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Tormenta tropical, Melissa Good

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 8th 2012, 12:46 am

“Estoy segura de que ella tiene muchos… recursos”. Michelle le sonrió. “Pero basta de hablar de ella… cuéntame más sobre ti, Dar”.

Pareció que la cena había durado, al menos, tres semanas, consideró Dar, mientras finalmente abandonaron el restaurante para adentrarse en el frío aire nocturno. Inhaló un poco, después avanzó a la vez que el mozo le trajo el Lexus. Esperó a que Michelle se acomodase y después se escurrió en el asiento del conductor, echando el asiento hacia atrás un poco para acomodar su estatura.

“Agradable”. Michelle recorrió con un dedo la superficie de piel. “No es lo que te imaginaba conduciendo, pero es agradable”.

Dar se contuvo la respuesta y arrancó el coche. “Gracias… A mí me gusta”. Colocó el Lexus para maniobrar y torció a la derecha hacia Bayshore Drive, encaminándose hacia la autopista y llevando a Michelle a su hotel.

Sabía lo que Michelle estaba persiguiendo. Había sido bastante obvio desde el momento en que recogió a la mujer más baja, cuando había señalado la chaqueta de Dar y había alabado su perfume. Y ella, por supuesto, creía que Dar iba a ser una ansiosa participante.

Dios sabía que antes lo hubiera sido, y con personas menos atractivas que Michelle Graver, que era atractiva, experimentada, muy sensual y ciertamente con más mundo que la dulce e insegura Kerry.

Kerry había dicho, con una cálida mano en su brazo mientras se separaban en el aparcamiento. “Dar, pásatelo bien… No te controles si no quieres”. Incluso había sonreído. Así que todo estaba bien, ¿verdad?. Kerry entendía que eran sólo negocios, que a ella realmente no le gustaba Michelle, que sólo era... parte del trabajo.

Kerry lo entendía. No era como si significase algo, y sería un rápido y relativamente entretenido momento. Michelle se marcharía feliz y nadie saldría herido.

Giró enfrente del Hyatt y estacionó el Lexus, medio girándose hacia Michelle mientras la mujer más baja la miraba con cálida especulación. “Ya estamos aquí.”

Una sonrisa comenzó a formarse en el rostro de Michelle. “¿Subes?”. Su voz era baja y segura. “Me encantaría continuar nuestra conversación”.

Dar ahogó un respiro para contestar y después saltó cuando sonó su teléfono móvil. Lo sacó y lo abrió, mostrando a Michelle una mirada de disculpa. “¿Sí?”.

“Dar… soy Mark... tenemos un problema gordo”. La voz del jefe de MIS retumbó en su oído.

Era la excusa perfecta. La cogía de imprevisto y no dejaría sintiéndose rechazada a Michelle, que la observaba interesada. “Espera un momento, Mark.” Puso en mute el teléfono y se giró hacia la mujer más baja. “Por mucho que aprecie la oferta, Michelle, y lo hago, me temo que he de declinarla”.

Una perfecta ceja pelirroja se elevó. “¿Problemas?”. Indicó al teléfono.

Dar se encontró con sus ojos. “No, pero estoy con alguien, y éste no es mi estilo”. Maldición, qué bien sentaba el decirlo. Suspiró para sí mientras la cara de Michelle se endureció con una furia oculta.

Dio un portazo al salir y Dar se apoyó en el asiento, sabiendo que acababa de provocarse un montón de problemas.

Era alucinante lo increíblemente bien que se sentía. “Vale Mark… ¿qué tenemos?”. Arrancó el Lexus y se alejó de la torre marrón.

Kerry casi no consiguió llegar a la puerta mientras el teléfono sonaba por cuarta vez, sus patines resbalaron en las baldosas de la entrada y la lanzaron de un golpe a través de la habitación. “¡Jesús!”. Gritó, mientras su cuerpo empapado de sudor golpeaba un lado del sofá y agarraba el instrumento que sonaba. “¡Yow!”. Aterrizó sobre su trasero y perdió el teléfono, después se arrastró detrás de él y finalmente lo capturó. “¿Hola?”. Masculló en él, intentando tomar aire.

Una pausa. “Hola”. Una cálida y vibrante voz le respondió, con un toque burlón.

Cada pizca de tensión de repente salió del cuerpo de Kerry, dejándola sin energía como un húmedo trapo en el suelo. “Ey… lo siento”. De fondo podía oír música débil sonando, a parte de eso, estaba bastante silencioso donde Dar se encontraba. Miró el reloj. Las once. Hmm. Su ánimo creció después de haber estado bajo suelo toda la noche. Parece que las cosas no funcionaron. Sintió como una sonrisa asomaba a sus labios. Qué pena.

“¿Estás bien?”. Inquirió Dar gentilmente.

“Estoy mojada, exhausta, cabreada, y ahora tengo el trasero magullado”. Replicó Kerry . “A parte de eso, estoy genial. ¿Qué tal tú?, ¿cómo fue la cena?”.

Una dulce risita. “Penosa... Creo que puedo haber mandado una muy importante relación con el cliente derecha al infierno”. La ejecutiva suspiró. “¿Por qué estás cabreada, sin mencionar mojada y exhausta?”.

Kerry cruzó las piernas y miró al techo gotelé de color blanco. “Oh… bueno, estaba patinando.”. Explicó. “Mi madre llamó y le di la noticia de que no iba a volver para quedarme allí. Me colgó”.

“Ah”. Murmuró Dar. “Lo siento”.

“Yo no”. Replicó Kerry. “Pero me cabreó de veras... y yo…”. Dudó. Ya estaba tensa... no, no necesita saber eso. “Decidí liberar un poco de energía patinando”.
“Mm… ya veo. Pareces cansada”. Comentó Dar. “Debería… um… dejarte dormir un poco”.
Hubo un momento de silencio. Kerry rodó sobre sí y puso el teléfono contra su oído. “¿Dónde estás?”.

Un suave ruido de risitas y después Dar dejó escapar una carcajada. “Fuera, en tu aparcamiento”. Admitió.

“¡Dar!”. Kerry sintió una risa formarse y su malhumor desapareció. “Entra dentro, Jesús, no seas payasa... Puedes ayudar a levantarme. Creo que me he roto el trasero”. A través de la puerta medio abierta oyó el sólido sonido de una puerta de coche cerrarse, después unos suaves y rítmicos pasos que reconoció como los de Dar. Se giró y vio la puerta abrirse y la morena cabeza apareció inquisitiva. “Hola”. Meneó un pie con el patín puesto hacia la mujer alta.

Dar se puso las manos en las caderas y bajó la vista hacia ella, con una ligera y juguetona sonrisa en los labios. “¿Siempre vas a patinar medio desnuda?”. Inquirió, parpadeando apreciativamente ante los pantalones cortos y la camiseta cortada. “Podrías liarme para intentarlo en ese caso”.

“Ja, ja, ja”. Kerry sacó la lengua. “No… no lo hago… pero el resto está en la lavandería. Por alguna razón no he podido hacerla esta semana”. Una pausa. “Todavía”.

La mujer morena se quitó la chaqueta y se unió a Kerry en el suelo, estirándose a su lado y apoyando la cabeza sobre una mano. Había cambiado su traje por unos vaqueros y una camisa de algodón y parecía relajada y ligeramente desarreglada.

Justo como a Kerry le gustaba. Sonrió. “Así que… ¿va Michelle a mandar al Tío Scrooge detrás de tí o algo así?”.

Dar se encogió de hombros. “Puede… ya veremos… Será mejor que mande una nota al equipo de la cuenta y les prevenga de que probablemente se comportará como una bruja en tacones con ellos.”. Se calló y miró las llaves en su mano. “Es demasiado malo, pero…”.

Kerry rodó y se encaró con ella. “¿Pero qué? Dar, perdona que diga esto, pero esa mujer es una cerda”. La mujer rubia frunció las cejas. “Iba detrás de ti como una… una…”.

“¿Un tío cachondo?”. Inquirió Dar, con un gesto cómico en los labios. “A lo mejor es el síndrome de la mujer baja del que he oído hablar”.

“¡Ey!”. Kerry le echó una mirada. “¡La gente baja no tiene síndromes!”. Protestó. “Sólo estamos siempre cabreados porque no alcanzamos las estanterías de la cocina”.

Dar se rió con ganas. “Bueno, tú eres más alta que ella”.

Kerry lo consideró. “Sí, lo soy, ahora que lo pienso… Sabía que había algo que me gustaba de ella”.

“También eres mucho más guapa que ella”. La mujer alta continuó, su voz amable. “Por fuera y, ciertamente, por dentro”.

Su compañera se sonrojó y bajó la vista. “Gracias”. Replicó suavemente. “Me alegra que pienses eso”.

Dar la estudió por un momento. “Tu madre estuvo brusca, ¿eh?”. Cubrió la mano de Kerry con la suya. “Siento que hayas tenido que pasar por eso… Sé que es duro”.

Kerry miró la mano sobre la suya, y dejó que sus dedos explorasen un poco la superficie. “Dar... no iba a decir esto pero... ¿sabes? Una de las cosas malas entre mis padres y yo es que nunca nos comunicamos… Y no quiero empezar de este modo contigo”. Alzó la vista. “Me alegro muchísimo de que no te hayas ido con ella esta noche. Realmente me molestaba”.

Unos ojos azules parpadearon. “¿En serio?”. Las palabras eran suaves. “Me alegro de que me lo hayas dicho”. Dar levantó las manos unidas y rozó sus labios contra ellas. “Me quedé un poco... sorprendida… cuando me dijiste que siguiese adelante… Me hizo sentir…”. Paró y meneó la cabeza. “Casi decepcionada”. Admitió.

“Oh”. Kerry pensó sobre eso. “¿De veras?”.
Dar afirmó. “De veras”.

“Hmm… yo…”. Kerry se mordió el labio. “Pensé que no debía ponerme… um… en plan ‘¡no la toques!’ Quiero decir que podríamos acabar en Jerry Springer o algo así”.

Una sonrisa traviesa se formó en los labios de Dar. “Kerry, deja que te diga una cosa: hubiera pagado mucho, mucho dinero para verte aplastarle las manos... La próxima vez que alguien me fuerce a salir, tú vienes conmigo”. Una pausa. “Bueno… ¿qué ha pasado con tu madre?”. Se encontró con unos sorprendidos ojos verdes. “Odias hablar de ellos, ¿no?”.

Kerry suspiró. “Sí, lo odio…”. Miró a Dar con disgusto. “Ojalá a veces pudiese olvidar que los tengo”.

El teléfono sonó y Kerry casi se muere del susto, ya que estaba apoyado en su estómago.

“Jesús...”. Lo cogió y presionó el botón de respuesta. “¿Hola?”.

“Hola hermanita.” La voz de su hermana Angela sonaba entre nerviosa y divertida.

“Oh… hola Ángela”. ‘Mi hermana’, le dijo gesticulando con los labios a Dar. “Déjame adivinar… Estoy siendo el tema de conversación esta noche”.

Dar rodó sobre sí misma y apoyó la cabeza en la barriga de Kerry, sus ojos en la cara de la mujer más pequeña.

“Dios mío, Ker... en nombre del Señor, ¿qué les has hecho? A mamá está a punto de darle un ataque en medio de la cocina... No estás embarazada, ¿verdad?”.

Dar elevó la cabeza y toqueteó la superficie en la que estaba apoyada, haciendo reír a Kerry suavemente.

“Nop”. Susurró.

“No…”. Kerry se acercó y le hizo cosquillas en la nariz a Dar. “Es sólo que estoy muy feliz donde estoy y que no quiero volver a Michigan… ¿Es eso un crimen?”. Exhaló. “Vamos, Angie… Tengo un trabajo genial y todos mis amigos... Lo del estúpido avión fue un accidente por el amor de Dios”.

Un suspiro. “Ker, esto no es divertido, ¿vale? Papá ya está hablando de cosas… Ten cuidado, ¿vale? Ya sabes como se pone”.

Kerry sintió una familiar sacudida de miedo en el pecho. “Sí, lo sé”. Contestó despacio. “¿Cómo van las cosas?”.

“Bien”. Su hermana respondió de forma calmada. “Lo mismo de siempre… Richard está fuera con los amigos, yo estoy aquí... ya sabes como va esto.” Paró. “Echo de menos tenerte alrededor… pero honestamente, Ker… no te culpo por quedarte lejos”.

“Bueno, te veré la semana que viene, supongo”. Replicó Kerry. “Si no me dejan fuera de la casa, claro está… A lo mejor ya se han calmado para entonces”.

“Lo dudo… Pero me alegraré de verte de todos modos... Si te lo hacen pasar mal puedes quedarte con nosotros”. La aconsejó Angela. “¿Cómo te van las cosas a ti? ¿Has encontrado a alguien… um… quiero decir… bueno, ya sabes”.

Kerry sabía. Le había contado a Angela la última vez que estuvo en casa acerca de las cosas que había descubierto sobre sí misma. Su hermana pequeña había estado mucho más comprensiva de lo que ella había creído posible, y esa era una de las pocas cosas que echaba de menos al estar lejos de casa. “Sí”. Comparó sus dedos con los de Dar. “De hecho he encontrado a alguien”.

“Ah…” Suspiró Angela. “Así que esto no tiene nada que ver con el trabajo, ¿no?”.

Kerry se rió suavemente. “En cierto modo, sí que tiene que ver”. Admitió. “Te lo contaré cuando llegue ahí… Es una historia muy larga”.

“Trae fotos”. Su hermana la advirtió. “Quiero asegurarme que mi hermana no está liada con alguna loca sacrificadora de cabras latina ”.

Los ojos de Dar se agrandaron mientras escuchaba y levantó la cabeza enfadada. “¿Sacrificadora de cabras?”. Dijo con los labios.

“Shh...” Kerry puso la mano en sus labios. “Nada de eso, Angie”. Le aseguró. “En serio”.

Una pausa tensa. “¿Estás sola?”. Le preguntó Angela dubitativa.

Kerry dejó salir aire de los pulmones. “No”.

“Oh”. Fue la vacilante respuesta. “Bueno, entonces debería dejarte... Debes estar… um… ocupada”.

Unos ojos azules y unos verdes se encontraron y bajaron. “De hecho acabo de volver de patinar...”. Kerry se aclaró la garganta. “Estabamos sentadas y hablando… pero… escucha… Vigila a los viejos por mí, ¿de acuerdo? Me gustaría saber si me voy a adentrar en el infierno la semana que viene”.

Angela suspiró. “De acuerdo… lo haré... cuídate Kerry, ¿vale?”.

“Lo haré… tú también, Angie… Te veo la semana que viene.” Le dijo a su hermana. “Buenas noches…”.

Colgó y dejó el teléfono en el suelo. “Mi hermana”.

Dar siguió con el tema. “Parece simpática... ¿Seguro que no sois adoptadas?”.

Kerry resopló suavemente. “Se me ha pasado por la cabeza, créeme”. Extendió la mano y acarició el pelo de Dar. “¿Quieres leche chocolatada? Una poca me ha seguido desde la tienda hoy”.

“Claro”. La mujer alta se levantó y estiró una mano hacia abajo. “Vamos… Creo que están poniendo al amante de los cocodrilos en la tele”. Agarró el brazo de Kerry y la levantó, sonriendo al ver que los patines habían aumentado la estatura de su pequeña compañera. “Mm…buena posición”. Se agachó un poquito y besó los labios que la esperaban, sintiendo las manos de Kerry descender y descansar contra su cinturón.

“Oh, genial…”. Kerry se divertía, entrelazando sus dedos en la hebilla y situándose más cerca. “Estoy destinada a pasarme la vida en patines”. Los brazos de Dar se cerraron entorno a ella y con ganas dejó que su cuerpo se relajase contra el de su compañera.

“¿Sacrificadora de cabras? ¿Qué clase de historias le has estado contando a tu hermana?” Dar respiró en su oído. “¿No la habrás estado asustando con cosas sobre la Santeria y el Chupacabras, verdad?”.

Kerry dejó que su cabeza se apoyase contra el hombro de Dar. “No… Ha estado viendo las repeticiones de Miami Vice en el cable otra vez”. Una pausa mientras las dos se absorbían silenciosamente. “¿Que vas a hacer en Acción de Gracias?”.

“Podrías invitarme a tu casa contigo”. Bromeó Dar, viendo una mirada ansiosa cruzar la cara de Kerry. “Estoy invitada en la casa del General Eaton, ha sido un buen amigo y una especie de tío para mí desde que era una niña”.

Kerry la acarició cariñosamente. “Bien… Me alegro. No me hubiese gustado nada que estuvieses sola... Eso está en Washington, ¿no?”.

Un asentimiento. “En Maryland, más concretamente… justo en la frontera... Me ha prometido hojas que no sean verdes y la oportunidad de un poquito de nieve”.

“Mm”. Kerry mordisqueó su mandíbula. “Te llevarás el móvil, ¿no?”.

Dar se echó para atrás y la observó seriamente. “Si te metes en problemas con tus padres… llámame, Kerry… Estaré allí, ¿de acuerdo?”. Hizo una pausa. “El móvil… oh mierda... eso me recuerda… necesito conectarme. Mark, convenientemente me interrumpió cuando estaba dejando a Michelle y me dijo que teníamos una brecha en la seguridad”.

“Ugh…”. Kerry se sentó en el sofá y empezó a desabrocharse los patines. “¿Los ha cogido?”.
“Sí. Pero soltaron un paquete en la network... Estaba siguiendo la pista cuando me llamó. Iba a rastrearlo para descubrir de dónde había venido”.

“Tú misma”. Kerry señaló el escritorio. “Yo iré a por leche y galletas…”. Se levantó y se inclinó sobre la espalda de Dar, viendo como iniciaba la sesión. “Y enciende al cocodrilo ése”. Obtuvo un dulce e insistente beso por ello, y cerró los ojos cuando Dar se medio giró para continuar con la presión. Que te den Michelle… Espero que pases la noche entera con tu almohada y con una barra de pan.

La noche estaba definitivamente mejorando.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 10th 2012, 12:15 am

Duodécima parte

“Mira, no me importa lo que él diga... Ese circuito no estará completado en 10 días”. Declaró Dar por sexta vez. “Ni siquiera si conduzco hasta Tampa personalmente y pateo en el culo al equipo de telco, así que olvídalo”.

“Pero Dar...”. Protestó la voz al otro lado del teléfono. “Han pasado dos meses... ¡están que trinan!”.

La mujer morena exhaló. “No es nuestra culpa que sufrieran una inundación y perdieran un CO completo, Brendan... Estamos presionando a telco tan fuerte como podemos, ¿vale?”. Miró el reloj. ¿Solamente las once y media? Maldición... Sentía como si hubiera estado ahí ocho horas ya. “Tienen que reconstruir la rotura, la grieta... escucha, diles que eso es bueno. Conseguirán nuevas líneas”.

Brendan suspiró. “De acuerdo... Veré si puedo calmarlos con eso... pero hazme un favor, y presiona un poco más fuerte, ¿huh?”.

“Veré lo que puedo hacer”. Prometió Dar, luego colgó y regresó a su correo. “Maldición... Debe haber unos 300 mensajes ahí...” Comenzó por el primero, un informe de Mark sobre el misterioso paquete de la noche anterior. “Alguien buscando el objetivo de la empresa, ¿eh?”. Examinó la huella. “Desde un link externo… huh…”. Era una solicitud de información buscando datos específicos y mientras vaciaba los desechos se envaró.

“Vaya, vaya”. Su nombre y el número de la seguridad social. “Hijo de puta”. Cogió el teléfono y marcó el número de Mark, esperando mientras sonaba hasta saltarle el contestador de voz. “Mark, soy Dar. Necesito saber de dónde llegó esto”. Colgó, dejó el asunto de lado y pasó al siguiente mensaje.

El teléfono sonó. “¿Sí?” Un toque de impaciencia asomó a su voz.

“Dar, tienes a Mariana en la *número uno*”. Dijo María a través del interfono. “Dice que es urgente”.

La mujer morena sintió una punzada en el estómago. “De acuerdo... la cogeré... gracias”. Tamborileó con los dedos un momento, luego apretó el botón. “Hola Mariana… ¿qué ocurre?”.

“Dar, necesito hablar contigo”. La formalidad de su voz despertó alarma en la mente de Dar. “Ahora, por favor”.

Mierda. “Mariana estoy en medio de una docena de incendios aquí... ¿qué pasa?” Objetó cautamente.

“Por favor, baja aquí”. La Vicepresidenta de Personal declaró seriamente. “Necesito mostrarte algo”.

Dar suspiró internamente. “De acuerdo... Ahora mismo voy”. Colgó, luego se levantó y se puso la chaqueta, pasándose una mano por el pelo para ordenarlo. “Puedo imaginarme de que se trata”. Murmuró suavemente mientras se dirigía hacia la puerta.

Momentos después llamaba suavemente en el marco de la puerta que daba a la espaciosa oficina de Mariana, dirigiéndole a la mujer una inclinación de cabeza cuando la miró. “Como pediste”.

“Cierra la puerta”. Dijo Mariana, en un tranquilo y serio tono.

Dar así lo hizo, luego atravesó la alfombra y se sentó en la silla de las visitas frente a la suya aparentando una tranquilidad que realmente no sentía. “Bueno, ¿qué ocurre?”.

La morena le tendió un sobre color manila. “Me han entregado esto a través de un mensajero”.

Dar extendió el brazo y cogió el sobre, abriéndolo por la parte superior y sacó un paquete de fotos 8x10. Miró la primera de ellas y empezó a reír. “Bueno, esto era predecible”. Ojeó las otras, para después dejar el montón de fotos frente a su amiga. “¿Y?”.

Mariana se inclinó hacia delante. “Dar”. Puso un dedo sobre las fotos. “¿Qué está pasando?

Dar también se inclinó hacia delante. “¿Con qué? ¿10 fotos de dos personas en Disney World?”. Dejó que un tono de incredulidad asomara en su voz. “¿Hay algún problema con eso?”.

“Éstas no son dos personas, Dar... ésta eres tú y una empleada tuya”. Declaró Mariana calmadamente. “Debo decirte que esto es algo muy serio”.

La alta mujer dejó escapar un bufido. “Cálmate, Mari... No va en contra de la política de la empresa tener un par de horas libres”.

“Dar”. Mariana se levantó y se apoyó sobre las manos. “¿Qué está pasando contigo? ¿Entiendes lo que estas fotos parecen?” Cogió la primera del montón y se la mostró. Era una buena toma, un poco borroso, de ella y Kerry en la Montaña Espacial, sus brazos abrazando cómodamente a la pequeña mujer y ambas estaban sonriendo.

“Parecen dos personas pasándoselo bien”. Contestó Dar calmadamente. “Lo cual es lo que era... No estoy segura de que me agrade lo que insinúas”. Ella también se levantó, dejando mostrar cierta ira. “Mira, sé que esto romperá por completo la estructura de la corporación, pero es posible que haya alguien en mi equipo que no me odie a muerte… raro, pero ahí lo tienes. ¿Cuál es el maldito problema, Mari?”.

“¿Me estás diciendo que no hay nada entre vosotras?”. Replicó Mariana. “¿Es eso lo que estás diciendo?”.

“No...”. Contestó Dar, su tono de voz descendiendo peligrosamente. “Ciertamente hay algo entre nosotras... Se llama amistad, Mariana... ¿o piensas que no soy capaz de eso?” Estalló. “¿Crees que cada vez que hablo con alguien tengo que acostarme con ellos? ¿¿Es eso??”.

Mariana se echó un poco hacia atrás, mirándola con incertidumbre. “Vale... vale... cálmate Dar. Levantó las manos. “Intento protegerte y, más importante, proteger a Kerry... Ése es mi trabajo, ¿recuerdas?”. Apartó la mirada de los helados ojos que la observaban. “Así que... sois amigas ¿es eso lo que me estás diciendo?”.

“Sí”. Contestó Dar. “No suelo encajar con mucha gente, Mari... lo sabes. He tenido suerte… De hecho, puedo pasar tiempo con ella sin querer estrangularla hasta matarla. ¿Es eso un crimen?”.

“Pasáis tiempo juntas”. Aclaró la morena, cautelosamente.

“Claro... Hemos cenado un par de veces, vamos juntas al gimnasio... Es una buena chica y me agrada mucho." Respondió Dar.

La Directora de Personal se relajó un poco. “Lo siento”. Dijo sin más, encontrando sus ojos avellana los de Dar y proyectando culpabilidad. “Dar, tú y yo somos amigas... y sé cuán aislada te mantienes. Es sólo que...”. Tocó las fotos. “Me asusté por ti ¿vale?”. Suspiró. “Hay gente que tomaría cualquier oportunidad para ir detrás de ti... y no quiero ver que eso ocurra”.

Ahora, Dar se relajó un poco y exhaló. “Lo sé...”. Agitó la cabeza. “¿Sabes de dónde han llegado?”.

Mariana parpadeó. “De Disney World, creo... no estoy segura... ¿había alguien tomandoos fotos mientras estuvísteis allí?”.

“Son un poco de la malicia de Michelle Graver”. Respondió Dar, con una sonrisa sin pizca de humor. “No me acosté con ella, así que ésta es su manera de responder”.

Mariana se envaró y dejó escapar un leve quejido. “Estás bromeando”.

“No”. Contestó Dar. “Prácticamente la tuve que echar fuera de mi coche anoche”.

“Menuda…”. La pequeña mujer miró con disgusto las fotos. “Dar... Eso es horrible”.

La mujer morena se levantó y paseó hacia la ventana, apoyó las manos contra el cristal y miró fuera. “Sí... lo sé”. Resopló suavemente. “Imagina... finalmente consigo desarrollar una conciencia ¿y qué consigo por ello?”.

Mariana la estudió por detrás, luego se levantó y se unió a ella en la ventana, poniendo una mano sobre su brazo. “No era eso lo que quería...”. Suspiró, perpleja por la situación. “Dar, escucha, en cierta medida, esperaba a medias que fuera cierto”.

Sobresaltados ojos azules se giraron y la miraron. “¿Qué?”

“Te conozco desde hace años... y es como si no te conociera, Dar... Sólo nos dejas ver pequeñas partes y piezas de quién eres... y he estado muy preocupada por ti”. Dijo la pequeña mujer tranquilamente. “Te presionan demasiado… y me preocupaba bastante saber que tú realmente no tenías a nadie con quien compartirla... aparte de este estúpido trabajo, ¿vale?”.

Cautamente, Dar la observó. “¿Qué estás diciendo?”. Entrecruzó los brazos y se apoyó contra el cristal, el sol bañándolas a ambas y dividiendo la tranquila oficina en dos.

“No te enfades conmigo”. Mariana puso una mano sobre su brazo. “Pero he visto un gran cambio en ti en el mes pasado y, para ser completamente honesta, esperaba que hubieras encontrado a alguien con quien poder compartir tus pensamientos y sueños”.

No quería mentirle a Mariana. La mujer había sido su amiga durante años... pero esto... Dar suspiró. No quería que la ejecutiva de personal tuviera su propia crisis de conciencia, anteponiendo su amistad con Dar a su trabajo. Pensó rápidamente. “Tengo un montón de cosas en la cabeza últimamente...”. Eligió las palabras con cuidado. “La menor de las cuales no ha sido mi salud”.

Eso dejó fuera de lugar a la pequeña mujer, ahora sus ojos se ensancharon con sincera preocupación.

“Te hablé sobre mis dolores de cabeza... Bueno, cuando me examinaron, encontraron algo irregular en mi corazón”. Le dijo Dar. “Fui a hacerme algunas pruebas... y créeme Mari... estaba muy preocupada. Mi padre murió por una válvula defectuosa”.

“Oh, Dios mío”. Mariana dio un paso hacia ella. “¿Qué pasó?”.

Dar agitó la cabeza. “Salieron bien... de algún modo... realmente no estoy segura ni yo misma pero... era un temor que tuve durante largo tiempo... Realmente me alivió quitarme ese peso de encima”. Miró a la alfombra y tocó con el pie un pedazo de la tela. “Creo que por eso estoy un poco más relajada últimamente... Eso y el que me dijeran que mejor me lo tomase con más calma o arriesgarme a tener serios problemas con esos dolores de cabeza”. Hasta aquí, todo era verdad. Sólo que no era toda la verdad.

“Dar, me lo tenías que haber dicho... hubiera podido...”.

“Qué, ¿arreglártelas para que no hubiera más crisis?”. Preguntó Dar blandamente. “Aquellos dos días en Orlando vinieron en el momento adecuado. Lo que realmente me fastidia es que alguien haga fotos de algo tan normal y lo haga parecer como si estuviésemos...”. Dar agitó la cabeza tristemente. “Maldición”. También cierto. En el parque, a ninguna de las dos se les pasó por la cabeza pensar sobre una relación romántica.

“Dar, no te preocupes por eso”. Respondió Mariana calmadamente. “Las haré trizas”.

Dar lo consideró, luego permitió que una ligera sonrisa cruzará sus labios. “No... déjamelas”. Discrepó. “Tengo una idea mejor”. ¿Piensas que me has cogido, eh, mosquita?. “Mira... Mari... siento haber gritado. Tenías todo el derecho a llamarme la atención sobre el tema... Podría ser el infierno para todos si se nos va de las manos”.

Mariana le dio unas palmaditas en el brazo. “Podría haberlo hecho de otro modo... Supongo que estaba sorprendida. Bueno, no sorprendida sino...”. Caminó al otro lado y recogió las fotos hojeándolas, luego observó a Dar, quien estaba mirando hacia fuera por la ventana. Sus ojos descendieron de nuevo hacia la primera de las fotos, observando la relajada y feliz mirada en la cara de la alta ejecutiva mientras abrazaba a la rubia Kerry contra ella. “De todos modos, y cambiando de tema, estoy esperando con placer la cena de esta noche... ¿lo recuerdas, verdad?”.

Dar se volvió y asintió. “Lo recuerdo... y Kerry me dijo que también aceptaba tu invitación... Será divertido”. Se alejó del cristal y caminó hacia su amiga, extendiendo una mano. “Dámelas… Voy a publicar estas malditas fotos en servidor interno de la web... Ups, el periódico mensual está al salir”.

Mariana parpadeó. “¿Qué?”.

Una sonrisa. “Me aseguraré que Michelle reciba por correo una copia de esa página”.

“Tch... Dar”. La Vicepresidenta de Personal evitó hacer una mueca. “Le enviaré una nota dándole las gracias, ¿qué te parece? A mano”.

Dar rió suavemente. “Ey... sería un bonito detalle”. Alzó una mano. “Tengo una pila de urgencias sobre mi escritorio... Te veré esta noche, Mari”.

“Mm... te veo esta noche amiga mía”. Agitó una mano a modo de despedida mientras Dar salía, luego se sentó y jugó en silencio con una pluma durante varios minutos. Entonces un suave golpe vino desde la puerta. “Entre Vous”. Dijo en alto, sin sorprenderse cuando entró Duks y se sentó en una esquina del escritorio.

“¿Bien?”. Él alzó una ceja al preguntarle.

“Bueno, casi consigo que me arranque la cabeza y conseguí algo aparentemente bueno del tema pero ¿sabes qué, Dukky?”

“¿Qué?”. Cruzó los brazos sobre el pecho.

Ambos estallaron en una canción. “¡¡¡Hay algo ahí que antes no había!!!”.

La puerta se abrió y José asomó la cabeza. “¿Estábais cantando?”

Dos solemnes caras lo miraron. “¿Qué?”. Preguntó Dukks arqueando las cejas.

“¿Cantando?”. Mariana lo estudió. “José utiliza el seguro de sanidad y revisa tus oídos, ¿de acuerdo?”. Agitó la cabeza desaprobadoramente. “¿Necesitabas algo?”.

