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Tormenta tropical, Melissa Good

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 18th 2012, 8:24 am

Kerry estudió a la perceptiblemente tambaleante mujer y suspiró. Avanzó de nuevo y puso una mano en su brazo. "Vamos... no te preocupes por mí."

Dar no se resistió al contacto esta vez. Se permitió hundirse en la cama y se acurrucó de lado, apretando la mandíbula ante otra oleada de náusea. El dolor apretó de nuevo y se envolvió la cabeza con un brazo, encontrando difícil poder respirar, dolía tanto.
"Mira… gírate." La voz era callada y familiar y obedeció, sintiendo manos gentilmente sondeando el dolor en su cuello. Era oscuramente consciente que era Kerry y que no debiera estar permitiendo a la mujer hacer lo que estaba haciendo, pero a su cuerpo había dejado de importarle y se relajó en el toque con un sentido de alivio dichoso.

"Tranquila… uou... esto está realmente tenso… aguanta." Kerry trabajó los tensos hombros, sintiendo incertidumbre y embarazo. La piel de Dar se sentía agradable y cálida a través del suave algodón de su camiseta, y era incómodamente consciente de exactamente cuan impropio era todo esto.

También era incómodamente consciente de cuánto estaba disfrutando al hacerlo.
Tardó un rato, hasta que pudo sentir los nudos deshacerse bajo sus dedos y para ese tiempo Dar estaba cayendo en un duermevela. Kerry detuvo su trabajo y quitó una mano, pero mantuvo la otra allí, haciendo suaves círculos con sólo las yemas de los dedos, que sólo se detuvieron cuando notó que la mujer morena estaba profundamente dormida, su respiración firme y regular.

Retiró el contacto, entonces se puso de pie y salió silenciosamente del cuarto, no deteniéndose hasta que estuvo en el centro del salón, donde exhaló una larga y sostenida respiración. "Ueu." Se pasó una ligeramente temblorosa mano por el pelo. "Vale... vale... sólo siéntate, Kerry... ya ha terminado… está perfectamente… sólo relájate."

Funcionó. Con curiosidad, ahora echó una mirada alrededor, abarcando el apartamento con ojo apreciativo. "Así que aquí es dónde vives, ¿eh?" Vagabundeó por la gran sala, examinando el suave cuero del sofá. "Ooo.. apuesto que es cómodo para sentarse." Entró en el comedor y fue a las ventanas que estaban cubiertas con persianas de listones. Alzó una persiana para exponer la vista del océano y suspiró. "Caray, que bonito."

De allí vagó a la cocina, mirando los electrodomésticos azul cobalto que mostraban poco uso y la isla central para preparar comida que mostraba incluso menos. "No pasas mucho tiempo aquí, ¿verdad?" Atisbó dentro de la nevera y agitó la cabeza. "Santo cielo, Dar… ¿Esperas que me crea que vives de leche, galletas de chocolate y.. " Abrió el congelador. "¿Pizza congelada?" Se palmeó la cabeza con incredulidad. "No estoy viendo esto." Miró de nuevo. "Oh... perdóname... y helado."

Abandonó la pobremente abastecida cocina e hizo otro circuito por el salón. Una puerta llevaba a la derecha y asomó la cabeza, viendo un gran escritorio completo con ordenador. "Ah... el estudio." Echó un vistazo a las escaleras con curiosidad, entonces trotó por los escalones alfombrados, encontrando allí tres cuartos y dos baños, un dormitorio destinado a ser el dormitorio principal por el tamaño y un balcón que lo rodeaba abierto al mar. Se preguntó por qué Dar escogía dormir en el piso inferior, entonces se imaginó que probablemente le era simplemente más fácil tratar con un nivel, dado que...

Kerry miró alrededor de nuevo, entonces fue abajo y abarcó la silenciosa sala. Dado que vivía aquí sola. Sus ojos saltaron al centro de entretenimiento, después a la mesa de la salón y se dio cuenta que, aparte del cuadro grande sobre el sofá, no había nada personal en el cuarto.

Ninguna foto. Ninguna ropa tirada. Ningún diploma... elemento estrafalario o chuchería...
Nada. Era como si la enigmática mujer que vivía aquí estuviera sólo de visita... temerosa de poner un sello personal al lugar.
Kerry pensó al respecto, mientras vagaba hacia el estudio y se sentaba en el gran y pulido escritorio.

Y encontró una pequeña fotografía, que recogió y trajo más cerca. En ella estaba una más joven Dar, vestida en un traje blanco de tipo karate, una mano descansando sobre un alto trofeo, el otro brazo alrededor de un hombre más viejo, que estaba sonriéndole orgullosamente a la cámara y apuntándola a ella. Su cara barbuda tenía un gran parecido a la de Dar y sus ojos eran del mismo azul claro. Volvió el cuadro y leyó las palabras escritas en la parte de atrás. "Tal para cual. 1990"
"Hm." Kerry dejó con cuidado la fotografía en su sitio, entonces consideró qué hacer. Podía simplemente irse - Dar estaba durmiendo, ya no había necesidad de que se demorase aquí. El teléfono estaba allí, podía llamar y pedir un taxi.

Por otra parte, Dar había dicho que estaba bien que se quedase... diciéndole donde estaba el escritorio y asumiendo que haría algo con él.

Por una tercera parte, la receta decía que tomase una pastilla y Dar había tomado dos y ¿no era peligroso dejar a alguien durmiendo así?

Dos a uno. Kerry dio un rápido asentimiento y encendió el ordenador. "Puedo terminar todo desde aquí.... de hecho... " Sus ojos encontraron la HP Laserjet 4Si puesta contra un lado del escritorio. "Cuernos... incluso puedo reimprimir esos tontos informes."

Satisfecha, esperó que la máquina se iniciase, entonces introdujo su propio login. El sistema vaciló por todo un instante, entonces obedientemente le dio su menú personal. Entró en una sesión con la terminal y se puso a trabajar.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 19th 2012, 8:20 am

Quinta parte

Debe tratarse de un sueño, realizó Dar soñolienta.

Estaba en un gran campo abierto, con el zumbido de los grillos rodeándola, y sólo el siseo del viento más allá de eso. No había sonido de tráfico, ni de aviones... sólo este pavoroso y maravilloso silencio que llenaba su alma de paz.

Estaba tumbada con los ojos cerrados, absorbiendo la luz del sol y disfrutando de la suave y refrescante brisa que agitaba las briznas de hierba a su alrededor. Estaba desnuda, pero eso no la incomodaba, y podía sentir el peso sólido y cálido de otro cuerpo humano cubriéndola, respirando suavemente sobre la piel de su cuello.

Era pacífico. Ella estaba feliz y contenta.
Era perfecto.


Y como suele pasar con los sueños, éste desapareció lentamente permitiendo que el mundo real la tocase, arrastrando su conciencia al presente, lo que la forzó a abrir los ojos y ver la suave luz proveniente de su reloj en la mesilla de noche, que la informó de ser las ocho en punto, y que estaba muy oscuro.

Oscuro, realizó, según sus oídos captaban el aullido del viento y el golpear de la lluvia sobre la ventana. Y tormentoso. Se giró lentamente, moviendo la cabeza cautelosamente, aliviada al no sentir dolor. Su boca estaba seca, y parpadeó mirando al techo, tensándose al tiempo que sus sentidos subliminales la hacían consciente de no estar sola en el apartamento.

Entonces recordó. “Ah”. Un ceño débil y preocupado apareció en su cara y recordó de forma enturbiada el gentil toque de Kerry sobre ella cuando se dormía. Por alguna razón, eso le trajo a la memoria su sueño, y lo desestimó con irritación. Aw, despierta Dar... la niña sólo trataba de ayudar... probablemente se sintió terriblemente incómoda mientras lo hacía, así que acuérdate de agradecérselo.

Se levantó de la cama con un bostezo y se dirigió al baño, guiñando con rostro ceñudo ante su reflejo desgreñado. Se pasó los dedos a través del cabello para ordenarlo un poco, después lo dejó y caminó lentamente hacia la sala de estar, dónde de repente se detuvo.
Una débil sonrisa asomó a sus labios al ver la forma durmiente de Kerry, arrebujada en la esquina de uno de los sofás, con su mano reposando sobre una pila de papeles. Su cabeza estaba apoyada sobre su suave y acolchado brazo, y se había echado sobre los hombros la chaqueta para entrar en calor. Dormida, su cara era un libro abierto e inocente como la de un niño, y Dar sintió que crecía dentro de ella un afecto irresistible por la rubia mujer. Silenciosamente, se encaminó de vuelta hacia la habitación y tomó una suave manta del armario para después cubrir con ella el cuerpo durmiente de Kerry antes de dirigirse a la cocina.

El tiempo aquí estaba azotando sobre la ventana que daba al mar y Dar miró tras ella, sorprendida al ver casquetes blancos moviéndose de arriba a abajo en la usualmente calmada costa. Las prácticamente invisibles boyas estaban balanceándose de derecha a izquierda, sus señales verdes y rojas subiendo y bajando salvajemente sobre la superficie del mar. “Huh”. Se volvió y encendió la pequeña televisión empotrada en el gabinete, pasando rápidamente los canales. “Veamos... noticias locales sensacionales... debe ser el Canal Siete”. Dejó ese canal sintonizado observando un mapa meteorológico y a un preocupado hombre del tiempo con un desfavorecedor tupé. “Uh oh”. Subió un poco el volumen.

Creciendo de forma súbita en los estrechos de Florida, el bajo que se ha establecido justo en el norte de Cuba se ha intensificado, y un avión caza de huracanes de la NOAA confirma que hay fuertes vientos circulando y una tormenta tropical”.
“ Maldito pedazo de mierda estúpido”. Maldijo Dar. “¡ Es Noviembre, maldita sea!”.
“El Servicio Nacional de Meteorología de Miami ha emitido alertas de tormenta tropical para toda la costa sur de Florida, desde el Cabo Sable rodeándolo todo hasta West Palm Beach. Los interesados en el área deben tomar precauciones para condiciones de tormenta tropical dentro de las siguientes doce o veinticuatro horas”.
“Aw... mierda”. Suspiró Dar con exasperación. “Pensé que nos habíamos librado de esto este año”. Un pequeño ruido la hizo volverse para ver a Kerry entrando en la cocina, la manta abrigándola al rededor de los hombros, y una mirada desconcertada y en cierta medida preocupada en su cara.

“¿Qué esta mal?”
Dar señaló a la televisión. “Tormenta tropical”. Suspiró. “ ¡Salida de la nada!”.
Kerry miró a la pantalla, y después a ella. “¿Qué significa eso?”.

Una oscura ceja se arqueó. “Bueno... por una parte, significa que estas atrapada aquí”. Tomó el teléfono y marcó, repiqueteando con los dedos mientras esperaba hasta que alguien contestó. “Hola Rocky... al habla Dar Roberts... ¿Qué esta pasando?”. Escuchó. “Me lo imaginaba. Gracias”. Colgó el teléfono. “Sipe... los ferries están atracados mientras dure... sólo se hacen viajes de emergencia con los botes si la gente debe entrar o salir”.

Kerry consideró esto. “Hm... lo siento... supongo que debí irme cuando tuve la oportunidad... sólo quería poder acabar con esos informes, después yo... supongo que estaba cansada, y me acosté por un minuto...”. Miró a Dar con una mirada de disculpa. “¿Cómo te sientes?”.

Un rastro de silenciosa preocupación atravesó el rostro de Dar. “Estoy bien”. Contestó a secas. “Esa medicina trabaja estupendamente”. Observó a su alrededor. “Mejor reúno velas y linternas... no han dicho por cuanto tiempo perderemos la energía”. Se paró al borde de la ventana, y presionó un interruptor oculto. “Mejor bajamos las persianas ya”.

Con un zumbido mecánico, las persianas protectoras de aluminio cubrieron las grandes ventanas con vistas al océano, enganchándose abajo con un ruido y deteniéndose quejumbrosamente. Dar hizo lo mismo con la ventana de la cocina, después enseñó a Kerry donde estaban los interruptores para las demás habitaciones. Dejó a la rubia mujer haciendo eso, mientras ella entraba en el cuarto de la lavandería, donde sacó una cesta cubierta y la puso en el centro de la habitación abriéndola. Dentro estaban empaquetadas ordenadamente linternas, velas, latas de cola, y otros suministros.

“De acuerdo... todo hecho”. Reportó Kerry al volver a la cocina. “¿Qué mas puedo hacer?”.

Dar la miró, entonces retornó a la lavandería para salir después con un par de bermudas y camiseta que tiró a Kerry. “Te quedaran grandes, pero serán mucho más cómodas que lo que llevas si se va la luz”. Explicó secamente. “Esto se vuelve realmente caluroso sin el aire acondicionado”.

Kerry atrapó las prendas de vestir y las miró dando después una mueca a Dar. “Tiene sentido”. Se llevó la ropa consigo hacia el pequeño aseo cerca del estudio, y se cambió rápidamente, suprimiendo una risita ante la enorme talla que la hacía sentir como una niña pequeña. “Madre mía”. Tomó el cinturón de su falda y lo abrochó alrededor de la larga camiseta, después dobló su ropa y volvió a la cocina descalza.

Las baldosas de mármol estaban frías y la terra cotta del salón no era mucho mejor.
Dar seguía en la cocina, apoyándose sobre el mostrador y obsevándose quedamente las manos, las cuales estaban cruzadas frente a ella. Kerry podía ver la preocupación en su rostro, y se apoyó a su lado con una sonrisa. “Luego... ¿es esto una fiesta de huracán?”.

La morena mujer volteó la cabeza y la observó. “Supongo que lo será...”. Forzó una sonrisa. “Yo... hay latas de conserva en el armario para tormentas... de todas formas tampoco tengo mucho más por aquí”. Indicó el refrigerador. “Principalmente lo pido a los restaurantes de la isla”.

Kerry se reclinó sobre los hombros. “¿Qué tipo de latas de conserva?”.

Dar señaló el armario. “No tengo ni idea... tengo a alguien que trae un surtido variado. Estaba muy ocupada para hacerlo por mi misma”.

“Ajá”. Kerry se impulsó desde el mostrador y exploró el armario. “Bueno... creo que puedo sacar algo interesante de esto”. Miró sobre su hombro. “Tu no cocinas demasiado, ¿verdad?”.

Dar agitó la cabeza. “Nada de nada. Tomo cereales para el desayuno, y puedo hacer café... eso es todo”. Notó que ninguna de las dos mencionaba nada al respecto sobre lo que pasó antes de que se durmiera, y eso la alivió.

Kerry suspiró, seleccionando algunas latas y dejándolas en el mostrador. “Bueno, me he encerrado aquí, en tu cara, con lo que debo hacer algo de utilidad por mi parte”.

Se acercó al refrigerador y estudió su contenido. “Hmm... me gustan los retos... ah...”. Escarbó en el congelador y sacó varias cajas de congelados completamente heladas, las cuales también depositó en el mostrador. “¿Tienes algo... um... como una olla?”.

Dar señaló silenciosamente la alacena. “¿Qué estas haciendo?”.

Ojos verdes como el mar la miraron con un toque divertido. “Estoy cocinando. Puedo hacerlo, ya sabes”. Hizo una mueca ante la expresión de Dar. Después se giró hacia el gabinete. “Veamos... dijiste que tenías cereales..”. Abrió la puerta, después se giró y puso su mano sobre sus caderas. “Dar Roberts... No estoy viendo a Tony el Tigre en tu armario, ¿verdad que no?”.

Dar dejó caer su cabeza, entonces alzó la mirada hacia Kerry a través de oscuros brillos en sus ojos, con una mueca tímida. “Maíz y azúcar son dos de los grupos básicos de alimentación, ¿no?”. Inquirió esperanzada. “Déjame adivinar... lo tuyo son los de nueces y uva”.

Kerry miró a su alrededor, entonces se puso de puntillas hacia ella y susurró. “Krispies de chocolate, pero no se lo digas a NADIE”.

Compartieron una mueca conspiradora, entonces se dieron cuenta, casi al mismo tiempo, que algo había cambiado. Se miraron la una a la otra despacio, buscando... Dar dejó escapar un respiro y asintió, sólo un poquito. Kerry asintió de vuelta, y sutilmente, se hizo una conexión, la fundación de una base de amistad que ambas sentían y aceptaban.

“Bien... bueno, déjame ponerme a ello... debes estar hambrienta, se que yo lo estoy”. Dijo Kerry finalmente observando sus posibilidades.

“De acuerdo. Me voy a conectar y asegurarme que preparan el edificio”. Replicó Dar todavía mirándola. “Estaré en el estudio por si necesitas algo”.

Ojos verdes se alzaron y se encontraron con los suyos por un largo momento, buscando, entonces se desviaron. “Esta bien... terminaré con un paquete de esto... y reimprimiré esos reportes que estabas buscando”.

Dar asintió y se escabulló de la cocina, dejándola con sus pensamientos y lo que trajera el azar.
La página en la pantalla era, seguramente, un email importante. Dar paseó sus ojos sobre él por sexta vez, y aun así no lo leía, sus pensamientos sumergidos en otro reino con excesiva facilidad. Aromas incitantes provenientes de la cocina no dejaban de distraerla, y trató de recordar la última vez que actualmente alguien había cocinado algo especialmente para ella, sin tener que pagarle de alguna manera o de otra.

Su padre cocinando huevos y bacon, su mayor y única especialidad, en las mañanas que ella iba a casa para encontrarle insolentemente sentado en el salón, adjuntando sus más recientes fatigas en los muebles. Sólo de paso.. decía él. En mi camino de salida.

Salida hacia Arabia Saudí, quería decir. Salida de la vida es lo que fue. Dar miró la fotografía, y sintió como una mano atenazaba su corazón. No es que ellos compartieran mucho tiempo juntos los últimos años. Era que él, el único entre toda la gente que había conocido, la entendía.

Entendía la competitividad, y la fuerte voluntad, y el deseo de conquistar que parece que se transmitió directamente de padre a hija en iguales proporciones. Y ella le había entendido a él, en toda su complejidad. La suya era la única aprobación que ella había necesitado nunca, al igual que cuando se tomó esa fotografía. Sus ojos se dirigieron hacia su figura. Él se había acercado a ella con grandes zancadas después que ella ganase el torneo, y la rodeó con el brazo diciendo a todo aquel que le interesara “esta es mi chica”. La había llenado con un sentimiento de posesión que nada ni nadie podría igualar.

Entonces él se fue. Y ella juró ante su tumba que no dejaría que nadie tocase su corazón de igual manera nunca más. Nunca.

Pero ahora, suavemente, gentilmente, alguien estaba arañando la puerta para eso. Alguien que era tan diferente de ella como nadie que hubiese conocido. Su mente le decía que estaba loca por permitir que sucediese. Su corazón le decía que estaba indefensa para prevenirlo. Su consciencia le recordaba aquella vez que.... estaba completamente sin límites.


***
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 20th 2012, 12:41 am

El viento azotaba a través de las persianas, sonando como huesos secos golpeándose entre sí. Dar asintió quedamente para sí misma, y esta vez, leyó el mail.

Kerry lo probó por última vez, entonces lo dio a su creación una mirada satisfecha. Había sido capaz de encontrar algunas tiras congeladas de pollo, camarones congelados, y dos paquetes de guisantes congelados, todo lo cual frió añadiendo especias cuyos sellos tuvo que romper. Entonces hizo una salsa con mantequilla de cacahuete, leche, un poco de azúcar, más especias, y algo de jengibre. Hizo al vapor una olla de arroz que alcanzó de la alacena, y encontró el escondrijo de vino de ciruela de Dar. “De acuerdo...”. Sacó dos platos, quitándoles el polvo de encima, entonces se dirigió hacia la puerta del estudio, y se asomó.

Dar estaba estudiando la pantalla, la luz proveniente de ella bañaba su morena complexión y hacía brillar sus pálidos ojos. Tras un momento, esos ojos se volvieron y se encontraron con los suyos, y una oscura ceja se arqueó de forma inquisitiva.

“¿Lista para cenar?”.

Obtuvo como respuesta una genuina sonrisa. “Huele interesante”. Dar se levantó y estiró, después rodeó el escritorio y siguió a Kerry hacía la cocina como un cachorrillo curioso. Miró la olla por encima del hombro de la mujer más pequeña, y aspiró apreciativamente. “Mm”.

Llevaron sus platos al salón, y en vez de usar la mesa grande, se acomodaron en el sofá frente al televisor. Dar había encendido una vela y la puso en el centro de la mesa de café sólo por prevenir, y comieron ante la titilante luz en adición a la de la pantalla de la televisión que Dar había encendió.

Quickdraw McGraw acababa de ganar otra batalla, y ella se sonrojó ligeramente. “Um...”

Kerry rió ahogadamente. “No te preocupes por eso... a mí me gusta Space Ghost”. Observó como Dar cambiaba de emisoras hasta el Canal Meteorológico, y lo dejaba ahí sintonizado, mientras que avisos y otras informaciones pasaban a través de la pantalla. Lo miró por un momento, tomando una nota mental de llamar a Colleen y asegurarse de que la puerta de su apartamento estuviera fuertemente cerrada, después se volvió y vio a Dar mirando quedamente su plato, comiendo despacio y de forma ausente.

De acuerdo, estamos aquí encerradas, la una con la otra, por no sé cuanto tiempo. Algo la preocupa, y ella es una persona muy privada. Debería mantener mi nariz fuera de sus asuntos. ¿Verdad?. Verdad. Comió unos pocos bocados mas, entonces miró el perfil silencioso de Dar.

Y cedió a lo inevitable. “¿Quieres hablar de ello?”. Por alguna razón, se sintió confortable diciendo las palabras.

Dar se detuvo a medio masticar, y la miró a la cara, asustada. “¿Hablar de qué?”.
“¿Sobre lo que sea lo que te molesta?”. Replicó suavemente Kerry. “Mira, sé que no es nada de mi incumbencia, pero aquí estamos, y se escuchar muy bien”. Hizo una pausa, entonces continuó. “A veces es más fácil hablar con alguien que no conoces muy a fondo”.

Dar masticó despacio y tragó, considerando la oferta. Entonces tomó un respiro, y lo dejó escapar, sometiéndose quedamente y sin muchos remordimientos. “Actualmente si es de tu incumbencia”. Sentenció llanamente. “Yo... no estaré en el trabajo el martes... tendrás que atender la reunión de personal a las diez por mí”. Comió otro trozo de pollo. “He de ir al hospital. Me van a hacer un grupo de pruebas”. Lo consideró. “En el corazón”.

Kerry se quedó sin palabras. No esperaba esto en absoluto. “Bueno...”. Vaciló. “Sólo son unas pruebas. Quizás no encuentren nada, ya sabes ¿verdad?”.

“Sé lo que van a encontrar”. Replicó quedamente Dar. “Van a encontrar que tengo una... válvula con mal funcionamiento”. Siguió observándose las manos, las cuales estaban entrecruzadas. “Mi padre la tenía”. Agarró el tenedor y tomó otro bocado, exteriormente muy compuesta.

La rubia mujer tomó nota de eso. “Pueden hacer algo respecto a eso, ¿verdad? Sé que he oído algo sobre lo que han estado haciendo últimamente, es increíble”.

Dar presionó los labios y asintió en acuerdo. “Probablemente”.

Kerry la miró. “¿Cómo puedes estar tan calmada? Yo sería un manojo de nervios”.

Un suave encogimiento de hombros. “No hay nada que yo pueda hacer. Conduciré hasta allí el martes temprano... seguramente me haya de quedar a pasar la noche”.

“¿Dar?”.
“¿Mm?”.

“No quiero ir a esa reunión de personal”. Dijo Kerry. “Prefiero tomarme el día libre e ir allí contigo”.

Dar la miró con verdadera sorpresa. “¿Por qué?”.

“Nadie debería pasar por eso sólo”. Vino la queda respuesta. “Ni siquiera vice presidentes que secretamente son unos héroes”.

Con un farfullo, las luces se apagaron. Allí se quedaron mirándose la una a la otra bajo la pálida y dorada luz de la vela, que las pintaba con tonos ocres y negros.

Finalmente Dar bajó la vista hacia su plato. “Esta bien”. Accedió suavemente. “Es un largo día de esperar principalmente. Apreciaré a alguien inteligente con la que hablar”.

Kerry sintió una queda y satisfecha aceptación. “Eres bienvenida”. Volvió la atención a su plato, viendo que Dar hacía lo mismo, esta vez con mayor entusiasmo. “¿Qué tal está la cena ?”.

Una pausa, y la miraron un par de destelleantes ojos azules, casi castaños a la luz de la vela. “Esta genial... ¿No lo he dicho antes?”. Tomó un gran bocado de arroz. “¿Cómo has hecho esto con las cosas que había ahí? ¿Magia?”.

“Imaginación”. Sonrió Kerry, entonces se agachó cuando el edificio se estremeció. “Dar... ¿estamos a salvo aquí?”.
“¿Huh? Oh... seguro.. yo pasé el Huracán Andrés en este sitio”. Dar agitó su tenedor, su humor mejorando marcadamente. “Esto es sólo una pequeña tormenta tropical”.

Algo se estrelló contra las persianas, y Kerry saltó, con un pequeño grito. “¡Yow!”.


Dar rió suavemente. “Aquí... acércate a mi lado, ¿de acuerdo?”. Intercambiaron posiciones, quedándose Dar más cerca de la ventana. “¿Mejor?”.

Otro bang, y Kerry saltó de nuevo, esta vez justo encima de su alta compañera. “Perdón”. Murmuró, apartándose. “Odio las tormentas... una vez nos nevó por dos semanas enteras y yo...”. Dudó. “Simplemente no me gustan”. Finalizó torpemente.

Dar se reclinó, y golpeó a la pequeña mujer con un codo. “No te preocupes por eso”.

Kerry la miró, y tímidamente, la golpeó de vuelta. “Es fácil para ti decirlo”.

Se sonrieron la una a la otra, y volvieron la atención a sus platos. Dar estaba en lo cierto, realizó Kerry. Ciertamente el condo se estaba volviendo muy caluroso, demasiado rápido ahora que no había aire acondicionado. Al menos ella estaba empezando a sentirse caliente.

Después de haber terminado, Dar sugirió ir al estudio, donde había dejado las persianas apagadas en la ventana que daba al norte, una ventana pequeña, y podía abrirla para que entrase algo de aire al lugar. Puso una vela larga y con un leve aroma a canela en el escritorio, y se sentó tras él, mientras Kerry se acomodaba en el pequeño sofá pegado a la pared. Dar abrió la ventana, y una brisa fría y húmeda sopló dentro, agitando el oscuro cabello de su cabeza, y desordenando los papeles del escritorio.

Estaba muy silencioso, sólo se oía el aullar del viento y el agitar de las persianas, sobre el incesante oleaje de fuera.

“Supongo que fue mucho peor durante el Andrés, ¿no?”. Preguntó Kerry quedamente, doblando las piernas bajo ella y recostándose sobre el brazo del sofá.

Dar asintió. “Oh si... evacuaron la isla, pero alguno de nosotros nos quedamos... y algunos de seguridad... siempre nos dijeron lo robustos que eran estos lugares y... sorprendentemente era verdad. Tuvimos muy pocos destrozos... principalmente daños en las paredes de la costa, y algunos botes que se estrellaron contra el puerto por que sus dueños fueron lo bastante estúpidos o vagos como para no asegurarlos”.

“Mm”. Kerry apoyó la barbilla en su brazo. “¿Tienes un barco aquí?”.

“Si... de treinta y seis pies... nada mayor. Era de mi tía... de alguna manera venía incluido con este sitio”. Contestó la morena mujer, reclinándose en su silla y poniendo sus pies desnudos encima del escritorio. “Una vez cada cierto tiempo lo saco... sólo para pasear un poco rodeando los arrecifes artificiales, hacer algo de buceo poco profundo, ese tipo de cosas”.

Un leve asentimiento. “Me gusta ir en barco... solíamos ir en barcos de vela, los realmente grandes, en el Lago Michigan en los veranos... Aprendí a gobernar uno de carreras... eso fue muy divertido”. Consideró. “No se hace mucha natación, sin embargo... es un poco frío ahí arriba”. Miró hacía arriba. “¿Disfrutas con el buceo y esas cosas?”.

“Lo hago... y mucho, de hecho”. Replicó Dar, jugueteando con un lápiz que había en la mesa. “No es muy inteligente salir ahí fuera una sola, sin embargo, pero yo...” Vaciló. “No tengo mucho tiempo en estos días”.

Kerry lo absorbió todo, las palabras habladas y las no habladas. “Yo siempre he querido ver como era todo eso... solía ver los especiales de Jacques Cousteau todo el tiempo”.

Una rápida sonrisa apareció y desapareció por si misma en la cara de Dar. “Seguramente podamos arreglar eso”. Comentó sin pensarlo. “Es precioso ahí afuera, en un bonito y soleado día... cuando está calmado... la luz del sol se filtra a través del agua, y se pueden ver todo tipo de peces... en todos los colores”. Se reclinó hacia delante y abrió uno de los cajones del escritorio, sacando una carpeta y pasando las hojas que contenía... entonces se lo acercó a Kerry. “Aquí... míralo por ti misma”.

Kerry se levantó y se posó en el escritorio, acercando la carpeta hacia la vela para aprovechar la luz. Fue pasando lentamente las fotos, examinándolas con fascinación. La mayoría eran de formaciones de corales con formas fantásticas, con bancos de peces sobre ellos. Kerry deseó que fuera de día, de forma que pudiese ver mejor los colores, pero una de las fotos era de un pez enorme, liso y a rayas que parecía estar mirando directamente a la lente de la cámara. “Oh... guau...” Miró hacía la callada y observadora Dar. “¿Tomaste tu esta ?”.

“Mmhmm... la mayoría de ellas en el Parque John Pennekamp allí en las Keys... pero esta... y estas dos fueron en las Bermudas”. Dar puso la punta de un dedo en el pez rayado. “A él no le gustó que yo tomase esa foto... nada más tomarla, se me abalanzó a la cara y me golpeó con su cola”.

Kerry se acercó más a la luz, observando al pez. “Mm... apuesto a que eso debió doler”.

Una mano se alzó y gentilmente le echó hacia atrás el cabello. “Cuidado... no queremos que te quemes”. Replicó Dar. “No te imaginas la de papeles que tendría que rellenar”.

Se puso los arriesgados mechones tras una oreja y sonrió. “Yik... tienes razón”. Observó la siguiente fotografía, ésta una de Dar, en un bañador negro de una sola pieza, con un tanque de buceo en un codo y una gran langosta en la otra mano. “Madre mía... ¿cuanto pesó esa cosa?”.

Dar miró por encima de su brazo. “¿La langosta o yo?” Rió ahogadamente. “Diez libras... era enorme... el maldito bicho me arrastró a través de la mitad del arrecife antes de cansarse hasta que lo pude apresar”.

“Mm”. Kerry estudió la foto, una débil y curiosa sonrisa asomando a sus labios. “¿La tuviste para cenar?”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 21st 2012, 12:04 am

“Nah”. Le dijo alegremente la morena mujer. “Ese tamaño... bueno, superando las cuatro libras o así, el sabor empieza a disminuir... no, tomé la foto y después la dejé ir”.

“Oh... yo también hacía eso... cuando íbamos a pescar”. Admitió Kerry. “Estaba todo el mundo enfadado conmigo... pesqué ese enorme y bonito pez, mientras los chicos se peleaban con él durante una hora para finalmente alzarlo a borda, y después yo lo dejé ir”. Se demoró un momento más en la foto, y después pasó a la siguiente.

“¿Tienes una gran familia?”. Preguntó Dar gentilmente.

Kerry mantuvo su mirada en las fotos. “Oh... bueno, realmente no... mi madre y mi padre, por supuesto... tengo un hermano menor llamado Michael, que está en la Facultad de Derecho, y una hermana menor llamado Susan, la cual está casada, tiene un niño y otro de camino”.
“¿Cómo es tener hermanos?”.

Kerry sintió como se le encogía el pecho. “Es... bueno, supongo... siempre hay una competitividad...”. Miró a su lado. “¿Tu no tienes ninguno?”.

Dar meneó su cabeza. “No... siempre me pregunté como sería... pensé que sería bonito tener una hermana o algo”. Se detuvo, y probó con delicadeza. “Tu padre es un senador, ¿verdad?”.

La rubia cabeza se inclinó una vez. “Sí”.

Hmm. La curiosidad de Dar se disparó. “Eso debe ser un poco extraño... de algún modo u otro todo público, ¿no?”.

