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Tormenta tropical, Melissa Good

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 18th 2012, 12:55 pm

La bajita mujer alzó la mirada de la llamada telefónica en la que estaba y agitó la mano, entonces le acercó un fajo de papeles en silencio. Dar se acercó y los tomó, entonces siguió andando hasta entrar en su oficina. Cerró la puerta tras ella y atravesó la alfombra, deteniéndose al mirar su escritorio. En el centro del mismo había un pequeño plato con varias galletas, pulcramente ordenadas, junto con una taza cubierta. Dar sintió como una sonrisa aparecía en sus labios al rodear la mesa y sentarse, echándose sobre la mesa y apoyando su portátil en la misma. Seleccionó una pasta y la mordisqueó con placer. Todavía estaba caliente y disfrutó del sabor, junto con el dulce café de la taza.

Tan pronto como terminó de conectarse su ordenador, pinchó sobre el mensajero instantáneo de la empresa que casi nunca usaba y tecleó la dirección de Kerry.

“Gracias por las galletas... ¿cómo supiste las que me gustaban?”

Tecleó y presionó enter. Un par más de mordiscos y le llegó la respuesta.

“Fácil. Escogí las peores para la salud que pude encontrar”.

Dar rió secamente.

“Buena deducción”. Mandó de vuelta. “Están buenísimas”.

Pinchó sobre su correo email, entonces le mandó a Duks una copia de su informe con algunas notas. Tras unos momentos de repaso y el resto de las pastas, recibió otro mensaje.

“Me voy a lo de MTC... ¿necesitas algo de mí antes de irme?”.

“Nop... buena suerte y que te diviertas”. Contestó Dar. “Si vuelves a la hora de comer, pásate por aquí”.

Ordenó los papeles que le había dado María y empezó a revisarlos, redondeando cosas con un boli morado chillón que los directores de ventas habían aprendido a detestar con profunda y ávida pasión. Sonó el teléfono. “¿Sí?”.

“Dar, el General Easton en la *número dos*”.

Miró el teléfono, entonces pulsó el botón. “Hola, Gerry”.

“Holllaaaaaa Dar”. La robusta voz del general sonó a través del teléfono. “Tan sólo quería que supieras que ese vuelo fue una pura negligencia. Una pena, pero nada que ver contigo, amiga mía”.

Dar asintió quedamente para sí misma. “Quería asegurarme que todo estaba bien, Ger... La hija del Senador Stuart estaba en ese vuelo también y él tenía algunas dudas al respecto”.

Un grave silbido. “Guau... Inteligencia no sabe nada de eso, ¿cómo demonios lo sabes tu?”.

“Ella es mi ayudante”. Le dijo irónicamente Dar. “No era tan difícil”. Redondeó otra discrepancia con el boli y rió para sí misma. Iba a ser una divertida reunión.

Easton rió. “Y aquí me tienes a mí maravillado ante tu maldita detallada orientación comprensiva... que bueno... ¿contrataste a la niña de ese bastardo?. Bonito políticamente Dar... muy bonito”.

Su voz era aprobadora. “Nunca viene mal tener un amigo en el Monte Olimpo”.

Oh sí... él me amaríaaaa. Dar se mordió el labio para evitar sonreír.

Buenas Senador Conservador, ¿Como va creciendo la hierba en Michigan…? A propósito, Estoy saliendo con su hija. Un placer conocerle... uupss... Cuidado con el suelo según cae... está un poco duro.

“Sí, bueno... eso no lo consideré, pero he de mantenerlo en mente”.

Easton rió. “Lo que tú digas... oye, ¿estás libre para visitarnos en el día del Pavo? Tengo un servicio extra en la mesa con tu nombre”.

Dar dudó, jugueteando con su bolígrafo. Kerry estaría, lo sabía, en su casa de Michigan toda esa semana. La idea de estar sola en su condo era de repente nada atrayente. “Gerry, me encantaría”. Replicó quedamente. “Gracias”.

Su sonrisa podía ser oída a través del teléfono. “Fantástico... se lo diré a mi esposa... estará encantada”. Hizo una pausa. “Al igual que mi chico... ¿nos vemos el miércoles por la noche?”.

“Claro”. Accedió Dar. “Haré los preparativos... gracias de nuevo, Gerry”.

Él colgó y ella se reclinó hacia atrás, pensativa. La familia de Kerry iba a presionarla mucho cuando estuviera allí, razonó Dar, aunque la joven mujer se había mostrado muy reluctante a la hora de hablar de su familia con Dar.

Bueno, Washington estaba mucho más cerca de Michigan que Miami.

Sólo por si acaso.

Presionó el interfono. “¿María?”.

“¿*Sí*?”.

“Necesito un billete de avión para Washintong el miércoles antes de Acción de Gracias... para volver el domingo”.

“Aie... es tarde para eso, Dar... ¿un billete?”.

Dar arqueó las cejas. Qué pregunta tan rara. “Sí, un billete. El General Easton me ha invitado por las vacaciones... Sé que va a ser difícil. Tan sólo haz lo mejor que puedas”.

“Yo me encargo, Dar”. María presionó el interfono y ella volvió a su informe, encontrando una flagrante mentira y rodeándola con un risita malévola. “Ah... José... tengo tus * cojones* en mi mano derecha, ¿puedes sentirme apretándolos?”.


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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 19th 2012, 11:02 am

Décima parte

Kerry aparcó el coche en el aparcamiento y salió de él, cerrando las puertas y poniéndose la chaqueta, estirándosela con ademán automático. El edifico no era presuntuoso, situado justo detrás del aeropuerto de Miami, construcción sencilla de un sólo nivel dispuesto a lo largo de una estrecha faja de tierra. El logo de la compañía era prominente desde fuera, y Kerry le dedicó una mirada mientras caminaba hacia la puerta y la abrió cuando el vigilante quitó el cerrojo.

“Buenos días”. Le mostró una sonrisa al hombre. “Estoy buscando a...”

Apareció una mujer rodeando una esquina próxima al escritorio. “¿Señorita Stuart?”

Kerry se volvió. “Sí... hola”.

Le tendió una mano. “Lisa Andrews... del equipo de cuentas. Gracias por venir... siempre es agradable cuando la gente de hq viene y ven lo que hacemos”. La mujer era aproximadamente de la estatura de Kerry, de pelo rubio ceniza y con una sonrisa franca y amistosa. Sus ojos gris pálido estudiaron a Kerry fugazmente, entonces gesticuló hacia el pasillo. “Le daré el tour... tenemos unos veinte minutos antes de empezar”.

Cortésmente, Kerry la siguió a la intersección del pasillo, donde la mujer giró a la izquierda. El edificio era un pasillo extremadamente largo, con habitaciones a ambos lados. “Al final del pasillo está la habitación del correo”. Explicó Lisa. “Y las habitaciones hábiles para los contratos... mantenemos algunos servidores para eso ahí”.

“Son un servidor de web y dos de aplicaciones”. Kerry asintió, habiendo revisado la cuenta antes de salir de la oficina.

La otra mujer se detuvo, y parpadeó ante ella, sorprendida. “Correcto”. Asintió. “Los Servicios de Instalación están en esa habitación, y tenemos un área ejecutiva donde los ejecutivos de cuentas tienen las oficinas, y una habitación de conferencias”. Comenzó a andar por el pasillo. “Por este lado, tenemos el área de preparación, luego al final, el centro de network”.

“¿Podemos ir ahí?” Preguntó Kerry. “Me encantaría ver cómo funciona”. Siguió a la mujer por el pasillo y se detuvo cuando ella escaneó su tarjeta y abrió la puerta. Ésta les daba acceso a una gran habitación, más o menos cuadrada que llegaba completamente hasta el final del edificio. Extendidas a lo largo de la misma estaban filas de cubículos, recordándole a Kerry a sus viejas oficinas de Associated. Cada cubículo tenía un pc, y la mayoría estaban ocupados por técnicos, ocupados hablando con los clientes. Todo parecía muy profesional, y formal.

“¡Aquí llega!” De repente sonó una voz desde la alta pared del cubículo justo al lado derecho de Kerry. Un proyectil voló por encima de la pared, y casi no consigue atraparlo pero lo agarró en el aire con mirada sorprendida. Los ojos de Lisa se abrieron de golpe mientras Kerry examinaba el objeto.

Era un dardo de espuma blanda. Parpadeó ante él, entonces alzó la mirada al aparecer una cabeza por encima de la pared de seis pies, que la observaba. “Hola”.

“Oh... Dios... lo siento”. Los ojos del hombre se agrandaron. “Se me escapó”. Se reclinó por encima de la pared y le tendió la mano. “¿La golpeó?”

Kerry se dio golpecitos con el dardo sobre el hombro, entonces rodeó el final de los cubículos y miró hacia el centro. Había unos apartados entre cada recinto, con entradas a cada lado. Éstos eran más grandes que los cubículos, con paredes más altas y arcones en lo alto. Técnicos senior, decidió, mientras caminaba bajo el mismo, y miraba al interior de un cubículo, donde el alto hombre seguía de pie sobre el escritorio. Él bajó del mismo de un salto y se metió las manos en los bolsillos. “¿De dónde ha salido esto?”. Preguntó Kerry, mirando alrededor. Las superficies de los cajones estaban todas llenas de juguetes y pequeñas figuritas. Al lado de ella, Lisa tenía aspecto mortificado.

Se aclaró la garganta y sacó una colorida pistola de detrás de una colección de libros para entregársela.

“Mm”. Kerry tomó el objeto y lo examinó tirando hacia atrás el mecanismo y poniendo el dardo en su lugar. Entonces la levantó y apretó el gatillo. El misil salió volando, estrellándose en la puerta al final del pasillo.

Cabezas asomaron de los cubículos y la miraron. La persona del interior del último cubículo se inclinó y arrancó el dardo de la puerta, donde éste se había clavado y miró a lo largo de la hilera de habitáculos. “¿Qué demonios está pasando aquí?” Preguntó la morena mujer, quitándose los auriculares y dejándoselos en el cuello. “David, ¿estás disparando a la gente otra vez?”.

“Yo no”. Sonrió de oreja a oreja el alto hombre. Señaló a Kerry. “Fue ella”.

Kerry anduvo despacio a lo largo de la hilera hasta llegar al último cubículo y cogió el dardo de los dedos de la mujer. “¿Soportáis esto chicos?”. Preguntó alzando la pistola.

La mujer arqueó las cejas. “Libera estrés”. Explicó. “Para cuando trabajas con clientes que no pueden encontrar el interruptor de encendido/apagado”. Se ladeó. “Pero se supone que no son para disparar a las visitas importantes”. Acusó al alto hombre, quien sonrió de forma encantadora.

“¿Realmente los clientes son así?”. Preguntó Kerry, consciente del suspiro emitido por Lisa. “No suena como el debido respeto para con ellos”.

La mujer se detuvo. “¿Quiere escuchar a uno?” Un desafío.

“Claro”. Kerry sonrió dejando la pistola y tomando de una silla del cubículo adyacente. Le dejaron unos auriculares sencillos que se puso, y se acercó un poco más al tiempo que la técnica ocupaba su asiento.

“No hable, salvo que quiera que el cliente la oiga”. Le ordenó. “Ese micrófono está encendido”.

Kerry asintió, mirando alrededor. El cubículo estaba lleno de manuales técnicos, y unos cuantos objetos personales, incluyendo varios peluches de animales sentados sobre el monitor. Varias listas de números de teléfono estaban clavadas en la pared, junto con un haz de certificados y diagramas de circuitos. La técnica hizo surgir una pantalla y apretó un botón en el teléfono. “Allá vamos”.

Sonó un suave ding, entonces una voz se oyó a través de la línea. La técnica contestó suavemente, identificándose como el grupo de apoyo. “¿En qué puedo ayudarle?”

“¿Hola?”. Contestó una voz vacilante. “Um... ¿es la gente de los ordenadores?

“Sí, señora... lo somos. Cual parece ser el problema”. La voz de la técnica era calmada y apaciguadora.

“Mi equipo no funciona”. Contestó la mujer, con un poco más de confianza.

“De acuerdo... ¿hay algo en la pantalla?” Preguntó la técnica.

“No”.

“De acuerdo... ¿hay alguna luz en la parte frontal de la pantalla?”

“No”

“Bien... la pantalla está conectada al ordenador... ¿hay alguna luz en él?”. Preguntó la técnica mientras hacia surgir la cuenta del cliente y revisaba su inventario.

“No tengo ordenador... sólo tengo una pantalla”. Objetó la mujer.

Kerry cubrió el micrófono. “Debe de tener uno, ¿verdad?”.

La técnica asintió. “Bien... en la parte trasera de la pantalla hay unos cables... uno de ellos va a la pared, el otro va a algún otro sitio”.

“De acuerdo”. La voz de la mujer era dubitativa. “Bien... sí, ya lo veo”.
“¿Adónde va el otro?”

“Al radiador del suelo”. Ahora la voz de la mujer sonaba de nuevo más confiada. “Pero hoy hacía calor, así que tuve que apagarlo”.

“Bien... ¿podemos encenderlo por un minuto?”. Replicó pacientemente la técnica.
“Pero no tengo frío en los pies”. Objetó la cliente.

“Lo sé... pero me gustaría intentar algo... ¿puede encenderlo durante un minuto?”
“De acuerdo”. Un suspiro. “Oh... la pantalla se acaba de encender. Fíjate.
Kerry se cubrió los ojos, murmurando “No puedo creerlo” en silencio.
La morena mujer rió silenciosamente y se encogió de hombros. “De acuerdo... ¿qué hay en la pantalla?” Preguntó la técnica, escribiendo rápidamente información dentro de la pantalla.

“Algunas letras”.

“De acuerdo, dígame cuando la pantalla se vuelve verde”.

“Bien”. Se hizo un corto silencio. “Bien, ya está”.

“¿Podría meter su contraseña para mí?”. La técnica añadió notas a la lista de problemas en la pantalla.

“¿Qué es eso?” Preguntó la cliente. “Yo nunca he tenido esta pantalla... mi jefe siempre pone la pantalla azul para mí”.

“De acuerdo... escriba la palabra res para mí”.

“Vale”.

“Ahora escríbalo de nuevo... pero no lo verá en pantalla”. Instruyó pacientemente la técnica.

“Vale... yo... ¡oh! ¡Ahí está mi pantalla azul!” La mujer sonó encantada. “¡Es usted un genio!”.

“Me alegro que funcione... bien, ahora escuche... tiene que dejar encendido el radiador, ¿de acuerdo?” Le dijo la técnica, cerrando la lista.

“Oh... bien, vale... supongo que me puedo quitar los zapatos si empiezan a calentárseme los pies”. Decidió la mujer. “Gracias”.

“De nada señora... que tenga un buen día”. La técnica pulsó el botón de escape, entonces giró la cabeza y alzó una ceja ante Kerry.

La cual simplemente le palmeó el hombro, y se puso en pie. “¿De dónde has sacado esa pistola de dardos?, por segunda vez”.

“Toys’R Us”. Proporcionó útilmente el alto hombre. “También tienen super remojadores, si quiere tener una verdadera juerga”.

“Mm...”. Kerry se volvió hacia la técnica. “¿Son todos así?”.

La técnica se rió. “No. Hay un rango, como en cualquier cosa. Pero tenemos un buen grupo de estos”. Se volvió cuando el teléfono sonó y puso los auriculares de nuevo. “¿Sí?”. Una pausa. “¿Puede hacer el ping?”. Otra pausa. “Mierda... de acuerdo, ¿cuál es la dirección?”

Kerry se giró de espaldas, pero no sin antes fijarse en el nombre de la etiqueta de identificación próxima al cubículo. “De acuerdo... bien... ya me he informado”. Le dijo a Lisa. “¿Seguimos?”.

Hubo un ligeramente embarazoso silencio al dejar atrás la bulliciosa habitación. “Lo siento... Tendría que haber...”

Kerry alzó una mano. “No se preocupe por eso... Es mejor liberar el estrés así que los unos con lo otros... o con los clientes”. Se detuvo. “¿Hay algún Toys R Us cerca de aquí?”

Se sentó entre los pasillos del edificio, escuchando las ideas y preocupaciones de los empleados, no muy diferentes a los que estaba acostumbrada. Estrés laboral, preparación, promoción, aumentos de sueldo... se encontraba ante una paradoja. Proveer a los técnicos de la preparación que solicitaban, junto con oportunidades donde podrían dejarlo e irse a otra empresa donde les pagaran más. No lo aceptes y perderás tus habilidades y harás que la cuenta pierda valor.

Suspiró Kerry, realmente no existía una buena respuesta. Intentas equilibrar la preparación con la necesidad, y dar mayores amenidades para que la gente se quede por sentirse cómodos con el ambiente laboral. El paquete de beneficios era uno de los buenos, pero...

Dejó el pensamiento de lado por el momento, y comprobó la hora según salía del edificio a la cálida luz del sol. Era agradable tras el frío aire acondicionado y se frotó los brazos, entonces miró a su alrededor cuando Lisa Andrews se le unió. “Bueno, gracias por invitarme a venir... fue muy interesante”. Le dijo a la ejecutiva de cuentas. “Aprecio el haber visto todo”.

“Cuando quiera”. Replicó Lisa, cruzando los brazos. “¿Te apetece comer?”.

Kerry miró alrededor. “Bueno... Realmente tengo que regresar a la oficina...



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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 20th 2012, 10:32 am

Llego un poco tarde a una reunión. ¿Hay algo por aquí cerca donde simplemente pueda comprar algo delante y clavándole sus pálidos ojos azules. “No voy a aprobarlo”.

El rechoncho ejecutivo de ventas se puso en pie y gesticuló con las manos. “Entonces dame una maldita forma de obtener el 20 por ciento de ventas nuevas este año”.

“Ese no es mi trabajo”.

“Es tu maldito trabajo, porque no me permites hacer el mío”. Replicó José.

“Tiene razón, Dar. Estás ahogando nuestros esfuerzos desde marketing”. Intervino suavemente Eleanor. “¿Cómo podemos competir si no podemos dar una imagen de capacidad”.

“Querrás decir, ¿cómo poder conseguir contratos si no puedes mentir?” Respondió con acritud la alta y morena mujer. “Así no proyectáis capacidad. Sabéis perfectamente bien que la curva exponencial es para infraestructura... tan sólo queréis prometer servicios a los clientes que no podemos realizar”. Se levantó y los encaró, apoyando las yemas de los dedos sobre la mesa e inclinándose sobre la misma. “No me lo trago”.

“Entonces mejor empieza a presionar en infraestructura, porque de lo contrario, ellos son los que van a tener esta mierda en su puerta... No nos están suministrando lo que necesitamos”. Declaró José triunfal.

“No pican, José. Lo sabes bien”. Gruñó Dar. “Has de ser más creativo y dejar de echarle las culpas a tus viejos compañeros para conseguir nuevos contratos”.

“Dar, eso no es justo”. Interrumpió Eleanor, levantando un dedo con la uña meticulosamente pintada. “Estás fallando a la hora de proveernos las herramientas que necesitamos para vender de forma adecuada a la compañía”.

“No”. Empezaron las cuchilladas. “Simplemente no puedes hacer una vía de ventas de una bolsa de papel”. Le dijo Dar. “Y mejor lo cambiáis, porque no voy a aprobar ninguna cuenta que supere vuestra capacidad”. Soltó de golpe los papeles sobre la mesa. “Ahora, si hemos acabado con esta basura, tengo trabajo productivo que podría estar haciendo.” Recogió su bloc y bolígrafos y se echó hacia atrás el cabello, salió majestuosamente de la sala y cerró la puerta de golpe tras ella. Se detuvo y escuchó como comenzaban a alzarse las voces a su espalda e hizo una mueca, entonces salió de las llamativas oficinas que alojaban al departamento de Ventas y se dirigió hacia su propio dominio. Era la hora de comer pero sabía que no tenía tiempo para ir abajo antes de la conferencia telefónica de la una en punto. Con un suspiro, empujó la puerta del hall exterior de su oficina para abrirla y le dedicó a María una sonrisa. “¿Algún desastre que deba saber?”

María alzó la mirada. “Mm... nada desde que te fuiste, Dar... Tienes tres mensajes, los he dejado en tu escritorio y se supone que debo recordarte lo del cocktel de esta noche de la división del Gobierno”.

Dar exhaló. Maldición. Lo había olvidado. “De acuerdo... gracias”. Entró en su oficina y cerró la puerta, entonces cruzó la habitación y se sentó ante el escritorio. Un momento más tarde, un suave golpe se oyó procedente de la puerta interior. “Adelante”. Sintió como una sonrisa asomaba a su rostro al abrirse el panel de madera y Kerry asomaba su rubia cabeza. “Ey”.

Dios, era agradable verla. Kerry iba vestida con un traje de falda azul oscuro y una camisa azul pálido, parecía ligeramente distraída y a los ojos de Dar, muy sexy. Su enfado con José se esfumó.

Un destello brillante cuando Kerry le devolvió la sonrisa, entonces entró la rubia mujer, mostrando una bolsa. “¿Tuviste oportunidad de comer algo? Te compré algo al volver”.
“No, y gracias”. Contestó Dar, reclinándose en la silla. “Acabo de salir de una reunión verdaderamente molesta”.

Kerry se sentó en el borde del escritorio y abrió la bolsa, extendiendo una servilleta, entonces puso encima un recipiente de comida china. “Tenían una selección bastante limitada por el lugar y no pensé que apreciaras el Taco Bell”.

Dar miró dentro del recipiente, y sonrió. “Buena elección”. Olió apreciativamente el dulce y picante pollo. “Hoy tenía ganas de esto también...”.

Kerry rió, y le dio un par de palillos. “Oh... y um...”. Puso la mano en forma de cuenco y puso sobre la mesa y de uno en uno varios chocolates kisses de Hershey. “El postre”.

“Je”. Dar abandonó inmediatamente el pollo y se abalanzó sobre los chocolates. “Oye... Ten cuidado en la reunión que tienes esta tarde con Eleanor... Acabo de ofenderla bastante”. Masticó un chocolate, alegremente. “Por eso, tengo que ser agradable con ella en el cocktel de esta noche”.

Kerry hizo una mueca. “Gracias por decírmelo... Hoy es mi noche de patinaje con Colleen... Apuesto a que estaré preparada para liberar algo de frustración para cuando acabe con ellos”. Se detuvo, pareciendo querer continuar pero se quedó en silencio.

“¿Seguimos con lo de mañana por la noche?” Preguntó Dar mirándole a la cara. “Si quieres... podemos ir a mi casa después... ¿y bañarnos en la piscina, quizás?”

Ojos verdes como el mar se endulzaron. “Me gustaría”.

Dar desenvolvió silenciosamente uno de los chocolates y se lo dio a Kerry, con ojos brillantes.

