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El corazón de cristal, B. L. Miller

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Re: El corazón de cristal, B. L. Miller

Mensaje  malena el Julio 13th 2013, 6:11 pm

―Maldita sea,― dijo Crystal mientras Laura aparcaba el Jeep delante de casa de Patty.― No puedo creer que estuviera de acuerdo con esto.

―Podías haberlo cancelado,― dijo Laura.

―¿Y decir qué?. ¿Lo siento y no puedo asistir a la fiesta de cumpleaños de tu hijo?. ¿Cómo va Thomas a entenderlo?,― Dijo Crystal guardando sus gafas de sol en la guantera.― No, no puedo hacerle esto. Tengo que ir.― Agitó su cabeza y buscó la manivela de la puerta.-―Simplemente tendré que manejar esto.

―No olvides su regalo,― dijo Laura justo cuando la puerta de la casa se abría  y el sobrino de siete años venía corriendo seguido de su hermana mayor.

―Tía Crystal, tía Crystal, ¿me has traido un regalo por mi cumpleaños?,― preguntó.

―Mami ha dicho que se supone que no debes preguntar por los regalos,― dijo Jessica con su mejor tono de reprimenda cuando los dos llegaron hasta Crystal.― Tia Crystal, me han puesto una A en mi exámen.

―Oh, muy bien,― dijo Crystal.― Y sí Thomas, te hemos traído un regalo.

―¿Ves?,― dirigiéndose a Jessica.― Te dije que me traerían un regalo.

Jessica cruzó sus brazos y balbuceó.

―Yo no tuve un regalo en mi cumpleaños.

En esos momentos Crystal agradeció la sugerencia de Laura cuando estaban en la tienda de juguetes.

―Jess,― dijo, llamando la atención de la niña.― Creo que si miras en el asiento trasero del coche encontrarás un tradío regalo de cumpleaños.

Los ojos de Jessica se abrieron en la misma proporción que su sonrisa.

―Un regalo....¿para mí?.

―Sip,― dijo Crystal mirando por encima de la cabeza de la niña para compartir una sonrisa con Laura.― Uno para ti y otro para tu hermano.

Laura retuvo a Thomas cuando intentaba abrir la puerta del coche.

―Espera, chaval. Yo lo haré,― dijo, moviendo cuidadosamente al niño a un lado y abriendo la puerta.― El tuyo es el de la caja grande y plana. Yo cogeré el de Jessica.

―Hey, su caja es más grande que la mía,― dijo con voz de niño mimado.

Laura se arrodilló cerca de él.

―Pero el tuyo tiene más piezas,― dijo.― Créeme, te gustará. Ahora, no curiosees en la bolsa hasta que hayamos entrado, ¿de acuerdo?.

―Vale,― dijo, sacando su regalo del coche e inmediatamente intentando levantar la solapa del papel en el que estaba envuelto.

―Muy bien,― dijo Laura, quitándole el paquete sus manos.― Te diré una cosa. Tú vas a decirle a tu madre que estamos aquí y tu tía Crystal y yo llevaremos los regalos adentro.

La coloreada decoración atrapó la mirada de Crystal cuando entraron al salón. Cintas azules y blancas estaban colgadas cruzando el techo mientras los globos de colores brillantes se agrupaban en las esquinas. La mesilla de café en frente del sofá estaba cubierta por papel de regalo desgarrrado. Patty, que había estado sentada en la mecedora leyendo las instrucciones del nuevo video juego de Thomas, se levantó cuando entró Crystal recibiéndola a medio camino con un abrazo.

―Estoy encantada de que hayas venido,― dijo la hermana mayor cogiendo el regalo de las manos de Crystal y dejándolo encima de la mesita de café.

―No podemos quedarnos mucho tiempo,― dijo Crystal mirando alrededor buscando a la mujer que intentaba evitar.― ¿Dónde está ella?.

―En la cocina, adornando la tarta,― dijo Patty.― No te preocupes, no va a decirte nada.

―No estaba...― dijo Crystal con fingida indiferencia.

―Quiero abrir el regalo de tía Crystal,― dijo Thomas cogiendo el regalo.

Patty hizo una pausa tan solo unos segundo y lo dejó estar.

―Muy bien, pero tendrás que esperar hasta después de tu tarta y del helado para abrir los otros regalos.

Thomas asintió y comenzó a abrir la bolsa donde estaban los regalos.

―Vale.― La bolsa negra no fue un problema para el niño de siete años, abriéndola para mostrarle un circuito de coches de carreras.― Oh vaya, gracias tía Crystal.

―Es de parte de Laura y mía,― dijo Crystal mientras se agachaba para recibir el abrazo ofrecido.

Thomas se apartó de su cuello y se dirigió a Laura.

―Gracias tía Laura,― dijo. Crystal intercambió una sonrisa con su amante mientras Laura se agachaba para otro abrazo.

―Yo también quiero abrir mi regalo ahora,― dijo Jessica abriendo rápidamente la caja y empujando el plastico de su interior.― Es una caja con joyas y el centro de maquillaje de la cantante Suzy,― dijo abriendo inmediatamente la caja.― Gracias.

―¿Puedo yo también jugar con el mío ahora, mami?,― preguntó Thomas.

―Primero tienes que montar el circuito de carreras,― dijo Pattty.― Y creo que algo así debe estar en tu habitación y no aquí fuera donde cualquiera pueda tropezar. Jessica, creo que deberías dejar el tuyo en tu habitación también.

Jessica seguía intentando abrir la caja.

―Quiero enseñárselo a la abuela primero. Hey abuela,― la llamó en voz alta.

―¿Qué te he dicho sobre chillar?,― dijo Patty justo cuando su madre asomaba por la puerta de la cocina.

―Abuela, mira lo que la tía Crystal me trajo,― dijo la niña excitada alzando la caja.

Thomas se alzó y se dirigió a ella.

―Yo también,― dijo.

Sin querer, Crystal se encontró con los ojos de su madre, y por un momento, se encontró incapaz de desviar la mirada de la cara de tristeza de la vieja mujer. En esa fracción de tiempo, Crystal recordó la mañana de unas Navidades muchos años atrás cuando su madre le entregó felizmente un regalo. No podía recordar qué regalo era o dónde estaba su padre o su hermana, pero sí recordó ser abrazada por su madre, sostenida por esos brazos y por un breve instante sintiéndose especial. Ese flash de su  memoria desapareció devolviéndola a la realidad y, para su sorpresa, un sentimiento diferente al enfado hacia la persona que le había dado la vida.

Jessica insistió en llamar la atención de su abuela, haciendo que las mujeres rompieran el contacto visual. Crystal miró a Laura, preguntándose si su amante podía ver la confusión en su cara. Quería marcharse, alejarse de esa mezcla de emociones arremolinándose en su interior, pero antes de que la urgencia por huir la moviera, Jessica se le acercó pidiéndole ayuda a ponerse los anillos y collares de su nuevo joyero. Agradecida por el escape, siguió a su sobrina hasta su habitación.

―Parece que vamos a tener que desenmarañar esto antes de que podamos ponértelo,― dijo Crystal mientras miraba la pila de collares en el vestidor de Jessica.― ¿Necesitas ayuda para hacerlo?,― preguntó de espaldas a su sobrina.