Los ojos de Kerry no se movieron de sus manos, agarrando superficialmente la carpeta. “Más o menos... sí”.

Se hizo el silencio. Dar se aclaró la garganta. “Tu... ¿deseas hablar de ello?”.

Ojos verdes se alzaron y se encontraron con los suyos, sorprendidos, y... un poco asustados. La titilante luz de la vela arrojó su sombra sobre la pared más alejada con tamaño amenazador, y estudió la cara de Dar por un momento interminable, antes de dejar caer la vista sobre el escritorio. “En realidad, no”.

Dar sintió un ligero remordimiento, pero se encogió de hombros quedamente. “De acuerdo”.

Kerry arrastró sus ojos de vuelta ante las palabras, su mandíbula trabajando un poco. “Yo... um... supongo que suena rudo... viniendo de alguien que te preguntó lo mismo hace sólo un rato, ¿no?”.

“Es tu vida”. Replicó Dar con suavidad. “Tienes el derecho de guardártelo para ti”.

Se hizo el silencio de nuevo, y duró más tiempo. Kerry cerró los ojos, y escuchó al viento azotando la costa, y a los árboles que se golpeaban contra la pared exterior. “Mis padres son muy... tienen unas expectativas muy altas sobre nosotros”. Se escabulló del escritorio y volvió al sofá, enrrollándose como una bola sobre un extremo del mismo. “Mi padre creé que es su trabajo... el que su familia sea el ejemplo perfecto de América”.

Dar se quedó callada, guardándose su opinión acerca tanto de la política como del padre de Kerry para ella misma. Recurrieron precipitadamente al senador más de una vez, y él trató corrientemente de desalojarlos de varios contratos gubernamentales en consideración a su propio beneficio, un competidor que era, como en toda probabilidad, beneficiado. “Eso es algo duro de enfrentar”. Dijo quedamente. “Pero seguramente él no tenga nada de lo que quejarse contigo”.

Una corta y amarga carcajada. “No estoy casada, ni descalza en la cocina con dos críos”. Kerry miró a la pared. “Tuve pretender que me especializaba en algo... ‘que concordase conmigo’ en el colegio... ni siquiera querían oír mencionar la palabra ‘carrera’ en absoluto”.

Hizo de golpe una realización. “Luego eso explica la doble especialidad en Inglés”. Comentó Dar suavemente.

Kerry la observó, sorprendida, entonces se rascó las sienes. “Olvidé que tenías mi resumen”. Le dedicó una pequeña sonrisa. “Si... en la época en que me gradué, era demasiado tarde para ellos para protestar, y yo obtuve mi título”. Tomó un respiro. “Tomé un trabajo a bajo nivel con Sperry... Dios, como odiaron eso... era una pelea casi todos los días... la única cosa que me salvó era que todavía Brian seguía yendo a la escuela”.

Sabiendo que Kerry había pasado algunos años en el campo IS, Dar estaba desconcertada. “¿Qué pasó?”.

Una sonrisa falsa y cínica atravesó el rostro de la joven mujer. “Bill Clinton fue lo que pasó. O... de forma más específica, Al Gore pasó”. Alzó la barbilla. “De repente, era ‘una precaución prudente’ tener a alguien de la familia que ‘conociera a esa gente ruda’ y que estuviera metida en el tema de la tecnología”.

“Ah”. Digirió Dar. “Y aún así te lo siguen poniendo difícil”. Preguntó al azar.
“Si”. Suspiró Kerry, apoyando su barbilla en el brazo.
“¿Quién es Brian?”.

Ojos verdes se alzaron mirando los suyos. “Mi denominado prometido”.

Las dos cejas de Dar se alzaron hasta la línea de su cabello, dando a la alta mujer un aspecto casi cómico de sorpresa. Tras un momento, acomodó su cara hacia una expresión más casual. “Yo... um... ¿que quieres decir con denominado?”.

Kerry suspiró. “Crecimos juntos... hemos sido amigos desde siempre, desde que íbamos de paseo prácticamente... realmente es un chico muy dulce, apuesto, recientemente graduado en la Escuela de Derecho... le gusto...”.

“¿Pero ?”.

“Pero... cuando le miro, es sólo una amigo”. Replicó Kerry tristemente.

“Ah... ¿no provoca golpeteos en el corazón?”. Bromeó Dar gentilmente. “No... sientes que te sumerges en sus ojos... ¿ese tipo de cosas?”.

Kerry la miró silenciosamente durante unos pocos latidos del corazón. “N... no”. Sentenció finalmente. “No... no es así con él... de... de ninguna manera”. Hizo una pausa. “¿Que quieres decir con, golpeteo?”.

Dar examinó sus dedos entrelazados. “Personalmente no lo sé...”. Alzó la mirada, con una mueca torcida. “Pero me han dicho que cuando conoces el amor verdadero, pasa algo parecido”. Rió ahogadamente por un corto tiempo. “Ya sabes... um... es como que tu cuerpo lo sabe, incluso antes que tu”.

“Mm... oh, si... cierto... he oído eso”. Kerry se colocó el pelo tras la oreja. “Dios... estabas en lo cierto... se esta volviendo realmente caliente este sitio, ¿verdad?”. Alzó su mirada, para encontrarse con unos ojos cegados mirándola, y una débil y casi desconcertada sonrisa en la cara de Dar. “Con lo que... esa es mi historia supongo... mis padres no dejan de ponérmelo difícil viviendo aquí... piensan que es decadente e inmoral”. Suspiró. “Cuando voy a casa por Navidad, todo lo que oigo son planes para la boda, y donde viviré, y...”.

Dar se levantó y rodeó el escritorio, entonces se agachó a su lado, sus facciones prácticamente en las sombras ya que su cuerpo bloqueaba la luz de la vela. “No tienes por que hacer lo que ellos quieran, lo sabes, ¿verdad?”.

Los ojos de Kerry contenían una queda y apagada pena. “Es fácil para ti decirlo”. Apoyó su mejilla sobre su ante brazo. “Tengo una responsabilidad con mi familia”.

Dar se sentó y se reclinó en el sofá, mirando más allá de su joven acompañante. “Yo solía creer eso también”. Murmuró. “Después que mi padre muriera, pensé que mi responsabilidad era hacerme cargo y cuidar de mi madre... yo iba a ... dejar este trabajo... trasladarme a Richmond...”.

Kerry observó la oscura y pulcra cabeza a pulgadas de su cara. Casi hipnóticamente, vio como sus dedos la alcanzaban y se enredaban en un mechón suelto. “¿Por qué no lo hiciste?”. Preguntó suavemente.
“Me dijo que no tenía nada que hacer conmigo”. La voz de Dar era queda, a pesar de todo. “Yo la recordaba demasiado lo que había perdido”. Giró la cabeza, sintiendo un débil tirón en su cabello y miró a Kerry. “Entonces es cuando me di cuenta que la única persona de la que soy responsable es de mi misma”. Atrapó los ojos de la joven mujer. “Sigue a tu corazón Kerry... no vivas por los sueños de alguien más”.

Era lo más cerca que habían llegado nunca entre sí, un par de pulgadas separándolas, tan cerca que estaban respirando el mismo aire. Tan cerca que Kerry podía ver la leve y casi invisible cicatriz justo encima del ojo derecho de Dar, y la claridad cristalina, incluso en la poca luz, de sus iris azul pálido. Se hizo consciente de un sonido, que solamente después realizó era el latido de su propio corazón, martilleando en sus oídos. “Yo... trataré... de tener eso en mente”. Tartamudeó.

Dar dirigió su mirada hacia la puerta, y rompió la tensión. “¿Puedo ofrecerte algo más de esa cosa de cacahuete?”.

Kerry tragó un par de veces. “Um... seguro... fueron platos pequeños”.

Intercambiaron miradas torcidas, entonces rieron con un leve velo de alivio.

Dar asomó su cabeza por la ventana, estudiando el cada vez peor temporal. Los árboles de fuera estaban prácticamente obstaculizados por la lluvia, y el viento estaba arrancándoles algunas ramas, golpeando las hojas contra el edificio dejando oscuras huellas verdes sobre la superficie de la pared.

Una húmeda y fría brisa agitó su cabello hacia atrás y orientó su cara hacia ella para conseguir un poco de alivio. Había abierto una ventana en el lado opuesto del apartamento para conseguir algún tipo de corriente, pero aun así el interior seguía estando muy caliente, y tomar esa comida picante no ayudaba en absoluto. Dar miró hacia atrás donde Kerry estaba tumbada en el suelo con las manos cruzadas sobre su delgada cintura y con los ojos cerrados. Incluso desde donde se encontraba, a la titilante luz de la vela, Dar podía ver la capa de sudor en la cara de la joven mujer y sintió una punzada de simpatía cuando una gota se escurrió de su propia sien.

Era bien pasada la media noche, pero dormir era casi imposible, al menos para Dar que estaba acostumbrada a su habitación equipada con la paz del aire acondicionado y la cama de agua. Disfrutaba de sus comodidades, y no le importaba admitirlo... estar en terreno áspero fuera de casa con los insectos y las serpientes no era su idea de pasar un buen rato. Con un suspiro apoyó su barbilla en la repisa de la ventana, y se acomodó al suave velo de agua que mojaba su piel.

En silencio, estaba contenta de que Kerry estuviera ahí. La presencia de la joven mujer la distraía, y evitaba que su mente pensará en sus propios problemas. También empezaba a sentirse a gusto con ella, una lenta e insidiosa relajación de su normalmente duro y espinoso caparazón exterior que sólo con la mitad de su empeño trataba de detener.

“¿Algo interesante ahí fuera?”. Flotó suavemente la voz de Kerry.
“Lluvia y viento”. Replicó Dar en un murmullo. “Está un poquito más fresco”. Una calidez a su espalda, e instintivamente, se movió ligeramente para dejarle sitio a Kerry que vino a su lado, asomando su nariz a la oscuridad. “¿Ves?”.

Kerry se impulsó y asomó, agitando su rubia cabeza según la lluvia la mojaba. “Mm... Dios, no puedes ver absolutamente nada... ni siquiera las luces de la cuidad”.

Se inclinó un poco más hacia fuera, y de repente sintió una cálida presión sobre su espalda mientras Dar unía su mano hacia afuera para asegurarse que no se cayera. A pesar de su estado sobre calentado, la hacía sentir bien, una sensación reconfortante de seguridad que la hizo atreverse lo suficiente para asomarse un poco más, para comprobar lo que podía llegar a ver.

“Ey... cuidado”. Avisó Dar, acercándose un poco más por si acaso. Kerry tenía ahora la cabeza completamente fuera en la lluvia, y estaba observando los alrededores con interés. El viento estaba empujando su mojado cabello hacia atrás y por un momento, se pareció en gran medida a un cocker spaniel disfrutando de un paseo en coche.

“Guau... Dar, ¡mira a esas palmeras!”. Kerry levantó una mano y señaló, entonces se agarró al travesaño de nuevo. “¡Casi se doblan de un lado al otro!”.

“Eres tu la que casi se va al otro lado”. Protestó Dar, pegando su brazo alrededor de la cintura de la pequeña mujer para mayor seguridad, y reclinándose sobre un codo. “Oh... si, las veo... hey...¡vigila !”. Se echó hacia atrás, arrastrando a Kerry consigo al tiempo que un cocotero se golpeaba con la repisa de la ventana, dejando un arañazo marrón. Podía sentir la risa a través de su brazo tenso, y libero a su acompañante con un ligero bufido. “¡Podías haberte golpeado en la cabeza Kerry!”.

“Que gran historia hubiera sido esa...”. Rió Kerry. “¿Te lo imaginas?. Aparecería el lunes con un bendaje en la cabeza... y tendría que decirle a todo el mundo que me di de bruces con un cocotero zumbante y volador en tu ventana?”.

Dar se rió instintivamente. “Eso sería un poquito difícil de explicar”. Admitió. “Ya va a ser bastante difícil recuperarse de esta rara tormenta - Mark se ha pasado seis horas solamente para justificar lo imprevisto, por no mencionar la transferencia de operaciones a Charlotte”.

Kerry se sacudió rápidamente, cubriendo enteramente de gotas de agua tanto a Dar como a la alfombra. “Oh..”. Levantó una mano para cubrirse la boca con vergüenza. “Lo siento Dar”.

La mujer mayor empezó a reírse. “Eres más divertida que un cachorrillo, ¿lo sabias?”. Agitó la cabeza y se dirigió a un armario justo al lado del estudio, volviendo con toalla esponjosa de color azul claro que le ofreció. “Toma...”.

La toalla era suave, y olía a limpio y fresco. Kerry se cubrió la cara con ella, y se secó con muda satisfacción. Entonces miró a Dar, a través de su flequillo y con los ojos brillantes. “Más divertida que un cachorrillo, ¿no?”. Definitivamente había, estaba lo suficientemente alerta como para reconocerlo, algo de química entre ellas. Un sentimiento dinámico de transferencia que era mitad juego y mitad algo más profundo, y más serio.

Dar era su jefa. Sabía que no podía olvidar eso. Pero también sabía que la alta y morena mujer comenzaba a ser su amiga, y no tenía ninguna intención de detener eso. Dar era tan interesante... tan... un reto demasiado complejo como para dejarlo pasar. Quería saber más sobre ella, saber por qué ella hacía lo que hacía... tanta gente era tan trivial, tan fácil para Kerry leerlos que eran casi aburridas. Dar...
La fascinaba. Sentía la emoción de la aventura con sólo estar a su alrededor.

A Kerry eso le gustaba. Así como adoraba los buques costeros agitándose en las olas, y los botes de carreras, y tirarse hacia abajo en la montaña esquiando. Alzó la mirada hacia Dar a través de su flequillo e hizo una mueca.
Entonces ladró como un perro.

Dar sólo rió y se cubrió los ojos con una mano. “Creo que este tiempo está sacando a la luz un parte inesperada de ti”. Agarró la vela y dirigió a Kerry hacia la puerta. “Vamos... no tiene sentido que dejemos que un perfecto helado de medio galón se derrita”.

“¿Helado?”. Kerry terminó de secarse y se puso la toalla alrededor del cuello mientras seguía a Dar hacia el oscuro salón. “Déjame adivinar... ¿Es otro de tus grupos alimentarios básicos?”. Se introdujo en la cocina, siguiendo la vela y se detuvo justo a tiempo de chocarse con su acompañante. Dar había abierto la quieta y pulcra nevera, y sacó algo fuera de ella con una ola de aire helado a la vez. “Ooo... ¿no podríamos meternos ahí simplemente?”.

“No”. Dar cerró la puerta, y se acercó a un cajón cercano sacando dos cucharas. “Toma... sostén esto”. Acercó la vela a Kerry y le dio un empujoncito en dirección al estudio. “Expresso chip... es genial”.

Pusieron el contenedor en el suelo, y se sentaron en la alfombra frente a frente, armadas con sus cucharas. Dar tomó la primera cucharada y la chupó alegremente.

Kerry puso un poquito en su cuchara, y lo saboreó, entonces hizo una mueca. “Oo”.
Compartieron en silencio por unos momentos, entonces Kerry suspiró levemente, reposando los codos en sus rodillas. “Así que... um... la foto de ahí... ¿es algún tipo de karate lo que estabas haciendo?”.

“Tae Kwan do”. Replicó Dar llanamente. “Si..”.

“Mm... ¿lo haces aun?”. Ojos verdes la estudiaron con curiosidad.

Dar tomó otra cucharada antes de contestar. “Si... además de otras cosas... he intentado otras disciplinas diferentes... principalmente me quedo con esa, con un poco de judo, y jujitsu todo mezclado”. Rió ahogadamente. “Están pasadas de moda... y no son la tendencia... pero me gustan las tradiciones”.

“Debe requerir un montón de práctica... mi hermano estuvo relacionado con eso durante dos años. Llegó a ser...”. Kerry pensó. “Cinturón marrón, pero lo dejó durante un año, y luego intentó volver... pero no funcionó”.

“Casi todas las noches, me encuentro con un entrenador en el gimnasio de la isla”. Explicó Dar. “Trabajamos alrededor de dos horas... depende de lo que sea cada día”. Una débil sonrisa asomó a sus labios. “A veces estoy más en el humor de los temas duros”.

“Oh... ya lo capto... aliviador de estress”. Kerry tomó una cucharada de gustosa crema. “Eso parece una buena idea”.

Dar asintió. “Si... lo es... dejo escapar mis frustraciones y no es tan tentador ir a la mesa de alguien en esas malditas reuniones”. Estudió a Kerry quedamente. “También ayuda a aclarar la mente... y es útil en lugares como Miami”. Guiñó los ojos con gravedad. “Deberías pensarte en asistir a alguna clase para sacarte el cuello de problemas”.

Kerry lamió su cuchara. “Quise, cuando era más joven. Cuando Mike estaba tomando sus clases... rogué y rogué... pero ni modo que me dejaran”. Consideró. “Creo que hubiera sido mejor que él también... es más bajito que yo, y es realmente torpe”. Alzó los ojos hacia Dar. “Es un poco tarde para mí el empezar con eso... ando un montón, patino... ese tipo de cosas. Solía hacer aerobic, pero me aburría con ello”.

“¿No era lo suficientemente arriesgado?”. Inquirió Dar inocentemente.

“Oh si... algo como eso”. Admitió Kerry.

Caballos, agua... ah. “Bueno... probablemente no hayas tenido ocasión de ojear completamente la página de descuentos todavía... pero tenemos beneficios de socios en el nuevo gimnasio justo en frente de la oficina... había pensado en hacer uso de él... tienen una buena pared de escalada dentro, y una buena selección de clases... si quieres, puedo enseñarte lo básico, sólo para ver si te interesa continuar”. Comentó casualmente Dar, entonces se detuvo, y miró, sin ver, hacia la vela. “Una vez que sepa lo que pase el martes, claro”.

Kerry captó el cambio de humor y siguió a sus instintos dejando la cuchara y alargando la mano para entrelazar sus dedos sobre la mano de Dar. “Todo va a salir bien... realmente lo creo Dar. Y me encantaría aprender de ti”.

Dar sintió como una queda paz la sobrevenía y asintió. “De acuerdo... entonces empezaremos el Miércoles, ¿vale?”. ¿Cuanta diferencia podía haber si se confirmaban sus temores de todas formas?. Había vivido con la posibilidad durante años, y tomó la decisión de que fueran cuales fueran los resultados, no cambiaría su manera de vivir la vida.

Eso es lo que su padre había escogido. Y eso era lo que al final lo mató, pero era un tipo de muerte que ella sabía en su corazón que él deseaba. Una muerte noble, al servicio de su país.

Él sólo había olvidado lo malditamente difícil que sería para todos los demás.

Bueno, ella no tenía que preocuparse por eso. Nadie dependía de ella, no era responsable de nadie excepto de ella misma. “Vamos... esto se esta derritiendo”.

Kerry se obligó, entonces ayudó a Dar a arrastrar un par de sábanas para tumbarse en el suelo, que era lo más fresco, y se acomodaron para tratar de dormir. La gruesa vela, a salvo en su plato, las cubría de doradas llamas con su luz, y se sentó quedamente, despierta y pensando después que Dar cayera en un incómodo sueño.

Observando un perfil ya no extraño para ella definido a la luz de la vela.
Se encontraba en un bosque fresco y espeso, consciente del roce de la hierba sobre sus muslos desnudos, y miró hacia un bello lago cuya superficie se veía azotada por suaves olas. Era la mitad de la tarde, porque el sol estaba desapareciendo por el oeste, y se asomaba a través de las hojas, arrojando un sendero de luz y sombra sobre sus piernas extendidas.

Se sintió vaga, relajada y sibliminalmente consciente de la calidez del cuerpo en el que se estaba reclinando, cuyos brazos estaban rodeándola y abrigándola de forma protectora. Echó hacia atrás la cabeza, tomó un guijarro y lo lanzó al lago escuchando una gentil y baja risa que se agitó a través de su cuerpo.

Aspiró una bocanada de aire con el aroma fuerte y picante del musgo, y el lago, y la tierra que las rodeaba, y cerró los ojos en perfecta armonía. Consciente de ser feliz, estar relajada, y rodeada de amor.

Kerry se despertó con una sacudida, quedándose el aire en su garganta a la vez que abandonaba su sueño y volvía al presente, su cabeza palpitando mientras que la pálida luz se filtraba en la habitación revelando la forma todavía durmiente de Dar a un brazo de distancia de ella. Con una suave boqueada, se dejó caer de nuevo sobre la almohada, doblando su brazo alrededor de la misma y apretándola como si eso le permitiese volver al mundo del sueño aunque sólo fuese por un momento.

Tan real. Casi podía oler el musgo de nuevo. Se giró sobre su espalda y se frotó los ojos, tratando de sacar ese sentimiento de maravillosa paz de su mente. Estaba lloviendo fuera, pero el aullante viento había cesado, o al menos se había apaciguado, sin embargo todavía no había vuelto la luz. Kerry se sentía pegajosa y agitada, y tomó una serie de respiraciones para calmarse. Entonces giró la cabeza a un lado, y se quedó helada, al encontrar ojos de color azul pálido devolviéndole la mirada. “¡Yahh!”.

Los azules ojos se agrandaron y Dar se esforzó para no dejar aparecer una mueca. “¿Que pasa... me ha crecido un cuerno por la noche o algo?”.

Kerry exhaló. “No... no... um...”. Levantó una mano. “Yo estaba... tuve este sueño, y salí de él de repente, y no estaba... bahhh... mi cerebro no está trabajando todavía”. Se puso el brazo sobre los ojos y los cerró.

Dar bostezó, entonces se estiró, estremeciéndose por la rigidez de dormir en el suelo. “La gente que dice que dormir en el suelo es sano está loca”. Comentó, levantándose y frotándose los ojos. Se paseó a través del oscuro salón y en la cocina, encendiendo la radio a pilas para escuchar las últimas noticias.

La tormenta se está disipando, lo que queda de ella se dirige hacia el Golfo de México. Mientras tanto, el sur de Florida despierta con medio millón de personas sin electricidad, y árboles derribados por todos lados.

“Yupii”. Comentó secamente Dar. Agarró la manivela manual bajo el fregadero y desbloqueó la puerta del patio, asomando la cabeza al incierto clima con un sorbetón. La lluvia estaba cesando, y el mar, aunque agitado, lamía los casquetes blancos que lo habían conmocionado el día anterior. Dar puso la manivela en su agarre, y alzó las persianas permitiendo a la luz entrar en el apartamento. Entonces volvió al interior, y abrió las puertas de cristal alineadas con aldabas de gruesa madera, dejando entrar la fresca brisa del mar. “Ah. Esto está mejor”. Salió al pórtico y apoyó las manos en la balconada, tomando un gran respiro del limpio aire, saboreando la sal en la lengua mientras lo hacía.

Estaba sorprendida de lo bien que se sentía dada la inconfortable noche, y se estiró de nuevo, sintiendo el placentero tirón de los músculos de su espalda al extender los brazos y cerrar sus puños.

Una mano tocó su codo y Kerry se asomó por debajo de su brazo, mirando curiosa al mar, su desordenado rubio cabello echado hacia atrás por la brisa. “Mm... esto da gusto”.

Dar acomodó sus codos en la barandilla y se inclinó sobre ellos. “Desde luego”. Miró alrededor. “Todavía no hay luz en un montón de lugares...”.

Kerry suspiró. “Mejor llamó a mi casa... a ver que está pasando”. Volvió al interior, y agarró uno de los dos teléfonos analógicos que Dar había conectado la noche anterior, marcando el número de Colleen de memoria. Había hablado brevemente con su amiga la otra noche, asegurándose de que su apartamento estaba a salvo. Colleen se había mofado de la tormenta, habiendo sufrido el huracán Andrés, y estaba a mitad de planear una fiesta de huracán cuando llamó Kerry.

Su paradero fue recibido con un silencio conocedor, eso le provocó punzadas a todo lo largo de la espalda, pero realmente no había tenido tiempo para pensar mucho en eso. El teléfono fue contestado al tercer timbrazo.

“¿Hola?”.

“Hey Col... ¿Cómo está todo?”.

“Ahh... es la misteriosamente desaparecida señorita Stuart...”. Contestó Colleen afectadamente. “¿Cómo están las cosas a ese lado de las huellas, eh?”.

Kerry hizo girar sus ojos. “Colleen... por el amor de Dios...”.

La pelirroja se rió. “Todo está bien y empaquetado, amiga mía... los árboles se han caído, y algunos postes de la luz... no tenemos electricidad, y se está inconfortable como en el infierno, pero estamos todos fuera, y tenemos una pequeña parrilla montada. No está muy mal... podemos meternos en los coches si estamos en peligro de sobrecalentamiento”. Hizo una pausa. “¿Que tal lo llevas tu?” .

“Oh... bueno, más o menos igual”. Le dijo Kerry. “Tampoco hay luz aquí... tenemos las puertas y ventanas abiertas... fue bastante malo anoche pero... no parece que haya muchos daños, excepto por algunas ramas que se han caído... y...”. Amoldó sus ojos para mirar hacia fuera. “Creo que un bote ha encallado en la punta este de la isla”.

“Mmhm... debió ser... caliente, pegajoso e inconfortable anoche, ¿no?”. La voz de Colleen contenía un toque de jovialidad.

“Lo fue... pero abrimos una ventana en la zona protegida del apartamento”. Contestó a la pregunta Kerry en primera instancia. “Y comimos helado con lo que...”. Se rió suavemente. “Todo resultó bien al final... me acabo de despertar”. Alzó la mirada cuando el sol apareció débilmente, bañando los hombros de Dar con luz pálida. “El sol está saliendo”.

“¿Está brillando en algo interesante?”. Preguntó Colleen maliciosamente.

Kerry miró al aparato, sus cejas contrayéndose. “¿Estás bien?”. Miró hacia afuera. “Está brillando sobre el océano, y sobre un par de barcos que yo pueda ver... y en el patio... ¿por qué?”.

La pelirroja rió suavemente. “No importa Kerry... ¿vas a pasar más tiempo allí todavía?”.

“Um... probablemente... creo que necesitan la electricidad para mover las rampas para salir o entrar al ferry”.

“Oh... cierto..”. Coincidió amablemente Colleen. “Bueno, tu casa ha sobrevivido bien... no hemos sido inundados ni nada por el estilo, con lo que todos estaremos aquí cuando te des una vuelta por casa”.

Kerry sonrió. “Eso es estupendo de escuchar... Me alegro que todo estuviera bien”. Vio como Dar se volvía y se reclinaba sobre un brazo, devolviéndole la mirada desde fuera. “Yo... um... hablo contigo un poco más tarde, ¿de acuerdo?”. Colgó y se dirigió a la puerta, asomándose y guiñando. “Bueno, todo esta bien por mi casa”. Todavía llevaba consigo el teléfono, y se lo entregó a la mujer mayor cuando fue a agarrarlo.

“Debemos averiguar también cual es el pronóstico para la electricidad”. Explicó Dar, marcando rápidamente. “Entonces supongo que mejor chequeo que todo está en su sitio en la oficina”.

Kerry asintió. “Um...”. Se mordió el labio con una mueca. “¿Quieres que te prepare unos copos de maíz azucarados?”. Sus ojos resplandecieron traviesos. “Supongo que eso sería mejor que tener helado para desayunar... sin embargo...”. Se aclaró la garganta. “No por mucho”.

Dar le dedicó una mirada mientras escuchaba algo en el teléfono, entonces lo colgó. “Seguramente la electricidad vuelva después de la hora de comer... y tienen un generador en marcha en el club de la playa, así que bajaremos hasta allí de forma que no tenga que recibir un rapapolvo por mi elección de cereales en el desayuno”. Hizo una pausa y golpeó el teléfono con sus dedos, entonces se giró y observó el mar calmado. “De hecho... ¿Estas con humor de dar una vuelta?”.

“¿Una vuelta?”. La rubia mujer siguió su mirada. “Oh... quieres decir, ¿en el barco?”. Dejó escapar un suspiro. “Me encantaría... pero no estoy exactamente vestida para ello”.

“Oh”. Dar hizo una mueca. “Podemos arreglarlo”.

“¿Podemos?”. Inquirió Kerry. “Bueno... vale... seguro... me gustaría... ya que estamos aquí atrapadas y se estará más fresquito ahí fuera, supongo”.

Media hora después estaban, de entre todas las cosas, en un carrito de golf con el número del apartamento de Dar en él, evadiendo ramas caídas en la carretera que rodeaba la isla. Otros carros estaban fuera, unos con turistas y otros con material de la isla, los primeros conduciendo despacio y señalando, los segundos eliminando los obstáculos del camino.

Kerry se reclinó en su asiento y disfruto del paseo a la vez que pasaban los grupos de apartamentos y rodeaban una larga estructura, circulando entonces por el paseo marítimo y terminando en una agrupación de tiendas donde era evidente el rugir de un generador.

Saltó hacía afuera y siguió a su alta compañera, la cual señalaba a las puertas según pasaban por al lado de ellas. “Tienda de vídeos, librería, tienda de comida sana, supermercado de la isla... ah.. aquí llegamos”. Abrió la puerta de una pequeña tienda que contenía varias prendas casuales y de playa. “¿Crees que podrás encontrar algo aquí dentro?”. Inquirió Dar.

Kerry se dirigió en línea recta hacia un estante que contenía bañadores de una pieza Speedos en ricos y atrevidos colores. “Oh si”. Hizo una mueca, chequeando las tallas y seleccionando uno de color morado, después eligió unos pantalones cortos y un top color tierra enconjunto. Le acercó su tarjeta de crédito al dependiente, sorprendida cuando él solamente la estampó en su verificación, dándosela de vuelta junto con un bolígrafo para que firmase. “Gracias”. Le sonrió, recibiendo una tímida sonrisa de vuelta. Tomó su paquete y siguió a Dar hacia el exterior, alcanzándola cuando llegaban a la puerta del supermercado. “Dar... no ha chequeado mi tarjeta de crédito”.

“No”. Dar la miró de lado. “No es... bueno, déjame explicártelo de esta manera Kerry... en esta isla... si te puedes permitir vivir aquí, es que eres multibillonaria. No te preocupas por pequeñeces como trajes de baño” . Mantuvo abierta la puerta de la pequeña tienda de ultramarinos. “Además... la única manera por la que puedes entrar en la isla es con un residente... lo cual él sabe que yo soy... y se figura que si algo sale mal, yo me haría cargo”. Hizo una pausa. “Lo cual, por supuesto, haría”.

Kerry se detuvo en seco. “No tienes que preocuparte por eso”.

Tiernos ojos azules la miraron. “No lo hacía”. Replicó quedamente. “Tomemos un par de cosas para llevar en el barco con nosotras... podemos pasar la tarde también”.

Caminaron hacia la salida con una bonita cesta pequeña que contenía, descubrió Dar, un juego de platos y cubiertos, y era lo suficientemente grande para contener varios sandwiches y varios entremeses salados. Abrió de golpe su teléfono celular y marcó, teniendo a Mark Polenti al habla al segundo timbrazo. “Ey”.

“Ey”. Replicó Mark sobre el débil sonido de golpeteó sobre el teclado. “Todo ha sobrevivido... sin problemas... sólo que no hay electricidad... va a ser arrollador como el infierno esto el lunes”.

“Bien”. Murmuró Dar.

“¿Te gusta que sea arrollador?” . Contestó Mark confuso.

“No... quiero decir, bien todo ha sobrevivido”. Explicó Dar. “¿Todo lo procesado estará cambiado a tiempo?”.
“Si... excepto el Banco de Nueva Zelanda... fui y pateé sus procesadores encendiendo el generador y ahora están funcionando”. Murmuró el jefe de MIS. “Estoy en conexión con ellos, administrándolos vía remoto... tenían transferencia de nóminas ayer, y de acuerdo con ellos, si no pagas a esos tipos se vuelven realmente desagradables”.

Dar sonrió. “Buen trabajo Mark... gracias por encargarte de eso por mí”.

“Mmph”. Mark se aclaró la garganta. “Oí que no te encontrabas muy bien... ¿estas bien?”.

Una débil sonrisa atravesó el rostro de la morena mujer. “Si... estoy bien... sólo tenía un endemoniado dolor de cabeza... seguramente a causa del tiempo”. Hizo una pausa. “La pobre Kerry se ofreció para traerme a casa, entonces se quedó atrapada cuando azotó el mal tiempo”.

“Um... eso explica su conexión en tu terminal supongo”. Comentó Mark. “Y el por que su coche sigue aun en el aparcamiento... lo hemos movido, junto con otra media docena bajo el área cubierta a la vuelta”.

