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Lucifer rising, Sharon Bowers

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Re: Lucifer rising, Sharon Bowers

Mensaje  malena el Abril 1st 2013, 4:06 pm

Durante la ausencia de Jude, Liz había encontrado el secador de pelo y había domado su pelo recalcitrante en una cola de caballo mucho más manejable. Descubriéndolo en las profundidades del diminuto armario, se puso un polo de color marrón oxidado con rayas verticales verde pálido. Recuperó sus vaqueros del montón de ropa junto a la puerta y los estaba recogiendo cuando Jude regresó a la habitación. Notando la mirada distraída en sus ojos, colocó una mano con suavidad sobre su antebrazo.

—¿Te encuentras bien?

—No estoy segura —confesó—. Le he contado a Sasha lo nuestro.

—Apuesto a que lo pasó tan bien como una monja que de pronto se despierta en una casa de citas —murmuró sombría. Cuando Jude no respondió, continuó—. Es obvio que tu asistente siente algo así como... un sentido de la propiedad sobre ti. Estoy segura de que no le ha hecho ninguna gracia al ser desalojada de ese lugar en tu vida.

—No sabes de lo que hablas —replicó Jude con dureza, evidentemente no queriendo hablar de lo que había sucedido en la otra habitación. Esperando poner fin a la conversación, añadió—, Sasha y yo fuimos amantes durante más de un año, casi dos. E incluso cuando estábamos juntas, siempre hubo otras....cantidad de ellas —se encontró así misma incapaz de controlar el rubor que encendió sus rasgos ante la cruda declaración.

—Seguro que las hubo —replicó con aspereza, imaginando sin esfuerzo las legiones de mujeres que sabía que Jude se había llevado a la cama. La noche anterior la había estado observando durante un buen rato antes de aproximarse; emitía un glamour seductor sobre todo el mundo, y cada cuerpo que le se ofrecía en silencio había provocado un doloroso desgarro en el estómago de la reportera—. Pero, Jude, ¿alguna de ellas significó algo para ti? Estoy segura de que a Sasha le dijiste que no un millón de veces, pero ¿lo hiciste porque preferías estar con otra? o ¿lo hiciste simplemente por que querías controlar la situación?
Jude permaneció en silencio, atrapada en esos ojos verdes. No había manera de escaparse de esta conversación.

—Tienes razón —dijo con aspereza—. Era un juego entre nosotras. Ella intentaba obligarme a admitir que la deseaba, pero nunca la dejé que me tuviera completamente. Esas otras mujeres eran una forma de provocarla —bajó los ojos hacia la alfombra, incapaz de sostener la intensa mirada de Liz por más tiempo.
Su voz era insoportablemente amable.

—¿Te importa, Jude? —preguntó. No añadiendo la que tenía en mente ¿Aún te importa?

Jude abrió la boca, la cerró, y la volvió a abrir.

—No es tan sencillo. No podría explicarlo en esos términos. Cuando conocí a Sasha, no me importaba nada. No era capaz. Me relacionaba con la gente de dos formas: poder y sexo. Sasha responde a esas cosas en mí.

A Liz no le pasó desapercibido el presente en la última afirmación de Jude.

—¿Incluso ahora? —insistió.

—Incluso ahora —respondió Jude sin inmutarse—. Siempre ha habido algo entre nosotras....pero está relacionado con la persona que no quiero volver a ser nunca más —dejó escapar un profundo y tembloroso suspiro, la única evidencia de su lucha interna.

—Rompiste con ella cuando volviste de Cartagena ¿verdad? —preguntó Liz comprendiendo de repente.
Jude asintió con la cabeza de forma casi imperceptible y levantó la vista para mirar directamente a Liz.

—Y no ha habido nadie más hasta ahora —se pasó la mano por el pelo que se iba secando rápidamente—. No quería que nadie más....sufriera....por mi culpa —la cara de Jude era pura desolación y tristeza al enfrentarse a las ruinas que su paso había hecho en la vida de otra gente.

Liz deslizó en silencio los brazos de Jude sobre sus hombros y la envolvió en un abrazo para consolarla.

—Todo eso ya se acabó.

—No del todo —replicó Jude, recordando a ambas lo que todavía estaba por venir.

—Saldremos de ésta —Liz levantó la cabeza para mirarla con seriedad—. Y después, tú y yo vamos a solucionar todo esto —dio unos suaves golpecitos en la sien de Jude—. ¿De acuerdo?

Una sonrisa irónica cruzó por los labios de Jude.

—¿Vas a arreglarme, Dr. Freud?

—Na —Liz desechó la idea con un movimiento de la mano—. No estás estropeada. Lo que ambas necesitamos es un pequeño... reajuste.

Jude reprimió un estallido de risa.

—Reajuste ¿eh? Bastante justo —revolvió el pelo rubio de Liz y se fijó en su ropa con una sonrisa—. Ya me has robado otra camisa ¿eh?

°°°°°°°°°°°°°°°

El personal del Club todavía tenía que empezar a llegar, así que solo había dos coches en el aparcamiento. El Porsche de Jude descansaba amenazador en su plaza cerca de la puerta, y un desconocido Saturn azul oscuro estaba aparcado al final de todo.

—¿Es tuyo? —preguntó Jude, haciendo un gesto con la barbilla.

—Sí —afirmó Liz—. Vamos —guió a la otra mujer hacia el coche y abrió la puerta del pasajero—. Sube —Jude elevó una ceja y echó una mirada a su propio coche—. Quiero llevarte a un sitio —la reportera respondió con calma a la pregunta sin realizar. Liz permaneció en silencio mientras se abría camino a través del tráfico hacia los pequeños apartamentos en los suburbios donde vivía. Sin decir palabra guió a Jude hacia el segundo piso donde estaba su casa. Conteniendo la respiración, abrió la puerta y dejó que Jude pasara dentro por delante de ella.

Era un apartamento indescriptiblemente caro, en el que no parecía haber mucho de la vibrante mujer que Jude había llegado a conocer en las últimas semanas. No tenía forma de saber que el apartamento era la evidencia de la vida que había eludido la reportera hasta que conoció a Jude. Caminó por el salón que estaba curiosamente desprovisto de detalles personales y el desorden normal de alguien que se siente cómodo en su espacio. El dormitorio era algo más cálido; los tonos terrosos en la colcha y las sábanas le recordaron los tonos suaves de la piel y el pelo de la reportera, y una pila de libros era testigo de un hábito de lectura voraz. La cocina era más alegre, llena de objetos de cocina bastante usados, y de libros de recetas manchados con los experimentos de la chef.

Dirigiéndose hacia el estudio, entró en la habitación que revelaría el último de los secretos de su amante. La habitación estaba igual de ordenada que las otras, con una computadora que dominaba la superficie de un escritorio y material de oficina cuidadosamente colocado a su alrededor. Con aire distraído, jugueteó con la jarra de cristal que contenía al menos dos docenas de bolígrafos Bic idénticos. Una disquetera guardaba diskettes de diferentes colores, y un bloc lleno de notas meticulosamente escritas descansaba justo a la izquierda del teclado. Entonces volvió la cabeza y vio el tablón que casi cubría una pared entera.

Estaba lleno de artículos, recortes y notas sobre ella.

Señora de la droga escapa a la justicia.

Lucien sube hasta lo más alto de la cadena alimenticia criminal.

JLE Limited: Corporación fuera de la ley o negocio legítimo.

Delicuentes: Porqué la DEA no puede controlar a los suyos.

Princesa de la Mafia: Puño de hierro y guante de terciopelo.

Y en el centro de todo, una tarjeta de 13x18 con una sola palabra garabateada en rojo:
¿POR QUÉ?

Liz había estado conteniendo la respiración, observando las emociones jugar sobre el rostro de Jude. Cuando regresó allí la noche anterior casi había destrozado la habitación en la rabia de haber perdido la única cosa que tenía algún sentido para ella. Sin embargo, había decidido dejarla como testamento de su orgullo desmedido. Y ahora se trataba de su último intento de librarse de las mentiras que aún permanecían entre ellas.

Jude se dio la vuelta para mirarla con ojos dolidos.

—¿Obtuviste tu respuesta? —preguntó con voz ronca.

—Sí. Pero no de la forma que piensas —el silencio de Jude le pidió que continuara, y la reportera tragó con dificultad, sabiendo que su débil re-establecida conexión estaba en la cuerda floja—. Cuando empecé con todo esto....No, eso no es correcto. No sé cuando empecé con todo esto conscientemente. Cuando fuiste a juicio, yo era una simple redactora. No llevaba tanto tiempo en Miami y el juicio aparecía por todas partes.

—Me acuerdo —dijo Jude secamente.

—Durante tu juicio, tú no tenías nada de la suficiencia aduladora que Gotti mostró durante su acusación.

Pero al mismo tiempo no ibas alegando tu inocencia cada vez que alguien te enchufaba un micrófono. Se te veía tan....centrada y con tanta calma en mitad de todo ese circo....y yo no podía entenderlo.

—Entender ¿qué?

—Porqué —contestó—. Porqué hiciste lo que decían que habías hecho, porqué te convertiste en una delincuente, porqué organizaste La Masacre, porqué ni siquiera te molestabas en negarlo. Cada vez que te miraba, la pregunta se aparecía por sí sola ¿Por qué?

—La historia de toda una vida —comentó Jude con amargura.

—No —la contradijo Liz. Viendo la curva sardónica en el labio de Jude continuó—. Deja que te cuente algo sobre mi negocio, Jude. Las noticias duran en este mundo aproximadamente 30 segundos. Siempre aparece algo mejor y más importante. Tu historia se enfrió casi en el mismo momento en el que se terminó el juicio. Fuiste absuelta y no ibas a hacer declaraciones. Brugetti sabía que le habían apaleado y no estaba por la labor de hacer hincapié en la pérdida de un caso que todo el mundo había considerado un caso ganado. No había una familia indignada que llorara a la hora de máxima audiencia o que te llevara a un juicio civil. Y en cuanto a la DEA, olvídate, ¿crees que querían hablar del hecho de que su mejor agente ahora trabajaba para el otro lado? A efectos prácticos, la historia se había acabado.

—Pero tú seguiste detrás.

Liz sonrió arrepentida.

—Al principio, no. No fue hasta seis meses después del juicio, y aún mantenía los oídos atentos a cualquier cosa sobre tus actividades, que admití que no podía sacarte de mi cabeza —una ceja oscura se arqueó en su dirección—. Ahora pensarás que soy una acosadora ¿no? También estuve el día que testificaste. Estabas absolutamente preciosa ese día. Todavía recuerdo el traje que llevabas.

—Armani —murmuró débilmente Jude.

—Sí, Armani —meneó la cabeza para eliminar el recuerdo de la primera vez que vio al Arcángel—. En cualquier caso, seguía de cerca el ambiente criminal, así que parecía natural utilizar mis fuentes para intentar averiguar tus intenciones. Mientras tanto, el Fiscal del estado había bloqueado mis investigaciones y casi me meten en la cárcel por intentar saltarme una orden judicial de secreto sobre los archivos que la DEA tiene de ti.

— ¿De verdad?

—Tranquila, no llegué a ver nada.

—De todos modos, ya sabes lo importante.

Liz la estudió durante un momento antes de alargar la mano y tomar la de Jude, medio temerosa de que el gesto fuera rechazado. Respiró aliviada cuando Jude entrelazó sus dedos con los de la reportera y tiró de ella hacia el pequeño sofá situado frente al escritorio.

—Eso es lo que estoy intentando hacer ahora —dijo despacio mientras se sentaban, ella sobre sus piernas cruzadas—. Contarte las cosas importantes. No quiero que haya nada más que se interponga entre nosotras.

Jude asintió.

—Me habría gustado que lo hubieras hecho antes.

—A mí también —estuvo de acuerdo la reportera—. Pero sinceramente, no sé si habría habido alguna forma fácil de decirte que tu amante era una reportera que te perseguía, que se dedicaba a investigar tu pasado extensivamente, y que se introdujo en tu vida de forma fraudulenta —ante la descripción Jude pareció no saber si reír o llorar. Ríe, Jude, por favor, suplicó en silencio. O si no, no tenemos nada que hacer.

Finalmente una risa estrangulada escapó de la garganta de la mujer oscura.

—Bueno....cuando lo pones así....supongo que tienes razón —estudió sus dedos entrelazados—. ¿Cuándo decidiste intentar encontrarme? Especialmente después de tanto tiempo.

—¿De verdad? No estoy segura, exceptuando que sabía que ningún archivo o "fuente" iba a decirme lo que quería saber.

—Y eso ¿era….?

Miró en las profundidades de los ojos de Jude, aliviada de ver que todavía brillaban con calidez. Después aspiró profundamente y dijo suavemente.

—Por qué no podía sacarte de mi cabeza.

La admisión se quedó descansando temblorosa entre las dos durante un momento, hasta que Jude preguntó.

—¿Qué piensa tu redactor en jefe de todo esto?

—Veamos, creo que la respuesta exacta fue: "¿Estás jodidamente fuera de tus cabales?" —sonrió ampliamente—. Esa es la respuesta habitual de Lucas para casi todo. Y en este caso pensó que mi plan era particularmente disparatado.

—Lo era —dijo Jude sin rodeos—. ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera sido como todo el mundo dice que soy? ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera....? —se detuvo de pronto, tragándose el resto de la frase.

—¿Qué hubiera pasado si me hubieras llevado al piso de arriba a tu habitación del Club y me hubieras seducido en lugar de llevarme a tu casa? —terminó Liz en su lugar—. ¿Qué hubiera pasado si me hubieras tratado como a cualquiera de las otras?

—Sí —dijo Jude en voz baja.

—¿Por qué no lo hiciste? —preguntó, queriendo saber porqué las cosas habían sucedido tan misteriosa, tan extrañamente bien entre ellas, cuando todo a la hora de conocerse indicaba que tenían que haber salido mal.

Jude apoyó la frente contra la de Liz, cerrando los ojos brevemente y atrayéndolas casi insoportablemente cerca.

—Porque no eres como ninguna otra mujer que haya conocido, Elizabeth.

—Déjame ver tus ojos —susurró con la voz rota por la emoción. En silencio, Jude obedeció a la petición; y Liz se encontró frente a un azul más profundo, más intenso que cualquier vista del océano, o cielo de verano, o joya centelleante que hubiera visto jamás. En los ojos de Jude vio una admisión descarnada de lo que quería, de necesidad y de amor. La contestó con una igual, esperando que pudiera transmitir una décima parte de lo que sentía por la mujer sentada a un suspiro de distancia. Sintió como a Jude se le cortaba la respiración, y supo que había tomado la ola en la que ella iba.

—Sí —murmuró, sintiendo los labios de Jude buscando los suyos—. Sí...

°°°°°°°°°°°°°°°

—Es un restaurante que se llama Barrido del Mar....sí. Lo sé, Lucas....No, no está en medio de ninguna parte....No....No....¡No! Ok....sí, dos horas. Bien. Nos vemos allí —Liz colgó el teléfono con un suspiro cansado y se dejó caer de nuevo sobre la cama en la que no había dormido desde hacía casi un mes.
Jude acarició perezosamente los finos mechones de pelo y los apartó de la cara de la reportera, estudiando los rasgos que había llegado a amar antes que a nada. Todavía no podía hacerse a la idea de los tumultuosos hechos que la habían llevado hasta aquí, pero imaginó que después habría tiempo suficiente para la reflexión. Previendo, por supuesto, que sobreviviera a la explosión que se venía.

—Ey....la tierra llamando a Jude…. —se centró en el verde amable de los ojos de Liz, sonriendo ante la calidez que había allí.

—Uy....lo siento. Estaba un poco distraída.

—¿Quieres compartirlo? —Liz se incorporó un poco, de modo que su cabeza descansara cómodamente sobre el estómago de Jude. De algún modo, habían acabado en la habitación tras su conversación, y Jude....siendo Jude, y Liz....incapaz de resistirse a Jude....bueno, las cosas rápidamente habían seguido su curso natural. Ahora Jude estaba tumbada cómodamente sobre las sábanas rosa oscuro, sirviendo de almohada satisfecha para que Liz se apoyara.

—Solo....pensaba sobre todo lo que ha pasado —hizo una pausa—. Y todo lo que va a pasar —echó una mirada a la figura dorada apoyada contra ella—. Todo va a ir muy rápido a partir de ahora. Lo sabes ¿verdad? —al contrario de lo que había dejado que Elizabeth creyera, sabía que en el minuto que la historia apareciera, iría caminando por ahí con una diana en su espalda. No había mentido cuando dijo que creía que la idea de Liz podía funcionar, lo único es que iba a funcionar por razones bastante diferentes de lo que pensaba. Esperaba provocar a quien quiera que hubiera coreografiado este baile en particular para que saliera a campo abierto. No podía disparar a lo que no podía ver. Era así de simple.

Sabía que había prometido a Elizabeth que intentaría encontrar alguna solución que no fuera la violencia, pero, sinceramente, no sabía cuál. Quien estuviera tras ella quería sangre. No era algo de lo que pudiera escapar. Empujando con resolución los oscuros pensamientos fuera de su mente, se acurrucó contra el cuello de Liz, mordisqueando la piel con suavidad.

—Uau, calma, Romeo…. —Liz advirtió pero su cuerpo se arqueó ante la caricia—. Tenemos dos horas antes de la cita con Lucas, y necesitamos ir a tu casa a recoger la documentación que va a necesitar.

—También tengo que recoger mi coche.

—Muy bien, ¿por qué no vamos a tu casa a recoger las cosas, después pasamos por el Club a buscar el Porsche, y vamos en coches separados al restaurante? —sugirió, sentándose con pesar—. Así, si Lucas quiere que vaya al periódico, puedo ir.

Jude se mordió el labio durante un momento pensando.

—Parece un buen plan. Vamos —se levantó con un elegante movimiento, mirando a su alrededor buscando la camisa que parecía haber desaparecido misteriosamente.

—Eh....¿Jude? —Liz la tomó por el brazo—. ¿Recuerdas la conversación de esta mañana sobre el “Agua de Burdel”? —un brillo travieso salpicó los campos de verde.

—Lo que quieres es volverme a meter en la ducha —dijo Jude con una mueca.

—Lo has entendido perfectamente —respondió con una mirada de lasciva—. Vamos, tenemos tiempo.

°°°°°°°°°°°°°°°
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Re: Lucifer rising, Sharon Bowers

Mensaje  malena el Junio 1st 2013, 8:15 pm

Capítulo 16

Jude y Liz traspasaron a pie la puerta de Barrido del Mar para encontrar una ansiosa Ria de pie en el puesto de camareros, con un fruncimiento de cejas acentuando sus ya expresivos rasgos.

