PlanetaL, tu foro les
Lo más visto
Libros
Fanfictions y Relatos
Cine
Cortometrajes
Archivo TLW
Fan fictions TLW
Últimos temas
» Fotos antiguas
Julio 15th 2017, 4:32 pm por malena

» Libro No te veía por Jennifer Torices Gómez
Julio 12th 2017, 11:48 pm por julia

» Peliculas de tematica les
Abril 29th 2017, 8:51 pm por julia

» Alerta de huracán, Melissa Good
Abril 17th 2017, 8:54 pm por malena

» Cortos de temática lesbica
Abril 15th 2017, 12:21 pm por julia

» Easy Abby
Abril 15th 2017, 12:16 pm por julia

» When we rise
Abril 2nd 2017, 8:28 pm por julia

» Poesía k entiende
Marzo 21st 2017, 11:31 pm por malena

» Youtubers
Marzo 13th 2017, 11:03 pm por malena

Webs amigas


Ir a Revista MiraLes

Ir a AmbienteG

Visitas


Contador de visitas



Safo de Mitilene

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Safo de Mitilene

Mensaje  malena el Octubre 27th 2012, 11:07 am



Poetisa griega. Pocos datos ciertos se tienen acerca de Safo, de quien tan sólo se conservaron 650 versos, extraídos de citas tardías y del moderno estudio de papiros. Vivió toda su vida en Lesbos, con la exepción de un corto exilio en Sicilia motivado por las luchas aristocráticas.

Supuestamente perteneciente a la aristocracia, llevó la vida propia de las mujeres de la clase alta, alejadas necesariamente del ambiente de luchas e intrigas políticas; según una tradición que parte de Anacreonte, era homosexual. Se la ha presentado siempre como profesora de una escuela de poesía fundada por ella, lo que es difícil de certificar, aunque sí es cierto que convivía con sus compañeras en un clima distendido y propicio a la contemplación y recreación en el arte y la belleza.

De su obra, que al parecer constaba de nueve libros de extensión variada, se han conservado algunos Epitalamios, cantos nupciales para los cuales creó un ritmo propio y un metro nuevo, que pasó a denominarse sáfico, y fragmentos de poemas dirigidos a algunas de las mujeres que convivían con ella.

En ellos se entrevé la expresión de una subjetividad que se recrea en sutiles oscilaciones de ánimo, en un intento de dar forma a la pasión. Presenta la pasión amorosa como una fuerza irracional, situada entre el bien y el mal, que se apodera del ser humano y se manifiesta en diversas formas, como los celos, el deseo o una intangible nostalgia, e incluso produce reacciones físicas, como las que describe detalladamente en uno de sus poemas, el más completo que se ha conservado de ella.

avatar
malena
Admin

Cantidad de envíos : 1007
Fecha de inscripción : 16/05/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Safo de Mitilene

Mensaje  malena el Octubre 27th 2012, 11:13 am


Safo, Virginie Lancelot

Latir de Musa

Safo por ella misma

¿Pues qué si digo que frecuentemente no se me ha entendido? ¿Que aquellas -que aquellos (¡qué cansino esto de la lucha de sexos!)- que me utilizan, no como estandarte que sería admisible, sino como arma arrojadiza y como baluarte, o aquellos otros para los que no soy sino objetivo de imprecaciones, no hacen sino abundar equidistantes en lo que yo abomino? ¿Le falta sentido común al ser humano? Ya, ya sé, que no son todos; ya sé que he encontrado espíritus afines en todas las épocas, desde aquélla en la que ya viví (en la que continúo viviendo, proyectada hacia el futuro dejando tras de mí la huella siempre viva del presente) hasta ésta en la que me reflejo. ¡Pero me cansa tanto este malentendido! Quizás en esa razón se base éste escrito, estas memorias críticas, esta diatriba contra el tiempo de la dentellada y el conflicto que busca hacer sangre. Espero, albergo esa esperanza -quizás vana-, que quien esto lea ajuste su percepción de mí a la realidad: la que yo viví, no la que me han hecho vivir a mi pesar. Mi alma está en mi obra, no hay más que leerme como se debe, y apareceré prístina, tal cual fui. ¿Con qué ojos, a qué luz, con qué disposición de ánimo, bajo que enfoque del entendimiento, ese "como se debe" cobra sentido? Con los ojos limpios, a la luz de la verdad, con el ánimo justamente enardecido pero de amable entusiasmo, bajo el enfoque que todo alma, por el hecho de serlo, merece. Intentaré acercarme, no obstante, en lo que sigue, por ver si así, a más corta distancia, se me aprecia mejor.