El zoquete Vicepresidente de Ventas les dedicó una maligna mirada. “Mi maldito administrador regional de cuentas nuevo, de hecho... ¿me vas hacer esperar hasta el año que viene?”. Se quejó “¿O tienes que ser Dar Roberts para conseguir que se hagan las cosas por aquí?”.



“No, Peter”. Dar apoyó un codo sobre su escritorio y cerró los ojos. “No voy a soltar eso, así que tendrán que esperar”. Se separó el teléfono de la oreja cuando un grito de rabia salió por él. “Uno más así y cuelgo”. Contestó seca al teléfono. “No tengo tiempo para esta porquería, Peter”.

“Me estás saboteando, joder”. Contestó él, frustrado.

“No seas estúpido”. Replicó Dar. “¿Por qué iba a hacer eso?. Tú lo haces muy bien solito”.

“Puta”. La conexión se cortó y Dar exhaló, con mueca irónica.

“Tonto”. Murmuró volviendo su atención al monitor y pinchando sobre otro mail. La puerta trasera se abrió y alzó la mirada para ver a Kerry entrar con una bolsa marrón en las manos. “Ey”.

La mujer rubia se acercó, dejó la bolsa sobre la mesa y se reclinó sobre el borde del escritorio. “Hola”. Dobló el extremo de su falda color burdeos y después entrecruzó las manos.

“¿Qué es eso?”. Dar rozó la bolsa con su bolígrafo.

“La comida”. Replicó rauda Kerry. “Tuve que ir al banco durante la mía… Y supuse que seguirías aquí encerrada, así que…”.

Dar golpeó de nuevo la bolsa. “No será nada con brotes de alfalfa o así, ¿verdad?”. Miró a hurtadillas a la pequeña mujer.

“Oh… sí, seguro”. Rió Kerry. “Como si… no, es un sandwich de queso y patatas fritas”. Miró al monitor del ordenador. “Madre mía… y yo que pensé que tenía muchos correos… ¿qué es todo eso?”.

Dar estaba investigando su comida y sacó una patata, para masticarla con alegría. “He dejado las cosas de lado por unos días… Supongo que todo se me ha juntado hoy… Oh, sí”. Sacó el sobre color manila de su recipiente para correos entrantes y se lo acercó a Kerry. “Mira lo que ha recibido hoy Mariana… de nuestra amiga Michelle”.

Kerry sacó las fotos y aspiró una bocanada de aire con sorpresa. “¡Dios Santo!”. Se le escapó por la sorpresa. “¿Dónde dem… oh”. Se dio cuenta que debieron ser fotografiadas por cámaras ocultas. “Que cerda”.

Dar miró, mordisqueando otra patata. “No… ése es el Pato Donald”. Señaló la fotografía. “No tienen ningún personaje de cerda”.

Kerry simplemente se la quedó mirando. “¿Quién recibió esto?”. Preguntó quedamente.

“Mariana”. Contestó Dar. “Yo… um… me llamaron para regañarme por ellas, más o menos”.

“Hmm… bueno, no es que sean nada importante… Quiero decir, Jesús, Dar…”. Se le fue apagando la voz. “¿Estamos en problemas?”.

Estamos. Dar se dejó abrazar por la palabra y recordó lo que había dicho Mari. “No lo sé”. Murmuró. “Mariana cree que hay algo por medio… Yo… le di largas más que otra cosa”. La miró de forma huidiza. “Sin embargo, tendremos que tener cuidado esta noche, no es fácil engañarla”.

“Oh”. Kerry consideró el problema en pensativo silencio. “Es una amiga tuya, ¿verdad?”.

Dar asintió de forma queda. “Sí, lo es”.

La pequeña mujer arrugó el entrecejo. “Creo que te sentirás mejor si se lo cuentas”. Una pausa. “Porque creo que de todas maneras lo sabe… tan sólo por como me estaba hablando el otro día”.

Dar masticó una patata. “Yo también creo que lo sabe… Simplemente odio meterla en… o a Duks, de paso, en una situación incómoda. Es la directora de personal y esto es parte de su trabajo… No sé, Kerry”.

“Mm”. Kerry le robó una patata. “Piénsalo… ¿vale?”. Cambió el tema. “Son unas fotos bonitas… ¿me puedo quedar con una?”.

Dar sonrió y miró al montón de fotos. “Claro… se las iba a dar a Betty para que las pusiera en la división del periódico”.

La rubia mujer escogió la foto donde estaban las dos juntas en la montaña rusa y le devolvió el resto. “Me gusta ésta”. La miró. “Realmente tenía ganas de preguntarte si te apetecía volver a montar en esa maldita cosa”.

Dar rió. “Yo casi lo hice”. Admitió. “Ey… se supone que este fin de semana va a hacer bueno… ¿Te apetece pasar un rato en el agua?”.

Kerry la miró con ojos alegres. “¡Sí!”. Accedió rápidamente. “Tengo mi primera clase de submarinismo el sábado por la mañana… ¿qué tal si salimos después de comer?”.

“Me parece bien”. Asintió Dar. “Tendrás a todos esos muñecos de nieve celosos de tu moreno, eso seguro”. Sacó una mano y acarició la rodilla de Kerry suavemente. “Creo que voy a llamar a Mariana para que cambie el lugar de la cena… dos noches seguidas…”.

Kerry inspiró fuertemente. “Jesús, olvidé que la llevaste allí… ¿tienes algún otro lugar en mente?”.

Dar meneó la cabeza, después marcó el número de teléfono. Sonó dos veces antes de que Mariana contestase. “Mari… oye, ¿te importaría un cambio de planes esta noche?”.

Escuchó papeleo y un suave murmullo de fondo que no pudo identificar, entonces Mariana se aclaró la garganta. “No… no, de hecho, Dar… estaba a punto de llamarte… hay un nuevo restaurante Tailandés en el norte de Miami al que Duks se muere por probar”.

Ojos verdes y azules se encontraron. Kerry se puso un dedo en la nariz, puso cara cómica y sacó los dientes, olisqueando. “Huelo a rata…”. Dijo sin voz.

Dar ahogó la risa. “Claro… pero Mari, no sabía que te gustara esa comida”. Estuvo de acuerdo con Kerry, su pulgar seguía acariciando de forma ausente la piel de Kerry.

“La vida es breve, Dar… cualquier momento es válido para probar algo nuevo… Además, a Duks le encanta y me ha jurado que el pollo realmente es solo pollo”.

“De acuerdo… Me parece bien”. La morena mujer se relajó con beatífica expresión en el rostro. “A mí me gusta la comida tailandesa”.

“Oh… Supongo que mejor le pregunto a Kerry… quizás a ella no…”. Mari suspiró.

“No, le gusta”. Contestó sin pensar Dar, entonces se golpeó la cabeza con la mano e hizo girar los ojos mientras Kerry se tapaba la boca rápidamente con la mano. “Jesús… Me ha pillado”. Murmuró sin voz. “Estuvimos hablando de ello el otro día”. Añadió al teléfono. “Tuvimos el debate de ‘si es gato o no’”.

Kerry se dobló de la risa y se apoyó en el escritorio.

“Oh… Vaya, eso es genial”. Dijo Mariana con presunción. “Tan sólo seremos nosotros cuatro… está cerca de la US 1, Dar… justo antes de las señales”. Una pausa. “Entonces, ¿se lo dices tú a Kerry?”.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 11th 2012, 5:15 pm

Dar suspiró y se cubrió los ojos, sin poderse creer que Mariana la dejase escapar tan fácilmente. “Claro… yo le digo”. Accedió torcidamente mirando a la ya compuesta rubia, cuyos vivos ojos verdes la miraban joviales. “Nos vemos”. Colgó y alzó las manos, dejándolas caer con disgusto. “Maldita sea”.

Kerry miró hacia la puerta, entonces se reclinó y la besó en la frente. “Estás tan mona cuando te confundes”. Le dijo con una sonrisa.

Dar alzó las cejas. “¡No estoy confundida!”. Objetó, se estiró los puños de la camisa y se sacudió la manga. “Sólo… um…”.

El suave golpe las avisó, y Kerry se deslizó hacia el frente del escritorio, acomodándose en una de las sillas de visita antes de que María asomase la cabeza y las viese.

“Ah… aquí estas, Kerrisita…”. La secretaria entró y atravesó la alfombra. “*Dios mío*, Dar… ¿qué es eso?”.

La ejecutiva se detuvo a medio bocado, disfrutando del sandwich. “La comida… que es lo que parece, ¿el nuevo director de cuentas de José?”. Contestó, pegando un bocado y saboreándolo.

“Tcha… eso es tan malo para ti”. La regañó María. “Kerrisita, tú le das mejor ejemplo ¿no?”.

Kerry se frotó la ceja. “De hecho, yo se lo traje”. Admitió vergonzosa. “Los subterráneos de Miami realmente no tienen nada que sea muy sano María”. Hizo una pausa. “Tan sólo una especie de pasteles griegos…”.

Dar sacó la lengua y después volvió su atención a la pantalla del ordenador. “María, ¿qué es toda esta propaganda en mi correo?”.
“Aie… por eso estoy aquí…”. La mujer mayor se frotó las manos. “Es Mark, empezó una… como lo llaman… una lista de correo”.

Dar pinchaba el ratón con una mano mientras con la otra sujetaba el sandwich. “Oh… vale… por eso los asuntos van desde TCP/IP hasta… “. Miró la lista de correos. “Una receta de huevos al vodka”. Alzó la mirada y después descolgó el teléfono.

“¿Sí?”. Sonó la voz preocupada de Mark, como siempre.

“Sácame de esta jodida lista”. Rugió Dar. “O reenrutaré cada mensaje a un anillo infinito y te los mando a tu correo de voz”.

Silencio mortal. “Uh”. Mark se aclaró la garganta. “¿Puedes hacer eso?”.

“Sí”. Contestó Dar con voz suave como la seda. “Puedo hacer incluso que te suene el busca cada vez”.

“Estás fuera”. Saltó Mark. “No fue a propósito… Estoy probando este nuevo software de listas de correo que es parte de nuestro nuevo servidor… Lo juro”. Se aclaró la garganta. “Escucha, siento no poder ir esta noche… pero le prometí a Barbara que la llevaría en una de esas escapadas marinas”.

“No te preocupes por eso, te alcanzaré la próxima vez”. Le dijo Dar. “¿Alguna suerte en esa búsqueda?”.

Un momento de silencio y después el ruido de teclas. “Vino a través de intranet mediante un link con el esqueleto de Chicago. Parece que alguien se metió vía uno de los centros de milnet. Estoy mandando un query tras su búsqueda”. Murmuró el jefe de MIS. “¿Viste el set de instrucciones en esa cosa?" . Vaciaré a esa bruja por ti… ¡está tu mierda aquí, Dar!”.

“Lo sé”. Replicó de forma queda la ejecutiva. “Estuve mirándolo ayer por la noche”.

Una pausa. “Sí… veo que entraste”. Replicó Mark. “Tu IP entrante es un poco extraño, no es uno de las líneas que sueles usar”.

Dar golpeó suavemente el teléfono con un dedo. “La conexión con el celular estaba actuando… tuve que usar una conexión a tierra”. Comentó. “Oye… ¿puedes rastrear el paquete o no?”.

“Estoy en ello”. Le aseguró Mark. “Nos vemos, Dar”.

La línea quedó muerta. Kerry se levantó y se estiró la falda. “Bueno, tengo una conferencia dentro de cinco minutos… Voy a por algo de té”. Se marchó usando la puerta principal del despacho de Dar.

Dar volvió a su comida. “¿Conseguimos esos contratos?”. Le preguntó a María, mirándola.

“Sabes, Dar… Kerry es una persona tan adorable”. María la sonrió. “Tuviste tanta suerte de encontrarla”.

Las mandíbulas de Dar se detuvieron y estuvo considerando lo dicho por un momento. “Bueno, eso creo”. Contestó finalmente, de manera cautelosa. “Me alegro que te guste”.

María se acercó y le palmeó la mano, entonces sonrió y puso un gesto travieso antes de darse la vuelta y marcharse.

Dar simplemente se la quedó mirando de forma atontada. “¿Qué demonios le pasa a todo el mundo hoy?”. Le preguntó a la habitación vacía.



***

“¿Lista?”. Dar esperó apoyada contra un lado de su coche mientras Kerry se cepillaba el pelo. Los últimos rayos del sol la iluminaron a través del parabrisas y Dar se encontró sonriendo ante la imagen. Estaban fuera del restaurante, en un aparcamiento pequeño y lleno que informaba de la buena calidad del restaurante.

Kerry miró por última vez al espejo retrovisor, colocándose el cabello, entonces salió y se arregló la camisa. “¿Estoy bien?”. Preguntó, dedicándole a su jefa una inquisitiva mirada.

“Muy bien”. Le aseguró Dar. Kerry llevaba unos vaqueros oscuros muy bien planchados y un polo color agua mar debajo de un jersey blanco y ajustado cuyas mangas estaban dobladas hacia medio brazo. “Bueno… ¿lista?”.

Kerry exhaló y estudió a su acompañante, que se había cambiado a unos pantalones marrones y un top rojo, con su chaqueta de cuero sobre los hombros. “Sip… a jugar…”. Jugueteó con la cremallera de Dar. “Te ves bien”.

La alta mujer sonrió y le palmeó el costado. “Y tú… Vamos”. Siguió a Kerry mientras recorrían el aparcamiento. “Me gusta ese jersey”. Admiró los minúsculos pajaros de encaje que estaban en la parte delantera del mismo y descendían por las mangas.

Kerry se estiró ligeramente y sonrió mientras llegaban a la mesa que regía el restaurante. Encontró a Mariana y Duks inclinados sobre la barandilla, y se aclaró la garganta. “Bueno… allá vamos… espero que superemos esto”.

Dar bufó. “No hay problema. Sólo relájate, lo haremos bien”.

“¿Dar?”. Murmuró suavemente Kerry.

“¿Hmm?”. La morena mujer se le acercó un poquito más.

“Quizás deberías quitar tu mano de mi espalda… no es que me moleste, pero…”.

“Cierto”. Dar separó la desobediente mano y saludó con ella a Mariana y Duks mientras se acercaban. “Tan sólo me estaba asegurando que no tropezases en los escalones”.

“Bueno, hola a las dos”. Mariana les sonrió. La Vicepresidenta de Personal llevaba unas mallas y un jersey, y Duks se había cambiado a un jersey azul oscuro y unos pantalones chinos color negro. “Huele genial aquí fuera… entremos”.

Dar les dedicó a ambos una breve inclinación de la cabeza para después seguirles al interior, fijándose en la decoración típica de oro/rojo/negro que los restaurantes orientales debían considerar como imprescindible. La sala era grande, con algunas pequeñas mesas repartidas en el centro, y una plataforma de elevación a lo largo de todas las paredes , conteniendo mesas bajas y almohadones.

Montones y montones de almohadones. Sin sillas.

Fueron conducidos a una mesa al fondo por un camarero sonriente que no dejaba de inclinarse, el cual les indicó que debían quitarse los zapatos y ponerse cómodos. La mesa tenía respaldos tapizados donde apoyarse, y pilas de suaves almohadones de seda que la rodeaban. “¿No es bonito?”. Murmuró Mariana. “Nunca antes había comido en un sitio como éste”.

Se sentaron, una a cada lado de la mesa, y se acomodaron en los cojines. Dar descubrió que era realmente relajante, y empezó a liberar parte de la ansiedad del día, y el conocimiento de que sus dos amigos la estaban mirando con conocimiento de causa. Estiró los brazos sobre los almohadones y les devolvió la mirada. “Bueno… un día de infierno, ¿eh?”.

Duks alzó la mirada de su menú e hizo una mueca irónica. Tenía un rostro duro, con mandíbula cuadrada y un grueso cuello que desaparecía entre anchos hombros que delataban una juventud basada en algo más que hacer funcionar una calculadora. “Si creyese en el Infierno, estaría de acuerdo contigo”.

Kerry se inclinó hacia delante con curiosidad. “¿Es ateo, Sr. Draefus?”.

Le dedicó la mueca a ella. “Duks, por favor Kerry, y sí, lo soy”. Escogió lo que quería de cena para después dejar sobre la mesa el menú. “Descubrí que me hace la vida mucho más fácil”.

“¿Más fácil? ¿Cómo?”. Inquirió la mujer rubia. “Yo pensaría que intentar buscar explicación para todo la haría un poco más complicada… Es tan fácil decir ‘porque Dios así lo dice’”.

“Sí, ¿verdad?”. Coincidió Duks suavemente. “Más fácil porque no tengo expectativas… no tengo nada por lo que vivir, nada por lo que sacrificar mi vida, porque el final, es simplemente… el fin”. Le dijo. “Te detienes y das de comer a los gusanos. Y así la vida es más preciosa, y la disfrutas más, sabiendo que es la única oportunidad que tendrás”.

Kerry se agarró la barbilla con la mano. “Entonces no crees en las almas, ¿verdad?”.

Una sonrisa. “No… creo que lo que tenemos aquí…”. Se señaló el pecho. “Es sangre y músculos, y nada más”. Una pausa. “¿Crees en Dios, Kerry?”.

“Sí, creo… creo que hay un poder superior que dirige las cosas en nuestras vidas… y creo que todos tenemos un alma inmortal”. Contestó seria, Kerry. “Y que el alma continúa vida tras vida”.

“Ah… Ya veo, no una cristiana convencional”. Murmuró Mariana, fascinada. “Yo tuve una educación católica ortodoxa… Y apesta, junto con toda la gloriosa pompa y misticismo que lo acompaña… Todavía me dan escalofríos durante la Misa”. Miró a Duks. “Tuvimos una gran discusión sobre el tema… Él cree que lo superaré si me voy a ver una buena ópera”.

Kerry dejó escapar una risa de sorpresa.

“¿Y tú que, amiga mía?”. Duks se encaró con la silenciosa y observadora Dar. “No creo que hayamos hablado de la gran R (se refiere a la religión)… y no recuerdo que alguna vez dijeses que fuiste a la iglesia, así que…”.

Ojos azul pálido fueron de cara en cara, entonces Dar se encogió ligeramente de hombros. “Mi madre es pagana”. Sonrió de forma traviesa ante las miradas de sorpresa. “Mi padre fue tan baptista sureño como se puede llegar a ser sin tener que manejar serpientes”. Miró la mesa por un momento. “No teníamos nada organizado al crecer yo, tan sólo sabía que ellos creían en algo, no necesariamente lo mismo, pero en algo”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 12th 2012, 8:31 am

“¡Vaya mezcla!”. Dijo Mariana con sorpresa en la voz.

“Cierto… me fijé en eso… creo en algo, pero nunca me he parado a definir qué es ese algo”. Finalizó Dar. “Así que celebro lo que quiero, cuando quiero… me va bien”.

Volvió el camarero y pidieron la cena, con Mariana recibiendo consejos contradictorios de Dar y Duks. “Shush”. Dijo finalmente, entonces se volvió hacia Kerry en busca de ayuda. “¿Cuál es?”.

La rubia mujer rió suavemente. “El massaman es un curry dulce, con carne y patatas… El curry verde es muy fuerte, el curry rojo es intermedio, y normalmente tiene leche de coco”.

“Ah… así que eres una experta”. La vicepresidenta de Personal le dedicó un asentimiento de cabeza aprobatorio.

Kerry simplemente sonrió, y observó mientras terminaban de pedir, entonces medio giró la cabeza para mirar a Dar, y parpadeó ante la repentina expresión en la cara de su acompañante. Dirigió su mirada hacia donde la tenía concentrada Dar, y vio a una alta morena en un impecable traje de sastre entrando con otras dos mujeres. Cuando volvió a mirar a Dar, el rostro de la morena mujer estaba cuidadosamente controlado, pero podía ver los leves movimientos de su mandíbula y se reclinó hacia ella. “¿Dar?”.

Helados ojos azules la traspasaron para después suavizarse. “Recuerdas cuando te dije que no sería apropiado que conocieses a cierta gente”. Comentó la alta mujer con forzada casualidad.

¿Qué? Oh… sus antiguas amantes. Cierto. “Si”. Kerry miró de soslayo a Duks y Mariana, los cuales estaban ocupados con el camarero.

“Debí haber mantenido la boca cerrada”. Replicó suavemente Dar.

Kerry desvió la mirada por un momento. “Oh”. Deslizó una mano por el borde inferior de la mesa y palmeó el tobillo de Dar. “Déjame que vaya por mis botas”.

Eso le sacó una sonrisa a Dar, la cual puso los brazos sobre la mesa y consideró sus opciones. De acuerdo con donde estaba sentada,y donde Elana se iba a sentar, no había modo posible en el Infierno de que la puta no alzase la mirada y la viese. Por supuesto, tras mirar el menú, Elana la miró de forma directa.

Dar medio ladeó la cabeza como si estuviese escuchando el parloteo de Duks y Mari, y vio como una lenta y maliciosa mueca hacía aparición en el aristocrático rostro. Maldición. Se reclinó y rozó el brazo de Duks. “Vamos a tener una escena desagradable en un momento”. Le avisó en tono bajo, dejando que sus ojos recorrieran la estancia de arriba abajo.

Duks alzó la mirada, entonces se mordió el labio. “Aw, mierda”.

Mari miró también. “Bueno… ¿creéis que se ha puesto suficiente maquillaje?. Parece el muñeco de los paquetes de harina"” Sin embargo su voz era cortante y sin pizca de humor. “Sabes, no hay mucha gente con la que pueda decir que disfruté procesando su finiquito, pero por Dios, que ella es una de ellos”.

Elana atravesó la sala, mirándolos de forma directa con castaños ojos que se mantenían fijos en el rostro de Dar. “Mira lo que tenemos aquí… hola Lou… Mariana…”. Una pausa y una débil sonrisa. “Dar”. Sus ojos se desviaron hacia Kerry. “Lo siento, no te conozco”.

Dar la dejó esperando un momento, entonces se reclinó hacia atrás, rodeándose una rodilla con ambas manos. “Hola Elana… hace tiempo que no te veo… ¿estuviste fuera de la ciudad?”.

“No… simplemente no salgo mucho”. Sonrió de forma artificial la delgada mujer. “Acabamos de adicionar dos nuevos hospitales… ninguno de los dos cuentas vuestras desafortunadamente”.

“Oí que los ganasteis… sin embargo, querrás ser precavida”. Comentó Dar. “Los rumores son que acaban de cambiar de vendedores porque van a la banca rota, y les darás 120 días de gracia en la cuenta… IBM los iba a echar”.

“No te preocupes por eso Dar”. Rió Elana. “Tus trucos no funcionan conmigo, ¿recuerdas?”.

De hecho, era cierto. Dar se encogió de hombros. “Como quieras”.

Dejó que sus ojos vagaran por la mesa. “Bueno, ¿y que has estado haciendo con tu vida? ¿Lo de siempre?”. Rió. “Me encanta hablar de ti a la gente en las fiestas… Es una historia genial, ya que estamos”. Sonrió dulcemente. “¿Y quién es ésta?”. Sus ojos se fijaron en Kerry.

“Kerry Stuart”. La mujer rubia extendió amigablemente una mano en forma de saludo. “Trabajo para Dar”.

“Apuesto a que lo haces, cielo”. Rió Elana. “Debes ser nueva por aquí”.

“Oh… lo soy”. Replicó Kerry, enfocando duros ojos verdes sobre ella. “Nueva en el área también… Dime, Dar ¿es éste uno de esos bichos de palmera que siempre me describes?. Oh Dios mío, son feos…”. Dejó que sus ojos se abrieran de par en par y se fijasen en el hombro de Elana.

La mujer pegó un brinco. “¿Dónde….?”. Vio algo por el rabillo del ojo, lo palmeó y después gritó. “Oh Dios mío….”. Se fue caminando hacia atrás, alzando las manos hacia su pelo en un ataque de pánico. “Oh… ayuda… ¡¡quitádmelo!!”.

Kerry se puso de pie y fue corriendo en su ayuda, colisionando con un camarero que pasaba mientras se acercaba a la frenética mujer. La bandeja que llevaba se alzó en el aire para luego caer, salpicando el suelo, las mesas y a Elana con un conglomerado de comida.

“¡Oh mierda!”. Elana se resbaló entre el desastre y cayó, aún sacudiéndose el cabello. “Oh Dios… ¿se ha ido?”. Miró hacia los espectadores comensales, que comenzaban a reír. Su rostro se enrojeció y un pegote de salsa curry le recorrió la mejilla.

Kerry se acercó un paso y se puso en cuclillas, poniéndose a la altura de los ojos de la mujer y llamando su atención. “Tienes suerte de que no tuviese tiempo de ir por mis botas…”. Le alcanzó a la mujer una servilleta. “Que tengas un buen día”. Entonces se levantó y volvió hacia la mesa, con cuidado de no resbalar en la pila de tallarines y salsa esparcidos por el suelo.

Los azules ojos de Dar capturaron los suyos mientras se acercaba y anduvo los últimos pasos mirándolos, afortunada de que no acabase cayendo en el centro de la mesa. Se sentó en su sitio mientras la gente continuaba riendo y recogió de nuevo su servilleta, mientras miraba a los rostros que la observaban. “Vale… se trataba de su hombrera… era marrón… ¿cómo lo iba a saber?”.

Eso les hizo estallar a todos, y Dar terminó boqueando para tomar aire, agarrándose a la mesa como si en ello le fuese la vida mientras se inclinaba para rodear la muñeca de Kerry y apretarla suavemente. “Fue impagable”.

“Puta”. Kerry murmuró por lo bajo, sus aún enfadados ojos mirando el desastre del suelo, la cual estaba siendo ayudada en estos momentos por sus dos amigas. “Le voy a dar una buena historia para las fiestas yo… voy a mandar un mail a Users All para que si de ahora en adelante se la encuentran le hagan esto”. Agitó los dedos cerca de su cabeza como si fueran un par de antenas.

Entonces se dio cuenta de lo que estaba diciendo y de cómo les debió sonar a los observadores Duks y Mariana, y se mordió el labio, mirando a Dar con ojos de disculpa.

El rostro de la alta mujer era un estudio interesante, un cruce entre enfado, desconcierto y vergüenza, con una fuerte dosis de cálido afecto. Una traviesa sonrisa atravesó su rostro y dejó escapar una pequeña risita.

“Lo acabo de fastidiar, ¿verdad?”. Murmuró Kerry.

Dar no pudo evitarlo, la mirada de pesar en el rostro de Kerry era tan cómica, que tuvo que reírse. “Sí, creo que lo hiciste”. Admitió, exhalando y mirando a Mariana, para encontrarse con expectantes y sabios ojos castaños. “Parece que tienes un asunto personal entre manos, Mari”. Mantuvo la voz firme y de alguna manera consiguió no sonrojarse.

“Ya lo veo”. Comentó quedamente la mujer bajita. “Afortunadamente, no es mi hora de trabajo”. Añadió, con una gentil sonrisa. Para ser honesta, había estado realmente preocupada de que Kerry se hubiese metido en algo de lo que no tuviera escapatoria… Algo de lo que se sintiera obligada. Viendo defender fieramente a Dar esta noche…

No. No tenía preocupaciones en ese sentido para Kerry Stuart. La chica tenía un espíritu comparable al de sus acompañantes. “Y lo que pase fuera de horas de trabajo no es asunto de nadie”. Palmeó la mano de Duks con una mueca traviesa. “¿No es cierto?”.

Duks rió, y se sonrojó ligeramente. “Y tanto”.

“Sin embargo, me hubiera gustado tener fotos de esa hormona que induce de manera exponencial el ser una bruja”. Suspiró con pesar Mari. “No me hubiera gustado poner esa foto ni nada en el próximo periódico de la empresa” sonrió con ironía.

Duks se aclaró la garganta y alzó una pequeña cámara digital, suficientemente pequeña como para caber en la palma de su mano. “¿Y que estaría dispuesta a pagar por ello, madam?”.

Todos rieron, y Mariana dejó escapar de sus pulmones un suspiro de alivio. Miró a Dar, que estaba estudiando el mantel con expresión queda, entonces fijó la mirada en Kerry.

Pillada desprevenida, la mujer rubia tenía fija su atención en Dar, una mirada de gentil afecto en sus ojos mientras observaba el perfil de su acompañante. Ésta no era otra Elana, se dio cuenta Mari. Esto no era un flirteo de oficina, o un lío casual.

Kerry se sintió observada y devolvió la mirada, moviendo los hombros mientras inspiraba profundamente. Mariana mostró una sonrisa de apoyo mientras le devolvía la mirada. Como los ojos de alguien tan joven pueden ser tan profundos, se preguntó la ejecutiva de personal, mientras los ojos de Kerry encontraban los suyos por un largo momento, para después alzar ligeramente la barbilla en orgulloso desafío. “Kerry, eso fue absolutamente brillante… enhorabuena”.

Una tímida sonrisa. “No fue planeado… simplemente pasó”. Admitió. “Me enfadé tanto que era eso o pegarla… y no creo que esa hubiera sido una buena idea”.

“Probablemente no”. Habló finalmente Dar, habiendo pasado unos momentos recomponiéndose. La repentina y espectacular defensa de Kerry para con ella había provocado que su cerebro casi se detuviese en pura interrogación. Y una vez que la rubia mujer lo hizo, supo que no había vuelta atrás. No había manera de pretender que la fiera defensa de Kerry sobre lo que, patentemente, era su territorio no era más que exactamente eso.

Aw, Demonios. Mariana lo sabía de todas formas… y sus palabras de que no estaba en horas de trabajo significaba que no iba a hacer nada al respecto. Siempre y cuando ella y Kerry lo mantuvieran fuera de la oficina.

Vale. Bien. Había estado confeccionando un discurso para la directora de personal de todas formas.

Y además, ver a Elana con calamares adobados sobre la cabeza hizo más que valiosos cada minuto pasado.

“Dar, ¿era cierto lo de IBM?”. Duks desvió grácilmente la atención que estaba provocando. “Sobre los hospitales”.

Dar asintió. “Sip… seguro que lo es… estuve hablando con uno de los representantes de sus cuentas, y me dijo que fue bueno que no hiciéramos una oferta por ellos”. Alzó la mirada cuando llegaron los entremeses, encontrándose de repente muerta de hambre. “Siento lo del accidente de antes”. Le dijo al camarero.

“No hay problema… no hay problema… la señora siempre viene, causa un lío, y no hay propina”. Le confió el camarero. “Mereció gastar el pescado”. Puso un plato delante de Kerry, conteniendo una bellísima pieza de piel de wondon frita con forma de cisne. El cuerpo del cisne despedía un delicioso aroma mezcla de pollo, cacahuetes y especias. “El chef lo hizo especial para usted”.

Kerry lo miró y sonrió, con la cara sonrojada. “Gracias”. Lo saboreó y después sonrió. “Está realmente bueno”.

Dar lo olisqueó con interés. “Eso parece”.

“Ah…”. Kerry rodeó en broma el cisne. “Mío”.

Dar arqueó una ceja. “No dije que quisiera”. Respondió, devolviendo la atención a su plato.

Un momento de silencio, entonces ojos azules y verdes se alzaron a la vez y se encontraron, y empezaron a reír al mismo tiempo.
“Esto es tan bonito, que dan ganas de cantar”. Anunció Duks, mientras tragaba un bocado.
“Oh, Dios, para Kerry”. Dijo Dar al instante. “No quieres que empiece a hacer eso”.
“¿No?”. Inquirió Kerry con curiosidad.

“Se cree que es Plácido Domingo”, le señaló con el tenedor la mujer morena.

Otra carcajada, en la cual Duks se añadió alegremente.

Estaba resultando una noche para recordar.