—¿Qué está pasando? —preguntó sin preámbulos. Sus brazos estaban cruzados con fuerza sobre su pecho, y sus ojos ardieron intensamente al estudiar la figura vestida de cuero. Jude había llamado antes para advertirle que Lucas preguntaría por ella, pero la oscura mujer no había ofrecido ningún detalle aparte de ése. Sin embargo, Maria no era estúpida… no había sido la esposa de un agente de la DEA sin aprender que la información más importante, normalmente, no era verbalizada… y no le costó mucho darse cuenta que aquella petición hecha entre dientes probablemente estaba muy relacionada con el giro de Jude hacia la luz.

—¿Ni siquiera me corresponde un hola? —inquirió secamente Jude—. Quiero decir, ¿no estabas acosándome por mis modales el otro día?

La expresión de Ria no cambió.

—Hola, Jude, qué bueno verte de nuevo. Ahora, ¿qué demonios está pasando? ¿Estás bien?

Jude y Liz intercambiaron una breve mirada, y Jude levantó las manos en un gesto de paz.

—Espera, ¿ok? Primero de todo, ¿está él aquí?

—Sí, fuera en el porche. Le puse en tu vieja mesa, tal y como me pediste —lo señaló con un movimiento de cabeza.

—Genial —Jude se volvió hacia su amante—. ¿Quieres ir primero a hablar con él? —preguntó con una socarrona sonrisa—. Podría ser lo mejor, ya que él no me está esperando exactamente a mí.

—Eso puedo hacerlo.

Liz tragó saliva con fuerza, mirando el azul que había palidecido peligrosamente durante las últimas horas. La retirada de Jude más y más hacia dentro de sí misma mientras ponían en marcha su plan asustaba a la mujer más pequeña….tampoco ayudaba que Jude hubiera resucitado su vestimenta de Arcángel cuando volvieron a la casa. Pantalones de cuero y una camisa de seda azul oscuro envolvían ahora la piel de su amante con una amenazadora cercanía, resguardándola incluso del más leve de los toques de la mujer más pequeña. Cuando la periodista había mirado interrogativamente el atuendo, Jude se había limitado a encogerse de hombros y responder.

—Es lo que se espera de mí.

También se había quitado la funda de su hombro y había sacado dos revólveres de aspecto siniestro del cajón, metiendo uno ajustadamente en la pistolera y deslizando el otro en la cintura de sus pantalones mientras se dirigían a recoger el Boxster. Para alivio de Liz, los había dejado ambos en el coche cuando llegaron al restaurante. Ahora, la periodista se preguntaba ausentemente dónde más planeaba ir Jude y por qué esperaba que el lugar fuera tan inhóspito.

—¿Elizabeth? —la voz de Jude la arrancó de vuelta a las dos mujeres frente a ella.

—Sí, estoy aquí. Iré a hablar con Lucas. Lo tengo —asintió, suspirando pesadamente, y se volvió hacia el porche.

—Oye —Jude tiró del brazo de Liz, evitando que se marchara. El azul se suavizó de algún modo… como si hubiera fisuras en la tundra helada cuando miró a su amante—. ¿Estás bien? —murmuró suavemente.

Liz inspiró profundamente, preguntándose cómo podría responder a esa pregunta. En las últimas 24 horas, su amante había estado a un suspiro de matarla; había destruido casi irreparablemente la confianza de Jude en ella; y ahora….aunque era lo último que ella quería ver….estaba observando cómo Jude se deslizaba más profundamente hacia la oscuridad mientras intentaba salvar las vidas de ambas. ¿Cómo demonios podría estar bien?

—Sí, estoy bien —contestó—. Sólo estaba pensando en qué voy a decirle a Lucas.

Los ojos de Jude parecieron clavarse en la parte más profunda de su amante, y Liz sintió su corazón golpeteando dentro de sus confines.

—Pronto estará bien —susurró suavemente la oscura mujer. Esos ojos no se habían perdido nada. Habían leído cada dolor, cada miedo, y cada esperanza que la mujer de pelo color miel tenía respecto a los acontecimientos que estaban por venir. Gentilmente, ella acarició la suave curva de la mejilla de su amante, la suave caricia de sus dedos ofreciendo la tranquilidad que sus meras palabras no podían. Inclinó la cabeza de Liz para que encontrar la suya y dio gentilmente, con un tierno roce, un besito en los labios de la periodista—. Lo prometo.

Tranquilizada por la familiar calidez del tacto de Jude, Liz cerró los ojos y se dejó ser acurrucada en el abrazo de su amante. No le importó que Ria estuviera observando con ojos sorprendidos ni que los clientes del restaurante pudieran sentirse escandalizados por la exhibición. Anhelaba la seguridad de esos brazos rodeándole y el aplomo implícito de que enfrentarían cualquier cosa que ocurriera juntas.

—¿Mejor? —murmuró Jude, casi inaudiblemente.

—Oh, sí —respiró Liz—. No quiero moverme.

—Yo tampoco —convino suavemente Jude.

Ella levantó la mirada hacia la expresión cerrada de Jude, preguntándose qué elegiría su amante dejar que viera. La lejanía creciente de Jude le había golpeado duramente durante las últimas horas, y aunque ese pequeño intercambio alejó suavemente sus peores miedos, Liz no pudo detenerse y preguntó:

—¿Lo dices en serio?

Jude suspiró profundamente, con silenciosa pena.

—Claro que sí —dejó un besito sobre la frente de su amante—. Cuando todo esto haya terminado, quiero que nos vayamos lejos durante un tiempo muy, muy largo. ¿Qué dices tú?

A pesar de su tono tranquilo, la mirada de los ojos de Jude le dijo a Liz que aquello era mucho más que una petición casual. Era un juramento silencioso de que, si salían de esta, Jude estaba dispuesta a intentarlo, dispuesta a confiar. De nuevo a pesar de todo.

El corazón de Liz respondió a la solicitud con simple alegría. Sí… respondía. Sí a todo, al presente, al futuro, al dolor que ambas sufrirían inevitablemente, pero también a la abrumadora felicidad que sostener a aquella mujer en sus brazos le traía.

—Sí.

—Bien. Entonces está arreglado —tras un último apretón Jude la soltó—. Habla tú primero con Lucas, y yo me reuniré contigo en unos pocos minutos. ¿Quieres algo de beber?

Siempre práctica, Jude le estaba ofreciendo algo, a través de las primeras etapas de estos sucesos surrealistas que eran, de alguna manera, parte su vida.

—Sí, lo que vayas a pedir tú.

Jude se rió sombríamente.

—¿Por qué no te llevo lo que tomaste la otra noche?

Recordando el gusto de su amante por el bourbon, ella estuvo de acuerdo.

—Sí, eso sería probablemente mejor. Gracias.

—Sin problema. Prácticamente estoy en plantilla, ¿sabes? —Jude sonrió como disculpándose, su tono más ligero animando a Liz a relajarse.

La periodista se limitó a sacudir la cabeza con una irónica sonrisa y salió a buscar a su jefe.

°°°°°°°°°°°°°°°

Jude se volvió para encontrar la mirada de Ria fija firmemente sobre ella.

—¿Vas a decirme ahora qué está pasando aquí, Ángel? —sus ojos marrón chocolate barrieron una vez más la extensión de Jude, su mirada diciéndole a la agente que su transformación no había sido ignorada. Ni era apreciada—. ¿Quién es ese tipo?

Caminaron hasta la barra, donde Jude dejó su orden en voz baja.

—Es el Editor de las Noticias Locales para el Miami Herald.

Ria miró a su amiga impresionada.

—¿Cuándo empezaste a salir con periodistas?

Jude se rió sin alegría.

—Desde que empecé a salir con Elizabeth —sacudió la cabeza—. Pero supongo que debería empezar a
llamarla Liz desde ya.

—Dame una pista de esto —Ria puso una mano sobre los tensos músculos del antebrazo de Jude—. ¿Elizabeth es periodista?

Un asentimiento.

—¿Del Herald?

Un asentimiento.

—¿Por qué no me contaste esto la otra noche?

—No lo sabía.

Jude se acabó el bourbon en un solo trago y asintió al camarero para que se lo volviera a llenar. La verdad de todo estaba penetrando rápidamente a la ex agente. Las decisiones que había tomado en las últimas 24 horas habían sido totalmente instintivas….respuestas a un clamor en su corazón y su alma que no podía ser negado durante más tiempo. Pero sabía que sólo el tiempo revelaría si sus decisiones habían sido sabias. Rápidamente, esbozó la historia de cómo Liz había llegado a buscar al Arcángel, y la confrontación resultante del día anterior.

—Hija de perra —maldijo entre dientes Ria—. No puedo creer que todo fuera una mentira —su cuerpo se tensó cuando se volvió para darle a la mujer de pelo color miel una porción de lo que pensaba, pero el firme agarre de Jude le mantuvo en su sitio—. ¿Cómo se atreve? —la ira llameaba en sus ojos.

—No, Maria —los ojos azules miraron directamente a los marrones, contanto una historia totalmente propia….de rabia, pena, y, milagrosamente, perdón—. No todo fue una mentira. No puede serlo.

Ria resolló suavemente, sabiendo ahora que Jude no estaba hablando simplemente de palabras ni de hechos. La oscura mujer estaba hablando de una verdad profunda que reposaba entre ella y la periodista de pelo claro. Reconocía la expresión del rostro de Jude: era la que su marido siempre había lucido cuando hablaba del oscuro espejo de su alma.

—La amas.

No era una pregunta.

Jude hizo una leve mueca como si la hubieran golpeado. Su boca se torció en una mueca.

—Claro que la amo —la tensión desapareció en el aliento del aire que la transportaba—. Sólo desearía que no doliera tan malditamente mal ahora mismo —murmuró, bajando la mirada hacia el líquido ambarino de su vaso.

Ria estaba más cerca de Jude de lo que la oscura mujer dejaba llegar a nadie, pero había una incomprensión perdida en la voz del Arcángel que ella nunca había oido procedente de aquella mujer, a quien ella y Jason siempre habían mirado como alguien ligeramente distinto a los humanos. Su corazón sufría ahora por una niña perdida que nunca había conocido el amor ni la seguridad, y al mismo tiempo llameaba con una indignación asesina hacia quien había maltratado tan duramente aquel precioso regalo.

—Ella no merece tu amor, Ángel.

Jude terminó su copa y observó a Maria con un gesto equilibrado. Sus ojos chispearon levemente ante la declaración de su amiga, y no supo si estar enfadada o conmovida por las palabras bien intencionadas. Especialmente ya que venían de una mujer que, hacía sólo unos pocos años, habría condenado alegremente el cuerpo de Jude a las llamas del Infierno que existiera, fuera el que fuese.

—No creo que decir eso te corresponda, Ria.

La mujer más pequeña se pasó una mano por el desordenado pelo oscuro y estudió a su amiga con exasperación creciente.

—Tú sólo te has plantado ahí y me has dicho que esa mujer te acosó, te acosó, Ángel, durante casi un año antes de arreglar un encuentro contigo bajo falsas premisas. Prosiguió a envolverse contigo bajo esas mismas falsas premisas y sólo te dijo la verdad después que la descubrieras en el acto de repasar tus archivos privados —su voz aumentó con incredulidad mientras terminaba—. ¿Qué me estoy perdiendo?

La mirada de Jude había vuelto a su ahora copa llena.

—Ella me ama.

Fue tan suave que Ria estuvo a punto de no oírlo.

—¿Te ama? —repitió ella con incredulidad, perpleja porque Jude hubiera dicho realmente aquellas palabras
—. ¿Por qué deberías creerle? ¿Quién te dice que no es simplemente otra de sus mentiras?

Ojos azules se fijaron en ella con una intensidad aterradora.

—Porque sé que es la verdad —gruñó Jude, su voz más baja y amenazante de lo que Ria la había oído nunca. La oscura mujer se inclinó más cerca de su pequeña amiga, de forma que llenaba la mirada color marrón chocolate—. La lancé a lo largo de una habitación, Ria. Le puse una pistola en la cabeza y le dije que si volvía a verla de nuevo, la mataría —Jude se echó levemente hacia atrás—. ¿Y sabes qué? —se detuvo ligeramente para darle efectismo—. Ella vovió a mí. Me persiguió y exigió que le escuchara —sus dedos se cerraron sobre el tranquilizador grosor de la copa que reposaba sobre la barra; y Jude sacudió la cabeza lentamente, aún sin creerse del todo las temerarias acciones de Liz—. Ahora, dime una cosa….Incluso por alguien a quien amaras, ¿harías eso? ¿Aunque supieras que para ellos, matar es más fácil que amar? —inconscientemente, repitió las palabras que Liz le había dicho hacía sólo unos pocos días. Éste era el mismo monstruo al que se había enfrentado Jason, y ambas mujeres sabían que no importaba cuánto hubiera amado él a Jude….él había estado finalmente demasiado asustado como para enfrentarse de cara con los demonios que batallaban contra Jason por el alma de Jude. Sus caminos se habían separado hasta que un último encuentro predestinado les había reunido de nuevo, y los demonios habían terminado ganando. Jude asintió levemente—. Así es como sé que ella me ama.

—¿Entonces la has perdonado? ¿Así de simple? —la pregunta se le escurrió sin que ella la pensara realmente.

Jude se rió secamente.

—Ria, soy la última persona del mundo con derecho a garantizarle el perdón a cualquiera. Después de todo lo que he hecho. a gente que se lo merecía y….que no.… —fallándole, las palabras se quedaron en silencio, y ella se encogió de hombros indefensa.

Ria estudió atentamente a su amiga, asumiendo la desconocida luz que brillaba en los ojos azules cuando hablaba de Liz, incluso a pesar de su traición. Reticentemente, sacudió la cabeza.

—Esto es mucho que aceptar, Ángel —enlazó los elegantes dedos de la oscura mujer con los propios—. Si dices que está arreglado entre ustedes dos, entonces yo no puedo discutir eso. Pero me siento furiosa porque te haya hecho daño, y no estoy segura de poder perdonarla por ello —viendo a Jude a punto de hablar, levantó una mano con advertencia—. Eres mi amiga, y no renunciaré al derecho de estar enfadada en tu nombre. Nunca te había visto así, Jude….Nunca. Siempre supe que tenías una increíble capacidad para amar en tu interior….tu lealtad hacia Jason demostró eso. Pero nunca pensé que serías capaz de permitirte ser amada —apretó con fuerza en brazo de Jude—. Eso es más difícil para ti, creo yo.
Un profundo rubor calentó los rasgos de Jude, y ella recordó por qué siempre había detestado las charlas como aquélla. Lo que sentía por Elizabeth, no obstante, no le permitía alejarse ni del hecho de amar a la periodista ni, si las últimas 12 horas suponían alguna indicación, de expresar aquel amor en voz alta. En los corredores donde se había movido eso podría demostrar ser fatal, tanto para ella como para aquellos a quienes quería. Había mantenido a Ria y a Jessie lejos de las sombras mediante mantenerse a sí misma bastante alejada de ellas. Aquel estridente e innegable clamor de su sangre por Elizabeth había destruido todas las barreras entre ellas, y con eso, toda esperanza de mantener a las sombras lejos de su amante. La única opción que Jude tenía ahora era barrer lejos las sombras, y rezar porque los dioses que existieran no la quemaran viva por salir a la luz de una vez por todas.

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Re: Lucifer rising, Sharon Bowers

Mensaje  malena el Junio 1st 2013, 8:18 pm

Incluso en la sonora muchedumbre del viernes noche, Lucas era definitivamente fácil de divisar. Entre los clientes mayormente jóvenes y de clase alta, él suponía un agudo contraste con su camisa arrugada, su corbata perpetuamente mal abrochada, y su despeinado pelo gris. No ayudaba en absoluto que a juzgar por su expresión, pareciera que la taza que sostenía en su mano contuviera un café de seis horas de antigüedad, en vez de la enorme jarra de cerveza que actualmente tenía frente a él. Ella le hizo gestos elegantes con la mano, intentando ordenar sus tumultuosos pensamientos, pero incapaz de concentrarse realmente en nada que no fuera la dorada calidez que había sentido en brazos de Jude.

—¡Ey, aquí! —sonrió suavemente a su editor, cogiéndolo por sorpresa. Se deslizó tranquilamente en el asiento frente a él, preguntándose si había sido allí donde Jude se había sentado durante todas esas noches con Jason o si ésa había sido la silla de su compañero. Liz no era estúpida.…se daba cuenta de muchas maneras de haber tomado el lugar de Jason en la vida de Jude, rellenando una necesidad en la oscura mujer que ésta nunca pudo pronunciar con palabras. También era vívidamente consciente de que esas mismas cosas que habían alejado a Jason de Jude eran las cosas que la atraían a ella hacia la oscura mujer con la exactitud inequívoca de una polilla hacia la llama. Para su sorpresa, había descubierto que la llama no quemaba….se enroscaba a su alrededor cuidadosamente, entrando en ella con una inesperada ternura y bailaba en su sangre con una posesión innegable. Ese fuego ardía ahora en sus ojos, mientras contemplaba a su jefe—. ¿Vienes a menudo por aquí?

—¡Gardener! —la cabeza de Lucas se levantó de golpe, ya que había estado observando obstinadamente su cerveza—. ¿Dónde jodidos has estado? —la miró cuidadosamente, fijándose en el pequeño corte en un extremo de su boca y el pequeño morado de su mandíbula—. ¿Y qué jodidos te ha ocurrido?

—Lucas, suenas como mi padre….salvo por el hecho que….él nunca diría ‘jodidos’. Bueno, como sea sigues sin sonar como mi editor.

Ella se había fijado por primera vez en las heridas cuando se estaban preparando para venir. Jude había lucido un rostro avergonzado hasta que la periodista señaló la herida pareja en la propia mejilla de Jude. Estamos a mano, amor….Solamente no quiero que esto vuelva a suceder, ¿ok?

—Qué bueno que yo no sea tu padre, porque de lo contrario te tendría sobre mi rodilla. No puedo creer que me hablaras de este plan descabellado, en primer lugar —él sacudió la cabeza con agitación ante su propia estupidez.

—Estuviste de acuerdo porque pensaste que yo no tenía ni una triste posibilidad en todo Miami de que tuviera éxito —respondió ella con una risilla—. Y normalmente, habrías tenido razón.