―No, yo puedo,― dijo Jessica dejando la caja sobre la cama y quitando las piezas de plástico rosa. ¿Tuviste un estuche de maquillaje como este cuando eras pequeña?.

Crystal continuó fijando su atención en la pila de collares enredados.

―No. Tenía un árbol de plástico en el que colgaba mis pendientes de aro, pero no recuerdo haber tenido ningún joyero o estuche de maquillaje.

―Oh.― La niña de pelo rubio continuó sacando de la caja varias piezas de su nuevo regalo.― ¿Tía Crystal?.

―¿Hmm?.

―¿Por qué no te gusta la abuela?

Los dedos de Crystal se detuvieron mientras registraba las palabras.

―¿Por qué preguntas eso?

―He escuchado a mamá y a la abuela hablando,― dijo Jessica.― La abuela estaba llorando y diciendo que tú la odiabas.

Crystal dejó los collares y se dio la vuelta.

―¿Qué dijo tu madre?.

Con el regalo olvidado por un momento, Jessica miró a su tía firmemente.

―Mami dijo que ella no creía que tú odiaras a la abuela, pero que hablaría contigo otra vez, y la abuela dijo que no, porque entendía por qué la odiabas.― La niña ladeó la cabeza, un gesto muy típico de su madre.― ¿Qué te hizo la abuela para que la odies, tía Crystal?.

―Um...― Crystal se revolvió para encontrar las palabras adecuadas para evitar la pregunta.― No creo que debieras cotillear las conversaciones de los adultos.

―Dijo que lo sentía,― dijo Jessica.― Cuando lloraba. Le dijo a mamá que lo sentía muchísimo.

Crystal se volvió y continuó desliando los collares.

―Realmente has enrollado esto,― dijo intentando no pensar en lo que su sobrina le estaba contando.

―Una vez mi amiga Katie y yo nos peleamos porque me empujó demasiado fuerte y me caí y me corté en la rodilla y mami dijo que porque Katie lo sentía yo tenía que perdonarla, y lo hice, y ahora somos amigas otra vez. ¿Vas a perdonar a al abuela?.

Crystal se giró para mirarla.

―No lo sé,― dijo.― Lo que pasó entre tu abuela y yo es diferente,― Moviéndose hacia la cama, se sentó encima y comenzó a quitarle el precinto que venía en el estuche de maquillaje.― Las cosas entre los adultos no son sencillas como las de los niños. Ahora, montemos esto para que podamos salir y comernos el pastel y el helado.― Rápidamente cogió dos piezas y las unió esperando así distraer a Jessica. Mirando el dibujo de la caja, Jessica cogió la pieza siguiente y se la pasó a Crystal.― Bien. ¿ves?. Habremos terminado en un momento.

A pesar de haber hecho que Jessica dejara el tema, Crystal se encontró incapaz de dejar de pensar en ello. Sentada en el salón más tarde, miró a su madre por el rabillo del ojo lo suficientemente a menudo para que Laura se diera cuenta y le lanzara una mirada interrogativa. Crystal agitó su cabeza como para decir que todo iba bien y bajó la vista a su plato. En los minutos que le siguieron, Crystal se concentó en mirar a todas partes menos al sofá donde estaban su hermana y su madre. Toqueteó su helado por todo el plato hasta que no fue más que una mezcla deshecha antes de dejar el plato sobre la mesita de café.

―Aquí, dame eso,― dijo Patty alzándose sobre sus pies y cogiendo el plato.― Thomas, si has terminado el tuyo, dame el plato, lávate las manos y entonces podrás abrir el resto de tus regalos.

―Están limpias,― protestó.

―No, no lo están,― dijo Patty en su inconfundible tono de madre.― Venga. Jess, las tuyas también podrían con un poco de jabón y agua.

―Ayudaré a limpiar,― dijo Laura mientras los niños desaparecían por el pasillo.

Crystal pensó en ayudar, pero sabía que Laura lo tenía todo bajo control mientras la cubertería desaparecia de encima de la mesa. Tenía la sensación de ser observada y giró su cabeza para cazar a su madre mirándola. La mujer mayor miró a otro lado rápidamente pero no antes de que Crystal viera la tristeza en su cara.

Para cuando empezaba a oscurecer, Crystal se había vuelto progresivamente más callada, dando una o dos palabras como respuesta. Ella y su madre continuaban esquivándose las miradas siendo descubiertas, no tanto por Patty y Laura como la una por la la otra. La tensión fue creciendo dentro de ella y Crystal se encontró a sí misma luchando por mantenerla bajo control. Las preguntas que podían ser contestadas por una sola persona se repetían una y otra vez en su cabeza. Cada vez sonaban más y más fuertes hasta que Crystal supo que era hora de darles voz. Tomando aire profundamente, se preparó para lo que tendría que venir y se levantó con la mirada firme sobre su madre.

―Quiero hablar contigo.

La habitación se quedó en completo silencio a excepción del sonido del nuevo videojuego de Thomas. Incluso Jessica entendió el grado de magnitud del momento y miró a las adultas intensamente. Patty fue la primera en romper el silencio, levantándose y situándose protectoramente entre su hermana y su madre.

―Crystal, ¿puedo hablar contigo un minuto en la cocina?

Laura se levantó y se situó cerca de Crystal también.

―¿Estás segura?,― preguntó en voz baja.

Crystal quería decir que no, que lo había reconsiderado, pero era demasiado tarde. Reticentemente asintió.

―Estoy segura,― dijo.

―Patty,― dijo Margaret levantando su mano.― Ayúdame a levantarme.

―Tal vez la cocina sea un buen lugar para charlar,― sugirió Laura haciendo un gesto con su cabeza en dirección a los niños.

―No creo que sea un buen momento para esto, independientemente de la habitación en la que sea,- protestó Patty mientras ayudaba a levantarse a su madre.

Tensando la mandíbula para no decirle algún improperio a su hermana, cruzó el salón como un rayo hacia la cocina, golpeando con la palma de su mano la puerta para abrirla. Su enfado por la sobreprotección de Patty hacia su madre fue rápidamente reemplazada por los nervios al darse cuenta de lo que estaba a punto de pasar.

La puerta de la cocina fue abierta tras ella para revelar a Patty y a Margaret. Por detrás de Patty, una preocupada Laura miró adentro.

―Quiero hablar con ella a solas,― dijo cuando Patty siguió a su madre por la cocina.

―Me quedo,― dijo firmemente Patty, guiando a su madre hacia la silla más cercana.

―No,― dijo Crystal,― esto es entre nosotras.― Se movió hasta el lugar más alejado de la mesa queriendo poner la mayor distancia posible entre ella y su madre.

―Está bien,― dijo Margaret a su hija más mayor,― quédate con los niños.

Crystal levantó los hombros casualmente ante la mirada de advertencia de su hermana contestándole ella con otra rebelde y desafiante. Patty iba a protestar otra vez, pero finalmente se giró y entró en el salón.