Se separaron en el aparcamiento un tiempo después, bajo las brillantes estrellas de una noche fresca. Incluso desde aquí, Kerry se dio cuenta, de que podía oler el mar, e inhaló profundamente mientras ella y Dar se dirigían hacia donde habían aparcado. “Bueno”. Se aclaró la garganta y miró a su alta compañera. “Esto… no fue como lo esperábamos”.

Dar rió. “No… desde luego que no”. Estuvo de acuerdo. “Pero está bien… estuve pensando sobre lo que dijiste… sabes, sobre decirle a Mari lo que pasaba, y más o menos había decidido hacerlo… quizás fue el destino”.

“Luego… ¿no estás enfadada conmigo?”. Preguntó quedamente Kerry. “No quería… Jesús, Dar… no estaba planeado… no sé que es lo que me pasó”.

Dar la miró. “¿Enfadada contigo?”. Preguntó, incrédula. “Kerry… fue… gracias, eso calmó unas heridas y dolores realmente antiguos en mi interior, si sabes lo que quiero decir”. Bajó la mirada y agitó la cabeza. “Ciertamente, esto cambiará por siempre la escena cuando me acuerde de ella”.

Alcanzaron los vehículos y se giraron para estar la una frente a la otra. “Gracias”. Dijo Dar, simplemente.

“De nada”. Vino la sencilla respuesta. “Después de todo, para eso están los amigos. ¿Verdad?”.

Dar le agarró la mejilla y sonrió. “Y tanto”. Un suave pitido las sorprendió a ambas y Dar alcanzó su teléfono móvil, tan sólo para encontrarlo desactivado. “No es el mío”.
“Mío”. Kerry estaba sacando el suyo para abrirlo. “¿Hola?”. Su rostro se tensó para después adquirir una expresión de susto. “Vale, vale… Ahora mismo voy para allá… tardaré… cuarenta y cinco minutos más o menos… De acuerdo. Adiós”. Plegó el teléfono y miró a Dar con ojos temerosos. “Han robado en mi casa”.

Dar entrecerró los ojos. “Vamos”.


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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 13th 2012, 9:33 am

Kerry mantuvo las manos firmemente apretadas en el volante todo el camino de vuelta a casa, consciente de la reconfortante presencia del Lexus de Dar justo tras ella. Se metió en un aparcamiento lleno de coches policiales, y distinguió la agitada figura de Colleen cerca de la puerta de su apartamento. “Mierda”. No estaba segura de si estar triste, enfadada, asustada, o las tres cosas pero salió del coche y no había dado ni dos pasos cuando Dar estaba justo a su lado, con una mano sobre su hombro.

Colleen las vio y se acercó corriendo de inmediato. “Gracias a Dios que estas aquí… Acabo de volver y fui a ver si habías llegado y me encontré con tu puerta abierta de par en par. Llamé a la policía”.

Demasiado tarde para hacer algo al respecto ahora, suspiró Kerry en su interior. “Genial… simplemente genial”. Sacudió la cabeza. “Gracias Col…”.

“No hay problema… no me han dejado entrar, pero asomé la cabeza y el sitio parece realmente revuelto”. Se detuvo para respirar. “Hola, Dar”.

“Hola”. Contestó brevemente la alta mujer. “¿Alguien vio algo?”.

Colleen dejó escapar un bufido. “”¿Estos yuppis medio absorbidos? No hubieran visto nada si Fox Mulder hubiera descendido en un jodido ovni en el aparcamiento y se hubiese puesto a bailar el hula hop”.

Dar tuvo que contener la risa ante la descripción. “Vamos… veamos cual es el asunto”. Le dio a Kerry un pequeño empujoncito. “¿Tienes un seguro de inquilino?”.

Kerry tuvo que pensar sobre lo que le estaba preguntado Dar. “Sí… de la State Farm”. Contestó de forma ausente mientras se caminaban por el aparcamiento hacia la puerta principal, para mirar en su interior. Era vagamente consciente de la voz de Dar murmurando en su teléfono móvil y trató que su mente viera el orden donde sólo había…

Colleen tenía razón. Era un desastre. Todo estaba roto, y tirado de cualquier manera. Sus ojos se fijaron en el televisor, después al ordenador, los cuales seguían en su lugar. Un policía se le acercó. “¿Señora?”.

“Vivo aquí”. Dijo quedamente Kerry. “¿Qué ha pasado?”.

El oficial agitó la cabeza. “Esto me supera… Parece que quien lo hizo estaba buscando algo intensamente… ¿Guarda dinero en el apartamento?”.

Ella movió la cabeza en sentido de negación. “No… bueno, cinco o seis dólares en cambio, claro… en el armario. Ese tipo de cosas”.

Él asintió. “Sí… entiendo… ¿alguna joya?”.

Ella se tocó el cuello y sacó su única cadena de oro. “Esto, un par de pendientes y un anillo es todo lo que tengo”. Miró a su alrededor. “No parece que falte nada”.

El policía estaba escribiendo furiosamente en su cuadernillo. “Probablemente drogadictos en busca de calderilla para comprar, señora…”. Inquirió con un gesto de los ojos.

“Stuart”. Contestó. “¿Eso cree?. Entonces supongo que se fueron limpios ¿eh?”. Entró en la habitación y miró alrededor. Los cojines estaban desparramados por doquier, y se dirigió hacia su cuarto para abrir la puerta. Pooh había sido lanzado contra la pared y lo recogió, abrazándolo contra ella como acto reflejo.

Kerry volvió hacia el salón. “Parece que todo está aquí”. Le dijo quedamente al policía.

Él la miró, después miró a Pooh y le dio una palmadita en el hombro. “Escuche, siento lo de sus peces… Parece como si un bote de limpieza cayó en el tanque…”.

Los ojos de Kerry se dirigieron hacia la pecera y vio las siluetas flotantes.

Los ojos de Dar recorrieron el mismo camino, para después fijarse en su rostro en muda compasión.

La mujer rubia se acercó hacia el tanque y se los quedó mirando, flotando sin vida en la superficie del agua. Un contenedor de limpieza de la cocina flotaba junto a ellos, medio vacío. Con extremado cuidado sacó el bote y cerró la tapa, consciente de la proximidad de Dar tras ella. “Guardo esta botella en el armario de la cocina”. Dijo de forma queda.

Las manos de Dar se cerraron sobre sus hombros. “Ve y siéntate. Yo me encargo de esto”.

“Dar, alguien ha matado a mis peces”. Murmuró tristemente.

“Lo sé”. Le llegó la baja y vibrante respuesta. “Primero, vamos a limpiar este sitio, y después vamos a dormir un poco. Mañana por la mañana, te llevaré a comprar más peces”.

Kerry exhaló. “Quizás esa no sea una buena idea”.

“Sí la es”. Insistió suavemente Dar. “No les dejes ganar, Kerry”. Le apretó los hombros. “Ve y siéntate, yo me ocuparé de esto y limpiaré el agua”. Se detuvo. “Oh… ¿cuál es el apellido de Kyle?”.

Kerry debió preguntar por qué. Sabía que debía hacerlo. Sabía que debía mantener a Dar fuera de esto, fuera de esto especialmente. “Lewis”. Oyó a su voz contestar de todas maneras. “Mira, Dar… yo…”.

“Está bien”. Le aseguró la ejecutiva. “Sólo por propósitos de información… ve y siéntate, ¿vale?”.

Kerry se sentía exhausta y accedió, poniendo de nuevo en su sitio los cojines de forma mecánica antes de sentarse sobre ellos, mirando al oficial que seguía anotando detalles. Trató de no fijarse en lo que estaba haciendo Dar y se concentró en las preguntas. Llegó Colleen y se sentó a su lado y le dedicó a la pelirroja una sonrisa de agradecimiento.
Dar sacó los peces muertos del agua y los puso en un pequeño contenedor. Estaba controlando su respiración cuidadosamente y enfocando su mente en mantenerse calmada, cuando sus principales y más inmediatos instintos eran de gritar hasta quedarse afónica. La destrucción al azar de la habitación no la molestaba. Por otro lado, este hecho de deliberada y viciosa crueldad hacia criaturas indefensas la ponía tan furiosa, que era asombroso cómo sus manos vibraban en consecuencia. Bastardo. Separó los peces muertos, después sacó una buena porción del agua antes de alzar el tanque y sacar el resto del agua, sacando también la grava y los adornos y dejando correr agua limpia sobre el mismo.

Después preparó una disolución salina y limpió con ella el tanque, aprovechando el movimiento para calmarse a sí misma. Hizo un buen trabajo, frotando el interior para sacar todos los restos del producto de limpieza. Bastardo. Limpió los helechos y dejó correr el agua por el filtro. Hijo de puta. Entonces dejó el tanque en su sitio y lo llenó en sus tres cuartas partes con agua limpia, añadiendo la grava lavada junto con unas gotas del limpiador de agua que Kerry tenía en una botella cerca del tanque que olió primero, por si las moscas.

Cuando lo tuvo a su satisfacción, se giró para ver a Kerry estrechando la mano del oficial y viendo como se marchaba llevándose a su compañero con él, los dos dedicándole a Kerry profesionales miradas de simpatía.

La puerta se cerró y Kerry se giró para mirarla, los agobiados ojos verdes llorosos. Dar se acercó a ella de forma inmediata. “Ven aquí”. Abrazó a Kerry, sintiendo cómo su cuerpo entero se sacudía por un sollozo. “Shh… te tengo”. Sobre el hombro de la mujer rubia se encontró con los ojos de Colleen y la pelirroja bajó la mirada para después volver a alzarla con una ligera sonrisa mientras Kerry estrujaba su rostro contra la camisa de Dar y se abrazaba a ella con fuerza desesperada. “¿Nos ayudas a ordenarlo todo?”. Le preguntó a Colleen.

“Apuéstate tus… uh… perdón, quiero decir…”. Colleen se sonrojó.

“He oído la frase”. Replicó Dar secamente. Sintió como Kerry tomaba una profunda y temblorosa inspiración y la soltó ligeramente, de forma que se pudiera alejar un poco y alzar la mirada.

“Lo siento”. La mujer rubia sorbió un poco, desenganchando una mano para frotarse los ojos. “Supongo que es por ser tan tarde”.
Dar sacó un pañuelo del bolsillo interior de su chaqueta y se lo tendió a Kerry. “Toma…”. Le palmeó la espalda y dejó que su brazo rodease los hombros de la mujer rubia. “De acuerdo… supongo que podemos empezar en la cocina… Esa parece la zona menos revuelta, después haremos esto, y después la habitación”.

Empezaron a recoger cosas y trabajaron prácticamente en silencio hasta que Colleen recogió los CD’s tirados por el suelo y puso uno en el estéreo. Los suaves ritmos de la melodía de Disney del Rey León sonaron a través de la habitación… “Sé que te gusta esto”. La pelirroja le dedicó a su amiga una sonrisa que Kerry le medio devolvió.

No tomó tanto tiempo como imaginaba hasta que el apartamento adquiría cierta similitud con su estado original, tan sólo las quietas aguas de la pecera eran testimonio visible de la invasión. Se detuvo en el centro de la habitación una vez que hubieron terminado, escuchando a Dar moviéndose por la cocina y entrecruzó los brazos a la altura del pecho. Colleen entró desde su cuarto y se le acercó, dándole una pequeña palmadita en la espalda.

“Todo hecho… Te he puesto sábanas limpias”. Guiñó suavemente Colleen a Kerry que bajó la mirada y se sonrojó. “Ah, venga ya Kerry, por lo que más quieras, creo que tienes una ganadora nata ahí”.

Eso le sacó una sonrisa a Kerry que miró a la puerta de la cocina y después de nuevo a ella. “Eso crees, ¿eh?”.

“Sip… Alguien que sabe cuando dar un abrazo si se necesita”. Colleen asintió con firmeza. “Ese es un signo muy bueno”. Estaba contenta de ver el soporte incondicional de Dar para con su amiga, lo cual la había sorprendido un poco, dada la reputación de la ejecutiva.

La morena mujer interrumpió la conversación reapareciendo con tres tazas de algo caliente y acercándole una a cada una, para después indicarles que se sentaran. Tomó asiento al extremo del sofá y estiró las piernas, palmeando el cojín a su lado que atrajo a una complaciente Kerry. La mujer rubia se sentó sobre sus piernas y absorbió su chocolate con un suspiro. “Bueno, menuda noche ha sido ésta”.

Dar dejó caer una mano sobre su rodilla y la acarició. “Se acabó”. Dijo simplemente, antes de sacar su móvil y marcar un número. “¿Mark?”. Una pausa. “Sé la hora que es. Enciende la luz y ponte las gafas porque necesito que apuntes algo”.

Dar esperó, mientras ideas y planes empezaban a ponerse a su alcance. “De acuerdo… necesito que saques un perfil entero… Lo necesito todo… de un tal Kyle Lewis. Es un empleado del Senador Roger Stuart de Michigan”. Esperó. “Probablemente tendrás que tocar Milnet”. Otra pausa. “Digamos que tengo un presentimiento con él, ¿vale? Manda los resultados a mi mail”.

Mark dejó el teléfono por un momento y ella se quedó sentada esperando, golpeándose el muslo con los dedos. “¿Lo hiciste? Gracias… Oh, una cosa más: necesito que pongas una extensión en la salida de la ruta de Miami Dade y filtres cualquier paquete que contengan el siguiente número”. Leyó el número. “Tan sólo descártalos… en la transferencia federal”. Esperó. “Lo sé… serán del IP de la subestación de Kendall si eso te ayuda”. Otra pausa. “Bien… gracias, Mark… Te cuento mañana”. Colgó y miró a su audiencia que la observaba con interés. Sonrió. “Bienvenidas a la era de la información”.

“Jesús… ¿puedes hacer eso?”. Saltó Colleen. “Quiero decir… porque estás… Ése era el número del informe que nos han dado los policías”.

Kerry asintió, comprendiendo. “Existirá aquí de forma local, pero no llegará al sistema federal… Fue muy inteligente, Dar… gracias”.

Dar sonrió brevemente. “Cuando mueves los datos, los controlas”. Le dijo quedamente a Colleen.

“Guau”. Colleen la miró con respeto. “Recuérdame que no te moleste… Tú haces nuestra transferencia de pagos”.

Eso hizo reír a Dar, y le sacó una sonrisa a Kerry. “Generalmente no hago este tipo de cosas… Pero pensé que sería mejor para Kerry y no perjudica nada ya que no encontraron ningunas huellas o MO y eso es lo que vigilan las bases de datos federal”.

Kerry apoyó la cabeza sobre el hombro de Dar. “Mi héroe”. Retó a Dar a llevarle la contraria en frente de Colleen y se quedó complacida cuando todo lo que hizo la alta mujer fue agarrarle la nariz.

“¿Realmente crees que ha sido ese apestoso de Kyle?”. Preguntó Colleen, mirándolas con una suave sonrisa.

Kerry suspiró. “Los peces… y la puerta no estaba forzada… ¿te diste cuenta de eso? Alguien abrió con la llave, y cuando chequeé el seguro electrónico tenía mi código metido”.

“Ew… cámbialo”. Le avisó Colleen.

La rubia mujer asintió, cansada. “Lo hice… pero los únicos que lo tienen son el presidente del edificio, tú y mi familia”. Se detuvo y alzó la mirada. “Y Dar… pero ella estuvo conmigo toda la noche, así que eso la descarta como sospechosa”.

“¿Sólo eso?”. Dar alzó las cejas, bromeando.

“Bueno, eso y un par de cosas más”. Admitió Kerry con una sonrisa. “Pero… bueno, ayer por la noche le dije a mi madre que no iba a volver a casa… El tiempo es demasiada coincidencia”.

“Mm”. Colleen se mordió el labio. “Kerry, eso apesta”.

Un suspiro. “No me digas”. Kerry sorbió su chocolate, saboreando el suave sabor mientras le calentaba el interior. “Esto es lo único que puedes cocinar, ¿verdad?”. Le preguntó a Dar que rió suavemente. “Lo sabía… esto, café, ¿y que más?”.

“Huevos”. Añadió Dar rápidamente. “Y helado”.

Kerry sonrió. “Dar, el helado no requiere cocinar”. Agitó la cabeza incrédula, después encendió la televisión. “Oh… mira… ¡el tipo de los cocodrilos!”.

“Dios santo… ¿¿qué está haciendo con ese pez??”. Gritó Colleen.

Kerry se reclinó para ver, sintiéndose mucho mejor. Era bueno tener amigos alrededor, decidió, mientras sentía el brazo de Dar rodearle la cintura y acercándola más a ella. Se reclinó hacia atrás y miró a la morena mujer. “Gracias”. Suspiró. “Gracias por estar aquí… y ayudar… y animarme”.

Un guiño de un ojo intensamente azul. “Para eso están los amigos, ¿verdad?”. Replicó suavemente Dar.

“Y tanto”. Contestó Kerry, entonces vaciló. “Oye, Dar… no tienes porqué involucrarte en todo esto. No es asunto tuyo, de verdad”.

“Claro que lo es”. Replicó Dar, su voz atenuada por las voces de los personajes del programa de la televisión que estaban viendo. “Tú eres mi asunto”.

Kerry sintió un suave escalofrío recorrerle la espalda. “¿Lo soy?”.

El color azul pálido la envolvió. “Te quiero…”. Sentenció Dar, con queda sinceridad. “Eso te hace mi asunto”.

Kerry simplemente se quedó allí sentada, respirando, por un largo momento. “Oh”. Dijo casi sin voz, al final.

“¿Eso te incomoda?”. Inquirió Dar.

Kerry agitó la cabeza. “No…”. Estudió el rostro de Dar. “Supongo que eso significa que tú también eres mi asunto entonces”. Exhaló, entonces se acomodó sobre el brazo de Dar, mientras el hombre cocodrilo seguía con sus andanzas.

Había sido Kyle… lo sabía. Sentía sus sucios dedos en todo esto… y sabía que volvería. Sus ojos se alzaron para observar el fuerte perfil sobre ella, y sonrió suavemente. Sin embargo, él no sabía donde se estaba metiendo ahora, y se alegraba por ello.

Él perderá.

Esta vez.


***

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 13th 2012, 9:35 am

Iba corriendo a través de un bosque. Amenazadores y oscuros árboles a cada lado del camino, y podía escuchar los truenos sobre ella. El suelo a sus pies era oscuro y tenía musgo y sintió como le resbalaban las botas mientras corría por el húmedo suelo.

Gritos a su espalda. Redobló sus esfuerzos, estresando su ya de por sí entrecortada respiración y esperando que las piernas le aguantaran. Justo al frente vio un sitio donde esconderse, y se dirigió hacia él, teniendo que pasar bajo un grupo de árboles.

Mientras pasaba bajo el primero, fue izada de repente hacía él, las piernas volándole y un grito de sorpresa en su garganta.

Silenciada por una poderosa mano y una baja y suave voz que conocía.

El alivio recorrió su cuerpo y se encaramó a la rama, mantenida en su sitio por fuertes manos mientras veía a los hombres que la perseguían desaparecer. Le dolía el pecho del esfuerzo y sintió que la fina capa de sudor que le recorría el vientre se iba con el abrazo de la reconfortante silueta a su espalda mientras se recostaba contra el tronco del árbol.

Observaron en silencio como los hombres corrían en círculos, gritando a más no poder y finalmente, tuvo el aliento necesario para reír suavemente.

Una diminuta carcajada le vino por la espalda como respuesta, y medio se giró para darle a los penetrantes ojos azules una mirada de disculpa.

La morena cabeza se agitó pero una mueca tolerante asomó a unos labios perfectos, y recibió una palmada en el estómago que la hizo comprender que estaba perdonada por meterse en problemas.

De nuevo.


Kerry se despertó con ese mismo abrazo reconfortante y mantuvo los ojos cerrados mientras absorbía la sensación de despertarse desnuda y enredada en el abrazo de Dar. Era cálido y podía sentir el suave ritmo de la respiración de la alta mujer contra la zona de su espalda en la que Dar estaba acurrucada.

Pensó sobre su sueño. Era extraño… había tenido varios de estos extraños sueños últimamente, donde parecía verse a través de los ojos de otra persona, en situaciones completamente ajenas a ella pero que parecían tan reconfortantes como este sentimiento de placidez en el que se encontraba ahora.

Raro. Exhaló, sintiendo como el abrazo de Dar se estrechaba un poco y alzó una mano para acariciar vagamente el poderoso muslo justo detrás del suyo. Era agradable… toda la piel suave y como la seda sobre los fuertes músculos que se movían ligeramente bajo su mano.

Kerry entreabrió los ojos un poco, notando el sol mañanero que bañaba la habitación y juzgó que serían las nueve de la mañana más o menos. Miró alrededor de la habitación, recordando lo que había parecido anoche y consiguió retener un buen sentimiento sobre como sus amigas la habían devuelto cuidadosamente a la normalidad. Incluso la ropa sacada de los cajones había sido perfectamente doblada y devuelta a su sitio… probablemente mejor de cómo habían estado en un principio, admitió con ironía. Dar se había tomado como responsabilidad personal su cajón de ropa interior con mirada traviesa y juguetona que la había hecho sonreír después de todo.

Debería sentirse fatal. Lo sabía. Y sus pobres peces. Kerry se imaginó volviendo sola para encontrarse todo eso y tembló, contenta por la proximidad de Dar.

Era agradable tener a alguien con quien poder compartir las cosas. Sintió un pequeño cosquilleo alrededor de la oreja y rió con sorpresa. Fue seguido por una carcajada suave y casi sin voz que podía pasar perfectamente por la de su sueño. “Me haces cosquillas”. La acusó, disfrutando de la sensación a pesar de todo.

“Lo sé”. Replicó Dar sin dejar de mordisquear. “¿Cómo te sientes?”.

Kerry carraspeó en lo profundo de la garganta. “Bien”. Contestó soñolienta. “Me gusta despertarme así”. Suspiró, contenta. “Especialmente después de lo de anoche”.

“Me alegro que pospusieras tu clase de submarinismo”. Comentó Dar siguiendo la línea de su cuello y sonriendo suavemente al sentir el cuerpo arqueado hacia ella de la mujer rubia. “Tenemos que ir a comprar peces”.
Kerry se giró y se acurrucó aún más, dejando que sus manos acariciaran el cuerpo de Dar, explorando con curiosidad los planos y curvas del mismo. “¿De qué es esto?”. Trazó una fina y alargada cicatriz que surgía justo bajo el pecho de la alta mujer y terminaba cerca de su cadera.

“Estaba escalando árboles”. Admitió Dar, mirando la cicatriz con ironía. “Fui a saltar hacia una rama y fallé, estampanándome contra el tronco del árbol… Éste tenía un clavo oxidado y me rajé de lleno”.

“Oh”. Kerry ladeó la cabeza y besó la cicatriz. “Apuesto a que dolió”.

“Estuve gritando como una meneida, sí”. Rió Dar. “Nunca me han gustado los hospitales… y tuve que ir a que me dieran puntos junto con una inyección contra el tétanos del tamaño de un arpón”.

“Ouch”. Se quejó la mujer rubia para después continuar con su exploración. “¿Te puedo hacer una pregunta personal?”. Miró a su compañera que alzó una ceja en su dirección. “¿Vale?”.

“Claro”. Replicó Dar con una mueca. “¿Cuánto más de personal podemos llegar aquí?”. Trazó una línea a lo largo de la garganta de Kerry, haciéndole cosquillas en la yugular.

“¿Cuántos años tienes?”. Kerry apoyó la mejilla en el estómago de Dar y le parpadeó.

Una mueca traviesa surgió en el rostro de la morena mujer. “Tendré treinta dentro de mes y medio”.

“Hija de puta”. Rió Kerry. “Lo sabía… Tan sólo actúas como si hubieras estado controlando el mundo durante años”. Se detuvo. “¿Cuándo es tu cumpleaños?”. La coaccionó.

“Ah… nunca le digo a nadie el día que es”. Dar meneó la cabeza.

“¿Por qué?”.

“Por que no”. Los ojos azul pálido brillaron. “No me gustan los amontonamientos”.

“Mm”. Kerry dibujó suavemente un círculo sobre la superficie en la que estaba apoyada. "Por favor, dímelo”. Pidió de forma suave. “No es justo… tú sabes cuando es el mío”.

La vida no es justa. Casi contestó Dar, luego suspiró. ¿Después de todo qué importancia tendría si Kerry lo supiera? Probablemente obtuviera una tarjeta o similar de su parte. Eso sería diferente. “El día de Navidad”.

La mujer rubia parpadeó con sorpresa. “¿En serio?”.

Dar asintió. “Sip… con lo que se puede decir que nunca tuve realmente un cumpleaños… Porque no tiene sentido en hacer algo por separado, ¿sabes?”. Había superado el sentirse mal por eso años y años atrás.

¿Verdad?.

“Hmm”. Kerry dibujó otro círculo, luego empezó a dibujar sin sentido sobre la bronceada piel. “¿Te enfadarías mucho conmigo si te hago una fiesta?”.

Dar se mantuvo quieta por un instante, después le pasó los dedos a Kerry por el pelo. “Tendría que ser una fiesta realmente pequeña”. Le dijo a su amiga. “Creo que prefiero celebrar la Navidad”.

Kerry se mantuvo callada. Por ahora. “Vale… bueno… supongo que habrá que desayunar… creo que aún me quedan tostadas de canela”. Acarició la piel de Dar.

“Mm… Podemos aventurarnos y dejarme cocinar a mí”. Replicó juguetona Dar. “Y así sabrás porqué siempre tomó cereales de maíz para desayunar”.

“Esos”. Kerry le dio con el dedo. “No son”. Otro toque. “Cereales de maíz… Son cereales azucarados y son tan malos para ti”.

“Sí… pero están tan ricos”. Replicó rauda Dar, pronunciando en exceso la erre y sonando muy parecida al anuncio. “Y además… los llevo comiendo desde que era una cría, y ciertamente no han detenido mi crecimiento”. Alargó los brazos y señaló su alta silueta. “Ahora, tú… por otro lado…”.

“Ah… ¡no empieces!”. Le advirtió Kerry riendo. “Siempre me han dicho que beber alcohol retrasaría mi crecimiento… Nunca tomé ni una gota hasta que llegué a la universidad, ¿y ves lo que he conseguido?”.

Dar le devolvió la sonrisa, acariciándole el brazo. “Yo creo que eres del tamaño perfecto”.

Un bufido. “¿Para qué? ¿Cosas pequeñas?”.

Dar rodeó con los brazos a su pequeña compañera y la aupó, girándose y acostándola sobre ella, con la cabeza de Kerry apoyada en su hombro. “Para esto”. Cerró los ojos y apretó a la rubia mujer contra ella, sintiendo como Kerry dejaba muerto su cuerpo y se apoyaba en ella. “¿Ves? Un tamaño perfecto”.

De repente Kerry sintió la necesidad de acurrucarse sobre la piel de la alta mujer y no moverse jamás. “Sí ¿pero puedes respirar?”. Murmuró suavemente, sabiendo la respuesta por el continuo movimiento bajo ella.

“Sin problema”. Le aseguró Dar, acariciando con una mano la espalda de Kerry. Se quedó callada al sentir como la envolvía la paz, un sentimiento completamente nuevo para ella. No tenía ganas de nada excepto de quedarse allí mismo con la mujer rubia, intercambiando roces y sintiendo los explorativos besos que Kerry le estaba dando sobre el pecho. No había necesidad de moverse, ni deseos de levantarse y empezar… simplemente un cálido lugar del que no tenía intención de alejarse.

Movió lentamente las manos a los costados de Kerry, trazando sus curvas.
Kerry suspiró con placer. Definitivamente le gustaba despertarse así.

“Toma… al menos haz que me sienta mejor bebiéndote algo de zumo de naranja”. Kerry puso un vaso de la olorosa bebida frente a ella.

“No me puedo beber eso, Kerry”. Le informó Dar, masticando una tostada. “No son de Florida… Las dejamos para los turistas y la exportación.. ¿Por qué te crees que son tan caras aquí?”.

“Dar”. Ojos verdes la miraron con cierto toque de exasperación. “Bébete el maldito zumo”.

Eso le consiguió una brillante sonrisa. “Estamos picadillas esta mañana..”. Comentó la mujer morena.

“No es por la mañana”. Señaló Kerry con ironía. “No es que me queje… Hacía tiempo que no dormía hasta tarde”.

Dar bebió del zumo y asintió. “Yo también”. Estuvo de acuerdo con cierta alegría, sintiéndose muy relajada. “¿Por qué no te das una ducha y yo miro a ver si hay algo de lo que me tenga que ocupar?”. Se reclinó hacia atrás y se estiró, sintiendo cómo los huesos de los hombros se le colocaban en su sitio.

Kerry se reclinó sobre ella, disfrutando a más no poder del ajuste de la tela de algodón sobre el cuerpo de Dar. Sus labios encontraron los de la alta mujer y allí se quedaron, saboreando la canela de la tostada que se había estado comiendo y la acidez del zumo de naranja. Antes de darse cuenta, los brazos de Dar la habían rodeado para sentarla sobre sus piernas y las manos de la mujer rubia se estaban deslizando insistentemente bajo la suave tela de algodón.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 15th 2012, 12:16 am

Se separaron, entre últimos roces y respiraciones entrecortadas. “Whoo”. Kerry recostó la frente sobre la de Dar. “No estamos llegando muy lejos hoy, ¿verdad?”. Aspiró una bocanada de aire mientras sus manos volvían a la cálida piel que parecía no poder dejar de tocar. “Lo siento”.

Dar la sonrió a través de ojos medio abiertos. “No te disculpes… es genial”. Mordisqueó el cuello de Kerry, luego mordisqueó levemente los perfectamente señalados pechos bajo la suave tela obteniendo un sonido suave e incoherente de la mujer rubia. “Ooo… me gusta ese sonido”. Ronroneó, entonces la soltó y sencillamente abrazó a su amante. “Vale… vale… Tenemos suficiente tiempo para gastar… Acabemos con muestras obligaciones”.

Kerry estuvo muy cerca de decirle que al carajo las obligaciones, luego suspiró y le devolvió el abrazo a Dar. “Bien, de acuerdo, yo me iba a duchar”. De forma reluctante se separó del abrazo de Dar y se levantó. “Acabo en un minuto”. Empezó a alejarse, pero sintió como le retenía por detrás su camiseta. “¿Hmm?”.

“¿Quieres algo de ayuda?”. Inquirió Dar, alzando una ceja.

Un suspiro. “Menos mal que no pago por el agua caliente, creo”. Kerry le tendió una mano con una sonrisa.

“Vamos”. Bueno, pensó. Al menos estamos cerca de conseguir ir al acuario.


***



Era una tienda de mascotas (Petsmarts, que debe ser algo más serio que cualquier pajarería). Dar miró a su alrededor aprobadoramente. Le gustaban las tiendas de mascotas porque no eran centros de venta de cachorros simplemente sino que tenían centros de adopción y tenían cincuenta y dos colores diferentes de collares para perros.

No sabía porqué eso era importante, excepto que odiaba pensar que la estaban forzando a algo y esa enorme variedad te aseguraba que podías coger el que quisieras. También dejaban entrar a la gente con sus mascotas y era interesante ver que en general la gente adquiría razas de perro que se les parecían.

Vio a Kerry acercarse a la zona de los acuarios mientras una mujer con un sabueso Afgano le pasaba por al lado, el nervioso coqueteo del perro coincidía con la de su ama a la perfección. Tras ella venía un hombre con un cigarro sin encender y un bulldog sin cuello caminando a su lado.

Impresionante. Después vio a una mujer bajando por el pasillo de la comida canina con un pequeño cocker spaniel color canela. Examinó al perro, después dedicándole a su compañera una mirada, se situó tras la mujer de forma silenciosa.