“Gracias... estoy segura de que se alegrará al oírlo”. Rió Dar. “Bueno, te dejo... tendré conectado el celular por si me necesitas”. Colgó y dirigió en línea recta al carrito a través del paseo marítimo. “¿Qué tal si te dejo a ti y todo esto aquí, entonces agarro unos bollos o algo por el estilo para desayunar?”. Sugirió. “Se hicieron cargo de tu coche en la oficina, por otro lado”.

Kerry asintió. “Lo se... hablé con Andreas en seguridad anoche... eso fue muy agradable por su parte”. Saltó hacia fuera mientras Dar frenaba el carrito hasta detenerlo en un embarcadero particular, el cual tenía un barco bien proporcionado amarrado. “¿Es este?”.

Dar asintió. “Sipe... este...”. Le dio a Kerry un juego de llaves. “La cabina debe estar provista de toallas y todo eso... y la rellené de gas la semana pasada”.

“Genial”. Una sonrisa gentil. “Gracias por intentar mantenerme entretenida Dar... sabes que no tienes porque... no te culpo por quedarme aquí atrapada”.

Ojos azules la miraron enigmáticamente. “Lo sé... pero no tenemos nada mejor que hacer con lo que...”. Se balanceó y se alejó del embarcadero, dejando a Kerry hacer cuidadosamente su camino hacia la gentilmente balanceante cubierta del barco.

“Surtido, dice”. Kerry rió ahogadamente, a la vez que exploraba la aseada cabina del crucero. Tenía un pequeño cuarto de baño con una ducha de agua salada, y una minúscula habitación con una cama lo suficientemente grande, quizás, para dos personas.
Sospechó, sin embargo, que probablemente Dar tendría problemas con la longitud. El interior era de cálida madera pulimentada, con cortinas azules y verdes que cubrían las portillas al igual que la ropa de cama. Esta era... paseó los dedos sobre la tela.
Le gustaba. Se estaba confortable aquí, y se movió junto con el balanceo del barco una vez adquirió la experiencia. “Bueno, a la siguiente área... la cocina”. Dejó su mochila en el suelo, y se introdujo en la pequeña galería la cual tenía una pequeña y compacta nevera. La abrió, sorprendida al sentir un frío residual, entonces se figuró que el barco debió de estar conectado a un dique de electricidad. Puso la comida en su interior y cerró la puerta, confiando en que se mantendría lo suficientemente frío hasta que Dar encendiese los motores.

A un lado estaba un microondas junto con un fregadero con suministros tanto de agua salada como un limitado tanque de agua fresca en línea. De una alacena colgaban ollas y dos sartenes, y tazas irrompibles que estaban clavadas en su sitio y se balanceaban suavemente con el movimiento del barco. “Esto es realmente estupendo”. Comentó para si misma, girando sobre si observando todo a su alrededor.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 22nd 2012, 8:12 am

Fuera de la galería había un compacto espacio para sentarse, con una mesa de madera rodeada de dos bancos de contrapeso en dos esquinas. Una silla de aspecto mullido y confortable estaba atornillada a lo largo de la zona despejada de la mesa, y en unos gabinetes impermeabilizados cerrados arriba había una televisión y un estéreo.

Kerry hizo una mueca, entonces se dirigió hacia la habitación y se cambió a su traje de baño, chequeando su reflejo en el espejo y poniendo un pequeño ceño. Entonces se puso los pantalones cortos y el top por encima, y dobló sus bermudas y camiseta prestadas metiéndolas en un cajón antes de trepar las escaleras y aparecer en cubierta.

Tenía dos niveles, uno donde estaba el puente y los controles, y el más bajo donde había gruesos asientos con cojines a lo largo del barco y en la popa. Alzó uno y encontró equipos de seguridad, aparatos flotadores, bengalas, flotadores salvavidas... y en el otro encontró dos equipos completos de buceo incluyendo dos tanques enganchados con clips al fondo. “Y nunca usas esto”. Reprendió a su ausente jefa. “Dar, ¿que vamos a hacer contigo?”. Se sentó en uno de los cojines por un momento, y simplemente agitó la cabeza. “Chico... si yo tuviera un sitio como este... y un barco... estaría...”. Se imaginó a sus amigos a bordo, y las buenas fiestas que podrían tener.

Entonces se detuvo y consideró las palabras de Dar en la tarde previa. “No es muy inteligente salir ahí fuera sola, pero yo... no tengo mucho tiempo, en estos días”.

¿No tienes tiempo?. ¿O es que todas estas bonitas cosas son completamente inservibles si no tienes nadie con quien compartirlas?. “Vamos Dar... con tus miradas... no me digas que no puedes atrapar y conservar un novio”. Murmuró. “Deben estar completamente idos si no quieren pasar el tiempo contigo”.

Balanceó un poco sus pies, golpeando los talones contra la fibra de vidrio. Pensando.
El suave ronroneo del carrito de golf aproximándose la sacó de su ensimismamiento y se giró para ver a Dar aparcando el pequeño vehículo en el pequeño espacio diseñado para eso cerca del amarre del barco. Traía un par de bolsas, y saltó a cubierta con negligente gracia, dejándose caer en el nivel más bajo con una risotada. “Están haciendo un negocio del demonio...”. Dejó las bolsas en el suelo. “¿Está todo bien?”.

“Esto es genial”. Sentenció Kerry, notando que su compañera había ido de vuelta al apartamento para ponerse un traje de baño que llevaba bajo una larga camiseta. “Esto es como la habitación de un hotel flotante”.

Dar bufó suavemente. “Si... La tía May tenía gustos caros... me tomó un poco acostumbrarme. Me inclinaba más por un bote de quince pies de eslora con una cubierta sencilla al fondo y una silla como amenidad”.

Kerry hizo una mueca. “Pero al final te acostumbraste”.

La alta mujer rió auto despectivamente. “O sí... según me hago mayor, voy generando una desagradable tendencia hacia ser una criatura a la que le gusta lo confortable”. Caminó a lo largo del perímetro del barco, repartiendo los papeles. “Agárrate ahora”.

Kerry rió. “Aprendí como manejar a la tripulación en un yate de carreras a treinta nudos... gracias”. Se reclinó hacia atrás sobre sus manos y se empapó con la luz del sol. “Te sacudes en uno de esos, recuérdalo”.

Dar se sentó frente a los controles, y encendió los motores, ajustando las palancas hasta que escuchó un tenue sonido. Entonces expertamente sacó al barco del embarcadero, haciendo girar los motores y ajustándolos a una velocidad superando por poco el movimiento sin fuerza para salir del paseo marítimo.

La brisa se hizo más fuerte nada más pasar la última boya, y Dar dirigió la proa hacia el sudeste, elevándose suavemente sobre las aun revueltas olas hacía el brumoso horizonte. Kerry se puso junto a ella, disfrutando del aire salado, del sol y del fresco chorro de agua que las salpicaba cada vez que el barco golpeaba las olas. “Guau, se está bien aquí arriba”. Murmuró.

Dar cerró los ojos brevemente y tomó una bocanada del aire, dejando que los recuerdos la rodeasen por un doloroso momento. “Si, es cierto”. Dijo finalmente de forma queda, tragando a través de un nudo en la garganta.

Anclaron en una de las pequeñas islas que rodeaban la costa, y sintieron como el barco se paraba con un suave ronroneo. Con los motores apagados, se escuchaba el sonido rítmico de las olas así como el gentil golpeteo de los aparejos del barco. El sol estaba completamente fuera, y solo unas elevadas y delicadas nubes disturbaban el azul perfecto del cielo.

“Voy a nadar un rato”. Comentó Dar, sacándose la camiseta y doblándola sobre la consola. “¿Vienes?”.

Kerry paseó hasta la barandilla y se asomó por ella. El agua era de un rico color verde - azulado, y olía a sal y a misterio. “Depende... ¿hay tiburones ahí abajo?”. Miró sobre su hombro a la alta mujer, que estaba reclinada de forma casual sobre la curva de la puerta que daba a la cabina.

Dar, decidió Kerry, se veía realmente bien en bañador. Tenía la complexión de uno de esos altos nadadores, con la suficiente grasa cubriéndole los músculos de forma que no tuviera aspecto de culturista ni nada por el estilo. Sólo... fuerte y sólida. “El lago no tenía tiburones”. Explicó disculpándose.

Dar se rió. “Bueno... debe haber unos pocos, pero he estado en estas aguas desde que tenía cuatro años... y todavía no me han mordido”. Caminó hacia la barandilla y saltó sobre ella, entonces se sumergió en el agua limpiamente, saliendo de nuevo a la superficie varias yardas más allá del barco”.

Kerry la observó por un momento, mientras ella se sumergía de nuevo para después volver a aparecer y empezar a bracear ociosamente alrededor del barco. “Supongo que es un poco temprano para el desayuno de los tiburones, así que...”. Se encogió de hombros y se sacó la camiseta y las bermudas dejándolas dobladas sobre el cojín, colocándose en una posición más prudente de la popa antes de subirse a la barandilla de fibra de vidrio y lanzarse al agua.

“Oh”. Emergió en la superficie con un chapoteo. “Esta caliente”. Sumergió la cabeza en el agua y abrió los ojos, parpadeando ante la dolorosa sal. El sol penetraba el verde mar por unos cuantos palmos, definiendo olas de doradas partículas que desaparecían hacia las profundidades. Sin embargo sólo podía hacerlo por un momento, antes de que los ojos le picaran en exceso, y salió a la superficie. “Whoa”.

Dar estaba allí, chorreando agua, su oscuro y mojado cabello pegado hacia atrás. Le dio una máscara con una mueca indulgente. “Toma... esto va mejor”.

“Gracias”. Se ajustó las gafas, teniendo un poco de dificultad con el agua escurriéndose al mismo tiempo, entonces volvió a sumergir la cabeza observando las profundidades con interés. Un banco de pequeños peces nadaban bajo ella, pareciendo a todas luces como una bandada de pájaros, incluso en su misterioso modelo de división y unión. Kerry alzó la cabeza. “Guau... debe ser interesante ahí abajo”.

Dar se colgó de la cuerda del ancla e hizo un gesto. “Ahora mismo estamos a muy poca profundidad... sobre los treinta pies”. Explicó. “Hay un arrecife de coral que va a todo lo largo de la línea de la costa... así que... si nos metemos aquí abajo, veríamos todo tipo de peces”.

Kerry nadó hacia ella con eficientes brazadas y se agarró también a la cuerda. “Me estas poniendo celosa... ahora se que debía haberme sacado el título... traté de convencer a alguno de los chicos en Associated para hacerlo, pero todos estaban asustados. Sin embargo, apuesto a que puedo convencer a uno o dos de la gente de la oficina para acompañarme”.

Dar la estudió en silencio por un prolongado momento, entonces asintió levemente. “Espera aquí”. Se alzó y alcanzó la borda, aupándose fuera del agua y presionando su cuerpo sobre la barandilla.

Kerry parpadeó. “Guau... yo no podría hacer eso ni si quiera cuando hacía gimnasia seis veces por semana”. Murmuró impresionada. “Diablos, ni siquiera los chicos de los aros pueden hacer eso”.

Dar volvió y desenganchó una sección de la barandilla, poniéndola hacia atrás y sentándose en ella. “De acuerdo... podemos hacer una inmersión realmente rápida y corta con el material que tengo aquí”. Le acercó a Kerry un chaleco como prenda de vestir. “Póntelo”.

Kerry así lo hizo, abrochándolo alrededor de su cintura y apretando las correas para que se ajustase cómodamente. “Muy bien”. Sintió un hormigueo de excitación. “¿Que va después?”.

Dar le acercó un par de botines. “Ahora estos”. Esperó. “Vale, ahora pasa esto por encima de los botines y apretalos alrededor de los tobillos”. Le dio a Kerry un par de aletas.

“Eso es un poco... oh, vale... ya lo tengo”. Kerry asintió, mordiéndose ligeramente el labio al concentrarse. El chaleco proporcionó algo de estabilidad afortunadamente, y tras un momento alzó la mirada. “Ya está”. Balanceó los pies, sintiendo el poderoso impulso sobre el agua e hizo una mueca. “Oh... esto se siente bien”.

Dar le acercó un tubo para respirar. “Pon esto a través del aro en la máscara... si, así está bien... ahora date la vuelta y agárrate al cable del ancla”.

Kerry lo hizo, mirando hacia el horizonte. Sintió el chapoteo al entrar Dar en el agua tras ella, entonces experimentó un momento de empujones mientras algo era adjuntado a su espalda. Inmediatamente sintió la diferencia de peso. “Oh... ¿eso es el tanque?”.

“Sip”. De repente la mano de Dar apareció al lado de su oreja, sosteniendo un objeto redondo con una pieza para la boca. “Bien... así es como esto funciona”.

Su voz estaba justo al lado del oído de Kerry, y le tomó un tiempo registrar las palabras. “Um... vale, esto es un regulador”. Repitió.

“Exacto”. Coincidió Dar. “¿Ves este botón?”. Apuntó hacia un punto redondo en la parte superior del equipo. “Es un forzador de expulsión”. Puso la pieza de la boca bajo el agua. “El agua puede entrar, pero si presionas esto...”. Así lo hizo, haciendo erupción una corriente de burbujas. “¿Entiendes?. Te pones esto en la boca, y respiras con normalidad”.
Kerry puso la pieza entre sus dientes, y respiró, un poco sorprendida cuando apareció el aire. “Fowfh”.

Dar la golpeó suavemente. “Muy bien... no voy a registrarme ni nada en la máquina de buceo porque hoy sólo vamos a bajar un par de pies... espera que me pongo mi equipo”.

“Si”. Asintió Kerry mirando a su alrededor acostumbrándose a tener el regulador en la boca. En lo que parecieron breves momentos Dar estaba de vuelta con un equipamiento similar. Se puso las aletas y se acercó nadando, y Kerry sintió un roce en su cintura cuando los brazos de la alta mujer la rodearon.

Dejó de respirar. “Uf..”.

“Cinturón de peso”. Dijo Dar llanamente. “Lo necesitas para compensar el aire aquí dentro”. Golpeó el chaleco y sonrió.

“Pfale”. Kerry asintió comprendiendo a la vez que sus pulmones comenzaban a trabajar de nuevo. Dar se puso su propio cinturón ajustándolo un poquito, poniendo un ceño, entonces se ajustó la máscara.

“De acuerdo... solo haz lo que yo haga. Te vas a dejar llevar y sumergirte... Solo respira con normalidad”.

Era una extraña sensación, decidió Kerry según obedecía y empezaba a caer a través del agua. Las burbujas del regulador producían una corriente de sonido a su alrededor, pero miró a su entorno viendo como los rayos del sol iban perdiendo su color y desapareciendo según avanzaba.

No muy profundo, como había dicho Dar de hecho, si alzaba la mirada podía ver el sólido contorno del fondo del barco justo sobre ella.

Pero aquí abajo... se niveló y flotó, justo encima del fondo, el cual estaba cubierto con una gruesa formación de coral.

Sus ojos se agrandaron, y un banco de pequeños peces de brillantes colores amarillo y azul pasaron junto a ella, sus aletas rozando levemente su piel, como mariposas. Más allá de ellos nadaba un pez mayor y solitario, ondulando sus cuerpos de un lado a otro según superaban el arrecife con glorioso esplendor.

Un minúsculo y rápido pez rojo la rodeó y escapó, seguido por un pez negro, liso y más largo que tenía un ojo a cada lado de su cuerpo.

Miró hacia abajo y señaló. Una langosta estaba atravesando el fondo, su espinoso caparazón plegándose con el movimiento.

Dar asintió, simplemente observándola. La mujer mayor estaba flotando, los brazos doblados sobre el estómago y sus piernas mitad encorvadas. Levantó una mano he hizo una señal de afirmación con los dedos, entonces arqueó una ceja a modo de pregunta.

Kerry asintió vigorosamente, casi perdiendo el regulador.

Dar asintió de vuelta, entonces se alejó lentamente, invitándola a que la siguiese.

Estuvieron sumergidas al rededor de veinte minutos, mientras Dar le daba un pequeño tour y señalaba cosas que no debía tocar. El arrecife, por un lado, cada roce en el coral era una sentencia de muerte para él. El coral de Fuego por otro, que podía rasgar la piel humana de mala manera. El pez globo que tenía espinas... anguilas, a las que no se hubiera acercado ni a cien metros de todas formas, y demás criaturas varias.

Entonces, gentilmente, Dar la guió hacia la superficie, nadando junto a la cuerda del ancla hasta que emergieron a través de las olas y se quitaron los reguladores.

“Oh Dios mío... ¡fue fantástico!”. Dijo Kerry de golpe. “¿Viste esos peces plateados?. ¡Me estaban poniendo caras!”. Se quitó la máscara y se echó hacia atrás el mojado cabello. “Y esas cosas moradas... ¿que eran esas cosas moradas?. También había esos pequeños tipos de calamares parcialmente traslúcidos... ¿que eran?”.

Dar levantó una mano riendo. “Hey... con calma... volvamos al barco y hablemos de ello, ¿de acuerdo?”. Dejó que Kerry le diera el equipo, y lo puso en la borda, entonces subió ella misma y le extendió una mano a la pequeña mujer. “Aquí... agárrate”.

Kerry se sintió izada y se agarró a la barandilla, subiendo en cubierta de forma más sencilla a lo que había anticipado. “Guau”. Sonrió a Dar con deleite. “Gracias... de verdad, verdad lo digo”.

La morena mujer le devolvió la sonrisa. “Siempre me gusta ver a un nuevo convertido”. Rió yendo hacia la cabina para salir después con dos toallas. “Sequémonos... y apuesto a que estas hambrienta”.

Kerry sintió a su estómago crujir. “De acuerdo... cedo... ¿como lo sabias?”.

Un balanceo de los morenos dedos de Dar. “El buceo lo provoca... yo también lo estoy”.

Se sentaron bajo el sol, secándose y compartiendo el almuerzo, a la vez que Kerry bombardeaba a su compañera con preguntas sobre la vida en el mar. Dar se estiró sobre uno de los bancos con cojines, poniéndose las manos tras la cabeza y cerrando los ojos mientras contestaba.

Eventualmente Kerry se quedó sin más preguntas, y se fue hacia el otro banco, relajándose sobre la ligeramente áspera superficie con un alegre suspiro. “Dejo sin aliento a cualquiera, ¿no?”. Comentó secamente.

“Mm”. Dar volteó la cabeza ligeramente y miró a la joven mujer. “Puedes decir eso”. Estudió la delgada y lisa silueta bajo el morado bañador, entonces cerró los ojos de nuevo mientras el sol las bañaba con dorada luz. “Me alegro de que nos acordáramos de la protección solar”.

“Ajá... sino me pongo como el color de las langostas”. Coincidió la rubia mujer.
Se hizo el silencio, y Kerry meditó profundamente para sí misma un pequeño rato, entonces se volvió para preguntarle a Dar, y se calló viendo que la otra mujer se había quedado pacíficamente dormida.

Con una sonrisa gentil, se movió para estar un poco más confortable, entonces dejo que sus ojos se cerraran también.

Una gaviota, arqueando la cabeza y quejándose, despertó a Dar, y ella de forma reluciente abrió los ojos, débilmente sorprendida por el bajo arco del sol. Oh maldición...
Bostezó y se estiró, restregándose la cara con una mano a la vez que se sentaba.

El barco se estaba meciendo suavemente, y miró a su alrededor, sin ver a su compañera hasta que estuvo medio de pie, estaba en la punta de la proa con las rodillas pegadas al pecho mirando al horizonte. El sol le daba por la espalda, y sacaba a relucir mechones ligeramente rojizos en otrora rubio cabello, y Dar sintió una sonrisa en los labios de la que tenía realmente poco control.

“Ey”. Escaló a la proa y se acomodó al lado de Kerry. “No deberías haberme dejado dormir tanto tiempo”.

Ojos del color del mar que las rodeaba se giraron y la observaron bajo un par de cejas del color del sol. “Me acabo de despertar yo también... y parecías tan en paz, que no tuve corazón para despertarte”. Sonrió Kerry. “Sé que anoche no fue muy confortable, así que...”. Se encogió de hombros. “Era una manera de recuperarse”.

Dar se reclinó sobre la pared de la cabina y asintió. “Eso es cierto... sin embargo, creo que deberíamos volver... la electricidad ya habrá vuelto y te podré llevar a casa”.
“Si”. Murmuró Kerry, reposando la barbilla en su rodilla.

Se hizo el silencio excepto por el suave golpeteo de las olas. Finalmente Dar se aclaró ligeramente la garganta. “Escucha... yo.. um... me quiero disculpar”.
Las cejas de Kerry se alzaron y giró la cabeza. “¿De que?. Dar, no es tu culpa que se formara una tormenta..”.

“No”. La morena mujer levantó una mano. “Por lo que pasó con Associated”.
“Mmph”. Una pausa. “Bueno... esta bien, quiero decir... al final funcionó”.

Dar suspiró. “Pero no lo habría hecho”. Admitió. “Si no hubieras decidido enfrentarte a mi, y hacerme mirar una segunda vez a lo que estaba haciendo, no lo habría hecho”. Se calló por un momento. “He venido haciendo esto por un largo tiempo ya, y nunca me paré a pensar como se sentía la gente a la que se lo hacía”.

“Oh”. Kerry absorbió esto. “Fue duro”. Reconoció. “Me sentía tan impotente a veces... entonces cuando llamaste... chico”. Miró al agua y agitó la cabeza. “Dolió”. Miró a su lado y vio estrecharse los ojos de Dar mientras esta seguía mirando al horizonte. “Pero estabas haciendo tu trabajo”.

“Si”. Murmuró Dar. “Lo sé... por eso me desconcertó cuando a pesar de todo quisiste ayudarme a hacerlo”.

“Quizás así la próxima vez que suceda de nuevo, logre que te lo pienses dos veces de nuevo”. Contestó Kerry simplemente.

Ojos azules miraron directamente a los suyos. “¿Y qué si no puedes?”.

Kerry pensó sobre esa posibilidad. “Seguiré tratando”. Contestó quedamente. “Tengo mucha paciencia”.

Dar movió la cabeza y rió un poco. “Bastante justo”. Sentenció, entonces se levantó y volvió hacia la consola. “Espera... estoy izando el ancla”.

Kerry se bajó de la proa y se acomodó de nuevo en el banco con cojines, reclinándose sobre la barandilla y extendiendo las piernas a la declinante luz del sol. La ciudad estaba iluminada de color oro fundido y deseó tener una cámara para captar la imagen, la cual tuvo a la vista hasta que Dar giró la embarcación, dirigiéndose a la costa.



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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 23rd 2012, 8:09 am


“Buenas, María”. Dar se acomodó en su asiento a la vez que el ferry recorría su camino a través del arrecife.

“*Dios mío* Dar... no te puedes imaginar el olor de este sitio esta mañana... es como si un centenar de gatos se hubiesen hecho pi pí en la alfombra”. Le informó la secretaria. “Tengo una naranja arrimada a la nariz”.

“¿Llamaron los de mantenimiento al servicio de limpieza de alfombras?”. Inquirió Dar, estremeciéndose al pensar en el hedor. “Olvídalo... sólo pásame con Jack Eierdall”.

Esperó un momento, entonces una voz arisca contesto. “¿Jack? Dar Roberts”. Escuchó. “Necesitamos una limpieza al vapor para hoy, Jack... no dos días a partir de ahora. Eso no es aceptable”. Otra espera, y tonos de protesta. “Yo no doy ni un culo de rata por tu primo... tomaré un grupo comercial y te mandare la factura como coste adicional si no los pones ahí hoy mismo”.

Dar se inspeccionó una uña, entonces flexionó la mano donde la piel estaba un poco tirante por quemarse al sol el Sábado. “Mira... corta el rollo. En última instancia, cuando llegue o veo el camión allí o llamo a la Corporación Stanley Steamer. Adiós Jack”. Cerró la línea y marcó de nuevo. “¿María?”.

“*Si *”. La secretaria estornudó. “*Oye... perdóname Dar”. Agitó unos papeles. “Recuerda que tienes una reunión a las 8 :30... el comité ejecutivo, y después de eso tienes tres citas con clientes”.

Dar suspiró. “Lo se... escucha, bloquea mi mañana del Martes... al menos hasta la hora de comer, y la de Kerry también”. Hizo una pausa. “Ella estará um... me va a llevar a una cita que tengo”.

Un corto periodo de shock. “De acuerdo... lo haré”. Dijo suavemente María. “Es una... reunión de negocios, yo...”.

“No”. Dijo quedamente la ejecutiva. “Me van a hacer unas pruebas... esta bien... nada importante, sólo que no se el tipo de medicación que me van a dar, y no me quiero arriesgar a conducir de vuelta”.

“*Dios mío *... de acuerdo... quitaré esto... he de cancelar tu reunión con Viajes y Transportes Dar”.

“Ah, mierda”. Dar arrastró las palabras. “Prográmalo de nuevo para algún momento extremadamente inconveniente para ellos, ¿lo harás?”.
“Tch.. Dar”. María rió cortamente. “Eres tan mala”. Dudó. “Tengo aquí mi rosario... ¿que tipo de pruebas?, así sabré como rezar”.

Dar parpadeó ante el teléfono, demasiado sorprendida para contestar por un momento, entonces exhaló. “No es nada... yo... ellos no saben, de verdad, María... quizás una válvula desajustada o algo... no es nada por lo que preocuparse, pero gracias por la oferta”.

“*Mi madre *”. Suspiró la anciana mujer. “Aie... buenos días”. Mantuvo el teléfono alejado de la boca. “Perdóneme, ¿qué?”.

Dar escuchó un amortiguado intercambio, entonces María retornó. “Dar, han perdido algo grande en Nueva York”.

“Oh... Maldito infierno en una bolsa de mano”. Dar se cubrió los ojos. “Nueva York colgado en una mañana de Lunes... ¿que he hecho yo para merecer esto?”. Dirigió el Lexus hacia la rampa, y giró hacia la derecha en dirección a la autopista. “Mira... llegaré en unos cinco o diez minutos... haz que quien quiera que esté al frente de MDF llame a Netops y encuentre exactamente lo que esta colgado, y avise a la región Northeast, especialmente el servicio de recuperación, de que tenemos un problema”,

“Vale, vale... ah... buenos días... gracias, gracias *chiquita *”. La voz de María se tornó más cálida, y Dar pudo oír otra voz de fondo, la cual trajo una sonrisa a su rostro. “Dar, Kerry está aquí, dice que ella se encargará”.

“Buenos días Kerry”. Rió Dar. “Gracias... ¿qué tal el resto de tu fin de semana?”.

“Ehh...”. La voz de Kerry era reservada. “Mejor no hablemos de eso... ¿el término alcantarilla reforzada significa algo para ti?”.

“Ouch”. Se estremeció Dar al girar a la izquierda en Brickell.

“Si... esta casi tan mal como este sitio”. Le dijo Kerry. “Bueno, voy a llamar a Netops... trataré de tener un estatus para cuando llegues”. La puerta se cerró y María suspiró.

“Es una chica tan buena Dar”. Le dijo la secretaria aprobadoramente. “Fue tan dulce de su parte el llevarte el Viernes a casa...”.

“Si lo fue”. Coincidió Dar metiéndose en el aparcamiento, notando un camión entrando desenfrenadamente tras ella. El camión se dirigió directamente a la entrada de servicio, y se bajaron cuatro hombres sacando el equipamiento para limpiar suelos alfombrados. Hizo una mueca despiadada. “En seguida subo”. Cerró la línea y salió del coche, agarrando su maletín antes de dirigirse a las puertas.

Kerry llevaba consigo un paquete de papeles cuando se deslizó por el pasillo trasero y llamaba a la puerta de la oficina de Dar, escuchando como la voz de la mujer mayor se alzaba con un gruñido. “Oh... chico”. Murmuró, entonces abrió la puerta y se deslizó hacia el interior.

Dar estaba caminando de un lado a otro detrás del escritorio, pareciendo en todos los sentidos como una pantera con traje. Le estaba gritando a alguna desgraciada persona del centro de operaciones de network, dejando de lado sus amagos de explicaciones con staccatos ladridos. “No me cuentes esa historia, no me interesa saber como la carrera tiene un corte de fibra bajo el Aeropuerto Newark... quiero ese circuito recirculando”.

Kerry se detuvo antes de alcanzar el escritorio y sostuvo la primera hoja en alto, dándosela a Dar cuando ésta levantó la mano. “Es un gran problema Dar... tienen un vehículo de transporte del aeropuerto que se salió de una rampa y se estrelló de lleno en el centro de comunicaciones... dejó fuera de servicio toda su central de fibra, incluyendo toda la comunicación interna del aeropuerto”.

“Jesús”. Los ojos de Dar se agrandaron. “¿Están todos caídos?” .

Kerry asintió. “Si... están recirculando el tráfico hacia La Guardia, pero es un caos”.

Dar golpeteó el escritorio con los dedos, moviendo rápidamente los ojos. Entonces se sentó y requirió información de su base de datos, y volvió a golpear con los dedos. “De acuerdo... de acuerdo... escucha, netops...”.

“Estamos aquí”. La cansada voz sonó de vuelta. “Estamos con esto desde las 2 a.m.”.

“Tenéis treinta y siete líneas T1 que bajan a Newark desde el sistema de V y T... que manejáis para el acuerdo del sitio Hub”. Dar trazó una tela de araña de conexiones en su pantalla, señalando a Kerry que se acercara. La rubia mujer apoyó una mano en el respaldo de la silla y miró hacia el monitor.

“Si... pero eso está trayendo el tráfico residual de la terminal”. Restalló el teléfono.
“Si cambias las rutas terminales de la columna seis y siete a la uno y dos, puedes mandar la comunicación del aeropuerto por ellas, y conseguir que vuelva a funcionar el mismo... desvía las funciones restantes a la dial de fondo”. Dijo Dar rápidamente. “Eso hará que la red vuelva aquí y pase el tráfico a través para los centros de bancos de Nueva York que están colgados ahora mismo y escupiendo fuego en mi trasero”.

Silencio mortal en el teléfono.

“¿Me has oído?”. Ladró Dar, mirando hacia atrás cuando Kerry le palmeó el hombro reconfortantemente. “¿Hola?”.

“Uh... si... si... de acuerdo... te hemos oído... espera, esto está... maldita sea, John... Pon ese Tigre configurado de forma que podamos sustituir lo residual al fondo... que alguien llame a MTC y les diga lo que estamos haciendo para que no se extrañen cuando se les vengan todas las líneas abajo”.

“Estoy esperando”. Dijo Dar impaciente.
“Estamos en ello”. Respondió la voz apurada.

“Trabajad más deprisa”. Avisó Dar. “Son las 8 :52, si esos bancos no están a punto para transacciones a las 9, la mierda va a salir disparada en tantas direcciones que no sabréis como escabulliros”.

“¡Esta bien!, ¡esta bien!”.

Dar hizo aparecer una pantalla de Netview y expuso los sitios caídos. Repitió el comando de nuevo, renovando nerviosamente la pantalla.

“Iba a sugerirte si te traía algo de café”. Murmuró Kerry. “Pero quizá no”.

La oscura cabeza se giró, y ojos azules la miraron, a la vez que los labios de Dar tensamente ocultaban una mueca. Entonces volvió su atención de nuevo a la pantalla. “Quedan tres minutos... ¡dónde están mis circuitos!”.

“Espera... espera... enciende eso... no... ¡¡NO!!”.
“¡¡Dos minutos!!”. Gritó Dar. “¡¡Necesito ese circuito!!”.
“Esta bien... necesitamos las mesas secundarias cargadas en esa columna... serial 1... bien... bien... ¡prueba ahora!”.

Dar renovó la pantalla y sonrió. “Gracias”. Ronroneó. “Es agradable hacer negocios con vosotros chicos”. Apretó el botón de liberar. “No”. Ladró al teléfono, entonces apretó un botón y agitó la cabeza.

“Elaine Aberman, Servicio de Recuperación”. Contestó una voz nerviosa y ansiosa.

“Buenos días Elaine”. Dijo Dar dulcemente.

“¡No !, ¡no lo son !” Se lamentó la mujer. “¡Es horrible!, ¡trágico!, ¡nos morimos!”.

“Estáis arriba de nuevo”. Sentenció calmadamente la ejecutiva.

“No te puedes imaginar que tipo de desorden tenemos aquí, tenemos al servicio de reparaciones en espera preparados para solucionar lo de Nueva York y ... ¿cómo has dicho?”.

