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Tormenta tropical, Melissa Good

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Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 1st 2012, 10:26 am

Autora: Melissa Good

Traducción: Las tres primeras partes fueron traducidas por Encarnación López
Partes 11 y 12 colaboraron Zaida Serrano (11) y Verillo (12).
Todo lo demás Asrials

*_* - las palabras entre asteriscos estaban en español en el texto original.

Primera Parte

La alarma continuó suavemente, conduciendo a la soñolienta figura tendida sobre la cama de agua hacia el despertar. Un largo brazo se extendió y palmeó el pulsador del despertador, entonces regresó a su sitio, aunque la penumbra del pre amanecer se reflejaba en claros ojos que ya estaban abiertos y mirando fijamente el blanco mate del techo.

El condominio estaba tranquilo, los minúsculos clics y siseos que señalaban la máquina del hielo en la cocina y el suave zumbido del reciclador central de aire eran los únicos sonidos que perturbaban la oscuridad, salvo la suave respiración de la ocupante de la cama. Al fin, esa respiración se extendió en un suspiro y el estático colchón se agitó mientras una alta figura salía de la cama, y pasaba del pulido suelo de madera de teca al de mármol, salmón pálido, del cuarto de baño. La luz parpadeó, causando un gemido audible, entonces el agua corrió por el seno de mármol, salpicando ruidosamente mientras impactaba en la cálida piel.

La víctima terminó enjugando el exceso de agua con una toalla suave, entonces encaró su reflejo. "Buenos días." Ojos azul claro, en un rostro angular de altos pómulos, le devolvieron la mirada, enmarcado por moreno cabello hasta el hombro que, justamente ahora, estaba en desordenados mechones sobre una frente alta y fuerte. La voz era un cálido contralto, ligeramente ronca del sueño, y los labios que formaron la palabra se fruncieron en una sonrisa irónica cuando no obtuvo respuesta.

La luz del cuarto de baño se extendía por el suelo de madera y guió su camino mientras la alta mujer se movía a través de la alcoba y seguía a la sala de estar, pisando las suaves alfombras Berber, esparcidas sobre azulejos cerámicos de cálido tacto, y terminaba en la cocina.

Otro "flick" y la apagada iluminación se encendió, trayendo a la vida el brillante azul y blanco del cuarto, reflejándose apagadamente en los azulejos azul real y en la ondulada superficie de los blancos electrodomésticos. Sólo el frigorífico resultaba fuera de lugar - era de acero inoxidable, como convenía a sus orígenes comerciales.

En el poyo, al lado de una bruñida máquina de café y una batidora muy usada, estaba una terminal de ordenador, oscura, salvo por un parpadeante sobre en la esquina inferior derecha. "Encendido," le dijo, "Correo."

"Correo," respondió obedientemente. "Dar Roberts, seis mensajes, dos urgentes."

"Lee." Bostezó y se movió hacia la máquina de café, pulsando el botón de encendido y observando como el lento chorro de agua impactaba los fondos, preparados de la noche antes. Al fondo, la computadora pacientemente leía sus mensajes.


"Urgente. Enviado por John Dierhdohl. Hora: 4:32AM.

Eh, Dar, el trato de Associated Synergenics se cerró... pasaron la diligencia tarde anoche, así que necesitamos tener allí una escuadra pirata. Que suerte para mí, es tu terreno - hazme saber cómo va el pillaje y saqueo, ¿de acuerdo? John D."

"Mmm..." Dar se dio la vuelta y se puso contra el poyo, cruzándose de brazos. "No está mal… no está mal… Siguiente."

"Urgente. Enviado por Lou Draefus. Hora: 2:53AM.

Dar - han entrado los presupuestos preliminares - contamos con tu talento para hacerlos cuadrar. Llámame cuando entres en la oficina. Duks."

"Maldición..." La alta mujer alta suspiró. "Dukky, sabes que detesto los presupuestos... sólo dame un condenado número y lo cuadraré... no me hagas discutir toda la mañana sobre cuántos bolígrafos asignar al maldito SBU."

"¿Desea enviarla, la contestación?" inquirió la computadora, habiendo cogido su palabra clave. Dar verificó la transcripción de lo que acababa de grabarse. "Envía."

"Gracias," contestó el ordenador. "El siguiente mensaje…" siguió adelante, revisando materias más corrientes mientras ella cogía un cuenco y le echaba cereales, después abría el frigorífico y ponía el cuenco bajo el dispensador de leche, escuchando el agradable crujido mientras el líquido se infiltraba en los secos copos. Aplicó una cuchara a su desayuno y se reclinó contra el poyo mientras los mensajes terminaban. "Sólo seis... no está mal."

La computadora pitó. "Llega petición de reunión, Vídeo, Les. A"

Dar maldijo silenciosamente por lo bajo, entonces suspiró. "Adelante." Una luz apareció en la pequeña cámara ovoidal encima del monitor y una ventana de imagen se abrió en la pantalla, mostrando la querúbica y redonda cara de un hombre en la cincuentena, vestido inmaculadamente a rayas grises, con una corbata azul oscuro perfectamente anudada alrededor de su grueso cuello. Sus manos estaban dobladas sobre el escritorio de caoba delante de él y, cuando sus ojos fueron a su propia pantalla y la vieron, una sonrisa asomó en sus rasgos paternales.

"Vaya... esta es la forma en que me gusta empezar mi mañana... Dar Roberts en ropa interior." El Presidente del Consejo rió satisfecho.

Dar meramente continuó comiendo y sólo le lanzó una mirada. "Acabas de romper el EEOC, Les... algún día vamos a tener que hacer algo contigo." Era broma y ambos lo sabían. El EEOC estaba estrictamente incorporado en la compañía, a cierto nivel. Una vez que lo sobrepasas, te conviertes en 'uno de los chicos' y se espera que con ello desarrolles una gruesa piel. Dar, como vicepresidenta corporativa, estaba más allá de ese nivel, así que tenía que aguantar todo el tiempo comentarios sobre su aspecto del escalafón superior. Afortunadamente, consideró, al menos eran cumplidos. Había oído los crueles comentarios dirigidos hacia unas pocas de las otras ejecutivas senior… sobre todo a Eleanor Evans en Finanzas, que estaba combatiendo un problema de peso entre otras cosas.

Les se rió entre dientes. "Puedes hacerme cualquier cosa que desees, corazón... en cualquier momento. Sólo llama a Julie y haz que te dé cita, ¿de acuerdo?"

La alta y morena mujer cruzó las piernas. "Cuidado, Les… tu edad, tienes que vigilar el corazón... no creo que pudieras manejarme." Este tipo de duelo verbal era algo que casi disfrutaba con el CEO... y sospechaba que él también.

El presidente sonrió abiertamente. "No te preocupes... tomaré con antelación un batido de Viagra." Entonces se aclaró la garganta. "Bueno... basta de diversión, aunque estoy disfrutando la vista y la conver… ese trato de Associated," ahora sus ojos avellana se pusieron serios y casi rapaces, "lo necesito al cincuenta por ciento, Dar."

Dar dejó de masticar durante un instante y le miró fijamente. "¿Cincuenta? ¿Quieres también continuar haciendo negocios o sólo armar bronca?" La compañía adquiría cuentas ofreciendo exceder su negocio a un menor costo. Cuando se hacían cargo, dependía de Dar y otro ejecutivos de su nivel destripar los recursos que habían adquirido y encontrar una manera de lograr ese costo, el método usual era recortar personal, que siempre era el gasto más grande en el campo de los IS. Del diez al veinte por ciento era su promedio, aunque Dar era famosa por forzar el tope y había logrado un treinta y cinco por ciento en sus últimas dos cuentas. "Si es bronca... simplemente haré volver a mis mastines y lo olvidaré."

Les agitó su cana cabeza, "Lo necesito, Dar… tenemos la junta de accionistas en dos meses y tengo que anunciar tres cuartos antes de eso... con el presupuesto como está y ese fiasco con United Telecom, o me das Associated al cincuenta por ciento o no vamos a mostrar un crecimiento de dos dígitos y sabes lo que eso significa." Le lanzó una sonrisa. "Vamos... sé que puedes hacerlo... y, cuando lo hagas, tengo una pequeña sorpresa para ti."

Dar suspiró. "Basta de sorpresa, Les, ¿eh? La última vez casi me mataste cuando me hiciste conducir aquí ese condenado coche GM."

"Tch, tch… gruñona esta mañana, ¿no?" El CEO se rió. "No... es mejor que eso… lo prometo."

"Veré lo que puedo hacer," Dar suspiró.

"Esta es mi pirata preciosa… sabes, Dar... eres tan buen ejemplo para todos los demás..." Les se retrepó y la consideró. "Menudo prototipo eres... hermosa, saludable... masticando tus granola..."

Dar le echó un vistazo a la caja azul de cereales, con el tigre rojizo esgrimiéndole una cuchara, y sonrió. "Oh sí."

"Tienes que ir a Plano uno de estos días y enseñar a mi esposa algunos de tus trucos."

"Detesto Plano, Les," comentó Dar, terminando su cuenco y poniéndolo en el fregadero de acero inoxidable, después se volvió y cogió una taza para su café.

El CEO sonrió abiertamente. "Te perdonaré el decir eso sólo por esta encantadora vista del trasero, Dar."

Dar alzó su taza y le lanzó una irónica mirada. "Encantador verte a ti también, Les."

"Cincuenta por ciento, Dar," el hombre mayor declaró, con un saludo. "Nos vemos."

La pantalla se oscureció. "Fin de reunión," suspiró y observó a la computadora cerrar la sesión. "Feliz lunes," murmuró mientras tomaba su taza y abría la puerta corredera de cristal que llevaba al balcón de la segunda planta. El viento venía del este, lanzando atrás su cabello y contra su cuerpo la camiseta. Dejó su taza sobre una mesita de piedra y fue a la barandilla de piedra, apoyándose en ella y mirando por encima del malecón de rocas a la extensión interminable del océano Atlántico.

El aire estaba lleno de sal y pesado con humedad, y lo inhaló, permitiendo que la familiaridad la sosegara mientras escuchaba el rítmico sonido del oleaje contra el arrecife de coral, que constituía la base de la isla sobre la que estaba. Al este el horizonte había ganado una línea gris, repujada de nubes por encima del mar todavía oscuro, y estaba tan silencioso que podía oír el suave resonar de los barcos amarrados en cercano puerto deportivo. Una gaviota se abatió por encima de la cabeza, sus plumas agitando el pesado aire mientras sobrevolaba el coral, buscando comida.

Dar se estiró y recogió su taza, colocando sus manos alrededor de la superficie cerámica y tomando un sorbo de la sabrosa y acerba bebida. Disfrutaba la paz de la mañana temprana, sobre todo aquí en Fisher Island, donde el tráfico no existía y, si no volvías la cabeza a la izquierda para ver el largo skyline de Miami Beach, podías imaginar que estabas en alguna parte del Caribe, viendo el amanecer.

Su condominio era una casa en niveles, compartiendo una sección con otros cuatro residentes en la orilla oriental externa de la isla pequeña. Los muros exteriores estaban reforzados con acero y cemento, pulcramente diseñado y ajardinado para simular elegante adobe, pero cumpliendo los vigentes reglamentos contra huracanes como era obligatorio en el Condado de Dade, Florida. Fisher Island era una comunidad exclusiva, ofreciendo grandes residencias frente al océano a aquéllos que podían permitirse el lujo de pagar precios increíbles por ellas. Dar había heredado la suya, afortunadamente, habiendo visto los precios por ellas y encontrando difícil creer que alguien se gastase tres millones de dólares por lo que equivalía a un apartamento. Incluso un apartamento real, realmente encantador, con cinco dormitorios, tres baños y una magnífica cocina que raramente usaba.

"Gracias, tía May," brindó por su fallecida, pero muy amada tía, con su café. May Roberts había sido algo así como la sensación en la familia, casándose con cuatro hombres y enterrándoles a todos, todo mientras incrementaba su considerable cuenta bancaria. Había comprado el condominio como inversión y lo alquilaba ocasionalmente, pero se lo había legado a su sobrina a su muerte correctamente figurándose que era mejor que Dar viviera allí, que en 'ese horrible Grove.'.

Había costado algo acostumbrarse, después de varios años de residir en mitad de la ecléctica comunidad artista al sur, pero Dar había decidido finalmente que le gustaba la isla. Sólo era accesible por ferry, aquí podía alejarse de la ciudad y pasar tiempo en silenciosa soledad sin peleas, delitos e incluso vecinos ruidosos.

Los apartamentos de tres millones de dólares tenían gruesos muros.

Las cuotas de mantenimiento eran ultrajantes y justificadas por todas las ventajas de la isla, pero era menos que la renta que había estado pagando en el Grove y no le remuneraban mal, así que... funcionaba. Se encontró disfrutando un estilo de vida que nunca antes había considerado probar e incluso se divertía observando a los personajes de clase alta, que poblaban la isla en sus extraños rituales sociales.

El sol volvió el horizonte de rosa coral y el mar lentamente cambió de negro tinta, a gris oscuro palpitante, a profundo y rico verde ante sus ojos. La corriente costera estaba ligeramente agitada, interrumpiendo la superficie con ondas, y tomó una inspiración de aire marino con sentido del placer. "Bueno, hora de moverse." Terminó su café, después se deslizó por las puertas de cristal, pasando de la cálida humedad al helado aire acondicionado con un minúsculo escalofrío. El suelo de azulejos resultaba frío contra sus pies desnudos y fue rápidamente al armario, tirando la camiseta y cambiándola por su ropa de ejercicio, que consistía en un par de calzones para correr y un cómodo top deportivo. Se recogió el cabello atrás y lo ató con una cinta, después se sentó para ponerse las zapatillas, tirando de los cordones y anudándolos con dedos eficaces. "No creo que a tu esposa le gustasen mis secretos, Les," comentó irónicamente para sí, "involucran sudor y a montones."

Con un suspiro, se irguió y caminó al pequeño armario justo dentro del dormitorio donde surgían las escaleras y se agachó dentro para sacar un juego de pesas de muñeca y tobillo, que se aplicó cuidadosamente. Entonces se deslizó por los escalones y abrió la puerta delantera, cerrándola con llave detrás de ella mientras salía al pequeño porche fuera del condo. Una docena de escalones conducían al suelo, proporcionando al edificio un aparcamiento bajo tierra, y lo eludió por debajo, terminando en el camino que serpenteaba hacia el agua.

La isla era de una milla de diámetro y de forma redondeada, y había hecho su hábito circundarla cuatro veces, lloviese o hiciese sol, incluso en los aguaceros subtropicales que a veces proporcionaba Miami. Con un suspiro, empezó a correr y se dirigió fuera del camino.

Paralela al Atlántico, al principio, continuando frente a condominios arracimados muy parecidos al de ella. La arquitectura era suavemente mediterránea, con techos de tejas y muros de estilo adobe, y los edificios parecían fundirse con los alrededores. El ajardinamiento, rico con arbustos tolerantes al salitre, estaba pulcramente arreglado y perfectamente podado, y podía ver donde se estaban plantando lechos de flores invernales para dar un poco de variedad a la escena.

Una vez pasados los condos, estaba moviéndose frente al club playero, con su restaurante de estilo rústico y la pequeña, si bien prístina playa de arena blanca, que lo bordeaba. Las tumbonas ya estaban colocadas, los chicos de la playa quitaban la arena de su superficie y los morenos trabajadores le lanzaron un familiar hola mientras pasaba.

Entonces subió a hacia el muelle de coral y pasó la vieja mansión, una vez poseída por los Vanderbilt, que albergaba el restaurante principal y la barra del club, su coralina piscina de agua salada brillaba a la luz del alba. Los pavos reales vagaban por la cubierta de la piscina y se encrespaba cuando ella pasaba, emitiendo un ocasional grito sobresaltado que hendía el aire a extraños intervalos.

Más condos a continuación, entonces el triple puerto deportivo, en esta época del año atestado de barcos que se mecían suavemente sobre las olas. Algunos eran veleros, sus velas enrolladas bajo cubierta, y algunos eran grandes yates a motor, realmente barcos, que tenían múltiples cubiertas de pulida caoba.

La parte de atrás de la isla no era tan glamurosa, ya que encaraba la larga serie de malecones que constituían el Puerto de Miami, donde comercio de todo el Caribe y América del Sur anclaba enormes chalupas y naves de carga, y filas de enormes descargadores resonaban suavemente en la brisa, aún inactivos.

Eso llevaba al lado que encaraba Government Cut, el principal canal de embarque del puerto, donde los ferrys para coches tenían que cruzar para llegar al terminal de la vía McArthur. También era la entrada principal para toda nave de crucero y, mientras Dar rodeaba la esquina, se encontró corriendo con el Sovereign of the Seas, una de la más grandes ciudades flotantes, que estaba saliendo del puerto.

Todo era familiar, todo parte de su rutina. Para cuando dio su cuarta vuelta, el Sovereing estaba humeando por el canal y el sol se atisbaba por encima del horizonte, pintando el cielo en melocotones y cremas, mientras las nubes colgaban sobre el océano. Dar enlenteció mientras terminaba donde empezó y, mientras se detenía y paseaba despacio para enfriarse, un muchacho de cabello rubio pasaba rozando con un carro de golf, las palabras Beach Club blasonadas en el frontal de fibra de cristal. "Buenas, Carlos," dijo entre respiraciones.

"Buenas, Srta. Roberts." El muchacho saltó fuera, alisando pulcramente su camisa de lino blanco de manga corta y alzando una taza suavemente humeante de una bandeja en el asiento delantero. "Aquí tiene."

Dar le lanzó una media sonrisa y tomó la taza de café con leche. "¿Cómo logras cronometrarlo tan exactamente?"

El muchacho sonrió. "Yo no, señora... es usted… como un reloj, seis cuarenta y cinco, aquí está," hizo una pausa. "A menos que esté lloviendo, por supuesto, y entonces es a las seis cincuenta y cinco."

La mujer alta se rió y tomó un sorbo de la bebida. "Mm… montones de azúcar y nata… justo como me gusta." Felicitó al trabajador, que esbozó en respuesta una rápida reverencia. "Gracias." Empezó a subir los escalones, mientras él se volvía y regresaba a su carro, girando el vehículo diestramente y volviendo al camino. Carlos era estudiante de preparatoria de medicina, llegando a entrar en una de las facultades locales esperándola a primera hora y yendo a las clases de la tarde. Era un chico amistoso, local, como lo eran la mayoría de los trabajadores de día, y a Dar le gustaba mucho. Se tomaba un esfuerzo extra en averiguar cosas de sus clientes regulares, y Dar ciertamente lo era, lo que les gustaba y se los daba, sin preguntas.

Terminó el café mientras caminaba sin ruido por el condo, quitándose la ropa y abriendo la ducha. Quince minutos después estaba secándose el cabello y poniéndose el traje de falda gris entallada y blusa negra que había escogido llevar, abrochándose los puños y dejando abierto el botón superior qué exponía la delgada cadena dorada que sostenía un diminuto osito, su única joyería salvo por los clavos de diamante puestos discretamente en sus orejas.

Código de vestuario de la compañía. Nada de colgantes.

Dar le echó a su reflejo un vistazo, pasando sus dedos por el pulcramente cortado y cardado cabello para fijarlo, y agregando el más leve toque de maquillaje. Su piel ya estaba bronceada por el sol, legado de una vida en el subtrópico y detestaba el enredo de ponerse y quitarse esa substancia, así que era un poco de brillo, una sugerencia de sombra de ojos y eso era todo.

De todas formas nadie lo notaba nunca... admitió irónicamente. Su rasgo más llamativo eran sus ojos azul claro, cuando la mayoría de la gente esperaba unos avellana o castaños acorde con su coloración. Algunos sospechaban que usaba lentes de contacto de color, otros especulaban abiertamente sobre que tuviera irlandeses o daneses en alguna parte de su ascendencia hispana.

Dar deseó que encontrasen algo más interesante sobre qué especular, pero todo valía en los cotilleos de oficina. Suspiró y recogió su cartera, colgándola de su hombro, entonces se dirigió hacia su automóvil.

Esperó hasta que hubieron cargado el Lexus LX470 en el ferry antes de llamar a la oficina, retrepándose en el asiento de cuero y esperando que su secretaria contestara.

"Oficina de Dar Robert, ¿en qué puedo ayudarle?" la voz de María, de preciso acento castellano, salió del altavoz celular montado en el salpicadero.

"Buenas, María," comentó Dar, observando las olas de Government Cut impactar sobre la baja cubierta del ferry.

"¡Aie! Buenos días, buenos días..." contestó la mujer de mediana edad, "*Dios mío*, Dar... la mitad de la tierra ya está aquí buscándote... ¿pasó algo este fin de semana?"

"Pasó Associated Synergenics," explicó la alta mujer, "Los chicos tienen las pelotas revolucionadas."

"Tch… aie, ninguna sorpresa," María rebuscó algunos papeles. "Tengo aquí tres carpetas con toneladas de cosas dentro y una pila de mensajes telefónicos para ti."

"Genial," suspiró Dar. "Déjame esta tarde para Synergenics y convoca una reunión de personal del equipo de contabilidad preliminar para las diez a.m., ¿de acuerdo?" Eso arrojaría su horario por la ventana de la decimocuarta planta en la que estaba su oficina. "Esto está que arde, Les está encima."

"Ayeyiyi…" María hizo algunas rápidas anotaciones. "Tenías cita con el doctor esta tarde." Su voz tenía un toque suavemente reprendedor.

"Cancélalo," contestó Dar y consiguió el esperado silencio. "No puedo evitarlo, María… una revisión puede esperar unos días, esto no puede." De todas formas los dolores de cabeza que habían motivado la cita habían menguado durante el fin de semana y, con algo de suerte, se quedarían así durante algún tiempo. "No te preocupes... me lo tomé con tranquilidad este fin de semana... me siento genial."

"Llamaré a esa *secretarita* de tus doctores y conseguiré otra cita," contestó María obstinadamente.

"De acuerdo," cedió Dar. "Tengo que despedirme... necesito llamar a Mark."

"Oy." Incluso a través del teléfono, Dar pudo sentir a su ayudante girando los globos oculares. "Dile que por mí está bien, Dar... basta de conejitos rosa en mi pantalla, ¿de acuerdo?"

La alta ejecutiva sofocó una risita "De acuerdo… hablo contigo en un rato." Desconectó y marcó otro número, mirando ociosamente como el ferry se acomodaba en su embarcadero. El teléfono sonó dos veces, entonces contestó una voz bronca. "¿Sí?"

"Buenos días, Mark."

"¿Quién d... oh... uh... sí. Cierto... lunes por la mañana… quién más estaría llamándome a las siete treinta... hola, Dar."

"Necesito Synergenics, Mark." Dar soltó su freno de aparcamiento y guió el Lexus 4x4 por la plancha metálica, mientras los trabajadores portuarios lavaban el automóvil con agua para quitar el rocío salino del océano. "Ahora."

"Au... por amor de Cristo… ¡Dar, estaba cerrado la puñetera noche pasada!"

"Tengo reunión allí esta tarde y necesito la info, Mark... entra y consíguela, sin quejas," le dijo secamente al gerente de servicios de información. "Tienen un sistema de mierda... no debiera costarte más de quince minutos entrar, si tu reputación depende de ello."

Mark Polenti había sido, en sus años más jóvenes, hacker cracker. Es decir, hacía incursiones en los sistemas informáticos y rompía los códigos de seguridad tales como las cajas de larga distancia . Ahora servía como parte del equipo avanzado de Dar, que entraba y conseguía información sobre una adquisición, información que la nueva cuenta normalmente no quería que Dar tuviera. Cosas como informes de personal, reclamaciones de accidente laboral, estadísticas de seguros… cosas que necesitaba para basar sus decisiones de corte y recorte. Sólo la gente buena con bajo coste de mantenimiento sería candidata para la transición y ese tipo de información normalmente era retenido.

Por buenas razones. Pero el trabajo de Dar era incorporar la nueva cuenta en la infraestructura tan económicamente como fuera posible, de aquí el hacer la cuenta tan rentable como fuese posible. Era una fórmula simple y confiaba en su habilidad de desviar el trabajo de la nueva compañía a las agencias existentes dentro de la corporación, por tanto los recién llegados resultaban superfluos. Aunque nunca lo veían de esa manera... la veían atacando como un tiburón circundando a un pez indefenso, e intentaban esconderse en cualquier rincón o rendija en que pudieran para escapar de sus dientes.

Nunca lo lograban. Tenía la habilidad de despojar los recursos hasta el hueso y de recortar una operación con una velocidad de relámpago que le había ganado una justificada reputación de decisiones salvajes y precisas. Era lo que la había catapultado a su posición de VP

Aún no le había fallado nunca y no tenía intención de empezar con este, especialmente dado que Synergenics era local, sus oficinas estaban justo en Kendall Drive y podía llegar a ellos sin tener que enviar el equipo previamente por aire. "Continúa, Mark... necesito los preliminares para cuando llegue a la oficina."

"¿Dónde estás?" preguntó el jefe de los IS, un rápido repiqueteo transmitiéndose junto con su voz.

"McArthur, a punto de pasar Star Island."

"Tch, tch, tch... estás enlenteciéndote, Dar… estoy dentro... tengo la base de datos, ¿en que impresora la quieres?" Un definido tono petulante flotó a través de las ondas.

Dar se rió entre dientes. "Mark el Tiburón… eres todo un caso. AdminP2 estará bien."

"Ok… enviando… tío, esta seguridad es una mierda... no me sorprende que estos perdedores fueran absorbidos." El murmullo se mezclaba con pulsaciones. "¡Oh... bueno, no me sorprende… Novell 3.11… oh, tío... y gateways inseguras… Jesús, Dar.. ¡ni tan siquiera tienen un puñetero cortafuegos!"

"Patético," estuvo de acuerdo Dar, "¿Quién es responsable de este desastre?"

Más teclear, "Un… bueno, aquí asumiré, porque nunca sabes, pues una señora de nombre Kerry Stuart," la informó Mark, "Hmm… hmm... hmm... hm... ah... ajá... asunción de bingo... ooo… hm… eh, Dar… es mona."

Dar giró los ojos y suspiró. "Corta, Mark…"

"Mm… mona... rubia, bonitos ojos verdes… Jesús... es sólo una puñetera cría… Veintiséis… no casada… nada por parte médica… oh espera... je... tuvo una prueba de embarazo justo después de la Navidad del año pasado... negativa…"

"Mark…"

"De acuerdo... de acuerdo… titulación en IS por la Estatal de Michigan... es de algún sitio en el quinto pino... último trabajo para Edutech como su coordinadora regional en ese terreno… oh, eh... el Senador Stuart es su padre."

"Hm… ¿sí?" inquirió Dar, mientras giraba a la avenida Brickell y se dirigía al sur hacia la alta elevación que alojaba la compañía. "Ha estado cortejando la oficina de Troy por contribuciones… recuerdo oír a Lou quejándose de eso." Metió al Lexus en el estacionamiento y por la puerta de seguridad, cabeceando al guardia mientras abría para ella. "De acuerdo... ¿puedes darme también una carpeta de ella?"

Una risita desde el teléfono. "¿Las gaviotas te cagan el parabrisas? Seré encantador... y le agregaré una foto a color."

"No es necesario, Mark… ésa es más tu línea," avisó la ejecutiva.

"¿Quién dijo que estaba haciéndolo por ti?" se rió satisfecho el jefe de IS. "Adiós."

Dar se carcajeó suavemente mientras entraba en el sitio y apagaba el automóvil, agarrando su maletín y echando una breve mirada en el espejo retrovisor antes de salir y cerrar con llave el coche. "Otro día, otra matanza," le comentó a un gato que pasaba, que le lanzó una mirada y se fue a escape.



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Última edición por camila el Octubre 15th 2012, 8:13 am, editado 2 veces
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 3rd 2012, 9:04 am

"Van a despedirnos a todos," declaró Charles, por sexta vez en cinco minutos. "Mi primo trabajaba para Allied cuando ellos se hicieron cargo, así que olvídalo… estamos fritos." Estaba sentado en el pequeño escritorio de su cubículo, con los auriculares colgando de su cuello y una taza de styrofoam en la mano.

"Eso no lo sabes," protestó Elaine, echando una mirada a su panel telefónico, que tenía varias luces parpadeando. "Quién sabe... quizá sea mejor… quizá ahora podamos conseguir bolígrafos," agitó un cubilete de su escritorio, lleno de instrumentos de escritura, "en lugar de tener que ir a los bancos a robarlos."

La gran sala era más ruidosa que de costumbre, la mayoría del personal estaba ocupado hablando sobre la fusión, a la que se referían realmente como una OPA hostil. Associated Synergenics era una compañía de unos doscientos empleados, dedicados a proporcionar soluciones de software y hardware a la industria hostelera. Tenían un núcleo de programadores e ingenieros que diseñaban sistemas para restaurantes y hoteles, para administrar sus puntos de venta, su contabilidad y otras áreas donde se usaban computadoras para mantener registro y análisis. Por supuesto, también tenían un grupo de personal de asistencia para contestar preguntas y un pequeño departamento de técnicos de hardware, que instalaban el equipo y salían para proporcionarle asistencia.

Eran locales, en el área de los tres condado de Dade, Broward y Palm Beach, que proveía los suficientes clientes para alcanzar un lento crecimiento comercial y todos habían sido muy optimistas acerca de este año, especialmente después de haber conseguido un gran contrato con supermercados Publix, el mayor minorista de comestibles del estado de Florida.

Y ahora esto. Todos estaban furiosos. Era como si todo su duro trabajo fuera a ser tragado por esta monolítica compañía, que no se preocupaba por ellos y, ciertamente, no se preocupaba por los clientes había tenido tanto cuidado en atraer y retener. No parecía justo, de veras.

Charles sorbió el contenido de su taza, entonces se sentó con un gruñido y se puso los auriculares. "Supongo que es mejor al menos pretender trabajar… de todas maneras, ¿dónde infiernos están todos?"

Lana, una alta y delgada morena que se sentaba al otro lado de su cubo levantó la vista. "Gran reunión… el jefazo les llamó arriba a todos hace una hora... supongo que para darles las malas noticias," sus ojos se enfocaron en algo, "Uh, oh... ahí vienen..."

Todos se volvieron, mientras las puertas al frente del centro de asistencia se abrían y un grupo de gerentes entraban, iba desde el gerente de asistencia, Ray, a la programadora jefe, Susan. Todos ellos parecían muy torvos. La última era Kerry Stuart, que se apoyó contra la cerrada puerta durante un instante, antes de enderezar sus hombros e indicar con la cabeza a todos que se movieran delante de ella.
A los veintiséis años, Kerry parecía apenas lo bastante mayor para ser gerente junior. Era de estatura media y tenía una figura delgada, con piel ligeramente morena que contrastaba con su rubio cabello y los ojos verdes. Su cara tenía la estampa de la inocente juventud, que desmentían sus seis años de experiencia en dirección de IS y con frecuencia sorprendía a la gente con su profundo conocimiento del negocio y su habilidad manejando conflictos.

Ahora mismo se subió cuidadosamente a la mesa de la impresora, al fondo de la gran sala, y alzó una mano. Dado que todos allí ya estaban mirándola, consiguió el efecto pretendido y las voces se suspendieron de inmediato. "Ok, chicos... escuchad," tenía una voz pura, pero estaba temblando un poco y todos pudieron verlo.

El silencio se hizo y ella se detuvo, mientras uno de los programadores trotaba hasta ella y le daba un pequeño micrófono. "¿Esto f… oh, supongo que sí." Kerry se aclaró la garganta, su voz repentinamente magnificada. Salieron cabezas de las oficinas que rodean la gran área central con curiosidad. "Ok… estoy segura de que ya todos sabéis que partir de anoche, fuimos oficialmente comprados." Hizo una pausa y tomó una inspiración. "Algunas de las personas que pertenecen a esa compañía van venir por aquí, empezando esta tarde, y creo que todos sabemos que vamos a ver algunos cambios."

Un sordo murmullo se alzó y Kerry levantó una mano para calmarlo. "No sé qué tipo de cambios, ni lo que van a hacer, ni lo que eso realmente significa para ninguno de nosotros, simplemente tendremos que esperar y ver. Lo que voy a pediros que hagáis es que simplemente continuéis haciendo vuestro trabajo y cuidéis de nuestros clientes. No sobreactuemos hasta que sepamos lo que realmente está pasando."

"Prepara ya tu curriculum vitae," profirió una voz en tono hastiado.

"Apuesto que encuentran alguna forma de no darnos beneficios durante seis meses," salió otro, "si se molestan en conservar a alguien."

"De acuerdo... vamos, gente… sólo esperemos a ver qué pasa," Kerry declaró de nuevo. "Eso es todo lo que tengo… si viene uno de ellos por aquí, sed encantadores, responded a lo que pregunten y simplemente mantengámoslo guay." Le dio el micrófono al programador y cautelosamente bajó de la mesa, sonriéndole a Ray, que la sostuvo por el codo para impedirle caer. "Gracias." Siguió hacia el extremo de la gran sala, atravesando el pequeño laberinto de oficinas hasta que alcanzó la suya, enterrada en la esquina de la parte de atrás. La mayoría de los gerentes la habían seguido hasta allí, obviamente queriendo tener unas palabras en privado con ella, pero levantó una mano mientras entraba en su santuario. "Dadme unos minutos, chicos, ¿ok? Id por café, revisad el correo-e o algo."