Kerry iba de un lado a otro, mirando entre las peceras tratando de decidir cuales comprar. “¿Tiene besucones?”. Le preguntó al paciente chico del chaleco rojo que sostenía un pequeño recipiente lleno de agua y una redecilla.

“Claro… por aquí”. Señaló dos grandes peceras a su derecha. “Ahí hay algunos muy grandes”.
“Mm”. Kerry examinó los peces. “Vale… vale… ese de ahí”. Señaló, entonces se dio cuenta que Dar estaba a su espalda. “Es bonito, ¿verdad?”.

“Sip”. Coincidió Dar, poniéndose las manos a la espalda. “Ése es bonito también”. Señaló a un besucón de brillantes colores cerca del filtro de la pecera.

“Vale… y ése de ahí”. Kerry le sonrió. “Gracias…”. Miró en la siguiente pecera. “¿Quiero guppies otra vez?”.

“Son más fáciles de cuidar”. Ofreció Dar. “Los Goldfish son bonitos también”.

La mujer rubia le dedicó una mirada, después alzó la vista. “Oh… ey… peces siameses de pelea”. Parpadeó respetuosa ante las coloridas y solitarias criaturas cada una en su propio recipiente. Se le ocurrió una idea. “Dar, deberías tener uno de estos”.

“No”. Dar negó con la cabeza. “Yo no tengo mascotas”.

“No es una mascota”. Kerry se volvió y se concentró en convencerla. “Piensa en ello como… una… um… una estrategia de negocios… Puedes tenerlos en tu escritorio”.

“Kerry, yo no tengo mascotas. Y mucho menos en mi escritorio”. Replicó tercamente la alta mujer.

“Vamos…”. Kerry vio una pecera doble. “Oh… no, ésta…”. La sacó. Era una pecera ingeniosa, con tubos interconectados que permitían a sus respectivos habitantes verse pero no tocarse. “Mira… puedes comprar dos… creo que será bueno para ti, Dar… algo bueno y relajante a lo que mirar en tu escritorio”.

“Kerry”. El tono de voz de Dar se redujo de forma ominosa.

“Escucha… yo les daré de comer. Quedarán tan bien en tu despacho… puedes coger uno azul y otro rojo… piensa en lo relajante que será mirarlos”.

La mujer alta se giro hacia el vendedor que las estaba observando. “¿Comen carne humana?”.
Al chico se le salieron los ojos de las órbitas. “Uh… yo… comen… uh… gambas de mar, señora, pero supongo… quiero decir, si se lo da en pequeñas porciones…”. Tragó. “Como si lo tritura o algo así”.

Dar quería ladrar una negación, realmente quería hacerlo. No tenía tiempo para los peces, o mascotas, o… Los ojos verdes que la miraban parpadearon implorantes. No… los peces no tenían lugar en su vida… nada parecido… Kerry ladeó ligeramente la cabeza, y puso una esperanzada sonrisa en su rostro.

Oh mierda. “Bien”. Se rindió. “Póngalos en una bolsa o algo así”. Le dedicó a la traviesa y encantada Kerry una mirada de disgusto. “Te advierto… que acabaré tirándolos. Tengo muy mala suerte con las mascotas”. Se retorció, imaginando los comentarios que tendría del resto del equipo.

Entonces se detuvo a considerarlo. Peces siameses de lucha. Repiqueteó los dedos sobre su muslo. Quizás no fuera tan malo después de todo. Sonrió. Aquí, José… dame tu dedo… oops… ¿te he pinchado? Lo siento… no me había dado cuenta que sujetaba una aguja… oh, aquí, pon el dedo aquí para lavarlo. “Je”.

“¿Qué es tan divertido?”. Kerry estaba ocupada escogiendo dos de los más grandes y bonitos peces de lucha que podía encontrar.

“Oh… nada”. Dar se frotó la barbilla con la mano. “¿Te apetece comer después de esto?. Estoy hambrienta”.

Kerry le dedicó una mirada, entonces recogió sus cosas y se encaminó a la caja. “Claro… ¿qué tienes en mente?”.

“Nuse”. Dar rió suavemente para sí misma. “¿Qué tal unas hamburguesas?”.

“Mm… vale…”. Accedió la mujer rubia. “¿Has cogido algo de gambas para tus peces?”.

Dar rebuscó en la caja. “Sip… ¿sabes lo que es esto en realidad?”. Preguntó en plan de broma.

Kerry miró el bote de la comida. “Sí… gambas de mar”. Llegó al mostrador y dejó allí sus compras.
“Nop… son monos marinos”. Dar tomó posesión de sus peces y su pecera y sacó su tarjeta de crédito, pasándosela a la cajera. Se aprovechó de que Kerry estaba mirando el bote de la comida para hacer un gesto circular con la mano sobre los peces de Kerry también y sonreír a la cajera.

“¿Monos marinos?”. Saltó Kerry. “¿Esos pequeños bichillos tan monos que tienen familias y hacen truquillos?”. Agarró el bote. “Dar, ¡¡no puedes darle de comer a tus peces Monos Marinos!!”.

Dar le soltó de vuelta. “Sí que puedo”. Le dedicó a su compañera un gesto radical. “Tan sólo alégrate de que no me convenciste para tener una pitón”.

Kerry se la quedó mirando. “¿Qué comen?”.

“Conejos”. Le dijo seriamente Dar, mientras cogía la factura de la cajera y la firmaba. “De los gordos y esponjosos”.

“¡¡¡¡¡EEEWWWWW!!!!!”. Soltó un grito su bajita compañera. Entonces se giró hacia la dependienta. “¿Lo hacen?”.

La dependienta asintió tristemente con la cabeza. “Oh sí, señora… Y empiezan por el rabo… lo último que ves son sus incesantes naricillas”.

“Ya está”. Kerry golpeó el mostrador con una mano. “Me largo de aquí”. Alzó la mirada con expectación. “¿Cuánto es?”.

La dependienta la miró, después miró a Dar. “Um…”. Se aclaró la garganta.

“Ya he pagado yo”. Dijo suavemente Dar. “Tú estabas muy ocupada gritando”.

Kerry se puso las manos en las caderas y miró, primero a la dependienta y después a su jefa. “Te cogeré por eso”. Le advirtió, y después meneó la cabeza de lado a lado. “Gracias”. Añadió, recogiendo las bolsas. “Ahora… largémonos de aquí antes de que empieces a decirme que a los loros les dan de comer ratones vivos”. Salió, dejando a Dar intercambiando desconcertadas miradas con la dependienta, y recogió sus propias bolsas.


Dar la siguió al exterior, sintiéndose gratamente satisfecha consigo misma.
Por varias razones.


***




Se estaba nublando para cuando llegaron al apartamento de Kerry, y Dar echó hacia atrás la cabeza para observar las nubes mientras se encaminaban hacia la puerta. “Parece que se acerca un frente lluvioso… “. Se alzó el viento y les revolvió el cabello. “Menos mal que no estamos en el mar con este tiempo… podría ponerse feo”.

“Brr”. Kerry saltó en la acera. “Debo estar acostumbrándome al calor de aquí… este aire es frío”.

Dar evitó a duras penas rodear a la pequeña mujer de forma amistosa. Jesús, Dar… se regañó a sí misma. ¿Que demonios le ha pasado a la persona de ‘no me gusta que me toquen’ que solías ser? ¿Todo lo que se necesita es una rubia de 1’64 cm con bonitos ojos para convertirte en una enorme y goteante masa de gelatina? “Sí”. Comentó simplemente.

“Bueno…”. Kerry tecleó su nueva clave y abrió la puerta, apartándose para dejar paso a Dar. “Yo… um…”. De repente, no quería que Dar se fuera a casa. “Ey… El otro día pillé ingredientes… para probar una nueva receta. ¿Te atreves?”.

Tenía tanto que hacer en casa, reflexionó Dar. Listas de trabajo y proyectos de los que tenía que encargarse… Sin embargo, podía ver la esperanza mal escondida en los ojos de Kerry y sonrió en su interior. “Me encantará… pero he de conectarme y hacerme cargo de algunas cosillas”.

Kerry sonrió, alegre. “El ordenador es todo tuyo… Pondré los peces en su sitio”. Hizo señas hacia su escritorio y lo pasó andando para dejar los paquetes en la mesa del comedor. “Oye, alquilé una copia de la película de Expediente X, podemos verla después”.

Dar se acomodó en la cómoda butaca del escritorio y encendió el ordenador, chascándose los dedos suavemente. Te hacía sentir bien ser parte de los planes de otra persona, para variar. “Hmm… me gustaría…”. Esperó a que terminase la conexión, entonces metió su clave y pinchó para bajar el correo mientras comenzaba una sesión con el mainframe. “Oh… mierda”. Revisó una notificación urgente. “Ouch”.

Kerry terminó de poner las bolsas con los peces en la pecera sin abrirlas, permitiendo que se estabilizase la temperatura, luego se acercó al escritorio y miró el monitor del ordenador. “¿Qué va mal?”.

“La maldita línea aérea intentó activar sus servidores impresos… y colgó uno…”. Suspiró Dar. “Toda la impresión doméstica se les ha colgado…”.

“¿Qué quiere decir eso?”. Preguntó Kerry con curiosidad.

“¿Alguna vez has confirmado tu billete en el mostrador de la línea?”. Preguntó Dar, mientras leía el informe.

“Claro”. Rió Kerry. “Un montón de veces… ¿por qué?”.

“¿Alguna vez necesitaste una tarjeta de embarque?”.

“Sí…”.

“¿Necesitaste etiquetar tus maletas?”.

“Claro…”.

“¿Ves todas estas listas de pasajeros apagadas?”.

“Um….”.

“¿Alguna vez tuviste que comprar un billete en el mostrador?”.

“Me hago una idea, Dar”. Kerry le palmeó el hombro. “¿Qué es lo que hacen si todo eso está colgado?”.

“Escribir todo a mano”.
Kerry parpadeó. “Oh Dios mío… Me alegro de no estar en Newark”.

Dar volteó la cabeza y besó suavemente la mano sobre su hombro. “Yo también… Va a ser una mala noche para viajar”. Sensiblera. La mano se alzó y le acarició la mejilla. “Tan cerca de las vacaciones también”.

“¿Puedes hacer algo?”. Preguntó Kerry, disfrutando de la sensación de su suave piel.
¿Con qué? Se preguntó Dar. Oh, sí… los impresores. “Bueno… es su servidor… nosotros simplemente cargamos los datos”.

“¿No tienen un backup?”. Dijo la mujer rubia despectivamente. “¿Dónde están esos servidores?”.

“Charlotte… los mantienen a larga distancia”. Dar se apoyó sobre Kerry.

“¿Tenemos nosotros un backup que les podamos prestar?”.

La morena mujer entrecruzó los brazos y lo pensó. “Hm… la maldita cosa es una caja de bestias… quad Pentium II, ciento veintiocho megas de ram, tienen cinco arrays de raíz en él, y normalmente simplemente conectan el array a la caja de backup, pero actualizaron el sistema operativo primario y todavía no han hecho el backup… y tienen diferentes tarjetas de control”.

“¿No están soportadas?”. Se retorció Kerry.

“Nop”. Dar agitó la cabeza en negación. “Necesitarían un duplicado de su caja actual”. Cerró los ojos y se concentró. “Déjame pensar”.

Kerry la dejó, masajeándole el cuello con toque suave. “Cuando estábamos haciendo el proyecto de Disney, creí que ahí teníamos unas fuentes realmente potentes… Esas cajas Alpha en las que me estaba conectando, por ejemplo”.

Dar ladeó la cabeza. “Me pregunto….”. Se acercó al teclado y tecleó una petición a la base de datos. “No, esos son procesadores duales… pero… espera un minuto”. Repiqueteó con los dedos en el escritorio, luego desenganchó su móvil de su cinturón y marcó un número. “¿Brent?. Dar Roberts”. Miró a la pantalla. “Escucha, tenéis un servidor de backup que usamos en la cuenta de Sprint… ¿cierto?”.
“Bueno, sí señora… lo tenemos”. Contestó vacilante el hombre. “No lo usamos desde hace mucho… pero todavía está aquí”.

“Bien, límpialo, y llévalo a la sala de servidores”. Le dijo Dar. “Desconéctalo de sus líneas de backup, bajo mi autorización”.

“Muy bien”. El hombre estaba más que feliz en obedecer.

Dar colgó y marcó de nuevo. “¿Isis?. Aquí Dar Roberts. Creo que tenéis un pequeño problema”.

“¿Un pequeño problema?”. La voz de la mujer sonaba claramente a incredulidad. “No tenemos ni un solo impresor funcionando en el continente de los Estados Unidos (y esto es una traducción literal… nunca pensé que EEUU fuera un continente por sí solo)… eso no es un problema… es una enorme encerrona, Dar”.

“¿Cuál es el pronóstico?”. Preguntó la alta ejecutiva, rodeando a Kerry con un brazo mientras ésta también escuchaba la respuesta.

“No preguntes, están tratando de construir un duplicado, pero le va a llevar unas seis horas a HP traer en avión el panel de control desde el estado de Washintong”. Suspiró la mujer.

“¿Qué darías por una espera de diez minutos?”. Masculló Dar.

“Dar, si estás bromeando… Volaré al maldito Miami y te pegaré”. Contestó Iris. “¿Qué daría?. Mi eterna gratitud”.

“Tengo un servidor de backups disponible en Charlotte, tan sólo tendrías que añadirlo en tu array… Tiene la misma estructura que vuestro anterior servidor”.

“Dios te bendiga Dar… Adiós.”. La mujer habló de forma atropellada y colgó.

Dar rió y después se giró hacia su compañera. “Muy buena idea Kerry, gracias”. La miró cariñosamente. “El público viajero te lo agradece”.

Kerry sonrió. “Ey, lo hago lo mejor que puedo”. Le dio a Dar un abrazo rápido y después volvió a la tarea de los peces, preparando la pecera de Dar mientras su jefa seguía comprobando el correo. Los peces de pelea estaban nadando dentro de sus pequeñas bolsas de plástico, mirándola con suspicacia y les saludó mientras limpiaba la pecera y la llenaba con agua fresca. “¿Crees que esta cosa dejará bien el agua?”. Alzó el bote de bacterias que habían comprado.

“¿Hm?”. Dar se volvió y la miró. “¿Me preguntas a mí?”. Rió suavemente. “Creo que la dejará bien… El dependiente dijo que eran unos peces muy vigorosos”. Se giró de nuevo, vacilando antes de abrir el correo que le había mandado Mark. Era un rastreo completo… pero que muy completo sobre Kyle Lewis. “¿Sabías que a Kyle le echaron con bastantes prejuicios de la Marina?”.

Kerry alzó la mirada con sorpresa. “Oh… olvidé que pediste eso… um… sí, lo sabía… Él lo sintió realmente… pero nunca supe porqué. Tan solo le decía a la gente que le habían tendido una trampa”. Tapó la pecera de Dar y le sonrió a los peces. “Ahí vais…”.

Los dos peces inspeccionaron su nueva casa llenos de sospecha, nadando directamente hacia los tubos entrecruzados para mantenerse vigilados el uno al otro. Kerry caminó de nuevo hacia donde estaba sentada Dar y se sentó en el borde de la mesa. “Sí, ése es él”.

La foto que había incluido Mark era de un hombre atractivo de marcadas facciones con cabello plateado y ojos castaños inteligentes y directos. Dar ojeó sus datos, después desvió la vista hacia el rostro de Kerry que estaba tranquila y sin expresión aparente. “Estaba al mando de un ejercicio de entrenamiento que fue mal… Murieron seis hombres y tres fueron heridos”.

Kerry asintió levemente. “¿Crees que fue un complot? Eso es lo que él dice”.

Un sacudimiento de cabeza. “No sé… Basándonos en el informe, parece muy claro y sencillo. Le dijo al grupo que siguiera adelante, hacia una zona que había sido bloqueada como fuera de límite debido a un ejercicio de minas”. Dijo suavemente Dar. “A dos de los tres heridos les volaron las piernas”.
La mujer rubia se mantuvo en silencio, entonces las dos alzaron la mirada al escuchar una llamada en la puerta. “¿Esperas a alguien?”. Preguntó en voz baja Dar.

“Colleen se ha ido de compras… pensó que hoy yo no estaría aquí”. Contestó Kerry de igual forma, mientras caminaba por la alfombra y miraba a través de la mirilla. Se le abrieron los ojos como platos. “Es Kyle”. Gesticuló a Dar con los labios. Otra llamada. Dar se puso en movimiento y llegó a su lado.

“Dile que enseguida vas”. Susurró Dar.

Kerry se lamió los labios, su corazón latiendo desenfrenado en reacción a ver el rostro de Kyle. “¡Ya va!”. Dijo en alto. “Espere”.

Dar había cortado la conexión y ahora estaba agarrando a Kerry por los hombros. “De acuerdo… tómatelo con calma. Me esconderé ahí tras la puerta y tú sólo has de dejarle entrar y pretender que no sucedió nada anoche”.

Kerry tomó aliento. “Creo que puedo hacerlo”. Asintió. “Probablemente esté aquí para tomar notas y contarlo en casa”.

“Probablemente… Mantén la calma, estaré aquí mismo. Confía en mí, Kerry… Si te toca…”. Dar dejó sin concluir la amenaza.

La mujer rubia la besó levemente. “Mi héroe”. Dijo, con queda insistencia. “Vale. Escóndete y déjame abrirle al cabeza de chorlito éste”. La presencia de Dar le daba coraje y vio como su compañera se escondía tras la puerta del baño mientras ella llegaba a la puerta principal, inspirando profundamente antes de abrirla.

Ojos castaños se centraron en ella de forma inmediata, recorriéndola de arriba abajo como si fuese un pura sangre.

Kerry se estiró en acto reflejo. “Oh… Hola Kyle… no te esperaba”.

“Supongo”. Le sonrió. “¿Puedo entrar?”.

“Claro”. Kerry se echó hacia atrás y le observó al entrar, oliendo una oleada de su distintiva colonia al pasar. Iba vestido con una chaqueta de sport y pantalones, impecables como siempre. “¿Qué te trae a Miami?”.

“Oh… Aquello y esto para tu padre… lo de siempre”. Dio una vuelta completa, observando la sala con ligera expresión de desconcierto en los ojos. “Pensé en parar y ver cómo te iba”. Ahora sus ojos reposaron en ella. “Te ves bien… Sin embargo has ganado algo de peso, ¿verdad?”. Otra sonrisa. “Tu madre estará devastada”.

Kerry se sentó en la esquina del sofá, muy consciente de la presencia a su espalda. “De hecho, me siento mejor de lo que he estado en mucho tiempo… Creo que estaba demasiado delgada antes”. Le miró directamente sin titubear.

“Tch… No de acuerdo con tu madre…”. Agitó la cabeza. “No querrás desagradarla Kerry… Ya sabes como son de importante las apariencias para ella”.

Divertido, pensó Kerry. Ni un sonido produjo Dar, pero podía afirmar que sentía el rechinar de los dientes de la alta mujer. Los suyos rechinaban. “Bueno, supongo que tendrá que acostumbrarse… Me marcho el miércoles”.

“Oh sí… Oí que le dijiste que estabas pensando en quedarte…”. Kyle volvió a mirar a su alrededor. “Bonito piso… No puedo decir que te culpo….”. La miró de nuevo. “Ahora, sabes que eso no va a pasar, ¿verdad?”. Su voz era amistosa y dulce. “Es hora que vuelvas a casa y asientes la cabeza Kerry. Han planeado la boda para Abril”.

Kerry le miró de forma directa. “Ése es un asunto entre mis padres y yo, Kyle”. Sentenció suavemente. “Así que supongo que hablaré con ellos sobre el tema la semana que viene”.

De repente Kyle se puso a su lado amenazadoramente rápido. “Vas a ser una buena chica, ¿verdad?”. Preguntó suavemente. “No vas a hacer que tu padre se enfade ahora, ¿hmm?”.

Kerry tragó, sintiendo una vida de concesiones frente a ella como una manta. “Espero que no, pero como ya he dicho, es algo entre ellos y yo”. De forma deliberada se quedó sentada con los brazos cruzados sobre el pecho. Los ojos de él taladraron los suyos y Kerry supo que si Dar no hubiera estado allí, ella estaría metida en serios problemas.

Un dedo alcanzó su barbilla. “Sé buena”. Le advirtió suavemente. “No me gusta tener que tratar con tu padre cuando está triste. Me pone… ansioso”.

Kerry miró hacia arriba más allá de sus ojos y se encontró mirando a un par de azules bloques de hielo rodeados de un rostro furioso tan cerca de Kyle que era un milagro que él no la escuchara respirar. “Kyle… vete a casa”. Dijo quedamente. “Ya no soy una cría y tú no eres mi nana”.

Él respiró un momento sobre ella, vacilante. “Ahora sé que has de volver a casa… Este sitio no es bueno para ti, Kerry”. Se movió para agarrarle la barbilla con movimiento rápido y salvaje.

Nunca llegó a completarse el movimiento ya que se encontró la muñeca sujeta por largos y fuertes dedos. Lentamente giró la cabeza y sus ojos se quedaron atrapados por otros increíblemente azules en el rostro de una extraña. “¿Quién coño eres tú?”.

Dar sonrió, completamente falta de humor. “Una amiga”. Le soltó la mano y después se acercó un paso a Kerry. “A la que no le gusta ver a otras amigas ser maltratadas”.

“Señorita, no se quien demonios es, pero haría mejor si se metiera en sus asuntos”. Le dijo Kyle. “¿Me entiende?”. Su voz se volvió grave, en tono amenazador.

“Sabe… Mi padre tenía un nombre para gente como usted”. Contestó Dar en un tono de voz casual. “Pero probablemente no querrá escuchar cuál era”. Le dedicó una mirada distraída, obviamente nada intimidada por su amenaza.

Él la estudió. “Oh… Déjame adivinar… ¿Eres la amiga… especial… de Kerry?”. Su boca se torció en una mueca de asco.

“No… Soy mucho más que eso”. Respondió Dar con una sonrisa. “Soy su jefa”. Le tendió su tarjeta. “Tome… Asegurése de que deletrea bien el nombre”. Se acercó un paso hacia él. “Ahora ¿ha terminado de amenazar, zarandear e insultar a mi empleada?”.
Kyle le dio una ojeada a la tarjeta y después a su rostro. “Tenga cuidado, Srta. Roberts… Éste es un asunto familiar y no es bienvenida en él”.

Ojos azules como el hielo le miraron sin vacilar. “Tenga cuidado, Sr. Lewis… Se sorprendería de ver los asuntos en los que elijo interesarme”. Replicó Dar de forma muy suave. “O lo que sucede cuando lo hago”.

Él prefirió no contestar. En vez de eso se giró hacia la silenciosa mujer rubia al lado de Dar. “Bueno, siempre es un placer verte Kerry”. Una forzada sonrisa asomó a sus labios. “Será agradable tenerte en casa el miércoles… Quizás entonces podamos continuar nuestra discusión”. Se guardó en el bolsillo la tarjeta de Dar y se giró, caminando hacia la puerta para abrirla de golpe, salir y dar un portazo.

Se hizo un momento de silencio y después Kerry suspiró. “Bueno. No fue agradable”. Se volvió y observó a su compañera. “Pero podía haber sido bastante peor… Gracias”.

“Odioso pequeño hijo de *puta*…”. Masculló en disgusto, Dar. “Pedazo de…”. Exhaló. “Menudo culo de caballo”.

Kerry se reclinó sobre ella. “Sí”. Suspiró. “Ciertamente lo es… Este fin de semana que viene no va a ser nada agradable”. Brevemente contempló la idea de no ir y se sorprendió al descubrir lo tentadora que era. “Preferiría estar aquí, comiendo bocadillos de pavo y viendo el maratón que van a poner en el cable”.

“Bueno…”. Dar la besó en la frente. “Si decides hacerlo… dímelo… Me quedaré por aquí y vendré a compartir el pavo contigo… ¿vale?”.

La mujer bajita la rodeó con los brazos. “No te imaginas lo tentador que es, pero tengo que ir, tengo que acabar con esto”. Suspiró. “Y decirles que no iré a casa por Navidad”.

Dar le devolvió el abrazo. “Estaré contigo en espíritu, lo sabes ¿verdad?”.

Kerry la miró a los ojos. “Lo sé”. Murmuró, encantada. “Eso… ayuda… No le hubiera podido contestar así de otra manera”.

La mujer morena le echó los mechones hacia atrás cuidadosamente. “Hiciste un buen trabajo”. Le informó a Kerry. “Él estaba buscando como pincharte”.

“Mm”. Kerry dejó reposar su cabeza sobre el hombro de Dar. Y él también… era como si hubiese una cálida capa entre ella y sus palabras, incluidas las más bajas. “Siempre tiene que meter las narices en todo”.

Dar miró sobre su hombro sin mirar a nada realmente, su mente pensando en estrategias. “Quizás sea el momento de que alguien las meta en sus asuntos un poquito”. Comentó. “Vamos… causemos algún problema”. Guió a Kerry hacia el escritorio y se sentó. “¿Tiene una línea aérea preferida?”.

“Delta, pero…”. Kerry miró la pantalla del ordenador mientras Dar comenzaba una sesión.

“Delta… Hoy… De aquí a DC… Su nombre… Ah”. Tecleó una secuencia y obtuvo algo. “Ahí tienes… Ahí está su vuelo de vuelta”. Miró a Kerry de forma traviesa. “¿Sabes lo que puedes hacer aquí dentro?”.

Un movimiento de lado a lado de la rubia cabeza.

“Esto”. Dar tecleó una palabra de cuatro letras y la imagen de la pantalla desapareció. “Puf. Ya no tiene reservas en la línea”. Sonrió frente a la pantalla. “Bienvenido a la era de la información, Sr. Lewis”.

Kerry se tapó los ojos con la mano.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 17th 2012, 5:13 pm

Decimotercera parte

Dar exhalaba energía para terminar con la lista de trabajo, deshaciéndose de varios temas a la vez y prestando medio oído a Kerry, la cual estaba trasteando por la cocina. Sabía que la visita de Kyle había trastornado a la mujer rubia y contestó impaciente a algunos de la docena o así de mensajes urgentes que tenía, ansiosa por sacárselos del medio y así poder volver a…

¿Volver a que, Dar? ¿Seguir jugueteando? Torció los labios. Sí. Mucho más interesante que decirle a José que tiene que volver a la plantilla de diseño con respecto a dos cuentas y que escribir una respuesta oficial a la querella en su contra por parte de Peter.

Idiota. Suspiró y se frotó la frente, pensando en como escribir la respuesta. “Él fastidió la cuenta, y Alaister me mandó allí para sacarle del apuro, y lo hice. ¿Cuál es el problema?”. Repiqueteó los dedos sobre el teclado y después le dio a la tecla de retroceso. “No… me mataría si dijese eso”.

“¿Pasa algo malo?”. Apareció Kerry, apoyando una mano sobre su hombro. Su mano estaba recubierta por una manopla de suave algodón y tenía una cuchara de palo cuyo olor la distraía fácilmente. Dar la lamió de inmediato, e hizo una mueca ante el salto de sorpresa de la pequeña mujer. “¡Dar!, ¡estate quieta!”.

“Mm… Sea lo que sea sabe genial”. Replicó la mujer oscura. “Esto… Peter a rellenado una queja formal contra mi conducta y la tengo que contestar… Intento encontrar una forma políticamente correcta de decirle que me puede morder (es ‘bite me’ que yo traduciría como que me la chupe, pero como que no es plan ¿verdad?) y no hacer que Mariana se tire de los pelos”.

“Es salsa de albóndiga… Estoy probando una nueva receta de espaguetis y albóndigas”. Contesto ausente Kerry, observando el documento. “Creo que eso es bastante seguro”.

A Dar se le iluminaron los ojos. “Hace mucho que no comía eso”. Sentenció. “Normalmente no lo pido en los restaurantes… En general las albóndigas saben a carne enlatada”.

Kerry asintió en acuerdo. “Sí… ey, oye… por qué no dices que te pidieron evaluar la situación y que el cliente decidió negociar directamente contigo”. Miró a Dar. “Eso fue lo que pasó, ¿verdad?”.

“Más o menos”. Reconoció Dar. “En realidad, Gerald Easton es un viejo amigo de mi padre… Me conoce desde que era una cría”. Suspiró. “Simplemente no le gustaba el estilo de Peter, así que llamó y puteó a Alastair”.

“Hmm”. Exhaló Kerry. “De acuerdo… puedes decir que tenías experiencia previa con el contrato y el cliente se sentía más cómodo trabajando contigo”.

Una leve sonrisa curvó los labios de Dar. “Eres muy buena con estos temas”.

Ojos verdes parpadearon. “Debates, ¿recuerdas? A veces tienes que decir lo mismo de cuatro formas diferentes para conseguir hacer ver tu punto”.

La mujer morena rió. “Me hubiera encantado verte allí… Nada me gusta más que un buen debate”.

Kerry se sonrojó levemente y sonrió. “El debate que gané fue el que vino mi padre a ver… Era uno de los importantes y él se lo pasó tan bien haciendo gala de ser quien era con el público”. Parecía un poco un triste. “Me sentí bien al ganarlo”.

“¿Consideraste alguna vez meterte tú en política?”. Preguntó Dar.

Un suave resoplido. “No gracias, si quisiera pasar mi vida decepcionando a la gente hubiera hecho marketing, gracias”. Le dedicó a Dar una mirada torcida. “No me iras a decir que crees que los ayudantes públicos lo hacen por placer de servir a sus compañeros de patria, ¿verdad?”.

“No”.

“Fiu… No quería explotarte esa burbuja, déjame decírtelo Dar”. Le informó Kerry. “Es un negocio desagradable”.

Dar se quedó en silencio, preguntándose si su joven compañera sabría cuan desagradable. “Escucha… ¿por qué no escribes una respuesta por mí y yo voy a freír tu salsa?”. Se levantó de la silla y le cogió la cuchara de la mano a Kerry. “¿Trato justo?”.

Kerry se sentó, la silla aún caliente por el cuerpo de Dar y alzó la mirada. “Trata de no comértelo todo, ¿vale?”. Bromeó, obteniendo una brillante sonrisa como respuesta, después volvió su atención al monitor.

Dar se dirigió a la cocina, levantando la tapa de una olla de hierro sobre el fuego liberando una nube de ajo y especias al aire. “Oooh…”. Removió suavemente la salsa mientras pensaba sobre el informe que le había llegado sobre el padre de Kerry.

Lo usual, en su mayoría. Menores altibajos, algunos sobornos reportados… nada en concreto. Pero había dos cuentas bancarias anónimas que había seguido investigando y una serie de transacciones realmente extrañas lo que parecía una línea de crédito privada a su nombre solamente. No tenía sentido, decidió, en dejar que Kerry viera el informe hasta que ella hubiese terminado de investigar y tuviera algo concreto.

¿Y entonces que? Dar exhaló. A pesar de todo, sospechaba que Kerry aún quería a sus padres, su familia… Hacer algo que dañara a su padre la dañaría a ella también y aunque Dar tenía unas ganas inmensas de apalear al tipo por lo que consideraba una asquerosa persecución de su amiga ¿realmente eso serviría como objetivo?”.

Sin embargo, quizás la información le sería útil en sus discusiones para quedarse aquí. Y quería darle a Kerry toda la munición para eso, ¿verdad?. Claro, había siempre la posibilidad de que no funcionase. Que Kerry se dejase convencer para irse. Eso es lo que te asusta, ¿no es así?. Dar cerró los ojos mientras removía de forma ausente la salsa. La conoces tan sólo desde hace un mes, Dar… el pensamiento de vivir sin ella no puede ser que te duela tanto.