Incapaz de hacer salir las palabras, Crystal oyó la voz de Laura y luego la de Patty a través de la puerta cerrada. Sintiendo que el suelo se agitaba, le tomó un segundo imaginarse que los niños andarían corriendo por el pasillo. Hizo una nota mental para preguntarle a su amante sobre ello más tarde, entonces se giró y volvió a centrar su atención en la mujer que tenía delante. Inhalando profundamente, levantó los ojos para encontrarse con los de su madre, viendo la misma mirada  que presenció antes. Las rabiosas palabras que habían estado esperando tanto tiempo para salir, estaban atascadas en su garganta sin querer salir en el momento en el que podían hacer más daño.

―Maldita seas, Doc,― susurró, girándose y caminando hacia la ventana. Parte de ella deseaba tanto azotar verbalmente a su madre y hacerla pedazos. Después de todo le vino bien enumerar en sus sesiones de terapia  con Jenny todos los defectos de su madre. ¿Qué peso aguantaban sus espaldas ahora?.

―¿Sabes cuantas veces he deseado no haber nacido?,― preguntó todavía de cara a la ventana. ¿No tener que vivir éste infierno que era mi vida?,― girándose reveló una mirada acusadora hacia su madre.― ¿Nunca se te ocurrió durante todas esas noches que mientras tú te emborrachabas con el wishkey tus hijas podrían necesitarte, ni si quiera un poco?.

―Crystal, sé que os fallé a ti y a tu hermana...

―Oh, tienes razón,― dijo cortando a su madre.― ¿Sabes lo que me pasó después de que me largara?.

Margaret dejó caer la cabeza, sus ojos parpadeando.

―Tu hermana me lo contó,― dijo muy despacio.

―¿Te contó cómo tuve que acostarme con hombres para poder ganar suficiente dinero?,― parte de ella tomó una sensación de orgullo con la aflicción de su madre, pero al mismo tiempo otra parte la hizo sentir hueca, un doloroso vacío que todas las palabras de odio del mundo no podrían jamás llenar. Dándole una patada a la silla, la empujó y se sentó sobre el asiento de vinilo.― Hice lo que tenía que hacer.― dijo suavemente.― No podía volver al infierno.― Cruzando los brazos por delante, se inclinó sobre la mesa.― Solía soñar que algún día tú vendrías y que nos alejarías de él, que dejarías de beber y que serías una madre para nosotras como la que tenían los demás. Una que se preocupara por sus hijos, que se asegurara de llevar a sus hijos al colegio con la ropa limpia, que les hiciera la cena en lugar de hacerles preparársela ellos mismos.― Ignorando la presión en su pecho, Crystal continuó presionando, bajando su mirada hacia la nada.― ¿Por qué?,― Tragando con dificultad subió la cabeza para mirar a su madre.― ¿Por qué no podías ser como las otras madres? ¿Por qué no te podías haber preocupado por nosotras como te preocupabas del maldito wishkey?.

Margaret sacó un pañuelo de su bolsillo y se secó los ojos con él.

―Lo siento,― dijo, su voz desgarrándose.― Siento haberme casado con tu padre, siento no haberos alejado de él cuando érais unos bebés. Y siento no haber podido darme cuenta de lo mucho que la bebida estaba destrozándolo todo a mi alrededor.― Se secó los ojos otras vez y esnifó.― Siento no haber sido la madre que debías haber tenido.

Crystal quería dudar de la sinceridad de la mujer que tenía delante, de pasar los temblorosos labios y lágrimas como un intento desesperado de ganar su simpatía, pero no podía negar que había arrepentimiento de corazón y dolor en la voz de su madre.

―Yo también,― dijo sacando un cigarrillo y encendiéndolo.― Yo también,― repitió suavemente. Sus oídos captaron el sonido de Patty y Laura hablando en el salón, más bien acaloradamente si el creciente volumen era una indicación de ello. Intentó escuchar pero solo cogió una palabra o dos a la vez que las voces volvían a bajar. Mirando su cigarrillo, Crystal dejó que los segundos se convirtieran en minutos, el silencio únicamente roto por el tic-tac del reloj de la cocina y de las pisadas de los niños al correr por el pasillo. Estaba cansada. Cansada de todo el enfado, todas las lágrimas, todo el dolor. Nada iba a cambiar la pesadilla que fue su infancia. Era hora, si no de perdonar el pasado, vivir con el presente. Tomando aire fuertemente, levantó la cabeza y miró fijamente a los ojos brillantes de su madre.― No puedo perdonarte por lo que pasó,― dijo.― Pero no te odio.― Levantándose, apagó su cigarrillo.― Supongo que solo quería que lo supieras,― dijo volviendo a colocar la silla en su sitio.― Laura y yo nos vamos a marchar ahora,― dijo caminando hacia la puerta.

―¿Crystal?

Se paró delante de la puerta y se giró para mirar a su madre.

―¿Sí?.

Margaret se levantó descansando sus manos en la mesa para ayudarse.

―Gracias,― dijo, permitiendo que rodara una lágrima por su mejilla.

Crystal la miró incómoda.

―Sí, bueno…― puso su mano en la puerta.― Lo hice por mí.― Empujó la puerta y salió antes de que Margaret pudiera decir nada.

Jessica saltó desde su asiento en el suelo tan pronto como Crystal entró en la habitación.

―¿Discutisteis tú y la abuela?.

―No Jess, no discutimos.― dijo Crystal mientras veía a su sobrino sentado en frente de la televisión totalmente concentrado en un videojuego de carreras.― Estuvimos hablando y se está haciendo tarde, así que Laura y yo tenemos que volver a casa.― Escuchó el gruñido de la puerta de la cocina al abrirse detrás de ella. Moviéndose a un lado vió a Patty ayudando a su madre a sentarse en el sofá.― Te llamaré mañana,― dijo cuando pasaba junto a su hermana. Patty asintió pero no dijo nada.― Bien, lo que sea.― Agachándose para abrazar a Jessica,― Sé buena, ¿vale?.

―Vale, tía Crystal. ¿Cuándo vas a volver?.

―Pronto,― dijo.― O tú puedes venir a mi casa.

Los ojos de Jessica brillaron.

―¿Cuándo?

Poniéndose en duda, miró directamente a Laura.

―Uh…no lo sé.

―¿Qué hay la semana que viene?,― sugirió Laura.― Eso me dará tiempo para prepararlo todo.

Crystal sabía que a lo que se refería su amante era a esconder todo lo rompible de las manos curiosas de los niños.

―Si, la semana que viene está bien si a tu madre le parece,― le dijo a su sobrina.

Patty asintió.

―Tan pronto como tengas esa habitación limpia y ordenada,― dijo.

―¿Puedo ir yo también?,― preguntó Thomas desviando su atención del videojuego por unos segundos.

―Sí, tú también puedes venir,― dijo Crystal.

―Os acompañaré al coche,― dijo Patty.― Thomas, tus juguetes están esparcidos por todas partes. Recógelos y ponlos a un lado, por favor.

―Vale mamá.

―Yo le ayudaré,― añadió Jessica, arrodillándose y recogiéndolo todo. Crystal se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta, Laura y Patty detrás de ella.

―¿Qué?,― preguntó Crystal tan pronto estuvieron fuera.

―¿Qué le dijiste?,― preguntó Patty.