"Llama a mi cazador de talentos," resopló Susan, agitando su plateada cabeza castaña. La baja y rechoncha programadora se acercó furtivamente hasta su diminuta oficina, llena hasta el techo con copias impresas.

Kerry les observó dispersarse, antes de entrar en su propia oficina y rodear el escritorio, sentándose en su silla y poniendo la cabeza en las manos.

Que desastre. Y todo había estado yendo tan bien, además. Con un suspiro, se retrepó, dejando caer sus manos sobre los muslos enfundados en vaqueros, el tejido le recordó uno más de los cambios que tendrían que enfrentar, como Robert Mayabera le había advertido esa mañana. Códigos de vestuario.

"No creía que lo habíamos hecho tan mal," dijo con sobresalto, cuando Robert le dio las noticias. "Creía que eran tan sólo rumores."

El fundador de la compañía, un bajo y belicoso inmigrante cubano, había puesto sus inmaculadas manos sobre su escritorio. "*Chica*, no hiciste nada malo, ¿ok?" Sus ojos castaños habían estado un poco tristes. "Se redujo a dinero, eso es todo, me hicieron una oferta, como se dice en las películas, que no pude rechazar." Había alzado una mano. "Tengo seis hijos, todos llegando ahora a la edad donde tengo que celebrarles los *quince* años y automóviles y universidad y adoro la compañía, pero la compra, amiga mía, la compra me permite hacer lo correcto por mi familia."

"No... Robert... yo no…" Kerry había suspirado. "No te acuso... yo sólo… éramos como una familia para nosotros, aquí."

"*Chica*, lo sé." Robert se había levantado y rodeado su escritorio, tirando de sus pantalones para sentarse sobre el brazo de la silla de Kerry y poner una mano sobre su hombro. "Les digo cuan genial eres, a cada oportunidad. Hiciste un trabajo fantástico con todo, realmente lo revolviste aquí el pasado año, todo eso… dales la oportunidad de verlo."

"No me preocupo por mí," la joven directora había declarado tranquilamente. "Robert... esta gente trabaja muy duro... no creo que a esos tipos vaya a importarles eso... creo que simplemente van a entrar aquí y hacernos pedazos."

"Eh… vamos ya... esperemos a que el barco se hunda antes de empezar a pensar en ahogarse, ¿ok?" Le dio golpecitos en la mejilla. "Déjame ver esa cosa de Michigan... ¿qué es, un tejón?"

Kerry sonrió un poco ante eso. "Un carcayú."

"¿Qué tipo de un animal es ese para una facultad? Es ridículo." Estaba intentando alegrarla con la vieja discusión.

"Mejor que un caimán," contestó respetuosamente, el alma mater de él había sido la Universidad de Florida, en Gainesville. Entonces suspiró y se puso en pie. "Ok... mejor voy a decírselo al personal... aunque estoy segura de que ya lo han oído."

Y lo habían oído, pensó Kerry mientras jugaba con una taza en su escritorio, echando un vistazo a su pequeña oficina. No era mucho, unos cuantos archivo, una planta en cada esquina de las que cuidaba obsesivamente, una foto de Michigan en invierno sobre una pared y su revuelto escritorio, con su apartada computadora.

Aunque era suyo, ganado con obstinada determinación y sus propias habilidades, no comprado por su padre, o dado a cambio de algún favor. Estaba orgullosa de eso y orgullosa de estar al cargo de este diverso grupo de gente, incluso si eran a veces enfurecedores y los programadores nunca cumplían las fechas tope y tenía que seguir regañando a los supervisores para que mantuvieran bajos sus tiempos de respuesta.

Se había sentido como si estuviera logrando algo, especialmente cuando habían ganado el nuevo contrato y los representantes de Publix le habían dicho a Robert que era principalmente porque se sintieron muy cómodos tratando con ella.

Uou. Eso le había hecho sentir genial… había salido esa noche con unos amigos y lo había celebrado, por primera vez en meses, en Dave and Busters y había terminado ganando bastantes tickets para hacerse con un enorme oso panda de peluche.

Ahora era sólo otra de los cientos de miles de empleados de la nueva compañía. Nada especial. De hecho, probablemente se rieran de sus credenciales o encontraran algo en su actuación que no les gustara y la apartaran de su puesto. Y entonces, ¿qué? Papá sólo la estaba dejando quedarse aquí porque podía mostrarle su ascendente carrera, apuntando sus crecientes responsabilidades.

Un fallo en eso y la llamaría a casa.
Inspiró y se frotó los ojos. "Vamos ya... piensa positivo," se recordó.

El teléfono sonó y pulsó el botón del altavoz. "Aquí Kerry."

"Ker, soy Alex." Era Alejandro Cruz, su jefe de MIS. "Tengo a una *puta* al teléfono exigiendo que le dé acceso."

Kerry cerró los ojos. "No me digas lo que significa eso, ¿ok?" imploró. "Si es de ellos, simplemente dale acceso... probablemente puede conseguirlo de todas formas... no queremos empezar a ser obstruccionistas."

"*Jefa*, ok, les doy transferencia del servidor de correo y marchando un dial de buzón de correo y preparo una cuenta de administración para ellos... ¿qué más?"
"Eso debiera mantenerles ocupados un rato," Kerry suspiró, "intentaré establecer algunas reglas básicas con quienquiera que llegue aquí después del almuerzo... quizá serán razonables."

"*Mierda*," resopló Alex.

"No me digas tampoco lo que es eso, ¿ok?" exhaló la directora. "Pero en Michigan diríamos... 'esto apesta'."

Pasó las siguientes horas poniendo las cosas en orden, estudiando las últimas estadísticas que su sistema informativo había generado y limpiando su bandeja de entrada. Tenía la cabeza inclinada sobre la última revisión de actuación cuando un leve golpe vino de la puerta. Levantó la vista para ver a Ray Ramírez allí de pie, sosteniendo una refresco en la mano. "Oh... hola."

"¿Almuerzo?" El alto y desgarbado supervisor técnico levantó una oscura e inquisitiva ceja. "He oído que tienen *pico de gallo* en el *café*."

Kerry puso una cara. "Eu." Soltó su tarea y se estiró, trabajando un nudo de su espalda. "Dos años y pensarías que ya me habría acostumbrado a esa cosa… pero cada vez que lo como, voy derecha a dormir bajo mi escritorio." Agitó un bolígrafo. "Además, no tengo realmente hambre."

"Vamos, vamos… no les permitas derrotarte, Kerrisita… venga, te traeré *flan*, sé que te gusta," engatusó Ray, agitando las cejas invitadoramente.

Sonrió, pero negó con la cabeza. "No, gracias... quizá mañana, ¿ok?" Abrió su cajón y sacó una bolsa de zanahorias en miniatura. "Además, lo traje."

"Te crecerán orejas gachas uno día de estos," rió el hombre moreno, "Tú y tu pequeñas carrotas." Suspiró. "¿Estás segura?"

Asintió. "Sí... vete, sal de aquí por un rato... probablemente te necesitaré cuando se presenten esos tipos."

Alzó una mano, entonces la dejó caer y se rindió. "Regresaré pronto," prometió, entonces se fue de la puerta.

Kerry miró pensativamente la puerta, entonces suspiró y dejó el bolígrafo, volviendo de nuevo los ojos hacia su evaluación y apoyando la cabeza en una mano. ¿De todas formas de qué servía? Las evaluaciones no valdrían nada para los recién llegados.

Un suave golpe la interrumpió de nuevo. "Mira, Ray... te dije..." Alzó la vista, ligeramente irritada, entonces se detuvo.

Había una desconocida en su umbral. Una mujer alta y de piel dorada, con cabello de medianoche, la miraba, el delgado cuerpo colocado contra el umbral en una postura de confiada arrogancia. Kerry pestañeó y miró de nuevo, y fue capturada por los ojos más azules, más claros que jamás había visto, que taladraban justo a través de ella con una ráfaga de fría intensidad y un extraño, casi obsesionante vislumbre de algo familiar. "Um… lo siento... pensé que era otra persona." Logró decir débilmente poniéndose en pie.

La mujer se quitó del umbral y entró, soltando una gruesa cartera de cuero en la silla de las visitas y tendiendo una mano. "Dar Roberts." La voz era grave, agradable y parecía retumbar en sus orejas y, cuando se movió para tomar la mano de la mujer, la alcanzó un suave olor de perfume almizclado mezclado con el cuero.

"Kerry Stuart." Tomó la mano de la mujer más alta y la estrechó, sintiendo la fuerza en ella mientras la mujer devolvía el apretón. "¿Es usted... um…" hizo una pausa, "quiero decir, ¿es del nuevo cuartel general, ¿verdad? Lo siento... debo parecerle algo tonta... no estaba esperando a nadie hasta después del almuerzo."

Dar la estudió silenciosamente durante un instante. "Sí... lo soy... supongo que mi almuerzo no coincide en nada con el suyo," contestó fríamente, "Lo siento."

"Oh... cierto," contestó Kerry torpemente. "Bueno... está bien, porque yo... yo ya terminé el almuerzo… pero mi personal todavía está fuera. ¿Qué.. quiero decir, puedo darle café o algo?"

"No, gracias... tengo cosas planeadas," contestó rápidamente la alta mujer, "Simplemente empecemos… no tomará mucho tiempo." Se movió al escritorio. "Siéntese." Dar observó a la joven volver alrededor de su escritorio y sentarse, poniendo los antebrazos en la superficie y mirándola con una mezcla de trepidación y curiosidad.

Había brevemente estudiado la foto que Mark tan amablemente le había proporcionado, pero la estática impresión personal no daba indicación de la gentil presencia que la mujer proyectaba, o de la clara firmeza de sus ojos, cuyo color increíblemente igualaba el océano que Dar veía por su ventana cada soleada mañana. También había algo familiar en ella, que Dar no podía precisar realmente. Aunque no había tiempo para eso. Se sentó en la silla de las visitas. "Sabe por qué estoy aquí, ¿verdad?

Los dedos de Kerry retorcieron un trozo de cinta de embalaje. "Sé que se están haciendo cargo... realmente no nos han dicho mucho sobre lo que va a pasar, no."
Dar maldijo silenciosamente, tomando nota mental de enviar un correo haciéndole un nuevo agujero en el culo a quienquiera que estuviera en el equipo de cuenta de este grupo. "Estaban sup... bueno," alzó una mano, "no voy jugar o andar con rodeos. El resumen es que lo que compramos fue su negocio."

La rubia inspiró. "Ok… pero qué significa eso… informamos a gente distinta... o quiere que las cosas se hagan diferente... tengo informes..."

Una mano le impuso silencio. "Significa que estamos interesados en los servicios que están proporcionando. No en cómo los proporcionan o en quién los presta," contestó firmemente. "No hay nada que hagan aquí que no podamos hacer mejor y más barato, eso es todo el asunto."

Kerry la miró fijamente. "¿Qué está diciendo?" preguntó suavemente. "Está diciendo que no nos necesitan, ¿es eso?"

Fríos ojos azules encontraron el suyos. "Sí."

"No puede simplemente entrar aquí y despedir a todos... hemos estado haciendo esto durante años... no puede reemplazarnos simplemente así," protestó la directora.

"Sí, puedo," contestó Dar, "es lo que hacemos." Gesticuló hacia la puerta. "Tengo un grupo de programación en Huntingdon, un grupo de asistencia justo al oeste del aeropuerto que puede recoger sus llamadas y una división de instaladores de hardware que ya trabaja para mí." Se puso de pie y rodeó el respaldo de su silla, apoyándose contra ella. "Su gente es ineficaz, se toman dos días por enfermedad cada tres semanas, la mitad de ellos llega tarde todos los días, sus programadores no han cumplido una fecha tope en dos años y ha recibido dieciocho reclamaciones de accidente laboral en los últimos cuatro meses."

Silencio. Kerry sólo miraba la superficie de su escritorio y se concentraba en respirar. Su pecho dolía por el súbito, inesperado ataque, cuando se dio cuenta de que no tenía respuesta para los cargos. Sabía que eran verdad, pero era una buena plantilla... era buena gente... sólo un poco perezosa a veces, como todos. Sus ojos viajaron al perfil de halcón que la observaba y sintió una silenciosa desesperación. No todos. No más. "Supongo que John tenía razón," dijo finalmente, con silenciosa derrota.

Dar la miró, ligeramente desconcertada. La reacción usual a su discurso eran furiosas e indignadas protestas… no… "¿Razón sobre qué?"

Esos ojos como el mar se alzaron. "Están aquí sólo para violarnos."

La mujer más alta respingó interiormente, no esperando eso. "Esa no es forma apropiada de referirse a ello."

Kerry se encogió de hombros. "¿Qué va hacer, despedirme?" Inspiró. "¿Hay algo más que pueda hacer por usted, Srta. Roberts? Parece tener toda la información que necesita." Estudió el clip en sus manos. "Y tengo mucho papeleo con el que necesito empezar, supongo." Lo intentó, pero no pudo evitar un toque de ronquera en su voz y se negó a alzar la mirada y dar a la mujer mayor la satisfacción de ver cuanto la había trastornado.

Dar sintió una súbita punzada de vergüenza. Podía ver la angustiada tensión en los delgados hombros enfrente de ella y bajó la cabeza por un momento.

"Realmente no son tan horribles," dijo Kerry suavemente. "A nuestros clientes les gustamos… hacemos un buen trabajo... yo no… veo por qué necesitamos ser tirados como basura." Aún mantuvo su mirada en sus manos.

"Mire," Dar se encontró atípicamente sin palabras, "son negocios… no hay nada personal, ¿comprende?" La cabeza rubia se movió en un asentimiento, entonces levantó la vista, su rostro hermético y los cautos ojos verdes oscurecidos con silenciosa furia. "Tiene una semana… necesito una lista de su gente senior, para que así podamos arreglar sesiones con ellos para empezar a revisar exactamente lo que hacen, cuando y cómo lo hacen."

Kerry deglutió. "Está diciendo que quiere que entrenemos a la gente que va a quitarnos nuestros trabajos."

Dar la miró tranquilamente. "Sí."

La furia se disolvió en algo más y la mujer rubia apretó la mandíbula. "De acuerdo," soltó, sus dedos contrayéndose sobre el bolígrafo que había estado sobre su escritorio. "Veré qué puedo arreglar." Arreglar sacar a cada condenado de ellos de aquí antes de que puedan decirle nada a nadie, eso es.

"Quiere decirme que me vaya al infierno," comentó la mujer morena. "¿No?"

Kerry se lamió el labio inferior. "No, señora, no quiero. No fui educada de esa manera."

Dar se sentó de nuevo en la silla y se inclinó hacia adelante, ladeando la cabeza para mirar fijamente el inclinado rostro de Kerry. "Seguro que quiere," discrepó, "yo lo hice... cuando fuimos absorbidos en el '84."

Los ojos verdes se levantaron lentamente para encontrar los suyos. "Estas son personas, a las cuales está a punto de arrebatarles su sustento. No es divertido."

"Y cualquiera de ellos le diría adiós alegremente, si el tipo de más abajo de la calle le ofreciera un pavo más la hora," contestó Dar. "Esto son negocios, Srta. Stuart... no es caridad."

La barbilla de Kerry se alzó. "Su gente no podrá hacer la mitad del trabajo que hace la mía," declaró rotundamente. "Así que cuando pierda todas estas cuentas, allí estaré riéndome."

Dar se retrepó, estudiándola. No había tenido este tipo de desafío en un mucho, mucho tiempo... la mayoría de sus cuentas eran recién licenciados en MIS, que se escabullían e intentaban apelar a su buen corazón, justo hasta darse cuenta de que no lo tenía. Una de sus tareas adicionales, además de despojar compañías, era encontrar nuevos talentos para la corporación. A veces, reflexionó, encontraba potencial en los lugares más raros. "De acuerdo… demuéstrelo," ronroneó, observando la sobresaltada mirada suavizándose en el joven rostro al otro lado del escritorio. "Puedo hacer esto por la mitad del presupuesto por el que actualmente están haciéndolo. Proponga un plan para hacerlo por eso, en una semana... y lo miraré."

La mandíbula de Kerry se desplomó. "¿Cincuenta por ciento? Es imposible."

Dar se encogió de hombros. "Su elección… ve, podemos minimizar los costes porque usamos un inferior máximo por cuenta... si tenemos a alguien que necesita asistencia, por ejemplo, simplemente les agregamos a la carga actual en el MTC y no tenemos que pagar renta, conexión telefónica, consolas... escritorios... toda esa mierda, de nuevo." Sonrió. "Usted no puede hacerlo." ¿Picaría el anzuelo?

"No... pero eso significa…" Kerry se detuvo y exhaló. Tendría que marcharse gente. Era el mayor factor de coste, lo sabia. Mirando el hermético y helado rostro frente a ella, supo que esta condenada iceberg también lo sabía. Pero quizá podría salvar a algunos... merecía la pena el intento. "De acuerdo... sabrá de mí," le dijo fríamente.

Bueno, me odia. Dar suspiró. Una entre muchos. "De acuerdo… puede enviarlo por correo-e -- para ahora debiera estar añadida a nuestra oficina de correo." Alzó su teléfono celular y marcó un simple código, sosteniéndolo junto a su oreja hasta que oyó una voz ruda al otro extremo. "Mark... ¿has acabado?"

Una corta risa corta pasó a través del teléfono. "Cerrado, inventariado, barriles, monos, secadores de pelo y la lista del último almuerzo de su contable." Le advirtió. "Correo dispuesto, servidores cerrados... ¿algo más que hoy pueda hacer por ti?"

"Gracias." Dar plegó el teléfono. "Tiene correo... dígale a su gente que no les hagan ningún cambio administrativo a sus servidores y puede esperar un equipo aquí mañana para empezar a revisar los procedimientos."

Kerry dobló las manos sobre su escritorio. "¿Cómo sabía todo eso sobre nuestras estadísticas de personal?"

Los ojos azul claro la alancearon. "Irrumpimos en la base de datos del servidor esta mañana y lo sacamos," Dar sonrió. "Su seguridad apesta... podía querer empezar su revisión por ahí." Sintió una sensación de silencioso triunfo, que se desvaneció cuando Kerry contestó su mirada con una de pétrea aversión.


"Nada personal."

"No," la rubia declaró tranquilamente. "Eso puedo verlo." Se puso de pie. "¿Le gustaría echar un vistazo?"

La última cosa que Dar necesitaba era el paseo de cortesía. Se recordó que tenía seis o siete conferencias telefónicas de las que cuidarse en la oficina, así que se quedó muy sorprendida cuando oyó a su voz contestando "Claro."

Kerry simplemente asintió y rodeó el escritorio, pasando una mano a través de su claro cabello y quitándoselo del rostro. Llevaba un par de pantalones vaqueros bastante cómodos y una camisa de encaje blanca, que mostraba un bronceado natural, que se pegó a su cuerpo mientras inspiraba profundamente. "De acuerdo... sígame."



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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 4th 2012, 8:09 am

Había sido, Dar meditó después, una tarde muy hostil. Tenía la sensación de que la voz se había propagado rápidamente, ya que solo habían llegado a la sala de programadores antes de empezar a recibir esas miradas como dagas de sus ocupantes. Medio esperaba que su coche estuviese rayado para cuando terminaron, pero al parecer nadie había deducido cuál era, nada sorprendente, dado que una camioneta deportiva LX470 apenas era lo que esperarían que condujese una VP de Operaciones.

La programadora jefe tenía posibilidades, concedió, si puedes sacarla de su concha lo suficiente para hablar de técnicas con ella, lo cual Dar hizo. Los gerentes de asistencia y de IS eran inútiles, y escuchar las conversaciones mientras pasaba, aparentemente abstraída, le había permitido coger al menos a dos individuos contándoles a los clientes completas mentiras y otros dos que estaban usando la oportunidad para hacer planes sociales. Stuart había oído ese último, Dar se dio cuenta, cuando había visto la mirada de desaliento en el rostro sorprendentemente expresivo de la mujer.

Kerry Stuart. Dar se retrepó contra el cuero y se permitió el lujo de unos minutos de tranquila reflexión. La chica no era tonta y tenía agallas... pero condenación, era inocente. No estaba realmente preparada para esto, pero con todo, había manejado la conmoción bastante bien, después de todo.

Lo que Dar no podía sacarse de la mente era esa inquietante sensación de familiaridad… ¿compraban en el mismo sitio o algo así? No... Kerry vivía en Kendall, justo pasado Turnpike, en uno de los laberintos de apiñados arriendos suburbanos, frecuentado por oficinistas, del área. ¿Quizá bajaba mucho a la playa? No es que Dar pasara mucho tiempo en South Beach, pero bajaba allí de vez en cuando y se recorría el paseo.

Oh bueno. Se rindió, sabiendo que eventualmente le vendría. Su reloj zumbó suavemente y le echó un vistazo, sorprendida de que ver que tarde era. Tamborileó sus dedos sobre el volante, entonces pulsó la consola del teléfono celular incorporado. Un momento después fue contestada por la cantarina voz de María. "Hola, María."

"Dar... ¿dónde estás?" Su secretaria bajó la voz.

"En mi automóvil, de regreso de Associated... ¿por qué?" contestó la ejecutiva con un toque de confusión. "Sabías donde estaba."

"Quédate lejos... quédate muy, muy lejos, *Dios mío*... un hombre empotró un camión en la sala de computadoras de abajo y destrozó todos los mandos del aire acondicionado," contestó María con un gemido. "Esto debe ser como un horno, Dar… mi cabeza se está asando."

La ejecutiva hizo una mueca. "Oh... chico," lo sopesó. "¿Al menos cerraron los servidores?" preguntó, entonces se palmeó en la cabeza. "Qué estoy pensando... María, sal de ahí antes que te desmayes."

"Aie... tengo mi pequeño ventilador, pero es como si me estuviera cociendo... tostándome," le dijo la secretaria, "Muchas gracias... empaquetaré mis cosas y estoy en camino."

"¿Algún ETA para restaurarlo?" preguntó Dar con un suspiro, mientras bajaba hacia la estatal 836, qué la llevaría a través de la ciudad hasta la oficina.

"No, no... están discutiendo... a quién culpar, eso es lo primero," María parecía disgustada, algo raro en la española.

"De acuerdo… llama lo primero mañana, María… no quiero que vengas si está todavía fuera de servicio, sólo empeorará," Dar decidió, mientras se frotaba las sienes. "Sal de ahí."

"No me importa lo que digan los demás, Dar, eres un ángel," María contestó cálidamente. "Todos pueden besarme las... ¿cómo se llaman? Gachas."

Eso consiguió una sonrisa de la morena ejecutiva. "Gracias, María… es agradable oír eso tras salir de Associated... ahora mismo no les caigo demasiado bien." Su mente conjuró la mirada de despedida que había recibido de Kerry, que había estado tan llena de aversión como todas las que había tenido el infortunio de recibir en una temporada. Normalmente, no podría preocuparle menos, pero esa… "Como sea, buenas noches, María."

"Buenas noches, Dar... conduce con cuidado, por favor," le recordó la secretaria, "Hay locos por ahí fuera."

Dar sonrió calladamente. Era agradable, a veces, tener a alguien preocupado por ti, incluso si lo hacia como parte de su trabajo. "Lo tendré." Desconectó y se asentó para tratar con el tráfico, poniendo bajo un CD de New Age y frotándose el cuello para intentar aliviar el importuno dolor que se había desarrollado durante la conducción.

Kerry regresó a su oficina, después de ver partir a su desagradable invitada, y cerró la puerta. Permaneció silenciosamente en mitad del suelo un instante, entonces echó una mirada alrededor. Alfombra azul pálido, paredes gris claro, escritorio de conglomerado... no era gran cosa, pero…

"Trabajé tan duro por esto," susurró, sentándose en la silla de las visitas. "Condenación... esto no es justo." Dejó hundirse la cabeza en las manos, colocando los codos en los brazos de la silla.

El sonido suave de la puerta abriéndose detrás de ella. "¿Ker?"

"Sí," contestó, no molestándose en moverse.

Un brazo se deslizó alrededor de sus hombros y alzó la vista, para ver la preocupada cara de Ray. "*Jefa*, no permitas que te deje así… échala fuera, la gran perra." Le dijo, frotando su cuello. "Menuda intimidante... creo que está emparentada con DeAlgo, de esa película de cachorros."

Una minúscula risa escapó de Kerry. "Ray... John tenía razón... quieren librarse de todos." Le miró. "Está dándome una oportunidad de proponer un plan... si puedo reducir el presupuesto a la mitad, lo considerará y quizá algunos consigan mantener sus trabajos, pero…"

Ray se puso las manos en las caderas. "¿Está dándote la oportunidad de hacer eso?" repitió, su voz sorprendida. "Eso es... nuevo por lo que sé... ¿cómo lograste que lo hiciera?"

Kerry hizo una pausa y lo pensó. "¿Lo es?" Su frente se frunció. "No lo sé... yo sólo… supongo que no fui muy agradable con ella y te creerías que eso la pondría furiosa, pero no... creo que le gustó." Le torció el gesto.

Él resopló. "Oh sí... parece de ese tipo," comentó sarcásticamente. "Veo el cuero y el látigo restallando alrededor, puedes apostar."

La directora suspiró. "No sé si puedo proponer algo que se acerque, pero voy a intentarlo, Ray… intentar salvar a tanta gente como pueda." Le lanzó una firme sonrisa. "Pero creo que mejor llamas a Mona de Recursos Alternativos... dile que podríamos tener algunas perspectivas para su consorcio."

"*Mañana*." Ray le dio golpecitos en el hombro. "Venga... vamos a bajar a Fat Tuesday y pasar la happy hour... ven con nosotros."

Un golpe. "¿Srta. Stuart?"

Levantaron la mirada. "Entra, Anita." Kerry observó a la baja y delgada contable apresurarse, sus brazos llenos de carpetas fuelle con copias impresas. "¿Son esos los papeles?"

"El presupuesto, sí, y la nómina, cuentas pagables y cobrables," contestó la mujer, poniéndolos en su escritorio. "¿Necesita algo más ahora mismo?" Se subió sus gafas con montura de cuerno y resopló. "Tengo que recargar la impresora si lo quiere..."

"No... gracias... esto me mantendrá ocupada un rato." Kerry le sonrió fatigadamente. "Vete, Ray... déjame empezar con estos papeles."

El hombre alto le guiñó. "No puedes hacer esto toda la noche... ¿por qué no simplemente empiezas descansada por la mañana?"

"Vete, sal de aquí," repitió Kerry, levantándose y yendo a su escritorio, donde empezó a separar varios informes. Iba a ser una larga, larga noche, podía verlo. "Espera… Ray, ¿puedes darme una caja de cartón?" No tenía ningún sentido sentarse aquí y hacer la revisión inicial. Su sofá sería mucho más cómodo.

El ferry estaba muy tranquilo mientras Dar se sentaba allí en solitario esplendor, su automóvil pulcramente colocado en el centro de la cubierta mientras el vehículo se mecía sobre las olas hacia la isla. El viento le estaba soplando en la cara, así que el sonido de los motores resultaba apagado, y descansó su martilleante cabeza contra la puerta mientras las negras aguas se deslizaban bajo la quilla.

Tenía calor, estaba exhausta y más que un poco harta, habido pasado las anteriores diez horas en un alto edificio sin aire acondicionado, haciendo lo que podía para conseguir arreglar las cosas. Lo cual era considerable, concedió, y, cuando finalmente intimidó a un contratista para obtener un panel del reemplazo e instalarlo a medianoche, la poca gente que quedaba en el edificio la había vitoreado y aplaudido.

Los tres, dos limpiadores y un guarda de seguridad, con sus uniformes pegados y empapados de sudor. Exactamente como estaba ella. Había enviado al resto del personal a casa y se quedó allí, manteniendo abiertas las puertas de emergencia de la decimocuarta planta para conseguir un atisbo de brisa húmeda en el lugar. Llamadas a los gerentes del edificio, a su propia sección de medios, a infraestructura porque los cierres de seguridad del panel habían saltado… sin resultados, así que finalmente llamó a los contratistas del edificio y tuvo al dueño al teléfono a las 10 p.m.

Gracias a Dios, sólo tenían un contrato de cinco años y estaba a punto de renovación. Ésa había sido suficiente amenaza para conseguir que moviera el culo y asumiera una parte, con cinco refunfuñantes técnicos. Su intensa mirada detrás de ellos había hecho el resto y, para la 1 a.m., una sorda vibración atravesó el edificio cuando las enormes unidades del tejado zumbaban a la vida.

Ahora eran las 2 a.m. y finalmente se iba a casa. El negocio seguiría como de costumbre mañana, sin interrupciones, y eso era lo importante, dado que no podían encender el gran servidor en cascada a menos que el aire funcionase. Había dejado una nota en su escritorio para encontrar una unidad de aire de reserva para la sala de computadoras, para la próxima vez. Suspiró y cerró los ojos, permitiendo que el aire acondicionado del Lexus le diese a plena potencia. Otro problema resuelto y estaba bastante segura de que nadie se lo agradecería mañana.

Salvo quizá las señoras de la limpieza, que habían aparecido tímidamente a la puerta de su oficina cuando le estaba gritando al contratista, llevando una jarra de frío té helado casero y una taza de plástico.

Fue lo único que le había hecho sonreír en toda la noche.

Bueno, casi. Había esperado a que el edificio se enfriase un poco, entonces entró en la sala del servidor seguro y repasó los paneles, girando los interruptores de energía que proporcionaría corriente a los seis mainframes de IBM, los dos AS400 y los veintisiete servidores NT que constituían el corazón de su centro informático.

Entonces se sentó en el escritorio de los operadores de consola, un largo y curvado escritorio de madera, cubierto con ocho monitores diferentes y cuatro teclados, unidos a un autointerruptor cybex que permitía al operador meterse en cualquiera de los sistemas desde una situación. Un largo dedo giró los interruptores en el equipo y esperó mientras los diversos sistemas atravesaban su largo proceso de inicio.

Ociosamente, trasteó entre las cosas inservibles apiñadas sobre el escritorio, leyendo las tiras cómicas de Dilbert con una sonrisa divertida, entonces se acercó para captar los diminutos subtítulos, donde el personal de operaciones de consola había escrito los nombres de la directiva superior asociados a los personajes de la tira cómica.

"Así que... soy Catbert, ¿eh?" Eso provocó una irónica risita. "Mejor que Ratbert y definitivamente mejor que Dilbert… aunque me hubiera gustado Dogbert." Recogió un bolígrafo y desprendió la tira cómica, entonces garrapateó una nota en el margen. No he cazado una bola de pelo en mucho tiempo, gracias chicos. DR

"Eso debiera llamar su atención." Pegó la tira de nuevo en el monitor, entonces entró con su clave en el sistema principal y empezó a iniciar sesiones. Costó más de veinte minutos tener de nuevo todo en marcha y se sonrió satisfecha mientras imaginaba al personal de operaciones ejecutando mañana por la mañana sus informes de inicio y encontrando su clave en todos lados.

"Olvidan quién diseñó esta cosa en primer lugar, creo." Se rió entre dientes. Normalmente aquí habría habido dos operadores medios, pero había llamado a Mark y le hizo cancelar el turno, ya que no tenían ni idea de cuando el sistema estaría en marcha y no tenía ningún sentido tener a Pedro y Celeste sudando el suelo.

Con un sentido de alivio, pulsó el botón del altavoz del teléfono y marcó el número de casa de Mark, tamborileando sus dedos levemente en el escritorio mientras esperaba. Tres llamadas, después cuatro, entonces un gruñido. "Buenos días."

"Que jode… oh, mierda," Mark, muy obviamente, se despertó ante su voz. "Dar… ¿duermes alguna condenada vez?"

"No cuando tengo cosas para hacer, no," contestó Dar brevemente. "Estás operativo."

"Por supuesto que estoy operativo… estás hablando conmig… oh... ¿quieres decir que estamos operativos?" Mark se aclaró la garganta. "Aunque el aire estará roto hasta mañana al mediodía, por lo menos."

Dar resopló. "No... cambiados los nuevos paneles, Plano tiene la seguridad activada y acabo de reiniciar los servidores." Revisó un monitor activo. "Jesús... el servidor de correo acaba de patearse… ¿de dónde estamos recibiendo ochocientos megas de ficheros transferidos? ¿Está otra vez tu gente descargando

"Mierda," Mark suspiró. "Marcaré y lo verificaré... vamos y lárgate de ahí... son las dos a.m., por el amor de Dios."

"Buenas noches," contestó Dar, frotándose los ojos, "Te veo por la mañana." Entonces todo lo que tuvo que hacer fue cerrar y bajar en el inquietantemente silencioso ascensor a la puerta delantera, donde el guardia de seguridad estaba esperándola, e ir a su automóvil, que estaba solitario en el aparcamiento.

Con un suave sonido metálico, el ferry atracó y esperó a que los trabajadores del muelle quitaran los calzos de sus ruedas antes de que poner el automóvil en movimiento y cuidadosamente subir la rampa inclinada e ir hacia la isla. Pocos minutos después estaba metiendo el Lexus en su sitio bajo el condo, subiendo los escalones y pasando la puerta, su llave abriendo los seguros resonando muy fuerte en toda esa quietud.