Pero lo hacía.

Se sentía tan a gusto con Kerry, eso es lo que era, decidió. Su usual cautela con la gente parecía evaporarse alrededor de la mujer rubia y se encontró sobrenadando en la calidez de una amistad verdadera por primera vez desde hacía mucho tiempo. No había sospechado que lo extrañara tanto como ahora aparentemente, y ahora algo amenazaba ese sentimiento.

No respondía bien a las amenazas. La hacían hacer cosas locas como rogar a Kerry que no fuese a casa. O que fuese a casa con ella. Oh sí. Se rió de forma incómoda ante sí misma. Eso ganaría un concurso de popularidad… que simplemente te presentaras en la casa de sus padres. Veamos… um… ‘Hola… la empresa está poniendo en marcha un nuevo programa: los supervisores deben visitar a todos sus empleados al menos una vez en las vacaciones y estoy empezando con Kerry… ¿Les importa?’.

Sí.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que ni siquiera escuchó como Kerry la llamaba por su nombre hasta que una cálida mano le tocó la espalda y pegó un brinco. “Qu… oh… perdona”. Se separó de la cocina y le devolvió la cuchara a Kerry. “Toma… sólo estaba… um…”.

“A un millón de kilómetros de aquí”. Añadió Kerry, mirándola con curiosidad. “¿Estás bien?”.

“Sí, sólo estaba pensando, eso es todo”. Rió Dar. “¿Acabaste con eso?”. Estaba ligeramente avergonzada de que la hubiera pillado soñando despierta. “Yo… um… me encargaré de eso otro”.

Kerry le dedicó un gesto de ligera preocupación, pero asintió. “Muy bien… sí, lee lo que he escrito para ver si te gusta”. Palmeó a Dar en el costado. “¿Te gusta el pan de ajo?”.

Dar asintió.
“Pregunta tonta, supongo… Tengo algunas de esas barras de pan en el congelador, las calentaré también”.

La mujer alta rió por lo bajo. “Te gusta hacer esto, ¿no es cierto?”.

Kerry se encogió de hombros. “Supongo… Quiero decir… no creo que me molestase por mí sola… De hecho, sé que no lo haría. Generalmente llego a casa del trabajo y me como algunas zanahorias o algo así… pero es agradable molestarse por alguien que lo aprecia”.

La miró seriamente. “Yo lo aprecio”. Contesto suavemente. “Mucho”.

Eso le consiguió una gran sonrisa. “Lo sé… Me di cuenta que tu cocina no recibe mucho uso”. Bromeó suavemente. “Tengo pesadillas pensando en ti allí con tus Egg McMuffins y tu chocolate con leche”.

Dar rió como acto reflejo. “Nah… Te confundes de lleno”. Movió de lado a lado la cabeza solemnemente. “Son croasanes o nada”.

Un golpecito. “Deberías cuidarte mejor”. Le dijo Kerry medio regañándola. “Algún día eso se volverá contra ti”.

“Juega duro… muere joven”. Dijo Dar medio en broma.

“Preferiría que no lo hicieras”. Contestó muy seria Kerry. “Me gustaría tenerte alrededor por mucho tiempo”. Se hizo un incómodo silencio, y sorprendidos ojos azules la miraron.

“Lo siento”. Murmuró finalmente Kerry. “Fue algo tremendamente presuntuoso por mi parte decir algo así”. Se giró hacia la cocina y se inclinó sobre la sartén, tan sólo para sentir cómo unas manos la agarraban suavemente por los hombros.

Se quedó quieta y no se resistió cuando Dar la hizo volverse y se encontró con los ojos azul pálido ahora suavizados que le estudiaban el rostro. “¿Sabes? Cuando entraste aquí, me estaba preguntando qué demonios haría si decidías volver a casa...”. Murmuró suavemente. “Y estaba intentando comprender cómo alguien que conozco de hace menos de un mes podía llegar a ser tan importante para mí”.


“Oh”. Replicó Kerry.

“Así que, no… no fue presuntuoso… Es bueno que te preocupes”. Añadió vergonzosa, Dar. “Es un poco extraño, pero creo que me gusta”.

La mujer rubia dejó escapar un suspiro de alivio. “Eso es bueno”. Estiró la mano y entrelazó sus dedos con los de Dar. “Porque no puedo dejar de sentirme así… y odiaría estar volviéndote loca o algo así”:

Dar cedió a las insidiosas ganas y la abrazó. “Nah…”. La soltó y dio un paso atrás, luego sonrió. “Déjame ir a ver eso”. Se giró y salió de la cocina.

Kerry lamió el extremo de la cuchara pensando mientras se volvía hacía su salsa y una diminuta e incrédula sonrisa apareció lentamente en su rostro.

Dar volvió al escritorio y se dejó caer en la silla, apoyando la barbilla sobre la mano y mirando la pantalla del ordenador. Dejó que sus ojos vagaran por las palabras tres veces antes de que ninguna de ellas penetrara en su mente. Después dejó que sus párpados parpadeasen y simplemente se tomó un momento para recomponerse, sintiendo una oleada de conflictivas emociones en su interior.

Mitad de su ser estaba cagada de miedo. La otra mitad, la que era extraña, nueva y alienígena del espacio exterior, quería arrodillarse y rendirle devoción eterna a esta pobre mujer que casi no conocía. “Soy un poco mayor para esta porquería emocional, ¿no?”. Murmuró secamente para sí misma. “No me he sentido así desde que tenía doce años y me enamoré por primera vez”.

Se frotó los ojos, entonces se forzó a concentrarse en la pantalla, esta vez leyéndola en serio. “Oh… buen trabajo”. Alabó a la ausente Kerry. “Sí, me gusta…”. La respuesta era muy razonable y estaba escrita de forma educada. “Por supuesto que se va a dar cuenta de que no la escribí yo”. Dar rió suavemente. “Pero eso no importa… La marca de un buen director es saber dónde usar sus fuentes, ¿verdad?”. Alzó la voz. “Buen trabajo”.

“Gracias”. Escuchó de vuelta y Dar pudo sentir también la sonrisa en la respuesta mientras apretaba el botón de enviar y mandaba la respuesta en camino. Entonces se acomodó y siguió con los siguientes temas, tratando de ignorar los intrigantes aromas que venían de la cocina , deteniéndose tan solo un momento cuando un trueno sonó sobre su cabeza. “Hmm”.

Kerry entró, escuchando también. “Suena mal”. Se reclinó sobre el respaldo de la silla. “¿Has terminado?. La cena está lista”.

“Ya lo huelo”. Estuvo de acuerdo la mujer morena mientras se estiraba. “Sip… Colgué a seis personas, cancelé tres reuniones y mandé dos respuestas mordaces a gente que debería pensárselo mejor”. Suspiró. “No fue un mal día”.

“¿En serio lo hiciste?”. Kerry le dedicó una mirada.

Dar asintió secamente. “Sí, lo hice”. Se levantó y se estiró. “Pero no te preocupes, todos están acostumbrados. Si no lo hubiera hecho, pensarían que algo anda mal conmigo”. Avisó a la mujer rubia. “¿Quieres que saquemos todo aquí en la mesa?”.

Kerry dudó y después sonrió. “Bueno… tengo un plato muy grande… Pensé que sería divertido si simplemente lo usara y lo compartiéramos… Tiene patitas… podemos llevarlo al sofá y ver la película”.

“Hmm…”. La voz de Dar bajó de tono a un grave y especulativo gruñido. “Creo que me gusta la idea”. Sonrió de repente. “Me pregunto si podremos hacer como en La Dama y el Vagabundo”.

“¿La qu…”. Alzó las rubias cejas en desconcierto, para después bajarlas de nuevo. “Ah… ah… ¿te refieres con los espaguetis?”. Los ojos de Kerry brillaron. “Bueno… claro… podemos probar”. Rió. “Vamos”.

Fueron juntas a la cocina, riendo.

“Fue una tontería”. Murmuró Dar mirando el televisor. “Avispa y un carajo”.

Kerry rió por lo bajo. “Vamos… No podían hacer que se besasen… El mundo se acabaría… Saldrían monstruos del pecho de todo el mundo… El Fumador tendría que dimitir…”. Echó la cabeza hacia atrás y aceptó un suave asalto a sus labios. “Me alegro que no tengamos el mismo problema…”.

“Yo también”. Coincidió Dar con una risotada mientras se echaba de nuevo contra el sofá con el cuerpo de Kerry acurrucado a su lado mientras miraban la tele. “Dios, estoy llena… Estuvo muy bueno”.

Kerry se estiró contra ella y suspiró. “Yo también… y gracias… Esa receta realmente salió buena”. Alzó la mirada, luego rió y estiró la mano para limpiar un poquito de salsa de la cara de su compañera. “Excepto que los espaguetis fueron pringosos”.

“Mm… ¿así que, cual es el secreto de las albóndigas?”. Preguntó Dar. “Eran tan ligeras… ¿les pusiste plumas?”. Le dio un apretón a la pequeña mujer, después volvió a rodear la cintura de Kerry con los brazos.

Un suave resoplido. “No te lo vas a creer… pero el secreto es leche”. Admitió Kerry con una risa.

“¿LECHE?”. Protestó Dar. “¿Pusiste leche en las albóndigas?”.

Kerry reposó de nuevo la cabeza sobre el almohadillado suave del pecho de Dar y sonrió. “Sip… mezclas medio vaso de leche en la masa de las hamburguesas… y después le añades pan de molde para que lo absorba”. Sentenció afectadamente. “Y un huevo”. Una pausa, y una mirada a Dar. “Y… um… una pizca de azúcar morena”.

Dar rió. “Leche, huevos, y azúcar morena… suena como de mi gusto”. Suspiró. “Fuera lo que fuera… estuvo buenísimo”. Giró la cabeza al sonar el teléfono, e intercambiaron miradas.

Kerry bajó el volumen del televisor y agarró el teléfono inalámbrico. “¿Hola?”.

La voz de su madre resonó en su oído. “Hola… ¿¿Kerry??”.

Quien sino estaría contestando, ¿hmm?. “Hola, madre”. Mantuvo la voz entre cordial y cautelosa… después de todo, la mujer la había colgado la última vez.

“Cariño, he estado pensando”.

Eso es una novedad. “¿Sí, madre?”. Separó el teléfono de forma que Dar pudiera escuchar, no mucho ya que la alta mujer estaba prácticamente enrollada a ella.

“Quizás reaccioné apresuradamente la noche anterior… Hablé con tu padre… y mientras él está muy triste, dice que está seguro que te calmarás y serás capaz de hablar de esto con nosotros cuando vengas a casa…”. Su madre sonaba como satisfecha de sí misma. “Estoy segura que podemos llegar a un compromiso… Comprendemos que debes haberte encariñado con tus amigos en ese sitio”.

¿Encariñado? Kerry miró hacia los fuertes brazos que la acunaban. “Bueno, sí madre… podría decirse eso… y estoy envuelta en algo realmente interesante en este momento”.

Dar bufó entre risas, hundiendo su rostro en el cuello de Kerry por un momento y haciéndole cosquillas.

Kerry se mordió el labio para evitar reír.

“Ciertamente… ciertamente… Todos somos adultos aquí… Y ansiamos tanto verte… Brian te extraña terriblemente”.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 18th 2012, 10:44 pm

¿En serio? No ha llamado ni una vez desde Agosto. “Estoy segura de ello, madre”. Replicó.

Se hizo un silencio momentáneo y después su madre se aclaró la garganta. “Pareces distante, cariño… ¿estoy interrumpiendo algo?”.

Kerry echó hacia atrás la cabeza cuando un mordisco agarró un nervio. “No… no… um… simplemente estaba viendo una película..”. Tragó y después cerro los ojos mientras las manos de Dar subían por su estómago, exponiendo su piel al frío aire acondicionado.

“Oh… bueno, nosotros estamos viendo Guerra y Paz”. Un suspiro. “Le gusta tanto a tu padre”.

“Ya lo creo que le gusta”. Consiguió contestar Kerry. “Yo estoy viendo Expediente X”.

“Kerry… Ya sabes lo que pienso de esa serie”. La voz de su madre sonaba desaprobadora. “Desagradable, tan irrespetuosa con el gobierno… porque, ¿¿sabías que una vez tu padre le escribió una carta a ese horrible hombre que la hace y recibió una nota de respuesta diciéndole que saliera y se tomase algunas drogas??”.

Apunte mental. Decidió Dar. Mandarle un mail de fan a Chris Carter.

“Bueno, madre… “. Kerry dejó la cabeza muerta sobre el pecho de Dar mientras el suave mordisqueo le alcanzaba la garganta. “Es um… sólo una serie de televisión”. Los movedizos dedos trazaron incitantes círculos alrededor de sus pechos y dejó escapar un suave e incoherente sonido.

“¿Qué fue eso querida?”. Le inquirió la voz de su madre.

“Um… sólo algo que estaba viendo…”. Replicó Kerry, dedicándole a su amante una mirada suplicante. “Nada que quieras saber… oh sí… ¿llegó Kyle bien a casa?”. Cambió el tono de voz a uno más zalamero. “Fue tan amable por su parte venir a visitarme mientras estaba aquí”.

Un incómodo silencio. “¿Estuvo allí, cariño? No sabía… Bueno, estoy segura que si estaba por la zona, por supuesto que pasaría a visitarte… Ya sabes cuánto te aprecia”. Hubo un sonido amortiguado. “Roger, ¿sabías que Kyle estaba en Florida? Lo sabías… oh… bueno no… Kerry lo estaba mencionando… ¿qué?”.

Ojos azules y verdes intercambiaron miradas conspiradoras.

“Oh… Dios todopoderoso… el pobre”. La madre de Kerry volvió al teléfono. “Pobre Kyle… Hubo un malentendido en el aeropuerto… De alguna manera perdieron sus reservas y tuvo que conducir hasta Tampa para alcanzar un vuelo desde allí… está esperando en Houston ahora mismo”.

“Iiih. Que mala suerte”. Entonó Kerry con sinceridad. “Sólo vuelos interconectados, ¿eh?”.

“Aparentemente… bueno, me alegro que tuviese una oportunidad de verte”. Suspiró su madre.

“Oh… sí, fue maravilloso”. Replicó de forma suave Kerry. “Incluso conoció a mi jefa”.

“¿De verdad?”.
“Um hm… Ella estaba aquí trabajando conmigo en un proyecto, le dio su tarjeta… Asegúrate que papi la recibe, ¿vale?”.

“Oh… vaya, por supuesto…”. Una pausa. “¿Eso es normal cariño? Pensé que trabajabas en una oficina”.

“Lo hago”. Contestó Kerry. “Pero tenía este asunto extra en marcha… y Dar se toma un…”. Miró fugazmente al moreno rostro que la observaba por encima de su hombro. “Interés muy personal con las cosas”.

El abrazo que la rodeaba se intensificó y ella pegó un saltito, cubriendo el auricular. “No tan fuerte… vomitaré la cena”. Murmuró suavemente, tomando un respiro mientras el abrazo se volvía menos fuerte, entonces las manos de Dar desataron juguetonamente el cinturón que llevaba, y desabotonó los botones de sus tejanos. “¿Mejor?”. Un soplido de palabra llegó hasta sus oídos mientras los dedos comenzaban un gentil y reconfortante masaje.

“Mm”. Kerry se relajó y se pegó el auricular a la oreja. “¿Qué dijiste, madre?”.

“He dicho, ¿compraste los billetes?”. Ahora su madre parecía un poco molesta.

“Sí”. Contestó Kerry. “Los compré el otro día”.

“De acuerdo… Bueno, he de ir a hacer algo de café para tu padre… te veremos el miércoles, cariño”.

“Buenas noches, madre”. Respondió educadamente Kerry , después colgó y dejó el teléfono en el suelo mientras se giraba y entrelazaba sus dedos en el cabello de Dar. “Eres una lianta”.

Una risa grave y sexy hizo que tuviera escalofríos a lo largo de la espalda. “Y tanto”. Capturó un sabroso lóbulo y lo mordió suavemente. “¿Fue eso una disculpa de tu madre?”.

Kerry se encogió de hombros. “Supongo… Odia los enfrentamientos”.
“Hmm”. Dar apoyó la barbilla en el hombro de Kerry. “Menuda maldita forma de pasar la Día de Acción de Gracias”.

Kerry rodeó con los brazos a Dar y suspiró. “Me da dolor de estómago de tan sólo pensarlo”. Admitió. “Desearía poder meterte en mi maleta y llevarte conmigo… Van a ser los cinco días más largos de toda mi vida”. Pensó de nuevo en la idea de no ir… y en cambio, pasar las vacaciones con Dar. Oh chico. Es como si un pequeño cachorro hubiese comenzado a agitar la cola en su interior y ella tenía que detenerle. “Es como ver un accidente de tren a cámara lenta”.

Dar contuvo un deseo casi envolvente de proteger a su amante del mal genio y las disputas en las que sabía se iba a meter. “Yo también desearía que pudieras hacerlo”. Añadió do forma débil. “Me encantaría verles las caras cuando saliera de ellas”.

Kerry comenzó a reír. “Jesús… menuda imagen”. Hizo una pausa. “Vaya… ¿cuéntame sobre este sitio al que vas a ir?”.

“Bueno… como ya dije, Gerry es un viejo amigo de la familia… de hecho, fue él quien me dio esos dos contratos que salvaron a Associated”. Le informó. “Me ha invitado a pasar el fin de semana… tiene un hijo con el que me llevo realmente bien… su familia es dulce, en la manera de una familia a la antigua usanza y servicial… no se”.

“¿Su hijo es guapo?”. Preguntó con curiosidad Kerry.

“Mm… sí… si te gusta el tipo con el pelo rapado… Es un piloto de la marina al cual le acaban de asignar el oficio de transportador”. Contestó Dar. “Más o menos crecimos juntos… sé que a Gerry le gustaría que estuviéramos más unidos, pero…”. Rió. “Ya sabes como es eso”.

“Mm…”. Suspiró Kerry. “Creo que tú te lo vas a pasar mucho mejor que yo…”.

Lo dudo. Musitó Dar en silencio. Estaré preocupada por ti todo el tiempo. “Bueno, el próximo Día de Acción de Gracias tendremos a toda la gente en la Isla… ¿qué te parece?”. Las palabras salieron antes de que realmente pensase en ellas y en todo lo que conllevaban y se mordió la lengua al darse cuenta de lo que había dicho. Estaba de hecho asumiendo no simplemente que estarían juntas de aquí a un año sino… De repente, la idea de que Kerry viviese con ella asaltó su conciencia como un pato entusiasta en la lluvia. Sin embargo, consiguió cerrar la mandíbula antes de entrar en acción.

Kerry se mantuvo en silencio por unos instantes, después giró la cabeza y miró a Dar con vergonzosa sonrisa. “Muy bien”. Coincidió. “Eso me dará algo que pensar mientras batallo contra los planes de mis padres”. Se medio giró y se acurrucó contra el pecho de Dar, jugando perezosamente con los botones de la alta mujer. “Maldición, desearía que la semana que viene hubiese pasado ya… daría lo que fuera porque fuese ya el domingo que viene por la noche… con todo eso detrás… y…”. Un suspiro. “Temo tanto esto”.

Dar le acarició el pelo torpemente. “Lo sé… diablos, casi me está produciendo a mi dolor de estómago”. Respondió. “Pero ey… se habrá terminado en una semana… entonces… podríamos… um…”. Buscó por algo que supiera que le gustaba a Kerry. “Planear una fiesta de Navidad… ¿vale?”.

Kerry deslizó la mirada sobre el largo y firme cuello, y sobre la mandíbula de Dar, arriba hasta encontrarse con esos preciosos ojos azules. “Mm… ¿qué tal una fiesta de cumpleaños?”.

Atrapada. Augh. “Pe…”. Dar se mordisqueó un labio. “Ke…”. Los ojos verdes de suavizaron y le rogaron. “Oh… está bien”. Suspiró, derrotada.

Kerry sonrió y le palmeó el pecho. “Nada en la tierra hará que me pierda eso”. Atrajo hacia sí a Dar con un abrazo. “Al demonio con la Día de Acción de Gracias”.

Dar se sonrió fuertemente a sí misma. Ahora, eso hacía merecer la pena el tener un cumpleaños.

***


“¿Dar?”.

La voz de María penetró por sus pensamientos, y alzó la mirada, sorprendida. “¿Sí?”. Dejó de darle vueltas al lápiz con las manos y exhaló.

“Aquí están tus billetes para mañana”. La secretaria cruzó el despacho pisando la alfombra y dejó el sobre al alcance de su mano. “¿Kerry se fue bien?”.

“Sí, la dejé en el aeropuerto antes de venir aquí”. Contestó la mujer de pelo negro. “”Su vuelo era a las 8 de la mañana”. Comprobó la hora en su reloj. “Debería llegar dentro de poquito”.

“Qué maja”. María sonrió, después su expresión varió ligeramente. “¿No?”.

Dar alzó la mirada de donde había estado abstraída observando a su nuevo pez. “Oh… sí, estoy segura que lo es… Tan sólo estaba pensando en otras cosas… lo siento”. De hecho, su cuerpo estaba ocupado recordando el fuerte abrazo que Kerry le había dado antes de entrar por la puerta de embarque y el quedo susurro de ‘te voy a echar de menos’. Con un suspiro, puso a un lado el pensamiento y sonrió a María. “Bueno… ¿qué te parece tener aquí a Bert y Ernie?”. Los había traído esa misma mañana, después de haberles dado a los dos pendencieros peces unos días para asentarse en el apartamento de Kerry antes de llevarlos a la oficina.

María estudió al pez. “Es bonito”. Admitió. “Estuve pensando en comprar un goldfish para mí, pero siempre estoy tirando las cosas de mi escritorio… perdería mucho tiempo en recogerlos de vuelta”. Se agachó para examinar la pecera. “Esto es bonito”.

Dar dejó caer la barbilla sobre una de sus manos. “Eso creo”. Estuvo de acuerdo. “Um… tengo una reunión con el comité ejecutivo después del almuerzo hoy… ¿hay algo pendiente a lo que tenga que echar un vistazo antes de eso?”.

“*Sí*”. María le acercó el otro sobre que había traído. “Los planos del nuevo edificio”. Le dijo. “Tienes la primera reunión la semana que viene”.

Dar abrió el sobre y estudió la portada. “Bien… el contrato en este edificio acaba el próximo año, y José cree que nos encontrará uno nuevo… hm…”. Estudió el documento. “Bueno… yo no… ah”. Sus labios se torcieron en una mueca sarcástica. “Ahora veo el truco… el dueño es su cuñado”.

María hizo rodar los ojos. “*Dios mío*… ¿han de ser siempre juegos?”.

La ejecutiva suspiró y agitó la cabeza. “Y odio la localización… Parece otra batalla real en el diseño”. Miró secamente a los peces. “Quizá debiera haberlos llamado Dar y José… ¿qué te parece?”.

“*Sí*”. Sonrió María. “Voy a ir al banco a la hora de comer, Dar…. ¿quieres que te traiga algo a la vuelta? Hay pavo en la cafetería… creo que tendrás bastante de pavo este fin de semana”.

La mujer de pelo negro se echó para atrás e hizo un gesto con la cara. “No… gracias…. Tengo el estómago un poco revuelto hoy… Algo que tomé anoche tal vez”. Avisó a su secretaria. Cierto. Casi no había sido capaz ni de beberse una taza de café desde por la mañana e incluso pensarlo le revolvía el estómago. Tragó fuerte para evitar la sensación y suspiró. Había sido una semana dura, mucho más aún porque casi no había visto a Kerry, la cual había estado ocupada haciendo sus maletas. El lunes por la noche ella había estado retenida en una reunión hasta pasadas las once de la noche, y anoche tuvo que forzarse a ir a una cena de negocios para trabajar con el nuevo cliente de José.

Así que esa mañana se había presentado un poco antes para recoger a Kerry. Bueno, vale, bastante antes… y había sido recompensada con ver cómo ojos verdes y adormilados brillaban perfectiblemente cuando la habían reconocido. Kerry la había llevado de vuelta a la habitación y pasaron una hora acurrucadas antes de que el amanecer las despertara de nuevo con tiempo para llegar al aeropuerto.

Dar suspiró y después miró a María. “Quizás baje y coja un refresco o algo”. Se levantó y estiró, después se pasó la chaqueta por los hombros y se dirigió a la puerta.

En el ascensor se encontró con Duks que también iba hacia abajo. “Buenos días”. Dijo ella, reclinándose contra la pared del ascensor. “¿Preparado para la reunión de esta tarde?”.

“No me preguntes eso”. Duks se frotó los ojos. “He estado con las finanzas estos dos últimos días… Tengo tal dolor de cabeza, que no te lo puedo decir”. Se quejó apesadumbrado. “¿Y tú que tal?. Van a ir a por ti por esas adiciones de servicios, ya lo sabes”. Él estudió el rostro de Dar, notando que las líneas tensas y esas ligeras sombras que solían caracterizarla habían disminuido, reemplazadas por una expresión bastante más relajada. “Déjame adivinar… Tienes todas las respuestas preparadas de antemano”.

Dar se encogió de hombros. “Tengo algunas de ellas… y suficientes evasiones para superar las otras…”. Mantuvo la puerta abierta cuando llegaron al piso de abajo. “¿Vas a la cafetería?”. Preguntó. “Te invito a un café… ¿te hace?”.

“Nunca rechazo ese tipo de invitaciones”. Rió Duks mientras la siguió a través de la barra, mirando su posible elección. “¿¿Nada para ti??”.

La mujer de pelo negro le dijo que no con la mano. “Debo haber pillado un virus o algo… Me molesta el estómago”. Dejó sobre la mesa la lata de refresco, entonces asintió hacia la humeante taza de Duks y le pasó un billete al cajero. Llevaron sus bebidas hacia una mesa que hacía esquina, lejos de la bulliciosa y temprana gente que iba a almorzar. Dar sentía como la seguían con los ojos y vio el velado interés. Se preguntó vagamente qué lista de rumores estarían en esos momentos haciendo la ronda.

“Bueno”. Se apoyó sobre los codos y abrió la lata, tomando un pequeño sorbo y haciendo una mueca cuando la bebida llegó a su vacío estómago. “¿Qué piensas que va a intentar José?”-

Duks tomó un trago de su café y meditó la pregunta. “Ha estado tranquilo, demasiado tranquilo”. Murmuró. “Mejor te vigilas la espalda amiga mía… Creo que sea lo que sea lo que se trae entre manos, tú estás en el centro de todo”.

Dar asintió. “Probablemente.” Coincidió.

“No parece preocuparte”. Remarcó su amigo. “Mi ayudante escuchó a las dos chicas falderas de Eleanor hablando sobre Kerry… Parece que Eleanor está convencida de que la puede volver hacia ella”.

“Bueno”. Dar tuvo que sonreír. “Es bienvenida a intentarlo… pero um… “. Movió la mano de un lado a otro. “Creo que tengo asegurada su prioridad de lealtades”.

Duks le devolvió la sonrisa. “Te hace sentir bien, ¿no es así?”.

La morena mujer alzó la cabeza de forma cuestionadora. “¿Qué…? ¿Tener una de ventaja frente a Eleanor?”.

Ojos serios la observaron, mientras una leve mueca aparecía en la boca de Duks.
“Oh”. Dar sintió como un leve rubor le subía por el cuello y estudió la lata, girándola una y otra vez entre sus manos. Finalmente, alzó la mirada. “Sí… lo hace”.

Él se reclinó hacia delante, bajando la voz. “Dar… por favor créeme cuando te digo que estoy tan… tan… contento por ti”. Vio como ella miraba alrededor de la habitación, incómoda. “Realmente me gusta… Creo que esta vez elegiste a una buena”. Orbes azul pálido se quedaron fijos en él intensamente. “Buena elección”. Guiñó él.

Dar cubrió su embarazo tomando un gran trago de la burbujeante bebida. Apreciaba el sentimiento y Lou había sido un buen amigo durante años pero aun así... Se aclaró la garganta. “Me alegra que lo apruebes”. Consiguió mantener el tono serio, pero sabía que sus labios temblaban para adquirir una sonrisa y se sintió incómodamente expuesta. El timbre de su teléfono móvil fue una interrupción bienvenida. “Perdona”. Sacó el aparato y lo abrió. “¿Sí?”.

“Hola”. Había un mundo de tensión en su voz.

“Ey”. Respondió Dar, suavizando su voz de forma instintiva. “¿El vuelo bien?”.

“Muy bien hasta que abrieron la puerta”. Contestó Kerry con un suspiro. “Te llamo luego”.

“Vale… Tómatelo con calma”. Contestó quedamente la mujer de pelo negro.

“Lo intentaré”. Vino la respuesta, después una pausa momentánea. “Te quiero”.

Dar cerró los ojos y de forma consciente bloqueó lo que la rodeaba. “Yo también te quiero”. Pronunció claro e intencionadamente. “Si necesitas algo me llamas, ¿vale?”.

Podía sentir la sonrisa a través del teléfono. “Lo haré… Adiós”.

Dar plegó el teléfono y abrió los ojos, agradecida que Duks había encontrado algo desesperadamente interesante en su taza de café y le dio un momento para recomponerse antes de alzar la mirada.

Se miraron el uno al otro en incómodo silencio durante un momento, después el oficial de finanzas sonrió de forma reflexiva. “Sabes, Dar… momentos como este, momentos en los que veo algo en nosotros más allá del animal, es cuando estoy cerca de ceder y creer en la gracia de que hay algo mayor que yo mismo”.

Y se levantó poniéndole una mano en el hombro para un gentil apretón, antes de encaminarse hacia la charla creciente de la hora de la comida.


***

¿Esa es tuya, Kerry?”. La voz de su madre resonó en sus oídos y se giró.

“Sí… ya la tengo”. Kerry alargó la mano y agarró el asa de la maleta sacándola de la banda rotatoria y dejándola a sus pies. “Ya está… Sólo ésta y el carrito”. Juntó las correas a los aros de la bolsa de mano y se la colgó al hombro. Curioso que pareciera más liviana de lo normal, pero lo achacó a sus propios nervios. “Vamos”.

“¿Lo tienes? Déjame llamar un carrito, cariño”. Su madre la miró. “Dios todopoderoso, has engordado, ¿verdad?”.

Kerry dejó que el recuerdo de la voz de Dar la rodease como una cómoda chaqueta. Una con plumas de ganso que hicieran resbalar las palabras. “Sí, he engordado… Ggracias… Me siento genial”. Contestó. “¿Estamos listas?”.

Su madre pareciera querer decir algo más pero en cambio simplemente asintió. “Sí… quería parar en la tienda de camino… ¿Esa chaqueta es nueva?”.

Kerry movió ligeramente los hombros. “Sí, tiene forro interior…”. Abrió un pliegue mientras caminaban, sabiendo que eso distraería a su madre. “Tenemos algún día fresco de vez en vez en Miami… Puedo sacar el forro para eso”. El cuero color chocolate y suave al tacto olía estupendamente y si se concentraba , podía captar una ráfaga de un familiar aroma.
Dar la había mirado de forma cuestionadora cuando le pidió que se pusiera el abrigo… Las mangas llegándole tan sólo a media altura de los largos brazos de su amiga y la tela estaba tensa alrededor de los anchos hombros. Pero se la había puesto y después se la había devuelto, mirando aturdida a Kerry cuando ésta hundió la nariz en ella y rompió en una sonrisa.

Y lo hizo de nuevo, viendo las marrones paredes de hormigón del aeropuerto pasar e inspirando el frío aire mientras salían de la terminal hacia un nuboso día de Noviembre.

