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Tormenta tropical, Melissa Good

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 27th 2012, 5:29 pm

Arlene rió. “¿En serio?”.

“Oh sí, esa es Dar… Sin florituras a la hora de hablar ni similar… Es muy práctica y directa”. Le aseguró Kerry, después se calló. “Sin embargo, un día volví de comer a la oficina y me encontré una rosa en el escritorio”. Añadió pensativa.

Arlene aparcó el coche y suspiró. “A mí me parece bastante romántico, hermanita”. Comentó con añoranza. Salieron del coche y anduvieron por el aparcamiento, juntándose con varios grupos de gente que también iban hacia la entrada de la iglesia.

Era un edificio grande de ladrillo, con ventanales de cristal ahumado y bancos de caoba barnizados hasta la brillantez. Kerry se juntó con Arlene para saludar a varios vecinos, y aceptó algunas bromas bien intencionadas sobre su moreno, antes de sentarse a escuchar al coro.

La habitación tenía un gran órgano, y un triple semicírculo de cantantes, que interpretaron de forma más que aceptable alguno antiguos y bien conocidos himnos. Kerry sintió que los familiares sonidos la relajaban, y fue capaz por un par de minutos, de olvidarse de sus alrededores y disfrutar de la música.

“Bonito recital”. Murmuró Kerry cuando éste llegó a su fin, los últimos sonidos del órgano resonando suavemente por el interior del edificio. “Me gustó mucho la última pieza”.

Su hermana sonrió. “A mí también… vamos… vayamos a hablar con el pastor Robert”. Se separó de la fila, y se encaminó hacia la parte administrativa de la iglesia, saludando con la mano a varios amigos que le devolvieron el saludo, tanto a ella como a su hermana. Llevó a Kerry hacia una pequeña puerta y llamó.

“Entre”. Contestó una suave y vibrante voz.

Ángela abrió la puerta y asomó la cabeza. “¿Pastor Robert?”.

“Ángela … qué sorpresa tan agradable. Entra”. El pastor le indicó con la mano que entrase.
Ella abrió al completo la puerta y empujó a Kerry con ella. “Mira lo que he traído”.

El pastor se levantó. “¡Kerrison!”. Le sonrió.

Kerry se adentró en la habitación, devolviéndole la sonrisa. El pastor Robert era un enorme hombre barbudo de seis pies y medio de estatura fáciles y, quizás, doscientas cincuenta libras. Su barbudo rostro adquirió una expresión de alegría cuando ella se le acercó. “Hola, pastor Robert”.

“Kerrison… Dios, deja que te vea”. La tomó por los hombros y brilló de contento ante ella. “Estás maravillosa… casi no me lo puedo creer”.

Kerry sonrió. “Gracias… estás genial tú también”. Le palmeó el brazo.

“Um… voy por unas recetas que me debe la señora Van Ardyn… vuelvo enseguida, Ker”. Ángela se había ido incluso antes de que pudiera darse la vuelta, y le dedicó a su hermana un movimiento irónico con los ojos.

“Siéntate… siéntate”. Estaba diciendo el pastor, llevándola hacia un banco cerca al que él estaba usando antes, ordenando composituras. “Entonces, ¿has vuelto a casa para quedarte?”.

“Sólo de visita”. Kerry agitó la cabeza. “Estoy… muy feliz en Miami”.

“Oh”. Parecía sorprendido. “Pero pensé que tu madre… bueno, no importa”. Se sentó y le palmeó la rodilla. “¿Cómo te va?”.

“Me va bien… Tengo un nuevo trabajo, que realmente me gusta, y un grupo entero de buenos amigos. Ha sido genial”. Contestó suavemente Kerry. “¿Qué tal tú?”.

Él alzó y dejó caer de nuevo una gran mano. “Como siempre… las estaciones pasan, viene el frío, viene el calor… pero es mi estación preferida del año, así que no me puedo quejar”. Suspiró y se echó hacia atrás. “Las cosas van bien en la congregación… los precios se mantienen… No estamos en guerra… en conjunto, no está mal”.

Kerry le observó. “Me alegra escucharlo”. Dudó, después buscó su mirada. “Pastor, ¿puedo preguntarte algo?”.

Él asintió. “Sí, por supuesto… ¿tienes problemas en encontrar una comunidad ahí abajo? ¿Puedo ayudar? Sabes que siempre has sido una de mis favoritas, Kerry…”.

Ella apoyó los codos sobre las rodillas, y entrelazó los dedos. “Recuerdo… cuando solías predicar los domingos, cada dos por tres hablabas de… um… algo que llamabas almas gemelas”. Las palabras salieron de su boca con completa familiaridad.

“Sí… de hecho, lo discutí en el púlpito la semana pasada”. Coincidió. “La vieja fábula de que cada persona nace con dos cabezas, cuatro brazos y piernas, después se dividen en dos… para caminar por el mundo en busca de su otra mitad”.

“Mm… sí”. Kerry se frotó los pulgares. “¿Crees en esa historia?”.

Él se detuvo un momento antes de contestar. “Sí, la creo… si lo que te refieres es, ¿creo en esa clase especial de amor en donde dos personas parecen estar destinadas a ser parte la una de la otra?, sí… no es que esté reescribiendo la historia de la creación, ya me entiendes”.

Kerry sonrió con ironía. “Entiendo”. Le golpeó cariñosamente el brazo. “Pero… ¿cómo sabes si has tenido suerte y has encontrado a alguien así?”. Preguntó.

Él se acercó y le alzó la barbilla, observándole los ojos seriamente. “Porque cuando le miras, ves todo lo que necesitas en este mundo para completarte”.

Kerry cerró los ojos. “Oh”. Dijo quedamente.

“¿Has encontrado a alguien así, Kerrison?”. Su voz era muy gentil.

Ella abrió los ojos. “Sí… creo que sí”. Exhaló. “Es alguien que conozco de no hace mucho pero con la que me siento muy cercana… Y es como has dicho, cuando miro a sus ojos, es como si sintiera sus manos cerrándose suavemente sobre mi corazón”. Hizo una pausa. “Manteniéndolo a salvo”.

“Nunca supe que fueras poeta, chiquilla”. Una lenta y suave sonrisa asomó a su rostro. “Pero no se trata de mi amigo Brian, ¿verdad?”.

“No”. Contestó suavemente Kerry. “Él es uno de mis mejores amigos y le quiero pero… no”.

El pastor Robert dejó escapar un largo suspiro. “Y no se lo has dicho a tus padres, supongo. No, desde luego que no… Tu madre aún cree… Ah, menudo racimo de líos que tenemos aquí”. Comentó. “Bueno, quizás debieras considerar explicárselo como has hecho conmigo. Estoy seguro que tus padres, una vez que conozcan a esta persona, estarán felices por ti”.

Kerry movió la cabeza tristemente. “No, pastor Robert, no lo estarán… No aceptarán a esta persona”. Volvió a bajar la mirada. “Excepto por mi hermana, no estoy unida a mi familia... pero esto pondrá algo entre nosotros que no creo que el tiempo pueda solucionar”.

Él suspiró. “Dios tiene una manera de curar hasta las peores heridas, amiga mía… cuan mala puede ser esta persona, ¿qué dejarán de lado a una hija?”.

Kerry dudó, después tomó un hondo respiro. “Ella no es mala persona en absoluto”. Sentenció simplemente y dejó caer el comentario entre ellos.

Él se quedó muy quieto por unos instantes, después levantó la mano y se atusó la barba. “Ah”. Su voz era reflexiva. “Eso es más dificilillo”.

Kerry se encontró sonriendo ante la reacción. “¿Tienes algún consejo? Estoy dispuesta a escuchar… Parte de mí quiere simplemente decirlo y la otra mitad esta asustadísima de siquiera comenzar”.

“Hm”. Él ladeó la cabeza. “Bueno, es la salida cobarde, supongo, pero lo que yo haría sería esperar hasta que estés preparada para irte… a casa”. Le sonrió. “Y díselo tan sólo entonces… Sólo una sencilla frase y después vete. Busca a alguien que te lleve al aeropuerto y simplemente vete”. Juntó las manos. “Las vacaciones son fechas muy emotivas, es difícil para la gente enfrentarse a situaciones mientras están bajo ese tipo de estrés, especialmente en acción de gracias que está tan orientada a la familia”.

Ella lo consideró. “Sabes, ese es un buen consejo”. Admitió. “Tan sólo seguirles el juego hasta que me vaya, hará que el fin de semana sea mucho más placentero”.

Él asintió. “Eso es lo que hice yo”. Le dijo suavemente, después se puso un dedo sobre los labios.

¿Cómo lo había sabido Arlene ? Kerry parpadeó ante él en pleno aturdimiento. “Oh”. Se dio una palmadita en la mejilla. “Ya veo”. Sus ojos observaron la habitación. “Pero… tú…”.

“Sí y si lo supieran, me echarían del trabajo”. Dijo quedamente Robert. “Así que sé qué es vivir con un secreto, Kerry… Pero hay cosas en la vida que merecen la pena el riesgo”. Hizo una pausa. “Un alma gemela es una de ellas”.

Kerry asintió lentamente. “Vale la pena arriesgarlo todo”. Dejó escapar un suspiro. “Gracias, pastor Robert”.

Él la miró con cariño. “Te deseo toda la felicidad del mundo, amiga mía. Rezaré por ti, y porque tus padres lo entiendan”. Se levantó y esperó a que ella también se levantase, después la abrazó. “Que te vaya bien”.

Ella sonrió y le palmeó el costado. “A ti también”. Un golpe en la puerta la hizo alzar la mirada, y se abrió para revelar el rostro de Ángela . “Entra”.

“Silvia Cessnes quiere saber si queremos ir a tomar café con ellas… ¿Te apetece?”. Preguntó Ángela
“Sí, estaría bien”. Accedió Kerry. Silvia Cessnes era una de sus profesoras favoritas del instituto. “Feliz acción de gracias, pastor Robert”.

“Lo mismo te digo, Kerry… y a ti también, Ángela… gracias por venir a saludar”. La llevó a la puerta y las despidió agitando la mano, antes de cerrar la puerta.

“¿Todo bien?”. Preguntó Ángela en un susurro.

Kerry sonrió. “Todo está genial… Vamos, apuesto a que tienen tortitas frescas en la cafetería”. Tiró de la manga de Ángela y la llevó por el corredor.

Sin ver la silueta alta y oscura que las veía marchar, para después encaminarse en dirección contraria.

“¿No era ágil?”. Rió Kerry, mientras ella y Arlene subían las escaleras hacia la habitación que habían compartido la noche anterior. “No ha cambiado nada”. Abrió la puerta y entró, después se detuvo.

No se notaba realmente desordenada pero alguien había revisado sus cosas. Ángela se detuvo también, viendo los papeles revueltos encima de su portátil. “¿Qué está pasando?”.

El corazón de Kerry latía fuerte en su pecho mientras se acercaba, mirando el interior del compartimento con cremallera con dedos temblorosos. “Oh mierda”.

“¿Qué?”. Su hermana miró sobre su hombro, ansiosa.

“Las fotos”. Respiró. “¿Cómo he podido ser tan estúpida?”. En puro reflejo cogió el móvil y se paró. ¿Qué le voy a decir cuando lo coja, lo tonta que he sido? “Mierda”.

Ángela dejó escapar un soplo de aire. “Tío, no me puedo creer que hayan entrado aquí a revisar tus cosas… Kerry, es asqueante”.

“Debí recordarlo… Era una operación de procedencia estándar cuando estábamos en el instituto, ¿recuerdas? Buscando Dios sabe qué”. Kerry se echó el pelo hacia atrás e intentó pensar. ¿Eran las fotos tan incriminatorias? Algunas de la Isla bastante inocuas, el barco, también podría haber sido cualquier sitio, las dos de Dar en su traje de… bueno… entonces suspiró. Y la última, la que le había hecho sacar a Colleen de las dos juntas en el sofá de su apartamento, el brazo de Dar sobre sus hombros y la pierna derecha de Kerry apoyada sobre las rodillas de la mujer alta. Las dos sonriendo, los ojos de Dar fijos en ella con afecto inconfundible que incluso la cámara había captado. Oh mierda.

“¿Qué vas a hacer?”. Murmuró Ángela . “Se va a volver loco, ya lo sabes”.
“Lo sé”. Murmuró Kerry. “Supongo que tendré que ser honesta… pero Ángela , posiblemente necesite salir de aquí…”.

“Yo te llevo, no te preocupes”. Replicó su hermana al instante. “Y Brian estará aquí también dentro de nada”. Acarició suavemente la espalda de Kerry. “Lo siento, no pensé que hicieran esto”.

Kerry cerró los ojos. “Yo tampoco… y hubiera debido… mejor que nadie… especialmente después de lo que pasó el otro día”. Se dio la vuelta y se apoyó sobre el escritorio. “Entraron en mi piso, lo pusieron patas arriba y alguien envenenó a mis peces”.

Ángela la miró en estado de shock. “No creerás que…”.

“Kyle vino de visita al día siguiente, qué coincidencia”. Replicó Kerry enseguida. “Dar estaba allí… Se iba a mantener fuera de vista, pero él empezó a… manosearme y ella…”. Una pausa. “Ella le detuvo”.

Ángela lo digirió. “Kyle puede asustarte de veras… Brian cree que está medio loco o así, desde eso de militar”.

“Dar puede asustar también”. Respondió Kerry. “Es tan alta como él y no tiene pinta de ser alguien con la que te quieras meter”. Lo consideró. “”Seguro que lo pateó directamente en el ego”.

“Intentará hacérselas pagar por eso”. Dijo en voz baja Ángela .
“Es muy listo, Ker… Y tiene un montón de trucos bajo la manga… Apuesto a que fue él quien revisó tus cosas”.

Kerry se quedó allí de pie, simplemente respirando, por un momento. Después abrió el teléfono y pulsó un botón. “Ey”. Habló suavemente cuando le contestó Dar.

“Ey…”. Dar sonó sorprendida. “No esperaba saber de ti tan pronto… No es que me disguste… ¿qué pasa?”.

“Soy una idiota”. Admitió Kerry suavemente. “He hecho algo muy estúpido, Dar… Dejé las fotos en la bolsa del portátil y alguien rebuscó entre mis cosas y las encontró”.

“Ah”. La ejecutiva sonó pensativa. “Así que la liebre está libre, ¿eh? Bueno, espero que les guste mi bañador”.

Kerry se calló, sintiendo una oleada de calma recorrerla. “¿No crees que soy una completa tonta?”.

Dar dudó. “¿Para qué llevaste las fotos?”. Preguntó de forma queda.

“Um…”. Kerry se sonrojó. “Para que mi hermana te viera”.

Una suave risotada la calmó. “¿Y he de suponer que eso es tonto? Nah… mala suerte, pero… mantén la calma y si te hacen preguntas, tan sólo contéstalas. No dejes que te aturdan”.

“De acuerdo”. La mujer rubia cuadró los hombros un poco. “Gracias, Dar”.

“Cuéntame lo que pase, ¿vale?”. La urgió suavemente su jefa.

“Sí, lo haré”. Le aseguró Kerry. “Bye”. Cerró el teléfono y se lo colgó a la cintura. “Dar dice que simplemente mantenga la calma y vea lo que pasa”.

Ángela la rodeó con un brazo. “Parece una buena amiga, por encima de todo lo demás”.

Kerry asintió, ausente. “Lo es… Sé que puedo contar con ella”. Cuidadosamente ordenó sus cosas. “Vale, cambiémonos y bajemos. El resto de la familia estará llegando, eso me dará un tiempo de gracia durante la cena, al menos”. Se desabotonó la ligera camiseta verde de franela que había llevado a la ciudad y se la sacó de los vaqueros, se la quitó y dobló antes de meterla de vuelta en su bolsa. “Supongo que podría hacerlos explotar si aparezco en la cena con vaqueros”.

Ángela sacó una falda beige de su propia bolsa junto con un jersey de lana con perlas bordadas color rosa. “Kerry…”.

Sonrió. “Sólo bromeaba”. Sus vaqueros siguieron el mismo camino que la camiseta, y sacó el traje de falda y chaqueta azul que Dar le había escogido en Macy’s. Le siguió la blusa de seda y sacó los zapatos buenos. “Ya está… No se pueden quejar de esto”.

“Guau”. Comentó Ángela, mientras se lo ponía. “Es muy bonito, Kerry”. Su hermana le metió la blusa por la falda y le subió la cremallera, después le puso la chaqueta sobre los hombros.

“Gracias, es uno de los nuevos que me compré cuando cambié de trabajo… me gusta mucho”.

Ángela terminó de cambiarse y se acercó, sacudiendo una mota de polvo de la solapa de Kerry y estirándole un poco las mangas. “Bonito broche”.

Ojos verdes miraron hacia abajo y luego hacia arriba de nuevo. “Un regalo… Aunque no lo supe en su momento… Dar escogió éste como un favor, ella estaba conmigo así que así sabría que ponerme para ir a la oficina”. Cogió su cepillo y se cepilló su desmelenado cabello rubio hasta que quedó a su gusto, después sacó una pequeña botella de su bolsa y se puso una pizca de perfume.

“Mm… ¿qué es eso?”. Olisqueó Ángela .

“Polo…”. Contestó Kerry ausente. “Normalmente no lo uso mucho… pero…”.

“Me gusta”. Aprobó su hermana. “Vamos… bajemos”.

Kerry se miró en el espejo, la suave luz de la lámpara remarcando su pálido cabello y haciendo brillar sus verdes ojos. “De acuerdo”. Respondió. “Vamos”.
Bajaron juntas las escaleras, escuchando un bajo murmullo de voces en el recibidor y se dirigieron a la sala de estar. Los ojos se volvían según se acercaban y Kerry sintió como se le tensaba la espalda al ver el rostro de su padre, inmóvil y enfadado, de pie al lado de Kyle. Alzó la barbilla y enfocó su atención en el resto de la familia, mientras sus tíos y tías se le acercaban. Al otro lado de la habitación vio a un Brian aparentemente nervioso y consiguió captar su mirada y sonreírle, guiñándole un ojo. Él se relajó visiblemente.

“Vaya Kerrison… estás encantadora”. La apreció su tía Ágata. “Qué bien te sienta ese color querida… ¡pareces tan mayor!”.

“Tengo veintisiete”. Le dijo Kerry amablemente. “Creí que ya era hora”.

“Oh… mira que lista”. La mujer anciana le palmeó el brazo. “Eustace, mira que preciosa está nuestra sobrina”. Miró por encima del hombro de Kerry. “Cariño, tu hija está simplemente maravillosa”.

Kerry se giró y vio a su madre encaminarse hacia ellos. Se detuvo y miró a Kerry, después hizo un asentimiento de aprobación de mala gana ante la apariencia de su hija. “Bueno, sabe cómo estar presentable, por supuesto”. Dijo la mujer mayor de forma orgullosa. “Querida, tu tío Milton está desesperado por saludarte”.

“Claro”. Replicó Kerry. “Dónde est… oh, vale. Le veo”. Su tío sobresalía sobre el resto de la gente por unas buenas seis pulgadas. “De acuerdo… voy a verle”. Empezó a encaminarse hacia él cuando su madre la apartó a un lado y la miró de arriba abajo.

“Estás muy guapa, Kerrison”. Admitió finalmente, arreglando un mechón del pálido pelo de Kerry.

Kerry dejó que su sonrisa se reflejara en su mirada. “Gracias… Mamá, realmente me gusta como me veo... Y al resto de la gente también… ¿podrías dejar de lado las críticas?”.

Su madre se envaró. “No estaba…”.

“Duele”. Dijo Kerry, muy bajito.

Su madre se la quedó mirando, totalmente perdida. “Bueno, no fue mi intención”. Agitó la cabeza y se giró, alejándose de Kerry con una mirada de aturdimiento.

“Jesús… tendría que pedir una tarjeta de crédito para que tuviera una pista”. Suspiró Kerry, mientras se encaminaba de nuevo hacia su tío.

Fue interceptada por Brian, el cual se le acercó de forma tentativa, después con más seguridad cuando ella le saludó con la mano. Era un hombre alto con cabello color arena y una peculiar manera de caminar, manos grandes y fuertes y un rostro pueril y atractivo. “Hola, Bri”. Le dio un abrazó, escuchando como él respiraba profundamente. “Está bien”. Susurró. “De veras”.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 28th 2012, 7:07 pm

Él se relajó y permitió que sus brazos la rodeasen devolviéndole el abrazo. “Kerriboo, lo siento…”. Su voz era muy dulce. “Tendría que haberte llamado… yo…”.

“Shh…”. Kerry le palmeó la espalda. “Está bien, no te preocupes por eso… Estoy bien, así está mejor, de veras”.

Se separaron, los brazos aún enlazados. “Todavía eres uno de mis mejores amigos, ¿vale?”.

Él sonrió y tocó su frente con la suya, mientras tíos y tías susurraban entre ellos. “¿No son lindos?”.

Ojos verdes y grises se encontraron y giraron a la vez. “Vamos, si he de correr las baquetas al menos has de estar a mi lado”. Susurró la mujer rubia, cogiéndole del brazo y recorriendo la sala.

Fue una cena larga alrededor de la enorme mesa en el comedor formal. Kerry se encontró sentada entre el cacareo de sus familiares mayores, con Brian frente a ella de algún modo, y su hermana al final de la mesa. Su padre y Kyle, afortunadamente, estaban también al otro extremo. Mantuvo a sus compañeros de mesa entretenidos con historias sobre Miami y sus costumbres hasta que la cena se terminó y todos se estaban levantando, preparados para moverse a la sala de estar para tomar bebidas y charlar.

Quizás tendría suerte, musitó Kerry, y lo dejarían hasta mañana… enfrente de toda la familia sería un mal movimiento. Se dejó arrastrar hacia varias conversaciones, y antes de darse cuenta, el reloj marcaba las doce campanadas y los invitados empezaban a marcharse. Se levantó y captó la atención de Ángela, después dio las buenas noches, y se encaminó a las escaleras.

“Kerrison”.
La voz de su padre. Kerry exhaló, tomándose un respiro para componerse antes de volverse. “¿Sí?”.

Él estaba en la puerta, el rostro completamente ceñudo. “Necesito verte en mi estudio, ahora”.

Oh vaya… demasiada suerte. Kerry se pasó una mano por el pelo e hizo acopio de coraje. “Está bien”. Replicó y caminó hacia la puerta del estudio.

La abrió y la atravesó. Kyle estaba allí, apoyado sobre el escritorio de su padre con una mueca en el rostro. Escuchó como la puerta se cerraba firmemente a su espalda y Kerry supo, mientras un escalofrío le recorría la espalda, que estaba en problemas.

Su padre pasó a su lado y se situó detrás de su escritorio, después empujó una carpeta familiar hacia ella. “Quiero que me expliques esto”.

Kerry se mantuvo en silencio, mientras evaluaba las opciones. Bueno, una conciliación no iba a ser nada bueno, así que… “Sólo si puedes explicarme porqué crees necesario registrar mis pertenencias”. Respondió de forma queda, poniendo las manos sobre el respaldo de la silla y mirándole fijamente a los ojos.

“No me repliques, niña”. Le advirtió su padre.

“No lo hago, pero soy adulta… Y tengo el derecho de llevar lo que quiera en mi maletín, papá”. Mantuvo un tono de voz razonable. “Y no preocuparme que, gente en la propia casa de mis padres, las registre”. Sin embargo, notaba como se iba enfadando.

Él removió las fotos y después la miró. “¿Sabes lo que creo? Creo que sé la razón por la que así de repente has decidido quedarte en ese agujero infernal”.
Kerry se mantuvo en silencio.

“Creo que no tiene nada que ver con tu maldito trabajito y todo que ver con esa puta para la que trabajas”. Golpeó los puños contra la mesa. “¿Qué te ha hecho, Kerry?”.

Los minutos pasaron mientras lo estudiaba con los ojos. “Nada”.

“¿Nada? ¿Llamas a esto nada?”. Cogió la carpeta y se la tiró, esparciendo coloridas fotos sobre la alfombra. “¡La voy a denunciar! Es obvio para mí lo que está pasando Kerry, de hecho, ¡no me puedo creer que no me hayas dicho nada!”. Anduvo de un lado para otro. “¿No pensabas que podía ayudarte?”.

Kerry arqueó las cejas. “Sólo… qué es lo que… ¿crees que ha hecho?”. Preguntó, realmente desconcertada.