“Estáis arriba. Hemos re - dirigido un poco el tráfico... quizás sea un poco lento, pero es todo lo que hay”. La informó Dar.

“OH”. Chilló la mujer. “¡Chicos!, ¡chicos!, ¡estamos arriba!, ¡estamos arriba!, ¡¡gloria a Dios, estamos arriba!!”.

Kerry se tapó la boca con una mano y reprimió una risotada.

“Adiós Elaine”. Dar colgó, y se dejó relajar en la silla con un suspiro. “Bonita manera de empezar un Lunes”. Giró la cabeza y miró para arriba a la todavía sonriente rubia. “Alcantarilla reforzada, ¿eh?”.

Kerry dejó caer una mano sobre el hombre de Dar y lo apretó. “Oh Dios mío si... era penoso... al final me tuve que ir, y darme un paseo por el pequeño parque cerca de mi casa, y esperar a que terminasen de bombear las alcantarillas”.

“Mm... suena bien”. Dar se levantó. “Se supone que debería estar en una reunión de ejecutivos... échale un ojo a esto por mí, ¿lo harás? Llámame al celular si se pone feo de nuevo”. Palmeó a Kerry en la espalda a la vez que colocaba la silla. “Nos vemos más tarde”.

Kerry la vio marchar, entonces recogió sus papeles e hizo el camino de vuelta a su oficina.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 24th 2012, 8:13 am

Sexta parte

Dar podía escuchar los gritos de la disputa antes incluso de abrir la puerta, la cual dejó que diera un portazo deliberadamente tras atravesarla y dirigirse hacia la larga mesa de conferencias ejecutivas. Todo el mundo se sobresaltó, para después girarse y empezar a gritarle a ella.

Ella bloqueó interiormente el ruido, empujando hacia atrás su silla y sentándose en ella para después alinear meticulosamente los papeles que tenía al frente y entrecruzar sus grandes manos sobre ellos.

El alboroto continuó y ella recorrió la habitación con la mirada, taladrando con sus ojos azul pálido a cada director que estaba pegando gritos hasta que él o ella se callaban para después continuar con el siguiente. Finalmente sólo quedaba José Montarosa, el cabeza de Ventas, cuyo rostro estaba rojo cual remolacha, las venas sobresaliéndole del cuello que era una talla mayor de la camisa blanca de manga larga que llevaba.

“Maldita sea, Dar... tengo tres contratos en peligro en Nueva Jersey que debemos estar mostrando esta mañana si no puedes poner esta mierda a trabajar. ¡Lo voy a descontar de tu maldita paga!”.

Dar bajó la mirada hacia sus manos, después volvió a mirarle y arqueó una ceja. “Inténtalo”. Murmuró con una sonrisa.

Se hizo un silencio incómodo.

“Además, si tu administradora valiese el dos por ciento del salario que le pagas por esas... virtudes... por las que la contrataste, te habría mandado un mensaje al busca hace diez minutos y te habría informado que estás activo”. Dar se sirvió un vaso de agua y bebió. “Ahora siéntate, cállate y acabemos con esto. Tengo cosas que atender”.

Montarosa la miró, sus labios crispados, entonces cogió el teléfono de conferencias de la sala y marcó un número. “María... ¿cuál es el estatus?”. Una pausa. “¿Por qué diablos no me has informado?”. Otra pausa. “No me saltes con eso... Mi busca...”. Se detuvo y miró a su cinturón. “*Puta *”. Dejó caer el teléfono en su sitio y se sentó en su asiento ceñudamente.

Duks se reclinó en su silla mordiendo un lápiz para no reír. “Dar, oí que fue un corte de fibra... ¿qué pasó?”.

La alta mujer se reclinó también, entrecruzando las piernas al nivel de las rodillas bajo la mesa. “Un camión cortó el cable. Hemos reenrutado a través las regulares T1 del aeropuerto y desviamos ese tráfico a un backup”.

“Oh”. Duks asintió como si tuviera alguna idea de lo que ella estaba diciendo. “¿Puedo tomar un flan de huevo con eso?”.

Se generó una risa nerviosa alrededor de la mesa, rompiendo la tensión. “Vale... vale... soy la encargada esta semana... veamos que hay en la agenda”. Mariana rió ahogadamente desde su sitio al lado de Duks, eluyendo los minutos previos de la reunión. “Ahora que tenemos superada la crisis matutina, gracias a Dar, podemos hacernos cargo de otras cosas insignificantes”. Se aclaró la garganta. “Día Global del Voluntariado... es el próximo sábado, en el norte de Miami en la Escuela Alternativa propuesta que allí ahí. Necesitamos gente que vaya a limpiar el lugar, pintar un poco, ese tipo de cosas”.

“¿Cuantos voluntarios del campo tenemos?”. Preguntó Evan Maitsen. Su departamento estaba a cargo de la mayoría de la entrada de datos, y tradicionalmente proveía de gran cantidad de voluntarios para trabajos de caridad.

“Um... hasta hoy, 206”. Dijo Mariana. “Gran parte de ellos son de Associated - supongo que quieren impresionar a los corporativos”.

Risas rodearon la mesa.

“¿A quien le toca este año?”. Preguntó José, apoyando su barbilla en un gran puño. “Yo lo hice el año pasado... ¿recordáis?”.

Dar lo consideró un momento. “A mí, creo”. Comentó mientras recordaba a Kerry hablar de sus esfuerzos en reclutar a gente momentos antes.

Todos la miraron sorprendidos.

Ella se encogió de hombros. “Nunca lo he hecho, así que debe ser mi turno”.

Mariana la miró seriamente por un largo momento, entonces agitó la cabeza y garabateó su nombre en el papel. “De acuerdo”. Se aclaró la garganta y siguió con el siguiente tema. “Recordad que este viernes es el día de los jefes”. Miró alrededor de la mesa. “Se que muchos de vosotros conocéis el asunto, pero de nuevo por favor sed cuidadosos... alguna gente aprovecha esta oportunidad para dar regalos inapropiados”.

Una risotada flotó en el aire. “Si... recuerdo cuando alguien mandó a Dar un paquete de *cojones* secos de toro congelados”. Se rió tontamente José dándole a Dar una dulce sonrisa. “Qué hiciste con ellos, ¿eh?”.

Dar, que estaba garabateando, miró hacia arriba. “Se los reenvié a Les”. Replicó con voz seria.

Duks casi se cayó de la silla riéndose, y los demás se unieron excepto José y unos pocos de sus compañeros. “Bueno, no todos nosotros hemos de preocuparnos de que nuestros empleados nos manden bombas de cañería”. Insinuó él. “De hecho, a algunos de ellos les agradamos”.

Mariana le miró. “Afortunadamente para nosotros, Dar paga a la gente para que haga un trabajo, no para que sea su compañero”. Respondió dulcemente. “O todos estaríamos en un gran problema”. Movió una hoja. “Hablando de ello, veamos los resúmenes de ejecución ¿de acuerdo?”.

Dar volvió a su esbozo, escuchando los cuidadosos planes de la ejecutiva de Personal con la mitad de su cerebro. Había gastado el día previo leyendo los emails y relajándose, estirada a lo largo del sofá con el bendito aire acondicionado ya reparado, sorprendida de sentirse tan bien tras sólo un día bajo el agua.

Miró hacia arriba mientras Duks se arrimaba hacia ella. “Hoy estas de buen humor”. Murmuró en voz baja.
“¿Lo estoy?”. Inquirió la morena mujer. “Supongo que lo estoy... tuve un merecido buen fin de semana”.

Duks observó su almohadilla del ratón, el cual tenía pequeñas imágenes de peces por todas partes. “¿Fuiste a pescar?”.

Una risita. “No exactamente... sin embargo, hice un poco de submarinismo... después que se aclarase la tormenta”.

Él cloqueó ante ella. “Dar... deberías saber más que ir a bucear sola... no quiero tener que procesar la demanda de tu seguro de vida, gracias”.

Ojos azules de alzaron dócilmente hacia los suyos. “No estaba sola”.

Él parpadeó frente a ella en sorpresa, entonces rió suavemente y agitó un dedo frente a su cara. “Lo tendría que haber supuesto... ni modo que parezcas tan relajada”.

Una de las cejas de Dar se alzó. “No es...”. Dudó. “No es lo que estás pensando”.

Él simplemente sonrió y golpeó su brazo con el lápiz. “No digas más”.

Tonto Duks... piensa que todo tiene que ver con la gente durmiendo junta, ¿no?. Dar se sonrió a si misma. Nunca se le ocurriría que dos completos extraños puedan acabar juntos por las circunstancias y terminen haciéndose amigos.

Ese era un pensamiento realmente satisfactorio, y Dar se recreó en él un momento, a la vez que una sonrisa asomaba a su rostro. Había pasado mucho tiempo desde que añadió uno de esos a su vida. A parte de Duks por supuesto, y Mariana, con los que ocasionalmente hacía cosas juntos como cenar, almuerzos, y demás. Los conocía desde hacía años, y habían ido a la isla un par de veces pero...

Suspiró. Y nada malo había pasado. “¿Dar?”.

Por el tono, no era la primera vez que su nombre era llamado, y miró hacia arriba con un respingo. “Perdón... ¿qué?”. Todos los ojos estaban sobre ella, curiosos y dubitativos. “Perdón... estaba dándole vueltas a algo en mi cabeza”. Cruzó los brazos sobre el pecho, consiguiendo aparentar calma dejando aparecer una mirada desinteresada.

“Bien... bueno...”. Betty Mavis volvió a dirigir su mirada hacia su agenda. “Ahora que hemos acabado el cuatrimestre, y empezamos el cuarto, tenemos un par de semanas para decidir que hacer en Navidad”.

“Creo que deberíamos olvidarlo y hacernos Hindúes”. Sentenció Duks con una risita. “Mucho más fácil... podemos darles a todos arroz blanco como presente”. Agitó su lápiz. “Diecisiete centavos la libra, recordad”.

José le lanzó una bola de papel. “Pagano sin Dios”. Bufó. Duks era bien conocido por sus inclinaciones ateas. “Recuérdame que nunca te vote para ponerte a cargo de eso”.

“¿Tenemos un presupuesto este año o tendremos que salir a vender papel del baño bordado para los fondos otra vez?”. Dar arrastró las palabras, haciendo un esbozo de una langosta.

“Es el cuarto cuatrimestre, ¿qué te crees?”. Rió Duks. “Ah... supongo que puedo conseguir algo suelto de algún sitio... ¿que será, un árbol, algo de cerdo relleno o similar, y yuca? ¿Es eso?”.

Betty suspiró. “Olvidadlo... yo me encargaré de planearlo... quizás así tengamos algo más que picadillo y ropa vieja esta vez”. Le dirigió una mirada fugaz a José, quien se encogió de hombros y alzó las manos. “No te preocupes... conseguiré aunque sea un cerdo relleno para ti”.

Terminaron la reunión y Duks acompañó a Dar a la puerta. “¿Estás libre para comer DR?”.

La morena mujer tomó un respiro. “Tengo reuniones... probablemente no, Dukky... no sé cuando terminaran”. Le dedicó una sonrisa. “Billete devuelto por la lluvia”. Dobló su alfombrilla bajo el brazo y se dirigió a las escaleras, la vía más rápida hacia la décima planta donde estaba el centro de operaciones.


***

“Con lo que encontré tres personas para que se certificaran”. Kerry tomó un bocado de su sandwich de pollo y lo masticó. “Llamamos a este sitio en Kendall porque todos viven cerca mía, e hicimos un acuerdo para cuatro sesiones de clase cuatro sábados, dos sesiones en la piscina, cuatro sumersiones en mar abierto y una noche de sumersión”. Tomó un sorbo de té. “¿Te suena bien?”.
Dar asintió, ocupada con su propio plato. El almuerzo había sido mucho más tarde de lo habitual, y lo estaba teniendo apretadamente entre reuniones. “Si... ¿incluyen equipamiento de alquiler?”.

“Si... sin embargo... estaba pensando en adquirir algo por mi cuenta”. Replicó Kerry dubitativamente. “El regulador al menos”.

“Buena idea”. La ejecutiva asintió en concordancia. “El mío es un Dacor... lo puedes adquirir con o sin ordenadores de sumersión, el mío lo tiene, y con o sin pulpo”.

Ojos verdes parpadearon ante ella en confusión. “¿Perdona? ¿Te dan un pulpo con tu equipo de buceo? Uck... eso es asqueroso”. Tomó otro bocado del croissant, tratando sin éxito atrapar el exceso mientras caía”.

Dar rió. “No... no... la pieza extra para la boca que viste en mi equipo... se llama pulpo”. Tomó un tenedor repleto de ensalada de patata y masticó. “Es para que respire el compañero”.

“Oh”. Kerry se sonrojó levemente. “Que respire el compañero... bien”. Sacó una revista. “Compré una de estas ayer... la estaba leyendo mientras esperaba a que limpiaran las cloacas”.

“Pro Diver... esa es muy buena”. Dar sonrió ante su entusiasmo, recordando su propio certificado. Parece que fue hace cien años, meditó, entonces miró su reloj. “¿Te quedaste retrasada por algo?”.

Ojos verdes se alzaron hacia ella con un toque de timidez. “Um... bueno, no... estaba trabajando en esos proyectos, después me encargué de un poco del email y... um... no se, supongo que me olvidé del almuerzo hasta que apareciste y asomaste la cabeza por la puerta”.

Dar la estudio con curiosidad. “Uh huh”. Notó el débil sonrojo que estaba apareciendo en el cuello de la rubia mujer y mordió su tenedor. “Bueno, buena cuenta atrás entonces”. Realizó que Kerry la había esperado para comer, y se preguntó si la joven mujer no se sentiría un poco intimidada por el entorno. Después de todo, la única persona que realmente conocía aquí era a Dar... y probablemente estaba inconfortable apareciendo de repente en las horas del almuerzo. Tomó nota mental de decirle a María que le presentará a alguno de sus compañeros, que usualmente eran de la variedad de los gentiles y amables. “Es agradable tener a alguien con el que hablar durante la comida... en general sólo tomo lo que pueda para comer”.

Kerry mordió su sandwich. “Yo también hacía mucho eso en Associated. Yo... es raro, me gustaba la gente de allí pero cuando salía con ellos, siempre tenía este curioso sentimiento de que estaban actuando para mí”.

“Mm”. Dar asintió en comprensión. “A mí también me pasa eso”. Pero no con Kerry realizó, con alivio. La mujer era de los más sincera que te puedas encontrar.

“Oh... y he chequeado esa página de descuentos... realmente es un plan muy bueno para ese gimnasio... ya me registré”. Dijo Kerry, dejando salir las palabras un poco más rápido de lo habitual en ella. “Supuse... incluso si... quiero decir, estaría loca si no lo hiciera, ¿verdad?. Tienen unas clases muy buenas ahí”.

“Yo también me registré, esta mañana”. Sentenció Dar indiferentemente. “Tenemos un acuerdo el miércoles, ¿recuerdas?”.

Ahora Kerry sonrió. “Recuerdo”. Se relajó un poco. “¿A que hora tienes cita mañana?”.

Dar había tratado de evitar pensar en eso. “A las ocho”. Respondió quedamente.

“¿Quieres... quieres que te recoja en el terminal?. No tiene sentido que hagas todo el camino hasta aquí sólo para... quiero decir, es en la playa ¿verdad? ¿Justo al salir de Alton Road?”.

“Me parece bien”. Replicó Dar. “Si... justo después de Alton, cerca del Monte Sinaí... yo... um, no se cuanto va a durar”.

Kerry le dedicó una mirada gentil. “Llevaré una novela baladí... pero apuesto a que no tarda mucho, y todo resulta bien”.

Dar exhaló suavemente. “Sigue teniendo esos buenos pensamientos Kerry...”. Alzó la cabeza y miró dentro de los ojos verdes frente a ella. “Podría necesitar cada uno de ellos”. Mantuvieron la mirada durante un momento hasta que Dar se levantó. “Más reuniones... vienen unos clientes y debo estar hasta... probablemente no vuelva a la oficina hasta bien tarde"”

”De acuerdo... seguiré trabajando en el material que me has dado... si algo explota, te llamó al busca”. Prometió Kerry. Continuó para terminar su propio almuerzo mientras Dar se alejaba, con un golpecillo en el hombro a modo de despedida.

Era asombroso, meditó, cuán cálido el gesto había sido incluso a través del tejido de su chaqueta. Miró hacia arriba mientras una sombra la cubría y sonrió. “Hola”.

“Hola”. Una pequeña y rubia mujer estaba frente a ella con una sonrisa. “¿Te importa si me siento?”.

Kerry agitó la cabeza. “No... casi he acabado... quieres... ¿quieres esta mesa?”. Pudo ver varias mesas similares a su alrededor vacías, pero asumió que quizás a esta mujer le gustara esta en particular.

“No... esta bien. Sólo quería presentarme”. Extendió una mano llena de anillos. “Soy Eleanor Anastasia, del Grupo de Ventas y Marketing... he oído que eres la nueva chica de Dar”.

La mujer se sentó primorosamente, y paseó la mano por el mantel mientras estudiaba la cara de Kerry. “No pensé que Dar las quisiera tan jóvenes... pero he oído cosas buenas de ti”.

“Gracias”. Replicó Kerry, con recelo. “Tan sólo han sido unos cuantos días... todavía me estoy acostumbrando a un montón de cosas”. Prudentemente ignoró los comentarios trampa de Elaine. “Es muy amable de tu parte decirme eso”.

Elaine sonrió mostrando todos los dientes. “Siempre queremos ver talentos frescos por aquí... especialmente en un área tan importante como Operaciones... espero que consigamos una relación laboral placentera”. Hizo una pausa. “A veces tenemos... oh supongo que se les puede llamar problemas de comunicación... estoy segura que según pase el tiempo los superarás”.
“Bueno, ciertamente hago lo que puedo... intentaré llevarme bien con todos, si puedo”. Respondió Kerry con una fina sonrisa. “Tenemos tantas cosas a la vez, que es difícil no olvidar las buenas maneras”.

“Querida, tu mayor problema de comunicación está justo al final del pasillo... todos queremos a la estimada Dar, pero ella puede ser ciertamente difícil en ocasiones”. Elaine rebozaba falso afecto por su compañera ejecutiva. “¿No te parece?”.

Kerry ladeó ligeramente la cabeza. “Actualmente... no... he descubierto que es extremadamente fácil trabajar con ella”. Replicó educadamente. “Con lo que no estoy muy segura de lo que estas hablando”.

“¿En serio?”. Elaine le dedicó una mirada de pesar. “Bueno, dale un par de días mas dulzura”. Golpeó condescendientemente el brazo de Kerry. “Ya hablaremos”. La golpeó de nuevo, entonces se levantó y estiró su traje tieso y rojo brillante. “Es agradable tener a alguien con maneras ahí para variar”. Le dedicó a Kerry una sonrisa y se alejó a través de la habitación hacía una mesa donde otras cuatro figuras del negocio estaban sentadas.

Kerry se estremeció y resistió la urgencia de frotarse la manga con la servilleta donde la mujer la había tocado. “Ugh”. Recogió so bandeja y la llevó a la zona de lavado, dejándola allí y sacudiéndose las manos. “He de hacer algo con respecto a su reputación”. Se dirigió hacia el ascensor, inmersa en sus pensamientos.


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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 25th 2012, 8:05 am

Kerry bajó la revista y miró alrededor de la habitación. Entonces chequeó su reloj y suspiró. Dos horas. La sala era lo suficientemente agradable, con sillas acolchadas repartidas en forma de doble ocho, y mesas bajas con un surtido sorprendentemente variado de revistas. Ya había ojeado PC World, Windows, Infoweek y Time, y estaba ojeando People cuando decidió tomar un respiro.

Realmente no estaba interesada en leer sobre las cincuenta personas más intrigantes de 1998, ¿verdad?. Se recostó hacia atrás y cruzó sus tobillos, preguntándose que estaría haciendo Dar. O para ser más precisa, que le estaban haciendo. Había recogido a su jefa a las siete y media, y recorrieron el corto camino hasta la playa en relativo silencio. Dar escondía sus emociones realmente bien, pero Kerry había visto el movimiento mientras ella no paraba de tragar y el tenso movimiento de sus labios.

Pobre Dar. Se sentía tan mal por la alta mujer. Estar tan nerviosa ya era de por sí malo, pero tener que pretender que no lo estabas era peor. Kerry había estado apunto de decirle que era normal estar asustada, pero no creía que Dar apreciara el ataque a sus defensas en ese momento.

Con un suspiro se levantó y merodeó hacia el exterior de la vacía sala, y a través del pasillo hacia la pequeña habitación adjunta. Las paredes estaban cubiertas con vinilo de color azul pálido, y los suelos estaban pulidos hasta la brillantez, pero lo más curioso del lugar eran las placas.

Había placas por todos sitios. Había salas conmemorativas, alas conmemorativas, escaleras conmemorativas, un ascensor conmemorativo y, según alzaba la mirada al caminar vio una fuente conmemorativa. Todo en honor de gente que había donado dinero para el Instituto del Corazón.

Kerry estaba intrigada, y se preguntaba porque alguien se iba a molestar en contribuir sólo para que le pusieran una placa en la puerta del baño. Personalmente, preferiría simplemente dar el dinero y dejarles hacer cosas más productivas con él, como diseñar batas de hospital que no dejaran expuesto el trasero.

Seguramente algunos dólares de investigación se podrían emplear para eso, ¿verdad?. Kerry entró en la pequeña habitación y se dirigió hacia la máquina de café, metiendo las monedas y seleccionando un capuchino. Retiró su espumosa bebida del dispensador, y se dirigió de nuevo hacia la sala de espera.

Dar mantuvo los ojos cerrados, tratando de ignorar los pequeños pinchazos y roces de la bata adherida a su cuerpo. Había enganches sobre su corazón, debajo de su brazo, y uno en su espalda y tenían una máquina al lado de la cama que acababan de montar. Tenía una pequeña vara como instrumento, el cual la enfermera jefe le había dicho dulcemente que era como la que usaban para observar a los bebes en el vientre materno, que emitiría un sonido y captaría las ondas de respuesta como una imagen.

Oh. Dar se mordió el interior del labio para prevenir el encontronazo con la enfermera. Como si nunca hubiese oído lo que es un electrocardiograma. ¿Quieres saber como tomar esas imágenes, convertirlas en ondas de luz y resamblarlas, pequeña? ¿Que tal si reeruto la corriente de ahí de forma que se descargue completamente en tu mano cuando lo agarres? Pequeña condescendiente...

Pero no, estaba siendo buena, así que sólo cerró los ojos y esperó. Finalmente una voz masculina se escuchó cerca, y ella abrió los ojos para ver un hombre alto con un toque de gris en su oscuro cabello, de pie sobre ella. “Hola”. Remarcó Dar.

“Hola, señorita Roberts”. Dijo el hombre, extendiendo una mano a su alcance. “Mi nombre es Richard Berger, y voy a escuchar en su interior para ver si sus necesidades de bombeo están en orden”.

“De acuerdo”. Replicó Dar, gustándole su franqueza. “Revisando las viejas cañerías, ¿eh?”. El sonrió, entonces se colocó el estetoscopio en las orejas y calentó el final del mismo entre sus dedos antes de colocarlo sobre su pecho, y escuchó atentamente.

A Dar le gustaba ese contacto. Una vez contestó a un médico quien alegremente le dijo que sólo estaría frío por un instante con una cuña y encajándola entre sus piernas, justo contra sus testículos. Sólo estuvo frío durante unos segundos, recordó, antes de que el doctor se fuese volando en la otra dirección.

Observó el rostro del Dr. Berger cuando inclinaba la cabeza, una reacción humana natural al escuchar, incluso aunque el estetoscopio le llevaba el sonido sin interferencias a sus orejas. “Hmm”. Murmuró, entonces tomó la varilla y la untó con una especie de gelatina, y después hizo lo mismo con su pecho. Presionó sobre ella el instrumento, moviéndolo en pequeños círculos mientras miraba al monitor sobre su cabeza. Tras un momento, se volvió hacia ella. “No quiero ofenderla, señorita Roberts... pero tiene una presión sanguínea malditamente baja”.

Dar alzó una ceja mirándole. “No es mi culpa”.

“No... pero me lo está haciendo realmente difícil a mí para ver algo... ¿podría... um... pensar en algo que haga que su corazón palpite un poco?”.

“No creo... bueno, lo intentaré”. Replicó Dar, cerrando los ojos en concentración. Un pensamiento apareció en su mente con sorprendente rapidez y se recreó en la imagen, sintiendo como su respiración se aceleraba y la sangre empezó a bombearse más deprisa, calentando su piel con un leve sonrojo. “¿Qué tal eso?”.

“Mucho mejor”. Le alabó el doctor, golpeando su hombro. “Esta bien... sólo manténlo así... quiero unas pocas fotos más... lo tengo. De acuerdo”. Se dio la media vuelta. “¿Tomaste eso en el EKG?. Bien”. Le dedicó una pequeña sonrisa profesional. “Esta bien... la señorita Connors le quitará todo esto y podrá vestirse”.

“¿Ya está?” . Dar le dedicó una mirada desconcertada.

El asintió. “Eso es todo lo que necesito ver. Voy a rebobinar la cinta y después hablaré con su doctor, ¿de acuerdo?. Vístase y entonces hablaremos en la sala de consulta”.

Dar deglutió fuertemente. “De acuerdo”.

La golpeó de nuevo en el hombro y salió fuera, llevándose un cartucho que sacó de la máquina.

“Querida, siéntate un momento de forma que pueda quitarte este pequeño parche de la espalda, ¿de acuerdo?”. La enfermera se acercó y trató de ayudarla. Dar ignoró las manos y se sentó, sintiendo la presión sobre sus músculos abdominales mientras se inclinaba hacia delante.

“Dios mío”. La enfermera, una alta, querúbica y rubia mujer se rió. “Debes hacer ejercicio, ¿verdad?”. Desenganchó la pinza de la espalda de Dar y la tocó en el hombro. “Esta bien, ahora recuéstate”.

Dar se recostó, tratando simplemente de vaciar su mente de la tensión mientras esperaba que la idiota mujer acabara de soltar las partes electrónicas del aparato. De repente tuvo un deseo irracional de tener un oso de peluche al que abrazar, y deseó poder irse simplemente y no tener que ir a esa sala de consulta para no escuchar lo que ese simpático y completamente terrorífico Dr. Berger le iba a decir.

Ella no quería estar enferma. Odiaba estar enferma.
Dar dejó colgar las piernas por un lado de la cama y se levantó, agarrando con un asentimiento de la cabeza la ropa que la enfermera le alcanzó. “Gracias”. Pausadamente se puso de nuevo la familiar lana de su falda, metiendo por dentro la camisa color crema y subiendo la cremallera, para después colgarse la chaqueta sobre el hombro y dirigirse hacia la sala de espera.

Ansiosos ojos verdes la recibieron, y sintió que una queda calidez reducía su miedo ligeramente. Kerry se levantó de un brinco y trotó hacia ella, su mirada fija en la cara de Dar. “Bueno, se ha acabado”. Le dijo a la rubia mujer. “Ahora tengo que entrar y encontrar las malas noticias”.

Kerry vaciló, sus labios tensándose. “¿Crees que son malas noticias?”.

Dar simplemente asintió, con una pequeña inclinación. “Si, lo creo”.

La joven mujer la alcanzó y rodeó su brazo con cálidos dedos, rozando su pulgar sobre el suave bello en la piel de Dar. “Tu... ¿deseas... um, quieres algo de soporte moral ahí dentro?”.

La ejecutiva dudó, aspirando aire y después soltándolo. “Claro”. Era bueno tener a alguien con ella y dejó escapar un pequeño suspiro antes de dirigir a Kerry hacia la pequeña sala a un lado de la sala de espera. “Acabemos con esto de una vez”.

Era muy pequeña, de hecho, era claustrofóbica. Dos sillas, un pequeño escritorio para que el médico se sentase y una fuente con tres manzanas, dos naranjas y un plátano sobre la mesa. Dar se sentó en una de las sillas y entrecruzó los brazos sobre su pecho mientras Kerry tomaba la otra silla, escondiendo los pies bajo la misma y reclinándose hacia delante.

El Dr. Berger entró y se sentó, dejando sobre la mesa un gran sobre y cruzó las manos sobre el mismo. Le dedicó a Kerry una curiosa mirada pero no preguntó quién era. En vez de eso, dirigió su atención a Dar. “Bueno, señorita Roberts... es usted un caso muy interesante”.

Dar no estaba segura como interpretar eso y arqueó una ceja.

“Tiene una malformación congénita en una válvula”. Continuó el doctor abriendo el sobre.

A Dar se le hundió el corazón, sin embargo su rostro permaneció impasible. Sintió que casi iba a vomitar.

“De toda formas...”. El doctor Berger alzó la mirada. “De alguna manera, su cuerpo lo ha compensado, y ha desarrollado un... bueno, aquí, se lo enseño”. Sacó una foto y señaló con su bolígrafo un área. “Aquí... es como si su cuerpo lo hubiera compensado desarrollando esta parte del músculo aquí... y aquí...”. Agitó la cabeza. “Nunca había visto nada parecido”.

Dar miró la foto y después a él. Era consciente de la cercana presencia de Kerry, la rubia mujer mirando también la imagen en blanco y negro. “¿Qué está diciendo exactamente? ¿Me ocurre algo malo o no?”. La metálica opresión que se había originado en su pecho empezó a desvanecerse ligeramente.

Una rápida sonrisa apareció en su atractivo rostro. “Debería haberlo”. Agitó su lápiz frente a ella. “Pero con todos los tests que he hecho, no hay ningún impartimento en este pequeño compromiso con lo que... no se que decirla”. La miró. “Creo que el hecho de que obviamente usted tiene un modo de vida altamente saludable ha influido mucho... esta usted en muy buena forma, cuida su salud, tiene una presión sanguínea muy baja y bajos niveles de triglicéridos y colesterol”.

Dar y Kerry se miraron mutuamente. “ ¿Que se supone que debo hacer?”. Preguntó Dar finalmente.

El se encogió de hombros. “Vivir... trate de mantener sus niveles de estrés bajos... puedo ponerla en la lista de espera de una válvula artificial si realmente quiere que lo haga pero su bombeo, aunque extraño como el infierno, está funcionando bien”.

Se hizo un pequeño y aturdido silencio. Entonces Dar dejó escapar lentamente un largo suspiro. “Esta bien”. Dijo lentamente. “Trataré de seguir su consejo”.

Berger alargó su mano. “¿Le importa si mando su caso al AMA Journal?. Esto hará un test del que estarán discutiendo por meses”.
Dar se levantó y agarró su mano, agitándola brevemente. “Como desee... espero que saque un buen artículo de esto”. Le dirigió una breve sonrisa y siguió a Kerry hacia el exterior, ninguna de las dos habló hasta que se cerraron las puertas del ascensor.

“Hijo de puta”. Maldijo suavemente Dar.

Kerry sonrió y se acercó, entonces impulsivamente rodeó con sus brazos a la alta mujer y la abrazó gentilmente. “Me alegro tanto por ti, Dar”.

Dar se puso rígida por un momento, entonces tentativamente la rodeó y le devolvió el abrazo, con cierta torpeza. “Oh... bueno, eso fue lo mejor que me ha pasado en todo el día”. Bromeó débilmente mientras se separaban, notando el sonrojo de Kerry. “Gracias... chico... vaya un final inesperado para esa situación”.

“No bromees”. Kerry dijo rascándose la ceja. “Por un momento pensé que tendría que preguntar por la pistola... nunca me había sentido tan aliviada en toda mi vida”.

“Si”. Entonces Dar hizo una mueca, en puro reflejo. “Guau”. Sintió una oleada de bienestar recorriéndola, haciendo desaparecer la molesta ansiedad de los pasados días, y mientras las puertas se abrían se volvió hacia Kerry. “Se supone que estaremos fuera hasta la tarde como poco... ¿qué tal si vamos a comer?”.

Kerry sonrió ante los buenos sentimientos que se reflejaban en la cara de su jefa, a pesar de sus esfuerzos por reprimirlos. “Claro... ¿qué tienes en mente?”.

“¿Te gusta el marisco verdad?. Preguntó Dar, un gesto elegante torciendo sus labios. “Venga... no está lejos... podemos pedir cangrejos de piedra”. Tiró de la manga de Kerry. “Y una bonita vista del océano”.

La rubia mujer devolvió la mueca. “Vamos... me parece genial”.