Estaba cayendo una pequeña nevada, manchándolas de blanco y agua mientras Kerry miraba a su alrededor, viendo el paisaje gris y marrón, dónde los árboles ya habían perdido las hojas, y la hierba su color. A los ojos de Kerry esto le pareció extraño… casi de otro mundo, tan acostumbrada a los colores vivos de los subtrópicos como estaba. Siguió a su madre hasta el coche, donde un chofer las esperaba, abriéndoles la puerta mientras llegaban. Tomó las maletas de Kerry y ella se metió en el coche tras su madre, reclinándose sobre el blando asiento y entrecruzando los brazos a la altura del pecho después de poner su ordenador portátil entre su cuerpo y la puerta.

Su madre habló con el conductor y Kerry dejó vagar sus pensamientos a lo que había pasado esa mañana, antes de que ella y Dar abandonasen el apartamento. Había encontrado a la alta mujer mirando la litografía de la puesta de sol en el salón cuando salía de la habitación y se acercaba a ella. “Dar… yo…”. Tenía algo en la mano. “Después de lo del otro día… yo… ¿guardarías algo por mí?”.

Sorprendidos ojos azules la miraron. “Claro”.

Estiró la mano y en acto reflejo Dar estiró la suya, y le puso un objeto pequeño y redondo en su palma. “Ha estado en mi familia desde siempre… me lo dio mi tía abuela”.

El anillo era antiguo y delicado y estaba decorado con una filigrana apenas visible alrededor. Era un diseño muy simple, el perfil de una cabeza de ave sobre un fondo negro, pero siempre le había encantado. “Tan sólo tenlo hasta que vuelva, ¿de acuerdo?”. Le preguntó a Dar.

Largos dedos se habían cerrado lentamente sobre él. “De acuerdo”. Y Dar entendió lo que Kerry intentaba decirle dándole algo tan importante para guardar.

“¿Kerry?”.

Se giró y miró a su madre. “¿Perdona? Estaba pensando”.

La señora Stuart era una delgada y aristocrática mujer de tensas facciones y cabello ondulado y castaño con hebras plateadas. Sus ojos eran del mismo color verde que los de Kerry pero hasta ahí llegaba el parecido, y era varios centímetros más alta que su hija mayor. “Ahora, escúchame cariño… quiero que me prometas que te morderás la lengua en ése sin sentido de que te quedarás en Miami… Tu padre tiene planes definitivos y no le quiero triste en las vacaciones”.

Kerry simplemente la miró. “Madre, no tengo ningún problema con no decir nada… Siempre y cuando entiendas que no tengo intención de volver aquí”.

Su madre suspiró. “Kerry, no entiendo que es lo que te pasa”.

“Quizás sólo me haya echo mayor, madre”. Contestó Kerry con tono suave. “Tengo veintisiete, creo que tengo derecho a opinar sobre mi vida”.

“Es todo una pregunta sobre lo que mejor te conviene, Kerry… ¿Por qué no puedes verlo?”. La voz de su madre sonó triste. “Estas ahí en ese sitio tan peligroso, sin nadie de la familia… ¿qué si te pasara algo?”.

Bueno, veamos… me golpeé en la cabeza y eso me consiguió una visita del vicepresidente corporativo. “Tengo muchos amigos allí…”.

“Los amigos no son la familia, Kerry… lo sabes… ¿y qué pasa con Brian?”.

Otro tema. “¿Qué pasa con él?”. Miró a su madre.

“Cielo… Te vas a casar con él en primavera… ¿O lo has olvidado?”. Su madre se estaba enfadando cada vez más.

Hora de dejar caer la bomba. “Madre, Brian me gusta mucho… y siempre ha sido uno de mis mejores amigos… pero no hemos hablado desde Agosto… Simplemente, no creo que tengamos mucho en común ya”.
Su madre la miró en estado de shock. “Ni te atrevas a decir eso”. Soltó. “No te atrevas… ¿sabes cuánto tiempo llevamos planeando esto?”. Jugueteó con su bolso, abriéndolo y cerrándolo de golpe. “Mejor que no le digas eso a tu padre”.

Kerry se echó para atrás y cerró los ojos. “Bien”.

“Dame una buena razón para que ninguno de los dos pueda casarse”. Siguió diciendo su madre. “Es ridículo”.

Podría decirle la verdad. Musitó Kerry. ‘Bueno, madre… Aquí hay una buena razón… Soy gay y estoy locamente enamorada de mi jefa, que es mucho más atractiva que Brian. Sin mencionar que besa jodidamente mejor que él’. Miró a su madre a la cara y decidió que provocarle un ataque al corazón no era una buena idea en estos momentos… “Madre… hablemos de esto después… ¿de acuerdo?”.

Las manos de la mujer mayor estaban temblando. “Me dejas muy triste”.

Kerry suspiró y miró por la ventanilla hacia las hileras de árboles en invierno. Iba a ser un fin de semana muy pero que muy largo.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 19th 2012, 4:04 pm

Estaba, decidió Dar, muy silencioso. Cerró tras ella la puerta de su condo y se encaminó hacia la sala de estar, dejando su bolsa de deportes sobre sofá mientras exhalaba profundamente. Estaba cansada, tras haber pasado las últimas tres horas en el gimnasio, enseñando a la clase de iniciados como había prometido y después haber estado dos horas practicando con John, dándole a su cuerpo un entrenamiento que era probablemente un poco más para la forma física que tenía en esos momentos.

Pero no estaba tan atenazada por la falta de costumbre como esperaba, lo que era una agradable sorpresa, y había sido capaz de dar una patada combinada al final de la sesión que la había dejado sorprendidísima y había dejado al pobre John de culo en la colchoneta.

Eso la había hecho sentir malditamente bien… dado que el hombre era cinco años más joven que ella y estaba en mejor forma sobre todo. Una leve sonrisa le curvó los labios. Casi había olvidado cuánto le gustaba ese sentimiento. Cuánto le gustaba la competición física y la satisfactoria salida de la agresividad interior que la dejaba mucho más relajada.

Pero no de forma total. Todavía tenía ese nudo de intranquilidad en el estómago que tenía el nombre de Kerry escrito por todos lados y se encontró preguntándose, como había estado haciendo todo el día, cómo lo llevaba su amiga. Con un suspiro, caminó hacia la cocina, estirándose para evitar la tensión que se le había puesto en los hombros durante la vuelta a casa y buscó en el armario por una taza mientras miraba su terminal. Mail. Por supuesto. “Mail, leer”. Puso leche en la taza y añadió chocolate.

“Mail, dieciséis, tres urgentes”.

“Es el día antes de Día de Acción de Gracias… ¿qué demonios puede ser urgente?”. Preguntó seca Dar, mientras metía la taza en el microondas y lo encendía. “Muestra”.

Apareció la lista y la escaneó. “Lee el seis”.

Stuart, Kerry mandado 6PM

Hola.

Estaban equivocados, Dar… El infierno no es un agujero negro. Es una casa de dos pisos en Michigan. Llevo aquí seis horas y ya quiero matar a todo el mundo. Mi hermana llegará en cualquier momento y después tendremos la primera cena familiar. Por suerte para mí, no veré a Brian hasta mañana.

Hasta ahora no hemos hablado de la situación… pero he sido criticada por todo lo demás… Una crítica más y perderé el control.

Te echo de menos. Iii, qué mal suena eso, ¿verdad?. Bueno, me voy a cambiar… Quizá me ponga ese jersey de la marina que me diste tan sólo para fastidiar a mis padres. Debo tomar la diversión de donde pueda, ¿no?. Deséame suerte.


K


“Contestar”. Dijo suavemente Dar.

“Ey… me alegro que me dejaras una nota. He pensado en ti todo el día, y me preguntaba cómo irían las cosas”. Dar hizo una pausa mientras sonaba el microondas y sacaba la taza.

“Acabo de volver a casa. Di la clase esta noche; eché en falta tenerte allí”. Tomó un sorbo. “Después estuve entrenando con John durante dos horas y, chico, si lo siento… Voy a coger mi taza de chocolate y me voy a sentar en la piscina por un rato”. Sonrió a la pantalla. “Desearía que me acompañases”.

“Mandar”. Dar vio como se mandaba el correo, después suspiró, y revisó el resto de la lista.
“Lee el diez”.


Rosenthal, Les – Urgente – Mandado 9:56

Dar

Que demonios es esto:

<>

Sr. Roesanthal,

En el interés de promocionar y mantener una relación excelente entre nuestras compañías, me siento forzada a llamar un tema a su atención, con la esperanza de que lo solucione de la manera adecuada.
En nuestra facilidad este mes, uno de sus oficiales fue vista en una relación inapropiada con un subordinado y creemos que eso no es buena indicación de cómo su empresa trabaja con la disciplina y la presentación.
Por favor revise el adjunto a su discreción y tome cualquier acción que considere necesaria.
Michelle Graver.


<> << Foto1.jpg>> <> <>

Dar exhaló. Puta. “Contestar”.

“Hola Les”.

Se detuvo un momento, pensando. “¿Qué demonios es esto?. Michelle Graver quería que me acostase con ella y no lo hice”. Repiqueteó los dedos sobre el mostrador. “Ya teníamos esas fotos, están en la división del periódico de este mes… y de todas formas, querías ver una foto de mi nueva ayudante. ¿Algún problema?”. Revisó los archivos. “La que más me gusta es la del medio”.


meisner@disney.com”.
“Listo”.

Sr. Eisner,

Antes que nada, feliz Día de Acción de Gracias para usted y su familia. Tuve el placer de estar en la propiedad de Orlando durante una reunión de negocios no hace mucho y quería felicitarle por la calidad de su producto, y decirle cuánto disfruté de mi estancia allí.
Una cosa que me preocupa es el sistema de foto imagen que parece estar usando en sus cámaras de vigilancia. Como puede ver por los ejemplos adjuntos, la nieve es claramente visible y el sistema de enfoque automático parece estar desviado varios grados. Ya que producimos un sistema de dirigir y controlar esas cámaras, quisiera una oportunidad para proponer una adquisición y reemplazamiento del sistema en su beneficio.
Gracias por su tiempo y asegúrese de darle una palabra de agradecimiento a su excelente directora del lugar, Michelle Graver, que fue lo suficientemente amable al llamar mi atención sobre estas fotos.
Saludos cordiales,
Dar Roberts.


Añadió su firma al final. “Mandar”.

Jódeme, ¿quieres?. Bésame el culo, Michelle. Soltó en silencio Dar. Revisó los otros dos mensajes urgentes, de Duks y de Mariana, los dos sobre el mismo tema viendo como Mariana había copiado el mensaje original.


Componer, para Lou Draefus”.

Dar rió.

“Duks… Relájate, dile a Mari que se relaje… Ya está arreglado. No te preocupes por ello… Feliz Día de Acción de Gracias”.

Agitó la cabeza. “Mandar”. Se preguntó brevemente porque simplemente no la habían llamado al busca o al móvil, entonces se dio cuenta de que los había apagado en el gimnasio.

“Petición entrante de conexión con Netmeeting, Les R”. Chirrió el ordenador.

Mierda. “Oh”. Dar se reclinó sobre el mostrador.
Les estaba en su estudio, un jersey color naranja brillante casi la hace parpadear y ajustó el contraste. “Buenas noches, Les”.

Él apoyó su recién afeitada barbilla sobre una de sus manos. “¿Quería acostarse contigo?”.

Dar rió. “Ése era su plan, sí… Primero allí, después el otro día vino de visita”.

“¿Es fea?”. Preguntó Les.

“No… Es bastante atractiva, ¿por?”. Preguntó la mujer de pelo negro.
Les parpadeó ante ella. “Nunca supe que tuvieras escrúpulos sobre eso… ¿qué pasa?”. Él se reclinó aún más. “Podría traernos problemas… cuando llegue la hora de renovar”.

Dar le devolvió la mirada. “No soy tu puta de la corporación, Les”. Soltó. “Así que puedes tomar tus suposiciones y metértelas por el culo”.

Una mano. “Whoa… whoa… con calma, tigre”. Protestó Les. “Tú eres quien siempre fanfarronea de eso, dama… No salió de mí sino recuerdo mal”.

Dar se quedó en silencio, sabiendo que era verdad. “Quizás me esté haciendo mayor para esa mierda”. Dejó que su voz tuviera un tono conciliador. “O quizás ahora sea más lista”.

Les rió de forma seca. “Voto por lo segundo, ahí… Te has vuelto muy lista estos últimos años… y francamente, Dar, si la mujer no es suficientemente inteligente para ganarte sin meterte en su cama… entonces, al demonio con ella… No va a ser capaz de superarte en la sala de reuniones tampoco”.

Dar se relajó un poco. “Lo siento… Ha sido un día muy largo. Acabo de llegar a casa y me he encontrado con eso”. Ofreció una obligada disculpa.

“Mm”. Les entrelazó las manos sobre el escritorio. “Bueno, tan sólo quería hacerte saber que no te preocuparas por el asunto… He mandado una respuesta, preguntando porqué fotos de dos turistas serían tema de preocupación… Y que estabas bajo mis órdenes el que te tomases tiempo libre allí, así que ¿cuál es el problema?”. Hizo una pausa. “Tan sólo de forma más suave”.

“Gracias”. Contestó Dar de forma queda.

“No hay problema, Dar… Eres una empleada valiosa y aunque no lo diga a menudo, aprecio todo lo que haces por mí, lo sabes ¿verdad?”.

Dar asintió. “Lo sé”.
“Bonita chica”.

Cejas oscuras se contrajeron. “¿Qué?”.
“Tu ayudante”.

“Oh… oh, cierto. Kerry. Sí”. Dar agitó la mano ante él. “Está bien… demasiado agradable a veces, pero… es nueva”.

Les asintió. “Tú cambiarás eso”. Le guiñó un ojo. “Bueno, feliz Día de Acción de Gracias, Dar… ¿Te quedarás en la ciudad?”.

¿Cambiaré eso? No… ella me ha cambiado a mí. Admitió secamente Dar. “No… Salgo mañana por la mañana… Volveré el domingo”.

“Nos vemos…”. Les agitó una mano a modo de despedida y la conexión se cortó.

Dar agitó la cabeza y tomó su taza, llevándola consigo hacia el salón. La dejó en la mesa y después se dirigió al baño, cambiándose en su traje de baño y poniéndose una toalla alrededor de los hombros. Momentos después estaba sumergida hasta el cuello en una burbujeante, cálida y calmante agua, mirando las estrellas sobre su cabeza.



***

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 22nd 2012, 12:09 am

Kerry vio como se mandaba el correo, después cerró su portátil y se giró hacia la cama, donde estaba su bulto. Se sentó a su lado con un suspiro, después lo abrió y sacó el jersey, lo había guardado el último. Mientras lo sacaba se cayó algo y agarró el objeto con desconcierto.

Era un peluche pequeño y de color verde azulado y lo miró medio identificándolo. “¿Dónde te he visto antes?”. Musitó a la minúscula salamandra. “Oh… ya recuerdo… estabas en el parque… ¿pero cómo has llegado hasta aquí?”. Miró la maleta y recordó quién la metió en el maletero del coche camino del aeropuerto. “Oh… ¿seguiste a la tita Dar a casa?”.

La salamandra le guiñó un ojo. Kerry la besó en la nariz y detectó el olor de Dar en la tela. La estaba metiendo de vuelta en la maleta cuando sonó un suave golpe en la puerta y alzó la mirada. “Entra”.

Se abrió, y se sintió aliviada al ver el rostro de su hermana. “Ey”.

“Ey a ti también”. Ángela entró y se encaminó hacia ella. Kerry se levantó mientras se acercaba y extendió los brazos, sonriendo cuando su hermana la rodeó con los brazos para abrazarla. “Apuesto que te alegras de ver una cara amiga”.

“Oh… ya sabes”. Suspiró Kerry, soltándola.

“Deja que te vea”. Su hermana la mantuvo a un brazo de distancia y la observó. “Mamá no para de decir una y otra vez todo lo que habías engordado, pero Jesucristo, Kerry, te ves fantástica”.

Los ojos de Kerry parpadearon en sorpresa sin esperar eso. “¿Lo crees?”.

“Dios mío, sí… “. Sonrió Arlene. “Creo que se refería… estás entrenando, ¿no? ¿Y mira ese moreno?”.

Kerry sonrió. “Sí… pasé todo el domingo en el agua… Todavía estoy un poco quemada”. Admitió. “Y he estado haciendo muchas más cosas al aire libre y en el gimnasio… He estado muy ocupada”.

“Ya imagino… bueno, cuéntame sobre el nuevo trabajo”. Arlene se sentó en la cama mientras Kerry se sacaba la camisa de manga corta de los pantalones y empezaba a desabotonarla. “¿Oí a papá decir que tu jefa estaba el otro día en tu piso?”.

“Bueno…”. Kerry dobló la camisa y la guardó, después se pasó el jersey azul oscuro por la cabeza. “Realmente me gusta… Estoy aprendiendo tanto y hay tantas oportunidades… Tengo esta enorme oficina con un ventanal, y geniales beneficios… Es fantástico”. Se giró y se sentó al lado de Arlene. “Y me gusta mucho mi nueva jefa… Ella… um… ha hecho que me interese en muchas cosas”.

“¿En serio? Por lo que decía papá, pensé que sería duro trabajar para ella”. Comentó su hermana. “Sin embargo, me alegro que te guste”. Se acercó más y bajó el tono de voz. “Así que… encontraste a alguien, ¿no?”.

Kerry la miró. “¿Qué te hace decir eso?”. Preguntó cautelosa.

“Mm… digamos simplemente, que soy tu hermana, ¿vale?”. Ángela sonrió. “Vamos, suéltalo… ¿trajiste fotos?”.

Kerry entrelazó las manos y se quedó mirándolas. De toda su familia, su hermana era la única con la que al menos intentaría decírselo. Paradójicamente, Arlene era la única aliada que tenía y las oportunidades eran, que esto lo arruinaría. No había buenas oportunidades. “Angie, no quieres escucharlo”.

Su hermana estaba callada. “¿Qué quieres decir?”. Preguntó con tono de desconcierto. “Claro que quiero, casi no pude ni esperar a que llegases”.

“Es… no es lo que tú piensas”. Comenzó Kerry, con mucho cuidado. “No es lo que esperas”.

Ángela miró de nuevo hacia la puerta, entonces rodeó las manos de su hermana con las suyas. “Ker… sea lo que sea, me lo puedes decir. Soy tu hermana, ¿recuerdas?” Se detuvo y esperó, observando como el rostro de Kerry se mantenía cerrado y en silencio. “¿Al final te diste cuenta que te gustan las chicas y no los chicos?”.

Ojos verdes se abrieron de par en par de pura sorpresa mientras Kerry se giraba para mirarla. No pudo hablar por un momento. “¿Lo sabías?”.

“Bu”. Ángela se tuvo que reír ante la expresión de su cara. “Cierra la boca, hermanita, atraerás a las moscas”. Apretó las manos de Kerry. “Escucha, debí hablar de esto contigo antes… Sólo estaba… no sé, quizás sea toda esa doctrinación en la que crecimos”.

Kerry alzó una mano y se frotó la sien, sintiendo una mezcla de alivio y estupor. “Yo…”.
“Ey… tómatelo con calma”. Ángela le puso un brazo sobre los hombros. “Tan sólo porque vivo con un estereotipo no quiere decir que no tenga un cerebro, hermanita”.

“Lo sé… yo…”. Kerry rió débilmente. “Tan sólo estaba esperando otra reacción”.

Ángela suspiró. “Lo sé… pero Jack se compró este ordenador el año pasado… ¿y ya sabes que nunca está en casa? Bueno, me propuse navegar por la red… Realmente ha cambiado muchas cosas que solía pensar antes”.

Su hermana sonrió cuidadosamente. “Las maravillas de la tecnología moderna”.

“Así que… ¿trajiste fotos?”. Ángela alzó sus negras cejas.

Kerry la observó por un momento, después de levantó y fue hacia la bolsa de su portátil, abriendo un bolsillo y sacando una carpeta. Se la dio a su hermana y le dedicó una tensa sonrisa. “Ésa es ella”.

Ángela tomó con ganas el sobre y lo abrió, mirando las fotos del interior. Tras un momento, alzó la vista hacia su hermana. “Jesús… Es preciosa”.

Kerry sintió como le aparecía en los labios una gran sonrisa. Tomó de nuevo su sitio en la cama y miró sobre el hombro de Arlene. “Ésa me gusta”. Era una buena toma de Dar en el barco, reclinada sobre la parte frontal de la cabina en la proa, una rodilla alzada, la luz del sol brillando sobre las gotas de agua de mar que rodaban por su cuerpo. El bañador dejaba muy poco a la imaginación y cuando dejabas de mirarlo, te encontrabas con su rostro y esos brillantes ojos azules.

“Oh, guau”. Ángela la pasó y vio la siguiente, una foto de la vista desde el condo. “¿Dónde es esto?”.

Kerry se aclaró la garganta. “Su casa… El barco es suyo también”. Le dedicó a su hermana una muy vergonzosa mirada. “Es una isla privada en la punta de South Beach”.

Un suave silbido. “Guau… ¿Dónde la conociste?”.
Una incómoda pausa. “Um… Ella es… mi jefa”.

Ángela miró hacia arriba con sorpresa. “¿Esa es Dar?”.

Kerry asintió. “Sí… sé que parece raro pero nos prendamos casi desde el primer momento… Quiero decir, era una gran oportunidad y todo eso el ser su ayudante y al principio yo… pensé que sólo era yo, ya sabes… un tonto enamoramiento”.

Ángela sacudió la cabeza. “¿Sabes hermanita? Vicepresidente corporativo, un barco, un condo carísimo… excepto por un pequeño detalle, papá vendería sus pantalones porque te liaras con alguien así”. Miró por el rabillo del ojo a su hermana. “¿Cómo de serio es esto?”.

Kerry tomó la foto que estaba mirando, una en la que de hecho había conseguido que Dar sonriera para la cámara. Devolvió la sonrisa en acto reflejo. “Es serio”.

“Sabes que a papá le va a dar algo”. Sentenció quedamente Ángela . “No sé si debieras decir algo… quizá mejor les dejas sin saberlo un tiempo y sales de aquí por patas”.

Antes de que Kerry pudiera contestar, escucharon la voz de su madre. “¡Chicas!. Bajad, la cena está servida”.

Las dos hermanas se miraron la una a la otra. “Gracias por entenderlo”. Le dijo suavemente Kerry a la joven mujer. “No sabes cuánto significa para mí”. Se levantó. “Vamos… vayamos y acabemos con esto”.

Ángela se levantó y la abrazó. “Ker… hagas lo que hagas… estoy contigo, ¿vale?”.

Kerry le devolvió el abrazo. “Lo mismo digo… escuché que seré tía de nuevo”.

Su hermana inspiró hondo y la miró. “Sí… pero el bebé no es de Jack”.

A Kerry se le desencajó la mandíbula. “Oh chico”. Musitó.
“¡Chicas!”. La voz de su madre tenía un tono de impaciencia.

Ángela sonrió de forma tensa. “Hablaremos después”.

Entraron en el comedor lado a lado, Kerry alzándose las mangas del jersey y Angela pasándose los dedos por su rizado cabello marrón. Richard ya estaba allí sentado junto a su padre y Kerry tuvo la oportunidad de observarlos antes de que la vieran.

Su padre. Un hombre compacto de mediana estatura con pelo plateado, y un bigote y barba pulcramente aseada, daba la impresión de sofisticado poder. Sentado junto a él estaba su cuñado Richard, el cual tenía la mitad de edad pero era más alto, con fino cabello marrón y un rostro ceñudo pero ligeramente descentrado. Se le había roto la nariz varias veces durante sus días de jugador de fútbol y nunca se la habían terminado de enderezar bien.

Su padre alzó la vista y las vio, fijando sus ojos en ella mientras se reclinaba en la silla.

Kerry recordó la imagen que tenía en su mente de Dar, entrando en esa hostil habitación en Orlando y elevó la barbilla un poco al cruzar el parquet y sentarse en una de las aún libres sillas de la mesa. “Hola Richard”. Dijo de forma queda, mientras su hermana se sentaba en la silla siguiente. “Papá”.

“Bueno verte, Ker”. Richard le dedicó una amistosa sonrisa. “Bonita camiseta”.

“No sabía que hubiera una base allí…”. Comentó su padre. “Te ves… saludable… Kerrison”.

Kerry le sonrió educadamente. “Gracias… Y no, no hay una base, me la dio una amiga mía”. Tomó la servilleta de su servicio y la desplegó, poniéndola de forma ordenada sobre sus rodillas. “¿Cómo te van las cosas?”.

“Bastante bien… Ya sabes cómo es en la bolsa”. Richard rió un poco. “Estás arriba, estás abajo… Ahora mismo, estamos intentando aguantar mientras las acciones extranjeras caen”. Él la miró de reojo. “”Nosotros no nos sentamos todos los días al sol como vosotros allí en Miami”.
Kerry se puso el pelo tras la oreja y aceptó la chanza. “Definitivamente tiene sus ventajas”. Coincidió alegremente. “El domingo pasado estuve nadando en el océano… Hizo un tiempo estupendo”.

“Pensé que ese trabajo te mantendría muy ocupada”. Bufó su padre.

“Lo hace”. Contestó su hija. “Estoy en la oficina antes de las ocho de la mañana y generalmente no salgo de allí pasadas las siete... Después de eso suelo ir al gimnasio o a patinar por mi barrio”

”Escuché que trabajabas los sábados”. Roger Stuart miró directamente a su hija.

“Ocasionalmente”. Respondió Kerry. “Depende de los proyectos en los que esté trabajando”. Alzó la vista cuando entró su madre y se sentó. “Mi equipo en casa se conecta a la oficina si lo necesito”.

Su padre gruñó. “Oí que tu jefa te hace visitas”.

Nada como ir directo al grano y antes de que sirvan la sopa ¿eh? Kerry suspiró internamente. “Claro… trabajamos muy juntas en cosas… y ya sabes, a pesar de todas las historias que oí de ella, realmente me gusta Dar”.

Su hermana ocultó una sonrisa.

El Senador Stuart alzó la mirada cuando su plato de sopa fue servido, después tomó su cuchara y la señaló con ella. “Es una mujer peligrosa… Mejor te mantienes al margen de ella”. Tomó una cucharada de sopa y la saboreó. “Más pimienta, maldita sea”.

Angela le pasó en silencio el juego de sal y pimienta.

“Puede ser, cierto”. Kerry contestó su comentario. “Pero me considero afortunada de haber conseguido la posición a su mando… y esa es la razón principal por lo que no tendría sentido el irme ahora”. Trató de mantener tranquilo y razonable su tono de voz. “El potencial para aprender y avanzar… No puedo encontrar eso aquí”.

“¿Para qué necesitas eso?”. Objetó su madre. “Cuando te cases y te asientes ¿qué diferencia hará?”.

“Vamos, madre… Es una oportunidad buenísima”. Disintió Ángela “Cuando Kerry pase un tiempo en el puesto, podrá ir donde quiera y obtener el mismo tipo de trabajo, al mismo nivel… Claro que quiere quedarse un tiempo haciendo eso… Apuesto a que tiene un aumento de sueldo, ¿no es cierto?”.

Kerry le dedicó una sonrisa a su hermana. “Chico si lo hice”. Rió. “Estaba sorprendida… Pensé que me mantendrían con mi salario anterior mientras estaba a prueba, pero no… Era un incremento del treinta por ciento”.

Incluso su padre parecía impresionado.

“Pero no tienes que preocuparte por eso”. Objetó persistente, su madre. “Brian te va a mantener muy bien, querida”.

“Acaba de salir de la Universidad, madre”. Volvió Ángela a la discusión. “Va a llevar un tiempo… y además, nunca se tiene demasiado dinero, ¿verdad papá?”.

Roger Stuart gruñó.

Se hizo un incómodo silencio.

“Así que… ¿qué tal los Lions?”. Preguntó Richard, con forzada alegría. “Menudo partido el del otro día, ¿eh?”.

Kerry se centró en su sopa, agradecida que la conversación se hubiese desviado. Hasta aquí… todo bien, pero mirando la cerrada expresión de su padre, sospechaba que él tenía otro plan en mente. Al menos, suspiró Kerry, no estaba Kyle. El tener que soportar su atrevida arrogancia en la mesa haría la cena incluso más desastrosa.

La puerta se abrió y la cocinera de la familia, Elena, asomó la cabeza por ella. “¿Todo en orden señora?”.

Cindy Stuart alzó la vista. “La sopa está un poco sosa, Elena, al Senador le gusta con más pimienta”.
Kerry cruzó la mirada con la cocinera y le sonrió. “Yo creo que está buenísima… extrañé tu comida, Elena”.

La mujer mayor le devolvió la sonrisa. “Me alegro de saberlo, Srta. Kerrison”. Retiró la cabeza y la puerta se cerró tras ella.

Kerry tomó una barrita de pan de la panera cubierta con una servilleta y lo partió en dos, disfrutando del rico y cálido aroma e ignorando la mirada escandalizada de su madre mientras lo recubría alegremente de mantequilla. “Papá, ¿sabías que mi antigua cuenta está manteniendo los ordenadores IRS?”.

El Senador Stuart la miró. “¿Qué?”.

Kerry tomó un bocado del pan y lo masticó. “Mmhm… Ésa enorme página en internet que usan para que la gente adquiera formularios e información”.

“Qué… ¿quieres decir que hacen sus propios impuestos?”. Rió Richard. “Yo no he podido hacerlo desde que dejé la Universidad”.

Imagínate. Kerry se refrenó las ganas de voltear los ojos. “Yo rellené el mío electrónicamente… Tan sólo fui a la página de transmisiones, rellené unos cuantos formularios y clic. Se fue”. Tomó otro bocado del pan y una cucharada de la sopa de patata. “Y mi reembolso se deposita de forma automática”.

“Ah… la simplicidad de una vida desenfadada”. Richard le sonrió. “Espera a que empieces a invertir”.

Kerry le devolvió la sonrisa. “Dejo que mi 401K lo haga por mí, gracias… Tenemos una compañía que se encarga de eso y las acciones de bolsa… y las fuentes gananciales”. Masticó el pan y tragó. “Yo tan sólo hago mí trabajo y ellos se encargan del resto”.

“Guau… Ése es un paquete de buenos beneficios”. Comentó Ángela , sorbiendo una cucharada de su sopa. “Es mejor que el que tenías en el otro sitio”.
Kerry asintió. “Mucho mejor… pero luego, es una compañía mucho más grande… Es un bonito edificio, también. Tengo fotos si las queréis ver después”. Se terminó la sopa. “Incluyendo una foto desde mi oficina… espera a que veas la vista”.
“Fácil viene, fácil se va”. Comentó su padre. “De lo que he oído de tu jefa, puede dejarte fuera en cualquier momento”. Cogió un pan y lo mordió. “No me gusta su forma de hacer negocios y los voy a sacar de nuestros contratos de estado aunque sea lo último que haga”.

Kerry se mordió la lengua para no salir en defensa de Dar. “¿No hace la cuenta lo que se supone que debe hacer?”.

El Senador Stuart la miró. “¿Cómo demonios voy a saber eso? Toda esa charlatanería que soltáis como basura… Lo único que sé es que pedimos cosas sencillas y nos dicen que no van a suceder y nadie me dice eso a mí”. Dio una palmada en la mesa. “En especial ninguna maldita mujer bocona”. Se hizo de nuevo un incómodo silencio mientras Kerry se resistía a morder el anzuelo.

Finalmente su madre se aclaró la garganta. “Cuéntanos sobre el bazar de la Iglesia que montaste la semana pasada Ángela ”.