El abrir de la puerta sorprendió a ambas y se sobresaltaron un poco. María entró, las miró y entonces sonrió. “Ah... Kerrisita... tengo correo para ti”. Se movió hacia delante y le dio a Kerry varios sobres. “Dar, tengo tus billetes, pero *Dios Mío*... son caros”. Le dio a la ejecutiva un itinerario. “Y recuerda que tienes tu siguiente visita al médico mañana”.


Dar asintió, cogiendo la hoja de papel y examinándola. “Genial... gracias María”. Se quedó pensativa un minuto. “Probablemente no me tome mucho tiempo mañana... soy su primera visita. Tan sólo quiere repetirme los análisis de sangre que me hizo la última vez”. Miró su reloj. “Déjame tragar esto y sigo trabajando”.

“Yo también”. Asintió Kerry. “Deséame suerte”.

La mujer morena hizo girar los ojos. “Buena suerte... y recuerda, probablemente estará de mal humor”. Dar pensó un momento. “Especialmente desde que probablemente se ha quedado sin comer”. Sonrió maliciosamente y mordió una pieza de pollo por la mitad.

Kerry gimió. “De acuerdo... Os veré más tarde”. Se levantó del escritorio y salió de la oficina, dejando a María ordenando papeles y a Dar masticando.

La puerta se cerró. “Aie... Es una persona tan buena, Dar”. María suspiró.

“Mm... Sí... fue amable de su parte traerme algo de comer... Es una buena chica”. Respondió Dar de improviso.

“*Sí*... es buena”. Coincidió María. “¿Y cómo están tus dolores de cabeza?”

Dar tomó inhaló para contestar, entonces se detuvo. Parpadeó. “Yo... no he tenido uno desde que regresé a casa ese día”. Murmuró, un poco desconcertada. Habían estado ocurriendo aproximadamente todos los días durante los tres meses anteriores a eso. “Extraño”.

“¡Es bueno! Quizás ver a Mickey Mouse ayudó”. Comentó María alegremente.

“Quizás”. Contestó suavemente Dar. Tomó otro bocado de pollo y sonrió.

Kerry se ató los patines, levantando la vista cuando sonó un golpe en la puerta. “Entra, Col”. La llamó alegremente, entonces sonrió cuando la puerta se abrió de golpe y Colleen entró patinando, agitando las manos para equilibrarse. “Hola... ¡cuidado!”.

La pelirroja se dejó caer sobre el sofá, encallando las ruedas de los patines delante de ella. “Ey, Ker... ¿qué pasa?” Le guiñó los ojos maliciosamente a su amiga. “¿Era ese el Lexus de Dar que había fuera anoche?”

¿Fue la noche pasada? Jesús. “Um... sí”. Respondió Kerry sabiendo que estaba sonrojándose. “Lo era... vino a cenar”.

Colleen rió triunfal. “Lo sabía... Nosotros creemos que estáis taaaannnnn bien juntas”.

Kerry alzó tan de prisa la cabeza que se mareo. “¿Qué? ¿Quiénes nosotros?”

La pelirroja notó que no discutió la afirmación. “Ray y Susan y yo... Nos quedamos hasta tarde la noche del sábado hablando de vosotras”. Sonrió impertinentemente ante la conmocionada mirada de Kerry. “Vale... vale... Así que pasó la prueba... No es una arpía”.

“Vamos Colleen,... Sólo fue una cena”. Kerry intentó una débil sonrisa. “Actúas como si fuéramos una pareja o algo”.

Un leve silencio y Kerry levantó la mirada, para ver a su amiga observándola, con una mirada conocedora. Se miraron la una a la otra durante un largo y tenso momento antes de que la rubia mujer suspirara y bajara la mirada, hacia sus manos entrelazadas entre sus rodillas.

Colleen se levantó y rodó hacia ella, dejándose caer a su lado y poniendo una mano sobre su rodilla. “Kerry... Si te hace feliz, está bien”.

“No está bien”. Kerry levantó la vista. “Es mi jefa, Colleen... Va en contra de las reglas de la compañía y ambas podemos meternos en muchos problemas”. Sin embargo no pudo evitar la pequeña sonrisa que dibujaban sus labios. “Tratamos de mantenerlo en secreto... Sin embargo, creo que estamos haciendo un trabajo miserable... Si vosotros, chicos, llegásteis a esa conclusión después de la cena”.

Colleen se sentó en el suelo y cruzó las piernas, con cuidado para no golpear a su amiga en las espinillas con los patines. “Escucha, cariño... déjame decirte algo sobre lo que nosotros llamamos química”. Puso un dedo sobre la rodilla de Kerry. “¿Sabes de lo que te estoy hablando?”.

Kerry exhaló. “Realmente no... A menos que te estés refiriendo a las tablas periódicas o a algo raro parecido a eso”.

“De acuerdo... bien, química es cuando algo conecta entre dos personas. Puedes verlos algunas veces en la pantalla de televisión, pero no siempre porque son gente actuando, ¿entiendes?”

La rubia mujer arrugó la frente. “No exactamente”.

Colleen pensó. “De acuerdo... ¿Has visto alguna vez una película de Richard Barton y Liz Taylor?”

“Um... claro... Esa de romanos... Sí, ok”. Kerry asintió. “Creo que se ven bien ellos juntos... Realmente creí que estaban enamorados el uno del otro”.

“Bueno... lo estaban”. Colleen la sonrió. “En la vida real... y eso se notaba cuando estaban juntos en la pantalla... Cuando se miraban el uno al otro o simplemente como actuaban... podías verlo”. Exhaló. “Eso es química... y muchas veces habrás oído a alguien decir eso de; entre esos dos hay química; cuando están hablando sobre gente en la televisión, o en las películas, o incluso a dos personas que están viendo”. Se detuvo. “¿Entiendes?”

“No exactamente”. Admitió Kerry. “Quiero decir, sí... sé a lo que te refieres con los personajes... normalmente noto cuando la gente esta supuestamente enamorada en la pantalla, y es obvio que no se pueden aguantar en la vida real... a si que sí”.

Colleen se frotó las sienes. “Intentaba decirlo suavemente. Pero veo que es un esfuerzo inútil”. Rió suavemente. “Kerry, cuando la miras tu cara entera resplandece”. Miró a la sorprendida mujer. “Y cuando ella te mira, hay una electricidad que casi puedo sentir”. Una pausa. “Vosotras dos tenéis química, gran cosa... Y no hace falta amperímetro para verlo”.

Kerry pensó sobre eso. “Oh”. Hizo una mueca. “No tenía idea de que nosotras... hm”. Lo consideró. “No me di cuenta”.

“Obviamente”. Colleen golpeó su rodilla. “Y seguramente no sea tan aparente para la gente que no te conoce tan bien... Pero recuerda, pequeña, somos amigas desde hace unos cuantos años”.

“Mm”. Kerry apoyó la barbilla sobre los puños. “Me hace sentir bien, al estar con ella... supongo que se nota”.

La pelirroja rió suavemente. “Puedes decir eso... pero si quieres mantenerlo en silencio... mejor que no estéis mucho tiempo juntas en el trabajo”.

“Bien, no lo estamos”. Murmuró Kerry. “La he visto... una sola vez hoy”. Exhaló. “Ambas estamos bastante ocupadas... y quizás fue peor aquella noche porque estábamos... hum... quiero decir... no hicimos...” Se detuvo y ordenó sus pensamientos. “Después de ir a Crandon y caminar por la playa... y... hum... nos pusimos... supongo que reconocimos que nos sentíamos atraídas la una por la otra”. Concluyó torpemente. “Así que ahora no es tan... hum...”

“Raro”. Intervino comprensiva Colleen.

“Sí”. Coincidió Kerry. “Exactamente... ambas entendimos que es lo que pasó, a si que no es tan frustrante”.

Una mueca. “¿Os besásteis allí? ¿En la playa?”

Kerry sintió el rubor calentando su cara pero asintió. “Sí”. Admitió tímidamente. “Fue... No fue lo que yo esperaba”. Se detuvo. “Estábamos allí fuera, hablando... de todo un poco... el triángulo de las Bermudas y la cena... y... no sé, era como si hubiera algo entre líneas. Le pregunté si podía hacerle una pregunta personal... y ella como que se enderezó y me besó y dijo; responde esto a tu pregunta...;”. Hizo una mueca ante la cara absorta de Colleen. “Fue... muy extraño, pero realmente agradable”.

“Eso es ridículamente romántico, te das cuenta, ¿verdad?” Colleen suspiró. “Parece realmente una persona profunda”.

La rubia mujer asintió. “Lo es... Sí... ella es... todo tipo de cosas estaban ocurriendo allí... Creo que eso es lo que la hace tan interesante”.

Colleen asintió un poco “¿Se quedó toda la noche ayer?” Preguntó, delicadamente.

Bueno, no tan delicadamente. Kerry se quedó en silencio durante un momento. “Sí”. Declaró suavemente al final.

Descendió una pequeña calma. “¿Estás bien con eso?” Preguntó de forma vacilante la pelirroja. “Sé... quiero decir, hemos hablado de cómo te sentías... Oh, ya sabes a lo que me refiero”.

Lo sabía. “Yo no estaba... quiero decir, no sabía realmente qué esperar, Col... Estaba asustada... te diré, y me sentía rara, y una docena de otras cosas... Pero... yo...” Se paró para respirar. “Está bien”.

Colleen se arrugó la frente, preocupada. “No estará presionando en nada de esto, ¿verdad? Kerry... escucha, no te sientas presionada a hacer algo con lo que no estás cómoda”.

La rubia mujer alcanzó un color rojo escarlata de rubor y se rascó la mandíbula. “Um... De hecho, fui yo quien lo empezó”. Murmuró vergonzosa mientras le dedicaba a Colleen un encogimiento de hombros. “Estoy bien con eso... de verdad”.

La pelirroja le palmeó el brazo. “Bien por ti”. Sonrió. “Así que... ¿cuándo os vais a vivir juntas?”.

La mandíbula de Kerry se desencajó. “¿Qué?” Estalló en carcajadas. “Jesucristo, Col... No es para tanto... Es algo físico... Ambas vamos a superarlo... No es tan serio”. Se detuvo, reflexiva. “Aún”.

“Uh... huh. Vale”. Colleen evitó sonreír y le asintió. “Entonces, ¿cuándo os vais a ver de nuevo?”.

“Mañana por la noche... después del gimnasio”. Explicó Kerry. “Te dije que me apunté a esas clases... Si voy a seguir con ella, el patinar no va a ser suficiente ”. Ladeó la cabeza. “Vosotros tenéis un programa para ese gimnasio también... ¿por qué no te vienes?”. Inquirió. “Me apunté a las clases de defensa personal para principiantes... Podría ser divertido... Podría necesitar algo de apoyo moral”.
“De acuerdo... puedo hacerlo...” Colleen musitó. “Está justo bajando la calle de la oficina también... y además, será mejor que lo haga si quiero verte para algo más que saludarte por las mañanas”. Bromeó gentilmente. “De todas formas, vamos, vayamos a patinar... Hace más humedad ahí fuera que en una sauna... Cuanto antes terminemos antes podré darme una ducha”. Sabía que Kerry estaba a punto de sentirse incómoda hablando sobre su nueva relación y presionar no hubiera ayudado. “Supongo que ésta es una razón más para decirles a tus padres que te besen el culo cuando vayas por el día del Pavo, ¿huh?”.

Kerry terminó de abrocharse los patines y se puso en pie, balanceándose expertamente. “Tenía un montón de buenas razones antes que esa... pero... sí”. Finalmente dejó que una mueca de completa felicidad asomara a su rostro. “Esto más bien le pone la guinda, por decirlo de alguna manera... Tan sólo espero encontrar la manera de decírselo sin que me echen a patadas de la casa”. Agitó la cabeza dejando firmemente de lado las preocupaciones sobre sus padres y se dirigió con cuidado y despacio hacia la puerta, abriéndola. “Vamos”.


***
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 21st 2012, 8:56 am

Dar se sentía contenta de haber salido del húmedo viento y entrar en la fresca y calmante paz del condo. El cocktel había sido al aire libre en Viscaya y estaba contenta de que el ni de lejos perfecto clima le hubiera dado una buena excusa para salir de allí temprano y escapar del gentío a veces adulador y otras cortante de administrativos de ventas que la rodeaban.

Eleanor había estado particularmente cortante, rezumándole y diciéndole lo buenísima que la joven Kerry era y cómo iba a hacer lo imposible para robársela y evitarle el sufrimiento de estar donde estaba. “Está destinada para cosas más grandes que ser tu vía de escape, Dar”. Le había dicho sonriendo la mujer.

La mujer morena tiró su chaqueta en el sofá y se sacó los zapatos. “Me pregunto, Eleanor, si sabes lo cerca que has estado de ser empujada a Biscayne Bay”. Remarcó al aire secamente. “Toss.... sploosh... whoops... lo siento Mariana... sé que eso conlleva papeleo”.

Las frías baldosas bajo sus cansados pies eran de agradecer y se detuvo un momento para flexionar los dedos antes de dirigirse a su dormitorio, quitándose la falda, las medias y la blusa de seda, para ponerse su camiseta de béisbol y pantalones cortos, con un sentimiento de total alivio, disfrutando del suave tacto del algodón contra su piel.
Canturreando suavemente entró en la cocina y abrió el frigorífico, observando su amplio espacio vacío con expresión pensativa. “Se van a reír de mí mañana si no meto algo aquí dentro...”. Se murmuró a sí misma, sobresaltándose cuando un suave golpe sonó en la puerta.

Por un momento, su corazón brincó, considerando la posibilidad de que fuera Kerry, entonces se dio cuenta de que no era posible que la rubia mujer hubiera entrado en la isla sin que se lo notificaran primero. Se sintió, cosa curiosa, desilusionada mientras cruzaba la habitación y miró a través de la pequeña mirilla de la puerta. “Buenas, Clemente”. Abrió la puerta y permitió al pequeño, rollizo y siempre sudado director de servicios de los residentes entrar.

“Buenas noches... Buenas noches, Srta. Roberts... Siento que sea tan tarde pero la vi llegar”. El hombre se secó la frente con un pañuelo. “La gente de la limpieza de suelos estará aquí mañana... y usted dijo que le avisara la próxima vez para que le limpiaran las baldosas de aquí”.

“Oh... claro”. Dar miró alrededor. “Eso estaría bien... y, Ey... escuche Clemente... ¿Podría conseguir que su gente hiciera algo por mí?”

“Seguro”. Asintió el hombre. “¿Qué podemos hacer?”

“Comprar”. Contestó Dar. “Comestibles”.

Clemente agitó la manos de una manera muy cubana. “Por supuesto... por supuesto... deme una lista, haré que Rosalita lo compre todo y lo guarde”.

“No tengo una lista”. Murmuró Dar. “¿Podría simplemente comprar lo que la gente normalmente tiene en casa?”. Miró a la cocina. “Sólo, lo que sea”.

La frente del hombre se arrugó como cartón. “Srta. Roberts... No puedo mandarla a comprar sin decirle que quiero que compre... ¿Qué es lo que necesita?” Miró atentamente a la cocina. “¿Pan? ¿*Frutas*?”.

Dar suspiró y le hizo una señal para que la siguiera. “Mire”. Abrió el frigorífico. “Necesito algo más que esto”. Levantó las manos y las dejó caer. “Si voy yo, acabaré con una caja de galletas Oreo, seis litros de leche, dos latas de helado Edy y un tarro de mantequilla de cacahuete”.
Clemente se cubrió los ojos. “*Dios mío*”. Se frotó la cara. “¿Quiere... zumo de naranja...? ¿Plátanos? ¿Sopa?”

Dar lo pensó. “Plátanos estará bien”. Respondió, cautelosa. “Uh... zumo de pomelo... quizás algunos pasteles ingleses?”

“*Sí*... *sí*...” Clemente sacó un bolígrafo del bolsillo y escribió. “¿Mermelada?”

“De albaricoque está bien... o uva”. Consideró la morena mujer. “Oh... y algo de té”.

“¿Pekín, China...?” Preguntó Clemente.

“De la clase que se pone en la taza y se bebe”. Respondió Dar con una mueca. “Tan sólo algunas bolsas... si tienen té de hierbas, estaría bien”. Tamborileó con los dedos sobre el mostrador. “¿Tienen fresas?”.

“*Sí*... de Driscolls”. Contestó el hombre tomando nota. “Tienen una buena caja hoy... de las grandes, ¿*sí*? Todas desplegadas como rosas, muy buenas”.

Una sonrisa. “Consígame una caja de esas... y dos tabletas grandes de chocolate con leche”.

Le dio unos cuantos detalles más, entonces le vio marchar, suspirando mientras la puerta se cerraba tras su rechoncha figura. “Eso ya está”. Se encontró sonriendo en anticipación de la cara de Kerry cuando descubriera que tenía algo más que leche para ofrecerle. Se echó un vaso y comprobó el terminal viendo como parpadeaba la banderita indicadora de que tenía mensajes. “Correo”.

“Dar Roberts, siete mensajes, ninguno urgente”. Replicó el terminal, desplegando la pantalla.

Los revisó. “Lee el sexto”. Su gesto estaba ya tornándose en sonrisa cuando vio quien era el autor.

Stuart, Kerry - Enviado a las 9:34 PM

Ey...
Tan sólo te escribo para decirte hola... Espero que la fiesta fuera bien. Tenías razón sobre Eleanor en la reunión, estuvo todo el rato sobre mí como que el color blanco y el arroz y si no dijo doce veces que estaba malgastándome donde estaba, no me lo dijo ninguna.

No me habían molestado tanto desde que los Jóvenes Republicanos averiguaron quien era mi padre cuando estudiaba en el Instituto.

Me pregunto que haría si le dijese que prefiero trabajar para Mohamed Gadafi antes que con ella. Al menos con él, sabes de donde viene el hachazo. Y él es más guapo... ella huele ligeramente como una fundación de maquillaje rancio.

De todas formas... hizo un chiste particularmente desagradable sobre ti y creo que estaba poniéndome a prueba para ver si te contaba a ti o no. Con lo que no voy a hacerlo. Pero saqué la pila de su mando a distancia mientras ella estaba haciendo la presentación, con lo que pareció una idiota durante unos diez minutos mientras estaba allí de pie apretando botones infructuosamente sin que ocurriera nada.
Me avergüenza decir que disfruté de lo lindo con eso.
Nos vemos mañana.
K.


Dar estalló en carcajadas, dejó la taza para que no se le derramara y se reclinó sobre el mostrador. “Oh Dios”. Dio un golpe seco, imaginando progresivamente más frustrada apretando los botones. “Oh, Dios, siento haberme perdido eso...” Dijo de manera entrecortada, todavía riendo. Hizo que la tarde mereciera la pena. “Responder”. Le dijo a la máquina. “Graba en audio”. Agregó, con una sonrisa.

Ey Kerry...

“mereció la pena haber sufrido esa maldita fiesta para llegar a casa y leer esto... A partir de ahora siempre que la vea en una reunión, recordaré la imagen que has puesto en mi cabeza de ella apretando los botones del estúpido mando que tanto adora y frustrándose”.

Dar hizo una pausa, sabiendo que la grabación también lo haría, siendo activada por la voz. “

Espero que te divirtieras patinando... Yo, um... Te veré mañana después de mi cita. Veremos si esa pequeña excursión a Orlando provocó alguna diferencia... yo creo que sí, porque no he tenido un dolor de cabeza desde la tormenta”.

Otra pausa. Sintió varios pensamientos luchando por salir y ser expresados pero las palabras justas no le salían.

“De todos modos, que tengas una buena noche”.

Dar


Miró la pantalla un momento, entonces suspiró. “Enviar”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 22nd 2012, 10:39 am

Rió suavemente mientras miraba los otros mensajes, ninguno de los cuales requería realmente su atención antes de mañana. Agarró la leche se dirigió fuera hacia el porche, donde una brisa cada vez más fresca soplaba contra las olas. Dar se sentó en una de las acolchadas sillas y apoyó los pies contra la barandilla de piedra, recostándose y contemplando el agua.

El suave sonido de la marea golpeando contra el rompeolas la adormeció, mientras miraba las centelleantes estrellas sobre su cabeza. “Estrella luminosa... estrella brillante...” Murmuró. “¿Qué desearías pedir, Dar? ¿Hmm?”

Prudentemente, las estrellas permanecieron en silencio.

El teléfono zumbó suavemente dentro, y Dar saltó, sacudiendo un poco la cabeza para despejarse antes de entrar y agarrar el teléfono inalámbrico. “¿Hola?”

“Ey”. La voz de Kerry trazó un recorrido cálido en su interior.

“Bueno, hola...” Contestó Dar, llevando el teléfono con ella y volviendo a su asiento. “No esperaba oírte esta noche... Acabo de contestar tu mensaje”.

“Lo sé... Por eso supe que ya estabas en casa”. Vino la respuesta, acompañada de una suave risa. “Quería asegurarme de que no te asustaras cuando llegase mañana como un Klingoon (Raza alienígena presente en Star Trek, serie de T.V).. Tuve un encontronazo con un camión”.

Un silencio muerto. “¿Q...qué?” Dar se levantó erguida, su corazón latiendo fuerte. “¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Apuntaste la matrícula?”

“Dar... Dar... cálmate”. Kerry la interrumpió deprisa. “No, no... estaba aparcado cuando ocurrió... detrás de la panadería. Colleen y yo solemos ir allí, y nos recompensamos con un donut después de patinar... Estaba torciendo la esquina y no me di cuenta de que un camión de descarga estaba allí”.

“Oh”. Dar se volvió a sentar, todavía nerviosa. “Ow... apuesto que dolió”.

“Sí... Mi cabeza golpeó con el espejo lateral... tengo un enorme chichón ahí”. Kerry suspiró. “Me he puesto hielo... probablemente habrá bajado antes de mañana, pero todavía tendré un cardenal”.

“Bueno...” La morena mujer exhaló un suspiro de alivio. “Maldición... siento oír eso... ¿Conseguiste al menos tu donut?”

Una risa de resoplido. “Dos de ellos... Colleen se sintió tan mal porque me estaba distrayendo cuando ocurrió”.

Dar tuvo un repentino deseo de asegurarse personalmente que el golpe no era serio y tuvo que morderse la lengua para abstenerse de decirle a Kerry que se pondría de camino hacia allí. “¿Seguro que estás bien?”. Preguntó vacilante al final.

El afecto en la voz de Kerry era evidente. “Sí... Pero gracias por preguntar”. Una pausa. “Bueno, mejor te dejo... Tan sólo quería que... um...”

“Me alegro que hayas llamado”. Dijo Dar tranquilamente. “Te veré mañana”.

“Buenas noches”.

La línea quedó muerta y Dar se apoyó el teléfono contra la barbilla, mirando las olas, evaluando la repentina y profunda respuesta de su interior.

De acuerdo, era una centrada e hipercontroladora puta que no confiaba en nadie y que rechazaba dejar los más nimios detalles al azar, ¿verdad?.
Bien.


Así que, naturalmente, era su responsabilidad asegurarse que su empleada, un valioso recurso de la compañía, estuviera bien. ¿Verdad?