“¡Forzarte a tomar ese trabajo, por supuesto! Su reputación… bueno, no puedo decir eso delante de ti pero es obvio lo que persigue… ¡Dios mío, niña!”. Levantó las manos. “Lo primero que tenemos que hacer es sacarte de allí. Después rellenaré una protesta formal. No te preocupes, niña, no será capaz de venir tras de ti”.

“¡Guau!”. Kerry alzó una mano. “Déjame entender todo esto… ¿Crees que Dar trata de seducirme?”.

Su padre se puso rojo. “Vigila tu lenguaje, jovencita”. Se aclaró la garganta. “¿No es obvio?”.

Kerry exhaló. “No, papá, no trata de seducirme… Y tampoco me ha forzado en ese trabajo. Fue mi elección”.

“¡Deja de protegerla!”. Ladró el Senador Stuart. “No es buena, Kerry… ¡a no ser que puedas darme otra explicación razonable de esas fotos!”.

Largo silencio. “Está bien”. Dijo finalmente Kerry de forma muy queda.
“Es mucho más simple de lo que crees: estamos enamoradas”.

Podía escuchar el sonido de las fibras de la alfombra chasqueando en la mortal calma que siguió a sus palabras. La casa sonaba a su alrededor y era muy consciente de su propia respiración. No había, ni siquiera en los planes más lejanos de su imaginación, considerando que está conversación iba a tener lugar de esta manera.

“¿Qué?”. Dijo finalmente su padre, rodeando el escritorio y encarándola.

Kerry se sentía curiosamente calmada. “Dar es una persona muy especial y estamos enamoradas”. Repitió. “Y no me ha forzado a…”.

El impacto la lanzó contra el fichero al lado del escritorio cuando su padre le abofeteó la mejilla. “Ni se te ocurra decir eso”. Su voz era un siseo. “Ninguna hija mía es una de ésas”.

Kerry se levantó y se puso una mano en la mejilla, mirándole.

“Te vas a despedir de esa compañía dejada de la mano de Dios y yo haré que recojan tu apartamento y manden aquí tus cosas”. Anunció suavemente. “Y no vamos a escucharte decir nada parecido jamás, ¿estamos?”.

Kerry podía escuchar su propio corazón martilleándole los oídos mientras se acercaba a un cruce personal. Le miró por un largo momento, respirando fuerte, después tomó un último y profundo respiro. “Vete al infierno”. Escupió las palabras en su rostro. “Prefiero vivir sin hogar que volver aquí”.

Él se le empezó a acercar pero ella se alejó y puso la silla entre ambos, tan inmersa en su quehacer que olvidó que había otra persona en la habitación.

Hasta que una mano se deslizó por su cuello y algo que olía mal y fuerte le tapó la nariz y la boca. Se removió salvajemente pero la tenían agarrada demasiado fuerte y su cuerpo la obligó a respirar a través de la pestilencia.

Un sentimiento de insensibilidad le sobrevino y una creciente oscuridad y con sus últimos pensamientos, una oración silenciosa y de súplica le fue encomendada al único héroe que conocía.

***

Dar se despertó empapada en sudor, casi cayéndose de la cama en desorientación total mientras sus sentidos intentaban forzar los alrededores no familiares en algo similar al orden. Su corazón latía deprisa y estaba respirando de forma forzada, agarró el borde de la cama con dedos temblorosos. “Jesús”. Miró a su alrededor con confusión, viendo tan sólo los rayos calmantes de luz de luna a través de la doble ventana del cuarto de invitados del General Easton. “¿Qué demonios fue eso?”. Murmuró, pasándose los dedos por el pelo y tragando a pesar del nudo en el estómago. “Demasiado pastel, creo”. Concluyó no muy convencida, dándose cuanta que debió ser un mal sueño como consecuencia de la indulgencia desmedida de todo aquella noche.

Lentamente, se incorporó y exhaló, ahora completamente despierta y sabiendo que no volvería a caer dormida por algún tiempo. “Supongo que podría leer un libro”. Murmuró. “Excepto que no tengo ninguno y lo único que vi abajo fue el Hardware Militar de Jane… y eso ya lo he leído”.

Suspirando, se levantó y se dirigió hacia el pequeño escritorio antiguo colocado junto a la ventana y se sentó, abrió su maletín y sacó su portátil mientras observaba el paisaje exterior plateado y oscuro. Conectó la máquina y estuvo tamborileando con los dedos hasta que se encendió, después pinchó en el icono del módem y requirió una conexión en internet. “Ya que estoy despierta debería mirar el correo, a ver si hay alguna crisis…”. Murmuró para sí, observando la hora en la pantalla. Sólo la media noche pasada… había estado durmiendo tan sólo media hora, ya que los Easton se iban pronto a la cama para seguir la tradición militar de levantarse temprano y no le había importado ya que se había levantado muy temprano para llegar al vuelo de las 6 a.m..

La máquina se conectó y empezó a bajar el correo. Lo observó de forma perezosa, escaneando los asuntos. Entonces vio la caja parpadeante en la esquina, y arqueó las cejas. ¿Uno de sus bots? Desconcertada, pinchó en él y vio como se abría la pantalla.

Petición de Acceso a la Base de Datos – Scan Match – Clave “Stuart, Kerry”
Uso de tarjeta de Sociedad Médica 00:23 112798
Admisión en Centro de Consulta Bryan Identificación 999823


El corazón de Dar comenzó de nuevo a latir desbocado y de repente se sintió mareada. Con dedos temblorosos, hizo una búsqueda de Bryan y lo encontró en la base de datos de los clientes. Sacó el informe.

Centro de Consulta Bryan. Cuenta A0022323
Centro de investigación psiquiátrica y tratamiento diseñado para evaluar largos y cortos tratamientos mentales y proveer estrategias para el ajuste de comportamientos desviados para asistir a pacientes a su reinserción normal en la sociedad.


“Oh, Dios mío”. Respiró Dar. “Esos hijos de puta”. Lentamente, apoyó las manos en la mesa del escritorio y cerró los ojos, forzándose a calmarse. “Vale, pensemos en una salida para esto”.

Primero lo primero. Necesitaba llegar a Michigan. Con eso decidido, apagó el ordenador y lo guardó, después se vistió despacio e hizo la maleta. Tras esto salió al pasillo y fue hacia el cuarto de Jack, donde su amigo estaba completamente tirado a lo largo de la cama en una orgía de sueño.

“Jack”. Se arrodilló y le tocó el hombro, obteniendo prácticamente en el acto un parpadeo de sus ojos. “Despierta”.

“Qu… uh…”. Jack se giró a un lado y la miró. “¿Dar? ¿Qué pasa?”.

“Oye, tengo una amiga metida en serios problemas… Tengo que ir a Michigan, ¿me puedes llevar al aeropuerto?”.

Él parpadeó ante ella. “No hay aviones tan tarde, Dar”.

“Alquilaré uno”. Le dijo la ejecutiva, completamente seria. “Pero ha de ser rápido, la velocidad cuenta”.

Jack se mordió el labio. “La velocidad cuenta, ¿eh?”. Se frotó la cara. “¿Qué te parece un Mach 2?”.

Ahora le tocó parpadear a Dar. “¿Qué?”.

“Vamos, la base está más cerca que el maldito aeropuerto y mi cat está ahí cogiendo polvo… Yo te llevo”.
“Jack, no puedes hacer eso”. Le dijo suavemente Dar. “No es que no aprecie la oferta pero no merece la pena arriesgarte el culo”.

Él rió. “Dar, tú mereces que arriesgue mi culo pero no está en ningún peligro”. Se levantó y se abotonó el pijama. “Voy a que papá me dé su aprobación, dame un minuto”. Trotó hacia el final del pasillo, dejando atrás ojos ligeramente sorprendidos.

“¿Tenemos problemas entonces, ¿no?”. El retumbar del General Easton viajó a través del pasillo, seguido del General en persona. “¿Problemas, Dar?”.

“Amiga en problemas”. Replicó queda Dar.

Los ojos de Easton la estudiaron intensamente. “Suficiente”. Descolgó el teléfono en la habitación de Jack. “Vístete, hijo. No puedes pilotar ese maldito avión en pijama”. Señaló a Dar para que le siguiera. “Mira esto, Dar… El señor remilgos de ahí está asustado de desnudarse frente a ti”.

Si Dar no hubiera estado tan preocupada se hubiera reído pero le miró y oyó a Jack maldecir mientras se liaba con los pantalones cortos.

“¿Quién es? Cierto… soy el General Easton, de la Junta de Dirección”. Easton esperó unos segundos. “No hay tiempo para todo ese sin sentido, sólo escuche: tengo un piloto camino de allí para seguir un plan de vuelo de aquí a …”. Lo pensó un momento. “No… Wurtsmith está muy lejos, Kent County sea quizás la mejor opción”.

“Eso es civil”. Murmuró Jack, poniéndose una camiseta por la cabeza.

“Es media noche allí, no importará”. Su padre cubrió el auricular y les susurró. “Kent County y necesitaré un enlace allí con un coche para él”. Calló, escuchando. “Correcto, buen hombre”. Colgó. “Bueno, todo listo”.

Dar lo miró quedamente. “Te debo una, Gerry… Os debo a los dos”.

Una leve sonrisa apareció en el rostro del hombre mayor. “Considéralo como pago de una antigua deuda, amiga mía”. Movió ligeramente la cabeza. “Algún día tendremos que tomar una cerveza y te lo contaré”.
Dar asintió. “De acuerdo”. Se volvió para encontrar a Jack poniéndose su chaqueta de cuero. “¿Listo?”.

Se pasó una mano por su cabeza. “¿Mi pelo está bien?”. Sus ojos brillaron suavemente.

“Como una alfombra”. Exhaló Dar. “Vamos”.

Kerry era consciente mayormente, al principio, de su pulsante dolor de cabeza. Mantuvo los ojos cerrados y dejó que el martilleo junto con su pulso se calmaran un poco, antes de levantar los párpados.

Estaba tumbada en una camilla de hospital en una habitación acolchada y enfermizamente blanca. “Oh, Dios mío”. Respiró despacio, dejando que sus ojos lo observaran todo. Era pequeña, con una puerta en la pared exterior y otra en la interior, paredes sencillas de cemento y suelos de brillantes baldosas. La pequeña ventana a su derecha tenía barrotes y las cortinas estaban echadas.

La cama en la que estaba era utilitaria pero notó una serie de cuerdas de restricción que estaban aún desatadas, las culpables de una oleada de miedo que recorrió su cuerpo. Despacio, se levantó y dejó caer los pies por el borde de la cama, dejándolos caer sobre las frías baldosas que acribillaron su piel.

Le habían quitado la ropa y la habían dejado con una fina bata de algodón típica de los hospitales que apretó contra sí mientras caminaba hacia la puerta y probaba el picaporte.

Cerrado.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 29th 2012, 4:34 pm

Caminó hacia la ventana y miró al exterior, apartando la cortina para ver un paisaje frío y sombrío de árboles muertos que rodeaban el edificio. “Oh Dios mío, no puedo creer que haya echo esto”.

No tenía ni idea de dónde estaba. No tenía medios para ponerse en contacto con nadie. Bajó la mirada y se dio cuenta que también se habían llevado su reloj, haciéndole imposible que supiera la hora que era. Podía haber estado minutos ahí tumbada o podía haber estado horas… Se acercó de nuevo a la cama y apoyó los codos sobre ella. “Estás en un gran problema, Kerry”. Murmuró. “Tenías que haberte quedado en Miami y haber tenido pastel de pavo”.

¿Cuánto tiempo la retendrían allí? ¿El suficiente para que la compañía creyese que había abandonado el trabajo? Claro. ¿El suficiente para que Dar, sin saber nada de ella, empezase a preguntarse si tan sólo había… cambiado de idea?

No. Seguro que Dar sabría que algo iba mal. Incluso si hubiera cambiado de idea, no lo haría al menos sin decírselo a su jefa en persona. Dar lo sabía.

¿Verdad?

Era una de las incertidumbres de Dar y lo sabía… Esa única vulnerabilidad fugazmente insinuada pero que había calado hondo y que la perseguía hasta en la despedida, cuando la alta mujer le dio un abrazo y dijo “Nos vemos el lunes… ¿verdad?”.

Jamás abandonaría a Dar. Lo sabía. Pero se dio cuenta que en un profundo nivel, era difícil para Dar creérselo y esto mostraba una faceta de su amante muy, muy frágil. “Tengo que salir de aquí”. Kerry repiqueteó los dedos sobre la cama.

La minúscula ventanilla de la puerta se abrió y vio unos ojos a través de ella, después la puerta se abrió y dio paso a lo que parecía una enfermera con bata blanca. La mujer traía una carpeta y varios vasitos. “Bueno, bien… Me alegro que estés despierta”.

Kerry decidió hacer un acercamiento calmado. “¿Dónde estoy?”.

La enfermera hizo varias señales en la carpeta antes de contestar. “Estás en un hospital, querida… Pero no te preocupes, te vas a poner bien”.

Digirió la información. “Bueno, me lo figuraba, dada la ropa… ¿pero qué hospital es?”.

Una ligera pausa. “El Bryan”.

Kerry asintió, notando como se le hundía el corazón. “Hm… eso explica las barras”. Se detuvo. “¿Qué hora es?”.

“Ahora, no te preocupes por eso, querida… Simplemente a veces tenemos gente aquí que no es muy feliz y hemos de protegerlos, eso es todo”. Le aseguró la mujer. “Y son las tres treinta de la mañana”.

Tres horas. “Y… ¿por qué estoy aquí?”. Preguntó Kerry con tono razonable. “La última vez que pensé en suicidarme fue cuando olvidé grabar los Expedientes X”.
La enfermera la miró con desconcierto, después se rió. “Oh… ya veo… Sí, muy gracioso… Bueno, tu familia te trajo por los problemas que has estado teniendo y nosotros simplemente vamos a trabajar contigo para ponerte mejor”.

Kerry se apoyó sobre sus codos. “¿Qué problemas se supone que he estado teniendo?”. Preguntó.

“Estoy segura que lo sabes mejor que yo, querida”. La enfermera le sonrió. “Pero el médico vendrá a verte por la mañana, mientras tanto, me gustaría que te tomases estas pastillas por mí, ¿de acuerdo?”.

“¿Qué son?”.

La enfermera suspiró, obviamente impacientándose. “Son sólo unos sedantes no muy fuertes, para que descanses hasta la mañana”.

“Sedantes… Bueno, sabes, estoy muy calmada aquí… No creo que los vaya a necesitar”. Objetó Kerry. “Normalmente duermo bien”.

La enfermera se le acercó y la miró en la cara. “Mira, sé que te crees muy lista pero escúchame, ¿de acuerdo? Tu padre nos ha dado unas instrucciones bastante severas y nosotros las vamos a seguir. Ahora, puedes hacer lo que te pido o puedo llamar a los celadores para que te aten y dártelas por vía intravenosa”. Se calló, los ojos fríos. “Tú eliges”.

Kerry la miró. “Lo que estáis haciendo va contra la ley, lo sabes ¿verdad?”. Comentó. “No estoy de acuerdo con esto y no me pasa nada malo”.

“Hazte un favor, querida”. La voz de a enfermera era cortante ahora. “Coopera, no sabes en lo que te estás metiendo aquí”.

Kerry sonrió. “De hecho, la que no sabe dónde se está metiendo eres tú. Mi jefa es la vicepresidenta de una compañía que contrató mercenarios para liberar a unos empleados que fueron secuestrados en Irán”.

La enfermera entrecerró los ojos. “Bueno, primero han de encontrarte, ¿no crees?”. Dijo bastante borde. “Ya veo cual era la idea de tu padre”.

“¿Has metido mi información en algún ordenador?”. Inquirió la mujer rubia.

Echada hacia atrás, la enfermera parpadeó. “Bueno… sí…”.

Kerry sonrió. “Me encontrarán”. Saltó sobre la cama y tomó las píldoras de la mano de la enfermera, aplastándolas contra su palma y llevándoselas a la boca. Después tomó un sorbo de agua que le ofrecía la mujer. “Gracias, señora…”. Miró la placa. “Archer”. Apoyó la cabeza en la almohada y cerró los ojos.

La mujer se quedó allí un momento más, después salió con furia, abriendo la puerta y dejando que se cerrase de golpe tras ella.

Kerry se quedó escuchando, oyendo el suave clic del pestillo al ser echado y se quedó quieta. Después escuchó el sólido ruido al ser asegurado y abrió un ojo. “Puta”. Se reclinó hacia delante y escupió las dos pastillas, haciendo una mueca. “Ugh… Dios… con qué las han bañado, ¿pimienta y limón?”. Disgustada, se levantó de la cama y cogió las cápsulas, separándolas y vaciando los polvos dentro del radiador. Sisearon. Después las cerró de nuevo y se las metió en la boca, tragándoselas con el resto del agua que había dejado la mujer.

Tres treinta. Eso quiere decir que tenía… probablemente cuatro horas y media antes de que se cebaran en ella… Y si le inyectaban las drogas con aguja… Kerry se mordió el labio. Podían mantenerla drogada el tiempo suficiente para que le hicieran cualquier cosa.

Sus ojos vagaron por la estancia, deteniéndose sobre la pequeña banqueta de la esquina, lista para que el médico la calentase con su trasero. Miró la banqueta, después la puerta. “Nunca he sido una persona que justificase la violencia, pero sabes… a veces, simplemente has de hacer lo que has de hacer”. Concentrada se puso manos a la obra, arreglando las sábanas y almohada para que pareciera que estaba acurrucada en la cama. Después se dirigió a la puerta y se quedó tras ella, satisfecha de que quien mirase por la ventanilla no podría verla. Se acercó a la banqueta y la cogió para sentarse en ella tras la puerta. “Conveniente, ¿eh?”. Murmuró.

Y esperó. Sospechaba que su amiga la señora Archer volvería para ver cómo estaba, siendo ella tan importante y todo eso, y estaría sola. Kerry tan sólo esperaba no echar esto a perder porque sólo tenía una oportunidad y la bata de la mujer parecía la de su talla también.

Esperó. Pasaron quince minutos, después treinta. Al fin, escuchó el leve sonido de unos pasos por el pasillo, deteniéndose de forma periódica. Supuso que la enfermera chequeaba todas las habitaciones. Se iban acercando cada vez más y más y finalmente estaban al otro lado de la puerta.

Silenciosamente Kerry se puso en pie y alzó la banqueta con las manos sobre su cabeza. La ventanilla fue abierta y cerrada y sonaron una serie de pitidos mientras la mujer metía el código de la puerta.

Sentía el latir de su corazón y se lamió los labios, preparándose. El picaporte giró y la puerta se abrió. Esperó a que la figura traspasara el umbral, después dejó caer la banqueta tan fuerte pudo….

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 30th 2012, 12:13 pm

Décimoquinta parte

La puerta de vaivén del hangar se entreabrió, revelando el Tompcat F14 en toda su siniestra gloria. Dar se tomó un breve momento para estudiar las delineadas alas del avión de combate antes de agitar la cabeza y abrocharse uno de los siete billones de cuerdas que tenía el traje de vuelo que Jack había insistido que llevase.

Tres figuras sombrías estaban situadas junto al avión y saludaron mientras Jack se acercaba, apartándose de su camino cuando rodeó al avión, comprobándolo con intensidad. Él era todo negocios ahora y hablaba con el personal con sentencias tersas y quietas mientras terminaban de llenar el tanque de gasolina y adosaban la escalerilla al lado del avión. Se abrió la compuerta superior y Jack señaló a Dar que subiese. “Tú primera… de forma que pueda ponerme de pie y enseñarte todo lo que no debes tocar”.

Se perdió la irónica mirada de su amiga mientras ésta subía por la escalerilla, pasaba por la compuerta y se sentaba en el asiento sorprendente cómodo. Estaba rodeada de aparatos electrónicos y de momento se alegró que la compuerta fuera de cristal, lo que disminuía el sentimiento claustrofóbico. “Muy bien”.

Jack montó después y puso una de las botas sobre la compuerta, señalando hacia abajo. “Ése es el suministro de armas, ése es el radar, ése el…”.

“El sistema de enfoque, planes de vuelo y navegación”. Terminó secamente Dar. “Y esto, esta pequeña belleza es el generador principal, para el que diseñé el programa original”.

Jack se la quedó mirando. “Oh”. Le dedicó una tímida mirada. “Perdona”.

Dar alzó la mirada. “Está bien. No tocaré nada, lo prometo”. Le aseguró, sintiendo el temblor mientras sus músculos se contraían con la excitación. “Simplemente vámonos”.

Terminaron las comprobaciones, entonces un pequeño vehículo los llevó a zona abierta y al área de despegue donde Jack encendió los motores y empezaron a moverse por sí mismos. El rugido era prácticamente subliminal en su intensidad, y Dar podía sentirlo vibrando a través de su apretada mandíbula. Se puso los auriculares y escuchó, mientras Jack hablaba quedamente con la torre de control, informándoles de su plan de vuelo y confirmando que se dirigía a un aeropuerto civil. Después el Tompcat empezó su avance dejando tras de sí las balizas indicadoras de colores azul y verde, claramente visibles en el color blanco hielo del avión.

“¿Estás lista?”. Su voz sonaba lejana a través de los auriculares.

“Sip”. Respondió Dar, y se ajustó el cinturón. La canción ‘I would do anything for love’ inexplicablemente empezó a sonar en su cabeza y suspiró, esperando que los motores la hicieran desaparecer. Los motores cobraron fuerza y el avión comenzó a temblar en contra de los frenos, después con un tremendo movimiento se soltaron y estaban volando por la pista.

Parecieron meros segundos, comparado con lo que tarda un avión regular, antes de despegar y alzarse en vuelo angular. Dar podía sentir la gravedad contra ella, mantuvo la respiración firme, cerrando los ojos y esperando a que finalmente el avión se estabilizase.

Lo cual hizo, viajando a moderada velocidad de momento, mientras Jack sobrevolaba las pistas de aterrizaje y se dirigía a una zona asolada de aviones de reserva militares. “¿Estás lista?”. Preguntó de nuevo. “Es la una y media de la mañana y vamos a irrumpir sobre Maryland… así que, agárrate”.

“Vale… lista”. Dar se preguntó brevemente cómo sería viajar a mayor velocidad que el sonido, después entraron en acción los quemadores de reserva y sintió como si caballos la pisotearan el pecho. “Jesús”. La aceleración se mantuvo y observó el medidor, acercándose cada vez más al número uno; una oleada de relámpagos rodeó al avión, chocando con toda parte posible del mismo y provocándole un dolor de oídos.

Después se hizo la calma.

Se movió hasta el número 2, después Jack ajustó los motores y mantuvo una velocidad de vuelo estable, sobrevolando la tierra sin ninguna dificultad.

Pareció sólo un momento, en el que estaba sentada tratando de no pensar nada en absoluto, hasta que sintió la presión en sus oídos que le indicaba que estaban descendiendo. El avión perdió velocidad y el retumbar se hizo de nuevo, pudo escuchar la conversación tranquila de Jack con los controladores aéreos de la zona. Kent County aparentemente, no tenía más que un oficial del radar y un sólo controlador para observar por si acaso, pero no tenían más aviones por el área y Jack les dijo que simplemente encendieran las luces y él encontraría el camino.

Le preguntaron, inciertos.

“Soy un piloto de la armada”. Respondió de forma seca. “He aterrizado en sitios más pequeños que su pista”.

Entonces estaban en tierra firme y Jack aparcó su avión en un hangar vacío, cerrándolo y dejándolo a cargo de un MP mandado allí expresamente para eso. Se montaron en el coche que los estaba esperando y se marcharon.

Una hora de viaje hasta Saugatuck, la cual estaba con buen tiempo. Podían sentir la brisa del lago azotar el coche incluso antes de llegar allí y Dar observó el mapa, dando tensas y nerviosas indicaciones.

Al fin un sombrío y blanco edificio apareció ante ellos, con puertas a la entrada y un equipo entero de seguridad.

Jack la miró, incierto. “¿Cómo vamos a entrar ahí?”.

Ojos azules le miraron. “Tú no vas a entrar… Tú esperarás aquí mismo hasta que yo salga. Y si no salgo, llama a este número”. Trató de darle una tarjeta pero él no la tomó.

“Ni modo, Dar… voy a entrar ahí contigo”. Contrajo la mandíbula tercamente. “He viajado contigo hasta aquí, no me voy a perder la diversión”.

“Jack, esto podría traerte problemas, no quiero tener eso en mi consciencia”. Objetó la mujer de cabello negro.