―Um, iré a encender el motor para que vaya calentándose,― ofreció Laura, aunque no hacía tanto frío como para eso.

―Solo hablamos,― le dijo Crystal a Patty mientras Laura se alejaba.― Nada de lo que tengas que preocuparte.

―Bien, me preocupo,― dijo Patty.― Tú eres mi hermana y ella es mi madre.― Te pasaste la mitad de la noche lanzándole miradas y no le has dicho una sola palabra agradable desde que volviste.― ¿Y se supone que no debo preocuparme?.

Crystal sacó los cigarrillos de su bolsillo y le ofreció uno a su hermana.

―No puedes esperar que todo vaya maravillosamente bien entre nosotras,― dijo mientras cogía uno para ella misma y lo encendía.― Y nunca voy a ser tan agradable con ella como lo eres tú, así que no lo esperes.

―¿Pero…?

Inhalando profundamente, Crystal dio una gran calada de su cigarrillo antes de contestar.

―Pero si no intenta actuar como la madre del año o como si se preocupara por mí, creo que podemos llegar a comportarnos civilizadamente la una con la otra.

―Y quién sabe lo que puede pasar a partir de ahí,― dijo Patty, añadiendo su humo a la nube que ya les rodeaba.

―No presiones tanto,― advirtió Crystal,― Estoy segura que Doc y yo tendremos una endemoniada sesión sobre esto. Bueno, y ¿de qué hablabais Laura y tú?.

―De qué va a ser,― dijo Patty,― de ti, pero le dejaré a ella que te lo cuente.

―Dímelo.

―Dime tú lo que le dijiste a mamá,― contestó Patty mosqueándo más a Crystal.― ¿Ves?, así que pregúntale a tu novia y yo le preguntaré a mamá y así ambas lo sabremos.

―Eres como un grano en el culo, ¿lo sabías?,― dijo Crystal golpeando a su hermana con el codo.― Siempre lo fuiste.

―Tú también,― dijo Patty.― Jessica se parece mucho a ti. Vas a pasarlo muy bien con ella la semana que viene. Se mete en todo.

Crystal dejó caer su cigarrillo al suelo y lo apagó pisándolo con su zapatilla.

―Estoy segura que puedo arreglármelas con ella durante unas horas.

―¿Horas?. No, te la vas a quedar todo el fin de semana.

―Uh, uh para todo el fin de semana, no,- dijo agitando la cabeza.― De ninguna manera.

―¿Qué hay de una noche?.

―Si no hay elección.

―Entonces supongo que durante las vacaciones de verano está fuera de discusión ¿uh?,― bromeó Patty.― Ah, no hay problema. Escucha, mejor te dejo y así vosotras dos podréis llegar a casa pronto. Dile a Laura que le deseo buenas noches, ¿vale?.

―Claro, hasta luego.― Crystal se giró para marcharse cuando se encontró detenida por Patty que la cogía para abrazarla.

―No irías a marcharte sin darle un abrazo a tu hermana más grande, ¿verdad?.

―Ya no eres exactamente mi hermana más grande,― dijo Crystal.

―Cierto, por el pecho.- dijo Patty apartándose.― Venga, hablaré contigo mañana
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Re: El corazón de cristal, B. L. Miller

Mensaje  malena el Julio 17th 2013, 11:55 pm

―Bueno, ¿y de qué hablasteis vosotras dos?,― preguntó Crystal mientras cerraba la puerta del coche.

―De nada importante,― dijo Laura poniendo la directa y apartándose de la acera.― ¿Qué tal tú y tu madre?.

―Creo que hemos llegado a un entendimiento,― dijo Crystal,― pero no esperes que vaya a buscarle algún regalo para Navidad o algo así.

―¿Estás bien?.

Crystal estuvo mirando a través de la ventana durante unos segundos antes de contestar.

―Sí, eso creo.― Sonrió cuando sintió que Laura le apretaba la rodilla reconfortántemente.― Estaré bien, de verdad. Es solo…no sé, el cansancio.― Entrelazó sus dedos con los de Laura.― Te quiero.

―Yo también te quiero,― dijo Laura apretando sus manos unidas.― ¿Quieres que paremos en el parque antes de ir a casa?. Hace un poco de frío, pero podemos caminar un poco por el paseo si quieres.

―No, solo quiero ir a casa,― dijo Crystal apretando su frente contra el frío cristal.― Ir a casa y meterme bajo una bonita y gruesa manta contigo.

―Suena bien, sabes que me encanta enroscarme contigo,― dijo Laura bajando la velocidad para incorporarse a la autopista.

―Sí, y entonces puedes contarme de lo que hablasteis Patty y tú.

―¿Realmente quieres saberlo?,― dijo Laura. Está bien. Le dije que pensaba que estaba siendo injusta contigo y que debía dejaros que arreglaseis vuestras cosas solas.

Crystal bajó la ventanilla unos centímetros y sacó un cigarrillo.

―¿Y qué dijo ella? Oí cómo levantabais las voces un par de veces.

―Primero envió a los niños a que se pusieran sus pijamas. Me alegro de que lo hiciera, porque no quería discutir con ella en frente de los niños.

―Sí, suena como una buena idea,― dijo Crystal― ¿Y?.

―Así que primero intentó decirme que se trataba de un asunto familiar y que debía permanecer al margen y yo le dije que cuando tenía que ver contigo, también era mi problema porque te amo,― dijo Laura.― Le señalé a Patty que mientras ella había tenido alrededor de diez años para aclarar sus sentimientos sobre vuestra madre, tú tan solo comenzabas a lidiar con ellos y que debería ser más comprensiva.

―¿Oh,si?,― Crystal le dio una larga calada a su cigarrillo.― Parece que se lo dejaste claro, mi héroe,― se inclinó hacia un lado y presionó sus labios contra el hombro de Laura.― Me alegra de que estuvieras allí conmigo.

―Siempre,― prometió Laura.

********

―Brrrrrr, ¿apagaste la calefacción antes de irnos?,― preguntó Crystal cuando entraron en el apartamento.― Casi estamos en Noviembre, ¿sabes?.

―Haces que suene como si viviéramos al norte de Canadá,― dijo Laura mientras Crystal subía el termostato unos grados.― No puede haber menos de 5 grados ahí afuera.

―Aún así hace frío,― refunfuñó Crystal mientras se quitaba su chaqueta y la ponía en el armario junto con la de Laura. Sus deportivos fueron los siguientes, ésta vez guardados ordenadamente en el baúl cerca de la puerta.

―Bueno, puedo sugerir algo para mantenernos calientes,― dijo Laura deslizando sus brazos alrededor de la cintura de Crystal.

―¿Oh, si?. ¿Cómo qué?,― preguntó Crystal inclinándose hacia atrás sobre el cálido cuerpo de su amante.

―Estaba pensando en nosotras, desnudas,― Laura bajó su voz hasta convertirse en un ronco susurro.― Un baño humeante con muchas burbujas. Todavía no hemos tomado un baño o una ducha juntas. Puede ser divertido.― Acariciando la oreja de Crystal con su nariz, inhaló el aroma del champú mezclado con el humo del tabaco.― Te relajará.

Crystal soltó un bufido juguetón.