Niña fui con suerte, nacida de familia noble en todos lo sentidos. Mi patria es Mitilene, en la isla de Lesbos, Provincia Eolia de la Grecia dilatada hacia lo que se ha dado en llamar Asia Menor. Siempre tuve el genio vivo y el corazón ardiente. Es más, creo que no se podría entender mi genio sin la influencia y el protagonismo de mi apasionado corazón. Me eduqué en el mejor sitio de aquella Hélade que venía fraguándose como foco del mundo para el pensamiento y el arte. Gracias al carácter insular, es decir, con esa impronta de lo excepcional que aboca a la autosuficiencia y a la autonomía, y a la feliz confluencia de buena sangre y honestos gobernantes, Lesbos llegó a ser un lugar privilegiado. Favorecida por los dioses en grado sumo, era cuna de bellas mujeres (ya el insigne Homero nos había elogiado casi dos siglos antes) y de gentes dotadas especialmente para el arte, ya fuera música, danza o poesía, de espíritus devotos de la buena vida en el sentido de vida bella que yo haría mía, y de ciudadanos tolerantes, pero altivos y orgullosos -lo que me valdría, años después, el destierro en Siracusa. En tan favorable ambiente crecí y me hice mujer, al tiempo que me hacía poeta, que dominaba la técnica del canto y me convertía en avezada citarista; mis ligeras piernas y mi cuerpo pronto al ditirambo favorecieron mi habilidad en las danzas rituales -mi corazón bailaba con ellas, no debía sino seguir su ritmo-. Tomé marido, y tuve una hija a la que amé. Tras el destierro, volví a esta mi patria y fundé una academia "La casa de las Servidoras de las Musas", donde puse mi talento al servicio de la comunidad, creando un lugar excepcional para educar mujeres excepcionales. Creado bajo los auspicios de la diosa Afrodita, a quien consagré mi vida, allí las doncellas vírgenes aprendían música, canto y danza, pero también el arte de componer guirnaldas ceremoniales, a tejer vestidos suntuosos, a crear adornos y peinados; en fin, a ensalzar la Belleza por medio del refinamiento artificioso que surge del sentimiento más natural.

Allí también amé. Mi corazón, como una laboriosa y aplicada abeja, libaba y libaba, saltando de flor en flor, incansable. El amor prendía en mí con la facilidad de la llama en la estopa. ¿Qué podía hacer yo, la consagrada a Afrodita? como decían aquellos versos que, agradecida a la Vida, una vez compuse:

"Yo amo la delicadeza...
y se me ha concedido el amor, la luz del sol y la belleza
"