“Volar a territorio iraquí eran problemas”. Replicó llanamente. “Y fui, de todas formas”.
Dar se mantuvo en silencio, después suspiró. “De acuerdo”. Sacó su insignia del maletín y se la puso en la solapa, después le miró. “Toma”. Enganchó una tarjeta de equipaje en su mono de vuelo. “Quítate la insignia, no notarán la diferencia”.

Salieron del coche y Dar se sacó el traje de vuelo, embutiéndose en la trenca que había traído para evitar el aire frío. Se puso el portátil al hombro y se puso frente a Jack. “Estamos aquí para arreglar los ordenadores, ¿de acuerdo?”.

Él arqueó las cejas, mientras se sacaba sus insignias y la placa con su nombre. “¿Y qué si no están rotos?”.

“Lo están”. Le aseguró Dar. “Tienen un problema con los tickets de apertura con la cuenta de aquí”.

“Menuda coincidencia, ¿no?”. Preguntó, irónico.

“En realidad no”. Replicó Dar mientras se encaminaba a la garita del guarda. “Es un puente largo, tienen que transmitir las pagas hoy y sus dos técnicos locales están con sus familias a trescientas millas de aquí. Es el peor momento para un problema, luego, ahí uno”. Se estiró la solapa. “Así son los ordenadores”.

Jack se quedó pensando en el tema. “Oh”. Se abrochó la chaqueta, sacando la tarjeta de equipaje del bolsillo. “Es la ley de Murphy, ¿no?”.

Dar simplemente sonrió mientras se acercaban a la puerta, un rectángulo largo de luz salía de la ventana de cristal iluminando el oscuro camino.

Mientras se acercaban, se abrió un pequeño panel, revelando a un joven guarda de abundante y rubio cabello y ojos azules. “¿Puedo ayudarles?”. Empezó a preguntar hasta que se fijó en la insignia. “Oh, gracias a Dios… Déjeme ir a abrir la puerta”.

Dar le guiñó un ojo a Jack. “Eso es, ésta es la clase de bienvenida que me gusta que reciba la compañía”. Ahora que ya estaba allí, haciendo algo, se le olvidaron los nervios y se sentía mucho más calmada. Era la espera lo que la mataba.

La puerta se abrió y el guarda se apresuró. “¿Necesitan una escolta?”. Preguntó, ansioso.

Dar consultó unos papeles. “Veamos… Está la sala de ordenadores en…”. Se echó hacia delante.

“La tercera planta, cerca de la unidad de seguridad”. Terminó diligente. “Vayan al ascensor, bajen en la tercera planta, giren a la derecha y es la tercera puerta a la izquierda. Yo se la abriré”.

“Genial… Gracias. Intentaremos darnos prisa”. Prometió Dar.

“Por favor, si no transmiten esa cinta antes del ajuste de los bancos, estoy muerto”. Rogó el hombre. “Le prometí a mi suegra llevarla a comer el domingo, y a este paso, tendré que llevarla al McDonalds”.

Dar le palmeó el hombro. “Relájate”. Empezó a caminar por el sendero de grava, las piedras sonando bajo sus botas, y exhaló.

“Primera barrera superada”.

Jack se le acercó. “¿No es malo darle esperanzas así?”.

Ojos azules le miraron fugazmente. “Confía en mí, tienen mucha más oportunidad de tener esos malditos servidores en marcha estando yo aquí que si hubieran llamado a uno de esos técnicos del área”. Continuó caminando, subiendo una serie de escalones hacia la puerta principal del edificio. “No soy sólo una administrativa, ya sabes”.

“Pe… uh… bueno, ya lo sé, Dar… pero en realidad no estamos aquí para hacer eso… quiero decir… Entonces, ¿en serio los vas a arreglar?”.

Dar suspiró. “Tengo que acceder a su mainframe para ver cuál es el problema y también para obtener la información de dónde está Kerry… Echaré un vistazo entonces”.

Entraron en el edificio, tranquilo a estas horas y saludaron con un asentimiento al guarda sentado en la mesa de recepción. Él los miró, después vio la insignia y se mostró profundamente aliviado. “Maldición, cómo nos alegramos de veros chicos… Dijeron que no tenían a nadie por la zona, pensé que estábamos realmente perdidos”.

“Volamos hasta aquí”. Contestó de forma honesta Dar, mientras pasaba el escritorio y entraba en el ascensor. Las puertas se cerraron tras ellos y exhaló de nuevo. “Barrera número dos”. Fue un trayecto silencioso, hasta que las puertas se abrieron en la tercera planta, dejando a la vista una pared de color verde esperanza. “Jesús… odio ese color”. Murmuró Dar, mientras giraba hacia la derecha.

Sus zapatos resbalaban sobre el encerado suelo y el sonido hizo alzar la mirada con sorpresa a la enfermera de la mesa de control. Bordeó la mesa por una esquina y se acercó a ellos, una mujer delgada y bajita de cabello oscuro y rostro ligeramente maquillado. “Puedo… oh”. Sus ojos se abrieron al ver la insignia de Dar. “Gracias a Dios Todopoderoso”.

Dar sonrió y se detuvo ante la puerta que le había indicado el guarda, asintiendo ante ella. “¿Me deja entrar?”.

La enfermera rápidamente tecleó un código y la puerta se abrió. La mantuvo abierta respetuosamente mientras la atravesaban. “Oh, no tienen ni idea lo maravilloso que es verlos... No me puedo creer que hayan encontrado a alguien a estas horas de la noche. Es increíble”.

Dar entró en la sala de ordenadores y dejó su maletín sobre la mesa, después se sentó frente al terminal AS400 y lo examinó. Sacó su portátil de la bolsa y lo encendió, mientras Jack observaba con interés.

“¿Puedo traerles algo?”. Preguntó la enfermera, ansiosa. “Café… un donut… tenemos algo de pavo aún”.

Dar la miró. “Gracias, señora…”. Se estiró un poco. “Archer… Café estará bien”. Hizo una pausa. “El mío lo quiero con todo”.

La enfermera asintió, después miró a Jack.

“Café sólo para mí, gracias”. Le sonrió.

“Muy bien, enseguida vuelvo”. Se apresuró.

Dar consultó un informe de la empresa y se centró en su sede de operaciones, obteniendo su acceso administrativo y su contraseña. Los tecleó y obtuvo completo acceso a todos sus sistemas.

“¿Cómo hacéis eso?”. Susurró Jack. “Es como si tuvieras un llavero gigante de llaves o algo así”.

“Bueno…”. La mujer morena inició un query a la base de datos de los pacientes y esperó respuesta. Después grabó la localización de Kerry y el código de seguridad de su cuarto. “Es como esto… nosotros hacemos toda la transferencia de datos para la mayoría de las uniones de crédito de aquí. Muchos de los socios de las uniones de crédito lo saben, porque nos encargamos de que así sea, con publicidad conjunta y ese estilo de cosas. Promocionamos los picnics de las uniones de crédito, si tienen una organización no lucrativa en la que estamos implicados, de forma que podamos ir y decir ‘Ey… nosotros hacemos lo de los datos de UC, ¿por qué no nos dejan que nos hagamos cargo de las suyas?’”. Dar hizo varios cambios en el archivo de Kerry, después lo salvó y volvió al menú principal.

“Y normalmente se sientan y se dan cuenta que tiene sentido, porque somos profesionales y esto es lo que hacemos. Nos es más eficiente económicamente meterlos en nuestro network que a ellos mantener el suyo propio – especialmente WANS… esas líneas T1 son jodidamente caras y no redundas en ellas”. Tras decir esto Dar salió de los menús y entró en el sistema operativo, comenzando su diagnóstico.

“Vale… tiene sentido”. Reconoció Jack.

“Así que, después de eso, entramos y decimos: nos encargamos de los datos de UC y su network, por qué no rerutar el resto del IS hacia nosotros. Le daremos un pack de soporte y no tendrán que preocuparse de nada…”. Dar vio cómo se ejecutaba el diagnóstico. “Ahí está el problema”. Murmuró mientras lo detenía y se ponía en pie para rodear el ordenador, ante el que se arrodilló. “El estúpido cable de la interfase se ha roto, deben tener ratas”.

Jack la miró de reojo. “¿Ya lo sabes?”.
Ojos azules le devolvieron la mirada. “Es mi trabajo, ¿recuerdas?”. Dar tomó su equipo de empalmes de su maletín y rápidamente arregló el cable, después volvió a ponerse frente a la pantalla del ordenador. “No saben que estamos aquí así que más bien lo arreglo, así podemos ponernos a sacar a Kerry de este maldito lugar… Probablemente esté durmiendo. También podemos dejarle unos minutos más de sueño”. Tecleó una serie de comandos y probó el cable. “Ah… Esto está mejor”.

“Así que… ¿normalmente te dejan controlar sus cosas?”. Preguntó fascinado Jack.

“Muchas veces, sí… porque mantener un grupo IS, especialmente en un lugar como éste, cuyo enfoque es tan estrecho, es una jodienda para ellos. Es mucho más fácil y prácticamente del mismo coste o quizás un poquito más, si nos dejan el mando a nosotros. Y así se quitan un gran peso de encima, porque somos lo suficientemente grandes para que si algo va mal, podamos arreglarlo”.

“Como ahora”. Sonrió Jack.

“Bueno…”. Dar rió de forma triste, a la vez que comenzaba el ciclo de transferencia de datos. “Estaban mandando un técnico de Chicago… yo lo cancelé”. Observó como giraban los marcadores. “Otro día, otro dólar”. Se levantó y se sacudió las manos, después se giró cuando llegó al enfermera con los cafés. “Buenas noticias”.

La mujer le tendió el café y miró la pantalla. “¿De verdad?”.

“Sip… Está en marcha”. Le informó Dar. “Tardará unos veinte minutos para terminar… Nos quedaremos y nos aseguraremos que todo va bien”.

“¡Dios os bendiga!”. Gritó la enfermera encantada. “Oh Dios mío… Tengo que decírselo a todos… Gracias, son unos genios”. Se apresuró a salir, camino de su lugar de trabajo.

“Vale”. Dar tomó un sorbo de su café. “Tú quédate aquí. Yo voy a pasear por el pasillo, a ver si me puedo colar en la habitación de Kerry”. Cogió el trozo de papel con el número de habitación y código de seguridad de Kerry y se lo metió en el bolsillo. “Después tengo que pensar en cómo demonios sacarla de aquí”.
“Oh… ¿así que esa parte del plan aún no está lista?”. Preguntó él, nervioso.

“¿Plan?”. Dar le dedicó una mirada divertida. “¿Qué plan?”. Salió por la puerta y caminó por el pasillo, mirando alrededor con interés casual. La enfermera la vio y la saludó con la mano, sin dejar de hablar por el teléfono en ningún momento. Dar le devolvió el saludo y continuó caminando, parándose a menudo para mirar los tablones de anuncios que decoraban las paredes y leer las noticias y turno de horarios en los mismos.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 31st 2012, 4:51 pm

Dar se dio cuenta que la habitación de Kerry estaba al final del pasillo, al otro lado una ligera curva en las de otra manera rectas paredes. Cuando llegó a la altura de la puerta y miró sobre su hombro hacia atrás, no podía ver desde allí la estación de enfermeras, tan sólo la parte frontal del escritorio. “Bien”. Murmuró, después abrió la pequeña ventanilla y miró al interior.

La fuerte luz blanca mostraba una habitación dura y prácticamente vacía, con una cama cerca de la pared más alejada. Una figuraba estaba sobre ella y Dar asintió para sí misma mientras cerraba el panel y tecleaba el código para después abrir con cuidado la puerta.

Sintió, más que ver, el golpe que se le avecinaba y dejó que su cuerpo reaccionara, girando cuando algo duro y frío la golpeó en los hombros. Aprovechó el impulso del golpe esquivándolo en dirección al suelo para después volver a ponerse de pies de forma vista y no vista, alzando las manos en postura de defensa.

Parpadeó para quitarse las estrellas de los ojos y escuchó un leve hipido, entonces logró fijar la vista en el sorprendido rostro de Kerry. “Guau”. Consiguió decir como intento de broma. “Menuda arma te has conseguido”.

“Oh Dios mío, yo…”. Kerry reaccionó y acortó la distancia entre ellas, tocando el cuello de Dar, horrorizada. “Dar… yo… No sabía que er.. Estás sangrando… Oh… Jesús…”.

Dar se frotó la cabeza. “¿Significa eso que te alegras de verme o no?”. Le dedicó a la mujer rubia una sonrisa irónica.

Kerry tan sólo la miró por un largo instante entonces lentamente se le acercó y se apoyó sobre el cuerpo más alto de Dar, rodeando la cintura de su amante con los brazos y hundiendo la cara sobre el pecho de Dar. “¿Que si me alegro de verte? Jamás me alegré tanto de ver a alguien en toda mi vida”. Dejó escapar un tembloroso suspiro. “Oh Dios”.

Dar sintió cómo todo su mundo colapsaba hasta que logró que las dos se acompasaran, mientras rodeaba a Kerry con los brazos y le besaba suavemente la cabeza. “Siento que te haya pasado esto”.

Un suspiró le calentó el pecho, incluso a través de la ropa. “No me puedo cree que él haya hecho esto… Fue horrible, Dar… Al principio, quería echarte la culpa, dijo que todo era culpa tuya, que tú… me atrajiste hacia esto…”.

Dar exhaló pero se mantuvo en silencio.

“Y… no podía… Tuve que decirle que eso no era cierto… Y él…”. Kerry dejó de rodearla con un brazo y lo alzó para tocarse la mejilla. “Me golpeó”.

La mujer morena se echó un poco para atrás, de forma que pudiera verle la mejilla a su compañera. “Bastardo”.

Kerry simplemente parecía triste. “Había tanto odio en su voz… No lo entiendo, Dar… ¿Cómo puede odiarte la gente por algo tan bonito como amar a alguien?”. Volvió a bajar la cabeza en señal de derrota.

“Es parte de lo que nos hace humanos, Kerry”. Contestó Dar con voz cansada. “Queremos que todo el mundo sea como nosotros, no nos gustan las diferencias… En los tiempos antiguos era lo que mantenía unidas a nuestras pequeñas tribus y llevamos luchando esa influencia genética desde entonces”. Le dijo suavemente. “Vamos, tenemos que sacarte de aquí”.

Kerry asintió. “Lo sé, iban a empezar a ‘probarme’ por la mañana… Sabía que tenía que salir de aquí antes… Me asustaba que ellos…”. Dudó. “No sabía con qué tipo de sustancia me iban a drogar… o… quiero decir, puedes decir cualquier cosa bajo su influencia y…”. Alzó los ojos y se encontró con los ojos azul pálido que la observaban. “No quería que tuvieran la oportunidad de forzarme a decir algo que no creyera”.

Dar tensó los labios en una tensa sonrisa. “¿Qué ibas a hacer después de dejar KO a pequeña señorita rayo de luz de ahí fuera?”.

“Buscar un teléfono”. Admitió Kerry. “Y gritar pidiendo socorro”. Tiró de su bata de hospital. “Después de robar alguna ropa más decente”. Juntó las cejas. “Y… ¿Cómo te enteraste de esto, Dar?”.

La mujer alta bufó. “Pusieron la admisión y el tratamiento en cuenta de tus beneficios sanitarios”. Volvió a teclear el código de la puerta y miró fuera, viendo una pasillo tranquilo y vacío. “Déjame ir a ver si encuentro tu ropa… y le cuento a Jack lo que está pasando”.

“¿Jack?”. Preguntó Kerry.

“El hijo de Gerald Easton… Él me trajo hasta aquí”. Contestó de forma ausente Dar, abriendo puertas y mirando en el interior para ver lo que allí había.

“¿Te trajo aquí?”. Una pausa. “¿Cómo llegasteis aquí tan rápido?”.

“Tomcat”. Contestó Dar como si tal cosa. “De DC a Grand Rapids en veinte minutos o menos. Menudo viaje”. Siguió contando.

“Vale, vuelvo enseguida. Tan sólo estate tranquila, ¿de acuerdo?”. Se palmeó los bolsillos, después sacó un trozo de papel. “Sólo por si acaso”. Se lo dio a Kerry. “Es el código de la puerta”.

Kerry parpadeó ante ella en plena adoración. “Trae algo de gasas para que te pueda vendar el cuello mientras estás en ello...”. Suspiró. “Héroe”.

Dar se la quedó mirando y se sonrojó pero se marchó sin decir palabra.

Fuera, Dar caminó despacio por el pasillo tras mover su chaqueta de forma que el corte de su cuello estuviera cubierto y apareció por la esquina para encontrarse a la enfermera mirando unos papeles. Ella alzó la mirada al acercarse Dar y sonrió.

“Bueno, de veras eres el héroe del edificio”. Dejó sobre la mesa su carpeta y suspiró. “No sabes cuánta gente hay aquí ahora que puede volver a respirar… Yo misma, mañana es el cumpleaños de mi hijo. Iba a consistir en un donut con una vela hasta que llegaste”.

Dar le sonrió de forma sincera. “Me alegro que pudiera ayudar”. Se reclinó sobre el mostrador, mirando el reloj. “No mucho más”. Comentó, ahogando un bostezo. “Dime… ¿realmente son cómodas esas cosas?”.

La enfermera bajó la mirada. “Oh… ¿las batas? Sí, y tanto que lo son; gana de sobra a poliester almidonado que nos hacían llevar, deja que le diga”. Miró a Dar de forma especulativa. “Ey… ¿quiere una para probarla? Puedo traerle una, tenemos cientos”.

Era demasiado sencillo. “¿Podría?”. Curiosos ojos azules parpadearon ante ella agradecidos. "Siempre quise probarlas”.

La enfermera le palmeó la mano. “Querida, por usted, cualquier cosa”. Salió de detrás del escritorio y se apresuró camino de la bata.

Dar sonrió y observó el centro de enfermeras, mirando bajo el mostrador para ver si encontraba alguna de las pertenencias de Kerry pero sin éxito. “Ey, Jack, cómo va todo por ahí”. Llamó, en un tono normal de voz.

Apareció por el quicio de la puerta la rubia cabeza de Jack y se la quedó mirando. “Um… la barra roja está cerca del setenta y cinco por ciento… ¿es eso a lo que te refieres?”.

Ella asintió.

“¿Todo bien?”. Él la miró con más detenimiento. “Por Cristo al timón Dar, estás sangrando”. Se le acercó y le echó hacia atrás el cuello de la chaqueta. “¿Qué ha pasado?”. Preguntó en un tono de voz más bajo. “¿Encontraste a Kerry?”.

“Sí, me golpearon con una banqueta y sí”. Murmuró Dar. “Kerry estaba tratando de salir y creyó que yo era la enfermera”.

“Dios… peleona, ¿no?”. Medio rió Jack. “¿Está bien?”.

La mujer morena asintió. “Está bien, no han tenido tiempo de hacerle nada… Eso estaba previsto para la mañana”. Suspiró. “Pero está muy conmocionada”.

Él digirió la información. “¿Qué tipo de sitio es éste, Dar?”.
Ella miró a su alrededor. “Un hospital psiquiátrico”.

Él parpadeó. “No jodas. ¿Qué le pasa?”.
Dar agitó la cabeza. “Nada, excepto que la pillaron siendo gay”.

La sorpresa apareció en su rostro mientras la miraba. “No hablas en serio”.

La ejecutiva suspiró cansada, frotándose los ojos rojizos por falta de sueño y la tensión. “Sí”. Alzó la mirada al volver la enfermera trayendo un paquete y sonriendo contenta. “Aquí tiene, espero que la disfrute”. Se la tendió, entonces le dedicó también una sonrisa a Jack.

“Gracias”. Dar cogió la bata y trató de pensar en qué hacer después. Se dio cuenta de que su mente se estaba volviendo más lenta, mientras los problemas de sacar a Kerry sana del hospital recaía sobre sus hombros. En realidad no había planeado qué hacer una vez que entrase en el edificio, más que nada porque no tenía ni idea de cuál era la situación ni las posibilidades… Quizás podría disparar la alarma de incendios… o… ¿Era eso una tubería de agua a presión lo que había en la otra alcoba?”.

“Perdóneme”. La enfermera le tocó el brazo. “Escuche, ¿puedo pedirle un gran favor, ya que estará aquí retenida de todas formas?”.

“¿Huh?”. Dar dejó de pensar en su plan y se giró hacia la mujer. “Perdone… claro”.

“Me gustaría bajar y comprarme un sandwich en la cafetería, ¿podría contestar a este teléfono?”. Lo señaló con el dedo. “Si suena, tan sólo conteste Tercera Planta y tome el mensaje”.

“Uh… bien, claro, por supuesto… No hay problema”. Le aseguró Dar, esforzándose sobremanera en no mostrar una mueca incrédula en el rostro. “Vaya, estaremos aquí por otros… uh… Treinta minutos… como poco, esos programas se están tomando más tiempo del que pensaba”.

La enfermera Archer brilló ante ella. “Es usted la mejor”. Salió de nuevo de detrás del escritorio. “¿Puedo traerles un sándwich? Hoy tienen pavo en un croissant y algo de sopa de tomate”.

“No, no… Estamos bien, gracias”. Le dijo Dar moviendo la mano. “Vaya tranquila”.

Las puertas del ascensor se cerraron tras su blanco culo y se miraron el uno al otro. “Vaya”. Dar se rascó la nariz. “Tú quédate aquí y atiende el teléfono, yo iré a por Kerry”. Aún incapaz de creerse su buena suerte, la mujer morena trotó pasillo abajo hasta la puerta de su amante y metió el código, escapándosele el picaporte de las manos por culpa de una rubia impaciente. “¡Ey!”.

“Empezaba a ponerme nerviosa”. Susurró Kerry. “Pensé que quizás te habías metido en problemas”.

Dar se echó hacia delante y la besó en los labios, alargando el contacto un poco más de lo necesario. “Estoy en problemas”. Ronroneó en el oído de la mujer rubia. “Toma”. Le tendió a Kerry el paquete con la bata, que incluía unas pequeñas zapatillas. “No es chic pero hará que salgas de este maldito lugar”.

Kerry tomó el paquete y lo examinó con curiosidad. “Hm… siempre quise un traje de estos, sin embargo, ésta no era la manera en que pensaba conseguirlo”. Abrió la bolsa y sacó la ropa, quitándose su incómoda bata de hospital y poniéndose los blancos pantalones de celador. “Yyysss”. Ajustó la goma de la cintura para que se ajustaran y acabó haciendo un gran lazo, mientras Dar se arrodillaba y hacía lo mismo a la altura de los tobillos. “Así está mejor… Al menos no tropezaré con ellos”. Murmuró la rubia, mientras se ponía la camiseta. “Bueno, no está tan mal”.

Dar sonrió, después se estiró y sacó un peine del bolsillo para pasarlo por en desmarañado cabello de Kerry. “Así que, a parte de eso, Srta. Lincoln, ¿Cómo fue Acción de Gracias?”.

Eso consiguió una pequeña carcajada de la mujer rubia. “Oh… montones de familiares, montón de mierda, tuve que ser amable con Brian y ver a algunos tíos y tías que hacía tiempo que no veía”. Hizo una pausa. “Ahora supongo que no los volveré a ver”. Concluyó por lo bajo. “Dar, no lo va a dejar pasar así de fácil”.
“Deja eso en mis manos”. Respondió su jefa, en un tono de voz tenso y sin lugar a réplica.

Kerry la miró. “¿Qué quiere decir eso?”.

Dar terminó de peinarla y volvió a su amante hacia la luz. “Tú lo harás”. Concluyó. “Quiere decir que tengo algunos ases bajo la manga y me gustaría que confiases en mí para manejar la situación”.

Kerry la miró, cautelosa. “¿No me vas a decir qué está pasando?”.

Serios ojos azules la observaron. “Aquí no, no ahora. Además es más fácil si te lo enseño. Cuando lleguemos a casa te prometo que te lo cuento todo”. Hizo una pausa. “¿Confiarás en mí?”.

Kerry la miró directamente a los ojos por unos momentos. “Confío en ti”. Sentenció quedamente. “Tan sólo… recuerda, Dar, que sea lo que sea, es mi padre”.

Dar le palmeó la mejilla. “Lo sé”. Tomó un hondo respiro. “Vamos… salgamos de aquí. Voy a hacer que bajes con Jack. Yo esperaré a que vuelva la enfermera, después iré con vosotros. Será extraño si abandonamos el edificio sin que nos vean y no quiero despertar ningún tipo de alarma mientras salimos”.

Kerry asintió. “¿Y después qué?”.

Fríos y duros ojos. “Después vamos a la casa de tus padres a por tus cosas”.