―No creo que relax sea precisamente lo que tienes en mente.

―Tienes razón, susurró Laura moviendo sus manos perezosamente por las costillas de Crystal. Llegando al primer botón, lo abrió lentamente.― Tú, yo…― otro botón abierto revelando un pedazo de piel.― Agua caliente con mucho jabón que hace que todo esté más resbaladizo y agradable.― Unos rápidos tirones más y la camisa de Crystal fue liberada, los restantes botones abiertos con facilidad. Sus dedos llegaron a los ganchos de la espalda del sujetador mientras sus labios se acercaban a los de Crystal.

Ese era todo el ánimo que necesitaba Crystal para seguirla escaleras arriba hacia el baño. Después de poner el tapón para llenar la bañera, Laura abrió los grifos de agua fría y caliente, ajustando sus intensidades hasta que la tuvo a la temperatura adecuada.

―¿Quieres burbujas?,― preguntó.

―Claro, si tú quieres,― dijo Cristal de pie en medio del baño todavía completamente vestida.

Laura cortó el agua y se puso de pie.

―Hey,― dijo pasando sus brazos alrededor de la cintura de Crystal.― ¿Necesitas ayuda?,― fue contestada por los labios de Crystal moviéndose contra los suyos. Tomándolo como un sí, profundizó el beso y con sus manos deslizó la camisa de Crystal por sus hombros. Antes de que intentara doblarla, como siempre, se la quitaron de las manos y fue lanzada contra la puerta, sujetador incluido.

―No tienes elección,― susurró Crystal contra sus labios, sus mano moviéndose entre sus cuerpos y deslizándose por debajo de la gruesa sudadera.

Laura se estremeció mientras unos dedos juguetones subían por su torso y danzaban sobre sus pechos cubiertos por el sujetador.

―Sigue haciendo eso y no nos meteremos nunca en la bañera,― dijo dando un paso atrás y quitádose su sudadera y sujetador.― Sonrió indulgentemente cuando Crystal se los cogió para añadirlos a la pila de ropa junto a la puerta.― No puedo creer que te deje hacer eso,― dijo empujando a Crystal más cerca.

―Lo próximo sabes que será dejar los platos sucios en el fregadero durante toda la noche,― dijo Crystal.

―Nunca,― dijoLaura, gimiendo suavemente por la cálida sensación del cuerpo de su amante contra el suyo.― Se está calentando esto,― dijo en tono lascivo.

―Lo sé,― dijo Crystal cerrando los ojos mientras sus manos se deslizaban por la nuca de Laura.― El espejo está todo empañado.

―Oh, ¿es así cómo lo sabes?,― preguntó Laura, su sonrisa burlona haciendo juego con la de su amante. Enganchando los dedos por dentro de la cinturilla de los vaqueros de Crystal, desabrochó el botón suavemente y bajó la cremallera.― ¿Crees que es a causa del agua caliente?.

―No,― dijo Crystal.

Laura empujó los pantalones por las caderas de Crystal.

―¿Crees que es porque subiste el termostato cuando vinimos a casa?.

―No.

―Hmmm.― Laura hizo una mueca pensativa mientras guiaba despacio a Crystal para apoyarla contra la pared.― Bien,― dijo mientras se arrodillaba para terminar de bajar los pantalones y sacarlos primero por un pie y después por el otro.― Debe ser entonces porque estamos medio desnudas y a punto de hacer el amor.

Crystal sonrió y asintió.

―Sí, debe de ser eso.

Incapaz de resistirse a los suaves muslos que tenía a tan solo unas pulgadas de ella, Laura se inclinó hacia delante y besó la cremosa piel.

―Eres tan preciosa,― dijo mientras sus manos subían y bajaban por sus piernas.

―¿Quién es ahora la que está manteniéndonos alejadas de la bañera?,― preguntó Crystal mientras su pecho se alzaba y bajaba notablemente.

Encantada con el efecto que sus caricias estaban provocando, Laura se dio a sí misma una satisfecha sonrisa y finalizó su tarea, plantándose solo cuando Crystal estuvo completamente desnuda. Presionando sus cuerpos juntos, Laura le dio un largo y pasional beso.

―¿Podrías abrir el agua otra vez y añadir las sales de baño?.

―Claro,― dijo Crystal sin darse cuenta, girándose inmediatamente, dándole la espalda a Laura e inclinándose para llegar a los grifos.

―Bonita vista,― dijo Laura quitándose la ropa que le quedaba.― Sabes, si te quedas justamente así…

Crystal miró el borde de la bañera y gimió ante la sugerencia.

―No puedo creer lo fácil que es para ti hacerme sentir así.

―Tú tienes el mismo efecto en mí,― dijo Laura, moviéndose directamente detrás de Crystal y pasando sus manos suavemente a lo largo de la espalda desnuda de la mujer.― A veces tan solo me miras y estoy lista, si sabes a lo que me refiero.― Escuchó y sintió la risa de Crystal entendiendo lo que decía.― En serio,― dijo haciendo que Crystal se irguiera y girándola quedandose cara a cara.― Es más que algo meramente físico.― Se detuvo para juntar sus labios mientras sus dedos recorrían la parte superior de la espalda de Crystal.― Cuando me miras, puedo sentir tu amor dentro de mí.

Crystal sonrió tímidamente.

―¿Vas a empezar a hablarme tiernamente otra vez?.

―¿Si queres que lo haga?,― dijo Laura mientras empujaba la cortina para descorrerla.― O podemos meternos en la bañera y demostrártelo.

―No parece que haya mucha agua.― dijo Crystal mientras se ayudaban la una a la otra a entrar.

―No te preocupes por eso,― dijo Laura mientras se sentaba y se movía lo más hacia atrás que podía. Somos dos aquí adentro. Confía en mí, hay más que suficiente agua.― Sus cuerpos se acomodaron juntos mientras hacían espacio para las piernas y brazos. Envolviendo sus brazos alrededor del torso de Crystal, empujó a su amante más cerca y le besó el hombro.― Te quiero.

―Mmm, yo también te quiero.― dijo Crystal moviendo sus manos arriba y abajo sobre los muslos de Laura.― Nunca he hecho esto. Tomar un baño con alguien, quiero decir. Bueno, excepto con Patty cuando éramos pequeñas, pero es no cuenta.

―No, no cuenta,― estuvo de acuerdo Laura, moviendo sus pulgares en un perezoso arco sobre la parte baja de los pechos enjabonados de Crystal.― Olvidé contarte ciertas ventajas de ser la que está detrás.

―Ya veo,― dijo Crystal reclinándose, de modo que la nuca de Crystal descansaba sobre el hombro de Laura.― Entonces estar delante también tiene sus propias ventajas.

Recogiendo pilas de burbujas con sus manos, Laura juguetonamente cubrió los pechos de Crystal.

―Agradable,― susurró sintiendo los endurecidos pezones presionar contra las palmas de sus manos.

―Qué gusto,― murmuró Crystal. Sus ojos estaban cerrados y una suave sonrisa cruzaba sus labios.-―Obviamente ésta no es tu primera vez en una bañera.

Laura sonrió.

―No es como si hubiera tenido una lista interminable de mujeres entrando y saliendo,― dijo.― Pero digamos que sé lo que hago.