Verdad. Tan sólo parte del trabajo. Era completamente profesional y normal por su parte el supervisar personalmente la colocación del hielo en la cabeza de Kerry, preferiblemente cuando ésta se hallase acurrucada en la cama de agua de Dar.

Empezó a reír, golpeándose un lado de la cabeza. “Me estoy volviendo loca”. Concluyó mientras se levantaba.
La locura te hace sentir, meditó, sorprendentemente bien.


Kerry cerró los ojos mientras se cambiaba la fría compresa de la cabeza, deseando que al menos los latidos cesaran. Además del dolor de cabeza, el pecho y el brazo también le dolían donde habían impactado con el camión y se había torcido el tobillo cuando desesperadamente intentó parar.

Colleen la había convencido de que no tomara nada para el dolor de cabeza y también le había dicho que probablemente sería mejor que no se durmiera de inmediato. Así que aquí estaba, escuchando el canal Discovery e intentando no pensar en lo mucho que le dolía la cabeza.

No habría sido tan malo si no se hubiera sentido tan estúpida... Se había vuelto para escuchar los chismes de Colleen, cuando torcieron la esquina y de repente vio la grande, sucia y blanca superficie acercándosele muy deprisa. El impacto la había atontado durante un minuto y se había sentado allí con las desesperadas manos de Colleen sobre ella asegurándose que no se había roto nada antes de levantarse y alejar a la pelirroja con una ondulación de la mano.

“¿No es preciosa?”. La voz del hombre estaba tan llena de incrédulo entusiasmo que Kerry tuvo que mirar.

“No”. Murmuró, viendo los enormes dientes de un cocodrilo aparentemente intentando morder al narrador en el culo. “Es un maldito cocodrilo que te va a arrancar el culo de un mordisco, pedazo de tonto”.

Ow. Hablar dolía. Mantuvo cerrados los ojos de nuevo mientras refrescaba la compresa.

Un suave golpe vino de la puerta. Un ojo verde se abrió, elevando la ceja ultrajada. “¿Quién diablos está llamando a mi maldita puerta a las once de la noche?” Otro golpe, esta vez más vacilante y ella gimió. “Ya voy”.

Se levantó y anduvo con esfuerzo a través del apartamento, apoyándose contra la puerta y poniendo el ojo en la mirilla.

Asombroso cuan rápido podía olvidarse del dolor de cabeza cuando lo necesitaba. Quitó el pestillo y tiro de la puerta para abrirla. “Ey”.

Dar estaba apoyada casualmente contra el marco, sus manos jugando con las llaves. “Yo... um... tenía que ir a revisar una cosa a la oficina Sur de Miami... Pensé que podía parar y ver cómo te sentías”. Explicó su jefa.

Kerry sintió una sonrisa formarse en sus labios. “Guau... um... pasa”. Se echó para atrás y dejó que Dar entrara, cerrando la puerta tras ella e inhalando, antes de que, de forma vacilante, se moviera para abrazarla. “Oh...” Murmuró suavemente hacia el cuero de la chaqueta de Dar mientras largos brazos se cerraban a su alrededor. “Esto me hace sentir tan bien”.

“Déjame ver”. Dar la soltó y, gentilmente le inclinó la cabeza, examinando el descolorido chichón. “Mm... Se ve feo... ¿cómo te sientes?”

“Bien”. Kerry sonrió, vergonzosa. “Hasta hace dos minutos, que me sentía fatal”. Parpadeó ante Dar. “Me duele todo... y Col me dijo que no sería buena idea irme derecha a la cama en caso de que tuviera una leve conmoción o algo”. Sus ojos buscaron la cara de Dar. “No puedo creer que estés aquí... Es tan amable de tu parte”.

“Shh”. Dar le acarició la mejilla. “No empieces a extender rumores de que soy amable, ¿de acuerdo?” Sonrió. “Arruinarías mi reputación”.

Kerry rió suavemente. “Oh... de acuerdo... lo olvidé”. Suspiró. “Bueno, estaba aquí aburrida, sin dejar de ponerme compresas frías sobre la cabeza... A no ser que tengas una idea mejor”.

“Mm...” Dar lo consideró. “No soy ningún médico... pero déjame ver que puedo hacer... ¿te molesta un poco de compañía?”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 23rd 2012, 12:58 pm

“La tuya no”. Kerry negó con la cabeza. “Quiero decir... si te puedes quedar por unos minutos... Sé que estás de camino a casa”.

“No te preocupes por eso... de todas formas casi no duermo”. Le dijo Dar alegremente. “¿Dónde tienes toallas?”.

Kerry se lo mostró, después siguió a la alta mujer como un cachorrillo curioso mientras entraba en la cocina y abría el congelador. “Pensé en usar cubitos de hielo... pero son tan grandes que son difícil de manejar y el frío duele”.

“Mmhmm”. Coincidió Dar. “¿Tienes una bolsa hermética?”

“Uh... claro”. Kerry sacó una de galón y se la tendió. “Toma”.

Dar la agarró, entonces apoyó la batidora sobre el mostrador y le quitó la tapa, llenándola hasta el borde de hielo. Entonces la cerró y puso la máquina en funcionamiento, viendo como el hielo era transformado a la condición de copos de nieve.

Entonces quitó de nuevo la tapa y vertió el contenido dentro de la bolsa hermética, la cual envolvió con una toalla. “Vamos”. Guió a Kerry hacia la sala de estar y se sentó en una esquina del sofá, palmeando el asiento junto a ella.

“Vale”. Kerry se sentó, entonces sonrió mientras Dar se reclinaba hacia atrás y se palmeaba el pecho. Se recostó contra el cuerpo de la alta mujer y estiró las piernas a lo largo del sofá. Dar la rodeó con un brazo, y colocó la compresa sobre su cabeza. Era mucho más frío que el agua que había estado usando y pudo sentir como el tenso dolor en el chichón empezaba a disiparse lentamente.

“¿Qué tal?” Inquirió la voz de Dar por encima de su hombro.

De hecho, Kerry se sentía como si se encontrara jodidamente cerca del cielo, entre el cómodo y caluroso respaldo y el mero placer que sentía cuando Dar estaba presente. “Perfecto”. Murmuró quedamente. “Gracias”.

Dar apoyó los pies sobre la mesa del café y se relajó, mirando la televisión por encima del hombro de Kerry. “¿Qué estamos viendo?”.

“A un cabeza de chorlito que adora besar a los caimanes”. Replicó Kerry.

“Oh... El Cazador de Cocodrilos”. Proporcionó Dar rápidamente. “Lo vi la semana pasada donde él y una mujer estaban revolcándose con ellos en el barro”. Hizo una pausa. “Espero que le page a esa mujer una buena suma”.

“Es su esposa”. Kerry rió suavemente.

“Bueno... eso explica porque él la estaba abrazando”. Musitó Dar. “Debe de estar enamorada... para hacer una locura como esa”.

“Tienes razón”. La rubia mujer agitó la cabeza gentilmente. “Oooh... ¿viste eso? ¡Casi se cae ella por la borda!”.

“Él está alucinando”. Observó Dar, mirando la pantalla con interés. “Oh mierda... ¿es eso una anaconda?”.

“Probablemente irá a besarla”. Rió Kerry. “Oh... bien... consiguió subirla de vuelta al bote y ahora los dos están besando a la maldita serpiente”. Suspiró. “Asombroso lo que te hace hacer el amor... Mira... ella tiene barro en sitios donde el Buen Dios nunca intentó que las mujeres tuvieran barro”.

Ambas se quedaron en silencio un rato mientras Dar movía la compresa de la cabeza de Kerry.

“¿Dar?”. Dijo finalmente Kerry, levantando la voz en question.

“¿Mmhmm?” La morena mujer inclinó la cabeza. “¿Qué?”.

“¿Qué rareza tenías que revisar en la oficina Sur de Miami a las diez de la noche?”.

Una embarazosa pausa siguió. “Um...”. Dar se aclaró la garganta y habló renuentemente. “Nada”. Murmuró. “Yo... um... quería asegurarme de que estabas bien”.

Ojos verde mar la miraron mientras Kerry se giraba y alzaba la cabeza. “¿Tú... quieres decir que... saliste para venir aquí?”.

Un débil asentimiento. “Yo... um... nunca puedes estar segura, con heridas en la cabeza... Y estaba algo preocupada... así que yo... sí”. Dar contestó a la defensiva. “Para estar en paz... ya sabes... Yo... tan sólo quería asegurarme de que todo estaba bien”.

“Mm...” Kerry pensó sobre eso. “Esto... me hace sentir muy especial”. Entrecruzó sus dedos con los de Dar, que rodeaban su cintura. “Gracias... Me estaba sintiendo bastante mal antes de que llegaras... realmente me alegra que hayas venido”.

Dar sonrió, contenta, y dejó reposar la mejilla sobre el pelo de Kerry. “A mí también”. Murmuró un poco sorprendida ante el pensamiento.

Realmente era una especie de locura, si lo pensaba.

Así que no lo hizo.

Kerry era consciente de la extrañeza de su posición. Al abrir los ojos parpadeó asustada, tardando un momento en darse cuenta de dónde estaba. Se habían quedado dormidas en el sofá, la televisión todavía encendida mostrando un sorprendente anuncio protagonizado por Chuck Norris. Oh Demonios. Alzó la mano para tocarse la frente notando que el chichón había disminuido pero todavía dolía, entonces, lentamente desenredó los dedos de la mano de Dar y se giró mirándola.

La luz del amanecer que entraba por la ventana recorría su cuerpo, acentuando su morena piel y resaltando los ligeros mechones castaños de su pelo. Tenía los músculos de su rostro relajados, excepto por el minúsculo movimiento de sus párpados cerrados. Kerry se quedó prácticamente sin aliento por el mero hecho de observar ese movimiento, absorbiendo la maravillosa sensación de los brazos que aún la rodeaban.

Era un sentimiento tan curioso... Casi un dolor en el pecho cuando miraba a Dar, como si algo dentro de ella tratara de salir por todos los medios. Con un suspiro Kerry miró el reloj, entonces palmeó suavemente el brazo de Dar. “¿Dar?”.

Lentamente se tensaron los músculos faciales, entonces se abrieron los párpados, revelando esos alucinantes ojos azules que parpadearon para centrarse en ella después. “Oh... um...”. Dar agitó ligeramente la cabeza para despejarse. “Buenos días”.

Kerry le dedicó un mohín. “Uh... sí...”. Miró hacia la ventana. ”Como que debemos dejarnos caer por allí... Y sé que tienes una cita”

Dar bostezó, después desenganchó el brazo y se frotó los ojos. “Sí... lo sé...”. Dejó caer la cabeza de nuevo. “Su consulta no está muy lejos de aquí...” Una pausa, entonces los azules ojos estudiaron intencionadamente a Kerry. “¿Cómo te sientes?”.

Kerry se sentó, flexionando brazos y piernas agarrotadas por estar en la misma posición durante horas e inhaló profundamente. “No muy mal...”. Decidió. “Me duele un poco la cabeza pero aparte de eso me siento bastante bien... ¿y tú que tal? Dios, Dar... debes estar medio aplastada”.

La alta mujer se estiró, arqueando un poco la espalda y ahogando otro bostezo. “Estoy bien”. Replicó, sonando un poco sorprendida. “El sofá es muy cómodo, en serio”.

Kerry le palmeó el pecho, entonces de forma impulsiva se reclinó y la abrazó. “Tú eres mucho más confortable que el sofá... Gracias por quedarte”.

Dar le devolvió el abrazo. “Sin problemas... Me sentí mucho mejor sabiendo que tú estabas bien”. Le aseguró a la rubia mujer. “De verdad”.

Kerry sonrió sobre la tela del hombro de Dar y exhaló, entonces golpeó a su jefa en el costado. “Vamos... Déjame hacer algo para desayunar, entonces te podrás ir... No querrás llegar tarde.”

Sí que quiero. Dar sintió unas ganas intensas de quedarse en donde estaba. Pero suspiró y soltó a Kerry, esperando que la rubia mujer se levantara para unirse a ella y se desperezó con una mueca. “No hace falta que hagas el desayuno. Puedo tomar un café cuando llegue, tienen una pequeña cafetería en la planta baja”.

“Dar”. Kerry le dio un codazo. “Vienes hasta aquí simplemente para, de forma literal y figurativa, darme palmaditas en la cabeza ¿y no me vas a dejar hacerte una tostada? Sé realista”. Agitó la cabeza según se dirigía a la cocina poniendo la cafetera y cogiendo un paquete de pan de pasas de la nevera. “Dar, quieres... ¿yow?”. La morena mujer se había situado a su espalda silenciosamente y estaba mirando sobre su hombro. “Jesús... ¿cómo haces eso?”

“¿Tostadas de pasas con canela?”. Inquirió Dar esperanzada, alzando las cejas con interés.
“Bueno... sí... No pensarías que iba a darte algo así como pan blanco, ¿no?”. Rió Kerry. “Quiero decir, Dar... seamos honestas, eres muchas cosas, pero aficionada al pan blanco... eh...”.

Su jefa le sonrió cálidamente. “Lo tomaré como un cumplido”. Guiñó los ojos. “Me encantan las tostadas de pasas... Sabes, es realmente extraño lo parecido que son nuestros gustos Kerry”.

Todavía soñolienta, Kerry puso la tostada en la tostadora de cuatro rendijas entonces se deslizó y al lado de Dar rodeando su cintura con un brazo. “Sí... lo es”. Coincidió ahogando un bostezo. “Tengo más en común contigo que con mi hermana... Raro”. Consideró. “Ella odia los ordenadores, odia leer, odia las extremadamente gráficas pero curiosamente satisfactorias películas de violencia...”.

Dar hundió los dedos en el desordenado pálido cabello de Kerry alzándole el rostro e, inclinando la cabeza, la besó suavemente.

Kerry exhaló levemente al separarse. “Ella odiaría ver esto”. Un ligero tono de pesar asomaba en su voz.

“¿Lo sabe?”. Preguntó seria Dar. “¿Lo saben tus padres?”.

Una sacudida de la cabeza de Kerry. “No... no tienen ni idea... Ni siquiera lo sospechan”. Tragó. “¿Y los tuyos?”.

Dar dudó, a la vez que el aroma de tostadas con canela llenaba la cocina, junto con el de café recién hecho. “Mi padre lo sabía... sí. Él...”. Rió suavemente. “Pensé que no lo soportaría... Durante mucho tiempo no se lo dije porque pensé que él... Pensé que lo desilusionaría”.

Las tostadas saltaron y de forma reluctante Kerry se alejó de su compañera y las cogió, untando mantequilla en cada una y sirviéndole a Dar una taza de café. “¿No lo estaba?”. Preguntó finalmente de forma vacilante.

Dar tomó un bocado de la tostada y masticó. “No... Era casi como... Lo que me dijo fue...”. Se aclaró la garganta. “A ver si le puedo imitar... ‘Mira Dardar... Sólo porque los generales hacen lo de no preguntes no digas porquerías, no quiere decir que no haya cantidad de chicos que no les guste compartir la madriguera, ¿si sabes lo que quiero decir?”.

Kerry tomó un sorbo de su café y ahogó la risa. “Oh... Siempre me pregunté sobre eso... Una vez vi un especial de las carreras para ser pilotos, donde todos tenían esas minúsculas literas unas encimas de otras”.

“Ooooosiiii... Bueno, tuvimos una larga charla, después fuimos a Sawgrass Mills y pasamos la tarde comparando gustos”. Dar agitó con anhelo la cabeza. “Fue extraño”. Estudió con seriedad la cabeza gacha de Kerry. “¿Kerry?”.

“¿Hmm?”. La rubia mujer alzó la mirada. “Tienes tanta suerte... No puedo imaginarme sentarme y... Jesús, me mataría”. Agitó suavemente la cabeza, entonces miró a través de la ventana. “Um... se está haciendo tarde... Supongo que será mejor que nos movamos... Sé que tengo que...”. Dar dejó la taza y le puso las manos a ambos lados de su cara, mirándola. “¿Qué?”.

“Si necesitas hablar puedes hacerlo”. Dijo quedamente la morena mujer. “Estaré escuchando”.

Kerry sintió como se le entrecortaba la respiración e inhaló de forma nerviosa, observando minuciosamente la expresión de Dar y buscando los azules ojos intencionadamente. “Yo no... no sé qué quieres decir, Dar”.

Un pequeño dolor. “Está bien”. Dar dejó caer las manos. “De todas formas la oferta sigue en pie”. Tomó la taza y bebió un sorbo, medio girándose. “Supongo que mejor me voy”.

Un roce suave sobre su brazo y miró sobre el hombro, viendo como unos dolidos y confusos ojos verdes la miraban. “No tenemos tiempo ahora mismo”. Consiguió decir Kerry, como si las palabras estuvieran incrustadas en su interior. “Pero... aceptaré tu oferta más tarde”.

Dar le pasó un brazo alrededor del cuello y la acercó, besándole la coronilla. “Trato hecho”. Sintió como la rubia mujer se acurrucaba más, casi uniéndose a ella. ¿Quién le habrá hecho daño a Kerry? Era obvio para Dar que alguien se lo había hecho y al pensarlo le sobrevino una oscura y burbujeante ola de rabia. “Deja que me golpeen y pisoteen... Nos vemos en la oficina, ¿vale? Voy a ir a mi casa a la vuelta para cambiarme”.

Kerry valoró la corta camiseta y vaqueros. “Yo creo que te ves bien...”. Salió de su ensimismamiento y le dedicó a Dar una sonrisa. “Supongo que en la oficina se escandalizarían, ¿eh?”.

“Oh sí”. Bufó Dar. “Nunca dejarían de hablar de ello...”. Capturó de nuevo los labios de Kerry y esta vez se tomó su tiempo, sintiendo como la pequeña mujer colapsaba sobre ella. Dejó que sus manos recorrieran la espalda de Kerry, tocando y apretando suavemente, hasta que sintió como las costillas de la rubia mujer se extendían bruscamente al acelerarse su respiración y sus manos empezaron a acariciar el estómago de Dar, en busca de un camino para sentir su piel. Ambas se separaron respirando entrecortadamente, sus manos todavía explorando, hasta que Kerry apoyó la cabeza sobre la clavícula de Dar.

“Va a ser un día muy largo”. Suspiró Dar con ironía.

“Oh sí”. Estuvo de acuerdo Kerry. “¿Tienes que hacer eso?”.

Una suave risotada. “No olvides programar la reunión de personal para el viernes... Si no les comento a todos lo del cuarto trimestre, Mariana tendría un infarto”.

De forma reluctante Kerry la dejó ir y la observó marcharse en un pensativo silencio.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 24th 2012, 10:04 am

Dar esperaba tranquila a que una eficiente y demasiado alegre enfermera le pinchara el brazo con una aguja del tamaño de una jabalina olímpica. “Sólo un momento querida... No te va a doler nada”.

“No debería mentir a los pacientes”. Refunfuñó Dar, sintiendo el lacerante dolor al llegar la aguja a su destino. “No es agradable”.

“Ya...”. La enfermera le palmeó el brazo. “No queremos que nuestros pacientes se preocupen si no han de hacerlo... No es más que un pinchazo”.

“He estado diciendo eso sobre los hombres por años”. Remarcó Dar, tratando de no mirar hacia el vial de rica y roja sangre procedente de su brazo.
“¿Qué?”. Preguntó la enfermera.

La morena mujer giró los ojos. “Olvídelo”.

La puerta se abrió y el Dr. Steve asomó la cabeza. “Ey, dulzura”.

Dar le clavó dagas con la mirada, recibiendo como respuesta una candorosa sonrisa. La enfermera terminó, removiendo el tubo y frotando el sangrante agujero dejado por la aguja con un algodón empapado en alcohol. “Todo listo... Ya está”. Salió de la habitación, dejando a Dar con el médico.

“Vamos... vamos... Deja las miradas sombrías, Dar”. El Dr. Steve entró y se reclinó sobre la mesa de examinar sobre la que ella estaba sentada. “Oí que tuviste un momento de pánico en el Instituto de Cardiología”.

Ojos azules y hoscos le miraron. “Lo superé”.

“Oooh... no somos duros ni nada”. Steve rió y le palmeó la rodilla. “Puedes jugar a ser la máquina asesina de la corporación con otros, Dar... pero te conozco desde que no eras ni lo suficientemente alta para lamerme las rodillas... Así que, no lo intentes conmigo”.

Dar se removió. “¿Me has dejado algo de sangre dentro? Ha debido tomar como seis cuartos”.

“Psh... Dos viales, gran bebé”. La hizo callar. “¿Cómo te sientes?”.

“Mejor”. Admitió su reluctante paciente. “Me tomé unos días de descanso... fui a Orlando e hice de turista por un par de días”. Hizo una pausa. “No he tenido un dolor de cabeza desde la última vez que estuve aquí”. Dijo con cierto tono de triunfo.

Él asintió. “Bien... bien...”. Sus manos alzaron su rostro y lo giraron hacia la luz, mientras la observaba intencionadamente. “Hmm... interesante...”.

“¿Qué?”. Inquirió Dar, ligeramente nerviosa.

“Nada... Tan sólo me encanta mirar esos azules bebés”. Contestó Steve juguetonamente, según su paciente hacia rodar los ojos. “En serio, Dar... Te ves más relajada”. Le palmeó el hombro. “Me alegro por los no dolores de cabeza... Tan sólo analizaremos tu sangre para ver como vas. Quiero comprobar tu nivel de glóbulos blancos... Estaban muy bajos la última vez”.

Algo más le estaba pasando. “Ya que lo mencionas... Me han estado pasando... no sé, creo que últimamente me he estado olvidando de cosas”. Murmuró Dar. “Y he tenido problemas para concentrarme... Empieza a preocuparme un poco”.

“¿Mm?”. Ahora la cara del médico estaba seria. “De acuerdo... Comprobaré si hay algo extraño en tu sangre pero seguramente no aparezca ahí. ¿Has tenido mareos o problemas con la vista? Me preocupaba tu tensión la última vez...”. Se puso el estetoscopio y la auscultó el pecho.

“No, bueno, mareos exactamente no...”. Dar se encogió de hombros para explicarse. “Sólo... estoy haciendo algo y de repente me quedo en blanco... como si mi atención se distrajese”.

“Hmm...”. El Dr. Steve le empujó el hombro. “Túmbate”.

Dar lo hizo, cerrando los ojos y sintiendo la presión del tensiómetro sobre sus bíceps. Su mente empezó a vagar sobre el día que le esperaba. O para ser más precisa, sobre la noche que se avecinaba y se encontró sonriendo hasta que una mano le agitó el hombro. Abrió los ojos, para encontrarse al médico observándola con desconcertada preocupación. “Maldición, lo siento”.

Steve se inclinó sobre la mesa, su gris cabello cayéndole por la frente. “No lo entiendo... Tienes bien la tensión, tu corazón suena bien... Quizás debería citarte para un escáner”.

Dar se frotó los ojos. “Quizás”. Murmuró.