Estaba exhausta, pero no soñolienta, incluso después de una larga ducha caliente y cuatro pastillas de Advil para su dolor de cabeza, así que caminó a la cocina, agarrando una jarra y llenándola de leche del dispensador antes de agregar una cucharada de miel y meterla en el microondas. Le echó un vistazo a la computadora del poyo, entonces su frente se frunció cuando vio el sobre parpadeando en la esquina. "Pensé que vacié mi bandeja de entrada antes de dejar la oficina… ¿Correo?"

"Correo, Dar Roberts, uno," contestó el terminal, conectado vía enlace ISDN directamente a la oficina.
"Lee." Dar se cruzó de brazos y se inclinó contra el poyo, esperando que sonase la campanilla del microondas.

"Enviado por: Kerry Stuart, Hora 1:20AM"

"Bueno, bueno," murmuró suavemente Dar para sí. "¿Sabes qué?" Vio la longitud. "No leas."

La campanilla sonó, pero Dar permaneció cerca de la pantalla, leyendo el largo y detallado mensaje con interés. Empezaba con "necesito aclarar algunos detalles." Y acababa con "Por favor, envíe esta información lo antes posible debido a la fecha tope que impuso."

"Bueno, que me condenen." En vez de estar enfadada, Dar sonrió. Las preguntas eran instruidas y, no obstante, con un toque por el lado ingenuo, inteligentes y meditadas. Exactamente como es la chica, supongo. Tiró de uno de los altos taburetes de la cocina al lado de la computadora y recuperó la leche caliente, bebiendo a sorbos mientras componía una detallada respuesta al correo.

"Eso la tendrá entretenida… al menos por ahora," comentó la mujer alta e hizo una pausa, con su ratón encima del botón de enviar. Estudió el mensaje, entonces agregó una sola línea al final y sus iniciales. Una pulsación de botón y desapareció. Se tomó la leche y vagó por la sala, dejándose caer en el suave sofá de cuero que enfrentaba las ventanas acristaladas desde el suelo al techo. La vista era la del Atlántico por la noche, aguas negras bisecadas por una lanza plateada de luz lunar y las luces diminutas y coloreadas de las boya marinas. En el horizonte, una nave de crucero estaba pasando deslizándose silenciosamente, una zona de chispas contra la oscuridad y, brevemente, Dar deseó estar a bordo.

Kerry reprimió un bostezo, mientras verificaba la cerradura de la puerta delantera, un hábito antes de acostarse. Su apartamento parecía como si una fábrica de papel la hubiese atacado, columnas de hojas blancas yacían por todas partes, pero estaba moderadamente satisfecha con su primera noche de trabajo. No es que hubiera llegado a ninguna parte, pero al menos sabía qué preguntas empezar a hacer y lo demostró, le había disparado una lista de diez de ellas a Cruella, su apodo para la dominante Dar Roberts.

"Bonita sorpresa para ella por la mañana, ¿eh?" le comentó al panda, que estaba sentado con los brazos extendido en la segunda de las dos sillas acolchadas en la salita. El resto del espacio estaba tomado por un sofá de tela, una mesita para cuatro personas, dos enormes estantes inundados con libros y un pequeño escritorio que albergaba su computadora. El cuarto era luminoso y alegre, telas pastel y alfombrillas de estilo de indio ponían un toque de color y en las paredes colgaban escenas de su medio ambiente subtropical. Su favorito, un ocaso sobre Key West, estaba encima de la TV y estaba flanqueado por dos pequeños bordados, un delfín que su tía le había hecho y un osito de una vieja amiga de su madre.

"Oh… cuernos," suspiró, recordando que había olvidado de enviar un correo al personal con respecto a la visita de la gente de procedimientos del día siguiente. Fue y encendió de nuevo su PC, echándose en la silla del escritorio y sentándose sobre una pierna mientras esperaba que reiniciase. Después de que apareciese su escritorio, entró en el correo y redactó una rápida nota al personal, diciéndoles que cooperaran amablemente con la gente que viniese y le dijo al sistema que enviase el correo.

Marcó y conectó con su servidor de correo de la oficina y observó como el mensaje se transfería, entonces parpadeó con sorpresa cuando el sistema indicó que se estaba descargando un mensaje. "¿Qué idiota está despierto a estas horas de la mañana enviando correo?" se preguntó. El mensaje terminó de descargarse y apareció en su bandeja de entrada.

Roberts, D Re: Sus Preguntas Hora: 2:55AM

"Oh… esa idiota," murmuró, dudando antes de pulsar sobre el mensaje, sorprendida ante el nerviosismo que sentía. "Bueno, eso explica las cosas... es obvio que es una alienígena que jamás duerme y que tiene un puerto en la cabeza por el que se mete las cosas." Se decidió, entonces tomó una inspiración y abrió el correo. Leyó las secciones, notando que la ejecutiva no se había molestado en responder los evidentemente sarcásticos comentarios de su nota. "Bueno, ok... creo que aquí está equivocada, pero…" Encontró otro punto. "Oh... no había pensado en eso."

El estilo de Dar era firme y al asunto; casi podía oír las palabras viniendo de la mujer y, sorprendentemente, le faltaba la condescendencia que medio había esperado. Contestado su punto final, permitió a sus ojos llegar a la firma y parpadeó. "¿Qué?" Lo leyó de nuevo.

"La política corporativa manifiesta que todo el personal debe tener una cantidad razonable de sueño cada periodo de veinticuatro horas. Por favor, adhiérase de ahora en adelante a las regulaciones. DR"

"¿Qué se supone que significa eso? ¿Qué es, alguna clase de lunática? ¿¿¿¿Me da una loca fecha tope de una estúpida semana para hacer algo y entonces dice que me asegure de dormir????" Kerry soltó un suspiro de fastidio, entonces ordenó una réplica y cortó la mayoría del mensaje, excepto la cabecera y la última línea. "Bueno, Srta. Chica Lista Alienígena de Marte, chúpate esto." Resaltó la hora en el encabezado de Dar y lo puso en negrita, entonces saltó a la última línea de la ejecutiva y tecleó un comentario. "Lo tendré presente."

Con una sonrisa satisfecha, envió el mensaje, entonces desconectó su monitor y caminó hasta la lámpara, apagándola y dirigiéndose a su dormitorio. Tenía una cama de tamaño doble impecablemente hecha contra una pared, bajo la pequeña ventana que estaba cubierta con un confortador rayado en colores del sudoeste, una cómoda de cinco cajones contra una pared y una larga cómoda de tres cajones con un espejo de media altura, todos en madera blanca. La alfombra era de pelo azul pálido y encogió los dedos de sus pies en su suavidad con un suspiro de contento mientras cruzaba el suelo y se metía bajo las mantas.

Podía ver las estrellas desde allí y las observó centellear, intentando dispersar el horrible sentimiento de condenación que se había asentado en su pecho desde la visita de Dar. Por su gente, seguro, se sentía fatal y esperaba poder ayudarles. Pero por ella… Le echó un vistazo a su impecable dormitorio y deglutió, recordando lo bien que se había sentido cuando al fin tuvo las cosas exactamente cómo las deseaba, y cuan orgullosa estaba de que agradable parecía todo. Le gustaba esto; sus vecinos eran agradables y el complejo era amistoso, había un pequeño centro comercial cerca para ir de compras e incluso tenía una pequeña parrilla en el porche para cuando venían los amigos y hacían barbacoa.

Era tan agradable estar por su cuenta. Nadie cuestionaba si se quedaba tarde o fuera, no es que alguna vez lo hiciera, por supuesto… o cuestionaba cómo vestía, o con quién hablaba. Era… muy feliz aquí.

Ahora esto.

Parte de ella odiaba a la corporación. Parte de ella también quería odiar a Dar Roberts, pero era lo bastante inteligente para entender que la mujer probablemente estaba solo llevando a cabo la política, aunque sería más fácil si no pareciera disfrutarlo tanto. Era obvio que Dar era inteligente y tenía un aire a su alrededor que hacía creer a Kerry que no se le contrariaba mucho y, cuando lo era, los resultados eran imprevisibles. Pero en la visita, había hecho algunas preguntas muy agudas y esos increíbles ojos azules no se habían perdido mucho.

Uoa. ¿Increíbles? ¿En qué estoy pensando? Kerry cerró firmemente sus propios ojos y se subió la manta hasta la barbilla. La única cosa increíble de Dar Roberts era su increíble arrogancia.

Ya está.

"Buenas." Dar cabeceó a sus compañeros en el ascensor, mientras las puertas se cerraban y empezaba la subida. Obtuvo corteses murmullos, del personal principalmente junior que entraba a esta hora de la mañana. 8 a.m. era la hora de empezar para la mayoría de los empleados de entrada de datos y el personal administrativo, y todos estaban un poco atemorizados por ella y nada inclinados a charlar en su presencia.

Les dejó en los niveles más bajos y procedió a la planta decimocuarta en soledad, esperando que las puertas se abrieran para entonces salir al nivel ejecutivo. Su oficina estaba en una esquina, las ventanas se desplegaban alrededor dándole una vista del océano y del skyline, y se abrió camino a través de la puerta a la oficina exterior con un suspiro. "Buenas, María."

Su secretaria se volvió y sonrió. "Buenos días, Dar... es mucho más agradable hoy, permíteme que te lo diga... no sé qué milagro de Nuestra Señora ocurrió anoche, pero… es bueno." Terminó rociando un poco de agua sobre la planta cerca de su escritorio, entonces fue al pequeño poyo cercano. "Te haré café... me alegra que no estuvieses aquí ayer."

Dar sonrió calladamente y entró en su oficina interna, dejando su maletín y encendiendo el sistema de su escritorio. Tras tres horas de sueño, un café era definitivamente una buena idea, decidió, sentándose con un suspiro y pasando los dedos a través de su cabello. La máquina emitió un pitido, entonces pidió su clave, que le proporcionó con impaciencia, presionando las teclas con un suave movimiento. Su correo surgió y pasó a través de los mensajes de la mañana, deteniéndose cuando vio la contestación de un nombre ahora casi familiar.

Lo leyó, entonces sonrió. "Breve pero dulce." Y además la chica tenía sentido del humor, notó, viendo la negrita. Aún estaba sonriendo cuando María entró, llevando una bandejita y soltándola en el escritorio de Dar. "Ooo... ¿qué tenemos aquí?" Le arqueó una ceja a la secretaria.

María la miró con ceño severo. "Carisita está diciéndome que Gerardo, del personal de limpieza, te trae esto especial para ti, porque te quedaste aquí toda la pasada noche para arreglarlo todo... ¿es eso cierto, Dar?"

Dar diestramente atrapó uno de los morenos pastelillos hojaldrados de la bandeja y lo mordió. "Mm…" Adoraba los *pastelitos*, la especialidad cubana que podía contener casi de todo, pero que normalmente tenía capas rellenas con queso, o carne, o jamón picado… de este era el último, pero Dar también atisbó alguno de guayaba y queso, que eran sus segundos preferidos.

"¿Dar?" María tamborileó las uñas, de pulcra manicura y pintadas con un sorprendente tono de rojo, encima del escritorio.

"Alguien tenía que hacerlo, María." La ejecutiva se encogió de hombros, terminando un dulce y seleccionando otro. "Además, esto le hace valer la pena… ¿dónde los consiguió? Están geniales."

La española suspiró. "Eres demasiado, creo." Empujó la bandeja. "Toma... tengo que mecanografiar esas cartas sobre los cambios de servicio." Se apresuró hacia la puerta, cerrándola detrás de ella y dejando a su jefa en privado con sus dulces.

Dar leyó el resto de su correo mientras terminaba los pastelillos y agotaba el gran café que María habían agregado. Murmuró mientras contestaba la mayoría de él, enviando concisas contestaciones y en un caso exactamente una sola palabra de mierda.

El teléfono sonó. "Dar… tengo a Les en el *número uno* para ti."

"Oh... *número dos*." La alta mujer giró los ojos. "De acuerdo." Pulsó el botón. "¿Cómo están las cosas en Plano, Les?"

"No tengo ni idea," le contestó la alegre voz. "Estoy en Troy… espero que estén sudando sus traseros aquí abajo. ¿Cómo va con Associated?"

"No mal... les solté las noticias ayer y estoy esperando la caída," contestó Dar. "Me imagino que una cuarta parte se irán voluntariamente y me resolverán la mitad del problema."

Una sorda risita salió del teléfono. "Esa es mi Dar… ¿oí que tuvimos un problema ahí?"

"Menor." Dar se encogió de hombros. "Algún idiota empotró un contenedor en la entrada de la sala de control y rompió seis paneles, junto con el hardware para controlar el aire acondicionado." Se retrepó, cruzando los brazos. "Tuve que crear un poco de infierno."

"Lo oí," contestó Les. "Tuve al presidente de la asociación del edificio en mi línea esta mañana. Es un viejo compañero mío de clase."

Conexiones. Dar suspiró. Nunca terminaban… cualquier cosa que hicieras, eventualmente tenías que oírlo comentar en alguna parte de la línea. "¿Y?" Esperó la reprimenda.

"Y le dije que tuvo suerte de que no fueses personalmente y le pateases el trasero," le dijo el CEO alegremente. "Hiciste lo correcto, Dar… buen trabajo."

Dar absorbió el cumplido con una silenciosa sonrisa. "Gracias." No pasaba a menudo. De hecho, podía recordar oír esas palabras de este hombre exactamente seis veces en tantos años. Les era un dolor en el trasero, un fanático y un chauvinista, pero tenía cierto carisma personal al que ni siquiera ella era inmune.

"Ahora... tengo un problemita," la voz de Les cayó un poco. "Necesito que vayas a la oficina de DC, que les agites un poco… Peter Weyhousen está llevando chapuceramente las conversaciones del contrato con el Pentágono... ¿puedes llevarlas por él?"

Maldición. "Creí que querías que me concentrara en Associated?" objetó. "No puede hacerlo desde DC."

"Claro que puedes… tienes el portátil cargado con más testosterona de toda la corporación, Dar..." Les la reprendió. "El Nacional es un gran lugar para trabajar mientras esperas... yo debiera saberlo." Cambió el teléfono, causando un crujido. "Va a perder esa cuenta, Dar... y la necesitamos. De cualquier forma, unos días lejos dará a Associated oportunidad para asentarse."

Cierto. "Tengo a alguien trabajando en un plan presupuestario para ellos… podría ser bueno darle unos días para hacer funcionar las cosas," concedió. "¿Cuándo son las conversaciones?"
"¿Puedes volar esta noche? Lo tienen fijado para mañana temprano… mandaré por correo los pertinentes hechos de cuenta y dónde creo que Weyhousen está atascado. A propósito, no sabe que vas."

Genial. "De acuerdo." Una maleta ya estaba hecha y preparada en el maletero del Lexus, exactamente con este propósito. Peter Weyhousen... no era amigo suyo. Sería una reunión salvaje, eso con seguridad. "Me debes una por esto, Les."

El CEO rió entre dientes. "Cariño, ya hablaremos de incentivos, ¿de acuerdo?" suspiró. "Me he de ir… en cinco minutos hablo en la conferencia de ingeniería."

"Buena suerte," le dijo Dar.

"A ti también," vino la contestación, antes de que un clic indicase que el CEO había colgado.

Dar puso los brazos sobre el escritorio y exhaló. Presionó el botón del intercomunicador. " María… necesito un vuelo a IAD para esta tarde noche, regreso abierto."

"*Dios mío*," contestó la secretaria. "No te deja vivir." Ruido de papeles. "Te cuidaré de las cosas, Dar."

"Gracias." Dar soltó el intercomunicador y se retrepó, mordiéndose una uña. Entonces tiró de su teclado y escribió una petición al banco de datos que estaba abierto en su escritorio. Un momento después volvió con la contestación y cogió de nuevo el teléfono, marcando un número.

"Kerry Stuart." La voz al otro lado del teléfono parecía fatigada y enfurecida.

"Bien. Buenos días, Srta. Stuart. Fue un agradable intercambio de correo con usted," contestó Dar neutramente.

Una pausa momentánea. "Oh," Kerry se aclaró la garganta. "Hola... yo um... gracias por contestar, la información fue de gran utilidad," su tono era vigilante y bordeando la hostilidad.

El frente de Dar se frunció. "Ningún problema. Llamaba para decirle que estaré fuera de la ciudad durante unos días... si tiene más preguntas puede continuar mandándolas por correo, pero podrían pasar unas horas antes de que las recoja y le dirija algo."

Un largo silencio. "¿Por qué no dirige al bastardo que envió aquí?" respondió, la evidente frustración en la voz de la mujer se solapaba a la furia. "Sabe, no sé quienes se creen que son, tratando a los seres humanos como algún tipo de basura que pueden pisotear."

"Uoa," el tono de Dar fue más fuerte de lo que había pretendido. "Espere." Un aliento entrecortado susurró a través del receptor y Dar casi pudo sentir la emoción. "¿Qué está pasando?"

Otro silencio. "¿Qué está pasando? ¿Qué cree que está pasando... sus matones están aquí revolviendo el lugar y rompiéndolo todo... si tan sólo quería desechar la compañía, ¿por qué simplemente no lo hizo?"

"Srta. Stuart…"

"Abriendo las posesiones personales de la gente, sacando a mi equipo de redes de sus oficinas…"

"Srta. Stuart..."
"¡¡Diciéndome que no puedo tener acceso a mis propios ficheros de nómina!!"

"Kerry," Dar habló enérgicamente, casi un ladrido.

Le contestó una pausa jadeante, "Sólo mis amigos me llaman así."

Era, Dar se dio cuenta, ridículo. Era la vicepresidenta de operaciones de una gran corporación mundial y aquí estaba esta gerente de dos al cuarto de un proveedor de servicios de segunda de una única ciudad riñéndole.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 5th 2012, 8:08 am

Aunque lo que era realmente sorprendente, admitió, era cuánto dolía. "Permítame hablar con Brady Evens."

El teléfono fue tirado sobre el escritorio y tuvo que esperar, contando hasta cien por lo bajo antes de oír dos pares de pisadas regresando y el receptor siendo recogido. "Tome," oyó restallar la voz de Kerry, entonces el teléfono fue movido.

"¿Brady?"
"Sí."

"Guante de terciopelo."

"Au, mierda... estás de jodida broma," la gruñona voz del jefe de su equipo de seguridad le cosquilleó los tímpanos.

"No. Lo digo en serio," declaró rotundamente. "Stuart tiene vip."

"Dar, no sabes lo que… Hay aquí agujeros tan grandes como mi culo y Mark ya ha puesto un link, por el amor de Dios."

"No... me… importa," ladró Dar. "¡Sólo hazlo!" su voz cayó a un profundo gruñido.

"De…de acuerdo... ok," contestó Brady con voz castigada. "Ok... lo siento... no lo sabía... mis papeles decían un repaso normal."

"Cambia los papeles," contestó Dar, su voz todavía furiosa.

"Sí, señora," replicó calladamente el jefe del equipo. "Espera," pulsó algo, "Equipo líder a personal." Contestó un chisporroteo de estática, junto con un suave clamor de voces. "Detened lo que estáis haciendo - tenemos que ir a modo oro, cierro."

Una suave cacofonía de protesta. "Órdenes de arriba," Brady los acalló. "Sólo hacedlo." Entonces exhaló y habló de nuevo por el teléfono. "Hecho."
"Gracias," gruñó Dar.

El teléfono susurró suavemente. "Srta. Stuart, me disculpo," la voz de Brady se había modulado de ruda a culta. "Intentaremos quedarnos fuera de su camino." Sus pisadas se alejaron y el teléfono resultó zarandeado, una suave respiración se hizo audible.

Dar esperó, lentamente dejando salir un aliento de aire. Aún sentía contra su piel la cálida oleada de la furia y cerró los ojos, permitiéndola rezumar fuera de ella. Su temperamento era legendario y Brady lo sabía... sabía que podía presionar sólo hasta un punto antes que estallase y le metiera en más problemas de los era capaz de manejar. Todavía circulaba una historia sobre una reunión, donde un VP senior la había desafiado, pulsando cada uno de sus botones al final de un día muy largo, y se había encontrado aplastado contra la pared, clavado por el peso de Dar mientras esta le gritaba a pleno pulmón.

Era la razón por la que pasaba la mayoría de las tardes en el bien equipado gimnasio de la isla, trabajando con el artista marcial residente, Teddy, y perfeccionando varios grados de diferentes cinturones negros.

"Um," la voz de Kerry vino vacilante. "Gracias."

Dar inspiró. "En algunos lugares, cuando entramos, hay mucha gente intentando o destruir o huir con información de la propiedad," explicó tranquilamente. "Sé que es difícil pensar en tus cotrabajadores de esa forma, pero hacemos esto por experiencia, no porque simplemente decidamos ser unos cabrones."

"Lo... lo comprendo," replicó la mujer rubia. "Es… es simplemente tan humillante."

Dar hizo una pausa, desconcertada. Nunca lo había visto de esa manera. "Supongo que lo es… me disculpo." Recordó los ojos de Kerry, al principio dispuestos a confiar, después tan rápidamente desilusionados. "Pero no es..."

"Nada personal, lo sé," contestó Kerry rotundamente.

Ambas estuvieron silenciosas durante un momento. "Quince personas renunciaron hoy," dijo Kerry finalmente, no muy segura de por qué. "El resto dijo que iba a quedarse y ver lo que pasa."

Dar miró fijamente por su ventana, apenas viendo flotar las nubes. "Eso es bastante bueno," murmuró. "Tiene ahí un personal fiel."

"Dependen de mí."

Au, chica… La alta mujer morena le agitó despacio la cabeza al cielo. No pongas eso sobre tus hombros. "De acuerdo."

"No voy a decepcionarles," la voz era muy sosegada. "No importa lo que haga o diga."

Dar suspiró. "Srta. Stuart, no soy su enemiga."

"No es mi amiga," vino la llana contestación.

"No." Una pausa. "Supongo que no."

Ahora fue el turno de Kerry de estar callada. "Bueno, gracias por decirle que parase, realmente lo aprecio mucho." Exhaló. "Y... um… le enviaré más preguntas."

"De acuerdo." Dar dudó. "Escuche... apunte este número." Esperó hasta que consiguió un suave 'diga' del teléfono. "305-975-6647"

"Lo tengo," dijo Kerry.

"Si tiene cualquier problema con él, simplemente llame a ese número."

Probablemente su perro guardián o algo así, pensó Kerry. "De acuerdo." Hizo una pausa. "Que tenga un… um... que tenga un buen viaje." Desearle que se estrellase sería políticamente incorrecto, supuso, y además... acababa de hacerle a Kerry un gran favor. No tenía ningún sentido alienar a una mujer que podía hacer que un hombre de seis pies y medio de alto y 300 libras se pusiese blanco como el fantasma de Casper y prácticamente se mease en su alfombra, ¿verdad? Verdad.

La voz de Dar cayó un tono cuando contestó. "Gracias."

Era un tono más cálido, lo que forzó una inesperada sonrisa en la cara de la joven. "De nada," contestó Kerry suavemente. "Adiós." Colgó el teléfono y permaneció allí un largo instante, mirando fijamente el aparato y preguntándose qué rayos le estaba pasando. Entonces suspiró y se sentó de nuevo detrás de su escritorio, frotándose la cara con fatiga. Levantó la vista cuando un golpe en el marco la alertó a una nueva presencia. "Entra, Ray."

El gerente de asistencia se deslizó por la alfombra y se dejó caer en la silla de las visitas. "¿Qué pasó?"

Kerry lo miró fijamente. "Hemos sido tomamos por la banda de los Alegres Mongoles Megalíticos, ¿recuerdas?"

"Sí... *chica*... no... con los gorilas," Ray echó una mirada alrededor, entonces a ella. "¿Quién les metió en cintura? Ahora están siendo tan agradables, es alarmante."

"Oh." La mujer rubia dobló las manos. "Bueno... algo así como que me quejé a... um..."

"¿A Cruella?" inquirió Ray.

"Sí," Kerry asintió. "Así que le habló al matón jefe y él les dijo que se lo tomaran con tranquilidad... creo que ahora irá mejor."

"Nuestra heroína," sonrió abiertamente. "Adelante, chica."

La mujer rubia miró a sus manos y sonrió. "Sí, eso fue bastante bueno... no sé lo que le dijo, pero parecía un cachorro al que acabaran de zurrar."

"Tch... probablemente le gustaría," se rió Ray. "Quizá ella es su... como se llama... su ama... ya sabes, con látigos y esas cosa de cadenas. Probablemente le pone un collar con campanilla."

Kerry se cubrió el rostro con una mano y ahogó una risita. Estaba tan cansada de sus tareas de la última noche que la imagen del corpulento y rudo Brady con un collar con campanilla era casi demasiado para ella. "Dios, Ray... no me hagas eso… que imagen."

Se puso de pie. "Teresita va a Laurenzo... ¿quieres que te traiga una *colada*?"

La mujer pestañeó. Tendía a ver el café cubano con ojo cauto, un cruce entre viscosidad negra y combustible de cohetes, pero de la forma que se sentía hoy, quizá merecía la pena una prueba. "Ok… claro. Esa podría ser una buena idea... estoy bastante cansada." Recogió el pedazo de papel con el número de teléfono y lo miró con curiosidad, entonces lo plegó y lo relegó al bolsillo de su camisa

Regresó a su computadora, releyendo la docena o así de preguntas y clarificaciones que había preparado para Cr… para Dar Roberts. "De acuerdo... tú las pediste." Se retrepó, reflexionando sobre lo que acababa de suceder, dándose golpecitos con el bolígrafo en labio inferior. Dar había llamado, al parecer para hacerle saber que podía seguir enviando cosas y ella había terminado estallando con la ejecutiva.

Sin discusión, eso era exactamente lo que había hecho… y en lugar de cortarla, o despedirla, lo cual Dar era ciertamente capaz de hacer, la VP corporativa había… arreglado su problema.

Raro. Muy raro. Ciertamente no le había dado ninguna razón a Dar para ser amable con ella, de hecho, había sido ruda, hasta el punto de la insubordinación ya dos veces y la mujer simplemente había ignorado sus comentarios como si no los hubiera hecho.

No... eso no era verdad. La última vez que había dicho que Dar no era amiga suya, esta había respondido estando de acuerdo con eso. Casi había sido... Kerry alzó su rodilla enfundada en jeans, la rodeó con un brazo y suspiró. No sabía lo que casi había sido, pero ahora estaba sintiéndose un poco mal por ser tan grosera. Normalmente no era así y no tenía ni idea de lo que Dar Roberts sacaba de ella.

Se volvió a su pantalla, donde estaban mecanografiadas una docena o así de preguntas y clarificaciones, y las repasó. Esta vez omitió los comentarios sarcásticos, dado que había recibido la última vez respuestas tan razonables, y ahora vacilantemente tecleó una última línea al final, antes de pulsar el botón de enviar, haciéndolo rápidamente antes de que pudiera cambiar de idea.

Ya estaba. No era mucha disculpa, pero… después de todo, aquí ella era la que estaba siendo exprimida, ella y el resto de su personal, así que… a Dar Roberts podía simplemente gustarle o no, a ella realmente no le importaba de una manera u otra.

¿Verdad?

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 7th 2012, 10:56 am

Segunda Parte

“Por aquí, Srta. Roberts." El conserje le dirigió una vaga media inclinación e indicó que le siguiera. Entraron en el ascensor y pulsó el botón de la última planta, donde el hotel mantenía las suites para los ejecutivos de viaje. "¿Viene de lejos?" inquirió educadamente.

Dar desvió su atención de los números de planta que se sucedían pausadamente. "Miami." Movió los hombros dentro de su chaqueta de cuero marrón. "Aquí hace un poco de más fresco."

El hombre se rió entre dientes y mantuvo la puerta abierta mientras llegaban a la planta correcta. "Así es."

Dar sufrió sus fútiles comentarios unos instantes más, mientras soltaba la bolsa pequeña, entonces le dio una propina y le echó fuera. Mientras la puerta se cerraba detrás de él, lanzó una ojeada alrededor y exhaló. Nada mal, de veras. La suite contenía una alcoba con una cama tamaño gigante y una sala de estar con una TV de tamaño decente, unas sillas para invitados y un escritorio totalmente equipado con plumas, bolígrafos, una línea de datos y una toma de corriente eléctrica convenientemente a la altura de la cintura.

Vagó hasta el escritorio y dejó su portátil, entonces curioseó el menú del servicio de habitaciones. El Hyatt normalmente ofrecía comida bastante decente y este tenía abajo un restaurante de temática mexicana, junto con la usual cafetería y bar. "Por ahora, bien," le comentó Dar al vacío cuarto, mientras ojeaba el resto del directorio del hotel. Ah. Le dio golpecitos al plástico con un dedo. Club de salud, piscina, película, cena.

Eso le decidió, abrió su bolsa y sacó un par de pantalones cortos, zapatillas de lona y una sudadera recortada, entonces fue a la TV, comprobando las selecciones de películas. Se rió entre dientes. "Oh, jo... La Roca… definitivamente esto está mejorando."

Unos minutos después, se había cambiado y regresado al escritorio, alzando el teléfono y marcando el servicio de habitaciones. Esperó respuesta, entonces examinó el menú. "Combinación de aperitivo, fajitas bistec, *flan* y un batido de café, por favor."

"Sí, señora," contestó la voz, tras unos momentos de garabateo.

"¿Puedo tenerlo a las 9:30, por favor?" pidió Dar, echándole una ojeada a su reloj. Una hora y media debiera ser suficiente para tener un entrenamiento decente y darse un rápido chapuzón. También le permitiría deshacerse de su fatiga de viaje y, probablemente, la pondría de un mejor estado mental que cuando dejó Miami.

Cualquier cosa sería una mejora a eso... el resto de la mañana y toda de la tarde, hasta que su vuelo partió, habían estado ocupadas con reuniones de personal, con su propio departamento y con sus colegas. No había sido una experiencia agradable y, para cuando se había abierto camino hasta el aeropuerto internacional de Miami y a su vuelo, había estado al límite de su temperamento.

Afortunadamente, el vuelo había sido tranquilo, un puente aéreo sin niños y de rápido servicio. Dar se había relajado en su asiento de primera clase y aceptado una única copa de vino blanco, bebiéndola lentamente a sorbos mientras observaba el desplazamiento del horizonte. Las primeras estrellas estaban justamente apareciendo cuando aterrizó en el Nacional de Washington y se había sentido relajarse un poco, sabiendo que tenía al menos toda una tarde antes de tener que aguarle la fiesta a Peter.

Encontró el gimnasio con poco problema, empujando la puerta y encontrando el esperado silencio de dentro. Los hoteles proporcionaban espacio de entrenamiento como una facilidad, pero sabía por larga experiencia que la mayoría de los viajeros por negocios preferían relajarse de otras formas, la mayoría tenían que ver con consumir alcohol y ver deportes en el bar.

Dar prefería la soledad de las máquinas y atacó el pequeño, pero bastante bien equipado, circuito con tranquilo entusiasmo, ajustando los pesos y realizando las repeticiones según una rutina largamente establecida. Fue un buen entrenamiento e incluso se sorprendió con un avance de veinte libras en sus curls de brazo que dejaron ardiendo sus hombros. Después de una hora, devolvió la última máquina a su posición de descanso y se puso en pie, enjugándose el rostro con una toalla pequeña que se anudó a la cintura.
Satisfecha, anduvo hasta la balanza y subió, empujando los pesos con un dedo curioso. "Mm." Meditó, considerado con sorpresa la reducción de cinco libras. "Quizá tomaré dos batidos de café". Una garbosa sonrisa la encaró en el espejo y se bajó de la balanza, recordando la fiesta de la oficina de la Navidad del año pasado cuando un juego ebrio se organizó para adivinar su peso.

Nadie se acercó a sus 160 libras reales. La mayoría supuso veinte o así de menos, aunque no estaba segura si era por el hecho de que la mayoría era músculo, y por consiguiente era más denso de lo que pensaban, o si sólo estaban intentando no jorobarla suponiendo demasiado arriba.

"Menú B, más un rollito," le informó a su reflejo, entonces agarró su toalla y se dirigió hacia la piscina. Treinta minutos después, estaba chapoteando de regreso a su cuarto, la toalla puesta sobre sus hombros y su ropa de entrenamiento envuelta bajo el brazo. Había imaginado que el hotel estaba en su mayor parte vacío y su bañador de una pieza no era exactamente llamativo, una conclusión razonable hasta que llegó al ascensor.

Cuatro tipos que parecían leñadores. Dar suspiró internamente, mientras soportaba las miradas apreciativas. Eran de estatura media, de tipo del medio oeste, usando camisas de búfalo y pantalones dockers, afeitados, pero obviamente un poco borrachos. Miraban fijamente.

Dar les devolvió la mirada, apoyándose contra la pared con aire de total indiferencia.

"Eh, nena... ¿quieres venir a la fiesta en nuestra habitación?" preguntó finalmente el pelirrojo con una sonrisa afectada.

"No," contestó la alta ejecutiva, mientras les pasaba entrando en el ascensor.

Supo que era un error momentos después cuando la siguieron, permaneciendo entre ella y la puerta, que se cerró con un golpe. Su ritmo cardiaco aumentó y les observó cuidadosamente, cambiando su centro de equilibrio para que estuviera sobre los talones de los pies, y poniéndose su mejor mirada de esto es absurdo.

El más alto de ellos, un hombre barbudo de aproximadamente seis pies de estatura, avanzó. "Sabes... no debieras tentar así a la gente..." La miró impúdicamente. "Una cosita bonita como tú... y después vas y nos rechazas... eso no es educado..."