El océano, visible sobre el hombro de Lucas, estaba calmando los nervios de la periodista con su tranquilidad. El continuo movimiento de las olas le recordaban al silencioso y poderoso golpeteo del corazón de su amante. Tenía ganas de pasar largas horas enroscada en los brazos de Jude, sólo escuchando ese sonido. Cuando todo esto termine….era el mantra al cual se agarraba ahora, lo único que le estaba ayudando a salir de aquello. Saber que ella y Jude tenían todo el tiempo que necesitaran para explorar el corazón, la vida, el alma de la otra. Saber que Jude aún deseaba aquello era todo lo que importaba. Costara lo que costara, haría lo que hiciera jodidamente falta para asegurarse que ambas sobrevivían para rellenar la promesa del mañana.

—¿Entonces, dónde me equivoqué? ¿O debería decir, dónde acerté? —se bebió casi toda su cerveza y gesticuló al camarero para que se la rellenara—. ¿Quieres algo?

Liz sacudió la cabeza en gesto de negación.

—Tengo algo en camino —eso es quedarse corto.

—¿Y bien? —él la miraba impacientemente. Ahora podía olerlo, ella podía decirlo, la historia que se estaba cociendo. Los músculos de su cuello se agruparon cuando él se echó inconscientemente hacia delante en la silla, dando golpecitos con el pie en un staccato incesante. Liz podía sentir la mesa vibrando suavemente siguiendo su ritmo—. ¿Qué te ha ocurrido, Liz?

Ella sonrió serenamente a su jefe, sabiendo que sus palabras iban a enviarlo sobre el límite.

—Me enamoré, jefe —Lucas llenó sus pumones de aire con objeto de empezar su recital, pero Liz lo detuvo con una palma levantada—. Llámalo destino, llámalo voluntad de Alá, llámalo mirar sobre una sala llena de gente y ver a la mujer más hermosa que he visto nunca en mi vida devolviéndome la mirada. A mí —repitió suavemente, casi para sí misma. Ella nunca sabría a ciencia cierta qué había visto Jude en ese instante en el cual sus ojos conectaron, pero ahora creía que debió ser algo semejante al calor que había recorrido su espalda mientras se sometía a la mirada de Jude. Fuego oscuro, murmuró para sus adentros, olvidando a su jefe. Ella es una llama que arde sin luz. De algún modo, Liz sabía que era parte de su destino devolverle a Jude la luz que le habían robado hacía años.

—¿Liz? —Lucas hizo gestos con la mano delante de ella—. ¿Liz? Vuelve....

Ella devolvió de golpe su mirada al hombre que aguardaba delante suya, reparando en su cansado rostro. Los años habían pasado su atención sobre Jack Lucas. Pequeñas patas de gallo alrededor de sus ojos creaban la ilusión de un hombre risueño, pero cualquiera que hubiera pasado tiempo cerca de Lucas sabía que esas marcas eran el resultado de demasiados años pasados escudriñando copias de noticias, más que indicaciones de un temperamento claro. Sus ojos eran del mismo gris metálico que su pelo, y sólo perdían su matiz apagado cuando presentían una historia en el horizonte. Como ahora.

—Sólo intentaba pensar en un modo de explicar todo lo que ha ocurrido.

—Dame los titulares —sugirió él.

—No es tan sencillo —Liz sacudió la cabeza. Incluso si hubiera querido, no había forma de reducir las últimas semanas a una simple pepita de oro adecuada para la publicación. Por primera vez en su vida, las palabras le fallaron, y Liz descubrió para su sorpresa que, en realidad, le importaba un demonio.

Lucas perdió la poca frialdad que le quedaba.

—¿Entonces qué demonios es, Liz? Desapareces durante semanas con sólo una llamada telefónica para decirme que realmente no sabes nada, realmente no puedes explicar nada, pero me mantendrás informado —se pasó una iracunda mano por el pelo—. Tuve que aprender a usar el jodido mail, ¿sabes, Liz? ¿Sabes qué dolor en el trasero fue eso para mí? ¿Y qué obtengo a cambio? Nada. Absolutamente-jodido-nada.

Liz protestó.

—Eso no es cierto. Te mandé correos....

—Diciendo básicamente “Me divierto. Ojalá estuvieras aquí”. Sólo que yo no sabía dónde jodidos era ese “aquí”. Sabía que te las habías arreglado para que casi te mataran menos de tres horas después de estar acompañada por esa mujer. Y que ya no estabas pasando las noches en tu casa. Después me llamas ayer y dices que Lucien aún está trabajando para la D-jodida-E-jodida-A. Ahora te ves como si hubieras tenido tres asaltos con Joe Louis.

—Difícilmente —se mofó Liz.

—Liz... no me estás contando lo importante. ¿Con quién jodidos te estás enredando que te está plantando moretones en la cara?

—Conmigo —fue la baja respuesta que llegó desde atrás de la espalda de la periodista.

La atención de Lucas voló hasta la impresionante mujer de pie detrás de Liz, sus ojos agrandándose involuntariamente mientras se fijaban en la impactante visión de Jude Lucien. No había nada sutil en las oleadas intimidatorias que parecían emanar de su piel. Liz ladeó la cabeza hacia atrás para echarle a su amante una sonrisita. Podía detectar débilmente los cálidos trazos de la esencia picante de su amante mezclados con el cuero, y eso le recordó el lado más suave y flexible de la mujer tras ella. Viendo los dos vasos en la mano de Jude, preguntó:

—¿Uno de esos es para mí?

—Sí. Aquí tienes.

Una sonrisa casi imperceptible destinada sólo a Liz parpadeó en el rostro de la oscura mujer mientras alargaba la bebida. Descuidadamente, enganchó su bota en el travesaño de una silla cercana y la atrajo. Estirándose junto a su amante con la elegancia alerta de una depredadora, volvió una penetrante mirada azul al hombre que se encontraba frente a ella.

—Tú eres Lucas.

Su voz había descendido una octava de su registro habitual, y Liz observó perpleja cómo los rasgos de Jude parecían recolocarse hacia los duros planos que ella reconocía como pertenecientes al Arcángel. Mientras se preocupaba por la cordura de su compañera, una parte de su instinto de cuenta cuentos se maravilló ante la oportunidad de observar a la oscura cazadora trabajando.

—Y tú eres la perra que golpea a mujeres —él hizo un gesto hacia el rostro magullado de Liz.

Los ojos de Liz se abrieron de golpe cuando Lucas desveló unos cojones que ella nunca imaginó que él tuviera. Pero por otro lado, recordó, él se había mezclado con asociaciones corruptas en el apogeo de su carrera. Echó una breve mirada a su amante, que sonreía ligeramente y no mostraba vestigio alguno de insulto. Gracias a Dios que dejó las pistolas en el coche.

—¿Vas a defender su honor? —inquirió Jude suavemente. —Muy noble de tu parte. Sin embargo…. —sus dedos recorrieron el oscuro corte en su propia mejilla—. Elizabeth es más que capaz de defenderse a sí misma —sonrió a su amante y volvió a mirar fijamente a Lucas—. Dijo que estábamos a mano, pero si tú no lo crees.... —Sus palabras se apagaron ligeramente, con una clara implicación.

Liz observó asombrada como todo sobre Jude parecía cambiar, desde las pautas en su discurso hasta la forma en que su cuerpo se tensaba en una tranquila amenaza, cada músculo compenetrado con su entorno.

Lucas pasó la mirada de Jude a Liz y de vuelta a la primera.

—A mano, ¿eh? —que las dos mujeres estaban juntas era inconfundible. El cuerpo de Liz se apoyaba ligeramente hacia el de Jude, mientras que la mujer morena había elegido claramente sentarse al lado de la mujer más pequeñas.

—Aunque me atrevo a decir que el episodio completo nunca habría sucedido si yo no la hubiera encontrado en la comprometida situación de rebuscar en los archivos de mi ordenador —arqueó una insegura ceja hacia el editor de la sala de prensa. —Dime, señor Lucas, ¿tienes el hábito de permitir a tus reporteros fraternizar con Señores asesinos traficantes de drogas? ¿Todo por una historia? Incluso para mí, la vida parece un precio demasiado alto a pagar por un simple titular.

—Tú no eres una asesina traficante de drogas —protestó Liz, defendiendo instintivamente a Jude, incluso antes que a sí misma.

Una suave sonrisa arruinó la cara de la mujer morena, pero ella la cubrió arqueando escépticamente la ceja mientras ojeaba al editor en frente suya.

—Ah, pero eso es lo que el señor Lucas me llamó en la editorial que escribió durante mi juicio. ¿No es así,
señor Lucas? —Lucas abrió su boca, y luego la cerró sorprendido—. Trabajo de investigación en ambos lados, como puedes ver.

—Jude —advirtió Liz en un tono de voz que claramente le decía que parara de jugar con su comida.
La mujer morena sonrió malignamente hacia la reportera, pero hizo un suave movimiento con la cabeza en reconocimiento.

—Afortunadamente, como a Elizabeth le gusta decir, soy ambas, menos y más de lo que esa descripción implica.

—¿Significa? —preguntó Lucas.

—Significa que no estoy interesada en matar a una mujer inocente —se detuvo, con un gran suspiro y dudando sobre lo que iba a decir—.Y mucho menos a una a la que amo tanto como amo a Elizabeth.

El precipitado grito no vino de Lucas sino de Liz, quién no esperaba la declaración. ¿Lo hace...? Ella alcanzó y cuidadosamente entrelazó sus dedos con los de Jude, arreglándoselas para contener el resto de su reacción en un feliz apretón que amenazaba con romper la mano de la mujer morena.
El rostro de Jude no mostró ningún cambio, pero devolvió el apretón con los dedos, reconociendo la importancia de lo que había dicho.

—Como ve, señor Lucas, creo que podemos ayudarnos mutuamente.

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Re: Lucifer rising, Sharon Bowers

Mensaje  malena el Junio 1st 2013, 8:22 pm

Jude y Liz pasaron las cuatro horas siguientes con los detalles no solo de lo ocurrido en las últimas semanas, sino en los últimos años en la vida de Jude. Lucas escuchaba con creciente asombro como Liz contó la historia verdadera tras la caída de Jude, su posterior alzamiento al poder ilícito y sus más recientes intentos de expiación.

—De ninguna jodida manera —fue todo lo que pudo decir cuando ellas acabaron.

—¿Perdona? —Jude preguntó inexpresivamente.

—Quiere decir que no puede creerse que nosotras estemos tan tranquilas con una historia tan grande —tradujo Liz.

La agente arqueó una ceja socarronamente. —Gracias.

—¿De vuelta? —Él miró a Liz.

Jude se giró hacia su amante para la traducción.

—Cómo voy a escribir eso. —Liz murmuró. Le contestó a Lucas—. Estaba pensando en ir directo al presente. A como ella está trabajando duramente para acabar con el resto del Cártel mientras los auténticos pillos intentan matarla.

Él asintió. El oportuno brillo en la reportera debido a la reciente historia no escapó a nadie de la mesa. Él miró astutamente a Jude.

—Espero que sepas que esto te va a convertir en un objetivo —él no había pasado años reventando traseros a los sindicatos corruptos por nada. El que denunciaba dentro de su propia empresa, especialmente en un juego sucio como este, era siempre el primero en caer.

—Lo sé —contestó Jude normalmente, incluso aunque ella estaba maldiciendo a Lucas silenciosamente por hacerla decir eso delante de Elizabeth.

—¿De qué están hablando? —Liz apartó la mirada de su amante para dirigirla a su editor. Lucas estaba mirando a Jude con compasión y respeto, mezclado con una muy saludable dosis de miedo por lo que ella había sido y todavía era—. No, Lucas, nosotros vamos a arrojar demasiada luz sobre ella. ¿Sabes? Así que ella estará en un alto perfil para que la maten —ella volvió a mirar a Jude quien examinaba el fondo del vaso de bourbon—. Jude? —no hubo respuesta—. Jude.... —agarró la barbilla de Jude y forzó a que sus ojos se encontraran—. Mírame —Lucas no podía esconder su impresión a que el Arcángel fuera tan fácilmente manejable ante la pequeña reportera. Repentinamente, se levantó y se excusó por algo que sabía que no debería ver.

—¿Por qué no nos consigo otra copa?

Ninguna mujer notó que él se retiró con agradecimiento de la mesa.

—¿De qué estaba hablando? —Los ojos de Liz estaban medio desesperados medio furiosos, mientras buscaban la expresión de la mujer a su lado—. ¿Qué estás planeando? —Jude liberó gentilmente su barbilla del agarre de Liz y estrechó su mano entre las suyas, acercándola a su boca y besando suavemente su palma. Guió a Liz de la mano hasta el final del patio, alejandose de los entrometidos ojos de la exuberante multitud. El manto de la noche las protegía allí, permitiendo a Jude una libertad de expresión que de otra forma no tenía.

—Te amo —dijo tranquilamente, su mirada nunca titubeó en los cálidos ojos verdes de su amante—. Lamento no habértelo dicho antes....de que se lo dijera....a él. Ella hizo un gesto hacia la silla vacía donde Lucas había estado sentado.

—Yo también te amo, Jude —ella trazó una grácil línea por la mejilla de Jude, la punta de sus dedos siguiendo la herida que ella había puesto allí. La mujer morena suspiró profundamente dejando caer su cabeza y cerrando sus ojos cuando sintió las delicadas caricias de las manos de su amante entre sus cabellos—. Pero necesito saber qué estás planeando. Por favor.

Jude se volvió hacia los preocupados ojos verdes de su amante.

—Él tiene razón, Liz. Cuando esta historia salga, ellos vendrán tras de mí.

—¿Entonces por qué demonios estamos haciéndolo? ¿Por qué dijiste que pensabas que mi plan funcionaría? —el enfado aumentó profundamente en la reportera, nacido más de la desesperada preocupación sobre lo que le pasaría a su amante que de haber sido engañada.

—Tu plan funcionará —la contradijo Jude —solo que no de la forma que tú pensabas que lo haría.
Liz gesticuló impacientemente, como diciéndole que se explicara—. No puedo disparar a lo que no puedo ver, Liz —Jude dijo simplemente.

Involuntariamente, los pensamientos, de la mujer rubia volvieron a lo que Jude había dejado en su coche.

—Yo pensaba que íbamos a tratar de resolver esto de alguna manera que te no implicara a ti y una pistola.

Jude se pasó una mano cansada por el pelo y dio un paso atrás.

—Si supiera otra manera, lo haría. Pero, el hecho es....No importa qué tipo de “efecto” pongas en esto....siempre habrá más gente que esté feliz de verme muerta que viva. No es que yo sea una inocente en todo esto. Mirándolo bien, no creo que La Agencia realmente quiera verme muerta. Sé que no es decir mucho, pero ellos preferirían tenerme a mí antes que al Medellín o el Calli. Esencialmente me deshice de Massala por ellos.

—Así que, ¿crees que es sólo una persona de tu grupo?

—Sí. Pero si la historia sale a la luz ....salpicaría tanto a La Agencia, que querrían verme muerta.

La periodista negó con la cabeza.

—Estoy confundida. Entonces, ¿por qué sacar la historia?

—Apuesto a que si el canalla se entera de que la historia va a la imprenta le provocará
hacer un movimiento. Si él cree que sabemos quién es, tratará de detenerme —hizo una pausa y luego agregó—. Kent está en camino.

Los ojos de Liz se agrandaron con alarma.

—¿Crees que está implicado? —se agarró al antebrazo de su amante con fuerza.

Jude acarició suavemente la mano de Liz, curiosos sus dedos aunque dolorosos sus músculos.

—Creo que es un canal de información. Eso es todo —espero. Al hablar sobre el pasado con Elizabeth, se había dado cuenta de que Kent había involucrado, de alguna manera, a través de cada paso en su viaje de pesadilla. Mientras que ella no creía que fuera lo suficientemente inteligente para tener el cerebro en todas las cosas, la velocidad con la que la muerte de Jason había sido cubierta había, como Elizabeth había señalado, apestado a pánico y miedo. Kent estaba escrito por todas partes, pensó sombríamente, recordando la facilidad con la que él se había rendido antes.

La presión de la piel de Elizabeth en la de ella desviaba su atención.

—Así que todo esto con Lucas ¿era sólo una cubierta?

Jude sacudió la cabeza.

—No. Quiero que escribas la historia. Pero aguanta. Si tengo razón, todo esto va a suceder esta noche o mañana. Y si las cosas salen mal....

—No digas eso— declaró Liz.

—Tengo que decirlo,—Jude insistió, mirando fijamente a su amante—. Escúchame ....Si las cosas salen mal, quiero que publiques la historia. Eso te protegerá. Aunque a La Agencia no le importa quitar de en medio a un civil o diez, odiaría tener que hacerlo en medio de un centro de atención. Quebrando la verdadera historia tras el Arcángel te dará un foco bastante grande. Confía en mí —ella se acercó y con cuidado trazó las líneas de la cara de su amante—. Incluso si no puedo volver contigo, todavía te puedo proteger. Déjame hacer eso. —Jude se inclinó para darle un beso dulce, dejando que sus labios la rozaran suavemente durante unos momentos antes de separarse—. Por favor.

—Es mejor que vuelvas a mí, Jude Lucien —Liz murmuró, enterrando la cabeza en el hueco de
su hombro y entregándose al suave abrazo de su amante.

—Créeme, amor, tengo toda la intención de volver contigo —Jude podía sentir la forma de la sonrisa de Elizabeth en su cuello—. Tú y yo, tenemos unas vacaciones planeadas —eso le consiguió una suave presión de un beso en su cálida piel—. ¿Un trato?

La discreta aclaración de una garganta detrás de ellas interrumpió la respuesta de Liz. Jude miró por encima de su amante para ver la forma de Kent esbozada por las luces brillantes del restaurante.

Nunca lo había considerado un amigo...Cuando se conocieron ella no tenía ningún concepto de lo que era la amistad....y su cobardía había sellado una puerta entre ellos que siempre permanecería. Ella no había actuado contra él personalmente: algunas personas, la mayoría de las personas, simplemente no habían sido hechas para cubrir el trabajo en profundidad. Lo que ella sostuvo contra él fue que no lo admitiera y saliera antes de que sucediera la catástrofe. Si hubiera sido asociado con cualquier otro que no fuera el Arcángel, no habría habido dos agentes muertos y meses de trabajo destruidos por su descuido.

Afortunadamente, Kent había sobrevivido para ver el error de sus actos.