“¿Qué? Dar, no… no necesito esas cosas, no hay nada allí irremplazable… No quiero volver allí”. Protestó Kerry con vehemencia.

“Kerry…”. Empezó a decir Dar.

“¡No!”. Interrumpió la mujer de ojos verdes. “No puedo enfrentarme a ellos, no después de esto… Dar, no me pidas que haga eso por favor”. Se giró, abrazándose a sí misma. “¿No podemos simplemente salir de aquí?”. Susurró.

Dar exhaló. “De acuerdo, vamos”. Empezó a acercarse a ella y le pasó a Kerry un brazo por los hombros. “Lo siento… Estoy acostumbrada a ser tan malditamente confrontacional que me olvido que no todo el mundo puede hacer lo mismo”.

Kerry se dejó dar la vuelta y se dirigieron a la puerta. “De todas formas ¿para qué serviría?”.

“Tan sólo hacerles saber que no te han vencido”. Replicó suavemente Dar mientras abría la puerta y empujaba a su amante hacia el exterior, asegurándose antes que no había moros en la costa. “Pero es mi orgullo el que habla. Y muy alto, a veces”.

Kerry miró sobre su hombro ante la franca admisión y sintió una minúscula sonrisa aparecer en sus labios. “Uno de esos genes de nuevo, ¿huh?”. Miró el deprimente pasillo. “Uck… este sitio apesta”.

Giraron la esquina y vieron la figura solitaria de Jack, apoyada de forma casual en el mostrador mientras esperaba. Él las vio y se incorporó, después sonrió mientras se acercaban. “Hola”. Le dedicó a Kerry una sonrisa tentativa. “Tú debes ser Kerry”.

Ella estiró la mano. “Y tú debes ser Jack… Me alegro de conocerte”.

Dar se puso tras el escritorio y empezó a rebuscar por los cajones. Encontró uno cerrado con llave, después miró el mostrador. “Agradable enfermera”. Cogió el anillo de llaves que se había dejado la enfermera y abrió el cajón, rebuscando en su interior. “Ah”. Una serie de insignias del hospital, todas con pequeñas notas en ellas. “Veamos…”. Las estudió. “Terminado… terminado… dimitido… terminado… muerto… terminado… ¿admitido?”. Se quedó observando esa. “Hmm… ah…”. Sacó una del montón y se la entregó a Kerry. “Ponte esto, la foto se parece bastante”.

Kerry así lo hizo. “¿Y ahora qué?”.

Dar volvió a cerrar el cajón con llave y dejó el llavero en su sitio. “De acuerdo, vosotros dos cogéis el ascensor y simplemente salís por la puerta. Kerry… tú harás como que le enseñas la salida, ¿vale?”.

La rubia estaba recobrando la compostura. “Sería más realista si le estuviera echando los tejos”. Miró al sonrojado Jack. “Es mono”.

“Bien”. Rió cansada la ejecutiva. “Cuando hayáis salido, tan sólo esperadme, ¿de acuerdo?”.

Ambos asintieron. “¿Qué vas a hacer tú?”. Preguntó, predecible, Kerry.

“Darte de alta”. La mujer morena sonrió falsamente. “Me gustan las cosas limpias. Ahora, id”. Hizo una pausa. “Jack, llévate mi portátil, ¿sí?”.

Él asintió. “Echo… Nos vemos abajo”. Cogió la mochila y se fue, encaminando a Kerry hacia el ascensor. A las puertas, la mujer rubia se volvió y se encontró con los ojos de Dar.

“Ten cuidado”.

Dar sonrió. “Tú también”.

Vio como se cerraban las puertas, después centró la atención en su cometido.

La bajada en el ascensor transcurrió en silencio y Kerry se pasó los dedos por el pelo de forma nerviosa, jugando con él hasta que se abrieron las puertas y salieron. Frente a ellos, un guarda de seguridad estaba sentado solo en la mesa de información, apoyado sobre los codos. Alzó la mirada cuando los vio y una gran sonrisa apareció en su rostro.

“Ey… ¡oí que nos salvasteis el día!. ¡Así se hace, tío!”.

Jack saludó con la mano. “Sí, era un cable pelado. Pero tenemos asuntos pendientes, voy a dejar mis cosas en el coche”. Alzó la mochila del ordenador. “La jefa está arriba asegurándose que todo concluye bien”.

“Genial, genial… Oye, ¿podemos conseguirte algo o así?”. Los ojos del guarda miraron de lado a Kerry sin fijarse demasiado.

“Nah… Tan sólo queremos llegar al motel y dormir un poco, ha sido un día condenadamente largo”. Declinó la oferta, empezando a caminar más allá del escritorio. “Me alegro que todo haya acabado bien”.

“¿En qué hotel os han hospedado?”. Preguntó el guarda con amistoso interés. “Conozco la mayoría de las horas felices por aquí”.

Jack estaba perdido. “Um…”.

“¿No dijiste el Marriott Courtyard? Está a una media milla de aquí”. Intervino Kerry de forma casual. “Ahí es dónde dijiste que después podíamos tomar algo…”.

“Woo… Te han puesto en uno de los buenos”. Rió el guarda. “Y tienes una invitación encima de todo… Entonces, buenas noches… y gracias de nuevo”. Miró una vez más a Kerry, después volvió la vista de nuevo a la revista que estaba leyendo.

Atravesaron el frente del vestíbulo y salieron del edificio. “Brr”. Suspiró Kerry. “Está ropa no está hecha para Noviembre en Saugatuck”.

Jack miró a su alrededor mientras andaban por el camino de grava. “Gracias por salvarme el culo ahí dentro, no tenía pajolera idea de qué hoteles había por la zona”. Miró a su alrededor. “Una vez que pasemos la verja, te dejaré mi chaqueta ¿vale?”.

Kerry asintió pero se mantuvo en silencio, sintiendo el duro y frío suelo a través de sus finas zapatillas. Llegaron a la altura de la puerta y el guarda de la caseta levantó la mirada. Kerry le saludó con la mano y él le devolvió el saludo, después saludó con más ímpetu a Jack.

Jack sonrió. “Me siento como un maldito Mesías”. Murmuró por la comisura de los labios. “No he tenido este tipo de recibimiento desde que liberamos Kuwait”. Miró al sonriente guarda. “Ni siquiera se da cuenta que no te conoce, ¿verdad?”. La puerta se abrió lentamente frente a ellos y empezaron a atravesarla.

Kerry bufó suavemente. “Hay montones de alemanes y holandeses asentados por la zona, mujeres rubias y blancas las hay a montones, créeme… Probablemente vea al día a veinte como yo”. Pasaron la zona de luz que rodeaba la caseta y, finalmente, Kerry sintió que se relajaba un poco mientras oía el candado de metal cerrarse a su espalda.

Estaba libre. Estaba fuera de la peor situación en la que había estado nunca y casi sentía ganas de encontrar un rincón cálido y acurrucarse en él para no dejar de llorar. Ahora les rodeaba la oscuridad y Jack se quitó su chaqueta para ponérsela a Kerry alrededor de los hombros. “Gracias”. Asintió agradecida. “Sé que también te debo un agradecimiento enorme por traer a Dar aquí tan rápido”.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Enero 1st 2013, 5:59 pm

Él rió un poco mientras se acercaban al coche militar de color azul oscuro y abrió la puerta para ella. “Haría lo que fuera por ella, somos amigos desde niños. Ella me salvó el pellejo una vez, después que construyéramos una casa de madera sobre un ficus que tapaba un agujero”. Esperó a que ella subiese al coche, después cerró la puerta y subió por el otro lado. “Mi padre me dijo que no lo hiciera pero era bastante terco y lo hice de igual manera… Estaba poniendo el último pasamanos cuando perdí pie y me caí por el borde, sin nada entre medias de mi cuerpo y ese maldito agujero excepto O2”. Exhaló. “Se me enganchó el cinturón en una rama y ahí estaba yo, colgando como un cerdo confitado en Navidad, gritando a más no poder”.

Kerry ahogó una risita histérica. “Oh no”.

“Sip… Lo siguiente que sé es que Dar estaba allí y consiguió asegurar una cuerda y atándosela a la cintura, bajar hasta mi lado y ayudarme a subir a la siguiente rama. Así que después los dos perdimos el equilibrio y caímos… Ella estaba agarrada a mí y colgando de esa cuerda, así que pensé que los dos estábamos perdidos”.

“¡Oh no!”. Kerry abrió los ojos de par en par.

“Sip… pero ella es más fuerte que el infierno, si sabes lo que quiero decir; incluso ahí, cuando éramos pequeños, así que de alguna manera consiguió darse la vuelta de forma que yo pude agarrarme a la rama y alzarme. Después ella se puso a mi lado y ya estábamos bien”.

“Fiuu”. La mujer rubia dejó escapar un soplido”. “¿Y qué pasó después?”.

Él le dedicó una mirada irónica. “Me golpeó por ser tan estúpido”.

Kerry estalló en carcajadas, tapándose rápidamente la boca con la mano. “Oh… dios. Lo siento, eso no tiene gracia”. Se disculpó.

“Claro que lo es”. Rió Jack. “Es simplemente Dar”.

La mujer rubia suspiró. “Sí, creo que lo veo… Incluso aunque hace poco que la conozco”. Enfocó los ojos en Jack. “Es una mujer con coraje”.

Él la sonrió. “Es un humano con coraje”. La corrigió. “Es la mejor amiga y el peor enemigo que posiblemente te puedas encontrar… Nunca se echa hacia atrás y siempre está ahí si la necesitas”.

Kerry miró por la luna, al suave brillo de las luces del hospital. “Eso es cierto”. Dijo suavemente al final. “Se enfrentaría a cualquiera”. Se quedó en silencio y apoyó la cabeza sobre la puerta, los ojos fijos en el camino que salía del hospital.

Esperaron lo que pareció una eternidad pero que en realidad fueron diez minutos, hasta que los ojos de Kerry encontraron lo que buscaban y una figura alta y esbelta se acercó andando por la grava, deteniéndose e intercambiando unas palabras con el guarda que se rió y se despidió con la mano. Atravesó la barrera para encaminarse a la oscuridad del aparcamiento.

Un momento después y Dar estaba sentándose en el asiento trasero, con un largo y profundo suspiro. “Dios, los mandé a todos al infierno en una cesta de cuerda, me alegro que todo haya acabado”. Murmuró, dejándose caer en el asiento. “Esa maldita mujer casi me deja sin oído… Trató de darme un trozo de tarta, quería saber el nombre de mis jefes para poder hablar bien de mí… ¡Jesús!”.

Kerry empezó a reír sin poder remediarlo. “Debiste dárselos”. Exhaló. “Y te gustan las tartas”.

Jack la miró, después miró por el espejo retrovisor. “¿Adónde?”.

Dar lo pensó. “¿Hay algún hotel cerca? Creo podemos aprovechar unas horas de sueño. Yo podría… Después podemos mandarte de nuevo a DC y nosotras coger un vuelo comercial a casa”.

“¿Qué tal el Marriott ese que mencionaste?”. Preguntó Jack a Kerry.

Kerry se quedó en silencio unos segundos. “Yo.. um…”. Se medio giró y apoyó la barbilla sobre el respaldo del asiento, observando a Dar. “Yo… creo que tienes razón. Creo que debemos ir a recoger mis cosas”.

Una oscura ceja se alzó. “Creí…”.

“Lo sé”. Kerry bajó la mirada. “Pero yo empecé esto y necesito ponerle fin”. Alzó la mirada a los ojos de Dar. “Tan sólo necesito un poco de ayuda”.

Una queda y orgullosa sonrisa asomó a los labios de Dar. “La tienes… Kerry, sé que esto es duro para ti y sé que aún quieres mucho a tus padres… Trata de recordarlo, ¿vale?”. Suspiró. “No dejes que lo que ha pasado aleje eso de ti, no importa cuánto parezca que se lo merezcan”.

Jack puso en marcha el coche y salieron del aparcamiento.

Kerry pensó sobre el consejo de Dar a lo largo de todo el tranquilo y oscuro recorrido.

La casa estaba a oscuras. Tan sólo la luz de la entrada estaba encendida, bañando el césped con un rayo plateado pero el resto de la casa estaba gris y silenciosa. Jack aparcó cerca del camino de entrada y miró a Dar.

“De acuerdo”. Dar respiró hondo y trató de juntar sus fuerzas. “Jack…”.

El piloto parpadeó ante ella. “Es tan mísero como para drogar a su propia hija y llevarla a la granja de los locos… Voy como vuestra guarda”. Metió la mano bajo el asiento del coche y sacó su automática de servicio, acoplándola bajo su brazo por la funda ajustable. “De forma que sepan que estoy autorizado a llevar esto… “. Se volvió a poner la insignia.

Dar puso una mano sobre su brazo. “No”. Le dijo suavemente. “No creo que vaya a ser necesario y tengo algunos ases bajo la manga si él intenta algo estúpido… No metamos de por medio a la milicia, ¿vale? Es un senador y eso sólo puede traer grandes, pero que muy grandes problemas, amigo mío”.

“Dar tiene razón”. Añadió suavemente Kerry. “Mi padre tiene un micrófono bajo el culo sobre lo que ocurre en el Pentágono… No le des esa clase de munición”.

Jack las miró a las dos. “De acuerdo… Pero tenéis treinta minutos. Más de eso y entro a buscaros”.

“De acuerdo”. Estuvo de acuerdo la mujer morena. “¿Estás lista?”. Le preguntó a Kerry, que asintió. “Vamos”.

Salieron del coche y cerraron con cuidado las puertas, después se encaminaron al camino de la entrada. Kerry se quedó frente a la puerta y cerró las manos en puños, después se relajó. Levantó la mano e hizo sonar el timbre.

Una. Dos. Tres veces, antes de que escucharan unos pasos acercarse. Dar puso una mano tras la espalda de su amante para darle ánimos y se estiró recopilando los suyos.

La puerta se abrió de golpe. El Senador estaba allí de pie, parpadeando ante ellas con ojos sorprendidos y llenos de sueño.

Kerry se acercó y llegó al umbral, después alzó la mano y le golpeó fuertemente la cara.

El sonido de la bofetada voló por el recibidor, haciendo que él se tambalease. Dar la observó sorprendida, no tenía ni pajolera idea de que su compañera fuera a hacer eso.

“Qué demon…”. El Senador buscó un interruptor y encendió la luz, iluminando la puerta y el recibidor de la casa. “¿Cómo te atrev…”.

“¿Cómo me atrevo?”. Kerry entró y se puso a su lado. “¿Cómo ME atrevo?. ¡¡¡¿Cómo te atreves TÚ a hacerme una cosa así?!!!”.

Él se la quedó mirando. Entonces, despacio, sus ojos miraron más allá de ella hacia la figura alta y oscura tras ella. “Tú”. Su voz rebosaba repulsión.
Dar entró en la casa y cerró la puerta tras ella. “No creo que nos conozcamos, ¿o sí?”. Puso una mano en la espalda de su furiosa amiga. “Mi nombre es Dar Roberts y soy la supervisora de su hija”.

“Sé quien eres, puta”. Rugió el hombre. “¡Sal de mi casa!”. Se giró en busca del teléfono. “¡Llamaré a la policía!”.

“¿Por qué?”. Dar atajó la violenta protesta de Kerry. “¿Exactamente?”.

“¡Allanamiento de morada!”. Contestó mientras marcaba.

“Usted nos dejó entrar”. Le contestó Dar.

“¡En el hospital, perversa!”.

“De hecho, son una de nuestras cuentas… Firmé en el libro de visitas como cualquier otro”. Replicó con calma Dar. “Y fui requerida allí por un problema en los ordenadores”.

Él dejó de marcar. “La sacaste de allí”. La acusó.

“No, no… La enfermera supervisora le dio el alta”. Le sonrió la ejecutiva. “Después de no encontrar nada malo en ella”.

“Le pasa algo malo”. Colgó el teléfono. “Y es tu culpa. Tú la has corrompido, puta, y voy a hacer que…”.

Un largo y fuerte dedo se alzó. “Tendrá una querella contra usted por difamador, junto con otra sobre secuestrar y retener a la fuerza a uno de mis empleados si no se calla”. Adelantó a Kerry, peligrosa como una pantera mientras se acercaba a él, mirándole a los ojos de forma directa. “Ahora… sugiero que llevemos esta pequeña discusión a lo que quiera que llame despacho, de forma que el resto de su… familia… no tenga que escuchar lo que voy a decirle, ¿de acuerdo?”.

“Te crees tan jodidamente lista...”. Soltó el hombre.

“No… La compañía lo hace, de hecho… La compañía me paga para ser lista. Y me gusta devolverles lo que me pagan”. Contestó Dar con una sonrisa. “

Ahora… puede moverse o podemos recoger las cosas de Kerry y largarnos y simplemente mandaré un mensaje a los servicios de noticias cuando vuelva al coche. Usted elige”. La voz de Dar bajó un octavo en señal de peligro, profundas y sinuosas sílabas que rodaban por su lengua y se acentuaban con el brillo de sus ojos.

Él se movió, girándose y encaminándose hacia una puerta de madera visible desde la entrada de la sala de estar en la que se encontraban. Dar lo siguió y Kerry, tras respirar profundamente, la siguió a ella, sorprendida ante la poderosa presencia de la que había hecho uso su jefa. Miró a un lado y se encontró con la mirada de su madre que observaba la escena desde la puerta de su habitación.

Los ojos desaparecieron y la puerta se cerró. Kerry suspiró y continuó avanzando, siguiendo la alta figura de Dar hasta que entraron en ese maldito despacho. Esta vez fue ella quien cerró la puerta tras de sí.

Dar recorrió la habitación, para terminar a la altura de su escritorio, en el que se apoyó entrecruzando los brazos. Se mantuvo calmada, tomándose un momento para estudiarle con ojos azules y curiosos.

“¿Qué quieres?”. Preguntó él tras un breve período de estudio.

Dar le dejó esperar un momento más, después se levantó y caminó un poco, terminando cerca de la ventana. “Qué quiero”. Repitió. “Quiero que retroceda veinticuatro horas y que no hubiera asaltado, secuestrado y encarcelado ilegalmente a su hija aquí presente. Eso es lo que quiero”.

“Yo no hice nada ilegal”. Le informó de forma brusca el Senador. “Fue admitida en observación y es mi responsabilidad asegurarme que mi familia está a salvo”.

“Oh… Así que cuando me atiborrasen de drogas y tratasen de lavarme el cerebro por la mañana… eso era por… ¿razones de observación?”. Preguntó Kerry desde su posición apoyada contra la pared.

Él la miró. “Quería que te hablasen, sí y que te sacasen esas ideas locas de la cabeza antes de que arruinases tu vida”. Miró a Dar. “Ella es quien te ha lavado el cerebro”.

“¿Lavarle el cerebro para conseguir qué?”. Bufó Dar. “¿Que pensara por sí misma? No gracias, eso lo hace ella solita sin ninguna ayuda por mi parte”. Hizo una pausa. “Oh, quiere decir lavarle el cerebro para que pensara que estábamos enamoradas… Cierto…”.

“No quiero escuchar eso”. El hombre les volvió la espalda. “No acepto que ninguno de mis hijos sea una parte de algo tan desagradable y depravado”. Se giró. “Y sea condenado al Infierno por encima de todo”. Su mano atravesó veloz el aire. “¡No!”. Su mirada se centró en el rostro en sombras de Dar. “¿Por qué sencillamente no te largas de aquí y dejas tranquila a la gente decente? Tu clase no pertenece a este país”.

Dar se le acercó, tan rápido que él ni siquiera tuvo tiempo de moverse o parpadear antes que ella estuviera a su lado, nariz contra nariz. “Mi padre murió por este país, pedazo de mierda ignorante… Así que vigila lo que dices”. Su voz había adquirido un tono de gruñida amenaza. “Y él valía cien veces más que tú”.

Kerry retuvo el aliento. Nunca había visto así a Dar. Sus ojos brillaban y todo su cuerpo parecía alerta, repleto de energía. La fiera rabia era casi palpable.

Silencio mortal. Entonces. “Voy a llamar a la policía”. El senador descolgó el teléfono. “Voy a hacer que te detengan, con los cargos que se me ocurran pagarle al comisario y después voy a disfrutar viendo tu asqueroso culo encerrado en la zona de los hombres y veré como te violan hasta que no puedas parar de gritar”.

Sorprendentemente, Dar sonrió. Encantadora. “Ah, tu verdadero rostro...”. Ronroneó, su temperamento completamente bajo control. “Antes que termines de marcar, deberías pensar en el número… 99344343”.

Él se quedó completamente quieto, su dedo sobre un botón y despacio y de forma ruin, alzó los ojos hacia ella.

Una risotada. “¿Sabías, Senador, que en estos días y era, todo lo que haces se graba en un ordenador?”. Dar rodeó el escritorio y se sentó de nuevo al borde del mismo. “Toda transacción con tarjeta de crédito, toda transacción bancaria, todo informe médico…”. Sonrió de nuevo. “Certificados de nacimiento… Certificados de defunción, todo”.

Él simplemente se la quedó mirando. Odiándola.
Dar se echó hacia delante. “Cuelga el teléfono. Déjame sacar las cosas de Kerry de aquí y después no la vuelvas a molestar jamás o sino tendré un enorme informe que sale en masa hacia cada maldita agencia de noticias en el mundo, incluida la oficina del fiscal”. Se detuvo. “Con una nota personal de mi parte para Janet, si entiende lo que quiero decir”.

“Es un farol”. Susurró.
Dar se le acercó más. “No, no lo es”. Rió. “Y créeme, disfrutaré cada segundo de tu destrucción en la CNN”. Lo miró con desgana. “Incluso le mandaré una tarjeta de pésame a Pamela”.

A él se le salieron los ojos de las órbitas. Dar se separó del borde de la mesa y se levantó, esperando.

“De acuerdo”. Él se estiró y pareció recobrar de nuevo la compostura. “¿Qué quieres en realidad? ¿Qué trato andas buscando?”.

“¿Trato?”. Preguntó Dar suavemente.

“Debes ir tras algo… ¿qué es? ¿dinero?”. Él levantó la vista. “No pueden pagarte tanto en ese sitio… ¿Es eso lo que buscas?”. Él se movió, atrayendo su atención y la de Kerry mientras caminaba. “Podemos arreglar un trato, tan sólo dices la cantidad que vales y nosotros…”.

El cuerpo de Dar se movió de una forma repentina y salvaje que sorprendió incluso a Kerry. Se medio giró y lanzó una patada de lado hacia arriba, su pie golpeando algo contundentemente y mandándolo volando hacia atrás. Entonces se giró de golpe y pateó de nuevo, esta vez mandando un cuerpo volando para estrellarlo contra la pared con un fuerte sonido.

Kerry corrió a encender las luces cuando escuchó el movimiento y las encendió justo en el momento que Kyle salía volando de nuevo, cogido de lleno en las costillas por una patada voladora.
“¿Qué pasa, Kyle? Estás demasiado acostumbrado a meterte con niñas pequeñas”. Tanteó Dar, mientras esquivaba un puñetazo. “¿Intimidándolas y llevándote sus cachorros?”. Esquivó y le golpeó en la mandíbula con otra patada. “Cerdo apestoso”.

Él se lanzó por ella, agarrándola por la cintura y haciendo que se cayeran los dos, pero no contó con las poderosas piernas de Dar que le rodearon y los hicieron girar, cayendo Dar sobre él y dejando que recibiera un buen golpe en el estómago.

“Puta”. La golpeó en el costado, después lo volvió a hacer, después siseó cuando una rodilla se le clavó en el estómago. Gateó fuera de su alcance, después se lazó hacia sus pies, intentando agarrarla.

Dar giró sobre sí misma y lo cogió mientras intentaba levantarse, clavándole un codo en la mandíbula, después le agarró un brazo y lo lanzó sobre su hombro para dejarlo caer con un sonoro ruido sobre el suelo de parquet. “Oh sí, la puta que te pateó el trasero y disfrutó cada minuto del momento”. Dar sintió que su respiración se acompasaba y que le desaparecía el mal genio, la necesidad violenta satisfecha de momento.

Estaba tranquilo entonces, hasta que Dar se encaminó hacia la pared del fondo y cogió la pistola automática que había pateado de la mano de Kyle, ajustándola en su mano.

Kerry vio aparecer una expresión no familiar en el rostro de su padre. Miedo.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Enero 2nd 2013, 3:36 pm

“¿Se me olvidó mencionar que fue la Campeona Mundial de karate un año?”. Murmuró Kerry. “Supongo que sí...”. Ahora era su turno. Se adelantó hasta que estaba frente al escritorio de su padre. “Lo que me hiciste está mal”.