Dar permitió crecer la furia y esperó. "Simplemente estaba usando las facilidades del hotel... eso no va contra la ley," le advirtió suavemente.

Sintió el tirón mientras el ascensor se paraba y se dio cuenta de que el tipo más alejado lo había detenido entre plantas. Dejó caer tranquilamente su ropa al suelo y dejó sus manos cerrarse en puños. "No seáis estúpidos, chicos."

Una mano se estiró hacia su cuello y el primer hombre se acercó, su aliento alcohólico impactándole mientras la empujaba contra la pared.

Le agarró la mano y se la retorció, entonces le clavó un codo en la nariz que causó que la sangre les salpicara a ambos. Una brutal patada lateral estampó al segundo hombre contra la pared opuesta y entonces estaba junto a la puerta, agachándose bajo el brazo del tercero y empujándole primero contra la baranda que perfilaba la jaula del ascensor.

El cuarto hombre estaba ojo a ojo con ella y Dar le gruñó, agarrando el frente de su camisa y alzándole mientras le empujaba, tirándole atrás y lejos de ella. Su mano golpeó el mando del ascensor y la jaula se agitó al moverse.

Todos la miraron fijamente desconcertados y heridos.

Arqueó el cuello y les miró fijamente, entonces agarró al más cercano y le arrancó la llave de su habitación del hotel del bolsillo, doblando los dedos alrededor. "Quiero asegurarme que sé de quién voy a informar a la policía."

"Q... q..." El hombre alto se limpió la nariz, mirando la sangre con desconcierto. "No era nada."

"Quisisteis desahogar vuestras fantasías sexuales en alguna pobre e indefensa mujer," disputó Dar. "Esta vez hicisteis una mala elección de víctima."

El ascensor se detuvo en su planta y cruzó brevemente al otro lado de la jaula, observando a los hombres escabullirse de ella. Resopló, mientras recogía su ropa de entrenamiento, entonces salió al alfombrado vestíbulo, permitiendo que la puerta se cerrara detrás de ella.

Entonces lentamente exhaló una trémula respiración y alzó una mano temblorosa a los ojos. Esperó un instante para asegurarse que sus piernas no iban a fallarle, entonces se dirigió hacia su cuarto, abriendo la puerta y metiéndose dentro con un sentido de absoluto alivio. Se sentó en la silla más cercana y permitió a su cabeza descansar contra el respaldo, mirando fijamente el techo blanco hasta que su ritmo cardiaco empezó a parecerse a algo más normal. "Bastardos."

Se levantó y se pasó los dedos a través de su moreno cabello, entonces caminó al escritorio y sacó su portátil, conectándolo a la corriente y a la línea telefónica mientras recogía el teléfono normal y marcaba con su mano libre. Un momento después la empleada de recepción lo cogía. "Soy Dar Roberts de la 1430. Acabo de ser atacada en el ascensor por cuatro idiotas ebrios del cuarto…" Hizo una pausa y ojeó la llave de su mano. "209... quiero sus nombres."

Silencio mortal durante un instante, entonces. "Dios mío... llamaré a la policía." La voz de la muchacha temblaba claramente.

"No." Dar habló despacio y claramente. "No quiero que haga eso, quiero que me dé sus nombres y la compañía para la que trabajan."

Costó unos veinte minutos y dos gerentes de recepción, pero consiguió lo que quería y, en mitad de todo, llegó la cena. Señaló, a la alta y delgada rubia que la trajo, que soltase la bandeja sobre la mesa cercana a la cama e indicó a la muchacha que se acercarse para la firma.

Una breve mirada a la factura, entonces garabateó su nombre, con la apropiada propina al final. "Gracias."

Los ojos de la chica vagaron apreciativamente sobre ella. "Cuando quiera," Sonrió, entonces se volvió para salir.

Las cejas de Dar se alzaron y una sonrisa especulativa cruzó sus labios, entonces suspiró, mientras el gerente nocturno volvía al teléfono. Primero lo primero. "Gracias." Anotó sus nombres y la corporación que estaba pagándoles su estancia allí. Esto provocó que otra sonrisa apareciera, esta nada agradable.

"Pero... señora... ¿está segura de que no desea que llamemos a la policía?" protestó el hombre. "Quiero decir, ciertamente... debieran ser expulsados de aquí, por lo menos."
"No, no..." objetó Dar. "Yo me cuidaré de eso... simplemente déjeles en paz."

"Srta. Roberts... ¿está segura?" El gerente parecía preocupado.

"Sí, estoy segura," vino la tranquilamente confiada contestación. "Gracias." Dar colgó, entonces notó que la camarera del servicio de habitaciones aún estaba en la puerta.

"Lamento espiar... " La chica no parecía sentirlo en absoluto. "Pero, ¿está hablando sobre esos cretinos de la segunda planta?" Se apoyó contra la puerta y valoró a Dar. "¿Los cuatro tipos... que parecen jugadores excedentes de rugby?"

Dar asintió. "Probablemente... ¿por qué?"

Una negación de su rubia cabeza. "Nadie sube allí salvo los chicos mayores de la cocina... siguen agarrando todo lo que lleve faldas."

La ejecutiva sonrió calladamente. "Oh, ¿de veras?" Había iniciado su portátil y lo observó conectarse al sistema en Miami. Empezó una sesión terminal y se metió en el banco de datos corporativo, enviando un rápido query y tamborileando los dedos hasta que regresó. Asintió, entonces tomó el teléfono y marcó, consciente de los ojos avellana que la miraban con interés. A la cuarta llamada lo cogieron. "¿Gary Sanrichon?"

La voz parecía confundida. "Soy yo... ¿quién es?"

"Dar Roberts." Ninguna presentación, ningún nombre de compañía. Sospechaba que no sería necesario.

"Oh... uh…" Sanrichon parecía sobresaltado. "Dios mío... es... ¿qué puedo hacer por usted, Srta. Roberts?"

Leyó los nombres de sus atacantes. "¿Son suyos?"

Una pausa. "Vendedores... sí," contestó Sanrichon cautelosamente. "¿Por qué?"

"Están borrachos y atacando mujeres aquí en el Hyatt, en DC," contestó Dar. "Podría hacerme un favor y hacer que se marchen. Ahora." Su voz bajó a un sordo, exigente gruñido.

Silencio sobresaltado. Entonces. "Me cuidaré de ello." Ahora las palabras de Sanrichon fueron duras y cortadas.

"Gracias." La ejecutiva sonrió con contento. "Buenas noches." Colgó el teléfono y ojeó a la chica que estaba mirándola con grandes ojos. "Muy malo para ellos que trabajen para una subsidiaria nuestra, ¿eh?" comentó Dar, mientras observaba al portátil bajar el correo, entonces anduvo hacia la bandeja y recogió su batido, chupando con un satisfecho sorbo. Sus ojos buscaron bajo las oscuras pestañas a la muchacha. "¿Cual es tu nombre?"

"Sherry," contestó suavemente la rubia. "¿Qué va a pasarle a esos tipos?"

Dar se encogió de hombros. "No te preocupes por eso… estarán fuera de tu vista por la mañana, eso puedo garantizarlo." Atisbó bajo la tapa abovedada de uno de los platos y capturó un bocado de jalapeño, mordiéndolo y masticando con placer. "Quizá aprenderán una lección."

"Quizá," contestó la chica. "Yo... volveré por esa bandeja después." La señaló.

Dar alzó ojos azul hielo a los de ella y sonrió. "Me parece bien." Observó a la chica tragar con dificultad, entonces irse, no sin una mirada dirigida hacia ella, riéndose entre dientes irónicamente mientras la puerta se cerraba. "Oh... Dar, seductora de menores... eso fue terrible." Suspiró, entonces salió de su aún mojado bañador, colgando el delgado tejido negro, sobre la barra de la ducha, en el baño para secarlo.

Su camiseta de algodón resultaba agradable tras la humedad y se tendió sobre la cama, acercando la bandeja y examinando su contenido, entonces encendió la TV y sintonizó la película. Estaba a punto de empezar cuando su portátil pitó y ella le frunció el ceño. "Sé que tengo correo. Siempre tengo correo. Tuve correo incluso después de que los condenados servidores estuvieran desconectados durante ocho horas y fuesen las tres a.m." El portátil pitó de nuevo y ella suspiró, entonces se deslizó fuera de la cama y fue a él, agarrando la máquina y llevándola con ella a la cama después de desconectar la línea telefónica.

Se acomodó en la colcha azul oscuro y atisbó la lista de correo. "BS... BS… BS… circular de noticias corporativas... oh, como si necesitase leer eso... BS… Dukky… BS... ah." Pulsó el séptimo mensaje, de bastante temprano esa mañana.

Kerry Stuart; Enviado 10:32 AM

Srta. Roberts - hay algunos asuntos adicionales que necesito aclarar. Primeramente, con respecto al problema de la asistencia. Si fueran a encargarse de la asistencia de estos productos, necesitaría agregar varios tipos de conocimientos, a su existente centro de asistencia, que actualmente no tienen.

Esto incluirían asistencia de hardware para backends POSIX, impresoras termales y pantallas táctiles, ninguno de los cuales duplica áreas de asistencia que actualmente tenga. El entrenamiento en esos elementos es extenso y continuado - su centro de costes tendría que incluir presupuesto para este entrenamiento, cuando nosotros ya poseemos los conocimientos.

Igualmente, su grupo de la programación se concentra en TPF y nuestro código está escrito en C, con una buena parte de módulos ensamblados hechos a medida diseñado para el sector servicios. No tiene programadores cualificados en esto y tendría que adquirir los nuestros, o proporcionar extenso entrenamiento a su propio personal para ponerlo rápidamente al día. Nuestros clientes requieren frecuentes parches y actualizaciones, cuando sus ambientes cambian, y dependen de nosotros para poder reaccionar rápidamente en el cambiante mundo del servicio alimentario.

Por consiguiente, creo que va en su mejor interés retener los servicios de los existentes grupos empleados por Associated. Mi propuesta con respecto a sus peticiones presupuestarias se dirigirá acordemente.

Por favor, indique si cree que este razonamiento es incorrecto.
K. Stuart

P.D: Me disculpo por mi tono y maneras de esta mañana - pero puede imaginar cuán perturbadoras fueron las acciones de su equipo de procedimiento.


Dar mascó otro bocado y tomó un sorbo de su batido, una sonrisa tensando sus labios. Kerry había obviamente dado buen uso a su acceso a los sistemas corporativos y había hecho algunas observaciones muy válidas. "Buena chica, Kerry." Hizo una pausa, recordando la hostil respuesta de la mujer al ser usado su nombre, y algo de su buen humor se evaporó.

¿Por qué infiernos debiera preocuparme? La respuesta lógica era, por supuesto, que no debiera pero, por alguna razón, se encontraba intrigada por el potencial de Kerry Stuart y su inteligencia, y realmente no quería ser enemiga de la condenada mujer.

Suspiró. El problema era que Kerry estaba determinada a no permitirle no serlo. Su primera reunión había sido un desastre... quizá… bueno, esa última línea indicaba que estaba al menos dispuesta a escuchar... quizás Dar podría mejorar la relación siquiera un poco.

Se metió un remojado nacho en la boca, entonces empezó una réplica.


***

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 8th 2012, 8:22 am

Kerry mascó abstraídamente una porción de pizza tibia mientras hojeaba otra hoja contable. Había estado haciéndolo durante horas, desde que había llegado a casa, y se dio cuenta de que ya necesitaba un descanso cuando la pantalla empezó a hacérsele borrosa.

Coincidentemente, un golpe sonó al mismo tiempo en su puerta. Se puso de pie y siseó, mientras su espalda protestaba el haber permsanecido en la misma postura y cojeó a la puerta, atisbando a través de la mirilla de seguridad, entonces abriendo de un tirón. "Eh, Colleen." Le sonrió a la baja pelirroja que entró de un salto. Colleen McPherson fue la primera vecina que había conocido después de mudarse al complejo y había seguido siendo una amiga íntima desde entonces.

"Eh, Kerry… ¿qué pasa?" Colleen frunció su chata nariz y echó una mirada alrededor. "Uoa... espera... no me digas que TÚ estás comiendo pizza... no, no... debe ser una doble… voy a llamar al FBI."

Kerry se rió un poco tímidamente. "No tenía elección... estoy haciendo este proyecto y no tuve tiempo para cocinar… estaba muerta de hambre." Cerró la puerta y volvió a su escritorio. "¿Quieres?"

Colleen atisbó en la caja. "Oh Dios mío... y realmente te comiste la mitad... voy a desmayarme," embromó a su amiga. "Ni siquiera es una pizza vegetal."

La mujer rubia se sentó, dejando sus brazos descansar sobre los muslos. "No soy vegetariana, Col... lo sabes," le objetó. "Simplemente me gusta lo sano... ¿es eso un crimen?"

La pelirroja tomó una porción y la masticó. "Lo que es un crimen es que apenas comes lo bastante para alimentar a un conejo, mucho menos a un ser humano…" Tiró de la camisa de Kerry, que le estaba holgada. "Eso sí que... no es sano."

Kerry se encogió un poco de hombros. "Estoy bien... yo sólo…" Vaciló. "Me fastidian un montón en casa si subo de peso... simplemente es más fácil no hacerlo." Intentó un tono despreocupado y casi tuvo éxito.

Fastidio... era una manera suave de decirlo. El primer año que había pasado aquí las cosas habían estado ajetreadas, el trabajo era muy absorbente y realmente no tenía tiempo para hacer mucho más que ir a la oficina, volver a casa, intentar establecerse en el apartamento y estudiar para sus certificados en gestión de redes. Eso la llevó a estar despierta hasta tarde muchas noches y a comidas fuera y a un exceso de veinte libras que le había ganado nada más que regaños y quejas cuando fue a casa por Navidad.

Qué puñetera época para eso y había causado que terminase pasando la mayor parte de las fiestas evitando a la gente, a su padre sobre todo, y había jurado que nunca tendría que pasar de nuevo por eso. Así que se limitó a las zanahorias, y a caminar y montar en bicicleta mucho, lo que puso las cosas bajo bastante control. De hecho, Colleen era su compañera de paseo y patinaje, dado que la baja pelirroja estaba constantemente combatiendo su propia tendencia a la redondez.

Y apestaba, Kerry suspiró, porque era una reconocida glotona. Adoraba comer y era tan difícil constantemente decir que no a eso. Pero lo hacía, porque oír la voz censuradora de su padre era incluso peor, y su madre nunca fallaba en preguntarle al respecto en sus llamadas telefónicas semanales.

Después, por supuesto, estaba Brian. Su antiguo casi novio. El papá de él le había hecho un gran favor a su papá, así que cuando él la pidió en matrimonio… Papá había dicho sí. Kerry no detestaba a Brian... era un alto joven muy bien parecido, de impecables modales, inteligencia y buena ética de trabajo que acababa de graduarse en la Facultad de Derecho. En todos los aspectos un gran partido y estaba loco por ella. Y, para ser justa, le caía bien, habían sido amigos durante años de años y se había divertido un montón haciendo cosas juntos.

De hecho, parecían una pareja natural. La había llevado a su promoción senior y una de las fotos favoritas de su madre era la de ellos dos posando delante de su casa, vestidos en ropa formal y expresiones muy serias para esa misma ocasión.

Natural. Hm... sí. Kerry exhaló, entonces esbozó una sonrisa. "Así que... como dije, simplemente es más fácil... mis padres me lo hacen pasar mal, ya sabes cómo es."

Colleen giró los ojos. "Alguna vez." Se puso las manos en las caderas. "Colleen Katherine McPherson, si no empiezas a hacer algo contigo, serás tan grande como la reina Mary uno de estos mismos días." Su voz se hizo aguda y cantarina, imitando a su irreprimible madre irlandesa.

Kerry se rió. "Oh Dios… eso es tan como ella." La familia de Colleen vivía cerca y Kerry había sido invitada varias veces a cenar. Le gustaba la bulliciosa pelirroja y se alegraba de tener a alguien con quien simplemente salir a veces. Colleen trabajaba para Barnett Bank como su cajera jefe y era unos años mayor que Kerry. Era divertida y muy extrovertida, legado de crecer en una gran y tumultuosa familia.

"Bueno... ¿cual es el proyecto?" Colleen miró el apartamento. "Jesús, María, Ker... ¿estalló por aquí una fábrica de papel o qué?"

La rubia se retrepó en la silla del escritorio y tomó otra porción de pizza. "No..." Suspiró. "Nos compraron."

"Eu... lo oí." La baja chica puso una cara. "¿Tenéis problemas?"

"Sí," admitió Kerry. "De veras les gustaría simplemente librarse de todos nosotros y quedarse los clientes, pero estoy intentando darles un plan donde al menos algunos conservemos nuestros trabajos." Sus hombros se hundieron.

"Aunque no creo que vayan a aceptarlo." Le lanzó a su computadora una mirada, mientras su indicador del correo se encendía. "Aquí está la confirmación, probablemente." Se estiró y pulsó el sobre, trayendo el nuevo mensaje al primer plano. "Sí," confirmó, viendo el nombre del remitente.

Dar Roberts; Enviado 10:45 PM

Srta. Stuart:

Ha puesto puntos interesantes sobre la mesa. Mientras tengo suma confianza en la habilidad de nuestros equipos de asistencia de asumir responsabilidad por su línea de producto, su personal trae un cierto nivel de conocimiento que podría sernos costoso duplicar. Por favor, continúe con su propuesta.
"Oh… uou," jadeó Kerry, mientras sus ojos bajaban al siguiente párrafo algo más largo.
Sé que es éste un proceso muy difícil que está intentando y aprecio el esfuerzo que está poniendo en él. Creo que es talentosa e inteligente, y realmente no quiero que sea esta una situación de adversarios. Me doy cuenta que nuestra reunión inicial empezó con mal pie y que debería haberme asegurado que nuestro equipo de proyecto había informado a su directiva superior, sobre qué esperar antes de que empezáramos el proceso. Por eso, me disculpo.
DR


De repente se sentía extrañamente ligera. Una minúscula sonrisa bordeó sus labios y se sentó atrás con un sentido suspiro. "¿Sabes qué? Lo aceptó. Algo así."

Colleen había estado leyendo desvergonzadamente por encima de su hombro. "Eh..." Atizó a Kerry en el hombro. "Esta no es esa Dar Roberts, ¿verdad?" Silbó por lo bajo. "Llevan nuestro proceso de ACHTAPE… un día hubo un fallo y una toda una bobina de cinta se atascó... nuestros gerentes armando el infierno por el lugar, culpándoles a los cielos, entonces esta Roberts se presentó, pasó diez minutos en la bóveda y encontró que el problema era nuestro." Giró los ojos. "Dios, no oímos el final de eso durante semanas."

"Bueno." Kerry agitó su cabeza. "No puedo imaginar que haya más de una en esa compañía, así que adivino que es… ¿alta, bronceada, morena? Hizo una pausa. "¿Ojos realmente azules?"

Colleen le lanzó una sonrisa desenvuelta. "Esa sería ella… el rumor dice que es una autentica perra de armas tomar." Atisbó el correo-e. "Hmm… aunque parece como que le gustas." Miró a Kerry, impresionada. "Uou…cree que eres talentosa e inteligente… supongo que tiene algunas células cerebrales después de todo."

Kerry se ruborizó. "Basta." Releyó el correo e intentó recordarse exactamente cuán furiosa había estado con Dar, sin embargo las palabras tecleadas le hicieron sentirse bastante bien. Quizá porque era tan inesperado.

Sí... eso era. No había imaginado recibir una respuesta positiva de la mujer, o incluso una contestación en absoluto, así que tener esto era simplemente... tan sorprendente. "Probablemente sólo está dándome palmaditas en la cabeza," dijo Kerry finalmente con tono brusco. "Ya sabes... no inquietes a los nativos hasta que les robes todos sus diamantes, ese tipo de cosa."

"Probablemente," estuvo alegremente de acuerdo Colleen. "Eh… tómate un descanso y paseemos hasta la panadería."

Kerry vaciló. "Um… ok, claro... me vendrá bien un descanso... oye, ¿por qué no traes tu bicicleta y te encuentro en la calle?" Sonrió mientras Colleen rápidamente asentía y observó a la pelirroja irse trotado, cerrando la puerta detrás de ella. Entonces volcó su atención a la pantalla y tamborileó los dedos en el teclado, intentando decidir qué contestar.

Sé educada... sé concisa… sé formal…

Que infiernos. Lo peor que podía hacer la vieja Cruella es despedirla.

Hola…

Gracias por decir lo que dijo. Tiene razón - esta es una situación dura y desearía no estar en ella. Pero lo estoy y tengo que sacar lo mejor, así que voy a seguir intentándolo.
Sé que solo somos un pequeño diente de una rueda en su gigantesca máquina y que realmente no le importa una forma u otra respecto a ninguno de nosotros - y entiendo que soy uno más en una serie de problemas con los que tiene tratar. Supongo debe hacerse monótono para usted después de un tiempo, pero para mí, esta es una situación en la que jamás deseé o soñé estar. No me gusta tener mi mundo y el de todos a mi alrededor hecho pedazos. Pero supongo que usted está acostumbrada a eso.
Sé que sólo está haciendo tu trabajo y me alegra que sea el suyo y no el mío. Empezamos bastante mal y creo que parcialmente también es culpa mía, porque volqué mi frustración por lo que estaba pasando en usted y quizá no debiera haber sido tan rápida en hacer eso. Después me di cuenta que simplemente podía haberme despedido allí mismo, así que probablemente no fue lo más inteligente que jamás haya hecho…


Miró fijamente la pantalla durante un largo momento antes de continuar, debatiendo consigo. Finalmente completó el mensaje, después pulsó enviar. "Vaya cosa…" Asintió vivamente, entonces se sacudió las manos y fue al armario, recuperando su bici de montaña púrpura oscura y verificando los neumáticos. Le echó una ojeada a su casco, en el alto estante y decidió que para un corto paseo por Kendall Drive no lo necesitaba.

Dar estaba de pie silenciosamente, sus manos tras su espalda, mirando fijamente por la ventana. Estaba haciendo lo posible por ignorar al hombre enfurecido por frustración y colérico detrás de ella, que paseaba arriba y abajo agitando las manos.

"Mira, Peter... sólo cállate," dijo la mujer alta finalmente, dándose la vuelta. "Déjame entrar ahí y hacer mi trabajo, y discutiremos después sobre eso, ¿ok?" Le lanzó una mirada al hombre. "No pedí ser enviada aquí, no pedí tener que irrumpir en tu fiestecita y ciertamente no pedí tenerte echándome esta palabrería durante cuarenta y cinco minutos."

"Todo está bajo control," declaró el hombre, a través de los dientes apretados. "Que me condene si vas a entrar ahí y llevarte el crédito de algo por lo que me he partido el culo."

Dar caminó y le miró directo a los ojos. "No tienes elección."
"¡Como el infierno que no!" gritó Peter. "¡Llamaré a Les!"
Una deslumbrante sonrisa le abofeteó en la cara. "¿Quién crees que me envió?"

Su respiración se hizo repentinamente ruidosa en el silencio. "Estás mintiendo, perra de culo helado."

Dar ignoró el insulto y cogió el aparato telefónico más cercano, ofreciéndoselo con las cejas alzadas, una sonrisa burlona en la cara. "Venga... llámale."

Los orificios nasales del hombre alto se dilataron y sus labios se retorcieron en un gruñido, pero no hizo ningún movimiento para tomar el teléfono.
El receptor volvió a su lugar con un clic. "Ahora. Sal de mi camino y solo mantén la boca cerrada." Dar pasó rozándole cuando la puerta se abrió y dos altos militares entraron en el cuarto. "Hola, General." Su voz bajó un grado y asumió un tono seductor mientras caminó hacia el más viejo de los dos.

Los ojos del hombre se enfocaron en ella y sus ojos se iluminaron. "Srta. Roberts… es siempre, siempre un placer." Tomó su mano y besó el dorso con una cortés inclinación, entonces extendió el brazo hacia la puerta. "Entre… hablemos." Sus ojos vagaron a Weyrhousen. "Gracias... le veremos después."
Dar, su rostro oculto por su posición, se mordió el labio para contener la risa, entonces se aclaró la garganta mientras la puerta se cerraba detrás de ellos. "Eso no fue educado, Gerald."

El anciano general se rió entre dientes. "Es un asno, Dar."
Se encogió de hombros un poco, entonces tomó el ofrecido asiento frente a su escritorio y se retrepó, mientras el militar se asentaba en su silla fuertemente acolchada. "No es tan malo... simplemente no ha estado en esto como yo." Explicó irónicamente. "Los soldaditos le alienáis."

Gerald Easton le sonrió. "Dar, tienes buen aspecto..." Reflexionó, estudiando a la alta mujer enfrente de él.

Ella inclinó la cabeza. "Como tú... ¿cómo está tratándote el Pentágono?"
"Eh." Hizo gesto con la mano. "El montón más grande de estiércol de caballo al este del Potomac… y ahora quieren que lo repintemos todo. ¿Oíste eso? Algún niño idiota entró e hizo un estudio, le dijo a algún condenado político que el camuflaje que hemos estado usando desde mil novecientos algo no funciona. Tenemos que pintar todo en tonos de rosa y crema."

Dar puso una cara. "Ugh."
"Sí, ugh es adecuado." El general se volvió a su ayudante, que había estado de pie observándoles en silencio. "Eileen, ¿podrías conseguirnos a la Srta. Roberts y a mí una jarra de algo frío, por favor?"

La ayudante asintió vivamente y desapareció.
Se miraron en cómodo silencio durante un instante. "Dar, te pareces a tu padre más y más cada vez que te veo." El hombre mayor suspiró, una expresión más gentil en sus ojos. "La misma nariz, la misma barbilla… maldición, muchacha." Hizo una pausa. "Le echo de menos."

Los ojos de Dar cayeron a su escritorio y exhaló suavemente. "Como yo."
"Habría estado orgulloso de ti, eso con seguridad." Un gentil brilló entró en los ojos del general. "Le imagino viéndote prácticamente llevar ese lugar... puedo imaginar exactamente su cara."

Los ojos azules vagaron. "Eso no lo sé, Gerry." Dar negó un poco con la cabeza. "No creo que lo viese como muy honorable… sabes lo que somos." Hizo una pausa. "Siempre estaba cuidando del débil... nosotros hacemos política corporativa de comérnoslo vivo." Le lanzó una mirada irónica. "Pero aquí estoy… así que, ¿cómo va el marcador?"

Los ojos viejos la estudiaron durante un largo instante, entonces el general sacó una carpeta de ficheros del cajón de su escritorio y se lo tiró. "Todo tuyo, mocosa." Se rió entre dientes tiernamente ante la mirada en su cara. "Na... no es caridad… estabais bastante cerca en la puja y... simplemente digamos que me siento más cómodo adjudicando un contrato de defensa de esta envergadura a alguien en quien confío."

Dar desplegó la carpeta y navegó por el contenido. Sus cejas alzadas.

"Sí... añadí otro par… y ese maldito contrato de asistencia al website de IRS... por favor, Dar... quítamelos de encima, ¿quieres? No pueden mantener esa cosa funcionando ni por salvar sus vidas."

"Haré lo mejor que pueda," contestó Dar, con una sacudida de su cabeza. Peter iba a volverse completamente loco cuando viese esto. Escondió una sonrisa satisfecha. Asno arrogante. "Me aseguraré que se cuiden de ello."

"Lo sé," dijo el general, entonces vaciló. "¿Tienes noticias de tu madre?"

Un leve respingo cruzó el rostro de Dar. "No," contestó calladamente, con un débil encogimiento de hombros. "No desde el entierro… no creo que jamás las tenga."

"Perra," murmuró Gerry por lo bajo. "Como si fuese culpa tuya que decidiese entrar en activo una última vez."

Dar miró fijamente la alfombra, un grueso paño de lana castaña. "Eran inseparables, Gerry… se lo recuerdo demasiado, supongo." Su voz era tranquila y serena. "Era todo su mundo." Y todo lo que realmente le había quedado eran fotos, ocho o diez atesoradas fotografías de su alto y moreno padre, la mayoría de uniforme, una con su brazo alrededor de sus hombros, los dos pareciendo más hermanos que padre e hija."

Recordaba su solidez, el cuerpo fornido y poderoso cuyos hombros empapó de lágrimas en más de una ocasión. Intentaba no recordar ese último adiós, no con frecuencia. No a menos que estuviese sola, con las estrellas o la interminable extensión del agua.

El general exhaló, entonces se levantó y rodeó el escritorio, ofreciéndole su mano. "Ven aquí, mocosa." Tiró de la mano que ella le tendió y la incorporó para un abrazo. "Tu padre era uno de mis mejores amigos, eso lo sabes, ¿verdad?"

Dar se permitió el lujo de aceptar el abrazo, sintiendo la rasposa lana del uniforme contra su mejilla. El olor, una mezcla de limpieza en seco, cuero, latón y almidón era muy familiar. "Lo sé." Le dio una palmadita en la espalda cuando la soltó. "Era un buen hombre."

El general se apoyó contra el escritorio, estudiándola. "Era un muy buen soldado," reconoció. "Siempre había medio esperado que siguieras sus pasos." Su mano le dio golpecitos en el brazo. "Tienes su fuerza, sabes."

Dar permitió que una minúscula sonrisa diese forma a sus labios. "Reservo mis batallas para la sala de juntas, Gerry…" Alzó la carpeta. "Puede ser igual de peligroso, pero faltan las balas."

La ayudante volvió y les alargó a ambos un escarchado vaso de té helado, ya endulzado. Entonces se marchó discretamente, a una señal de la mano del general. Brindaron silenciosamente y Dar se sintió relajarse un poco mientras la fría bebida descendía por su garganta. Siempre era difícil, ver a Gerald Easton, aunque estaba haciéndose más fácil con el tiempo, y sabía que algún día vería al viejo general y no pensaría primero en su padre. "Bueno, mejor me voy yendo... necesito estar en el vuelo de mediodía para Miami."

Easton bajó su vaso y se cruzó de brazos. "¿Por qué no pasas la noche, Dar? Mary adoraría verte y Jack está en la ciudad." Sus ojos centellearon de nuevo. "Sabes que está locamente enamorado de ti."

Dar le lanzó una triste sonrisa. El fornido y rubio hijo de Gerald ciertamente la halagaba con gentiles, casi vacilantes atenciones cuando estaban juntos, y realmente no le molestaba hacer cosas con él. Se lo pasaron genial el año pasado recorriendo los campos de batalla de la Guerra Civil del área, y el pensamiento de simplemente relajarse en la pacífica presencia de Jack era tentador. "Gerry... tengo que admitírtelo... si fuera a casarme con alguien, sería Jack... es el chico más dulce que conozco."

Easton resplandeció. "Darte la bienvenida en mi familia sería uno de los momentos culminantes de mi vida, Dar... eso lo sabes." Le agitó un dedo. "No seas tan rápida en descartar el matrimonio... sé que estás atada a tu carrera, pero debieras darle una oportunidad algún día." Puso una mano en su brazo. "Date una oportunidad... vamos, quédate."

Dar suspiró. "Honestamente, desearía poder... pero allí estoy en mitad de un desastre... no puedo permitirme el tiempo." Le dirigió una mirada honestamente pesarosa. "Aunque aceptaré una renovación de la invitación en un futuro cercano."

"Hm." Le echó una astuta ojeada, trabajando la mente táctica. "Eh... ¿por qué no te acercas para Navidad?" Le ladeó su cabeza canosa. "Ten unas vacaciones de verdad… el árbol, quizá algo de nieve, los fuegos, ¿eh?"

La mujer alta fue cogida con la guardia baja. "Quizá lo haga," murmuró suavemente. "Gracias por la invitación, Gerry."

Sus cejas grises oscilaron y una sonrisa de apacible triunfo militar cruzó su cara. "Cuando quieras, mocosa… ahora vamos y sal de aquí, antes de que tu noruego de culo prieto pierda una herradura."

"Es holandés," corrigió Dar irónicamente.
"Holandés, noruego, soy soldado, ¿que rayos sé sobre todos esos países neutrales?" contratacó con una sonrisa. "Puedo diferenciar a un alemán de un francés y a un italiano de un japo."

Dar, que podía distinguir entre las varias docenas de grupos étnicos latinos de Miami sin dificultad, sólo le sonrió. "Un placer verte, Gerry... da mis recuerdos a Mary y a Jack, ¿de acuerdo?"

"Claro que lo haré," prometió el general. "Ten un buen vuelo y cuídate, ¿oyes?"
"Lo haré," le dijo Dar, entonces recogió su carpeta y se deslizó por la puerta, enderezando los hombros cuando descubrió a Weyrhousen acercándose desde la ventana donde había estado paseando. Sin una palabra, le dio la carpeta, que él casi dejó caer.

"¿Qué es..." Sus ojos examinaron los contenidos y su mandíbula se tensó. "Ese hijo de puta."
Dar exhaló. "Anúncialos. Me voy."

El hombre la miró amargamente. "¿Qué hiciste para conseguir esto... se lo hiciste sobre su escritorio?" preguntó sarcásticamente. "Fácil para ti, sólo entrar y enseñarle el culito, ¿es eso?"