Él agitó la cabeza. “Bueno, déjame hacer un chequeo rápido sobre la analítica para ver si encuentro algo. Espérame en mi despacho. Creo que tengo el nuevo PC World ahí”.

“Oh, genial”. Refunfuñó Dar. “Justo lo que necesito, leer todo sobre los nuevos bichos en NT”. Sin embargo, saltó de la camilla y se dirigió al cómodo despacho del Dr. Steve, dejándose caer sobre un sillón y cogiendo la susodicha revista. “¿Dónde está el chiste?... Al menos con él me río”.

Se leyó la mitad de la revista antes de escuchar pasos en la moqueta y alzó la mirada cuando el Dr. Steve hizo su entrada con una carpeta bajo el brazo y una peculiar mirada en el rostro. “¿Terminado?”.

El rechoncho y canoso hombre dejó la carpeta sobre la mesa y se sentó en su silla, cruzando los brazos sobre el pecho y mirándola. “Bueno, amiga mía... Tus indicadores de estrés han bajado, eso seguro”.

Dar dejó asomar a sus labios una pequeña sonrisa. “Eso es bueno”.

Él asintió. “Mm... sí, me alegré al verlo... También he hecho un análisis de hormonas y otras anomalías... y creo que he descubierto cual es tu pequeño problema de memoria”.

Dar se sentó estirada y ladeó la cabeza. “¿Sí?”.

Un solemne asentimiento. “Sí. Me temo que tienes niveles elevados de endorfinas en el riego sanguíneo, amiga mía. Especialmente Oxitocina”.

La morena mujer se quedó de piedra. “Oh”. Hizo una pausa, ligeramente alarmada. “¿Qué es?... ¿Que lo causa?”.

El Dr. Steve se rascó la nariz. “Bueno... es una hormona natural... básicamente es uno de los responsables de sentirse bien... El cuerpo la libera bajo ciertas circunstancias y se conoce por provocar los efectos que tu describes”.

Dar lo consideró. “¿Qué circunstancias?”. Inquirió.

“Mm... en algunos casos, el ejercicio, sobretodo carreras a largas distancias”. Mencionó el Dr. Steve. “¿Tú corres?”.

Un encogimiento. “Seis... ocho millas por la mañana”.

“¿Corriste esta mañana?”. Preguntó el médico.
Dar agitó la cabeza. “Yo... no”. Dudó. “Esta mañana no”.

“Entonces esa no es la causa...”. El médico estiró los dedos. “¿Tomas algún opiáceo?”.

“¿Qué?”. Dar arqueó las cejas bruscamente. “Steve, sabes jodidamente que no”.

Alzó una mano. “Vale... vale... tan sólo preguntaba...”. Una minúscula sonrisa asomó a sus labios. “Eso elimina dos de las tres causas más comunes”.

“¿Cuál es la tercera?”. Rió Dar. “¿Comer chocolate?”.

“Enamorarse”. Replicó quedamente Steve. “Oxitocina es la hormona que estimula la necesidad del tacto”.

Dar simplemente se le quedó mirando, la mandíbula ligeramente desencajada y parpadeando los ojos. “Eso es... Ah... no, Steve, yo no...”. Se pasó una mano por el pelo. “Eso no es...”.

“Dar... Relájate...”. El médico se inclinó hacia delante. “Respira, ¿vale?. No quiero que te mueras en mi despacho... Mala impresión para las enfermeras”. La miró con afecto. “Dios mío, ni que te hubiera dicho que estás embarazada o algo así... No hay nada malo en estar enamorada, amiga mía”. Sonrió. “Es bueno para ti”.

“Pero yo...”. Dar trató de forzar al exterior las palabras pero simplemente no le salían. Jesús... esto no puede estar sucediendo... Su mente volvió a sus propias palabras para con Kerry, lo que parecía a mil años luz de distancia. ‘Es como si tu cuerpo lo supiera’. “Estás... ¿eso es todo, Dr. Steve?”.

“Claro”. La miró con queda compasión. “Ve y date un paseo, Dar... Toma algo de aire... Estás pálida como una sábana”.

Asintió distraída y salió, no muy segura de dónde iba hasta que estuvo fuera, donde, de forma mecánica, encontró su coche y abrió la puerta, colapsando sobre el asiento y reclinándose sobre el volante. “Está loco... No sabe lo que está dic... yo no...”. Observó el salpicadero, pensando sobre los últimos días. Pensando sobre como se sentía. Pensando sobre cómo la hacía sentir Kerry y cómo el simple impacto de esos ojos verdes sobre ella le clavaba dagas de sentimiento por el cuerpo. Sobre cómo abrazar a la rubia mujer la hacía más feliz que todo lo que había tenido hasta ahora. Sobre cómo había conducido en mitad de la noche tan sólo para comprobar un pequeño chichón en la cabeza. Y poner en peligro una cuenta mayor.

Despacio se echó hacia atrás, dejando que los brazos le cayeran sobre los muslos, cuando el inevitable descubrimiento la azotó.

Oh, dulce Jesús... lo estoy. Una débil risa salió de su pecho. Entonces agarró el volante y miró por las ahumadas ventanas.

¿Y ahora que hago?



“Bien, mira... Tan sólo es un tablón de anuncios”. Dijo Kerry, mirando pacientemente a la pequeña y triste mujer sentada frente a su escritorio. “Sé que es algo que a todos les gusta pero el drive array se ha venido abajo y han de sustituirlo”. Había estado encargándose de este tipo de asuntos todo el día ya que uno de los mayores servidores se había caído, colgando docenas de aplicaciones pequeñas pero esenciales.

“Pero no lo entiende... Tenemos importantes mensajes ahí”. Sentenció la mujer, agitada.

Kerry ladeó la rubia cabeza. “Es un tablón de anuncios... Creía que era para anunciar cosas a la venta, noticias de la compañía, ese tipo de cosas”.

“No, no”. La mujer parecía frustrada. “Es esto... Tenemos todos nuestros asuntos sociales ahí... y Mary pone estos pequeños poemas, que realmente le alegran el día a todos, es como una comunidad. Estamos desamparados sin ella... ¡nadie sabe que está pasando!”.

Kerry juntó las manos. “Helen, ¿qué quieres que haga exactamente?”.

“¿No puede ser arreglado antes?”.

“Es un servidor drive array... Tienen que pedir una orden a Hewlett Packard y hay que configurarlo. Lo hacen lo más rápido que pueden, créeme”. Explicó Kerry. “Y eso no es lo único que está afectado: las impresoras y faxes también se han caído”. Había sido lo primero con lo que Mark la había golpeado al llegar aquí, malas noticias sobre un array entero hacia el sur, uno para el que no tenían backup porque no tenía ninguna aplicación crítica. Aun así, los trabajadores se habían quejado más que si uno de los servidores de SNA se hubiera caído. “Todavía estamos intentando averiguar porqué se ha caído”.

Obtuvo como respuesta una inmediata mirada de culpa de la mujer, la cual se levantó de forma precipitada. “Bueno, espero que se den prisa. Tengo un montón de cosas ahí que necesito”. Le dedicó a Kerry una mirada distintivamente hosca. “Estoy segura que la Srta. Roberts lo hubiera resuelto ya”. Salió dejando atrás una aturdida Kerry que agitó la cabeza sin poder creérselo.

“No, ella te hubiera dicho que sacaras tu culo apestoso a gardenia de su despacho”. Le informó a la puerta cerrada, de forma hosca. Entonces suspiró y miró el reloj. “Hablando de ella, ¿dónde demonios está?”. Era cerca del medio día y no había señales de su jefa. Kerry había dispuesto un monitor que chequeaba periódicamente si Dar estaba en red o no y, por el momento, la ejecutiva brillaba por su ausencia. Kerry repiqueteó con los dedos en la mesa, entonces descolgó el teléfono y marcó. “Hola, María”.

“Hola, Kerrisita”.

“¿Alguna noticia de la jefa?”. Kerry trató de mantener fuera de su tono de voz la preocupación y hacerla sonar ligeramente interesada. “Necesito unos documentos para poder seguir”.

María suspiró. “No, cielo... tú y el resto del mundo la está buscando... y nada. Traté con su móvil, el busca, nada... Espero que esté bien”.

Kerry sintió como una profunda preocupación le atenazaba el estómago. “Sí, yo también... No es su estilo”. Murmuró, como si fuera una experta tras tan sólo un mes.

“*Sí*... aie... espera... oigo su voz viniendo hacía aquí”. María parecía aliviada.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 25th 2012, 12:08 am

“Bien, genial. Gracias, María.”. Kerry colgó con una sensación mezcla de alivio y anticipación. No puedes irrumpir sin más, Kerry... dale una oportunidad a la mujer de asentarse y ponerse en marcha. Decidió tomarse una taza de té a cambio, con lo que abrió el cajón y sacó una bolsita de té de moras, luego tomó una taza y se dirigió a la puerta. La cocina estaba relativamente en silencio y les dedicó a las dos mujeres que allí había una sonrisa mientras ponía algo de Equal en la taza y añadía el agua caliente de un dispensador para tal efecto.

“Ey, Kerry...”. Una de las mujeres sentadas alrededor de una pequeña mesa alzó la mirada. “Oí que te apuntaste al gimnasio. ¿Vas esta noche?”.

La rubia mujer asintió. “Sip. Claro que lo hice... Tengo muchas ganas de ir. Me apunté a aeróbic suave y esa clase de defensa personal”. Caminó de forma casual, sumergiendo la bolsita de té y reclinándose sobre la pared. “¿Vas a ir tú?”. Recordó que el nombre de la mujer era Candy, un apelativo realmente inadecuado para la usualmente violenta ayudante de administrativo.

Candy se echó hacia atrás con un suspiro y asintió. “Sí...”. Se palmeó los muslos e hizo una mueca. “Pensé que sería bastante con algo de ajetreo en casa pero no lo hago a menudo y se nota... He engordado diez libras en los últimos dos meses y es o ir al maldito gimnasio o ir a comprar ropa nueva”. Miró a Kerry. “Defensa personal, ¿eh?. Eso es muy divertido viniendo de la ayudante de Dar Roberts... ¿Y qué diantres le ha pasado a tu cabeza?”.

Kerry suspiró. “Un encuentro demasiado cercano con un camión aparcado... Estuve patinando anoche”. Explicó. “Otra razón para elegir el gimnasio, menos obstáculos”. Añadió huraña. “Y tiene aire acondicionado, una sauna...”.

“Oh sí... y bonitos cuerpos por doquier”. Añadió Candy con un guiño. “Mi novio se niega a ir, dice que su barriguita le hace sonrojar”. La otra mujer, alguien de marketing recordó Kerry, bufó.

“Bueno, eso es auto vencerse”. Protestó Kerry. “Si fuera por algún tiempo, ¡no tendría porqué preocuparse!”. Separó la bolsita y tomó un sorbo del dulce té. “Pero sé como se siente. Yo también he engordado algunas libras desde que empecé a trabajar aquí... Todas esas visitas abajo”. Comentó de forma casual, refiriéndose a la cafetería cubana de la planta baja.

Candy bufó. “Kerry, déjame decirte que tendrías que engordar el doble de ti antes de que alguien lo notase pero... um...”. Miró alrededor y luego hacia la rubia mujer. “Oí por la parra que tu jefa también se une a la banda del gimnasio... ¿verdad?”.

Kerry vaciló, entonces escogió con cuidado las palabras. “De hecho... creo que la escuché decirlo el otro día... así que sí, supongo que sí”. Una pausa. “¿Por qué?”.

“Interesante... Sólo eso. Primero participa en el Día Global, ahora esto... ¿Trata de cambiar su imagen o algo”. Preguntó Candy de forma astuta.

Sintiendo terreno peligroso, Kerry simplemente se encogió de hombros. “Dijo que era su turno de hacer lo del Global... y a lo que esto se refiere, ¿quien sabe? desde luego yo no... Dijo que quería usar algo de escalada o no sé qué que tienen ahí... ¿Quizás sea eso?”.

“Quizás”. Ronroneó Candy, entonces se levantó y se dirigió a la salida. “Supongo que esta noche lo descubriremos, ¿eh?. Vamos Drucie, el receso se ha acabado, alimentemos al presi”. Miró a Kerry. “Nos vemos”.

“Nos vemos”. Kerry vocalizó tras ella, poniendo una cara. Suspiró y sorbió de su té, entonces salió de la cocina hacia el corredor, abriendo la puerta de su despacho y entrando en él. Ya llevaba varios pasos en él antes de darse cuenta de que algo la esperaba en el escritorio.

Se detuvo, una mano alzada con la taza y la otra al costado y simplemente miró. Centrado en la mitad de su escritorio descansaba un pequeño recipiente de cristal que contenía una única rosa roja como la sangre. Kerry dejó escapar un pequeño ruidito de la garganta y se acercó dejando la taza y rodeando el mueble, se sentó en su silla y puso los brazos uno a cada lado del recipiente.

La flor era preciosa, larga y llena de gruesos pétalos que desprendían un maravilloso aroma y el recipiente era delgado y a facetas brillando a la luz de la ventana. “Oh, dios mío... Es preciosa”. Exhaló Kerry, tocando la flor con un dedo ligeramente tembloroso. “¿Fuiste tú, Dar?”. Susurró. El repentino gesto romántico le llegó a lo más profundo y suspiró apoyando la barbilla sobre los puños, dejando que una pequeña semilla de felicidad se prendiese en su interior mientras absorbía el delicado aroma.

Finalmente se sentó y gentilmente puso el recipiente al frente del escritorio centrándolo pulcramente antes de levantarse y pasarse las manos por el cabello. “Creo que debo ir a darle las gracias”. Le dijo al monitor, antes de salir por la puerta trasera y adentrarse por el pasillo interior.

“Así que, ¿cuál es exactamente el problema?”. Dar apoyó la barbilla sobre su puño y observó a Mark con mirada tolerante. “Pensé que ordenaste un Raid array nuevo”.

“Lo hice”. El hombre de pelo oscuro y rizoso suspiró, frotándose los ojos. “Pero los de HP dicen que no pueden conseguir una duplicación de la unidad. Si queremos sustituirla, debemos tener una más grande”.

“Bueno”. Coincidió Dar. “Pues hazlo”.

Ojos marrones parpadearon ante ella. “¿Qué?”.

“¿Qué parte es la que no has entendido?”. Soltó Dar. “Estoy hasta las narices de secretarias lloriqueando porque no pueden tener sus poemas de amor, Mark... Consigue el maldito array de vuelta antes de que empiece a tomarlas como diana con una pistola de perdigones”.

“Dar, estamos hablando de los grandes aquí”. Protestó Mark. “No es un servidor crítico”.

“María me ha dicho que Kerry se ha pasado al menos media mañana escuchando a la gente lo crítico que es el maldito servidor, ¡y no voy a gastar tiempo de trabajo necesario en acostumbrarse a la ausencia!”. Rugió Dar. “Trae de vuelta la maldita cosa, ¡no me importa lo que cueste!”.

“¡Jesús!”. Mark saltó de la silla y se alejó. “Vale... vale. Pero cuando llegue la factura, no digas que no te lo advertí”.

“Tan sólo hazlo”. Ordenó Dar. “Y ya que estás, ¿cómo demonios se cayó la maldita de cosa?”.

Mark se detuvo en la puerta y arrugó los labios, mirando a su alrededor. “Um... ejecutaron un... bueno, es un sonoro clip de multimedia que se fue de las manos”. Se aclaró la garganta. “Se comió todas las fuentes, luego contagió a la mesa de locación, cuando se fue a cerrar el servidor, explotó el driver de la tarjeta de control”.

Dar estaba allí sentada, las manos reposando sobre el escritorio. “No me estarás diciendo que uno de estos technogorps ha mandado al carajo un array”.

Él asintió. “Um... Era un clip sonoro de Leonardo DiCapprio bailando desnudo”. Entonces se marchó, dejando a Dar observando la puerta incrédula.

Sonó el teléfono. Dar presionó el botón. “¿Si?”.

“¡Buenas tardes, Dar!”. La alegre voz de Les llenó la sala. “¿Recibiste mi regalo?”.

Dar miró alrededor de su escritorio y vio un pequeño paquete de correo. Se lo acercó y lo abrió, mirando en su interior. “Es precioso Les pero sabes que no tengo el maldito tiempo necesario para irme de crucero”. Suspiró, reconociendo que era un billete para Alaska... Les se dio cuenta que una nativa de Miami pocas ganas tendría de un crucero al sol y las playas del Caribe.

“Dar, te lo estoy ordenando”. Objetó el CEO.

Ella suspiró, jugueteando con los pasajes. “Hagamos esto: lo cambiaré por un fin de semana largo a las Keys...”. Hizo una pausa. “Para dos”. Una fugaz mueca apareció en su rostro. “¿Qué te parece?”.

“¿Para dos?”. La voz de Les rebosaba curiosidad. “Dar, no sabía que salieras con nadie”.

Una suave risotada. “¿He dicho yo eso, Les? Tan sólo he dicho que quiero un fin de semana para dos... quizás quiera algo de compañía”.

“Jo...”. Rió Les. “De acuerdo, tú ganas. Se lo diré a Beatrice. Tan sólo dile lo que quieres hacer”. Se oyó una voz apagada de fondo. “Uuppss... he de dejarte Dar, hablamos después”.
Dar observó la mesa del escritorio y sonrió, haciendo girar los pasajes con las manos, entonces alzó la mirada a la vez que se abría la puerta interior y se asomaba Kerry.

Esta vez no se negó el estallido de sensaciones. Tan sólo lo aceptó y observó a Kerry abriendo la puerta y atravesando la moqueta, disfrutando del intrigante andar de la rubia mujer. “Hola”.

Kerry se arrodilló a su lado y se balanceó con una mano sobre su rodilla. “Hola”. Su voz sonaba ligeramente ronca. “¿Esa sorpresa era tuya?”.

Dar asintió. “Ajá”. Sin excusas. Sin explicaciones.

Un delicado sonrojo cubrió la cara de Kerry. “Nunca me habían dado nada parecido antes. Es fantástica”. Exhaló. “Muchísimas gracias”.

Dar la miró, agarrando y apartándole de la cara un rubio mechón. “¿Nunca te han regalado flores, Kerry? Me cuesta creerlo”.

Un vacilante meneo de cabeza. “No... es...”. Una pausa. “No, nunca”. Sus ojos se dirigieron hacia la puerta, consciente de la íntima posición en la que se encontraban. “Estaba un poco preocupada, no pensé que tardarías tanto. María estaba preocupada también”.

“Ah”. Dar aceptó grácilmente el cambio de tema. “Tenía varias cosas que hacer y dejé el celular y el busca en el coche. Debí haber llamado”. Se aclaró la garganta. “¿Has comido?”.

Kerry meneó la cabeza. “No, he estado ocupada escuchando a todo el mundo quejarse por ese estúpido servidor”.

“Vamos”. Dar se levantó y le tendió la mano. “Oigo como me llaman las hamburguesas de queso”. Alzó a Kerry y de forma inesperada le dio un rápido abrazo. “Andando”.

Era el típico gimnasio, oliendo a cloro proveniente de la piscina y aceite de los grupos de máquinas de pesas, así como el aroma saturado de macho que parece pegarse a todo como una capa de grasa.
Dar terminó su ronda en las máquinas de Nautilus, secándose el sudor del rostro e ignorando las miradas de reojo de sus compañeros de trabajo que parecían entre sorprendidos e incrédulos por su presencia.

Reconoció que no estaba totalmente concentrada, con lo que mantuvo un ritmo ligero y sencillo, dejando volar sus pensamientos mientras hacía los distintos movimientos. Le había tomado varias horas por la mañana, el vagabundear por la playa y dejar que las olas chocasen contra sus pies descalzos, antes de sentarse y tratar de pensar qué hacer.

Lo primero y más importante: tenía que averiguar qué era lo que Kerry sentía por ella. Descubrir y profesar un amor por la rubia mujer si ésta no sentía lo mismo sería embarazoso como poco, e irreparablemente destructivo en el peor de los casos.

Así que, ¿cómo averiguarlo? Dar se había decidido por una sutil campaña de atenciones, de las que la rosa era parte, para ver si conseguía un indicio de lo que pasaba detrás de esos ojos verdes. Sabía que le gustaba a Kerry pero ¿algo más?

Dar suspiró, apoyando la barbilla sobre la barra de la máquina que estaba usando. Se sentía... un poco nerviosa y un poco insegura pero por segunda vez ya, segunda vez... había pillado a Kerry mirándola cuando la rubia mujer pensaba que no la veía, con una mirada de gentil emoción que hacía que las esperanzas se le dispararan, preguntándose si esta vez...

Si era honesta consigo misma, admitiría que era más que nada miedo lo que la hacía cauta, miedo de exponer sus vulnerabilidades más sensibles a una prácticamente desconocida que conoció hacía menos de un mes. Una pesarosa prudencia le dictaba precaución, demandando que esperase a si el obvio afecto de Kerry para con ella era algo más o, simplemente, un encuentro superficial de su tentativa y naciente sexualidad.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 26th 2012, 8:23 am

La clase de defensa personal tenía lugar en el área libre justo enfrente del circuito de máquinas, eran un grupo de unas doce personas desde dos chicos jóvenes hasta una mujer mayor con mandíbula grisácea y gesto combativo. El monitor era un hombre alto con barba, mostrando altivamente su cinturón negro y reclamándole a su audiencia con tonos de voz que le estaban poniendo de punta los nervios a Dar.

Kerry estaba sentada en uno de los extremos del semicírculo, con los codos apoyados sobre las piernas cruzadas y la cabeza ladeada prestando atención. Dar podía ver la ligera tensión en su ceja mientras escuchaba y sospechó que la rubia mujer tenía problemas con lo que quisiera que le estuvieran diciendo.

“Bueno, bueno... ¿qué tenemos aquí?”. Dar casi salta ante la alta y medio amistosa voz. Giró la cabeza y vio a José.

“Bonita banda (se refiere a la banda que se pone en la cabeza para que no te caiga el sudor a los ojos)”. Comentó secamente, viendo los muñequitos de Southpark en ella. “Graciosa, pero siempre pienso en Cartman cuando te veo”.

José la miró, entonces se tocó la cabeza. “Mierda. Me lo compraron mis hijos, no veo esa porquería”.

Eso le sonó gracioso a Dar y alzó una mano, frotándose la mandíbula para ocultar una mueca. “Tienen buen gusto”. Replicó, observando su ropa. Deben ser adoptados, continuó pensando. José iba vestido con pantalones de mallas cortos y morados además de un top que no hacía nada por ocultar su colgante barriga. Ella misma iba vestida con prácticos pantalones cortos de algodón y top, exponiendo su moreno cuerpo con modestia que era más funcional que otra cosa.

“Se lo diré.... así que, ¿qué estas haciendo aquí?”. Recalcó José. “No me digas que no hay un gimnasio en esa isla de fantasía tuya”.