Él simplemente se la quedó mirando.

“No sólo anoche… Has tratado de hacerme algo que no soy desde que era una niña y me hiciste mucho daño”. Le dijo Kerry. “Sigues siendo mi padre y todavía te quiero… pero no puedo vivir contigo”.

“Yo no soy tu padre”. Le volvió la espalda. “Sal de mi casa y llévate a tu… amiga contigo”.

Kerry suspiró y miró a Dar, que estaba descargando la pistola y metiéndose las balas en el bolsillo. “Vamos, no tengo nada más que hacer aquí”.

Dar dejó la automática sobre la mesa. “Después de ti”.

Salieron de la oficina y subieron silenciosas las escaleras. Dar apoyó las manos sobre los hombros de su amante. “¿Estás bien?”. Murmuró suavemente en una rosada oreja.

Kerry sentía las ganas de echarse hacia atrás y dejar que el cuerpo de Dar la envolviese. “Estoy echa polvo por dentro”. Le dijo de forma honesta a la mujer morena. “Creo que voy a necesitar una buena y larga sesión de mimos pronto”.

Dar la besó con dulzura en la cabeza. “Esta noche y cada noche del resto de tu vida, si quieres”. Prometió, dándose cuenta de lo que había dicho una vez que las palabras salieron de su boca.

De repente se hizo un silencio prácticamente de sorpresa. “Lo quiero”. Contestó finalmente Kerry, en un tono de voz muy suave. “Vamos, salgamos de aquí. Tengo una vida a la que atender”.

Kerry entró en su antigua habitación y cruzó el suelo hasta donde todavía seguían sus pertenencias. Alguien lo había guardado todo y esperaba que hubiera sido Arlene. Comprobó de forma rápida la bolsa del portátil, después su bulto y le dedicó a Dar un asentimiento. “Esto es todo”. Sacó unos pantalones vaqueros y la sudadera de la marina y se cambió rápidamente, metiendo la ropa de celador en el bulto y poniéndose después las deportivas.

Dar se acercó y agarró la bolsa, poniéndosela sobre el hombro. “Muy bien, vámonos”.

Kerry dudó y miró a su alrededor. “Crecí en esta habitación”. Sentenció quedamente. “Ángela y yo”.

Dar dejó que sus ojos recorrieran rápidamente la habitación, entonces le pasó su otro brazo por los hombros a Kerry. “Sabes que no vas a perder el contacto con tu hermana, ¿verdad?”.

“Lo sé”. Suspiró la mujer rubia.

Ambas miraron hacia arriba al oír el ruido y vieron una desordenada cabeza de cabello color avellana asomarse por la puerta. “¿Ker?”.

Ángela, su hermana entró y se apresuró a ir a su lado, mientras Kerry se le acercaba un paso y la abrazaba. “Oh Dios mío, Kerry… ¿Qué demonios ha pasado? Desapareciste y no querían decirme qué estaba pasando... o dónde habías ido y yo…”.

“Shh… sí… Fue bastante malo”. Contestó suavemente Kerry. “Me dejaron inconsciente y me llevaron donde Roger”.

Ángela la soltó y miró a su hermana con desconcierto. “Oh Dios mío”. Sus ojos finalmente se desviaron a la derecha al darse cuenta que Kerry no estaba sola y inhaló ligeramente ante los azules ojos que absorbían la luz de la habitación. “Oh… yo…”. Miró con más detenimiento. “Tú debes ser… ¿Dar?”.

La mujer alta sonrió, un reflejo de blancura en la habitación. “Así es”. Estiró la mano de forma cortés. “Encantada de conocerte, Ángela … Desearía que fuera en otras circunstancias”.

“Oh… uh… sí”. La hermana de Kerry tomó con cautela su mano y la sacudió. “He oído muchas cosas de ti…”. Sonrió de forma tentativa, entonces se giró hacia su hermana. “Bueno… ¿qué pasó?”.

Kerry suspiró. “Bueno… Apareció Dar y me liberó…”.

“Lo estabas haciendo muy bien cuando yo llegué allí”. Interrumpió Dar.

Ojos verdes le dedicaron una mirada repleta de afecto. “Después volvimos aquí y yo… la tuve con papá más o menos. Ahora… nos vamos”. Hizo una pausa, mirando a su hermana. “Para siempre, parece”.

“Oh”. Ángela la tomó de las manos y se las apretó. “Bueno, seguramente vaya detrás de ti… Estaré en contacto, ¿de acuerdo?”.

Kerry sonrió y la abrazó. “Por favor… te voy a echar de menos… ¿Le dirás a Michael los que está pasando?”.
Ángela asintió mientras se separaban. “Le llamaré mañana… En realidad me alegro que se quedase en el colegio y no viniese aquí… Sabes que se hubiera puesto histérico”.

Kerry suspiró. “Lo sé… bueno, tenemos que irnos… Te llamaré cuando llegue a Miami”.

“Durante el día”. Le dijo suavemente Ángela . “Richard me ha leído la cartilla por involucrarme”. Hizo un gesto con la cara. “Tuvimos una discusión sobre el tema”.

“De acuerdo”. La mujer rubia se puso al hombro su portátil. “Vamos, Dar… antes de que Jack irrumpa en la casa”. Le dio a su hermana un último abrazo y después salió por la puerta, llevando tras de sí a su alta y oscura sombra. Bajaron las escaleras y salieron por la puerta principal, pasando por debajo de la fuente de luz y por el camino, hacia donde un ansioso Jack esperaba medio dentro medio fuera del coche, con un pie en el suelo. Se volvió a montar cuando llegaron. Dar abrió la puerta, permitiendo que entrara Kerry. Iba a cerrar la puerta cuando la mujer rubia alzó una mano, después la estiró y la agarró del abrigo, metiéndose incluso más para dejarle sitio.

Dar dejó el bulto sobre el asiento trasero y cerró la puerta, después se sentó junto a su compañera y exhaló. “Salgamos de aquí”.

Jack no necesitó otro tipo de instrucción. Puso en marcha el coche y retrocedió, después lo hizo girar y se encaminó hacia la carretera.

“¿Desagradable?”. Preguntó tras unos instantes de silencio.

Dar se lamió un magullado nudillo y lo miró. “Mucho”. Miró fugazmente a la silenciosa Kerry, entonces puso una mano sobre su hombro. “¿Cómo estás?”.

Kerry apartó los ojos del oscuro paisaje y lentamente giró la cabeza, mirando el rostro en la semioscuridad de Dar. “Bastante mal”. Contestó con voz estrangulada. “Dar, ¿por qué no puedo odiarlos? Sería mucho más sencillo”.

La mujer morena la rodeó los hombros con un fuerte brazo y se la acercó. “Lo siento… Desearía tener una respuesta para eso”. Sintió cómo Kerry se acomodaba contra ella, un brazo cubriéndole el estómago a la vez que su compañera escondía el rostro sobre su hombro. “Desearía cambiar sus mentes”. Sintió la interrupción de la respiración de Kerry y se la acercó más, frotando su espalda para reconfortarla.

Jack miró hacia atrás y captó su mirada, la suya repleta de pura lástima. “¿A dónde?”.

Dar suspiró. “Busca una carretera principal. Para en el primer lugar que a simple vista no parezca que tenga cucarachas en los lavabos”. Sacó su teléfono móvil del bolsillo y marcó un número. “Buenos días”. Dijo suavemente. “Soy Dar Roberts, empleada número 4432234”. Hizo una pausa. “Necesito dos pasajes de Grand Rapids a Miami, primera clase, la línea aérea no importa”. Escuchó por unos largos segundos. “Está bien. Sin embargo, use mi tarjeta de crédito privada, esto es personal”.

Kerry se estiró al escuchar esto pero Dar simplemente le palmeó la espalda y mantuvo su movimiento reconfortante. “De acuerdo… es genial… ¿perdone?… Oh…”. Dar sonrió ligeramente. “Sí, es cierto… sí, adelante y aplíquelos… Ha sido una noche muy larga y creo que podría usar algo más de espacio”. Escuchó de nuevo. “Gracias, los recogeré en el aeropuerto… Se lo agradezco”. Colgó y dejó reposar la cabeza sobre el asiento. “Cambio de planes… Sigue conduciendo y ve hacia el aeropuerto… El primer avión sale a las once, nos vendrían bien unas horas de sueño antes de salir de aquí”. Miró a Jack. “¿Puedes despegar de aquí sin causar una ruina?”.

Él asintió. “Sí, no podré tomar la velocidad que llevaba al venir aquí, pero…”. Bostezó. “Unas horas de saco suenan de maravilla… Puedo llamar a papá, y os invito a desayunar antes de que despeguéis, ¿qué os parece?”.

Dar sintió a Kerry apoyarse más en ella y comprendió que su amiga estaba cayendo exhausta. “Suena genial”. Admitió. “Oh, maldición, quiero mi cama… Me siento como si me hubiera arroyado un camión”. Suspiró.

Kerry alzó la cabeza y la miró. “Bueno, te golpeó un par de veces… ¿Todo bien ahí dentro?”. Palmeó el pecho de Dar.

“¿Te golpeó?”. Jack alzó la cabeza de golpe y la giró. “¿Quién? ¿Qué?”.

Kerry volvió a bajar la cabeza. “El guardaespaldas de mi padre… Trató de atrapar a Mc Gyver aquí presente… la cual procedió a patearle el culo por toda la habitación”.

El rostro de Jack se torció en una mueca. “McGyver, ¿eh?”. Rió por lo bajo.

Dar gruñó. “Sólo conduce”. Bramó.

El hotel junto al aeropuerto era pequeño y el dependiente del mostrador estaba frotándose los ojos cuando por fin apareció y los registró. “¿Una habitación?”. Preguntó entre dientes.

“Dos”. Contestó Jack, mirando de reojo a Dar. “Contiguas”.

Ella no protestó. Les dieron las llaves y subieron las escaleras hacia habitaciones que olían a moho y ladrillos húmedos. Dar de forma instintiva encendió el aire acondicionado, después fue hacia la cama, los largos días habían hecho mella en ella. Se dejó caer sobre su espalda y sintió como los músculos se le quedaban como muertos en reacción. “Maldición”. En realidad no había contado con la pelea de Kyle… Su súbita presencia había sorprendido sus defensas y disparó un chorro de adrenalina que la había mantenido durante la pelea, pero ahora… “Me estoy haciendo vieja para esto”. Murmuró.

Jack había desaparecido en su habitación y Kerry se terminó la soda que había comprado en la máquina expendedora, después apagó la luz. Se metió en la cama junto a Dar y se acomodó en su lado, sus ojos buscando el marcado perfil tan cerca de ella. “Me parece que aún no te he dado las gracias”.

Dar giró la cabeza a un lado y la miró con cuidado.

“Es un extraño sentimiento, sabes…”. Kerry apoyó la barbilla en su antebrazo. “Eso de tener tu propio caballero de brillante armadura y demás”.

Un suave bufido. “Yo no soy tal cosa”. Objetó la mujer de cabello negro. “Y las dos lo sabemos”.

Kerry agitó de lado a lado la cabeza. “Tú debes saberlo... pero yo no”. Replicó en queda reflexión. “Oh… quizás pudiera escribir sobre la parte de la llegada en un avión supersónico… ey… Fue oportuno, ¿verdad?”.

Dar se dio la vuelta y se encaró a ella, separadas tan sólo por unas pulgadas. “Verdad”.

“Mm… pero no el enfrentarse a mi padre… y no la paliza que le diste a Kyle… Ya que estamos, oí lo que le decías”. Continuó Kerry. “Así que… gracias, Dar… Crecí bajo la idea de que las personas actuaban para ellas mismas o para sus propios intereses. Ahora sé que no es así”.

Una oscura ceja se alzó. “¿Quién dijo que no fue por mi propio interés?”. Preguntó suavemente. “Era en todo mi interés el asegurarme que estabas sana y salva…”. Estiró la mano y rozó con los nudillos la mejilla de Kerry. “Quería, de forma muy egoísta, que volvieras”.

Kerry se sonrojó levemente y ladeó la cabeza.
“Quiero decir… eso era tan sólo puro interés, nada noble sobre ello”. Dar agitó la cabeza firmemente. “Además, ¿sabes cuánto tiempo me llevaría encontrar otra ayudante la mitad de buena que tú?”.

“Dar, intentaba hablar en serio”. Protestó suavemente la mujer rubia.

Suaves dedos le acariciaron la mandíbula. “Cualquier esfuerzo vale la pena, Kerry… créeme”. Contestó Dar, igual de seria.

La mujer rubia ladeó la cabeza a modo de pregunta. “Sé que me dijiste que sabías dónde estaba porque cargaron los gastos a mi tarjeta sanitaria… pero, ¿cómo supiste eso Dar?”.

“Mm”. Dar se apoyó de nuevo sobre la espalda y se estiró, sintiendo que una ola de cansancio le recorría el cuerpo. “Tuve una… no sé, una pesadilla supongo… Me desperté sudando, eso es seguro… A eso de las doce y media”. Dejó que se le cerraran los ojos, recordando.
“¿Doce y media?”. Murmuró Kerry. “Eso fue más o menos cuando… sí, cuando me dejaron inconsciente… Recuerdo haber mirado el reloj cuando entré en el despacho”.

“Bueno, sabía que no me iba a poder dormir de vuelta, así que llamé a la oficina y cuando me conecté, un bot que tenía en marcha se encendió y mostró el hecho de que tu tarjeta había sido utilizada y yo…”.

“Goa… ¿tienes un bot chequeando eso?”. Preguntó Kerry desconcertada. “¿Sospechabas que iba a pasar algo?”.

“Uh…”. Dar la miró por el rabillo del ojo. “No exactamente…”.

Kerry se le acercó y apoyó la barbilla sobre su hombro. “¿No exactamente?”.

“No… bueno, desde que te chocaste contra ese camión de leche, yo um…”.

Dar estaba cortada y sintió como se le calentaba la piel por el sonrojo. “Lo encendí por si te pasaba algo… Bueno, quiero decir, no es que tenga una tarjeta de búsqueda sobre ti… quiero decir, de todas formas… si algo te pasa, yo lo… um…”.

“Dar, eso es muy dulce”. Kerry la observó.

“Práctico”. Discutió la ejecutiva. “Una simple necesidad de información”.

Se miraron la una a la otra y Kerry besó dulcemente el hombro sobre el que se apoyaba. “Gracias por preocuparte, Dar”. Dijo muy suavemente. “No sabes cuánto significa eso para mí en estos momentos”.

La mujer alta suavemente la acercó más a sí y la rodeó con ambos brazos. “Siento que las cosas no hayan salido bien con tus padres, Kerry…”. Atrajo hacia sí la rubia cabeza y la besó.

Al fin Kerry se dejó rodear de la cálida comodidad, respirando el aroma distintivo de Dar, apoyando la cabeza en el amplio hombro de su amante. “Yo también”. Suspiró. “Supongo que ahora no tengo familia”. Añadió, triste.
“Claro que la tienes”. Murmuró Dar con los ojos cerrados.

Kerry alzó la cabeza y la miró en silencio, después se sonrió a sí misma y bajó de nuevo la cabeza, finalmente dejando que el sueño la venciese.

***


Su busca se disparó a las nueve y Dar tuvo que esforzarse por abrir los ojos, mientras su cuerpo se quejaba amargamente por abandonar la calidez y la somnolencia del nido en el que se encontraba hasta ahora. La fina cortina de la habitación estaba tapando casi toda la luz del día; dentro se estaba en una oscuridad agradable.

“Ugh”. Gruñó suavemente, parpadeando para sacarse el sueño de los ojos y mirando hacia la aún durmiente Kerry. La mujer rubia estaba medio encima de Dar y ésta pudo ver la tensión y el cansancio todavía presentes en el rostro de su amiga.

Pobre niña. De forma ausente Dar acarició el suave cabello dorado sobre su pecho. No me puedo creer que le hicieran eso… no se lo merecía. Kerry había estado muy introvertida desde que abandonaron la casa de sus padres y la mujer morena sabía que probablemente aún estuviera en estado de shock.

Dar se tomó un momento para revisar las últimas veinticuatro horas, casi incapaz de creer por lo que las dos habían pasado. “Maldición”. Murmuró por lo bajo para sí misma. “Me alegraré de estar en casa”.

“Estoy en casa”. Musitó Kerry, dejando escapar un suspiro y apretando su abrazo, prácticamente dormida aún.

La mujer alta sonrió, después acarició la espalda de su compañera “¿Ker?”. La llamó suavemente.

Ojos verde pálido se abrieron muy despacio y la enfocaron a ella. “¿Uh?”.

“Tenemos un avión que coger”. Le dijo Dar, medio disculpándose, apartándole el suave cabello rubio de la frente.

“Oh… cierto”. Con obvio esfuerzo, Kerry se incorporó sobre los codos, después dejó caer la cabeza para apoyarla en el brazo de Dar. “Oh Dios, me siento como si me hubiera atropellado un camión”. Se quejó.

Dar bostezó. “Yo también; debe ser toda esa excitación”. Se giró y se detuvo, aguantando la respiración cuando las magulladuras que había recolectado en las horas previas hacían acto de presencia. “Ah… goa”.

Kerry se le aproximó y la agarró de un brazo. “¿Qué pasa?”. Preguntó, ansiosa. “¿Estás bien?”.

Su alta compañera se estiró lentamente. “Tan sólo unos dolores… Estoy bien”. Se levantó y con cuidado estiró todo el cuerpo, después fue hacia el baño y encendió la luz, dejando correr el agua por el lavabo. “Jack se ofreció a invitarnos a desayunar… Podemos hacerlo, entonces vamos a la puerta de embarque y nos largamos de aquí”. Se mojó la cara y exhaló. “Desafortunadamente tenemos que cambiar de planes en Detroit”.

“Suena genial”. Murmuró Kerry. “Cuanto antes mejor”. Suspiró. “Detroit, ¿eh?. Bueno… puedo comprarme una camiseta de los Lions, siempre me han gustado”.

Jack asomó la cabeza por la puerta de unión de ambas habitaciones. “¿He oído mi nombre?”. Preguntó alegre el piloto de la marina. “¿Y algo sobre los Lions?”.

Se lavaron y se fueron a desayunar.

El vuelo transcurrió sin problemas y Kerry se alegró de haber dormido la mayor parte del mismo, acurrucada en su asiento de primera clase junto a la ventanilla, con la reconfortante presencia de Dar al otro lado. El sol ascendente la despertó y miró a través de la ventana para ver un mar inacabable de verde surgir por los bordes de las alas del avión, las zonas de hierva verde interpuesta con las extrañas formas de azul, y verde bosque. Giró la cabeza y miró a Dar, que estaba mirando al frente, sus ojos medio cerrados. “¿Dar?”. Se acercó y le tocó el brazo a la mujer alta.

Los ojos azules se volvieron para mirarla. “¿Hmm? Ya llegamos”.

Kerry asintió. “Estamos sobre los páramos… ¿cómo está el tiempo?”.
Una sonrisa. “Menos de ochenta grados, soleado, oportunidad de ducha esta noche”.

“Oh… un día raro”. La mujer rubia le devolvió la sonrisa, moviendo suavemente los dedos sobre la morena piel de Dar. “Pareces realmente echa polvo”.

“Lo estoy”. Admitió Dar. “No pude dormir anteanoche, después tuve que volar muy temprano… Estuvimos jugando al fútbol y corriendo todo el día de ayer y después lo de anoche…”. Exhaló. “Estoy de pie tan sólo por tozudez ahora mismo”.

Kerry se reclinó sobre ella y apoyó su mejilla contra el brazo de Dar. “Déjame algo de esa tozudez por un rato, ¿vale?”.

El avión continuó con su descenso, mientras los verdes de los Everglades (páramos) se transformaban en bloques de edificios, después en la zona de los almacenes. Después sobrevolaron la zona industrial, edificios de suministros justo en su camino al aeropuerto.

Cada vez más y más bajo hasta que por fin Kerry distinguió el arco característico de la autovía 826 bajo el avión, y se apoyó sobre el respaldo del asiento de cuero mientras el avión seguía perdiendo altura y aterrizaba sobre el suelo con un suave rebote en la larga y soleada pista de aterrizaje. Verdes árboles los rodearon, Kerry sintió alivio cuando el avión se dirigió a la terminal y se colocó junto a una de las puertas.

Cogieron su equipaje, Dar le dio su ticket al equipo de servicio. “Más sencillo que aparcar por mí misma”. Le comentó a Kerry que había estado muy callada. “¿Quieres que te deje en tu casa o…?”. Estaba un poco insegura, sabiendo que es lo que ella quería que Kerry hiciese pero no quería presionar a su amante, si Kerry quería estar a solas para pensar sobre lo pasado.

La mujer rubia se mantuvo en silencio un rato más, después alzó la mirada cuando les trajeron el Lexus. “Um… para serte sincera, Dar… no sé si quiera estar sola en estos momentos”. Admitió. “Nadie va a estar cerca de mi apartamento y…”. Dejó reposar su mirada sobre el rostro de Dar. “Y creo que necesito un hombro sobre el que apoyarme”.

Una sonrisa atravesó el rostro de la mujer alta. “Conozco una pequeña isla que puede interesarte”. Comentó quedamente. “Creo incluso que tengo algo de pastel de pavo”.

Kerry asintió. “Me encantaría”. Sabía que la reacción a todo lo pasado llegaría pronto y la paz del condo de Dar era muy apetecible. De seguro que no le apetecía tener que dar explicaciones a Colleen o el resto de sus amigos por ahora.

Se metieron en el coche y Dar condujo con cuidado, introduciéndose en el carril de salida. Su mente, aún exhausta, no se dio cuenta del coche que salió tras ellas y las siguió de forma cautelosa.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Enero 3rd 2013, 4:34 pm

Dar entró primero, manteniendo la puerta abierta para que Kerry la siguiera, después la cerró mientras la agradable paz del apartamento las rodeaba. “Bueno”. Dar dejó su bulto sobre el sofá, después le cogió a Kerry la suya y la mantuvo en alto un momento.

Kerry se encaminó a las puertas correderas de cristal y miró por ellas, apoyando las puntas de los dedos en ellas y absorbiendo la enorme expansión de verde que dibujaba el horizonte. “Es tan bonito esto”. Comentó suavemente.

Dar la estudió, después se mordió el labio ligeramente. “Um…”. Era un momento horrible, pero… “¿Kerry?”. La llamó, tentativa.

La mujer rubia se dio media vuelta, mirándola. “¿Sí?”. Miró a su amante, sorprendida de repente por la perceptible vergüenza que le era tan dolorosamente evidente. “¿Qué pasa?”.

“Um… ya sabes, tú… pasas un montón de tiempo aquí… y yo…”. Dar enfocó su mirada en las baldosas del suelo. “Quiero decir, espero que pases más tiempo aquí, pero… es… quiero decir, no tiene mucho sentido estar llevando las cosas de un lado a otro continuamente, así que he pensado…”. Se encontró luchando por encontrar las palabras adecuadas, cosa que no le solía ocurrir nunca. “Pensé que quizás tú… Bueno, tengo todas esas habitaciones libres ahí arriba y yo… pensé que quizás te gustaría quedarte con una y dejar algunas… cosas… um… aquí”.

Unas manos cubrieron las suyas, agarrando la bolsa y alzó la mirada en sorpresa encontrándose con que Kerry la observaba desde una distancia muy corta. Le cogió la bolsa a Dar y se la puso sobre el hombro, después tomó la mano de Dar en la suya. “Esto es increíblemente dulce y bonito por tu parte, Dar… Sé cuánto valoras tu espacio personal”.

Dar observó su rostro un minuto. “¿Significa eso que sí o que no?”. Consiguió decir con media sonrisa.

“Yo… um… yo… sí”. Consiguió decir finalmente Kerry. “Realmente me gusta la idea… Gracias”.

“Bien”. La mujer alta exhaló aliviada. “Puedes… um… escoger la que quieras… aunque… más o menos pensé que te gustaría la del final del pasillo”. Se frotó el cuello. “Voy a hacer algo de café, creo que las dos lo necesitamos”. Se frotó el cuello e intentó mostrar una calma que en realidad no sentía.

Kerry asintió. “Buena idea. Yo iré… um…”. Le dio un golpecito a la bolsa. “Deshacer la maleta”. Sonrió a Dar. “Vuelvo enseguida”.