Había demostrado ser un miembro muy talentoso de su Unidad de Apoyo a la Investigación, en el seguimiento de múltiples agentes y por proporcionar información de antecedentes. Jude tuvo el gusto de dejarlo supervisar sus equipos de apoyo, basándose en su experiencia administrativa para conseguir lo que necesita y cuándo lo necesitaba. El hedor de la cobardía, sin embargo, siempre se aferró a él. Se podía ver en sus ojos cuando la miraba. No había estado bromeando cuando le dijo a Liz que Kent era un hombre de empresa. Había estado en la agencia, en primer lugar, por último, y siempre, y su fracaso en el campo le asestó un duro golpe. Otros lo llamaron un fanático, por supuesto, esas mismas personas la llamaban un Arcángel, pagando íntegramente sus cuotas y haciendo caso omiso, prefiriendo su propio juicio.

Ahora, mientras miraba su silueta, se preguntaba si no debería haber prestado más atención a los rumores que siempre habían arrastrado detrás de él.

—Perdón por interrumpir ....eh....—mostró su sonrisa fácil—. Pero tu llamada sonaba bastante importante.

—No hay problema —Jude respondió con la misma facilidad, un brazo descansando casualmente sobre los hombros alrededor de Liz—. Solo estábamos....tomándonos un momento.

—No se te puede culpar —su mirada abarcaba la figura esbelta de Liz con admiración, y los ojos de Jude involuntariamente se estrecharon al escudriñarlo—. Eres una mujer muy afortunada, Jude.

Los músculos de la mujer morena se relajaron un poco por la nota de respeto en la voz de Kent.

—Sí, lo soy —concordó con sencillez—. Venga, vamos a sentarnos. Tenemos mucho de que hablar.

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Liz se disculpó con ella de la manera más discreta posible, medio temiendo que si se quedaba más tiempo se traicionaría en sus sospechas a Kent. Ella encontró Lucas aún en el bar.

—Mucho que asimilar, ¿eh? —ella preguntó con tristeza, de pie en la esquina de la barra donde él estaba sentado.

Sacudió la cabeza.

—Todavía no puedo creer la mitad de las cosas que ha hecho.

—Ella no es una mala persona, Lucas —Liz respondió acaloradamente, todavía dispuesta a defender a su amante.

—Yo no he dicho que lo fuera —él levantó la mano en señal de rendición—. Creo que ella ha hecho algunas cosas mal....pero, de nuevo, una vez más, no puedo imaginar lo que sería ser obligado a matar a la única persona en mi vida que significaba algo para mí —Liz dejó escapar un profundo suspiro.

—Lo sé....no sé cómo ha sobrevivido.

—La mayoría de la gente no lo haría —Lucas respondió sin rodeos—. Y de alguna manera no puedes culparla por perderse en su camino. Pero Liz, eso no la exime de las cosas horribles que ha hecho desde entonces. Sabes….

—Sí, Lucas, lo sé —la periodista interrumpió—. Sé exactamente lo que ha hecho. Recuerda, yo fui la única obsesionada con ella durante meses. Quién sacó todos los archivos, quién hablaba con toda la gente demasiado temerosa de hablar, quién miraba todas las fotos de la escena del crimen de La Masacre

—se frotó el puente de la nariz con cansancio y luego se pasó una mano por el pelo. Fue un gesto que reflejaba la costumbre propia de Jude y si la reportera pudiera haberse visto a sí misma se habría reído. Pero su mente estaba perdida en el recuerdo de su amante, cubierta de una sangre que no era la suya—. Lo sé —repetía en voz baja.

—¿Y la amas? —Lucas preguntó en voz baja.

Se cruzó con la mirada afectada de su jefe, preguntándose cómo diantres podría explicar por qué amar a Jude Lucien no era algo sobre lo que ella tenía que pensar....que era simplemente una parte de lo que era ahora. Cómo podría explicarle los días y las noches de conversación cuando Jude se abría a ella, revelando las décadas enterradas en sí misma. Como Jude había entregado los fragmentos de su alma destrozada a la atención de la rubia reportera, juntas ellas habían comenzado a reparar los daños, sustituyendo la pérdida de Jason por un ambiente cálido, un amor dorado que la mujer ni siquiera había soñado sentir. Liz había visto de primera mano las cicatrices en la psique de su amante, y sabía que no había manera de expresarle a Lucas lo que la oscuridad le había costado a Jude. Amaba a Jude por todas estas razones.

También amaba a Jude, por el infinitamente precioso regalo que le había dado a Liz. Por primera vez en su vida, sentía que vivía y respiraba, no sólo servía para contar historias de otras personas. La distancia vaporosa había desaparecido entre ella y el resto del mundo que le había permitido entender sin empatía se había ido....y ella fue empujada de cabeza en el vertiginoso mundo de la emoción, la pasión, la ira, la violencia de sus colores oscuros mezclados con los más ligeros del amor, la ternura y la alegría en el lienzo de su vida. Ahora sabía lo que lleva a la gente a amar....a matar...y una parte de ella se preguntó qué pasaría con ella si Jude no regresaba de este último viaje.

—¿Cómo? —él repitió lentamente, dibujándose dentro de su introspección—. ¿Cómo puedes quererla?

No, no había manera de explicarlo, se dio cuenta.

—Simplemente la amo.

Por el rabillo del ojo, captó a Kent caminando rápidamente a través de las mesas, deteniéndose para hablar con Ria y darleun beso en la mejilla. Sus rasgos normalmente rojizos le parecían pálidos a la periodista, pero podría haber sido sólo un truco de la luz. Una cálida presencia a su espalda se anunciaba como su amante.

—Hola—, dijo sin volverse.

—Ey —Jude murmuró en voz baja, asintiendo con la cabeza a Lucas. Sus brazos en torno a la cintura de Liz, queriendo sentir el confort del cuerpo esbelto de su amante, se apretó contra ella por tan sólo unos momentos más antes de que ella se tuviera que ir.

Liz inclinó ligeramente la cabeza para estudiar la expresión cerrada Jude.

—¿Qué te dijo?

—Lo que tú esperarías — respondió enigmáticamente.

—¿Adónde va?—

—Dijo que tenía que encontrarse con Tony en la oficina para una reunión informativa sobre un caso en el que habían estado trabajando. Mi conjetura es que él está llamado a su jefe —Lucas estaba atento a no perderse nada del intercambio.

—¿Estás esperando problemas?

Jude rió sombriamente.

—Siempre estoy esperando problemas Sr. Lucas.

El hombre mayor estudió a la pareja, como sus cuerpos parecía entrelazarse naturalmente, dos mitades de un hendido conjunto.
—Jude ...— Él parecía tropezar con su nombre. —Llámame me Lucas. Todos los demás lo hacen.

Las cejas rubias de Liz se alzaron espectacularmente ante reconocimiento tácito de su jefe sobre el lugar de Jude en su vida. Un murmullo de sorpresa atravesó su cuerpo, no obstante, aceptó la obertura de gracia.

—Gracias.

—Está bien.... —Lucas tomó el último sorbo de su cerveza y alcanzó su cartera. Dejando un par de billetes sobre la barra, él asintió con la cabeza a los dos—. Creo que tengo suficiente para empezar a trabajar en las piezas de la historia principal. Estaba pensando tal vez en una línea de tiempo, extraida de una operación. Algo así.

—Suena bien —Liz acordó, tensando sus músculos, ya que su cabeza volvió a las razones que las llevaron a estar juntas. Apretó los brazos, Jude silenciosamente le ofreció consuelo. La periodista se relajó con gratitud en el abrazo, con las fuerzas renovadas por el cuerpo detrás de ella—. Voy a empezar a trabajar en la iniciativa. Hay algunos archivos en mi coche que nos proporcionaran todo lo que necesitamos.

—Bien. Vamos por esa documentación —Lucas asintió—. ¿Quieres venir conmigo al periódico?
¿Empezamos ahí?

Liz sintió una súbita cautela en el conjunto de los brazos a su alrededor. Confianza. La palabra cruzó los pensamientos de la reportera.

—Creo que me quedaré aquí —ella objetó tácitamente, para permanecer bajo el ojo vigilante de Ria.

La mirada oscura que la amiga de su amante le había estado dirigiendo desde el otro lado del restaurante no había sido perdida por la reportera. Ella sabía que Jude le debía haber contado a María al menos una parte, probablemente todo, sobre lo que había ocurrido entre ellas.

—Hay algunas cosas de último minuto que tengo que desarrollar. Tengo una Power Book en mi coche, para poder trabajar con la misma facilidad desde el restaurante.

Lucas entrecerró los ojos a su empleada, pero sabiamente no dijo nada.

—Haz lo que quieras —se encogió de hombros—. Jude, ha sido una gran experiencia —le tendió una mano que Jude aceptó inmediatamente desde atrás de Liz. Sus dedos estaban calientes y flexibles, su firme apretón de manos se estrechó con confianza contra los dedos del editor. Los ojos de color gris pizarra miraban a la mujer de enfrente con nuevo respeto—. Espero tener la oportunidad de volver a verte cuando todo esto haya terminado.

—Eso me gustaría, Lucas —ella le ofreció una sonrisa genuina, y el editor vió a una mujer totalmente diferente. Las austeras líneas de sus rasgos se suavizaron, y la exquisitez amenazante de la depredadora fue sustituida por una belleza cálida y palpitante que brillaba en los ojos y amenazaron con llevar su aliento más allá.

Liz Gardener era una mujer con muy buena suerte. Sonrió de nuevo a ella, sacudiendo la cabeza.

—Joder....si alguien me hubiera dicho hace dos días que yo estaría socializando con el Arcángel, les habría dicho que estaban jodidamente fuera de sus mentes.

—Ella no es el Arcángel —Liz le recordó irritada.

Jude interrumpió antes de que Lucas pudiera ofrecer sus disculpas.

—Sí, lo soy —dijo en voz baja, volviéndose de cara a su amante—. Tengo que serlo —su tono de voz, aunque suave, no admitía réplica—. Al menos hasta que todo esto haya terminado.

El vicio que se apoderó del corazón de Liz poco a poco cedió, permitiendo que la periodista volviera a respirar normalmente una vez más.

—Entiendo —murmuró, mirando hacia el azul que casi se había descongelado. Ella sabía, sin embargo, que una palabra, podría traer al ángel del crepúsculo de donde se había retirado temporalmente—. Aunque eso no me tiene que gustar.

Al darse cuenta de que era una vez más un intruso, donde no había nada que hacer, Lucas discretamente se excusó a sí mismo de las dos mujeres que se habían olvidado de su presencia.

Asintiendo a la despedida silenciosa que le dirigió el editor, Jude devolvió la mirada serena a su amante.

—Espero que no te guste. Dios sabe, a mí no.

—Tengo miedo de perderte —hundió la cara en la cálida camisa de seda de Jude.

—Mírame —Liz inclinó sus ojos verdes para encontrarse con sus ojos azules—. Te prometo que si me pierdes no será así —sus ojos brillaban misteriosamente en la iluminación tenue del restaurante—. Nunca voy a volver a como era antes, Elizabeth. Nunca. Van a tener que matarme primero.

En ese breve instante podía ver el cuerpo destrozado y maltratado de Jude tirado en el suelo de una habitación vacía, la seda y el cuero que llevaba, no eran más que una débil barrera para la sangre que brotaba de su cuerpo sin vida. Liz se estremeció, los tentáculos de hielo la alcanzaron a través de la habitación cálida y se aferraron a su alma.

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Re: Lucifer rising, Sharon Bowers

Mensaje  malena el Junio 2nd 2013, 2:28 pm

Capítulo 17


Mecerse en sus brazos por la noche era su asignatura favorita, una vez más en la húmeda oscuridad que envolvía a Jude, adentrándose con decisión en su cara y su cabello. Se podía oler la leve insinuación de la humedad en el aliento del viento y sabía que probablemente habría en Miami una tormenta desagradable después. Genial….eso es todo lo que necesito, pensó sombríamente. Dios poniendo en valor su granito de arena.... ¿Qué sigue? ¿El fuego del infierno y el azufre?

Un sudor que no tenía nada que ver con los más de cien grados de la ola de calor que azotaba en la actualidad a la ciudad se deslizó por su rostro. Miedo.… Se dio cuenta con sorpresa. Por primera vez en su vida, ella estaba absolutamente aterrorizada. Su temor no era frío y desolado....No, era cálido y malicioso....funcionando fácilmente en su cuerpo, llevándolo de su cerebro a sus músculos. Le rodeaba su corazón y apretaba suavemente para recordarle gravemente su mortalidad. Bailaba en el viento y le susurraba al oído, convenciendola de abandonar su misión y olvidar el camino que trató de forjar a través de la oscuridad. Eso le mostró la vida que perdería si ella fallaba. Hacía mucho que había sido cierto. Esta vez, sin embargo, su fracaso conllevaría un precio demasiado alto, significaría dejar Elizabeth para siempre.

Esto sencillamente no era aceptable.

Por supuesto, por otra parte, el éxito significa tratar de tener una vida con Elizabeth. Tratando de combinar la oscuridad que había sido su hábitat durante tanto tiempo con el brillo natural en el que vivía su amante no era algo que Jude esperara hacer. Una gran parte de sus dudas podían incluso ser hechas. Pero ella no podía más que dejar de intentarlo más de lo que podía dejar de vivir.

Lo que la llevó de vuelta a donde había empezado, cara a cara con el temor que se apoderó de ella, sin importar cómo trató de girarlo fuera de su alcance.

Tengo que dejar de pensar tanto.

Afortunadamente, sus reflexiones fueron detenidas abruptamente cuando se encontró con la puerta cerrada de la guarida vigilada de Romair Massala. La extravagancia de la puerta de hierro forjada era de rigor en la zona discreta en la que él vivía, su puerta estaba atornillada y era de aspecto siniestro, la puerta de entrada hacia el exterior era la única con indicios de la vocación ilícita de su propietario. Un oscuro centinela dentro de la portería, con los ojos sospechosamente ojeando a lo largo del Porsche y deteniéndose sobre la mujer que lo conducía.

—¿Te has perdido? —preguntó, la cadencia musical de su acento sin querer eliminar cualquier amenaza en cuestión.

Jude no se inmutó.

—Estoy aquí para ver a tu jefe —contestó secamente.

—El Sr. Massala no recibe visitas esta noche —el centinela le informó.

—Creo que él me verá —cuando el guardia no hizo ningún movimiento hacia el teléfono celular elegante que podía ver en el escritorio, gruñó en voz baja. Negociar con un pequeño y molesto empleado era lo último que tenía en mente. Con un ágil salto tenía su pie en el asiento del Boxster, su Sig pegada a la nariz del guardia antes de que pudiera hacer el más mínimo movimiento—. Toma el maldito teléfono y dile a tu jefe de mierda que el Arcángel está aquí para verlo. ¿Comprende? —utilizó deliberadamente su apodo de la agencia para obtener su atención.

Debió de haber funcionado, pues los ojos del centinela se abrieron cuando la mujer morena reveló su identidad. El asesinato de Rico Massala a manos del Arcángel fue materia de leyendas, incluso ahora, en El Cártel. La historia se susurró a través de las filas del Cártel como la historia de fantasmas de un niño, aterrorizando a todo el que la oía. Hubo dos sobrevivientes a La Masacre, y sus descripciones habían hecho justicia a la belleza, al terrible rostro, que lo miraba ahora fijamente. La pistola en la mano no significaba nada, fueron los ojos de Jude los que enviaron su mano temblorosa al teléfono.

Tan pronto como dio el código de Romair, Jude le arrebató el teléfono de su mano, demasiado irritada como para esperar un minuto más.

—¿Romair? Soy Jude. Tenemos que hablar.

La voz de Romair, aunque era evidente que estaba sorprendida de oír su voz en su línea de intercomunicación, estaba calmada.

—Ciertamente. ¿Cuando quieres que nos reunamos?

—Ahora. Estoy sentada afuera de tu puerta.

Hubo una pausa larga en el otro extremo de la conexión, y Jude casi podía escuchar los pensamientos que se lanzaban a través del cerebro de Romair mientras él examinaba todas sus opciones. Romair no era un idiota....debería saber que algo grande era lo que la había llevado a su puerta. Finalmente, habló:

—Muy bien. Que Miguel te deje entrar —se aclaró la garganta con delicadeza—. Eso es….si tú no has....

—Tu guardia está bien, Romair —Jude le aseguró, sonriendo al joven que seguía mirándola a ella, y a su Sig, con cautela. Nunca había visto un argentino tan pálido antes—. Solo estoy un poco impaciente.
Una risa profunda y retumbante se hizo eco al rodar a través de su conexión.

—Puedo imaginarlo. Bueno, si no está demasiado petrificado, puede traerte aquí. Le dejaré saber a mi gente que estás aquí, así ellos no te darán….un saludo similar.

—Gracias, Romair. Estaré en un minuto —ella rompió la comunicación y le dio al centinela tras su espalda el teléfono—. ¿Ves? Eso no era tan mal, ¿no? —le preguntó conversacional—.Tu jefe dice que me dejes pasar —el centinela asintió con voz temblorosa y tomó el cierre automático. Jude se deslizó hacia abajo en el asiento de cuero, metiendo su arma cómodamente detrás en su plataforma de hombro. Su peso era una presión tranquilizadora a su lado, un compañero familiar mientras viajaba entre las sombras una vez más.

Una vez concedida la admisión, el Porsche ronroneaba suavemente a lo largo del camino sinuoso. Aparcó el coche en el parque delante de la unidad circular que había antes de la impresionante fachada de la mansión de ladrillo. Dos hombres vestidos con idénticos trajes oscuros se interponían entre ella y la entrada.

¿Debo llamarlos los Hombres de Negro? Jude rió para sus adentros mientras se acercaba a ellos.

—No armas —él más grande de la pareja le informó a ella, mirando fijamente a la plataforma del hombro.
Odio los trajes.

—Si fuera a matar a tu jefe, estúpido hijo de puta, no habría llamado y anunciado mi llegada.

—No armas —repitió.

¡Dios mío!....Romair ha enrollado los trajes....me pregunto lo que dirá este tipo si le tiro de su cadena.

Abrió la boca para dar una respuesta sarcástica, pero fue interrumpida por la voz suave de Romair.

—Estamos un poco beligerantes hoy, ¿no es así? —se quedó enmarcado en la puerta, con una sonrisa fácil estirada sobre sus rasgos que llegaba a los ojos marrones. Estaba vestido de manera informal, en color crema, pantalones de lino y una pálida camisa de durazno que complementan su buen oscuro aspecto. Se remangó las mangas de la camisa, a lo largo de sus musculares antebrazos, y Jude observó con sorpresa, que estaba descalzo.