Dar alzó una mano y señaló la máquina. “Estoy haciendo lo que todos los demás hacen aquí, José... Está más cerca de la oficina, tiene muchas más facilidades y tiene una pared de escalada”. Hizo una pausa. “¿Y a ti que demonios te importa?”.

Él se encogió de hombros. “Nada. Es sólo extraño como el infierno el verte aquí. Llevo viniendo aquí un año ya y, de repente, ¿decides que te gusta?”.

“Sí, ya veo cómo has progresado”. Dar le dedicó una fría sonrisa. “José, sal de mi vista. No estamos en la oficina y no tengo por qué ser educada en tu cara”. Se levantó, haciendo notar en todo momento que le sacaba al menos dos pulgadas. “Déjame darte una pista. Trata de mover algo más que tu boca, podría ayudar”. Se alejó, dejándole atrás maldiciendo junto a la máquina de abdominales y se escapó al área de levantamiento de pesos donde sabía que no la seguiría.

Ésta era el área de las personas serias. Dar dejó vagar la mirada por los rostros serios y sudorosos, sus ojos mirando intensamente el espejo para observarse al estirar y flexionar. Algunos se detuvieron y le dedicaron una mirada de desdén, para luego volver a su adorada auto contemplación.

Sintiendo cómo le venía un flujo de diversión, reclamó uno de los bancos de pesas y le puso una de las pesas, comprobando los seguros detenidamente. Entonces se tumbó y puso sus manos en la barra con precisión, centrándose en el peso y preparando su cuerpo para el esfuerzo.

Una profunda inspiración. Un segundo. Rodeó con los dedos el rugoso metal de la barra y asentó firmemente los pies en el suelo, haciendo presión para asegurarse que tenía la espalda soportada de forma segura. Entonces tomó una última respiración y la alzó, levantando la barra de los soportes y extendiendo los brazos, dejando que los músculos se acostumbrasen al impacto del esfuerzo.

Lentamente bajó la barra hasta rozarse el pecho, entonces volvió a subirla, flexionando los hombros mientras se concentraba. Por la periferia de la vista era consciente del silencio que la rodeaba e hizo un mohín antes de repetir la acción diez veces, para luego dejar la barra en su sitio. Un dolor placentero surgió en la parte superior de su cuerpo y se relajó, observando a sus vecinos.

Ojos como platos, furtivos y perdido todo el orgullo encontraron otras cosas a las que mirar con lo que el sonido volvió en el acto. Dar sonrió de forma traviesa hacia el techo, entonces se frotó las manos y fue a por otra tanda. Era más de lo que solía hacer, eso seguro, pero no iba a dejar de lucirse ahora que había empezado. El legado de años y años de ejercicio y artes marciales la había dotado de un cuerpo robusto y funcional y se sentía bien despertar esa parte de vez en cuando.

Además, Dar miró de reojo de nuevo, Kerry estaba mirando.

Ojos azules parpadearon ante las baldosas del techo.

Estaban en un descanso, tras una hora de explicaciones del monitor sobre los movimientos y la preparación del cuerpo. Kerry había absorbido la lección y creía que no necesitaba repetir los movimientos seis veces pero estaba dispuesta a morderse la lengua ya que esto era, después de todo, la primera clase. Se reclinó sobre una pila de colchonetas, sorbiendo de un vaso de agua mientras dejaba vagar la mirada por la habitación hasta encontrar a Dar sin dificultad.

La alta y morena mujer resaltaba en el sitio que se encontraba en la sección de pesas y estaba haciendo ejercicios para el pecho. Kerry se encontró pegada a la escena, preguntándose cómo en el mundo podía encontrar el sudor sexy. Giró la cabeza cuando se le unió Colleen, encontrando la pelirroja rápidamente lo que estaba mirando. “Mm.mm.mm...”. Murmuró Colleen suavemente. “No somos butch ni nada”, sonrió al mirar a Dar de manera irónica y graciosa..

“Col”. Kerry volteó los ojos.

“Vamos, Ker... Empezará a darle lecciones dentro de nada a los pequeños soldaditos de ahí... Ves es... Ooh, mira... a ése se le ha caído la pesa en el pie”.

La rubia mujer rió. “Oh... no tiene gracia”. Vio como el musculoso hombre saltaba alrededor, entonces perdió el equilibrio y se estrelló contra el suelo. Medio esperaba que rebotara con una figura tan abultada.

Dar se había apoyado sobre los codos ante el ruido y se quedó así sentada mirando sin poder creérselo.

“Vamos a... ele... var... te...”. Susurró Colleen. “Dios... ¿habías visto alguna vez alguien tan absorbido?”.

“¿Hm?”. Kerry alejó los ojos de la postura relajada de Dar que la intrigaba con sus débiles movimientos de músculos prácticamente invisibles bajo la piel, tan diferente de sus abultados compañeros. “¿Qué?”.

La pelirroja volteó los ojos. “Hablando de absorbido...”.

“Lo siento”. Se sonrojó Kerry. “Um... parece que está dispuesto a empezar de nuevo”. Empujó a Colleen de vuelta donde el monitor los estaba juntando y forzó su atención en el hombre. No era difícil, decidió. Había empezado con movimientos simples y repetitivos que al principio eran raros, pero tras unas pocas repeticiones, parecían venirle con más naturalidad. Encontró el equilibrio y trabajó a lo largo de los movimientos, con más éxito que la redondita Colleen y muchísimo mejor que uno de los dos chicos.

Se dio cuenta de que él lo hacía demasiado deprisa y estaba totalmente descoordinado debido a ello. Lo intentaba pero simplemente no captaba los movimientos, sus brazos y grandes pies se le cruzaban y lo frustraban. Kerry se le acercó y le hizo gentiles sugerencias, recibiendo como respuesta una mirada patéticamente agradecida.

“No, mira... Él lo ha de hacer por su cuenta”. Objetó el profesor, dirigiéndose hacia ella. “Vamos, chico gordo, saca la cabeza del culo y mira dónde pones los pies”.

Kerry le dedicó una sombría mirada. “Insultar a la gente no les ayuda a concentrarse”. Le dijo al hombre.

“Mira, cariño, no pedí tu opinión, ¿vale? Tan sólo vuelve ahí con tu rechoncha amiguita y acabemos con esto”. Se dio media vuelta para encontrarse girando de nuevo desde atrás y encontrarse con un rostro de rabia y helados ojos verdes.

“Oye tú, culo caballo...”

“Mira, o te vas allí a hacer los ejercicios o te vas de aquí a hacer los estúpidos aerobics, ¿de acuerdo?”. La empujó.

O lo intentó, todo sea dicho, pero se encontró con el brazo fuertemente atrapado a su espalda lo que le hizo dar un giro al completo. “Qué demonios...”.

Dar simplemente apretó la mano. “¿Sabes? los tipos grandes y feos con aspiraciones de competente, realmente me fastidian”. Comentó de forma calmada. “Se supone que has de enseñar a esta gente artes marciales y no usarlos como tu objeto personal de desahogo”.

“No me digas qué cojones tengo que hacer. ¿Quién demonios te crees que eres?”. Ladró el hombre barbudo en su rostro. “Suéltame o te voy a patear el culo”.
Dar le sonrió y se le acercó más aún. “Perdedor, no podrías tocarme aunque la vida te fuera en ello”. De repente se le acercó más para luego girarle y lanzarle al suelo separándole las piernas del mismo con una fuerte patada.

“Puta”. Se levantó y fue hacia ella, moviéndose a un lado con moderada agilidad para intentar agarrarla. Ella le cogió el brazo y pasó por debajo rozándole, entonces se giró y poniéndolo sobre su hombro lo mandó al suelo de nuevo.

Él se levantó y trató de patearla. Ella lo bloqueó, entonces le devolvió el favor con una patada giratoria lateral que le golpeó en el pecho y lo echó para atrás. Entonces empezaron de lleno. Ella estaba mezclando paradas con fuertes ataques, agotando todos sus mejores esfuerzos y terminando dándole en la mandíbula con un movimiento de codo, mandándole a la colchoneta aturdido. Ella se balanceó ligeramente en el sitio, esperando a ver si se levantaba. No debería disfrutar tanto con esto como lo hago, pensó Dar pesarosa, consciente de los ojos de Kerry sobre ella.

“Ey... ¿qué pasa aquí?”. Un hombre bajo y con las piernas arqueadas se abrió camino a través de la gente que se había reunido, mirando al hombre de respiración entrecortada de la colchoneta y luego a Dar. “¿Qué demonios ha pasado?”.

Dar le miró. “No estaba de acuerdo con su manera de enseñar”. Contestó como si nada, notando con la mirada el físico atlético y elástico del recién llegado. “Tendía a ser abusivo”.

El hombre maldijo en un fluido lenguaje. “Frank, vete de aquí. Ya he tenido bastante de tu maldita manía de crear problemas”. Golpeó al hombre con un pie. “Vamos... Ya veré qué puedo hacer por ti después”.

Con una peligrosa mirada a Dar, el hombre barbudo se levantó y se fue, apartando a la gente de su camino. El bajo recién llegado miró a Dar, poniéndose las manos en la cintura mientras lo hacía. “Sabes lo que haces”.

Dar se sacudió la ropa y se encogió de hombros ligeramente. “Solía practicarlo”. Admitió, notando la mirada intensa e interesada que el hombre le estaba dedicando. “Supongo que tú también”.

“Podría ser, podría ser”. El hombre suspiró entonces miró a la clase que estaba observando con fascinado interés. “Oíd, lo siento amigos. Trataré de poneos otro monitor la semana que viene y daros crédito por una clase extra”.

La multitud se deshizo, dejándolos a los dos allí solos. Dar se encontró con la mirada de Kerry mientras ésta se alejaba e hizo un guiño, teniendo como respuesta un ‘Guau’ de la rubia mujer. Se observaron mutuamente y el hombre le tendió una mano. “Ken Yamamura”.

“Mm... Ganaste el campeonato del estado dos... no, tres años atrás”. Le dijo Dar, agarrando su mano y apretándola. “En el último asalto, peleaste con ese competidor pelirrojo de Orlando”.

Él parpadeó. “Guau... sí, seguro lo hice... um...”.

Ella sonrió. “Dar Roberts”.

Se le abrió la boca y se le iluminaron los ojos. “Sagrado Monte de Buda en una botella... ¡ya decía yo que me eras familiar!”. Le dijo con regocijo. “Hijo de... hombre, estuve allí cuando ganaste el Nacional. Nunca vi nada parecido a ese asalto final”.

Dar ladeó la cabeza en reconocimiento. “Hace mucho de eso...”. Sentenció. “Sin embargo, me alegro de conocerte finalmente”.

“Guau... mira esto, un miércoles cualquiera y me aparece Dar Roberts para sacarle la mierda al jodido inútil de mi cuñado...”. Suspiró. “He de encontrar a alguien ahora... Sé que él no vale mucho pero pensé que al menos serviría para enseñarle lo básico a los novatos”.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 27th 2012, 8:27 am

Dar tomó un respiro, dirigiendo los ojos hacía donde Kerry la estaba esperando reclinada sobre un toallero y observándola. “Oye, si quieres, yo daré la clase... De todas formas iba a hacer de los miércoles mi noche habitual aquí”.

Él se la quedó mirando. “Bromeas, ¿verdad?”.

Un meneo de cabeza. “No... he estado haciendo algo de vez en cuando los últimos años... Podría usar la práctica”.
“Whooo... No voy a dejar pasar la oportunidad. Quizás... yo tampoco he practicado mucho el año pasado, me lesioné una rodilla en esa última pelea. Nunca me recuperé totalmente después de eso, pero si quieres, podríamos trabajar un poco juntos... Al menos yo te daré más reto que estos niños”.

Dar lo consideró. “Sí, de acuerdo, me suena como un trato esto”. Asintió. “Me gustaría”. Su compañero de sparring en la isla era un principiante como mucho y había notado como se le escapaban un montón de cosas últimamente. Quizás necesitaba un reto, quitarle el polvo a algunas habilidades. “Apúntame”.

“Genial”. Ken le dedicó una enorme sonrisa, transformando su cara de duendecillo. “Te pondré en la nómina”.

Dar rechazó la idea. “No gracias, está bien así. Gástalo en algún equipamiento básico para esta gente, ¿de acuerdo?”.

“Trato hecho”. Ken le acercó una mano. “Dar, encantado de conocerte. Será una historia que contar en torno a la hoguera”.

El término le provocó un estremecimiento por la espalda. “Encantada de conocerte también, Ken. Nos vemos la semana que viene”. Le vio marcharse, entonces exhaló. ¿En qué demonios me acabo de meter? Se preguntó mientras Kerry se acercaba a ella, ofreciéndole una botella de agua.

“Guau”. Le sonrío la rubia mujer. “Fue realmente impresionante”.

“Vamos Kerry...”. Bufó Dar, luego tomó un gran trago del agua. “José le podría haber tirado de culo al suelo, no tenía ni idea”. Suspiró. “Menudo idiota”.

“Bueno, ¿será su sustituto mejor?”. Preguntó Kerry.

“Um... Eso espero, de hecho, soy yo”. Musitó Dar.

“¿Qué?”. La rubia mujer se acercó más. “¿Acabo de oírte decir lo que creo que acabas de decir?”.

Dar le dedicó una mirada tímida. “Me ofrecí voluntaria... Me sentía mal por esos chicos... Y si de todas formas voy a estar por aquí... Qué demonios, ¿verdad?”.

“Mm”. Le sonrío Kerry. “¿Puedo tener clases privadas?”. Inquirió.

“Claro”. Accedió su compañera. “¿Has terminado aquí?”. Miró a su alrededor. “Creo que prometí un baño caliente, si no me equivoco”.

“Ugh...”. Kerry estiró los brazos. “Después de lo de escalar y esos ejercicios... sí, me encantaría”. Se puso la toalla sobre los hombros, sintiendo un bienvenido cosquilleo de anticipación. “A parte de eso, estoy hambrienta”.

Dar rió y agarró su propia toalla. “Puedo hacer algo respecto a eso también”. Bromeó suavemente. “Vamos”.

Recogieron sus bolsas del vestuario y salieron del gimnasio, caminando a través del bien iluminado aparcamiento dirigiéndose hacia donde habían dejado sus coches.

Dar supo que estaba en problemas nada más girar la esquina del edificio y sintió, más que vio, sombras dirigiéndose hacia ella, el viento trayendo un aroma de sudor y rabia.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 28th 2012, 8:11 am

Undécima parte

Era un instinto primario y profundo, y Dar lo obedeció, empujando a Kerry detrás de ella y poniendo su cuerpo entre el peligro y su compañera. Estaba frente a dos hombres, y la oscuridad le impedía verlos por completo, pero era suficiente para que ella reaccionase cuando el que estaba más cerca blandió un objeto oscuro hacia ella. Dar evitó el golpe y dejó que su oponente se moviese alrededor, después fue a por lo duro, como su padre hubiese dicho, y le dio un poderoso rodillazo en la entrepierna. El hombre chilló como un cerdo y se derrumbó sobre sus rodillas y entonces, aprovechándose de la situación, le dio una patada en la cara.

Sin embargo, su amigo casi la cogió. Era más rápido y había tenido tiempo para moverse mientras ella luchaba con el otro hombre, y le propinó un golpe en los riñones con un trozo de tubo de hierro. Dar sintió que la mitad de su cuerpo se adormecía por un terrorífico momento, luego se deshizo de él con un torpe pero efectivo revés que logró pasar sobre sus sorprendidas defensas y le dejó sangrando la nariz con un crujido.

Eso le dio a ella el suficiente tiempo para recuperar el aliento y el equilibrio, después colocó su cuerpo y saltó, girando y dando una patada justo en la mandíbula que mandó a su oponente al suelo.

“Otra más y llamo a la policía”. Consiguió decir Dar. “Y te garantizo que estarás cortejando novias en la cárcel del Condado de Dade en menos de media hora“.

“Hiciste que me despidieran, puta”, gruñó el hombre que estaba más cerca sujetándose la entrepierna.

“Tu conseguiste despedirte, amigo”. Dar respondió dando un paso hacia atrás y sintiendo las manos de Kerry tocarla. “No me eches a mí la culpa de eso”.

El hombre consiguió ponerse sobre sus pies y la miró. “No soy sólo yo quien tiene un problema contigo... mejor vigila tu espalda, porque alguien va a clavar un cuchillo en ella”. Retrocedió, llevándose a su compañero con él.

Dar los vio marchar y después dejó que su cuerpo se apoyase lentamente contra la pared, consciente por completo de los preocupados ojos verdes que la estudiaban bajo la débil luz. “Subnormales”.

“¿Estás bien?” Susurró Kerry. “Jesús, Dar... esa gente está loca... quizá debiste llamar a la policía”.

La mujer morena se examinó cautelosamente las costillas, después suspiró. “No gracias... no estoy de humor para perder un par de horas rellenando informes... tengo mejores cosas que hacer”. Recogió su toalla y su bolsa y señaló hacia sus coches. “Venga.. larguémonos de aquí”. Miró a su alrededor, fijándose en una oscura figura observándolas desde debajo de un árbol cercano. Dar aguzó la vista, pero no pudo distinguir bien las facciones, y finalmente se dio la vuelta con mirada ceñuda.

Se separaron silenciosamente cuando llegaron al aparcamiento y Kerry fue hacia su coche, sin darse cuenta del par de ojos azules que la vigilaron hasta que estuvo a salvo dentro. Sólo entonces Dar abrió la puerta y se deslizó en el asiento de piel de su Lexus con un ahogado gemido. La magulladura en su costado palpitaba dolorosamente y se sentó un momento apoyándose en el volante antes de enderezarse y arrancar el coche, poniendo la marcha y siguiendo las luces traseras de Kerry fuera del aparcamiento.

¿Resentimiento? O algo más... las palabras que había dicho el hombre incomodaron a Dar, y se preguntó, por un momento, si algún compañero de trabajo había aprovechado la oportunidad para vengarse de ella. Alguien como José, por ejemplo. ¿Sería tan estúpido?, ¿tan venal?. La ejecutiva suspiró. Él era así de estúpido, sí. E impulsivo sobre todo.. a lo mejor esta oportunidad había sido demasiado fuerte para él para desaprovecharla. Un par de pavos en un ya de por sí cabreado imbécil y no se mancharía las manos. Con un suspiro Dar trató de sacarse esto de su mente y concentrarse en algo más agradable.

Que precisamente estaba conduciendo delante de ella, moviendo el Mustang a través del relativamente poco tráfico con una destreza casual. Utilizarían el jacuzzi, eso seguro... después tomarían una cena ligera... y sus fresas estaban esperando...
Kerry estiró sus entumecidos músculos mientras salía del coche, y esperó a que Dar cerrase el Lexus antes de unirse a su compañera en el corto paseo subiendo las escaleras. Llevaba consigo su bolsa para pasar la noche y se la puso sobre el hombro, siguiendo a Dar dentro y dejando que el olor a cera limpia y madera llenase sus pulmones mientras entraba.

“Cuidado... han encerado el suelo esta mañana” La previno Dar con una sonrisa.. “¿Te sientes con ganas para el jacuzzi?”

“Ooo... y tanto”. Kerry se rió y movió la cabeza afirmativamente. “Iré a ponerme el bañador”. Dudó, y luego se acercó más y rodeó con su brazo a la alta mujer, llevada por una necesidad sin nombre por tocar a Dar. “¿Seguro que estás bien? Creía que ese tipo te había golpeado muy fuerte”.

Dar exhaló suavemente, estrechando sus brazos alrededor de Kerry. “Sí... estoy un poco dolorida, pero lo he pasado peor”.

Kerry sofocó una risita ahogada, no muy segura de porqué. No era verdaderamente divertido después de todo. “Está bien”. Soltó a la alta mujer y se dirigió hacia la cocina. “Me estoy muriendo de sed... ¿quieres que te lleve algo?” Esperó un segundo. “Déjame adivinar.. un vaso de leche”.

Dar se metió en su dormitorio para cambiarse. “Creo que te estás metiendo conmigo”. Le respondió.

Kerry sonrió y abrió la puerta de la nevera, quedándose quieta y parpadeando durante un largo momento ante lo que veía. “Ey, ¿Dar?”

“¿Sí?”. La voz llegó hasta ahí.

“Dar... hay cosas en la nevera”. Gritó la rubia mujer.

Su compañera entró, ajustándose un tirante del bañador. “¿Las hay?”. Echó un vistazo. “Oh, sí...” Se rió tímidamente dirigiendo a Kerry una mirada torcida. “ No quería ser objeto de bromas... pensé que apreciarías algo más que mantequilla de cacahuete y helado”.

Kerry se quedó en silencio un momento y después se volvió, con la cara seria. “¿Sabes lo que realmente aprecio?” Preguntó, calmada. “Aprecio que lo que yo piense te importe”.

Unos ojos azules parpadearon ante ella. “Kerry, por supuesto que me importa” Declaró Dar, un poco sorprendida. “Seguro que ya te habías dado cuenta”.

La mujer rubia sonrió levemente. “Yo.. en la oficina, seguro... pero...”. Se encogió de hombros. “Supongo que simplemente, es una sensación diferente”.

Dar rozó su dedo a lo largo de su mandíbula y la estudió, mientras el frío aire de la nevera las envolvía a ambas. “ Me importa mucho lo que pienses”. Dijo seriamente a su compañera, después indicó el abierto electrodoméstico. “Espero que al menos haya acertado en parte”.

Kerry echó un vistazo sobre su hombro. “Oh, que plátanos tan monos”. Cogió uno de ellos. “Es una bananalette”.

“Junior Chiquita”. Añadió Dar mirando también. Los empleados de Clemente lo habían añadido a su lista con su típico instinto. “¿Tienes hambre?”.

Kerry peló el plátano y mordió la punta. “Mmhmff”. Asintió.

“Vale.. voy a pedir algo del restaurante.. podemos tomarlo mientras estamos en el jacuzzi... ¿te parece bien?”.

“Mfff... a menos que pidas sopa de cebolla... eso se podría poner un poco asqueroso” Kerry respondió con una mueca.

“No era lo que tenía en mente” Dar respondió cómicamente. “Tú... ¿confías en mi para pedir por ti?”.

“Ciegamente”. Llegó la afectuosa respuesta, mientras Kerry salía fuera, recogiendo su bañador a la vez que Dar descolgaba el teléfono.

Hizo el pedido. “Y Carlos... dejaré la puerta principal abierta... estaremos en el porche”. Informó al que estaba tomando nota.

“Así se hará, Ms. Roberts... ¿quiere abrir usted la botella o prefiere que lo haga yo?”. Respondió la educada voz hispana.

