio.

En aquel momento, Steven se levantó y fue hacia la pizarra blanca.

-Bien, tal y como yo lo veo... si pretendemos tener semejante potencial, los de Financiación están obligados a ponernos banda ancha para que podamos cerrar acuerdos - dijo abriendo los brazos-. ¿Qué necesitas entender?

Kerry inclinó la cabeza.

-Eso es como decir que vas a comprar seis hamburguesas del McDonalds por si te entra hambre alguna vez en tu vida -replicó ella-. La petición del cambio de banda está basado en una fórmula que relaciona el rendimiento de vuestro departamento en los últimos años... Si queréis que eso cambie, tendréis que conseguir más contratos, porque nadie va a proporcionaros circuitos más complejos sólo con la remota posibilidad de un "supuesto" liderazgo. -Consultó la información que Dar había impreso para ella-. De acuerdo con las proyecciones de los últimos cinco años, la infraestructura está aumentando la adquisición de circuitos basados en nuevas cuentas en un diez por ciento proporcional. -Levantó la mirada-. ¿Pretendes decirme que conseguiríais más cuentas de lo que está aquí escrito?

-¡No tenemos ni idea! -exclamó José alzando las manos-. Pero no podemos negociar sin la banda que nos permita atender sus demandas inmediatamente.

-¿No lo ves, Kerry? -añadió Eleanor suavemente, sonriéndole-. No tenemos un chip regateador.

-Ah -dijo Kerry cruzando las manos sobre los papeles-. Bien... entonces, ¿qué pasa si no añadimos esas cuentas y acabamos el año con un balance negativo que, digamos, tenemos que compensar?

-¿Lo ves? Ese es tu problema, cielo... No puedes pensar así... Tienes que ser más positiva -le dijo Steven apuntándola con el marcador-. Tu conservadurismo te ciega... y eso destruye tu potencial para avistar nuevos negocios.

Kerry apoyó la barbilla en una mano.

-No... simplemente estamos siguiendo los principios preestablecidos para nuevos negocios, y asentados por la corporación en Plano. Si tenéis alguna cuestión que debatir acerca de esa estructuración, id con ella a Les Roesenthal, ya que el modelo es suyo. -Jugaba sus cartas con la mayor elegancia-. Y esas cinco cuentas que echáis a suertes en este resultado no se adhieren a ese modelo... De hecho, dos de ellas muestran un significativo potencial de nuestra cantidad desperdiciado en la dimensión total considerada, a pesar de los beneficios que obtendríais por la firma. -Su voz era gentil y casi encantadora-. Pero, como podéis ver, realmente no estoy convencida de que debamos ir a Infraestructuras con esto y pedirles que aceleren su programa. -Se levantó-. Y ahora si me perdonáis, tengo un almuerzo en mi agenda al que debo llegar en veinte minutos.

José agarró sus papeles y salió con aire enfurecido. Eleanor le siguió, dejando a Steven y a Kerry solos en la sala.


-Eres bastante audaz -dijo el acercándose.

Unos ojos verde mar lo miraron fijamente. -Gracias. -Recogió sus papeles-. Si me disculpas...

 -Ey... ey... espera. -Steven rodeó la mesa y se reclinó sobre el borde-. No voy a morderte. -Sonrió-. A menos que quieras, claro. -Golpeó los papeles con la punta del dedo-. No hace falta que te muestres tan hostil... estamos en el mismo bando, ¿recuerdas?

-¿Lo estamos? -preguntó Kerry-. ¿Entonces por qué acusas a nuestro departamento de sabotear deliberadamente el tuyo? -Levantó un e-mail impreso-. ¿O no fuiste tú quien escribió esto?

-Oh, vamos... -protestó Steven perezosamente-. Es sólo un juego... relájate -dijo golpeándole el brazo con su rollo de papeles-. Los dos somos nuevos en esto, ¿verdad?

-Más o menos -respondió Kerry, relajándose ligeramente.



-Entonces... podemos hablar... Mira, no estoy aquí para buscar problemas. Sólo quiero dar lo mejor de mí para empezar rápido con algunas ventas... Se trata de que todos salgamos beneficiados, ¿recuerdas? -dijo levantando las cejas-. Nos podemos ayudar mutuamente... las cosas están un poco estancadas... y si trabajamos juntos, tal vez podamos darles un empujón.

Kerry lo estudió. Era atractivo, él lo sabía, y a ella no le pasó desapercibido el encanto de su cautivante sonrisa.

-Será un placer ayudarte en lo que pueda -contestó Kerry, manteniendo un cierto grado de cautela-. Siempre y cuando no suponga comprometer nuestras normas.

Fue ese el momento que él eligió para acercársele, con un movimiento aparentemente casual.

-Ah... Kerry... ¿crees que te pediría algo semejante? -dijo sonriendo-. Pero tienes un almuerzo en tu agenda... Tal vez podríamos ir juntos a comer algo en la cafetería y seguir con la conversación... ¿Qué te parece?

Steven capturó sus ojos y sus labios se contrajeron ligeramente.

-De acuerdo -dijo la mujer con tranquilidad-. Estaría bien. -Volvió a recoger sus papeles y le obsequió con una sonrisa gentil-. Tengo que irme... llego tarde a la reunión.

Él, por su parte, le guiñó un ojo.

-Ve, cielo... ya nos veremos.

Sus ojos la siguieron hasta que salió del cuarto y acto seguido su sonrisa de convirtió en una carcajada leve y gutural.

-Hay más de una manera de arrancarle los colmillos a un gato, Dar... Y tú has cometido un error. Uno muy grande. 



***

La cafetería estaba completamente abarrotada por los que almorzaban temprano. Personas que entraban antes de las ocho y ya hacia el mediodía estaban muertos de hambre. Kerry levantó su bandeja y echó un vistazo a la sala hasta que localizó a María y a unas cuantas mujeres mayores sentadas de espaldas a una ventana, desde la cual se veía el océano.

-Hola -las saludó, colocando su comida frente a una silla vacía-. Parece que va a llover.

- -concordó María, mirando las amenazadoras nubes de fuera- ¿Cómo estás, Kerry? ¿Fue bien la reunión?

Kerry asintió y cogió sus cubiertos.

-Más o menos. -Bebió un sorbo de té helado y pinchó con el tenedor un poco de lechuga-. Hemos acordado que no estamos de acuerdo en nada... ya sabes cómo son estas cosas. - Dirigió una mirada irónica a la mujer y luego en derredor con indiferencia-. ¿Han vuelto a secuestrar a la jefa?

 Esta vez fue María la que asintió.

 -Sí... Una conferencia desde Francia... me pidió que le llevase un sándwich.

Kerry soltó una carcajada y sacudió la cabeza, pero no dijo nada. El resto de los ocupantes de la mesa hablaban del último episodio de una famosa serie de televisión, así que se unió a la conversación con su jovialidad habitual.

-Supongo que la luna de miel se acabó. -El comentario, indiferentemente sarcástico, hizo que Duks levantara la cabeza y mirara con frialdad a quien acababa de hablar.

-¿Perdona?

La Administradora de Finanzas, Selene Advosan, se inclinó más hacia ellas.

-Vamos, Duks... al principio, ella y la princesa de hielo estaban más unidas que un corcho a una botella de champagne... No las he visto almorzar juntas desde Año Nuevo... Sólo fue cosa de "la novedad".

El Vicepresidente de Finanzas masticó su sándwich de carne en conserva con aire pensativo.

-Ni me había dado cuenta. -Se encogió de hombros, luego miró hacia Kerry, quien se encontraba a sus anchas con sus compañeras de mesa y se reía con ganas por algún comentario de María-. Puede que sólo estén ocupadas... De todas formas, Dar nunca baja aquí a comer... y parece que se llevan bien.

-Sí... pero aun así creo que está pasando algo interesante -opinó Selene con un suspiro-. Debí haberlo imaginado... Dar está fuera de la competición.

-Mmm... -Para entonces, Duks dejó de prestarle atención al tema y se concentró en su almuerzo.

Al terminar, Kerry llevó su bandeja fuera y se unió a María justo en el momento en que la secretaria estaba pidiendo un sándwich para su jefa, estudiando las posibles opciones y mirando de un lado a otro del mostrador.

-¿Tú qué opinas? ¿Ensalada de pollo? -preguntó frunciendo el ceño.

-Paté de atún con pan de pasas -Murmuró Kerry-. Y patatas fritas.



-Puaj... -María se estremeció dirigiéndole una mirada realmente aterrada. La joven simplemente se encogió de hombros y sonrió-. Dios mío... En fin... -Pidió el sándwich y también varias servilletas. Luego agarró la bolsa que le alargaba la cajera y, con una pequeña carcajada, siguió a Kerry hacia el ascensor de personal, ya ocupado por varios empleados. En el último instante, el sonido de unos pasos apresurados por el pasillo y una mano que detuvo las puertas deslizantes dejó paso a Steven Fabricini, que se sumó a los ocupantes del reducido espacio.

-¡Vaya, hola! -exclamó abriéndose paso entre el cartero y dos auxiliares administrativas y optando por apoyarse contra la misma pared que Kerry-. ¿Qué tal el almuerzo?

-Bien, gracias -respondió ella con calma-. En realidad la cafetería no es mala... o al menos, mejor que muchos de los restaurantes de por aquí..

-Ah... -El hombre mantuvo un aire distraído cuando las puertas se abrieron por primera vez para dejar salir a una de las mujeres-. ¿Vives por la zona?

-En Kendall -dijo Kerry con amabilidad.

-Ey... ¡Yo también! -Steven sonrió-. Mi edificio es bastante normal... pero era eso o allá arriba, en Miramar. -Luego levantó la mirada mientras salían el cartero y las otras mujeres-. Parece que vamos al mismo sitio -observó, dándose cuenta de que el botón con el número quince era el único que quedaba encendido.

-Eso parece... -dijo Kerry mirándolo de arriba abajo-. ¿En qué parte de Kendall vives exactamente?

-Es muy agradable... con un club y cosas así -respondió él cruzándose de brazos.

-No queda lejos de la mía... Tiene buena pinta. Cuando vamos a patinar siempre bajamos hasta esa pequeña panadería que hay en la esquina del paseo -comentó la mujer.

-Ey... yo patino mucho -aventuró Steven sonriendo-. Quizás choquemos algún día por allí... Me gusta ese lugar. -En aquel momento, la puerta se abrió y él realizó un vistoso gesto hacia el exterior-. Las damas primero...

Kerry siguió a María fuera del ascensor, observando la pose rígida de su espalda y escondiendo una pequeña sonrisa. Steve las acompañó por el vestíbulo hasta la puerta del despacho de Dar, donde relucía el distintivo de la ejecutiva. Su vibrante voz podía adivinarse surgiendo de la habitación a través de la gruesa superficie de madera pulida.


-Ay... ¿Y ahora qué? -exclamó María con un suspiro.

Steven rió entre dientes.


-Dar no necesita un buen motivo para ser dura, cruel y desagradable. -Y dicho esto, pasó entre las dos mujeres y atravesó la puerta que tenían delante, cerrándola tras él.

Kerry y María por su parte intercambiaron miradas y luego Kerry agarró su portafolios.

-Yo arreglaré esto. -Se detuvo un instante con la mano en el picaporte y tras un leve empujón, pasó adentro.

-Mike, me importa muy poco lo que te hayan dicho, porque son todo mentiras. -Dar recalcó sus palabras golpeando la mesa con el lápiz-. No voy a aceptar un plazo de sesenta días para que arranquen un circuito asqueroso, así que más les vale que puedan ofrecer algo mejor.

-Mira Dar... llevamos dándole vueltas al tema desde hace dos meses... Y no van a ceder -respondió la voz del hombre, que surgía del altavoz del teléfono con un tono visiblemente cansado-. Tienen miles de conexiones que hacer ahí arriba, y un equipo más viejo que mi madre.

Dar levantó la vista al oír que la puerta se abría y mostró una expresión de profundo disgusto al contemplar la descarada intrusión de Steven en su espacio personal.

-Dame un momento -dijo al tiempo que pulsaba el botón de llamada en espera-. La gente llama antes de entrar en este despacho.

Él se limitó a reír entre dientes y dejarse caer pesadamente y sin ningún miramiento en una silla.

-Esconde las uñas, Dar. No me das ningún miedo.

-¿Qué quieres? Estoy en medio de una conversación -le censuró la mujer morena.

Steven se reclinó hacia atrás, mirando a la puerta cuando ésta se abrió y Kerry se deslizó al interior, donde segundos antes había estado él.

-¿Así que llaman antes de entrar? -preguntó burlonamente, sonriendo a Dar.

-Ella no tiene por qué. Trabaja aquí -replicó Dar-. Tienes diez segundos. Habla o lárgate.



Kerry atravesó tranquilamente la alfombra y depositó la bolsa en la mesa de Dar.

-El almuerzo -murmuró, dirigiéndose luego hacia la puerta interior, que daba al pasillo, que a su vez daba a su propio despacho.

-Gracias -dijo Dar con voz tirante y dirigiéndole una breve mirada-. Espera un segundo... tengo algunos contratos para ti. -A continuación, volvió a concentrarse en su inoportuno huésped-. ¿Y bien?

-Quiero un grupo de trabajo. -Se inclinó hacia delante bruscamente-. Y quiero a dos miembros de tu personal. Así podré hacerme una idea de qué demonios estás tramando aquí y echarlo abajo -puntualizó, con una sinceridad pasmosa, a la vez que temeraria-. La quiero a ella y a cualquier otro que quieras asignarme, durante dos meses a partir de mañana.

Cayó el silencio. Dar apoyó las manos sobre la mesa y le miró directamente a los ojos.


-¿Eso quieres? -le preguntó suavemente.

-Sí, eso quiero -reafirmó sonriendo.

Lo siguiente fue una estilizada y poderosa indicación hacia la puerta.


-Pues lo que yo quiero es que salgas ahora mismo de mi despacho -dijo la ejecutiva terminantemente-. No tengo ni tiempo ni personal para dedicarte en tu estúpido jueguecito de caza. Si quieres entretenerte rebuscando en los archivos como una rata, habla con Mariana.

-¿Te asusta lo que pueda descubrir, Dar? -dijo él cruzando las piernas y sonriéndole al tiempo que miraba de reojo a Kerry, que esperaba pacientemente a un lado-. No vas a poder mantenerlo en secreto eternamente.

Dar se limitó a mirarlo fijamente.

-Como quieras. -Se levantó alisándose las perneras del pantalón-. Tendré que solicitarlo a la vieja usanza... Conseguiré lo que quiero, y todos lo sabrán. Lo siento, Dar... Es algo que te tengo guardado. Por los viejos tiempos. -Le guiñó un ojo a Kerry cuando salía y dio un portazo a modo de despedida.

El silencio volvió a inundar la habitación, hasta el momento en que Kerry se aclaró la garganta con un leve carraspeo.

-¿Sabes lo que quiero yo?

Dar levantó una ceja.


La mujer rubia se acercó y se apoyó en el borde del escritorio.

-Una ducha -dijo, señalando al otro lado de la habitación-. Justo en esa esquina. Así podré ir y lavarme cada vez que tenga que hablar con ese rastrero montón de estiércol. -Y formó una mueca improvisada-. ¡Me hace sentir tan pegajosa! -dijo estremeciéndose-. ¡Ugh! ¡Dar! ¡Puaj!

Aquello provocó una cansada risa en la otra mujer, que agitó la cabeza y lanzó un suspiro.

-Es todo un personaje, te lo puedo asegurar. -Pulsó el botón del teléfono una vez más-. Mike, ¿sigues ahí?

-Sí... -respondió una voz apagada-. Estaba empezando a comer.

-De acuerdo... dame el nombre de algún mandamás de ese equipo y veré si puedo acelerar un poco las cosas. -Dar dejó caer la cabeza sobre una mano-. Sesenta días... Mi perro tardaría menos en arrancar esa maldita red.

-Y seguro que lo haría bastante mejor que ellos -concordó la voz-. Te mandaré un e-mail con algunos nombres... Gracias Dar.

-Sí, sí... -suspiró Dar tan pronto como hubo cortado la llamada, y se giró para encararse con Kerry-. ¡Ey!

Ésta levantó la cabeza y sonrió.

-Ey... -Señaló la bolsa-. Atún con pan de pasas... Y será mejor que te comas las patatas antes de que se filtren a través de la bolsa.

La expresión de Dar se ablandó y agarró la mano de Kerry apretándosela cariñosamente.

-Gracias... ¿Cómo fue la reunión? Has debido estar impresionante para que este memo te haya mencionado.

Kerry le dirigió una mirada de incredulidad.

-Me parece que lo único que quiere es acabar contigo a toda costa... Pasó de ser condescendiente y agresivo a acosarme de una forma realmente descarada -dijo haciendo una mueca-. Quiere que almorcemos juntos mañana. -Observó cómo la ceja derecha de Dar se alzaba en un gesto de expectación y sospecha-. Aquí... en la cafetería -añadió compensándola con un guiño cariñoso. Aun así, el gesto no desapareció del rostro de la ejecutiva-. Oooh... ¿Son celos eso que siento crecer en tu cabeza?

-Hmfh -rezongó Dar suavemente-. No... no es eso... Puedes ir a almorzar con quien quieras, Kerry... No estoy... Hem...

Una mano cubrió su mejilla inesperadamente.

-Me siento halagada -susurró Kerry.

Dar cayó en silencio. Luego carraspeó un poco.

-Tengo un lado posesivo bastante desarrollado -admitió con cierta vergüenza-. Pero ten cuidado, ¿vale? Ese tipo es muy astuto.

La mujer rubia se acercó un poco más.

-No tanto como tú -murmuró-, a pesar de lo que él crea. De todas formas, ¿qué problema tiene contigo?

Dar suspiró.

-Fuimos juntos a la universidad... Éramos buenos amigos, aunque nunca tuvimos mucho en común... Estábamos juntos en artes marciales, salíamos con gente del mismo grupo... Todo empezó cuando le gané en los nacionales aquel año.

-Ah... -Kerry levantó una mano-. Déjame adivinar, ¿tenía un don natural para el kárate?

-No -replicó Dar de forma tajante-. En realidad no era demasiado bueno, y tal vez ese fue el problema... Nunca habría conseguido pasar las rondas preliminares, y fui yo quien lo mando al banquillo de los perdedores... por pura casualidad. -Volvió a suspirar conforme los recuerdos acudían a su mente-. Según él, yo debía haberle dejado ganar... porque en aquel momento estaba tratando de impresionar a una de las chicas del equipo contrario que le gustaba desde hacía años. Ese fue el detonante.

-No tiene sentido... ¿por qué tenías que sacrificarte por él? -preguntó Kerry-. No te imagino haciendo semejante cosa, ni en esa situación ni en ninguna otra.



Los claros ojos azules de Dar pestañearon unas cuantas veces antes de que ésta contestara.



-Es complicado... Él pensaba que le debía ese favor. Pero no era así, no lo hice y él quedó expulsado del torneo de kárate después de aquello. -Se detuvo de nuevo, tratando de ordenar sus pensamientos-. Estaba en la especialidad de Diseño de Sistemas... casualmente la misma que estaba haciendo yo, cuando descubrí que había robado la idea del diseño matriz de su profesor.

-Oh... -Kerry hizo una mueca de disgusto.

-Sí... bueno, yo era una moralista empedernida por aquel entonces, así que me faltó tiempo para ir a contarlo al Departamento. El caso es que le expulsaron de la Universidad. -Dar suspiró una vez más-. Nuestro último encuentro no fue lo que se dice agradable... Me dijo que se las pagaría algún día, y por eso está aquí.

-Jesús... Debería olvidarlo y seguir con su vida... ¿Cuánto hace de eso? ¿Diez años? Qué pérdida de tiempo... -Kerry cruzó los brazos sobre el pecho-. Me produce escalofríos.

-Mmm... -se reafirmó Dar-. En fin, el caso es que no nos queda otro remedio que lidiar con él. Si continúa presionándote puedes decirle que no te interesa... o que estás comprometida con otra persona.

-Ambas excusas son completamente ciertas -sentenció Kerry-. Se te está enfriando el sándwich -añadió asestándole un leve golpe en el hombro.

La mujer sonrió, abrió la bolsa, sacó la comida y devoró de un bocado la primera patata.

-Mmmmmm... Apuesto a que la expresión de María al ver esto no fue precisamente agradable. -Dio el primero mordisco al pan antes de continuar-. Ella suele traerme ensalada de pollo en pan de pita.

Kerry la observó complacida durante un minuto. Después se levantó.

-No, no lo fue... Pero nada comparado con la que puso cuando la vieja víbora de Steve se puso a flirtear conmigo. -Tocó el hombro de Dar, ésta vez cariñosamente-. Creo que ella también tiene un lado protector.

-Mmhmm... -Dar asintió, con la boca llena-. Es que piensa que eres una especie de reencarnación de la Virgen María por conseguir que haya cambiado los frutos secos por mi habitual surtido de chocolate.

Kerry resopló suavemente. -Tampoco fue tan difícil... Vamos, cualquiera podría haberlo hecho. 

Dar estudió su sándwich durante un momento, antes de darle un bocado.

-Nadie lo había intentado antes -comentó casualmente mientras masticaba a dos carrillos, disfrutando el agradable sabor del pan tostado-. Hasta mi madre desistió en su momento.

-Ya veo... -Kerry se movió ligeramente a un lado, lo justo para dejar un bombón errante fuera de la vista de Dar-. Puedo llegar a ser muy cabezota, sin mencionar también mi pequeño lado posesivo -añadió sonriendo-. ¿Tu madre era de los verdes?

-Vegetariana -le corrigió Dar, limpiándose la boca-. Lo intentó conmigo durante un tiempo... pero mi padre me dijo que incluso de bebé tiraba fuera del plato los guisantes y me lanzaba a por la hamburguesa que él se estaba comiendo. Debía sacarla de quicio con eso... -Se acabó las patatas y metió todos los restos en la bolsa hasta que todo quedó tal y como estaba al principio-. Gracias... Ahora tengo tiempo de sobra para repasar este maldito informe antes de la reunión del Comité Ejecutivo... Y tengo que ver a un nuevo cliente a las cuatro... No creo que esté libre antes de las siete.

Kerry asintió.

-He quedado con algunos de los chicos en el gimnasio para hacer una sesión de escalada a las seis... ¿Habrás acabado para nuestra clase?

-Oh sí -respondió Dar positivamente-. Estaré lista para entonces... El día se me está haciendo eterno, y sólo es la hora de comer.

-Tranquila. -Las manos de Kerry encontraron el cuello de su jefa, sintiendo la tensión de sus hombros. Se situó detrás de la silla y comenzó a obsequiarle con un agradable masaje, disfrutando a su vez de la tibieza de su piel bajo la fina blusa de seda-. Estás muy tensa, ¿verdad?

-Mmm... -Dar cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia delante, rindiéndose plácidamente al contacto de su compañera-. Sí... wow... vaya, es fantástico...

Reconoció entonces la bondad de aquella sensación. No sólo por el masaje y la distensión que causaba en su cuerpo, sino también la calidez y la preocupación que prácticamente podía sentir surgiendo a través de Kerry. Aquello hizo que todo lo malo del día hasta entonces se desvaneciera, y la dejara en un estado mucho más propicio para encarar su inminente reunión. Por fin, cuando la joven hubo acabado, se irguió y levantó la vista hacia ella.

-Gracias

Kerry volvió a sonreír.

-De nada... Será mejor que me vaya. ¿Lo de los contratos era verdad o sólo una excusa para retenerme aquí?

Una leve carcajada.

-No soy tan mala... Ten. -Dar le alargó las carpetas-. Son tres nuevos... y, por si no te lo había dicho antes, hiciste un gran trabajo con la estructuración de los dos de la semana pasada. -Y era verdad, ya que los planes de negocio y las cláusulas iniciales se habían revelado realmente bien consideradas y eficientes-. Recibí una nota de Eleanor sobre la reunión del New England Power... Al parecer quedó muy impresionada por cómo lo manejaste.

Kerry irradiaba alegría. Una gran sonrisa cubrió su rostro y sus ojos parecieron brillar con luz propia mientras asimilaba aquel cumplido.

-Wow... gracias... -De alguna manera, cuando Dar hablaba de negocios con ella conseguía olvidarse de su relación y simplemente reaccionaba como cualquier otro lo haría para conseguir el beneplácito de sus superiores. Era una sensación extraña, casi como si Dar y ella fueran dos personas diferentes: compañeras de trabajo por un lado, y una pareja, a secas, por otro-. Me alegro de haberlo hecho bien.

En ese momento, el teléfono de Dar rompió el encanto con su sentido de la oportunidad habitual.

-¿Dar? -resonó la voz de María al otro lado con aire resignado.

-¿Sí? -respondió la ejecutiva, apoyándose en un codo sobre la mesa.
-Personal, línea uno.

-Apuesto a que sé de qué se trata -suspiró Dar-. Gracias... -y pulsó el botón-. Dar Roberts.

-Eres una fuente constante de problemas, ¿lo sabías? -La voz de Mariana surgió a medias entre irritada e irónicamente divertida-. ¿Intentas batir el récord de quejas o qué?

Dar levantó las manos dejándolas caer después pesadamente.

-¿Qué he hecho esta vez? 

-Oh... déjame ver... -Se oyó un ruido de papeles, pasados uno tras otro-. Ser desagradable, obstruccionista, poco cooperativa, en detrimento del progreso del negocio...

-No es cierto, Mari -dijo Kerry por encima de los hombros de su jefa-. Yo estaba aquí. En realidad se comportó con bastante educación.

Mariana suspiró.

-¿Qué es lo que quería?

-A mí -contestó Kerry-. Que yo y otro miembro del equipo fuésemos asignados a su mando durante dos meses mientras él... nos ponía directamente de patitas en la calle.

Lo siguiente que oyeron fue una leve y fluida maldición.

-Y tú te negaste, ¿no es eso?

-Le dije que no tengo tiempo ni empleados para dedicarle en su estúpido juego... y que si lo que quería eran perros a los que poner a escarbar en la basura, te los pidiese a ti -replicó Dar-. No voy a ceder a mi gente, y mucho menos a mi valiosa y eficiente ayudante, a ese montón de m...

-Ya me hago una idea -le interrumpió justo a tiempo la Vicepresidenta de Personal-. En fin... le ha mandado una copia de la queja a Les, junto a un montón de estadísticas... El asunto no me gusta, Dar... Te guardaré una copia.

Dar tamborileó con los dedos en la mesa.

-¿Le envió algo a José?

Un momento de silencio.

-Hem... ahora que lo dices, no -respondió Mariana.

Dar sonrió. -De acuerdo... gracias. Ya me las veré con Les si se decide a meter las narices. -Atrajo hacia sí una de las carpetas que abarrotaban su escritorio-. ¿Te veré en la sala de conferencias?

-Cuenta con ello -afirmó Mariana, colgando el teléfono.

-Parece que va en serio, Dar -expuso Kerry, frunciendo el ceño en señal de preocupación-. ¿No sería más fácil darle simplemente lo que quiere? Quiero decir... de todas formas no va a encontrar nada, por mucho que investigue nuestro departamento.

Los pálidos ojos azules de la ejecutiva recorrieron la habitación antes de volver a caer sobre el rostro de Kerry con significativa intensidad.

-Sí, eso sería lo más fácil -convino con sequedad-. Pero no pienso hacerlo. -La ferocidad de su voz sorprendió a Kerry-. ¿Quiere pelea? Pues la va a tener.


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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Julio 2nd 2013, 11:17 pm

Dar miró el reloj al tiempo que entraba en su despacho. La reunión con el cliente se había alargado casi una hora más de lo previsto, pero había acabado en un punto bastante alentador, por lo que no consideró aquello como tiempo perdido. Faltaban pocos minutos para las siete, pensó, y sacó su teléfono móvil al tiempo que presionaba las teclas de memoria. Tres toques... cuatro... y el agudo sonido de la línea dejó paso a una voz infinitamente más agradable al oído, aunque con la respiración entrecortada.

-Hey....

-Oh... -Kerry se detuvo para coger aire-. Hey... ¿qué tal?

-¿Dónde estás? -quiso saber Dar al sentir en su oído la agitada respiración de su ayudante.

-Más o menos a la mitad del muro, colgando de una mano -respondió la mujer rubia-. Oye... sabes que adoro hablar contigo, pero podrías...

-Lo siento -se disculpó Dar-. Acabo de llegar de la reunión... Estaré ahí en unos diez minutos.

-Vale... se lo diré a los demás -respondió Kerry-. Ooooop... espera... vale. -Suspiró-. Así está mejor... Me has pillado como quien dice cabeza abajo y tratando de subir a pulso... Vaya, que casi me disloco el brazo.


La ejecutiva rió entre dientes suavemente.

-Vale... Bueno, vuelve a poner las dos manos en esos agarres, ¿de acuerdo? Te veo en un momento. -Esperaba con ansiedad aquella clase, así como pasar algo de tiempo con Ken-. Y ten cuidado.

-Vale... nos vemos... -Kerry colgó el teléfono y busco la manera de devolverlo a la parte trasera de sus pantalones cortos-. En momentos como este me alegro de haber comprado el modelo pequeño -comentó al muro irregular que se alzaba frente a ella-. Bueno, hora de bajar.

Deshizo lentamente la ruta que había seguido en la subida, yendo de agarre en agarre hasta que estuvo a la suficiente distancia del suelo como para dejarse caer sin peligro. Sintió las hasta entonces invisibles huellas del esfuerzo en las caderas y los hombros, los estiró con cuidado y se recostó contra el muro para recuperar la respiración.

-Whoo... -Agitó y flexionó las manos para recuperar el dominio total de los músculos y seguidamente salió de la sala de escalada para echar un vistazo a la multitud que llenaba el gimnasio-. Ah -exclamó localizando a Ken de pie junto a su pequeña oficina y encaminándose hacia él.


Él levantó la vista al verla y le obsequió con una radiante sonrisa.

-Hola.

-Hola, Ken... -La mujer se secó la frente con la toalla que llevaba enganchada al cinturón-. Dar viene para acá... Al parecer la reunión se alargó más de lo que esperaba.


Ken se frotó el cuello.

-Aún estoy dolorido de la última noche -comentó avergonzadamente. Dar le había sorprendido con una patada lateral directa a la mandíbula que hizo que su cabeza saliera disparada hacia un lado con más brusquedad de la recomendable-. ¿No podríamos ir simplemente a tomar un café o algo así?

Kerry rió suavemente.

-Disfruta mucho de vuestras sesiones... pero no creo que le importe si se lo pides. -Levantó la vista cuando Colleen entró en escena, ya ataviada con su habitual equipo de entrenamiento-. Eh, Col... dame unos minutos. Dar está a punto de llegar.

La pelirroja sonrió.

-Bien... Pensaba que llegaba tarde... Dos de los cajeros han tenido problemas y nos hemos pasado una hora tratando de ver qué pasaba. -A continuación tiró de los pantalones cortos de Kerry-. Vamos a beber algo mientras.

-Sí... aún tengo que ir a por mi equipo -informó Kerry-. ¿Tú quieres algo, Ken?