Durante un helado instante, Dar se debatió con el impulso de golpearle. Se vio en sus claros ojos, lo supo porque Weyrhousen retrocedió un paso, y ella se concentró en su respiración, reteniendo la furia que amenazaba dominarla. Finalmente, inspiró. "Sabes, Peter... para alguien que ha de tomar medicinas contra la impotencia dos veces a la semana, seguro que estás enganchado al sexo." Los archivos médicos y los ex hackers eran cosas útiles, había resuelto Dar hacía tiempo. "Quizá debieras recibir algunas indicaciones del viejo."

Se volvió, sin esperar una respuesta de él y simplemente se fue.



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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 9th 2012, 8:36 am

"Dar… ¿cuándo te marchas?" María estaba de pie en la puerta, su bolsa colgada de su hombro. Era viernes noche, el final de una de las peores semanas que la secretaria podía recordar. Observó a su jefa con preocupación, sentada tras el gran escritorio de madera con el sol desvaneciéndose detrás de ella. "¿Dar?"

"¿Hmm?" La ejecutiva echó un vistazo sobre su monitor, lanzándole a la mujer una irónica mirada. "He de terminar este maldito informe financiero, María... aún serán unas horas más." Su escritorio estaba esparcido con carpetas de informes, la mayoría de ellos con su clave exhibida de forma destacada en sus portadas, indicando que los llevaría ella misma. "Se llama enterrar los cadáveres, María… tengo que esconder dos desastres de bulto en estos números y, de algún modo, hacerlo salir delante... creo que tengo uno cubierto, pero si Viajes y Transportes no sale con sus números en aproximadamente una hora, voy a tener que ir allí abajo y pegarles con un bate de béisbol."

Se retrepó y repasó las hojas contables por duodécima vez. Era como hacer un puzzle que tenía demasiadas piezas. Tenías que elegir cuál usar y la elección estaba poniéndose fea esta noche.

Por supuesto... Dar le echó un vistazo a la carpeta que contenía los archivos de Associated. Sería más fácil sólo declarar la cuenta entera como nuevo negocio en las áreas aplicables y desestructurar el coste lateral, disolviendo la compañía. Más fácil y haría que los números cuadrasen, encima de todo, permitiéndole irse a casa tras casi treinta seis horas de trabajar en el proyecto.

No necesitaría esconder nada más y los números de V y T no importarían.

De hecho, dos veces había hecho exactamente eso, sus dedos cerniéndose sobre las teclas de envío, y entonces se había echado atrás, por razones que realmente no llegaba a comprender.

Quizá era el persistente optimismo de las notas de Kerry, mientras la joven gerente hacía y rehacía sus números, acercándose a la meta que Dar le habían impuesto.

Una meta que ahora probablemente era irrelevante, a menos que sucediese un milagro.
Sabía que sólo debiera llamar a condenada mujer y decirle que lo dejase... se fuese a casa y simplemente se reconciliase con la desagradable realidad de la situación, pero cada vez que pulsaba el botón de marcado, sus ojos caían sobre el último de los planes de Kerry y se detenía, y de nuevo volvía a investigar sus hojas de contabilidad.

El teléfono sonó y lo agarró. "¿Sí?"

La voz de Duks. "Acaban de procesarse los números de V y T." Movió algunos papeles. "Apestan."

Dar cerró los ojos y le dio al botón de refresco de su página, abriéndolos cuando oyó que su unidad de disco duro dejaba de girar. La línea del final le parpadeaba y sintió un aplastante cansancio asentarse sobre sus hombros. "Necesitamos despedir a alguien de allí," comentó cansadamente.

"Mm," estuvo de acuerdo Duks, su voz pareciendo igualmente cansada. "Aunque demasiado tarde para eso… te haré una lista de mis candidatos favoritos para la cola del Burger King." El VP de Finanzas, uno de los mejores aliados de Dar, era pragmático de serlo alguien.

"Gracias, Dukky," contestó la mujer alta. "De acuerdo… ¿está Mariana todavía ahí?" Mariana Cruz era la VP de Personal, que trabajaba mano a mano con Dukky y, algunos decían, dormía con él. A Dar no le importaba y pensaba que hacían una buena pareja, pero las normas de la compañía eran las normas de la compañía.

"Está justo aquí."
"Voy a tener que cortar todo Associated, Mari," dijo Dar calladamente. "Podías empezar preparando los paquetes también… hazme la lista de trabajadores."

"De acuerdo, Dar," contestó la voz con leve acento. "Realmente nunca hicieron la transferencia, así que es sólo cuestión de una notificación W4."

"Lo sé… los bastardos ni siquiera han tenido dos semanas." Dar exhaló. "Permíteme finalizar esto… tendrás una actualización en un ratito."

Colgó el teléfono y miró fijamente la pantalla, poniendo en primer plano su plan alternativo y procesándolo. La línea del final fluctuó, entonces se definió y Dar le dio un leve asentimiento. "Lo siento, chica." Inspiró profundamente y cogió el teléfono, marcando un número y esperando. Cualquiera que piense que todo es glamour, nunca ha tenido que hacer esto. Meditó, entonces se enderezó cuando la llamada fue respondida y oyó la suave voz de Kerry.

"Associated Synergenics, Kerry Stuart."

"Srta. Stuart," Dar hizo una pausa, para ordenar sus pensamientos.

"Oh... hola." Kerry se aclaró la garganta. "Escuche... sé que se está acercando su fecha tope... pero creo que lo tengo… costó una eternidad pero finalmente encontré una negligencia en el presupuesto de recursos..."

"Lo siento, Srta. Stuart. Simplemente no va a encajar en nuestros planes," dijo Dar dijo con tranquilidad. "Fue un buen intento y estaba en el buen camino, pero no va a ser posible."
Silencio mortal. "Hija de puta..." La voz de Kerry estaba estrangulada, con rabia o lágrimas, Dar no podía decirlo. "Espero que vaya directamente al infierno, porque ahí es exactamente donde pertenece."

El teléfono fue colgado de golpe y quedó sin línea.

Dar reemplazó su receptor silenciosamente y dejó caer las manos sobre sus muslos. Ciertamente no era la primera vez que había sido llamada eso y probablemente no sería la última, pero tras treinta y seis horas sin dormir, sus defensas emocionales estaban hechas pedazos y dolió. Había traspasado su cuidadosamente cultivada y endurecida actitud, y Dar dejó descansar la cabeza contra la silla de alto respaldo con sus ojos cerrados firmemente mientras el silencio del edificio mayormente vacío se asentaba sobre ella.

Finalmente, se levantó y abrió el cajón superior, sacando sus llaves y echándose la chaqueta sobre los hombros. Tenía hasta medianoche para cerrar los libros. Ahora mismo, todo lo que deseaba era encontrar un lugar solitario y aire salino.

Kerry de golpe echó atrás su silla y se puso en pie, paseando hasta la pared y mirándola fijamente. Permitió que creciera su furia, hasta el punto de ruptura, entonces la soltó, estampando el puño contra la superficie del muro seco con un crujido. El doloroso impacto le recorrió el brazo y retiró la mano, para ver una mella del tamaño de una pelota de béisbol en la pared, que hizo poco para disminuir su furia.

"Rastrero pedazo de dichoso... no puedo creerme que lo hiciera." Echó pestes, permitiendo descansar su cabeza contra la dañada pared. "Una semana entera matándome para nada. ¡Para NADA!" Sabía que no tenía que preocuparse por que nadie la oyera, ya que estaba sola en el edificio. Había enviado al resto del personal temprano a casa, indicando que podría tener buenas noticias para ellos el lunes.
Había estado yendo tan bien... sus últimos dos borradores habían recibido una cauta alabanza de Dar y se había permitido esperar que realmente pudiera sacarlo adelante. Todos se habían marchado de buen humor y había oído a varios grupos planeando ir juntos al Grove o a Bayside, que era uno de sus sitios favoritos.
Se sentó en el borde de su escritorio y se sintió como para llorar. Entonces decidió que simplemente estaba demasiado cansada y demasiado enfadada para hacerlo. "También podría salir de aquí." Recogió sus cosas y dejó su escritorio tal cual estaba, cubierto con borradores de propuestas y pilas de informes, ni tan siquiera miró atrás cuando apagó la luz y cerró la puerta.

Durante un rato, simplemente condujo por ahí sin rumbo, tomando la I-95 atravesando el centro de la ciudad viendo encenderse las luces mientras el crepúsculo caía sobre la ciudad. El sol poniéndose por el oeste arrojaba un halo de luz anaranjada tropical sobre los altos edificios, reflejándose en la acristalada superficie. El cielo estaba cubierto de capas de nubes y cada capa asumía un tono pastel diferente, desde naranja bruñido, a rosa, a lavanda mientras atravesaban el horizonte.

Kerry aparcó en el lateral cerca de la rampa de intercambio, ignorando el intenso tráfico y abriendo la capota de su Mustang convertible mientras soplaba la cálida y húmeda brisa. El ocaso pintaba sus colores mientras ella observaba, el crepúsculo en el oeste causaba que las luces surgieran mientras los últimos rayos trazaban rayas sobre la autopista.

Olía a lluvia y la brisa se refrescó, húmedas bocanadas rozaban su brazo que descansaba en la ventanilla.
Era hermoso y ahora vinieron las lágrimas, y las dejó, deslizándose por su rostro mientras llegaba sonido de música, lleno de ritmo caribeño.
Se sentó allí, hasta que el cielo se oscureció y aparecieron las luces anaranjadas fosforescentes, bañando la carretera en una luz irreal y oscureciendo las estrellas de arriba. Entonces con renuencia encendió el motor y se metió en el tráfico, debatiendo un instante, entonces escogiendo una salida pocos minutos después y girando al este.

Las luces se oscurecían mientras se dirigía a la autopista Rickenbacker, cruzando Cayo Virginia pasando el viejo auditorio de Dinner Key. Allí había asistido el pasado año una misa de Pascua al amanecer y tenía gratos recuerdos de ella mientras el sol naciente y el fresco aire primaveral había dado nuevo significado a la fiesta.

Cruzando el largo segundo puente a Cayo Biscayne, la primera en la larga cadena de islas barrera que protegían el litoral de Florida, y se extendía hasta la última, Cayo West, que era el punto más meridional de los Estados Unidos. Allí incluso la ecología era diferente y Kerry le había tomado gusto al Parque Crandon frente a la playa, en el que ahora aparcó y salió de su automóvil.

La arena era suave y crujía suavemente bajo sus zapatos mientras caminaba hacia el agua, pasando una selva de uvas del mar, que susurraban en el aire de la tarde. El océano emitía un suave siseo mientras lamía la orilla, la brisa costera pasaba trayendo un fuerte olor a sal a su nariz mientras encontraba un banco a la intemperie y se dejaba caer en él.
Era tan diferente aquí. Suspiró e inspiró profundamente el denso aire. Podía ver el suave blanco de las grandes olas sobre la barrera de arena justo costa afuera y las luces parpadeantes de las naves que entraban en el puerto. Un camino verde y rojo alineaba el canal de navegación a su norte y ahora mismo una nave del crucero estaba haciendo su majestuosa entrada, cruzando sobre las olas como un castillo bien iluminado. Había aquí tantas clases diferentes de gente y actitudes… ¿No te gusta la cultura? Espera cinco minutos, era un dicho local. Era una mezcla de caribeño y sudamericano, nativo e inmigrante, exótico y del viejo Sur. Podía, en un paseo de una hora, visitar un rodeo del oeste, una reserva india, La Pequeña Habana, el Pequeño Haití, la Vieja Florida o la brillante vista de Miami Beach.

Tan diferente. Tanto más abierto y acogedor que el cerrado mundo en el que había crecido.
Sus dedos jugaron ociosamente con la áspera madera, frotando los grandes granos de arena entre ellos mientras el aire salino dejaba una perceptiblemente sequedad en su piel. Miró fijamente entre sus pies, agachándose y recogiendo una concha marrón y blanca, perfectamente formada, que se asentó en la palma de su mano, su superficie suavemente rugosa rozando las yemas de sus dedos.

Quizá podría encontrar otro trabajo. Si lo hacía rápidamente, podría decir que fue deliberado y, cuando sus padres dedujeran lo que pasó, se habría acabado y estaría establecida en un nuevo puesto... ¿quién sabía? Quizá encontraría algo incluso mejor que lo que tenía. Robert le daría una excelente recomendación y Susan había mencionado a un reclutador, uno que realmente le gustaba.

De acuerdo. Pero primero tenía que pasar el lunes y no albergaba ilusiones de que la pequeña Srta. Cruella DePerra les ayudara en forma alguna... probablemente encontrarían de nuevo la escuadra de matones allí por la mañana, asegurándose de que no robaran los bolígrafos en su camino a la salida.

Recordar las optimistas voces de sus amigos era un sentimiento muy solitario. Esperaba que la perdonaran, por despertar sus esperanzas y no ser capaz de dar lo que había prometido que haría. Además ese plan final habría funcionado… sí, habría recortes. Cincuenta y una personas, de hecho. Pero ciento setenta y dos se habrían quedado y sido productivas… había hecho sacrificios en todos lados, incluyendo entrenamiento y mobiliario de oficina, beneficios y aumentos probables, la nueva conexión telefónica que habían estado planeando y la subvención de la máquina de aperitivos. Habría sido tenso y no tan cómodo como había sido, pero…

Pero.
Kerry tiró la concha al viento, observándola caer en la gruesa arena de color crema. Todo para nada. Caminó por el borde del agua, permitiendo a la marea creciente oscurecer las puntas de sus zapatos, y miró fijamente al despreocupado Atlántico, hasta que una gota de lluvia grande y gorda le golpeó el brazo. Con un suspiro, se volvió y deshizo su camino hasta el automóvil, el olor de la lluvia que caía sobre pavimento caldeado por el sol se acentuaba a su alrededor mientras lo alcanzaba.

Había cruzado toda la calzada y había escogido la autovía antes de que mirara abajo y viera su indicador de gasolina. Una suave maldición surgió, mientras la luz roja le pestañeaba implacable y echaba una mirada alrededor por la salida más cercana. "Maldición."

La calle 2ª al nordeste era la elección más cercana y bajó la rampa, giró a la izquierda cuando llegó al semáforo y se movió por las tranquilas calles de atrás del borde de la ciudad. Tuvo que detenerse en el siguiente semáforo y el motor borboteó. Echó una mirada alrededor, entonces pasó el semáforo cuando se puso verde, pero borboteó de nuevo, después se apagó, y llevó al automóvil al costado de la carretera mientras perdía capacidad de conducción.

"Es mi día." Suspiró, mientras dejaba descansar su cabeza contra el volante, escuchando tamborilear la lluvia sobre la capota del convertible. Fuera, formas oscuras corrieron para ponerse a cubierto en los portales de los silenciosos edificios, sus ocupantes saliendo y yendo a casa por hoy. A su derecha, se desplegaba la autopista y podía oír los coches apresurándose, dejando la ciudad formal a sus transitorios ciudadanos nocturnos.

Consideró donde estaba y se dio cuenta de que no había ninguna estación de servicio en varias millas a la redonda, e incluso la más cercana significaría un paseo bajo la lluvia por la vía o por el centro de la ciudad, no la mejor de las elecciones para una joven sola por la noche.

Otra cosa la sobresaltó. Había dejado la oficina sin su maletín, lo que significaba que no tenía su cartera, ni identificación, ni sus tarjetas de crédito y de ATM. Rebuscó en su bandeja de cambio y descubrió que tenía exactamente tres dólares y dieciséis centavos, suficiente para bastante gasolina para volver a la oficina, pero no bastante para el taxi para ir a por la gasolina, y su filofax con los números de todo, incluyendo el de AAA, estaba sobre su escritorio.

Soltó el aliento, entonces sacó su teléfono móvil. Un rápido intento a la casa de Colleen no fue contestado y los dos o tres que se sabía de memoria de sus colegas del trabajo igual. Por supuesto... era viernes noche. Todos estaban fuera.

Miró el teléfono con aversión, entonces se dio cuenta de un pedazo de papel pegado al clip detrás. Lo arrancó y miró fijamente el número escrito en él, entonces lo dejó caer en el asiento a su lado. Tamborileó los dedos sobre el salpicadero, entonces se inclinó hacia delante y atisbó a través de la lluvia, donde estaban algunas figuras oscuras, aparentemente observándola.

Sus ojos fueron de nuevo al pedazo de papel y lo recogió. "Bueno, esa idiota me debe una llamada telefónica al club del automóvil, por lo menos," murmuró, entonces marcó el número. "Llamaré a su secuaz y le haré mandarme un par de galones de gasolina."

Sonó cuatro veces y casi colgó antes de que el tono se detuviera y un chasquido indicara línea abierta. "Hola." La tranquila voz era casi irreconocible.

Kerry vaciló, sobresaltada y entonces se aclaró la garganta. Oh, maldición... ¿no te imaginaste que este era su condenado número? "Hola… um... no importa." Colgó, incapaz de pasar por pedir ayuda a una mujer a la que había recriminado apenas hora y media antes.

La lluvia repiqueteó con más intensidad y casi se perdió el suave sonido de su teléfono sonando. Sorprendida, lo miró, entonces apretó la tecla de hablar.

"¿Hola?"
"¿Srta. Stuart?" la voz de Dar era ahora más familiar y tenía un frío tono cuestionador. "¿Hay algo que desee?"

Bueno. Kerry suspiró. Por lo menos no está recriminándome. "Esto es casi estúpido y yo… bueno, no sabía que éste era su teléfono, de veras... sólo estaba buscando a alguien que hiciera una llamada por mí. Estoy… no tengo mi agenda telefónica conmigo." Era muy embarazoso.

Silencio momentáneo al otro extremo. "Y... ¿cual es el número?"

Kerry vaciló. "Bueno, no lo… no lo sé, ese es el problema... como que estoy atascada y necesito al club del automóvil." Resolvió y continuó. "Mire... me quedé sin gasolina y simplemente necesito que me traigan unos galones para poder volver a la oficina."

"Oh." Dar pareció considerar esto. "¿Dónde está?"

Kerry se lo dijo.

"Esa no es buena zona," comentó la ejecutiva.

"Lo sé," contestó la mujer rubia. "Ahora mismo es bastante horripilante." Hizo una pausa. "Gracias por no colgarme."

Otro largo silencio. "Hasta que procese mi lista de trabajo el lunes, aún es empleada mía. Usó el teléfono móvil de mi compañía. Algo le pasa ahora y tiene base para un pleito bastante grande."

Kerry estaba sin palabras. "¿Po... por qué asume que haría eso?"

"Asume lo peor de mí, imagino que debo devolver el cumplido," contestó Dar. "Espere, estoy consiguiendo el número." El sonido de un segundo teléfono era escasamente audible al fondo.

Kerry estaba demasiado cansada para estar enfadada. "De acuerdo. Bueno, gracias por hacer la llamada por mí," contestó suavemente. Un movimiento captó su mirada y le echó un vistazo a través del parabrisas, que estaba empañándose un poco de su respiración. "Um." El grupo de formas oscuras había cambiado de portal y ahora estaba justo en el opuesto de ella. "Quizá mejor que llame en su lugar a la policía."

"¿Por qué?" la voz de Dar se agudizó.

"Oh... dios mío..." Kerry se agachó mientras un bate golpeaba el parabrisas, esparciendo cristales sobre su cuerpo. Unas manos se estiraron y la agarraron, y el móvil le fue arrancado. Se retorció, escuchando maldiciones hispanas, y jadeó mientras unos dedos le agarraban el brazo, arrastrándola hacia la rota ventanilla. Su camisa se rasgó y sintió la lluvia contra la piel desnuda de su pecho, entonces los crueles dedos agarraron su sostén y le dieron un tirón.

Una mano se enredó en su cabello y jaló con fuerza, y la obligaron a soltar el volante a la que se había aferrado a muerte, mientras el agua impactaba ahora por la abierta ventanilla y pudo oler a suciedad, alcohol y ajo rancio.

El rugido de la lluvia se hizo más ruidoso y luchó contra las manos, su cuerpo raspando sobre cristales rotos mientras destellos de relámpago repentinamente iluminaban la escena. Oyó un crujido, después un grito y un agarre se soltó. Se retorció fuerte contra el otro y oyó un extraño estallido, entonces las manos se fueron y estaba jadeando de terror, encogiéndose en una bola en el asiento delantero y cubriéndose la cabeza con los brazos.

Entonces la luz impactó sus ojos cerrados y oyó la cerradura funcionar en la portezuela del asiento del pasajero. Una ráfaga de viento y lluvia se metió cuando se abrió y se acurrucó más abajo en el asiento, mordiéndose con fuerza el labio y saboreando sangre dentro de su boca.

Una mano en su brazo. Gentil, no agarrando. "Eh."

Kerry sintió un shock atravesarla y alzó la cabeza, abriendo sus ojos para ver unos azul claro que la miraban fijamente, perfilados en la luz de potente linterna. "Oh... es usted."

Dar parpadeó y retiró la mano. "Sí, lo soy."

"¿Donde..." Kerry miró alrededor con temor, buscando a sus asaltantes. "¿Donde han…"

"Se han ido," contestó tranquilamente Dar. "Supongo que pensaron que yo era la caballería o algo igual de estúpido."

La mujer rubia exhaló una estremecida respiración. "Oh, dios mío." Lentamente se estiró y recogió un trozo del roto parabrisas, entonces lo dejó caer. "El final perfecto a un día perfecto," murmuró suavemente, exhausta. "Pero gracias... por venir y asustarles."

Dar flexionó una mano fuera de la vista de Kerry, haciendo una mueca ante el dolor. "Sin problema." Le echó un vistazo al clima, después a la caída forma enfrente de ella. Parte de ella sabía que simplemente debería alejarse y dejar que esta mujer, que la odiaba, manejase sus propios problemas.

Suspiró, sometiéndose a la otra parte de ella que no escucharía nada de eso. "De acuerdo... venga y métase en mi auto... llamaré a la poli." Esperó que Kerry abriese la boca para protestar y alzó una mano cuando lo hizo. "Mire, sólo esperaré que lleguen aquí, entonces desapareceré de su vista... sé que ahora mismo no soy su persona preferida."

"No lo haga." Kerry puso una mano en su brazo. "Por favor, no llame a la policía." Pasó dedos temblorosos por su húmedo cabello. "Tengo un amigo que puede arreglar esto... no quiero informes y todo eso." No donde su padre pudiera enterarse de ellos y sabía que tenía muchos amigos en el departamento de policía que mantenían abiertos los ojos por cosas así.

Dar estudió los dedos pálidos doblados alrededor de su muñeca, entonces alzó sus ojos a la cara de Kerry con moderada perplejidad. "De acuerdo." Miró fijamente a la mujer más pequeña. "Aunque necesita que atiendan esos cortes."

Kerry miró fijamente a sus brazos con cansancio. "Me cuidaré de ellos." Cohibidamente arregló los jirones de su camisa sobre ella y levantó la vista a Dar. "Supongo que sólo necesito ese par de galones de gasolina."

La alta mujer morena la miró pensativamente durante un instante, entonces le dio a su cabeza una leve sacudida negativa. "Tengo un plan mejor," anunció. "Conseguiré que remolquen su coche dondequiera que lo desee y la llevaré a su casa."
"No puedo pedirle que haga eso," la rubia contestó suavemente. "Pero le agradezco el ofrecimiento."

"No está pidiéndolo y no estoy ofreciéndolo," contestó Dar. "Necesita que se haga y estoy insistiendo." Sacó un móvil de su bolsillo trasero y lo abrió, marcando un número de memoria. "¿John?" preguntó cuándo una voz contestó. "Necesito una recogida y remolque. Soy Dar."

Una larga pausa. "No, no soy yo esta vez. 2ª Nordeste y Flagler... un Mustang descapotable verde selva." Otra pausa. "Espera." Miró a Kerry. "¿Dónde lo quiere?"
Kerry debatió, entonces se rindió y dio su dirección, que Dar repitió cuidadosamente al teléfono. "La lona de la ventana del pasajero, está desgarrada," agregó, entonces colgó. "Ok, vamos."

Un suspiro. "No va a aceptar un no por respuesta, ¿verdad?"
"Normalmente no lo hago, así que no," le dijo la mujer más alta resueltamente. "Venga." salió del lado del pasajero y esperó a que Kerry emergiera cautelosamente de la puertezuela del conductor, haciendo una mueca mientras la lluvia la golpeaba y jadeando cuando puso peso en su pierna izquierda. "Ou."

Dar suspiró y la acompañó hasta el Lexus, que estaba aparcado al descuido enfrentando el Mustang, sus luces iluminando la escena. Abrió la puerta y guió a Kerry dentro, entonces cerró cuidadosamente detrás de ella y dio una vuelta al otro lado y entró.

Kerry se acurrucó contra la puerta, abrazándose, un aspecto de shock en su pálido rostro. Desgarró los jirones de la camisa sin propósito.

"Tome." Dar se estiró detrás de ella y sacó una sudadera azul oscuro, que le dio a la mujer más joven. "Póngase eso… el aire es un poco frío aquí."

La rubia miró fijamente el jersey. "No... está bien." Se echó un poco atrás.
"Mire... pretenda no odiarme durante otros cuarenta y cinco minutos, y esto habrá acabado, ¿de acuerdo?" restalló Dar, su temperamento al límite por la tensión de la situación.

Los claros ojos verdes la miraron fijamente. "No lo hago." Kerry tomó el jersey cautelosamente. "No puedo..." continuó, cuando Dar permaneció callada. "Sé que debería pero, por alguna razón, no puedo." Aturdidamente, pasó la sudadera por la cabeza y se la puso. Tenía la palabra Navy bordada en dorado y estaba ligeramente aromatizada con el perfume de Dar.

Era extrañamente reconfortante.
Dar arrancó el automóvil en silencio y se apartó del bordillo.
Kerry entró despacio en su oficina, todavía sintiéndose aturdida. Había recordado, mientras se dirigían hacia la autovía, que todas sus cosas todavía estaban allí, así que Dar había asentido y la había llevado allí sin un comentario.

Ahora, la alta y morena mujer entró detrás de ella, y Kerry notó por primera vez que ciertamente no llevaba uno de sus trajes de poder. Vaqueros tintados al agua y buenas zapatillas de lona, con una sudadera con capucha, menos las mangas, pintaban una imagen muy diferente de la que su mente había insistido en dibujarle.

En primer lugar, parecía mucho más joven y Kerry de repente se dio cuenta que la ejecutiva no era mucho mayor que ella. Su piel bronceada parecía absorber la luz y los despiadados fluorescentes revelaron músculos muy bien entonados en sus brazos y hombros, que se ondulaban suavemente mientras se movía por la oficina.

Los ojos de Dar se detuvieron cuando alcanzó el escritorio y estudió los montones de papeles esparcidos solitariamente por él. Una mirada de pesar cruzó su rostro y alzó su mirada para encontrar la de Kerry. "Sé que trabajó muchísimo en esto."

Kerry se sentó en el borde de su escritorio y rayó una copia impresa. "Casi desearía no haberlo hecho… siento que estaba tan cerca…" Dejó caer los papeles y levantó la mirada. "¿Por qué?"

Dar se sentó en la silla al lado de ella y dejó que sus antebrazos descansaran sobre sus muslos. "Es complicado," contestó tranquilamente. "Un montón de cosas… simplemente no encajaban y necesitaba los números." Se movió. "Fue lo último que descarté." Se estiró y tocó el informe. "Llegó un nuevo grupo de informes y simplemente no pude hacerlo."

Kerry rodeó su escritorio y se sentó en su silla, subiéndose las largas mangas de la sudadera. "Así que... nos hemos convertido sólo en números," comentó suavemente. "No creo comprender eso muy bien."

Un encogimiento de hombros. "Es lo que todos somos."
"Mm." murmuró la mujer rubia. "¿Incluso usted?"

Dar asintió fatigadamente. "Si es de algún consuelo, lo siento mucho."
Kerry la miró pensativamente. Ya no aparentaba ser la heladamente fría y práctica ejecutiva. Esta era una persona. Una que bajo otras circunstancias… "Yo también," contestó. "Probablemente terminaré yéndome a casa... echaré de menos un montón de cosas de aquí."

La mujer morena levantó la vista. "Hay otros trabajos ahí fuera… incluso podríamos tener algo que le pudiera…"

Kerry negó con la cabeza. "No." Notó la confundida expresión de dar. "Es complicado." Jugó con un lápiz en su escritorio, girándolo una y otra vez. "Sabe... es realmente una pena, Srta. Roberts... porque en otro lugar... otro momento... creo que usted y yo podríamos haber sido amigas." Levantó la mirada con pesar y fue capturada por unos ojos azules que inesperadamente se la tragaron entera.

Pero sólo duró un instante y entonces Dar estaba suspirando y poniéndose de pie. "Quizá." Pasó una mano a través de su moreno cabello. "Pero ahora mismo, debiéramos llevarla a casa," declaró la ejecutiva. "Tengo que volver rápido a mi oficina y finalizar las cosas."

Kerry jugó con su lápiz, mordiendo la goma durante un momento antes mirar arriba. "¿Puedo ir a ver sus números?"

Era... escandaloso. Estaba fuera de cuestión, completamente insubordinado y más allá de los límites del buen sentido comercial. Estaba exhausta, ambas estaban empapadas, Kerry estaba herida... era tarde… era una locura tan siquiera considerarlo.

"Claro." Dar no estaba segura ni siquiera de que esa voz fuera la suya. ¿Qué infiernos creía que estaba haciendo? Entonces lo pensó. Bueno, ¿qué daño podía hacer? La chica era aguda y quizá un nuevo par de ojos... "Tengo allí un botiquín de primeros auxilios para esos cortes."

Kerry se retrepó en el asiento de cuero, negándose a pensar en lo que estaba haciendo. Eso dejó su mente libre para observar la lluvia azotar el parabrisas durante el trayecto a través de la ciudad, mientras escuchaba la música suave que Dar había escogido.

Sus cortes dolían, pero no eran tan malos y su rodilla sólo parecía estar torcida. No estaba dándole mucho problema mientras estaba sentada, aunque sospechaba que estaría cojeando durante unos días. Ok. Bueno... sobrevivió al robo. Sus ojos se deslizaron lateralmente, estudiando el afilado perfil de su salvadora de antes. Gracias a la oportuna interrupción de Dar Roberts.

La mujer alta cambió su agarre del volante, echando una mirada a la derecha mientras cambiaba de carril y Kerry notó una fea contusión que cubría sus nudillos. Uno incluso estaba rozado y una mancha de sangre seca era visible a la reducida luz del salpicadero. "¿Qué le pasó a su mano?"

Dar echó un vistazo abajo, entonces devolvió sus ojos a la carretera. "Me di con algo," contestó ausentemente.

Kerry miró abajo a su propia mano, contusionada por el impacto previo con la pared, y alzó una ceja ante las similares marcas. Hmm. Supuso que aún debía estar bajo shock... y quizá lo estaba, pero podía sentir reemerger su optimismo natural y estaba un poco sorprendida ante lo cómoda que se sentía estando aquí con la enigmática Dar.

Sin embargo, estaba funcionando por pura adrenalina y lo sabía, y esperaba estar en casa en su propia cama cuando todo se le viniera encima. Sólo había dormido unas horas la noche anterior, trabajando en el informe, y las largas horas estaban empezando a pasar factura.

Otra mirada al perfil de Dar le hizo preguntarse si la mujer mayor no estaba teniendo el mismo problema. Había ojeras bajo sus ojos que la débil luz revelaba y estaba pestañeando mucho, lo que era algo que Kerry hacía cuando estaba muy cansada. "Supongo que también ha estado trabajando bastante intensamente en esta cosa, ¿eh?"

Los ojos azules saltaron a su rostro. "Ha sido una larga semana, sí." Dar guió el Lexus por el aparcamiento de los cuarteles generales corporativos y estacionó bajo el portal de la entrada, ignorando las señales de no aparcar. Salió y saludo al guardia de seguridad mientras este salía. "Sólo soy yo, Jack."

El hombre le devolvió el saludo y regresó a su garita, fuera de la lluvia. Dar esperó que Kerry se le uniera, entonces mostró el camino al edificio, pasando su tarjeta de seguridad en la entrada con un suave y grácil movimiento.

Kerry inclinó atrás la cabeza cuando entraron en el vestíbulo, mirando el atrio que subía por todo el alto del edificio. "Uoa." Acarició la sudadera, contenta de su calidez mientras el frío aire las rodeaba. "Esto es... um…" Intentó encontrar un término políticamente correcto. "Um… es..."

"Pretencioso," comentó irónicamente, mientras llamaba al ascensor. "Se supone que ha de serlo." Aguantó la puerta para su más pequeña compañera, entonces la dejó cerrarse y pulsó la decimocuarta planta, pasando su tarjeta cuando el ascensor pitó una queja. "Se supone que los meros mortales han de quedarse intimidados en el vestíbulo."

Kerry se apoyó contra la pared y ahogó un bostezo. "Tenga cuidado, Srta. Roberts," advirtió. "Podría creerme que tiene sentido del humor si sigue así."

Dar la miró, entonces lentamente, el más leve atisbo de sonrisa tensó sus labios. "Lo siento." Negó la acusación. "Te hacen dejarlo como depósito cuando consigues tu tarjeta." La sostuvo en alto, entonces indicó a Kerry que la precediera fuera del ascensor cuando este alcanzó su destino.