“Puedes hacerlo tú... pero déjala en hielo”. Decidió, y luego colgó, caminando hacia la puerta del porche y abriéndola, mientras que el húmedo y salado aire la golpeaba. Inspiró profundamente, entonces dio un respingo cuando sus costillas rozaron la magulladura. “Cabrón”. Maldijo por lo bajo mientras tiraba del tapón del jacuzzi y le daba al interruptor para que el agua empezase a circular. “Veamos... hirviendo, vapor, templado.. muy bien, eso está mejor”. Metió un dedo y se detuvo, volviéndose a mirar sobre el océano mientras la marea subía. Era una noche bonita, con sólo unas pocas y altas nubes sobre las estrellas, y la luna estaba medio llena, provocando una apagada y pálida línea a través de las encrespadas olas. El aire estaba lleno de esencia de mar, y estaba ligeramente menos húmedo que antes. Dar lo respiró con placer, cerrando los ojos mientras la brisa le echaba el cabello hacia atrás.

Una mano cálida tocó su piel y se giró para ver a Kerry de pie a su lado, también observando el agua, su piel dorada contrastaba con la tela oscura del bañador.

Dar dejó que sus ojos viajasen sobre el cuerpo de su compañera y sonrió. “Te queda muy bien este bañador”. Alabó a Kerry sosegadamente.

Kerry alzó la mirada, ligeramente sorprendida, después se miró a sí misma con una sonrisa cómica, pasándose la mano sobre la tela. “Gracias.. yo..”. Se calló, vergonzosa. “Gracias”. La tirante tela no escondía mucho, y los ojos admirativos de Dar mandaron interesantes estímulos sobre su cuerpo. Primero una rosa, después tiene comida para mí aquí, ahora un cumplido... debe de ser mi día de suerte. Kerry suspiró feliz, cogiendo su brazo. “¿Vamos?”.

Se metieron en el jacuzzi, que estaba agradable y templado y las rodeó con un remolino de vaporoso y fuerte olor a agua. Kerry se sentó junto a Dar y se echó hacia atrás. “Ooohhh... esto está genial”.

Dar permitió que el calor y el movimiento la relajasen. “Sí”. Estuvo de acuerdo. “Especialmente después del gimnasio... creo que me pasé con esas pesas”. Estiró un poco los hombros y se encogió. “Ouch”.

Kerry se deslizó a su lado y alcanzó sus hombros, masajeando con cuidado los tensos músculos. “Te vi... esos pequeños mini Arnold de allí se estaban añadiendo pesas intentando seguirte, ¿sabes?”.

Dar soltó una risita graciosa. “Hacían eso, ¿eh?”.

“No es que les culpe, porque yo estaba haciendo lo mismo”. Admitió Kerry con una sonrisa. “Sin embargo, me alegré mucho de verte cuando ese tío se puso en plan tonto”. Trazó con suavidad una línea hacia abajo en el brazo de Dar. “Sé que odias cuando digo esto.. pero... sabes que eres bastante heroica cuando quieres”.

“Venga Kerry.. no me cuelgues ese título”. Protestó gentilmente Dar. “Lo único que hice fue meterme en los asuntos de unos cuantos capullos... para eso no se necesita coraje, tan sólo ponerse borde”.

Kerry la miró con detenimiento. “Puede ser... pero hacía mucho tiempo que no tenía a alguien que me defendiera... ha estado muy bien”. Bajó la mirada al agua, pensativa.

Dar la estudió. “Tienes una mente verdaderamente independiente... te defiendes sola bastante bien”. Ofreció con cuidado Dar.

La mujer rubia sonrió débilmente y jugó con el agua. “Mecanismo de supervivencia”.

Dar se dio cuenta de que su compañera estaba a punto de abrirse a ella y revelarle lo que quiera que causase la velada tristeza detrás de esos ojos verde mar. Y ella lo quería saber... quería entender que había causado tanto dolor a la rubia mujer.

Quería golpear hasta que no volviese a ver el día a quien quiera que hubiese hecho esto. “Esa no es una mala forma”. Contestó amablemente. “ Supongo que yo tengo... no sé... mi padre solía llamarlo mi instinto ‘en tu maldita cara’”. Se rió desaprobadoramente. “Estoy bastante segura de que lo heredé de él... A veces me meto en líos sin pararme a pensar antes.. sólo reacciono, y me preocupo de las consecuencias más tarde”.

“Mm”. Asintió Kerry. “Es como cuando viste a esos tipos esta noche, incluso antes de que se acercasen a nosotras... estaba andando y al momento siguiente me tenías cubierta y protegida... tan rápido”.

Dar exhaló, estirando las piernas en el agua. “No me paré a pensarlo”. Confesó, encogiéndose de hombros, y después se volvió al ver que la puerta se abría, y un camarero, con pantalones anchos azules y camisa blanca almidonada, entraba con una bandeja cargada. “Ah... la cena”.

Pusieron los platos en la repisa del jacuzzi y dejaron que el camarero se fuese después de que dar firmase la cuenta y añadiese una propina.

“Guau”. Kerry mordisqueó un trozo de langostino rebozado en maní. “Debería haber sabido que pedirías todo lo que a mí me gusta... Dar, ¿qué voy a hacer contigo?”.

“Todo lo que quieras”. Contestó la morena mujer de forma ausente mientras servía una copa de vino dulce frío y la ponía junto al plato de Kerry. “Aquí tienes”.

Kerry tomó la copa y bebió un sorbo despacio, disfrutando el sabroso líquido mientras bajaba por su garganta. Dar se había vuelto a recostar y estaba masticando un mini shish kebab, sus ojos pálidos se ocultaron mientras permanecía en silencio por un rato. Miró la cara plana y angulosa intensamente y tomó una decisión.

Iba a ser duro. Eso lo sabía. Pero confiaba en Dar y... bueno, confiaba en ella, eso era todo.

Sin embargo no aquí, no en este preciso momento. “Gracias...”. Se arrimó más a la alta mujer y rozó su vaso con el de Dar. “Es tan bonito aquí fuera... me encanta el olor del agua tan próximo”.

La cabeza morena se movió afirmativamente. “Me costó un poco acostumbrarme... pero ahora, Dios... es un alivio salir aquí fuera después de estar batallando todo el día... creo que esto es lo único que me ha mantenido cuerda este año”. Admitió poniendo un brazo alrededor de los hombros de Kerry de forma casual, y acercándola más sin pararse a pensar realmente en ello. “Hasta que llegaste tú, claro está”. Le dijo con una sonrisa juguetona a su compañera.
Kerry le devolvió la sonrisa, entregándose a gusto a su intenso deseo mientras se apoyaba en Dar, acurrucándose en su hombro y besando su suave piel, probando el sabor químico del agua en la que flotaban. “ Me alegro de haber podido contribuir a la causa...” Alzó la cabeza y miró a Dar, admirando los certeros y tersos ángulos de su cara, y sintiendo una intensa oleada de la fuerte emoción que había estado sintiendo últimamente alrededor de la morena mujer. “Gracias por invitarme a venir”.

Los ojos de Dar la bañaron en un sosegado y dulce afecto que fue directo a su corazón. “Kerry, siempre eres bienvenida... disfruto muchísimo de tu compañía, y yo te.. realmente me gusta tenerte aquí...”. Se sintió torpe, y se aclaró un poco la garganta, respirando para poder calmarse.

Kerry se acercó y le puso un dedo en los labios. “Salgamos del agua...”. Pidió. “Creo que tenemos que hablar”.

Kerry se secó el pelo con una toalla, apoyándose en el marco de la puerta del cuarto de baño, mirando a Dar, de pie junto a la encimera de la cocina preparando chocolate caliente para las dos. La alta mujer había salido del agua y se había cambiado con silenciosa actitud pensativa que Kerry había encontrado un poco extraña teniendo en cuenta lo moderadamente alegre que había estado antes.

Realmente le gustaba Dar. Y, desafortunadamente, ese era el problema. Mientras pudiera considerar esto solo un capricho, o a lo más, un experimento, las cosas estarían bien. No se tendría que preocupar de lo que dijera su familia o de cuáles serían las consecuencias, porque después de todo, esto era solo un pequeño flirteo, ¿no?.

Pero ya no era sólo eso. Dar se lo estaba tomando más en serio. Ella misma se lo estaba tomando más en serio. Esto ya había dejado de ser un capricho y había ido más allá de ser un experimento, adentrándose en regiones que la hacían detenerse y plantearse dónde estaba y dónde quería llegar. Pero sobre todo, no quería herir a Dar... y podía sentir que ambas se estaban acercando a un punto donde sería muy fácil hacer eso.

Si es que no lo habían pasado ya, claro está. La rubia mujer suspiró, mirando a su compañera. Dar se apoyó en la encimera esperando a que se parase el microondas, y mientras Kerry observaba, se apartó un mechón con la mano y lo puso detrás de la oreja. Kerry desvió un poco la mirada. Se dio cuenta de que le temblaban las manos y por eso se puso la toalla alrededor de los hombros y se acercó. “Ey.” Dar sonrió fugazmente. “Ey.. ya casi está”.

Kerry extendió la mano y le tocó el brazo, sintiendo la piel fría bajo sus dedos. “Tienes frío”. Dar movió afirmativamente la cabeza y ponía las manos bajo los brazos, cruzándolos sobre el pecho. “Un poco... hace frío aquí”. Reconoció, manteniendo la mirada en el microondas.

Kerry frotó su piel suavemente, sintiendo que su amiga estaba triste. Los músculos de la mandíbula de Dar estaban tensos y parecía estar retraída. Kerry dudó y luego tomó aire. “¿Por qué no vas dentro y te sientas?...yo llevaré esto... ¿quieres una camisa de manga larga o algo?”.

Dar la miró, los azules ojos empañados y oscuros. “No... no hace falta... estoy bien”.

Decidió ir directa al grano. “Dar, ¿qué pasa? estás muy callada”. El microondas pitó y ella se anticipó a la alta mujer, abriendo la puerta y cogiendo las tazas. Se le ocurrió una idea de repente... “¿Te duele el costado?”.

Dar se encogió de hombros. “Un poco”. Confesó, cogiendo su taza y siguiendo a Kerry al salón. “Bueno... ¿de qué necesitamos hablar?”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 29th 2012, 10:28 am

Kerry podía oír la incertidumbre en su voz, aunque estaba disimulada. Oh. Tomó un sorbo de su chocolate mientras se sentaba en uno de los extremos del sofá, poniendo las piernas debajo de ella e inspirando profundamente. ¿Por dónde diablos empiezo? Quizá debería contárselo, y ella lo entenderá. Estuvo en silencio por un momento, ordenando sus pensamientos. “¿Sabes?..” Los ojos de Dar se clavaron en su cara y casi se echó atrás ante la cautelosa mirada. “Se me ocurrió que esta noche, hace un rato... cuando esos tipos vinieron a por nosotras, te pusiste entre ellos y yo.”

Dar se movió un poco y se aclaró la garganta. “Supongo que lo hice”. Admitió. “Yo... um.. no pensé en ello, yo sólo.. quería estar segura que no resultases herida, eso es todo.”

“Ese es un buen sentimiento”. Dijo Kerry suavemente. “ De todas maneras, cuando lo hiciste”. Reflexionó seriamente. “ Yo... cuando era pequeña, Dar, tenía muchas personas que decían que sólo me estaban protegiendo.. ¿sabes?”. Hizo una pausa. “Asegurándose de que tenía a los amigos adecuados, las ropas adecuadas... Mi padre tenía ayudantes... guardaespaldas, en realidad, que vigilaban y luego le informaban a él de las cosas que ellos pensaban no eran buenas para nosotros.”

Unos ojos azul pálido la miraban intensamente. “Mm”. Murmuró Dar.

“Y, um.. yo tenía... había algunos chicos que realmente me gustaban, pero no eran... bueno, eran bastante pobres, o uno lo era... no era de nuestra religión, o... y lo gracioso era que cuando encontraba a uno que realmente me gustaba, pero no a mis padres, al poco tiempo simplemente desaparecía”. Kerry mantuvo la mirada sobre sus manos. “Iba al colegio un día y ellos se habían ido... se habían mudado, cambiado de colegio... lo que fuese.”

“Eso a veces pasa”. Sentenció Dar suavemente.

“Eso pensé yo también... hasta que oí a una de sus madres decir que les había obligado a mudarse”. Respondió Kerry, despacio. “Pero era así con todo... juguetes... tenía una vieja muñeca de trapo con la que solía dormir. Ellos pensaron que eso no era bueno, así que llegue un día del colegio y había desaparecido.”

“Kerry..”. La voz de dar se había suavizado y era más profunda.

“Yo... um... yo incluso tuve una mascota” Kerry siguió, ajena. “Un pequeño golden cocker spaniel... se llamaba Susie”. Tomó un sorbo del chocolate y consiguió tragarlo. “ La quería... era tan mona... jugaba con ella todo el tiempo... salíamos a correr fuera, a veces con mi hermana, otras veces sólo nosotras... sabía como volver a traer una pelota, y yo me sentaba y le cepillaba el pelo, ¿sabes que tienen ese largo y sedoso pelo?”

Los ojos de Dar se cerraron un poco. “Sí, lo sé”. Su corazón sufría por la mujer rubia que estaba acurrucada en el sofá, junto a ella. Podía notar que era difícil para Kerry contar esto.

“Estaba jugando con ella un día, y Kyle..”. La voz de Kerry se quebró. “Vino para buscarme, y me dijo que mi padre quería que mi hermana y yo posásemos para unas fotos... unos tipos de una revista estaban aquí. Le dije que no quería ir... que quería quedarme y jugar con Susie”. Asintió un poco. “ Y al día siguiente, llegué a casa del colegio y fui a buscar a Susie... pero se había ido”. Sus ojos se llenaron de lágrimas, incluso ahora. Después de todos estos años. Había un total silencio por parte de Dar, y no se atrevió a mirarla.

“Busqué y busqué... hasta que al final, me dijeron que la habían llevado a la perrera. Ellos no me querían llevar ahí, así que corrí... corrí... pero llegue tarde”. Sintió toda la tristeza en ella otra vez, recorriendo el largo y mal iluminado pasillo, con ese olor a alcohol y desesperanza alrededor de ella.. y todas esas caras tristes tras las rejas. “Me dijeron que se había puesto enferma... y que la habían sacrificado esa mañana.” Paró y esperó a que se le pasase el nudo. “Creo que la peor parte fue saber que se había ido sola... sin nadie que la acariciase...”

Oyó un suave e incoherente sonido procedente de Dar, pero mantuvo los ojos sobre la taza. Esta era la parte importante. Quería que Dar lo entendiese. “Así que aprendí, Dar... aprendí a no querer nada. A no preocuparme por nada... porque tan pronto lo hiciese, desaparecería.” Tomó aire temblorosamente. “ Si no llegaba a sus aspiraciones”. Se detuvo e intentó ordenar sus pensamientos. “ He estado pensando mucho acerca de esto... y sobre nosotras... y... ¿Dar?”. Alzó la mirada al oír un ahogo reprimido.

Se encontró con unos ojos tan oscurecidos por la rabia, que casi parecía morados bajo la luz ámbar. El rostro de Dar estaba inmovilizado por completo y su cuerpo tenso y quieto, salvo su mano derecha, que estaba abriéndose y cerrándose lentamente.

Kerry dejó la taza y se levantó, caminando y acuclillándose junto a Dar, poniendo las manos en las rodillas de la alta mujer. “¿Dar?”. Era como tocar un motor vibrando, la tensión escapaba de su cuerpo. “¿Estás...?”. Dejó que las palabras se disipasen, sorprendida por la pura rabia que se había generado en su nombre.

“¿Cómo...”. Consiguió decir Dar, medio rugiendo, medio gimiendo, “pudieron hacerte eso?”.

Kerry enjugó la humedad de sus ojos y se encogió de hombros. “Pensaron que estaban haciendo lo correcto, supongo... bajo su punto de vista me estaban educando adecuadamente”. Era una defensa que había utilizado para consolarse durante mucho tiempo. Era más fácil creer eso que la otra alternativa.

“Bajo mi punto de vista, eso fue un criminal abuso infantil, y deberían ser fusilados por eso”. Contestó Dar. “ Y después golpeados, y después apuñalados, y luego arrastrados por un tractor por la autopista US 1”

Kerry se sorprendió por lo extraño que resultaba oír todo eso... “Dar, son mis padres”. Objetó a media voz. “Estoy segura que pensaban que lo que hacían estaba bien”.

“Ni aunque fuesen Mahatma Ghandi y la Madre Teresa”. Replicó Dar. “Jesús, Kerry...”. Acarició la mejilla de la rubia mujer, los ojos llorosos. “¿Cómo podían pensar que quitarte las cosas que querías estaba bien?”

El cálido afecto la hacía sentir tan bien que casi dolía. Kerry intentó resistirlo, pero se encontró moviéndose hacía delante y siendo empujada hacía un cálido abrazo que amenazaba con convertirse en todo su mundo. Y deseaba tanto que así fuera.

Quería dejar atrás todos sus miedos, y sumergirse en la fortaleza en la que se encontraba acunada, y nunca dejarla... Dolió apartarse de ahí, y echarse hacía atrás, para mirar a esos ojos azules que sufrían con tristeza por ella.

Por ella.

“Dar...”. Dijo Kerry suavemente. “Yo no... pensé que podía mantener esto agradable y sencillo... pero no puedo, y cuanto más quiero preocuparme por ti, más pienso en lo que él haría si lo descubriese. Dar... no puedo ver cómo te hacen daño por mi culpa. No puedo”. Estiró una mano y tocó el brazo de la morena mujer. “Por favor, entiéndelo”.

Ya estaba... esa era lo peor parte. Ahora sólo quedaba ver cuál sería la reacción de Dar.

“Shh..” Dar acarició su pelo. “Él no puede hacerme daño”.

Kerry suspiró profundamente y se apartó otra vez. “Él puede... y lo hará... Dar, te lo estoy diciendo. Tiene gente que no hace otra cosa que husmear todo el día, buscando trapos sucios y encontrando modos de destrozar a la gente...”. Estaba exhausta, habiendo tenido que guardar su preocupación durante tanto tiempo. “Es como un juego para él”.

Dar sintió como una extraña combinación de alivio y pena se apoderaba de ella. “Kerry... sólo hay una cosa que él puede hacer que me dañaría”. Le dijo a la rubia mujer suavemente. “Y sería que te alejase... que me arrebatase a una amiga a la que he acabado por valorar mucho.”

“Pero...”. Kerry empezó a protestar, después se rindió. “Oh”

“A menos que lo que realmente estés diciendo es que tú..”. La mandíbula de Dar balbuceó un momento. “Que, sencillamente, no estas interesada.. en cuyo caso, lo entendería”. No pudo mantener la mirada de Kerry por más tiempo y la bajó al suelo, estudiando las baldosas del suelo. “E incluso entonces, yo... no querría perderte como amiga”.

Kerry se quedó mirando la morena cabeza agachada en un sorprendido silencio durante largo tiempo, después dejó que un suspiro de desmayo escapase de su garganta. Sus manos rodearon las de Dar y apretó fuerte. “Oh Dios no... ese no es el caso... Dar, lo siento... no pretendía que tú... no... no... no... no..no..”

Unos ojos azules se alzaron hacia ella despacio. “Vale, vale... sólo estaba..”. Siendo terriblemente insegura. Se admitió a sí misma mientras envolvía a la rubia mujer en sus brazos otra vez, y las dos suspiraron a la vez. “Siento mucho que todo eso te pasase”.

Kerry suspiró. Era un alivio poder contarle a alguien... incluso Colleen solo sabía pequeñas partes, piezas. “Kyle es la peor parte... es el guardaespaldas de mi padre. Brian es su sobrino.” Su mente recreó su figura alta y de pelo liso plateado, y su estómago se revolvió... “Él hace la mayoría del trabajo sucio... a veces ni siquiera estoy segura de sí mi padre sabe la mitad de las cosas que él hace...”. Dejó descansar su cabeza en la clavícula de Dar, y se detuvo un momento. “Cuando terminé la universidad yo salía con un chico al que conocía desde hacía unos años.. realmente me gustaba, y era un chico muy agradable, de buena familia, muy religioso... pensarías que finalmente había encontrado algo que mi padre aprobaría”.

Dar esperó, bajando la vista para ver la perdida y dolorosa expresión en los ojos de Kerry. “¿Qué pasó?”. Tenía la impresión de que en realidad no quería escucharlo, pero ahora que Kerry estaba hablando...

“Él... Kyle dijo que ellos no creían que este chico fuese bueno para mí.. pero.. él dijo que sabía lo cabezota que era, así que tenía que asegurarse de que yo.. hiciese lo correcto”. La voz de Kerry se volvió llana y lejana. “Así que me llevó al cuarto de lavadoras de atrás y um..”. Se calló y después sacudió la cabeza. “Y me dijo que le contaría a John todo si le volvía a ver.”

Dar exhaló muy despacio, sintiendo la rabia volviéndose a formar.

“Fui estúpida.. fui a mi padre y le conté lo que había pasado... y ¿sabes lo que hizo, Dar?”. La rubia mujer sonrió amargamente. “Habló con Kyle y decidió que yo estaba mintiendo. Le hizo venir e hizo que me disculpase ante él.. y todo eso mientras Kyle me sonreía”. Se rió sin pizca de humor. “Y después, por supuesto, mi madre la emprendió conmigo, riñéndome por ‘hacer enfadar a mi padre’ con mis ‘cuentos vergonzosos’”. Una pausa. “Creo.. que esa fue la noche en la que más sola me sentí.” Pasó un momento recordando en silencio. “Decirle adiós a John fue duro.. él no lo entendía”. Kerry miró a la pálida y serena cara que había encima de ella. “ Me puedo imaginar lo que estás pensando”. Concluyó anhelante, sabiendo que Dar nunca hubiera permitido que nadie la controlase de esa manera. “Decepcionada, ¿eh?”.

“No”. Consiguió decir Dar. “Y te aseguro que no te puedes imaginar lo que estoy pensando, lo que, por otra parte, es algo malditamente bueno”. ¿De dónde había salido la imagen de interrogar y descuartizar?.

Kerry simplemente la miró, sintiendo unas punzadas bajar por su cuello debido al fiero tono en la voz de Dar. “Supongo que suena tan increíble... simplemente aprendí a vivir con ello”. Concluyó suavemente. “Ni siquiera me había dado cuenta de que la vida podía ser diferente hasta que vine aquí... estar sola fue...”. Se detuvo. “ Oh Dios, no puedo describirlo... tener amistad con quien yo quisiera, hacer lo que me viniera en gana, cuando yo quisiera...”. Extendió una mano y tocó el rostro de Dar. “Y ahora tú... estoy tan asustada, Dar... de verdad he querido algo... he tenido que ver como se iba.. y yo ..”. Una pausa embarazosa. “Yo quiero esto de veras ”. Susurró. “A ti”. Otra pausa, aun más larga. “Nosotras”. Concluyó en un susurro.
Dar sintió como se calmaba. Sus preguntas habían sido contestadas, y un problema añadido. Dejó a un lado la rabia y la tímida alegría y consideró primero el problema. “¿Tiene tu padre algún poder sobre ti a parte del paterno?”.

Kerry la miró, desconcertada. “No entiendo la pregunta”.

“¿Le debes dinero... tiene algo que te ate a él legalmente?”. Preguntó Dar, el ceño fruncido.