―No tengo quejas,― dijo Crystal.

―Uh huh,― dijo Laura con recelo, frotando sus pulgares adelante y atrás sobre los erectos pezones.― Eso no es lo que dijiste anoche. Si lo recuerdo correctamente, me llamaste zorra.

―Estabas torturádome,― señaló Crystal.― Si hubieras esperado mucho más, habría tenido que bajar y hacérmelo yo misma.

Laura rió, recordando cómo había probado la paciencia de su amante de forma juguetona.

―Pero tienes que admitir que la espera valió la pena. No tengo la intención de acelerar las cosas ésta noche tampoco,― advirtió. Crystal gimió y se arqueó con sus caricias, haciendo que el agua pasara entre sus cuerpos.― Agradable y lento,― dijo Laura en tono seductor moviendo sus manos hacia abajo por el cuerpo de Crystal hasta que se hundieron bajo el agua, entonces subiéndolas otra vez para volver a capturar los duros pechos.― Agradable y lento― repitió otra vez con un susurro lascibo antes de recorrer con su lengua el camino desde el cuello de Crystal hasta su oreja.

―Vas a volverme loca,― dijo Crystal mientras los ocupados dedos de Laura pellizcaban y apretaban sus pezones.

―¿Ves lo que ayuda el jabón?,― preguntó Laura mientras volvía a acariciar los pechos antes de que sus pellizcos fueran dolorosos.― Tal vez debería quedarme por aquí arriba un rato.― Abriendo sus dedos cubrió los pechos de Crystal y los apretó.― Para asegurarme de que están limpios,― dijo a modo de explicación.

―Estaba equivocada,― dijo Cystal mirando hacia arriba a Laura.― Eres una grandísima zorra.

―Una grandísima zorra que te ama,― dijo Laura, moviendo sus manos por debajo del agua otra vez, ésta vez llegando hasta la cuva de las piernas de su amante y abriéndose paso suavemente por entre los rizos rubios.― Podría pasarme todo el día tocándote,― confesó, disfrutando la manera en que las caderas de Cystal se alzaron en respuesta a sus gentiles caricias. Viendo las espesas burbujas tapando totalmente los pechos de Crystal, sintió la necesidad de volver a visitarlos, pero cuando comenzó a subir sus manos, notó sus muñecas sujetas en un firme agarre.

―Ya está bien,― dijo Crystal retorciendo su cuerpo hasta que estuvieron cara a cara. Antes de que Laura pudiera reaccionar, se encontró a sí misma aplastada contra la pared de la bañera.― ¿Piensas que eres la única que puede torturar?,― le preguntó mientras un insistente muslo presionaba entre sus piernas.― Recuerda que yo fui streaper. Y cuando se trata de torurar, soy una experta.

―Oh, es tan agradable,― señaló Laura, rindiéndose felizmente a lo que su amante tuviera en mente.

―Creo que me gusta ésta idea de la bañera,― dijo Crystal deslizándose hacia abajo para frotar su mejilla contra el pecho de Laura.

―Me alegro,― dijo Laura envolviendo a Crystal con sus brazos para acercarla.

―Es endiabladamente pequeña,― dijo Crystal mientras intentaba retorcer su mano entre sus cuerpos.― Necesitamos una bañera más grande para hacer esto.

―Realmente no,― dijo Laura irguiéndose para darle más espacio a su amante.― Únicamente necesitamos aprender nuevas posiciones.

―¿Antes o después de que me ahogue?,― preguntó Crystal deslizándose hacia abajo y acariciando con sus labios el suave estómago de Laura mientras sus dedos jugaban ociosamente sobre los pechos de la escritora.

―Tal vez el baño no era tan buena idea, después de todo,― dijo Laura bajando sus brazos y subiendo a Crystal para besarla.

―¿Por qué?,- preguntó Crystal con fingida inocencia mientras sus dedos apretaban los pezones de Laura.― ¿Hay algo que querías?.

―Sí, algo que tú haces muy bien,― dijo Laura.

―¿Creí que lo que dijiste era que tan solo teníamos que aprender nuevas posturas?,― contestó Crystal moviendo su mano izquierda entre sus cuerpos y deslizándose por debajo del agua.

―No creo que haya una postura que sea cómoda para las dos para lo que quiero hacer aquí adentro,― dijo Laura levantando su rodilla para darle un mayor acceso a su amante. Jadeó cuando los dedos de Crystal encontraron su objetivo.

―¿Crees que ya estamos suficientemente limpias?,― preguntó Crystal mientras sus dedos frotaban suavemente adelante y atrás el lugar más sensible de Laura.

―Oh, sí,― silbó Laura dajando caer su cabeza hacia atrás contra la pared y cerrando los ojos mientras sus caderas se movían por voluntad propia.

―¿Quieres que salgamos?,― preguntó Crystal moviendo sus dedos tentativamente hacia abajo hasta situarse justo en la entrada de Laura.

―Quiero….oooh,― comenzó Laura cuando sus caderas se alzaron mientras unos dedos la llenaban.― Oh Dios, no pares, cariño, por favor no pares.― El calor la consumía subiendo en espiral hacia arriba hasta que Laura sintió comenzar las palpitaciones. En ese momento de absoluta vulnerabilidad, ciegamente se inclinó y atrajo la boca de Crystal a la suya. Crystal se mantuvo allí, presionando profunda y fuertemente intentando hacerlo lo mejor posible para prolongar el placer de su amante. No había otro mundo, ni familia ni amigos. Todo lo que existía eran sus corazones y almas compartidas, declaraciones de amor y devoción expresadas con sus cuerpos en lugar de con sus voces. Cuando finalmente trató de hablar, le salió apenas un chirrido, y Laura tuvo que tragar y comenzar de nuevo.― No me puedo mover,― dijo.

Crystal sonrió con autosatisfacción, recorriendo con su dedo las clavículas de Laura.

―Algo así como lo que me haces tú a mí, ¿eh?.

―Eso es diferente,-― jadeó Laura con su respiración todavía sin normalizarse.― Normalmente tú puedes funcionar después de todo. Yo no puedo mover un solo músculo.

―Entonces tendremos que quedarnos aquí,― dijo Crystal haciendo una mueca.

Laura la miró y frunció el ceño.

―Estás completamente encantada contigo misma,― dijo atrayéndola para besarla.― Te quiero.

―Yo también te quiero,― dijo Crystal acomodándose de manera que su cabeza descansara sobre la curva del cuello de Laura.

Pasaron minutos interminables mientras se abrazaban la una a la otra en el agua fría hasta que Laura se estremeció y se le puso la piel de gallina.

―El agua está fría,― dijo despacio.

―¿Va siempre a ser así?,― murmuró Crystal sin levantar la cabeza de su suave almohada.

―¿Quieres decir si voy a responder siempre así contigo?,― preguntó Laura.

Crystal agitó su cabeza.

―Quiero decir…- hizo una pausa para asegurarse de cómo expresar sus pensamientos con palabras.― ¿Sentirás siempre lo mismo que sientes ahora por mí?.

Ignorando el frío por un momento, Laura miró hacia abajo y levantó la barbilla de Crystal.