¿Que es el amor? Aún no lo sé, salvo para referirme a él por lo que de él gocé y sufrí. No fui una casquivana, mi lecho no era palestra donde coleccionara cuerpos entregados. Qué lejos quien esto piensa está de la realidad. Los que me adjudicaron cien amantes, hembras o varones, no saben lo que el amor de Afrodita significa. Ella, mi Diosa, no hace distingos. Para ella da igual entre quien se dé el hecho amoroso: cuenta el amor en sí. ¿Qué da que sea homosexual, heterosexual o bisexual? El sexo no es más que un accidente fortuito acaecido al alma humana; el que ve en él un carácter exclusivo ante el amor, una especie de papel determinado y rígido ligado unos caracteres físicos yerra de parte a parte. O eso, o es reo de moralina. A Afrodita el sexo no le importa, le importa el hecho, la pérdida en el otro, la enajenación jubilosa de la individualidad que se proyecta hacia el ser amado. El amor no es una droga, es más potente que una droga, pues atañe no solo al cuerpo sino también al alma. Se ha dicho -con manifiesta maledicencia- que mi academia era una especie de falansterio orgiástico, donde las mujeres nos dedicábamos a darnos placer mutuo, y, en parte, no andan muy descaminados, pues nos dábamos placer ¡cómo no! ¿Acaso no es un placer compartir la búsqueda de la belleza? Ayudarnos unas a otras en la adquisición de la excelencia en el refinamiento artístico y social ¿No es un placer? ¿No es una satisfacción ver cómo un alma adquiere la perfección que le es propia, día a día, bajo tus auspicios y enseñanzas? ¿Y qué si surge el amor espontáneo? ¿Y qué si Afrodita nos concede la dicha del embeleso? ¿Hemos de sentirnos culpables de ello, o habremos de darle gracias por tal regalo? Yo, me quedo con lo segundo, así lo he hecho siempre. Y si he utilizado retóricamente la queja ante la dicha del enamoramiento no ha sido sino con la intención de darle el valor que posee: una tal dicha que se convierte en gozoso dolor. Solo quien ha estado verdaderamente enamorado sabe esto. Y no me refiero a vulgares celos, no a dudas y desconfianza, no a posesión egoísta, sino a no poder gozar todo y de una vez lo que se siente, debiendo una conformarse con las pequeñas dosis que los parcos límites del tiempo y el espacio nos permiten; no poder arder intensamente como se siente y, a la vez, sentir con la misma profunda intensidad, eso es lo que nos duele, ahí está el motivo de la queja. ¿Pues, no se ha dicho lo dulce que es la muerte de amor? Ese es el tránsito más gozoso, pues se muere así de un agudo cólico de vida -que es el amor-. ¿No se ha dicho también (¡Cuánto me hubiera gustado haber podido crear yo esa expresión!) que el éxtasis de la pérdida, ese que registra el cuerpo con temblores y rubor, y huida hacia la nada, y entrañas que se abren en la unión, ése, no es una especie de pequeña muerte?

Hablando de la Parca, sobre ella -mi muerte-, poco he de decir. Casi prefiero que se siga creyendo lo increíble, que se me siga representando en una caída infinita hacia el amor. ¡Dios santo, nada menos que desde la roca Leucadia!, el sanctasanctórum de los enamorados enfermos de desamor. No me disgusta que se me represente así, y menos que se haga en la flor y nata de mi juventud, con ese cuerpo esplendoroso -que lo tuve-. ¿Se me permitirá este arranque de coquetería? ¡Pintores, artistas, poetas, permiso mío tenéis para representarme como os plazca, mientras ensalcéis a Afrodita con ello! Mal haría si me enojara, y prueba sería, entonces, de que predicaría una cosa sintiendo otra. Representadme abismada en el océano, enajenado mi sentido, sumergido en las profundidades donde surgiera mi Diosa, con ello rendís homenaje a aquella a quien adoro, y por quien conocí la mayor dicha en esta vida. Si amé la vida con toda la fuerza del amor ¿cómo habría de acabar con ella por él? En todo caso hubiera podido hacerlo al envejecer y serme privada una tal dicha (ya lo dije en mis versos). Pero, es tan dulce que se me recuerde así, saliendo de esta vida, hermosa, enamorada, entregada a las rocas donde baten las espumas, aquellas mismas, de las que surgiera la diosa de las diosas...
avatar
malena
Admin

Cantidad de envíos : 1007
Fecha de inscripción : 16/05/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Safo de Mitilene

Mensaje  malena el Octubre 31st 2012, 8:27 am

Los fragmentos que hoy conservamos de sus poemas indican que Safo enseñó su arte a un grupo de mujeres jóvenes, con las que mantuvo una estrecha relación y para las que compuso sus odas nupciales cuando la abandonaron para casarse. El poeta Anacreonte (mediados del siglo VI a.C., es decir, una generación posterior a Safo), afirmaba, en referencia a este grupo, que Safo sentía un amor sexual por las mujeres; de ahí proceden los términos lesbianismo y safismo, que aluden a la homosexualidad femenina.