-No... -El agente del gimnasio negó con la cabeza- Id vosotras... Tengo que darme una vuelta por aquí -afirmó señalando a un pequeño grupo de mujeres con aire desorientado-. Nuevos miembros.

Kerry asintió y echó a andar detrás de Colleen hacia la barra donde servían los zumos.

-Pídeme uno de fresa y plátano, ¿quieres? Voy a cambiarme. -Dirigió sus pasos hacia los vestuarios, saludando con la mano a tres sudorosas mujeres que pasaban por allí-. Hola chicas...

-Hola Kerry -dijo la que estaba más cerca, una especialista en programación que trabajaba en el departamento de Mark-. ¿Y la jefa?

-Viene de camino. -La mujer rubia sonrió alcanzando el cuarto forrado de taquillas, que resonaba reproduciendo el siseo de las duchas y los chasquidos de las cerraduras contra las puertas de metal. Abrió la suya y sacó sus pantalones de algodón, un top y un cinturón, todos ellos del mismo tono de blanco. A continuación se deshizo de las mallas cortas y la camiseta que había usado en la escalada, junto con las rodilleras, eficientes a la hora de evitar que se dejara las rodillas destrozadas contra la áspera estructura de hormigón.

Casualmente dirigió su mirada hacia la derecha y se encontró mirándose a sí misma en el espejo, deteniéndose un momento para evaluar el reflejo. Giró sobre sí misma a derecha e izquierda para apreciar la firme curvatura de su cadera, cuyos músculos lucía ahora bastante más pronunciados de un tiempo a esta parte. Deslizó una mano sobre su cintura, descubriendo con satisfacción que la formas de sus abdominales empezaba ya a adivinarse bajo la piel que los cubría.

-Hmmm... -Alzó una ceja ante sí, contemplando ahora el movimiento de los músculos de su hombro acompasados con su brazo. La verdad es que le había llevado un tiempo conseguirlo... Estaba demasiado acostumbrada a su propia idea de sí misma, y aquel cambio no le había hecho sentir precisamente cómoda al principio.

"De acuerdo", pensó suspirando mientras se enfundaba en los pantalones de algodón. "Muy incómoda". Su mente regresó a los tiempos en que se veía condicionada por las ideas de su madre acerca de lo que una mujer podía y no podía ser. Y desde luego, no debían parecer atletas de luca libre. Delgadas... elegantes... serias... Eso sí.

En fin...

Y la verdad es que había un montón de personas en el gimnasio que encajaban perfectamente con las ideas de su madre, limitándose estrictamente a los ejercicios de aeróbic y a las saunas hasta dejar su cuerpo como el de un galgo y huyendo de las máquinas y la musculación como de la peste.

Dar se había empleado a fondo en demostrarle que había otro modo de ver las cosas. La mujer consideraba que el desarrollo de la fuerza era una parte muy importante en el cuidado de la salud, se mostraba orgullosa de cada músculo que formaba y torneaba su cuerpo y explicó a Kerry con un toque de timidez que ella lo prefería así, puesto que éstos se encargaban de consumir una buena parte de los excesos de alimentación que cometía más que de vez en cuando.

Todo aquello sonó tan lógico a Kerry que decidió que, si iba a compartir su vida con Dar, lo mejor era hacer un esfuerzo para que la rutina de comidas de la ejecutiva no acabaran con ella. Descubrió que le gustaba el ejercicio a medida que iba desarrollando su capacidad física, y le complació darse cuenta de que había disfrutado del rato que había pasado escalando tanto como lo haría con el medio kilo de fresas y la taza de espeso y oscuro chocolate que esperaba en casa. Como si hubiese oído sus pensamientos, su estómago eligió aquel momento para rugir con fuerza.

La mujer sacudió la cabeza y, con una sonrisa, cerró con llave la puerta de la taquilla y se dirigió a la salida ajustándose el cinturón.

-Te lo has tomado con calma... -dijo Colleen empujando amablemente el vaso de zumo hacia ella-. Bueno, ¿qué tal tu semana?

Kerry suspiró.

-Personalmente, fantástica. Profesionalmente también, excepto por el tipo nuevo del que te hablé... No ha parado de dar problemas. -Bebió un largo sorbo de la espumosa bebida de fruta, disfrutando de su ligero sabor amargo-. Quiere hundir a Dar.


Colleen echó también un gran trago y jugueteó con la servilleta.

-Vaya... Ten cuidado con eso, cariño... No te quedes atrapada en la línea de fuego -le aconsejó-. Dar es perfectamente capaz de cuidarse sola.

-Me temo que ya estoy en medio -dijo la mujer rubia con un cierto aire pesaroso-. El asunto apesta... pero sabremos manejarlo. -Sus ojos fueron hacia la puerta justo en el momento en que ésta se abría dejando paso a una silueta familiar. Dar aún llevaba su traje de negocios, pero traía la bolsa de deporte colgada del hombro, y la recolocó contra su espalda al tiempo que sus ojos recorrían el interior del gimnasio.

Le llevó menos de cinco segundos, según las cuentas de Kerry. Solían jugar a ese juego con regularidad: ver el tiempo que tardaban en localizarse en medio de una habitación atestada de gente. Para cuando el número cuatro se dibujó en su mente, unos ojos azules encontraron los suyos, y los labios de Dar formaron la más sincera de las sonrisas. A continuación, echó a andar hacia donde ellas estaban, esquivando graciosamente un par de cintas de carrera apuntaladas en medio del área de máquinas.


-Hey -dijo Kerry ofreciéndole un trago de su bebida-. ¿Cómo te ha ido?

Dar se encogió de hombros.

-Igual que siempre. -Aceptó el vaso y tomó un sorbo-. Hola, Colleen.

La pelirroja sonrió.

-Hola, Dar... ¿Podemos trabajar en series de puñetazos hoy?

-Claro -respondió Dar devolviendo el vaso a su dueña-. Voy a cambiarme... os veo en el tatami. -Acto seguido, se dirigió a los vestuarios, hacia la taquilla contigua a la de Kerry, y la abrió. Dejó su bolsa dentro y se cambió rápidamente, deleitándose en la sensación de aquel incómodo traje, la camisa, las medias y los zapatos abandonando su cuerpo y siendo sustituidos por unos pantalones de algodón y unas zapatillas de corte flexible.

Colgó la ropa de trabajo y se acomodó la camiseta larga antes de sacar un cinturón negro de la bolsa, darle un par de vueltas y ceñirse la cintura con él. Llevarlo, al principio, había resultado extraño. Estaba acostumbrada a trabajar con el entrenador de la isla en pantalón de chándal y camiseta corta, pero cuando empezó a dar ella las clases, Ken le aseguró que sus alumnos se sentirían menos impresionados si de hecho se vestía con su propia ropa. Así, se encontró rebuscando en los viejos baúles que contenían todos sus artículos personales hasta dar con aquella indumentaria. De hecho, le sorprendió de que aún le valiese. Y de hecho también había tenido sus dudas sobre si ir vestida así, pero se disiparon como la niebla tan pronto como Kerry dijo que le gustaba su aspecto.

Está bien, está bien... En realidad sus palabras exactas fueron que estaba muy atractiva, y desde aquel momento ni se había planteado vestir de otro modo.

-¿Egocéntrico? -se preguntó a sí misma un poco avergonzada-. Bueno... tal vez un poco. -Cerró la taquilla y salió del vestuario.

Todos la estaban esperando: un grupo de diez, contando a Kerry y a Colleen. Dar les dirigió durante el calentamiento habitual, aprovechando para desperezar sus propios músculos. Siguió desarrollando unos cuantos conceptos que sólo habían tenido tiempo de ver por encima la semana anterior y de ahí enlazó con la lección específica del día. Como de costumbre, Kerry la observaba con aire de profunda concentración, el ceño fruncido y la lengua asomando apenas entre los dientes y los labios mientras repetía el ejercicio. Al principio con cierta indecisión, y después con creciente confianza.

-Genial -la elogió Dar-. Vale... ahora tú y Colleen, una contra otra. -El resto de la clase observó mientras la rubia y la pelirroja se tanteaban manteniendo la distancia, y Kerry se adelantó agarrando el brazo de Colleen y la mandó por los aires, dejándola caer a plomo y sentada en el suelo con aire aturdido-. Eso es.

-Ugh. -Colleen miró de soslayo a su amiga-. Si sigues así tendré que estar sentándome sobre almohadones el resto de la semana.

Kerry sonrió y le ofreció una mano.

Dar no esperaba disfrutar enseñando. Se ofreció voluntaria en un impulso inconsciente y más tarde casi se había arrepentido de ello, pero con el paso de las semanas se encontró a sí misma esperando impacientemente el momento de dar su pequeña clase.

-Vale... Muy bien. -Asintió con la cabeza, y dos de los hombres del grupo se dispusieron a enfrentarse a modo de demostración-. De acuerdo... esa patada un poco más alta... tienes que impactar justo sobre la rodilla. -Se acercó y tocó al hombre en el muslo-. Aquí.

La clase terminó sin problemas y Dar se reclinó contra la pared, observando cómo Ken se acercaba lentamente con una mirada de disculpa en su rostro.

-Buenas noches, Ken -le saludó-. ¿Cómo tienes el cuello? -En realidad, no había pretendido golpear al pobre chico de aquella manera... Sólo intentaba probar un movimiento que se le resistía de un tiempo a esa parte, no esperaba que le saliese... Y le salió, lo cual sorprendió a ambos. Mejor dicho, ella se sorprendió. Ken para ese momento estaba demasiado ocupado contando estrellas con la espalda pegada a la lona.

-Duele como un demonio... -admitió-. Creo que voy a tomarme la noche libre.


Dar se mordió el labio.

-Lo siento -le dijo sinceramente.

-Bah, olvídalo. -Chasqueó la lengua para restarle importancia al tema y alzó la mirada hacia ella-. Oye, Dar... ¿has pensado alguna vez en volver a competir?

La pregunta le pilló desprevenida.

-No, yo... -empezó, dudando por un momento qué decir-. No... Vamos, Ken... Han pasado diez años. Ya no estoy para esos trotes.

El hombre agitó negativamente la cabeza.

-Siento no estar de acuerdo... Quiero decir que no sé si te interesará, pero me pasé por la competición el fin de semana pasado y tengo que decirte que, sinceramente... Dar, habrías salido de allí con el trofeo en la mano. -Se metió las manos en los bolsillos, encogiéndose de hombros-. Sé que es sólo a nivel local, pero podrías volver si quisieras. Controlas todos los movimientos. Sólo te supondría un poco más de preparación física.

Su primer impulso fue decir que no. Definitivamente no. Su vida ya era complicada de por sí, no tenía tiempo para planteárselo en serio... o al menos no para aportar toda la dedicación que requería algo así.

Pero....

Una seductora sensación, que ella creía enterrada y olvidada desde hacía tiempo, empezó a abrirse paso de nuevo en su interior, recordándole lo mucho que se había divertido en sus días de competición. Lo mucho que había disfrutado ganando. Quizás el haber visto de nuevo a Steven había hecho vibrar aquella parte de sí misma atrayéndola a la superficie, pensó abstrayéndose por un momento. Después, sus ojos se clavaron en el expectante rostro de Ken.

-Lo pensaré -le dijo con serenidad-. No sé... La verdad es que no me lo había planteado hasta ahora.

Él se limitó a sonreír.

-De acuerdo, piénsatelo... -le dijo golpeándole suavemente en el brazo-. Hablaremos en un par de días.

Dar cruzó el ajetreado gimnasio, con expresión pensativa.



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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Julio 13th 2013, 6:14 pm

Kerry se relajó en el suave asiento de cuero y respiró profundamente.

-Dios, me muero de hambre... Suerte que metí aquel bol de pollo satay en el frigorífico antes de salir de casa.

-Mmm... eso suena bien -afirmó Dar con la vista fija al frente.

La joven giró la cabeza hacia ella, estudiando su perfil.

-Estás muy callada esta noche -dijo después de un momento de silencio-. ¿Va todo bien? ¿Aún sigues dándole vueltas a lo del señor bola de estiércol?

Sus claros ojos azules abandonaron la carretera y se dirigieron a ella por un momento.

-No se merece ni que me preocupe por él -declaró, aun sabiendo que era mentira-. Me las arreglé para tocarle un poco las narices a José... Le di una copia de ese e-mail. -Rió entre dientes con suavidad-. Nunca le había visto llegar a semejante tono de rojo en tan poco tiempo... Aunque he de admitir que suelo tener ese efecto sobre él.

Kerry se estiró reclinándose sobre el reposa-brazos.

-¿Qué es lo que espera conseguir, Dar? Me refiero a Fabricini.

-¿Su objetivo? -Dar giró hacia la terminal del ferry y metió el coche en la embarcación que acababa de atracar. Aparcó, y bajó las ventanillas antes de apagar el motor. El gélido aire de enero recorrió el interior del automóvil, impregnándolo con el olor salado del mar y se recostó, con una rodilla sobre el volante-. El puesto de José y mi cabeza -afirmó-. Y si consigue probar que perdimos dinero por algo que yo haya hecho tendrá una buena oportunidad de conseguir ambas cosas.

Kerry pestañeó.

-Pero... ¿cómo va a hacerlo? Tú sabes que no ha pasado nada de eso.

Dar desvió la cabeza hacia un lado.

-Nadie es perfecto, Kerry... Tal vez consiga descubrir alguna ocasión en que pudimos haber hecho mejor nuestro trabajo, y que por tanto provocó pérdidas... Hay demasiadas cosas en marcha al mismo tiempo, y muchas de ellas requieren decisiones rápidas y basadas en la mejor información disponible... Podría ocurrir. -Dejó caer las manos sobre su rodilla-. Pero le tengo preparado un buen contraataque... Va a tener que dar con algo realmente escandaloso para hacerme daño, así que no me preocupa demasiado. -Quedó en silencio y observó el agua encrespada que quedaba tras el rastro del ferry y borrada la silueta de la luna de su superficie.

-Entonces... ¿qué es lo que te preocupa realmente? -inquirió Kerry en tono condescendiente-. ¿El hecho de que se lo tome como algo tan personal?

Dar pensó un momento sobre ello.

-Puede ser -admitió-. O tal vez que esté husmeando sobre mí... -Una sonrisa triste atravesó su rostro-. Y si descubre lo nuestro, seguro que lo utilizará como arma.

-Mmph... -Kerry giró su cabeza a un lado, dejándose mecer por las olas mientras atracaban en la isla-. Bueno, sólo tenemos que asegurarnos de que eso no ocurra... ¿verdad?

Dar sacó el coche del barco, atravesando la cortina de agua que lanzaban las olas sobre el muelle, y tomó la carretera que conducía a su casa. Aparcó junto al Mustang de Kerry y apagó el contacto.

-Vamos... A cenar a gusto, hasta que no podamos más. -Salió recogiendo su bolsa y esperó a que Kerry la alcanzara antes de subir corriendo las escaleras y abrir la puerta.

Entraron rápidamente y encendieron las luces. Después Kerry dejó caer su bolsa en el sofá y atravesó la cocina hacia el trastero, de donde surgía toda una serie de agudos chillidos.

-Vale, vale Chino... calma... -Abrió la puerta y dejó salir al pequeño labrador, de tres meses de edad-. ¿Nos has echado de menos?

La cachorro trepó por su pierna dando saltos arriba y abajo hasta que ella la levantó y la estrujó en un fuerte abrazo.

-Hey... -Kerry sonrió al sentir una pequeña lengua rosada contra su cuello-. ¡Eh... sin morder! -Los pequeños dientes afilados mordisqueaban su piel mientras se dirigía hacia el cuarto destinado al cachorro-. Te has portado bien, ¿no?

Dar llegó en ese momento, y la perrita empezó a lloriquear retorciéndose en su dirección.

-Hey, pequeña...

-Está bien... está bien... -Kerry se la entregó-. Vete con ella... Ya sé a quién prefieres de las dos... Mira, Dar. Hoy no ha hecho ninguna de las suyas.

La mujer morena recibió un mordisco en la nariz antes de mirar atentamente el cuarto.

-Fíjate... Buena chica -elogió al cachorro-. Recurrir a los servicios de la urbanización para que la saquen un par de veces al día fue todo un acierto, ¿no crees?

-Así es -afirmó Kerry-. ¿Quieres dar una vuelta con ella mientras preparo la cena? -Contempló con indulgencia a la mujer que acariciaba el mentón del animal, haciendo que la placa que llevaba al cuello, con su nombre y la dirección de la casa, tintineara suavemente-. ¿Dar?

-¿Hmm? -La ejecutiva levantó la mirada-. Oh... sí... perdona. -Acto seguido besó al cachorro en la cabeza-. Vamos, Chino... salgamos... a ver si haces pis, ¿eh? -La dejó salir por la puerta trasera y bajar la escalera del patio hacia la zona ajardinada, bañada por la luz de la luna.

Kerry no pudo evitar reír mientras se lavaba las manos.

-Nadie en el trabajo creería esto aunque lo oyera. -Agitó la cabeza irónicamente. Dar había demostrado tener un toque extremadamente tierno cuando descubrieron aquella pequeña adicción mutua, y Chino pronto se había ganado una provisión vitalicia de galletas para perros con sus nobles ojos castaños y un par de trucos bien aprendidos. No era extraño ver a Dar con la cachorro sentada junto a ella, levantando la pata y acariciándole suavemente la pierna, y a la bien entrenada humana dándole inmediatamente una galleta Iams que Chino devoraba con visible regocijo.

Era una escena deliciosa, y Kerry adoraba observar cómo los intimidantes ojos azules de su amante se volvían adorables y suaves cada vez que se giraban en la dirección del animal.

Preparó el pollo y un poco de arroz, y añadió al plato habichuelas verdes al vapor para acompañar.

-Eso servirá. -Se sacudió las manos y recogió su bolsa al tiempo que echaba un vistazo a la sala de estar con una agradable sensación de calma. Al principio, le había parecido demasiado estéril, fría, pero desde su mudanza había convencido a Dar para que colocara algunos de sus objetos personales, añadiendo algo de su propia sustancia en ello, y ahora la atmósfera era más cálida y alegre. Incluía unas cuantas ilustraciones que habían adquirido en el Festival de Grove Art, un colorido paño tradicional trenzado a mano que hacía las veces de mantel sobre la mesa central, con una escultura de bronce de unos delfines nadando en el mar. También se las había arreglado para sacarle unas pocas fotos a Dar, incluyendo dos de sus años de Universidad en las que Kerry pensaba que estaba adorable, y añadiéndolas a las suyas en los huecos del recibidor.

Había quedado muy bien. Kerry corrió escaleras arriba y dejó el portátil en su despacho antes de entrar en su cuarto.

Su cuarto. Aún tenía que convencerse de ello durante un segundo cada vez que atravesaba el umbral de la espaciosa habitación de techo abovedado y puertas de cristal, que dejaban caer en sus ojos una impresionante visión del Océano Atlántico. Había traído ya casi todas las cosas de su apartamento, aunque seguía pagando el alquiler temporalmente, y se le seguía haciendo raro ver a Pooh con los brazos abiertos como de costumbre encima de la cómoda y acolchada silla que utilizaba para leer, justo en el lugar de la habitación más propicio, puesto hacia ella el sol entraba con la inclinación perfecta a través de la nítida superficie acristalada. Había colgado sus cuadros en las paredes, su edredón cubría la cama y sus trastos plagaban el aparador en un desorden que obviamente sólo ella entendía.

Kerry dejó caer su bolsa y fue hacia las puertas de cristal, deslizando una de ellas lo suficiente como para poder salir a la terraza cubierta con la única finalidad de quedarse allí de pie y contemplar el agua, oscura y ondulante, durante un momento. La brillante luna teñía de plata las olas. Olía a sal, a la frescura del césped justo debajo y el aroma del nogal que se alzaba en el club de playa cercano a la casa.

Aquello era precioso y ella lo adoraba, incluso aunque a veces tuviese que pellizcarse a sí misma para convencerse de que era real y no sólo un extraño sueño, ya no sólo por la casa sino por su vida en general. A veces hasta le daba miedo irse a dormir por la noche, temiendo levantarse un día y que todo se hubiera esfumado.

Suspiró.

-Vamos, Kerry... vuelve a la Tierra y cámbiate para cenar -se reprendió a sí misma.

Volvió adentro cerrando las puertas tras de sí y se deshizo de la ropa del trabajo, sustituyéndola por su camiseta de dormir favorita y colgando la chaqueta y la falda en el enorme armario empotrado, del que Kerry juraba y perjuraba que era del mismo tamaño que su vieja habitación en el apartamento de Kendall.

En ese momento, un leve gemido llamó su atención y se volvió a tiempo de ver a Chino, que entreabría su puerta asomando la nariz y avanzaba tropezando hacia ella, tras haber subido trabajosamente las escaleras. Su más reciente habilidad.

-Hey, Chino... ven aquí cariño. -Kerry se tumbó en la cama dejando que el cachorro trepase por sus piernas, y jugó con ella un rato, levantándose después y dirigiéndose de nuevo al piso inferior con la mascota tras ella en todo momento.

Dar estaba en su despacho, trabajando en algo, y levantó la mirada cuando Kerry asomó la cabeza desde detrás de la puerta. Por un minuto, sólo se miraron la una a la otra, hasta que Dar se reclinó en el respaldo de su cómoda silla.

-Huele muy bien... -Se puso las manos detrás de la cabeza y arqueó la espalda, de forma que el fino tejido de su camiseta de béisbol se ciñó a las curvas de su esbelto torso-. Ken me ha dejado caer algo esta noche... Me... ha sugerido que podría volver a competir.

Kerry se acercó a ella y apoyó su peso sobre el brazo del sofá.

-¿En serio? -preguntó mientras observaba de cerca el rostro de Dar-. ¿Y quieres hacerlo?

La mujer se mordió el labio inferior en su característico gesto de concentración.

-No lo sé... Cuando lo mencionó, lo primero que me vino a la cabeza fueron todas las razones por las que no podría... y te aseguro que algunas eran realmente buenas. -Antes de continuar, se encogió de hombros-. Es decir: requiere tiempo, mucho esfuerzo... entrenamiento... -En este punto, lanzó un sonoro suspiro-. Ha pasado mucho tiempo... y no sé si sería capaz.

-¿Pero? -aventuró Kerry, adivinando un tinte de indecisión en sus palabras.

Por su parte, la ejecutiva levantó las manos un momento y las dejó caer de nuevo sobre los brazos de la silla.

-Quizá las sesiones de ejercicio que hemos estado haciendo... me han despertado algún estúpido gen de adrenalina... No sé... No hago más que pensar en si podría volver a ponerme a mi antiguo nivel. -Alzó la mirada-. ¿Qué opinas tú?


La mujer rubia la estudió en silencio un momento.

-Creo que deberías ir a por ello. -Sonrió-. Adoro las clases, pero veros a ti y a Ken después es como un soplo de aire fresco... Hay algo increíble en tu expresión cuando te enfrentas a él.

Dar se rascó la barbilla con un leve atisbo de vergüenza.

-¿En serio?

-Te lo aseguro. -Kerry le tendió una mano mientras consultaba su reloj-. Venga, seguiremos hablando durante la cena. Ya debe estar lista.

Se sentaron frente a la gran pantalla de televisión y Dar la encendió rápidamente después de que Kerry le sirviera un humeante plato de comida.

-Oh... mira, el Fanático de los Cocodrilos -observó-. ¿A por qué irá esta vez?

Kerry observó la pantalla.

-Serpientes. -Se llevó a la boca un poco de pollo con arroz, al que en el último momento había añadido jengibre y especias-. Mmmm... Sí, serpientes de cascabel. -Agitó la cabeza-. Jesús... las está cogiendo por la... Dar, se va a meter en una cueva llena de esos bichos... ¿Es que el Discovery no teme que le pongan un pleito cuando se lo coman vivo?

Dar levantó su plato y empezó a cenar.

-Probablemente le hayan hecho firmar un documento por quintuplicado que les exima de cualquier responsabilidad legal con él. -La salsa de cacahuete picante del pollo contrastaba con el agradable sabor a jengibre del arroz, y Dar suspiró con satisfacción-. Kerry, está todo delicioso.

-Gracias -respondió antes de echar un largo trago de su té helado-. Hay fresas de postre.

-Lo sé. -Dar rió entre dientes suavemente y pasó su brazo por los hombros de la mujer al tiempo que daba el primer bocado a la que le ofrecía-. Bueno, ¿y qué está haciendo ahora? Oh... eh, ¿su mujer está embarazada?

-Eso o devora bombones de cocodrilo fuera de las horas laborales -dijo Kerry con desgana-. La arrastra a las montañas y le hace tocar serpientes de cascabel... ¡Jesús! -El hombre de la pantalla retrocedió levemente ante la furiosa hembra que tenía en las manos-. ¿Te gustan estos bichos? No, Steve... ¡No pienso hacerlo! -Dijo masticando-. A pesar de eso, tiene un acento encantador. -Extendió la mano, agarró una habichuela del plato de Dar y se la ofreció-. Toma... las he salteado con un poco de mantequilla de ajo... Pretendía hacer una especia de fritura a la francesa.


Dar se comió la habichuela masticándola especulativamente.

-Creo que estoy siendo bastante condescendiente. -Pestañeó-. Fíjate... debe haber una docena de serpientes debajo de esa roca... ¿Por qué no se estará quieto un rato? Espera... ¿Acaba de decir "mierda"?

Kerry frunció el ceño.

-Sí... lo ha dicho... ¿Qué?... ¿Has visto lo pálido que se acaba de poner? -Subió un poco el volumen-. Oh... Dios... tiene una serpiente entre las piernas.

Su compañera reventó en carcajadas.

-Bueno, no es lo que se dice original, pero...

-Tch... ¡Dar! ¡NO! ¡Tiene una serpiente entre las piernas! Mira... se están poniendo nerviosos... ¡No sabe qué hacer! -Observaron cómo el tipo retrocedía lentamente y luego salía corriendo como alma que lleva el diablo-. Wow... eso sí que ha sido emocionante... Me pregunto si emitirían las escenas si realmente una serpiente venenosa le hubiese mordido en sus partes.

-Bueno... -Dar reía ya sin ningún tipo de control sobre sí misma-, al menos ahí se puede hacer un torniquete... Imagínate que fuese en la cara. -Suspiró y masticó una gran cucharada de arroz-. Creo que es un adicto a la adrenalina.

Se quedó en silencio por un momento. Buscar esas sensaciones... esa excitación... ¿Era eso lo que la estaba empujando a retomar la agresividad de la competición? Por otro lado, ¿qué iba a sacar de volver diez años atrás en el tiempo para intentar recuperar aquel pequeño pedazo de gloria? ¿Se trataba de un mecanismo de defensa ante el hecho de que ya había entrado en la treintena? ¿Una jugarreta de su ego... para demostrar que aún estaba ahí?

Si se trataba de eso... qué idea más deprimente, ¿no?

¿Vanidad? ¿O un desafío en el que sería divertido adentrarse? Contempló la imagen del invencible Steve Irwin saltando de roca en roca en busca de más serpientes, inmune al miedo que cualquier otro sentiría ante la idea de encontrarlas.

Hmm. Se acabó la cena con aire pensativo.



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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Julio 13th 2013, 6:15 pm

-Y dime... ¿Cómo es que una chica lista como tú acabó en este nido de ratas?

La sonrisa que acompañaba a la frase pretendía dejar claro que lo decía en tono de broma. Kerry reflexionó, tomando un buen trago de su té helado al melocotón.

-Entregué un currículum y me aceptaron -respondió con sequedad-. Y de hecho, esto me gusta bastante. -La mañana había transcurrido lenta y aburrida, y por desgracia tampoco había surgido ningún imprevisto que utilizar como excusa para eludir su cita con Steve Fabricini.

Incluso Dar había propuesto inventarse una si realmente no le apetecía ir. La ejecutiva había estado de muy bien humor desde su primera reunión del día con uno de sus nuevos equipos de cuentas. Alguien les había dado un chivatazo, según informó a Kerry, y le habían preparado un desayuno a base de crepes con mermelada de fresa y galletas en lugar de la acostumbrada macedonia de frutas. A la joven, un leve centelleo en sus ojos la había delatado como responsable de aquel cambio.

-Te gusta, ¿eh? -dijo Steve riendo entre dientes al tiempo que removía su yogur con la cucharilla-. Es difícil de creer teniendo en cuenta para quién trabajas.

Kerry se encogió de hombros.

-Bueno, ya sabes... La gente dice muchas cosas, pero en realidad me gusta trabajar con Dar. Es lista, sabe hacer su trabajo, te da confianza cuando hace falta... y siempre está dispuesta a darlo todo por su equipo -comentó con honestidad-. Si sabes lo que haces, no tienes problemas con ella. -Las mismas palabras que le había dicho Mark Polenta cuando se conocieron-. Por supuesto, si no lo sabes... -Dejó la frase en el aire.

Él, por su parte, se limitó a reír.

-Pobrecilla... Espera hasta que seas arrojada al fuego del sacrificio en cuanto le culpen a ella de algo... No puedes ir por la vida siendo tan ingenua, ¿sabes? -Se inclinó hacia ella-. Escucha, cielo... Yo la conozco, ¿entiendes? No te... Se volverá contra ti como un perro rabioso a la primera oportunidad.

-¿En serio? -La mujer le dio un bocado a su sándwich-. Bueno, gracias por el aviso.

-De nada -respondió Fabricini bajando la voz-. Oye... no hay razón por la que no podamos trabajar juntos, ¿de acuerdo? Mi labor aquí es superar los baches que nos encontremos en el camino... y si lo consigo, la Compañía al completo sale ganando. No te quedes del lado equivocado, ¿hmm? -Posó una mano sobre la muñeca de ella-. Eres una chica muy lista... todo el mundo lo dice. Y cuando todo esto salte por los aires, podrías tener la oportunidad de tu vida... si entiendes a lo que me refiero.

Kerry le sonrió cándidamente.

-¿Quieres decir que si consigues descubrir lo suficiente como para echar a Dar de aquí... yo podría ocupar su puesto?

Él le devolvió la sonrisa.

-Ya te dije que eras lista. -Sus ojos adquirieron un brillo peligroso-. Únete a mí, dulzura.

La mujer se limpió los labios con la servilleta y la devolvió, con toda la parsimonia del mundo, a la bandeja.

-Antes me gustaría aclarar un par de cosas -dijo meditadamente.

-¿El qué? -El hombre sonrió, mostrando una expresión triunfal en el rostro.

-Una, te recomiendo que me quites las manos de encima antes de que me vea obligada a clavarte el tenedor en ellas -comenzó Kerry sin perder la compostura-. Dos, si vuelves a llamarme "dulzura" tendré que buscarte un calificativo igual de insultante, y podría no sonar del todo bien.
-Ella sonreía mirándole a los ojos, disfrutando cada segundo de aquella confrontación-. Y tres, donde va Dar, voy yo. -Se levantó en cuanto se vio libre de él y recogió su bandeja-. Que tengas un buen día.

Y lo dejó allí sentado mientras contaba mentalmente hasta veinte tratando de controlar su respiración, esperando que su corazón dejase de martillearle los oídos por la rabia.