—Demasiado café supongo —respondió ella con una sonrisa, lo que confirma sus sospechas internas que le gustaba este hombre, a pesar de su aparente misión de detenerlo. Había sido fácil tenerle antipatía a Rico, él había sido un repugnante y pequeño adulador con una tendencia a tratar a sus empleados como si fueran animales de circo disponibles

únicamente para su entretenimiento. Jude había sido su preciada pantera, elegante y brillante con una gran brutalidad, y había disfrutado viendo su salto en su mando. Pero como los animales salvajes suelen hacer, Jude había demostrado que no iba a ser domesticada a su llamado.

Traer a Romair se suponía que sería el precio de su redención, pero por la forma en la que el argentino saludó a sus guardias casualmente e invitó a la pantera a su casa, Jude finalmente comprendió que la redención (la forma en que la quería y ansiaba) podía no ser comprada por traicionar al otro. Ella tendría que vivir con sus pecados por el resto de su vida. Nadie más, ni la agencia, ni la iglesia, ni nadie, podría concederle la paz. Cualquiera que fuera la elegancia con la que lo lograría sólo sería lo que ella se concediera a sí misma....y eso dejaba efectivamente a su preciada esperanza por los suelos. La cara de Elizabeth derivaba a través de sus pensamientos, e inconscientemente, la mujer morena recordó el tierno abrazo que habían compartido antes de irse.

El silencio susurro: Te amo....todavía brillaba a través de su audiencia, y reforzó su valor con su fuerza.
Tal vez hay esperanza para mí todavía.

—Debo decir, Jude, que tu inesperada llegada es un poco….desconcertante —iba diciendo Romair mientras la conducía a través de la casa a su estudio. Ella captó imágenes fugaces de muebles de buen gusto, alfombras de lujo, y la tenue iluminación mientras ella caminaba detrás de él. Un niño pequeño se asomó por la esquina del extremo del corredor, con curiosidad no disimulada con respecto al intruso. Ella le sonrió, y él chilló suavemente por la sorpresa, y su pequeña cabeza estuvo nuevamente fuera de su vista.

—No acostumbro a hacer negocios en mi casa —esto último lo dijo con un endurecimiento casi imperceptible en su voz mientras él estaba cuidadosamente pendiente de la ropa de cuero en Jude—. Es bastante malo tener guardias armados protegiendo a mi familia....pero me aseguro de que sean tan….discretos….como sea posible.

—En otras palabras, no te gusta que el coco a aparezca en tu casa, ya que asusta a los niños —Jude interpretó secamente—. Mira....yo no estoy contenta por esto. Te aseguro que no tengo ningún interés en aterrorizar a tu familia y no tengo tiempo para discutir contigo. Tenemos un problema.

Ella lo vio sentarse detrás de un escritorio de caoba maciza cubierto de las tareas que lo habían ocupado antes de su interrupción prematura. Detrás de él estaba un gabinete similar al que se extendía a lo largo de las grandes ventanas en el resto de espacio. La superficie estaba llena de fotos de Romair, una mujer que asumió sería su esposa, y un número de niños pequeños que se parecían mucho al hombre que se encontraba frente a ella. Se ven felices, observó casi con nostalgia, de repente odiaba su propia intrusión amenazante en lo que obviamente era el refugio de Romair.

—Lo siento—, dijo en voz baja.

Romair frunció los labios y le indicó a la silla frente a él.

—¿Lo sientes por qué? —preguntó en voz baja, aunque parecía que ya lo sabía. Sus ojos eran cálidos mientras la miraba.

—Por estar aquí —ella miró su propio atuendo y el arma que a menudo parecía como si se tratara de una de extensión de su propio cuerpo—. Esto —ella sonrió con ironía—. No soy exactamente el tipo de persona que normalmente invitan a cenar a casa.

—Tonterías, Jude —ahora él también estaba sonriendo—. Siempre eres bienvenida a mi casa para la cena. Solo deja la pistola atrás —estudió los pantalones que se aferraban a su longitud elegante apreciativamente—. Y el cuero también —agregó con un suspiro de pesar que Jude no se perdió.

—¿Paola es del tipo celoso? —le preguntó a la ligera.

Se echó a reír.

—No, en absoluto. Sin embargo, puedes resultar demasiado tentadora para mi hija mayor —hizo un gesto a una fotografía enmarcada en plata de una joven que miraba de forma exquisita y desafiante a la cámara—. Ariana parece haber heredado no sólo el bueno ojo de su padre para las mujeres hermosas, sino también su terca voluntad —él se rió medio despectivamente—. Alguien como tú....resultaría un reto irresistible para ella.

Para los ojos entendidos de Jude, Ariana parecía estar cerca de 18 años de edad, y ella estudió la imagen con sorpresa. Podría haber jurado que él le había dicho que sólo había estado casado durante diez años. Echando un vistazo a la serie de fotografías dispersas por el gabinete, se dio cuenta de que ninguno de los otros niños de Romair había llegado aun a la adolescencia. Él siguió sus ojos mientras ella estudiaba las imágenes.

—Ella parece....más grande que tus otros hijos —dijo Jude cuidadosamente.

Se rió de su inferencia.

—Ariana fue el resultado….de una indiscreción juvenil....por mi parte. Yo no era mayor de lo que ella es ahora cuando su madre quedó embarazada —miró solemnemente a los ojos de Jude—. Yo soy un hombre que toma sus responsabilidades en serio. Le propuse matrimonio a Julia y fui rechazado —su boca torcida en una mueca, la herida aún abierta después de todos estos años—. Mi familia no era....adecuada....suficiente para ella. A pesar de la condición de Julia, fui alejado de su casa y Julia fue enviada lejos para tener al niño en secreto.

—Entonces, ¿cómo....? —a pesar de la urgencia de su misión, Jude fue detenida en la historia. Romair era sin lugar a dudas un hombre de fuerza, resolución, y honor, a pesar de su imperio ilegal. Su determinación de no comprar su libertad a costa de su crecimiento.

—Encontré el lugar donde fue enviada, y mi familia organizó la “adopción” de mi propia hija. Ariana ha estado al cuidado de mi familia desde el día en que nació. Y cuando me casé con Paola, Ariana fue reconocida como mi hija y ha vivido con nosotros desde entonces —él sonrió con cariño a la imagen de su hija mayor, que era de hecho una versión femenina de su padre—. Ella es inteligente, salvaje y totalmente tempestuosa. Y tú, mi querida Jude, eres exactamente el tipo de problemas que ella anhela encontrar —miró con atención a la mujer frente a él—. Aunque no creo que un baile o dos le haga ningún daño a nadie. Ella está demasiado acostumbrada a salirse con la suya con todos —asintió con la cabeza, una pequeña sonrisa jugaba a través de sus rasgos.

Jude tuvo un gracioso rubor debido a la franca evaluación que hizo Romair de su atractivo, no importaba el hecho de que estaba hablando de su propia hija.

—Uh....bueno.... —estaba completamente perdida, y eso deleitó al hombre que se encontraba frente a ella.

—Oh, esto es maravilloso.... —él rió. Romair tenía una rica y profunda voz y su risa no era una excepción. Era cálido y amable, expresando una felicidad que Jude nunca había asociado con la gente en su línea de trabajo—. El notorio Arcángel cogida desprevenida. Lástima que nadie me creería.

—En eso tienes razón —Jude estuvo de acuerdo con sequedad—. Tan....intrigante.... como es esta línea de conversación, esa no es la razón por la estoy aquí.

Su rostro se puso serio, y el marrón cálido de sus ojos adquirió un brillo calculador.

—Hay algo que quieres de mí.

—Sí —Jude respondió sin vacilar—. Pero hay algo que puedo darte a cambio.

—¿Y qué podría ser?

—Tu vida.

El argentino frunció el ceño, estudiando la elegante extensión ante él otra vez.

—Ya has hecho eso, Jude. No he olvidado que tú fuiste quién me sacó del cobertizo cuando la DEA decidió hacernos una llamada inesperada.

Los ojos de Jude chispearon.

—¿Tú sabías que eran de la Agencia?

—En ese momento, no. Envié a varios de mis hombres al sitio después. Encontraron....

—Proyectiles H-K —Jude asintió—. Supuse eso una vez que volví a casa y miré el arma que le quité a uno de ellos.

—¿Estás aquí para decirme que tengo un topo en mi organización?

—Es un poco más complicado que eso. ¿Dónde estabas cuando Rico tomó parte en el Cartel?

Romair se sentó en la cómoda silla de cuero y enlazó las manos delante de él. Su ceño
fruncido por el pensamiento de Jude sentada en silencio, mentalmente instándole a darse prisa. Después de una larga pausa, habló:

—Quieres saber el nombre del hombre que traicionó al compañero de mi primo, ¿no? —por segunda vez en otros tantos minutos, Jude fue sorprendida completamente desprevenida.

—¿Tú lo has sabido todo este tiempo? —sus ojos azules palidecieron con violencia, los músculos en su cuerpo instintivamente enrollados—. ¿Por qué no me lo dijiste antes?

—Vamos a decir que era mi as en la manga —Romair tendió una mano advirtiendo—. Antes de que nos conociéramos, pensé que tal vez podría usarlo como moneda de cambio. Para hacerte venir a la mesa conmigo —se movió en su silla y miró al Arcángel con astucia—. Pero tú estuviste de acuerdo, sin duda. Eso siempre me confundió, Jude. Tú no tenías ninguna razón para sentarse conmigo —rió con amargura—. Mi encantadora hija por otro lado, yo no tengo nada que ofrecerte. El Cartel nunca será lo que era….No será siquiera una porción de ello. Y tú lo sabes.

—Tal vez estoy cansada de tener que preocuparme por profesionales independientes tratando de poner mi cabeza en una punta como una tarjeta de saludo.

—Dudo seriamente que hay alguien, afiliados o no, que pudieran traer tu cabeza a cualquier parte donde no quiera ir.

—Eso no impide que lo intenten —comentó con ironía Jude. Se movió en su silla y se levantó, sus músculos clamando por la actividad. El rugido silenciado en sus oídos fue creciendo como se sentía al acercarse cada vez más y más cerca de las respuestas que se le habían escapado estos largos años. Se paseaba por la larga oficina de Romair, sus botas dejando muescas suaves en la alfombra de felpa gris. Girando sobre sus talones, se enfrentó a él de frente.

—Tienes razón. Tenía mis propias razones para sentarme contigo.

—¿Cuáles son?

—Yo tenía un acuerdo con la DEA, huelga decir que tenía un acuerdo con un hombre que estaba colaborando con los traidores de Jason a ofrecerte y entregar el resto del Cartel —caminó otra vez, deliberadamente dándole la espalda a él.

El rostro de Romair se endureció en una máscara de furia, y su cuerpo temblaba con el esfuerzo de permanecer sentado, que disminuyó ligeramente cuando la Glock de su repisa estuvo colocada debajo de la mesa.

—Deja el arma abajo, Romair. Yo no he cogido la mía —dijo sin volverse. Su ritmo llevó a sus ojos una vez más—. Lo que pasa es que nunca hubo un acuerdo “real”. Todo era una estafa para que nos mataran. En realidad fue un bonito montaje. Dos narcotraficantes peleando sobre el territorio y muertos en una redada de la DEA —ella sonrió con admiración sombría por la belleza del plan—. El nombre del canalla muere contigo, y el cabo suelto, a saber, yo, finalmente amarrado.

Romair pensó por un momento, teniendo en cuenta las palabras de Jude.

—¿Por qué no habían hecho esto antes?

—Por dos razones. La primera, el poder sólo recientemente fue reconsolidado en el Cartel. No tenían forma de saber como golpear en tu organización hasta ahora. Dos, que nunca pudieron acercarse lo suficiente a mí. Mientras todavía estuviera en el negocio, nadie podía acercarse a mí.

—Pero si tú pensabas que eran tus aliados, bajarías la guardia —Jude se encogió de hombros—. Por lo menos, lo suficiente para permitirles estar más cerca de lo que alguna vez estuvieron —Romair la miró astutamente a ella—. Tú ciertamente tienes que tener más de un contacto allí. Podrías ir a ellos con tus sospechas sobre mi cabeza como algo que ofrecer. ¿Por qué has decidido no seguir con tu parte del trato?

Los ojos azules se encontraron con los marrones, cada uno midiendo los otros. Cada mirada era a partes iguales fuerza, determinación, y sospecha, mientras ellos se estudiaban el uno al otro.

Finalmente Jude hizo un gesto a la agrupación de imágenes detrás del argentino.

—Por ellos—, dijo al fin. Porque tú pareces ser la persona de honor que me gustaría ser, a pesar de lo que ambos hacemos en la vida. Después de todo lo que he hecho, no tengo derecho a intercambiar tu libertad por la mía —ella se encogió de hombros suavemente—. Recientemente, mis....prioridades….han cambiado. Lo que he ido haciendo los últimos años....simplemente ya no es suficiente —Jude pasó la mano por su pelo agitado, sin saber exactamente por qué estaba abriéndose a la mirada penetrante de Romair, pero incapaz de detenerse.

La expresión del rostro Romair era inescrutable, pero al fin sus músculos tensos visiblemente se relajaron y sus ojos se caldearon de nuevo al mirar a la mujer que estaba frente a él.

—Recuerdas cuando nos conocimos? Dije que esperaba algún día ser capaz de decirle lo que vi en ti.
—No estoy segura de que quiera saberlo.

Él sonrió ampliamente a ella.

—Piensa en lo que acabas de decir. Acerca de por qué no harás un trato con La Agencia —respondió suavemente—. Eso es lo que veo. Eres una mujer de honor, Jude. Y de fuerza. Y de compasión.
Cualquiera que sea la oscuridad por la que has caminado eso sólo ha cegado a las cualidades —él hizo una pausa y luego añadió cuidadosamente—, estoy contento de que algo te haya ayudado a comenzar a ver de forma clara de nuevo —Jude dio un respingo, cuando un rubor comenzó a calentar suavemente su rostro, y la sonrisa Romair creció—. ¿O debería decir alguien? —el rubor se intensificó, y se echó a reír alegremente. Levantándose de su asiento, él cruzó la sala hacia ella, poniendole sus manos sobre los hombros y dibujando al nivel de sus ojos—. Me gusta esto de ti, Jude. Me gusta mucho.

Jude desvió la mirada del hombre más alto, incapaz de tomar la bondad en su mirada.

—Me alegro de que te guste, pero no nos va a hacer mucho bien si consigue que nos maten.
Con las palabras irónicas, Jude recogió las emociones de las últimas horas y las guardó cuidadosamente lejos en el fondo de su mente. Necesitaba concentrarse por completo, y pensar en Elizabeth sólo la distraería de las tareas despiadadas que había delante de ella.

Romair asintió y se alejó comprendiendo.

—Entonces, ¿cuál es tu plan? Te doy el nombre y tú vas tener un enfrentamiento al mediodía?
Jude se encogió de hombros.

—Algo así. Yo ya tengo algo en movimiento que espero los arrastre, pero yo quiero saber quién y qué esperar cuando esto suceda.

—Ya veo. Bueno, no es tan simple como el nombre de un hombre.

—Nunca lo es, Romair. Pero podemos comenzar con ese nombre. ¿Quién es?

Sin dudarlo, Romair se lo facilitó.

—Kent Laird.

—Kent—. Jude hizo una pausa, los músculos de su mandíbula apretando rítmicamente. Sacudió la cabeza—. Es un cómplice. Ya lo sabía. ¿Para quién trabaja?

—Que yo sepa, nadie. Se suministró a Rico con el nombre de su pareja. Pero debe haber sido, ¿cómo se llama esto? Un agente doble. Porque nunca dijo una palabra acerca de ti.

La mente de Jude corría frenéticamente al darse cuenta de que cada una de las teorías de Liz eran ciertas. Kent no había estado en la nómina de Rico, él estaba tratando de forzarla mediante la eliminación de la “distracción” que era su relación con Jason. Ahora estaba tratando de limpiar su desorden. Algo se le ocurrió.

—¿Qué quiere decir eso entonces?

—Jude, ¿cómo sabía acerca de la reunión que tú y yo teníamos prevista en la marina? La única persona con la que compartí eso fue con….

—Sasha. —Jude cerró los ojos al darse cuenta. Oh dios mío.

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Última edición por camila el Junio 9th 2013, 12:17 am, editado 1 vez
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Re: Lucifer rising, Sharon Bowers

Mensaje  malena el Junio 9th 2013, 12:14 am

—Así que, en realidad me vas a hablar, ¿o simplemente vas a seguir deslumbrándome de un lado a otro de la habitación? —Liz colocó las dos manos sobre la mesa donde Ría se sentó y miró a la otra mujer a la expectativa. Jude se había ido hacia una hora, explicando que tenía que ver a Romair. Durante ese tiempo, Liz había luchado con los primeros párrafos del artículo que estaba escribiendo. Años de formación le habían enseñado a nunca a enterrar a su ventaja, pero, para Liz, estar enamorado de Jude era la ventaja.

Eso es algo que la gente de Miami realmente no necesita saber. Sin embargo, brilló en cada palabra que escribió acerca de la mujer morena. Estaba en cada párrafo que escrito, borrado, y reescrito. La risa de ojos azules de su amante era la mujer que quería capturar en su pantalla y, con ello, acabar con la presencia espectral del Arcángel en sus vidas. Sabía que probablemente era una tonta esperanza. La oscuridad de Jude quedaría siempre con ellas, sospechaba que se introducía en la luz maravillosa que compartían juntas. Puedo lidiar con esto, se dijo, no queriendo pensar en las armas de fuego siniestras que Jude había amado manejar o la facilidad con la que había discapacitado al hombre en la playa. Había sentido que la ira se volvía hacia ella y estaba muy agradecida por cualquier impulso que hubiera acallado los dedos de Jude en el gatillo de la pistola esa noche.

Liz había sido consciente del control de Ria durante sus giros mentales, y realmente quería que ella sólo la regañara y acabara de una vez. Ria era una persona importante para su amante, y Liz iba a ser condenada si la desaprobación de Ria iba a ser una cosa más que se interpusiera entre ellas. Con una inusual falta de gracia retórica, se había enfrentado a la restaurador.

—¿Y? —ella le pregunta de nuevo—. Si tienes algo que tienes que decirme, dímelo. Dado que no tengo toda la noche.

La frente de Ria se ensombreció aún más, si eso era posible, mientras estudió a la mujer de pelo miel frente a ella.