“No”. La mujer rubia movió la cabeza. “Me mantengo a misma aquí, si es a lo que te refieres... tu has hecho eso más cómodamente posible, ya sabes”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 30th 2012, 8:20 am

Una pequeña, muy pequeña sonrisa. “Con lo que, ¿él no puede forzarte a volver?”.

“Encontrará algún modo de que me despidan”. Respondió Kerry apesadumbrada. “Encontrará algún amigo si es lo suficientemente importante...”

Una grave y suave risita. “No en esta compañía... eso depende de tu supervisor... y esa soy yo. No hay nadie que esté por encima de mí en esto”.

“Entonces irá detrás de ti”. Afirmó la mujer rubia de forma seria. “Encontrará a alguien para husmear y husmear... hasta que descubran algo que puedan usar contra ti... y Dar... lo más obvio que me viene a la mente somos nosotras”. Le recordó Kerry. “Sé que dijimos que mantendríamos esto con discreción... pero sabes que la gente habla... Estoy segura que algunos ya lo hacen”.

La mujer morena no parecía espantada. Todo lo contrario. Parecía intrigada. “Entonces tendré que ir tras él primero”. Respondió con calma.

“¿Qué quieres decir?”. Preguntó Kerry con incertidumbre.

“¿Dijiste que desentierra cosas?”. Preguntó Dar.

Ella asintió. “Tiene investigadores... esa clase de cosas”.

Un lento asentimiento de la cabeza de Dar. “Y yo... sólo que no son de la clase que viste trajes de doce dólares y huelen a humo de tabaco... y no tengo que pagarles tiempo extra”. Miró a Kerry. “Esta es la Era de la Información, Kerry... y la verdad está ahí fuera. Sólo tienes que encontrarla”.

“No entiendo”.

Dar sonrió, y cogió su mano, acariciando ligeramente con sus dedos la piel. “Déjamelo a mí”. Le dijo a la rubia mujer. “Y, ¿Kerry?” .

“¿Hmm?”. Los enrojecidos ojos parpadearon. “Siento ponerme así... no suelo hacerlo”. Se disculpó.

“No lo sientas.. me alegro de que lo dijeras y así poder hablarlo”. Replicó Dar, calmada. “En vez de que tú sencillamente..”. Se encogió de hombros. “Te fueras, o algo así”.

Kerry atrapó los dedos de Dar con los suyos. “¿Es eso lo que te ha pasado antes?”.

Dar miró a la oscuridad más allá de las puertas del patio. “Algo así, sí.”

Un suspiro. “Nunca te haré algo así, Dar, te lo prometo”.

La mujer morena centró lentamente su atención en la cara de Kerry, examinándola durante un largo momento. “ Y yo siempre estaré ahí para ti, Kerry... no importa lo que suceda”.

Era un momento extraño, pensó Kerry. Podía sentir un tenue escalofrío bajar por su espalda, y mientras miraba a Dar, una débil y casi traslúcida barrera entre ellas pareció caer. “Eso es lo que hacen las amigas... apoyarse las unas a las otras, ¿no?”.

“Exacto”. Sonrió Dar. “Amiga”.

Kerry se escurrió con ganas entre los brazos que la esperaban, y dejó que la rodease la calidez. Todavía tenía miedo, y ninguna cantidad de palabras podría cambiar eso, pero...

Pero. Encontrarían un modo de superarlo.

Juntas.

Dar se recostó en el sofá, contenta con estar simplemente sentada, sujetando a Kerry, que estaba pacíficamente descansando en sus brazos. Habían estado sentadas así durante un rato, en relativo silencio, tan sólo el suave murmullo de las olas era audible a través de la puerta medio abierta del balcón. “Ey...”. Murmuró finalmente Dar. “¿Te gustan las fresas?”.

Kerry pareció volver de un lugar muy lejano. “¿A qué ser humano no le gustan las fresas, Dar?”. Inquirió razonablemente, alisando el suave algodón de la camisa de su amiga con los dedos. Podía sentir el suave movimiento de la respiración de Dar, el cual era casi hipnótico para ella. “¿Por qué?”.

Dar sintió el toque de Kerry vagando por su cuerpo, y tuvo que tragar antes de contestar. “¿Quieres algunas?”.

“Eso significaría que me tendría que mover”. Se quejó Kerry, que había encontrado cosas interesantes que recorrer con sus dedos. “Y realmente me gusta estar donde estoy”. Concluyó suavemente. Muy en serio.

“Eso es verdad”. Admitió Dar con una sonrisa. “Pero son buenísimas, grandes y jugosas... y he derretido chocolate para mojarlas en él”. La engatusó.

“Mmmm...”. Kerry sonrió. “¿Tienes siempre por costumbre el malcriar al máximo a la gente que te gusta?”. Alzó la vista a la cara de Dar, en la que se había formado una sonrisa boba. Sin embargo, esa expresión desapareció después de un momento.

“No lo sé... no he tenido mucha práctica”. Admitió Dar calmadamente, con un débil encogimiento de hombros. “Sólo hago lo que me viene de manera natural”.

Kerry frunció el entrecejo. “Dar, hazme un favor, ¿vale?”.

Un asentimiento. “Vale”.

“Todavía no has oído lo que es”. Objetó la mujer rubia. “Si alguna vez nos encontramos con cualquiera de esas personas con las que estuviste involucrada, házmelo saber”.

Dar parecía sorprendida. “No creo que eso pase, pero… ¿por qué?”.

“Para que pueda darles una patada en la espinilla”. Le dijo Kerry. “Y si eres muy buena, me lo dirás con tiempo suficiente para que me pueda poner el par de botas de cowboy con puntera de acero que me compré en Austin el año pasado”. Sintió el cuerpo de Dar contraerse mientras soltaba una carcajada. “Lo digo en serio”.

Dar la abrazó. “Gracias… lo cierto es que disfrutaría viéndolo”. Musitó cómicamente. Oh sí… especialmente... sus labios se torcieron en una mueca irónica. Especialmente Elana, quien se había divertido diciéndole que el único modo de que ella encontrase el amor sería comprándolo. Kerry era tan diferente de cualquiera con los que había estado anteriormente... ciertamente a mundos de diferencia de la alta y aristocrática Elana. Quizá he estado ladrando al árbol equivocado durante todos estos años, concluyó con un suspiro. Incluso en los mejores momentos con las demás, no se había acercado siquiera a lo magníficamente bien que se sentía en este momento.

Kerry sonrió y se acurrucó más, continuando su desenfadado recorrido. De alguna manera se soltó un botón, y cambió el algodón por la piel, sintiendo las manos de Dar comenzar un suave masaje en su espalda. “Ooo... eso esta genial... voy a estar taan dolorida mañana”. Comentó torcidamente. “Después de ese muro de escalada… voy a estar cojeando por todo el lugar. La gente va a pensar que soy la mayor inútil del mundo”.

Sus dedos se movieron más abajo y sintió como la temperatura cambiaba bajo ellos, la piel se volvía mucho más caliente. Sorprendida, probó un poco más allá y oyó el suave sonido mientras Dar sofocaba un jadeo. “Ey...”. Sus cejas se alzaron y desabrochó unos cuantos botones más, apartando a un lado la camisa de la mujer alta y examinándola. “¡Dios mío, Dar!”.

Culpable, Dar bajó la mirada. “Parece peor de lo que realmente es. En serio”. Una herida moteada, del tamaño de un balón de fútbol, le cubría la zona de debajo de las costillas. “Sólo está un poco dolorido”.
“Dar, ¡eso es mentira!”. Objetó Kerry. “Necesitas que te examinen esto... ¡Jesús! ¡Te puedes haber roto algo!”.

Dar tuvo que sonreír ante el discurso indignado de Kerry. “Estoy segura de que ya me hubiera desmayado si así fuera”. Le recordó a su compañera. “No es nada, de veras”.

Unas cejas rubias se fruncieron. “¿Ah, sí?”. Kerry la miró. “Siéntate derecha”. Hizo una pausa. “Sin usar las manos”.
La mujer alta dudó y vio aparecer una sonrisa triunfante. “Ya te dije que estaba dolorido”. Masculló. “Hablando de inútiles... me tenía que haber apartado”.

Kerry exhaló. “Dar, Dar, Dar... ¿ayudaría un paquete de hielo?”. Preguntó compadeciéndose. “Viniste y me ayudaste… supongo que ahora es mi turno”. Se paró, mirando la herida. “¿Seguro que no quieres que te lo examinen?. A estas horas de la noche en un día de diario… probablemente no habrá mucho jaleo en el hospital”.

“Odio los hospitales”. Replicó Dar con cabezonería. “Mira… si me sigue doliendo por la mañana, me pasaré por la consulta del Médico Steve de camino al trabajo para que lo mire, ¿de acuerdo?”. Hizo una pausa y se aclaró la garganta, un poco tímida. “Pero… um… un paquete de hielo es probablemente una buena idea.”

Kerry le dio unas palmaditas en el hombro. “Quédate aquí… yo lo traeré”. Se levantó del sofá y se encaminó a la cocina. “Y traeré también algunas de tus fresas”.

Dar se echó hacía atrás con una sonrisa. “Si sacas el envoltorio de plástico de la última repisa y lo pones en el microondas unos tres minutos ya estará hecho”.

Kerry meneó la cabeza mientras se acercaba a la nevera y cogía una buena cantidad de hielo que puso en la picadora sobre el mostrador. Después sacó el solicitado envoltorio y lo puso en el microondas, abriendo un poco la tapa para que entrase aire antes de encender la máquina. “¿Qué es esto?”. Se preguntó brevemente mientras encendía la picadora y veía como hacía nieve. Después de un minuto o dos olisqueó el aire. “Mmmm....”
La picadora se paró y puso el hielo en una gruesa bolsa de plástico que había sacado del armario, después la dejó a un lado y miró al microondas mientras una bocanada de aire con olor de caliente y rico chocolate la golpeaba. “Oh dios mío”. Con cuidado sacó el contenedor y lo abrió, revelando una masa caliente de chocolate. “Oh, chico..”. Puso el plato en una pequeña bandeja y después, mirando a su alrededor, untó un dedo en él y lo probó. “Jesús... esto está buenísimo”.

Se dio cuenta de que estar con Dar era un experiencia extremadamente sensual y sus sentidos parecían estar un poco hiperactivos últimamente. Dejó la bandeja y volvió a la nevera. La abrió y se arrodilló, parpadeando cuando dio con las fresas. “¡Por el amor de dios, Dar!”. Gritó hacia el cuarto de estar. “¿Fresas Ninja Mutantes? ¿Dónde las has conseguido? ¿en los campos a las afueras de Turkey Point?”. Oyó la suave risa mientras sacaba la caja, un contenedor largo de plástico con unas dos docenas de la fruta, expuestas como rosas de largo tallo, con las hojas todavía adheridas. Las mismas fresas eran más grandes que un melocotón medio y su olor era casi intoxicante. Con una carcajada, las sacó y las lavó antes de añadirlas a la bandeja. Después trasladó todo hasta donde Dar, pacíficamente, la estaba esperando.

“Aquí...”. Dejó la bandeja y se acomodó en el sofá de cuero junto a Dar, sintiendo el repentino impacto de esos ojos azules en ella. Cogió el hielo y con cuidado lo puso en su lugar, envolviendo los bordes con los lados de la toalla con la que lo había cubierto. “¿Qué tal?”.

“Bien”. Dar la observó con detalle. “Tienes unas manos muy amables”. Capturó una de las manos de Kerry y la estudió, dándole la vuelta y acariciando la palma.

Era como si le hubiese inyectado un chorro de adrenalina en la ingle. Kerry tuvo que tragar antes de hacer el intento de recobrar la compostura. “Gracias”. Susurró, sintiendo que quería continuar con el contacto. “Por alguna razón parece que se ponen así cerca de ti”.

Dar la miró, después extendió una mano y con ella trazó su mejilla con un ligero roce. “Sí”. Murmuró, sintiendo como Kerry se apoyaba en la presión mientras sus ojos se cerraban temblando. “Extraño...”. El toque giró hacía el cuello de la mujer rubia, empujándola hacia abajo mientras sus labios se encontraban. Las manos de Kerry encontraron su lugar a cada lado de la cabeza de Dar, y ambas se deslizaron juntas, el hielo olvidado. Las fresas olvidadas.
Incluso el chocolate fue olvidado.

Dar se echó hacia atrás y estiró las piernas, mientras Kerry se hizo un hueco en el espacio junto al respaldo del sofá, sintiendo el frío tacto del cuero calentarse contra su piel. Tuvo cuidado con evitar el costado de la mujer alta, mientras mordisqueaba la suave piel de su cuello, inhalando el olor del algodón mezclado con el del cloro que todavía quedaba en el cuerpo de Dar.

Una mano tocó su costado y ahogó un resuello grave mientras devolvía la caricia bajando por el muslo de Dar, sintiendo los músculos alterarse bajo su mano a la vez que la mujer alta se movía, apoyando su espalda contra el cuero en un lugar seguro. Unos labios encontraron su lóbulo, después su garganta, succionando suavemente en su yugular, lo que provocó que su pulso se acelerase bajo esa atención.

Entonces tuvo una idea. Se movió sobre Dar y untó un dedo en el chocolate caliente, después lo sacó y pintó una línea en la cara de Dar. La fue mordisqueando. “Oh… eso está bien”. La lamió y luego pintó otra línea más abajo, oyendo la suave risita sonando profunda en la garganta de Dar.

“Esto se va a poner pringo - so...”. La mujer alta murmuró suavemente, incorporándose y cogiendo un pegote de chocolate, aplicándolo con cuidado a lo largo de la clavícula de Kerry. “Menos mal que el sofá es de cuero”. Tiró de la camiseta de Kerry hacia abajo hasta descubrir uno de sus hombros y limpió su obra manual, mientras sentía como una cálida franja viajaba bajando por su esternón, seguida por una lengua y labios.

“Mmmm...”. Kerry pintó una serie de círculos.

“¿Buen chocolate, eh?”. Consiguió susurrar Dar, encontrando un buen depósito para esconder un poco en el ombligo de la mujer rubia.

“¿Qué chocolate?”. Exhaló Kerry, escurriendo una mano hacia el estómago de Dar. “Oh... si… este…”. Tuvo cuidado con no presionar contra la herida, pero quería tocar cada centímetro de su cuerpo, sus labios explorando la suave piel y saboreando y respirando y acariciando...


La presión se estaba formando de nuevo, mientras las manos de Dar se movían, y su pelo negro rozó la sensible piel de Kerry. Jadeó suavemente.

“¿Estás bien?”. La voz de Dar, casi dentro de ella, vibrando en sus oídos.

“Sí… sólo...”. Kerry difícilmente podía aguantar la intensidad, y atrajo a la mujer morena más cerca, dejando que la sensación se formase hasta que las dos cayeron impotentes en su poder.

La descarga las dejó a las dos jadeando, los cuerpos entrelazados en el blando nido de húmedo cuero. Kerry consiguió moverse, incorporándose y acurrucando su cabeza en el hombro de Dar mientras la rodeaba con los brazos y la abrazaba de una manera abandonada.

Dar dejó que sus ojos se cerrasen, sintiendo como su corazón comenzaba a frenar su martilleo, mientras acariciaba el pelo de Kerry dulcemente. Una dulce paz la inundó y sonrió un poco. “Se siente muy bien”. Murmuró. “Diferente”

Una desfallecida afirmación contra su pecho. “Precioso”. Kerry suspiró, pensando que estaba rodeada por una seguridad y una calidez como nunca antes había sentido. Y algo más. Alzó la vista a la cara de Dar. “Nunca me había sentido así antes”. Admitió en voz baja.

Un largo silencio. “Yo tampoco”. Los ojos de Dar estaban abiertos ahora, y miraban los suyos.

Esos azules ojos. Kerry no había conocido a nadie con unos ojos como los suyos. Y aún así, le eran tan familiares como su propio reflejo... conocía esas pequeñas arrugas en los bordes, y el modo en el que una sonrisa podía deslizarse en ellos, y como se estrechaban y oscurecían cuando estaban en profundo pensamiento, como si los conociese de toda la vida. Y así, ahora, cuando se abrieron amables, cálidos en su cara como un suave rayo de sol, no tuvo duda de la emoción que había tras ellos. “¿Dar?”.

“¿Mmm…?”.

“¿Pensarías que me estoy precipitando si te dijese que estoy enamorada de ti?”. Se mordió el labio y esperó, cruzando los dedos de los pies y los de la única mano que estaba fuera de vista.

Dar, de hecho, dejó de respirar. Su pecho se paró y se perdió un latido por un momento, antes de que una sorprendida pero encantada sonrisa se formase en sus labios. “¿Lo estás?”.

Como cuando a un niño le dan un regalo sorpresa en su cumpleaños, decidió Kerry, habiéndolo visto una vez en la tele. “Sí..”. Replicó suavemente.

“Um...”. La cara de Dar mostraba una expresión que era una mezcla de vergüenza y felicidad. “Por lo menos tuviste el sentido de averiguarlo por ti misma… a mí me lo tuvo que decir el maldito médico”.

Kerry la miró con una cauta esperanza. “¿Decirte qué?”. Quiere decir...no, no lo...sí...oh Jesús...sí...sí...sí!.

Dar se entregó al sentimiento y dejó que éste tomase el control. “Decirme la razón por la que me he estado sintiendo tan malditamente extraña”. Trazó la ceja de Kerry. “Yo no tuve el sentido común de saber que era el amor cuando caí en él”. Suspiró suavemente. “Así que no… no pienso que sea precipitado... creo que es la cosa más increíble que he escuchado en toda mi vida”.

¡¡¡¡¡¡Sííííí!!!!!!!. Kerry se sentía un poco mareada. ¡¡¡¡Wheeeee!!!!. Sus ojos se iluminaron y sintió una gran sonrisa formarse en su cara.

No, se sentía muy mareada. No era como las novelas románticas decían que sería, pero lo aceptó. Suspiró feliz.

Espera. “¿Estado sintiendo?”.

Dar sonrió tímidamente. “Creo que me tenía que haber dado cuenta de que algo raro me pasaba cuando me encontré cogiéndote un pin aquella vez que fuimos de compras”.

Kerry parpadeó. “Pin… oh dios mío... ¿ese pin del delfín?”. Miró fijamente a Dar, asombrada. “¿Aquel del traje?. Yo... Jesús… Lo encontré al llegar a casa... pensé que me estaba volviendo loca y que no lo había visto”. Se rió encantada. “Dar… eso es tan dulce”.
La mujer alta intentó parecer amenazadora, pero finalmente rió. Kerry se rió también y las dos acabaron abrazándose la una a la otra, agarrándose fuertemente hasta que finalmente Dar aspiró fuertemente y ahogó un quejido.

Kerry la soltó inmediatamente. “Oh Dios… lo siento…”. Su mano fue a acunar la cara de Dar, tensa de dolor. “Dar... ¿estás bien?”.

El dolor disminuyó y la mujer alta suspiró suavemente. “Whoa”. Musitó. “Eso ha dolido”.

Kerry se incorporó sobre un codo y se rascó la nariz, después pinchó el hombro de Dar con su dedo índice. “¿Recuerdas que dijiste que pasarías por la consulta mañana si te seguía doliendo?”.

Unos penitentes ojos azules la miraron cautamente. “Síííí... lo dije”.

“Bueno, pues no vas a tener elección.”. Le informó Kerry. “Porque te voy a llevar para allá”.

Una ceja oscura se alzó.

Kerry se inclinó y la besó. Después se volvió a erguir y esperó.

Dar se mordió el labio, después dejó que una sonrisa tímida se formase en su cara. “Está bien”. Suspiró. “Tú ganas”.

Si. Kerry volvió a coger el paquete de hielo, ahora tristemente lo peor para llevar puesto, y lo puso otra vez sobre las costillas de Dar. Ambas ganamos. Se apoyó contra el cuero, mirando como Dar cogía una fresa y la mojaba con un poco de chocolate frío. La acercó y se la ofreció. Kerry mordió un trocito y lo masticó. “Mm”.

Dar mordió un trozo también y estiró las piernas un poco, sintiendo como Kerry se acomodaba contra ella con una cálida familiaridad. Todo estaba cambiando. Su vida estaba ahora sumida en un maravilloso y aterrador caos.

Se sentía absolutamente genial.

Otro sueño. Esta vez el agua estaba fría, pero sentaba bien sobre su piel demasiado caliente mientras se quitaba el hinchado vestido que llevaba puesto y se lanzaba hacia el manantial. Le dolían los brazos, pero era de una manera agradable y los estiró, avanzando a través del agua con una energía como la que hacía bastante no recordaba tener.

Giró en el agua y braceó hacia atrás, sintiendo el torrente de frío sobre su cuerpo, en contraste con el calor del sol sobre su cabeza y suspiró de puro contento animal. El aire estaba dulce con el verano, y el zumbido cercano de los grillos se reanudó cuando ella aminoró su movimiento y cerró los ojos, bebiendo de la paz del mediodía y el conocimiento de que no tenía otra cosa que hacer ese día salvo terminar de nadar y unirse a...

El sonido acelerado de pasos la hicieron darse la vuelta para ver una risueña sonrisa y un cabello brillante y hermoso mientras una forma familiar descendía de las rocas hasta el agua junto a ella, mojándola con una ola de frío líquido. Esperó, con una sonrisa en los labios, hasta que la otra mujer salió a la superficie, después chapoteó agua con el brazo hacia ella, haciendo que farfullase enfadada.
Había un brillo malévolo en esos ojos verdes, y una mirada traviesa, y buceó tras ella sumergiéndose bajo el agua fría y clara y atrapando un tobillo mientras ella trataba de escapar. Podía oír la retahíla de protestas incluso a través del agua mientras tiraba hacia atrás y de repente se encontró aplastada cuando una ágil y muscular forma cambió las posiciones y se arrojó encima de ella.

El instinto hizo que levantase los brazos en un movimiento de anclaje y situó su cuerpo, retrocediendo un poco pero sujetando el brazo como si no fuera más que un saco de patatas. Unos brazos le rodearon el cuello y se sintió sonreír mientras bajó la vista hacia la cara traviesa. Se le devolvió la sonrisa, cálida y amorosa y medio salió del agua, dejando que se deslizase de ellas y sintiendo al sol calentar el frío.
Se besaron, cálidos labios contra el helado toque del agua mientras el suave graznido de un halcón resonaba sobre ellas, y era consciente de un abrumador sentimiento de felicidad que parecía formar una espiral desde ellas hasta el azul cielo y el ave giratoria. Graznó de nuevo mientras se elevaba.


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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 1st 2012, 2:35 pm

Casi coincidió con el sonido de la alarma que sacó a Dar de su sueño y la introdujo en la realidad del crepúsculo con la respiración entrecortada. Extendió la mano y dio un golpe al despertador, acallándolo, después dejó caer la cabeza sobre la almohada y permitió que su corazón empezase a calmarse. Jesús. Parpadeó unas cuantas veces, después bajó la vista hacia la rubia lapa adherida cómodamente a ella.