La oficina de Dar estaba débilmente iluminada por su monitor de veintiuna pulgadas y la pequeña lámpara de escritorio que normalmente encendía por la noche. Su salvapantallas estaba funcionando, animales selváticos rondando por la oscura superficie con suaves sonidos. Mientras se acercaban al escritorio, un guacamayo gritó suavemente y Dar extendió la mano y dio un giro a su trackball, haciendo aparecer la hoja de trabajo que había estado mirando antes de salir antes. "Échele un vistazo," ofreció. "Voy por algunas tiritas… ¿quiere café?"

Kerry se colocó en el borde de la muy cómoda silla de cuero de Dar y miró alrededor. "Bueno... así es cómo vive la otra mitad, ¿eh?" murmuró, entonces devolvió su atención a la mujer morena. "Um… ¿dónde va a conseguir café a esta hora?"

Dar la miró. "De la cocina. ¿Sí o no?"
Una ceja rubia se alzó. "¿Tiene cocina aquí? Déjeme adivinar... viene con un microprocesador que le guisa, ¿verdad?" Vio de nuevo tensarse los labios de Dar y se sonrió. "Ok... ok... claro. Me encantaría un poco de café."

"¿Nata y azúcar?"

Kerry suspiró. "Si estuviese siendo buena, debiera decir no y no, pero..."

Dar resopló suavemente y desapareció.
La mujer rubia devolvió la atención al monitor, pero no antes de que echara una mirada alrededor, abarcando la enorme oficina con ojos inquisitivos. El escritorio era de suave madera, su superficie cubierta con informes como lo había estado el suyo. La alfombra era un grueso burgundy y había un largo y bajo sofá a la derecha. La pared del fondo entera era de cristal y miraba sobre la bahía al océano, ahora mismo mostrando los brillantes destellos de los relámpagos y la intensa cortina de lluvia que azotaba contra la clara superficie.

Olía a pulimento de madera y a lana de la alfombra, con una leve toque del perfume que había notado que Dar llevaba.

El que también tenía el jersey que envolvía su cuerpo.
Decidió que le gustaba.
Dar regresó un momento más tarde, llevando dos tazas humeantes y un pequeño kit bajo su brazo. Puso una de las tazas delante de Kerry y se sentó en el borde de su escritorio, colocando una pierna bajo ella y apoyándose para apuntar el monitor. "Ese es el problema, justo ahí." Trazó una columna. "Observe lo que pasa cuando les meto en escena." Así lo hizo y los números cambiaron. "No puedo tener eso." Un dedo apuntó al último campo.

Kerry tomó un sorbo del café, entonces le echó un vistazo. "¿Qué es esto?" Se lamió los labios. "Mm."

"*Café con leche*," contestó Dar ausentemente. "Café cubano con leche y azúcar."

"Infiernos." Kerry se rió. "Si me lo hubiera servido así, lo habría bebido más a menudo."

Pasaron una hora revisando varias aproximaciones y Kerry consiguió una mucho mejor comprensión de qué era lo que Dar estaba intentando hacer. "Oh... dios… ¿tiene que mostrar todo esto como un gasto?" Apuntó a su sección. "¿Pero no puede mostrar nada de esto como una ganancia, a causa de su fecha pasada?"

"Cierto." Dar suspiró, mordiendo el borde de su taza.

Kerry se sentó atrás, aturdida. "¡Pero eso no es justo!" protestó.
La mujer más alta cerró sus ojos momentáneamente y los frotó. "Lo sé. Pero es la ley," estuvo de acuerdo fatigadamente.

"¿Qué pasa si no logra esa cifra?" Kerry apuntó al último campo.

Dar atisbó la pantalla, parpadeando. "Bueno… no mostramos un crecimiento consistente... y los accionistas se suben por las paredes. Eso significa que hemos de exhibir medidas de austeridad y eso… normalmente significa un despido de nivel mínimo."

Kerry pensó sobre eso. "¿Cuánta gente es eso?"

"Entre cinco y siete mil," contestó la ejecutiva calladamente.

Los ojos verdes se alzaron a los de ella. "¿Simplemente así?"

Dar asintió.

Kerry absorbió eso. "Así que supongo que mis pequeñas 230 personas son como una cosa menor," comentó suavemente, mientras buscaba a Dar. "Nada personal, ¿verdad?"

Los labios de Dar se tensaron y miró hacia abajo. "Normalmente, sí," admitió. "No gusta desperdiciar recursos, pero…" Un hombro desnudo se alzó en un encogimiento de hombros. "A veces simplemente se tiene que hacer lo que se tiene que hacer."

Kerry estudió la pantalla, pasando de uno a otro de los doce diferentes escenarios en los que Dar había estado trabajando. Todos salvo uno incluían su solución. Dejó su mano descansar en la rodilla de Dar, escrutando resueltamente el rostro de la mujer mayor. "No lo comprendía," declaró calladamente. "Y aún no lo entiendo, no realmente… pero gracias por intentarlo."

Dar le echó un vistazo a su reloj. "Once treinta. Tengo que actualizar esto antes de medianoche." Miró fijamente la pantalla. "Maldición… sólo desearía poder…" Trazó una columna con un dedo. "Alguna forma de poner un plus ahí."
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 10th 2012, 8:23 am

"Mm." Kerry examinó los campos. "Como puede con ese grupo del Miami… porque asumen material de fuera, así puede compensar sus gastos."

Dar se heló, sólo sus ojos azul pálido saltaban por la ancha pantalla. "*Mierda*," susurró. "¿Puede su gente hacer asistencia de Internet? ¿TCP/IP?"

Kerry la miró fijamente. "Uh… um… ¿qué? sí, por supuesto... el grupo de asistencia entero lleva una intranet… tenemos tres webmasters residentes... pero qué…" Gritó y salió apresuradamente de en medio mientras Dar se tiraba sobre el asiento, sus dedos volando sobre el teclado en un tableteo de teclas.

"Hijo de puta... hijo de puta…" maldijo suavemente la ejecutiva. "¿Donde estás…ah." Pidió una pantalla y examinó su contenido. "Te pillé." Una mano se extendió y pulsó una serie de números en teclado telefónico. Sonó tres veces, entonces una voz contestó. "Hola, Peter."

Un silencio helado. "¿Qué infiernos quieres?"

"Cojo esos dos contratos extras," le informó Dar. "No te molestes en protestar. Buenas noches." Colgó y tarareó por lo bajo, mientras recodificaba los proyectos, dándoles una nueva clasificación. Unos cuantos clics, entonces tamborileó los dedos, esperando que el ordenador central volviese a escribir las columnas. "Ahhhhh…" Una mano se alargó, cortando una fila y pulsando sobre la hoja de contabilidad, entonces pegando. Recalculó el documento, entonces se sentó atrás y sonrió con triunfo.

Kerry sólo la miraba, desconcertada.

Dar apuntó al último campo. "Conseguí mi cifra."

La mujer rubia estudió la hoja. "Pero eso nos mete dentro."

"A-já," estuvo de acuerdo dar. "Claro que sí."

"¿Cómo hizo eso?" preguntó Kerry, extasiada con la sonrisa que ahora transformaba la cara de la ejecutiva.

Que ahora se ensanchó. "Hice al cincuenta por ciento de su personal un centro de beneficios... y les otorgué dos grandes contratos de asistencia del gobierno."

"¿De veras?" Vino la sorprendida réplica "¿Puede hacer eso?"

Una oscura ceja se anguló. "Acabo de hacerlo." Dar sonrió abiertamente, entonces se serenó. "Todavía tendrá que hacer esos recortes." Hizo algunas veloces pulsaciones, entonces apretó la tecla de transmisión. "Hecho."

Kerry pestañeó. "¿Pero todos los demás consiguen quedarse?"

Dar asintió. "Tengo su lista de gente para transferir… creo que está aquí… "

"No estoy en ella," dijo la rubia muy calladamente.

Dar se heló, entonces la miró fijamente. "¿Qué?"

Kerry exhaló. "Uno como yo… valía dos de ellos… no podía tomar dos puestos." Le alzó la mirada a Dar.

"Uno como usted vale mucho más que dos de ellos," Dar oyó las palabras salir y no pudo hacerlas volver. Su agotamiento lo evitó y casi golpeó el teléfono fuera del escritorio cuando sonó. "¿Sí?" Pulsó el botón con irritación.

"Acabo de recibir la actualización, Dar... espectacular." La alegre voz de Les la irritó como arena playera. "Estupendo trabajo... ¿qué te debo por esto? ¿Finalmente vas a hacerme caso usando el chalet y tomándote unas condenadas vacaciones por una vez?"

Dar miró fijamente el teléfono con frustrado silencio. "¿Qué me debes?" preguntó finalmente. "Te diré lo que quiero. Quiero cincuenta y un seis y seises, y un empleado."

Les estaba pasmado. Pudo oírle toser un poco. "¿Qu…"
"Me oíste," declaró la mujer alta. "Vamos, Les… ese doble dígito va a añadir un veinte por ciento de valor al stock. Puedes permitírtelo."

"Bueno... claro, Dar... pondré el seis y seises… pero, ¿para qué necesitas un empleado?" replicó Les finalmente, serenándose. "¿El orgid de quién?"

"El mío," contestó Dar tranquilamente. "He estado cuarenta y ocho horas sin dormir con este, Les... no puedo seguir haciendo esto. Está matándome. Necesito un ayudante."

La actitud del hombre cambió inmediatamente. "Bueno, por qué simplemente no lo dijiste, vieja pirata... he estado intentando conseguir que tomes un asistente desde hace ya años." El sonido de acceder a un teclado se notó claramente. "Me tuviste preocupado durante un instante… espera, espera... ¿qué eres, un 54010?"

"Mm." contestó Dar, jugando con una pluma.

"Hecho." Les se rió entre dientes. "En tu lista de trabajo, nena… ahora voy a por una copa de champagne… tú también deberías."

Dar cerró sus ojos fatigadamente. "Claro, Les." Suspiró. "Buenas noches."
El silencio descendió sobre la oficina. Dar mantuvo sus ojos cerrados.

"¿Cuarenta y ocho horas?" dijo Kerry finalmente con incredulidad.
La mujer morena asintió.

"Eso es una locura… eso no es un trabajo, eso es una sentencia," balbuceó la rubia.
Dar asintió de nuevo.
"Debe tener el trabajo más seguro del mundo, ¿lo sabe? Nadie en sus cabales querría su trabajo."

Un tercer asentimiento. "Muy cierto." Dar abrió sus ojos y miró fijamente con pesar a la mujer más joven. "¿Lista para ir a casa, Srta. Stuart?" preguntó calladamente. "Podemos negociar su recuento el lunes… estoy segura de que puedo meterla allí." Hizo una pausa. "Si desea quedarse, eso es."

Kerry se sentó en el borde del escritorio, en profundo pensamiento. "No lo sé," contestó honestamente. "Tengo que pensarlo."

"Comprendo," dijo Dar mientras se ponía en pie.

"¿Srta. Roberts?"
"¿Mm?"
"¿Qué es un seis y seis?" preguntó Kerry con curiosidad.

"Oh." Dar estiró una tensión de su cuello. "Las compensaciones por despido para su gente." Suspiró. "Seis meses de sueldo y seis meses de prolongación de sus seguros médicos." Sus ojos inspeccionaron el sorprendido rostro de Kerry. "Debiera hacerle el lunes un poco más fácil." Rodeó el escritorio y fue a la puerta. "Vamos… salgamos de aquí."

Kerry estaba aturdida mientras seguía a la mujer más alta fuera. ¿Seis meses de sueldo? Si decidiera no quedarse, le daría medio año para encontrar algo… y seis de seguro médico... la cubriría hasta que lo encontrara. Sus padres jamás tendrían que enterarse, hasta que estuviera establecida en un nuevo lugar.

Sus ojos estudiaron el tejido que cubría la espalda de la mujer que camina delante de ella. Se preguntó cómo había ido de como había sentido respecto a Dar Roberts antes del ocaso, a como sentía ahora. Era como si la noche hubiera durado media vida, permitiéndole experimentar tanto en tan breve lapso. Había ido de la desesperación, a la furia, al terror… de un odio frustrado a una resentida admiración, todo en una tarde.

¿Quería permanecer a cargo de Associated Dynamics? Había estado haciéndolo durante dos años y estaba justamente empezando a hacerse cómodo. La rutina estaba haciéndose regular... casi... aburrida.

Sospechaba que la vida nunca sería aburrida cerca de Dar Roberts. Y de repente, supo que era ahí exactamente donde quería estar.

Ni tan siquiera se detuvo a preguntarse por qué. "Bueno," trotó tras la alta ejecutiva, alcanzándola cuando llegaron la puerta. "¿Qué exactamente son esos otros contratos?"

"Oh." Dar empujó abriendo la puerta. "Darán asistencia al IRS."

Kerry se detuvo en seco. "Está bromeando."
Los pálidos ojos azules la consideraron. "No puede ser. No tengo sentido del humor, ¿recuerda?" contestó Dar impasible. "Buenas noches, Jack," saludó al guardia de seguridad. "¿Srta. Stuart?" Mantuvo abierta la puerta del Lexus.

La mujer rubia caminó al lado de ella y echó un vistazo arriba. "¿Podría por favor llamarme Kerry?" preguntó con una sonrisa irónica. "Parece la bibliotecaria de mi facultad cuando me llama esa otra cosa."

La expresión de Dar se ablandó momentáneamente y una rápida sonrisa transformó su cara. "Creí que sólo sus amigos la llamaban así," objetó.

Kerry se frotó la mandíbula. "Bueno, los amigos y la gente que me salva la vida. Sabe." Se sintió ruborizarse un poco. "Tengo que hacer una excepción para esa clase de cosas."

"De acuerdo," acordó la ejecutiva suavemente. "Pero sólo si me llamas Dar."

Kerry sonrió. "Trato." Negó un poco con la cabeza. "Sabes, me resultas tan familiar... desearía poder recordar de donde te conozco."

"Sí," estuvo de acuerdo Dar. "También siento lo mismo... supongo que nos acordaremos, algún día."

"Supongo." Kerry subió al cómodo asiento de cuero y esperó que la mujer más alta se le uniese en el lado del conductor. "Bueno," dobló las manos en su regazo, "¿Qué hace tu ayudante?"

Dar le lanzó una mirada rápida, mientras se asentaba y arrancaba para salir a la lluvia. "No lo sé... nunca antes he tenido uno." Hizo una pausa. "Probablemente será un duro, desagradable, ingrato y salvaje viaje."

Kerry olfateó reflexivamente, entonces se abrochó el cinturón de seguridad firmemente a su alrededor y se retrepó, cruzando los brazos sobre el pecho y mirando de soslayo.

Encontró a Dar devolviéndole la mirada.

Viajaron en la noche.
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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 11th 2012, 8:22 am

Tercera parte

La alarma estaba sonando, un irritante sonido en cualquier caso y más aún pues era sábado por la mañana. En la luz débil, un ojo azul apareció, ojeó el dispositivo, entonces una mano surgió de los cobertores y golpeó el reloj, enviándolo volando desde la mesita y desenchufándolo.

"Yeou," maldijo Dar y se cogió la mano, girando sobre su otro codo y haciendo una mueca de dolor mientras examinaba sus nudillos. Todo el dorso de su mano estaba hinchado y decolorado, se dejó caer sobre las almohadas mientras recordaba cómo se lo hizo. "Se me olvidó," masculló, cerrando de nuevo los ojos.

Había olvidado cuan duro era el cráneo humano y cuánto duele si golpeas una cabeza sin ninguna protección. No es, reflexionó, que hubiera preferido otra cosa, incluso si lo hubiese recordado - el sólido crujido había sido muy… satisfactorio... al menos antes de que llegase el dolor, y no lamentaba el daño que le había causado a ese asaltante de Kerry, o el resto de ellos, por lo que importaba. Aunque para eso había usado patadas... infinitamente más cómodas para el cuerpo.

Pero ahora apenas podía cerrar el puño y sabía que iban a pasar un par de días antes de que eso cambiase. "Eh... mira, papá..." le susurró al techo, levantando la mano. "Soy un héroe. Imagínate."

Fue condenadamente afortunado para Kerry que hubiese estado tan cerca… había ido al norte por Haulover Park y pasado media hora vagando sin rumbo arriba y abajo del paseo de la playa, mirando pasar a los jóvenes en sus amores adolescentes. En realidad estaba saliendo de la calle 2ª cuando había llamado Kerry, tenía intención de detenerse en Bayside a por un helado antes de dirigirse de regreso a la oficina para resolver todo.

En lugar de helado había conseguido problemas, una mano lastimada, un brainstorm financiero de último minuto y… su mente conjuró una imagen de la delgada forma de Kerry, envuelta en una sudadera demasiado grande, de pie junto a la ventanilla del automóvil cuando dejó bajar a la joven. Había puesto una mano en el brazo de Dar y apretado.

"Te devolveré la sudadera el lunes... gracias por dejármela prestada."

Dar le había hecho un gesto con la mano, un poco avergonzada.

"Quédatela... tengo docenas y docenas… créeme." Había mirado alrededor, viendo el Mustang estacionado cerca, su ventana pulcramente tapada. "¿Vas a estar bien con eso?"

Los ojos verdes habían seguido el suyos y Kerry había suspirado. "Sí… uno de los chicos de aquí trabaja en un taller mecánico… es bastante buen amigo mío." Entonces había levantado la mirada e inspirado. "Gracias por venir en mi rescate.. y me alegra que todo saliese bien."

Dar había sonreído. "Yo también." Palmeó el brazo de Kerry. "Vete a descansar... hablaré contigo el lunes."

Y eso había sido todo. Se alejó, comprobando su espejo retrovisor unas cuantas veces sólo para asegurarse que la mujer rubia entraba bien y se puso en piloto automático para el largo y lluvioso paseo a casa.

Ahora escuchó y oyó aquietarse fuera el tamborileo de la lluvia, y puso su brazo bajo la almohada con un gruñido satisfecho. Nada de correr hoy. Hoy era el momento perfecto para acurrucarse en la calidez de la cama de agua, subirse las mantas y recuperar algo del muy necesitado sueño.

Estaba justamente durmiéndose de nuevo cuando sonó el teléfono. Dar suspiró. "No hay nadie en casa."
Continuó sonando y finalmente extendió la mano y le dio a la tecla del altavoz. "¿Sí?"

"Buenos días, Dar." La voz parecía complacientemente contenta.

"¿Qué quieres a las seis a.m., Dukky?" murmuró Dar. "Envié las actualizaciones anoche."

"Oh... lo sé." La sonrisa era audible. "Solo quería felicitarte por el verdaderamente brillante juego de piernas financiero."

"¿A las 6 a.m.?" suspiró Dar. "Podrías enviarme un email."

"En realidad, eso es el por qué te estoy llamando… se ha corrido la voz de que conseguiste un empleado," declaró Duks. "Mariana ya ha recibido cuatro indagaciones… cuándo te... hum.. despiertes... ¿podrías, por favor, enviarle exactamente lo que estás buscando antes de que la pobre se vea abrumada?"

Dar dejó sus ojos abrirse soñolientamente. "Duks... sólo lleva anunciado seis condenadas horas," protestó. "No creí que fuese tan popular."

El VP se rió entre dientes irónicamente. "Detesto desvelarte esto, amiga mía, pero no lo eres. Todos están convencidos que esto significa que dejas vacante esa encantadora oficina... y quieren una oportunidad." Se aclaró la garganta. "Especialmente desde que el anuncio vino del logon personal de Les."

"Eso... no es lo que pretendia al anunciarlo…" se quejó Dar. "Jesús, Duks... sólo he pedido un poco de ayuda, eso es todo... quería un ayudante, no un remplazo."

Un pequeño silencio. "Dar Roberts pidiendo ayuda… eso es rebuscado," Duks contestó despacio. "¿Tienes a alguien... en particular... en mente?"

Ahora fue el turno de Dar de estar callada. "No lo sé," dijo finalmente. "Quizá."

"Mm." Reconocimiento contable de información tácita. "Ten cuidado, Dar… ese podría ser un puesto peligroso para ti. Escoge a alguien que no vaya a inmediatamente apuñalarte por la espalda." Se aclaró la garganta. "No compensa permitir que la gente entre, ¿sabes?"

Dar miró fijamente la cómoda, en sombras en la oscuridad del pre amanecer. "Lo sé," contestó suavemente. "Gracias por la advertencia, Dukky." Hubo un clic cuando él colgó. Se volvió y consideró el techo sobriamente. Complicaciones ya. Había usado su momentánea influencia para tener aprobado el puesto, no realmente pensando en las consecuencias o en lo qué parecería.

Ni tan siquiera había considerado realmente… no, eso era mentira. Había estado pensando precisamente en Kerry cuando lo había pedido… y había parecido esa una solución tan ingeniosa en su momento. La mujer tenía talento y potencial, era aguda… habría sido una buena adición al equipo.

¿Y qué pasaba con Kerry? Estaba dolida por toda la situación con su compañía... ¿quería Dar exponerla al entorno muchas veces más vicioso de los niveles superiores de la corporación? ¿Era eso justo para la chica?

¿Estaba siquiera realmente interesada? Parecía que lo estaba anoche, pero… eso podría ser hipercansancio y una reacción al día. La mañana ciertamente traería una actitud más sensata y Dar silenciosamente esperó que la joven al menos lo reconsiderara y permaneciera en la cuenta Associated.

No le gustaba ver al talento abandonar la compañía. ¿Verdad?

Dar se puso las mantas sobre la cabeza y suspiró. Oh Dar… miente a todos menos a tí misma, ¿ recuerdas? Te gusta la diablillo. Te recuerda lo que solías ser, hace mucho tiempo. Todo principios y honor.

Ahora mira. ¿Es también eso lo que quieres para ella? Déjala donde está... o permítele irse y encontrar otra cosa... un lugar pequeño donde no tenga que estar expuesta a gente como… tú. Un peso se asentó inesperadamente sobre el pecho de Dar.

Era una silenciosa depresión que había estado experimentando cada vez más a menudo últimamente, haciéndole cuestionarse cual era el sentido de hacer lo que estaba haciendo, de ir a los lugares a los que va. Un sentimiento de desesperación que le hacía desear simplemente acurrucarse aquí en la oscuridad y jamás salir.

Su solución hasta ahora era involucrarse todavía en más trabajo, lo que normalmente la distraía lo suficiente para hacer que el sentimiento se marchase.

Con un suspiro retiró las mantas y se deslizó de la cama, caminando al baño y encendiendo la luz. Usó el baño, después se salpicó unas palmadas de agua en la cara, deteniéndose para considerar su reflejo cautelosamente. La miraron ojos azules inyectados de sangre, acentuados por sombras oscuras que añadían años a su edad.

Se volvió y apagó la luz, saliendo a la sala de estar donde descansaba su cartera sobre la mesa de café. Abrió la cremallera y sacó el portátil, conectándolo al cordón puesto para ese propósito, e iniciándolo. Entonces entró en la cocina y miró fijamente la cafetera, pasándola y yendo en cambio al refrigerador. Se sirvió un vaso de leche del dispensador, entonces agregó al vaso tres chorros de sirope de chocolate y lo mezcló. Bebió a sorbos la bebida mientras se sentó en el largo sofá de cuero y pulsó los botones que empezarían una conexión con la oficina.

Un toque al mando encendió la enorme pantalla de TV mientras estaba esperando y zapeó por los canales por cable, pasando CNN y MSNBC y poniendo Cartoon Network, que estaba emitiendo Space Ghost Coast to Coast.

"Mejor comentario que el de Dan Rather," murmuró, mientras miraba hacia abajo, observando descargarse su email. Se retrepó contra los cojines, entonces decidió tenderse del todo y equilibró el portátil sobre su estómago. Dejó a sus ojos examinar el listado, entonces sus ojos se iluminaron un poco. "Tch, tch... anoche te dije que te acostaras, niña."

Sin embargo pulsó el email.

Kerry Stuart - Enviado 1:01 AM

Hola.

Sé lo que estás pensando - ¿qué está haciendo esta loca enviando correo a la 1 a.m. después de un día como hoy? Bueno, no empecé haciendo eso - me duché y me cambié y mullí mis almohadas y contesté dos mensajes frenéticos en mi contestador, porque la gente vio mi automóvil remolcado aquí, y después estaba simplemente tumbada allí creyendo que esto de dormir no iba a ser problema.
Pero como que me puse a pensar que había algo que no había hecho y siguió molestándome y molestándome hasta que justo me rendí y me figuré qué era.
Era decidir qué deseaba hacer con mi vida en este momento y sé que, probablemente, estás sentada ahí leyendo esto pensando que he perdido la chaveta, pero... no la he perdido.
Si ibas en serio sobre ofertar ese puesto del que hablaste, voy a solicitarlo. Sé que probablemente hay otras diez mil personas más cualificadas, pero tengo esta loca idea de que quizá puedo encontrar mejores formas de que la gente haga las cosas, para que no sea tan brutal y no se hiera por dentro a la gente sólo por hacer negocio.
Eso suena bastante ingenuo. Parezco una palurda del medioeste recién diplomada, ¿no? Uy.
Bueno, en cualquier caso, lo que hice fue entrar y encontré ese anuncio tuyo y mandé una solicitud formal de consideración. También adjunté mi curriculum vitae, como decía - aunque deducir dónde pulsar en esa aplicación CAS da verdadero dolor de cuello, ¿sabes? Ahora me siento mejor y creo que podré dormir.
Sé que no tengo muchas posibilidades - es tan raro pensar que antes de la cena estaba maldiciendo tu nombre y a medianoche estoy esperando lograr trabajar para ti.
Aunque si puedes meterme de vuelta en mi antiguo trabajo, eso sería fantástico. El lunes va a ser una verdadera locura y hay una cosa que me olvidé agradecerte - y son las compensaciones por despido. Transforma despedir a alguien de una odiosa sentencia, a lo que puedo presentar como una buena oportunidad para cambiar, para que esta gente pueda encontrar otra cosa, sin tener la presión de las facturas colgando sobre sus cabezas. No sabes cuánto significa eso... sobre todo ya que cuatro tienen hijos en edad escolar que quedan cubiertos bajo el seguro.

Gracias, Dar. Realmente lo digo en serio.
Pasa un gran fin de semana.
Kerry.




Dar sintió aparecer una sonrisa y la dejó mientras leía el correo dos veces más. Entonces muy deliberadamente entró en su sesión CAS y repasó su lista de trabajo. Una ceja se alzó cuando vio los treinta o así de respuestas y examinó los nombres.

Todos cualificados, de sobra. La mayoría junior, aunque unos eran gerentes senior de cuentas, con montones de experiencia en lo que ella hacía. Varios candidatos, de hecho, ya eran ayudantes de otros VP. Buenos, sólidos empleados con pasados estables y excelentes referencias.

Pulsó sobre la solicitud de Kerry y la repasó. Absolutamente ninguna experiencia en ninguna faceta de lo que ella hacía. Absolutamente ninguna experiencia en mercados múltiples, ninguna experiencia en ultramar, ninguna experiencia en OPAs corporativas.

Un temerario y pirata destello entró en los ojos azules de Dar.

Fue tan fácil. Dos clics y la tecla F3 para enviar. "Oh, mira." Dar lo hizo antes de que pudiera pararse y pensarlo mejor. "Acabo de contratar una ayudante." Tomó una profunda inspiración . "¿No es maravillosa la tecnología?"

Mariana iba a matarla. Las regulaciones de la compañía estipulaban que tenía que entrevistar y evaluar a cada candidato, y producir documentación escrita para apoyar su elección. Pulsó el correo.


Mariana

Acabo de contratar a Kerry Stuart de la cuenta Associated Synergenics como mi ayudante. Por favor procesa su papeleo - imaginé que te sería más fácil dado que técnicamente es una candidata externa - puedes contratarla y traspasarla todo de una vez.
Tráela como un 10, paquete normal, completo - la enviaré a rellenar formularios en algún momento de la próxima semana.
Sé que todos serán un coñazo - sólo diles que es a discreción del gerente y que pueden verme personalmente si tienen algún problema.
Dar.


Una fisura. Dar adoraba las fisura. Trayendo a Kerry como externa burlaría la mayoría del histerismo y podía simplemente ignorar el resto. De todas formas, Mariana estaba acostumbrada a eso… a discreción del gerente era una contraseña en la compañía. Un montón de las reglas quedaban deliberadamente vagas y tenías que aceptar la responsabilidad por lo que decidías.

Dar siempre lo hacía. Incluso cuando las decisiones habían resultado erróneas, todavía se negaba a esconderse detrás de nadie y ponía el peso de la culpa sobre sus propios hombros. Era lo que retenía a todos, incluso a esa gente que la odiaba… y había un montón de ellos, era por lo que todos la respetaban. Cuando Dar Roberts tomaba una decisión, la mantenía, al cien por cien.

Con una sonrisa se frotó las manos, entonces tomó una largo trago de su leche con chocolate antes de empezar a teclear.




Kerry

Recibí tu nota.
Adjunto a este email encontrarás las políticas corporativas y procedimientos, incluyendo el código de vestuario. Podrías querer echarle un vistazo a eso. Los jeans no se permiten durante las horas comerciales normales.
Estimo que debiera tardar aproximadamente una semana tener el papeleo completado y eso te dará oportunidad para asentar tu asignación actual. Llámame si tienes cualquier pregunta.
Dar.


Con un sentido inevitable, pulsó enviar. Todavía tenía dudas, todavía tenía preguntas acerca de si estaba haciendo lo correcto para Kerry, pero… estaba hecho. El tiempo diría si ésta fue una buena decisión, o una de las que vivía para lamentar.



***

Bueno... ¿qué pasó?" preguntó el hombre alto de piel oscura, sus ojos en la ventana rota.
"Hum…. Una piedra," murmuró Kerry. "Debe haber… caido de la autovía o algo así."

Los ojos castaño le lanzaron una mirada de incredulidad. "Venga, cariño… puedes darme algo mejor que eso…" Jerry le agitó un dedo. "¿Tienes un nuevo novio, quizá? ¿Tuviste, cómo se llama, una riña?"

Kerry se rió suavemente. "Uh... no... no... ningún nuevo novio... yo..." Ojeó alrededor. "Jerry, estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado... algunos tipos simplemente decidieron romper el coche… me largué." Puso una cara. "No quiero hacer un gran cosa de eso... no les vi, así que…"

"A-já." Jerry le agitó los dedos. "Te capto... nada de problemas." Estudió el automóvil. "Sesenta dólares."

"Genial." La mujer rubia sonrió y entregó las llaves. "Eres un salvavidas."
"De cereza, espero." Río el hombre. "Mi sabor favorito." Le palmeó el hombro. "Eh... ¿te cortaste?" Le alzó la mano y la estudió. "Parece que le pegaste a algo."

"Hum…" Kerry se pasó los dedos por su cabello. "Un accidente."
Jerry la miró, ahora serio. Le alzó la barbilla para tuviera que mirarle a los ojos. "Amiga, ¿tienes problemas?"

"No." Agitó su cabeza positivamente. "Casi los tuve, la pasada noche… pero alguien apareció y les espantó y estuve bien, de veras... incluso me trajo de regreso aquí."

"Mmhm… ¿fue agradable? ¿fue un caballero?" inquirió Jerry.
Kerry reprimió una sonrisa. "Era ella." Sus ojos centellearon un poco. "Y… fue maravillosa."

"Ahhhhhh… ok." El mecánico se rió entre dientes. "Terminaré esto probablemente esta noche, quizá mañana, ¿ok?"
Asintió. "Genial."

Colleen vino detrás de ella y puso una mano en su hombro. "Eh, chica."
Kerry se volvió y sonrió. "Eh… escucha, gracias por llamar anoche... lamento haberte dado un susto ayer." Se movió hacia la puerta de su apartamento. "Ven dentro... hace húmedad aquí fuera."

La pelirroja la siguió, cerrando la puerta detrás de ellas y moviendose rápidamente a donde Kerry estaba, apilando copias impresas que ya no necesitaría en su escritorio. "Bueno… ahora cuéntamelo todo." Su voz era ávida. "Anoche te habría matado… cinco palabras y te habías ido."

Kerry terminó su tarea, entonces sonrió abiertamente y tiró de su amiga hasta el sofá. "Siéntate… es una larga historia…" Esperó que Colleen se sentase, entonces puso las piernas debajo de sí y apoyó un brazo en la parte de atrás del sofá. "Bueno... ¿dónde empiezo?"

Le contó a Colleen toda la historia, observando la mandíbula de la otra mujer desplomarse de asombro.

"Uoa... uoa... uoa… espera un Jesús, María y José momento." Alzó su mano. "Déjame aclarar esto… averiguaste que todos ibais a ser despedidos, así que condujiste hasta los cayos, entonces te quedaste sin gasolina en el regreso, te quedaste tirada cerca de las vías en el centro de la ciudad, fuiste asaltada, entonces fuiste rescatada, a modo de cruzado volador con capa al rescate, por Dar Roberts. ¿Lo tengo claro hasta ahora?"

"Um… esencialmente, sí." Kerry sonrió abiertamente. "Sólo que lo hizo como si no fuera nada... como si sucediese que pasaba por allí y los tipos huyeron o algo.. pero sé que tenía que haberles hecho algo porque sus manos estaban todo magulladas y oí al menos a uno de los tipos gritar."

"Uou," Colleen chilló. "¿Está... como... en el karate o algo así?"
"Mmm…". Kerry pensó sobre eso. "No sé… pero creo que está en algo... tiene todos esos músculos en sus brazos... como aquí." Se palmeó sus hombros. "Y cuando camina, como que... bueno, puedes decir que no está sólo sentada todo el día en su oficina."