-Maldito estúpido miserable... ¡Oh! Lo siento... -se disculpó tras chocar con Mark Polenta, que miró detrás de ella.

-¿Estás bien? -le preguntó, puesto que había oído sus últimas palabras-. Ey... ¿qué has hecho para dejarle con esa cara? Parece que le han dado en la cabeza con la torre de un ordenador.

Kerry respiró profundamente unas cuantas veces para terminar de calmarse.

-Es un cerdo. -Depositó su bandeja en la zona de lavado-. Quiere que trabaje con él para encontrar algo sucio sobre Dar, y luego me dice que si lo hago me dará su puesto.

Mark estalló en risas.

-Chica... debe tener los cables cruzados. -Palmeó el hombro de Kerry-. Apuesto a que te eligió porque eres la que menos tiempo lleva aquí... y dio por sentado que el resto ya tenemos una escala de lealtades formada. -Dejó su bandeja junto a la de ella-. Y bien... ¿qué le has dicho?

-Que me besara el culo -respondió Kerry enrojeciendo ligeramente-. Pero con un poco más de educación.

Observaron cómo el sujeto echaba a andar hacia ellos con el cuello enrojecido de rabia y dejaba la bandeja en el carro con un poco más de fuerza de lo normal.

-Fallo mío. -Afirmó, vertiendo una oleada de furiosa corrección sobre Kerry-. Debí haber supuesto que habría algún tipo de lealtad... personal... en este asunto. -Arrojó la servilleta al interior de la papelera-. Peor para ti. -Y se marchó, dirigiéndole una evidente mirada de repugnancia.

Mark y Kerry se miraron el uno al otro.

-Gilipollas... -dijeron ambos al unísono. Después, Kerry suspiró.

Bueno, al menos ya no tengo que preocuparme de que se le ocurra pedirme una cita - remarcó sarcásticamente.

-Sí... pero puede llegar a ser peligroso ahora que le tienes como enemigo -respondió Mark haciéndose con dos grandes galletas de chocolate y ofreciéndole una-. Ya sabes cómo es esto de los rumores.

-Nada que no haya visto antes. -Kerry aceptó el dulce y le dio un mordisco-. De "ese" precisamente me da que todo el mundo se ha cansado ya -aventuró refiriéndose a su posible relación con Dar, y que había remitido visiblemente desde el día de Año Nuevo. Se habían mostrado extremadamente cuidadosas al respecto, hasta el punto de no pasar juntas más tiempo del necesario en horas de trabajo, ni siquiera durante el almuerzo. El caso es que las habladurías dejaron de circular, y los cotillas se habían lanzado ya a por algo nuevo y más interesante.

-Ya... pero aun así ándate con ojo -le aconsejó el jefe de MIS mientras se dirigían al ascensor.

Kerry suspiró, pulsó el botón de la planta número quince y retuvo las puertas al oír unos pasos que se aproximaban. No veía el exterior desde donde estaba, pero de alguna forma ya sonreía para cuando Dar entró en la cabina, pasó hasta la pared del fondo y se reclinó contra ella.

-Hablando del rey de Roma... -bromeó Kerry cuando las puertas se cerraron-. Acabo de echar a perder mi almuerzo.

-¿En serio? -Dar se cruzó de brazos-. Al menos has tardado más de lo que lo hubiera hecho yo. -Dirigió a Mark una mirada sarcástica-. Debes haberle dado bien, porque Mariana acaba de llamarme y dice que se ha convocado una reunión para todo el alto personal directivo. -Como si lo tuvieran estudiado, los buscas de Kerry y Mark empezaron a lanzar pitidos-. No tengo tiempo para estas tonterías, y precisamente hoy menos que nunca.


Kerry leyó el mensaje que surgía de la pequeña pantalla.

-Síp... a la una en punto en la sala de conferencias.

Mark maldijo por lo bajo.


-Tengo a HP aquí esta tarde por lo de los servidores... -farfulló mirando a Dar-. ¿Sabes qué es lo que quieren?

La ejecutiva se encogió de hombros.

-Mari no me dio detalles... Estaba esperando un envío de Plano. -Suspiró-. Les lo ha aprobado... y viene del mismísimo Centro de Personal... así que sólo Dios sabe de qué se trata... Probablemente otra campaña de carteles publicitarios.


Mark se carcajeó.

-Me gustaron los de seguridad, Dar... Tengo ese de la prevención contra hackers enmarcado en mi dormitorio.

Las puertas se abrieron para dejarles paso y se encontraron frente a frente con Mariana, que esperaba en la puerta del despacho de Dar.

-Oh oh... -murmuró la ejecutiva-. Esto no tiene buena pinta -dijo despidiéndose de ellos con un movimiento de cabeza-. Nos vemos luego.

-Dar, necesito hablar contigo -le informó Mari en cuanto llegó a su lado-. No te vas a creer lo que nos acaba de caer encima.

-Bueno... de primeras, me creo cualquier cosa -afirmó Dar señalando hacia la puerta-. Vamos dentro. -Y precedió a la mujer hasta el interior de la oficina-. María, apúntame una reunión a la 1:00 p.m. y cancela la conferencia de lo de los extractos, por favor.


-Sí. -La secretaria levantó la vista del teléfono-. Dar, te llamó tu mascotita.


-Gracias -dijo Dar con aire distraído dirigiéndose a la puerta que daba a su despacho y deteniéndose de golpe, provocando que Mariana impactase, literalmente, contra su espalda-. Espera un segundo... ¿¿qué?? -Se giró y miró a la mujer-. Perdona... -Luego asomó la cabeza a la sala-. María, ¿quién dices que ha llamado?


Ésta sonrió ampliamente.


-Sí... la cachorro... Levanté el teléfono y nada. Dije "hola" un par de veces... luego buenos días, pero nada. Y cuando estaba a punto de colgar oí... -En este punto se puso a lanzar una serie de graciosos gemiditos-. Comprobé el identificador de llamadas y era el número de tu casa.

Dar cerró lo ojos momentáneamente, ignorando la amortiguada risa que venía de detrás de ella.

-Debe haber salido de su cuarto... y habrá tirado el teléfono del soporte de la sala de estar... Hazme un favor. Llama a los del servicio residencial y que vayan a echar un vistazo, ¿quieres? -Sacudió la cabeza y volvió a meterse en el despacho-. Genial... Con mi suerte, seguro que ya ha llamado a Singapur o algo así -murmuró mientras cerraba la puerta-. En fin... a ver, ¿qué pasa?

Mariana arrojó un paquete sobre su escritorio.

-Antes de que empieces a pegar gritos, debes saber que ya he llamado a Les dos veces... y no va a dar marcha atrás.

Dar rodeó su escritorio y se sentó recogiendo el paquete. Sus ojos lo examinaron y levantó la mirada.


-Es una broma, ¿verdad?

Mariana sacudió la cabeza.


-Nop... Es un retiro para ejecutivos, con un programa específico para equipos como el nuestro. Tienen una reserva para doce, a partir del viernes por la tarde. Mandarán un autobús a recogernos. -Se cruzó de brazos-. Les dice que en Texas han puesto en práctica uno muy parecido, de tres meses, y que al parecer funciona muy bien.


Dar se cubrió los ojos con la mano.


-A ver si lo he entendido... -murmuró-. ¿Quiere meternos a todos en un autobús, mandarnos a Dios sabe dónde a escalar rocas y vivir en cabañas... porque eso nos va a ayudar a hacer mejor nuestro trabajo?

-Esencialmente es eso, sí -asintió Mari-. La verdad es que he estado informándome sobre el tema y podría estar bien, Dar... Aunque eso depende de los participantes.

-En nuestro caso, lo único que depende de los participantes es QUE NO NOS MATEMOS LOS UNOS A LOS OTROS. -La mujer terminó la frase a gritos, que resonaron contra las paredes de madera del cuarto-. ¿Está LOCO o qué? -Golpeó literalmente los números del teléfono-. Beatrice, ¿está ahí? -Tamborileó con los dedos en la mesa hasta que le dieron paso a la línea.

-Dar, antes de que digas nada déjame darte mi versión de los hechos. -La voz de Les sonó jovial, como de costumbre-. ¿De acuerdo?


Dar cruzó las manos sobre la mesa.

-De acuerdo -respondió en un tono fingidamente tranquilo.


-Ayer recibí tu e-mail... y para serte sincero, me inquietó bastante -declaró el CEO-. No porque pensase que fuera verdad... Soy consciente de que puedes ser una condenada obstruccionista cuando quieres, Dar, pero siempre lo has hecho por el bien de la empresa.


-Uh huh -gruñó Dar.


-Lo veo más bien como un problema global... de toda la compañía, y es por eso que estamos usando esos seminarios... ¡Son magníficos! Te encantará... Escucha, es sólo un fin de semana, lejos de todos... Sin móviles, sin ordenadores... la comida es buena... y está demostrado que esas cosas funcionan. Hacen que las personas se conozcan mejor.


-Uh huh.


-Por eso estoy seguro de que las cosas se suavizarán entre tú y el tipo ese nuevo si os dais la oportunidad... y el resto del equipo también necesita tomar un poco de conciencia de grupo. Tus chicos me han dado más de un dolor de cabeza últimamente.

-¿Les?

-¿Sí? Va, ya puedes bombardearme si quieres.


-El problema entre Steve Fabricini y yo es que nos conocemos demasiado bien. Hice que le expulsaran de la Universidad hace diez años y aún me la tiene guardada. -Dar se detuvo-. ¿Crees que mandarnos juntos al bosque es una buena idea?


El silencio al otro lado de la línea se prolongó un poco más de lo normal.

-Hem... -murmuró Les-. Vaya... ojalá lo hubiese sabido antes.

-¿Podemos cancelarlo? -preguntó Dar, esperanzadamente.


-Pues verás... dimos una señal... y acabamos de dar salida a la orden de pago -confesó el CEO con aire abatido-. Si lo cancelamos, perdemos el dinero... -dijo como pensando en voz alta-. No, el proyecto sigue adelante, Dar... y cuento contigo para dar ejemplo a los demás. Quiero que me los traigas rebosando de un nuevo y renovado espíritu de equipo.


Dar suspiró.


-Les, en serio, no tengo tiempo para esto... Estás deshaciéndote de todo el grueso de mi equipo, estaremos totalmente incomunicados... ¿Y si surge algún problema durante el fin de semana? -Aquella era su última baza que jugar.


Les se echó a reír.


-Dar, ambos sabemos que tú escoges a tu gente precisamente porque sabes que no te dejarán colgada en los momentos de crisis... El resto de tu departamento puede arreglárselas un par de días. Lárgate, pásalo bien y relájate un poco. Yo estuve en una de esas cosas y me lo pasé como nunca. Confía en mí. -El hombre escuchó una serie de profundos resoplidos al otro lado del teléfono-. Estás furiosa conmigo, ¿verdad?


-Si pensase que eso podría hacerte cambiar de idea, te lo diría -respondió Dar incisivamente.


-Vamos... mantén la mente abierta, Dar... Nunca se sabe lo que puede pasar en esta vida... Igual regresáis de allí como los mejores amigos del mundo. -Les se echó a reír de nuevo-. Y de todas formas... acabo de procesar tu paga extra de Navidad. Sé que se me olvidó mandarte una tarjeta en tu cumpleaños, así que espero que esto me haga enmendarlo.

-Les...


-Tengo que dejarte... El Presidente de IBM está aquí y vamos a charlar amigablemente. Rumores, falsos cotilleos... esas cosas -dijo Les-. Hazlo, Dar... Si vuelves y me dices que ha sido tan horrible como pensabas, te compensaré.


-¿Cómo? -inquirió Dar amargamente.


Una leve pausa.


-Podemos negociar eso de la velocidad con que se resuelven los problemas internos.

Las cejas de Dar se elevaron en un gesto de incredulidad.

-Está bien -manifestó pausadamente-. Supongo que un fin de semana es un precio razonable.


Les se rió por lo bajo.

-Ésa es mi Dar... Intenta pasártelo bien, ¿eh? -dijo, y colgó.

Mari se removió en su silla y sacudió la cabeza.


-Tu relación con él es realmente interesante. -A continuación, lanzó un suspiro-. Eres una de las pocas personas de las que puedo asegurar que le caen bien.


-Bueno, al menos lo he intentado... -Dirigió una mirada irónica a la otra mujer-. Esto va a ser una pesadilla, Mariana.

-Lo sé -afirmó la Vicepresidenta de Personal-. Tú y yo, Duks, Kerry, José, Steve, Mark, su segundo, Eleanor, sus ayudantes y los de Duks y mi ayudante Mary Lou. -Aquí se detuvo un instante-. Sabes cuál va a ser tu mayor problema, ¿verdad?

-¿Además de no matar a Steve? -Dar jugueteó con un lápiz de su bote-. Sí, lo sé.

"Evitar que descubrieran su pequeño secreto".

-Vosotras dos tenéis un química especial cuando estáis cerca la una de la otra -le dijo Mari con ironía-. Va a ser algo difícil de esconder en un lugar salvaje, sin nada que hacer excepto hablar unos con otros y asar malvas silvestres. -Dicho lo cual, se levantó de la silla-. Gracias por intentarlo, amiga... Ha sido una lucha memorable, y lo hubieras conseguido de no ser por el maldito dinero.

-Sí. -Dar se reclinó hacia atrás, exhalando-. Debí haberle ofrecido esa paga extra para cubrir los costes -propuso a su amiga, ya visiblemente de mejor humor-. Creo que habría salido ganando con el cambio.


Mari se echó a reír mientras se encaminaba hacia la puerta.

-Son sólo un par de días, Dar... Estaremos de vuelta en Miami el domingo por la tarde. No creo que nos vaya a matar.

Dar se desperezó en el momento en que se quedó sola y arrojó el lápiz sobre la mesa, echándole un vistazo más detenido al paquete que aún tenía delante. Sin embargo, unos leves golpes en la puerta le hicieron distraer su atención y sonreír anticipadamente.


-Adelante.

Kerry asomó la cabeza y luego entró en el despacho.

-Hey...


-Hola. -Dar se reclinó de nuevo en la silla y cruzó las manos sobre el estómago.


-¿Problemas? -inquirió la joven con curiosidad.

-Tal vez ambas los tengamos. -Dar empujó el paquete hacia su ayudante-. Cancela tus planes para el fin de semana. -De hecho no tenían nada serio pensado, sólo una sesión de buceo, un viaje a Bayside y pasar algo de tiempo con Capuchino.

Kerry levantó el envoltorio y se sentó en uno de los lugares destinados a las visitas, estudiándolo con interés.

-Vaya... he oído hablar de estas cosas. -Levantó la vista hacia Dar con una sonrisa-. Suena interesante... Viene de arriba, ¿verdad?


-Mmhmm -asintió Dar.

Un encogimiento de hombros.

-Puede que hasta sea divertido, Dar... Quiero decir que hay cabañas. No es como que tengamos que sobrevivir a base de nueces silvestres ni nada parecido.


Dar rió entre dientes.

-Si fuésemos sólo tú y yo, o con Duks y Mariana... incluso hasta con Mark, te daría la razón. Pero van Steve, José, Eleanor... y dos o tres más que ni siquiera conozco.

-¿Y qué? -Kerry examinó el folleto-. Es genial... tienen carreras de obstáculos en las que hay que ayudarse unos a otros... -Levantó la vista de las ilustraciones-. ¿Quién sabe? A lo mejor sirve de algo.


La mujer de pelo negro la miró fijamente.


-Bien, ¿debo entender entonces que no te importa tener que pasarte un fin de semana entero fingiendo que no me conoces? -le preguntó suavemente- ¿O al menos no más de lo que se conoce a una "jefa"?

Kerry pestañeó.

-Oh. -Momentáneamente, se mordió el labio inferior recapacitando sus palabras-. Cierto, emm... ¿No puedes librarnos de esto? -planteó, casi como una súplica.

-Ya lo he intentado. -Dar levantó las manos dejándolas caer en un gesto de impotencia-. Les acaba de pagarlo... así que me temo que estamos atrapadas.

Se miraron la una a la otra un momento.

-En fin... -Kerry lanzó un suspiro dándose por vencida-. Bueno, estoy segura de que podemos hacerlo... Quiero decir que manejamos bastante bien el asunto durante las horas de trabajo. -Se levantó y devolvió el paquete a la mesa. Después la rodeó y se sentó en una de las esquinas que quedaban del lado de Dar.

-¿Tú crees? -Los labios de la ejecutiva se contrajeron ligeramente-. Bueno, tengo que decirte que eres la primera ayudante que tengo con esa peculiar costumbre de apoyarse en mi mesa. -Tiró de uno de los extremos de la falda de Kerry-. La mayoría no se acercaban a menos de dos metros de mí.


Las cejas de Kerry se alzaron.

-Ellas se lo pierden -respondió en un tono malicioso, lo que hizo asomar una genuina sonrisa al rostro de su jefa. Reflexivamente, se inclinó para tocar la mejilla de Dar, recorriendo sus labios con el dedo pulgar y emitiendo a continuación un leve suspiro-. Dos días, ¿eh? Esto va a ser de locos.

La sonrisa de Dar se intensificó levemente antes de que esta llevara una mano a la rodilla de la joven y le diera unas palmaditas en señal de exagerado consuelo.

-Sobreviviremos -afirmó mirando su reloj-. Hora de ir a esa maldita reunión... No me perdería por nada del mundo la cara de tonto que se le va a quedar a Steve cuando vea para lo que ha servido su rabieta de niño pequeño... Y por cierto, ¿qué es lo que quería de ti?

-Oh... -Kerry se puso en pie y dejó espacio a Dar para que saliese de detrás de la mesa-. Comprarme con la promesa de que tendría tu puesto una vez que nos hubiésemos deshecho de ti.

Dar se detuvo un momento antes de incorporarse del todo, se enderezó lentamente y se pasó una mano por el pelo.

-Tiene gracia... -comentó brevemente-. Así es como se ha ganado a Elana.

Kerry bufó de rabia.

-Sabía que era una idiota en cuanto la vi... ¿¿¿Te traiciona para quedarse con tu puesto??? ¡¡¡Por el amor de Dios!!! -Golpeó a Dar ligeramente en el brazo para dar énfasis a sus palabras-. Ni por cualquier puesto de trabajo en la Tierra... Por nada del mundo, ni de Marte, ni de Júpiter... –

Su diatriba fue cortada de golpe por los labios de Dar sobre los suyos y un intenso y sentido abrazo-. Mmm... -murmuró Kerry cuando se separaron-. No me hagas mucho caso... pero esto podría darles una ligera pista sobre la naturaleza de nuestra relación. -Retrocedió ligeramente y pasó las manos sobre la fina tela de la camisa de su amante a la altura de los pechos antes de besarla de nuevo.

-Tal vez... pero gracias. -La mujer le acarició la mejilla y la besó en la frente antes de soltarla-. Vámonos ya... o llegaremos tarde.




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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Julio 17th 2013, 11:53 pm

Los gritos les llegaron incluso antes de girar la última vuelta del pasillo.

-Oh... eso suena bien -murmuró Dar entre dientes, dirigiendo una mirada a su compañera, quien frunció los labios en señal de concordancia y abrió la puerta de la sala de conferencias dejando que Dar pasara primero.

El griterío cesó en el momento en que la figura de metro ochenta de estatura traspasó el marco de la puerta, y todos los ojos de la sala se giraron hacia ella. Dar sintió que Kerry estaba justo detrás, pero mantuvo su atención en el grupo de personas congregado alrededor de la mesa y simplemente se quedó allí de pie, con los brazos en jarras.

El silencio se mantuvo, hasta que la imponente mujer alzó una ceja.

-¿Hay algún problema? -preguntó casi con un rugido irritado-. ¿O es que no tenéis otra forma de pasar el rato que estar aquí armando jaleo?

José se levantó, o para ser más exactos, se enderezó, ya que tenía una rodilla apoyada en la silla. Luego agitó una copia del paquete, que ella ya conocía de sobra, ante sus narices.

-¿Has visto esta mierda? -Y lo arrojó son fuerza sobre la mesa-. ¿Qué es lo que pretenden?

Los ojos de Dar fueron hasta Mariana, que se encontraba reclinada en su silla con las yemas de los dedos sobre la superficie de madera.

-Supongo que ya se lo has contado. -Esperó a que la Vicepresidenta de Personal asintiese con la cabeza.

-Claro que lo ha hecho. -Eleanor dejó caer su lápiz-. Por el amor de Dios, Dar... No pueden pretender que aceptemos esto... ¡Todos tenemos vida propia! -Una dulce sonrisa apareció en el rostro de la Vicepresidenta de Operaciones-. O al menos la mayoría...

-Sí... Yo no pienso seguirles el juego -declaró repentinamente Steve-. No le veo sentido.

Dar rodeó la mesa lentamente hasta llegar a la cabecera de la misma, que ellos habían dejado manifiestamente vacía, y tomando asiento se reclinó contra el respaldo sin alterarse en ningún momento.

-Está pagado, así que no hay más que hablar -afirmó zanjando el tema-. No ha sido idea mía, pero Plano lo ha dejado todo bien clarito. Es lo que hay.

Un coro de voces estalló ante ella. Dar lo toleró por un momento, después se enderezó y aspiró una profunda bocanada de aire.

-¡CALLAOS DE UNA MALDITA VEZ! -rugió, con tal profundidad que los vasos del aparador parecieron tintinear. Los ojos de Kerry se dilataron y se hundió en la silla por puro reflejo mientras un profundo silencio inundaba la sala. Mantuvo la expectación un minuto, que pareció eterno, y después apuntó a Steven-. La próxima vez, ten cuidado con lo que pides. -Bajó el tono de su voz y sus ojos se posaron, escrutadores, sobre Eleanor y José-. Vosotros empezasteis todo esto. Plano sólo ha respondido, y por Dios que vais a ir a esta estupidez sin una sola queja o me veré obligada a pagar la excursión de vuestros condenados sueldos. -Cada palabra había ido subiendo de tono y haciéndose más penetrante, de forma que la última surgió como un disparo que rebotó de nuevo en todas y cada una de las paredes de la sala y clavó a todos sus ocupantes en sus sillas-. ¿¿Entendido??

Silencio.

-Yo... um... llevaré una baraja de cartas -sugirió Mark, meditadamente.

Steve bufó, y se reclinó hacia atrás.

-Yo no voy -declaró, encarando con insolencia a Dar.

-Sí, sí que vas -dijo José girándose hacia él-. Si yo voy, tú también. -El Vicepresidente de Ventas dirigió una mirada de disgusto a la sala-. Voy a llamar a mi mujer.

Mariana repartió un paquete a cada uno.

-Aquí hay instrucciones sobre lo que tenéis que llevar y lo que no. Nada de aparatos electrónicos, teléfonos móviles y cosas así. Cuatro mudas de ropa cómoda, objetos personales y cualquier medicamento que necesitéis, siempre y cuando esté preescrito por un médico.

-¿Eso incluye calmantes? -murmuró Eleanor, levantando la vista hacia la malhumorada Dar-. Creo que voy a necesitar una dosis extra.

Duks, que había pasado todo aquel tiempo hojeando su folleto, levantó la vista hacia su ayudante: una mujer corpulenta de pelo rubio corto y gafas bastante gruesas.

-Sandy... ¿te causa algún problema?

Ella se caló bien las gafas.

-No... Le pediré a mi madre que cuide de los gatos... Al menos es un cambio de aires. -Miró de reojo a Kerry-. ¿Has estado antes en una cosa de éstas?

-No. -Kerry no había dejado de mirar a su jefa en ningún momento, consciente del grado de irritación que emanaba de ella-. Nunca... pero estoy segura de que al menos será una experiencia muy instructiva. -Y acto seguido, echó un vistazo a Steve, que tenía los ojos fijos en Dar con una expresión de profunda crueldad.

Duks se rascó el maxilar y su mirada siguió la de Kerry.

-Oh... sí -convino con solemnidad-. Vamos a aprender algo, de eso estoy seguro.

***
Kerry se encontraba indecisa entre dos de sus camisas. Finalmente escogió una y la metió en la mochila, que no había tenido mucho uso desde que se había mudado con Dar. Su compañera había llevado a Chino a la camioneta e iba de camino por la isla hacia una pequeña tienda italiana para pedir dos raciones de pasta para la cena. Ella había intentado disuadirla, puesto que podían hacerla en casa, pero Dar había dicho que las dos necesitaban relajarse al máximo ante el par de días infernales que les esperaban.

A pesar de su natural optimismo, Kerry había acabado por ceder, y además así tendría la oportunidad de saborear los fettuccini trattoria de Alfredo's. Algo a lo que era realmente difícil resistirse.

Terminó la mochila y bajó la escalera silbando y de buen humor, deteniéndose para echar un vistazo a la bota de la que Chino había dado buena cuenta tras su escape furtivo del trastero.

-Ooo... esta vez has tenido suerte, pequeña. Era una de las más viejas. -Rió entre dientes dando vueltas a la bota y pasando un dedo por la suela mordisqueada. La cachorro la había sacado del armario de Dar después de revolver la papelera y arreglárselas para descolgar el teléfono de su soporte. La oportuna visita del servicio de mascotas del complejo residencial la había devuelto a su cuarto, pero aún les quedaba pendiente una investigación para saber cómo se las había arreglado para salir de allí la primera vez.

La puerta trasera se abrió justo cuando ella pasaba por la cocina y Dar entró cargando con la cachorro bajo un brazo y una gran bolsa, que dejaba escapar un aroma realmente agradable, en el otro.

-Mmmm... Esto promete. -Kerry sonrió, liberándola del peso de la comida-. No dejo de darle vueltas a lo que nos darán en el retiro... ¿Tú qué opinas? ¿Todo frito?

Dar suspiró y dejó a Chino en el suelo, quien se lanzó hacia su comedero y empezó a beber agua con una serie de sonoros lametones.
-Probablemente... Según el folleto es un sitio muy "rústico", lo que suele significar hamburguesas y perritos... En fin, supongo que podría ser peor.


-Oh sí... Podría haber sido uno de esos en los que sólo sirven legumbres crudas... También los hay, ¿sabes? Combinan la comida sana con la educación corporativa.


Un bajo resoplido.

-Habría volado hasta Plano y golpeado a Les con un saco de apios hasta hacerle gritar si nos hubiera metido en uno de esos -murmuró la mujer de pelo negro-. Ya es lo suficientemente malo tal y como está. -Sacó los recipientes de la bolsa junto a un fragante pedazo de pan de ajo relleno de queso-. ¿Has hecho la maleta?

-Mmhmm... -Kerry buscó algunos cubiertos, un par de servilletas y tiró de Dar hacia la sala de estar-. Vamos, Dar... no está tan mal... Apuesto a que todos estaremos tan ocupados en nuestras cosas que nos olvidaremos de la incomodidad y de lo mal que nos cae el de al lado. -Abrió su bandeja de pasta y aspiró, llenándose los pulmones con aquel irresistible olor-. Mmm...

-Puede ser... -suspiró Dar, clavando el tenedor en su cena: una generosa ración de cabello de ángel a la boloñesa. Después partió el pan de ajo por la mitad, ofreciéndole a Kerry su parte-. Toma...

La joven lo aceptó y partió un pedazo, sumergiéndolo en la salsa especial de Alfredo antes de llevárselo a la boca.

-Quiero decir que... somos adultos después de todo... y profesionales, por el amor de Dios... Estoy segura de que podemos superar dos miserables días juntos.


Dar sonrió con ironía.

-Tal vez tengas razón, amiga mía... y espero que así sea, o va a resultar un fin de semana condenadamente desagradable. -Se tragó la comida que tenía en la boca antes de seguir hablando-. ¿Te leíste todo lo que venía en aquel paquete? Ellos nos observan y mandan informes periódicos a Plano. -Dirigió a Kerry una mirada sarcástica, mientras ésta pasaba canales de televisión hasta dar con el de Historia-. Eso debería provocar algún tipo de cooperación... Ninguno de nosotros querrá que Les se entere de que nos hemos comportado como una panda de niños malcriados.


Kerry se chupó los restos de salsa de los dedos.


-¿Crees que está preocupado de verdad por nuestro departamento? -preguntó-. No puede ser que otorgue ni el más mínimo de credibilidad a las acusaciones de Steve, ¿cierto?

Dar se encogió de hombros mientras masticaba laboriosamente.

-Eso es algo difícil de decir -contestó, después de tragar-. ¿Cómo está tu pasta?

Kerry se inclinó hacia ella besándola suavemente.


-Juzga por ti misma. -Enredó un poco en su tenedor y se lo ofreció a Dar.

-Uh uh. -La ejecutiva esquivó el bocado y se lanzó hacia delante, pasando su lengua sobre los labios de Kerry antes de que ésta le devolviese el beso. Luego dejó su bandeja, casi vacía, sobre la mesa del café, lo cual le dejó las manos libres para acariciar la cara de la joven y recorrer sus hombros-. Oh sí... me gusta... -dijo suavemente.

-A mí también. -Kerry dejó también su plato y centró su atención en el cuerpo de su compañera, impaciente por tenerlo bajo sus manos. Adoraba la textura sedosa de la piel de Dar, y deslizó los dedos bajo la camiseta de algodón con avidez mientras ambas se lanzaban, sin prisa, a explorarse mutuamente. En un momento dado, enterró su rostro en el cuello de Dar golpeándole levemente bajo la cintura de los vaqueros, y sintió cómo los músculos se contraían para dejarle espacio entre sus piernas-. ¿Es que quieres perderte "En Busca de los Misterios de la Antigüedad" -inquirió suavemente.

-No tengo la menor intención -replicó Dar, riendo entre dientes, al tiempo que le desabrochaba el primer botón de la camisa.

-¿Me estás llamando vieja? -Kerry le mordisqueó el lóbulo de la oreja, sintiendo cómo la risa viajaba por el cuerpo de Dar-. ¿Hmm? -Acto seguido le acarició el ombligo, una zona que se había revelado como de las más sensibles de su cuerpo-. Vamos, oigo una agradable y cálida cama de agua susurrando mi nombre. -Pellizcó ligeramente con los dientes la suave piel del cuello de Dar y después levantó la vista-. ¡Ey!

El cuerpo de Dar reaccionó, incorporándose del sofá.

-¿Qué...? Oh. -Una suave risa-. Chino, ¿qué crees que estás haciendo?

La cachorro estaba encaramada con las patas delanteras en la mesa con la cara cubierta de salsa boloñesa. Sus grandes ojos marrones expresaron un "oh oh" canino al verse descubierta, aunque sin dejar de lamer el espagueti que le colgaba de la boca.

-¡Perro malo! -la reprendió Kerry severamente dándole un pequeño cachete-. No... no muevas la cola de esa forma...

Sus pequeñas y suaves orejas quedaron colgando y se bajó de la mesa, sentándose y mirándolas a través de sus negras pestañas. De cualquier modo, el efecto sentido quedó pronto anulado cuando empezó a dar cuenta de la salsa que le manchaba el hocico. Con ello, ambas mujeres se echaron a reír.

-Oh... no tiene gracia -suspiró Dar-. Pero no puedo evitarlo... mírala.