Kerry tenía la silla girada de modo que pudiese ver el agua, su cuerpo adormecido y repanchingado en la silla, una mirada placentera en su rostro. La comida había sido fantástica pero un poco excesiva y la ayudó a digerir con un vaso de champagne que Dar le ofreció, lo que terminó de complicar las cosas. Tenía ganas de encogerse en forma de pelota y quedarse dormida, especialmente desde que estaba observando el hipnótico vaivén de las olas.

Sin embargo, era tan agradable ver feliz a Dar... casi se duerme pensando en eso aunque realmente estaba tratando con todas sus fuerzas mantenerlo oculto. No es que Kerry la culpase... sabía que la preocupación había estado comiéndose a su jefa y pensó que Dar realmente creía que iba a escuchar funestas noticias esta mañana.

Por supuesto, incluso las buenas noticias tienen su lado no tan bueno, le recordó a la alta mujer. Realmente necesitaba relajarse un poco más y ese comentario mitad en serio mitad en broma derivó de alguna manera a una conversación teniendo como resultado una invitación para pasear de nuevo en el barco, no este fin de semana pero si el siguiente. Con el aditivo de la posibilidad de bucear de nuevo.

Como si ella fuese a decir que no a eso. “Ja, ja, ja, ja...”. Kerry rió suavemente. “No lo creo”. Alzó la mirada al oír un golpe en la puerta y se giró componiéndose antes de decir: “Adelante”.


***

María entró en el despacho y caminó de puntillas por el suelo, mirando de un lado otro como si esperase que espías colgasen de las casi vacías de adornos paredes de Kerry. “*Chiquita *... ¿sabes que día es el viernes?”.

Kerry, obedientemente, miró en su calendario. “Um... ¿día seis?”. Sugirió.

“Aie, aie... es el día de los jefes”. María ondeó una mano en su dirección. “Le iba a comprar algunas pelotitas para estrujar, ya sabes... o una de esas disparatadas máscaras que se ponen en el congelador y después en la cara, pero desde que me dijo que todo había salido bien creo que quizás... no se”.

“Bueno”. Kerry meditó un momento sobre el tema. “Actualmente, le dijeron que debía mantener bajo su nivel de estress con lo que esas pelotitas no son una mala idea... hmm”. Día de los jefes... se había olvidado completamente... o, para ser más precisa, en realidad no sabía que existiese. ¿Un día para los jefes?. No tiene mucho sentido, pero desde que tenía una jefa que le gustaba, debería aprovechar la ocasión. Alzó la mirada. “Oh... ya sé lo que voy a buscar”.

“¿*Oye *? ¿El qué?” . María se inclinó sobre el escritorio.

La mujer hizo una mueca. “Juguetes”. Le confesó. “Conozco algunos realmente buenos... dianas para dardos y ese tipo de cosas”. Estrujó un trozo de papel y lo lanzó a la papelera, fallando por varios pies.

“*Dios mío *”. María se cubrió los ojos. “No me lo cuentes”. Se apresuró a salir, cerrando con cuidado la puerta tras ella.

Kerry rió ahogadamente volviendo su atención a la computadora donde la esperaba la lista de proyectos. “Añadir proyecto”. Presionó dos veces. “Encontrar la manera de que Dar se relaje”. Volvió a presionar. “Prioridad, Urgente”.


“Dar, el señor director de T y T en la línea número uno”. La voz de María rompió los pensamientos de Dar mientras ésta miraba sin ver a través de la ventana. La luz del sol se reflejaba en el mar y estaba contando los barcos que cruzaban la bahía mientras los documentos en los que había estado trabajando se completaban por sí mismos en el ordenador.

“De acuerdo... ya contesto”. Replicó, apretando el botón específico. “Buenas tardes, Uthai”.

Un murmullo completamente ininteligible salió del teléfono.

“Eso está bien... ¿en que puedo ayudarle hoy?”. Dar se reclinó y estudió su lápiz balanceándolo sobre la punta de su dedo.

Se escuchó otra sarta de balbuceos, esta vez más extensos. Dar alzó la mirada cuando entró María y luego apoyó la cabeza sobre sus puños. “Claro Uthai... sólo cuélalo en mi lista de trabajo”.

Un murmullo más corto.

“Un par de días supongo”. Exhaló quedamente Dar, reprimiendo un bostezo. El largo almuerzo definitivamente la dejó en baja forma y había sido muy difícil volver a la oficina, a pesar de la gran cantidad de proyectos en los que estaba trabajando. Realmente quería tomarse el resto del día libre tras el estress de la mañana y sacarse el alivio del cuerpo de forma que recuperase su actitud normal de trabajo.
Como sea. Dar escuchó los balbuceos. Era responsable de este lugar. “De nada... que tenga un buen día Uthai”.

Un ruido sin sentido, alegre y desconcertado fue la respuesta, tras esto la conexión se cortó.

“Dar, es increíble como entiendes a ese hombre... yo no puedo descifrar ni una palabra de lo que dice”. Confesó María, agitando la cabeza ante el teléfono.

Su jefa hizo una breve mueca. “No lo hago”. Admitió. “Después revisaré mi lista de trabajo y veré lo que le he prometido”. Alzó la mirada cuando el teléfono sonó de nuevo y le indicó a María que se detuviese, cogiéndolo ella misma. “Dar Roberts...”.

“Bueno, bueno, hola Dar”. La voz de Les estaba extremadamente contenta, lo que usualmente no significaba más que problemas. “¿Qué tal el tiempo ahí abajo?”.

“Parcialmente nublado, una oportunidad para ducharse por la tarde, ¿por qué?”. Respondió Dar.

“¿No puedo simplemente preguntar?. Inquirió el presidente. “No... claro que no... sólo pensé que te gustaría cambiar un poco de escenario”.

La ejecutiva hizo rodar los ojos. “¿Cómo de poco?”.

“Orlando”. Respondió Les. “Estamos proveyendo Disney”.

Los ojos de Dar se agrandaron con verdadera sorpresa. “¿Se están proveyendo?. Creí que estaban tan malditamente orgullosos de hacerlo todo por su cuenta que preferirían tener a Mickey admitiendo que engaña a Minnie antes de pedir ayuda”.

Una gran carcajada. “No desde que cambiaron de dirección... finalmente se dieron cuenta que es mejor hacerlo fuera... todos los grandes están ahí, pero lo quiero yo”. Les se aclaró la garganta. “Tenemos un buen equipo proveedor pero necesitan... bueno, John Byers, el encargado de la cuenta esta siendo realmente golpeado por IBM... necesitas que aparezcas y le apoyemos... y ya conoces al representante de IBM, Jerry Andrews”.

“Ah... Jerry”. Dar dejó escapar una risa nada placentera. “Déjame decirte Les, que no le agradará verme la cara... la última vez que le vi me lanzó una silla”.

“Exactamente”. Coincidió alegremente Les. “Justo lo que John necesita para salirse del foco de atención de Jerry”. Agitó unos papeles. “Las reuniones son mañana y el jueves... pero me gustaría que estuvieses allí esta noche”.

Dar se lo pensó. “Puedo tomar un vuelo charter... de acuerdo. Yo me encargo Les”.

“Genial”. Suspiró el CEO. “Estas de buen humor hoy... ¿qué pasa?”.

“No mucho... tan sólo he tenido una buena mañana, nada más. Replicó Dar sin darle importancia. “Déjame empezar a ordenar los archivos para Disney, Les... hablamos luego”.

“Adiós... dales el infierno Dar”. Les colgó.

María suspiró. “¿Viajas de nuevo? Dios mío, Dar...”.

La morena mujer trabajó concienzudamente en su teclado por un momento y después alzó la mirada. “Necesito un vuelo para esta noche María... resérvame habitación para hoy y mañana por la noche en algún lugar relativamente cercano al centro de administración de allí, y lo esencial...”. Hizo una pausa, considerando. Les quiere que les de un espectáculo... de acuerdo, y ella quería mostrar a su nueva asistente, quizás pudiera matar dos pájaros de un tiro... “De hecho, creo que es una buena oportunidad para que Kerry conozca lo que es una batalla por una cuenta... reserva dos asientos y dos habitaciones... y cancela todas nuestras citas hasta el viernes”. Decidió crespamente y marcó un teléfono. “¿Kerry?”.

“Aquí mismo”. Respondió suavemente Kerry sobre una oleada de ruido del teclado. “Me estaba encargando de un poco del email”.

“Tenemos que ir a Orlando por un par de días... ¿Es un problema para ti?. Estamos facturando una cuenta allí”. Dar estaba ocupada recuperando datos.

“Uh...”. La voz de Kerry sonó sorprendida. “Um... claro... no, no hay problema... puedo hacerlo... ¿cuanto tiempo?”.

“Dos días... volaremos esta noche y volveremos el jueves por la noche probablemente”. Replicó Dar. “Me gustaría que vieses el proceso por ti misma”.

“Claro”. Coincidió Kerry. “No hay problema... seguiré trabajando en estos proyectos y trataré de acabarlos antes de esta noche”.

“Bien”. Dar cortó la conexión. “Esta bien... déjame imprimir esto... María, tendré que ir a casa y recoger una bolsa ya que no he conducido hoy... pero programa el vuelo para las siete o así... el último que salga”. Sintió como aumentaba su energía al aparecer el reto ante su naturaleza competitiva. Si pudiera volver a casa con Disney... oooh... Sus fosas nasales se abrieron en anticipación.

“*Si *, lo haré”. María estaba haciendo rápidas anotaciones en su libreta. “¿Quieres dos habitaciones juntas?”.

“Si, claro”. Asintió Dar ausentemente, absorbiendo la información. “Esta bien”. Se murmuró así misma mientras María salía, mandando hoja tras hoja a imprimir.

“Aie... *Dios mío *”. María se sentó y sacó su libro de contactos, chequeando por un número y luego marcó. Aun así hizo una pausa cuando la puerta exterior se abrió y apareció Kerry. “*Oye, chiquita *... vas a tu primer viaje, ¿eh?. No muy lejos”.

Kerry se apoyó en la esquina del escritorio. “¿Estoy leyendo esto correctamente?¿Vamos a Disney World?”.

María sonrió. “*Si *... sin embargo, es por trabajo... nada de Mickey Mouse en las reuniones”.

“Hmm... así que... ¿dónde nos alojaremos?”. Un rastro de travesura apareció en los ojos verde mar.

María sacó un planing de viajes y revisó sus opciones. “El área de la Villa está cerca... tiene acceso a las oficinas administrativas. Es bonito... el Hyatt, creo”.

Kerry tamborileó con los dedos en la mesa. “Supuse que sería algún sitio como ese... ¿que pasa si está lleno?”. Inquirió.

“Aie... bueno, hay unos siete u ocho hoteles en la zona... todavía no es época de vacaciones”. Sentenció María, dedicándole una mirada de curiosidad.

“Bueno... que pasa si... ¿que pasaría si todo estuviesen llenos?”. Persistió la rubia mujer. “¿Que pasaría si...?”. Giró el monitor y observó las opciones. “¿Qué pasaría si tuviésemos que hospedarnos... aquí?”.

María estudió la pantalla. “*Chiquita *, eso está justo en el parque”.

“Lo se”. Le aseguró Kerry.

“¿Qué pequeños planes están rondando por tu cabeza?”. Demandó la secretaria. “Dar se volvería loca si la registrase ahí”. Chequeó el documento sin sentido. El Florida era uno de los mejores hoteles en la propiedad Disney, y la imagen mostraba una enorme y blanca estructura Victoriana. “Es bonito”.

“Mm”. Coincidió Kerry. “Escucha... su médico le insistió que se tomara unas vacaciones... y ya sé que este es un viaje de negocios, pero esas reuniones no van a durar todo el día y quizás pueda sacarla un poco y que se relaje por un rato, ¿me entiendes?”.

“Ahhhhh...”. María sonrió y le golpeó la mano. “*Chiquita *, eres tan dulce... y tramposilla. Eso es bueno”. Cogió el teléfono. “Lo haré... si se enfada, que se enfade”.

Kerry sonrió. “Si funciona, valdrá la pena”. Se levantó cuando escuchó movimiento dentro de la oficina de Dar. “Whoops... me tengo que ir... escucha, te traeré un peluche de Pluto o algo así”. Se escabulló de la oficina y desapareció por el pasillo.

“Pluto... aie, *chica *... mejor cuida que ella no te pueda”. María agitó la cabeza.

El Aeropuerto Internacional de Miami empezó siendo un pequeño aeropuerto, con una única terminal. Al ir creciendo Miami, lo hizo también el aeropuerto, añadiendo más terminales, más concurrencia y más aerolíneas querían salir de él. Ahora, siendo la puerta para Sur América y el Caribe, movía a una molesta gran cantidad de gente veinticuatro horas al día, siete días a la semana.

Desafortunadamente, no se diseñó nada mientras se extendía y las aglomeraciones eran largas, además de pasillos inmensos sin cintas correderas que los hacían interminables. Siempre estaba lleno de gente, con docenas de idiomas distintos y los avisos que se escuchaban eran tanto en español como en inglés.

Dar caminó a grandes pasos a través de la gente, una bolsa de viaje colgada sobre su hombro, mientras revisaba los documentos que María le había dado, mandados por correo por la agencia de viajes de la empresa. “¿Dónde?... Jesús... nos ha reservado dentro del maldito parque...”.

“¿En serio?. Kerry se esforzaba por mantenerse a su altura, y miró curiosamente sobre el codo de su jefa. “Oh... guau... parece que es un lugar bonito... he visto fotos”.

Dar le dedicó una mirada. “No tendremos mucha oportunidad de verlo”. Avisó a la rubia mujer, tras esto dudó, viendo la velada mirada de desencanto en esos ojos verdes tan interesantes. “Bueno... quizá un poquito...”. Cedió. “Podemos desayunar con Mickey de todas formas”.

Kerry sonrió. “Nunca he estado en Disney World... siempre he querido ir, y estuvimos planeando un viaje por algún tiempo en Associated, sólo un puñado de nosotros yendo en un fin de semana, pero nunca acabamos de confirmar los detalles”. Evitó un skycap con prisas al llegar al punto de seguridad. Las dos pusieron sus portátiles en los cinturones correderos, y Dar dejó caer su móvil y busca en el interior de un pequeño cesto que sostenía el agente. Entonces lo atravesaron y recogieron sus cosas al final de la cinta de rayos X. “Sabes, tengo menos problemas superando la seguridad aquí en Miami que cuando voy a cualquier otro sitio”. Comentó Dar, mientras comenzaban la larga caminata a través del gentío. “Me registraron completamente en Iowa, incluso me hicieron encender el ordenador y marcar un número en el móvil”.

Kerry rió mientras empujaba para seguir el paso, pegando pequeños saltitos de vez en cuando para compensar la zancada mucho más larga de Dar. “Supongo que tenían más tiempo para gastar que estos tipos”. Se alegró de haber tenido tiempo para cambiarse y viajar con ropa casual, ya que tenían hasta mañana antes de la reunión con los probables clientes. Se sentía mucho mejor con su suave y verde camiseta de franela metida dentro de unos denims lavados a la piedra, y sus botas de media altura de senderismo. Dar parecía... Kerry miró de soslayo a su compañera. Casualmente elegante como siempre, con su apretada camiseta color crema y su chaleco negro bordado sin abotonar sobre unos vaqueros y unas cómodas zapatillas de deporte. Tan sólo dobla tu traje y mételo en la bolsa de viaje, le había dicho secamente Dar. Incluso si lo metes en un porta trajes necesitará un planchado, así que te evitas el cargar con la maldita cosa.

Eso funcionó, coincidió Kerry, y también metió su traje de baño y algunos pantalones cortos por si acaso.

Sólo por si acaso. Se dedicó un gesto. Apuesto a que, al menos, la puedo llevar a MGM...

Estaba facturando el vuelo cuando llegaron a la puerta, y la atravesaron enseñándole sus billetes de embarque al agente de la puerta y caminaron a través del alfombrado pasillo de embarque hacia el 727. Tomaron sus asientos en primera clase, poniendo su equipaje sobre sus cabezas y sentándose en los grandes y confortables asientos. “Bueno”. Dijo Kerry, mientras se abrochaba el cinturón de seguridad. “Esto es viajar con estilo”.

Dar se reclinó y extendió sus largas piernas, cruzándolas a la altura de los tobillos. Estaban en la primera fila de asientos, con espacio extra para las piernas. “Cortesía de intercorporaciones”. Se encogió ligeramente de hombros. “Hacemos todo su soporte de Software y Hardware, con lo que tenemos ciertos privilegios... y si están libres, vamos delante”. Le dedicó una sonrisa al camarero que se acercaba.

“Hola... bienvenidas a bordo... ¿les puedo ofrecer algo de beber antes de despegar?”. Su eficiente manera de hablar era reservada pero amistosa.

Dar exhaló. “¿Tiene algún batido de chocolate?”. Preguntó inocentemente.

Kerry hizo rodar los ojos. “Zumo de naranja para mí, por favor”. Le dio a Dar un pequeño codazo. “Eres mala”.

Una oscura ceja se arqueó, y Dar se señaló a sí misma. “¿Yo?”. Alzó la mirada cuando volvió el camarero, con vasos de cristal rellenos con las bebidas solicitadas. “La leche es muy sana para ti, Kerry...”. Flexionó un brazo, los músculos moviéndose suavemente bajo el fino algodón de la camiseta color kaki que vestía. “Te hace sentir bien y fuerte”.

A pesar del largo día, todavía seguía con muy buen humor, de hecho estaba deseando llegar para empezar con el proyecto, a pesar del prometido antagonismo. Había tenido un momento de culpabilidad al traer a Kerry, pero... Miró el perfil de su compañera, y la terca fuerza que podía ver en su barbilla y francos ojos. Si ella quiere hacer esto, deberá empezar en algún sitio. Mejor aquí y ahora, bajo mi protección, ¿verdad?.

Además, tenía que admitir que era mucho más divertido viajar con alguien a quien poder hablar, antes que sola. “Lo juro”. Insistió, tomando un sorbo. “Mm...”.

Kerry captó el tono de juego en su voz, y le siguió la corriente. “Debes tener una vaca entonces... ¿Dónde la guardas?”.

Dar rió y alzó su vaso, chocándolo con el de Kerry. Ambas tomaron un trago y sus ojos se encontraron por un instante, antes de que Dar bajara la mirada, hacia los documentos de viaje que había dejado sobre sus piernas. “El Floridian, ¿eh?. Bueno, habrá que conducir por la mañana, pero al menos sé que tendremos agua caliente”. Se reconcilió con su destino. “Y tienen unas tostadas francesas con plátano geniales para desayunar”.

Kerry se reclinó sobre el apoya brazos y alzó una ceja. “¿Tostadas francesas con plátano?”.

“Mmhmm”. Asintió la morena mujer, con un rápido cabeceo.

“Me encantan los plátanos”. Kerry se tapó los ojos. “Estoy en problemas”.

Dar se rió y se reclinó hacia atrás, suspirando al relajarse en el asiento de cuero. Quizás no sea tan malo... había un pequeño parque de agua cerca del hotel... quizás pudiesen tomarse una hora libre entre reuniones y tomar un rápido baño.

Será divertido.

Si.

“Gracias”. Kerry le sonrió al botones que las había llevado hasta sus habitaciones mientras éste se reclinaba, y cerraba la puerta la salir. Miró a su alrededor con curiosidad, dándole una inclinación de la cabeza como asentimiento a la habitación al observar la clara y aireada decoración, además del escrupulosamente blanco lienzo. La habitación tenía una larga cama en ella, un armario flanqueado por una alta consola que contenía una pequeña televisión y una pequeña nevera. Una pared era de cristal, cubierta por tresillos que eran parcialmente ensombrecidos por la vista que brillaba con varios colores. Kerry dejó su bolsa sobre la cama, y se acercó a la ventana descorriendo las cortinas y mirando al exterior. “Oo”.

Un oscuro lago rodeaba al hotel, las luces del edificio se reflejaban en su superficie. Los barcos lo atravesaban, también cubiertos con luces, y a mitad de camino se veían las brillantes bombillas que iluminaban la calle principal y las plateadas torres del castillo de Cenicienta que se alzaban hacia el cielo. Kerry presionó su nariz sobre el cristal, observando los alegres brillos de las luces. A lo largo del lago podía ver un brillo de antorchas sobre una isla en el centro del agua, y podía ver también otras antorchas marcando la lejana orilla. Estaba tan absorbida mirando que no escuchó cuando se abrió la puerta que conectaba su habitación con la de al lado, y se asustó cuando una cálida presencia apareció a su espalda. Kerry alzó la mirada y vio ojos azul pálido observándola en su reflejo en el cristal, y sonrió encontrándolos. “Oh... hola... me has asustado”.

“Mm”. Dar desvió su mirada hacia el exterior. “Bueno, bueno... el viejo castillo se ve muy bien”.

Kerry exhaló. “Tengo que planear un viaje aquí... parece tan divertido”. Hizo una pausa. “Ey... tenemos un par de horas... ¿quieres que demos una vuelta?”.

“Oh no...”. Rió Dar, sacudiendo la cabeza. “Tengo informes para estudiar”.

Oh bueno, buen intento. “Supongo que yo también”. Sonrió Kerry.

“Probablemente este lleno de gente y de ruido, y hemos de madrugar mañana, ¿verdad?”.

Dar asintió. “Exacto”.

Hm... intentemos otra táctica... “Además, se supone que te lo debes tomar con calma... será mejor que nos quedemos y nos relajemos”. Le dijo Kerry inocentemente. “No querrás sobre excitarte”.

Una oscura ceja se arqueó.

Kerry se alejó de la ventana y abrió su bolsa. “Voy a llamar al botones para que recoja este traje... ¿quieres que recojan el tuyo también?”.

Dar cruzó los brazos, y miró hacia fuera a los plateados minaretes. “Sabes, pensándolo mejor, será mejor echar un vistazo ahí fuera”.

Ojos verde brillantes la miraron. “No... es tarde, Dar... y has tenido un día realmente largo”.

La alta mujer se giró y la miró. “¿Tarde?”. Bufó suavemente. “Es casi primera hora, Kerry... creo que será una buena idea chequear el parque al menos... pero si no te apetece, te puedes quedar aquí”.

De alguna manera, Kerry consiguió ocultar una mueca en su cara. “No... puedo hacerlo... si crees que es importante”.

Dar asintió, y se encaminó hacia su habitación. “Lo creo... además, hace buen tiempo ahí afuera para variar, mejor nos aprovechamos de eso”. Desapareció, y Kerry se frotó las uñas en su camiseta, entonces se rió. “Prepárate, Pluto... allá voy”.

El conserje del hotel amablemente les ofreció dos entradas, y atravesaron el recibidor dejando atrás montones de gente que reían y se relajaban. El recibidor tenía varios bares y algunos restaurantes, y Kerry se acordó de repente que se había olvidado de cenar. Bueno, supongo que al menos habrá palomitas ahí fuera. Suspiró, y siguió la alta figura de Dar a través de la moqueta y hacia la estación del monorraíl.

Estaba llena de gente que se dirigía a y venía de diferentes lugares, y el murmullo de voces se alzó a un alboroto. “Whoa”. Kerry se apoyó de espaldas sobre una baja barandilla, mirando hacia fuera a ver si venía el tren. “Esta a tope...”. Observó a la gente que las rodeaba y suspiró.

Dar, desde su más confortable altura de seis pies, miró a su alrededor, entonces puso una mano sobre su hombro al atravesar la barrera y acercarse al pulcramente vestido y sonriente asistente. Tras un momento, el asistente asintió y las llevó al interior, y Kerry se encontró en la pequeña y cerrada área cerca del sistema de control, separada del resto de la gente, algunos de los cuales la miraban con curiosidad. “¿Dar?”.

“¿Hm?”. La alta mujer miró hacia abajo, pero se libró de más preguntas por la llegada del monorraíl. Éste siseó suavemente al entrar en la estación con un gemido electrónico y se paró con la nariz a unos seis pies de donde ellas estaban.

El asistente abrió la puerta del conductor y las dirigió hacía ella, Dar puso una mano sobre la espalda de Kerry, empujándola suavemente. “Vamos”.

Con total desconcierto, Kerry entró en la cabina del piloto, y sonrió al joven allí sentado. El pequeño espacio triangular tenía asientos plegables a lo largo de la nariz de Plexiglas y se dejó caer en uno de ellos, mientras que Dar se relajaba en el otro.

“Hola chicas... bienvenidas al Monorraíl Purple”. Las saludó alegremente el chico. “La próxima parada es el Mundo Mágico”. Miró a un lado mientras la puerta se cerraba, entonces puso el tren en movimiento, saliendo del hotel a través de los raíles. “¿Venís desde lejos chicas?”.

Kerry observó como se iban acercando las luces fascinada. “No... somos de Miami”.

“Oh... compañeras de Florida... eso es genial. Mi familia es de West Palm Beach... tan sólo hace un año que nos mudamos aquí”. Comentó alegremente. “¿No está el tiempo genial? Es perfecto para pasear por los parques”.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 26th 2012, 1:18 pm

“¿Nunca te aburres de estar dando vueltas todo el día?”. Preguntó Dar, su rostro medio en la oscuridad y los brazos cruzados sobre el pecho.

“Oh no”. El chico agitó la cabeza. “Es diferente cada día... algunas veces damos vueltas en un sentido, otras en el otro, y también nos turnan con la otra línea. Y si eres apto en el mono, te puede tocar aparcar coches tranvía en la mañana... es divertido”.
Dar y Kerry intercambiaron miradas. “Así que... es como una distinción, ¿verdad?”. Preguntó Kerry mientras el monorraíl comenzaba a ir más despacio, preparándose para entrar en la estación del Mundo Mágico. “¿Están los conductores de monorraíl en primera línea?”.

Él se rió. “Oh no... los pilotos del lago... los que conducen las lanchas”. Paró el tren y presionó un botón, abriéndoles la puerta. “Guau... ha sido genial hablar con vosotras... espero que volváis pronto al monorraíl Purple”.

Dar se levantó y le dedicó una rápida mueca. “Gracias... que tengas un buen... um..”. Hizo girar su dedo. “Rodeo”.

Kerry se escabulló tras ella y salió por la puerta, esperando a que su jefa la siguiera y la alcanzara antes de reír suavemente. “O Dios mío... ¿qué ponen aquí en el café?”.
“Todos son así”. Le aseguró Dar. “Creo que es política corporativa... aunque tu idea de agua con drogas en las fuentes también se me ocurrió a mí”. Siguió a Kerry a través del declive de la rampa y después a través de barreras electrónicas que tragaron y expulsaron sus entradas. “Souvenirs”. Kerry alzó la suya y la metió en su bolsillo. Tomó un gran respiro y comenzó a andar, por debajo de la estación y hacia las brillantes luces de Main Street.

Dar sonrió, medio escondida en la oscuridad, mientras entraba en el parque detrás de su joven compañera. Había una plaza frente a ellas, con la estación del tren en el frente, dos grandes edificios a cada lado con indicaciones de que eran el edificio de los bomberos y el ayuntamiento, y la extensa calle de tiendas en el lado más lejano. Atravesaron los guijarros y giraron hacia Main Street, y Dar aspiró cuando apareció ante ellas el castillo, brillante con luces.

A cada lado de ellas había fachadas de tiendas antiguas de todo tipo, y Dar se detuvo en seco al pasar una. “Ey”.

“Que...”. Kerry la vio meterse por una puerta y la siguió, golpeándose en la cara con un fuerte golpe de aire con olor a caramelo y chocolate. “Oh chico”. Pasó al lado de un escurridizo dependiente y se paró junto a su jefa, inclinándose sobre el cristal separador y viendo como una máquina sacaba grandes tiras de oloroso caramelo una y otra vez. Sin embargo, una caja de chocolates captó su mirada y se giró, encontrándose en frente de un despliegue en forma de pila de variadas cajas. “Dulce de chocolate”.

“¿Eso es una conclusión o una maldición?”. La voz de Dar sonó justo a su espalda.
“Si”. Suspiró Kerry. “Me encanta el dulce de chocolate”. Sonrió a la dependiente, quien le devolvió una mueca traviesa. “¿podría tomar una pieza del chocolate, por favor?”.

“¿Sólo chocolate?”. Bromeó su jefa. “También tienen mantequilla de cacahuete ahí”.

“Nop... soy una puritana”. Kerry tomó su compra, y le pasó a la chica el dinero. “Gracias”.

Dar adquirió para si misma varios pequeños paquetes, y siguieron andando por la calle, cruzándose con un carrito que iba en la otra dirección cargado de cansados turistas. “¿Tienes hambre?”. Preguntó abruptamente mientras pasaban una pequeña sala estilo Victoriana.

“Si... un poco”. Admitió Kerry alegremente. “Hay un puesto de perritos calientes ahí...”.

La alta mujer bufó suavemente. “Nada de Pluto molido ni Astro hamburguesas, ¿vale? Esas son mis reglas aquí... vamos”. Guió a Kerry a través de la plaza al final de Main Street hacia el castillo, girándose bruscamente hacia una pequeña alcoba provocando que Kerry casi se chocase con ella. Frente a ellas había un pequeño recibidor, con una apuesta mujer vestida con un traje medieval.

“Hola amigas... bienvenidas a la sala de banquetes del Rey Stefan... ¿desean cenar esta noche?”.

“Dos”. La informó Dar con una sonrisa mientras Kerry tiraba de su manga. “¿Hm?”.

“¿Hay un restaurante aquí?”.

Dar hizo una mueca. “Um hm... espero que te gusten las costillas”.

“¿Costillas?”. Kerry la siguió hacia un ascensor y se bajaron en la segunda planta. “Pero esto es Dis...”. Se paró, sorprendida. La segunda planta disponía de un gran espacio abierto para almorzar rodeado de altas ventanas. Robustas mesas de madera con platos y copas de estaño estaban distribuidas en dos niveles diferentes, y varios comensales ya estaban sentados alrededor de la sala. “Oh. Genial”.

Se sentaron en una pequeña y agradable mesa en la esquina, y ordenaron del pequeño menú. “Costillas, extra de costillas, ,media vaca y pollo”. Rió Kerry. “Creo que tomaré las costillas gracias... y algo de ponche”.

“Lo mismo”. Dar se reclinó hacia atrás y la estudió. “No todo el mundo sabe que este lugar está aquí... lo que más venden son las cosas de comida rápida... también hay un sitio que sirven buen pollo y pescado cerca de la Plaza de la Libertad, pero tenía ganas de carne de vaca hoy”.

“Ninguna queja por mi parte”. Kerry alzó la mirada cuando una cesta de panecillos y mantequillas fue depositada en la mesa. Examinó la mantequilla. “Oh... Dar, mira... tiene un pequeño Mickey Mouse estampada en ella”. Levantó el plato de estaño y se lo mostró a su acompañante. “¿No es una monada?”.

Dar secuestró rudamente a un desventurado Mickey y lo untó en un panecillo. “Adorable”. Coincidió, masticándolo. “Algún sitio en particular que quieras ver, ya que me has estafado en venir aquí?”. Sus azules ojos destellaron gentilmente.

“¿Yo?”. Kerry se señaló el pecho. “Pero, jefa... ¡fue tu idea!”. Pero hizo una mueca traviesa ante Dar. “Gracias por favorecerme con mi capricho infantil”. La vela de la mesa se movió con el movimiento del aire, y arrojó interesantes sombras a través de las facciones de Dar. Los azules ojos recorrían los alrededores a menudo mientras la alta mujer observaba a la multitud, y la piel alrededor de ellos se encogía y estiraba con cada movimiento. Su oscuro cabello caía gentilmente sobre sus hombros y rodeaba su rostro y de repente Kerry fue consciente de que estaba mirando fijamente.

Encontró otra cosa a la que mirar, alzando un enorme tenedor de dos puntas y haciéndolo girar.

Dar se aclaró suavemente la garganta. “Así que... ¿hay algún sitio que quieras ver?”.

Kerry meditó sobre el tema. “¿Por qué no sugieres algo tu?. Parece que conoces bastante bien este sitio... quiero decir, las montañas rusas estarían bien”.

“Ah... las montañas del Espacio, el Trueno y el Agua... vale... podemos verlas en un par de horas”. Accedió Dar. “El parque está abierto hasta media noche... estará más tranquilo después del desfile”.

Como si fuera una señal, una marcha de tambores se escuchó a través de las ventanas, y Kerry presionó su nariz sobre una de ellas, mirando hacia fuera para ver pasar una banda de músicos.