"Ooo…" Colleen se carcajeó. "Bueno... ¿qué estaba haciendo... vagando por las calles buscando damiselas en peligro?"

"Tch..." Kerry le palmeó la pierna. "No... en realidad... yo... hum... la llamé... no, no me mires así, ¿ok? Tenía este número que me dijo que usara si tenía cualquier problema con su escuadra de matones... me figuré que era de algún lacayo suyo, así que llamé, pensé que podría conseguir que él llamara a la Triple A o algo así por mí."

"Pero no lo era, ¿eh?" Colleen parecía fascinada. "Esto es más y más intrigante."

"No… no, era de ella..." admitió Kerry. "Así que colgué... pero me volvió a llamar… y me preguntó ónde estaba... me sentí como una idiota diciéndole que me quedé sin gasolina... pero.." suspiró. "Como sea, estos tipos vinieron a por mí y le dije que llamara a la policía, entonces golpearon el automóvil y de veras daba miedo... entonces lo siguiente que supe es que se habían ido y ella estaba allí." La mujer rubia se rió un poco. "Chico... para alguien a quien estaba odiando media hora antes, ciertamente me alegré de verla. "

"Así que… estás despedida, no obstante" Colleen dijo, preocupada. "¿Qué vas hacer?"

"Bueno... no lo estoy... realmente... mira, volvimos a su oficina despues de todo el asunto... y revisó los números de nuevo.. y finalmente tuvo un brainstorm o algo así… y lo hizo funcionar para que estuviéramos bien." Kerry tomó una inspiración. "Fue realmente asombroso... le dijo a algún jefazo suyo que había estado trabajando, en lo que fuera esa cosa, durante cuarenta ocho horas sin dormir."

"¡Jesús!" resopló la pelirroja. "Así que, no estás despedida."
"No," estuvo de acuerdo su amiga.
"Y... ¿ella no es tan mala?"

Una sonrisa. "No." Kerry negó con la cabeza. "Realmente no lo es... quiero decir que ella es todo negocios, ¿verdad? Y creo que ella despide a alguien como la mayoría de los demás se suenan la nariz o algo así... pero hacia el final de la noche, ella estaba simplemente bien... y tuve la sensación de que realmente podíamos... como llevarnos bien, si realmente lo quisiéramos."

Colleen silbó. "Mi jefe no se lo creería.. deberias oír cómo habla de ella... pensarías que era la hija del mismo diablo."

Kerry levantó la mirada cuando su PC pitó. "Uoops…" Se levantó y revisó la pantalla. "Correo, ¿en sábado?" Pero una emoción de anticipación recorrió su espalda mientras abría el programa, examinando la bandeja de entrada y soltando una suave respiración cuando vio el primer nombre en la lista. "Bueno... hablando de Dar Roberts…" Pulsó el mensaje y lo leyó, entonces lo leyó de nuevo. "¡Que…"

Colleen había caminado detrás de ella se y asomó por encima de su hombro. "¿Qué significa eso?" estaba confundida. "¿Por qué necesitas preocuparse por su código de vestimenta? No trabajas en ese edificio."

"Uh." Kerry cerró el mensaje, entonces abrió una sesión de terminal y hojeó a través de sus notas mientras pedía un logon al mainframe. "Ok... apretar esto, entonces ir allí… login, contraseña… oh, infierno… ok, probar otra vez... ah." Accedió a sus propios archivos de empleada, entonces miró fijamente la pantalla principal con incredulidad. "Oh… santo cielo."

"¿Qué?" Colleen se asomó a la pantalla. "¿Qué es un ORGID?" preguntó. "Suena desagradable."

"Lo hizo," Kerry respiró, la punta de su dedo trazando el cambio en su departamento y situación, y… su supervisor.

Roberts, D.
"¿Hizo qué?" la pelirroja le atizó. "Vamos, Ker… suéltalo... ¿qué está pasando aquí?"

"Me contrató," masculló Kerry.
"Creía que ya estabas contratada," vino la confundida contestación.

"Bueno... sí, pero tenía este… quiero decir, me contrató para trabajar para ella," respondió Kerry, aturdida. "Estaba buscando un ayudante."

"Jesús, María madre de Dios," Colleen rechinó. "¿¿¿¿TÚ vas a ser la ayudante de Dar Roberts????" Golpeó a Kerry en la espalda. "¿¿¿Tú??? ¡¡¡¡Oh, dios mío!!!!"

"¡¡Ou!!" Kerry se agachó quitándose de en medio. "Corta eso… tengo arañazos de ese estúpido cristal…" Pero se sentía eufórica. "Y... sí… supongo que voy a trabajar para ella... no esperaba que tomara la decisión tan rápido... pero, ahora que lo pienso… no me sorprende. No creo que le guste perder el tiempo dándole vueltas a las cosas."

¡¡¡Uoooooo!!! Por dentro estaba dando saltos. "Uou."
"Ok, chica… esta noche, fiesta," decidió Colleen. "Necesitas salir y celebrarlo... porque, permíteme decirte, por lo que he oido, no vas a tener oportunidad de respirar una vez empieces a trabajar para ella." Le tiró de la manga a Kerry. "Hagamos el Cocowalk y después pegemos el Improv, entonces tengamos una cena tardía en Monte… buscaré a Pete y Reggie.. y a otros pocos de por aquí, ¿ok?"

Kerry sonrió abiertamente. "Claro... eso parece divertido… puedo hacerlo..." estuvo de acuerdo. "Mañana… dioses... tendré que ir a comprar ropa… no tengo nada bastante bueno para ese mausoleo… es enorme."

"Ooo... oo... ooo…" Colleen agitó las manos. "Yo también iré de tiendas, adoraría verte para variar en algún elegante traje de ejecutiva… esto va a ser genial." Se puso de pie. "Volveré… quédate justo aquí, Srta. ejecutiva corporativa Alta y Poderosa."

Kerry giró los ojos. "Ok… he de averiguar que es el resto de este correo, de todas formas… son las 2 pasadas, ¿quieres que nos encontremos enfrente a las cinco?"

"Puedes apostar," Colleen estuvo de acuerdo, entonces se apresuró fuera. "Eh... invitaré a Gary… realmente le gustas."

La mujer rubia le agitó la mano. "De acuerdo... de acuerdo... sólo dile que no hable sobre su trabajo todo el rato, ¿ok?"

"Kerry... no puede evitar trabajar en la Central de Aguas y Residuoa," le reprendió la pelirroja. "Está muy emocionado al respecto."
Los ojos verdes se asomaron por encima de monitor.
"Ok... ok... me largo de aquí," se rio Colleen. "Se lo diré."

Kerry se sentó atrás, mientras la puerta se cerraba y releyó su correo por tercera vez. "Tío, oh tío… no puedo creerlo." Miró el teléfono. "Supongo que mejor dejo entrar a la familia en esto." Levantó el receptor y marcó un número, esperando hasta que oyó contestar a una voz. "Mamá."

"Oh... hola, Kerry," replicó al voz átona e imperturbable de su madre. "No te esperaba hasta esta noche… ¿hay algún problema?"

"No... no... tengo buenas noticias... pensé comunicarlas," contestó Kerry calladamente. "Fui ascendida."

"Eso es encantador, querida… pensé que quizás ibas a decir que dejabas esa extraña ciudad y te venias a casa... ¿qué tipo de ascenso fue?"

"Bueno, fuimos comprados… creo que te dije que estaba sucediendo la semana pasada."

"¿Oh? Oh, sí... lo mencionaste," recordó Cindy Stuart. "Tu padre estaba diciendo que tiene tratos con esa compañía."

"Mm.. sí, son bastante grandes… había una vacante allí, en el equipo de operaciones. La solicité y me aceptaron," le contó Kerry cuidadosamente. "Estoy… bueno, tengo que ir de compras a por ropa nueva mañana…"

Una nota de preocupación entró en la voz de su madre. "No has estado ganando peso de nuevo, ¿verdad, querida?"
"Oh... no... no..." la tranquilizó Kerry. "No... de hecho, perdí unas libras los últimos días… um... no, es… bueno, voy a ser la ayudante de uno de sus Vice Presidentes, así que tengo que ponerme elegante."

"¿Oh?" Ahora su madre pareció más interesada. "¿De veras? Eso parece más… bueno, tienes que asegurarte de causar buena impresión… tienes un Macy's allí abajo, ¿no es cierto?"
"Bueno, sí, pero.."

"Excelente... toma mi tarjeta, querida, y ve a escoger algunos bonitos trajes nuevos… algo en verde, creo, iría bien con tu cabello… ¿se ha puesto más claro? Lo hizo el verano pasado… y asegúrate de conseguir bonitos zapatos, no esas horribles zapatillas que normalmente llevas." Una pausa. "¿Harold? ¿Harold, eres tú? Es Kerry al teléfono… querido, va a trabajar para uno de sus Vice presidentes… ¿no es espléndido?"

Un susurro, entonces la profunda voz de su padre retumbó por la línea. "¿Kerry?"
"Sí, padre," contestó Kerry calladamente. "Es verdad.. he sido ascendida."

"Bueno, bueno... eso es encantador... me alegra que reconozcan la calidad cuando la ven... no como la insignificante compañía para la que trabajaste… estas son buenas noticias." Se aclaró la garganta. "¿Para quién vas a trabajar? Conozco a un puñado de gente de su escafón superior… naturalmente, dado que hacemos licitaciones para el estado y ellos son un gran contratista..."

"Dar Roberts," Kerry saboreó el nombre, haciéndolo rodar por su boca con una especie de placer.



Un instante de silencio. "Jesús," ladró su padre. "Esa no es sólo uno de sus VP, niña… es el perro lider en esa perrera... hemos estado intentando encontrar una pista sobre ella durante…" su voz se perdió. "Bueno, bueno, eso no importa... aunque esto podría ser de gran valor para mí... buen trabajo, Kerry… muy bueno. Estoy muy orgulloso de ti."

Kerry sitió una tensa sonrisa afilar sus labios. "Gracias." Oyó la voz de su madre al fondo.
"Le he dicho que tome mi tarjeta de Macy's, Harold, y se vista para impresionar a esa gente."
"Buena idea, cariño," regresó la voz de su padre. "Escucha a tu madre, ¿oyes? Ve a la tienda y compras cosas que les tumbe de espaldas, ¿de acuerdo?"

"Lo... haré lo mejor que pueda, padre." contestó Kerry.

"Quiero que envíes fotos, ¿de acuerdo?" vino la ruda demanda. "Quiero asegurarme que estás dando la impresión correcta... esto podría ser muy valioso para mí." Una pausa. "Iba a traerte a casa… estábamos pensando en tener la boda por primavera, pero esto… esto podría merecer la espera."

"Enviaré fotos, lo prometo."

"Bien. Toma, habla con tu madre."

"Tu padre está muy emocionado, querida," la voz de su madre sonaba petulante. "No le he visto tan entusiástico desde que esa mujer de negocios apareció." Hizo una pausa. "Tu hermana está embarazada de nuevo, por cierto... asegúrate de felicitarla cuando hables después con ella."

"Lo haré… gracias... ¿cuándo lo supo?"

"La semana pasada... pero ya lo sospechábamos hacía tiempo," respondió su madre. "Por supuesto, Barry tiene una cara tan fea... estoy esperando que tú y Brian me deis hermosos nietos." Un susurro. "Bueno, tengo que irme, querida, corre a la tienda y pásatelo bien."

"Gracias, madre... lo intentaré." Kerry suspiró mientras colgaba y miraba fijamente el receptor con tranquila aversión. "Me alegra que se acabase." Devolvió su atención al correo y se sentó, crujiendo sus nudillos mientras empezaba una réplica al mensaje de Dar.

Dar,

Uou... pensó para sí. Me gusta ese nombre. Me pregunto de qué es abreviatura.


***

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 12th 2012, 12:09 am

D.R

Te mueves realmente rápido, ¿no te lo ha dicho nunca nadie? Casi me provocaste un ataque cardíaco cuando verifiqué mi estatus en CAS.

Ok - tengo el archivo anexo - aunque estoy algo perdida - ¿puedes darme algunas pista sobre lo que es apropiado llevar en la oficina? Supongo un viaje a Macy's está al orden del día - pero me encantaría si me dieses una indicación, ya que sé que no tienes ningún problema en ese área.

Bueno, ha sido toda una semana - mis amigos me llevan esta noche a Improve y después a Monte, porque me dicen que no tendré oportunidad de respirar una vez empiece a trabajar para ti.
Espero que eso sea verdad. Estoy realmente emocionada - espero no defraudar a nadie.

Kerry


Resultaba un poco extraño - estar enviandole un correo tan informal a esta persona, a esta… no estaba segura de lo que pensaba sobre Dar Roberts, pero tenía la sensación de que sabría mucho más sobre ella bastante pronto.

Dar entró en el aparcamiento del centro comercial y giró en un sitio en el fondo del lado norte, donde no muchos aparcaban. Aunque no le importaba el paseo y le merecía la pena el no tener que forcejear con la multitud más cerca de las tiendas. Cerró el Lexus, entonces metió sus llaves en una pequeña bolsa que había colgado de su hombro y se dirigió hacia el conglomerado de edificios.

It was weird. Odiaba comprar. No tenía ni idea de por qué había contestado al correo de Kerry de ayer con una oferta de encontrarla aquí y ayudarla a escoger ropa nueva... ¿en qué infiernos estaba pensando? Especialmente aquí en *Aventura*, hogar de los excentricos de la buena sociedad, los condo comandos y la bandada de snowbird del Infierno.

Suspiró mientras esquivaba un Lincoln Town más largo que su oficina y observaba como su anciano conductor simplemente escogía aparcar el yate justo delante de la tienda.

Oh, bueno... no la mataría... además, la chica parecía tan insegura… quería causar buena impresión y con eso, por lo menos, Dar estaba de acuerdo. Ya sería bastante sensacional que escogiese ayudante después de anunciarlo durante menos de veinticuatro horas - Kerry estaría bajo intenso escrutinio las primeras semanas. Podría también asegúrarse de que la chica se sintiese segura con lo que estuviera usando .

Dar abrió la entrada trasera a Sears y se deslizó dentro, pasando por la sección de hardware y atravesando la entrada al centro comercial principal. Una cacofonía de la música del centro comercial, sonidos de un pase de moda, pájaros y una docena de idiomas la rodearon y echó un vistazo alrededor, se orientó antes de dirigirse por la escalera mecánica a la segunda planta.

Macy's estaba en el mismo corazón del centro comercial, cerca del ajetreado comedor, pero Dar no tuvo ningún problema para encontrar su objetivo. Kerry estaba apoyada contra la baranda, asomándose al pase de moda que estaba desarrollándose debajo y Dar se tomó el momento mientras se aproximaba para estudiar a la joven.

Había escogido pantalones cortos caqui y una recia camisa blanca y tenía su rubio cabello hacia atrás en una trenza suelta, parte de la cual colgaba sobre su hombro mientras miraba. Se inclinaba sobre sus codos para ver mejor y la luz de arriba caía en suave cascada alrededor de ella, resaltando las suaves líneas lisas de su rostro. Cambiaron mientras se volvía, quizás sintiendo ojos sobre ella, y su mirada se encontró con la de Dar.

Involuntariamente, Dar estaba segura, se formó una sonrisa, que se extendió a sus ojos verde mar y frunció la piel alrededor de su nariz y boca.

No, se dio entonces cuenta. Esa sonrisa es por mí. Bueno, mejor que la mirada cauta y suspicaz que recibió antes, supuso Dar. "Hola."

Kerry se alejó de la baranda y arregló su camisa con un gesto automático. "Hola... oye, gracias por ofrecer ayudarme a hacer esto... no puedo creer que te tomaras el tiempo."

Dar se encogió de hombros. "Normalmente, no podría… pero ya que entregamos los informes trimestrales ayer, no hay nada fijado para este fin de semana." Gesticuló. "¿Vamos?"

"Bueno... gracias." Kerry parecía un poco nerviosa. "Um... ¿compras mucho aquí? He estado aquí unas cuantas veces... me gustan algunas de las tiendecitas... ¿sabías que hay una tienda de la Warner Brother aquí? Me gusta Tweety."

Dar se rió entre dientes. "No... en realidad no he estado aquí desde que construyeron el anexo… tendré que echar un vistazo." Hizo una pausa. "He... um… he estado en la tienda de Disney, no obstante."

Entraron en Macy's y atravesaron rápidamente el mostrador de perfumes, que tendia a estar abarrotado. Dar tomó la delantera y se deslizó entre varios pasillos, llegando a la sección que ofrecía comedida y clásica ropa de negocios.

"Mm." Kerry tocó una blusa de seda. "Es bonito."
Dar tomó una inspiración y tomó el mando. "Ok… veamos." Repasó las perchas y trasteó por lo ofrecido, entonces escogió un juego de falda y chaqueta, en un rico verde azulado. "Algo así estaría bien." Hizo una pausa y sus cejas se fruncieron. "Oh... toma, con este tipo de camisa." Sacó una blusa de seda color crema. "¿Captas la idea?"

Kerry tocó la etiqueta, entonces comprobó el tamaño. Le dirigió a Dar una mirada perpleja. "¿Escogiste esto por casualidad esto o adivinaste qué tamaño tengo?"
La mujer mayor permitió emerger brevemente una sonrisa. "Simplemente digamos que... tengo un buen sentido espacial tridimensional."

Un resoplido. "Oh... claro... puedes decirlo... no lo intentaría rápido dos veces." Ojeó el conjunto. "Bueno, déjame probar esto sólo para verificar el tamaño… nunca puedes decir con estos diseñadores." Aceptó una chapa de la vigilante de los probadores y se metió en uno, colgando el traje y mirándolo fijamente. "No está mal, realmente..." Meditó, gustándole el color.

Costó un momento quitarse su ropa y meterse en la falda, cerrando la cremallera y ajustando la cintura un poco. Se ceñía a sus caderas y mantenía una línea bastante recta, que ella prefería a los pliegues. Entonces se puso la blusa de seda, sonriendo mientras el frío tejido se calentaba contra su piel, y la remetió dentro de la falda, poniéndose la chaqueta por encima de ambas. Se ajustó la ropa, entonces inspeccionó el resultado en el espejo.

Hmm. No parezco rellena. Se hizo una mueca en el espejo. Pero ese edificio es pretencioso, así que... con un suspiro, asomó la cabeza por la puerta y atisbó a Dar contra la pared, observando pasara a la gente. La ejecutiva parecía cualquier cosa menos eso, en sus vaqueros desvaídos y camisa color salmón, que estaba metida en el cinturón de cuero trenzado de su cintura. Su moreno cabello estaba suelto y simple, libre sobre sus hombros, y tenía un mínimo de maquillaje, que le iba a su piel bronceada. "Eh..." Kerry llamó suavemente.

Los ojos de Dar saltaron de la muchedumbre a ella, el azul pálido desconcertante como siempre. Una oscura ceja se alzó y una mirada de aprobación cruzó su rostro. "Ajá... eso mismo." La ejecutiva asintió. "¿Qué crees?"

Kerry caminó, tirando del tejido. "Bueno, creo que me siento como una bibliotecaria, pero.."
De repente, sorprendentemente, Dar sonrió, incluso mostrando blancos dientes y el más débil centelleo en sus claros ojos. "El Condado de Dade debiera ser tan afortunado," comentó secamente, "La alfabetización subiría, eso seguro."

La mujer rubia devolvió la sonrisa, un poco desconcertada. ¿Estaba siendo cumplimentada? Era dificil de decir. "Ok... bueno, he cogido la idea... unos cuantos más y… um.. si tienes otras cosas para hacer, no te molestes esperando... aunque realmente aprecio que vinieses hasta aquí, Dar."

Dar echó un vistazo alrededor, entonces se cruzó de brazos. "Para decirte la verdad, tenía que venir aquí de todas maneras... hay unas cosas en Lord and Taylor que necesito recoger... y yo misma debiera buscarme una o dos nuevas chaquetas deportivas…" Lo consideró durante un instante. "De todas formas probablemente deberíamos charlar unos minutos antes de mañana. ¿Que tal si terminamos aquí, entonces agarramos unos emparedados en el nuevo ala, para que así podamos sentarnos y hablar?"

Kerry pestañeó. "Um..." Bueno, claro… es mi nueva jefa, tiene todo el sentido. "Claro… eso parece perfecto... tengo algunas cuestiones y cosas que debiera preguntar, y ese tipo de cosas."

"Bien," Dar asintió vivamente. "Vamos entonces... escojamos el resto de tu ropa."

Kerry miró el menú, entonces echó un vistazo sobre la mesa a la alta mujer morena, que estaba fisgando el techo, observando un gran leopardo de peluche colgado sobre sus cabezas. Un retumbar de trueno resonó alrededor de ellas y, por un instante, creyó que era real, entonces se dió cuenta de que era parte de la ambientación del restaurante.

El Rainforest *Café* era definitivamente diferente. Pequeños chorritos de agua estaban por todas partes y una suave neblina se elevaba del plantador detrás de ella. A un lado, un trío de coloridos pájaros estaba siendo engatusados para hacer trucos por un camarero de camisa roja, y estaban rodeados por una cueva como muros y espeso follaje selvático.

Dar se estiró y tocó la cola del leopardo, y, como con una señal, el animal soltó un rugido mecánico, causando que la ejecutiva retirase la mano de golpe en un movimiento sobresaltado. Frunció el ceño, entonces miró a Kerry, que se estaba mordiéndose el labio para evitar sonreír. "Crees que es divertido, ¿eh?"

Kerry se aclaró la garganta. "Um... no... no… como principio nunca me rio de mi jefe." Mantuvo los ojos en el menú, que estaba tentando sus papilas gustativas con platos interesantes, pero suspiró y fijó sus ojos en las ensaladas.

Dar no tenía tal escrúpulo. Levantó la vista mientras una presumida y joven camarera venía, y dobló las manos sobre la mesa. "¿Te gusta el té helado?" inquirió.

Kerry cabeceó afirmativamente. "Claro."

"Traiga una jarra de té helado y un combinado de aperitivos para empezar," instruyó la ejecutiva a la camarera. "Después regrese en unos minutos." Esperó a que la muchacha se fuese. "Me imaginé que eso era algo seguro... nunca he comido aquí, pero he oído cosas buenas de la comida."

"Um…" Kerry se rindió y decidió simplemente compensarlo con una hora extra de ejercicio mañana. "Sí... todo parece bueno…" Se decantó felizmente por un plato de pasta picante y cerró el menú, lanzándole una mirada a Dar con una decreciente sensación de trepidación. Era dificil de creer que alguna vez se hubiese sido intimidada por la alta mujer, no sentada aquí en un salvaje restaurante temático, con la oportunidad de poder observar de cerca a Dar.

Su rostro era muy interesante, pensó Kerry. Estaba casi siempre moviéndose, pequeños músculos se tensaban bajo la piel mientras estaba observando las cosas. Sus manos también se movían mucho, jugando con el menú, con la cubertería y con la diminuta carpa de bebidas que anunciaba los especiales. Kerry se preguntó si Dar no estaba un poco nerviosa, o incómoda, porque ella ciertamente lo estaba, pero era dificil de decir. Quizá la mujer sólo era de naturaleza inquieta, después de todo.

Sus manos tenían unas pequeñas cicatrices en ellas, además de la hinchazón y laceración de los nudillos de la derecha, y no llevaba ningún anillo. Eran de bastante buen tamaño, con dedos largos y uñas cortas, sin pulir. Como alguien que usaba teclado todo el día, Kerry podía apreciar eso y, de hecho, a menos que saliese, hacía lo mismo.
Aunque las muñecas de Dar eran, en proporción, más gruesas que las suyas y, cuando la ejecutiva se movió, pudo ver el movimiento de músculos justo bajo la piel incluso en la tenue luz. Daba una impresión de fuerza que intrigaba a la joven, siendo tan dispar de la mentalidad corporativa que había estado esperando. Los Vicepresidentes eran pálidos hombres blancos, que se sentaban todo el día en oficinas alfombradas y fumaban puros. No eran… bueno, no eran Dar Roberts.

"Perdona," Kerry levantó la vista, dándose cuenta de que Dar le había hablado. "Lo siento... me perdí eso."

Dar inclinó la cabaza y la consideró. "Lo que dije fue que puedes esperar unas semanas en las que necesitarás establecer y acostumbrarte a las cosas."

"Bueno.… como que pensé que ese era el caso.. y además, necesito una semana para poner a alguien en mi puesto... sé que estaba pensando en Ray, pero todo esto pasó tan rápido, no tuve oportunidad de hablar con él sobre nada."

Dar asintió. "Bien… pasa un día o dos allí aclarando las cosas, mientras arreglo el papeleo y un lugar para ti en que sentarte en la oficina. María va a matarme por soltarle en su mesa un nuevo contrato lo primero la mañana del lunes."

Kerry no estaba segura de qué contestación se requiría para esta información, así que sólo frunció los labios en una sonrisa vacilante.

"María es mi secretaria," explicó Dar, viendo la expresión.
"Oh." Los ojos verdes examinaron la mesa, que estaba cubierta por un material de cortina de ducha tropical. "Va a estar disgustada, ¿huh?"

"Sólo durante un instante," replicó la mujer morena. "Escucha... ¿estás segura de que quieres hacer esto?" La pregunta había salido de la nada y causó que Kerry levantase la cabeza de golpe y encontrase los ojos de Dar. "Yo..." se quedó callada, "Yo estoy segura."

Dar exhaló. "Éste no es un trabajo fácil - tienes que aguantar mucha tensión y mucha mierda... no soy una persona fácil de tener cerca, o de tratar… quiero que sepas lo que te espera." Su voz era seria. "Eres una buena chica y no quiero que me vengas dentro dos semanas diciendo que es demasiado para ti."
Kerry se enderezó y la miró a los ojos, sintiéndose ansiosa de alzarse ante el claro desafío en las palabras de Dar. "¿Cómo de buena soy si te llamé hija de puta?" inquirió, viendo ese súbito y travieso brillo aparecer enfrente de ella, e igual de rápidamente desaparecer. "Y no soy una chica, gracias... tengo veintisiete años."

Dar la estudió abiertamente. "Detestaste lo que le pasó a tu compañía. ¿Por qué quieres convertirte en parte de eso?" Bueno, dijo que le gustaba la franqueza y la honestidad… Kerry Stuart parecía proveer ambas en grandes medidas.

La mujer rubia la estudió. "Me gustas."
Ambas cejas de Dar se alzaron. "¿Perdona?"

Kerry se encogió de hombros. "Me gustas. Creo que eres inteligente y creo que puedo aprender mucho de ti," hizo una pausa. "Donde estaba, era lo más alto que iba a llegar… dejé de aprender cosas.. era más bien como si mi trabajo fuera mantener el status quo. Había nuevas cuentas, claro, pero no tenía que dirigirlo, sólo proporcionar el apoyo y soluciones.. esto es algo muy diferente."

Dar puso su barbilla sobre un puño y la consideró. "Ya veo." Privadamente estaba un poco sorprendida y muy intrigada.

"Mi turno." Kerry tomó un sorbo del té helado que su camarera dejó y pestañeó ante la bandeja de aperitivos. "Mm..." Cogió un pedazo de pollo al coco y lo mordisqueó antes de continuar. "¿Por qué yo?"

"¿Hmm?" Dar había tomado un rollito relleno y estaba masticándolo.
Un encogimiento de hombros. "Ciento diez mil personas para escoger, ¿por qué yo?"

La mujer morena dejó de comer y le lanzó una sonrisa. "Me gustas." Apareció un atisbo de humor. "Ninguno de los otros ciento diez mil habría tenido las agallas de llamarme hija de puta o de decirme que me fuese al infierno."

"Oh." Kerry se ruborizó.

"Creo que tienes potencial y no estás arrastrando mucho equipaje del que tenga que librarme antes de que seas util," continuó Dar en un tono reflexivo. "Además, probablemente eres buena con la gente, que es algo en lo que soy un desastre." Mordió el rollito y lo mascó.

"Mm… no siempre," contestó Kerry calladamente.
Dar levantó la vista. "¿No eres buena con la gente?" Su voz estaba sorprendida.

"No siempre eres una mala con ellos," contestó la mujer rubia, sonriendo un poco ante la momentánea ruptura en la compostura de su nueva jefa. "Pero sé lo que quieres decir…me llevo bien con la gente la mayor parte del tiempo... me gusta resolver problemas, encontrando soluciones diferentes sin ir de cabeza en cabeza... ese tipo de cosas."

Dar se rió entre dientes. "Yo prefiero romper las cabezas y acabar con ello."

Kerry gentilmente tocó la mano contusionada sobre la mesa. "Ya veo." Quitó los dedos cuando vio respingar a la mujer más alta ante el contacto. "Lo siento... ¿está lastimada?"

"Un poco." Dar flexionó su mano un poco. "Debe haber golpeado el automóvil."

Kerry sólo la miró, un atisbo de sonrisa asomando en sus labios. "Tuve que pagar un extra por el modelo Mustang chillón, también… es una gran alarma de automóvil." Pronunció con lentitud. "Me gusta especialmente la opción que le hace gritar "Jesucristo" en español."

Dar mantuvo su aspecto impasible un momento más, entonces se rindió, relajándose en una sonrisa que le quitó cinco años de edad. "Realmente tienes sentido del humor."

Kerry se rió. "Para ser honesta, ni tan siquiera que di cuenta de qué estaba pasando hasta que lo pensé anoche. Estaba demasiado conmocionada antes de eso." Tomó una ala de pollo y la mojó en un platito de salsa de queso azul. "Era como vivir la película de la semana, ¿sabes? Aquí estoy yo, atrapada en el corazón de Miami, atacada por punkies callejeros, entonces llega el héroe, pegándoles a todos y haciéndoles huir como perros con el rabo entr…"

Levantó la vista y encontró ojos azul pálido que la miraban fijamente desde un rostro muy serio. "¿Qué?"

Dar se inclinó hacia adelante. "No me llames eso. He conocido a demasiada gente que realmente lo era." Su voz se hizo un toque más profunda. "Simplemente no querían testigos, así que se marcharon."

Kerry la miró fijamente. "Bueno... podrás conocer a muchos de ellos, pero hasta ahora yo sólo conozco uno." Su barbilla se alzó con terca insistencia. "Pero no lo mencionaré si te molesta." La tenue iluminación lo hacía dificil de decir, pero la mujer rubia pensó que era posible que su nueva jefa estuviera ruborizándose, sólo un poco.

La camarera llegó, para gran alivio de ambas. "Umm... la pasta picante." Kerry no intentó pronunciar su nombre de verdad.

Dar se aclaró la garganta. "Tomaré filete de salmón."

La camarera garabateó. "¿Verduras o puré de patatas con ajo?"
"Patatas, por favor," contestó la mujer morena. "Y más té."

Ambas estuvieron silenciosas después de que se marchara y Kerry aprovechó la oportunidad para probar algunos del resto de aperitivos. Esperó hasta que su compañera hizo lo mismo, entonces finalmente alzó la vista. "Bueno... háblame sobre esos contratos... me gustaría al menos dar al grupo de TCP/IP un aviso... sé que dijiste que era el IRS, pero…"

Dar pareció aliviada ante el cambio de tema. "Oh... cierto… bueno, es su website principal. Han creado un site del consumidor que proporciona ayuda sobre impuestos y toda clase de apoyo. Recibe unas cuarenta mil visitas al día - principalmente asuntos de ancho de banda y errores del servidor."

"Mm..." Kerry absorbió esto.

"El contrato especifica hardware y software - tendrás recursos en el área local para despachar el hardware... creo que contratamos a NCR en ese área."
"Suena bien," la mujer rubia parecía intrigada. "¿Qué hay del otro?"

"Unmm…" la frente de Dar se arrugó. "Oh, sí… el contrato de ATM por servicios de transmisión para la Armada." Hizo una pausa. "Y el apoyo de red para eso y para la nave que recoge transmisiones de red de microondas."

Kerry pestañeó. "Uou… los chicos de WAN van a flipar." Se rió un poco. "Estaban diciéndome tan sólo el mes pasado que se aburrian." Se relajó un poco e igual hizo Dar. "Eso significará algo de preparación extra."

Dar asintió. "Te daré el número de la división de preparación en Plano... llámales y prepara lo que necesites. Dependiendo de cuánta gente tengas, o irán allí o Plano enviará aquí un preparador."

Continuaron discutiendo detalles hasta que llegó la cena, entonces la charla decreció mientras prestaban atención a la comida.

Kerry disfrutó su pasta y observó con curiosidad como su compañera metódicamente dividia el gran filete de salmón en perfectos cuadrados, emparejando cada cuadrado con un tenedor de patatas machacadas cuando se lo comía. "Eso huele genial."

"Lo está." contestó Dar después de tragar. "Está glaseado con miel y azúcar moreno." Vaciló, entonces con naturalidad dejó caer un cuadrado en el plato de Kerry. "Toma."

Kerry lo probó cortésmente. "Uou... es bueno." Pasó un poco del pollo de su pasta al plato de su compañera. "Lo justo es justo."

"Uou." Dar se rió entre dientes. " Te gusta lo picante, ¿eh?" Masticó lo ofrecido.

"Mmhmm..." estuvo de acuerdo a mujer rubia. "Es lo que más me gusta de vivir aquí… todo sabe diferente, no es todo igual." Tomó un sorbo de té. "¿Te gusta la comida tailandesa?"