-Sí... sabe poner cara de inocente incluso mejor que tú -respondió Kerry con una exhausta risita.

Las cejas de la ejecutiva se alzaron de repente.

-Yo no hago eso -declaró Dar severamente.

Kerry trazó sus cálidos labios de color coral con un dedo.

-Claro que sí... Cuando quieres algo que sabes que es malo para ti -le dijo amablemente-. Como aquel pastel que hice para tu cumpleaños. -En el extremo de los labios que contemplaba apareció una tímida sonrisa-. ¿Lo ves? -dijo sonriendo-. Me encanta cuando haces eso.

-¿Quieres decir que me he ganado el pastel? -preguntó Dar, ingeniosamente. Se inclinó para acariciar a Chino, que fue hacia ella y se encaramó al brazo del sofá lamiendo el brazo de Kerry-. Seguro que tú también quieres un poco, ¿eh?

-No no no... Ella no puede comer chocolate -sentenció Kerry acariciándole las orejas-. Me alegro de que Colleen se ofreciera para cuidarla... No hubiese estado tranquila dejándola sola aquí, aunque los del servicio vecinal se pasaran de vez en cuando. -Dirigió una súbita mirada a Dar-. ¿A ti te parece bien?

-Mmhmm -convino Dar-. Por mí está bien... Iba a preguntarle a Clemente si podría enviar a alguien aquí, pero Colleen es la mejor opción... aunque me da la impresión de que no se siente del todo cómoda conmigo. -Tiró ligeramente de un mechón del pelo de Kerry, para quitar importancia a lo que acababa de decir.


Kerry suspiró.

-Es que... se preocupa por mí, eso es todo... Se alegra de que estemos juntas, pero lo del trabajo la confunde -admitió lentamente-. Y hablando de confusiones... a veces siento como si fuera dos personas completamente distintas.


-Mm... sí, yo también -afirmó Dar.

-Y me siento tan... -Kerry se detuvo un momento para apartarle a Dar un mechón de pelo de la cara-. Odio cuando la tensión te gana terreno... como cuando te pusiste a gritarles esta mañana en la reunión... me revuelve el estómago. -Admitió-. Ese idiota me enfureció tanto que estuve a punto de romperle la cara en la cafetería, y no por el hecho de que me tomase por tonta... sino porque pretendía perjudicarte, y eso es algo que no soporto.

Dar permaneció callada, dejando que la cachorro le mordisquease los dedos mientras consideraba las palabras de Kerry.

-Lo siento -murmuró finalmente-. Es sólo mi manera de hacer las cosas.

-Lo sé. -Kerry sonrió un poco-. Es que es tan... -Se detuvo-. Tu reputación está basada en la realidad, y a veces lo olvido... porque para mí no eres así. -Se inclinó para cubrir la mejilla de Dar con su mano-. Se me olvida que casi todo el resto de mundo ve de ti una imagen diferente.

Dar exhaló.

-Me haces parecer una esquizofrénica -afirmó con ironía-. Y por desgracia vas a tener que lidiar con la señorita Hyde durante todo el fin de semana... así que te pido perdón por anticipado.

Kerry rió con aire desesperanzado.

-Creo que lo mejor será que no esté demasiado tiempo contigo... o corro peligro de que se me olviden las condiciones y te abrace delante de todos. -Le ofreció una demostración gráfica de cómo sería, y se sintió mucho más cómoda en el momento en que Dar le devolvió el abrazo-. Mm... eso está mejor.
-¿Qué te parece si nos deshacemos de lo que queda de cena y seguimos con esa búsqueda que hemos dejado a medias antes? -dijo Dar con un profundo susurro, justo en su oído, de forma que el cálido aliento de la mujer lanzó un leve y placentero escalofrío por la espalda de Kerry-. No quiero pensar o hablar más de trabajo en lo que queda de noche.

Kerry murmuró un comentario mostrándose de acuerdo y recorrió la clavícula de Dar con sus labios. Luego se apartó, a regañadientes, y se dispuso a recoger las bandejas de aluminio, encontrándose de nuevo a la cachorro color crema con la nariz bañada en salsa y lamiéndose con deleite los mofletes.

-Oh... vaya... Dar, se va a poner mala del estómago como siga así.

Ésta levantó los recipientes de pasta fuera del alcance de Chino y los tiró a la basura, y se disponía a meter los cubiertos en el lavavajillas cuando Kerry se puso detrás de ella y la atrapó, rodeándole la cintura con los brazos.

-Ey... -Aquellas manos se deslizaron bajo su camisa, explorando su piel, haciendo que sus rodillas se estremecieran y casi cediesen, por lo que tuvo que buscar apoyo en la encimera para recuperar el equilibrio.

Después se giró, encarando aquel ataque implacable, enredando sus dedos en el pelo rubio de Kerry y entregándose en cuanto el cuerpo de la joven se unió al suyo, rindiéndose a la pasión, dejando atrás las complicaciones de su vida, nublando su consciencia a medida que su corazón se aceleraba.

Debió de ser entonces cuando imaginó que levantaba a Kerry en sus brazos y la llevaba al dormitorio, porque sabía perfectamente que era incapaz de hacer algo así.

¿O no?

***

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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Julio 18th 2013, 12:03 am


Kerry sólo reconoció de nuevo el lugar en que se encontraba cuando el penetrante estallido de un trueno sacudió las ventanas. Pestañeó, dirigió una mirada al reloj y se dio cuenta de que el mal tiempo mantenía una atmósfera de profunda oscuridad a pesar de que ya quedaba muy poco para el amanecer.

Del exterior pudo escuchar de nuevo el trueno, acompañado del fogonazo de luz de varios relámpagos. Aguzó la vista para ver el leve reflejo de la luz del reloj sobre los entreabiertos ojos azules de Dar.

-Eso no suena nada bien.

-Uh huh -convino la mujer.

-No estarás pensando en salir a correr con este tiempo, ¿verdad?

-No. -Dar resopló ligeramente mientras recorría con sus dedos las desnudas costillas de Kerry-. ¿Me tomas por loca?

-Sólo era para asegurarme. -Kerry pegó la nariz al tierno pecho sobre el que había descansado toda la noche-. Últimamente has sido de lo más cabezota en ese aspecto.

Su compañera se acomodó sobre la cama y emitió un débil y gutural ronroneo.

-Correr es una buena manera de empezar el día... me aclara la cabeza... y me da tiempo para pensar. -Un trueno secundó sus palabras desde el cielo-. De todas formas, cuando está así es cuando mejor se duerme -murmuró.

Kerry miró la lluvia que azotaba la ventana y los inconstantes relámpagos que iluminaban el interior del cuarto.

-Sí... tienes razón. -Deslizó una rodilla entre los muslos de Dar y se fue acurrucando más contra ella, extendiendo un brazo a lo largo de su espalda y exhalando con satisfacción-. Bueno, aún nos queda una hora más.

-Mmhmm... -Dar tiró de las mantas hacia arriba y dejó que se le cerraran los ojos.

En ese momento, sonó el teléfono.

La ejecutiva maldijo por lo bajo, sacando un brazo de la cama y descolgando el auricular sin necesidad de mirar a qué distancia se encontraba.

-¿Sí?

-Dar, soy Mark. -La voz del jefe de MIS surgió con un evidente tono de preocupación.

-¿Qué pasa? -preguntó Dar, sofocando un bostezo-. ¿Ha caído un meteorito sobre Plano o algo por el estilo?

-Peor... los portales transcontinentales se han caído. Un petrolero de Exxon dejó caer el ancla en el sitio equivocado cuando pasaba por el Atlántico Norte y se llevó el cable con él. Trescientos metros de cable.

-Ugh... -Dar se estremeció-. Jesús... ¿podemos redirigirlos? -Sintió el cuerpo de Kerry estirarse a su lado y le acarició la espalda para que se volviese a dormir-. Oh, mierda... teníamos planeada una reunión de ventas con cuatro nuevos clientes ingleses esta mañana.

-Lo sé -respondió Mark-. Por eso te llamo... Va a saltar tanta mierda de esto que más nos valdría montar un negocio de fertilizantes. -Un leve golpeteo de teclas surgió del otro lado de la línea-. Uno de los pares cortados es el de la línea de administración... no saben quién tiene contacto y quién no, y no pueden redirigir nada antes de que les consigan un diagnóstico de los desperfectos... Eso podría llevar horas, o incluso todo el día.

-¿Podemos alquilar temporalmente una conexión vía satélite? -susurró Kerry.

Dar lo consideró un momento.

-¿Has dicho algo, Dar? -inquirió Mark-. Me ha parecido oír algo.

"¿Se lo digo? Qué demonios, él sabe que está en esta casa cada dos por tres".

-Kerry ha sugerido una alternativa... desviarlo a una línea por satélite y alquilar un enlace.

-Oh... dale los buenos días de mi parte. -La voz de Mark adquirió un leve tinte divertido, a pesar de las circunstancias-. A ver... tenían pensado llevarlo por multimedia en tiempo real... No estoy seguro de que un satélite acepte tanta amplitud de banda, pero es una idea. Tendríamos que reconfigurar todas nuestras terminales, y las suyas por tener un sistema diferente... Tendría que conectarlo a la red general.

-¿Hay alguna otra posibilidad? Además de la redirección, porque me parece que nuestra instalación no está preparada para algo tan serio -inquirió Dar.

-A mí no se me ocurre nada, jefa... por eso te he llamado -respondió Mark-. Y he conseguido dos por el precio de una, porque Kerry era la siguiente de la lista.

-No me llames, por favor -dijo Kerry entre dientes-. Me he dejado ese chisme en modo vibración y está en el aparador... Siempre me da un susto de muerte cuando se enciende.

Dar sofocó una risa.

-Vale... Llama a INTELSAT e intenta conseguir una... No, dos conexiones. Di a tu gente que llegue temprano para empezar a reconfigurar el sistema de la sala de conferencias. -Acto seguido, abrazó a Kerry con fuerza-. Buen trabajo -afirmó con orgullo.

Kerry se limitó a encogerse de hombros modestamente.

-He aprendido de la mejor -contestó, devolviéndole el cumplido y apoyando la barbilla en el esternón de Dar, sonriendo.

-De acuerdo, cuenta con ello -respondió Mark entre el sonido de las teclas de su ordenador y el retumbar de un trueno-. Os veré en la oficina.

-Llevaré pastelitos -afirmó Dar irónicamente-. Y montones de café cubano. -Colgó el auricular y suspiró dirigiendo la vista hacia el techo con indiferencia-. Era demasiado pedir que pudiese quedarme en la cama.

Pero Kerry no la soltó.

-¿Por qué? ¿Hay algo que puedas hacer durante la próxima hora? -preguntó razonadamente-. A Mark le va a llevar aún un buen rato encontrar a alguien de INTELSAT, considerando que están en California y son sólo las seis menos cuarto. -Comenzó a trazar un lento y persuasivo recorrido por el abdomen de Dar, deslizando sus dedos en pequeños círculos sobre la piel ligeramente ondulada.

Dar meditó, entre el impulso natural de lanzarse a solucionar el problema y el insidioso deseo de su cuerpo de quedarse justo donde estaba. Bajo aquel agradable y cálido abrazo, que susurraba en su mente todo el afecto que Kerry sentía por ella.

Sorprendentemente, su cuerpo ganó. Se rindió afirmando su posición sobre el cuerpo de su compañera, y exhaló suavemente.

-Tienes razón... No tiene sentido ir allí sólo para desgastar la moqueta. -El suave golpeteo de la lluvia la estaba relajando una vez más, y sintió que sus ojos se volvían a cerrar, justo antes de sentir los labios de Kerry sobre los suyos.

Las dos estaban demasiado cansadas como para ir más lejos, pero pasaron una placentera media hora sólo jugueteando, sin llegar siquiera a decir nada, hasta que una reluctante luz gris les avisó de que el sol estaba a punto de despuntar sobre el Océano. Dar se estiró y salió de la cama, ofreciéndole una mano a su amante, que la miraba con aire lánguido.

-Voy a ducharme... ¿Por qué no haces café mientras?

-¿Sabes? -Kerry saltó fuera de la cama de agua-. Ganaríamos mucho tiempo si nos ducháramos juntas.

Una de las oscuras cejas de Dar se elevó en un gesto de expectación.

-Así que ahorraríamos tiempo, ¿eh? -Preguntó con una sonrisa-. Y agua también... ya que estamos... -agregó, fingiendo analizar la situación-. De acuerdo... vamos.

Se dirigió al cuarto de baño, encendió la luz y atravesó la mampara de la ducha antes de dejar correr el agua.

-Mm... -Kerry rodeó la cintura de la mujer con uno de sus brazos-. ¿Sabes, Dar? Creo que la idea de no poder tocarte durante dos días y medio me... emm... -se detuvo con aire meditabundo.

-Excita -adivinó Dar besándola con rapidez-. Eso está bien. -Sonrió al ver el ligero rubor que cubría el cuello y el rostro de Kerry-. Ven aquí. -Condujo a la mujer hacia el centro de la ducha y dejó que la cálida y vibrante cortina de agua cayera sobre ambas. Después se hizo con una esponja natural, le añadió gel y comenzó a lavar el cuerpo de Kerry.

-Mmm... -Kerry se estremeció ligeramente antes de buscar la suya y corresponder a los cuidados que estaba recibiendo, pasando la porosa superficie sobre la piel bronceada de Dar. Iba por la mitad del tórax cuando se vio a sí misma acercándose y reemplazando el lugar de la esponja con sus labios, incapaz de ignorar los deseos de su cuerpo.

Dar respondió, desplazando sus resbaladizas y habilidosas manos sobre las caderas de Kerry, atrayéndola hacia ella y dejando que el torrente que surgía de la ducha las cubriese totalmente. Se permitió olvidar el tiempo, mientras las manos de la joven se deslizaban por su cuerpo guiadas únicamente por su pasión, envolviéndolas a ambas en una ardiente intensidad, y haciéndolas temblar poco después. Dar se reclinó contra los azulejos, húmedos por el vapor, y se las arregló a duras penas para conseguir que las piernas la sostuvieran.

-Wow...

Kerry aspiró una bocanada de aire entre la cálida piel de Dar y el agua que resbalaba por su cuerpo, inundando sus pulmones con el agradable aroma del gel.

-Oh... -Tras recobrar el aliento, apoyó la cabeza contra el brazo de Dar-. Supongo que habrá que saltarse el desayuno...

Dar rió entre dientes, con la respiración entrecortada.

-A mí con esto ya me vale. -Terminaron de ducharse y salieron, envolviéndose en toallas la una a la otra, y avanzaron lentamente hacia la sala de estar, donde las esperaban los leves gemiditos de Chino como cada vez que las oía moverse por la casa.

-En fin... -suspiró Dar, pasándose los dedos por el pelo húmedo-. Autopista hacia el Infierno, allá vamos. -Depositó un último beso en la rubia cabeza de Kerry y añadió-. Oh... Eleanor... Cómo te gustaría tener una vida como la mía...

Y ambas se echaron a reír.
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Julio 21st 2013, 11:13 pm

SEGUNDA PARTE


Kerry se aproximó y encendió el ordenador mientras se sentaba en su escritorio, le echó un vistazo a su correo y bebió un sorbo de su fragante y humeante café. Se reclinó en su cómoda silla de cuero y sonrió un poco, descansando la cabeza sobre la confortable superficie, al tiempo que aguardaba a que su ordenador acabara de arrancar.

Cuando lo hizo y ya se disponía a conectarse, sonó el teléfono. Pulsó el botón y contestó:

-Kerry Stuart.

-Hola, ¿Kerry? Soy John Brown de Charlotte. -La voz del hombre sonaba apresurada pero amistosa. Recordó que era el supervisor de la Oficina de Redes.

-Buenos días, John... ¿Qué puedo hacer por ti? -respondió cordialmente.

-Bueno... hum. Tengo un pedido procedente de vuestra oficina, y quería verificarlo con alguien... no quiero hacer algo por lo que luego me puedan patear el culo, ya sabes a lo que me refiero. Intenté contactar primero con el despacho de la Srta. Roberts, pero ella no está.

-Está en el vestíbulo en MIS... ¿cuál es el problema? -inquirió Kerry con curiosidad-. ¿Qué fué lo que te pedimos?

-Es el T1 fraccionario que usamos para transferir los datos del distrito de forma segura, tenemos un pedido para apagar este enlace y redireccionar el tráfico de la red desde vuestra oficina hasta el centro de conferencias de Londres -respondió John-. Se van a volver completamente locos si hacemos eso... por eso...

Kerry enarcó las cejas.

-¿Nosotros os pedimos que hicierais eso? Espera... no, quiero decir que sé que tenemos un problema con los enlaces ultramarinos al extranjero, pero encontramos una solución para eso... ¿quién hizo el pedido?

Ruido de papeles.

-Alguien llamado Fab... Fabarini o algo así -murmuró-. No entiendo bien la letra... uno de mis chicos atendió la llamada y anotó el recado, y me lo dió para confirmarlo. -Una pausa-. ¿Quieres que siga adelante con ello?

Kerry tamborileó la mesa con los dedos.

-No -respondió calmadamente-. De hecho, no hagáis nada de esta oficina sin que sea pedido por Dar, Mark o yo.

Una larga pausa.

-Uh... de acuerdo -respondió John, obviamente confuso-. Quiero decir que... no suelo cuestionar así las decisiones del personal... me refiero a que vosotros estáis siempre haciendo pedidos para cambiar las rutas, pero esto parecía un poco drástico, ¿me entiendes?

"Ese estúpido pedazo de..."

-Sí, te entiendo..., hazme un favor, comprueba todo primero a través de Operaciones, ¿de acuerdo?

Incluso por teléfono pudo sentir como él se encogía de hombros.

-Claro -dijo John amablemente-. Mejor para mí... así los departamentos de Seguridad y Comercio Bancario no me morderán el culo cuando encontrasen que su canal había sido tirado. -Pulsó unas cuantas teclas-. Gracias, Kerry.

-No hay de qué -respondió la mujer rubia y colgó. Recapacitó durante un momento, después se levantó para dirigirse a MIS al encuentro de Dar. Sin embargo, el teléfono sonó antes de que se pudiese mover y volvió a pulsar el botón para contestar-. Kerry Stuart.

-Soy José -la voz de VP sonaba nerviosa-. Estamos teniendo una reunión... baja. No consigo localizar a Dar.

Sus ojos verdes se clavaron en el teléfono.

-Claro -respondió Kerry-. Voy enseguida. -Rodeó el escritorio y salió de su oficina a grandes pasos en dirección a la sala grande de conferencias que se encontraba al final del vestíbulo. Abrió la puerta, vio a un grupo de seis o siete personas en su interior y entró.

-¡Vamos directos al desastre! -insistía Steve Fabricini dando un puñetazo en la mesa-. ¿Podéis haceros a la idea de la imagen de perdedores que vamos a dar? -Se giró y vio a Kerry aproximándose-. ¡Y vosotros no movéis un maldito dedo al respecto! ¡Esto es vergonzoso! -Levantó las manos-. ¡Si yo no estuviese aquí no quiero ni imaginar lo que podría pasar! -Una pausa-. Es un bonito detalle por tu parte aparecer aquí a las nueve... y con esa tranquilidad.

Kerry se detuvo y lo miró fijamente. Después avanzó hacia una silla vacía y se sentó cruzando las manos sobre la mesa.

-¿Te importa empezar desde el principio? No sé muy bien de lo que me estás hablando.

José arrojó un lápiz sobre la mesa.

-Tenemos una condenadamente importante conferencia con la oficina transoceánica en Londres... y las líneas han caído.

Kerry asintió lentamente.

-La línea principal intercontinental... sí... fuimos informados -respondió con tranquilidad, saboreando lo que sabía que se acercaba-. Me avisaron con el busca esta mañana. -"Bueno, no exactamente pero..."

-Y no hiciste nada -repuso Steve encolerizado-. Bueno, ya me encargué yo... tengo al departamento de redes colocando algunas líneas artificiales para nosotros, con lo que lo solucionaremos.

La rubia irguió la cabeza.

-No, así no -replicó con calma-. Netops nos pidió aclaraciones y le dije que no lo hicieran.

-¿Qué? -José se levantó-. ¿Estás loca?

-¡Eso es! Lo sabía... tratáis de sabotearnos -acusó Fabricini levantando las manos.

Kerry exhaló.

-Esos circuitos extra pertenecen a una cuenta activa que tú ibas a tirar abajo sin notificación previa... por eso, sí, le dije que no lo hicieran -se levantó y posó las manos en sus caderas-. Además, no es necesario porque ya tenemos un enlace alternativo.

Silencio.

-¿Qué? -volvió a preguntar José mirando a Steve-. Dijiste que no había nada. -Volvió a mirar a Kerry-. No había nadie en vuestro departamento... ¡Llamamos tres veces!

La rubia se encogió de hombros.

-Nadie me contactó por el busca -arguyó simplemente-. Ni por mi teléfono móvil, ni dejando mensajes de voz... ni contactando con María. Me parece que alguien no se esforzó demasiado en ver si estábamos haciendo algo. -Sacudió un poco de polvo que tenía en una manga y luego caminó triunfante hacia el ordenador de presentaciones, encendiéndolo con la tecla que haría salir la información hacia la pantalla superior. Esperó. Después accedió a la red interna e inició la sesión de conferencia. Una lista de oficinas remotas apareció inesperadamente, destacando la posición central de Londres-. Aquí la tenéis. -Levantó la mirada-. ¿Hay algo más que pueda hacer por vosotros? Tengo bastante correo que limpiar antes de irme esta tarde.

Steve aún no había acabado.

-Vale... ¿a quién robaste las líneas? -preguntó sarcásticamente.

Kerry le sonrió, sin rastro de humor en su cara.

-A nadie. Alquilamos un satélite y usamos un enlace -respondió brevemente-. Además, lo hicimos antes del amanecer, por lo que supongo que puedes decir que estoy trabajando desde tres horas antes de que empezases tú. -Les dirigió una mirada a todos y rodeó la mesa encaminándose hacia la puerta.

-Deberías habérnoslo hecho saber -le interrumpió José-. No nos puedes censurar por haber pensado que no estábamos al día, Srta. Stuart... tengo un departamento y una compañía que proteger.

Kerry se giró cuando estaba en la puerta y lo miró fijamente.

-Tienes razón -le dijo sinceramente-. Deberíamos haberte llamado al busca... pero esperábamos tener la ruta alternativa en funcionamiento antes de que nadie supiese que había un problema. -Admitió-. Te pido disculpas... me aseguraré de que te lo notifiquen la próxima vez.

José jugueteó con el nudo de su corbata.

-Exacto... exacto... sí. Bien -asintió y se removió en su silla-, mantén esta conferencia en línea, ¿de acuerdo?

Kerry salió. Echó una mirada hacia atrás mientras la puerta se cerraba y contempló unos ojos hostiles observándola. Suspiró, y cerró la puerta tras de sí inclinándose contra la pared cuando consiguió que su cuerpo dejase de temblar. Odiaba aquel tipo de enfrentamientos cara a cara. De repente, su estómago se reveló y consiguió entrar en los lavabos de mujeres justo a tiempo para perder su desayuno. Su cuerpo estaba reaccionando violentamente contra el repentino e inesperado estrés. Luego se apoyó en la pared y cerró lo ojos esperando que su estómago se asentase.

Vale, Kerry... relájate... ya te has visto en situaciones más tensas que ésta... ¿Qué pasa contigo? -se preguntó interiormente. Era verdad, lo había estado... con su padre, con Dar, por el amor de dios... ¿por qué aquel bastardo le hacía sentirse así? Suspiró. Avanzó penosamente hacia el lavabo, se lavó la boca y se refrescó la cara, que sentía como si estuviera ardiendo, con agua. Se estaba secando la cara con unas toallitas de papel cuando escuchó unos pasos que se aproximaban, levantó la vista y la puerta osciló, abriéndose y dando paso a una cabeza oscura y familiar que se asomaba-. Oh... hola... -saludó a Dar-. Te estaba buscando.

Dar se deslizó dentro y dejó que la puerta se cerrase.

-Yo también te estaba buscando... -miró fijamente a Kerry-. ¿Te encuentras bien?

Kerry asintió embarazosamente.

-Sí... sí... estoy bien... -decidió que Dar no necesitaba más estrés del que ya tenía-. Sólo me aseguré de que la conferencia estuviese en marcha... la conecté y confirmé que los servicios de Londres estuviesen accesibles desde la sala grande de conferencias.

Los ojos azules la estudiaron por un instante con cierta sospecha.

-Bien... bien... te lo agradezco... -Dar miró atrás y se acercó más tocando cariñosamente la mejilla de Kerry-. Estás muy pálida... ¿seguro que te encuentras bien?

Kerry miró alrededor consciente de lo público que era el sitio donde se encontraban.

-Sí... seguro... algo me debió de sentar mal... quizá aquel pastelito de carne que comí... -puso una mano sobre su estómago-. Pero estoy bien.

Dar dio un paso atrás y asintió con alivio.

-Oh... sí, hoy estaban muy aceitosos -comentó-. Bien, como esta crisis ya está resuelta, tengo otra para nosotras.

Kerry suspiró.

-Dispara -respondió-. ¿Qué ocurre ahora? -Siguió a Dar fuera y se dirigió vestíbulo abajo oyendo los débiles sonidos de la reunión que se estaba realizando en la sala de conferencias.

-Nosotros cuidamos del IS de las plantas de manufactura y tenemos algunas estructuras principales que se han ido abajo -contestó Dar.

-¿Y? -inquirió Kerry-. No parece tan malo.

-Esas estructuras están en Hong Kong -espetó Dar-, que ahora tiene restricción tecnológica, por lo que no podemos ayudar a fijarlas.

-Oh -la mujer rubia se mordió el labio-. Eso cambia las cosas.

-Mm...

-¿Y si pasamos los circuitos clandestinamente dentro de las galletas de la fortuna?

Dar se rió entre dientes irónicamente mientras se dirigían corredor abajo.



***



-¿Dar? -la voz de María quebró su concentración cuando se encontraba absorta estudiando unos diagramas de circuitos. Dar echó un vistazo hacia arriba volviendo repentinamente a tener consciencia del tiempo.

-¿Sí? -preguntó mientras consultaba su reloj. Mierda.

-Mariana acaba de llamar... y el autobús ya ha llegado -le comunicó la secretaria-. Pregunta si ya estás preparada.

Dar se reclinó en su silla contemplando con disgusto el montón de cosas que tenía encima del escritorio.

-No... pero eso no va a impedir se lleve a cabo la excursión, ¿verdad? -murmuró en respuesta-. Tengo una montaña de papeles que necesito pasar... y tres informes esperando... -suspiró frotándose las sienes-. Dile que me cambiaré y bajaré en diez minutos... ¿podrías llamar a Kerry y ver si ella ya va para abajo?

-Aún no -respondió una suave voz procedente de la puerta interior.

Dar levantó la vista para mirar la cabeza de Kerry que asomaba al interior de su despacho.

-Olvida eso último, María... ella está aquí mismo.

-Vale... cubriré las cosas aquí, Dar... intenta pasar un buen fin de semana, ¿de acuerdo? -incluso María parecía poco convencida, ya que conocía la situación-. Buena suerte.

-Gracias -la mujer morena suspiró-. Un buen fin de semana para ti también, María. -Le echó una mirada a Kerry-. ¿Preparada?

Kerry entró, ya vestida con vaqueros y una sudadera.

-En la medida de lo posible -miró irónicamente a Dar-. Acabé todo lo que pude, pero aún hay un montón de asuntos pendientes, la semana que viene va a ser de locos.

-Lo sé -suspiró Dar. Se levantó y enderezó sus más de seis pies de estatura mientras giraba el cuello para relajarse-. Vaya día... de acuerdo, deja que me quite este traje para monos e iremos para abajo. -Rodeó el escritorio con unos pocos pasos y estiró los brazos-. ¿Uno para el camino?

No obtuvo argumentos en contra por parte de Kerry, que se deslizó dentro del abrazo de Dar sintiendo la fresca seda bajo sus brazos, la cual se iba poniendo más cálida al tiempo que apretaba los brazos alrededor del cuerpo de la alta mujer.

-Mmm... -sintió la presión de unos labios contra su cabeza y se sumergió en la dulce sensación deseando quedarse así como estaba en vez de tener que subirse a aquel maldito autobús.

Tras un largo momento, se separaron con desgana y Dar pellizcó la mejilla de Kerry con sus dedos.

-Me molesta tener que gastar todo un fin de semana fingiendo que no estoy desesperadamente enamorada de ti -declaró seriamente-. Creo que me molesta más eso que el hecho de tener que ir.

Kerry se ruborizó ligeramente.

-Sólo espero no meter la pata y olvidarme de que sólo eres mi jefa -admitió-. Es mejor que permanezcas lejos de mí esta noche -le advirtió dándole una palmada cariñosa a Dar-. Ve a cambiarte... voy a por mi mochila.

Dar suspiró, pero accedió. Se quitó el traje oscuro y vistió unos cómodos vaqueros y un polo. Metió los faldones del polo dentro de los vaqueros, se abrochó el cinturón al tiempo que echaba un rápido vistazo al reflejo en el espejo y se peinaba antes de colgar el traje y volver al despacho.

-Dar, fuera hace frío -le regañó Kerry-. Ponte un jersey o algo, vas a resfriarte. -Inspeccionó en la mochila de su jefa y extrajo una sudadera suave y algodonada-. Ponte esto.

-Sí, mamá -rió Dar entre dientes, pero hizo lo que le había dicho deslizando la prenda por su cabeza y ajustándola a su cuerpo-. ¿Mejor?

Kerry observó el extraordinario color carmesí contra la piel bronceada de Dar y su pelo negro y sonrió.

-Oh... me gusta... el rojo te sienta muy bien -se colgó la mochila al hombro y exhaló-. Bueno, vamos allá.

Fueron hacia el vestíbulo y cogieron el ascensor. Descendieron en silencio intercambiando una última mirada antes de que la puerta se abriese.

El resto del grupo se encontraba esperando y las observaron con irritación cuando se les unieron.

-Perdón -se dirigió a la mujer que las había mandado buscar vivamente-. Sólo intentaba acabar algunos asuntos.

La mujer, una rubia desenvuelta de risa contagiosa asintió.

-Bien, estupendo... me alegro de que os unáis a nosotros -comprobó su carpeta-. Vosotras debéis de ser Roberts y Stuart, ¿cierto?

Dar asintió: -Sip.

-Excelente. Bien, de acuerdo... me llamo Skippy, y seré vuestra guía durante el seminario -comprobó su lista-. Lo que vamos a hacer es subirnos al autobús y comenzar... el campamento se encuentra a unas tres horas y media al norte y durante el camino rellenaremos algunos cuestionarios. Hay algunos aperitivos en caso de que alguien tenga hambre, ¿de acuerdo?

-¿Un aperitivo? -objetó José-. Hey, vamos... la mayoría de nosotros no hemos almorzado. -Miró alrededor abrochándose la chaqueta-. Son casi las seis. -Unas cuantas personas del grupo asintieron ante su comentario.