—No quieres comenzar esto, Liz. Confía en mí —la reportera se mordió los labios, luego se relajó en la silla frente a María.

—Te dijo todo, ¿verdad?

—Sí—, fue la respuesta cortante.

—¿Ella te dijo que me cortaría mi propia lengua antes que volverle a mentir otra vez? —Ria absorbió estas palabras sin ningún cambio en su expresión.

—Eso es un sentimiento muy noble, pero perdona si soy un poco escéptica. Especialmente teniendo en cuenta los recientes acontecimientos —una ola de ira pasó a través de la periodista.

—Mira….

—¡NO! La esposa de Jason interrumpió. Mira tú. Jude dijo que te perdonó, y creo honestamente que ella lo ha hecho. Nunca he visto una expresión en sus ojos como la que vi esta noche. Pero no es tan fácil para mí. Si ella lo sabe o no, esa mujer es muy querida para mí. Y tú caminas en la nada y volteas su vida al revés —Liz quería defenderse, quería excusar sus acciones, pero sabía que en el interior que Ria tenía razón. Sin embargo, aún así no lo hacía más fácil de escuchar—. Hace dos días, pensé que eras lo mejor que jamás le sucedería en su vida —la expresión de los ojos de María era firme y constante—. Hoy me preocupa que seas lo peor.

La mujer de pelo miel reflexionó esas palabras y el camino marcado de miedo que ardía a través de su cuerpo.

—Tal vez soy ambas cosas.

—Tal vez —acordó Ría—. Eso es lo que más temo.

Sabiendo que no había manera de que pudiera explicar sus acciones, pero la guió el deseo de todos modos, y Liz respiró hondo.

—Mira, Ria. Lo que hice fue terrible. Y si yo hubiera tenido algún sentido se lo habría dicho el primer día.

Me di cuenta entonces que lo que estaba ocurriendo entre nosotras no era como nada que hubiera sentido antes. Pero no dije una palabra —ella pasó una mano por su pelo y dejó escapar un suspiro exasperado—. Pensé....No sé lo que pensaba. Que tal vez la mentira se iría.... que algo sucedería para que no importara —sacudió la cabeza y añadió en voz baja—: Yo no quería dejar el milagro que me estaba pasando.

Ria consideró en silencio por un momento y luego dijo en voz baja.

—Observarlas juntas es como ver a un león jugar con un niño. Sabiendo que el desastre puede ocurrir en cualquier momento.

Liz se molestó por la analogía.

—Mira, yo sé que es peligrosa y todo, pero no soy un niño.

—Oh, no, no lo eres —Ria estuvo de acuerdo—. Jude lo es —la expresión de sorpresa al ver a Liz fue increíble, ella continuó—. Hablo en serio, Liz. Ella no tiene ningún marco de referencia para lo que está pasando entre ustedes dos. Incluso lo que había con Jason no se puede comparar. Durante el tiempo que la he conocido, ella ha dejado todo encerrado, lejos, así que nadie puede tocar lo que es esencialmente de ella. Y ahora que acabas de abrirte camino a través de todo eso. Yo no estoy bromeando cuando digo que tienes su vida en tus manos, Liz. ¿Sabes qué clase de poder tienes sobre ella? —Ria sostuvo los ojos verdes de Liz en una casi hipnótica mirada—. Ella no tiene ninguna defensa contra ti.

Liz tragó saliva, mil sensaciones corriendo y chocando al azar a través de ella. Visiones asaltando su mente de la facilidad con que Jude había acurrucado en su largo cuerpo el más pequeño de Liz, la fuerza que la mujer morena había mantenido durante toda la noche del demonio que habían compartido, los ojos de Jude angustiados cuando se dio cuenta de su traición. ¿Qué otra opción tengo? Jude se lo había dicho esa mañana. Sintiendo como si alguien hubiera llegado dentro de su pecho y le arrancara los pulmones de su cuerpo, Liz jadeó suavemente para respirar, finalmente entendió la profundidad de los sentimientos de la mujer morena por ella.

—Oh Dios.... —se ahogó, apoyando los codos en la mesa y con la cabeza entre las manos. Dibujó otro suspiro tembloroso y llevó sus ojos de regreso a Ria—. Funciona en ambos sentidos, ya sabes —se dio cuenta en voz baja, sabiendo que su falta de miedo ante la furia de Jude era impulsada por la misma necesidad fuera de control de tener a la mujer oscura cerca.

—Espero que sí, Liz. Sinceramente, espero que sí. Dios te ayude, si no lo es —las mujeres se sentaron en silencio, contemplando el pasado y el futuro, hasta que una voz cordial las interrumpido.

—¿Qué hacen dos de las mujeres más bellas en Miami sentadas aquí solas? No puedo creer que Jude te dejara sola ni por un momento. Sé que yo no lo haría.

Liz sintió un pequeño temblor de miedo que dominó su camino a través de su cuerpo mientras levantaba la vista hacia el hombre sonriente abajo de ellas.

—Kent.... —dijo, forzando una sonrisa en la cara.

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A medida que Jude se abría paso por las calles de la ciudad, una rápida llamada telefónica le decía que Sasha no había estado en el Club esa noche y no era se lo esperaba. Un banco de nubes de mal agüero, oscureciendo la luna y las estrellas, y rodó en reflejo las luces de neón de la ciudad. Miami fue pintado en un extraño pulso de oro y se levantó la luz, y la gente en las calles parecían dar la bienvenida a la tormenta. Un rayo rompió el brillo de vez en cuando perforando como pernos blancos, mientras que hizo eco un trueno distante. El viento se había recogido notablemente en el momento en que había estado con Romair, y aunque las gotas de lluvia había comenzado como puntos en su parabrisas, no había tomado tiempo para accionar el del Boxster.

Su cuerpo puso a prueba el coche automáticamente hacia el desván de Sasha, su subconsciente le recordaba de las vueltas y revueltas por los callejones oscuros que se tardó en llegar. El Porsche rugió en una parada, y se llevó las empinadas escaleras de tres en tres, sabiendo todo el tiempo que esto no era lo más inteligente que ella había hecho.

—¡¡¡Sasha!!!! —ella golpeó la puerta de metal con ferocidad, el dolor iba desde el puño hacia abajo el brazo—. ¡Maldita seas....Abre la maldita puerta ....! —hizo una pausa por un minuto, escuchando a cualquier sonido remoto desde el interior, hasta que su memoria se fue hasta donde su ex—amante tenía una llave de repuesto. Balanceando sus piernas en el rellano, Jude torció el cuerpo bajo la estructura de metal, largos brazos alcanzando la pequeña caja magnética debajo de ella. Cuando Sasha le dijo por primera vez la ubicación de su llave, Jude se había quejado de de lo difícil que era llegar. Cualquier cosa que vale la pena hay que trabajarla por ella....¿no te parece, Jude?

—Vale la pena tomarla, ¿eh, Sash? —Jude murmuró cuando agarró la llave y se torció el torso hacia arriba

—. ¿Qué estás tratando de tomar de mí, querida? —un momento más tarde, Jude estaba en el desván oscuro. Con cuidado sacó su pistola de su funda y procedió con cautela. Que precaución me va a ser mucho bien ahora, después del escándalo que acabod e hacer…Mierda…. Angel, lo estás perdiendo. Ella rondaba rápidamente a través del área, y observó que Sasha había estado en casa antes. Echó un vistazo a la cocina, observando el teléfono inalámbrico sentado junto a los restos de una ensalada y un montón de papeles dispersos. Jude hojeó a través de ellos, haciendo muecas cuando reconoció el código de las hojas de cálculo que detallando la estructura organizacional de sus rutas de Colombia y el dinero que traían ahí. Agarró el teléfono y pulsó el botón de rellamada. Cuando la voz grabada de Kent le decía que no podía tomar su llamada en este momento, Jude juró en voz alta y lanzó el instrumento a través del cuarto. Aterrizó con un golpe contra una estampa enmarcada, rompiendo el cristal en miles de piezas.

—Piensa, Ángel, ¿dónde se reúnen? —se desplazaba a través de las posibilidades en su cabeza, antes de que la respuesta fuera clara—. La oficina —gruñó. No sólo tienen total privacidad en una noche de viernes, Sasha tendría acceso a todo lo que necesitaba para establecer sus planes—. Tiene que ser ahí.
La lluvia había comenzado en serio ahora, pero Jude no sentía nada cuando ella arrancó a lo largo del pavimento resbaladizo en el Porsche. A medida que se acercaba a la oficina del distrito, prestó una atención cuidadosa a los coches al pasar, no reconociendo ninguno de ellos como pertenecientes a ninguno de sus empleados. Es posible que Sasha trajera a profesionales independientes para ayudarla a tomar el control, pero no probable. ¿Por qué sacudir un barco suavemente? Una vez que esté fuera de la imagen, a sólo unos pasos y todo sigue igual. La fuerza era con respecto a los intermediarios, y si no les daba ninguna razón para dudar de ella, se quedarían con ella.

—Su puta madre ...—murmuró, facilitando su coche en el garaje subterráneo. Esa era la única entrada que ninguno de ellos podía utilizar, la única con llave para después de las horas de acceso—. Un camino para entrar, un camino para salir. La pregunta es….¿Están esperandome?

Todavía no había señal del coche de Sasha. O del de Kent. Jude dejó el Porsche aparcado cerca del ascensor y marcó la solicitud de la planta 14, sólo en caso de que alguien estuviera vigilando las idas y venidas en el ascensor. Ella subiría la escalera el resto del camino, sólo para estar segura. Deslizando libremente la Sig, una vez más, también extrajo la otra de su lugar de descanso en la parte baja de la espalda.

—Me veo como algo salido de un jodido episodio de Miami Vice —se quejó de su reflejo en la superficie de espejo del ascensor. Revisó los clips en ambas armas de fuego y luego deslizó la segunda por detrás de su espalda. Jude por lo general, no era del tipo de salir disparando. Su teoría era, cuantas más armas tenías, más posibilidades tienes de volar su cabeza. Cuando sea necesario, sin embargo, disparaba a quien, y lo que estuviera en su camino.

La adrenalina la pataleaba, las endorfinas corrían por su sangre ahora con abandono. Esta fue la parte de la caza a la que su cuerpo siempre respondió, y sus músculos temblaban con anticipación. Tomó a la escalera en silencio, con cautela....catalogando en su mente el dolor que iba a causar al hombre que había entregado a Jason a sus enemigos. Tenía los ojos casi en blanco por la rabia que la consumía, la desaparición del azul casi por completo. En algún lugar en el hueco más alejado de su mente, el calor del amor de Liz se refugió en la cara de tanto hielo, escondiéndose de distancia, en el temor de ser extinguido.

18 ... 19 ... 20 ....

Los pisos caían mientras continuaba su ascenso constante hacia su presa. Ella se centró en una cosa ahora. Encontrar a Kent y hacerle pagar. Sasha sería tratada con dureza también, pero estaba lejos del compromiso de matar a su ex amante. Tal vez algunos impulsos carnales renegados de la mañana se mantenían, o tal vez, simplemente no quería matar a un cuerpo que había poseído tan a fondo. Sea lo que fuere, el destino de Sasha estaba todavía indeciso.

23 ... 24 ... 25 ...

Llegó a la planta 27 y sin hacer ruido abrió la puerta de salida de incendios, con la mirada barrió el pasillo a ambos lados antes de salir. Cada terminación nerviosa despertó cada instinto en sintonía con los ruidos que pudieran indicar problemas, se arrastró por el pasillo hacia su oficina. Parada en la puerta, se preparó para entrar, pero un hilo de luz que se escapó de la sala de juntas en el pasillo le llamó la atención.

—¿Qué diablos....?

Sigilosa cambió la dirección, siguió por el pasillo y se acercó a la puerta entreabierta.

Captando una señal de pelo rubio-miel, Jude dejó escapar un grito ahogado y pateó la puerta abierta.

—Hola, Jude. Bienvenida de vuelta a tu pesadilla.

Kent estaba sentado con facilidad a la cabeza de la mesa en una de las sillas de cuero. Liz estaba junto a él, atada a una de las sillas de escritorio del cubículo. Su rostro estaba golpeado brutalmente, su pelo manchado de sangre de una herida invisible. Estaba desplomada, y Jude no podía decir con seguridad, pero ella pensó que su amante todavía respiraba. Mejor para él que así fuera.

La Sig se acercó y señaló sin vacilaciones a la cabeza de Kent.

—Vas a morir, hijo de puta —dijo con calma.

—Jude, todos vamos a morir. La pregunta es, ¿quién va a morir hoy? Yo no, te lo aseguro —su propia Glock apuntó a la cabeza de Liz—. Ahora, suelta el arma o se muere en este momento.

—¿Cómo sé que no está muerta? —Jude deliberadamente se hizo la tonta—. Más al grano, ¿cómo puedo saber que vas a dejarla ir si bajo mi arma?

—Yo no he dicho nada de dejarla ir —respondió Kent—. Pero ella todavía está viva, lo prometo —pateó la silla violentamente—. Álzate y brilla, nena. Tu novia está aquí para verlo — Liz gemía suavemente y levantó la cabeza, los ojos verdes poco a poco se centraron en su amante.

—Ju ... Jude —dijo con voz ronca.

Todo lo que Jude podía hacer era permanecer inmóvil, su corazón le gritaba que corriera a la forma sangrante de su amante. Pero eso significaría la muerte para ambos. Obediente, dejó caer el arma al suelo.

Esto no puede estar sucediendo otra vez....Dios, no.

Como si pudiera leer su mente, Kent cacareó con alegría.

—Deja vu otra vez, ¿eh? Dime, ¿Cómo va a salir el Arcángel de esta? Estoy seguro de que va a pensar en una manera. Tú pareces tener nueve vidas. Por supuesto, tus socios, usualmente, no tienen tanta suerte, ¿verdad?

—Salvé tu pellejo miserable, ¿no? — Jude gruñó—. Debí dejar que murieras en el garaje.

—Sí, deberías haberlo hecho —Kent acordó amistosamente—. Porque después fui tachado de un cobarde sin valor que dejó a su compañero abandonado.

—Eso resume muy bien lo que hiciste —se burló de él, con ganas de meterse debajo de su piel. Si puedo conseguir que dirija el arma hacia mí, ella podría tener una oportunidad.

Su rostro se ensombreció con furia.

—Me sacaron de las calles por ti y me pusieron en una oficina de mierda donde no podía hacer nada bueno. O al menos eso pensaba.

—¿Bueno? ¿Tú llamas algo bueno el traicionar a uno de los tuyos? —Jude estaba incrédulo.

—Jason fue un accidente desafortunado, pero tú necesitabas un recordatorio de tu misión. Tú eras demasiado buena siendo mala.

—¿Y yo necesitaba un recordatorio de quienes eran los malos?

—Sí —él le sonrió como si fuera un alumno apreciado—.La muerte de Jason sirvió a ese propósito.

La compostura de Jude fue rápidamente fragmentada, y sintió sus músculos temblando de rabia.

—Tú me hiciste matar a mi compañero, loco hijo de puta. ¿No lo entiendes? La única cosa buena en mi vida y me haces matarlo.... —rugió.

Kent palideció un poco por la violencia apenas controlada dirigida hacia él.

—Tú no estás destinada a cosas así. Al igual que esta cosa hermosa y joven aquí. Tú solías saber eso.

—Recuérdame Kent —Judas ronroneó, su voz goteando con la amenaza—. Recuerdame para lo que estoy destinada.

—¿No lo ves, Jude? Tienes un don....has nacido como ellos. Puedes revolcarte en su inmundicia, beber sus bebidas, tomar sus drogas, cogerte a sus mujeres, de una manera que no puedo. Y entonces puedes traerlos a la justicia...a donde pertenecen —su rostro se endureció—. La Agencia te salvó, Jude....te dieron un propósito, una razón para vivir, y tú devolviste dándote vuelta en ellos y escupiendo en todo lo que te dieron.

Jude cerró los ojos ante la letanía que despotricaba. Podría ser su madre o el sacerdote de su juventud que le gritaba con la misma facilidad. Las palabras eran las mismas. Todos ellos eran personas que pensaban que había una reclamación de su alma para servir a sus fines.

Todos eran iguales, gente como su madre, como los sacerdotes, como Kent, creyendo que ella fundamentalmente había nacido en el pecado. Durante mucho tiempo ella había creído que tenían razón, que pertenecía a las sombras, donde había huido para evitar los ojos de desprecio. Sólo las sombras, que antes parecían tan aceptables, trataron de hacer su propia reclamación de la oscuridad dentro de ella, y ahora ella se apartó de ellas tan bien.

Ella abrió los ojos, con una determinación ardiente que quemaba profundamente dentro de ella. Nadie poseía su alma….ella no pertenecería a nadie excepto a la mujer que había visto su oscuridad y su luz y que la había aceptado tal como era. La mujer a quien ella había confiado su corazón. Ella echó un vistazo a la forma caída en la silla de su amante.

—Estás equivocado, Kent. Tú traicionaste a La Agencia —las palabras ganaron ímpetu mientras que ella hablaba—. Tú eras el cobarde. Tú eras la persona que dejó a los demás hacer el trabajo sucio porque tú no tenías las pelotas para ello. Salvé tu pellejo sin valor. Jason, Tony, y yo te cubrimos porque tú no podías. Tú vendiste a Jason a Rico porque no podías controlar la operación. Yo estaba a punto de traerlos, Kent. Pero eras demasiado estúpido para darte cuenta de ello —ella se rió mofándose de él—. Enfrentémoslo, Kent, eres tan jodidamente idiota para hacer algún bien a La Agencia. Eso es por lo que ellos te pasaron a una oficina. Tú no eras simplemente un cobarde, eras un idiota.

La cara de Kent, se había estado volviendo progresivamente más oscura cuando ella lo atormentaba, se retorció a sí misma en un aullido de rabia y volvió el arma contra ella. Jude había estado anticipando el movimiento y se apartó del camino del disparo. Ella se balanceó y se lanzó sobre Kent. Chocaron en una maraña justo delante de la forma de Liz, y el arma se disparó otra vez con un informe ruidoso.

Jude sentía la bala rasgar a través de su hombro derecho con un calor que la chamuscaba, pero ella continuó hacia él implacablemente. Ella cogió en ángulo recto la quijada con su puño izquierdo, pero él respondió golpeando su hombro herido. Con un grito de dolor, Jude cayó de espalda, y Kent aterrizó encima de ella, montando su abdomen musculoso a horcajadas en una parodia de abrazo de un amante. Sujetándola por la garganta, él comenzó a apretarle rítmicamente a través de la cara, agrandando el corte en su cara en un formón que vertió sangre y la apertura de varias nuevas heridas.