―No puedo imaginar no sentirme de este modo contigo,― dijo suavemente.― Lo significas todo para mí y el pensamiento de que no estés aquí conmigo duele demasiado como para pensar en ello. Te quiero, Crystal. Sé que suena egoísta, pero quiero todo lo que puedas darme y más. Quiero ser la única a la que toques haciendo el amor y yo ser la única que te toque. Quiero que seas lo primero que vea por las mañanas al despertarme y lo último cuando me vaya a dormir. Quiero abrazarte cuando llores y reirme contigo cuando estés contenta. Quiero ser tu caballero andante cuando necesites protección y tu damisela cuando seas tú la que necesite proteger a alguien. No quiero tan solo una relación contigo,― dijo moviendo sus dedos para trazar el contorno de los labios de Crystal,― Quiero una vida contigo.― Al principio se alarmó cuando vió aparecer las lágrimas en los ojos de su amante, pero rápidamente Laura se dio cuenta de que eran lágrimas de felicidad y abrazó a Crystal incluso más fuerte.― Te quiero,― dijo besándole la cabeza.― Y no me iré a ninguna parte.

―Yo también te quiero,― dijo Crystal, esnifando mientras volvía a estar bajo control. Suavemente acarició el brazo de Laura.

―Hey ¿A qué vino eso?,― dijo Laura con fingida indignación.

―Ya sabes lo que me haces cuando me hablas de esa forma,― dijo Crystal provocando la risa de Laura.

―Haces que me ablande tanto como el suavizante de la ropa,― dijo Laura. Sintió los labios de Crystal en su cuello, la suave lengua deslizándose para probar su sabor. Gimió, sabiendo que no podría resistir las caricias de su amante como no podía resistir sin respirar.- Hay una bonita y caliente cama en la habitación de al lado,― intentó.

―Uh huh,― murmuró Crystal moviéndose hacia abajo para capturar el pecho izquierdo de Laura con su boca mientras su mano le hacía compañía a su otro pecho.

―Crystal,― llamó Laura, abriendo automáticamente las piernas a pesar de su deseo de cambiar la acción a otro sitio.

―¿Realmente quieres malgastar el tiempo con las toallas?,― preguntó Crystal con la boca llena de cane.

―No,― estuvo de acuerdo Laura, importándole un poco el hecho de lo mojadas que acabarían las sábanas.

―¿Entonces qué te detiene?,― bromeó Crystal mientras torturaba el pezón con sus dientes.

―¿Quién está siendo ahora la zorra?,― preguntó Laura mientras acariciaba la espalda de su amante.― Vas a ser mi muerte.

―No antes de que salgamos de aquí y nos metamos bajo las mantas,― dijo Crystal mientras se levantaba y las burbujas se escurrían por su cuerpo.― Hace frío aquí.

Laura se rió y buscó la mano de Crystal, sabiendo que no dormirían hasta dentro de un rato.

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Re: El corazón de cristal, B. L. Miller

Mensaje  malena el Julio 18th 2013, 12:03 am

―¿Estás segura que éste es de la clase que no pierde las agujas?,― preguntó Laura mientras cargaban el enorme árbol para meterlo en casa.

―¿Cómo puedo saberlo?,― dijo Crystal.― Espera, tengo que girar por aquí.

―¿Estás segura de que ese pie es suficientemente grande?. No quiero que sobresalga.

―No va a sobresalir y el pie es lo suficientemente grande,― dijo Crystal mientras reculaba hacia la esquina destinada al Árbol de Navidad.― ¿Cuánto tiempo tenemos hasta que tengamos que salir hacia el aeropuerto?.

―El avión de tía Helen se supone que llega a las 16:30,― dijo Laura.― Estás junto a la pared.

―Lo sé, aguanta, voy a ponerlo sobre el pie y sujétalo mientras te vas acercando y levantándolo. Entonces lo sujetaré con los tornillos y estará listo,― dijo Crystal mientras se agachaba.― ¿Crees que podemos decorar ésta cosa en las próximas dos horas?.

―Eso espero, de otro modo vamos a obtener la ayuda no solicitada de tía Helen,― dijo Laura.― ¿Estás bien ahí abajo?.

―Sí, solo intenta ir acercándote despacio,― dijo Crystal.― Todavía digo que las luces tienen que ser intermitentes. De otro modo, ¿por qué molestarse en ponerlas?.

―Luces multicolores parpadeando,― dijo Laura desaprobadoramente.― ¿Por qué no ponemos un Santa y un muñeco de nieve luminosos en el césped?.

―Me gustan los Santa luminosos,― protentó Crystal.― Vale, aguántalo ahí. Voy a sujetarlo al suelo.

―Son comerciales y feos,― dijo Laura.

―Es Navidad, Mrs. Scrooge,― dijo Crystal mientras se apartaba de debajo del árbol y se plantaba.― Suéltalo.― Se quedó allí de pie pasando el brazo alrededor de la cintura de Laura.― Nuestro primer árbol de Navidad.

―Es más grande de lo que parecía en la tienda de árboles,― dijo Laura.

―¿Es ese “más grande” bueno o malo?,― preguntó Crystal.― Dijiste que podía elegirlo y pensé que éste tamaño estaría bien.

―Es un buen tamaño,― dijo Laura de forma tranquilizadora.― Solo que no sé si tendremos suficientes adornos para cubrirlo. Madre solo me dio un par de cajas de adornos y luces.

―No puedo creer que nunca antes te molestaras en poner un árbol de Navidad,― dijo Crystal descansando su cabeza sobre la parte superior del pecho de Laura.

―Cuando era como Jessie pasábamos los días de una casa en otra. No tenía sentido preocuparse en poner un árbol en una casa donde posiblemente no estaríamos. Laura dio un paso atrás y abrió una de las cajas que había encima de la mesita de café.― Y, por supuesto, nosotras no vamos a estar la mayor parte del día aquí.― Escrutó el árbol.― ¿Cómo se puede saber si es el tipo de árbol que pierde las agujas?.

―¿Cuando un montón de ellas estén sobre la alfombra.?,― dijo Crystal.― No lo sé, llama a alguien y pregúntale.

―Peter lo sabrá,― dijo Laura.― Espera a ver lo que hace en Navidad.

―Michael dijo que se podría ver su casa desde el espacio,― dijo Crystal mientras le cogía a Laura el cordón de luces. ¿Cuántos tienes de éstos?.

Laura miró la caja.

―Hay dos más como ese en la caja y otro con bombillas blancas grandes. En la otra caja están las cintas y el resto de adornos.

―Necesitamos más luces,― dijo Crystal convencida mientras colocaba una tira de luces entre las ramas más bajas.― Tal vez podamos ir a compralas después de recoger a Helen,― dijo esperanzada. Laura le ofreció esa mirada indulgente que significaba que ella ganaba.― Estupendo, prometo no pasarme.

―Tu definición de pasarte y mi definición de pasarse son dos cosas muy diferentes, estoy segura,― dijo Laura mientras desenredaba una tira de luces.― ¿No deberíamos encenderlas y probar si funcionan primero?.