-De acuerdo -Skippy no se dio por abatida-. Tenemos algunas cenas completas a bordo... así que vamos, os explicaré más sobre el programa cuando nos pongamos en camino. -Los examinó y se subieron al enorme autobús alquilado-. Ahora bien, nadie lleva ninguna cosa nauseabunda como ordenadores ni nada por el estilo, ¿verdad? -les recordó-. Vamos a intentar llevar vuestras mentes a un espacio diferente este fin de semana.

-Me pregunto cuánta gente le habrá pedido crema de cacahuetes -comentó Duks en un murmullo provocando que Dar riese entre dientes-. No me puedo creer que esté haciendo esto, amiga... ni que lo estés haciendo tú, ya que estamos.

Dar se encogió de hombros. -No nos hará mal -respondió lacónicamente mientras observaba a Kerry subir al autobús.

Subió tras ella agradecida por dejar atrás el denso olor a diesel. El autobús estaba forrado por dentro con terciopelo y tenia dos filas de asientos que iban hasta el final y que estaban separadas lo suficiente como para proporcionar un espacio decente en el que ubicar las piernas. En realidad no había motivos para estar apretados, por lo que Dar desganadamente pasó la fila donde se había sentado Kerry y se deslizó a la fila posterior, colocando el brazo entre los dos sitios y desperezándolo. Si se inclinaba contra la ventana podía ver la cabeza de Kerry haciendo lo mismo. Cuando la miró, la mujer rubia se volvió para atrás y se asomó por la separación.

Sacó la lengua haciendo que Dar sonriese, sonrisa que Dar ocultó rápidamente al ver que Steve se sentaba en su misma fila, clavando sus amenazadores ojos negros. Duks ocupó el sitio posterior a ella y Mariana ocupó el que estaba detrás de Steve, haciendo que Dar se reprendiese severamente a sí misma por no haber acordado con Kerry hacer lo mismo.

Genial. Ahora estaba obligada a ver el obsceno hocico de Steve durante tres horas. Con un suspiro de resentimiento, Dar subió una rodilla y apoyó el brazo contra la misma mientras el autobús salía del aparcamiento encaminándose hacia el débil ocaso.

***


Última edición por malena el Marzo 5th 2017, 7:59 pm, editado 1 vez
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Julio 21st 2013, 11:14 pm

-Aquí tienes. -Skippy sonrió a Kerry mientras le tendía su carpeta con un montón de papeles dentro-. Rellénalos todos y si tienes alguna duda, pregúntame.

Kerry cogió los papeles.

-De acuerdo... ¿para qué es todo esto? -preguntó echándole un vistazo a los cuestionarios.

Skippy apoyó una mano en el respaldo del asiento que se encontraba a su lado.

-Bueno, es para que podamos conocerte mejor... y así podamos ajustar el seminario de acuerdo a tus necesidades.

-Ah... ¿no sería más eficiente si nos los hubierais entregado antes de recogernos? -inquirió con curiosidad-. Me refiero a que... no parece que tengáis mucho tiempo para hacer ajustes.

La viva sonrisa de Skippy se desestabilizó.

-¿Por qué?, estaremos levantados toda la noche si es necesario... no te preocupes... sólo rellena los cuestionarios.

Kerry tiró la capucha de su bolígrafo y estudió las hojas.

-Si la conociera mejor... diría que esto es sólo para mantenernos ocupados durante el viaje -murmuró sacudiendo la cabeza-. Porque no sé que tipo de ajustes vais a hacer con la lista de mis libros favoritos.

-Bueno, bueno... tan sólo déjanos hacer nuestro trabajo... esa información dice mucho sobre ti a nuestros analistas -le informó Skippy mientras huía pasillo abajo extendiéndole a Dar su carpeta y volviéndose para ofrecerle a Steve la suya-. Aquí tenéis... ¿alguna... hum... pregunta?

-Sí... ¿tiene un asiento asignado o puede ayudarme a rellenar mi carpeta? -le preguntó Steve dedicándole una sonrisa a la joven rubia.

Skippy le brindó una radiante sonrisa.

-Bien, déjame repartir el resto y volveré a echarte una mano, ¿vale? -se apresuró por el pasillo asegurándose de que todos tuviesen una carpeta-. ¿Sí? -Se inclinó donde Duks estaba sentado-. ¿Necesita alguna cosa? ¿Un bolígrafo?

Duks levantó uno de sus inagotables abastecimientos de bolígrafos mecánicos.

-No, gracias.

-Tú debes de ser contable -le sonrió-. Los contables siempre tienen de esas cosas.

Duks asintió solemnemente.

-Cuando te gradúas en la universidad con el título de finanzas te dan una docena de cajas de bolígrafos -le aseguró-. Con tu nombre grabado en ellos. -Le enseñó uno-. ¿Ves?

-Oh... sí. -Skippy se apartó de él sigilosamente y dirigió una resplandeciente sonrisa a Dar, que se encontraba escribiendo su nombre limpiamente-. ¿Y tú qué eres?

-Un problema -respondió Dar mirándola fijamente bajo sus negras pestañas y dejando asomar una vaga sonrisa a sus labios.

-Ah -Skippy retrocedió-. Bueno, ¿qué tal unos refrescos, eh? Tenemos de cola, naranja y lima.

-Leche -respondió Dar intentando sacarle la máxima diversión posible al fin de semana, lo que incluía atormentar a pequeñas rubias que estaban lejos de ser como la suya.

-Leche... vale... creo que tenemos algo de eso... déjame ir a ver -huyó por el corredor en dirección a la parte delantera del autobús, donde Eleanor y su ayudante se encontraban instalados en un suntuoso esplendor. La VP de Marketing llevaba una colorida y gruesa tela trenzada alrededor de sus rodillas, y su ayudante, un hombre alto y delgado cuyos ojos pestañeaban nerviosamente tras gruesas gafas, se encontraba encorvado sobre sus cuestionarios. Todos los demás habían optado por llevar vaqueros, excepto José, que llevaba unos pantalones chinos impecablemente planchados y una guayabera.

Dar encogió las rodillas y reposó la carpeta sobre ellas mordiendo su bolígrafo mientras estudiaba los cuestionarios. Constaban de una colección de preguntas significativas para probar su perfil psíquico interno, razonó, pero por otro lado, ¿por qué preguntaban si prefería pollo o pescado, o si en un viaje de avión cogería el asiento que daba al pasillo o el que daba a la ventana? En parte pensaba que Kerry tenía razón y este material era sólo para tenerlos ocupados por un rato, hasta que llegasen o hasta que el aburrimiento del viaje se asentase y se quedasen dormidos.

Skippy regresó y le extendió a Dar un pequeño paquete de leche. Después se sentó junto a Steve y comenzó a abordar las preguntas del cuestionario con él.

-Psst -un suave susurro llamó su atención y le echó un vistazo al respaldo del asiento delantero. Los ojos verdes de Kerry estaban clavados en ella.

-¿Si? -preguntó suavemente.

-¿Ganamos puntos si conseguimos contestar más del diez por cien de las preguntas con "ninguno de los indicados"? -inquirió la mujer rubia-. Detesto todos los animales de la pregunta seis.

-Hey... -dijo a modo de protesta la voz de José- ¿Qué quieren decir aquí "relaciones con animales"? ¿Qué tipo de personas piensan que somos?

-Señor... se refiere a mascotas -Skippy le sonrió vivamente-. Ya sabe, como perritos y gatitos... ¿tiene alguna mascota que adore? -Su sonrisa se extinguió-. No es sobre si usted... uh... ama... no es en ese sentido... hum... nosotros no... no tenemos interés en saber eso.

-¿Qué tal mi pitón? -contestó Duks secamente desde su oscura esquina-. ¿Considera también mascotas las ratas que le doy de comer?

Dar se cubrió los ojos ahogando una risa.

-Hum... bueno, no... porque ellas son... mmm... transitorias, ¿cierto? Nos referimos a mascotas permanentes -respondió Skippy-. De las que están todo el tiempo.

-Como mi Dulcecita -dijo Mariana abstraída desde su asiento al otro lado de Dar-. Es la papagayo más bonita.

Skippy le sonrió.

-¿Ven? Sí... a eso me refiero...

-Mm... la quería mucho, la disequé cuando murió -añadió la VP de Personal-. Ahora ella es la cosa más permanente de mi casa.

Dar apretó fuertemente los músculos del maxilar.

-Sois muy irrespetuosos -dijo repentina y astutamente Steve-. Esta mujer está aquí para hacer su trabajo y todos os lo tomáis a broma. -Les dijo con tono irritado y Skippy le sonrió agradecida-. La compañía lleva esto en serio y vosotros también deberíais hacerlo. -Se sentó sonriendo a la guía, que estaba más relajada, en el asiento de al lado.

Dar suspiró. Iba a ser un fin de semana muy largo.

El zumbido de los neumáticos del autobús finalmente cambió y Dar se removió en su asiento, pestañeando y echando un vistazo por la ventana. Fuera estaba muy oscuro, sólo se veían los ocasionales destellos de las lámparas casi sin luz de los carteles. Miró por su derecha, entre los asientos, y distinguió la suave curva de la mejilla de Kerry, mientras dormitaba con la cabeza apoyada contra el frío cristal de la ventana.

Al otro lado, Steve y Skippy conversaban en voz baja. Parecía que los demás se habían quedado dormidos. Dar se enderezó y ojeó su reloj. Se levantó y apartó su pelo del respaldo del cómodo asiento.

-¿Estamos cerca? -interrogó suavemente.

Skippy giró la cabeza.

-Sí... acabamos de dejar la vía rápida... aún nos falta un poco -respondió alegremente-. Así, por este camino... queremos que no oigan el ruido del tráfico.

Dar se reclinó en su asiento y miró con atención por la ventana. Pasó un cartel.

-Enlaces Bail de Aardvark -comentó-. La próxima a la derecha. -Giró su cabeza-. Apuesto a que no sois los únicos que quieren algo de aislamiento.


Skippy pestañeó ante ella.

-¿A qué te refieres?

Dar volvió a mirar afuera.

-El cielo Bail de Bill -enunció-. Sin tiempo de espera, seis líneas. -Sus ojos azules la observaron irónicamente-. Estamos cerca de Stara.

-¿Stara? -preguntó Steve visiblemente molesto por la interrupción de su conversación-. ¿De qué estás hablando, Dar?

-La Penitenciaría Federal -vino la respuesta con ironía-. Hay una prisión cerca de aquí... y, si no me equivoco... está vacía.

-Oh... bueno... nosotros no vamos allí -le aseguró Skippy-. Vamos a un campamento al oeste de aquí, en serio... no os vamos a llevar a una prisión.


-Oh, no lo sé -dijo Steve cortante-. Me gustaría verlo por mí mismo.

Dar lo miró fijamente.

-Steve... tienes mucho más de qué preocuparte -respondió insinuantemente.

Él se reclinó.

-Oh... no lo creo... creo que esas mujeres acabarían con esa arrogante actitud tuya.

La mujer de pelo negro puso las manos en las caderas y le sonrió.

-Por lo menos mi actitud es algo que puede cambiar -dijo intencionadamente.

Skippy los había estado observando girando la cabeza de uno a otro como una pelota de ping-pong rubia y errante.

-Oh... ¿os conocéis bien? -preguntó brillantemente.

Steve estudió la alta figura de Dar especulativamente.

-Vamos, Dar... esos días tuyos quedaron atrás... corta con esa porquería -rió-. ¿Cuándo fue la última vez que subiste de cinturón?

-¿Cinturón? -Skippy pareció detectar una pelea e hizo un intento de desviarla-. ¿Qué tipo de cinturones son esos? ¿Estás en aerobic? Yo sí.

Dar decidió ignorarlos y deambuló por el pasillo hacia el extremo posterior del autobús donde estaba el cuarto de baño y un pequeño frigorífico. Lo exploró encontrando una lata de Yoohoo con disimulada alegría. Cogió un paquete de bizcochos salados mientras el autobús giraba a la derecha y disminuía drásticamente la velocidad.

-Oh... ya estamos casi -Skippy se levantó y fue a su asiento, que estaba en la parte delantera, mientras recogía su montón de papeles y miraba por la ventana frontal-. Muy bien, grupo... es mejor que despertéis porque la carretera es un poco accidentada por aquí y no quiero que nadie se asuste. -Su dinámica voz agitó al resto del grupo que despertaron con gran esfuerzo y mirando alrededor.

Dar se dirigió de vuelta a su asiento y se dejó caer en él. Abrió su refresco y bebió en silencio. Una cabeza rubia asomó del asiento delantero y ella levantó la vista reprimiendo a duras penas una amistosa sonrisa para Kerry. Los ojos verde ámbar bajo la débil luz del autobús centellearon en señal de reconocimiento y, a cambio, le ofreció algunos Pretzels.

-Gracias -contestó Kerry educadamente mientras escogía uno y lo masticaba.

El autobús volvió a girar a la derecha y entonces pareció como si pasasen por encima de mil baches. La vibración los sacudía desagradablemente.

-Jesucristo -dijo José bruscamente- ¿A qué tipo de lugar nos dirigimos? -Todos se asomaron por las ventanas, pero sólo consiguieron ver oscuridad y árboles cuyas hojas palmoteaban contra los lados del vehículo. Tras diez minutos de sacudidas, el autobús comenzó a ir más despacio y entró en una especie de portal meciéndose irregularmente mientras el camino se volvía más sucio.

Finalmente el autobús se detuvo y se encendieron las luces interiores del mismo.

-Bien -dijo Skippy-. Nos encontramos ante el vestíbulo principal... vamos a salir fuera del autobús y os conduciré hasta vuestra cabaña. -Verificó una lista-. En el vestíbulo tenemos un poco de café y algunos bocadillos por si tenéis hambre, este campamento no es un hotel de lujo, ¿entendido?

-¿Eso significa que sólo tenemos mostaza o salsa pero no ambas? -preguntó a su vez Duks secamente mientras se colgaba su bolsa al hombro.

Skippy sonrió.

-Vosotros veréis... intentamos hacerlo de forma que no se concentren en lo que les rodea... si no en los otros -se dirigió al camino-. Bien, ¡Vamos allá!

Bajaron del autobús y les asaltó una ráfaga de aire frío llena de aroma a pino y arena. Delante de ellos se encontraba un edificio de madera con un porche que lo rodeaba casi por completo. Siguieron a Skippy por las escaleras y a través de la puerta oscilante.

Era un lugar pardusco. A Dar le recordó a los campamentos del ejército a los que iba en su juventud. Había mesas de caballete colocadas en ordenadas filas con bancos largos y estrechos al lado. También había estandartes en las paredes. Habían barrido el local. El interior era frío y sólo tenía tres luces encendidas que ofrecían una atmósfera húmeda y casi oscura.

-Estupendo -declaró con una sacudida de cabeza-. ¿Qué es este sitio?

Skippy levantó la vista de sus papeles.

-Esto es un campamento YMCA -contestó con una sonrisa presuntuosa.

Eleanor había estado echando un vistazo y ahora miró fijamente a la mujer con aire espantado.

-No puede esperar que nos quedemos en este repugnante lugar -exclamó abrazando la chaqueta-. Esto es absurdo.

José se puso a su lado.

-Estoy de acuerdo... éste no es un lugar para personas como nosotros -dijo ondeando una mano ante ella-. Debe de haber un hotel por los alrededores.

Duks se sentó en el borde de una mesa.

-Yo podría quejarme de esto por cuestiones religiosas -declaró mientras miraba a Mariana-. ¿Tengo algún derecho?

La VP de Personal apagó un suspiro.

-Tengo que admitir que no era esto lo que esperaba de vuestra compañía -se dirigió a Skippy-. Sé que éste no es el tipo de facilidades que usaron para Plano.

Steve había estado vagando alrededor estudiando las paredes.

-Oh... no sé... no está tan mal -se volvió hacia ellos con una sonrisa-. Me trae recuerdos de cuando era un Boy Scout -dijo abriendo los brazos-. Vamos... son sólo dos noches... un montón de aire fresco... probablemente nos haga algo de bien a todos. -Respiró profundamente.

Como a una señal, todos se volvieron hacia Dar que se encontraba apoyada contra la pared. La VP de Operaciones se encogió de hombros.

-He estado en sitios peores -comentó-. Apuesto a que... no hay ningún otro lugar por los alrededores, ¿cierto? -Sus ojos fueron hasta Skippy.

-Cierto... -la rubia gallarda parecía perturbada-. Nos aseguraron que no tendrían ningún problema con este lugar... tengo que llamar a mi oficina... fuimos muy explícitos en la descripción.

José resopló.

-Debe de estar riéndose de nosotros a carcajadas -gruñó con disgusto-. Buena broma... buena broma... esperad a que vuelva allí, voy a llamar a esos bastardos y darles un poco de entendimiento. -Apuntó a Dar-. ¿Ves en lo que nos metiste?

-Sí... te hago responsable de esto, Dar -Eleanor estaba de acuerdo-. ¿En qué estabas pensando?


Mariana se metió entre ellos.


-Esperad un momento... esto no tiene nada que ver con Dar.

-Claro que lo tiene -interrumpió Steve-. Su falta de cooperación es lo que nos trajo aquí, Mariana... pero ahora que estamos aquí, tenemos que hacerlo lo mejor posible. -Sonrió a Skippy que todavía parecía bastante disgustada-. Estoy seguro de que lo conseguiremos, a pesar de donde nos ha metido la vieja Dar.

-Ésa es una muy buena actitud St... quiero decir, Sr. Fabricini -afirmó la rubia.

Dar les dirigió a todos una mirada austera comprendiendo que Steve había ganado un tanto.

-Discutir ahora mismo sobre esto no nos lleva a nada -declaró-. Podemos discutirlo todos cuando volvamos a Miami, o mejor aún, tomar un vuelo hacia Plano y hablarlo directamente con Les.

Esa amenaza consiguió por respuesta unos ojos desorbitados.

-Ahora limitémonos simplemente a terminar con esto. -Examinó a Skippy-. ¿No nos ibas a llevar a la cabaña? Creo que dormir un poco sería una buena idea.

-Hum... cierto... de acuerdo... vamos. -Supo cuando aprovechar la retirada-. Por aquí. Pusimos sábanas y mantas en las literas, esta noche hace un poco de frío, tengo alguien fuera arreglando los calentadores pero aún no están preparados. -Los llevó por un camino de tierra oscura hacia una estructura de madera más pequeña-. Ya estamos -Abrió la puerta y se quedó de pie dejándoles pasar-. Vigilad vuestros pasos.

Kerry comprobó que era bastante espeluznante. Había ido a campamentos, claro, pero aquellos a los que sus padres la habían enviado tenían alfombras y literas privadas para cada persona. Éste no era así. Básicamente eran dos cuartos, con un baño compartido en el medio. Las literas estaban alineadas contra las paredes y las ventanas, situadas entre ellas, tenían las persianas bajadas. Seis literas en un cuarto y seis en el otro. El baño también se encontraba dividido en dos, con dos retretes en forma de establo y dos duchas carentes de cortinas.

Oh, chico. Kerry miró a Dar que parecía luchar entre una diversión salvaje y verdadera irritación.

-Los hombres en un lado y las mujeres en el otro -declaró rotundamente la VP de Operaciones-. No lo penséis... escoged una litera y dormid un poco.

Dar se movió furtivamente por el suelo de madera y seleccionó una litera de la esquina de la parte de atrás poniendo su bolsa bajo la misma. Kerry la siguió escogiendo la litera de al lado, se sentó en ella plegando las manos sobre su regazo. Siguió Mariana, escogiendo silenciosamente la litera al otro lado de Dar, sonriendo a la ayudante de Duks que se sentó a su lado, dejando la litera más alejada a Eleanor.

-Bien -gruñó Duks encabezándose hacia el otro cuarto que se comunicaba por una puerta. La abrió y entró-. Vamos chicos.

Steve se rió suavemente dirigiéndole una sonrisa a Dar antes de seguir al VP de Finanzas hasta el cuarto. José se arrastró tras él con mirada hastiada. El ayudante de Eleanor avanzó dócilmente dejando a las mujeres contemplándolos.

-Me voy a poner enferma -declaró Eleanor firmemente mientras abrazaba su bolsa-. Esto es inaceptable.


Kerry se levantó y rodeó el pequeño cuarto.

-Bueno... en realidad no está tan mal -declaró-. Quiero decir, podría ser peor, y las sábanas están frescas... esto está limpio, es obvio que lo mantienen. -Levantó la vista hacia arriba y decidió no mencionar las grandes telas de araña-. Sólo es por una noche o dos. -Miró a Eleanor-. Mira, ya estamos aquí, no tiene sentido luchar ahora, esperemos hasta que volvamos a casa y entonces podremos hablar de ello.

Eleanor frunció los labios, incapaz de encontrar una manera de discutir la lógica de Kerry. Se acercó a la litera y pasó un dedo por encima de la ropa examinándola.

-Bueno... está limpio. -Empujó la almohada experimentalmente-. Supongo que podré hacer un sacrificio... -Miró a Dar-. Pero vas a pagar por esto, Roberts.

Dar se encontraba sentada en su litera con la espalda apoyada contra la pared y mirándola fija e indiferentemente.

-Las amenazas son vanas -anunció haciendo una pequeña pausa-. Así que cállate... yo no pedí esto... no fui yo quien mandó el maldito e-mail a Les... y no quiero tener que oír esa mierda durante los dos próximos días.

-Bueno... él no habría tenido que enviarlo si hubieras cooperado, ¿no crees? -disparó Eleanor.

-No coopero con demandas irrazonables... ya deberías saberlo -respondió Dar irritadamente-. Me da igual quien las haga: tú, Les, y en especial tu pequeño muchacho del hacha en mano.

-Señoras -Mariana levantó una mano-, ¿podemos dejarlo por esta noche, por favor? -rogó-. Tendremos tiempo de sobra para atribuir culpas y luchar entre nosotros cuando volvamos a Miami... limitémonos a acabar con esto.

Dar suspiró. Mariana tenía razón y, además, estaba permitiendo que Eleanor la molestara.

-Cierto... -se levantó y abrió su bolsa de noche extrayendo una camisa de dormir de franela. Un silencio pesado se estableció y levantó la vista reparando en que todas se estaban lanzando fugaces miradas las unas a las otras-. Vamos chicas... somos todas mujeres. -Les recordó cómicamente la mujer de pelo negro mientras se quitaba la sudadera y el polo y los juntaba a los vaqueros.

-Oh no. -Eleanor cogió su bolsa y se metió en el cuarto de baño dejando al resto en un incómodo silencio.

Dar suspiró.

-Apaga la luz -dirigiéndose a Mariana-. Nadie podrá ver a las otras en la oscuridad.

La mujer alta de pelo rubio ceniza asintió apreciativamente, sumergiendo el cuarto en una oscuridad rota por los murmullos y el sonido de los pies descalzos sobre el suelo de madera. De la puerta de al lado se oían fuertes voces masculinas y se podía ver la luz por la ranura.

-¿Veis? A los chicos no les importa -comentó Dar mientras guardaba sus ropas y se sentaba en su litera, que se encontraba ligeramente separada del suelo.

Mariana resopló.

-¿Importarles? Ellos compiten... probablemente están midiéndose mientras nosotras hablamos.

Un coro de risitas.

-No con este tiempo -dijo Dar lenta e irónicamente-. Necesitarían un calibrador.

Otro coro de risitas, esta vez más fuerte.

Un salvaje grito emergió de la puerta cerrada del cuarto de baño y, tras un instante de aturdimiento, la puerta se abrió de un tirón al tiempo que Eleanor se arrojaba fuera a medio vestir gritando y dirigiéndose como un relámpago hacia la puerta de la cabaña.

Desgraciadamente se olvidó de abrirla primero y estampó la cara contra los tablones.

-Oh dios mío... oh dios mío... ¡¡Socorro!!

Dar saltó fuera de la cama y se dirigió allí rápidamente al tiempo que oía unos pasos pesados provenientes de la puerta de al lado. Localizó a Eleanor casi al mismo tiempo que José abría la puerta resplandeciente con sus calzoncillos de seda blancos y corazones rojos estampados.

-¡Jesús! ¡Qué está pasando aquí!

-Ni idea -gruñó Dar-. Eleanor... ¿qué demonios ha pasado?

La ejecutiva de Marketing se volvió y agitó sus manos ferozmente.

-¡Me atacó! Dios mío... ¡Tengo que salir de aquí! -Apuntó al baño-. ¡Allí!

Kerry había seguido a Dar y asomó su cabeza al interior del baño echando un vistazo alrededor cautamente. Observó el retrete, el pequeño lavabo donde estaban los cosméticos de Eleanor, la ducha y una serpiente. Echó su cabeza hacia atrás y tembló helada.

-Oh... Jesús. -Sus ojos se ensancharon-. ¿Alguien conoce la fauna local? -Dio un salto atrás cuando la serpiente comenzó a deslizarse hacia fuera-. ¡Mirad!

-¡Dios mío! -exclamó José cuando la vio volviendo al cuarto de los hombres de un salto y cerrando la puerta con un portazo.

La serpiente, un espécimen verde de tres pies de largo, se encaminó hacia Dar.

-¿Dónde está Steve Irwin cuando lo necesitas? -murmuró Dar cuando la serpiente asomó bajo la tenue luz-. Creo que es inofensiva.

-¿Crees? -Mariana estaba de pie en su cama-. Dar, no me vengas con "creos", ¿vale? No me voy a pasar todo el lunes rellenando papeles porque te mordió un "creo".

-No... no lo es. -Dar esperó a que la serpiente se acercase hasta su pie y entonces la capturó por el cuello y la alzó-. Probablemente anda buscando un lugar cálido. -La examinó-. Sí... sólo es una serpiente de jardín... no es peligrosa.

La puerta del lado de los hombres se abrió con un crujido y tres pares de ojos se asomaron.

-Dios mío -rechinó el ayudante de Eleanor.

Dar suspiró e hizo señas a Eleanor para que se apartase de la puerta.

-Muévete... voy a ponerla fuera.

-¿Qué? -dijo Steve asomando detrás de la puerta- ¿Y permitir que ataque a alguien más? De ninguna manera... ¡Mátala!

-No siempre podemos matar las cosas que tienen el potencial para incomodarnos -aseguró Dar mirándolo firmemente-. Ahora sal de mi camino, Eleanor. -Se dirigió hacia la puerta y la mujer gritó al tiempo que se apartaba de ella retrocediendo y tropezando con la escoba de barrer la cabaña, aterrizando en el suelo y corriendo hacia atrás como una gran araña blanca desolada.

Dar liberó la serpiente, se sacudió las manos para quitarse el polvo y entró en la cabaña.

Los hombres estaban tras su puerta. Las mujeres estaban en forma de racimo contra la pared tras la camisa de Piolín que Kerry llevaba puesta.

Todos la contemplaban.

-Te hemos escogido como "Cazadora de Serpientes" -le informó Kerry con una débil sonrisa- ¿Podrías verificar si hay más?

Dar posó las manos en sus caderas.

-Yo no voté -protestó-. Además, con este tiempo es fácil... mirad donde haga calor.

Cinco pares de ojos se volvieron a la vez hacia sus literas.

-Oh dios mío -Eleanor se cayó al suelo sin fuerzas.

-Uh... creo que deberíamos dejar la luz encendida -declaró Mariana nerviosamente mientras ella y Mary Lou se esforzaban en llevar a Eleanor hasta su litera.

Dar suspiró y sacudió la cabeza. Se dirigió hasta su litera y se sentó en ella.

-Estoy segura de que tan sólo fue un incidente aislado -las tranquilizó-. Vamos... tenemos que dormir un poco... sólo dios sabe lo que "Mary Rayo de Sol" nos reserva para mañana. -Se tumbó de lado en su pequeña cama cruzando los tobillos y apoyando la cabeza en una mano.

Kerry hizo lo mismo deslizándose lentamente hasta su cama después de examinarla nerviosamente y acostándose de manera que su cabeza quedase cerca de la de Dar.

-Odio las serpientes -murmuró.

-¿Mmm? ¿Y que tal te llevas con los lagartos? -inquirió Dar con aire serio.

-Hum... no lo sé... ¿Por qué? -preguntó Kerry vacilantemente.

-Tienes uno en tu pierna -apuntó la mujer de cabello oscuro.


Kerry aulló y saltó mientras brincaba por el espacio entre sus dos literas y aterrizaba prácticamente en los brazos de Dar.

-¡Mierda! -miró al pequeño lagarto corretear lejos y exhaló rota-: Maldición.

Entonces reparó dónde se encontraba y atisbó la cara de Dar.

-Uh... lo siento -se alejó de la alta mujer cuyos ojos centellearon-. Dar, esto no tiene gracia... odio estas cosas.

Dar estuvo a punto de pedirle que se quedara donde estaba... ésa era la Dar que la protegería. Pero Mariana y Mary Lou las estaban mirando.

-Mira... sólo tienes que relajarte. Los lagartos son buenos... se comen a los bichos.

Mal comentario. En un segundo todas se colocaron en medio del cuarto y clavaron sus ojos en las camas.

Dar suspiró y se tapó la cara con la manta. Iba a ser una noche muy larga.



***
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Septiembre 8th 2013, 2:10 pm

Finalmente habían conseguido dormir algo. Dar las había convencido de que si apagaban las luces y se tapaban con la ropa de la cama hasta la cabeza ningún bicho las tocaría aunque los hubiese.

Así lo hicieron y ella se tumbó en su litera esperando que su cuerpo se relajase en este ambiente extraño mientras escuchaba las suaves respiraciones a su alrededor.

Un ligero sonido retumbante venía de la puerta de al lado, y la morena sonrió y exhaló esperando que ninguna de sus compañeras durmientes roncara.

Ella sabía que Kerry no lo hacía, a menos que estuviera tumbada boca arriba y exhausta. Dar sospechó que a ella le pasaba lo mismo en esas situaciones, pero normalmente la rubia prefería enredarse a su lado o contra el hombro de Dar calentando suavemente con su respiración su cuello.

Era increíble, Dar meditó sobre lo bien que eso la hacía sentir. Giró la cabeza y miró fijamente en la oscuridad. Casi no conseguía distinguir la abultada forma que estaba tumbada en la cama de al lado. Se desplazó un poco hacia delante acercando su cabeza a la otra litera tanto como pudo, y deslizó una mano recorriendo el espacio que había entre ambas camas hasta cerrar sus dedos sobre la mano de Kerry, la cual pudo distinguir apoyada sobre su cabeza.

Tras un suave sobresalto, la cabeza rubia se alzó y la débil luz reflejó el brillo de unos ojos pálidos.

-Oh -susurró-, me has asustado.

Dar sonrió y le frotó la mano calentándosela.

-¿Tienes frío? -murmuró en respuesta.

-Mm -Kerry se acercó más hasta que su cara estuvo a unas pulgadas de la de su compañera-. Incluso con el relleno extra, aún estoy temblando... es bastante vergonzoso para una norteña -admitió.

Su alta compañera sonrió abiertamente y miró alrededor con cautela.

-Eso no puede ser -se deslizó fuera de su litera y se metió en la de Kerry con la oscuridad protegiéndolas.

-Dar -dijo la mujer rubia con voz hueca- ¿Qué estás haciendo?