Dar la observó con una sonrisa indulgente, aprovechando la oportunidad para estudiar el dulce perfil de su acompañante. Kerry tenía una recta y pequeña nariz y una redonda y firme barbilla, con mejillas redondeadas y blandas y ordenadas pestañas. Ahora mismo, esas pestañas estaban guiñando y abriéndose mientras veía el desfile, reflejando la luz de la vela al igual que las arrugas que aparecían en la esquina de su boca cuando sonreía.

Era, Dar se reconoció a si misma, agradable simplemente sentarse a la mesa con alguien que era mona, inteligente, y no tenía un motivo de fondo para compartir la cena con ella.

Whoa. Retrocedió en sus pensamientos. Inteligente, si. Kerry ciertamente lo era. ¿Mona?. ¿De dónde ha venido eso?. Ojeó a la joven mujer, la cual estaba todavía absorbida por la vista de fuera. Bueno, era mona, razonó la ejecutiva. Sólo muy dulce, agradable y... bueno... mona. Vamos, Dar... deja de decirte tonterías... sabes que es mona, y más que eso o no habría sido una imagen de ella en bañador lo que usaste para acelerar el latido de tu viejo corazón, ¿eh?. La ejecutiva dejó escapar un falso suspiro, y desechó los pensamientos. No tu tipo, niña.

De repente, ojos verdes se encontraron con los suyos y notó los pequeños brillos dorados en ellos por primera vez. Eran ojos interesantes... recordándole al sol bajo el agua y los estudió curiosamente hasta que la ceja alzada le hizo ver que estaba mirando fijamente. Esta bien... bastante de eso. “¿Desfile interesante?”.

Kerry ladeó la cabeza. “¿Desfile?”. Preguntó suavemente, entonces se sonrojó ligeramente. “Oh... si... es muy bonito... tenían una carroza con Mickey y Minnie bailando sobre ella”. Alzó la mirada al llegar el camarero con la cena. “ Madre mía”. Miró el plato cuando se lo pusieron al frente. “¡Dios mío, esa vaca tenía que ser del tamaño de un elefante!”.

“De hecho es Dumbo, madam”. Sentenció el camarero con voz queda. “Se detuvo sobre la cola de Minnie, y todo se acabó para él”.

Ambas mujeres le miraron, entonces estallaron en carcajadas. “Jesús... ¿Se te ha acabado la medicación?”. Bufó Dar.

“A nosotros no nos la dan”. Confesó el hombre, colocando la porción de Dar frente a ella. “Tenemos que manejar cuchillos para la carne y platos calientes... puede ser peligroso”. Hizo una pequeña reverencia, agitando sus largas mangas y se alzó. “Que disfruten de sus cenas”.

Hablaron sobre temas de trabajo sin importancia mientras atacaban las costillas, y lentamente esa conversación derivó a temas más personales al mencionar Dar la última vez que había visitado el parque.

Kerry se encontró simplemente disfrutando del sonido de la voz de la mujer mayor, la cual era baja, vibrante y tenía cierto deje musical. Se preguntaba si era un acento, o simplemente la manera de hablar de Dar.

Y eso la llevó a otra pregunta. Esperó hasta que su jefa terminó de mencionar las partes de Epcot en construcción, y entonces alzó la mirada. “¿Dar?”.

Esos increíbles ojos azules la miraron y se lazó una ceja, lo que significaba “¿Si?”. Realizó Kerry. “¿Puedo hacerte una pregunta personal?”. Inquirió, un poco avergonzada.

La oscuridad ocultó su sonrojo, de lo cual Dar estaba extremadamente agradecida. “Um... no te garantizo que la conteste pero si, adelante”. Sintió una oleada de nervios azotarla el estómago.

Kerry se reclinó hacia delante. “¿Tu nombre es el diminutivo de algo o es simplemente Dar?”.

“Oh”. La morena mujer pinchó una patata y la introdujo en su boca, dándose una oportunidad para pensar. Podía decir que era Dar simplemente, puesto que legalmente lo era. Aun así... “Bueno, mi madre era... es... supongo que lo sigue siendo... una adicta a las novelas románticas españolas... tenía un personaje favorito... Paladar. Me llamo así por eso”. La ejecutiva se aclaró la garganta avergonzada. “Lo odiaba... me lo cambié legalmente al cumplir los dieciocho”.

Kerry apoyó su barbilla en su mano, fascinada. “Paladar... no se... a mi me gusta... te pega”. Vio el brillo de alarma recorrer el rostro de Dar. “Sin embargo, no debes preocuparte... no lo usaré... no, si no te gusta”.

“Pe... um... bueno...”. Dar jugueteó con el tenedor. “Era tan estúpido... quiero decir, el personaje era de una mujer loca que iba por el mundo enamorándose cada vez que alguien se quitaba el sombrero y no paraba de meterse en problemas... que yo... no veía ningún parecido así que...”. Se encogió de hombros. “Y los niños de mi edad sabían de donde venía el nombre... me gastaban muchas bromas”. Pinchó otro trozo cuadriculado de costilla y lo sumergió en el pequeño bote de salsa. “¿Y el tuyo? ¿Es Kerry el diminutivo de algo?”.

Una cálida sonrisa apareció en el rostro de la joven mujer mientras miraba a su acompañante.

“Kerrison. Es un nombre familiar... en general se les da a los chicos, pero mi padre estaba decidido a ponérselo al primer descendiente que tuviera a toda costa, así que. He de vivir con ello”. Mordió una haba verde por la mitad y masticó. “No lo uso mucho... incluso en mi curriculum pone Kerry... y en todos mis papeles oficiales de trabajo”.

“Mm... lo se... por eso pregunté”. Dar la miró con una mueca. “Podía simplemente conectarme y encontrar la respuesta”.

Las cejas de la rubia mujer se arquearon. “Eso es tan raro... tu sabes tantas cosas sobre mí, y yo... es simplemente extraño”. Se rió un poco. “Quiero decir, no es como si yo pudiera conectarme y encontrar cosas sobre ti”.

Dar la miró, una minúscula sonrisa rondándole los labios. “Kerry, ya sabes más acerca de mí de lo que encontrarás en los ordenadores de la compañía”. Respondió quedamente. “Tus ayudantes de trabajo estarían sorprendidos de saber cómo es mi casa o que me gusta bucear, o cual es mi verdadero nombre, por ejemplo”.

Kerry se quedó momentáneamente sin aliento. “Oh”. Se sonrojó, esta vez de forma más notable bajo la suave luz. “Bueno... eso me hace sentir mejor...”. Tomó su vaso de ponche y tomó un gran trago para ocultar su confusión. “Sabes... no para traer un mal tema, pero tu verdadero nombre me recuerda a algo”.

“¿Oh?”. Dar alzó su propio vaso y bebió. “A que... ¿Un paquete de nubes?. Esa era una versión popular cuando era joven”.

“Oh... ¿como Mallomar?”. Kerry rió suavemente. “Bueno, sois dulces y sabrosos”.

Esta vez el sonrojo hizo que sus rubias cejas sobresaltasen en color, y dio un respingo como respuesta. “Um... eso no... quiero decir, yo no... um...”.

Dar rió ahogadamente. “Si... si... sé lo que quieres decir... tranquila”. Hizo una pausa. “¿En que más estabas pensando?”.

“Um...”. Kerry se restregó la cara como tratando de hacer desaparecer el sonrojo. “Paladines, de hecho... el otro día estaba leyendo una historia en los que salían, y... um...”. Miró a Dar, que parecía desorientada. “Oh... bien... probablemente no leas ese tipo de libros... claro... bueno, los Paladines son caballeros, pero especialmente son caballeros del bien, que defienden a las personas no por la recompensa, sino simplemente porque era lo correcto a hacer... eso es lo que eran... gente que hacía cosas simplemente porque estaba bien hacerlas, no porque les beneficiase de alguna manera a ellos”.

Dar se inclinó hacia delante. “Kerry... no soy ninguna especie de buena persona... créeme ¿vale?. Me como a la gente para almorzar... despido a gente como me cambio de camisa... reestructuro compañías para maximizar los beneficios para nuestra compañía... todo el mundo me odia. Así que... trata de recordarlo, ¿si?. O te llevarás un shock cuando entremos en estas reuniones”.

“No todos”. Replicó Kerry quedamente.

“¿Hmm?”. Dar la miró interrogadoramente.
“No todo el mundo te odia”. Sentenció la rubia mujer, alzando ligeramente la barbilla. “Yo no”.

Dar la miró fijamente mientras caía un silencio entre ellas. “No me conoces... tanto”. Contestó finalmente. “No quiero que me veas como algo que no soy, Kerry... estoy hablando en serio”.

Te dices a ti misma lo mala que eres, de forma que no te duela tanto cuando los demás te lo dicen, ¿verdad?. “Esta bien. Prometo no verte como lo que no eres, ¿vale?”. Replicó amablemente.

“Bien... espero que haya quedado claro”. Replicó Dar, con un asentimiento de la cabeza.

“Bien”. Coincidió Kerry, mientras acababa su cena. “Guau... estaba bueno”. Se reclinó hacia atrás y le dedicó una sonrisa al chico que estaba recogiendo la mesa, entonces volvió con un plato de tarta de fresa. “Oh Dios...”. Le dedicó a la sonriente Dar su mirada de máxima exasperación. “Me rindo... simplemente me voy a reconciliar conmigo misma en parecerme a Miss Peggy, y ya está”.

“No te preocupes... lo caminaremos... este sitio esta realmente desperdigado”. Le aseguró Dar. “¿La Space Mountain primero?”.

Kerry empezó su postre. “Me parece bien... ¿de verdad alguien se quedó sin cabeza en ella?”.

La morena mujer bufó suavemente. “Es una leyenda... pero es una buena... siempre la oyes por alguien que iba delante de ellos, y vio como la cabeza aterrizaba varios carros por delante del resto del pobre bastardo”.

“Ugh... intentaré no pensar en eso”. Kerry puso una cara. “Y me apretaré el cinturón de seguridad”.

“Oh, bueno no debes...”. Dar se detuvo, considerando. “Bueno, ahora que lo pienso...”. Una pensativa sonrisa cruzó su rostro. “Estarás de lo más segura”.
Kerry alzó la mirada con curiosidad, preguntándose que querría decir.

Todo el mundo estaba viendo el desfile. Eso significaba que la cola de espera era corta, y Kerry hizo una mueca al llegar a ella, apoyando sus manos en la barandilla que mantenía el serpenteante camino de humanidad en orden. La Space Mountain era una estructura alta y cónica en el centro de Mundo del Futuro (Tomorroland), que tenía un blanco techo en forma de espiral, y ominosos avisos por todos lados que advertían a mujeres embarazadas, niñas, gente bajita, gente con problemas del corazón y Mormones... no, espera, Kerry releyó el aviso. “Oh... nuevas madres... correcto...” de no subir a la montaña rusa. “Como si alguien fuera a montar a un recién nacido en esto”.

“No te rías”. La voz de Dar provenía de justo detrás de ella. “Una vez vi a unos que querían colar un conejillo de indias debido a una apuesta”.

Kerry se volvió de golpe. “No lo hiciste”. La acusó, con una sonrisa. “Lárgate, Dar”.

“Si que lo hice”. Insistió su jefa. “Lo tenían en una mochila, y estaban en frente mío... estaba sacando su rosada naricilla y agitándola”.

“¿Qué hiciste?”. Preguntó con curiosidad la rubia mujer según avanzaban.

“Asegurarme de no estar detrás de ellos cuando vomitase”. Replicó secamente Dar. “Vamos... sigue el camino”. El camino se inclinó y bajaron una rampa hacia la zona de embarque iluminada con neones. Estudió los carritos según se iban llenando, y se dio cuenta de que cada uno estaba dividido en dos asientos. Podías ir sola en uno grande y agarrarte de alguna manera tu misma o, podías montar dos juntos y dejar que la persona detrás tuya te agarrase.

Ooo... dilema. Kerry miró hacia su acompañante, la cual estaba viendo los preparativos con mirada interesada. “Um...”. No pretendía estar avergonzada. “¿Te puedo pedir un favor?”.

Ojos azules casi violetas por los neones se fijaron en ella. “Claro”.

Kerry asintió hacia los carritos. “¿Te importaría mucho si vamos en uno doble?. Me encantan las montañas rusas, pero me asustan un poco”.

¿Fue eso una mueca lo que apareció y desapareció en la cara de Dar?. Estaba muy oscuro para asegurarlo realmente. “Claro... no hay problema”. Contestó Dar, con voz normal. “Deberías ir a Buch Gardens... eso si que son montañas rusas”.

“Ah”. Kerry se adelantó hacia donde estaban aparcando los siguientes carritos. “Fui a una fuera del estado, y he montado en esa que te sujetan por encima de la cabeza... ¿sabías que cuando vomitas yendo de arriba para abajo en una de esas puede caer sobre tu propio zapato?”.

Dar pensó sobre la física de eso. “Guau... no lo sabía”. Admitió mientras se introducían en uno de los carritos. Ella se apoyó en la parte de atrás mientras que Kerry se sentó cuidadosamente entre las piernas de Dar.

El carro se movió para dejar espacio a la nueva tanda de carritos, y la empujó un poco para atrás de forma que podía sentir las rodillas de la alta mujer presionando en su cadera y la calidez de su piel a través de los vaqueros de Dar.

Se sentía bien. Miró hacia atrás y vio como el carro comenzaba a moverse, y avanzaron unas pulgadas sobre los raíles, entonces giraron en una esquina y empezaron a ascender. “Uh...”. Kerry se dio cuenta de que no sería capaz de mantenerse derecha sin un fuerte agarre.

“Relájate... échate para atrás”. La voz de Dar la calmó, palmeándola el hombro. “Puedo aguantarlo”.

La inclinación aumentó, y no tenía mucha opción, al liberar su agarre de los extremos del carro y acomodarse sobre el pecho de la alta mujer, sintiendo que Dar la agarraba con un abrazo seguro por la cintura.
“Ya está... te tengo”. Le dijo alegremente la ejecutiva.

Si. Kerry absorbió la sensación. Claro que lo haces. Sabía que debía sentirse muy, pero que muy nerviosa y muy incómoda, pero por alguna razón, era sólo...

Agradable. Como si fuesen viejas amigas. Sonrió y se relajó un poco, viendo las estrellas colocadas al azar sobre su cabeza al llegar al tope de la inclinación. Podía sentir a Dar respirando, un movimiento quedo y suave y se relajó aun más, dejando caer la cabeza hacia atrás sobre la clavícula de la morena mujer y sintió como el abrazo se apretaba ligeramente.

Era como, si... un poco como esto... al menos, la sensación de estar protegida lo era.

Alcanzaron el tope de la rampa y el carro continuó, empezando el recorrido. Estaba oscuro, y giraba mucho, y realmente no había mucho que ver por lo que mantuvo los ojos cerrados, y dejó que la gravedad se pelease con el fuerte agarre de Dar.

Dar ganó, por supuesto, y consiguió evitar que le cortasen la cabeza, lo que era bueno.

Terminó demasiado pronto, y fueron impulsadas hacia una plataforma de finalización. Dar la soltó y Kerry se sentó con una mueca. “Guau... ha sido divertido”. Se levantó y saltó fuera del carrito, con la alta mujer siguiéndola. “Aunque era tan oscuro... ¿son todas como esta?”.

Dar agitó la cabeza. “Thunder Mountain no lo es... nunca he estado en la otra... pero no creo que lo sea. Esa es más que nada agua”. Salieron hacia una noche estrellada, donde las leves notas del desfile todavía flotaban en el aire.

“Gracias por mantenerme a salvo”. Kerry la sonrió.

“No hay problema”. Replicó Dar con una ligera mueca. “Odiaría decirte todo lo que tendría que pasar en Personal si te perdiera en un viaje de trabajo. Mariana me cortaría la cabeza”.

Las dos se rieron, entonces Dar se dirigió a la derecha. “Por aquí... podemos escabullirnos por detrás de Frontierland para llegar a la Big Thunder”.

“Oh... ¿es ahí donde está la Juerga del Country Bear?” : Preguntó de repente Kerry. “Lo he visto tantas veces en la tele...”.

Dar le dedicó una indulgente mirada. “Esta bien... capto la indirecta... vamos”. Le dio una mirada de soslayo. “Me sorprende que no quieras ver La Casa Encantada”.

“Ooo...”. Kerry puso una cara. “Me olvidé de eso... ¿está por aquí cerca?”.
Dar simplemente se rió, y cambió de dirección. “Vamos”.
Montaron en el último monorraíl que salía, y estaban contentas de poder sentarse en los asientos regulares mientras el pulcro tren salía del parque y se encaminaba de vuelta al hotel. Dar se reclinó sobre la ventana y miró hacia afuera, incapaz de creer que había sido engañada para pasar la noche en el Mundo Mágico.

Madre mía. Mejor que no se entere nadie, o nunca escucharía el final de la historia. Vio las luces de los barcos ahí abajo pasar de largo y exhaló, viendo como su aliento se condensaba en el cristal. Sin embargo, no fue tan malo... y no es que hubieran tenido otra cosa planeada para la tarde... ya había ojeado todos los informes antes de salir, y la otra opción hubiese sido encontrar algún entretenimiento en el hotel.

Esto, decidió, había sido igual de bueno y todas las caminatas habían sido ciertamente sanas. Habían sido capaces de alguna manera de ver las mayores áreas en dos horas, y habían caminado a través de Main Street mientras el parque estaba cerrando, viendo como globos de Mickey Mouse se elevaban en el aire sin dirección concreta al escaparse de las manos de los niños adormilados.

Miró a su izquierda, escondiendo una mueca ante las bolsas recogidas bajo el brazo de su acompañante. De uno asomaba un búfalo, con los ojos bizcos y la pequeña y rosada lengua sobresaliendo cómicamente. Del otro, emergía un Pluto de feliz mirada y estaba confortablemente apoyado sobre el hombro de Kerry, sus negras orejas colgando contrastando con el rubio cabello.

Para su asombro, Kerry se había enamorado de Buff, el animado búfalo de pared de la Juerga del Country Bear, y no se quedaría satisfecha hasta que no explorase las postales de Frontierland y llevarse una a casa. Trató de convencer a Dar para que se comprase una gorra de piel de mapache, pero la ejecutiva había echado un vistazo a la peluda cola colgando sobre su oreja, y la dejó en lo alto de un estante, fuera del alcance de Kerry.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 27th 2012, 10:41 am

No, se había enganchado a su caramelo, aunque unos delfines sobre la cresta de una ola hechos a mano en cristal en la tienda de los cristaleros la había tentado. Finalmente decidió que al cosa probablemente se rompería y la dejó en su sitio.

Entonces perdió a Kerry momentáneamente, sólo para verla volver al cabo de unos minutos con Pluto y una sonrisa satisfecha en su rostro. El Emporium, la última tienda de provisiones para los frenéticos cazadores de souvenirs, era siempre el último sitio en cerrar, y anduvieron por él de camino a la salida, con Dar sucumbiendo a la opresiva presión del mercado comprándose un polo negro con un Mickey plateado cosido en la pechera.

“Oh, eso es alegre”. Bromeó Kerry.

Dar rió secamente. “Plan calculado de ataque. Me lo pondré para la reunión de mañana, debajo de la chaqueta”. Sus ojos brillaron con malicia. “Buena psicología... esta gente de Disney son muy excéntricos... son hombres de negocios, pero todavía permanece un fuerte elemento de la vieja inmunidad del centro familiar... son muy leales al nombre de la marca, y les agradará ver algo de entusiasmo por su producto”.

“Hmm”. Kerry lo consideró mientras salían. “Interesante... ¿qué consideran ellos que es su producto?”.

Dar la había mirado. “Sueños, si le hubieras preguntado a Walt Disney”.

Ahora se acomodó de nuevo en su asiento y estiró las piernas, dejándolas reposar en el asiento que tenían en frente. Estaban prácticamente solas en el vagón, y el tren tenía varias paradas antes de completar el circuito y terminar en el Floridian. Atravesaron el Contemporary, el cual fue el primero de los hoteles de la propiedad, y el Polynesian con estilo Hawayano, antes de detenerse en la parada del blanco Grand Floridian. “Esta es nuestra parada”. Dar se levantó y estiró, tras lo cual atravesó la puerta y entró en el vestíbulo.

Todavía había gente en él, bullendo más que nada alrededor de los bares, y los ascensores estaban razonablemente llenos cuando subieron a sus habitaciones. Dar abrió su puerta y se dirigió al armario, depositando su bolsa de bienes antes de volverse y descubrir la luz parpadeante de mensaje en el teléfono. “¿Que demonios es eso?”. Sacó su móvil del cinturón y lo chequeó. “No... pensé que este estaba encendido... ¿quien demonios me dejaría aquí un mensaje?”.

Agitó la cabeza mientras se sentaba y empezaba a desabrocharse las zapatillas con una mano mientras levantaba el auricular y marcaba al operador para escuchar el mensaje. “Si, soy Dar Roberts... ¿tengo un mensaje?”. Tomó nota del nombre y el teléfono en un block a la izquierda del teléfono, le dio las gracias al operador y colgó. “Bueno, John...”. Descolgó el auricular y marcó de nuevo, escuchando mientras sonaba. Fue contestado al cuarto timbrazo. “Hola John... dijiste que te llamase cuando recibiese el mensaje, así que...”.

“Oh... oh, Dar, si. Gracias”. La voz del hombre sonaba devastada. “Estaba añadiendo la última parte de una nueva propuesta... escucha, me alegro que estés aquí”.
Eso es nuevo. “¿Que pasa?”.

“Nos han pedido aparecer mañana con una factura, pero nos han reunido a nosotros y a los de IBM al mismo tiempo... algo así como cara a cara”.

“Oh... ¿en serio?”. Dar se sacó la otra zapatilla y se frotó los pies. “Eso es diferente... ¿esperan que armemos bronca o algo así?”.

“No lo se”. Contestó John con un suspiro. “Pero he tenido mi cola pateada por su líder de equipo... ¿creo que le conoces?”.
“Oh si”. Rió la morena mujer. “Se puede decir que si... ciertamente no se va a alegrar de verme, por decirlo de alguna manera”. Se desabrochó el chaleco y se levantó. “Escucha... mándame por email la propuesta, y le echaré una ojeada. ¿A que hora es la reunión mañana?”.

“A las diez, en el centro administrativo”. Contestó, con notable alivio. “Michelle Graver está al frente de su grupo de negociación... Dar, ella es ruin”. Se aclaró la garganta. “Hoy sacó a relucir cada uno de nuestros mayores fracasos de los últimos diez años... no estoy seguro de dónde sacó la información”.

“Probablemente de Jerry Andrews”. Replicó Dar mientras se quitaba el chaleco y abría su portafolios. “Así que es de esa clase de jugador sucio, ¿eh?. Muy bien... llamaré a la oficina y veré que mierda puedo escarbar como respuesta... estará lista para mañana. Hizo una pausa. “¿Saben que estoy aquí?”.

“No que yo sepa... a no ser que sigan nuestras huellas en reservas corporativas con su sistema central de respuesta”. Replicó John, sonando claramente más alegre. “Maldición Dar, me alegro que estés aquí... será como entrar con una Uzi bajo el brazo mañana”.

Dar resopló. “Gracias”. Enchufó el portátil y conectó el cable del módem en la clavija libre al lado del teléfono. “De hecho, asegúrate de que hay espacio para dos más... he traído a mi nueva asistente como observadora”.

“¿Oh?. Genial...”. Replicó John. “Mejor aun... los superaremos en número entonces”. Dudó. “Y hará una mejor mezcolanza en el grupo... sólo tengo tíos en este lado, creo que eso está molestando a Michelle”.

“¿Y los otros?”.

“¿Estas de broma? ¿A este nivel de cuenta?. Todo tíos con trajes azules, camisas blancas, corbatas negras, zapatos negros y pasadores de corbata de IBM”. Rió el representante de cuentas. “Al menos nosotros llevamos ropa interior de diferente color”.

“Será divertido”. Suspiró Dar. “Mándamelo... estaré conectada”. Esperó a que él colgase, entonces descolgó el teléfono y le dio instrucciones a su portátil para que acabase la conexión.

“¿Problemas?”. Preguntó una suave voz, y alzó la mirada para ver a Kerry en la puerta que unía las dos habitaciones, vestida con una camiseta extra larga con un enorme y chillón Piolín estampado. “Escuché como se conectaba”. Señaló al ordenador.

Dar se repuso de su respuesta instintiva al ver en ropa interior a su asistente y se encogió de hombros. “Puede... aparentemente el equipo de IBM está jugando sucio... no es que nosotros no lo hiciéramos si pudiéramos claro, pero les han suministrado a la gente de aquí cierta información de dentro, y John está pasando un mal rato con ello”. Miró a la pantalla, entonces indicó a Kerry con la mano que entrase. “Siéntate... me está mandando su nueva cuenta para que le eche un vistazo”.

Gustosamente Kerry lo hizo, acomodándose a su lado de la cama y ofreciéndole a Dar un trozo del dulce de chocolate que estaba comiendo. “¿Que tipo de información de dentro?”.

Dar chequeó el indicador de bajada de datos. “Maldición... debo tener un mega de email... tan sólo nos hemos ido por siete horas... ¿que está pasando ahí abajo?”. Se comió el dulce tras lo cual se chupó los dedos. “Mm... eso es muy bueno”.

“No se... dejé al mío bajando... también tengo un montón”. Le avisó Kerry mientras le ofrecía otro trozo.

“Ey, eso es tuyo”. Protestó Dar, pero lo tomó de todas formas. “La información de dentro fue sacada a relucir de las... veces que hemos prometido algo que no podíamos cumplir, o que tuvimos que evitar de un contrato debido a no tener medios para llevarla a cabo, ese tipo de cosas”. Comenzó una sesión con su terminal y tecleó la contraseña. “Vamos... vamos... malditas piezas analógicas de esta mierda de líneas”.

Kerry amortiguo un ruidito. Dar se había quitado el chaleco, las zapatillas y se había sacado la camiseta del pantalón lo que la hacía parecer desarreglada. “¿Qué vas a hacer?”.

“Echarles un poco de mierda encima”. Replicó ausentemente Dar, mandando un rastreo de la enorme base de datos de la que disponía. “Fuego con fuego y todo eso”.

Brillantes reflejos dorados. “¿Porque no simplemente poner la mejor cuenta?”. Inquirió. “¿O esa es una pregunta increíblemente ingenua?”.

Los azules ojos de Dar se alzaron y parpadearon. “Bueno... ingenua, no... sólo... un poco um... optimista”. Dejó reposar el ordenador sobre la cama y se levantó, quitándose la camiseta y alcanzando su bolsa. “En un mundo ideal, seremos juzgados por nuestros méritos. Este no es un mundo ideal”. Se puso su camiseta de baseball y se quitó los pantalones, doblándolos cuidadosamente y metiéndolos en la bolsa. “Con lo que te aprovechas de todo lo que puedas... incluso nuckeando al otro tipo de la manera que puedas”.

“Hmm”. Kerry asintió levemente. “Suena muy antagonista”.

“Puede serlo”. Coincidió Dar, relajándose en su lado y extendiendo las piernas a lo largo de la cama a la vez que verificaba el proceso del ordenador. Pensó un momento, y comenzó otra búsqueda, esta vez de Michelle Graver. Había oído algo sobre la mujer... ¿fue con Merryl Lynch?. Pero nunca se habían conocido, y no sabía nada de ella. Esa no era una buena manera de aparecer en la reunión. “El líder de la negociación de IBM casi se abalanza sobre mí la última vez que nos vimos”.

Los ojos de Kerry se agrandaron. “¿En serio?. Dios, Dar... eso es terrible”.
“No”. Su jefa alzó la mirada con una mueca diabólica. “Fue regocijante... no pudo hacerlo porque se le cayeron los pantalones al levantarse, y se tuvo que sentar de golpe o deleitar al cliente con la vista de su enorme y blanco culo”. Rió recordando. “Casi me hago daño y todo de la risa”.

Kerry se tragó una risotada. “Yo me hubiera muerto... ¿se sorprenderá de verte?”.

“Oooo... si”. Rió Dar, un sonido nada agradable. “Incluso ayudará al grupo... John cree que Michelle Graver, la representante líder de Disney, está molesta porque tanto nosotros como los de IBM son todo tíos”. Miró a Kerry. “Le ha hecho pasar a John un mal momento”.

“¿Crees que a ti también te lo hará pasar?”. Inquirió la rubia mujer.

Dar estudió los resultados de la segunda búsqueda. “Hm... debería”. Alzó una ceja. “Es magnífica según sus informes... tiene un doctorado en psicología, además de Masters en empresas... lleva con ellos diez años, y se la considera como uno de sus mejores talentos”.

Giró el ordenador para que Kerry lo viera. “Aquí... echa un vistazo”.

Observó como Kerry leía, sus ojos moviéndose de un lado para otro rápidamente. “¿Ves algo interesante?”. Una pequeña prueba, la cual sospechaba que su inteligente joven amiga superaría.

“Es una paracaidista”. Murmuró Kerry, tocando la pantalla con la punta de un dedo. “Eso muestra un tipo de personalidad, ¿no?. ¿Alguien que busca subidones de adrenalina?”.

“Mmhmm”. Dar le dio una aprobadora sonrisa. “Buena vista”.

“Así que... eso significa que probablemente ella favorezca las disputas... lo que hace que haya elegido el escenario de la reunión de mañana, ¿verdad?”. Alzó la mirada. “Le produce emoción veros ir unos contra los otros”.

“Puede”. Admitió su jefa.

“Así que... tu mejor apuesta es mantenerte serena, ¿verdad?”.

Dar rió ahogadamente. “Exactamente... está esperando que uno u otro pierda las riendas, y nos dejemos llevar por los deseos... y esa, mi amiga, no voy a ser yo”.
Mi amiga. A Kerry le gustaba el sonido de eso. “¿Supongo que me he de sentar quitecita y tomar notas?”.

“Si tienes algo que decir, Kerry... lo dices”. Contestó seriamente Dar. “Pero piensa en esta gente como tiburones... están buscando presas y mantenerlas en mente, no importa lo civilizadamente que lo hagan, no hay amigos ahí dentro”.

Ella sonrió. “Excepto nosotras”.

Dar alzó la mirada de la pantalla y sonrió. “Si”.

Kerry miró a la cama y luego alzó la mirada. “Gracias por ir al parque conmigo esta noche, Dar... sé que ésta es una reunión de negocios, pero me lo he pasado genial”.

Dar apoyó la cabeza en su mano. “Yo también me lo he pasado bien... mira... si salimos a una hora decente de estas malditas reuniones, veremos Epcot, y te invitaré a cenar en Mongolia o algo parecido, ¿qué te parece?”.

Una queda sonrisa apareció en sus labios. “No tienes porque hacerlo... siempre puedo volver en cualquier otro momento”.

Dar siguió la costura de la colcha, entonces la miró a través de oscuros reflejos en sus ojos. “Se que tu puedes... pero yo no, así que déjame tener mi mala excusa, ¿vale?”. Replicó con vehemencia.

“Oh... oh... perdona... esta bien... ya lo pillo”. Kerry le dedicó una dulce sonrisa. “No te preocupes... prometo no decirle a nadie que a veces te diviertes”.

“Gracias”. Rió Dar. “Y... um... escucha, gracias por acompañarme esta mañana... Realmente aprecié tener una cara amiga ahí dentro”.

“No hay problema... Me alegro que todo haya salido bien”. Replicó honestamente Kerry. “Sabes... es tan raro... Sólo nos conocemos de hace un par de semanas, pero es como si nos conociéramos de hace mucho”. Dio un minúsculo encogimiento de hombros. “Quiero decir... es tan extraño”.

“Sí, lo es”. Reconoció lentamente la mujer mayor. “Nunca he sido de las que hacen amigos fácilmente... esto ha sido una especie de excepción para mí.” Alzó la mano y la dejó caer de nuevo sobre la cama. “Debe ser el destino”.

Un escalofrío recorrió la espalda de Kerry. “Debe.” Coincidió y suspiró. “Bueno, si mañana va a haber una gran batalla, mejor que duerma un poco”. Se levantó y alzó una mano. “Buenas, Dar”.

Azules ojos pensativos la miraron. “Buenas.”

Se hizo un silencio en la habitación tras la salida de Kerry, y Dar era consciente del zumbido del disco duro del ordenador al ir aceptando los datos así como del suave sonido del aire acondicionado al encenderse y apagarse en ciclos.

Era... Sus cejas se juntaron en profunda confusión. Parecía tan vacío ahora, con la niña fuera. Se encontró queriendo que Kerry volviera, incluso si era sólo para estudiar los archivos silenciosamente desde la esquina.