Terminaron de cenar y Richard le siguió el juego al Senador en un debate sobre los derechos en los límites de la zona de pesca, lo cual estaba revisando como trabajo el hombre mayor, mientras Mary y Elizabeth, las dos sirvientas de la casa, recogían la mesa en silencio.

Kerry se reclinó en el respaldo de la silla y entrecruzó los brazos sobre el estómago, pensando en una excusa para levantarse. Pensándolo, se giró cuando Arlene dejó la servilleta en la mesa. “Guau… estuvo buenísima, ¿verdad? ¿Te apetece dar un paseo?”.

Ángela puso un gesto de desconcierto, después asintió. “Sí, podemos ir hacia el lago… Creo que están empezando a poner las luces de Navidad”. Se levantó. “Vamos a dar un paseo al lago Richard… ¿estás bien aquí con papi?”.

Su marido levantó la vista sin mirar. “¿Huh?. Oh… oh… claro, cariño… que te diviertas”. Le dio palmaditas en la rodilla de forma condescendiente. “Sé que toda esta charla debe estar aburriéndote”.

Kerry se levantó y sacó su abrigo del armario, tocando el bolsillo del mismo para asegurarse que llevaba el móvil. Después agarró el abrigo de su hermana de la percha y se lo tendió a Angela cuando la alcanzó en la puerta. “Gracias”. Murmuró.
“No hay problema… Esa basura me aburre hasta a mí”. Replicó suavemente su hermana. “Oh… no es que no crea que los derechos sobre los límites de la zona de pesca no sean importantes, lo son… pero he escuchado esta discusión seis veces ya… Richard tiene algo de dinero invertido en el futuro de la pesca y cree que puede influenciar a papi para que vote por la idea”.

Caminaron por el vestíbulo y salieron por la puerta principal, cerrándola tras ellas con cuidado para salir a una fría y despejada noche. Kerry se cerró la chaqueta, viendo como salía una nube de vaho de su boca y rió suavemente. “No estoy acostumbrada a esto ya”.

Ángela la miró. “¿Ya?”. La chanceó suavemente. “Esa vieja sangre se diluye deprisa, ¿uhu?”. Alzó la mano y se retiró su castaño cabello rizado de la cara.

“Qué razón tienes”. Admitió su hermana. “Me gusta el poder recoger el periódico en manga corta la mañana de Navidad, gracias”. Le dio una patada a una piedra mientras se alejaban de la casa y entraban en el sendero que las llevaría al lago. “Dar estuvo contándome las historias más divertidas de cuando condujo por primera vez sobre nieve y hielo… Casi termina embarrada en un badén de lavado”.

Ángela rió. “Me lo puedo imaginar… demonios, a mí casi me pasa lo mismo cuando empecé a conducir… y si no recuerdo mal, tú hiciste unas cosas horribles también”. Apretó el hombro de Kerry. “¿Recuerdas la vez que atropellaste a una vaca?”.

Kerry se tapó los ojos. “Oh… dios… no me lo recuerdes…. Esos ojos marrones y patéticos… Hizo falta la mitad del equipo de debate para sacar el coche fuera del campo y levantarla”. Suspiró y movió de lado a lado la cabeza para relajar los músculos del cuello. “Necesito un paseo… estoy llena”.

Su hermana rió por lo bajo. “¿Hiciste eso tan sólo para fastidiar a mamá?”. Preguntó. “Pensé que le iba a dar un infarto, viéndote comer de esa manera”.

Eso hizo soltar una risotada de sorpresa a Kerry. “No… en realidad no… simplemente tenía hambre. No comimos nada en el avión excepto cacahuetes y estaba muy nerviosa para comer esta mañana”. De hecho, pensó, cambió el desayuno por acurrucarse con Dar y no se arrepentía. “Tenía que haberlo pensado, pensado en mamá, quiero decir, pero…”. Suspiró. “Supongo que he perdido el hábito de negarme las cosas el mes pasado”. Eran porciones diminutas siempre en la mesa de su madre, recordó tardía. Sin segundos platos y bocados pequeños. Oh bueno. “Un clavo más en mi ataúd. ¿cierto?”.

Ángela rió. “Pensé que era genial… No te veía comer así desde que éramos pequeñas… y para ser honesta hermanita… la última vez que te vi en Abril pensé que estabas demasiado delgada”.

Mm… Eso es lo que dijo Dar”. Coincidió seria Kerry. “Y… eso es lo que me estaban diciendo todos mis amigos… y creo que lo sabía, muy en le fondo, pero… seguía escuchando esas críticas… No pensé que mereciera la pena pelear por ellas”. Admitió con un suspiro.

“Se lo dije a mamá… sin embargo, tiene esa rara mentalidad espartana”. Comentó con cuidado Arlene. “Así que… ¿cómo consiguió convencerte Dar?”.

Kerry sonrió. “¿Convencerme? Me pervierte”. Rió. “Después de empezar a trabajar en su edificio, encontraba estas galletitas o dios sabe qué chuchería en mi escritorio todo el tiempo… Y finalmente la acorralé diciéndole algo como, ¿qué pasa con todo esto Dar?”. Se agachó y recogió una piedra, después la tiró al lado. “Después me dijo que le preocupaba que saliera volando por la ventana si abrían las puertas de emergencia en la azotea… Quiero decir, estuvo muy maja con el tema, toda vergonzosa y eso… Así que…”.

Kerry se encogió de hombros. “Como que me dejó de piedra”. Reflexionó. “Era… más duro de lo que pensaba al principio, seguí queriendo hacer cosas estúpidas… como volver después de haber cenado y vomitar… pero mi cerebro se hizo cargo y no lo hice… Y después fuimos a Disney Word, donde no hubiera podido hacer eso aunque hubiese querido, ya que Dar estuvo conmigo prácticamente cada minuto y después de eso…”. Rió por lo bajo suavemente. “Y además, tengo mucha más energía…

Quiero decir, antes, iba al trabajo, volvía a casa… quizás una noche o dos salía a patinar con Colleen, pero en general simplemente me dejaba caer porque estaba tan cansada… Ahora es distinto: o voy al gimnasio o a entrenar, o salgo con Dar… o… casi nunca estoy cansada”.

“En caso de que no lo haya dicho antes, de hecho…”. Ángela la miró. “Realmente te ves fantástica, hermanita…”. Vio a Kerry saltar de roca en roca por el camino. “Es como si fueras una persona diferente… Como si estuvieras más viva… Y tus ojos brillan como locos…”.

Kerry se detuvo y la miró. “Estoy segura que eso no es sólo por las galletas de chocolate”. Comentó con cuidado, mientras se bajaba de la última roca y corría despacio hacia Arlene “En las últimas semanas, me he sentido mejor que en toda mi vida”. Cerró los ojos e hizo una gran inhalación del frío aire, después lo dejó escapar con un satisfecho puff, viendo formarse una nube a su alrededor.

Ángela agitó levemente la cabeza. “Siempre supe que cuando te enamorases, sería de lleno”. Miró a su hermana. “¿Eso es lo que es, verdad?”.

Kerry extendió los brazos al máximo y echó hacia atrás la cabeza, mirando las estrellas intensamente. “Sí”. Respiró. “Y es maravilloso”. Dejó caer los brazos, y ladeó la cabeza hacia su hermana. “Es como si hubiera estado toda mi vida esperando a que pasara esto… Y fue tan extraño, porque nada más verla, lo pude sentir”. Tuvo que reír. “Y era una de las peores circunstancias también… Pero, oh dios mío, Arlene, no tenía ni idea de que se pudiera sentir algo tan fuerte por algo o alguien… pero lo hago”.

Su hermana le puso un brazo sobre los hombros. “Me alegro mucho de oírte decir eso… Hace que decirte lo que tengo que contarte sea más sencillo”.

Kerry le pasó un brazo por la cintura y ladeó la cabeza. “¿Y qué es?”.

Una sonrisa temerosa y vergonzosa apareció en el rostro de su hermana. “El padre del bebé…”. Apoyó una mano en su aun liso vientre. “Es Brian”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 23rd 2012, 12:18 am

A Kerry se le desencajó la mandíbula y se la quedó mirando en puro asombro. “¡Vaca sagrada!”. Era un momento de shock, un momento de casi traición, entonces se rió. “No me extraña que no me llamase desde Agosto”.

Ángela la miró de reojo. “¿No estás enfadada?”.

Su hermana se rió. “¿Cómo podría estarlo? Ya sabes lo que siento por Brian… Es dulce, es uno de mis mejores amigos… Le quiero como a un hermano”. Una pausa. “A ratos”.

“Estaba tan asustado de que ni siquiera fueras a hablarle de nuevo”. Le avisó su hermana. “Es por eso que esta noche no ha venido… Lo acordamos para que yo pudiera… um…”.

“¿Romper la noticia?”. Aventuró Kerry.

“Eesi… algo así”. Asintió Angela. “Y si parecía que te ibas a poner histérica, él encontraría la manera de que le llamasen de la Universidad para pasar allí la semana”.

“Gallina”. Rió la mujer rubia. “No es que le culpe… hablando de situaciones incómodas….”. Hizo una pausa, y miró el camino por el que estaban andando. “¿Qué vas a hacer?”.

Ángela la encaminó hacia un banco frente al sombrío lago y se sentaron una junto a la otra. Una suave brisa movió las hojas a su alrededor y susurró entre las ramas sobre su cabeza. “No lo sé”. Contestó finalmente. “Sabes que nunca quise casarme con Richard”.

Kerry asintió. “Lo sé… Papá te obligó… justo como estaba haciendo conmigo y Brian, pero tuve suerte”.

Ojos castaños se volvieron y la miraron. “No es suerte, eres lista Kerry, muy lista y tienes la oportunidad de ir a sitios… Yo nunca la tuve”. La diplomatura de Arlene era en Literatura. “Oh… puedo enseñar, sabes… pero aun así”. Suspiró. “No había ninguna razón para que yo fuera a ningún sitio… Y no era tan malo… Quiero decir, Richard no es un mal tipo, ¿sabes?”.

“Lo sé”. Kerry la miró con queda compasión. “Y está Sally”. Su sobrina de dos años.
“Sí…ella realmente quiere a su papi”. Angela suspiró. “Desearía tanto hacerlo yo”. “Brian me hace sentir tan especial… Él me escucha, y es como…”. Se detuvo y parpadeó. “Él realmente te quiere, Ker… No quiere perderte como amiga”.

Kerry sonrió. “¿Cómo podría?”. Acarició la espalda de su hermana en un gesto compasivo. “Él me ha salvado de tener que hacer algo que realmente me desagradaba”.

Ángela alzó la mirada. “¿Contárselo?”.

Kerry asintió. “No quiero hacerle daño… Me alegro de que no vaya a ser un problema”. Se detuvo. “¿Le contaste sobre mí?”.

Ángela vaciló. “Le dije… que creía que estabas con alguien en Miami”. Contestó cautelosa. “No entré en detalles… porque no tenía ninguno, ¿verdad?”.

“Mm”. Kerry se mordisqueó la uña. “¿Crees que se asustará?”. Preguntó. “Hemos sido amigos desde hace mucho tiempo, pero eso… no sé… para alguien que ha sido criado como él, es algo muy duro de explicarle”.

Ángela lo pensó. “No sé… nunca hemos hablado sobre ello”. Contestó, honesta. “Me gustaría decir que lo va a aceptar… pero no lo sé… es muy conservador”.

“Mm”. Kerry suspiró. “Bueno, debo decírselo… lo que no quiero es que Kyle se entere”. Se echó hacia atrás y miró el despejado cielo. “Bonita noche”. Reflexionó, mirándose el reloj, entonces sacó del bolsillo el móvil y marcó un número de teléfono. Sonó dos veces, entonces contestaron. “Hola ahí”. Le dijo al auricular.

“Hola ahí también”. Sonó de vuelta la voz de Dar, un sonido cálido y envolvente. “¿Cómo te va?”.

“Mm… Mejor de lo que esperaba, de hecho”. Miró a su hermana, la cual estaba escuchando con interés. “Hay algunas… um… complicaciones… que no esperaba… Aparentemente aquí mi hermana me ha robado a Brian y está embarazada de él”.

Escuchó un movimiento repentino y después un splash. “¿Qué?”. Volvió la voz de Dar, incrédula.

“¿Dónde estás?”. Preguntó curiosa Kerry.

“En la bañera… ¿qué has dicho?”. Contestó Dar. “Creí que tu hermana estaba casada”.

“Lo está”. Contestó solemnemente la mujer rubia. “¿Por qué estás en la bañera? Son las once y media de la noche, Dar”.

Un suspiro la contestó. “Porque fui y entrené dos horas con John después de dar la clase y me estoy arrepintiendo”. Contestó Dar. “Eso es una complicación… ¿Qué va a hacer ella?”. Más ruido de salpicar. “¿Se lo has dicho?”.

“Ajá”. Contestó Kerry, dándole un empujoncito a la ahora risueña hermana. “No estaba… um… sorprendida”.

“¿En serio? Puntos para ella”. Rió Dar. “Ey… me alegra escucharlo… parece que las cosas van muy bien por ahí”.

“Sí… sí, no van mal…”. Suspiró Kerry. “Sobreviviré, supongo… ey, mejor que salgas de ahí antes de que te conviertes en una pasa”.

“Uva seca”.

Kerry se quedó mirando el teléfono, una extraña oleada recorriéndole la espalda. “¿Qué has dicho?”.

Sonidos de agua salpicando, después el suave siseo de la puerta al abrirse y cerrarse. “Mi madre solía tener esa discusión con mi padre… él solía decir, ‘las malditas manzanas secas son manzanas secas, los melocotones secos son melocotones secos, no voy a llamar a maricona uva seca una pasa’”.

“Oh”. Rió Kerry. “Lo siento… sonaba tan raro…”. Se calló, tan sólo escuchando el reconfortante sonido de Dar moviéndose por la casa, yendo a la cocina y sacando, Kerry estaba segura, un vaso para tomar algo de leche. “Bueno… debería dejarte ir a que te secaras… tan sólo quería decirte que las cosas van bien”. Escuchó como se abría la nevera, y el siseo del dispensador de la leche y sonrió. “Que disfrutes la leche”.

Una carcajada. “¿Puedes oírlo?”. Preguntó Dar, sorprendida. “Me alegra que llamases. Tan sólo estaba mirando las estrellas y preguntándome que estarías haciendo”.

“Gracioso… Yo estaba haciendo lo mismo”. Admitió Kerry. “Hace frío aquí… me alegro de haberme comprado esa nueva chaqueta… tengo tu jersey debajo”. Le contó. “Oh… y encontré ese pequeño lagarto en mi maleta… ¿alguna idea de dónde salió?”. Su voz adquirió un tono de broma.

“¿Lagarto?”. Completa inocencia en la voz de Dar. “¿Qué lagarto?”. Después se rió. “Llevaba guardándolo un tiempo ya… Oye, Michelle atacó de nuevo hoy… Le mandó copias de las fotos a Les”.

“¿Qué?”. Los ojos de Kerry se abrieron de par en par. “¿Qué hiciste?”.

“Se las mandé de vuelta a su jefe y le ofrecí hacernos cargo de una cuenta para reemplazar el software de resolución de sus cámaras”. Replicó secamente Dar. “No te preocupes, hablé con Les. Todo está bien”. Añadió. “Te gustará bajar el correo si tienes oportunidad… Algún idiota me puso al cargo de planear el entretenimiento en la fiesta de Navidad del trabajo… y necesito consejo”.

Kerry ahogó una risilla con la mano. “Oh… vale… lo haré”. Prometió. “Escucha… que tengas un buen vuelo mañana, ¿de acuerdo?. Ten cuidado”.

“Lo tendré… ten cuidado tú también”. Vino la suave respuesta. “Llámame si necesitas algo”.

“Cuenta con ello. Buenas noches Dar”. Kerry sonrió. “Te quiero”.

Una suave carcajada. “Yo también te quiero… y casi me metes en aguas ardiendo con eso hoy… ¿sabes dónde estaba cuando llamaste?”.

“Um… no”. Kerry se mordió el labio.

“En la cafetería… tomando café con Duks”. Contestó Dar. “Creo que derritió los pliegues de su pequeño corazón ateo”.

“Eep. Lo siento”. Dijo Kerry, sin sentirlo en absoluto.

“Yo no”. Contestó suavemente Dar. “Ve y descansa para que puedas atacar al pavo mañana”.

“Lo haré… nas noches”. Contestó Kerry, plegando el teléfono cuando se cortó la conexión, y se lo guardó en el bolsillo. Después se reclinó de nuevo sobre el banco para mirar otra vez las estrellas, quedándose en reflexivo silencio por un momento. “Es tan diferente de mí… y aún así, cuando estamos juntas, es como si la conociera de toda la vida… A veces no lo entiendo”.

Ángela la observó en silencio, después se acercó y cubrió con su mano la de Kerry. “Sé que en realidad no es…”. Se detuvo. “Bueno, el domingo pasado en la iglesia, el pastor estaba hablando de cómo todo el mundo ahí fuera, en algún sitio, tiene a alguien que los complementa. Que son su otra mitad… su alma gemela”. Se calló, viendo como el cuerpo de Kerry se ponía tenso. “Quizá sea eso lo que sois vosotras”.

Almas gemelas. Las palabras penetraron en su mente, doblando recodos y atravesando puertas en comprensión. Finalmente llegó a su punto de destino, rodeándole el corazón como un pañuelo de seda mientras cerraba los ojos y aceptaba la veracidad del hecho. “Puede que tengas razón”. Murmuró. “Nunca pensé en eso… recuerdo al Pastor Robert hablar sobre ello cuando estaba en la Universidad”.

Ángela asintió. “Aún lo hace… y cuando habla sobre el, siempre hace que me pregunte si él ha encontrado la suya porque se le ilumina tanto la cara”. Rozó los dedos de Kerry. “Quizás debas ir a hablar con él… Kerry, siempre te ha querido tanto. Siempre pregunta por ti”.

Kerry se volvió hacia ella, seria. “No creo que lo entienda, Ángela … es un pastor”.

Sabios ojos castaños la calmaron. “Creo que te entenderá mejor de lo que crees hermanita”. Estudió el rostro de Kerry. “Allí no vas a la iglesia, ¿verdad?”.

Una sacudida de la rubia cabeza. “No… no hay ninguna de nuestra nominación en los alrededores… Al menos donde yo vivo. Hay algunas en Broward, pero…”. Miró al suelo. “A veces lo extraño… quizás vaya a hablar con él”. Ocultó un bostezo. “Dar tiene razón… Ha sido un día largo y cansado… ¿os vais a quedar?”.

Ángela asintió. “Sí… Sarah está con la madre de Richard… ey, ¿qué tal si dejo sólo a Richard esta noche y compartimos la habitación como solíamos hacer? ¿qué te parece?”.

Kerry le sonrió. “Sabes… eso me encantaría”. Se levantó y le ofreció una mano a su hermana. “Vamos… conseguiré algo de chocolate caliente de la cocina y podrás ver el resto de mis fotos”.

Ángela se dejó levantar por su hermana más bajita, después la rodeó con un brazo y emprendieron el camino de vuelta.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 24th 2012, 10:57 am

Décimocuarta parte

Dar miró hacia el cielo gris mientras éste se detenía, viendo como oleadas de lluvia chocaban contra la minúscula ventana de forma oval, y suspiró. Había sido un vuelo largo, desde que el mal tiempo había forzado al avión a girar en círculos durante treinta minutos antes de finalmente aterrizar en Dulles, y sentía una necesidad enorme de estirarse y moverse dentro de la pequeña y restringida cabina.

Mientras el avión se ajustaba a la puerta de embarque, se soltó el cinturón de seguridad y se levantó, contenta al menos, de estar al comienzo del avión y próxima a la salida. Abrió el compartimento superior y sacó su chaqueta, después sacó su portátil y se lo colgó al hombro.

La puerta se abrió, dejando entrar una ráfaga de aire frío y húmedo y tembló en acto reflejo, ajustándose la chaqueta y cerrándola antes de asentir educadamente a la azafata y adentrarse en el pasillo camino de la terminal. No había dado más que tres pasos cuando vio a Jack esperándola. Sonrió de forma inconsciente al ver cómo se le iluminaba la cara al verla.

Él era realmente una dulzura, admitió, mientras se acercaba corriendo y la envolvía en un abrazo, sus seis pies además de su figura militar haciéndola sentir un poco enana. Devolvió el abrazo, palpando la solidez de él bajo sus manos y le dio un golpecito en la espalda a modo de saludo. “Ey, Jack…”.

“Dar…”. Le dio un último apretón y la soltó. “Maldición, me alegro de verte… Me alegro tanto que hayas decidido venir para el día del Pavo”.

Ella también se alegraba. Había estado todo tan quieto y solitario anoche en el condo que casi se había vuelto loca, incapaz de creerse su reacción tras haber vivido sola durante tantos años. Al menos unos pocos días en casa de los Easton sustituiría la ausencia de Kerry, y secretamente se admitió a sí misma que un cambio de escenario no estaría mal. “Yo también me alegro de verte… Veo que te has cortado de nuevo el pelo”. Desordenó de forma cariñosa su pelo corto y estilo pincho. “¿A vosotros, chicos, os pagan según cuan corto lo llevéis?”.

Él rió. “Mejor que como piensan algunos que pagan a los pilotos… Según la longitud de otra cosa”. Contestó irónico. “Vamos… ¿tienes algún bulto consignado?”.

Dar asintió. “Uno, sí… Lo iba a llevar en la mano, pero el vuelo estaba tan lleno, que nos obligaron a consignarlo todo”. Siguió su silueta que andaba a grandes zancadas hacia la cinta transportadora de equipajes, esquivando a la gente que iba en todas direcciones. “¿Qué tal le va a Gerry?”.

“Papá está genial”. Contestó él, con alegre mueca. “No puede esperar a verte tampoco. Estaba realmente encantado que decidieras aceptarle la invitación… Al igual que mamá, estaba ocupada preguntándole qué cosas te gustaban; él no tenía ni idea, así que llamamos a tu secretaria”.

Dar estalló en carcajadas. “Oh Dios… Estoy en problemas… Seguramente le habrá dicho a tu madre que me gusta el broccoli y las espinacas verdes… Odia la forma en la que como”.

Él sonrió. “Exacto, lo hizo y mamá se quedó sospechando, recordándote como ella lo hacía… Así que llamó de nuevo y alguien le pasó con una asistente tuya”.

“Eso hizo, ¿huh?”. Dar ocultó una sonrisa. “Apuesto a que eso fue una historia completamente diferente”.

“Diablos sí… y, chico, me alegré… porque odio el broccoli”. Contestó Jack. “Patatas dulces acarameladas son más de mi estilo”. Se detuvo cerca de la cinta transportadora y cruzó sus musculosos brazos. “Señálala”.

Dar obedientemente lo hizo, permitiéndole alzar su bolsa de cuero de la cinta y cargársela al hombro. La caballerosidad siempre la sorprendía y Jack era de los genuinos. Tomó su bolsa porque sabía que era su privilegio y derecho hacerlo así, no porque se estuviera luciendo o anotando un punto a su favor, o ninguna de las otras razones por las que alguien como, digamos José, lo hubiera hecho. Era una cosa de chicos, al igual que abrir las puertas, decir señora, sacarse el sombrero, separar una silla… era algo natural en él y se sentiría totalmente desconcertado si le acusara de comportarse con algún tipo de chauvinismo o protestará diciendo que ella era muy capaz de manejar su propio equipaje.

Era una inocencia dulcemente encantadora y una de las cosas que a Dar más le gustaban del piloto. El hecho de que fuera guapo en su rudeza y tuviera un encantador sentido del humor no estaba mal tampoco. Tenía pelo rubio y unos interesantes ojos azul oscuro, y cuando se comportaba de forma particularmente estúpida, movía las orejas, las cuales eran prominentes debido a su corte de pelo militar. “Bueno… ¿Qué tal te ha ido a ti?”. Preguntó Dar mientras se dirigían a la entrada. “Oí que conseguiste carrier duty”.

Él hizo rodar los ojos. “Oh sí, y tanto que lo hice… USS Nimitz. Volé allí tras la Navidad y me uní a ella en el mar”. Exhaló. “Tuve que hacer una calificación en horas nocturnas el mes pasado y, déjame decirte Dar, fue la vez que más asustado estaba desde que me caí de la casa del árbol cuando tenía diez años y casi me rompí el cuello”.

Dar rió un poco. “No me lo puedo ni imaginar… Aterrizando en esa pequeña cubierta y además a oscuras”.

“En alta mar”. Jack agitó la cabeza. “Casi perdí la comida por orificios de mi cuerpo que ni siquiera sabía que tenía”. Salió por la puerta y la mantuvo abierta para ella, sonriendo de forma irónica al ver que Dar se encogía cuando la azotó el viento helado. “No estás acostumbrada a esto, ¿huh?”.

Dar se ajustó la chaqueta y se alzó el cuello. “En eso tienes razón”. Murmuró. “Estaba sentada bajo las estrellas en mi jacuzzi anoche”.

“Bueno, es una delicada flor de casa cálida la señora”. Soltó Jack parpadeando los ojos. “Si quieres, tengo un abrigo gordo en el coche, esa chaqueta no cubre demasiado”.

Dar se puso las mangas para abajo y le dedicó una mueca torcida. “Gracias, viviré… Creo que me acordé de meter mis guantes en la bolsa”. Se alegraba de haberse puesto sus vaqueros más gruesos y un par de botas y tomó nota mental de añadir una capa extra de ropa cuando se cambiase.

Se metieron en el coche de Jack, un Ford Explorer marrón con cómodos asientos de cuero. Él presionó un botón del salpicadero antes de cerrar la puerta de Dar, después rodeó el vehículo y se introdujo en él, acomodando su cuerpo grande en el asiento del conductor y encendiendo el motor. “Asientos térmicos”. Dijo señalando el botón y guiñándole un ojo a Dar.

Dar sintió como el calor la envolvía y se relajó, estirando las piernas y observando el ahora imponente clima. “No los venden así en Miami”. Comentó con un suspiro. “¿Esperas llegar a más con lo de carrier duty?”.

Él asintió. “Sí… implica no ver a la familia por un tiempo, pero me da la oportunidad de algo de acción”. Él la miró. “Quiero decir… no me interpretes mal… no es que busque lanzar bombas sobre nadie, ¿vale?”.

Azules ojos le enfocaron deprisa y Dar dejó que una minúscula y comprensiva sonrisa asomase a sus labios. “Lo sé”.

“Pero entrenas y entrenas… Sería agradable ser capaz de aplicar eso, ¿sabes? Es como si todo lo que pudieras hacer son test de control todo el día, sería muy aburrido”.

“Eso es cierto”. Coincidió de forma queda Dar. “Supongo que es sólo que todos esperamos que todo ese entrenamiento no se ponga en uso… incluso aunque parezca cada vez más y más que acabaremos siendo la fuerza mundial de policía”.

Jack la miró, antes de volver su atención a la carretera. “¿No te gusta la idea?”. Preguntó, curioso. “Nunca pensé que tuvieras un problema con el uso de la fuerza, Dar”.

Pensó sobre la pregunta. “Sabes… nunca pensé que lo tuviera tampoco… Dios sabe que estaba lo suficientemente ansiosa para entrar en las fuerzas especiales, sabía que no estaría tras un escritorio ahí”.

“Hubieras sido una tremenda SEAL, Dar”. Sonrió Jack. “Apuesto que pateando sus rellenos culos azules”. La miró. “Sin ofender a tu padre”.

“Quizás”. Sonrió de forma queda Dar. “Es una idea atractiva… Tener ese tipo de poder, poder hacer el bien, todo ese tipo de cosas. Creo que podría haberlo hecho”. Recordaba haberlo querido, recordaba el sabor de la sangre en su lengua al mordérsela con ganas, cuando el último esfuerzo de su padre por conseguir meterla en el programa falló. Había estado tan cerca… tan cerca de haber sido permitida su entrada en esa fraternidad. Conocía a la mayoría de los tipos, sabía que hubiera tenido hasta la oportunidad de derrumbar las fronteras de sólo chicos, porque la conocían, conocían a su padre, sabían sus capacidades.

Sabían que podía mantenerse cuando llegase lo duro y poner un cuchillo donde se necesitase.

En vez de eso, sorprendida y enfadada había dado la espalda al servicio y siguió una ruta diferente. Un camino no menos peligroso, con enemigos igual de escurridizos pero con una diferencia fundamental. Allí, se hubiera convertido en una asesina.

Aquí, no lo era.

No tenía ni idea del por qué, de buenas a primeras, eso le importaba.

Jack entró en la rampa de la casa de los Easton unos minutos más tarde, crujiendo las ramas bajo las ruedas en el camino. Se bajó y cogió la bolsa de Dar, después se le acercó camino de la entrada a la casa. “Tenemos una sorpresa dentro”. Murmuró, brillándole los azules ojos. “Creo que te gustará”.

Dar lo miró sospechosa. “Jack, odio las sorpresas… lo sabes”.

Él sonrió y abrió la puerta. “Vamos”.

Cautelosa, Dar entró, rodeada en el acto de una oleada abrumadora de canela caliente y masa de pan que la hizo recordar que no había comido en todo el día. El interior de la casa de los Easton era largo y espacioso, un enorme recibidor que conducía a un hundido salón, y justo delante, la cocina de la que provenían todos esos dulces olores. Mary Easton asomó la cabeza por la cocina al oír abrirse la puerta. “¡Dar! ¡Mírate! ¡Ven aquí!”. Se apresuró a salir, limpiando una chorreante cuchara en su delantal y sonriendo. Era una mujer bajita y redondeada con un rostro de expresión abierta y amistosa.

“Hola, mamá Mary”. Dar tuvo que devolver la sonrisa, abriendo los brazos a tiempo de recibir un fragante abrazo.

“Dios mío, ¿has crecido?”. Demandó la pequeña mujer, alzando la mirada ante ella. “Cariño, estás estupenda… ¿Has estado de vacaciones o algo así?”.
“Nop…”. Rió Dar echándose el pelo un poco para atrás de forma inconsciente. “Tan sólo he tomado un poco el sol… Allí lo tenemos, sabes”.

“Jack, pon esa bolsa en el cuarto de invitados. Después baja y enséñale a Darry tus nuevos amiguitos”. A Mary le brillaron los ojos. “Hice un poco de pan de manzana, ¿quieres una rebanada?”.

“Claro… Huele genial”. Contestó la mujer alta, dejando su portátil en la mesilla cercana al sofá y quitándose la chaqueta. “Me alegro de verte”.

“Ven conmigo”. Mary se colgó a su brazo y la encaminó hacia la cocina. “Tengo docenas de cosas a la vez… Me alegro tanto que dejaras a Gerry convencerte de venir”. Irrumpió en la gran habitación, prácticamente blanca con cajones de color azul en los bordes, y se dirigió a la bandeja cerca del horno. “Toma, hinca el diente en esto… sé que te gusta”.

Dar rió. “Ah… sí… oí que mi gente me ha estado delatando”. Se sentó en uno de los taburetes y miró a su alrededor, apreciando el diseño eficaz del lugar.

“Ahora no te enfades con ellos…”. Rió Mary, mientras le daba una rebanada del pan cálido y con especias tras haberle untado un poco de mantequilla. “Y cariño, he de decirte algo, esa asistente tuya de Miami es la persona más dulce con la que he hablado en toda mi vida”.

Dar sonrió con la boca llena del pan y masticó un momento, tragando antes de contestar. “¿Kerry?”.

Mary asintió. “Sí. Qué mujer más agradable… y sabes, quiero decir sé que es un negocio, y probablemente ni siquiera os habléis unos a otros fuera del edificio, no como hacemos aquí en el servicio, pero creo que le caes realmente bien”.