-Protección corporal de mi ayudante -ronroneó la ejecutiva en su oreja mientras se enroscaba en su cuerpo y tiraba de las mantas tapándolas a las dos- ¿Algún problema?

-Yo no... pero todas las demás sí, Dar -susurró Kerry-. Creía que estábamos intentando guardar el secreto... y me parece que si se despiertan y nos encuentran juntas en la misma cama va ser un poquito evidente, ¿no crees?

-Shh... saldré de aquí antes de que amanezca... sólo relájate -la tranquilizó Dar-. A menos que no quieras calentarte, en ese caso... puedo irme ahora.

Kerry se acurrucó más cerca.

-Mmh -refunfuñó mientras enterraba su cara en el acogedor y cálido cuello-. Bueno... por lo menos estaré a salvo de las serpientes. -Una pausa-. De las que no tienen piernas, claro.

Dar se rió entre dientes suavemente y dejó que su cuerpo se acomodase para dormir, envolviendo confortablemente al de Kerry y moviendo sus manos en lentos círculos contra la piel de la mujer más pequeña.

La respiración de Kerry se hizo regular y más pausada abandonándose al sueño con sus manos flexionadas suavemente contra el pecho de Dar. De algún modo, esto alivió los acontecimientos del día haciendo que se fueran flotando, aclarando su mente y permitiendo que su cuerpo también flotase.

Estaba sentada en una pendiente con césped desde donde se veía el valle del río. La tierra abierta y ondulada se estrechaba ante ella, hendida por el azul profundo y la línea gris de agua cuya rapidez y murmullo venía débilmente hasta ella. El viento sopló en su rostro, echándole el pelo hacia atrás y agitando la suave tela que cubría el cuerpo de la rubia mujer que estaba tendida con la cabeza acomodada sobre sus piernas extendidas.

Una mano que reconoció como suya acarició cariñosamente el suave pelo que caía sobre su piel mientras era perezosamente consciente del zumbido de una abeja cercana y del canto de un pájaro sobre su cabeza.

Sus ojos descendieron por el cuerpo de su compañera y sintió una extraña sensación de sorpresa y familiaridad mezcladas, cuando reparó en que la mujer anidada contra ella estaba embarazada, destacando su barriga prominente bajo la suave tela. Su otra mano se entrelazó con la de la mujer y ambas se deslizaron por la superficie. Allí sentada, atrapada entre el sueño y los recuerdos débiles que descansaban contra su memoria, sintió la vibración de una vida diminuta bajo sus dedos.

Una pequeña sonrisa emergió de los labios de la rubia y sus ojos se entreabrieron encontrándose con los azules que la estaban mirando adoptando un silencioso y cálido centelleo.

Dejó que los músculos de su cara se moviesen y supo que le estaba devolviendo la sonrisa.

La mujer rubia acomodó su cabeza hacia atrás cerrando los ojos y allá recostó su cabeza contra la áspera superficie del árbol con la dulce brisa fresca relajándola en una maravillosa neblina de sueño.


***

Despertó cuando apenas comenzaba a salir el alba. Los ojos de Dar se abrieron temblorosamente en el momento en que los primeros contornos grises se empezaban a vislumbrar más allá de los árboles. Se desenredó desganadamente de Kerry y se deslizó fuera de la cama metiéndose en la suya y tapándose para protegerse del frío de la mañana.

Recordó su sueño y su frente se arrugó mientras intentaba descubrir de dónde demonios le había venido a la imaginación la figura de Kerry embarazada... ¿sería una premonición? Kerry no había dicho nada de que algo así hubiera pasado cuando visitó a sus padres, pero... Dar contuvo la respiración mientras recordaba haber encontrado a su amante en el cuarto de baño el día anterior, blanca como la pared. Seguro que Kerry se lo habría dicho si hubiera sido agredida en casa de sus padres, ¿verdad?

A menos que no hubiera sido una agresión, claro... a menos que... Dar se abofeteó a sí misma mentalmente. No seas tonta, Dar... ese tipo de especulación no te hace ningún bien, y le quita credibilidad a ella... no es justo. Estás exagerando... sólo fue un sueño tonto... sé que ella ha tenido el periodo desde entonces... aunque eso no sea siempre una señal definitiva... vamos, sólo era un sueño.

¿Y si no lo fuera? Bueno... Dar apoyó la barbilla en su antebrazo mientras pensaba en ello. Nunca había querido tener niños... sabía que le faltaba la paciencia necesaria, y esa complicación era algo que nunca había considerado que fuera a formar parte de su vida.

Y aún no lo había hecho. Sus ojos viajaron hacia la pacífica cara de Kerry. ¿Verdad? ¿O podría aceptarlo, si eso significaba conservar lo que se estaba convirtiendo en algo esencial para ella?

Cerró los ojos y recordó la mirada de profundo amor que había encontrado en sus ojos, y entonces supo la respuesta. Por eso, aceptaría cualquier cosa. Todo. La sensación de pánico retrocedió y se relajó, especulando sobre la posibilidad de que su propio subconsciente quizá simplemente le había instigado en un momento de conocimiento de sí misma, cosa que le trajo una torcida y nostálgica sonrisa a la cara.

La litera estaba fría y vacía. Le supuso un gran esfuerzo el no mandarlo todo al infierno y volver junto a la calidez de Kerry.

Dar se debatió durante unos cinco minutos. Suspiró y decidió que era mejor levantarse y hacer algo antes de que causase algún estrago para las dos.

¿Y Kerry había estado angustiada consigo misma? Dar dirigió una malvada mirada al alba creciente, entonces se sentó, agarró su bolsa y extrajo unos pantalones deportivos y una sudadera. Después se dirigió al baño.

Era una mañana relativamente buena, pensó cuando salió de la cabaña, y se quedó de pie en el porche respirando el aire espeso de los árboles alrededor de ella, mezclado con un débil humo de nogal americano. La niebla estaba rondando procedente del lago y apenas conseguía ver el contorno del vestíbulo principal o el de las cabañas esparcidas que atisbaban fuera de los árboles.

Dar caminó fuera del porche. Sus zapatos de lona crujían suavemente sobre las agujas de pino caídas y los diminutos conos de pino mientras la niebla temblaba fuera de sus pasos como un fantasma de agua. Se dirigió hacia el lago. Inhaló profundamente varias veces para despertar su cuerpo y entonces descubrió un pequeño camino bien cuidado que aparentemente pasaba al borde del agua. Se lanzó a una ligera carrera hasta alcanzarlo y continuó por él disfrutando del fresco aire de la mañana.

El sol se estaba posando sobre el agua y sus rayos se filtraban a través de los árboles lanzando líneas de color salmón claro al tiempo que ella corría en silencio. Sólo la rodeaba el sonido de sus pasos contra la gruesa arena suelta y el suave sonido del agua contra la orilla. Hizo aproximadamente tres cuartos del camino antes de que empezase a oír unos pasos detrás de ella. Agudizó el oído y frunció el entrecejo al no reconocer el sonido de aquellos pasos. Una mirada hacia atrás hizo que maldijera, tomó un respiro mientras componía su temperamento antes de que Steve Fabricini la alcanzara.

-Buenos días.

Se puso al paso de ella mientras corría con su chándal negro y plata.

-Estoy sorprendido, Dar... no pensé que aguantases. -Dejó asomar una simulada alegría-. Yo hago maratones, así que esto forma parte de todas mis mañanas.

Dar pensó no contestarle, después tensó los labios.

-Es una buena forma de empezar la mañana -comentó.

-Oh sí -concordó-. Hago entre cinco y ocho millas por día... los fines de semana hago el doble... me quedé en décimo lugar en mis tres últimas competiciones.

La mujer de pelo oscuro lo miró.

-Felicidades.

-No eres tan rápida, ¿eh? -Rió Steve-. No... puedo ver que has perdido esa parte.

Un sutil y peligroso brillo apareció en los ojos azul claro.

-Un puñado de tipos corriendo alrededor de Nueva York en ropa interior no es mi idea de diversión -comentó ligeramente, a pesar de todo.

-Oh... te equivocas... -Steve sacudió la cabeza-. Es la competición lo que me gusta... luchar contra cien... contra otras mil personas que quieren lo mismo que tú... y tú les ganas. -Miró a Dar-. Eso me gusta -ronroneó-. Me gusta dejar a las personas mordiendo el polvo como te voy a dejar a ti, Dar.

-¿Eso crees? -comentó la mujer morena.

-Lo sé... te has hecho demasiados enemigos -le dijo Steve confiadamente-. Incluso esto... pensaba que era un error, pero ahora... -Se rió- Voy a disfrutar viendo tu declive, Dar... muchísimo. -Se adelantó alargando el paso y alejándose de ella-. Es hora de pensar en retirarse -gritó mientras se dirigía por una curva del camino y desaparecía de la vista.

Dar continuó con paso firme, sonriendo ligeramente cuando oyó un grito apagado.

-Ten cuidado, Steve... -comentó al aire vacío-. El lago cambia de dirección ahí, debe de haber una gran fosa de barro. -Un fuerte y ultrajado grito agitó el aire-. Pegajoso y hediondo. -Trotó alrededor de la curvatura e hizo una parada, poniendo las manos en las caderas y observando la negra y apestosa figura agitándose-. El último es una perra, Steve. -Comentó alegremente mientras brincaba en un leño largo y fornido que pasaba sobre la fosa de barro y se equilibraba impecablemente al atravesar la parte superior y aterrizar al otro lado-. Supongo que ya no me tengo que preocupar por el polvo, ¿eh? -Se giró y comenzó a correr otra vez, acelerando el paso alegremente y dirigiéndose de vuelta al campamento.

***

Se encontraba en la parte posterior de un caballo, el fácil y familiar ritmo que la mecía en su niñez. El movimiento era tan reconfortante que estaba medio dormida, cabeceando contra la espalda de la alta persona que estaba delante de ella. Sus brazos rodeaban la delgada cintura y se apoyó contra la superficie de cuero calentada por el sol. Podía sentir la fresca dureza del metal bajo su mejilla.

Tenía demasiado sueño para abrir los ojos. Demasiado sueño para echar un vistazo alrededor. Todo lo que quería era que el sol caliente acabase por esconderse tras las montañas que sabía que se encontraban detrás y darle algún alivio de su fuerza implacable.

Una cálida presión rodeó sus dedos y ella entreabrió un ojo perezosamente para mirar fijamente el pelo negro y oscuro que suavemente cubría la oscura superficie de cuero y el bronce embotadamente brillante de metal sobre el que estaba apoyada.

-Ya falta poco. -La voz baja y vibrante era tan familiar como la suya propia y le dio un pequeño apretón a la figura alta para hacerle saber que la había oído. Era consciente de que estaba acalorada, cansada y hambrienta, pero había una especial sensación de alegría que apagaba todo aquello y le hacía desear que el paseo nunca acabase.

Extraño.


La primera cosa de la que Kerry tuvo consciencia fue que tenía frío. Abrió un ojo desganadamente confirmando que se encontraba donde temía que estaba, presa en aquel maldito campamento lleno de arañas, serpientes y quién sabe qué más. Rodó, sonriendo un poco cuando encontró el olor de Dar en sus sábanas y en la almohada.

Su sueño flotó hacia su consciencia y supo con claridad que efectivamente la persona contra la que había estado sentada era Dar. Pero, ¿Dar con una armadura?

La frente de Kerry se arrugó y sonrió ligeramente mirando al techo. ¿Era así como su subconsciente veía a su alta amante? ¿Como una guerrera?

Sí, quizá... o quizá era esa la manera en que su mente racionalizaba todas las incomodidades que sufría por ser la mano derecha de Dar y a pesar de todo quedarse a su lado. Uau... eso era profundo. Casi se rió por completo al imaginarse diciéndoselo a Dar.

Casi podía oír su voz: "¿Yo iba vestida con qué?". Kerry sonrió ante la visión.

Una mirada a su derecha le hizo ver que Dar no estaba. Al ver la luz del alba sospechó que su a veces solitaria amante, estaba fuera sacudiendo los vestigios del día anterior. Kerry se estiró y bostezó, después se incorporó debatiéndose entre salir o no de la cama.

Mary Lou se levantó y removió su corto pelo rubio ceniza.

-Oh dios mío. -Miró alrededor y luego fijamente a Kerry-. Esto es una pesadilla, ¿verdad?

Kerry suspiró mientras se sentaba en la cama envolviéndose en la manta.

-Seguro que esto es lo que se siente, ¿verdad?


Eleanor gimió al tiempo que alzaba su cabeza de la almohada y se asomaba para mirarlas en silencio. El pelo de la VP de Marketing parecía que había sido revuelto por un hurón curioso que hubiera estado anidando dentro de él. Sus ojos tenían unos anillos azul y negro alrededor por causa del rimel.

Kerry constató que parecía un rubio mapache gruñón.

Mariana mantuvo sus ojos enfocados hacia arriba y las manos plegadas sobre el estómago.

-Bien... tenemos que estar un día aquí y mañana nos iremos a casa. -Hizo una pausa-. Somos adultos. -Otra pausa-. Podemos hacerlo.

Mary Lou bostezó.

-Tienes razón, Mari... estoy segura de que sobreviviremos... mira, lo hicimos durante la noche, ¿cierto? -miró por encima de Kerry-. Eh... ¿dónde está Dar?

Todas se sentaron para observar.

-Quizá se la comieron las arañas -comentó Kerry inocentemente-. Estaba bromeando... no sé... ya no estaba cuando me desperté. Probablemente esté examinando el exterior.

Dar escogió ese preciso instante para volver a la cabaña con su pelo negro húmedo por el sudor.

-Buenos días -las saludó vivamente cuando se dirigía a su litera-. Nuestra posadera nos ha proporcionado algo parecido a un desayuno en el vestíbulo principal... quieren que comencemos a las nueve.

Kerry miró su reloj. Siete y media.

-De acuerdo, dijiste que era algo parecido... ¿a qué te refieres, crema de cacahuete y jalea?

-Sí. -Eleanor dignificó su postura-. Suelo comer Muesli.

Dar se sentó y empezó a quitarse las zapatillas de lona.

-Bueno, hay café y agua caliente... un par de cestos con panecillos y algunas cajas individuales de cereales. -Hizo una pausa mientras exhalaba-. Y plátanos.

-Genial. -Mariana se sentó y miró fijamente a Dar-. ¿Qué diablos has estado haciendo?

La mujer de pelo oscuro le lanzó una mirada.

-Corriendo -contestó brevemente-. ¿Queréis votar quién se va a duchar primero?

Todas miraron al baño con su diminuta y desnuda pila de la ducha, y la volvieron a mirar a ella con mudo horror.

-Estupendo. -Dar se levantó y se quitó la sudadera quedándose en sujetador y pantalones. Cogió la toalla que tenía en su bolsa y su pequeño juego de jabones-. Vuelvo enseguida. -Fue descalza al baño y cerró la puerta con un puntapié.

-Maleducada -riñó Eleanor con una mirada hastiada.

-Eficaz -discrepó Mariana-. Ella tiene razón... vamos a sentirnos terriblemente mal si no nos duchamos.

-Práctica -asintió Kerry-. Ésa es Dar.

-Buff -dijo Mary Lou con aprobación-. Es genial.

Todas la miraron sorprendidas.

-Eh, digo lo que veo -declaró la ayudante de finanzas encogiéndose de hombros ligeramente.

Como a una señal, todas se levantaron y ordenaron sus camas. Mariana y Mary Lou fueron a asomarse a la ventana para ver el nuevo día.

-Dios mío, ¿qué es eso? -dijo Mariana de repente.

Todas se agruparon detrás de ella asomándose fuera.

-Oh... dios... mío... -exhaló Mary Lou-. Es un monstruo del pantano. -El sol estaba situado tras la aparición que se aproximaba hacia ellas con movimientos antinaturales como si fuera un zombi. Se trataba de una figura sólida y negra con pequeñas manchas blancas aquí y allí.

-Dios de los cielos -chasqueó Eleanor-. ¿Qué es eso?

La figura caminó con paso tambaleante por las escaleras y abrió la puerta. El grupo de mujeres se agrupó por completo en la parte de atrás.

-¡Dónde diablos está esa perra! -gritó la figura en la que sólo se distinguían los ojos y los dientes blancos entre la piel ensuciada de negro. Un desagradable y penetrante olor flotaba desde él-. ¡Dar, voy a patearte el culo!

-¿Steven? -preguntó Eleanor cautamente.

Él la ignoró.

-¡Perra! ¡Sal de ahí! -jaleó con más fuerza.

La puerta del baño se abrió y salió Dar con el cuerpo desnudo envuelto en una toalla y el pelo oscuro mojado y echado hacia atrás.

-¿Sí? -preguntó mientras ahogaba una sonrisa-. Parece que tú vas a ser el próximo en ducharse, Steve -pronunció con lentitud mientras se apoyaba con una mano contra la pared de madera y cruzaba las piernas.

Él comenzó a bullir y, por un momento, Dar pensó que iba a atacarla. Los músculos a lo largo de sus brazos y sus muslos estaban visiblemente tensos. Pero lo pensó mejor y, en cambio, abrió la puerta de los hombres y se metió dentro. Un fuerte coro de quejas se hizo oír y José vino hasta la puerta frotándose los ojos.

-¿Qué demonios está pasando?... Oh dios mío, ¡Dar, ponte la ropa!

Casi fue arrollado hacia atrás cuando la puerta se llenó de hombres de ojos muy abiertos y pelo salvajemente despeinado.

Dar sonrió, perversamente adulada.



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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Septiembre 10th 2013, 1:23 pm

-Bueno -Skippy llevaba una sudadera rosa chillón con el nombre de su compañía estampado y unos pantalones blancos pulcramente apretados-. ¿Pasamos todos una buena noche? -El silencio saludó sus palabras-. Vale, eso es genial... me alegro de oírlo... muy bien.

Se sentaron alrededor de una mesa redonda en el vestíbulo más pequeño cerca del lago, protegido por paredes que ofrecían una buena vista del lago. El desayuno se convirtió en un cúmulo de quejas cuando constataron que la comida era insuficiente. Ahora formaban un grupo de personas ligeramente enfadadas sentadas alrededor de la mesa esperando que la tortura empezase.

-De acuerdo... vamos a hacer un pequeño ejercicio... -Skippy avanzó lentamente-. Me gustaría que todos dijeseis una pequeña afición vuestra. -Miró a Duks alentadoramente, mientras se alejaba de Steve que aún se encontraba encolerizado-. ¿Qué tal si empiezas tú?

Duks inhaló, después exhaló y cruzó los brazos sobre su pecho.

-Una afición, ¿eh? Bien... colecciono lápices.

Skippy suspiró.

-Sr. Draefus...

-No, no... en serio... -dijo Duks levantando una mano-. El más antiguo que tengo es de 1833... de veras.

Todos miraron a Duks desconfiadamente.

-¿Quién es el próximo? -continuó la guía alegremente.


Mariana estaba sentada al lado de él. -Yo cuido jardines de hierbas.

-Ohh... ¡Eso es estupendo! -burbujeó la guía-. ¿Para cocinar?

La VP de Personal sonrió. -Para Santería... mi tío es sacerdote.

Los ojos de Skippy se desorbitaron.

-Oh... hum... ¿siguiente?

-Yo...mm... -Charles tragó nerviosamente-. Yo crío peces -masculló-. Peces tropicales de agua salada... tengo un tanque.

-¿En serio? -preguntó Dar interesantemente-. ¿Cómo de grande?

Él la miró y se ajustó las gafas a la nariz.

-Setecientos galones -dijo asintiendo ligeramente-. Transformé mi garaje.

Incluso los ojos de Dar se salieron del sitio.

-Eso no es un tanque... es un acuario marino -murmuró la mujer alta de pelo oscuro-. Cuidarlo te debe de llevar mucho tiempo.

-Lo lleva... pero mi esposa y los niños ayudan -declaró Charles feliz ante la reacción-. Cuido de un tiburón -declaró orgullosamente-. Tuve que separarlo porque se lo comía todo y estaba engordando.

-Dios mío -Eleanor pestañeó asombrada ante su ayudante-. Eso es increíble.

Todos la miraron.

-¿Qué? -Se quedó mirando la VP de Marketing-. Oh... una afición... qué tonta... no tengo ninguna afición.

-¿Ninguna? ¿Qué haces en tu tiempo libre? -inquirió Skippy animada por el éxito anterior.

Eleanor permaneció callada durante un momento. -Bueno, yo... voy a cenar, claro... voy de compras y juego a las cartas con unos amigos nuestros...

-Oh bien... eso está bien. -Sonrió la rubia guía gallardamente-. ¿Y tú? -preguntó volviendo la mirada a Steve.

Él miró a Dar.

-Yo corro -contestó gruñonamente-. Participo en maratones.

Una gran sonrisa de Skippy.

-Oh... eso es maravilloso... siempre quise hacerlo... participo en todas las caminatas y carreras de la compañía... ¿no es un deporte fabuloso?

-Sí -asintió mientras intentaba limpiar el húmedo estiércol bajo sus uñas con poco éxito-. Sí, lo es.

Mary Lou se reclinó hacia atrás y abrazó su rodilla con ambas manos.

-Yo piloto ultraligeros -declaró sonriendo abiertamente ante la reacción-. Sí, ésa soy yo, los fines de semana en South Dade zumbando por los alrededores... -Sus ojos fueron hasta Dar que estaba sentada al lado de ella-. ¿Y tú?

Los ojos azules pestañearon inocentemente.

-Yo colecciono cabezas -contestó con el rostro firme-. Ya sabes... de las reducidas... de esas que tienen cordones atravesando los labios.

Todos la miraron fijamente con reacciones que iban desde el horror hasta la morbosidad.

-Bueno, eso es lo que todos esperabais oír -pronunció la ejecutiva con lentitud-, ¿verdad? -Captó una oculta sonrisa en la cara de Kerry-. En realidad buceo.

Skippy asintió con la cabeza como el asiento trasero de un Chihuahua y se giró esperanzadamente hacia Kerry.

-¿Y tú?

Kerry respiró.

-Yo escribo poesía -contestó muy bajito, atrapando el cálido centelleo en los ojos de Dar con el rabillo del ojo.

-Eso es maravilloso. -Skippy la miró como si pudiera besarla-. ¡Muy creativo!

José había sostenido su barbilla en la mano con mirada aburrida.

-Yo colecciono estampas de béisbol -les dijo-. Para invertir, ya sabes.

Otra mirada patéticamente agradecida de la guía.

-Oh... eso es fantástico... siempre quise hacer eso... -Escribió algo en su carpeta-. Bien, ciertamente somos un grupo muy variado, ¿verdad? -Echó un vistazo a sus papeles-. De acuerdo... bien, espero que todos hayan aprendido algo de los otros... hum... probemos ahora con un ejercicio de confianza. -Se levantó-. Todos de pie, tendremos que agarrarnos los unos a los otros.

Todos se la quedaron mirando.

-Será divertido -les aseguró-. De veras.
***



-Es una mala idea -dijo Dar de pie en la parte trasera del círculo de personas.

Kerry se volvió y la miró.

-No pasa nada... nosotros lo hacíamos en las prácticas de gimnasia... sólo es un juego, Dar. -se contuvo de darle una palmadita confortable en el brazo a la mujer alta, pero se acercó y le susurró-: No te preocupes... pase lo que pase no te dejaré caer.

Dar la miró fijamente con una sonrisa juguetona en las comisuras de los labios.

-Eso ya lo sabía... -le murmuró-. Es sólo que... -Se mordió el labio-. No me gusta que me toquen.

La mujer rubia se rascó la mandíbula.

-Bueno... puedes decirles a todos que no te agarren -le comentó suavemente-. Pero va a doler.

Dar suspiró y miró a Skippy con su siempre presente carpeta, el pelo recogido bajo el sombrero encantadoramente rosa con un pony bordado. La ejecutiva tenia un deseo casi irresistible de agarrarlo y enterrarlo profundamente en la tierra.

-De acuerdo... así es como funciona... -explicó la guía-. Una persona se pone de pie en el medio y el resto se sitúa detrás de ella. Entonces esa persona se deja caer hacia atrás y los demás la sujetan, ¿entendido?

-¿Qué ocurre si no la agarran? -preguntó Duks.

-¿Perdona? -lo miró Skippy.

-¿Qué ocurre si los otros no sujetan a esa persona? -inquirió el VP de Finanzas.

-Oh... bueno... hum... supongo... sólo... bien, simplemente cae, supongo... -la mujer frunció el ceño-. No sé, en realidad... nunca ha pasado.

-Eso es muy tranquilizador -Duks puso sus manos hacia atrás y se balanceó sobre sus talones. Llevaba unos pantalones de pintor de algodón, unas cómodas botas de excursionismo y una camisa de franela color carmesí. Entonces se giró hacia Mariana que llevaba una arrugada camisa y vaqueros azules-. ¿Trajiste los papeles de los trabajadores de la compañía por si acaso?

Mariana se aclaró la garganta.

-Claro.

Skippy pestañeó desconcertada.

-Los traes... oh... bueno, estoy segura de que no los necesitarás -se apresuró en decir para tranquilizarla-. Éste es un curso muy seguro... nunca tenemos accidentes, nunca.

-No te preocupes, querida... este barco es absolutamente insumergible -murmuró Mary Lou en voz queda.

-Shh -le riñó Kerry-. Podemos pasarnos todo el día con esto... acabemos ya.

-Hum... ¿quién quiere empezar? -preguntó Skippy sonriendo ligeramente a Steve.

Él avanzó con un pequeño encogimiento de hombros.

-Después de todo... no puede ser peor que el haber hundido MI TRASERO en el BARRO esta mañana -dijo dirigiéndose a Dar- ¡Podrías haberme avisado!

Todos miraron a Dar, la cual se encogió de hombros.

-¿Cómo se supone que iba a saber que el barro estaba allí? -inquirió razonadamente-. Fuiste tú quien decidió adelantarme, no es culpa mía que no parases a tiempo.

-Oh, ¿podéis callaros? -chasqueó Eleanor de mal humor-. Acabemos con esta idiotez.

Steve, muy malhumorado, se giró de espaldas a ellos y colocó los brazos al lado del cuerpo. Llevaba una luminosa sudadera azul encima de un polo blanco que contrastaba con sus pantalones chinos color caqui.

-¿Preparados?

José se puso delante dándoles con el codo.

-Venga... venga... -Se juntaron formando un grupo-. Eso es.

Steve encuadró los hombros y se dejó caer hacia atrás.

Una fuerte explosión detrás de ellos hizo que todos saltaran y gritaran. Incluso Skippy arrojó su carpeta al aire a modo de defensa.

-¡Oh dios!

Steve cayó olvidado golpeando el suelo lleno de agujas de pino.

-¡Hijos de puta! -gritó.

El sonido se repitió y ellos repararon que era el tubo de escape de algún vehículo. Skippy corrió hacia donde Steve se encontraba tumbado frotándose la cabeza y se arrodilló ante él.

-Oh dios mío... oh dios mío... ¿estás bien?

Todos se volvieron hacia él con miradas de remordimiento y hacia la entrada del campamento donde un estruendoso sonido indicaba que alguien estaba acercándose.

-Escucha... lo siento muchacho... -José le ofreció una mano-. Ese ruido... ¿sabes?, nos asustó a todos, parecía una condenada pistola.

El sonido se hizo más fuerte. Un brillo de metal los deslumbró proveniente de una Harley que rugía y avanzaba por el irregular suelo hacia ellos al tiempo que disminuía la velocidad para observar la escena. Paró y el piloto se quitó el casco.

-Hey.

A Dar le supuso una gran parte de su concentración conseguir quitar una diabólica sonrisa de su cara.

-Hey, Mark... pensé que no vendrías.

El jefe de MIS bajó de su motocicleta y la observó cubierto de diminutas formas manchadas de sangre.

-Yo tampoco... Dios condene estos bichos. La compañía me debe una buena por esto, me va a llevar una semana conseguir quitar todos sus intestinos de de mi motocicleta. -Levantó la mirada-. ¿Qué está haciendo él en el suelo?



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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  julia el Febrero 21st 2016, 8:42 pm

Skippy decidió desistir de este ejercicio y les permitió tomar un descanso durante unos minutos mientras Mark se instalaba y ponía su Harley en un sitio más seguro. El jefe de MIS había quedado atrapado en Miami resolviendo el problema de Hong Kong y había prometido intentar unirse a ellos, pero había tenido que dejar a su ayudante allí para terminar el trabajo.

-Esa fue una faena, Dar. -Sacudió la cabeza cuando se les unió, después de haber cambiado su traje de cuero lleno de cadáveres de bichos por algo menos repugnante-. Tuve que acabar por hacer que la sucursal de Erding trajese el equipamiento para ellos, vas a tener que dejar unas cuantas personas allí.

Dar asintió.

-Buen trabajo... -Recolocó su suave y pesada camisa de algodón dentro de los pantalones vaqueros-. Me alegro de que te puedas unir a nosotros. -Dirigió la mirada hacia donde se encontraban Steve, José y Eleanor.

-Sí... parece que os lo estáis pasando bien -contestó Mark secamente-. Este lugar es un vertedero. -Levantó la vista cuando Skippy regresó con un puñado de sacos colgados de su hombro-. Uh oh... ¿y ahora qué?

-¡Muy bien! -Skippy sonreía vivamente-. Esto es lo que vamos a hacer ahora: tenemos un circuito, podéis ver la entrada allí. -Apuntó y todos miraron al sendero claramente marcado-. Es un camino de diez millas. Tiene diferentes paradas y obstáculos por los que tendréis que pasar. -Dio un saco a cada uno-. El objetivo es que lo terminéis todos. -Les dirigió una mirada-. Todos, no sólo algunos, ¿entendido? Tenéis que regresar todos. Todos, ¿entendéis?

Kerry esbozó una risita.

-De acuerdo... en este saco está vuestro almuerzo... y un aperitivo. -Sostuvo una muestra-. Las direcciones a seguir están marcadas encima.

Dar se rió al verlas.

-¿Vosotros vais de compras al Canal Militar, no?

Skippy le frunció el ceño de modo simpático.

-Sigamos. En cada estación hay un punto de control, al acabar tenéis que tener esta tarjeta estampada por cada punto de control. Aproximadamente a mitad del camino hay una cabaña con agua, zumos y cosas por el estilo -exhaló-. No es una carrera, ¿vale? El propósito de esto es que trabajéis juntos para superar los obstáculos.

-Captamos la idea -la informó Duks.

-Muy bien... de acuerdo... bien, comenzad... tendremos la cena preparada para cuando regresen -dijo Skippy gesticulando con las manos.

-Espera un momento... ¿pretendes que caminemos durante diez millas? -objetó Eleanor-. Debes de estar de broma. -Miró alrededor buscando el apoyo del resto-. Es ridículo.

-No es para tanto -dijo Kerry amablemente acercándose a la VP de Marketing-. En serio.

-Oh no... no... de ninguna manera. -Eleanor retrocedió alejándose de ella-. Lo siento... ya he tenido bastante.

-Mira... -Skippy abrazó la carpeta contra su pecho-. Ésta es la parte importante del seminario, ¿entendido? Tengo que escribir un informe sobre el grupo para vuestro equipo de dirección, y está basado principalmente en este ejercicio.