Dar la vio desaparecer por las escaleras y dejó que su rostro adquiriese un gesto de alegría y relax mientras se giraba y se dirigía a la cocina. No era como si… vale, se trataba de un pequeño paso en la mudanza de Kerry a la casa… pero sabía que aún no estaban preparadas para eso. Esto era más bien como… un buen comienzo y era práctico. Le dejaría probar la idea de vivir realmente con alguien, cosa que ella al menos no estaba acostumbrada en absoluto.

Sabía que amaba a Kerry, no tenía ninguna duda al respecto, pero Dar también era realista y se conocía bastante bien… Había vivido sola por muchos años y acostumbrarse a una compañera de piso, no importa cuanto la amara, sería un reto.

¿Verdad?.

Dar mordisqueó un albaricoque seco que había sacado de la nevera y puso la cafetera, usando un café nuevo que había comprado antes de irse. Avellana, olió apreciativamente, antes de mirar de nuevo en la nevera y comprobar con alivio que había una variedad aceptable aunque escasa de comida. “Oo”. Se inclinó más y examinó un paquete uvas verdes maduras, después comprobó que estuviera la bolsa de mini zanahorias que había pedido, sabiendo que a Kerry le encantaba mordisquearlas.

“¿Me pregunto si le gustaran bañadas en chocolate?”. Musitó Dar de forma ausente, cogiendo una para mirarla de cerca. “No… seguramente así se arruine el propósito, ¿verdad?”. Mordió un extremo de la zanahoria y lo masticó. “Hmm…”. Saboreó la suave pulpa en el interior de su boca y después se la tragó. “No están tan mal”. Admitió. “Para ser un vegetal”.

Comprobó el resto de la comida, después fue hacia la sala de estar, pensando. “He de hacer que me pongan esa segunda línea de ISDN aquí, esa habitación podría ser otra oficina…”. Dar mordisqueó otro trozo de albaricoque mientras pensaba. “Podría funcionar”.

Kerry llegó al final de las escaleras y se detuvo, apoyándose contra la pared y simplemente cerrando los ojos. Se dio cuenta que todo estaba pasando tan rápido, su mente todavía le estaba dando vueltas a lo ocurrido con su familia y ahora esto… “Vale”. Se sacudió el pelo de los ojos y trató de enderezarse. “Es un detalle muy, pero que muy bonito por parte de Dar, probablemente porque sepa lo perdida que me siento ahora”. Notó una sonrisa aparecer en sus labios de todas formas, y se movió de habitación en habitación, observando cada una de ellas hasta que llegó a la última.

Abrió la puerta y miró en su interior, recordando su gran espacio libre y la preciosa vista. Sip. Kerry entró en ella, notando la cómoda alfombra bajo sus pies y miró a su alrededor. La habitación era de un color verde azulado, con muebles de color madera clara. Había una gran cómoda con seis cajones en una de sus esquinas y una serie de cajones a lo largo de una de las paredes de la habitación, con un espejo en el centro de los mismos.

Una puerta en la esquina llevaba a un armario más grande que la cocina de su piso y en la pared de enfrente había otra puerta que llevaba a un baño color blanco y cobalto, con ducha y una gran bañera alzada para entrar en ella de forma más fácil. “Bueno”. Kerry se apoyó sobre la pared y observó la habitación. “Pensaste que me gustaría ésta, ¿eh Dar?”. Se encaminó al armario y sacó uno de los cajones. “Tienes razón, me gusta…”.

Sacó la ropa de la bolsa y la colocó toda, después se fue a la ventana y dejó que el movimiento del mar la calmara. Aún así, un aroma a almendras la distrajo y se giró para ir a la puerta, pasándose los dedos por el pelo para arreglárselo un poco y prácticamente se chocó con Dar. “Goa”.

La mujer alta alzó una taza. “Toma”. Le ofreció. “¿Todo bien aquí para ti?”.

Kerry tomó un sorbo del oloroso brebaje y tragó. “Mm….”. Miró a su espalda. “Claro que sí… y lo sabes”. Exhaló. “Gracias”. Alzó la mirada y se dio cuenta de que Dar tenía los ojos inyectados en sangre, además de una expresión cansada. “Vamos…”. Puso una mano en el hueco del codo de su compañera. “Necesito sentarme”.

Bajaron las escaleras y Kerry se acomodó en uno de los extremos del sofá, sorbiendo su café y reposando la cabeza sobre el suave cuero mientras Dar buscaba el mando y encendía la televisión de pantalla panorámica.

“¿Cómo estás?”. Preguntó la mujer alta mientras se sentaba al lado de Kerry en el sofá, dejando su café sobre la mesa y apoyando una mano sobre la rodilla de la mujer rubia.

Kerry intentó evitar un bostezo. “Oh… Estoy bien… supongo…”. Contestó, bajito. “Tan sólo intento no pensar en ello”. El sonido enfadado y disgustado de su padre resonaba en sus oídos. “Sabes, yo… no estoy segura de lo que esperaba…”. Musitó. “Enfado, sí… Pensé que gritaría, maldeciría… pero…”. Una pausa. “No me esperaba esto”.

“¿Cómo podrías?”. Preguntó de forma razonable Dar.

“Oh… no sé, Dar… tendría que haberlo visto venir”. Respondió de forma brusca la mujer rubia. “Fue muy ingenuo por mi parte pensar que él sería capaz de hablarlo, ¿huh? Que atendería a razones o…”. Se le hundieron los hombros. “O que le importaba como persona en vez de maniquí”. Terminó en un tono de voz muy bajo.

“No podías haberlo predecido”. Insistió su compañera . “Demonios, yo no lo predije y yo siempre espero lo peor de las personas y no lo mejor, como tú”.

Kerry suspiró. “No sé… quizás tú tienes la idea correcta”.
Dar le alzó levemente la barbilla. “No dejes que se lleven eso de ti, amiga mía… Prefiero que pienses lo mejor de las personas, no lo peor. Después de todo, ¿dónde estaría yo si no lo hicieras?”.

La mujer rubia apoyó la cabeza sobre su mano. “En Washington, disfrutando de tus vacaciones”. Murmuró. “En vez de aquí, cansada, dolorida y escuchando mi mala suerte”.

“Kerry”. Dar le puso una mano en la espalda de forma cariñosa. “No cambiaría donde estoy por nada del mundo”.

Ojos verde bosque se la quedaron mirando.

“En serio”. Comentó suavemente Dar. “Sé que es duro para ti y siento que tengas que pasar por esto pero no me arrepiento ni un simple segundo de las veinticuatro horas que me implican”.

Una minúscula sonrisa. “Eres una buena amiga, Dar”. Kerry estiró la mano para agarrar la suya, elevándola y presionándola contra sus labios. “Eres la mejor amiga que nadie puede desear”. Sintió como se le formaban las lágrimas y cerró los ojos, intentando evitarlas. “Y ellos no pueden entender por qué te quiero...”. Se le escapó un sollozo. “Oh Dios”.

Dar se la acercó más hacia sí. “Calma… calma… Te tengo”.

“Después de todo lo que me ha hecho…”. Susurró Kerry. “Todo lo que me ha quitado, no podía dejar que te quitara a ti también”. Sintió como perdía la compostura y una oleada de sentimientos le nubló los sentidos. “Te necesito tanto”.

Dar tragó, sintiendo como Kerry se venía abajo, sus palabras tornándose hipidos que azotaban su cuerpo con pequeñas sacudidas. Respiró profundamente y se quedó ahí, murmurando palabras de ánimo y meciendo a la pequeña mujer con el apoyo que pudiera darle.

Kerry lo necesitaba. Necesitaba el contacto de Dar y la calidez de su cuerpo y la ayuda de su olor, que la rodeaba. “Me odian”. Logró decir. “Dar, no quiero que me odien por esto”.

La mujer morena apretó la mandíbula y exhaló lentamente. “Lo sé”. Sintió convulsionarse el cuerpo de Kerry cuando ésta intentó retener el aliento y se le escapó un suave gemido. “Shh…”.

“No es justo”. Susurró Kerry.

“No… No lo es…”. Contestó Dar, acariciándole la espalda.

Una larga pausa y Dar pudo sentir que los hipidos iban disminuyendo. Continuó con sus suaves caricias hasta que a Kerry se le acompasó la respiración y pudo sentir como volvía la calma al cuerpo de su amante.

“¿Es cierto lo que le dijiste?”. Susurró finalmente Kerry, con voz ronca.

Dar dudó, pues no quería hacerle más daño a su amiga. Pero mentir, en este momento, no tendría sentido. “Sí… Pude separar esas dos informaciones… yo… puedes mirarlas después si quieres”.

Otro largo silencio. “¿Quién es Pamela?”.

“Kerry, no tienes porqué hablar de esto ahora, espera un poco”. Rogó Dar. “La información no va a ir a ninguna parte… Descansa, ha sido un día malditamente largo y las dos estamos exhaustas”.

Ojos verdes y enrojecidos la miraron. “Sólo contesta”. Sorbió por la nariz, secándose los ojos con una mano.

Dar suspiró. “Una mujer que tu padre ha estado manteniendo durante veinte años… Tiene tres hijos, dos chicos y una chica: son de tu padre”.

A Kerry se le descolgó la mandíbula.

“Sí… y tiene los huevos suficientes para decirte algo a ti”. Declaró enfadada Dar. “Sólo con eso su carrera se iría al garete”. Entrecerró los ojos. “Odio a los hipócritas”. Secó suavemente los ojos de Kerry con su manga.

“Guau”. Respiró lentamente Kerry. “No me lo puedo creer, no me extraña que se pusiera lívido cuando mencionaste su nombre”. De repente se sintió mejor. “¿Cómo sabes que esos chicos son hijos suyos?”.

Un suave resoplido. “Metieron en el ordenador los resultados de la prueba del ADN”.

“Oh”. La mujer rubia cerró los ojos. “¿Puedo mirarlo después?”.

“Claro”. Dar se volvió a reclinar sobre su parte del sofá y suavemente llevó a Kerry consigo, colocando a la pequeña mujer entre su cuerpo y el respaldo del sofá. “Ahora relajémonos… Estás a salvo aquí”.

Kerry asintió. “Lo sé. ¿Dar?”.

“¿Mm?”.

“¿Crees que debo decirle eso a mi madre?”.

Woo. Pregunta con trampa. “Durmamos un poco antes de hablar sobre esto, ¿vale?”. Le dijo Dar. “Estoy demasiado cansada para pensarlo con claridad”.

Kerry alzó la vista y le dedicó una cansada sonrisa. “Lo siento, la cabeza no para de darle vueltas… Tienes razón”. Cerró los ojos y se acurrucó contra Dar. “Te quiero”.

Dar sintió como se apoderaba de ella una oleada de sueño. “Yo también te quiero”. Murmuró, rindiéndose a las demandas de su cuerpo.

Ojos verdes la observaron ávidos de orgullo antes de cerrarse también.

Kerry se despertó cerca del medio día, abriendo los ojos para encontrarse a Dar profundamente dormida aún, su cuerpo enredado con el de la mujer rubia.

Eso estaba bien, le daba un tiempo para detenerse a pensar, permitiéndole absorber de lleno las últimas veinticuatro horas.

Reconoció que le dolía, incluso echándole las culpas a sus padres y hubiera odiado con toda su alma el tener que viajar a casa para esas largas vacaciones. Pero en cierto sentido, era también una especie de alivio el por fin haberlo dejado claro y no tener que pretender o mentirles cada dos por tres. Era libre de vivir su vida y hacer lo que quisiera.

Incluso si ese ‘quisiera’ incluía esta alta y hermosa mujer que prácticamente lo había dejado todo por Kerry, en más de un sentido. Se quedó pensando sobre el hecho de Dar metiéndose en la cabina de un avión de caza tan sólo para ir a buscarla y una sonrisa tonta e incrédula asomó a su rostro. Era como un cuento de hadas, en serio… Nadie hace eso en la vida real, ¿verdad?. Claro que no.

Y aún así, ella lo había hecho, como si fuese lo más normal de la vida. “Mi héroe”. Susurró suavemente Kerry, enredando un mechón de oscuro cabello en su dedo mientras observaba el rostro dormido de su amante.

Sus ojos enfocaron el vendaje que tapaba el corte hecho por la madera en el cuello de Dar y torció los labios. Tiene suerte de moverse tan rápido como lo hace, reflexionó Kerry con ironía. De otra manera se lo habría clavado de lleno, pobrecilla.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Enero 4th 2013, 7:19 pm

De repente se sintió hiper protectora con su alta amiga y sintió una oleada de puro afecto por ella, más allá de su relación física.

Palabras sin sentido se le formaron en la cabeza y dejó que vagaran un rato, ordenándose y reordenándose continuamente. Finalmente se sonrió a sí misma con anhelo. “No hacía eso desde hace mucho, mucho tiempo”. Susurró, entrelazando sus dedos con los de Dar que estaban sobre su cadera. “Ni siquiera creí que recordara como hacerlo… Pero hay algo en ti que me llega hasta lo más hondo, Dar… Y me hace sentir tanto las cosas que es como ver, de repente, la vida en millones de colores, en vez de dos o tres”. Las palabras flotaron por su mente de nuevo y cerró los ojos para recitarlas en silencio, saboreando su profundidad.

Los vientos de la vida siguen su ciclo
Sobre la hierva y bajo los árboles,
Tocando mi corazón y elevándolo hasta más no poder.
Y cuando mis ojos se fijan en ti,
Una antigua canción me rodea
Uniendo nuestras almas con mano segura.
El futuro conlleva un incierto camino
Bajo cielos oscuros y tormentosos,
Pero yo caminaré bajo la luz, por siempre, contigo a mi lado.


Kerry sonrió en muda pregunta, después abrió los ojos cuando un dedo trazó sus labios. “Oh…”.

“¿Qué es tan divertido?”. Preguntó con curiosidad Dar, su voz ronca por el sueño.

“La vida”. Contestó suavemente la mujer rubia. “No tienes que levantarte, vuélvete a dormir, Dar… Todavía te ves muy cansada”. Echó hacia atrás el cabello de la frente de Dar. “Voy a bajar y nos asustaré con algo para cenar”.

Una franca y cansina mueca apareció en el rostro de Dar. “Asustar sea probablemente la palabra correcta… Creo que tengo uvas, leche, algunas pizzas congeladas y una lata de cocktail vegetal”. Admitió Dar. “Quizás debiéramos pedir la cena”.

“Ah…”. Kerry movió el dedo de forma juguetona. “¿Dónde está el reto en eso? Me gusta, Dar… así tengo la oportunidad de usar mi imaginación… Dame un minuto, ¿vale?”.

Ojos azules se suavizaron. “¿Te sientes mejor?”.

Kerry exhaló. “Sí… Ahora que la impresión se ha pasado, más o menos… Sólo quiero seguir con mi vida, ¿sabes?”. Jugueteó con el borde de la manga de Dar. “Es raro darse cuenta que ya no tendré que preocuparme más de lo que opinen”. Un encogimiento de hombros. “Y… supongo que también influyó que estaba muy cansada, mis defensas estaban algo así como bajas”.

Dar se relajó de nuevo contra el suave cuero y dejó que sus manos acariciasen el vaquero que cubría la pierna sobre la suya. Podía sentir como los músculos se tensaban bajo su exploración y se dedicó a darle un masaje con fuerte mano. “Quizás con el tiempo cambien de opinión”. Ofreció. “Kerry, pase lo que pase, sigues siendo su hija…”.

Kerry exhaló despacio. “¿Crees que tu madre alguna vez cambiará de opinión?”. Alzó los ojos, fijos en los de Dar.

Dar bajó los ojos hacia el sofá. “Eso es diferente… Ella está… enfadada conmigo porque cree que no entiendo lo mucho que le quiso…”. Habló la mujer morena de forma queda. “Le dije que… Tuvimos una gran discusión tras su muerte, cuando le dije que había muerto como siempre quiso hacerlo y que ella debería dejarlo marchar en paz”.

“Mm”. Kerry entrelazó sus dedos con los de Dar.

“Me dijo que yo no lo entendía… Y que probablemente nunca lo haría”. Dar se quedó en silencio por unos momentos. “Quizás tenía razón”.

“Ella debió quererlo mucho”. Murmuró Kerry.

“Él lo era todo para ella… Ella lo miraba y era como si él fuese… dios… o algo así”. Suspiró Dar.

“Quizás… quizás fueran almas gemelas”. Dijo Kerry dubitativa, las palabras eran dulces pero extrañas en su lengua. “Ya sabes… esa vieja historia… de las dos mitades y demás”.

Un largo silencio mientras Dar pensaba en sus palabras. “Yo… nunca creí en ese tipo de cosas… pero…”. Se encogió de hombros. “¿Quién sabe?”. Sus ojos estudiaron a la mujer rubia. “¿Tú crees en eso, que existe algo así?”.

Kerry se quedó callada, pensando la pregunta. “No solía hacerlo”. Admitió al final. “Nunca me consideré una persona romántica… o alguien que creyera en el amor perfecto y mítico”. Una pausa. “Pero… no lo sé… Es una posibilidad realmente bonita, ¿no crees?”.

“Sí”. Murmuró Dar.

“Cuando estaba en Michigan… fui a hablar con mi antiguo pastor, el Pastor Robert… Solía hablar de eso continuamente, así que…”. Kerry mantuvo la mirada fija en sus manos de forma cuidadosa. “Y… um… bueno, más o menos me dijo eso y como podías saber si… quiero decir, si encuentras la tuya, eso es”.

“¿Sí?”. Dar se aclaró la garganta. “Sólo… por curiosidad… ¿qué fue lo que dijo?”. Apoyó la cabeza sobre su mano y le prestó mucha atención a una de las costuras del cuero.

Kerry alzó los ojos y estudió la morena y gacha cabeza. “Yo… um… él… um, dijo que podías saberlo… porque cuando miras a esa persona, ves todo lo que necesitas para estar completa”.

Ojos azules ligeramente sorprendidos se alzaron y se encontraron con los suyos.
“Cosa que… más o menos tiene sentido. Supongo”. Añadió Kerry en un bajo murmullo.
Dar simplemente se quedó respirando por unos instantes. “In… interesante teoría”. Consiguió decir al final, aclarándose la garganta cuando su voz sonó un poco ronca, sus ojos aún fijos en los de Kerry.

“¿Verdad?”. Contestó suavemente Kerry.

“Es… um…”. Dar se frotó la nuca y exhaló. “Tiene cierta lógica”. Arrugó los labios, después miró de nuevo a Kerry. “¿Dijiste algo acerca de cenar?”.

Kerry sonrió, sintiendo un golpe de alegría en el pecho. “Uh… sí, déjame ver qué puedo encontrar”. Se inclinó y rozó sus labios con los de su amante, disfrutando el ramalazo de calor que le surgió en el estómago. “Por otro lado…”. Murmuró, disfrutando de la distracción mientras su cuerpo se olvidaba de la cena y se concentraba en algo igual de sabroso.

La mano de Dar se deslizó suavemente desde su cadera hasta sus costillas bajo la camiseta. “Mmm…”. Murmuró suavemente Kerry, desabotonando el polo de algodón de Dar y sacándoselo de los pantalones. “Ya que estamos… ¿te he dicho alguna vez lo inspiradora que eres?”.

Unos dientes mordisquearon juguetones su oreja. “¿Inspiradora?”. Preguntó la profunda voz con curiosidad. “¿Cómo?”.

“Incitas mis sueños”. Contestó suavemente Kerry, sus manos explorando con avidez. La piel de Dar era increíblemente suave y tenía una textura cálida y sedosa que realmente le gustaba. Los músculos eran gruesos y fuertes bajo la fina capa de grasa y la mujer rubia trazó sus contornos con sensual deleite.

“¿Lo hago?”. Dar sonó un poco sorprendida. “Imagínate eso”. Dejó que sus manos bajaran hasta la cintura de la mujer pequeña, largos dedos desabotonando los vaqueros con suave pop. “Coincidimos porque…”. Otro pop, al quitar el segundo botón. “Tú…”. Un tercero. “Dominas los míos”. Se soltó el último de los botones y metió las manos bajo la gruesa tela. “Llevo soñando con nosotras juntas desde antes del viaje a Disney”.

Kerry arqueó la espalda, sintiendo como se deslizaban lentamente hacia abajo sus vaqueros y el fresco aire de la habitación rozaba su piel. “Yo también”. Susurró, mientras desabrochaba el cinturón que mantenía en su sitio el pantalón de Dar. “Supongo que tenía que pasar tarde o temprano”. Ladeó la cabeza para permitirle a Dar sacarle la camiseta, mientras ella bajaba los pantalones de su compañera. “Mm…”. Kerry gruñó suavemente al juntarse sus cuerpos y besó el ombligo de Dar, marcando juguetona su camino desde ahí hasta arriba.

Una lenta y juguetona caricia recorría su muslo y Kerry dejó escapar un suave gemido mientras su cuerpo temblaba, ansioso de recibir las atenciones de su compañera. Dar la había echado hacia atrás despacio y había colocado una pierna entre las suyas; Kerry se reclinó sobre ella, intentando alcanzar esa suave piel que tanto la tentaba. Cada roce la dejaba queriendo más y rápidamente sintió que sus sentidos dejaban de informarle dónde se encontraba y se centraban en el tacto, sabor y olor de su pareja.

Hasta que los ya conocidos mordiscos, lametazos y caricias llevaron su cuerpo hasta el cenit para después liberarlo con una tormenta de sensaciones que la dejaron sin resuello y temblorosa. “Dios…”. Boqueó débilmente sobre el pecho de Dar, mientras la mujer alta la agarraba y la rodeaba con un amoroso abrazo. Su corazón latía desenfrenado y se abrazó a Dar, recuperando la respiración.

Dar le mordisqueó el cuello, acariciando con delicadeza su costado. “¿Estás bien?”.

“Ugh”. Kerry respiró profundamente y exhaló. “Oh sí. Estoy genial”. Mordisqueó levemente la clavícula de Dar y después siguió su recorrido hacia abajo. “Y… ¿de qué es esta cicatriz?”. Lamió la marca en cuestión, cerca del hombro de la mujer alta.

“Mm…”. Dar encontró dificultades para concentrarse mientras Kerry deslizaba una exploradora mano por su estómago. “Me clavé un… oh… anzuelo”.

“Uh huh… ¿y ésta?”. Kerry se colocó más abajo, entre la curva de su seno derecho.

“Uh…”.

Kerry siguió con su exploración, mientras sentía a los músculos contraerse bajo su tacto. “¿Uh? Me parece que no sé lo que es un “uh””. Bromeó.

“Me caí de la bici”. Consiguió decir Dar, casi sin voz.

“¿Oh sí?”. Rió Kerry, moviéndose para estar en mejor ángulo. “¿Te dolió?”.

Dar no tenía ni idea de lo que estaba hablando, mientras su cuerpo se abandonaba al inquisitivo tacto de Kerry.

“No… es maravilloso”. Murmuró finalmente, viendo como un par de sonrientes labios capturaban los suyos, para después continuar su camino.


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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Enero 6th 2013, 12:39 am

Décimosexta parte

Los suaves sonidos indicativos de haber movimiento en la cocina atravesaban sus oídos mientras Dar estaba tirada en el sofá tan totalmente relajada como un ser humano puede llegar a estar sin llegar a disolverse. Mantuvo los ojos cerrados y dejó su mente vagar de tema en tema, sin nada que realmente impactase en su mente consciente.

Kerry, aunque relativamente inexperta, realmente le había pillado el truquillo. Dar se estiró un poco y después se volvió a relajar. Y eso no había pasado nunca antes. Normalmente llevaba su tiempo, el conocer lo que le gustaba y lo que no a la otra persona así como que conociera los gustos propios.

No esta vez. Dar se puso las manos tras la cabeza y exhaló, observando su cuerpo medio desnudo. Era casi como si acabasen de…

“Ey…”. Kerry asomó la cabeza y sonrió, dejando reposar la mirada sobre las largas y desnudas piernas extendidas sobre el sofá. “¿Tienes hambre?”.

Dar disfrutó de la mirada, satisfaciendo de forma culpable su ego. “¿Y tú?”.

Alzó una insolente ceja ante ella y rompió a reír cuando Kerry se puso roja como un tomate. Dar encontró la mezcla de simple inocencia y deseo medio oculto increíblemente atractiva y se levantó del sofá para acercarse hasta donde se encontraba su compañera. Los ojos verdes miraban al suelo cuando se acercó. “Ey”. Pasó suavemente los dedos por el pelo de Kerry y le levantó ligeramente la cabeza. “Estás preciosa cuando te sonrojas”.