Jude sentía la segunda Sig el moliendole en los músculos de su espalda e intentó frenéticamente pensar en una manera de conseguir al arma. Por lo menos su atención estaba distraída de Elizabeth. Reuniendo su ingenio disperso, Jude golpeó fuertemente a los ojos grises de Kent. Un aullido de dolor le dijo que ella había hecho el contacto, y el apretón del agente disminuyó una fracción. Aprovechando, Jude se levantó hacia arriba, agrupando la fuerza restante de su brazo derecho para aterrizar con un puñetazo en su laringe.

Kent cayó al revés, y Jude cayó encima de él, su rodilla moliendo sólidamente en su ingle.

—Esto debe doler, — ella estaba jadeando y respirando entrecortadamente—. Vamos a ver si te gusta esto —ella gruñó, detrás dándole a través de la cara—. Duele, ¿no? —con su mano izquierda, ella alcanzó detrás de ella y tiró de la segunda Sig hacia fuera—. Ahora tú vas a morir, hijo de puta….

— Me temo que no puedo dejarte hacer eso.

Jude congeló el dedo en el gatillo, reconociendo la voz detrás de ella. Con la punta de la Sig todavía reclinada entre los ojos de Kent, ella echó un vistazo sobre su hombro para ver a Sasha tranquilamente en el umbral, su propia arma apuntando a Liz.

—Tan pesado como él es, Jude, no puedo dejarte matarlo, aún —ella paseó la longitud de la sala de juntas y ayudó suavemente a Jude a ponerse en pie. Cuando Kent hizo un movimiento para levantarse, un gesto minucioso del arma de Sasha lo impidió. Se fijó en el cuerpo ensangrentado de Jude con una mueca—. No puedo creer que hayas sido disparada.

—Él tuvo suerte —Jude murmuró, no absolutamente creyendo que ellas estuvieran teniendo esta conversación. Sin embargo, Sasha era cortés en los más descorteses momentos, y Jude no iba a interrumpir el equilibrio que mantenía a ambas, ella y Liz, vivas por el momento.

—Él debió tenerla. Aunque duele, ¿uh?

—Como una perra, — Jude convino.

—Llamaré a Stephen luego. Él es quién te cuida, ¿no? —ella arqueó una ceja interrogatoria.

—Seguro, —Jude contestó con incertidumbre.

Sasha indicó a Liz con un tirón de su cabeza.

—Desata a la reportera y consigue que se mantenga en pie. Vamos a dar un paseo —ella miraba con desdén la forma de Kent—. Ahora levántate, idiota —sacudió su cabeza hacia el ensangrentado agente federal—. Tú has complicado las cosas insoportablemente, sabes. Tráela aquí —señaló al suave gemido de la reportera.

Jude intentó no hacer caso de la roedura inquieta en el hoyo de su estómago, esperando por todos los dioses que los pensamientos de lo que acababa de pasar no hubiera sucedido.

—Ey tú.… —liberó rápidamente a Liz de sus ataduras y cogió la forma delgada en sus brazos, haciendo una mueca de dolor al presionar sobre su hombro dañado—. ¿Puedes caminar?

Liz abrió los ojos hinchados para centrarse nebulosamente en su amante.

—Te ves como la mierda, Jude.

La mujer oscura manejó una risa desigual.

—Dímelo a mí. ¿Puedes caminar? — ella repitió.

—Sí….tan pronto como alguien le diga al cuarto que pare de girar —ella deslizó el brazo alrededor de la
cintura de Jude y se dejó envolver en un medio abrazo. La sangre corriendo bajo el brazo de Jude y sobre la Sig que ella todavía agarraba en su mano hizo que la reportera se alarmara.

—Estás herida.

—También tú, amor. Vamos, tenemos que movernos.

—¿Esto ha terminado? —los ojos verdes suplicaron suavemente a los azules.

Jude echó un vistazo para arriba a las dos figuras que esperaban en la puerta—. Todavía no.

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Re: Lucifer rising, Sharon Bowers

Mensaje  malena el Junio 9th 2013, 12:26 am

Para su sorpresa, Sasha permitió que Jude conservara las Sig y desarmó a Kent que se colocó enfurruñado al otro lado de la mujer leonada. Él no había aceptado aún el hecho de que, dondequiera que fueran todos ahora, él no era uno de los que iban a hacer el viaje de vuelta. Jude estaba un poco más incierta sobre lo que su ayudante tenía en mente para ella y Elizabeth. Pero sospechaba un mal presagio para la pequeña mujer actualmente en sus brazos. Su mente comenzó a recorrer a través de varios escenarios hasta que golpeó con el probable.

—Vamos a ir a ver a Romair, ¿no? —preguntóa Sasha mientras que caminaban al elevador.

Sasha sonrió en el reconocimiento.

—Eso es por lo que tú consigues tanto dinero, querida. Siempre estás un paso delante de la competencia.

— Excepto esta vez.

La mujer leonada se encogió de hombros agraciadamente.

—Tú estabas un poco….distraida —sus ojos se estrecharon al ver a la mujer de cabellos miel que descansaba bajo el abrigo del buen brazo de Jude—. De todas formas… los muchachos están esperando en el garage. Fijé una pequeña reunión con Romair donde nosotros vamos a resolver estas cosas. ¿Puedes mantener la hemorragia lo suficiente para el paseo de ahí?

—Sí, —Jude murmuró, aunque su brazo ya estaba entumecido del dolor—. ¿A dónde vamos exactamente?

Sasha le ofreció una pequeña sonrisa misteriosa.

—Lo verás cuando lleguemos allí.

Y no hay duda de que es donde matara a Kent y Elizabeth. Una parte de ella todavía se preguntaba si ésa era intención verdadera de Sasha. La mujer leonada tenía que saber que una forma para traer toda la furia de Jude era dañando a Liz. Su optimismo se alzaba con este pensamiento. Sasha no tenía ninguna manera de saber que Jude y Romair se habían reunido esa tarde y que ellos habían juntado su conocimiento, incluyendo sus sospechas sobre Sasha. ¿Qué vas a hacer, Romair? ¿No te mostrarás? O tú….

Mientras las puertas del elevador se abrieron, ellas fueron saludadas por el rugido y el grito de un tiroteo. Oh….eso es lo que harás. Al parecer, Romair había decidido tomar la iniciativa y traer la reunión a Sasha. Jude reconoció varios de los argentinos como sus propios hombres.

Apretando su abrazo en Liz, ella se agachó y rodó hacia la cubierta del cercano Porsche, arreglándoselas para disparar a sus atacantes. El costoso coche ya estaba lleno de balas, así que ella razonó que algunos más no harían daño. Ella vio a Sasha levantar su arma y disparar en el argentino más cercano, entonces se encogió y rodó fuera del camino. Sin embargo, Kent no fue tan afortunado, mientras saltaba a la seguridad de un pilar cercano, fue atrapado por una bala perdida que le atravesó la parte superior del cráneo, dejando al descubierto los restos vulnerables de su cerebro.

Mientras Jude vió a su viejo socio morir, ella solamente lamentó que no hubiera sido ella quién le metiera la bala.

—Esto no es bueno, Jude. Éste no es bueno —Liz gimió cuando se dejó caer contra la pared.

—Y tú dijiste que había un camino con las palabras —Jude hizo muecas. Esto era lo que ella sabía mejor. Cómo salir de situaciones imposibles. Sin Liz como moneda de cambio, nadie tenía cualquier asimiento sobre ella. Ella podría concentrarse en salir ambas con seguridad y dejar a la gente de Romair y la suya propia matarse. Por supuesto, la policía iba probablemente a estar aquí en cualquier momento.

Ella vio surgir la forma lisa de Sasha y llevarse por delante a dos argentinos más. La mujer leonada gritó para que sus hombres se reagruparan, y los de los trajes oscuros comenzaron a colocarse detrás de ella y lejos de Jude y de Liz.

—¿Dónde aparcó Kent? —preguntó a su amante. La mujer de cabello miel frunció el ceño.

—Yo realmente no estaba prestando atención en ese momento.

—Lo sé, pero piénsalo. Nosotras no podemos sacar el Porsche de aquí.

—Liz miró la máquina costosa que actuaba como su protector.

—Nunca me gustó este coche.

Jude frunció el sueño.

—¿Realmente? ¿Por qué no? —una bala rayó por su cabeza—. Joder esa estuvo demasiada cerca. Piensa Liz, ¿dónde lo estacionó?

Las balas volaron sobre sus cabezas, haciendo imposible oir con el pleno auge de las pistolas.

—Oh, no importa....vamos tienen que seguir para ello y esperamos que sea de la cochera.

A pesar de que ella dijo las palabras, sabía que en la posición en que estaban, no llegarían lejos. Su brazo derecho estaba entumecido ahora, y sospechaba que los nervios habían sido dañados. Con sólo un buen brazo, ella iba a tener que disparar y esperaba que Elizabeth pudiera mantener el ritmo. A juzgar por las contusiones en el rostro de Liz, imaginaba que su amante, probablemente sufrió una conmoción cerebral y no estaba en condiciones para funcionar.

Una mano suave la tomó del brazo y tiró de ella en un feroz abrazo.

—Te amo, Jude —Jude enterró la cabeza en el pelo de miel, ahora manchado de sangre. Todavía olía un poco al shampoo perfumado cuando se frotó con cariño contra ella, y Jude simplemente se dejó a la deriva durante un momento precioso con la sensación de descanso en los brazos de su amante, una vez más.

Se obligó a mirar a los ojos verdes más profundo que jamás había visto. Que brillaban con un amor de gran alcance, si Jude no hubiera estado de rodillas, ella habría caído en ellas.

—Te amo también, Elizabeth —usando un tiempo que no tenía, sus labios encontraron a su amante y los capturaron en un dolorosamente dulce beso que amenazaba con rasgar su alma de las ataduras. Todo lo que había sido, y sería resonó en ese beso. Y prometió una eternidad para las dos.

El tiempo pareció detenerse para la mujer morena, y ella podía escuchar cada sonido distinto, el trueno en auge fuera de sincronía con la luz de los relámpagos que todavía atravesabab el cielo irregular, el aullido de las sirenas más cerca de lo que esperaba, y destacando todo el boom-boom de fuego de las SIG y Glocks contestándose unos a otros en una sinfonía de derramamiento de sangre. Los hombres cubrían el suelo, derramando su fuerza de vida despreocupada en el concreto, y Jude se dio cuenta en este instante frenético que no quería morir.

No aquí....

No así....

Ya no.

Con un último abrazo, Judas le preguntó vacilante.

—¿Estás lista?

—Tato como pueda llegar a estarlo —Liz esbozó una sonrisa a su amante, sus pensamientos infaliblemente paralelos a la mujer morena.

—¿Ya decidiste en donde vamos a tomar esas vacaciones?

Un sonido que fue mitad risa, mitad lloriqueo escapó de la garganta de la periodista.

—¿Por qué no acabamos de decidirlo cuando lleguemos al aeropuerto?

—Bueno....te lo advierto, yo quiero ir a algún lugar realmente genial.... —trató de bromear.

Finos dedos extendidos acariciaron la cara de llena de heridas de Jude; en voz baja.

—Jude ...—la aceptación se reflejaba en los profundos ojos de la reportera—. Es hora de irnos....

La mujer morena tomó aire para tranquilizarse y asintió.

—A la cuenta de tres....listas.... —revisó el clip de la Sig una vez más y flexionó los dedos alrededor de la empuñadura—. Tres....dos....¡VAMOS.....!

Agachandose mientras corrían, Jude y Liz recorrieron la ruta en zigzag hacia la puerta. Jude dejó caer a un hombre que apareció de pronto delante de ellas, pero eso distrajo la atención de su amante al lado. Había dado algunos pasos más cuando se dio cuenta de que Liz no estaba con ella. Con un aullido de rabia, se dio la vuelta para ver a su amante en el suelo, la sangre fluía de la pierna y el cuello. Ella se abalanzó hacia la reportera, el nombre de Liz rasgando su garganta. Justo cuando llegó a la mujer de cabello miel sintió un calor horrible que salía de su espalda y su pierna mientras caía sobre el cuerpo de su amante.

Y luego, afortunadamente....todo se puso negro.

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Re: Lucifer rising, Sharon Bowers

Mensaje  malena el Junio 9th 2013, 12:29 am

Epílogo

Seis semanas más tarde....

—¿Tienes un minuto? — Lucas estaba inusualmente tímido mientras miraba alrededor de la pared gris fabricado del cubículo de Liz.

Sólo había vuelto a la oficina durante unos días y todo el mundo seguía pisando con mucho cuidado a su alrededor. Ella había escrito su artículo, “El alzamiento a la gracia”, desde una cama de hospital. Ahora, Bantam Books le ofrecía a ella una cantidad obscena de dinero para contar la historia completa de principio a fin.

El problema era que había algunas partes de la historia que quería olvidar desesperadamente.

Recordó besar a Jude ferozmente y correr al lado de ella hasta que un intenso dolor le cortó abajo ....y aunque su mente estaba gritando que se levantara, a correr, a unirse a su compañera....se cayó, otra agonizante quemadura se apoderó de ella, esta vez en su cuello....Ella no podía ver la cara de Jude, pero podía oír el grito de angustia que su nombre desgarró en la garganta de la mujer morena. Se obligó a mantener los ojos abiertos...dispuestos a levantar sus brazos....y entonces vio caer a Jude....tan lejos…tan difícil....¿Cómo podría estar tan lejosel suelo....? Jude cayó de huesos en contra ella, mechones de rojo de su vida que brotaban de las heridas en su cuerpo....

Trató de gritar, intentó acunar la forma de su amante...pero cada respiración le costaba su energía y sus ojos se cerraron contra la marea negra de bienvenida....Su último pensamiento fue Jude....y su última esperanza era que dondequiera que terminara, Jude la estaría esperando allí....

Cuando se despertó en el hospital, le dijeron que tres días habían pasado. Jude no estaba por ninguna parte. La policía la había interrogado casi tan despiadadamente como cuando ella les preguntó....pero nadie sabía donde estaba Jude. El equipo SWAT no encontró ningún rastro de ella ni de Sasha, entre la docena de cuerpos que se recuperaron. Kent ha sido uno de los cadáveres, y poco a poco la historia se había desarrollado.

Los médicos le dijeron que había tenido suerte. Una bala que debería haber sido mortal sólo le rozó el cuello. Ella tendría una fea cicatriz en el lado derecho de su cuello, pero estaba viva. La bala en la pierna era más problemática, pero un par de semanas de terapia física la había devuelto a la normalidad. Tan pronto como pudo sentarse, llamó a Lucas y le hizo traer su PowerBook al hospital. Ella se sorprendió cuando María se la había entregado. Habían compartido un intercambio incómodo, atormentadas por el dolor y tan atormentado por la pena y la inquietud de lo que había sucedido. María había golpeado en las puertas de todos los agentes de la DEA que conocía, como Tony, para tratar de averiguar lo que había sucedido a Jude. No sabían nada.

O eso afirmaban.

Había intentado ir a la casa, pero la DEA la había acordonado y le impidió entrar al interior. Había logrado hablar con Carmina por unos momentos, y encontró al ama de llaves rotundamente angustiado como ella. Le había prometido a la mujer de más edad que no descansaría hasta que ambos supieran lo que había sucedido a Jude.

Eso fue hace seis semanas, y las pocas esperanzas a las que ella se había aferrado al desvanecimiento eran duras. Se mostró en sus ojos, su color verde generalmente vibrante ahora embotado en un gris sin brillo. Sombras oscuras daban fe de las noches en vela, su cuerpo anhelando el confort de la comodidad de la forma elegante de su amante. Se movió en su asiento con un suspiro de cansancio y saludó a su jefe.

—¿Qué pasa, Lucas?

—Creo que sería especialmente estúpido preguntarle cómo estás. Te ves fatal—. Se sentó en el borde de su escritorio, su área ordenada visiblemente inquietándolo.

Liz gestionó una media sonrisa de corazón.

—Realmente sabes cómo hacer que una chica se sienta especial, jefe —se encogió de hombros —. De todos modos, me voy a casa en poco tiempo.

—Bien —Lucas asintió con la cabeza, rascándose la cabeza al mirar a cualquier lugar, menos a su empleada.

Realmente ella no estaba de humor para andar de puntillas por ahí. Todo el personal, que en general la apoyaba, estaban muy inquietos al respecto. Liz no sabía si era a causa de su calvario o por la contundente honestidad con la que ella había escrito acerca de su amante y los acontecimientos que condujeron hasta el disparo. Ella sabía que había roto la regla de oro de la información, pero, francamente, realmente le importaba un comino. Para ser honesta, no tenía muchas ganas de ser reportera por más tiempo. Era necesario un desprendimiento que ya no poseía. Si todo lo que quedaría de Jude era ese legado, Liz tenía una resuelta negativa a ser un espectadora más en su propia vida, entonces, por Dios, que iba a honrar a eso.

—¿Necesitas decirme algo?— Liz empujó.

—Sí....el contrato del libro. ¿Vas a tomarlo?

Ella suspiró de nuevo y se pasó una mano por el pelo. Más y más, Liz se había dado cuenta de que había sido un hábito propio su amante. Era una de las pequeñas cosas que todavía le hacían sentirse cerca de Jude. Era casi todo lo que quedaba de la mujer morena.

—No sé, Lucas. Probablemente. Me darán un anticipo bonito y gordo y me podría ir a algún lugar lejos de aquí.

—Eso podría hacer algún bien —se aferró a la idea con entusiasmo—. Poner todo esto detrás de ti.

Liz lo miró con una mirada fría que le hizo palidecer.

—Yo no quiero olvidar, Lucas. Nunca —quería gritarle, ¿no lo entiendes? Todo lo que significaba algo para mí desapareció con ella....Recuerdos son todo lo que me queda. No, ella no se iba lejos a olvidar. Se iría lejos y recordaría, con amoroso detalle, recordando todo lo que habían sido la una para la otra. Cerró los ojos y exhaló suavemente.

—Lo siento, Lucas. Estoy muy cansada —se disculpó sin convicción.

—¿Aún no puedes dormir?

—No —sacudió la cabeza—. Y odio esa cosa que el médico me dio. Me hace sentir todo borroso, incluso cuando estoy despierta. Prefiero tener el dolor....y recordar....que el sueño y el olvido.