Mariana exhaló.

-Vamos, Eleanor... dios sabe que no me apetece nada caminar durante diez millas, pero tenemos que hacerlo. -Miró a Dar-. Continuemos... cuanto antes empecemos antes acabaremos. -Colgó el saco de su hombro-. Podemos descansar por el camino... ¿cierto? -inquirió dirigiéndose a Skippy.

La guía sonrió con alivio.

-Cierto... hay bancos y cosas para que descanséis... no es un circuito de resistencia ni nada de eso -les aseguró-. Y hay fuentes de agua.

El grupo se marchó desganadamente. Se acercó al camino, pasando la señal y entrando en la senda delineada por árboles y cubierta de arena y agujas de pino. Un pesado silencio cayó sobre ellos. Comenzaron el camino con José y Steve encabezando la marcha. Dar prefirió quedarse en la parte de atrás. Kerry se quedó cerca de ella como por casualidad, mientras Mark y Duks empezaban a charlar sobre las eliminatorias de fútbol. Mary Lou y Mariana siguieron a José y Steve. Eleanor siguió detrás quejándose ruidosamente y caminando al lado de su ayudante. El viento soplaba ligeramente haciendo volar las hojas contra ellos y silbando alrededor aislando sus conversaciones.

-¿Te estás divirtiendo? -inquirió Dar.

-Mm... en realidad no... ¿no te parece que Mary Rayo de Sol quería librarse de nosotros? -preguntó Kerry mientras ajustaba la tira de su saco de lona a su cintura en lugar de llevarla al hombro-. Así, déjame ponerte el tuyo... así es más fácil de llevar. -Ajustó el de su compañera deslizando sus brazos alrededor de Dar por un momento para conseguir amarrar las correas.
Bueno, estuvo un poco más del tiempo necesario, pero no el suficiente para llamar la atención de los compañeros que andaban quejándose.

-Sí... -dijo Dar mirando alrededor-. Creo que no vamos a obtener un buen informe de su parte... estamos siendo poco cooperativos. -Tomó un poco de aire fresco y sintió cómo se calmaba ligeramente-. Sin embargo, esto es agradable.

-Espera a que lleguemos a los obstáculos. -Kerry se rió entre dientes mientras hacía rodar los ojos-. Hey, sabes, esta noche tuve un sueño raro. -Le sorprendió la súbita y sobresaltada mirada de Dar-. Estábamos montando un caballo... y llevabas vestida una armadura desgastada.

-¿Qué? -Dar empezó a reírse-. Estás de broma.

-No... no, de veras... -Kerry también se rió entre dientes-. No sé... era muy extraño... pero también muy real... podía sentir el olor del caballo... y el del cuero que llevabas vestido... y la armadura era de una especie de latón.

Dar no contestó. Permaneció callada por un momento caminando pensativa.

-Bueno... -dijo finalmente- supongo que será esta atmósfera... yo también tuve un sueño bastante extraño -afirmó volviendo a quedarse callada.

Kerry aguardó durante un largo minuto.

-¿Sobre qué era? ¿Yo salía en él? -preguntó interesada.

-Sí... -respondió la alta mujer-. Estábamos en una colina... en un sitio que no reconocí... encima de algún río... hacía calor y simplemente estábamos allí viendo las nubes pasar. -Hizo una pausa-. Tú estabas durmiendo... con tu cabeza descansando sobre mi pierna. -Se tocó el muslo.

Kerry esperó.

-Y... ¿eso es extraño? -preguntó confundida-. No lo entiendo.

-Tú estabas embarazada -pronunció Dar muy suavemente-. Ésa es la parte extraña. -Siguió caminando unos cuantos pasos antes de darse cuenta de que estaba caminando sola. Se detuvo y miró atrás. Kerry estaba parada de pie en el camino mirándola fijamente-. Eh... sólo era un sueño. -Pero notó un cierto tono de pregunta en su propia voz, y supo que Kerry también lo había notado.

La mujer rubia tomó aliento y entonces continuó caminando. Alcanzó a Dar con un pequeño trote. Continuaron avanzando en silencio durante un pequeño trecho.

-Es extraño -dijo Kerry finalmente-. Quiero decir que... es una especie de susto oír eso... es algo que yo... -Dudó-. Sé que ya no tengo que preocuparme con eso, a menos que yo quiera... hum... ya sabes. -Miró la cara de Dar y notó tensión alrededor de sus ojos-. Hum... tú has... quiero decir, tú quieres...

-No... no... -Dar alzó las manos y las dejó caer-. Los niños y yo... no nos llevamos bien -declaró firmemente, luego dudó-. Quiero decir que... bueno, yo... quiero decir, si tú quisieras... algún día... creo que... mmm... -Se quedó callada mirando a Kerry-. ¿Sabes?

La cara de la mujer rubia se arrugó en una sonrisa desconcertada.

-Creo que sí... pero no está dentro de mis planes por ahora, si es eso lo que te tenía preocupada.

-Yo no estaba preocupada -Dar contestó al instante-. En absoluto. Simplemente estaba diciendo que... hum... es posible acostumbrarse a las cosas, ya sabes a lo que me refiero.

Ahora Kerry sonrió.
-Sé a lo que te refieres -tranquilizó a su jefa-. Pero esa es una extraña imagen para un sueño.

-Bueno, ¿y yo en una armadura? -preguntó Dar alegre por cambiar de asunto-. Quizá sean esos bocadillos que nos dieron... aún no estoy segura de lo que estaban hechos. -La sustancia pastosa tenía un sabor entre pollo y atún de ensalada, mezclado con un poco de tabasco o pimiento. Dar se lo había comido resolviendo que era mejor que su mente no lo examinase demasiado.

-Quizá -concordó Kerry suavemente-. Jesús... no había pensado sobre la posibilidad de quedarme embarazada desde... -Una pausa-. Hace un tiempo.

Una ráfaga de viento sopló levantando el pelo rubio y negro de ambas y fustigándolas en la cara. Dejaron que el grupo ganase distancia delante de ellas y el camino tortuoso las aisló durante un instante. Dar la miró y se encontró con una callada mirada de introspección en la cara de su amante. Debatió consigo misma si insistir con Kerry en el asunto. Finalmente suspiró y se encogió de hombros.

-Tú... hum... -Un encogimiento de hombros-. ¿Quieres hablar de ello?

Kerry observaba pensativa los árboles que pasaban.

-En realidad no hay mucho de qué hablar... es sólo una estupidez de mi parte... cuando fui a casa el año pasado -relató en tono quedo-, me estaban haciendo pasar un mal rato... y me sentía una piojosa... -Una pausa ligera-. Me sentía fea -Kerry se corrigió irónicamente-. Fui a una fiesta con unos viejos amigos de la universidad... me emborraché hasta que no sabía la mitad de lo que estaba haciendo, y acabé en la cama con un tipo que no había visto desde hacía cinco años. -Estudió sus botas mientras recordaba la sensación de hastío que había sentido cuando despertó-. Yo no estaba tomando la píldora, claro... -Resopló suavemente-. Tuve suerte... no pasó nada.

Dar echó una mirada furtiva delante de ellas y pasó un brazo alrededor de los hombros de su compañera acercándola.

-Eso es muy desagradable... siento que tuvieses que pasar por ello -declaró suavemente la mujer de pelo oscuro-. No consigo decirte lo enfadada que me hace sentir.

-¿El que yo hiciera algo tan estúpido? -preguntó Kerry amargamente-. Sí, bueno... yo también estaba bastante enfadada conmigo misma.

-No -Dar la besó en la cabeza-. Que tus padres te hicieran sentir tan mal.

-No les eches la culpa a ellos, Dar... -Su amante sacudió la cabeza-. Ellos no me obligaron a ir a la fiesta, ni a emborracharme ni a meterme en la cama con aquel tipo.

-Lo sé -dijo la ejecutiva con un suspiro-. Pero creo que lo hiciste como reacción al modo en que te estaban haciendo sentir... cuando ese tipo fue hasta ti, te hizo sentir bien, ¿verdad? -Sintió cómo los hombros de Kerry se encogían ligeramente-. ¿Verdad? Apuesto a que era guapo.

Un nublado recuerdo apareció y los orificios nasales de Kerry se dilataron.

-Sí... -admitió irónicamente-. Era parecido a aquel actor de Dune -admitió-. Era muy atractivo... y me dijo que pensaba que yo era atractiva... y yo... -Un largo suspiro-. Supongo que necesitaba oír aquello. -Miró a Dar que todavía estaba caminando con el brazo sobre los hombros de la mujer más pequeña-. Era un buen tipo... me llamó al día siguiente... porque no había usado protección... diciéndome que era un tipo saludable y diciendo... que haría lo correcto si resultaba que estaba... -Tuvo que reírse-. Fue surrealista.

Dar rió suavemente.

-Bueno, nunca tendrás que emborracharme para que te diga lo atractiva que eres, ¿vale? -abrazó a Kerry.

La mujer rubia descansó su cabeza contra el brazo de Dar.
-Me haces sentir tan maravillosa, ¿sabías? -contestó-. Es un placer estar enamorada de ti.

Dar pestañeó muda durante unos cuantos latidos de su corazón.

-Igualmente -consiguió decir débilmente al final.

Un grito proveniente de delante las distrajo.

-Oh demonios -la cara de Dar asumió una mirada de fastidio-. Maldición, tengo que abandonar este sitio...

Kerry dio unos golpecitos en la barriga de su compañera.

-Tenemos que acabar esto todos, ¿recuerdas? Vamos... veamos qué han encontrado. -Se deshizo del agarre de la mujer alta y apresuró el paso subiendo una pequeña raíz y atisbando el camino abajo.

El resto del grupo se encontraba parado al borde de un precipicio en el que el camino se interrumpía por una quiebra de unos cincuenta pies aproximadamente.

Sólo había un puente de cuerda, consistía en una cuerda simple junto a otras dos. Estaba suspendido encima del agua aproximadamente veinte pies proporcionando a quien cayese del puente una caída aparatosa aunque no letal.

El objetivo, obviamente, era conseguir llegar al otro lado. Si caminaban con cuidado parecía que no era difícil de conseguir.

El problema era la pitón de quince pies que estaba enredada en la soga, exponiéndose al sol.

-Oh chico -murmuró Dar surgiendo detrás de ella-. Esto puede ponerse feo.



Última edición por julia el Marzo 1st 2016, 11:35 pm, editado 2 veces
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Marzo 1st 2016, 11:31 pm

TERCERA PARTE


-¿Y ahora qué? -José se volvió con los brazos en jarras. Llevaba pantalones cortos de deporte, un polo en el que se podía leer "Liga de Bolos Macelito", calcetines negros y zapatillas de lona-. Nos volvemos, ¿sí?

-¡Por supuesto! -convino Steve-. Se acabó... No pienso acercarme a ese bicho.

Eleanor se sentó en un leño y empezó a abanicarse con la mano mientras los demás dirigían incómodas miradas a la serpiente. Cuando Dar se acercó, todas las cabezas giraron hacia ella.

-Al infierno con ellos -decidió José-. No tenemos por qué aguantar esto.

La alta y morena ejecutiva puso una mano en cada cuerda y sus botas de excursionismo justo en el borde del puente.

-Bueno... parece que aguantará -murmuró, dando un paso al frente y dejando así todo su peso sostenido por la cuerda.

-Dar... -la voz de Kerry objetó instintivamente.

-Eh... pirada... ¡vuelve aquí, por todos los demonios! -exclamó José.

-Ah... amiga mía... -Duks fue hasta el extremo del puente-. No hace falta que vayas.

-Mierda -maldijo Mark por su parte.

-Shh -Dar giró la cabeza hacia atrás y los miró-. Sólo quiero echar un vistazo, ¿vale?

-Vas a dar con el culo en ese precipicio... y créeme que voy a disfrutar cada segundo -dijo Steve en tono cortante.

Dar lo ignoró y continuó avanzando lentamente, asegurando sus manos sobre las sogas laterales a medida que se acercaba más y más a la serpiente, sintiéndose balanceada arriba y abajo por el viento y su propio peso. El agua rugía a sus pies y podía oír el ominoso crujido de las fibras de cáñamo que la sostenían con increíble nitidez.

El graznido de un pájaro salvaje estuvo a punto de hacerle perder el equilibrio, pero siguió avanzando tras unos segundos. Casi había llegado, y sintió cómo su corazón empezaba a latir con más fuerza y las rodillas le temblaban por el esfuerzo continuado.

-Vamos pequeña... -murmuró-. No te pongas nerviosa...

Las serpientes son sordas. Ella lo sabía. Aun así, hablar con aquel bicho le hizo sentirse más tranquila. Había avanzado diez pasos y podía ver la suave y reluciente superficie del animal descansando cómodamente bajo el sol y su cabeza, grande y angulosa, reposando sobre la cuerda.

Dar avanzó un paso más. Aguardó mientras una ráfaga de aire azotaba el puente haciéndolo oscilar y provocando que la serpiente se moviera ligeramente, agachó la cabeza y avanzó dos pasos más, que la situaron directamente junto a ella.

Al extender el brazo, pudo oír un sobresalto colectivo procedente de la otra orilla. Seguidamente, agarró la cabeza examinándola con curiosidad y, con expresión absolutamente tranquila, se volvió hacia sus compañeros de trabajo.

Todos la miraban fijamente, aguantando la respiración.

-"Fabricado en China" -les informó, sosteniendo la cabeza en alto-. Es de plástico.

Tras un momento de incredulidad, el grupo recobró su capacidad de movimiento.

-¡Hijos de perra! -exclamó Mark-. ¡Estos tíos están chiflados!

Dar dejó la cabeza de goma tal y como estaba y le dio unas palmaditas en el lomo. A continuación, echó un vistazo al resto del puente.

-Voy a continuar hasta el otro lado... No es difícil. Avanzad despacio y agarraos bien -aconsejó a los demás al tiempo que seguía adelante, asegurando bien los pies sobre la soga y alcanzando el otro extremo del desfiladero con un pequeño salto final. Allí descubrió una pequeña máquina parecida a uno de esos chismes que se usan para fichar en el trabajo. Sacó su tarjeta y la introdujo en la ranura.

Cuando se la devolvió, lucía una gratificante marca en la casilla número uno, así que la guardó y miró al precipicio. No le sorprendió ver a Kerry avanzando la primera sobre el puente, con una firme mueca de concentración en el rostro. Steve aguardaba su turno en el borde con impaciencia, y el resto trataban de convencer a Eleanor, que al parecer se negaba a aventurarse sobre las cuerdas. Aquello hizo que Dar se alegrase de estar ya en el otro lado.

Una parte de ella se sentía bastante satisfecha por haber eliminado uno de los obstáculos del camino para el grupo. A la otra, sin embargo, le molestaba que los demás no estuviesen colaborando en nada en absoluto. Miró a Kerry, parada ante la serpiente y examinando la cabeza pensativamente antes de pasar junto a ella sin soltarse de las cuerdas.

La mujer rubia parecía estar algo intranquila, pensó Dar al tiempo que ponía instintivamente sus propias manos sobre las sogas cuando ésta se detuvo para respirar profundamente. El viento sopló haciendo oscilar el puente y Dar pudo adivinar la tensión en la cara de su compañera y sus nudillos blancos por la fuerza que estaba empleando para no caer.

-¿Estás bien? -exclamó, un poco preocupada.

Kerry aguardó a que el puente dejase de oscilar para mirar al frente y ver los azules ojos de Dar clavados en ella. Vamos, Kerry... si ella ha podido enfrentarse a una enorme serpiente devoradora de hombres, tú puedes atravesar el maldito puente. Se obligó a dar un paso adelante manteniendo la mirada fija sobre Dar en vez de hacia abajo. Seis pasos, siete. Estaba lo suficientemente cerca como para advertir el ceño levemente fruncido de la mujer morena. Ya estaba en el último tramo, donde un tablón de madera fijaba el puente al borde del terreno. Las manos de Dar se posaron en su cintura, ayudándola a bajar.

-Gracias. -Cerró los ojos y agradeció mentalmente el tener tierra sólida bajo sus pies-. En realidad no me dan miedo las alturas -explicó Kerry a modo de disculpa-. Lo de la pared de alpinismo está bien porque está cerca del suelo y todo eso... pero esto... -Agitó su cabeza y deslizó una mano un poco temblorosa por su pelo-. Vaya... no había tenido una reacción así desde hace mucho tiempo.

A Dar le supuso toda su fuerza de voluntad el no abrazarla, incluso con todos mirándolas desde el otro lado. En su lugar, le dio unas palmaditas en el hombro.

-Tranquila... ¿por qué no te sientas en aquel banco? Estás pálida.

-Dame un minuto -declaró la mujer rubia sacando su tarjeta de la bolsa con austera determinación-. Quiero mi sello. -Esperó a escuchar el seco impacto de la máquina sobre su cartulina antes de decir nada más-. Dar, lo que has hecho es increíble... Todos pensábamos que habías perdido la cabeza. -Levantó la vista hacia su jefa-. Mariana estaba literalmente en estado de shock.

Un encogimiento de hombros.

-Nah... hace frío. -Levantó una mano ante la fresca brisa-. Supuse que la serpiente estaría dormida... porque son de sangre fría -añadió a modo de recordatorio para su chica-. Sólo quería ver si estaba lo suficientemente tranquila como para permitirnos pasar... no me esperaba que fuera de mentira. -Miró hacia atrás, donde Steve atravesaba el puente ya sin ningún problema-. La verdad es que ha tenido su gracia, ¿no? -Una jovial mueca afiló su cara.

Kerry se rió suavemente.

-Sí. -Se dirigió al banco y se sentó, deseando que sus piernas dejasen de temblar. Vio cómo Steve pasaba junto a Dar sin decir una palabra y se acercaba furtivamente a la máquina. Después echó un leve vistazo al camino que tenían delante. Duks cruzó el siguiente y pudo comprobar que Mariana había convencido a Eleanor para que pasase delante de ella. Se preguntó qué argumento habría usado la jefa de Personal para conseguirlo. Después se contentó con observar a Dar, que se encontraba junto a la salida del puente con una mano apoyada en la cuerda.

Oh, chico... Aquello les había dolido de verdad. Se sonrió ante la certeza de que todos se habían llevado un buen puntapié directo a sus egos de machito... Estaba tan orgullosa de Dar que apenas podía contener su alegría al recordar el modo en que se había lanzado sin dudar un momento hacia el lugar en que estaba enrollada la serpiente. Vio que Duks ya había cruzado e intercambiaba algunas palabras con su amante, dándole una palmadita en el hombro y provocando en la mujer un modesto encogimiento de hombros y una risita. Kerry pudo afirmar así que Dar estaba contenta consigo misma, y le sonrió abiertamente cuando ambos se dirigieron a donde ella se encontraba.

-Bueno... -Duks se sentó junto a ella después de haber estampado su tarjeta-. Este ha sido el primero. Me pregunto qué más nos tienen preparado.

Dar apoyó una bota en el borde del banco y dejó descansar el peso de tu cuerpo sobre la rodilla.

-Nada excesivamente serio... quiero decir que, después de todo, no estamos en una academia militar ni nada parecido. Tienen que adaptarlo a ejecutivos ñoños y perezosos -comentó-. No esperes hoyos estancados o cosas así.

-Eso es cierto -declaró Duks mientras echaba un vistazo a su espalda, observando el farfulleo de Eleanor a medida que avanzaba, precedida por los halagos y los ánimos de Mark, y seguida por Mariana, que venía la última. Las cuerdas crujían por el peso de los tres cuerpos, pero parecía poder aguantar sin problemas-. Aún no te he perdonado por el modo en que me despertaste esta mañana, Dar... Eso no se le hace a un pobre hombre atontado e indefenso.

-No fue culpa mía -respondió la mujer de pelo oscuro-. Aunque estabais todos condenadamente graciosos allí de pie en calzoncillos, te lo puedo asegurar.

-Mm... voy a hacer como si no hubieras dicho lo que acabas de decir, sólo para conservar mi andrajosa dignidad -contestó Duks-. Y, ya de paso, te informo de que tengo al Señor Limpiasuelos pegado a mi trasero sobre la sospecha de que vosotras dos sois algo más que amigas -advirtió en voz baja-. Se está poniendo muy pesado, sobre todo después de haberse quitado de encima el estiércol de esta mañana.

Dar y Kerry intercambiaron miradas.

-No es nada que no haya oído antes. -Dar se encogió de hombros-. Y de boca de la mayoría de los que están aquí, de hecho.

-Cierto... cierto... pero desaparecer durante las caminatas probablemente no es una buena idea -comentó Duks cuando los tres compañeros alcanzaron su lado del precipicio-. Y Kerry, mi joven amiga, no te lo tomes a mal, pero tus ojos te delatan -le dijo con una media sonrisa. La mujer rubia se cruzó de brazos y bajó la vista hacia el suelo-. Ya sé que es difícil, pero deberías intentar mirar un poco más los pajaritos y esas cosas, ¿vale?

Kerry suspiró.

-Lo siento.

-No te disculpes -dijo Dar, de repente, cuando surgieron los otros tres-. Al infierno con ellos... que piensen lo que quieran. -Se sacudió el pantalón y caminó hacia el puente. Una vez allí se apoyó en la baranda y observó fijamente el agua que corría por debajo.

Kerry miró con disgusto a Duks, encarando después a los recién llegados.

-¡Eh! Ha sido divertido, ¿verdad?

-Repugnante. -Eleanor seguía limpiándose las manos de tierra con cuidado-. Sencillamente repugnante. -Miró de reojo a la absorta Dar volviendo a centrar después la atención en ellos-. No puedo creer que nos hicieran cruzar esa horrible cosa... Y estad seguros de que redactaré una queja oficial en cuanto volvamos a Miami.

-La verdad es que se han pasado un poco -concordó Mark mientras se sacudía el polvo de las manos-. Menos mal que teníamos a Dar... Tíos, esa mujer sería capaz de darle una buena paliza a Tarzán, os lo aseguro. -Se alejó a beber agua de una fuente excavada en la roca y estampó su tarjeta-. En fin, ha estado genial.

Eleanor resopló.

-Nunca pensé que pudieses disfrutar con algo que no tuviese un ordenador de por medio -dijo Eleanor cortante-. A propósito, ¿cuál es tu afición? ¿Surfear en Internet?

-No... ése es mi trabajo -rió Mark-. Mi afición es restaurar motos... Esa en la que llegué es mi favorita.

Kerry le sonrió.

-¿Me das una vuelta después? -inquirió la joven melosamente-. Siempre he querido poder decir que he montado en una Harley.

Él sonrió.

-Por supuesssssto -concordó haciéndose el interesante-. Pero sólo si alguien nos hace una foto... para que pueda presumir después.

Los demás echaron a andar sendero arriba. Esta vez Kerry tuvo buen cuidado de separarse de Dar y ésta de permanecer a la cola del grupo junto a Mark, quien se había embarcado en la narración de cómo solucionó "el tema de Hong Kong". Steve encabezaba el grupo buscando el próximo obstáculo, y el resto le seguía en grupos de dos o tres.

Duks se rezagó un poco para poder hablar con Dar, que avanzaba en silencio.

-No pretendía molestarte, colega -comentó él en voz baja.

-Lo sé -contestó concisamente la mujer de pelo negro.

-Sólo es un consejo de amigo... Ya sabes qué tipo de problemas puede echarte encima algo así -continuó el VP de Finanzas-. Y no necesitas más mierda de la que de hecho ya descargamos los demás en ti.

La mandíbula de Dar se tensó. Levantó la mano, partió una rama muerta y la utilizó para fustigar la maleza a medida que avanzaba.

-Para serte sincera, no estoy segura de que me importe tanto a estas alturas -admitió-. Es tan absurdo... que me apetece mandarlo todo al infierno y simplemente... -Se detuvo y suspiró.

-Eso pone a Mari en una situación muy comprometida -comentó Duks entre susurros-. Y tú lo sabes... Venga, Dar... conoces de sobra las consecuencias.

Ella miró fijamente al otro lado de los árboles.

-Claro que sí... Es que esto se está volviendo mucho más complicado de lo que esperaba, Duks... Tal vez más de lo que puedo manejar. -Clavó la mirada en él-. Y si tengo que escoger, la compañía no va a salir ganando.

Duks ahogó una exclamación.

-Ah... -Sus labios se fruncieron-. No esperaba oír eso... Bien, ¿y si trasladamos a Kerry a otro departamento? -razonó él-. Sería una solución... ya que es el contacto directo lo que hace sospechar.

-Ya lo he pensado -susurró Dar-. Pero la presión estaba a punto de acabar conmigo cuando decidí contratar a Kerry... No sé si seré capaz de estar sin ayuda... Y buscarme a otra persona... Ni hablar. -Se echó el pelo hacia atrás-. No... quizá es que toda esta historia con Steve me está llevando al límite... pero lo superaré. -En este punto, enterró temporalmente esa línea de pensamiento-. Perdona lo de antes... creo que me hace falta un poco de chocolate.

Duks la miró, riendo entre dientes con alivio.

-Tú y tu chocolate... -Miró a Dar mientras sacaba algo envuelto en papel plateado-. Si me dices que tienes bombones de chocolate voy a tener que tirar mi escaso desayuno detrás del primer arbusto que vea, Dar.

La mujer morena se detuvo y lo miró con la mano abierta, sonriéndole abiertamente con un toque de timidez.

-¿Quieres uno? -le ofreció en voz muy baja-. Yo... emm... -Señaló con la cabeza al grupo que marchaba delante de ellos-. Creo que Kerry los está distrayendo.

-Oh, qué maquinadoras... -se carcajeó Duks-. Sé que haciendo esto me convierto en cómplice... -dijo, agarrando sin embargo un bombón-. Nunca en mi vida hubiese pensado que tuvieses guardado este as en la manga, amiga mía.

Dar paladeó alegremente su bombón, deleitándose con el dulce sabor que llenaba su boca.

-Sí bueno... cada día que vives te reserva una sorpresa -comentó, cuando un grito procedente de la parte frontal del grupo indicó que habían llegado al siguiente obstáculo-. Veamos de qué se trata esta vez.

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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Febrero 17th 2017, 9:25 pm

Al parecer el siguiente reto era un laberinto. Por lo menos, eso es lo que pensó Kerry al ver la multitud de caminos constituidos con maderos entrecruzados. Debían tener unas seis pulgadas de ancho, y le recordaron a las barras de equilibrio que siempre habían sido su perdición.

-¿Y ahora qué? -dijo mirando confundida la estructura.

-Tenemos que llegar allí -dijo Steve apuntando a una plataforma que se encontraba a unas cien yardas-. Simplemente se trata de escoger bien el camino. -Se detuvo mirando al frente y estudió las diferentes opciones-. Creo que éste es el bueno.

-¿Por qué? -discrepó José golpeando el que se encontraba más cerca de él con un dedo del pie-. ¿Por qué no éste?

-¿O éste? -Duks estaba investigando uno que pasaba por la periferia.

-Mirad... éste va directamente hacia allí... y es el que está más cerca -argumentó Steve-. Ese va en otra dirección, en zigzag... y ese otro está demasiado cerca de los bordes.

-Bueno... ¿pero no es más lógico pensar que el bueno no sea el más obvio? -preguntó Mariana razonablemente-. Si no, ¿dónde estaría la dificultad? -Vio que Mary Lou se acercaba a otro de los caminos-. No sé... quiero decir... supongo que podíamos probar cada uno hasta encontrar el que...

-¿Y no creéis que sería más rápido si cada uno de nosotros probase uno, y quien vea que se va acercando a la plataforma que avise a los demás para que le sigan? -inquirió Kerry siguiendo cada una de las posibles rutas. Los maderos estaban suspendidos sobre una gruta compuesta de hoyos, cuestas intransitables llenas de arbustos y paredes de piedra-. Y por cierto, ¿qué es esto?

Dar se situó a su espalda y echó un vistazo.

-Supongo que debía ser un lago -declaró-. ¿Ves cómo la tierra se va estrechando a medida que vas hacia abajo? -apuntó-. Y eso debía ser el fondo... de coral y caliza formados por el agua.

-Ahórranos el comentario Discovery Channel, por favor -dijo Steve mirándola con impaciencia-. Acabemos con esto -sentenció acercándose al camino que había escogido en primer lugar-. Vosotros haced lo que os dé la gana... yo me voy por aquí.

-Esto es de locos -murmuró Eleanor-. Van a tener noticias mías en cuanto lleguemos a Miami. -Puso un pie vacilante en uno de los maderos-. Jesús... como me caiga, les denuncio.

Dar fue la última en escoger. Esperó a que todos los demás se pusieran en marcha y fue hacia una de las esquinas del laberinto para mirarlo detenidamente. Kerry estaba a su izquierda, así que escogió el camino que con más probabilidad se encontrase con el que seguía ella. No era particularmente difícil. El madero era de unas ocho pulgadas de ancho, por lo que apenas necesitaba tener cuidado al andar. La caída no tenía por qué ser grave (aunque sí embarazosa) a menos que fueses un tío y al perder pie te quedase una pierna a cada lado del travesaño... o tuvieses tan poca vista como para irte de cabeza contra el fondo.

-¿Veis? Os lo dije -gritó Steve triunfalmente a medida que su camino se acercaba a la plataforma-. Ya podéis empezar a seguirme...

Dar dio dos saltitos sobre el madero, probando su consistencia.

-Tal vez tenga razón... -afirmó por una vez, a favor de Steve, aunque dirigiéndole una mirada torcida a Kerry cuando la miró-. Yo no... -Se detuvo cuando sintió un débil temblor corriendo sus piernas-. ¿Qué ha sido eso?

Kerry se concentró.

-¿El qué? -Parecía confundida.

-Como un... un temblor o algo así. -Dar esperó, pero la sensación no se repitió-. ¿No? Me lo habré imaginado. -Sacudió la cabeza y siguió adelante, observando cómo los caminos de Duks y Eleanor se iban acercando poco a poco. De repente, la vibración se volvió a repetir-. ¡Eh, chicos! ¿Habéis sentido eso?

-¿Qué? -Mark había escogido el camino que rodeaba el perímetro-. Dar, ¿te encuentras bien?

La mujer de pelo oscuro se detuvo y se concentró.

-Sí... creo que... -Esta vez, fue más fuerte-. Eh... no me digas que no... como cuando pasa un camión por una autopista.

-Yo lo he sentido -reconoció Kerry, mirando a su alrededor nerviosamente-. ¿Es un terremoto?

-¡¡Un terremoto!! -Eleanor la había oído-. No digas tonterías... En Florida no hay terremotos.

Dar frunció el ceño.

-Tiene razón... Todo el estado está formado de piedra caliza sobre una base de agua... no puede haber temblores... -Abruptamente, el travesaño de madera se tambaleó bajo sus pies-. ¡¡Eh!!

-¿Qué...? -José se vio igualmente sacudido de un lado a otro-. Todo esto es una especie de farsa... maldita gente... -Levantó los brazos par equilibrarse-. ¡Jesús!

En ese momento, Dar escuchó un crujido.