Kerry la miró, arqueando levemente los labios. “¿Lo estoy?”. Murmuró suavemente.

Dar rozó la sonrojada piel, viendo como Kerry cerraba los ojos y ladeaba la cabeza ante la caricia. “Sí, lo estás…”. Contestó sincera, echando hacia atrás el claro cabello. “Pero estoy segura que ya lo habías oído antes”.

Kerry agitó la cabeza. “No… Normalmente me describen como… um… ‘mona’”. Abrió los ojos y sonrió a su alta compañera. “Pero tú, por el contrario…”. Estiró una mano y rozó con la yema de un dedo la mejilla de Dar. “Guau”.

Fue recompensada con un leve sonrojo de la mujer alta. “No me digas que a ti nunca te lo han dicho”. La regañó la mujer rubia con una mueca.

Dar rodeó a su amante con los brazos. “Nunca de alguien que realmente quisiera escucharlo”. Se le escaparon las palabras, sorprendiéndola y dejando al descubierto una crudeza que realmente no pretendía.

Kerry simplemente le devolvió el abrazo, felizmente complacida. “Vamos… se me va a quemar algo…”. Pasó un brazo por la cintura de Dar y la encaminó a la cocina.

“Bueno… ¿y que has conjurado hoy?”. Preguntó Dar mientras olisqueaba con interés la olla que estaba al fuego. “Parece estofado”.

“Oo”. La mujer rubia la palmeó. “Acertaste al primer intento… bueno, teniendo en cuenta con lo que tuve que cocinar, era lo único que podía hacer… Lleva esos dos paquetes de carne para kebabs que tenías en el congelador… y algunos vegetales de bote y sopa que tenías en la despensa de los huracanes”. Miró de reojo a Dar. “Mañana vamos de compras, ¿vale?”. Golpeó a Dar en el hombro con la cuchara de servir.

“Buena idea”. Dijo super seria Dar. “Casi no tengo Frosted Kellogs”. Le brillaron los ojos cuando esquivó un golpe de broma. “¡Ey! Te compré esas zanahorias minúsculas… y fruta fresca… ¿no me gano algún punto?”.

Ojos verdes miraron de lado y la observaron mientras Kerry removía su creación. “De hecho, sí los ganas… Fue un gran detalle, Dar”. Comentó. “Me hace sentir como en casa”.

Unas manos se le apoyaron suavemente sobre los hombros y apretaron dulcemente. “Bien”. Contestó Dar con una risotada. “¿Puedo escurrir esos espaguetis por ti?”.

Sacaron la cena al patio y se sentaron a la mesita de piedra frente al océano. Dar desapareció en el interior de la casa y volvió con una botella de vino y dos vasos. Dejó los vasos sobre la mesa y abrió la botella con grácil movimiento. Le sirvió un vaso a Kerry y después se sirvió a sí misma. Se sentó y apoyó los pies sobre la silla vacía que tenía enfrente. “Hace buena noche”.

Kerry se echó hacia atrás en su silla y se apropió de la cuarta silla como apoyadero. “Muy buena… no muy caliente ni muy fría tampoco”. Cogió su plato de tallarines con carne y empezó a comer, sus ojos fijos en el horizonte iluminado por la luna. “Mira esas luces, ¿son cargueros?”.

Dar se echó hacia delante para ver lo que estaba mirando. “Mm… uno de ellos sí, los otros dos son cruceros… Creo que ese es el Norway”. Se movió un poco de forma que se rozasen los hombros, después se acomodó con su plato.

“Mm… siempre quise hacer un crucero…”. Comentó Kerry, partiendo un trozo de carne en dos y masticándolo. “Me encantaría hacer uno contigo… pero supongo que desaparecer las dos a la vez por una semana sería un poco sospechoso, ¿huh?”.

Dar rió con ironía. “Sólo un poco… Una pena, porque el último plus que me mandó Les eran dos pasajes para un crucero a Alaska”. Se comió una cucharada de espaguetis. “Esto está genial… tú eres genial”.

“Gracias”. Sonrió Kerry. “Pasajes para Alaska, ¿eh? Guau… siempre quise ver de cerca un glaciar”. Masticó un resto de haba. “He visto la aurora boreal dos veces, cuando había claridad y se veía en plena noche en Michigan… Pero me gustaría verla en el lugar correcto… Oí que también se pueden escuchar”.

Dar asintió, recostando la cabeza contra la pared y observando la enorme luna llena. “Supuestamente sisean… más o menos como las olas en el mar”. La idea de pasar una semana con Kerry descubriendo Alaska parecía, de repente, una idea muy pero que muy atractiva y suspiró quedamente en su interior. “Sí, es una pena”.

“Mm…”. Masculló Kerry. “¿Te gusta hacer senderismo?”.

Una risotada. “Siempre y cuando haya un cómodo tronco al final del camino… Claro… no me va mucho eso de los campings”. Contestó Dar. “Otra de las razones por las que el ejército no fuera una buena idea”. Se detuvo. “Quizás pudiéramos tomar un fin de semana largo, subir a Colorado y hacer senderismo por allí… Creo que tienen también paseos a caballo”.

Kerry sonrió. “Oo… me gustaría, hace muchísimo que no monto a caballo… No echo de menos”. Tomó un sorbo de su vino y lo tragó. “Guau… Está bueno… ey, ¿has ido alguna vez al país del vino en California?”.

Dar agitó la cabeza. “No… No puedo decir que haya ido… Sin embargo, sabía que estaba allí… ¿y tú?”.

“Dos veces… quizás ese podría ser otro fin de semana largo… Se puede hacer un recorrido por todas las viñas y es muy bonito”. Contestó con entusiasmo la mujer rubia. “Siempre quise volver…”.

Dar sintió como una sonrisa tonta le cruzaba el rostro. La enmascaró alzando el vaso y tomando un gran sorbo. “Parece divertido”. Se mostró seriamente de acuerdo. “Te… ¿apetece hacer submarinismo mañana? Se supone que va a hacer buen tiempo…”.

Un asentimiento. “Después de reponer tu cocina”. Kerry la señaló con el tenedor. “Hasta mi creatividad tiene sus límites… No creo que tenga mucho que hacer con uvas, leche, pizza y cacahuetes”. Agitó la cabeza. “Todavía no entiendo como todavía no te has desmayado por el escorbuto o lo que sea que tengan los que sólo se alimentan de helado”.

Dar rió. “Tomo vitaminas”. Admitió. “Deberíamos conseguirte una boquilla que realmente ajuste… Y un cinturón de peso… El que has estado usando es muy pesado… Escucha, podemos ir a la tienda de submarinismo y parar en el gran Publix de Washintong, ¿qué te parece?”.

Kerry se terminó su ración de estofado y lamió el tenedor. “Me parece bien…”. Se mostró rápidamente de acuerdo. “Pero… no sé, dame un par de meses y creo que necesitaré el cinturón pesado”. Le dedicó a Dar una mirada lastimera mientras se daba palmaditas en el estómago. “No es que todos, excepto mi madre, no me hayan dicho lo bien que me veo”. Concedió.

Dar la estudió. “Al infierno lo que digan los demás… ¿tú cómo te sientes?”. Preguntó de repente.

Una larga pausa, mientras Kerry observaba el océano. “Genial”. Contestó por fin, con tono de voz reflexivo. Dejó que le cayera la mano sobre su desnudo muslo, flexionándolo y observando como se le movían los músculos bajo la piel. “Creo que adquiriendo más de estos… en vez de más grasilla”. Admitió. “De hecho, me hace sentir bien”.

Dar se inclinó hacia ella y extendió la mano, sonriendo cuando Kerry la tomaba y la rodeaba con sus dedos. “Bueno… en mi opinión, te ves fantástica… Y soy yo quien más veces te ve desnuda, así que…”.

Kerry estalló en avergonzada risita. “¡Dar!”.

“Ey… es cierto”. Protestó la ejecutiva con una sonrisa, después centró su atención en el agua. “¿Puedo sugerirte un pequeño paseo bajo la luz de la luna?”.

Un apretón de manos. “Absolutamente”.

Dar se levantó y recogió los platos. “Vamos… Oigo a un sundae de chocolate caliente llamándome desde el mercado”.

Kerry se agarró a la parte trasera de la camiseta de Dar, siguiéndola al interior de la casa. “Donde vayas, iré”. Le aseguró a la mujer alta sin pensarlo.

Las dos se pararon y se quedaron mirándose, idénticos escalofríos recorriendo sus espaldas. “Bueno”. Dijo finalmente Dar de forma muy suave. “Creo que me gusta esa idea”.

Kerry se mordió el labio, preguntándose de dónde habrían salido esas palabras. “Mm… sí, a mí también”. Sonrió. “Sin embargo, creo que deberíamos ponernos pantalones cortos… Nos vemos aquí abajo”. Trotó escaleras arriba, dejando atrás a una pensativa Dar.

“¿Qué tal ésta?”. Kerry cogió la chaqueta más cercana y la alzó. “Es… colorida”.

Dar alzó la vista y después rió. “Oh sí, ninguna duda al respecto… Seré capaz de encontrarte a 100 brazas con eso”.

El compensador Dacor tenía bolsillos de color rosa y verde fluorescente y era molestamente brillante. Kerry se lo pasó por los hombros y se encaró a su amiga. “¿Bien?”.

La mujer alta se le acercó y ajustó el instrumento, poniéndolo alrededor de la cintura de Kerry para después echarse hacia atrás y tener mejor visión. “Bonito”.

Kerry hizo una mueca y se balanceó un poco, después desató los enganches y se quitó el chaleco. “Vale… y… dijiste un nuevo cinturón, ¿verdad?”. Mentalmente añadió el coste y asintió levemente. Había pagado las facturas del mes y su aumento le permitía pequeños caprichos como estos. Escogió un cinturón rosa oscuro, con pequeñas pesas rosas colgando de él. “¿Qué tal éste?”.

Dar lo estudió, después comprobó el peso. “Sí, este servirá”. Juzgó. “Toma…”. Añadió un par de botines de neopreno. “Oh…”. Se encaminó a una barra de la que colgaban bañadores y sacó uno con pequeñas mangas y perneras hasta medio muslo. “Esto también”.

Kerry pasó los dedos por el fino neopreno. “Ah… ¿para protegerse de las medusas?”.

Dar se le acercó más. “No, tan sólo pensé que te quedaría muy bien”. Murmuró suavemente, con los ojos brillantes.

“Tch… Dar”. El rostro de Kerry se contorsionó en una sonrisa casi avergonzada. “Déjame pasar de esto ahora mismo… Supera un poco mis posibles”.

Ojos azules revisaron las compras y después se centraron en su rostro. “Yo podría… um…”.

Una mano la tocó en el brazo. “No”. El tono de voz de Kerry sonó un poco más grave y miró a su alrededor. “Aprecio el sentimiento, Dar, pero soy responsable de mí misma, ¿vale?”.

La mujer morena aspiró profundamente para después dejar escapar el aire entre dientes. “De acuerdo, tan sólo estaba…”.

Kerry le sonrió. “Lo sé… Y dejé que te salieras con la tuya con lo de los peces y esos billetes de avión pero es importante para mí el poder mantenerme”.

Dar parecía casi cómica cabizbaja. “Um…”. Miró a su alrededor. “Mira, la verdad es que entre mi sueldo y los pluses que me da Less, tengo enormes reintegros en un par de cuentas de la unión de crédito… y yo…”. Se calló y exhaló. “Hace mucho que no tenía a nadie en la que me apeteciera gastármelo”. Se encogió un poco de hombros. “No pretendía insultarte ni nada parecido”.

Kerry se quedó sin palabras. “Uh”. Buscó desesperadamente algo que decir y se dio cuenta que simplemente no podía. Así que sencillamente miró a Dar a los ojos y trató de expresar en silencio lo que su corazón estaba sintiendo.

Su compañera mostró una leve sonrisa y miró alrededor de la tienda. “¿Hemos terminado aquí?”.

Kerry se dio cuenta tristemente que, siendo una mujer sofisticada, inteligente y agresiva, a veces Dar podía mostrar una excelente imitación de cachorrito apaleado. Quizás fuera la forma en que mantenía las manos en los bolsillos. “¿Dar?”.

Esos preciosos ojos azules la enfocaron. “¿Sí?”.

Kerry recogió el chaleco, el cinturón y las botas y después le dio a su alta compañera el bañador arqueando las cejas. “Ya que crees que mejorará las vistas...”.

Un reflejo de blancura mientras Dar sonreía y cogía el bañador.

Un compromiso, razonó Kerry mientras se dirigían a la caja. “Ey…”. Se detuvo, al encontrar por el rabillo del ojo un bañador carmesí con tiras doradas.

Dar la miró por encima del hombro. “No es tu talla”. Comentó pesarosa.

Ojos verdes la estudiaron especulativamente. “No… pero apuesto que la tuya sí”. Arrugó la nariz en mueca traviesa. “Lo justo es lo justo”.

Una oscura ceja se arqueó lentamente mientras Dar le dedicaba la mirada, después cogió el bañador de la percha sin decir nada más y siguió caminando hacia la caja.

“Je”. Rió por lo bajo Kerry mientras la seguía.

“Buena idea que me trajera la furgoneta”. Comentó Dar poniendo la última bolsa en el maletero del Lexus y dedicándole a su compañera una mirada entre sorprendida y alarmada. “¿De verdad usas todo esto?”.

Kerry le puso una mano en la espalda. “Lo creas o no, sí… Cuando de verdad cocinas con ingredientes reales, no es sólo sacar algo de una caja y calentarlo.

Dar cerró el maletero y se puso las manos en la cintura. “Seguro, así es más fácil”. Comentó, bromeando.

“Sí, lo es”. Se mostró de acuerdo Kerry. “Pero es mucho menos sano para ti, debido a la cantidad de cosas que le añaden para que la comida no cristalice al congelarla… Creo que los aditivos te vuelven azules las orejas o algo así”.

“Oh”. Dar se quedó pensando sobre el tema. “Supongo que eso tiene sentido”. Rodeó el coche y se metió en él, esperando a que Kerry hiciese lo mismo. “¿Te apetece un *café con leche*?”.

Hablando de lo no sano. Kerry le dedicó a su compañera una mirada irónica pero no se resistió. “Claro”. Se mostró rápidamente de acuerdo, reconociéndose que se había vuelto, de alguna manera, adicta al dulce café y a las pequeñas pastas que le acompañarían. Le rugió el estómago, anticipándose a las de queso y guayaba que eran sus preferidas.

Dar condujo con habilidad por las calles costeras, metiéndose en el aparcamiento de una pequeña cafetería cubana, donde aparcó. Kerry aspiró contenta el aire matinal, saboreando el fuerte sabor a sal del mismo. “Bonita mañana”. Alabó el buen tiempo, que estaba por debajo de los setenta grados y con mucha menos humedad que días anteriores. El sol era cálido pero no asfixiante y la brisa hacia que se le pegara al cuerpo la suave tela de su camiseta.

Se sentía… era como estar en la universidad y ahora fueran las vacaciones del verano, pero sabiendo que no llegaría el momento de tener que volver. De alguna manera, era como cuando se graduó en la universidad y empezó a trabajar de verdad. Todo cambió.

Ahora se repetía la historia de nuevo, mientras tomaba pequeños y tentativos pasos hacia una nueva vida, permitiendo que le calase la realidad de una relación con Dar. Era tan extraño, pero de alguna extraña manera, tan familiar.

Le dolía lo de sus padres y lo sabía. Sabía que tendría que pasar mucho tiempo antes de poder pensar en ellos y no sentir la pena de no ser aceptada… pero por otro lado, era tan agradable no tener que regirse por sus estándares nunca más. Ahora era libre de imponer sus propios estándares.

La brisa marina la rodeaba y una gaviota pasó sobre su cabeza, mientras Kerry sonreía ante las algodonosas nubes que flotaban sobre ella. ¿Cómo era eso de batir huevos para las tortillas? Miró a un lado, a la alta figura que caminaba a su lado. Qué tipo de tortilla eres tú, ¿hmm?. Mi favorita, creo.

Dar sintió como la invadía una queda felicidad y se sorprendió al comprobar la facilidad con la que su solitaria y a veces quisquillosa naturaleza aceptaba la cercanía y constante presencia de Kerry. Se había mostrado escéptica ante su propia habilidad de adaptarse a eso pero su mente inconsciente parecía que la había estado tomando el pelo haciéndola pensar que sería más feliz estando sola.

No era verdad y ahora lo sabía. Sólo tenía que encontrar a la persona adecuada. Se preguntó brevemente si Kerry sentiría lo mismo.

Lo esperaba. Realmente lo esperaba. Dar se encontró deseando con todas sus fuerzas establecer una relación duradera con su rubia compañera.

Estiró el brazo y abrió la puerta de la cafetería, liberando los fuertes aromas del café cubano y las pastas hacia el aire salado. Entraron e hizo el pedido en un español de calle ligeramente acentuado que hizo que Kerry la mirase sorprendida.


“¿Qué?”.

“No tenía ni idea de que hablases español”. Soltó la rubia.
Dar se encogió de hombros. “Lo suficiente para salir del paso, claro…”. Se sentó en una de las banquetas libres y le señaló a su compañera que hiciera lo mismo mientras esperaban su pedido. La cafetería estaba casi llena de otros patrones, todos saboreando diversos cafés, pastas o desayunos enteros. “Oh… hmm…”. Se giró, llamó la atención de la camarera y señaló un plato cercano. La mujer asintió y la sonrió.

“¿Qué es eso?”. La miró Kerry.

“Pastelito cubano de huevo”. Contestó Dar con una mueca. “Huevos, queso y bacon en pan tostado cubano”. Vio como Kerry se tapaba los ojos. “Puedes comerte la mitad”.

“Jesús”. Masculló Kerry. “Me estás corrompiendo”. Suspiró y cogió el tembloroso y caliente pastelito que la camarera le había dejado al frente, lo mordió y saboreó la mezcla de dulce y salado del mismo. “Me pasé casi toda la Acción de Gracias preguntándome por qué todo era tan insípido… Después recordé que mi madre ordenaba que cocinaran sin sal, mantequilla o crema”.

“Ouch”. Dar dividió su sandwich, dejando la otra mitad en el plato de Kerry. “¿Qué sentido tiene servir patatas si no puedes usarlas como vehículo para esas tres cosas?”. Preguntó de forma razonable.

Kerry la miró, entonces mordió la esquina de su sandwich. “Mm… realmente esto está más bueno que un simple pastelito de huevo”. Admitió.

Una risotada. “Relájate… mira a tu alrededor”. Dar paseó la vista por la habitación. “Ésta es la población estándar de Cuba… ¿ves cuantos ancianos? No te va a matar”. Se levantó y agarró su bolsa de *pastelitos*. “Vamos, mejor que metamos la compra en la nevera”.

Salieron y se dirigieron a la esquina del pequeño edificio, hacia el aparcamiento que tenía a un lado la cafetería y al otro un complejo de apartamentos.

Aparecieron dos oscuras figuras y el distintivo sonido de amartillar dos pistolas las detuvo en seco, mientras Kyle se les ponía de frente agarrando de forma segura una pistola automática. “Vaya, vaya”.

Dar se puso delante de Kerry y se le quedó mirando, su corazón empezó a latir rápidamente en señal de alarma. “¿No sabes cuándo parar?”. Preguntó quedamente.

Kyle se rió. “¿De verdad creías que el Senador iba a dejarte ir, así sin más, con su hija?”. Señaló despacio a su acompañante. “Si hace algún movimiento contra mí, dispara a la puta, no quiero riesgos”.

Kerry se adelantó a Dar. “Kyle, ¿qué quieres? Mi padre dejó sus deseos bien claros y eran que me fuera. Lo hice”.

“Oh no”. Kyle se le acercó un poco. “Le convencí para que lo pensara mejor… No voy a dejar que una pequeña molestia como tú arruine mis planes”. Le sonrió. “Ahora ve hacia allí como una niña buena, nos montaremos en el coche y nos iremos”. Miró a Dar. “Y no te molestes con tus trucos, sabemos que era un farol”.

Dar lo estudió. “Yo no cuento faroles”. Sentenció quedamente. “Lo descubrirás dentro de poco”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Enero 7th 2013, 12:42 am

Él la ignoró. “Vamos, Kerry… Por aquí”. Le apuntó con la pistola. “Date prisa, tenemos que coger un avión”.

Kerry exhaló despacio y se movió.

Hacia atrás, hasta que estuvo apoyada sobre el cálido cuerpo de Dar. “No”. Le miró a los ojos. “Has alejado de mi cada maldita cosa que he querido en mi vida. No te vas a llevar ésta, jodido hijo de puta”. Endureció la mandíbula.

“No seas estúpida, niña”. Dijo Kyle entre dientes. “Sabes que esto es por tu bien… ¡ahora, muévete!”. Alzó la voz en un ladrido exigente.

“Muérdeme”. Contestó Kerry. “Ahora mejor te vas de aquí, antes de que llame a la policía y haga que arresten tu asqueroso y maloliente culo”.
Él levantó la pistola y apuntó a Dar. “Bien, puedo ver los titulares: otro cuerpo acribillado a balazos en Miami… Quién demonios se daría cuenta”. Le hizo señas a Dar. “Sepárate de ella”.

Kerry movió las manos hacia atrás y agarró a su compañera. “No”.

“Estúpida puta”. Kyle apuntó a la cabeza de Dar. “Quería ahorrarme el tener que comprarte algo que no chorrease sangre”. Apuntó con cuidado. “Despídete de tu amante, pervertida”.

Kerry sintió como unos brazos la rodeaban. “Ve”. La grave voz le recorrió la espalda. “Estaré bien”.

Sintió como se llenaba de rabia. “¿Por qué estas haciendo esto Kyle? Incluso si voy contigo, nunca me quedaré, los dos lo sabemos… ¿Por qué no puedes dejarme en paz?”.

“Porque ninguna estúpida mujer me va a superar, ése es el porqué”. Contestó Kyle con acidez. “Vas a venir conmigo y voy a verte de vuelta donde perteneces, como le prometí a tu padre que haría”. Le hizo señas. “Ahora muévete o le disparo”.

Kerry dudó, después se giró y abrazó a Dar. “Volveré”. Murmuró suavemente. “Te lo prometo”.

Dar vio la mirada triunfal en los ojos de Kyle y comprendió lo que había detrás de todo esto. Rodeó a Kerry con los brazos y le devolvió el abrazo. “Cuídate”. Susurró. “Te quiero… Nunca lo olvides”.

Dolía. Kerry trató de no pensar en lo feliz que había estado tan sólo media hora antes, después soltó a Dar y se alejó un poco, girándose para enfrentarse a Kyle con fiera expresión en el rostro. “Pagarás por esto”.

Él se acercó y la atrajo hacia sí, después la empujó hacia el coche que los esperaba. “Oh no… Pero voy a disfrutar de este momento por mucho tiempo”. Levantó el arma y apuntó a Dar. “Mandándote al infierno, puta… Saluda a Satán”.

Dar se centró en sus espantosos ojos.

“¡No!”. Gritó Kerry, lanzándose hacia delante entre su compañera y el arma a la vez que Kyle apretaba el gatillo.
Dar la agarró a mitad de camino, cogiéndola en el aire y haciéndola girar para protegerla del disparo, mientras que Kyle y su compañero disparaban al mismo tiempo.

Las gaviotas gritaron en protesta y se alejaron, dejando la calle sumida en un curioso silencio. Lentamente, una oscura cabeza se levantó del sucio suelo y miró a su alrededor. “Qu…”. Dar parpadeó, viendo las dos figuras tiradas en el suelo no muy lejos de ellas. Miró a Kerry, que estaba acurrucada bajo ella, ambas manos agarradas fuertemente a su camiseta. “Ey…”.

Ojos verdes se abrieron y Kerry alzó la mirada asustada. “¿Qué ha pasado?”. Susurró.

Dar rodó a un lado y parpadeó. “Yo…”. Sus ojos se fijaron en dos formas quietas y en la oscura mancha que se estaba formando bajo ellas. “Yo… ¿se dispararon el uno al otro? No entien…”. Miró rápido a su alrededor, viendo los ojos furtivos que la miraban desde el interior del restaurante. “Supongo que mejor llamo a la policía”. Se levantó, entonces le ofreció una mano a Kerry para levantarla. “¿Te encuentras bien?”.

Kerry intentó ponerse en pie y se cayó contra el cuerpo de Dar, agarrándose a ella temblorosa mientras descubría horrorizada a los dos hombres. “Oh Dios mío”. Susurró.