―Sí, eso tiene sentido,― dijo Crystal agachándose para enchufarlas. Luces rojas, verdes, azules y naranjas comenzaron a brillar sobre las verdes ramas.― Ésta funciona.― La desenchufó y cogió la que sostenía Laura.― Ésta también funciona pero no parpadea.

―Eso no es el fin del mundo,― dijo Laura mientras seguía desaciendo los nudos.― Además, creo que tienes que dejar que se calienten un poco antes de que comiencen a parpadear.― Se agachó y rodeó los hombros de Crystal con su brazo.― Y si no parpadean podemos comprar unas nuevas.

―Me estoy comportando como una cría con esto ¿eh?.

―Un poquito,― dijo Laura con una sonrisa.- Pero está bien. Creo que es muy mono.― Besó la punta de la nariz de Crystal y se puso de pie.― Para ser honesta, no he estado tan excitada por la Navidad en años. El árbol fue una buena idea.

Crystal se plantó también. Conectando el final de una de las tiras de luces con el principio de otra.

―¿Te das cuenta que van a ser las primeras Navidades desde que era niña que no voy a estar borracha?.

―O colocada,― añadió Laura.

―Te diste cuenta, ¿verdad?,― miró hacia abajo a la tira de luces que sostenía, inconsciente de la sonrisa que cruzaba por sus labios.― No dijiste nada.

―Tú tampoco dijiste nada,― dijo la mujer de pelo negro.― Al principio no sabía si lo habías dejado o solo apartado de momento. Creo que no lo has hecho en al menos dos semanas.

―Veinte días,― dijo Crystal.― Y no lo aparté. Yo solo…― se alzó de hombros.― No sé.

―Lo cierto es que no me estoy quejando,― dijo Laura.

―Esperaba que lo notaras sin tener que decírtelo,― sonrió abiertamente.― Oh venga, nunca terminaremos con éste árbol.― Golpeando las manos de Laura dijo,― suéltame y así podré terminar esto e irnos a la cama.― Una vez libre del abrazo de su amante, rodeó el árbol con las luces.― Ya está. Probablemente no sea tan bonito como el de tu madre o el de Peter, pero servirá.

―No tiene que ser tan bonito como el de mi madre o el de Peter,― dijo Laura.― No es una competición.

***********

―Pensé que dijiste que no era una competición,― dijo Crystal desde su posición recostada sobre el sofá.

―Y no lo es,― dijo Laura mientras movía los adornos púrpura…..otra vez.

―¿Entonces por qué estuviste levantada toda la noche?.

―Porque el árbol no está simétrico,― dijo Laura dando un paso atrás.― ¿Ves?, todavía hay demasiado verde en ésta zona.

―Lo sé, y demasiado rojo en la parte de arriba,― señaló Crystal habiendo escuchado a su amante señalar todas las imperfecciones de su árbol desde que se levantara y la encontrara junto a él.― ¿A quién le importa?.

Laura cuidadosamente sacó una bola verde del árbol y la dejó en la caja.

―Ahora sabes la verdadera razón por la que Jenny y yo nunca tuvimos un árbol.

―Te obsesionas demasiado, ¿lo sabías?,― se quejó Crystal mientras se erguía y estiraba.― Nadie se va a dar cuenta.

―Casi he terminado,― dijo Laura.― Solo necesito mover algunos de los de la punta a éste lado e incluso quitar adornos. Tampoco creo que sea una buena clase de árbol. Encontré varias agujas en el suelo.

―¿Y qué esperabas si no paras de mover las cosas de un lado para otro?,― dijo Crystal.― Sé que el botón de esa tira de luces no está donde la dejé ayer.

―Estaban demasiado bajas,― explicó Laura mientras colgaba un adorno en la rama.― Además, ahora está mejor.

―El próximo año vas a adornar el árbol tú solita,― dijo Crystal mientras se levantaba y se dirigía hacia la cocina.― No creas que no os he oido hablar a ti y a tu madre sobre…― hizo comillas con los dedos― el árbol perfecto.― ¿Quieres café?.

―Suena bien, gracias,― dijo Laura poniendo el último adorno y encendiendo las luces.― Ahí está. Perfecto,― dijo haciéndose hacia atrás para inspeccionar su trabajo manual.

Crystal volvió de la cocina llevando dos tazas de café.

―Está muy bonito,― dijo, aunque pensó que no había nada malo en la forma que estaba adornado la noche anterior.― Bonito e incluso…ah…

―¿Ves como hay un equilibrio en los colores?,― dijo Laura orgullosa mientras cogía la taza de café.― Es simétrico y estéticamente agradable a la vista.

―Está precioso,―dijo Crystal.― El mejor árbol que jamás he visto.

―¿Estás siendo sarcástica?.

Cogiéndole la taza de café, Crystal dejó ambas sobre la mesita auxiliar y atrajo a su amante para abrazarla.

―Es nuestro primer árbol.― ¿Cómo podría ser algo menos que el mejor?.

―Te das cuenta que me estás dejando como una compulsiva.― señaló Laura.

―Lo sé―, admitió Crystal.― Pero es nuestro árbol y, obviamente te hizo feliz pasarte toda la noche trabajando con él.

―Lo hizo,― dijo Laura juntando sus labios.― Me alegro de que me convencieras de traer un árbol éste año.

―Yo también me alegro,― dijo Crystal disfrutando la sensación de sus cuerpos pegados.― Tendremos que hacer de esto una tradición anual.

―Creo que ya lo hemos hecho,― dijo Laura. Te quiero.

―Yo también te quiero,― dijo Crystal abrazándola más fuerte.― Gracias por mi regalo.

Confusa, Laura se inclinó hacia atrás y la miró.

―Pero si Navidad no es hasta dentro de dos días y escondí tu regalo en casa de Jenny. ¿Cómo sabes lo que es?.

Poniendo sus brazos alrededor del cuello de Laura para traerla más cerca, Crystal dijo…

―No me refería a ese regalo, pero gracias por decírmelo, así puedo dejar de buscarlo por aquí.

―Entonces, ¿a qué te refieres?.

―A éste regalo, dijo besando la barbilla de Laura.- Tú. Tu amor.Hace seis meses tan solo existía y ahora…- la abrazó más fuerte.- Ahora siento por primera vez que vivo.

―Todo lo que hice fue apoyarte.― dijo Laura suavemente,― sonrió.― Yo únicamente iba moviéndome hasta que tú te mudaste y lo volviste todo patas abajo. A mi tranquilo, organizado y pequeño mundo entró ésta endemoniada rubia quien, pesar de mis esfuerzos, robó mi corazón. Tengo tanta suerte de que te hayas enamorado de mí como que yo me haya enamorado de ti.

Crystal le sonrió alegremente y descansó su cabeza sobre el pecho de Laura mientras las brillantes luces del árbol llenaban su visión.

―Entonces supongo que ambas tenemos suerte,― dijo.― Te quiero.

―Yo también te quiero,― dijo Laura.― Siempre.

Y juntas estuvieron de pie bajo las parpadeantes luces de su primer árbol de Navidad, sabiendo que habría obstáculos que vencer, problemas que resolver, pero sobre todas las cosas, se tenían la una a la otra para hacerles frente.

Siempre.


FIN

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Re: El corazón de cristal, B. L. Miller

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