Pensó profundamente sobre eso. Bueno. Un respiro. Se sentía atraída por su asistente. Eso no era nada preocupante... pasa bastantes veces, y Kerry estaba tan segura como un bebé en un pesebre en lo que se refiere a alguna sugerencia por su parte o algo parecido. Reglas de la compañía, y esa era una línea que Dar nunca, jamás, había cruzado.

Y ella era apuesta, lista, con un gran sentido del humor, ojos bonitos, bonito cuerpo... ¿quién no estaría atraído por ella?. Así que eso era normal. Sin problemas. Podía trabajar con eso, desaparecería con el tiempo y Kerry nunca sabría la diferencia.

Pero...
Algo las estaba juntando a un nivel mucho más profundo. Lo podía sentir y sospechaba que Kerry también. No tenía nada que ver con deseos carnales, pero si con toda la paz y sentimiento de alegría que había sentido en ese breve paseo con el cuerpo de Kerry acomodado sobre el de ella como si fuera la cosa más natural del mundo.

Se moría por sentirlo de nuevo. Y eso... eso la estaba asustando. La atracción física la podía controlar. Esto... era una cosa completamente distinta. Tan sólo deseaba saber qué era.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 28th 2012, 12:14 am

Séptima parte

“Me sorprende que una reunión de este tipo no requiera una armadura como objeto imprescindible". Mencionó Kerry mientras manoseaba el puño de su camisa. "Por lo que me has contado...".

Dar seguía en pijama estudiando el monitor de su portátil, apoyando la cabeza en una mano. "Vale... creo que ya tengo suficiente mierda...". Ojeó los iconos de la memoria y asintió, entonces se alejó de la mesa y se levantó alzando los brazos sobre la cabeza y estirando audiblemente la espalda.

"Ow". Respingó Kerry.

La ejecutiva rió secamente. "Eso es lo que consigo tras años sobre un teclado". Se dirigió hacia la bolsa de la lavandería y sacó su traje, dejándolo con cuidado sobre la cama y miró su reloj. "Al menos tenemos tiempo para un desayuno decente... esa tostada francesa es realmente buena, ¿eh?".

"¿Realmente buena?". Rió Kerry. "Podría comer eso cada mañana".

"Ja, ja... y bromeas porque yo tomo copos Frosted". Dar agitó un zapato en su dirección y puso una mueca.

Kerry le devolvió el gesto, entonces agitó la cabeza mientras entraba de nuevo en su habitación para terminar de vestirse. Se observó en el espejo mientras se ponía la chaqueta y se ajustaba el cuello, alisando el tejido rojo oscuro con dedos ligeramente nerviosos. Conjuntaba con la estrecha falda hasta las rodillas y los confortables zapatos que llevaba, en contraste con la camisa de color gris pálido.

Se puso un poco de maquillaje, no mucho, imitando la usual apariencia de Dar. Tan sólo un toque en los labios, un poco de color en las mejillas, y una minúscula capa de sombra de ojos. "De acuerdo". Le dijo a su reflejo, el cual la miraba expectantemente. "¿Preparados para la guerra?".
Movió su labio inferior hacia afuera, y tuvo que contener una risotada. "Sabes... creo que yo no soy del tipo guerrero". Giró la cabeza al oír una ligera tos y vio a Dar en la puerta, vestida con un conjunto de falda y chaqueta de seda color gris metálico, con su camisa negra de Mickey. Su jefa tenia un aire zalamero, y bueno, peligrosa en su color monocromo, especialmente porque coincidía con su oscuro cabello. Tan sólo los pálidos e increíblemente azules ojos añadían un toque de color. "Oh... hola... te ves... bien".

"No, no lo hago". Replicó alegremente Dar. "Parezco un tiburón de la corporación. Que es lo que soy. ¿Vamos?".

Era un corto trayecto hasta las oficinas de administración, aunque tuvieron que esperar cinco minutos hasta que el guarda les permitió el paso. Aparcaron y salieron, ambas con sus maletines al hombro. "Esta bien... esto se puede poner feo". Dijo Dar, antes de que entraran en el edificio. "Manténte fría, y cuando dudes, si alguien te pregunta algo que crees peligroso o antagonista, tan solo diles 'Lo siento - no entiendo la pregunta - ¿podría explicarme lo que esta preguntando?'".

Kerry meditó sobre el tema mientras seguía a su jefa al interior. "Eso es muy inteligente... Haces que así lo expliquen todo."

Dar le guiñó un ojo. "Sabía que elegí a una lista." Le asintió a un hombre bajito y rechoncho que estaba junto al ascensor y tomó un hondo respiro. "Muy bien, allá vamos... Buenos días, John".

Él extendió una mano. "Hola Dar... me alegro de verte". Siguió una breve introducción del resto de su equipo. Todos observaban a Dar con un cruce entre miedo y fascinación, y Kerry prácticamente tuvo que morderse el labio para evitar reírse.

Era un recorrido corto en el ascensor, hasta que se abrieron las puertas en una planta que parecía estar hecha en su totalidad por ventanas. Las paredes eran todas de cristal, permitiendo ver el interior de todas las oficinas, y había haces luminosos por doquier.

A Kerry le pareció que distraía, pero hizo a un lado tal pensamiento mientras torcían una esquina y entraban en una larga habitación totalmente acristalada que albergaba una enorme mesa de conferencias. Allí sentadas había varias personas, la mayoría hombres, de los cuales dos de ellos estaban mirando a Dar como si ella fuese la manifestación terrestre de Satán.

En la cabecera de la mesa se hallaba sentada una mujer delgada y bajita, con cabello color rojo fuerte y muy corto, vestida en un caro traje rojo oscuro con camisa verde esmeralda. Sus ojos iban sin para de un lado a otro, observando con gran interés para finalmente posarse en Dar.

Kerry, al no verse envuelta en las presentaciones iniciales, podía observar las reacciones como el caso de que en una milésima de segundo la mujer miró a su jefa de arriba a abajo para después permitir que una rápida y satisfecha sonrisa atravesara su rostro. Después nada.

Interesante.

"Hola Jerry... hace mucho que no nos vemos". Ronroneó Dar mientras dejaba su maletín y retiraba una silla, pero sin sentarse. Sin embargo, su sonrisa irradiaba calidez. "¿Te importaría presentar a tus amigos?".

El hombre al que se dirigía parecía que le fuese a explotar una válvula sanguínea, decidió Kerry. Su cuello estaba tan rojo como el de un pavo, y podía ver debajo de su piel venas rojas y azules. Pero de alguna manera se mantuvo bajo control y presentó a sus colegas, que miraron con incertidumbre a Dar.

Dar les devolvió el saludo y se volvió para mirar directamente a los ojos a la mujer al final de la mesa. "Y usted debe ser la Sra. Graver... Me alegra conocerla finalmente".

Era imposible no reaccionar ante Dar. Irradiaba energía y confianza, y Kerry notó que la mujer, aunque confiada de sí misma, también se dio cuenta.

"Entonces, no puedes ser otra más que Dar Roberts". Michelle Graver se levantó y extendió la mano. "Es un placer... No tenía ni idea de que se fuera a unir al equipo de oferta en esta cuenta".

Dar la agarró, devolviendo el fuerte apretón con otro de su parte, entonces sonrió y puso la yema de los dedos sobre su maletín. "Muy bien... ¿Empezamos a rodar? Hace un día estupendo ahí fuera... Lástima que estemos aquí encerrados".

Kerry estaba asombrada e impresionada alternativamente. Dar simplemente había entrado y se había hecho cargo, permitiendo que su personalidad tomase las riendas. Le pasó a la alta mujer la oferta que John les había dado y vio como ésta la dejaba caer casualmente frente a Michelle, la cual seguía de pie.

Dar se sentó, dándole la ventaja a la ejecutiva de Disney. "¿Tiene algunas dudas acerca de la puesta en marcha?". Sus ojos ojearon a sus rivales y una ligera mueca apareció en sus labios. "Creo que puedo adicionar esos."

Graver ojeó el documento para después mirarla a ella. "Imagino que probablemente podría". Se dirigió de vuelta a su asiento y apoyó la oferta, entonces tomó una hoja de papel y lo movió por la superficie de la mesa. "Aquí".

Dar tomó el papel y lo miró, entonces dejó escapar una pequeña risa. "Quiere que empiece por el principio o por el final... Y Jesús, Jerry... ¿es esto todo a lo que puedes llegar tras diez mil contratos?". Escaneó la lista, ignorando las miradas que le llegaban del otro lado de la mesa. "Oh... me acuerdo de ésta...". Una mirada cariñosa. "No hubo ejecución con Aamco... Fui yo quien le dijo a su CEO que pagaríamos el contrato entero de manera que no tendría que escuchar su voz al teléfono nunca más".

"¿En serio?". Michelle Graver se reclinó e hizo girar su lápiz. "¿Por qué?".

Dar exhaló. "Nos contrataron por fabricar un registro, incluyendo un sistema IS nuevo que hiciera de link con todas sus tiendas que tuvieran el inventario computarizado... A mitad del proceso, contrataron a un nuevo Vicepresidente de Operaciones que estaba convencido de que sí podía reciclar el sistema Unix 1982 con los terminales tontos que estaba usando y contratar a alguien que escribiese una base de datos en CPM como de costumbre, estarían bien".
"¿Y les dijiste...?". Preguntó Michelle.

"Que os jodan." Replicó francamente Dar. "No estoy en el negocio de ensamblar tecnología de cuarta generación con tiritas." Miró a toda la mesa. "Oí que hicisteis una oferta por ellos, Jerry... Acabaron con OS/2 y Mod 30 que tuvieron que desmigajar después que Microchannel mordiera el polvo, ¿no es cierto?".

Las fosas nasales del hombre se ensancharon. "Ellos tienen algunas cosas que decir sobre ti, eso seguro". Replicó. "Como dijo el abogado".

Dar rió ahogadamente. "Jerry, todo el mundo tiene algo que decir sobre mí... y ganamos el juicio". Siguió mirando la lista. "Oh... ahora eso, éste fue realmente un desastre. Rodaron cabezas por este caso." Agitó la cabeza. "La oficina de contabilidad gubernamental... la ejecución de depósitos automáticos para los cheques de la seguridad social... se fue totalmente de las manos."

"Así que lo admites, ¿eh?". Jerry se reclinó con una sonrisa desagradable.

"Oh, claro". Dar le guiñó un ojo. "De hecho, despedí personalmente a todo el equipo de contabilidad." Le devolvió la sonrisa. "El día antes de Navidad, si no recuerdo mal".

Kerry la miró, viendo la mueca relajada y el estrechamiento de desaire y casi seductivo de sus ojos. ¿Lo habría hecho? Vio la expresión cuestionadora en las caras alrededor de la mesa.

"Dios, sí... lo recuerdo." Suspiró John, agitando la cabeza. "Pobre Mariana... estaba en la vigésima reunión de su escuela secundaria cuando la llamaron al busca para que volviera y acabase con el papeleo." Miró a la ligeramente en shock y observadora Michelle. "Mariana es nuestra VP de Personal... Estábamos en la misma clase... estaba hablando con ella cuando le sonó el busca". Miró a un lado. "No eras su persona favorita esa noche, amiga mía".

Dar alzó ambas manos y las dejó caer. "Alguien que deja tan mal nuestra reputación, no puede esperar otra cosa de mí." Entonces volvió su atención a la lista.

"Creo que ya es suficiente." Acaparó la atención Michelle. "Jerry, ¿tienes algo para mí?".

De forma reluctante le tendió un fajo de papeles. La ejecutiva de Disney los recogió y se levantó. "Perdónenme... volveré en unos minutos. Necesito revisar esto." Se encontró con los ojos de Dar y la favoreció con una minúscula sonrisa antes de salir, llevándose tras ella a dos de sus aliados como dos sabuesos que la rodeaban.

Los demás se quedaron mirándose unos a otros en una habitación acristalada. La gente que pasaba por fuera miraba con curiosidad al silencioso grupo, pero seguían su camino.

Kerry estudió al otro equipo. Todos iban vestidos igual, con trajes oscuros y camisas blancas y todos rondaban la treintena o cuarentena, todos con pelo corto. Su propio equipo era un poco diferente a parte de Dar y ella, John estaba vestido con un traje de negocios convencional, pero su corbata mostraba personajes de los Loony Tunes. Unos dibujos pequeños y discretos, eso seguro, pero desde donde ella estaba sentada reconoció a Wile E. Coyote asomando su cabeza entre dos botones. Los otros tres hombres que estaban con John eran de edades diferentes, uno de ellos era mayor con mirada sagaz y barba y bigote junto con unos ojos color castaño e inteligentes. Sentado junto a él estaba un hombre realmente alto de grandes orejas, y tenía el aspecto de ser un ingeniero - su bloc de notas estaba cubierto de dibujitos, de los cuales Kerry juraría que eran circuitos.

El cuarto miembro del equipo era un joven con estampa de marinero, ojos azules y sonrisa amigable, que le dedicó cuando la descubrió mirándole.

"Bueno, les debemos de haber asustado hasta la mierda para que manden tu culo aquí, Roberts". Ladró finalmente Jerry.

Dar entrecruzó las manos sobre la mesa y se encogió de hombros. "Para nada Jerry... tan sólo quería tener la oportunidad de verte de nuevo". Una sonrisa sin pizca de humor irradió a través de la mesa dedicada a él. "Me lo pasé tan bien la última vez que hicimos ofertas juntos".

Él se reclinó hacia delante. "No tienes ninguna oportunidad aquí... Esto está fuera de tu alcance, y lo saben". Miró a su derecha. "Oh... a no ser que le vayas a ofrecer a tu amiguita para sellar el trato... eso te hará ganar unos pocos puntos". Miró a una sorprendida Kerry. "¿Es por eso que estás aquí dulzura? ¿Lo sabe tu papi?".

Ojos verdes le miraron con amigabilidad desarmante. "Papi es el Senador Stuart de Michigan, y seguramente no encuentre muy agradable lo que ha dicho. Me aseguraré de mencionárselo la próxima vez que hablemos, gracias". Añadió una cálida sonrisa al terminar de hablar, y casi saltó del susto cuando una mano le apretó la rodilla en apreciación. La expresión de Dar no había cambiado, pero había un minúsculo brillo en sus ojos cuando miró a la rubia mujer. Incluso los colegas de Jerry parpadearon. "No quería ofender a nadie". Dijo forzadamente, con agria sonrisa.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 29th 2012, 8:12 am

"Mejor mantén la boca cerrada, Jerry...". Rió Dar. "La habitación está llena de electricidad estática... si sigues gastándote las suelas, se te saltaran los empastes y conseguirás tener una permanente”.

Kerry amortiguó la risa, y el resto de su equipo ni se molestó.

Él simplemente les dedicó una mirada de disgusto y miró intencionadamente a John. "¿Qué se siente al tener que esconderse tras una falda?".

El bajo representante de contabilidad entrecruzó las manos sobre el estómago y sonrió. "¿Desde donde estoy sentado ahora mismo? Jodidamente bien. Gracias por preguntar."

La puerta se abrió y volvió Michelle, guiando a sus sabuesos. Se sentó y puso las dos ofertas sobre la mesa, aclarándose la garganta. "Estas dos ofertas son muy competitivas." Jugueteó con una de ellas. "Pero lo que está en papel, no es lo realmente importante para nosotros. Lo importante es el servicio... así que lo que propondré es: os voy a dar un objetivo a cada uno de vosotros, de forma que podamos evaluar vuestra respuesta".

Dar estaba animada. Eso significaba que la oferta seguía en pie y que tenían una oportunidad. Había compensado algunos de los daños anteriores y ahora sólo quedaba esperar ver con lo que salía esta intensa y letal mujer.

"Entonces me gustaría convocar una nueva reunión aquí mañana para analizar esto, y trataremos de anunciar nuestra decisión al mismo tiempo". Se levantó y dio a cada líder de equipo un sobre, asintiendo. "Eso es todo por ahora". Vio como todos se levantaban, entonces se volvió hacia Dar. "Sra. Roberts, ¿podría tener unas palabras con usted?".

Ah. Los instintos de Dar se agudizaron. Se excusó de su pequeño grupo y rodeó la mesa hasta llegar al lado de la mujer, poniendo una mano sobre el respaldo de una silla y reclinándose sobre ella para evitar intencionadamente sobrepasarla en altura. "¿En qué puedo servirla Sra. Graver?".

"Llámame Michelle para empezar". Sentenció con una sonrisa la mujer.

"Sólo si me llamas Dar". Replicó instantáneamente la morena mujer, devolviéndole la sonrisa.

"Bonita camisa". ¿Fue eso un parpadeo en los ojos gris oscuro de Michelle?.

Dar rió. "Va con el traje, y no hay nada que me guste más que llevar a Mickey en el pecho". Era consciente de que la otra mujer estaba averiguando interesadamente hacia ella y decidió que una pequeña reciprocidad no haría daño. "Fui favorecida con un poco de turismo lozano anoche, ya que nuestro avión llegó pronto".

"Mm... me hubiera gustado saber que estabas... Hubiera organizado uno de nuestros tours para VIPs... Todo lo de detrás de los escenarios que nosotros, los geeks adoramos". Se lamió el labio inferior y dejó que sus ojos vaguearan ligeramente. "He oído que los resultados orientativos ni siquiera se acercan a tu descripción... ¿es cierto?".

Flirteando, definitivamente. Dar estaba ligeramente sorprendida ante la agresividad, pero no que Michelle hubiese solicitado un dossier sobre ella durante el descanso. "Es cierto". Replicó quedamente. "Hago que las cosas sucedan".

La pequeña mujer hizo un rápido mohín. "Me gustaría saber más sobre el asunto... ya que has de pasar otra noche aquí, me gustaría que fueras mi invitada para cenar... Podemos discutir tu propuesta". Uno de los sabuesos la palmeó en el hombro, y ella se giró momentáneamente. "Perdóname... vuelvo enseguida". Se alejó un par de pasos, y disminuyó el tono de voz apenas a un murmullo al dirigirse al sabueso.

Te tengo. Dar podía sentir la conquista en la yema de los dedos. Michelle estaba interesada, intrigada, y dispuesta a favorecerla en una interacción personal que podría, con toda probabilidad, predisponer el voto a su favor. Era agresiva, y atractiva, y tan sólo Dios lo sabe, no sería la primera vez que Dar usase su magnetismo personal para sellar un contrato.

Por el rabillo del ojo, captó la expresión interesada de Kerry, mientras ésta observaba a los ruidosos grupos, y ocasionalmente dirigirle una rápida mirada a Dar. Sus miradas se encontraron, y Dar sintió una sonrisa rozar sus labios, la cual fue reproducida al otro lado de la habitación.

¿Qué pensaría Kerry de esto?. Dar podía entrever la orgullosa mirada en la cara de la chica mientras la miraba. No, Kerry era inteligente. Lo entendería, entendería que esto son negocios, y a veces hay que hacer cosas para obtener lo que se quiere. Todo se reducía a los resultados, tal y como le había dicho a Michelle. Ella hacía que las cosas sucedieran.

Podía hacer que esto ocurriera, podía sentirlo. Michelle, buscadora de fuertes emociones, la que activamente cortejaba al peligro, y la que sentía en Dar un peligro de lo más excitante... del tipo seductor mayormente.

Oh si, podía hacer que esto sucediera. Kerry seguramente lo entendería... este era un acuerdo realmente importante, y merecería la pena... Dios... Les tendría un orgasmo ahí mismo si lo consiguiese.

Merecía la pena. Sería tan fácil, podía saborearlo.

Michelle se dio la vuelta y se acercó a ella, entonces la miró a los ojos cuestionadoramente. "¿Creo recordar que hablábamos sobre una cena?".

Por un momento, todo lo que Dar podía escuchar era el latido de su corazón. Entonces dejó escapar un suspiro que no sabía que estaba reteniendo. "Michelle, realmente lo siento...". Sus ojos mostraban verdadero pesar, pero no por lo que la mujer podría pensar. "Tengo un compromiso esta noche del que no me puedo librar... pero realmente lo aprecio...". Paró para darle más significado. "La oferta".

Cómo en el universo una cosa tan tonta podía hacer sentir tan bien, no tenía ni idea. Observó sorpresa, y disgusto en el rostro de la otra mujer, pero no enfado. "Que mala suerte, Dar". Michelle frunció los labios y suspiró. "Me gustaría haber hablado contigo... ¿quizás si te quedaras otra noche?".

Una sonrisa de su parte. "Absolutamente".
Un brusco asentimiento, entonces Michelle señaló a sus sabuesos y abandonó la habitación. Dar inspiró aire mientras se giraba y retornaba a su equipo, el cual estaba esperando en la puerta. El equipo rival ya se había marchado, tras intercambiar unas pocas palabras con John.

"¿Todo está bien?". Preguntó el líder de contabilidad, observando la salida de la ejecutiva.

Dar estiró los hombros y asintió. "Eso creo... ¿qué es lo que quieren que hagamos?".

John le alcanzó el sobre, y ella lo ojeó perezosamente. "Oh... este es el kiosco de información que tienen alrededor del parque... pantallas táctiles, mapas, ese tipo de cosas". Siguió leyendo. "¿Quieren que diseñemos una propuesta que englobe la transmisión de datos, aumente la velocidad, entregue de forma más eficaz la información, y permitir hacer reservas online?".

John asintió.

Dar se sentó en la mesa de conferencias, sacó su bolígrafo, escribió sobre la primera página durante unos diez minutos y releyó lo que había escrito. "De acuerdo...". Sacó su ordenador portátil y lo encendió, entonces escaneó el documento usando para ello el escáner manual adjunto insertable en la parte trasera del ordenador. Entonces sacó su celular e insertó el cable de teléfono de su módem al mismo. Un clic, y todos escucharon los pitidos del marcado, y el débil sonido de una conexión.

Dar observó el estatus, asintiendo al completarse el mismo, y tras esto desconectó. "Bien... aquí tienes... céntrate en esto y no dejes que nadie lo vea, ¿de acuerdo, John?".

El líder de contabilidad leyó el documento, con el resto de los miembros del equipo mirando sobre su hombro. "Dar, esto es jerga técnica". La miró. "Pero supongo que tu sabes lo que dice, y a quien quiera que se lo mandases también... por cierto, ¿a QUIÉN se lo has mandado?".

"Mark Polenti". Replicó Dar mientras plegaba su portátil. "Bueno chicos... he de irme... tengo un parque temático por explorar... nos vemos mañana por la mañana".

"Pero...". John alzó el papel cuestionadoramente.

"Relájate". Rió Dar. "Tendrás tu propuesta por escrito mañana, y si juego bien mis cartas, quizás algo más". Recogió su maletín y se unió a Kerry junto al dintel de la puerta, dedicándoles una sonrisa a todos antes de urgir a su compañera a salir de la estancia.

Fue un recorrido silencioso hasta el ascensor, y estaban solas en él mientras bajaban.

"Guau. Realmente eso fue algo tremendo". Remarcó Kerry viendo pasar los pisos. "¿Que es..". Cayó al sentir como un par de dedos cubrían sus labios, y miró a Dar con sorpresa.

Dar retiró sus dedos, entonces alzó uno a sus propios labios indicando silencio. "Me alegro que hayas tenido una experiencia tan educadora durante la reunión, Kerry". Sentenció. "Es bueno comprender que no todo lo que se ve y oye es necesariamente lo que esta ocurriendo en el fondo".

Kerry captó el mensaje. "Es cierto. Tus métodos son muy interesantes".

Dar hizo una mueca, entonces agitó la cabeza en silencio a la par que las puertas se abrieron y salió. Una vez en el aparcamiento se acercó a Kerry. "Sabemos que pinchan el edificio como locos".

"¿Qué?". Kerry la miró con inquietud. "¿Por qué?".

Se subieron al coche y abandonaron el aparcamiento antes de que Dar contestara. "Para descubrir cosas... no se quedan nunca con las primeras impresiones".

"Hmm". Kerry se reclinó hacia atrás y entrecruzó los brazos. "¿Crees que esa sala de conferencias estaba pinchada?".

"Sin lugar a dudas". Sentenció la alta mujer.

Kerry silbó. "Lo sabe todo entonces".

Una suave risotada coincidió con eso. "Oh sí... buena respuesta, de paso". Le dedicó a su compañera una aprobadora mirada. "John tiene un buen equipo ahí, pero él es demasiado bueno y ético para una pelea canina como esa".
"Si... son agradables". Musitó la rubia mujer. "Larry me invitó a salir esta noche".

Dar parpadeó, y se tragó por completo un sentimiento inapropiado de... "Que simpático de su parte". Logró decir. "¿Adónde vais a ir?".

"Oh... yo no... quiero decir...". Kerry se sonrojó ligeramente. "Le dije que gracias pero que tenía una cita previa".

Ojos azules la miraron quedamente. "Que gracia... le dije a Michelle Graver lo mismo".

Los ojos de Kerry se agrandaron. "Por Dios Santo, Dar... deberías haber aceptado... estoy segura que hubierais compaginado perfectamente... y hablado de la cuenta".

Dar se paró ante un semáforo en rojo, y se volvió hacia su asistente mirándola. "No me citaba para hablar de la cuenta". Le dijo llanamente a la rubia mujer.

Ojos verdes como el mar estudiaron su rostro en silencio por largo tiempo, antes de que Kerry se reclinara de nuevo. "Oh". Murmuró.

Dar siguió conduciendo, sintiendo como se asentaba sobre ella una cierta depresión. Obviamente este era un concepto antinatural para la chica. Quizás debería haber aceptado a Michelle después de todo. Kerry ni siquiera se habría dado cuenta... había arriesgado la cuenta para nada. Por Dios que está en los cielos, Dar... piensa claramente. ¿Qué diablos crees que estas haciendo? Jugó con la idea de cambiar de parecer y llamar a Michelle.

"Quieres decir... ¿qué te encuentra atractiva y quería algo más contigo?". La voz de Kerry la sorprendió y la sacó de sus morosos pensamientos, y miró hacia su derecha con sorpresa.

"Um... me imagino... supongo que si". Dar estaba aturdida, no esperaba la calmada e interesada evaluación.

Kerry cruzó los brazos a la altura del pecho y ladeó la cabeza introspectivamente. "Bueno... al menos tiene buen gusto". Comentó simplemente.

Dar casi se pasa una señal de stop. "Lo siento". Murmuró mientras paró el coche de forma brusca y se giró para dedicarle a Kerry una mirada de sorpresa. "Lo tiene, ¿eh?".

Kerry la miró como si estuviera loca. "Bueno... si...". Dejó escapar una risita. "Vamos Dar..." Giró el retrovisor para que se mirara su jefa. "Quiero decir, ¿hola?". Oh... la he hecho enrojecer. Ahora la prueba ácida. "Por qué... ¿te incomoda?".

Una pista se coló por la ventana y golpeó a Dar en la cabeza. "Um. No". Se frotó la sien, entonces sofocó una risa de alivio. "No... he pasado por eso antes... supongo que no estaba de humor para jugar esta noche".

Kerry asintió ligeramente. "Bueno, trataré de compensarte".

Dar sintió como se le secaba la garganta. Para... ella no lo dice en ese sentido, pedazo de idiota. "Si... estoy segura de que nos divertiremos". Replicó ligeramente. "Después de todo, te prometí Mongolia, ¿verdad?".

Verdad.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 30th 2012, 3:18 pm

Definitivamente había sido un trayecto interesante, decidió Kerry, y una mañana más interesante aun. Se tomó su tiempo al cambiarse, sacándose el traje de lana con un sentimiento de puro alivio. Rebuscó entre su ropa y decidió ponerse el bañador debajo de su camiseta y bermudas. De esta forma si hiciera mucho calor en el parque, podría quitarse la camiseta.

Consideró brevemente sugerirle lo mismo a Dar, entonces suspiró y agitó la cabeza. Dios, Kerry... ¿por qué no haces más el tonto, eh? Enamorarte de tu superior... por el amor de Dios, hablando de la cosa más estúpida de la tierra... eso es.
Al menos tenía el sentido común de dejar de negárselo a sí misma, y simplemente aceptar el hecho de que Dar le parecía una mujer excitante.

Ayudaba la idea de que la mujer mayor no se extrañaría... no después de ese encontronazo con Michelle. Kerry se puso el traje de baño y se ajustó los tirantes, comprobando su reflejo por el rabillo del ojo y dándose a sí misma un asentimiento de aversión.

Además, conocía las reglas de la empresa... era una fantasía inofensiva, y sospechaba que Dar disfrutaba del flirteo en broma cuando probó con una línea o dos del mismo. Sólo un poco de diversión, nadie sale lastimado de ello, e incluso hizo que Dar se relajara un poco, lo que era siempre bueno.

Ciertamente explicaba el pequeño viaje en la montaña rusa de anoche. La rubia mujer rió un poco, recordando lo realmente bien que se había sentido, y como había esperado a medias que Dar sugiriera montar otra vez. Ah bueno... tuvo su oportunidad, y ahora que de alguna manera se entendían, seguro que esta noche era más divertida aun. Dios... ¿pensó que quería salir con ese supergeek de Larry? Dar..
¿Que pasa con eso?.

Ella podía haber salido con Michelle. Kerry se puso las bermudas, y se reclinó sobre el respaldo de la silla. En cambio, decidió quedarse con nuestros planes. Eso fue realmente agradable de su parte... no tenía que haberlo hecho... yo podría haber encontrado que hacer por mi misma.

Hm. Quizás ella no estuviera de humor para algo serio... creo que Michelle sería de las personas que quieren... acción. Conmigo, ella sabe que está a salvo.

Que bueno. Yo sé que estoy segura con ella también... simplemente podemos salir, y divertirnos.

"Hey... ¿soñando despierta?". La sorprendió la grave voz, y se giró para ver a Dar reclinada sobre la puerta en pantalones cortos y una camiseta sin mangas sobre un bañador. "He llamado a la oficina... María está guardando la tonelada métrica de cosas de las que tendremos que ocuparnos la semana próxima, no está sucediendo nada catastrófico excepto que un tornado rodeó nuestras oficinas, y nuestro servidor de correo esplitó, con lo que probablemente tendrás que volverlo a bajar esta noche".
"De acuerdo". Coincidió Kerry. "Lo he revisado esta mañana... tres de los contratos en los que estaba trabajando se han finalizado, pero nada más es realmente crítico...". Hizo una pausa recordando que este era, de hecho, un viaje de negocios. "¿No sería mejor que nos quedáramos aquí y tengamos algo de trabajo hecho?".

Dar miró hacia abajo, entonces movió los labios en una sonrisa. "No". Pestañeó. "Con un poco de suerte, podré contar esto como mis vacaciones, y así todos me dejaran en paz".

"Ah... un motivo ulterior". Rió Kerry. "Vale. Estoy lista... vamos". Siguió a Dar hacia la puerta, y salieron hacia el ascensor.

"Dios, hace calor aquí fuera". Kerry se reclinó sobre el mostrador del conserje mientras Dar se encargaba de reservar las habitaciones por una noche más. "¿Quieres parar para nadar un rato antes?".

Dar terminó de hacer las reservas y se giró, ajustándose la pequeña riñonera que llevaba alrededor de la cintura para guardar su celular y el busca, así como su monedero. "Tengo una idea mejor". Le acercó a Kerry un pequeño cuaderno de plástico de forma cuadrada. "Toma... es tu pasaporte". Giró los ojos. "¿Qué tal esto en vez de la piscina?". Le dio a Kerry un colorido panfleto que encontró en el mostrador.

"¿Blizzard Beach?". La joven mujer lo examinó. "Oh... vaya... esto parece genial...". Era un parque acuático por completo con un enorme tobogán de agua de 140 pies de altura. "Tu ganas".

"¡¡¡Yaaaaa!!!". Gritó Kerry al acelerarse en la bajada, deslizándose y girando a través de la resbaladiza y fina capa acuosa antes de caer al aire justo antes de golpear con el agua. Momentos después, Dar cayó junto a ella, para después emerger agitando la cabeza para sacarse el oscuro y mojado cabello de los ojos.

"Fiuu". La mujer mayor se aparto de la salida de los toboganes con fuertes y seguras brazadas. "Menuda bajada". Volvió a sumergir la cabeza en el agua y entonces se levantó según se acercaban al bordillo dejando caer el agua por su cuerpo.
"Oh si...". Coincidió Kerry, ligeramente sin aliento. "Pero gané, de nuevo".

"Si, si...". Dar la salpicó. "Eres más pequeña que yo, por eso".