Dar la rodeó con un brazo antes de coger el móvil del cinturón y abrirlo para marcar. Aún así, la interrumpió un pequeño carraspeo y miró a su alrededor encontrándose con una alta figura en sombras apoyada contra la pared trasera del restaurante.

Vestía una sudadera de cuello alto, con el cuello alzado, tapándole la cara de la vista pero… Dejó caer la mano y dio unos pasos hacia la figura, tratando de aclarar los detalles.

La tela se movió cuando la figura tomó un respiro. “Tranquila, Dardar”.

Kerry sintió el cuerpo de su amante volverse completamente rígido y después comenzar a temblar. Se olvidó de los dos cuerpos allí tirados. “¿Dar?”.

La mujer alta dio algunos pasos más al frente, tiesa. “¿Papá?”. Su voz sonaba ronca por la incredulidad. “Qu…”.

El hombre alzó las manos con las palmas hacia fuera. “Tómatelo con calma, no quería que esto sucediera así… Pero idiotas con armas, ya sabes cómo es”. Él dio una zancada hacia atrás mientras ella se aproximaba. “Quieta ahí… sólo…”.

Dar se paró, profundamente confundida. “Qu… dijeron que habías… pero… vimos el cuer…”.

“Lo sé”. Suspiró él. “Lo sé… Me surgió una historia ahí… y la cagé. Yo… bueno, digamos que no me veo muy bien, ¿de acuerdo?”.

“¿A quién demonios le importa cómo te veas?”. Consiguió decir Dar, quebrándosele la voz. “Cómo…”.

“A mí me importa”. Vino la queda respuesta. “A mí me importa y no podía enfrentarme a la expresión de tu madre cuando viera lo que ha quedado”. Se calló un momento. “Así que decidí que no corrigieran a los de la KIA… y eso es lo que pasó”. Otra pausa. “¿Cómo está?”.

“No lo sé”. La voz de Dar se estaba quebrando. “No me ha hablado desde el funeral”. Las rodillas empezaron a doblársele y sintió como Kerry la rodeaba con brazo fuerte.

Un suave sonido de pesar salió de la oculta figura. “Maldición”.

Despacio, Dar comenzó de nuevo a moverse hacia él. “Te necesita”. Kerry se quedó atrás, mirando y esperando, casi aguantando la respiración.

Él se apretujó contra la pared. “No vengas aquí, cariño… Ella no me necesita así”. Su voz sonaba realmente triste. “Y no quiero que tú… Dar, por favor”. Su cuerpo se movió. “Vete, sal de aquí… yo me encargo de la basura”.

Ella no se detuvo y ahora estaba lo suficientemente cerca para ver la carne retorcida medio oculta tras el cuello de la sudadera. “Papi”. Se le quebró la voz. “Te echo de menos”.

Todo su cuerpo se movió en reacción. “Aw, cariño… yo también te echo de menos… Os echo de menos a las dos… tanto que me vuelve loco… yo…”.

Dos pasos más y allí estaba ella, suficientemente cerca para tocarle antes que él pudiera reaccionar y ella alzó las manos evadiendo su sorprendido agarre y rodeándole suavemente la cara. Sus ojos encontraron los suyos, azul con azul y absorbió lo que quedaba de su, en otro momento, atractivo rostro sin siquiera parpadear. “Está bien”. Le dijo en angustioso susurro.

Una mano llena de cicatrices le acarició con ternura la mejilla. “Lo siento tanto, Dardar… Nunca quise hacerte daño… a ninguna de las dos”.

Dar simplemente agitó la cabeza y suavemente le rodeó con los brazos, acercándosele. “Me alegra tanto que estés vivo”. Murmuró.

Él suspiró y apoyó la cabeza en la suya. “La mayor parte del tiempo no lo estoy”. La soltó y dio un paso hacia atrás. “Mejor que te vayas… déjame limpiar este estropicio”. La miró, brillantes ojos azules frente al oscuro rojo de las cicatrices. “Prométeme que no le dirás nada a tu madre”.

Dar inhaló para protestar, después recordó con quién estaba hablando. “Con una condición”. Le miró. “Que no vuelvas a desaparecer de mi vida”.

Él la observó unos segundos. “Piensas que podrás cambiarme de idea si me quedo lo suficiente”. La regañó suavemente.

Una leve y dolida sonrisa. “¿Trato?”.

Él ladeó la cabeza, haciendo que el cuello de la sudadera le tapase el rostro de nuevo. “Tan sólo llevo en el estado un mes o así, vigilándote desde entonces”. Pateó una roca. “...Todos los problemas en los que te vas metiendo… supongo que mejor me quedo”. Aspiró aire, pensativo, entonces miró a la silenciosa Kerry.

“¿Me vas a presentar a tu novia?”.

Dar aceptó la respuesta y le pasó un brazo por los hombros a Kerry. “Ésta es Kerry Stuart”. Sentenció suavemente. “Kerry, éste es mi padre, Andrew”.

Kerry miró hacia sus manos y tomó las de él en las suyas, apretándolas. “Me alegro mucho de conocerle”. Miró el destrozado rostro con gentil aceptación. “Gracias por…”. Sus ojos miraron a las quietas figuras. “Salvarnos”.

Él torció ligeramente los labios. “Tienes mucho coraje saltando así frente a las balas, jovencita”. Comentó. “Y más para un disparo como ése”.

“En realidad no estaba pensando”. Admitió Kerry, luego exhaló. “No deberíamos… quiero decir, ¿llamar a la policía?”. Sus ojos se fijaron de nuevo en las quietas figuras, las cuales estaban ahora atrayendo a pájaros curiosos.

Andrew Roberts se movió y sacó una pistola del bolsillo de su sudadera. “Será un poco difícil explicarles cómo dos balas de la marina se les metieron en la cabeza, ¿eh? Dejad que me ocupe de esto, estoy acostumbrado”. Le dio a Dar un suave golpecito. “Sal de aquí, pimpollo… Mantendré el contacto contigo”.

Dar le acarició la mejilla suavemente, sintiendo las cicatrices bajo su mano. “Más te vale hacerlo”. Sin ganas, se alejó de él, sintiendo la mano de Kerry sobre su brazo. Caminó de espaldas hasta que llegaron al Lexus y él ya no estaba a la vista.


Kerry tomó las llaves y abrió la puerta del copiloto, metiéndola en el interior del coche. “Entra. Yo conduzco”. Ella misma estaba temblorosa pero la mirada de asombro en el rostro de Dar tenía preferencia. Rodeó el coche y se sentó al volante, ajustando de forma automática el asiento y encendiendo el motor. Dar estaba reclinada contra la puerta con los ojos fijos en el edificio de la esquina que ocultaba el pasillo a su vista. “¿Puedo pedir cita para perder los nervios?”. Preguntó débilmente.

Dar giró la cabeza y la miró. “Ponte a la cola”. Respondió con mirada irónica. “Vamos a casa. Tenemos mucho de que hablar”.

Casa. Kerry exhaló y cambió las marchas del coche. Me suena genial.

Fue un trayecto muy pero que muy silencioso. Finalmente Kerry se echó para atrás una vez que estuvieron sanas y salvas en el ferry y ladeó a un lado la cabeza observando el perfil de Dar. Suspiró. “Creo que me gusta tu padre”.

Dar parpadeó y giró la cabeza. “¿Sí?”. Murmuró. “Nunca…”. Dejó que se le acabaran las palabras. “No me puedo creer que esté vivo”.

Kerry asintió levemente. “No me puedo creer que Kyle esté muerto”.

Ahora los ojos azules se mostraron serios. “Estuvimos muy cerca de estar así”.

La mujer rubia exhaló. “Lo sé… Creo que todavía no me lo creo, porque no he salido disparada y gritando hacia el horizonte”. Se calló pensativa. “Creo que te debo una disculpa”.

A Dar se le desencajó la mandíbula. “¿Por… qué?”.

“Por poner tu vida en peligro”. Contestó suavemente Kerry. “Dos veces”.

“Oh eso…”. Dar se encogió de hombros. “No te preocupes por eso”. Golpeó el brazo de Kerry y dejó allí apoyada su mano, haciendo pequeños círculos con su pulgar. “Definitivamente tú mereces la pena”. Sonrió un poco. “Además… tú arriesgaste tu cuello por mí ahí fuera”.

“Bueno… Huh”. Kerry se sonrojó y bajó la mirada. “Como que me iba a estar quieta y dejar que alguien te disparase”. Cubrió la mano de Dar con la suya y apoyó la cabeza en los hombros de la mujer alta. “Eres la persona más importante de mi vida… No tengo intención de perderte”. Mantuvo la vista fija en los sillones de cuero, sin atreverse a ver la reacción de Dar.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Enero 8th 2013, 3:53 pm

Lo que fue una pena porque se perdió una mirada de absoluta y tranquila esperanza dirigida hacia ella por su compañera. “Sabes… estaba… medio esperando que sintieras eso”. Murmuró Dar.

El suave repiqueteo de las olas contra el ferry llegaba a sus oídos a través de las ventanas abiertas de Lexus. “¿Por qué?”. Susurró Kerry.

Dar apoyó la cabeza sobre la de la pequeña mujer. “Porque yo siento lo mismo”.

“Oh”. Kerry sonrió, cerrando los ojos. “Entonces supongo que todo está bien”.

Así se quedaron hasta que el ferry llegó a puerto y Kerry condujo el coche por la rampa y las distintas carreteras hasta llegar al aparcamiento que habían dejado horas antes y una vida entera después. Ayudó a Dar a cargar con las bolsas de la compra y su nuevo equipo de buceo y ordenaron la compra en confortable silencio.

Finalmente Kerry se dejó caer en el sillón y miró el techo, mientras Dar se removía por la cocina. Podía escuchar el sonido del microondas y predijo que enseguida le llegaría el aroma rico y distintivo del chocolate caliente.

Dar no la defraudó y sonrió cuando la morena y alta mujer apareció en la habitación acercándole una taza de humeante chocolate caliente. Se sentó junto a su compañera y puso los pies sobre la mesita del café.

Se miraron la una a la otra en queda observación por unos instantes. “Menudo mes”. Comentó Dar, tomando un sorbo de su chocolate.

“Oh sí”. Se mostró de acuerdo Kerry. “Y tanto que lo ha sido”. Tomó un gran sorbo de la dulce bebida. “Debería empezar a escribir un diario… Si así es como va a ser la vida de ahora en adelante”.

Dar rió suavemente. “Jesús… espero que no, acabaría pareciendo una serie de locos de la televisión”. Apoyó un brazo en el respaldo del sofá y enredó sus dedos entre el cabello de Kerry. “Oye… Sé que ha sido un fin de semana duro…”. Se calló, recolectando sus pensamientos antes de seguir. “Y sé que vas a necesitar algún tiempo para acostumbrarte a los cambios, pero um…”.

Kerry dejó en la mesa su chocolate y se acercó más a Dar rodeándola con los brazos y recostándose sobre ella. “Pero um, ¿qué?”.

Dar parpadeó ante ella, dejando de lado su taza y devolviéndole el abrazo. “Pero um…”. Arqueó las cejas. “De veras creo que trabajamos bien juntas”.

Kerry tomó aire, pensativa. “Bueno… Eso es cierto, tenemos diferentes modos pero en general llegamos al mismo sitio”. Estaba casi segura que lo que decía Dar no tenía nada que ver con el trabajo pero estaba dispuesta a seguir con el juego. “Tú eres una persona lógica y normalmente vas directamente al centro del problema y lo arreglas”.

“Uh… sí”. Se mostró de acuerdo Dar, dubitativa.
“Normalmente”. Repitió Kerry, echando la cabeza hacia atrás y observando a su compañera.

“¿Normalmente qué?”. Aventuró la mujer morena.

“Normalmente vas directa al grano”. Dijo Kerry paciente.

“Oh, sí… cierto, lo hago”. Murmuró Dar. “Sé que lo hago… De hecho, hay algo por aquí y voy a llegar a él tan pronto como descubra de qué demonios se trata”.

Kerry ocultó el rostro en el pecho de Dar y camufló una risita.

Dar suspiró. “Tienes esta habilidad de hacerme sentir como una adolescente enamorada, ¿lo sabías?”.

Ojos verdes la miraron. “¿Eso es bueno o malo?”.

“Bueno, de seguro que deja mi reputación por los suelos”. Contestó Dar, riendo suavemente. “Así que supongo que preguntarte si quieres quedarte a vivir aquí no la pondrá mucho peor”.

Kerry tragó saliva fuertemente. “Supongo que encontraste el grano, ¿eh?”. Preguntó suavemente.

“Supongo que sí”. Admitió la mujer morena. “Mira… Sé que no puedes dejar así sin más tu piso; para empezar, cambiar tu dirección en CAS va a generar un lío tremendo pero… yo…”. Hizo acopio de coraje de nuevo. “Realmente me gusta tenerte por aquí… Y me gustaría intentar empezar una vida contigo”.

Kerry sintió una calidez profunda y honesta recorrerla. “Ahora… eso está mejor”. Murmuró, entonces se quedó en silencio mientras pensaba en la propuesta. “El trabajo va a ser realmente raro”. Dijo por fin. “Y tienes razón, no puedo dejar mi piso simplemente… al menos aún no”. Otra pausa. “Y probablemente necesites tiempo para adaptarte a la invasión”.

Dar no negó ninguna de las sentencias.

“Escucha esto… ¿por qué no pasamos aquí los fines de semana y el resto de la semana la paso en Kendall? Entonces los miércoles te puedes venir tú después del gimnasio”. Parecía un buen compromiso, dejándolas a las dos un poco de tiempo y espacio para adaptarse.

Dar parpadeó ante ella. “Así que… ¿eso es un sí?”.

Kerry se sonrojó levemente y asintió. “Me gustaría mucho llevar una vida contigo”. Inclinó la cabeza y se besaron con ternura. “¿Dar?”.

“¿Sí?”. La mujer morena la sonrió con cariño.

“¿Podrías enseñarme lo que encontraste de mi padre?”.

La petición pilló por sorpresa a Dar y se mostró en sus cejas medio alzadas. “Eh… claro…”. Se levantó y extendió una mano hacia su compañera. “Lo siento, olvidé que te dije que te lo enseñaría…”. Condujo a Kerry hasta su despacho y se sentó tras el escritorio, encendiendo el ordenador y accionando su correo.

“Mm… Me gusta esa línea ISDN”. Comentó Kerry, apoyando un brazo sobre el hombro de Dar y mirando por encima de ella.

Dar tecleó un comando y separó el mail que estaba buscando. “Sabes, la habitación pequeña a mitad de las escaleras sería un bonito despacho”. Comentó de forma inocente. “Puedo hacer que bajen la otra línea allí”.

“¿Dar?”. Susurró Kerry. “No tienes que sobornarme con juguetes”.

Ojos azules la miraron. “No era un soborno… He de saber dónde decirle a Bellsouth que ponga el paquete, eso es todo”. Se estiró e indicó la pantalla.

“¿Estás segura que quieres ver esto?”.

Kerry la miró quedamente. “Soy una chica grande, Dar… sí. Quiero leerlo”.

“De acuerdo”. La mujer alta se levantó e indicó la silla, después se fue hacia la ventana que abrieron cuando la tormenta tropical y se apoyó en la repisa, observando el exterior mientras Kerry leía.

Los documentos eran horribles, incluso ante los ojos experimentados y más o menos velados de Dar. Años de aceptaciones de sobornos, comunes entre los políticos, pero sobornos que conllevaban a la detención de la legislación que dañaba a la gente y evadía el bien común. Salarios por trabajos, por facturas, por votos… todo depresivamente regular.

Era la fundación de caridad por grupos extremistas de derechas lo que le daba nauseas, millones de dólares sobre el curso de una carrera almacenados en cuentas bancarias para aumentar los intereses de gente cuya plataforma principal era el odio. Eso y la hipocresía de la otra familia… Esa mujer y sus hijos mantenidos por el Senador, ella y dos de los hijos mayores en agradables puestos gubernamentales y recompensados con generosos beneficios y salarios.

Oh, y el fraude tributario. Dar se preguntó si Kerry sabría que tanto ella como su hermana todavía aparecían como dependientes y que todavía seguía interna en algunos colegios.

Asqueroso. Escuchó el sonido de las teclas y se giró, para encontrarse con los ojos de Kerry recorriendo la pantalla del ordenador.

“Estoy mandando esto a mi correo”. Murmuró la mujer rubia. “Fue… realmente desagradable de leer, Dar”.

Dar puso sus suaves manos sobre los hombros de Kerry. “Lo sé. Las entradas de los clanes unidos de América me llegó al alma”. Kerry cerró la sesión y empezó con la suya propia. Accedió a su correo y abrió los documentos de nuevo. “Dar… sabes, he tenido que pasar mucho tiempo con los de marketing…

La semana pasada me dieron un tour sobre sus operaciones”.

Dar parpadeó, confusa. “Um… sí… vale… ¿qué tiene que ver eso con esto?”.

Kerry seleccionó los documentos, después abrió un nuevo mensaje y los pegó. “Bueno, una de las cosas que me enseñaron fue su network de distribución. Es realmente muy simple… Pueden conseguir información mediante una lista de correo… ¿ves? Como ésta”. Le puso dirección al mensaje. “Tan sólo has de presionar… aquí…”. Presionó el icono de mandar. “Y el mensaje se manda a sesenta direcciones diferentes”.

A Dar se le desencajó la mandíbula de pura sorpresa. “Acabas de…”.

Ojos verdes la miraron con calma. “Sí, lo he hecho”. Una pausa. “Dijiste que sería mi decisión, ¿verdad?”.

“Qu… pero… uh… sí, pero yo…”. Dar se sentó en el escritorio, asombrada. “¡Jesús, Kerry!”.

“No iba a hacerlo”. Sentenció suavemente la mujer rubia. “Pero después él no pudo dejarlo pasar, no pudo dejarme ir, tuvo que mandar a ese bastardo… porque creía que íbamos de farol”. Ahora centró la vista en Dar. “Me dijiste que si alguien te llamaba mentirosa, simplemente tenías que reaccionar al respecto. Así que lo hice”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Enero 9th 2013, 6:05 pm

“Tú… entiendes lo que eso te afectará”. Dijo Dar, queda. “¿Verdad?”.

“Sí”. Contestó firme Kerry. “Lo sé”. Estudió la superficie de la mesa.

“Avisaré a Michael y Ángela”. Alzó los ojos al rostro aún sorprendido de Dar. “Te he sorprendido, ¿huh?”.

Un leve asentimiento. “Sí, lo hiciste”. No había esperado ese nivel de venganza por parte de su compañera. “No pensé que tú… fueras a hacer eso”.

Kerry suspiró y apoyó la barbilla en las manos. “Si sólo hubiera sido yo… probablemente no lo hubiera hecho. Pero vinieron a por ti”. Se frotó el labio con el pulgar. “Eso fue demasiado, Dar, no puedo permitirlo… Quizás algo de esa crueldad que vi en él se me ha pegado”. Parpadeó ante la pantalla. “Me siento bastante cruel ahora mismo”.

Dar exhaló lentamente y rodeó con sus dedos la muñeca de Kerry que estaba apoyada sobre la mesa. “No… lo que él hizo, lo que hizo Kyle… eso fue cruel. Lo que tú hiciste fue justicia”.

“Quizás”. Murmuró Kerry.

“Sé que te preocupas por tu familia, Kerry… y que esto no fue fácil para ti de hacer”. Dar le dedicó una mirada compasiva. “De alguna manera, las dos hemos perdido a nuestras familias”.

Una lenta y casi desconcertada sonrisa cruzó el rostro de la mujer rubia. “Pero hay dos tipos de familia, Dar: las familias en las que naces y las que creas tú misma…”. Alzó la mirada y se encontró con los azules ojos que la miraban. “Y nuestra amistad nos acerca más que cualquier lazo sanguíneo”. Un recuerdo, alto y claro como el repiqueteo de una campana.

Dar sonrió para mostrar su acuerdo, alzando una mano estirada, viendo como Kerry entrecruzaba sus dedos con los suyos. “Tú eres mi familia”. Se mostró de acuerdo, entonces se metió la mano en el bolsillo de la camiseta. “Ya que estamos… pensé que querrías esto de vuelta”. Volvió la palma de Kerry hacia arriba y dejó sobre ella un anillo de oro. “Es una pieza interesante”.

Kerry colocó el anillo entre su índice y pulgar y lo miró. “Siempre sentí que había algo detrás de él, alguna historia… ¿sabes lo que quiero decir?”. Se volvió. “Probablemente fuera sólo mi mente hiperactiva… Aunque cuando me lo dio mi tatarabuela fue muy extraño. Ella no me veía desde que tenía… Jesús, probablemente tres o cuatro años. Fui a visitarla al salir de la universidad y cuando me vio, me hizo quedarme bajo la luz y se me quedó mirando durante veinte minutos… sin decir nada. Después se rió, sacó esto y me lo dio”.

“Algo raro es…”. Estuvo de acuerdo Dar. “¿Qué tipo de persona era? ¿hacía algo en particular, o…?”.

“¿Hmm? Oh… era escritora”. Suspiró Kerry. “Poesía… y esas historias antiguas y líricas sobre el pasado y caballeros y cosas por el estilo”. Un movimiento de la cabeza. “La mayoría de la familia pensaba que ella estaba un poco loca, sin embargo a mí me gustaba leer sus historias, tenía incluso una historia sobre Paladines”. Sus ojos brillaron bromeando con Dar quien hizo girar los ojos y rió.

Kerry se calló un momento y después alzó la mirada. “Lo que hace tu padre asusta un poco, ¿no?”.

Dar asintió, seria. “Sí, lo es… Puede ser horroroso también. Sé que probablemente te extrañe un poco el no haber llamado a la policía… y para ser honesta, a mí también me extraña”.

“Mm”. Murmuró en acuerdo la mujer rubia. “Quiero decir… puedo ver el problema pero me hace sentir un poco mal el saber que simplemente van a… um… desaparecer o algo así… ¿Podemos decirle si quiera a su familia… es decir, a Brian... lo que ha pasado?”.

“Yo…”. Dar lo pensó un minuto. “No creo que podamos…”. Suspiró. “Sin embargo, desearía que hubiera otra forma mejor de hacerlo”.

“Sí”. Kerry se mordisqueó el labio. “Es eso… quiero decir, lo que él hace… ¿es eso realmente lo que tú querías hacer?”. Alzó la mirada en busca del rostro de Dar.

Un suspiro. “Pensé que lo era, sí… por mucho tiempo”.

“¿Y ahora?”.

Dar se quedó en silencio, considerando la pregunta. “Creo… que llegas a un punto donde… es decir, cuando tenía dieciséis o así y estaba haciendo esos tests, me moría de ganas por hacerlo, parecía la vida más excitante e increíble que podía imaginar… La quería realmente con ganas”. Una pausa. “Pero ahora, miro hacia atrás y pienso… Jesús, ¿estaba loca o qué?”. Dar suspiró. “Me alegro, en varios sentidos, que al final todo haya sido diferente”.

“Yo también”. Kerry entrelazó sus dedos con los de Dar y alzó la mirada. “Por un lado, probablemente no nos hubiéramos conocido nunca, y por otro lado, creo que ese tipo de cosas generan un gran peso de conciencia. No puedo imaginármelo”.
“No… me alegro que no tenga que cargar con eso”. Coincidió Dar suavemente. “La vida es suficientemente dura… Me alegro de no haber seguido ese camino después de todo”.

Los ojos verdes que la miraban se oscurecieron aún más cuando Kerry se levantó poniendo una mano sobre su mejilla de forma cariñosa. “Yo también, Tigre”.

Dar sintió una oleada de calidez atravesarle el corazón. “¿Tigre?”. Murmuró. “No me habían llamado así desde hace mucho”. Pasó los dedos por la nuca de Kerry y la miró, parpadeando un poco cuando una leve niebla le oscureció la visión por momentos. “Me trae un montón de recuerdos”.

“¿Lo hace?”. Susurró Kerry, sintiendo un temblor recorrerle las rodillas a la vez que sus cuerpos se acercaban y sus labios se encontraban. Le recorrió un sentimiento medio de alegría, medio de alivio cuando terminaron y se echó hacia atrás, encontrándose con unos ojos recién encontrados pero bien conocidos.

“Bienvenida a casa”. Murmuró Dar en tono bajo y dulce, cuando se unieron de nuevo a la cálida luz de un día de invierno tropical.

FIN
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