“Oh, ¿en serio?”. Brillaron los ojos de Dar. “¿Qué te hace pensar eso?”.

Mary brilló ante ella. “Sólo su voz… Cuando decía tu nombre, podías asegurar que estaba sonriendo todo el tiempo”.

Dar sonrió levemente. “Bueno, sí, Kerry es una persona muy agradable, de hecho, somos muy buenas amigas fuera del trabajo”. Pequeña chivata… Ni siquiera mencionó que Mary había llamado; debo pensar en algo equiparable para vengarme de ella. “Me alegro que te guste”.

Volvió Jack y agarró la chaqueta de Dar. “Ey… déjame llevarte esto… y ven conmigo”.

La sorpresa. Dar se levantó amablemente y le tendió la chaqueta dejando que Jack la doblase sobre su brazo, después lo siguió a través de la puerta trasera de la cocina y dos escalones que llevaban a un trastero. “¿Preparada?”. Susurró de forma traviesa.

Dar podía escuchar algunos sonidos bajos y amortiguados tras la puerta que tenía delante, pero no podía identificar de que se trataba. “Um… claro”. Contestó con incertidumbre, dando un paso atrás mientras él abría la puerta y se echaba a un lado.

Una ola viviente de pelo le rodeó las piernas y se le abrieron los ojos de par en par. “¡Dios Santo!”.

Nueve ruidosos, tambaleantes e inquietos cachorros estaban anclados sobre sus botas, mordiéndolas y olisqueándola con salvajes rabotazos.

“Vamos… saluda”. Sonrió Jack. “Son de Alabaster”.

Dar alzó la mirada antes de permitirse la indulgencia de arrodillarse y juguetear con los cachorros. Alabaster era la formal y digna Labrador Retriever de Gerald, un animal de pelaje tan pálido que parecía blanco, de ahí su nombre. “Son preciosos”.

Los cachorros se tamboleaban por sus piernas llorando y decidió sentarse, dejando que escalasen sobre ella. “Maldición, son tan bonitos…”. Alzó uno, un pequeño macho que coleteaba frenético mientras se lo acercaba, después mordisqueó su oreja. “Yau”.

Jack dejó la chaqueta a un lado y se sentó junto a ella, atrayendo su propia pequeña horda. "¿A que sí?”. Acarició a una hembra tras las orejas. “Tienen cinco semanas… tenemos hogares para algunos de ellos”. Hizo una pausa, observando al cachorro acurrucarse en los brazos de Dar y la miró con dulzura. “¿Cuál quieres?”.

Dar alzó la mirada de la pata de cachorro con la que estaba jugando. “No… Lo siento, yo…”. Se quedó en silencio y pensativa por un momento. “¿Lo dices en serio?”.
Jack inclinó la cabeza a un lado. “Claro. Papá y yo lo hablamos, él se preocupa por ti, sabes. Cree que un Labrador sería perfecto para ti”. Acarició el pecho de uno de los cachorros. “Son leales, amistosos, obedientes, puedes llevarlos de paseo… será bueno para ti”.

Dar no contestó de inmediato. Miró la pequeña cabeza que se acurrucaba ahora sobre su pecho, su pequeña naricilla negra olisqueando interesado su pelo. Inocentes ojos marrones parpadearon ante ella y el pequeño morro se abrió revelando una blanda y rosa lengua en forma de u. Primero peces, ¿ahora un cachorro? ¿Qué demonios te está pasando Dar? “Déjame pensarlo”. Contestó finalmente, alzando la mirada con una sonrisa torcida. “Yo… realmente aprecio la oferta”.

Jack sonrió, después se giró mientras entraba Alabaster olisqueando sus cachorros con preocupación de labrador. Vio a Dar y ladró con sorpresa, después se abrió camino a través de la horda y procedió a lamer el rostro de la ejecutiva de una manera eficiente y profesional.

“Tranquila…”. Rió Dar, palmeándole el costado. “Sí, yo también me alegro de verte chica”. Se reclinó hacia atrás apoyándose sobre la lavadora y suspiró, dejando que los cachorros correteasen entre sus piernas. Bueno, si no podía estar con Kerry, ésta no era una segunda mala opción. Afuera, el viento rugía y las ramas golpeaban contra el techo, pero simplemente sonrió a Jack e inclinó la cabeza hacia el salón. “¿Te apetece un fuego?”.

Le devolvió la sonrisa y le tendió una mano para ayudarla a levantarse. “¿Todavía puedes partir un tronco como antes?”.

“Supongo que lo averiguaremos”. Contestó Dar mientras subía las escaleras, cuidadosa de esquivar los cachorros a su paso.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 25th 2012, 2:00 pm

Kerry bostezó ligeramente al despertar, dejando que sus ojos escanearan la silenciosa habitación, centrándose en la silueta de su durmiente hermana con una minúscula sonrisa. Fuera despuntaba el amanecer y los primeros rayos gris rosado eran apenas visibles entre los árboles del patio trasero.

Se quedó tumbada por un rato, después decidió que no se iba a dormir de nuevo y salió de debajo de las sábanas, caminando sobre el suelo alfombrado y arrodillándose frente a su bolsa de viaje. Se sentía un poco ansiosa y decidió que una carrera rápida alrededor del lago no era una mala idea, así que se puso unos pantalones y sudadera de chándal sobre una gruesa camiseta y se calzó sus deportivas.

Correr no era su deporte favorito pero, últimamente, desde que iba con Dar tras quedarse a dormir en la isla y la coacción de Dar de que corriese por la noche por su vecindario, había desarrollado un gusto por hacerlo. O eso era lo que se decía a sí misma. De cualquier modo, no requería equipamiento especial, ¿verdad?. Bajó en silencio las escaleras y se dirigió a la puerta trasera, escuchando tan sólo leves ruiditos de alguien trajinando en la cocina. Quitó el cerrojo y salió fuera, inhalando fuertemente cuando el frío aire matinal la golpeó. “Guau chico”. Murmuró, estirándose rápido antes de emprender un ligero trote dirigiéndose al camino. “Mejor calentarse rápido”.

El camino era de grava bien cuidado y lo encontró sin ningún problema, sus pies amoldándose fácilmente a un ritmo familiar mientras dejaba que su cuerpo despertase. El frío aire la hizo parpadear al principio, pero se acostumbró a él, y lo respiró profundamente al llegar al giro que la llevaba a rodear el pequeño lago.

Estaba tranquilo. Era la única que estaba fuera a esas horas, y sus pisadas sobre la grava resonaban con fuerza. Ningún sonido excepto el propio viento le llegaba, y se dio cuenta que se había acostumbrado tanto a la verdosa fauna de Miami, que la ausencia de pájaros y grillos le parecía sumamente extraña. Pensó en Bob el Pato, mientras dejaba que sus pasos la encaminaran por la orilla del lago. Bob era un viejo amigo que vivía en el canal de drenaje cerca de su apartamento. En las noches de verano, a menudo acababa mirando las olas de la oscura agua, e igual de a menudo, Bob venía a su encuentro.

Se había acostumbrado a llevar migajas de pan en los bolsillos para el viejo pato blanco, y de hecho, muchas noches se sentaba dejando que la ligera brisa la refrescara del pegajoso calor por un tiempo, hasta que la silueta familiar y bamboleante venía a su encuentro.

Kerry sonrió mientras pensaba en él, recordando la sospechosa mirada que le había dedicado a Dar cuando llevó a su nueva amiga a conocerle. Pasaron unos diez minutos o así antes de que Bob se les acercara de forma reluctante, agitando su cola ante la alta mujer y graznándole una protesta.

Su aliento aparecía como un vaho firme y visible, y miró a su alrededor, deseando que su compañera de carreras estuviera a su lado. Se había tenido que esforzar de veras para mantener el paso de Dar, ya que aunque le gastase muchas bromas sobre su amor por el chocolate y otras malas indulgencias, Dar estaba realmente en buena forma y lo demostraba en el poco esfuerzo que hacía al correr y en la habilidad para añadir pequeñas adiciones a su gimnasia matinal.

Como juegos malabares. Casi no se lo podía creer cuando vio a Dar por primera vez coger tres rocas y mientras corrían alrededor de la isla, hacer juegos malabares con ellas. Le dijo que desarrollaba el equilibrio, la coordinación y hacía que la parte superior del cuerpo trabajase también, mientras que correr se centraba en las piernas y parte inferior del cuerpo.

Malabarismos. Jesús… Kerry estaba completamente segura que se caería de boca si simplemente lo intentase. Continuó corriendo alrededor del lago yendo colina abajo, después rodeándola y yendo colina arriba de nuevo. Reconoció que esa parte la echaba en falta en Miami, donde las únicas colinas eran entrecruces de autovías. Podía sentir la tensión en los muslos y cadera pero siguió adelante, ignorando la tensión como Dar le había enseñado.

Era un circuito de dos millas y se alegró de ver la casa al final del mismo cuando llegó a la cima de la colina, respirando de forma fuerte y sudando. A estas horas el sol ya estaba en lo alto y se fue deteniendo hasta caminar al llegar al camino que la llevaba a la cocina, calmándose y tratando de recuperar el aliento. Dar decía que la estamina le volvería al cabo de un tiempo y se sintió satisfecha con el esfuerzo mientras subía los escalones del patio.

Parándose en seco ante la figura casual que allí la esperaba, cabello plateado delineado por la suave luz. Kerry respiró hondo. “Bueno días, Kyle”. Dijo de forma seca.

“Vaya, vaya”. Kyle se separó del poste dónde había estado reclinado y se encaminó hacia ella. “Parecemos el rocío”. Rió. “Convirtiéndonos en la pequeña y regular atleta, ¿no?”.
Kerry le miró fijamente. “Yo no diría eso”.

“¿No?”. Inquirió de forma vaga Kyle, mojándose un dedo con el sudor de su mejilla. “No sé, te metes en un gimnasio, empiezas a tomar clases de karate… Ahora esto… Me pregunto...”. La atravesó con la mirada. “No muy femenino”.

“Las féminas pueden estar en forma”. Comentó suavemente la mujer rubia. “Y no creo que sea de tu incumbencia, Kyle”.

Él la estudió. “Te sorprenderías lo que me incumbe, niña”. Replicó fácilmente. “Especialmente cuando tiene que ver con mi futura sobrina, ¿me entiendes?”.

Kerry entrecerró sus verdes ojos. “Creo que estas sobrepasando tus barreras, Kyle”.

“Y yo creo que estás tramando algo que no me gusta… Y que a tu papi no le gustará. Y va a ser maravilloso cuando descubra qué es, pastelito”. La pellizcó la barbilla. “Ve a ducharte. Apestas”. Entonces se giró y se marchó, trotando por las escaleras y dirigiéndose al garaje.

“No tanto como tú, idiota”. Dijo de forma dura Kerry, por lo bajo. Se volvió y subió las escaleras hacia la puerta trasera, donde se encontró con Mary. “Oh… buenos días, Mary”.

“Señorita Kerry… buenos días”. La mujer negra de mediana edad la saludó con un asentimiento de cabeza. “¿Eras usted la que corría ahí fuera? Dios mío, hace demasiado frío para eso, conseguirá matarse si no tiene cuidado”.

Kerry se pasó los dedos por el pelo. “Está bien, entré en calor realmente rápido”. Sonrió a la sirvienta que había estado al servicio de la casa desde que Kerry era una niña. “¿Alguna oportunidad de encontrar bollos?”.

Mary miró a ambos lados para después inclinarse hacia delante. “Bueno ya sabe, su madre nos ha dicho que no le demos cosas de ese tipo, de acuerdo con su idea de que son malas para usted, pero he de decir señorita Kerry, que para mí está realmente sana”.

Fue Kerry ahora la que miró a ambos lados, después se quitó la camiseta y la sudadera quedándose solamente con el top puesto. Alzó las manos. “¿Aparento que un bollo me va a hacer mal?”.

Mary la miró de arriba abajo. “Mm… no señora, no lo aparenta. Voy a buscarle ese bollo, pero por favor, póngase de vuelta esas ropas antes de que alguno de los señores la vea”.

“Gracias”. Kerry sonrió y se puso de vuelta la camiseta, esperando pacientemente mientras Mary desaparecía y reaparecía con una pequeña cesta.

“Aquí tiene: dos bollos calientes de frambuesa y algo que ponerles encima… Vaya y disfrútelos”. Le dio a Kerry la cesta y le indicó que se fuera.

La mujer rubia hizo una mueca de triunfo y se encaminó al recibidor, de camino hacia las escaleras para subirlas mientras Mary la observaba.

Elizabeth se acercó y le dio un ligero golpe a su cohorte. “¿Qué estás mirando?”.

“Mm… Esa chica creció guapa de veras”. Mary chasqueó la lengua. “Es la semilla del diablo quitándose la ropa delante de mí… Menudo ombligo pequeño y bonito”.

“Vieja zorra”. Liz rió por la zona baja de la garganta.

“Niña, por favor… Me gustaría saber quién le metió un poco de sentido común finalmente… Maldito buen trabajo, también”. Mary sacudió la cabeza. “Lo mejor que hizo nunca fue largarse de esta casa”.

“Hm… Mejor para ella si no volviera nunca”. Sentenció suavemente Liz mientras agarraba los manteles para doblarlos.

“¿Sabías que podemos conseguir esta cosa veinticuatro horas de veinticuatro por día?”. El General Easton señaló la pantalla. “Continúan diciéndome que tienen un canal de cable para todo, ahora me lo creo…”. Estaban viendo el canal Militar, un canal que mostraba los nuevos programas sobre servicio de armas. “Malditas cosas… mira eso, Dar… Venden fatigas como si fuera la casa central de ventas”.

Dar estiró las piernas y las entrecruzó, dejando reposar la cabeza sobre el blando sofá. “Hace dinero… Montones de civiles colectan y usan esas cosas… Jesús… ¿88 pavos por un par de botas de regimiento?”.

“Hmph”. Easton fumó de su pipa y agitó la cabeza. “Basura moderna… ¿Qué demonios va a hacer alguien con una caja de MRE’s?. Yo no le daría eso ni a Alabaster, me mordería directamente en… ah…”.

“La pierna”. Sugirió Dar con torcida mueca. “Bueno, estamos entre juegos, Gerry… supera el ver ‘Peregrinos, Reevaluando la Conquista de América’, de nuevo”.

“Comunistas”. Soltó el comandante. “Está de moda hoy en día ver la historia desde la peor perspectiva posible”.

Dar ocultó una sonrisa y alzó la mirada cuando Jack apareció en el dintel de la puerta, jugando con un balón de rugby.

“¿Te apetece jugar un rato, Dar?”. El hombre alto y rubio sonrió. “El cielo se ha aclarado… Pensé en abrir el apetito ahí fuera”.

“Apuesta que sí”. Dar se puso de pies y le siguió obediente hacia fuera, riendo cuando Alabaster pasó corriendo a su lado, ansiosa por escapar de los minúsculos dientes de sus nueve voraces cachorros por un tiempo. Anduvo a través de la aun inmaculada capa de nieve mientras el sol se dejaba ver e inhaló profundamente el aire frío que los azotaba, dejando de lado el pequeño malestar de estómago que tenía desde media mañana.

Niña… date un respiro, Dar… sólo porque Kerry no te haya llamado dos veces probablemente signifique que todo va bien… está fuera con su familia, y quizás incluso pasándoselo bien. “Vamos”.

Jack le lanzó el balón que atrapó con una mano y lo examinó. “Bonito”. Alabó el gusto del dueño, notando las marcas del largo uso antes de poner los dedos sobre las cuerdas y lanzarlo de vuelta.

“Bueno… ¿cómo van las cosas con la compañía?”. Preguntó Jack, lanzándole de nuevo el balón. “¿Todavía dirigiendo el mundo detrás de las cámaras?”.

Dar lo atrapó y lo devolvió, poniendo un poco más de fuerza en el lanzamiento. “Más o menos. A veces ganas, a veces pierdes… Ha sido un buen año para nosotros”.

“Yau…”. Jack sacudió la mano tras atrapar el balón. “Jesús, Dar… Todavía puedes poner un aguijón en estas cosas, ¿lo sabías?”.

“Lo siento”. Sonrió la mujer morena.

“Sí, claro”. Jack la devolvió. “¿Nunca te arrepientes de hacer esas cosas?”. Preguntó de forma casual. “Quiero decir… ya sabes, alguien con tus habilidades podría ganar muchos pavos en el servicio”.

Dar se detuvo en medio del lanzamiento y se puso las manos en la cintura, o mejor dicho, una mano y un balón. “¿Tratas de reclutarme?”.

Él se metió las manos en los bolsillos y miró a través de ojos de niño. “¿Quién, yo?”. Rió de forma traviesa. “No lo sé, Dar… Tú siempre encajaste en el mundo militar. Tan sólo me preguntaba si algunas veces has pensado en volver”.

Dar preparó el balón y lo lanzó. “Demasiado tarde para eso”. Le dijo. “Estoy muy acostumbrada a dar órdenes, nunca pierdo un minuto”. Era, y ella lo sabía, una admisión honesta. “Acabaría diciéndole a un cinco estrellas que sacase su apelmazado culo del medio para que pudiera llegar al mainframe y terminaría frotando cabezas con un cepillo”.

Jack atrapó el balón y lo lanzó de vuelta. “Era sólo una idea”. Comentó. “No puedes culparme por intentarlo, ¿verdad?”.

Jugaron por un rato más, después cambiaron por un juego nuevo, donde uno de ellos cogería el balón y tenía que pasar las defensas del otro. “¿Defensa o ataque?”. Preguntó Jack, jugando.

“¿Yo y qué buldózer va a atacarte?”. Bufó Dar.
“Gallina”. Sonrió él.

Dar sintió como surgía su vena competitiva. “Está bien… pero no digas que no te lo advertí.”. Agarró el balón y salió corriendo, mientras él gritaba y corría tras ella.

“Mierda… ¡Dar! ¡No es justo!”. Corrió más aprisa, siguiéndola mientras ella le esquivaba y saltaba una pequeña valla del jardín. Él saltó la valla tras ella, entonces sólo tenían al frente un campo abierto. “Ah… ahora te tengo”.

“Eso crees, ¿eh?”. Dar se inclinó hacia delante y corrió más deprisa, alargando sus pasos hasta que estuvo corriendo lo más rápido que podía, escuchando los pasos determinados de él a su espalda. “Tío, vosotros los pilotos pasáis mucho tiempo sentados sobre vuestros traseros”. Le gritó, mientras se metía entre altos árboles al final del campo y se detenía, dejando que la adelantara y se detuviese sobre la húmeda hierva. “Je… punto para mí”.

“Tú… tú…” Jack sacudió un dedo ante ella. “Maldición, Dar… para alguien que pasa todo el día tras un escritorio, tienes unas pedazo de piernas”.

Le lanzó el balón. “Tu turno”.

Él se quedó pensando, después se dio la vuelta poniéndose el balón bajo el brazo de forma profesional. Dar le dio una distancia de gracia, después fue tras él, corriendo en ligero ángulo respecto a su dirección. Se le iba acercando y esperó a que él la esquivara, entonces cambió de nuevo de ángulo y aceleró, prediciendo de forma correcta su siguiente movimiento y echando su cuerpo sobre el de él, rodeándole con los brazos y dejando que su ímpetu y peso los hiciera girar a ambos. Cayeron sobre la hierba con sordo sonido.

“Mierda”. Suspiró Jack.

Dar lo soltó y se sentó, sacudiéndose los vaqueros mientras rompía a carcajadas.

Jack gruñó, después rió también. “Debería haberme acordado de no retarte”. Admitió. “Siempre encuentras la manera de quedar por encima”.

Estaba a punto de contestar, cuando el móvil que llevaba colgado del cinturón sonó. Lo cogió y lo abrió. “¿Sí?”.

“Feliz día de Acción de Gracias”. La voz de Kerry sonaba ligeramente estresada, pero aún así, cálida.

“Lo mismo te digo… ¿cómo va todo?”. Dar estiró las piernas frente a ella y arrancó una brizna de hierva mientras Jack se tumbaba sobre la misma, poniéndose los brazos bajo la cabeza y observaba las nubes.

“Bien”. Suspiró Kerry. “Mamá ha estado trabajando conmigo toda la mañana, tratando de convencerme de cuán apropiado sería para mí volver a casa ahora, así tendría tiempo de preparar la boda”.

“Ah”. Exhaló Dar. “Así que todavía no les has contado nada, ¿eh?”. Mantuvo el tono en forma de apoyo. Alabaster trotó hacia ella y se puedo a su lado y jugueteó con el Labrador de forma ausente. “Parece que va a causar un Big Bang”.

“Sí”. Susurró la mujer rubia al teléfono. “¿Qué haces?”.


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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 26th 2012, 12:04 am

Dar agitó las deportivas. “Ahora mismo, estoy sentada en el césped… Estuve jugando al balón un rato con Jack”. Admitió. “Haciendo algo de ejercicio antes de entrar y comer hasta explotar toda la comida de Mamá Easton”.

“¡Boom!”. Dijo con los labios Jack, alzando los brazos en pantomima. Alabaster se le acercó y lo olisqueó.

“Me gustaría estar allí”. Admitió Kerry. “Suena mucho más divertido que estar aquí… Voy a ir un rato a la ciudad con Arlene, sólo para alejarnos de tanto sin sentido. Ah sí, miré el correo y contesté el que me mandaste y unos pocos más”.

“Buena chica”. Sonrió Dar. “Salir parece una buena idea, quizás después de hoy se calmen un poco”.
“Quizás”. Replicó Kerry de forma reluctante. “Bueno, de todas formas… te dejo libre… Tan sólo quería saludarte y espero que disfrutes de tu cena”.

“Tú también”. Contestó Dar.

“Creo que no”. Vino la nada característica respuesta pesimista. “Pero le daré una oportunidad a la antigua escuela… Hablamos luego, Dar”.

Dar cerró el teléfono pensativa y se lo colgó de vuelta en el cinturón. Maldición, parece deprimida. “Las familias pueden ser infernales”. Comentó de forma audible.

“¿Hmm?”. Jack giró la cabeza. “Oh… sí, supongo… ¿Era de tu oficina?”.

“No, mi ayudante… Está en casa y pasando un mal momento con sus padres”.

Despacio, Jack giró sobre sí mismo y apoyó la cabeza sobre una mano. “Dar… yo…”. Se quedó en silencio, después arrancó una brizna de hierva, sin mirarla. “Necesito consejo”.

Dar alzó una rodilla y la rodeó con los brazos. “Claro”.

Él dudó. “¿Has tenido… alguna vez que decirle a alguien… quiero decir, alguien que realmente te importa, algo que sabías que le iba a hacer daño… y que les hiciera sentir… disgustados contigo?”.

Uh oh. Dar lo estuvo pensando seriamente antes de contestar. “Sí, lo he hecho… ¿Por qué?”.

Él alzó la mirada, sus ojos azules encontrándose con los de Dar. “¿Fue difícil?”.

Ella asintió. “Mucho”.

Él volvió la vista hacia el césped. “Crees que a veces… ¿es mejor no decirlo?”.

“Bueno…”. Dar suspiró. “Depende de lo que sea y quien sea la otra persona… Una anciana abuela, por ejemplo, no querrás ir a decirle que su esposo largo tiempo fallecido ya era un estafador, no tiene sentido”.

Él asintió.

“Pero cosas importantes… Jack, tienen alguna manera de acabar saliendo a la luz”. La hipocresía de lo que estaba diciendo la golpeó de repente y se contrajo en acto reflejo.

“Curioso que lo pongas de esa manera”. Contestó él suavemente.

Sus ojos se centraron en su cabeza gacha, alzando una ceja. “¿Quieres decirme que está pasando? Sabes que puedo mantener un secreto”.

Él tragó y jugueteó nervioso con la hierva. “Dar, me conoces desde que iba en pañales”. Exhaló. “Hemos crecido juntos… ¿Te he parecido siempre… normal?”.

Dar dejó escapar una risotada. “Jack, eres la persona más normal que conozco, eres el estereotipo de marino y lo sabes”.

Jack asintió. “Eso es lo que creí, eso es lo que siempre había creído… hasta el pasado Mayo”. Se mantuvo en silencio por un largo momento. “Tuve un nuevo asiento trasero”.

Le llevó un momento a Dar darse cuenta de que hablaba de su compañero de vuelo y no una parte de un coche. “¿Sí?”. Tanteó, cautelosa.

“Robbie… sí… Robin Hood, así le llamamos”. Jack parecía realmente interesado examinando los brotes de hierva. “Nosotros… um… nos llevamos realmente bien, ¿sabes? Algunas veces te llevas y otras no… He tenido asientos traseros con los que ni siquiera podía hablar y algunos que son mis amigos incluso ahora”.

“Uh huh”. Murmuró Dar. “Buen tipo, ¿eh?”.

“Sí”. Suspiró Jack. “Empezamos a salir juntos y yo… um… yo… yo… Nunca me había pasado antes, pero yo… Seguía sintiendo que… quería tocarle”.

Dar cerró los ojos brevemente y se movió, mordiéndose los labios. “Sí… ¿y?”. Mantuvo un tono de voz interesado pero no alarmado.

“Y… al principio pensé que sólo estaba… pensé que estaba enfermo, ¿vale?. No había tenido novia por un tiempo, y… bueno, ya sabes”. Estaba miserable. “Y yo… yo… simplemente me dije a mí mismo que fuera a una esquina… y… y…”.

“Ya sé”. Replicó suavemente Dar. “¿Y qué pasó?”.

Arrancó de cuajo unos pocos tallos de césped. “Estaba saliendo de la ducha… y… y él vino a mi cuarto… y él… um… él…”. Se calló de nuevo.

“¿Él te tocó?”. Sugirió Dar y obtuvo un minúsculo asentimiento. “Y te gustó”. Otro minúsculo asentimiento. “Muy bien”.

Finalmente Jack alzó la mirada, mirando con miedo a sus azules ojos. “¿No crees que es enfermizo?”.

Dar estiró una mano y la puso sobre la suya. “Eso sería realmente hipócrita por mi parte”.

Silencio total. Jack parpadeó ante ella. “Pe…”. Él arqueó las cejas. “¿Tú…?”.

Ojos azules retaron los suyos. “¿Crees que eso es enfermizo?”.

“Dar… eso es una locura… Podrías tener a cualquier tipo que quisieras… Yo no… quiero decir, eres preciosa… yo…”. Dijo de repente, hasta callar.

Dar esperó. Finalmente suspiró. “No, no creo que sea enfermizo… Y tú no debieras tampoco”.

Él lo pensó. “Estábamos un poco… nos sentíamos realmente extraños”. Suspiró. “Pero con el paso del tiempo, simplemente nos parecía bien”. Hizo una pausa. “Hasta que pensé en decírselo a mi padre”.
Dar exhaló. “Sí”.

“Dar, le mataría”. Jack la miró. “Soy su único hijo, quiere nietos… Jesús, me lo ha dado todo, ha hecho todo lo que estaba en su mano por mí… Yo…”. Su rubia cabeza se movió de lado a lado. “No puedo hacerle eso, le quiero demasiado”.

Menudo problema. Dar lo sentía por su amigo y por el General Easton que, ciertamente, iba a estar devastado con las noticias. Realmente no culpaba a Gerald… era un prisionero de su generación, su educación y su devoción de por vida al servicio. “Escucha, déjalo de lado por algunos días… Déjame pensar en ello. Quizás se me ocurra alguna idea”. Le dijo, como apoyo.

Él la miró patéticamente. “Si encuentras alguna manera de sacarme de ésta con honor, te lo deberé por el resto de mi vida, Dar”.

Ella le revolvió el pelo suavemente. “Para eso están los amigos, Jack… Y yo no tengo muchos, así que cuido a los que tengo”. Le miró. “Sabes, le dije a tu padre que si me tuviera que casar, sería contigo”.

A él le sobrevino un fuerte y profundo sonrojo.

Ella le revolvió de nuevo el pelo y rió.

Kerry colgó el teléfono y fue en busca de Arlene “¿Estás lista?”. Le preguntó a su hermana, encontrándola en el salón.

“Mmhm… déjame ir por el bolso, espera”. Asintió Ángela , saliendo de la habitación para volver al momento. “Vamos… Va a haber un recital del coro en la Iglesia… pensé que quizás te gustaría escucharlo”.

Cualquier cosa. “Claro”. Kerry se mostró de acuerdo en el acto, siguiéndola hasta la puerta. Se montaron en el coche de Arlene y se dirigieron al camino, pasando al lado de interminables filas de altos y estrechos árboles. “Este sitio es deprimente, Arlene ”. Sentenció quedamente la mujer rubia.

Su hermana la miró. “¿Y te das cuenta ahora?”.

“Supongo que hasta ahora no había tenido con qué comparar… Tienes que venir a visitarme a Miami”. Respondió Kerry. “Es tan diferente… Podría llevarte a Bayside… o al Grove… quizás bajar hasta Keys… Creo que te gustaría”.

Ángela suspiró. “Quizás si Brian y yo acabamos huyendo de casa, acabaremos allí contigo”. Le dijo a su hermana con ironía. “¿Hay allí un mercado de nuevos abogados?”.

Kerry la observó por largo tiempo. “¿Habéis hablado sobre el tema, o simplemente me estás tomando el pelo?”. Preguntó. “Por supuesto que hay un mercado para abogados… ¿bromeas? Él podría ganarse la vida simplemente representando a uno de nuestros políticos con cargos sobre fraude en los votos”.

Su hermana exhaló. “Hemos hablado de ello”. Admitió. “Mucho tiene que ver contigo… quiero decir, ya sabes”.

“¿Cómo reaccionaría ante la noticia?”. Sonrió Kerry.

“Mmm… más o menos, si… no sé… Es un paso tan grande pero si trato de separarme o divorciarme legalmente de Richard, sabes que nunca podré salir de aquí”. Condujo a través de un cruce de vías. “Sabes que demandará la custodia y sabes que padre se volverá loco”.

Sí”. Estuvo de acuerdo Kerry. “No sé… eso parece realmente drástico, Arlene … pero no voy a mentirte y decirte que no me alegraría de tenerte allí”. Sonrió a su hermana. “De hecho, sé de un bonito apartamento en Kendall que posiblemente esté disponible pronto”.
Arlene la miró fugazmente. “Oh, ¿de verdad?”. Puso el intermitente y salió de la autopista, camino de la ciudad. Lentamente, empezaron a aparecer edificios de ladrillo marrón a ambos lados de la carretera. “Eso va un poco deprisa, ¿no?”.

Kerry se echó hacia atrás y apoyó una rodilla sobre el salpicadero. “Es sólo algo que dijo Dar… antes de irme. Dijo que el año que viene pasaremos la acción de gracias en la Isla. Me sorprendió porque ella es alguien que valora mucho su privacidad, ¿sabes?”. Exhaló. “Pero cuando estamos juntas… es como si no hubiera… espacio personal, si es que eso tiene sentido. No me pone de los nervios ni me hace sentir incómoda a su alrededor. Y lo mismo le pasa a ella conmigo… al menos eso creo”. Se detuvo a reflexionar. “Sé que cuando me desperté este pasado domingo, me di cuenta de que quería despertarme con ella a mi lado de aquí a mucho tiempo”.

Arlene disminuyó la velocidad para meterse en la iglesia. “Bueno, no te lo tomes tan aprisa… Sé que realmente os gustáis la una a la otra pero ese es un gran paso, Ker”.

Kerry rió suavemente. “He de esperar a que me lo pida… ¿sabes? Podría llevar meses… y estaba intentando averiguar como lo hará… Probablemente como algo necesario… ‘Sabes, Kerry, sería más eficiente usar un sólo coche para ir a trabajar y mi casa está más cerca. ¿Qué te parece?’”.

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