-Oh mierda... -Sus ojos se abrieron de par en par en espera de lo que se les venía encima-. ¡¡¡¡Agarraos!!!! -Instintivamente, echó a correr hacia Kerry al tiempo que la gruta entera se derrumbaba bajo sus pies con un estruendo de piedras y madera astillada.

Y cayó, como todos los demás, entre un torbellino de arena y árboles. Los gritos del grupo quedaron así ahogados a medida que la tierra se abría bajo sus pies. Dar se cubrió la cabeza durante la caída para protegerse del impacto de las ramas y el truco le funcionó hasta el momento en que una piedra impactó directamente contra su cuerpo, mandándola sobre uno de los bordes sobre los que descendía la avalancha de arena.

Se agarró a una raíz pero el peso de la tierra la empujó hacia abajo y siguió resbalando por la pendiente al tiempo que las piedras y las ramas le golpeaban sin cesar.

-¡Kerry! -gritó justo antes de que un contundente pedazo de roca la sumergiera a medias en una negra y aterradora niebla oscura, anulando cualquier defensa contra la inminente caída al fondo de la gruta, sintiendo el impacto como si medio mundo hubiera caído sobre ella.

Kerry, por su parte, a pesar de haber gritado en el momento en que la madera se desintegraba bajo sus pies, había encontrado diversos puntos de apoyo al caer y consiguió llegar hasta uno de los bordes del hoyo, escarbando para detener el descenso. Los gritos de sus compañeros la habían rodeado durante lo que pareció una eternidad. Luego asió fuertemente una rama y se mantuvo a pulso, con la esperanza de aguantar hasta que todo pasara.

Aun así, no fue por mucho tiempo. Cuando el anaquel de tierra que le servía de apoyo cedió, se encontró a sí misma dando volteretas sobre un montón de tablones, directamente hacia el fondo de rocas.

-¡Jesús! -Sin saber cómo, se las arregló para no quedar atrapada y, aferrándose a uno de los árboles que les acompañaban en la caída, consiguió llegar abajo, aunque el impacto hizo que saliera despedida hacia el centro del agujero.

La suerte hizo que aterrizara sobre un montón de tierra y piedras pequeñas en vez de la superficie de piedra caliza, por lo que puedo protegerse detrás de uno de los troncos más gruesos de las ramas que aún seguían cayendo sobre sus cabezas, mientras el rugido de la tierra la rodeaba. Sobre él, oyó su nombre y alzó la cabeza hacia el lugar de donde provenía el sonido. El cuerpo de Dar caía a plomo en medio de la polvareda, quedando a continuación semienterrado por la avalancha.

-¡Dar!

No esperó más. Saltó fuera de la barrera que la protegía y se precipitó avanzando sobre la inestable masa de tierra y roca, atravesando densas nubes de polvo y fintando las piedras que caían rodando a su alrededor, pendiente abajo.

-Dar... Oh Dios...

A la vista, lo único que quedaba de ella era un brazo, emergiendo inerte entre las ramas. Salvando el último tramo que las separaba, cayó de rodillas junto a su amante y apartó frenéticamente los restos que la cubrían.

-¿¿Dar?? ¡¡¡Eh!!!

Tras apartar la arena que le tapaba la cara, fue obsequiada con un débil gemido.

-Eh... eh... vamos...

-Vale... vale... tranquila -masculló Dar, recuperando parte de su movilidad y emergiendo de la cantidad de tierra que tenía encima. Las piedras y demás restos del desastre seguían bajo su cuerpo, así que, ayudada por Kerry, terminó de incorporarse-. Vaya... mira lo que has conseguido por no mirar dónde pisas... -Se las arregló para bromear débilmente, al tiempo que se frotaba la cabeza en el lugar en que la piedra la había golpeado momento antes con una mueca de dolor-. Maldita sea...

Kerry se sentó a su lado y le sacudió suavemente la tierra que aún tenía sobre la ropa.

-Jesús... ¿estás bien? -preguntó al tiempo que le examinaba la cabeza con preocupación-. ¿Qué ha pasado? ¿No habías dicho que no hay terremotos en Florida?

-Tranquilízate. -Dar la tomó de las manos y se las frotó con fuerza para que entrara en calor, puesto que hasta a simple vista podía ver que estaba temblando-. No ha sido un terremoto... -Echó una ojeada a su alrededor a medida que la polvareda se iba asentando, y llegó a escuchar el lamento de sus compañeros de aventura-. Ha sido un corrimiento.

-¿Un corrimiento? -Kerry se acercó más a ella, apoyándose contra su hombro y deslizando un brazo alrededor de su cintura-. Un corrimiento de tierra... vale... Entonces esto no forma parte de la prueba, ¿verdad?

-Así es. -Dar la miró fijamente-. ¿Estás bien?

-¿Qué? Oh, sí... estoy bien... perfectamente -aseguró Kerry-. Unos golpes, nada más.

-¿Seguro? -inquirió su amante bajando el tono de voz.

-Sí... en serio -declaró la mujer rubia.

-De acuerdo... Bien... ¿Entonces podrías soltarme el brazo? Estoy perdiendo la sensibilidad en los dedos. -Los ojos de Dar centellearon ligeramente.

Kerry bajó la vista hacia su propia mano, pálida por la fuerza con que estaba aferrada a la muñeca de Dar.

-Oh -dijo soltándola-. Lo siento. -Respiró varias veces para tranquilizarse y estudió a su compañera-. Estás sangrando...

Dar observó su hombro.

-Tranquila, estoy bien... sólo es un arañazo.

Una risita suave y perspicaz.

-¿Dónde he oído eso antes? -contestó Kerry mientras le examinaba la herida-. Parece como si te hubieras golpeado con una rama. -Suspiró, sin apartar la vista de su hombro-. Supongo que deberíamos ir con los demás.

-Sí. -Dar se puso en pie con una mueca de dolor cuando el peso de su cuerpo cayó sobre sus rodillas-. Oh... mierda... -El dolor, martillearte, le obligó a sentarse de nuevo-. Maldita sea...

-Qué... -Kerry la miró ansiosamente-. Tranquila... -Le enderezó la pierna con suavidad-. ¿Qué sientes?

-Mi rodilla... -exhaló la mujer morena-. Creo que me la he dislocado -afirmó palpando la zona con cuidado-. Sí... toca aquí.

Kerry puso sus vacilantes dedos sobre el barro que cubría el pantalón de Dar y sintió una protuberancia ominosa.

-Oh... Jesús, Dar... debe doler como un demonio...

De hecho, estaba comenzando a sentir nauseas.

-Sí... emm... -Dar aspiró aire profundamente-. Escucha... ¿crees que podrías... colocármela de nuevo en su sitio?

Unos ojos verdes, abiertos como platos, la miraron fijamente.

-¿¿!!!Qué!!!?? -exclamó Kerry-. ¿¡Estás loca!?

-Kerry, vamos... hazme caso -instó Dar-. Si lo haces, me dolerá muchísimo menos.

-No creo que pueda... Dios, Dar...

-Sí que puedes -interrumpió con decisión la voz de la otra mujer-. Vamos... es sólo un segundo... Agárrala fuerte y tira. -Ella a su vez, asió una de las muchas ramas que las rodeaban y la apretó con toda la fuerza de su mano, mientras las de Kerry cubrían la dañada articulación-. Eso es... vamos.

Kerry cerró los ojos y apretó los dientes hasta oírlos rechinar. Refrenó sus crecientes ganas de vomitar y agarró la pierna lo mas fuerte que pudo, torciendo el hueso tentativamente hacia abajo y hacia fuera, consciente de la silenciosa quietud de su amante.

-Vale... allá voy... -Aguantó la respiración y tiró. Al instante, sintió bajo sus dedos que la zona resbalaba y se encajaba en su sitio-. ¿Lo he conseguido? -Al no recibir respuesta, se obligó a abrir los ojos, encontrándose con una Dar muy pálida desmayada sobre la arena-. ¡Oh, mierda!


***



Dar volvió en sí vacilante al sentir un palpitante y embotado dolor en la pierna y un cálido hormigueo en los labios. Tardó un momento en decidir que probablemente ambos no estaban relacionados y dejó que sus párpados se abriesen, contemplando antes que nada más un par de profundos y visiblemente preocupados ojos verdes a dos centímetros de los suyos.

-Uh... -Pestañeó, tragó saliva y se pasó la lengua por los labios-. ¿Me acabas de besar?

Kerry dejó escapar un tímido suspiro de alivio.

-Sí... Estaba intentando despertarte.

-Mm... ¿Sabes? Sacudirme un poco hubiese tenido el mismo efecto... pero la verdad es que no tengo queja de tu método... -afirmó Dar irónicamente-. Siento haberte asustado.

-Bueno... el dolor debe haber sido increíble... Dar, yo...

Su compañera suspiró.

-No... no ha sido por eso... es decir... Sí, me ha dolido, pero me he desmayado porque... -Se aclaró la garganta ligeramente al tiempo que intentaba incorporarse-. Por la sensación de los huesos rozando uno contra otro... Cuando competía, siempre me desmayaba cada vez que me pasaba algo así. -Dirigió una mirada de disculpa a Kerry-. Debí haberte avisado. -Sus labios hicieron una mueca-. Eso y las agujas largas... ya que estamos.

Kerry consideró sus palabras con apacible sorpresa.

-Oh. -Se reclinó hacia atrás frotando el brazo de Dar suavemente-. Nunca lo hubiera dicho... Quiero decir que... tú pareces tan... emm... -Alzó una mano, buscando la palabra adecuada-. Ya sabes...

-Dura. -Dar sonrió desaprobadoramente al tiempo que aliviaba el abrazo alrededor de sus rodillas-. Lo sé... siempre ha sido mi mejor papel -reconoció mientras enderezaba la pierna cuidadosamente-. Ya estoy mejor -aseguró suspirando-. Bueno, ¿en qué estábamos? Hay que ir a por los demás, ¿cierto?

Kerry se reclinó.

-Dar... ¿por qué no te quedas aquí? Puedo ir yo sola a echar un vistazo. -Se levantó agachándose bajo la rama que las albergaba-. Quizá encuentre algo para vendarte la rodilla...

Dar extendió la mano por encima de su cabeza y agarró a su vez la rama, poniéndose en pie.

-No... será mejor que encontremos la forma de salir de aquí... -Aspiró profundamente y exhaló al sentir de nuevo la presión sobre la pierna. Dolía, pero al menos se tenía en pie. Alivió el peso y flexionó la rodilla varias veces antes de apoyar de nuevo el pie en el suelo-. Bueno... creo que puedo andar -afirmó echando un vistazo a su alrededor-. Jesús...

El terreno sobre el que habían pasado minutos antes había quedado convertido en un agujero semiesférico de más de cincuenta pies de profundidad. El fondo estaba lleno de piedras y restos de árboles estrellados, y una rezumante agua fangosa que Dar podía sentir enfriándole las plantas de los pies.

De pronto alguien gritó su nombre, y se volvieron para descubrir a Mark subido a un árbol medio sumergido, avanzando en su dirección.

-Vamos. -Dar recogió una rama quebrada que tenía cerca para apoyarse-. Podemos tener problemas si nos quedamos aquí.

Echaron a andar despacio, con Kerry resistiendo a duras penas el impulso de tomar el brazo de Dar durante cinco minutos, hasta que por fin dejó de luchar consigo misma y envolvió suavemente el codo de la mujer con una mano cada vez que llegaban a una zona particularmente insegura.

-Ya lo sé -comenzó a decir nerviosamente al sentir que Dar iba a decir algo-. Ya lo sé... y no me importa, Dar. Dimitiré... si es necesario. No me importa que se enteren.

Una larga pausa.

-Um... en realidad sólo iba a decirte que tuvieses cuidado con esas zonas más claras -contestó Dar suavemente-. Son de caliza y lo más seguro es que resbalen. -Hizo una pausa mientras pensaba-. Pero ya que sacas el tema de si se enteran o no... es lo que menos me preocupa en este momento. Lo primero es salir de aquí.

-Oh. -Kerry bajó la vista y cabeceó levemente-. Vale. Lo siento. -Se sentía un poco tonta. Por supuesto que Dar tenía razón... Ni uno sólo de los miembros del grupo iba a estar pensando en algo así en aquel preciso momento, ni ella debía hacerlo. Al parecer, el comentario de Duks le había puesto a la defensiva.

Sintió el brazo de Dar cambiar de posición y unos cálidos dedos sobre su brazo la sobresaltaron haciéndole levantar la vista. Los cálidos ojos azules de su amante la miraban firmemente con un débil matiz de desafío. Kerry sonrió y le dio un cariñoso apretón en la mano. A continuación, volvió a concentrarse en la no menos complicada tarea de encontrar un camino viable por el que avanzar.


***
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Re: Alerta de huracán, Melissa Good

Mensaje  malena el Febrero 17th 2017, 9:26 pm

-Eh... échame una mano -pidió Mark a Duks-. Aguanta, Mary Lou... deja que te quite esto de encima. -Saludó a Duks con una inclinación de cabeza cuando el VP de Finanzas se le unió y puso una mano en la pesada rama-. Gracias.

-Con cuidado... -advirtió Duks a la joven mujer al tiempo que él y Mark tiraban, tratando de liberarla-. Argh... -Les hizo falta un extra de fuerza física para desatrancar su pierna de entre el fango-. Ya está...

-Ay... -La joven se puso en pie a duras penas-. Gracias... gracias... -Le dirigió una mirada agradecida a Mark cuando la tomó del brazo llevándola hasta donde estaba reunido el resto del grupo.

Dar se había sumergido en sus propias reflexiones y atizaba distraídamente un arbusto mientras Kerry cuidaba de Mariana, que lucía un feo corte en el brazo. Aparte de eso, y un buen número de contusiones y arañazos, todos habían salido ilesos, y permanecían reunidos en un estrecho círculo mirando a su alrededor con aire bastante desorientado.

-¿Y ahora qué, Sherlock? -Steve se situó a la espalda de Dar y observó los desfiladeros que les rodeaban por todas partes-. ¿Nos vas a sacar de aquí volando en tu maldita escoba? -preguntó con sorna e irritación-. No me puedo creer que nos hayas metido en esto... Creo que voy a... ¡EH! -En un segundo, se vio atrapado entre el tronco de uno de los árboles y el extremo del palo de la mujer, impidiéndole respirar con fluidez.

-Ya... -Dar apretó más fuerte-... me estás... -Se inclinó más cerca-... PONIENDO... -Su voz se hizo más gutural, pero al mismo tiempo más penetrante-... ¡¡¡ENFERMA!!! -Hizo una pausa mientras lo observaba-. Así que CÁLLATE o te meto esto POR EL CULO. -Un silencio mortal- ¿¿¿ENTENDIDO???

Steve cabeceó una vez afirmativamente y cayó cuando Dar retrocedió y pudo respirar otra vez.

-Puta -dijo frotándose la garganta.

El moreno rostro de la mujer dejó asomar una sonrisa salvaje.

-Gilipollas -le respondió ella volviéndole la espalda y estudiando el entorno una vez más.

-Oh... chica -susurró Mariana cuando Kerry acabó de vendarle el corte con la manga de una camisa-. DR está llegando a su límite, por lo que veo.

Kerry observó a su jefa y exhaló.

-Sí... y estaría mejor si ese tipo no la provocara constantemente... lleva así todo el fin de semana... De hecho me extraña que no haya explotado antes. -Sus feroces ojos verdes estudiaron a Mariana-. No es culpa suya.

La VP de Personal dejó que una cansada sonrisa cruzase su cara.

-De quién sea la culpa no va a afectar a la cantidad de papeles que voy a tener que rellenar tras esta ridícula excursión. -Tocó a Kerry en el codo con su rodilla-. Ve a ver si puedes tranquilizarla un poco... No me gustaría tenérmelas que ver también con la policía.

Kerry pestañeó.

-Oh... no, Dar no haría... -Hizo una pausa, recordando a Kyle-. De acuerdo... ya te entiendo. -Se levantó abrochándose de nuevo el cinturón y fue hacia donde estaba Dar. Steve le dirigió una mirada cortante cuando pasó a su lado y ella le respondió con la más encantadora de sus sonrisas, lo cual pareció incomodarle bastante.

Dar se encontraba examinando la pared. Sus claros ojos azules saltaban súbitamente de un lado a otro mientras descansaba su peso sobre el palo, salvaguardando así la rodilla.

-Hay una posibilidad -apuntó cuando Kerry subió hasta donde ella estaba-. Será difícil, pero creo que podemos hacerlo... si no todos, al menos los suficientes como para ir en busca de ayuda.

Kerry la miró fijamente.

-¿Por ahí? ¿Donde cuelgan esos árboles?

-Mmhmm... -La atención de Dar estaba herméticamente enfocada-. Sí, podríamos subir usando las raíces como asideros.

Era una posibilidad, razonó Kerry.

-Sí, podría funcionar. -Puso su mano en el palo, cubriendo los dedos de Dar, quien fijó sus claros ojos azules en ella-. ¿Estás bien?

Un débil pliegue asomó en la frente de Dar.

-¿Hmm? Oh... sí, la rodilla me está fastidiando un poco... y me ha empezado a doler la cabeza... pero nada grave. ¿Y tú?

Kerry deslizó su mirada hacia donde se encontraba Steve, sentado con altivez sobre un leño, y volvió a mirar el rostro de Dar. Una de sus cejas se izó a modo de pregunta.

La ejecutiva pareció confundida durante un momento. Después lanzó una mirada de impaciencia y resignación.

-Oh... sí, estoy bien... Sólo me he dejado llevar un momento -dijo quitándole importancia al incidente anterior-. Será mejor que nos pongamos en marcha.

La mujer rubia apretó con más fuerza la mano de su compañera.

-A lo mejor deberíamos comer un poco antes... sería una buena oportunidad para que todos se tranquilizasen... ¿no?

Dar lo consideró.

-Puede ser -reconoció-. Supongo que media hora más no supone mucha diferencia. -Dejó que Kerry la llevase de nuevo junto a los demás-. Bueno... -No le costó mucho atraer la atención general-. Obviamente tenemos que salir de aquí.

-Sí. -Duks se mostró de acuerdo-. Y deprisa. Aquí cada vez hay más agua y sospecho que en breve podríamos encontrarnos con barro hasta las orejas -añadió taladrando con su pie un charco de agua helada.

-Jesús... -José se palpó una leve contusión que tenía en la cabeza-. Podríamos estar muertos.

-Pero no lo estamos -afirmó Dar con rotundidad-. Hay un sitio allí -comenzó apuntando hacia la zona en cuestión-... por donde podríamos subir. Al menos alguien que vaya a pedir ayuda.

-¿A quién? ¿A esa idiota? -declaró Eleanor con aire frustrado, refiriéndose obviamente a la monitora del campamento-. No seas ingenua, Dar... por ahí no se puede subir... y no me voy a quedar aquí sentada en este montón de estiércol.

-Vamos, El. -Mariana se anticipó a la creciente ira de Dar-. Tanto si es posible como si no... tienes que elegir. O lo intentas o te quedas. -Suspiró-. Yo me voy a pasar toda la semana que viene rellenando papeles por vosotros, ¿cierto?

-Podremos pedir ayuda "de verdad" una vez estemos fuera... -explicó Dar-. Pero todos debemos intentarlo. No sabemos cuánto tiempo nos podría llevar, y estoy prácticamente segura de que a ninguno nos apetece seguir aquí cuando se haga de noche.

A nadie pareció gustarle la idea, pero todo lo que surgió del grupo fueron unos cuantos asentimientos reluctantes.

-Será más fácil si nos comemos lo poco que nos dieron antes de salir -recordó Kerry a su jefa-. Nos vendría bien un poco de descanso.

-Oh sí... -Mark empezó a hurgar en su mochila-. Es una gran idea. -Todos se dispusieron a imitarle con diferentes niveles de entusiasmo-. ¿Qué es esto?

Dar se había sentado en una piedra con la pierna estirada hacia delante y echando un vistazo a su porción.

-Ahora lo llaman MRE -comentó-. Es comida militar. -Levantó la vista cuando Kerry se sentó a su lado con las piernas cruzadas-. No os matará, eso es lo único que os puedo garantizar.

-Oh... genial. -Kerry sacó el paquete y se puso a lidiar con la envoltura de plástico-. ¿Cómo funciona? -Giró la cabeza y entonces puso una mano en la rodilla de Dar-. Eh...

La ejecutiva se había recostado contra la roca con los ojos cerrados, pero se obligó a abrirlos de nuevo y miró a su compañera.

-¿Sí? -De repente se encontraba exhausta, y las palpitaciones de su cabeza iban a peor.

-Toma... -Kerry le puso algo en la mano-. Creo que lo necesitas más que yo.

Dar se quedó mirando el paquete.

-Oh. -Sonrió por defecto al ver el envoltorio de distribución genérica del ejército-. Sí... -afirmó con un suspiro. Dejó el paquete sobre su regazo y lo desembaló a medias-. De acuerdo... esto es una bolsa calorífica. -La cogió y tiró de las dos etiquetas que estaban en los extremos-. Si haces esto, cualquier cosa que esté dentro se calentará por acción química -Levantó la mirada y se sobresaltó al ver a todo el resto del grupo, menos Steve, rodeándola con atención-. No es difícil, chicos. Somos una compañía tecnológica, por favor, recordadlo.

-Bien, bien... -Duks tiró de sus etiquetas y puso el paquete grande al lado-. ¿Y qué es esto? No me lo digas... lo que nos dais a los ateos por Navidad, ¿no? -Cogió un paquete más pequeño-. Galletas, cereales...

-Oh, Dios mío... ¿y esto es lo que les dan de comer a los del ejército? -Los ojos de Eleanor se abrieron como platos.

-Mm... sí, lo vi en un documental el otro día -dijo Mark investigando su ración-. También hay cubiertos... qué civilizado.

Kerry abrió su envoltorio, ya caliente, y lo olfateó.

-Vaya... -La sorpresa le hizo erguirse levemente-. Creo que es lasaña. -Cortó un pedazo con el tenedor y se lo metió en la boca saboreándolo cautelosamente-. Y no está nada mal.

Se encontraban sentados en círculo. La mayoría comía en silencio sobre la pulida superficie de roca caliza que, lenta pero ininterrumpidamente, se iba llenando de agua. Dar, por su parte, se vio a sí misma hurgando con el tenedor en su comida. Miró a un lado y le ofreció el resto a Kerry.

-Toma... ¿Quieres acabártelo?

Kerry la miró.

-¿No te gusta?

Un encogimiento de hombros.

-No está malo... es que no tengo hambre -admitió Dar-. Venga... me da que ya estabas pensando en relamer los restos de la bolsa.

La mujer rubia se ruborizó, pero aceptó el ofrecimiento con gusto. Después le pasó a Dar su zumo de manzana.

-Toma... no me gusta... ¿Por qué no te tomas una aspirina?

Dar aceptó el consejo y se tragó dos pastillas, la de Kerry y la suya, junto con el zumo. Acto seguido, echó un vistazo a los demás.

-¿Habéis acabado?

-Sí. -Duks palmoteó su rodilla-. Vamos allá... estoy deseando regresar a nuestro acogedor campamento y a los bocadillos de crema de cacahuete que nos habrán preparado como premio. -Se puso en pie guardando con cuidado el equilibrio sobre la piedra en la que se encontraba.

José se le unió.

-Hijos de perra... voy a decirles unas cuantas cosas cuando vuelva, os lo aseguro - declaró-. Venga, Eleanor... acabemos con esto, ¿eh?

Fueron en fila hasta el lado del desfiladero que habían elegido como el único viable, tropezando y resbalando en la superficie pantanosa. Dar iba a la cabeza, renunciando al palo mientras se movía de roca en roca.

-De acuerdo... venid hasta aquí arriba.

-Yo no voy por ahí -declaró Steve-. Nos vemos en la cima. -Se volvió y echó a andar por su propia cuenta, agarrándose a las numerosas ramas que habían caído de los árboles.

-Tiene razón... por allí es más fácil. -Eleanor los abandonó y siguió con determinación a Steve-. Venga, José, Charles... no tiene sentido ir por el camino difícil.

-Sí -concordó el VP de Ventas mientras se alejaba de ellos y los seguía-. Ya voy...

El delgado ayudante de Eleanor los siguió obedientemente mientras se acomodaba las gafas con nerviosismo.

Dar los miró fijamente, pensando en algo que decir, pero terminó por encogerse de hombros y retomó su tarea. Apoyó la cabeza sobre unas ramas frescas un momento antes de enderezarse y buscar el modo de dar el próximo paso. El martilleo de sus sienes estaba empezando a menguar, pero se sentía distante de sus pensamientos, lo cual le puso levemente alerta, por lo que pudiera pasar.

De repente sintió el calor de una mano sobre su espalda y se volvió para ver a Kerry a su lado, ostensiblemente en busca de un buen lugar al que agarrarse.

-¿Es seguro subir por aquí? -preguntó la mujer rubia mientras caminaba a su lado y se giraba vigilando el progreso de Steve y los otros por la pared opuesta-. ¿O, por mucho que odie admitirlo, ellos tienen razón?

Dar sonrió fatigadamente.

-Bueno... su camino es más fácil, pero no estoy segura de que merezca la pena intentarlo por allí -comentó.

-¿Por qué? -preguntó Kerry con curiosidad.

-Aquellas ramas están cubiertas de ortigas -contestó la mujer de pelo negro, viendo como Duks y Mark, que estaban justo detrás de ella, se echaban a reír entre dientes.

-Oh... no... no lo dices en serio. -Mariana apartó su deslucido pelo a un lado de su cara-. Dime que no te he oído bien, Dar... Lo has hecho a propósito.

Dar se limitó a negar con la cabeza y continuó subiendo, buscando agarres fáciles para el resto del grupo.

-Haremos un pequeño descanso más arriba -advirtió-. Agarraos aquí... eso es. -Subieron la cuesta despacio, utilizando cada asidero para guardar el equilibrio. Afortunadamente, las paredes no eran completamente verticales, lo cual les permitía detenerse para recobrar el aliento.

Steve, José, Charles y Eleanor ya habían alcanzado la cima y habían desaparecido. Dar se alegró de su ausencia, reparando en que la constante tensión que le producían había estado minando sus nervios poco a poco. La misma sensación tuvieron Duks y Mariana, que se apoyaron el uno en el otro para limpiarse el barro y el sudor que les cubría. Mark empezó a conversar con Mary Lou sobre los Marlins(1). Dar y Kerry se encontraban una al lado de la otra sobre la cuesta.

-¿Cómo va tu rodilla? -preguntó Kerry.

Dar se encogió de hombros y flexionó la pierna en cuestión.

-Está bien... -Se apoyó de espaldas contra la superficie terrosa sintiendo su frialdad a través del tejido de la camisa. La maniobra de Kerry le había dado estabilidad, y el dolor le llegaba de forma apagada, cosa que ella agradecía. Sin embargo, la subida no estaba ayudando a mejorarlo, a pesar de que trataba de alzar la mayor parte de su peso con los brazos y los hombros en la medida de lo posible-. Venga... -Exhaló-. Voto por secuestrar el maldito autobús y salir de este infierno en cuanto volvamos.

Todos miraron a Mariana, que le sacó la lengua a Dar.

-Sólo si paras en el primer Dairy Queen que encontremos, DR... Necesito quitarme de la boca el sabor a jalea de menta.

Los ojos de Dar brillaron ligeramente.

-Dairy Queen... sí... debe haber alguno cerca, ¿no? Helado... eso aliviaría este mal trago -meditó mientras retomaba su caza de raíces. Aún sentía náuseas, pero ni siquiera eso la detendría de comer helado.

-Tenías que sacar el tema... -suspiró Kerry mientras subía al lado de su amante-. Ahora estaremos oyéndole hablar de virutas de chocolate hasta que lleguemos allí.

-¿Qué es eso? -inquirió Duks ofreciéndole una mano a Mary Lou.

-Cáscara de chocolate endurecida -contestó Dar con una mueca de gusto-. Sumergen los conos en el chocolate y los dejan secar. -Subió un nivel más-. Te pringas hasta los ojos, pero sabe genial.

-¿Ya te has hecho adicta a eso, Kerry? -preguntó Mary Lou mientras superaba una zona pedregosa.

Oh, sí... -contestó Kerry, reparando al mismo tiempo en el matiz secundario que podría tener ese cometario-. Emm... acaban de abrir un Dairy Queen al final de la calle en la que está nuestra oficina de Kendall... pasamos por allí cuando vamos a las reuniones.

-Ya... ya veo -cabeceó Mary Lou.

Continuaron subiendo hasta que Dar, que iba en cabeza, se encontró lo bastante cerca de la cima. Luego se impulsó hacia arriba una vez más y se agarró a uno de los árboles que colgaban medio fuera del borde hasta que quedó tumbada sobre el camino por el que habían llegado unas horas antes.

Allí no había nadie.

-Bastardos... -murmuró Dar poniendo una mano bajo el codo de Kerry para ayudarla a subir-. Se han ido sin nosotros.

-Qué cerdos... -La frente de Kerry se arrugó-. No me puedo creer que hayan hecho algo así... nosotros les habríamos esperado.

El resto del grupo emergió del hoyo y pronto estuvieron todos sentados en el camino.

-Bueno... -exhaló Mariana-. Es el único ejercicio que he hecho desde que estuve en las Girls Scouts.

-Cierto -concordó Duks mientras descansaba con las piernas estiradas y las manos apoyadas en el suelo, a su espalda-. Pero lo hemos conseguido... y, por tanto, proclamo esta pequeña parte del seminario un éxito.

Dar se puso en pie.

-Sí, así es -afirmó-. Lo cual significa que el problema de cooperación no lo tenemos los que estamos aquí.

Mariana suspiró y también se levantó.

-Vale, vale... no ha sido precisamente un plan maestro. -Se sacudió el polvo de los pantalones-. Aunque, de no haber ocurrido esto, podría haber salido mejor...

-Sí -dijo Kerry suavemente mientras avanzaban, con el sol del atardecer filtrándose entre los árboles-. Bueno... a lo mejor podríamos hacer algún ejercicio de estos a menor escala... como... en un hotel o algo así.

-Un hotel cómodo. -Mary Lou estaba de acuerdo.

-Un hotel cómodo con camas, aire acondicionado y televisión -agregó Mark.

-Y no te olvides del módem -dijo Dar con una media sonrisa-. Y servicio de habitaciones.

-Servicio de habitaciones... oh, sí... -concordó Duks.

Todos rieron ligeramente mientras entraban en una curva cerrada. Se detuvieron al encontrarse de nuevo frente al puente de cuerda.

Y todos, sin excepción, quedaron perplejos ante lo que tenían delante.

Había ropa colgada de las sogas que hacían de baranda, y todo un cúmulo de farfulleos y voces repletas de frustración surgían del fondo.

-Oh oh... -Mariana se asomó a medias y se cubrió los ojos con una mano-. No creo que tenga los informes adecuados para reflejar esto, Dar.

-¿Qué? -la ejecutiva atisbó por encima del borde-. Oh, Dios...

Kerry se apoyó en su hombro.

-Oh, dios mío. Están desnudos...


***



Última edición por malena el Marzo 5th 2017, 8:04 pm, editado 1 vez
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