Safo escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conservan algunos fragmentos de todos ellos. Entre estos destaca la Oda a Afrodita, citada por el erudito Dionisio de Halicarnaso en el siglo I a.C. En el siglo XX se descubrió un papiro con nuevos fragmentos de sus poemas.

La poesía de Safo se caracteriza por la exquisita belleza de su dicción, su perfección formal, su intensidad y su emoción. Inventó el verso hoy conocido como oda sáfica (tres endecasílabos y un adónico final de cinco sílabas). Muchos poetas griegos posteriores asimilaron la influencia de Safo, en particular Teócrito.


A Una Amada

Paréceme a mí que es igual a los dioses el mortal que se sienta frente a tí, y desde tan cerca te oye hablar dulcemente y sonreír de esa manera tan encantadora.
El espectáculo derrite mi corazón dentro del pecho. Apenas te veo así un instante, me quedo sin voz. Se me traba la lengua. Un fuego penetrante fluye en seguida por debajo de mi piel. No ven nada mis ojos y empiezan a zumbarme los oídos. Me cae a raudales el sudor. Tiembla mi cuerpo entero. Me vuelvo más verde que la hierba. Quedo desfallecida y es todo mi aspecto el de una muerta...

Soledad a Media Noche

Se han puesto ya la luna y las pléyades. Es media noche. Pasa el tiempo. Y yo sigo durmiendo sola.

En la Distancia

De veras, quisiera morirme. Al despedirse de mí llorando, me musitó las siguientes palabras: "Amada Safo, negra suerte la mía. De verdad que me da mucha pena tener que dejarte." Y yo le respondí: "Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí, porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado. Y si no, quiero recordarte lo que tu olvidas: cuantas horas felices hemos pasado juntas. Han sido muchas las coronas de violetas, de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo, que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos de flores fragantes por nuestras manos. Han sido muchas las veces que derramaste bálsamo de mirra y un ungüento regio sobre mi cabeza."

Una Amada Ausente

Te igualaba a una diosa insigne, y tú te embelesabas con su canto como con otro ninguno. Pero se fue, y ahora sobresale entre las damas lidias lo mismo que la luna de rosados dedos eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol. Y su brillo baña de plata el mar salobre, e ilumina las campiñas floridas, donde ha caído el rocío y han brotado las rosas, el tierno perifollo, las dulces flores del trébol.
Mas en el ajetreo de su nueva vida no deja de añorar el cariño de su amada Atis, y en el pecho le duele de nostalgia el corazón.

avatar
malena
Admin

Cantidad de envíos : 1007
Fecha de inscripción : 16/05/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Safo de Mitilene

Mensaje  malena el Diciembre 23rd 2012, 5:02 pm

Lesbos, la isla de las mujeres intrépidas

Fuente: Cáscara amarga

Andrés Melgarejo

La poetisa griega Safo de Mitilene vivió toda su vida en la isla griega de Lesbos (de los años 650 al 580 A.C), y se caracterizó por ser una mujer que rompió muchos moldes en su vida, en una sociedad tan viril y jerarquizada, como la griega, en la que la mujer tenía muy poco papel social que representar (salvo casarse y tener hijos, y ser la guardiana y custodia de las devociones familiares y de la "polis", la ciudad y del Estado), aunque en honor a la verdad, muchas de las cosas a las que se dedicó no hubieran sido posibles si, previamente, no hubiese nacido en una familia de un pensamiento muy liberal y avanzado para su época.

De su vida poco sabemos, salvo alguna pincelada autobiográfica en algunos de sus poemas, con el agravante de que el grueso de su composición poética se ha perdido igualmente, aunque conservamos algunos de sus textos, e incluso, de algún retrato de nuestra protagonista, uno de los más bellos, sin lugar a dudas, el que se encuentra en la estancia de una de las salas de las ricas casas pompeyanas, un excelente fresco que supo captar todos los matices de esta gran mujer.