"Ni modo... es mi técnica... se como coger las curvas de la manera adecuada". Kerry movió la mano simulando formas de ese.

"Escúchate...". Bufó Dar. "Apuesto a que si repetimos te ganaría".

"¿Oh, si?". Kerry salió de la piscina, y pasó sus dedos por su mojado cabello. "¿Cuánto?". Llevaban en el parque acuático varias horas, y el sol comenzaba a ponerse, pero Kerry no estaba dispuesta a dejar pasar esta oportunidad. Dar lentamente se había relajado y abierto un poco, llegando a ser casi juguetona cuando probaron todos los toboganes y piscinas.

"No se... ¿qué te merece la pena?". La morena mujer caminó a su lado, volviendo la espalda hacia la entrada de los toboganes. "Veamos...". Indicó a Kerry que se parase junto a un hombre de nieve sonriente. "Vale... superas las 48 pulgadas... sólo quería asegurarme".

"Tch...". Kerry le dedicó una mirada de fingido desprecio. "Odio las bromas sobre bajitos". Advirtió. "Sólo por eso, si yo gano, tendrás que sentarte esta noche durante toda la exhibición de los Vegetales Felices".

"Oh... definitivamente voy a ganar... no me voy a quedar pegada al brócoli danzante...". Dar sacudió la cabeza. "Todas esas zanahorias hidropónicas agitando sus raíces al viento... no gracias".

"Ya veremos". Guiñó un ojo Kerry según entraban en la cola, mucho más corta ahora ya que la gente se iba a casa o a cenar.

Minutos después, estaba saliendo despedida fuera del tobogán, alcanzando el agua para luego salir a la superficie y girar la cabeza a su alrededor buscando a Dar. "¡¡¡Ja!!!". Rió, separándose de la salida del tobogán y mirando hacia la salida del otro.

Pasaron los segundos y todo estaba quedo. Kerry se sacó el pelo de los ojos y esperó. Más segundos. Ahora se acercó y miró hacia arriba con desconcierto. "Vamos Dar... ¿acaso te has parado a llamar por el móvil?". Se acercó más, casi pegada a la salida del tobogán ahora, y apoyó las manos sobre la resbaladiza superficie.

Una fuente de agua la golpeó, sus piernas se separaron del suelo e introdujo la cabeza bajo el agua mientras graznaba por la sorpresa e indignación. Momentos después era llevada a la superficie empapada y enfadada para enfrentarse a una Dar satisfecha de sí misma y con una mueca en el rostro. "Como has... qu...".

La ejecutiva se rió, soltándola y alejándose de ella. "Haría lo que fuera para evitar cantar con los brócoli, recuérdalo, amiga mía".

"¡Ey!". Kerry arremetió agarrándola por un tobillo. "Párate...". Le dio un tirón, y se encontró siendo impulsada por el agua. "Oh... mierdecilla". Murmuró, dando una brazada y asegurando el agarre. "¡He dicho que te pares!".

Dar hizo una mueca y siguió nadando. Sintió como la mano de Kerry se resbalaba, entonces se elevó y se enganchó fuertemente en su bañador, los dedos resbalando sobre la piel de la mujer mayor dejando un suave cosquilleo tras ellos. Se paró y se giró en el sitio, agarrando a la sorprendida rubia y acercándola hacia ella. Por un momento simplemente se miraron, y Dar disfrutó de la intensa energía que podía sentir entre las dos, entonces sonrió y le hizo una ahogadilla a su compañera, con una risotada triunfal.

Kerry se enderezó y apareció en la superficie, entonces se levantó con las manos sobre su delgada cadera, salpicando agua clorada por todos lados. "Me vengaré de eso". Juró, pero con una mueca fácil.

"¿Lo prometes?". Contestó Dar, sorprendiéndose un poco a sí misma, entonces se encogió y devolvió la mueca.

Las dos salieron del agua y cogieron sus toallas, secándose y dirigiéndose hacia las taquillas donde habían dejado su ropa. "Esta fue muy buena idea, Dar... excepto que creo que me he quemado". Kerry dio un respingo al tocarse la nuca. "Esto va a ser un poquito difícil de explicar en una reunión de trabajo".

Dar puso una mano sobre su hombro y observó su piel, separando el cabello y tocando la sensible piel con la punta de un dedo. Sintió como Kerry aguantaba la respiración con el toque, y sofocó una sonrisa. "Sensible, ¿eh?".

"Uh... si". Kerry estaba sorprendida por como su cuerpo reaccionó ante el simple roce. "Quemada, ¿verdad?".

"Un poquito". Observó Dar, trazando una segunda línea alrededor de su nuca. "Habrá que conseguirte algún aftersun". Le alcanzó a Kerry su toalla, alquilada en el parque y se puso la camiseta y las bermudas sobre el bañador. "Lo bueno de esta ropa...es que se seca deprisa".

Kerry tragó. "Si... ya me he dado cuenta". Se aclaró la garganta. "Quizás tenga algo de frío esta noche por quemarme...". Entrecruzó los brazos a la altura del pecho. "Quizás pueda comprar un jersey".

"Buena idea... no es como si no tuvieran setecientas variedades". Contestó Dar inocentemente, según le acercaba a su compañera su camiseta. "Vamos... después de todo esto, me muero del hambre".

Kerry escuchó un ligero rugido y se puso la mano sobre el estómago al ponerse la camiseta. "Yo también".

Dar se reclinó sobre su asiento en el autobús, apoyando una rodilla contra el asiento delantero y apoyó la cabeza sobre el frío cristal de la ventana. Vio pasar la verde hierba y el espeso follaje a la vez que el vehículo viajaba a través de las carreteras de la propiedad desde el parque acuático hasta el más céntrico Epcot Center.

Ahogó un bostezo, y trató de pensar en todo el trabajo que la esperaba al volver. A pesar de la enorme pila que supondría, no podía mellar el perezoso y buen humor en el que se encontraba, y se dio cuenta de que esto era lo más divertido que había hecho desde hacía muchos años.

Justo como una maldita niña, Dar... pero quizás sea justo esto lo que necesitas. De hecho estaba ayudando... se sentía relajada, y esperaba que llegase la tarde, y su chanza gentil con Kerry había servido de una pequeña estimulación placentera. Se sentía muy a gusto con la joven mujer, la cual se hallaba sentada a su lado, con un cálido hombro presionado contra el de Dar, y se sentía muy contenta de haber elegido que Kerry viniera con ella. Era una oportunidad demasiado buena como para dejarla pasar, tanto para conocer a su nueva ayudante así como conseguir un poco de paz y tranquilidad al mismo tiempo. Dar estaba ciertamente agradada con como las cosas estaban sucediendo.... y si Michelle Graver no se había ofendido demasiado al rehusar su cita para la cena, tendrían una oportunidad con la cuenta también. Eso le recordó algo sin embargo, y sacó su móvil para hacer una llamada. "¿Mark?".

"Oh... Dios Mío... es la desaparecida mujer maravilla que se esfuma en el aire, para después mandarme un fax con sucias y clandestinas instrucciones...". Rió la voz del Director de MIS. "¿Es cierto que golpeaste a Minnie Mouse?".

"No he pegado a nadie". Dar hizo una pausa deliberada. "Aun".

"Uh oh... siento una lengua agitándose...". Rió Mark. "Fue rudo Dar... dos de esos paquetes tenían una gran seguridad".

"¿Y?".

"Esta en progreso". Mark deliberadamente no entró en cosas específicas, debido a la facilidad de interferir en llamadas a través de celulares. "Tienes a los de provisiones temblando Dar... Eldon partió por la mitad uno de esos raros lápices mecánicos que tiene por millones cuando le llamé... oí el ruido".

"¿Pero se mueve adelantando el proyecto?". Persistió Dar, viendo los árboles pasar.

"Tuvo que robar dos circuitos de FPL... vas a tener que arreglar las cosas por aquí, pero si... se está moviendo en ello... no está contento".

"Pregúntale si una recomendación formal en su curriculum lo haría más feliz". Comentó Dar. "Y dile que no sea tan malditamente anal... esto es importante".

"Yo lo sé... él lo sabe... Jesús, Dar... todo el jodido personal de hq lo sabe, incluyendo el personal de limpieza". Le avisó el Director de MIS. "John ha llamado... ya hay rumores circulando sobre ti destrozando el equipo de IBM".

"Genial... de acuerdo, Mark... dejaré encendido el móvil, como siempre... dame un toque cuando finalices las cosas. ¿Esta Robert Maccen publicando el documento de respuesta?".

"Sip... seguro... dime de todas formas, ¿dónde estas?". Preguntó curioso el hombre. "Parece silencioso".

Dar dudó, conteniendo sus buenos sentimientos con cautela innata. "Reconociendo el lugar, de hecho...". Sentenció. "Evaluando la infraestructura". Ignoró la mirada de asombro de Kerry.

Mark chascó la lengua. "Dar, eres la única jodida persona que conozco que va al puñetero Disney World y termina trazando cables... tomate un maldito respiro, ¿de acuerdo?. Al menos ve a ver los fuegos artificiales".

Dar observó su cuerpo desmañado y ligeramente quemado, acomodado entre su asiento y su compañera, y ahogó una seca sonrisa. Ya lo hago, Mark... más de lo que imaginas. Quizás incluso más de lo que yo misma supongo. "Si tengo un par de minutos seguro".

"Dar, no me hagas pensar que vas por Orlando andando metida en uno de esos trajes de lana... sudar en la sala de control no es bueno, ¿vale?".

"Yo... um... no llevo un traje de lana Mark, si eso te hace sentir mejor". Dar apoyó la mano sobre una de sus rodillas al aire, trazando una pequeña cicatriz justo sobre la rodillera. "Y trataré de ver uno o dos espectáculos de fuegos artificiales si me garantizas que ese plan estará completo mañana a las 10 de la mañana".

"Dar...". Suspiró Mark. "Oh bueno... no necesito dormir... de acuerdo, lo prometo... pero debes traerme un suvenir". Hizo una pausa. "Es más... para que sea justo, tráeme una foto de ti en la que realmente estés relajada al menos durante cinco minutos. ¿Es demasiado pedir?".

"Oh... así que, si me quito los zapatos y pateó un peluche de Goofy por el césped, eso cuenta, ¿verdad?". Señaló la ejecutiva.

Un suspiro.

"Vale... acepto Mark... si lo consigues, tendrás tu foto, lo prometo". Dar rió. "Es más... si lo haces a tiempo, tendrás mi foto en bañador".

Silencio absoluto, ni siquiera se oía respirar. Dar miró al teléfono, después a su compañera, la cual tenía una mano firmemente tapándose la boca y se estaba poniendo roja del esfuerzo por no reír.

"¿Mark?". Silencio, entonces se escuchó un ruido y otra voz contestó.

"Ey... ¿quién es?".

"Jeffrey... soy Dar Roberts".

"Oh... oh... lo siento señora... um... ¿le hizo algo a Mark?. Está aquí sentado con esta mirada realmente extraña en su cara".

Dar suspiró. "Tan sólo dígale que hablamos luego". Colgó y miró a Kerry, la cual estaba mordisqueándose los nudillos y riendo quedamente. "Crees que eso es divertido, ¿eh?".

Se acercó y le hizo cosquillas a Kerry en las costillas, e hizo una mueca cuando la pequeña mujer pegó un bote y se alejó. "Oh... ya veo que hay algo que tu curriculum no menciona, señorita Stuart...". Le hizo cosquillas de nuevo, y vio como Kerry se alejaba aun más de ella.

"Gaaa... para". Kerry le agarró la mano y la mantuvo sujeta. "¡Pobre Mark!... Y, ¿me vas a decir cual es el plan o he de adivinarlo ahora?". Soltó con cuidado los dedos que la habían martirizado, y se sintió aliviada al ver que el ataque no se repetía.

Dar se sentó sobre su asiento y rodeó una de sus rodillas con las manos. "Bueno, tengo a dos personas trabajando en la confección de una propuesta que responda a sus peticiones, con fuentes específicas y ese tipo de cosas. Normalmente lo hago yo, pero...". Se encogió de hombros. "No es tan complicado... de todas formas, ellos preparan el documento para nosotros ya que tienen acceso a toda la información, y nos lo mandaran antes de la reunión".

Kerry absorbió todo lo dicho. "¿Y?".
Despacio, ojos azul pálido la miraron. "¿Qué quieres decir con, 'Y'?".

Una mirada astuta la estudió. "Eso es lo que los del otro equipo también estarán haciendo... si te interpreto correctamente, iras más allá de eso... así que, ¿cual es el resto del plan?".

Dar sonrió, una sonrisa amplia y genuina. "Tienes razón... pero no quiero hablar sin asegurarme. Deja que Mark llame esta noche, entonces te lo contaré todo".

La rubia mujer rió triunfal, a la vez que el autocar se adentraba en el parque y se levantó, esperando a que Dar la acompañara. "Sin embargo, no creo que haya nada de Mongolia aquí... ¿qué tal un italiano?".

Dar se estiró, sintiendo unas ligeras agujetas en los hombros debido a la natación. "¿Qué tal un japonés?".

"Mm". Contrajo las cejas Kerry. "Difícil elección".

Se bajaron del autocar y se encaminaron a la entrada.

Acabaron en Inglaterra. Más que nada porque Kerry quería ver los fuegos y Dar conocía un pequeño secreto. Con lo que estaban confortablemente sentadas en la terraza de un Pub Inglés justo enfrente del lago mientras la gente se acercaba para ver el espectáculo.

Había una agradable y fresca brisa agitando el agua, y Kerry se alegró de haber escogido un jersey, uno de color verde foresta con un pequeño y alegre Winnie the Pooh bailando sobre su pecho izquierdo. Tomó cuidadosamente un trago de su pinta de cerveza viendo como Dar hacía lo mismo, y leyó el menú. "Todo es comestible, ¿verdad?".

Dar rió. "Bueno, hay un montón de influencias interesantes en la comida inglesa... especialmente de la India y las demás antiguas colonias, pero en este menú... si. Todo es comestible". Miró a su alrededor, para luego ponerse el bonito jersey de punto color gris que había adquirido en una tienda cercana sobre los hombros. "Se está bien".
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 31st 2012, 8:09 am

Kerry se inclinó para tocar el tejido tan suave como la mantequilla. "Es tan bonito". Lo admiró. "Y he de parar en esa tienda de té de nuevo... he de comprar algunos de esos sabores y llevarlos de vuelta a la oficina. Estoy un poco harta de la naranja con canela y el regular".

"Hmm... tienes razón... te gusta el té, ¿verdad?". Comentó Dar, reclinándose en su silla y apoyando los pies sobre la que tenía enfrente. Hicieron sus pedidos con la apuesta camarera, y Dar asintió para que rellenaran sus vasos. La cerveza sentaba bien después de todo un día de actividades y se sentía de humor para relajarse un poquito esta noche. Habían hecho todo el circuito de los países, y se había permitido comprar algunas menudencias, controlando de alguna manera no comprar toda la tienda de lana de oveja en Canadá, pero pasándoselo bien en la hostelería de Francia. La fresca brisa le apartó el pelo de la frente, y dejó que su cabeza cayera hacia atrás cerrando los ojos.

Ciertamente Dar era otra persona fuera de la oficina, decidió Kerry, observándola subrepticiamente. Tiene esa... diabólica, traviesa, maliciosa y desenfadada línea que la rubia mujer había descubierto de dura manera. Como cuando Dar la distrajo mientras una enorme burbuja se volvió verde o algo así y la golpeó por la espalda asustándola hasta la médula. O dirigiéndola a la plaza del cuero en Marruecos donde aparentemente trabajar el cuero no era una habilidad adquirible. Ugh. O cuando les dieron un vaso con algo dulce y azul para beber, y no darse cuenta de que tenía 200 grados hasta tragárselo.

Para ser justos, a Dar la pillaron también con la cosa azul, lo cual admitió tras pedir agua para Kerry y que lo ayudase a bajar. Y le había dado una pequeña figurita de cera que el moldeador había hecho para ella enfrente del pabellón de China... tan sólo con cera y palillos, lo giró y dio forma hasta formar un caprichoso dragón con las alas agitándose.

"Toma". Dar se encogió de hombros al alcanzárselo. "Yo no colecciono de estas cosas".

No, pensó Kerry, mientras estudiaba el anguloso perfil. Nada personal, ¿verdad?. Nada de lo que te puedas sentir atada emocionalmente... creo que veo eso en ti, Dar. Se reclinó hacia atrás, sintiendo un agradable ronroneó debido a la cerveza, y estando contenta de que hubieran sido capaces de picar algo en los mostradores colocados para tal efecto mientras paseaban alrededor del mundo antes de comenzar a beber. La parada mejicana fue muy buena... todavía podía saborear un poco las especies de los pequeños tacos, y disfrutó de los aperitivos de salchichas y quesos ahumados en Alemania así como del vasito de vino blanco que lo acompañaba. "Ha sido una suerte visitar esto cuando es la exposición Internacional de Comida y Vinos, ¿eh?".

"Mm". Dar sonrió, y abrió un ojo perezosamente. "Esa es una buena idea... poner muestras de comida y bebida de los diferentes países... diferente. Me gusta". Tomó un sorbo de su fresca cerveza. "Porciones lo suficientemente pequeñas de forma que puedas probar muchas de ellas, y es una buena oportunidad para mostrar las diferentes culturas". Tomó otro sorbo. "Algo como los festivales que tenemos en Miami... el Festival de Arte, y los festivales heredados... donde puedes tener una tonelada de cosas de las diferentes nacionalidades... aunque tendemos a lo caribeño e hispano de forma predominante. Esto está bien, porque aquí tienes representados a los países continentales también".

Kerry alzó sus rubias cejas. Beber la hace más habladora. Escríbelo en la PDA, Ker... podría ser de utilidad alguna vez. "Todavía no he tenido la oportunidad de ir a uno de ellos... me llevaron al Festival Escocés el año pasado, pero casi me doy en la cabeza con uno de esos troncos y alguien trató de hacerme comer haggis".

Dar rió. "Nah... prueba el Cajun... es más divertido, y tendrás que encabezar cantidad de insectos picadores del fango". Alzó la mirada cuando la camarera trajo su comida y sonrió, dejando el vaso en la mesa y cogiendo los cubiertos.

Kerry le dio las gracias a la mujer y asintió cuando esta miró interrogadoramente los vasos. Una más no podría hacer daño, además, estaba teniendo éxito en su empeño de hacer que su jefa se relajara. María se sentirá orgullosa de ella.

"Creo que estoy un poco borracha". Admitió Dar mientras se encaminaban a la salida, pasando las fuentes de agua cuyos chorros bailaban al son de la música.

"Nadie podría decirlo". Le aseguró Kerry, observando a la alta mujer intencionadamente. "Caminas en línea recta, no pronuncias mal las palabras, y no has besado a ninguno de los personajes que van por ahí".

Dar lo consideró. "Es cierto". Pegó un pequeño salto cuando sonó el teléfono, entonces dejó escapar una corta risotada y lo contestó. "¿Si?".

"Me debes una foto, Gran D". La voz de Mark sonaba muy, pero que muy satisfecha. "¿Conseguiste ver alguno de los fuegos artificiales?".

Dar se dio la vuelta y caminó hacia atrás, viendo el movimiento del láser alrededor de la enorme geosfera. "Si... vi alguno que otro...". Se giró de nuevo. "Buen trabajo... podrás tener el link preparado para mañana por la mañana... tendré que marcar con el móvil".

"Ya está preparado. ¿Dónde está mi foto?". Incidió Mark. "No sabes que inspiración fue esa... he hecho cosas esta noche que ni Babbage se hubiera imaginado".

"De acuerdo... de acuerdo...". Rió descontroladamente Dar. "Haré que Kerry me saque una, ¿vale?. Mañana".

"¿Ella está allí?. Pónmela". Pidió Mark. "Ey, ¿Kerry?".

"Aquí mismo". Contestó la rubia mujer, tapándose la otra oreja con la mano.

"¿Conseguiste sacarla del maldito hotel durante una hora?". Susurró el director de MIS.

Kerry miró donde Dar se había subido a una valla e inspeccionaba un arbusto moldeado como Figiment, el dragón imaginario. "Oh.. si, de hecho, conseguí que fuera a uno de los parques esta noche".

"¡Buena chica!". La alabó. "Esa jodida mujer no ha tenido unas vacaciones en diez años". Suspiró. "¿Te estás divirtiendo?".

"Ha sido...". Kerry se sonrió a sí misma. "Muy educativo... he aprendido mucho, y espero que las cosas funcionen para la oferta. Esta es una cuenta muy interesante".

"Eso no es lo que pregunté". Objetó Mark.

"Si, me estoy divirtiendo". Replicó. "Gracias por preguntar".

Estaba bostezando cuando por fin llegaron al hotel, su monorraíl dejándolas limpiamente en el recibidor. Kerry siguió a Dar como si fuera un cahorrillo hasta el ascensor, resistiendo el impulso de agarrarla por la parte trasera de su camiseta para mantener el paso, y tuvo que tomarse unos minutos para aclararse los ojos antes de poder abrir la puerta de su habitación. Estaba silenciosa, y realmente no quería más que acurrucarse sobre la cama vestida y todo, y simplemente pasar.

Pero no, se cambió a su ropa de pijama, estremeciéndose donde la sonrojada piel entraba en contacto con el bañador, entonces se giró, y vio parpadear su luz de mensajes. Perpleja, descolgó el teléfono y marcó a recepción, anotando el número y viendo que se trataba de Colleen. Urgente.

Oh chico... Marcó el número de su amiga y esperó hasta que la voz soñolienta contestara al otro lado. "¿Col?".

"Jesús hijo de María, Kerry... ¿dónde demonios estas?". Colleen se despertó instantáneamente. "Tus padres se están volviendo locos... han llamado aquí tres veces".

"Um". Kerry se frotó la cabeza. "Estoy en Orlando, como deberías saber... ¿cual es el gran problema?".

Silencio. "¿No te has enterado?".

"¿Enterado de qué?. No... he estado en reuniones todo el día, y luego... ¿qué ha pasado?".

"Jesucristo, Kerry... el avión en el que supuestamente estabas esta noche se ha estrellado en los Everglades... casi todos los que iban en él han muerto, al menos eso creen".
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Noviembre 1st 2012, 10:52 am

Kerry se sentó sobre la cama, de repente sus piernas eran incapaces de sostenerla. "Oh Dios Mío". Levantó una temblorosa mano hacia su boca. "Mejor llamo a mis padres".

"Llámame de vuelta... ¿vale?". Dijo suavemente Colleen.
"Vale... lo haré". Kerry colgó, entonces apoyó la mano sobre el auricular durante largo tiempo antes de descolgar y volver a marcar. "¿Mamá?".

La voz de su madre prácticamente salió del teléfono. "No... no... estoy bien... estoy bien... sigo en Orlando. La reunión duró más de lo que pensábamos, con lo que nos quedamos otra noche... no... no... de ninguna manera... en la oficina sabían que no iba en ese vuelo". Una pausa. "Podrías haberme llamado... hola, Padre".

"Ya está... ninguna hija mía va a vivir donde terroristas pueden simplemente hacer explotar un avión... ese lugar tiene muy pocos americanos, válgame Dios... vas a volver a casa".

"¿Estás seguro que fueron terroristas?. No he oído ningún detalle... yo no...".

"Ni sis, ni peros Kerrison... punto y final. ¿Te imaginas a la prensa si hubieras estado en ese avión? ¡Dios mío!". La cortó su padre. "Haz lo necesario".

La línea quedó muda. Lentamente Kerry dejó el auricular sobre el teléfono. "Me alegro de no haber estado en el avión también, gracias por preguntar". Un ruido la hizo alzar la mirada, para ver a Dar de pie en la puerta de conexión entre las habitaciones, una queda mueca en su mirada. "Supongo que ya te has enterado".

La alta mujer asintió y entró, atravesando la habitación y sentándose a su lado sobre la cama. Un mando a distancia colgaba de la mano de la ejecutiva. "Tengo las noticias puestas ahí dentro". Una pausa. "¿Te encuentras bien?".

"Oh si". Respondió amargamente Kerry. "Mi padre estaba muy aliviado de no tener que reconocer mi muerte al médico". Apoyó los codos sobre las rodillas, y miró hacia la moqueta en el suelo. "Quieren que vuelva".

Dar dudó, entonces torpemente rodeo a su compañera con el brazo. "¿Por qué un avión se ha estrellado?. Eso no tiene sentido, Kerry".

"Por que Miami está lleno de degenerados, pervertidos y extranjeros que no hacen más que arremeter contra los Estados Unidos". Contestó Kerry con un suspiro. "¿Saben que es lo que hizo que el avión se estrellase?. Él dijo que fue un terrorista... ¿es cierto?".

"No estuve mirando lo suficiente para saberlo... vamos, entremos en la otra habitación para ver las noticias... quizás lo digan".

Kerry alzó la mirada, agradecida por la calidez del brazo de Dar sobre ella. "Tendríamos que haber estado en ese avión".

"Lo sé". Replicó calmadamente la mujer mayor. "Pero no lo estábamos... vamos, he pedido chocolate caliente... veamos que pasa".

Se acomodaron en la cama de Dar, y ella aumentó el volumen de la televisión, la cual estaba sintonizada en la CNN. La imagen era prácticamente oscuridad, con deslumbrantes luces rojas y azules por todas partes, y la ocasional luz amarilla. El reportero llevaba un corta vientos y obviamente estaba lloviendo y hacía viento donde él se encontraba. "La FAA en este momento no está comentando o especulando nada acerca de lo que ha hecho estrellarse a este Boeing 727, tan sólo que el piloto reportó problemas sobre West Palm Beach y decidió girar al oeste, lejos de áreas habitadas".

"No suena como una bomba". Comentó Dar, levantándose para contestar a una suave llamada en la puerta. "Buen servicio". La abrió y permitió entrar al camarero de servicio de habitaciones con una bandeja. "Póngalo ahí encima". El camarero se fue, y sirvió dos humeantes tazas de chocolate, añadiendo una minúscula nube a cada uno antes de ofrecerle uno a Kerry. "Aquí tienes... bueno para lo que te incomoda".

Kerry tomó un sorbo y le dedicó una sonrisa. "Gracias". Volvió su atención a la televisión, donde linternas mostraban lo que parecían cientos de hombres en varios uniformes sumergidos hasta los muslos en agua, separando escombros y otras cosas. "Es horrible".

"Mm". Exhaló Dar, entonces descolgó el teléfono y marcó un número. "Soy Dar". Hizo una pausa, escuchando. "¿Cuál es la historia de ese avión que se ha estrellado?". Otra pausa. "Bueno, puede que no, pero se supone que yo iba en él". Un suspiro. "No lo creo tampoco, pero quiero asegurarme... gracias Gerry". Colgó. "Veamos si podemos obtener alguna información verdadera".
"¿Quién era ese?". Preguntó Kerry, sintiendo que se iba animando poco a poco. "¿O es uno de esos que si me lo cuentas, luego tendrás que matarme y ese tipo de cosas?".

"Un amigo mío del Pentágono". Replicó Dar. "Dios... mira eso...".

La cámara que filmaba desde el helicóptero mostraba un caos de fuegos, luces y movimiento en la pantalla, entonces de repente, gente comenzó a gritar y a alzar las manos. El reportero hizo una pausa y escuchó por su audífono, entonces sonrió a la cámara. "Me acaban de informar que acaban de encontrar a supervivientes... parece ser que el avión se quebró al aterrizar en los Everglades y hay algunos, repito, hay algunos supervivientes".

"No fue una bomba entonces". Comentó Dar. "Eso lo desintegra en el aire, y no deja mucho en la forma de seres humanos vivos". Se reclinó sobre la cabecera de la cama y estiró las piernas, cruzándolas a la altura de los tobillos. Kerry estaba cruzada de piernas al otro lado de la cama, agarrando su taza de chocolate con las dos manos.

Vieron como al principio tan sólo un puñado, y luego más gente herida iba apareciendo, y los helicópteros empezaron a aterrizar preparados para transportar a las víctimas. Finalmente Kerry se reclinó también hacia atrás apoyándose sobre la cabecera de la cama, quejándose débilmente mientras se frotaba el cuello, agarrotado de estar sentada con la espalda encorbada durante tanto tiempo.

Dar había apagado las luces, excepto la de la tele, y la rubia mujer se dio cuenta de que le costaba mantener los ojos abiertos. Probó reluctantemente levantarse e ir a su propia habitación, pero el pensar en estar ahí sola la mantenía en su sitio, a pesar de sus mejores intenciones. Bueno, quizás unos pocos minutos más... y después se levantaría.

Sintió como le quitaban la taza de las manos y parpadeó, mientras Dar la tapaba con una de las sábanas. "No... yo...".

"Shh... estate quieta. Esta cama es lo suficientemente grande como para albergar a todo el equipo de directores... duerme un poco". Le aseguró Dar, frotándole amistosamente la nuca. "Whoops... lo siento... olvidé que te quemaste".

¿Que me quemé? Preguntó Kerry mientras se le cerraban los ojos, y disfrutó de los pequeños escalofríos que recorrían su espalda. Oh. Esa quemadura. Cierto. "No hay problema". Murmuró soñolienta. "No voy a volver ahí".

Dar miró a su compañera, la cual estaba acurrucada en su lado, su respiración ya calmada por el sueño. "No... no creo que lo hagas, amiga mía". Dejó que su brazo reposara en la cama próximo a la rubia mujer, y tras unos pocos minutos alzó la mirada ante un roce.

Dedos rodeaban su antebrazo. Dar observó de cerca a su compañera, y vio el calmado y pausado respirar dándose cuenta que estaba profundamente dormida. Un movimiento inconsciente entonces, el hecho de que Kerry la tocase instintivamente, deseando el confort de un roce que nunca asumiría despierta.

Pobre chica... Dar pensó sobre los padres de Kerry y sintió como surgía en ella una profunda rabia. ¿Cómo podían tratar a alguien como ella de esa manera?. Se mordió el labio por un momento, entonces agarró con una mano y sumo cuidado su ordenador portátil, y chequeó su bajada de mail, la cual estaba completada. Se dio cuenta de que la proposición que había pedido estaba allí, entonces accedió a la base de datos general.

Se inició un bot y fue mandado, tras limpiarla no con una sino dos niveles de contraseñas de seguridad con la información que buscaba. La luz del monitor se reflejaba pálida sobre su rostro, y también contestó uno de sus mensajes, releyéndolo varias veces antes de mandarlo. Sus ojos se desviaron hacia la rubia mujer que descansaba tan confiada a su lado. No te preocupes, Kerry... Le dijo silenciosamente. Yo cuidare de ti, amiga mía.

Recibió un query de la delegación privada. Tecleó en la ventana y puso su contraseña personal. Continuó su camino.

Revisó sus mensajes mientras esperaba, pasando por alto la barrera de noticias generales. Limpiar el refrigerador... no usar los ascensores regulares para transportar mesas de pc... Día Global del Voluntariado... Dar recordó que tenía que atender eso, y tomó una nota en su archivo de recordatorios. Continuó navegando. Se acordó de reciclar... te tengo... el periodo de inscripciones benéficas acaba el 15 de Noviembre... whoops... Dar pinchó para comenzar otra sesión como nuevo usuario y se introdujo en la base de datos de CAS, repasando sus seguros de salud, ortodoncia y vida. Aumentó el seguro de ortodoncia al máximo, desde que el año pasado pasó más tiempo del que le hubiera gustado con un diente astillado, incrementó un poco también su seguro de vida, para después mandar la solicitud.

Entonces salió y revisó su lista de trabajo, encontrando lo que le prometió a Uthai el otro día fuera lo que fuese. Lo revisó y emitió un gruñido. Oh mierda... ese maldito acceso a internet... debería haberlo escuchado realmente antes de aceptar estas cosas... tamborileó con los dedos de su mano libre sobre el teclado para luego simplemente levantar la mano y dejarla caer. Que demonios... un clic, y la solicitud fue aceptada, pero entonces pinchó el icono de mandar mensajes, y le mandó una nota a Uthai diciéndole que él era el único responsable... personalmente... si la seguridad de la empresa se veía comprometida debido a su gente.

Eso tendría que bastar... él no se lo daría a ellos si creyera que mordería el polvo. Dar rió interiormente. Terminó con su lista de trabajo y volvió a sus mensajes, alcanzando y tomando un sorbo de su chocolate caliente. Sabía que debía estar exhausta, pero el repentino avión estrellado hizo que la adrenalina circulara por su cuerpo, y debía dejar que siguiera su curso.


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