—Bueno....ve a casa y tratar de tomarlo con calma —se puso en pie torpemente, como si fuera a salir.

—¿Pensé que había algo que querías decirme?

—Oh...sip....uh...sólo quería decirte, que la Junta quiere poner a “El alzamiento a la gracia” en la nominación para el premio Pulitzer. Ellos piensan que tiene una buena oportunidad de ser preseleccionada.

Hace tres meses había sido todo lo que Liz hubiera deseado, sobre todo, junto con el
reparto de libro. Ahora acaba de dejar una sensación de vacío. Ella asintió.

—Gracias por decírmelo, Lucas.

—Claro—. Se acercó hacia el pasillo y se volvió hacia ella —vete a casa, Liz. Nos vemos el lunes.

—Gracias, jefe —se despidió y se agachó para recoger sus cosas.

Varias otras personas asintieron con la cabeza cuando salía de la oficina, distraídamente pulsó el botón del vestíbulo en el ascensor.

Después del frío, controlado por el aire acondicionado de los pasillos de la oficina, el calor abrasador del verano se sentía bien en su piel. Cegada por el brillo del sol, excavó en su bolso por las gafas de sol y las puso con gratitud en sus ojos. Cerró el cierre y se volvió hacia el estacionamiento en la calle a su derecha.

—¿Quieres dar un paseo, querida?

Liz se congeló a mediado de paso, temerosa de dar la vuelta. Ella reconoció la voz. Le había susurrado secretos en la noche, diciendo su nombre con pasión y la atormentaba con su ausencia en estas semanas sin fin.

—Date la vuelta, amor —se convenció que sus músculos temblaban de repente—. Elizabeth.... —su nombre, un soplo, un susurro, una súplica—. Date la vuelta.

De alguna manera, con la fuerza que no sabía que poseía, Liz giró lentamente sobre un solo pie, dispuesta a huir para no comprobar que la voz era de un fantasma.

Se quedó sin aliento al verla delante de ella.

Era Jude, delgada y demacrada, su pálida piel de bronce que Liz podría haber imaginado, de lino blanco, pantalones y una camiseta azul colgando de su cuerpo largo. Ella se apoyaba en gran medida en un bastón de caoba, y su brazo derecho estaba apoyado cuidadosamente en un cabestrillo. Las lesiones en su rostro parecían curar, pero ahí estaba una ligera cicatriz en su mejilla. Instintivamente, dio un paso adelante, un sollozo sonó en su garganta.

—Oh Dios.... —susurró—. ¿Eres....¿Eres realmente tú?

Jude le dio una sonrisa torcida, el movimiento lento la única indicación de su dolor.

—Ven aquí.

Liz borró la distancia entre ellas con paso rápido, con los brazos hacia fuera para alcanzar a Jude. Vacilante, con dedos temblorosos tanto, que apenas podía controlarlos, acariciaba el rostro de su amante, dibujando tenues líneas a través de las mejillas y la mandíbula.

—¿Puedo? —¿Puedo tocarte? ¿Puede amarte? ¿Eres real?

La brillante sonrisa en el rostro de Jude respondió a las tres preguntas no formuladas con un rotundo, SÍ….y Liz puso tiernos brazos alrededor de la cintura a su amante. Ambas jadearon suavemente al tacto, tanto con el temor de que se tratara de algo que siempre les habían negado. Liz maldijo en silencio el bastón que Jude tuvo que agarrar y la herida en el brazo que mantenía a su amante sin devolver el abrazo, pero tranquilizada por la forma en que Jude se apretaba contra la periodista tan firmemente como pudo, echando todo su amor en ese fugaz contacto.

—¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué te pasó, Judas? ¿Dónde fuiste? —todas las preguntas se desplomaron fuera, junto con las lágrimas que Liz pensó que ya había llorado.

—Shh.... —Jude la calmó, presionando besos suaves en la parte superior de la cabeza de su amante. Se movía precariamente, Liz reforzando su dominio, sin querer dejar que la mujer morena, se fuera de su vista de nuevo.

—Con cuidado ahí —fue otra voz, una que Liz no reconoció fácilmente. Su cuerpo se tensó cuando se volvió con la cabeza. La cara soñadora de Stephen transmitida a su vez.

—No la dejes actuar tontamente contigo. Una fuerte brisa la derribaría.

—Stephen....¿qué pasó? ¿Qué estás haciendo aquí?

—¿Por qué Jude no te da la versión corta, mientras conduzco? —Stephen abrió la puerta del Explorer verde y les ayudó a entrar. Parecía mucho más coherente que la última vez que Liz lo había visto, más tranquilo y más feliz de lo que ella había creído que podía ser. Cualquier temor de El Diablo parecía haberse disipado en las últimas semanas desde que se cruzaron por última vez sus caminos. Ahora gentilmente acomdó a Jude en el asiento trasero, con manos expertas y dando una mano a Liz en el asiento junto a ella.

—La versión corta será por ahora —Liz acordó, juntando las manos de su amante con torpeza, ya que el que tenía más cerca era el brazo lesionado de Jude, para sujetar su mano izquierda. Liz terminó su participación en un medio abrazo, que estaba bien para ambas. Stephen corría alrededor de la parte delantera de la Explorer y se metió en el asiento del conductor.

—¿A dónde?

Jude parecía perdida. Ella miró a Liz con cuidado, buscando alguna señal.

—Maneja a la casa de la playa —Liz ordenó en voz baja. Luego sonrió a su amante—. No he sido capaz de ver los animales salvajes. Los echo de menos.

—Estoy segura de que ellos también te extrañan —Jude sonrió—. Espero que recuerden quién soy.

—¿No has ido a tu hogar? ¿Dónde has estado? ¿Y por qué no te has puesto en contacto con alguien? Ria y Carmina están a punto de volverse locas de la preocupación. ¿Por qué?

—Whoa! —Jude le apretó la mano suplicante—. Cada cosa a su tiempo —¿Okay?

—Lo siento —Liz sonrió tímidamente—. Tú me ibas a dar la versión corta.

—Correcto —Jude tomó aire profundamente, tratando de calmar su pulso acelerado. Al principio, Liz se dio cuenta que la mujer oscura estaba temblando violentamente. Apretó su abrazo ligeramente, satisfecha de que con su contacto Jude parecía relajarse profundamente en su abrazo—. Después de que tú.... —dio de bruces con las palabras—, cayeras, traté de llegar hasta ti.

—Conseguiste que te dispararan también.

—Sí. Recuerdo la caída, pensando que todo había terminado para nosotras dos. Hasta que me desperté una semana más tarde en una habitación privada en algún centro de triaje del que no quiero saber nada —asintió con la cabeza al médico que conducía con cuidado por las concurridas calles de Miami—. Yo no sé dónde lo encontró Romair, pero Stephen estaba allí. Resulta que él había pasado la mayor parte del día recogiendo los fragmentos de bala y otras cosas variadas, incluyendo un riñón, fuera de mi cuerpo.

—Jude….¿un riñón? Oh, Dios mío....¿Estás bien?

—No te preocupes, el otro funciona bien. Sólo me va a doler muchísimo durante un mes, más o menos. La bala en la pierna simplemente jodió el músculo, así que va a estar bien también.

—¿Tu brazo?

—El nervio está dañado —Jude se encogió de hombros—. Me dicen que voy a tener un endemoniado detector de tormentas y la movilidad estará permanentemente restringida....pero en conjunto no es demasiado malo como compensación. Afortunadamente fue mi brazo derecho y no mi izquierdo. No me gustaría tener que aprender a escribir con la otra mano.

—Así que....no entiendo. ¿La gente de Romair te sacó?

—Sí, él estaba allí mismo. Aunque yo no lo sabía en ese momento. Me sacaron y volvieron por ti cuando llegaron los policías. Puesto que sabían que ibas quedar libre y limpia en términos jurídicos, permitieron a la EMT cuidar de ti y me empujó fuera de este lugar de triage que, aparentemente, Romair había atesorado como mierda, exactamente así —sonrió, en reconocimiento a la planificación del argentino—. Ese tipo sabe lo que está haciendo, Liz.

—Sasha?

Jude se encogió de hombros.

—Desaparecida. Permanentemente si ella tiene algún sentido común. No tengo ni idea de qué estaba planeando. Ella pudo haberte matado —su control sobre la mano más pequeña de la mujer se hizo más fuerte—. Si alguna vez vuelvo a verla....

—Shh.... —Liz la tranquilizó con un gesto de ternura—. No pienses en eso ahora, ¿de acuerdo?

—De todos modos....yo estuve bastante fuera de mí durante casi tres semanas, sin hacer casi nada, excepto dormir. Yo no estaba consciente más que de unos pocos minutos.

—Todavía no entiendo por qué Romair no se puso en contacto conmigo.

—Él no quería que estuvieras involucrada, Liz.

—¿Involucrada? —involuntariamente, su voz se elevó tres octavas—. Te amo, maldita sea. Ya estoy involucrada.

Jude cambió su cuerpo para que pudiera llamar a su amante cerca de ella.

—Jurídicamente hablando, amor. Él no sabía exactamente donde yo estaba con la DEA, por no mencionar el estado. Había una clara posibilidad de que yo tuviera que abandonar el país permanentemente. Si ese hubiera sido el caso, yo no quería que supieras nada hasta que se solucionara. De esta manera los federales no te acosarían.

—Estoy asumiendo que ya que estás aquí y no en Tijuana es que estás limpia.

Jude se rió suavemente, saboreando la forma del cuerpo de Liz cómodamente contra de ella. A pesar de que se extendían los puntos que envolvían casi por completo alrededor de su estómago, no quiso mover a su amante una pulgada más lejos de ella.

—Mayormente —estuvo de acuerdo—. La Agencia tiene su ropa interior en un pabellón colectivo sobre lo que Kent hizo. Eso y el retrato de color de rosa que pintaste sobre mí los convenció de que indagar más contra mí sería una pérdida de tiempo.

—No fue color de rosa —Liz protestó, apoyando la cabeza contra el pecho de Jude para que pudiera escuchar el tranquilizador lub dub, lub dub del corazón de la mujer morena. El pulso firme y constante llevó a casa el mensaje de que todavía no se había hundido completamente en él—. Realmente estás aquí —se atragantó las lágrimas comenzando a brotar una vez más por su cara.

—Estoy aquí —Jude cantó suavemente, acariciando la cabeza de cabellos de oro y suspirando en voz baja—. No voy a ir a ninguna otra parte. Te lo prometo.

Viajaron en un silencio reconfortante el resto del camino a casa.

°°°°°°°°°°°°°°°

La casa era una cacofonía de ladridos de perros cuando Jude le permitió a su amante que la ayudara a entrar. Stephen se apresuró a sí mismo a traer varios suministros médicos y el equipaje que había adquirido durante las semanas de intervención. Por último, pasó por la cocina, y anunció que iba a ir a buscar a la cena.

Clytemnestra, Aggie y Pete bailaron alrededor de su señora y la persona más pequeña haciendo una especie de danza canina, cada uno de ellos compitiendo por la atención. Pete se intensificó más que otras veces, y dejó escapar un aullido lastimero que sobresaltó a los otros dos perros más grandes en el silencio. Jude y Liz se rieron de sus payasadas, prodigando la atención en los tres hasta que Liz abrió la puerta del patio y los dejó correr su exceso de energía en la playa.

Jude salió cojeando después del silencio y cerrando las puertas corredizas de cristal.

—Hola —dijo en voz baja, de pie detrás de la mujer de pelo miel.

—Hola a ti —Liz respiró, sumergiéndose en el olor cálido de la mujer que amaba. Las lágrimas habían sido catárticas, exprimiendo lo último de su dolor y la alegría de ver a Jude de nuevo y saber que su conexión todavía existía.

—Estoy un poco coja —Jude se disculpó—. No puedo abrazarte correctamente —Liz se dio vuelta para mirar a los ojos más azules que había visto.

—Entonces dame un beso.

Los comienzos de una pequeña sonrisa en los labios curvados de Jude, que se agachó para captar la boca de mujer de pelo miel con la suya. Fue provisional en un primer momento, sus labios apenas tocándose entre sí. La llama familiar pronto superó cualquier reticencia, y la boca de Liz abrió sus puertas en una alegre bienvenida. Sus brazos cayeron alrededor de los anchos hombros de su amante, teniendo cuidado de sus muchas lesiones cuando trataba de comunicarle el amor que sentía por la mujer en sus brazos.

Ninguna de las dos era consciente del paso del tiempo, ya que se entregaron a una reintroducción persistente. Sus besos se hicieron progresivamente más juguetones ya que ambas mujeres se daban cuenta de que los acontecimientos que casi las matan a las dos no habían destruido sus sentimientos de la una por la otra. Desesperados por respirar, Jude lamentablemente se separó.

—¿Te he dicho lo buena que eres en eso? —sonrió.

—Se necesitan dos, amante —Liz contestó, sus ojos brillaban intensamente.

Jude se inclinó por otro beso.

—Mmm....Creo que tienes razón —sonrió pero no podía ocultar que le costaba mantenerse derecha.

—Vamos a sentarte, ¿de acuerdo? —Liz sugirió, no echando en falta el destello de dolor en los ojos de Jude.

—Eso es probablemente una buena idea —Jude acordó, dejándose caer en una silla cercana—. Tenemos que hablar de todos modos.

—Suena serio —Liz trató de bromear.

El cálido azul de los ojos de Jude sigue siendo serio.

—Lo es —respondió ella.

Liz se acomodó al alcance de los brazos de la mujer morena, no muy dispuesta a romper su conexión física tan pronto.

—Está bien, dispara —hizo una mueca en el juego de palabras—. Lo siento. Olvida que dije eso.

Una sonrisa irónica adornaba los rasgos de Jude.

—No hay problema. Leí “El alzamiento a la Gracia” —Elizabeth....si esa es la forma en que realmente me ves....

—Lo es —Liz le aseguró, muy dispuesta a defender el retrato de su amante que había pintado para el mundo.

—Entonces yo soy la mujer más afortunada del mundo. Yo no lo merezco....Yo no te merezco…. —Jude luchaba por palabras—. Deberías estar con alguien que no casi consiga que te maten como rutina....

—¡Ey! —Liz ojos verdes oscuras peligrosamente—. Pensé que establecimos que decidí que era lo mejor para mí—.

Jude sostuvo su mano en súplica.

—Lo haces, y créeme, no estoy discutiendo tus elecciones —bajó los ojos, de repente empeñada en la tela que cubre los cojines de la silla—. De hecho.... —un rubor suavemente calentaba sus rasgos—. Eso es de lo que quiero hablar contigo.

Una alegría que Liz creía que había sido destruida por la bala que atravesó la espalda de Jude comenzó a hervir a fuego lento en lo profundo de su vientre.

—¿De veras?

Jude se inquietó tanto como sus heridas le permitían. Ella levantó una mano temblorosa para trazar la línea de la mejilla de su amante.

—Sí....Yo….uh....¡Maldición esto es difícil! —entrecerró los ojos a Elizabeth—. Supuse que tú también estarías hablando.

—Nu—uh.... —Liz movió la cabeza con una sonrisa—. Este es tu programa —su rostro se suavizó y añadió

—, tengo que oír esto, Jude. Tengo que oírte —la mujer morena tragó saliva y asintió.

—Nunca esperé estar en este lugar. Ser libre y estar limpia sin nadie que acechara sobre mi hombro. Yo.…no sé qué tipo de pareja sería —miró las olas contra la arena y los perros jugando allí—. Yo te lo he dicho antes. Nunca he intentado vivir una….vida normal.

—¿Eso es lo que vamos a vivir, Jude? —Liz miró a su amante con atención—. ¿Una vida normal? —Jude asintió.

—Sí. Me he….despojado....de todo lo que haría que algunas personas quisieran hacerme daño —se rió—.

Aunque también he oído que los promotores de bienes raíces pueden ser bastante despiadados —unió la mano de Liz suavemente a la suya—. Me gustaría tratar de tener esa vida contigo.... —bajó los ojos de nuevo—. Eso....si....bueno....si quieres probar.

Liz trajo sus manos entrelazadas y se las llevó a los labios, presionando un beso suave en cada uno de elegantes dedos de su amante.

—¿Estás segura de esto, Jude? —se tranquilizaron los ojos azules con los suyos—. ¿Después de todo lo que ha pasado?

Una sonrisa iluminó el rostro de Jude, iluminando sus rasgos angulares con calidez y la representación de una mujer exquisita dolorosamente hermosa.

—Nunca he estado más segura de nada en mi vida —se giró hacia su amante....su pareja....su alma gemela, ignorando todos los dolores y molestias, hasta que se encontraban la una en brazos de la otra,
sus labios y la lengua comunicaban lo que sus palabras no podían. Liz suspiró profundamente abriéndose a la mujer morena del abrazo, una alegría indescriptible que la rodeaban con el calor, la risa y el amor.
Liz había descubierto el secreto de Jude Lucien....esta mujer extraordinaria que había sido dotada de una inteligencia formidable y un corazón lo suficientemente robusto para soportar una brutalidad que ningún hombre o mujer debe tener que hacer frente, alguna vez. Había dejado la luz y caminaba en la oscuridad. Ella había conocido el mal y la convirtió a su servicio. Pero a pesar de eso, o quizá debido a ello, había mantenido una pureza esencial del alma sin oscuridad, no importando lo feo o vil que fuera, siendo capaz de destruirla.

Jude diría que ella no era santa....tan seguro como Elizabeth diría que su amante no era el diablo....pero para la reportera de pelo miel esta mujer a quien llamó su alma gemela era un ángel único, concedía una gracia que sólo aquellos que han caído pueden saber.

Ella no sabía qué pasaría con ellas ahora que las cosas estaban cambiando. La oscuridad de Jude no desaparecería por la simple disolución de su imperio ilícito. Lo que ella llevaba dentro de ella, lo tendría siempre, más de una noche perdería contra los demonios que clamarían por ella con más violencia ahora que eran renegados. Pero ambas se enfrentarían con una ligereza de espíritu que tendría que ser experimentado para ser comprendido. Porque ninguna de las mujeres estaría sola por más tiempo, ellas habían encontrado una en la otra el componente que sus almas había echado en falta.

A través de Jude, Elizabeth había conocido la oscuridad....y ahora, a través de ella, Jude conocería la luz. ¿Simple? Tal vez....pero ella está firmemente convencida de que sería suficiente para llevarlas a cabo por los días y las noches que vendrían.

Tendría que ser.

FINAL
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Re: Lucifer rising, Sharon Bowers

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