Muchos ríos de tinta han corrido sobre Safo en relación a su carácter simbólico, paradigmático y estereotipado de la "lesbiana", la primera representante del amor homosexual entre mujeres, aunque con todo lo que se convierte en un símbolo, hay que decir, muchas de las cosas que se dicen de Safo son más producto de la manipulación, o de las ganas de erigirla en un símbolo, que de la realidad de su vida.

Ciertamente, estableció en Lesbos, en fecha indeterminada, la llamada "Casa de las Musas" en las que enseñaba a las jóvenes a cultivar todo lo referente con la creación literaria y poética, a pintar, a esculpir, a realizar coronas y arreglos florales, protocolo y feminidad... pero de ahí a imaginarse esa escuela de saberes griegos relacionados con las artes, exclusivamente femenina, bajo la dirección de Safo, como una especie de orgía contínua, media un mundo y una distancia abismal, fruto, como hemos adelantado, de la exageración y la deformación histórica.

Safo, como buena maestra y directora, de mayor edad que sus discípulas, quizás reprodujera en sí misma ese arquetipo griego, en versión femenina, de la institución de la "pederastia", entendida como la íntima relación que se establecía entre dos hombres, con una diferencia de edad considerable, por el que el más mayor (llamado "erastés") protegía, educaba, enseñaba e introducía al más joven en todos los misterios de la vida (siendo el joven llamado "erómenos") que, aparte de ser instuido y enseñado, ayudaba al mayor a recordar sus tiempos de juventud, le protegía y le daba compañía igualmente, sin que se descartara, por aquello de la complcidad y la intimidad y la convivencia entre discípulo y maestro, una compenetración tal de sus almas, que no pudieran tenerla también en el cuerpo, aunque las relaciones sexuales no fueren, ni de lejos, el factór único de esta compleja relación social griega de la "pederastia".

Pero nuestra Safo no ama de forma indiscrimianda a todas sus alumnas, tiene igualmente sus preferencias, aquellas que son, en lenguaje popular "las niñas de sus ojos", como lo demuestra algún fragmento de sus poemas en el que se queja de un amor femenino no correspondido. Sea como fuere todas ellas fueron pioneras en establecer, en esta "Casa de las Musas" la primera comuna, la primera acampada de "indignadas" contra el patriarcado, el primer "kibutz" netamente femenino, las primeras "hippies" de Grecia... (Todos los términos son modernos para que entendáis bien el sentido y alcance de esta comunidad femenina surgida en Lesbos).

Desgraciadamente la producción literaria, casi exclusivamente poética de Safo, se ha perdido, de sus nueve libros de odas, epitalamios, canciones nupciales, elegías y otras composiciones, apenas han sobrevivido dos poemas completos y fragmentos dispersos aquí y allá en las citas de referencia de autores posteriores. Con todo, reproducimos aquí uno de sus más sentidos poemas, titulado Adiós a Athis, siendo Athis una de sus discípulas más amadas, más íntimas, manifestando el dolor que le produjo la separación cuando los padres de aquélla la sacaron de la "Casa de las Musas" para casarla (Del Libro II de sus obras, fragmento, versos 41-46):

Me enamoré de ti, Athis, hace mucho tiempo
y me parecías sin gracia, como una pequeña niña.
Sé que más tarde alguien se acordará de nosotras,
como el viento desenfrenado que en las montañas
cae sobre los bosques, el amor estremece mi ser.
No puedo decidir: Hay en mí como dos almas.
Hiciste bien en venir, pues te anhelaba,
y desfallecía por este sentimiento que enciende mi alma.

Las lesbianas deberían sentirse identificadas, admirar y conocer la obra de Safo de Mitilene y no tanto por ser el símbolo de la homosexualidad femenina por excelencia, no por haber hecho de ella bandera de una causa, sino por ser una mujer valiente que no supo arredarse ante las limitaciones y los condicionantes de su época, y eso es algo que sólo saben hacer, como en aquella isla, las mujeres valientes, con independencia de su orientación sexual.

avatar
malena
Admin

Cantidad de envíos : 1007
Fecha de inscripción : 16/05/2008

Volver arriba Ir abajo

Re: Safo de Mitilene

Mensaje  Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.