Le llevó un momento acostumbrarse. Había estado sola durante tanto tiempo que despertarse en este cálido enredo era un shock, aunque uno agradable, tenía que admitir. Ella estaba sobre su espalda y Kerry pegada a su costado derecho, su cabeza sobre el hombro de Dar y enlazada sobre su estómago. Parecía que era su posición favorita, notó la mujer alta, mientras observaba la respiración de la pequeña mujer elevarse y descender con un ritmo estable.

Dar descubrió una sonrisa formándose en su rostro a la vez que tocaba la cascada de pelo brillante sobre su pecho, entrelazándolo con extraña fascinación. Me quiere. El pensamiento dio vueltas en su cabeza, aclarando la neblina del sueño. Lo ha dicho de veras. Las otras nunca lo hicieron... oh, hablaban de sexo y de compromiso… pero nunca la habían mirado fijamente para simplemente decirle... "¿Crees que me estoy precipitando?" Dar saboreó la pregunta con un pequeño suspiro. No, no creo que fuese precipitado. ¿Qué hubiera dicho yo?… ¿Cómo lo hubiera expresado si hubiese dependido de mí? Resopló con una risa acallada. Como si hubiese podido. Estaba tan asustada creyendo que huiría de esto. Dar maldijo su inseguridad calladamente. Me alegro de que ella tenga más valor que yo... y Jesús, por lo que ha pasado. Ahora su rabia comenzó otra vez, pensando por lo que su amiga había tenido que pasar.

Bastardos... ¿cómo le pudieron hacer eso a una niña? Sacudió un poco la cabeza. Y ese pedazo de mierda de guardaespaldas... Se preguntó si sólo había tratado con dureza a Kerry o... Sus manos tocaron la suave piel del brazo de la mujer rubia. ¿La había violado? Que Dios le ayude si lo hizo y alguna vez me encuentro con él.

Dar tembló un poco debido al oscuro latido de energía que fluyó a través de ella. Fue una sensación violenta y salvaje que no se permitía sentir habitualmente, pero sabía que estaba allí y a lo que su temperamento la encaminaría si no tenía cuidado.

Y al mirar a la pálida e inocente cara que reposaba junto a su piel supo que ser cuidadosa no era algo en lo que estuviese realmente interesada.

Kerry eligió ese momento para estirarse, balbuceando un poco en el pecho de Dar antes de levantar la cabeza y alzar la vista hacia la oscuridad, sus ojos encontraron los de su amiga. “Está oscuro”. Indicó, sofocando un bostezo. “¿Te diste cuenta?”.

“Uh huh”. Estuvo de acuerdo su compañera de cama. “Seguro que lo está, el mejor momento para ir a correr”. Incluso en la débil luz pudo ver las claras cejas alzarse con desaprobación. “Me suelo levantar a esta hora”.

Kerry le dirigió una mirada incrédula. “Dar, ¿no estarás considerando seriamente salir a correr en medio de la oscuridad, verdad?. Estás herida”. Protestó.

“No, no lo estoy”. Discrepó Dar. “Estoy bien... No me duele ni una pizca esta mañana”. Inspiró profundamente para demostrarlo. “¿Lo ves?”. Seguía un poco delicado pero el sueño de la noche había ayudado mucho y realmente se sentía mejor. “Normalmente suelo correr unas... um... diez millas por la mañana”. Vale, era una exageración. Pero tampoco tanta.

Kerry apoyó la cabeza sobre la mano y observó a la mujer alta pensativamente. “Qué desagradable”. Comentó, y después deslizó una mano entre los botones de la camisa de Dar y dejó a sus dedos recorrer la tersa piel. El calor de la pasada noche había disminuido y la herida no parecía estar causando a la víctima mucho dolor, después de todo. “Hmm... no parece hinchado… Supongo que tienes razón”.

Dar parpadeó un par de veces, disfrutando del amistoso roce de los dedos de Kerry, que ahora se movían formando círculos sobre su piel. Se dio cuenta de que eso la relajaba y se encontró ahogando un bostezo como reacción. “Mmm... para eso, vas a hacer que me duerma”. Se quejó torcidamente.

“Oh, ¿de veras?”. Musitó Kerry con una pequeña mueca. “Vaya, vaya , vaya... Mírate… esto es mejor que un hipnotizador con el colgante”. Trazó los círculos más grandes y se mordió el labio divertida a la vez que los ojos azules, apenas visibles en la apagada luz del amanecer, se cerraban. “Vamos Dar, déjalo ir... Aunque te sientas bien, te llevaste un buen golpe anoche”. Le dijo Kerry razonablemente.

“Sí... No todas las noches me pintan con chocolate”. Dar murmuró, las comisuras de su boca se movieron.

“Eso NO era a lo que me refería y lo sabes”. Kerry se rió. “Date un respiro Dar... hoy va a ser un día muy largo. Esa delegación de Pittsburgh vendrá a las diez”. La engatusó, sonriendo sin vergüenza cuando no hubo una respuesta inmediata. “Además, estoy realmente cómoda...”. Se acercó más, sintiendo la ligera presión de la mano de Dar contra su espalda.

“Arrrggg... Sólo un ratito”. Refunfuñó Dar, rindiéndose.

“¿Qué tal hasta que amanezca, hmmm?, ¿te parece bien?”. Ofreció Kerry , sin parar sus caricias ni por un momento.

No hubo respuesta y Kerry sonrió ante la profunda y regular respiración. “Nadie en la Tierra se creería esto, ¿sabes?”. Susurró suavemente a la adormecida ejecutiva. “Pero no te preocupes, no lo diré”. Se echó contenta y exhaló. Así que esto es lo que se siente cuando estás enamorada. Miró por la ventana a las estrellas todavía vivas en el cielo del sur. Me gusta, decidió, mientras cerraba los ojos.

La pasada noche había sido una gran sorpresa. Sabía que no había tenido la intención de sacar lo que Collen llamaba la gran palabra “A”, no ayer por la noche, no hasta que hubiese tenido una pista sobre lo que Dar sentía, pero...

Pero había tenido un atisbo, incluso sin una palabra por parte de Dar. No había hecho falta un adivino telefónico para darse cuenta del nerviosismo de Dar o de la intensidad de sus sentimientos. Kerry abrió los ojos y miró la cara de la mujer alta.

Entonces volvió a abrirlos. Jesús, Kerry… tienes una amante... ¿¿¿te lo puedes creer???. Orbes verdes miraron por toda la habitación y después reposaron en la cara de Dar, pacíficamente dormida. Es bueno saber que tienes mejor gusto que el Presidente… Sofocó una carcajada. Y si antes no tenía una razón para quedarme aquí, ahora seguro que la tengo. Dejó que sus párpados se cerrasen otra vez, contenta de haberle hablado a Dar a cerca de... cosas. La reacción de la ejecutiva había sido gratificante, por decirlo de alguna manera. Kerry permitió que el sueño la venciera de nuevo, cerrando los ojos con más fuerza y aspirando el olor se las sábanas limpias y de su compañera de cama.

Abandonar aquello... ni siquiera se lo planteaba. Y estaba dispuesta a enfrentarse a su familia sólo por esa razón.

El teléfono sonó. “¿Sí?” Dar presionó el botón de habla y siguió tecleando, sus ojos fluctuando intensamente a través de la pantalla. “¿Qué pasa?”.

“Dar, el de seguridad en el mostrador acaba de llamar, alguien quiere verte”. Le informó la voz de María. “Es… ¿Michelle Graver?”.

Oh mierda. Dar revisó mentalmente sus opciones. Un cliente importante, probablemente en la ciudad para una visita corta, probablemente quería acorralarla finalmente para esa cena. Oh mierda. “Seguro… Haz que la acompañen hasta aquí arriba”. Suspiró afligida. Justo lo que necesitaba después de un día como el de hoy. Dos sesiones de presentación, media docena de discusiones, una situación realmente desagradable solucionada gracias a su mal genio… Maldita sea, tenía muchas ganas de marcharse.

Tecleó un mensaje instantáneo. “Tengo un problema... Michelle está aquí”. Pulsó enviar y volvió a su pantalla por un momento.

“Puedes llevarla a Shorty’s para cenar (sonrisa)”. Kerry respondió presurosa. “Seguro que le queda muy bien el Ketchup”.

Dar se rió para sí misma. Shorty’s era el local de barbacoa de la ciudad, a las afueras de US 1, cerca de Dadeland. Servían unas magníficas costillas, de hecho era aficionada a su comida pero el término rústico no le hacía mucha justicia. Al menos habían puesto aire acondicionado hacia unos años y no dependía ya sólo de las pantallas para mantener alejados a los bichos. “También la podría llevar al McDonalds”. Le envió, después alzó la vista mientras se abría la puerta para revelar las formas redondas de María. “Oh… pensé que eras ella”.

“No, no…”. María entró y le entregó una carpeta de expedientes. “Es el contrato para las nuevas utilidades de la cuenta de Nueva York”.

“Gracias”. Dar le sonrió y cogió la carpeta, poniéndola en el escritorio y echándose hacia atrás, mientras salvaba la pantalla. “Bueno, ya está hecho: el primer cuatrimestre de las proyecciones para infraestructura ha crecido; se nos van a cargar si no compramos más complejos”. Se estiró y movió el cuello, después puso sus manos detrás de la cabeza y dejó escapar un suspiro satisfactorio.

María la miró. “Te sientes bien , ¿no?”. Preguntó, medio sorprendida ante la visible diferencia en su jefa.

Dar vaciló y finalmente afirmó. “Sí... debe ser todo este descanso extra que estoy teniendo”. Dijo muy seria. “No he tenido un maldito dolor de cabeza en semanas”.

“Tcha… es bueno”. Le sonrió María mientras los ojos de la mujer morena se fijaron en las esculturas de los delfines y descansaron allí.

Dar había sorprendido a todo el mundo estando de buen humor todo el día, a pesar de varios desastres y una desagradable discusión con José. Ahora se balanceaba ligeramente hacia adelante y hacia atrás mientras oía las puertas del ascensor abrirse. “Aquí llega el problema, si no me equivoco”. La ejecutiva suspiró, ordenando sus opciones y tomando aire.

Puntiagudos tacones de stacatto en las baldosas, a continuación el guarda de seguridad abrió la puerta y Michelle Graver le rodeó y entró, mirando apreciativamente por la oficina. Finalmente dejó descansar los ojos en Dar, quien todavía estaba recostada en su silla, con las manos enlazadas frente a ella.

“Hola, Dar”.

“Buenas tardes, Michelle… ¿qué te trae por estos lugares?”. Inquirió Dar civilizadamente. “Por favor… siéntate”. Indicó uno de los asientos acolchados frente a su escritorio. “¿Qué puedo hacer por ti?”. La mujer pelirroja vestía un elegante traje de seda que se adhería a su cuerpo dejando poco a la imaginación.

“Bueno, la junta del estado de turismo se reúne esta semana. Sabes que nosotros somos parte importante en eso”. Declaró Michelle sentándose grácilmente. “Tengo unas horas libres esta noche y pensé en pasarme por aquí y ver si podía reclamar la pospuesta cita”. Sus ojos encontraron los de Dar y una leve y rápida sonrisa cruzó sus labios. “Si no estás... ocupada”.

Una débil señal de alarma sonó en la cabeza de Dar. “No tengo nada planeado”. Replicó cautamente. “¿Tienes pensado algún lugar que te apetezca probar?”. Fútilmente jugó con la idea de decirle a la mujer que ya tenía planes. Oh... lo siento Michelle… le prometí a Kerry que iría al mini - golf con ella... Odio perderme ese agujero del gran elefante rosa… Lo entiendes, ¿verdad?.

“Bueno, este es tu territorio, Dar... ¿Por qué no sugieres tú algo?”. Michelle cruzó las piernas y se apoyó en los brazos de la silla, con una sonrisa depredadora en el rostro. “Seguro que conoces todos los buenos lugares de los alrededores”.

La mujer alta se quedó pensativa. “¿Dónde te alojas?”.

La sonrisa se ensanchó perceptiblemente. “El Hyatt, en la parte sur de la ciudad”. Ronroneó.

“¿Te gusta el marisco?”. Preguntó Dar educadamente.

“Me encanta”. Respondió Michelle.

Unos pálidos ojos azules la miraron cautamente. “Está bien. Monty’s abajo en el Grove es un buen sitio para eso… Te puedo pasar a recoger. ¿A las siete?”.

Un asentimiento. “Eso sería perfecto... Te puedo informar sobre el plan que se llevará a cabo, charlar un poco”. Se levantó, habiendo conseguido lo que quería y se estiró la chaqueta de manera elegante. “Habitación 1243”. Dejó que sus ojos se fijasen más de lo necesario en el cuerpo de Dar, después se giró, moviéndose sobre la alfombra y parándose en la puerta. “Hasta entonces”.

Salió y Dar puso una mueca. “Menuda pérdida de buenos cangrejos que va a ser esta”. Suspiró. “Por otra parte, quizá pueda conseguir que uno de ellos la muerda”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Diciembre 2nd 2012, 10:57 am

Kerry empujó la puerta abriéndola y se coló dentro, dejando las bolsas de verduras en el suelo y dando un puntapié a la puerta detrás de ella. Un vistazo al reloj le dijo que eran las diez pasadas y exhaló, habiendo pasado la noche haciendo todos los recados que se le ocurrieron.

O inventándose, de hecho, cualquier cosa para evitar pensar dónde estaba Dar y con quién estaba.

“Los celos no son un sentimiento agradable”. Informó a su pez. “No dejes que nadie te tome el pelo, Scully... apesta”. Adentrándose en la cocina dejó las bolsas y metió lo frío en la nevera. “No es que esté preocupada, déjame decirte... sé que a Dar no le gusta”.

Scully y Mulder soltaron burbujas.

“No, en serio, no le gusta... Estuvo haciendo bromas divertidísimas sobre ella cuando salimos… Aunque creo que era, más que nada, para hacerme sentir mejor”. Les lanzó a los peces una mirada torcida. “Estaba intentando con todas mis fuerzas no transformarme en un monstruo de ojos verdes, pero claro… eso es muy duro para mí teniendo en cuenta que ya tengo los ojos verdes, ¿sabéis lo que quiero decir?”.

Mulder soltó una burbuja. Scully se le acercó y le besó en los labios.

“Ooo... puedo pensar en unos siete millones de fans en internet que matarían por ver eso”.

Los Besucones se precipitaron cuando ella se acercó y echó comida en la pecera. Se apoyó contra el borde, mirándoles. “Son negocios, chicos. Nada personal.”. Suspiró. “Pero no puedo evitar querer arrancarle sus pequeñas cejas pelirrojas y dárselas de comer con un émbolo”. Casi deseaba que Dar hubiese simplemente rechazado la reunión, aunque sabía que su jefa tenía la responsabilidad de mantener buenas relaciones con la nueva cuenta.

Pero, ¿tenían que ser esa clase de relaciones? Kerry sentía un poco de malestar cada vez que pensaba en Michelle, en su fantástico hotel y en su exótica figura. Era un horrible e irremediable sentimiento... y consideró brevemente dejar todo e irse a dormir.

Esto se habría acabado por la mañana. ¿Verdad?.

“Mierda… venga Kerry, date un respiro… Ya rechazó una cena con ella por retozar en el parque contigo hace un par de semanas... No podía evitarlo esta vez. La mujer irrumpió en su despacho y prácticamente la obligó”. Se dijo a sí misma.
¿Verdad?. Con un suspiro volvió a la cocina y recogió todo, incluyendo la leche y el sirope de chocolate que se había encontrado tomando por completo sin dedicarle ni un pensamiento consciente. Después se cambió y se sentó en el sofá, dejando que sus dedos acariciasen la tela y recordando el lunes.

¿Fue sólo hace tres días? Parecía más.

El reloj sonaba en el silencio y podía oír el suave murmullo del motor del tanque del acuario. El sonido del teléfono la sorprendió y pegó un brinco, después se levantó y fue a cogerlo. “¿Hola?”.

“Kerry… Me alegro de haberte encontrado”. La voz de su madre sonaba por el auricular. “Casi nunca estás en casa estos días, querida... Lo he estado intentando durante dos días”.

Uh... hmm... mejor encargarse de llamar antes. Kerry se encogió. “Lo siento… yo um… estuve trabajando hasta tarde ayer, después fui al gimnasio... y salimos por ahí al terminar”.

“Oh, ¿te has apuntado a un gimnasio?”. La voz de su madre sonaba cautelosa.

“Es un acuerdo especial de la compañía”. Le explicó Kerry. “Un grupo de nosotros lo hicimos… Estoy haciendo un poco de aeróbic… y escalada… y… algunas clases de defensa personal”. Se rió débilmente. “Es muy divertido”.

Un momento de silencio. “Bueno, me sorprende que te estés implicando en algo como esto cuando te vas a marchar, Kerry”. Declaró su madre desaprobadoramente. “Ése no es tu estilo”.

Un profundo, profundo respiro. “Madre, seamos sensatas, ¿de acuerdo? No puedo dejar este trabajo y volver a casa sólo por un accidente… Es estúpido”. Por un momento, deseó que Dar estuviese allí, necesitando la reconfortante presencia de la mujer alta. “Estoy muy bien aquí… Es una oportunidad muy buena”.

No seas tonta”. Estalló su madre. “Tu padre te lo dijo… Vas a venir a casa y no hablemos más de eso, Kerrison. Está todo arreglado”.

Era como si casi pudiese sentir las cálidas manos apoyarse en sus hombros y una presencia cercana detrás de ella mientras se ponía más recta. “No, no voy y si no quieres hablar sobre esto, me parece bien, madre… Pero tengo toda la intención de quedarme aquí”. Le dijo Kerry firmemente. “Tengo amigos aquí, y un trabajo estupendo… No estoy preparada para dejarlo”.

Silencio total. “Veremos lo que tu padre tiene que decir acerca de eso”. Replicó la voz, enfadada. “No puedo creer que esté escuchando esto de ti, de todas las cosas desagradecidas, vivir ahí te ha dado unas ideas horribles y ésa es la mejor razón que puedo ver para traerte a casa”.

Eso dolía. “Siento que pienses de esa manera, madre... No pretendía faltarte al respeto a ti o a papá, pero tienes que entender que...” La comunicación se cortó. Kerry suspiró y colgó, dejando caer el aparato sobre la mesa con un seco golpe. “Genial… simplemente alucinante, voy de mal en peor”.

El restaurante estaba lleno casi en tres cuartas partes, y el suave tintineo de los objetos de plata se mezclaba con la baja y murmulleante conversación mientras Dar inclinaba la cabeza, absorbiendo la historia que Michelle le estaba contando acerca de un problema que habían tenido con los mainframes. Era triste. Dar había resuelto el problema hacía diez minutos pero no veía ningún beneficio en decírselo a Michelle, considerando que su gente del network había estado frustrada con él durante una semana. “Podrías contratarnos para mandarte a un analista allí”. Ofreció con una sonrisa franca.

Michelle jugó con su tenedor y alzó la vista hacia ella a través de pestañas pintadas ligeramente con un leve matiz dorado. “¿Quieres decir que no puedes resolverlo en tu cabeza? ¿Por qué, Dar? Estoy decepcionada.”

Dar consideró brevemente responder con una inteligente observación acerca de servicios y pagar por ellos, sin embargo simplemente sonrió. “Oh, no puedo resolver los problemas de todo el mundo… Pero estoy segura de que uno de nuestros ingenieros podrán arreglártelo”. Tomó un sorbo del champán que Michelle había insistido en pedir, y lo tragó, después pinchó un trozó de salmón y miró fuera. El puerto que el restaurante bordeaba estaba lleno de luces parpadeantes, barcos saliendo, entrando y algunos anclados. Había una fiesta en todo su apogeo en uno de ellos, con hombres barbudos en pantalones cortos y mujeres en tops de tirantes llevando cervezas. Luchó contra las ganas de aflojar su cuello abotonado y suspiró para sí. “He hablado con los de infraestructuras, tus circuitos están conectados”.

“Bueno, esas son buenas noticias.” Michelle aparentemente había decidido abandonar su picoteo. “Les ha llevado suficiente tiempo”. Un ataque.

Dos semanas para un circuito T3 principal no era mucho pero Dar refusó discutir eso. “De hecho el problema era vuestra demarcación. La gente de telco me dijo que les llevó seis días conseguir el acceso al panel de los interruptores”. Le dedicó a Michelle una mirada plácida. “Es un poco duro completar el circuito si no puedes entrar en el complejo”.

Una dura sonrisa en respuesta. “Somos muy serios cuando se trata de seguridad”. Respondió. “Igual que tú, no dejamos a la gente husmear en nuestros edificios de manera anónima”.

Dar se rió. “Venga ya, Michelle… Dos técnicos de Southern Bell en uniforme con su famosa camioneta... ¿cómo de anónimo es eso?”. Mordisqueó otro trozo de salmón mientras miraba inocentemente a la mujer más baja, quien estaba elegantemente diezmando un plato lleno de quisquillas.

Graver no respondió por un momento mientras tragaba. “Cualquiera puede coger uno de esos estúpidos y vistosos cascos blancos y una camiseta... No nos arriesgamos.”. Informó a Dar. “Así que, dime, Dar, siento curiosidad: ¿qué hace que alguien con tanta experiencia como tú escoja a una joven novata como ayudante?”.

Apareció de detrás de la esquina y golpeó desprevenidamente. Pero Dar no había pasado años en la sala del Consejo puliendo sus reacciones para nada. Tomó un tenedor lleno de patata cocida y consideró la pregunta seriamente. ¿Por qué, Michelle…? Porque está buenísima y caí rendida a sus pies, enamorada de ella casi a primera vista, por supuesto.

No, no, Dar... no le puedes decir eso a la fulana. “Bueno... ella formaba parte de una cuenta que consolidamos no hace mucho tiempo y pensé que tenía un buen potencial, así que me arriesgué con ella”. Respondió, serena. “Y ha salido bien… Ella mandó a vuestra gente de intranet un mail diciéndoles cómo hacer un mejor trabajo salvaguardando vuestra network. Considerando que ella fue capaz de llegar hasta vuestras rutas principales atravesando las barreras”. Le siguió otro tenedor lleno de patata y masticó inocentemente, mientras Michelle aparentemente tragaba algo mal y tomaba un sorbo de agua. “Ella es buena y aprende rápido… ¿por qué?”.

“Sólo preguntaba”. Michelle se aclaró la garganta. “De hecho es bastante impresionante. Es la hija de Kevin Stuart, ¿no?”.

Dar asintió. “Mmhmm..”.

Michelle sonrió con afectación. “Inteligente por tu parte… Él no es un amigo de tu compañía”. Ronroneó. “Siento que hay un motivo oculto aquí”.

Claro que lo sientes… Sólo que no es el que estás pensando, Michelle. “En realidad no… aunque eso podría transformarse en un recurso”. Contestó Dar, desechándolo.

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