"Cualquier cosa con cacahuetes," contestó la ejecutiva con una sonrisa. "Hay un buen restaurante tailandés justo en US 1, cerca de Dadeland... hacen un pollo al curry realmente bueno."

Los ojos de Kerry se iluminaron. "¿De veras? ¿Y no lo conozco? ¿P…" El 'podríamos' casi se le escapó, pero cerró la boca con fuerza. ¿Podríamos ir allí? ¿Qué cuernos estaba pensando? Esta era su nueva jefa, que ciertamente tenía mejores cosas que hacer que vagabundear por Miami encontrando nuevos restaurantes tailandeses para ella. "Gracias por decírmelo."

"Claro." Dar le sonrió. "¿Cómo fue con tu ventanilla?"

"Oh... perfecto... perfecto... ya está arreglada," le aseguró Kerry. Entonces rebuscó en un bolsillo. "Oh, sí… Jerry encontró esto cuándo estaba limpiando los cristales... ¿es tuyo?" Sostuvo una pluma forrada de madera.

Dar pestañeó. "Ni siquiera me había dado cuenta de que la había perdido." Extendió la mano y lo reclamó. "Gracias." Levantó la mirada cuando la camarera regresó. "Hemos acabado, sí... me gustarían un gran capuchino... y um..." Sus ojos fueron a la cara de Kerry, observando alzarse las cejas de la mujer rubia cuando pasó el carrito de los postres. "Eh... ¿compartes un pastel de queso conmigo?"

Los ojos de Kerry ensancharon, entonces suspiró y se dio golpecitos en el estómago. "No debería."

Dar simplemente esperó, segura de su cebo. Estaba empezando a comprender a su nueva asociada. Era un hábito suyo, intentar deducir todos los ángulos y predecir lo que la gente haría y, hasta ahora, Kerry Stuart estaba demostrando ser todo un desafío. Pero no en esta materia.

"Oh... bueno, ok," capituló, dándole a Dar un leve encogimiento de hombros. "Supongo que simplemente le echaré un rato extra a los patines." ¿Y cómo había sabido la ligeramente enervante Dar Roberts que le gustaba el pastel de queso? Decidió intentar otra pregunta levemente más personal, aunque notó a la otra mujer envararse cuando así lo había hecho antes. "¿Lo has probado alguna vez?"

"¿El pastel de queso o los patines?" Dar se rió suavemente. "Ambos... me gusta uno y no soy demasiado aficionada al otro... trabé íntimo conocimiento con un árbol la última vez que los usé." Echó un ojo hacia la falsa cascada que estaba expeliendo otra nube de llovizna. "Me ciño a correr." Notó los ojos de Kerry sobre los desnudos y sutilmente musculares brazos que surgían de su camisa. "Y un poco de musculación." Las órbitas verde mar se alzaron a las suyas y Dar se sintió atípicamente desequilibrada. ¿Algo respecto a la intensidad, quizá? "Bueno, ¿estás preparada para mañana? ¿Te remitió personal un paquete electrónico de formularios para toda la gente que estarás traspasando?"

Kerry observó como la camarera soltaba un enorme trozo de pastel de queso, cubierto con chocolate, que estaba flanqueado por dos plátanos, igualmente bañados. Aspiró una respiración. "Oo." Entonces se dio cuenta de que Dar le había hecho una pregunta. "Uh... sí... recibí una tonelada de correo de ellos... incluyendo una lista de instrucción de tres página de alguien llamado Mariana, que dijo algo muy divertido sobre que yo era la nueva ¿patito?" Esperó que Dar escogiera uno de los dos tenedores que ofreció la camarera, entonces recogió el suyo y probó un bocado. "Uou... podría llegar a gustarme demasiado."

"Patito, ¿eh?" murmuró Dar mientras cortaba un trozo y lo mordisqueaba. "Mariana es nuestra directora de personal... te ayudará a tenerlo todo arreglado." Tomó otra bocado, disfrutando el suave y rico sabor. "Tiene un sentido único del humor."
¿Es eso un requisito de la compañía? se preguntó Kerry, pero no replicó.

Terminaron y pasearon por la tienda en el frente del restaurante, llenó de mercancía inspirada en la selva tropical, desde camisetas a diminutas salamanquesas de goma, a miniaturas en forma de tucanes y monos. Kerry tocó una minúscula iguana, en un interesante tono de azul verdoso, entonces la soltó con un suspiro. "Tengo bastantes cosas en mi escritorio."

Dar que había estado examinando la enorme cacatúa de arriba, se volvió, pero no dijo nada. Salieron y atravesaron el centro comercial en su mayor parte cerrado, las tiendas estaban bien cerradas y una débil música se oía. "¿Dónde aparcaste?"

"Cerca del patio de alimentación," contestó Kerry mientras empujaba la puerta y la retenía. El aire espeso y húmedo la golpeó, llevando un intenso olor a lluvia. "Bueno, gracias, Dar… realmente aprecio que vinieras aquí."

La oscuridad del exterior escondía la mayoría de la expresión de la mujer más alta. "Te llevaré al frente... mi automóvil está aquí," declaró. "Y no te preocupes por eso - me alegró tener la oportunidad de recoger este material," sopesó su bolsa.

Kerry la siguió al oscuro aparcamiento, estirando su paso un poco para mantenerse. La brisa del océano cercano era cálida y bochornosa, y suspiró. "Es dificil a veces acostumbrarse al calor."

Una risita suave le contestó. "Es por eso que todos nos quedamos dentro," contestó Dar. "Vamos... es por aquí... bajo ese anaquel."

Sombras móviles las rodeaban, limpiadores y trabajadores y otras figuras más oscuras. El aparcamiento era grande y estaba en su mayor parte vacío, y pudo ver a varios grupitos de lo que parecían adolescentes, cigarrillos encendidos y risa calladas viniendo de ellos.

Ojos observaban mientras cruzaban la superficie gris e, inconscientemente, Kerry se acercó un poco más a su alta compañera. "Bastante escalofriante por aquí."

Dar echó una mirada abajo. "Simplemente actua como si poseyeras el lugar. Te lo garantizo, ninguno de esos críos se acercará a ti," aconsejó a la mujer más pequeña.

Kerry observó como el grupo al que se estaban acercándo miraba a Dar, entonces se ponian levemente fuera de su camino. "Intentaré tenerlo presente," murmuró, sintiéndose, muy, muy a salvo.




"¿Dónde has estado?" la voz de Colleen vino del umbral, mientras Kerry terminaba de meter sus paquetes. "Ooo... veo bolsas de Macy's…" Se metió dentro y ayudó a la mujer rubia a soltar los paquetes. "¿Cómo fue?"

Kerry se sentó en la silla del escritorio y cruzó los brazos sobre el pecho. "Bueno… fue... conseguí montones de cosas, como puedes ver y... um… fue interesante."

Colleen se cruzó de brazos. "Interesante. Tu nueva jefa se ofrece a venir y ayudarte a comprar ropa... ¿y llamas a eso interesante? Yo lo llamaría… misteriosamente intrigante." La pelirroja se rió. "Bueno... ¿como es, cuándo no está despidiendo gente o reestructurando compañías?"

"Um." Kerry exhaló. "Es como dificil de explicar… quiero decir que realmente es..." Describió una caja con las manos. "Es muy cerrada... como remota, pero entonces de vez en cuando sólo como que se abre solo un poquito, lo bastante para que puedas decir que hay un ser humano allí y no un microprocesador."

"Mmhm…" Colleen digirió esto. "¿Así que pasasteis todo este tiempo de compras?"
Una tensión en los labios de Kerry. "No… no exactamente... cenamos en el Rainforest." Evitó los muy abiertos ojos de Colleen. "Quería repasar la próxima semana y qué esperar y cosas como esas."

"¿Te divertiste?"

Kerry pensó en ello. "Fue… Col, fue realmente, realmente raro, porque la mitad del tiempo era muy tenso, porque no nos conocíamos y es mi jefa, y simplemente era raro, pero la otra la mitad del tiempo, fue…" Se esforzó por explicarlo. "Fue casi como si nos conociéramos… eso..."

"¿Como viejos amigos que acaban de conocerse?" proporcionó la pelirroja calladamente. "¿Recuerdas esa canción de la película de los Muppet?"

Una pausa. "Sí... algo así," admitió Kerry. "Nunca antes me ha sucedido eso… pero creo que vamos a llevarnos bien."

"Ella te gusta." No era una pregunta.

"Sí, me gusta," declaró Kerry positivamente.

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 13th 2012, 9:33 am

"Increíble." Colleen agitó la cabeza. "Vi a Reynaldo en Public… estábamos comprando fiambre juntos y estaba hablándole de ti yendo a trabajar para ella... estaba completamente conmocionado." Agitó la cabeza. "Es gerente de IS en el banco... HE GOT CHEWED, AND CHEWED, AND CHEWED UNTIL HE HAD ONLY A QUARTER OF HIS BUTT LEFT THAT TAPE DISASTER... dice que ella es simplemente la persona más desagradable que jamás ha conocido."

Kerry alzó sus hombros. "Creo que puede serlo… puedo ver que tiene una vena bastante oscura allí... ¿recuerdas lo que te dije sobre ese matón y cómo prácticamente se disolvió cuándo ella le gritó? Y recuerdo cómo fue cuando nos conocimos en mi oficina… no había mucho que gustar... era bastante antipática."

Colleen se frotó la cabeza. "¿Pero te gusta?"

Parecía extraño, se dio cuenta Kerry. "No lo sé... sí… quiero decir, podría haberme echado a patadas varias veces, ¿verdad? Fui bastante desagradable... le dije que se fuera al infierno y todo eso, y podría simplemente haberme fulminado allí y entonces, haberme encerrado, hacer que seguridad me sacase del edificio, pero no lo hizo... de hecho, esta noche, he tenido la sensación de que me respetó por ello."

"Oh.. eso es retorcido, me sorprende," le advirtió su amiga. "Ten cuidado con ella, ¿oyes? Puede volverse contra ti rápido como un rayo." suspiró. "No sé, Ker… estas son aguas del todo desconocidas en las que estás navegando... espero que sepas lo que estás haciendo."

Yo también espero saberlo. Kerry suspiró interiormente. "Realmente no puedo explicarlo... quizá si me hubiera tomado tiempo para realmente pensar sobre lo que estaba pasando, habría escogido quedarme dónde estaba... pero quizá no... solo pensé que esta sería una oportunidad única… ¿sabes?"

"Única." Colleen puso un brazo sobre sus hombros. "Caray, querida, esa es una subestimación... pero si tienes un problema, hablé con Jacob en mi oficina y dice que te cogería al instante, ¿ok?"

Kerry sonrió y se apoyó afectuosamente contra ella. "Gracias, Col… realmente lo aprecio." exhaló. "Eh... ¿quieres ver lo que compré?"

"Puedes apostar."
Abrieron los variados paquetes y Kerry colgó los artículos de la vara de la cortina de la sala.

"Ooo... me gusta este," la pelirroja apuntó al conjunto azul/verde. "Bonito alfiler." Tocó el frente de la chaqueta.

Kerry se acercó y puso un dedo en él. "Santo cielo… mi mente debe de haber estado en otro sitio." Se rió con gentil deleite. "Ni siquiera noté que eso estaba ahí.. sí, es bonito." El alfiler era una pareja de delfines plateados retozando sobre un fondo dorado, con olas en el frente teñidas en rosa y azul. "Perfecto para el color... parece como el océano, ¿no?"

"Mmmhmm..." Colleen estuvo de acuerdo prestamente. "Apuesto te queda perfecto… hace exactamente juego con tus ojos." Miró la fila de ropa. "Me gustan todos, pero me gusta este más… aunque ese púrpura también es bonito."

"Sí..." La mujer rubia sonrió. "Me gusta la trenza en ese… oye, si me pongo algo de esto, ¿me sacarías una foto? Mis padres quieren ver lo que parezco vestida elegante."

"Ciertamente," su amiga se rió. "Aunque, para ser justa, estás perfecta en casi todo, so rata..." Le atizó a Kerry en las costillas. "Incluso en esos raídos vaqueros viejos que a veces llevas."

"Eh... son mi par favorito de jeans," Kerry protestó, mientras sacaba el traje azul/verde. "Vuelvo en seguida."



***


El cielo se había aclarado finalmente, exponiendo una espesa capa de estrellas, que centelleaban sobre la tranquila cubierta de coral. Las cálidas aguas de la piscina se encrespaban, resbalando sobre la solitaria, quieta figura que flotaba suavemente sobre ellas, su cabeza descansando sobre los brazos cruzados y sus piernas apoyadas en una gruesa balsa de Styrofoam.

Dar dejó que la paz la rodease, concentrándose en los gentiles sonidos del no lejano oleaje y el susurro de la ligera brisa que movía los árboles que rodeaban la piscina. Estaba sola, lo que no era sorprendente considerado la hora, y estaba pasando un poco de tiempo simplemente reflexionando sobre su día.

Por lo menos había sido más productivo que el día anterior. Después de que había mandado su email, logró dormirse de nuevo sobre el sofá de algún modo, con su portátil encendido, el suave cuero albergando su cuerpo cansado y negándose a rendirlo hasta casi la hora de la cena, cuando torpemente despertó para ver a los Powers Rangers bailando en la pantalla y las cañerías 3D pacientemente creando un despliegue de fontaneria en su portátil.

Fue entonces cuando abrió el correo de Kerry y, en un estado soñoliento, lo contestó y le dijo a la joven que se le uniría en el centro comercial. No fue hasta diez minutos o así después de que pulsase enviar que parpadeó y se dio cuenta de lo que había hecho y, para entonces, era demasiado tarde.

Pero no lo había lamentado, no... en absoluto. La salida había sido… bueno, como divertida, en cierto modo. No tenía muchas oportunidades de simplemente relajarse y estar con otra gente, y Kerry estaba resultando ser una persona interesante con la que pasar el rato. Lo cual era bueno, porque, como su ayudante, eso es exactamente lo que iba a hacer estar haciendo con ella.

La cena había sido un poco un test - Dar sabía que si podía pasar una hora cenando con alguien sin desear matarle, era buena señal. Kerry lo había pasado. De hecho... Dar miró fijamente a las estrellas con sorpresa. Kerry lo había más que pasado. En realidad ella misma había disfrutado, hasta el punto de desear que la tarde se hubiese prolongado un poco más, y ¿cuándo fue la última vez que eso había sucedido?

Fue agradable simplemente hablar con alguien que era brillante, tenía sentido del humor y no se sentía intimidada por ella. Dar sonrió, recordando el chiste respecto al Mustang chillón. Entonces flexionó la mano, recordando el gentil toque allí. Así que… había supuesto que la vieja Dar no sólo había asustado a los malos, ¿eh? Chica lista.

Suspiró y se movió un poco en el agua, inclinando atrás la cabeza y parpadeando mientras la luna salía tras una nube y la iluminaba en una luz simple y plateada. Hacía parecer el coral alrededor de ella casi blanco y, si levantaba la cabeza, podía ver un ancho, fluctuante camino que llevaba desde donde yacía directamente al horizonte.

Rodó y hundió la cabeza bajo el agua cálida, mantenida caliente todo el año a pesar de las temperaturas normalmente calurosas en el área. Un cuantos largos más sólo para soltarse los hombros y se salió de la piscina, agarrando su toalla y secándose mientras bajaba silenciosamente los escalones y cruzaba los senderos ribereños hacia su condo.

El aire frío del vestíbulo heló su piel y se metió rápidamente en la lavandería, tirando su traje de baño y cambiándolo por una camiseta de béisbol algodón y unos suaves boxers de franela. Se diriguió a la cocina y reclamó una jarra que llenó de leche y sirope de chocolate, entonces la metió en el microondas.

Dos minutos después la sacó, observando el icono de nuevo correo en el términal de la cocina. "Correo, lee."

"Dar Roberts, seis mensajes, ninguno urgente."

Examinó los títulares. "Lee todos." El cacao caliente se deslizó por su garganta mientras esperaba.



Roesenthal, Lester - Enviado 8:43PM


Dar -


La próxima vez que quieras solo traspasar uno de tus pequeños hallazgos directo a la corporación, sólo dímelo, ¿quieres? Realmente no necesito a treinta gimoteantes directores regionales quejándoseme de que no estás siguiendo el procedimiento.

Sus estadísticas no muestran mucho, pero si es lo bastante buena para que la escojas como tu mano derecha, supongo que tendré que vivir con ello. Espero que sea mona, al menos.


Les


"Réplica," murmuró Dar y esperó que apareciera un nuevo mensaje.

Les :

Lo siento, sí, lo tendrás y realmente no lo habría notado de una manera o otra.
Dar


"Envía." Dar bebió a sorbos su chocolate, con una sonrisa satisfecha. "Siguiente."

Elesha, Mariana - Enviado 9:01PM

DAR:

Agitaste un nido de avispas, amiga mía. Ten cuidado - creo que al menos algunos van a ir arriba.
Enviado, procesado, mandado por email. Tu nueva trabajadora debiera tener todo el papeleo que necesite para que las cosas rueden en Synergenics - y a propósito, ese fue un perfecto ejemplo de shuffleboard de poder con Peter para conseguir que los números ajustasen. Rellenó una queja formal contra ti, por cierto. La contestación de Les (me mandó un CCO) fue "¿Quieres que repase esto antes o después de que repase el calendario de pagas extraordinarias para este cuarto, la cual depende de que hagas tus números?"

Sabes, Dar - realmente tienes suerte de ser tan buena como eres - nadie más saldría adelante con la basura que tú. Ten cuidado, amiga mía. Ten mucho, mucho cuidado.

Puesto que estuve en la oficina el sábado, procesé todo para la Srta. Stuart - está en tu nómina empezando el lunes, así que asegúrate de que sabe cómo convertir las cosas y todo eso. Tengo su archivo de Synergenics - tengo que decirte, Dar, que hasta que lo vi, estaba teniendo algunos muy malvados pensamientos sobre ti, pero repasándolo, me di cuenta de que escogiste a una candidata muy cualificada. Ni tan siquiera he de falsear cosas en su perfil. Te adjunto los detalles para que tengas registro de ellos ¿sabías que un año fue campeona de debate del Estado de Michigan?

Como sea, te veo en la oficina el lunes. Intentaré calmar los ánimos encrespados, pero mantén un bajo perfil por un tiempo, ¿quieres? ¿Sólo por mí?

Mariana.



Dar reprimió una sonrisa de deleite. "Campeona de debate, ¿eh? Maldición... tengo problemas... debiera habérmelo supuesto." Se sentó en el alto taburete. "Réplica."


Mariana:

Gracias por la advertencia - Les ya me escribió sobre los disidentes - va a manejarlo.
Me sorprende que pienses que yo escogería un candidato basándome en razones frívolas - por supuesto que sé cuan cualificada está la Srta. Stuart para este puesto - ¿por qué crees que lo solicité? El mayor interés de la compañía viene primero, ésta no fue ninguna reacción refleja basada en la personalidad. De hecho, la señora en cuestión me dijo que me fuera al infierno, así que ciertamente no lo fue por razones de amistad. Tengo la certeza de que será un hallazgo para la compañía y quizá se encargará de algunos de mis problemas con la gente, para que recibas menos quejas.
Dar


Se rió entre dientes suavemente. "Envía." Entonces pulsó sobre el archivo anexo y leyó los escasos y breves párrafos con interés. "Hmm... gimnasia... doble licenciatura en computadoras y... no... esto no puede ser correcto... ¿en inglés? Menuda mezcla…" El historial de trabajo de Kerry mostraba una progresión firme y regular, desde el nivel de ingreso en gerencia, con creciente responsabilidad y experiencia de trabajo en trabajo, ningún trabajo durando menos de dos años. Estabilidad, ética… sin rupturas… no sorprende que Mariana se hubiese quedado impresionada.

Revisó la vertiente personal. Ninguna reclamación de accidente, ningún juicio, buen crédito... intachable registro, ni tan siquiera una multa por exceso de velocidad… maldición. Las cejas de Dar se alzaron. "Es casi demasiado bueno para ser verdad." El pensamiento causó que un ceño afilase sus rasgos. "Nuevo mensaje."

Mark:

Necesito un inquiry de seguridad clase 1 sobre la nueva contratada, Kerry Stuart, la empleada de Associated de que hablamos hace una semana. Va entrar en personal de mi sección y quiero saberlo todo, sin recortes, sin suavizar los hechos.

Dar.


"Envía." Dar tamborileó sus dedos en el poyete, sintiéndose un poco culpable por comprobar tan exhaustivamente, pero si Kerry iba a estar al tanto de todos su pequeños secretos, mejor asegurarse sobre qué y quién era realmente. No sería la primera vez que un rival había intentado infiltrar a alguien.

Era una precaución lógica, insistió su mente. Pero algo dentro de ella aún se sentía intranquilo, como si le molestara pensar que no podía confiar en Kerry.

Pensó sobre esto durante un instante. Su instinto estaba sólidamente a favor de la chica. Aún no se había equivocado.

Pero nunca estaba de más asegurarse. Dar suspiró y regresó a la pantalla. Pasó los siguientes tres mensajes, que eran reconocimientos de asuntos de los que se había cuidado la semana anterior, entonces pulsó sobre el séptimo con un extraño sentimiento de anticipación.

Stuart, Kerry - Enviado 12:32 AM

Hola.

¿Por qué todos creen que estoy loca porque quiero trabajar para ti? He recibido cuatro correos advirtiéndome que no sé en lo que me estoy metiendo, de gente a la que apenas o ni siquiera conozco. Decidí que simplemente tienen celos - te envio una lista - puedes decirme si es gente que había solicitado el trabajo. Si lo es, entonces me siento mucho mejor.
Les escribí a todos agradeciéndoles su preocupación y esperando tener algún día oportunidad de trabajar con ellos. Espero que eso fuera adecuado.
Por otra parte - espero pases una buena semana - y gracias de nuevo por ayudarme a comprar.

Kerry


"Réplica." Dar se apoyó contra el poyete, y apoyó la cabeza sobre su mano.


Kerry:

Todo creen que estás loca porque todos saben que soy una cruel perra sin corazón que lleva a la gente a la bebida y a una tumba temprana, y que no tiene simpatía por nada ni por nadie. Intenté avisarte al respecto. No es demasiado tarde para echarse atrás si quieres.
Tu lista es, como sospechaste, de candidatos decepcionados. La contestación fue apropiada.
No tengo muchas oportunidades de simplemente salir y ser semi social, así que hoy fue muy agradable para mí. También fue una indicación de que podríamos ser capaces de trabajar juntas. Mis anteriores intentos con un ayudante han durado uno, tres, cuatro y dos días respectivamente. A uno lo eché, uno decidió regresar al trabajo del que vino y los otros dos huyeron gritando en la noche para no volver a ser vistos.
Por favor, ten presente todo esto.

Dar


"Envía." Dar ahogó un bostezo y terminó su cacao, entonces enjuagó la jarra y la puso bocabajo en el escurridor. Apagó las luces mientras atravesaba el condo, dejando el espacio en total oscuridad cuando llegó a su dormitorio y se introdujo en la bienvenida calidez y movilidad de la cama de agua. Un brazo ciñó su almohada y el otro descansó ligeramente sobre la superficie mientras dejaba que sus ojos se cerrasen y se deslizó en el sueño.

***
Kerry miró su reflejo en el espejo retrovisor por sexta vez, antes de inspirar profundamente y apagar el automóvil.

Había sido toda una semana. Una semana muy turbulenta en la que había atado cabos sueltos, que ni tan siquiera se había dado cuenta que estaban allí, y facilitado a Ray su puesto. Ese primer día había sido un shock, cuando había tenido buenas, malas e importantes noticias, todo mezclado, que comunicarles a todos. Permitir marcharse a cincuenta personas había sido duro, pero cuando les dijo lo de la compensación por despido...

Así que había resultado bien. Los grupos de apoyo todavía estaban conmocionados por los nuevos contratos y los dos gerentes de apoyo se habían pasado la semana cepillándose todo texto sobre TCP/IP que cayó en sus manos. Estaban determinados a causar buena impresión y no decepcionarla.

Todo lo estaban. Era tan raro... la semana antes, habían estado maldiciendo el nombre de la corporación y ahora... ahora, estaban encontrando maneras de cambiar y adaptarse… la mayoría absolutamente contentos de continuar contratados.

La reacción a su nuevo puesto había sido…

Uou. Había ido desde "Estás completamente loca" a "Jesús, ¿la impresionaste TANTO?" y un montón entre medias, mucha gente lamentó verla marcharse, pero la animó porque 'ella' iba a estar 'allí arriba' y quizá podría influenciarla a 'ella' si las cosas se ponían mal.

Robert la había llamado, el pasado viernes, y la hizo sentar. Su rostro estaba serio y le había preguntado directamente si sabía lo que estaba haciendo con esa 'tiburón con traje'.

Y Kerry había sólo seguido sonriendo y diciéndoles a todos que veía esto como una gran oportunidad de aprendizaje, sin importar lo que pasara.

Así que ahora era una semana después y era lunes por la mañana, y era hora de que iniciase esta gran y nueva oportunidad de aprendizaje. Había estado intercambiando email con Dar la mayoría de la semana, manteniéndola al día del progreso de la transición. El estilo de escritura de la ejecutiva se había relajado un poco conforme avanzaba la semana, no mucho, pero justo un poco, y Kerry se encontró ansiando ver de nuevo a Dar.

"OK, estoy lista." Le dijo a su reflejo, entonces se echó su cartera al hombro y se salió del Mustang, cuidadosa de estirar su falda, raro después de no tener que llevar una durante bastante tiempo. Cerró la puerta y enderezó los hombros, entonces se dirigió hacia la entrada principal del edificio.

Dio su nombre al mostrador de seguridad y esperó mientras el agente miraba en una lista, entonces le sonrió. "Srta. Stuart, ¿puede, por favor, acompañarme? Necesitamos hacerle una identificación."

"OK." Kerry estuvo de acuerdo afablemente, mientras seguía al bajo hombre ronco por la esquina y a una corta serie de cuartos. Había bancos de monitores a lo largo de una pared, con una delgada chica rubia mirándolos. La chica se volvió cuando entraron y le mostró a Kerry una cortés sonrisa que ella devolvió.

Tomaron su foto y huellas digitales, entonces aguardó mientras el agente ensamblaba una tarjeta de seguridad muy parecida a la que había visto llevar a Dar la noche que regresaron aquí. El hombre unió un distintivo escán electrónico a la tarjeta, entonces se la entregó. "Gracias". Lo aceptó y examinó la superficie. "Uau... incluso saca buenas fotos." Le lanzó una sonrisa.

Él le devolvió la sonrisa enseguida. "Depende completamente del sujeto, señora."

Kerry se ruborizó. "Gracias… ¿ahora puedo subir?"

"Es la decimocuarta planta, Srta. Stuart - suba en el primer grupo de ascensores, entonces, cuando salga, gire a la izquierda y es la segunda puerta a su derecha."

Kerry asintió, recordando. "Sí... gracias." Salió de las oficinas de seguridad y se dirigió hacia el ascensor, echando una mirada al atrio y sonriendo. Era incluso más impresionante a la luz del día, con el sol entrando y quedando prendido en las variadas esculturas de cristal que se alineaban en las empinadas paredes. También estaba ahora más ocupado, por supuesto, y sorteó a varias personas apresuradas, mientras entraba en el ascensor y pulsaba el botón de la planta decimocuarta.

Eso le ganó una mirada de reojo de dos de los otros ocupantes y Kerry los notó examinándola, intentando discretamente leer el nombre de su tarjeta. En su lugar les ofreció su mano. "Hola. Soy Kerry Stuart. Encantada de conocerles."

La primera mujer estrechó su mano, después la segunda. "Enid Perspects." Dijo la más alta de las dos, vacilantemente. "Trabajo en Compras"

"Sally Cruz." Añadió la segunda, una mujer morena más baja. "En Mercadeo… ¿eres la nueva ayudante de Dar Robert?"

"Esa soy yo," contestó Kerry con una sonrisa.

La miraron como si tuviera dos cabezas. "Bueno... buena suerte," murmuró Enid mientras la puerta se abría y ella y su morena amiga escapaban. "Vas a necesitarla." Eso fue dicho por lo bajo, pero Kerry lo oyó sin embargo.

La puerta se deslizó cerrándose, dejándola con un hombre moreno rechoncho de mediana altura, de su misma edad. Él la estudió durante un instante, entonces ofreció su mano. "Así que... eres la infame Kerry Stuart."

Kerry suspiró y estrechó su mano. "¿Infame? Espero que no... acabo de entrar aquí." Le lanzó una cauta mirada. "¿¿¿Y tú eres???"

Él se rió. "Relájate.. soy Mark Polenti... jefe de seguridad de MIS." Hizo una pausa. "Soy amigo de Dar."

Kerry le dirigió una mirada más amistosa. "¿De veras? Oyendo hablar a la gente, ella no tiene ninguno."

"Naa... los tiene... no muchos, eso es cierto, pero los correctos, en los lugares correctos, si sabes lo que quiero decir." El hombre rechoncho sonrió. "En tanto conozcas tu curro, te irá bien con Dar. Si no, estás frito. Es muy simple." Sus ojos se encontraron con los de ella. "Debes conocer el tuyo."

"Supongo que lo averiguaremos." Kerry se relajó un poco, entonces se volvió mientras las puertas se abrian en la planta que había pedido. Ella y Mark salieron, entonces ambos se dirigieron por el mismo pasillo. Kerry pudo oír voces alzadas cuando llegó a las puertas dobles que conducían a la oficina de Dar y miró de reojo a Mark. "Parece una pelea."

"¿Y eso es nuevo?" Suspiró y le abrió la puerta. "Vamos, también podrías acostumbrarte."

El interior de la oficina externa de Dar era muy diferente durante el día. Varias personas estaban esperando, enfrentando un escritorio que tenía detrás a una baja y redonda mujer de cabello gris, que estaba presionando el teléfono contra su oreja con una mano y tapando su otra oreja con la otra. Las dos personas que esperaban estaban discutiendo, una enarbolando un juego de copias impresas.

"No hay manera de que podemos completar esa cuenta, Larry... no va a funcionar, ¡así que encuentra otra manera de hacerlo!" gritó el más bajo de los dos hombres.

"No tenemos elección, Scott... el equipo de cuenta prometió un centro de apoyo completo y ¡ahora van a obligarnos a ello!" contestó el otro hombre, alzandos las manos. "Condenadamente espero que Dar pueda imaginar cómo sacarnos de este desastre… ¡voy a zurrarle la badana a Sue Kingston del equipo de cuenta por meternos de nuevo en esta basura!"

Otras dos mujeres estaban de pie, llevando resmas de papel e intentando llamar la atención de la secretaria. Ella estaba al teléfono con dos líneas parpadeando y hablando por una tercera. Apenas oído, sonaba un zumbido. La secretaria puso a su comunicante en espera y lo pulsó. "Sí, Dar."

"Tengo la mitad de la condenada red local no operativa, tres mainframes cuyas cargas fueron fastidiadas anoche por mids y CLIPC que no contesta a sus teléfonos. ¡Dame a alguien en Charlotte que no tenga la cabeza sobre el culo, ahora mismo!"

"Sí, lo estoy intentando... créeme," contestó la secretaria.

"No puedo tener intentos, María… ¡necesito a esa gente!" la voz de Dar estaba ronca con frustración y Kerry se movió casi instintivamente hacia ella. Se encontró ante el escritorio de la secretaria y le dirigió una firme sonrisa cuando la mujer miró. "Hola," dijo suavemente. "Parece una mañana ocupada, ¿eh?"

"¿Dar"? La mujer mayor interrumpió los exabructos de su jefa.

"¿Qué?" gruñó la ejecutiva.

"La Srta. Stuart está aquí," María miró apreciativamente a la delgada rubia.

Silencio durante un instante. "Oh, bien. Hazla entrar." La voz de Dar cayó una octava y pareció casi alegre. "Hola, Kerry... bienvenida al Infierno."

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 14th 2012, 11:09 am

Cuarta parte

La puerta cerró detrás de ella, y se sorprendió ante el silencio en el cuarto. El ruido de fuera desapareció y soltó una suspiro mientras se movía por el suelo alfombrado hacia el escritorio de Dar. La ejecutiva estaba sentada en el escritorio, su teléfono en el mismo centro del mismo y sus brazos cruzados sobre el pecho. Llevaba una falda de seda gris y chaqueta, con una camisa verde bosque, y parecía descuidadamente elegante.

Por supuesto. Kerry podía ver la frustración en las líneas de su cuerpo, pero Dar esbozó una sonrisa para ella. "Así que, esto es el Infierno, ¿eh?" La mujer rubia hizo ademán de echar una mirada alrededor. "Bonita decoración."

Dar suspiró y alzó una mano para frotarse una sien. "Está siendo toda una mañana." Se pasó los dedos por el cabello y dejó caer el brazo.

"Ya veo". Contestó Kerry, sintiéndose un poco torpe. "Es una... um... pregunta estúpida, pero ¿hay algo que pueda hacer para ayudar?".


La mujer más alta intentó visiblemente relajarse un poco. "Muchas cosas. Pero primero, creo que necesito buscarte un lugar para sentarse y todo eso." Se puso en pie. "Vamos."

Curiosa, Kerry la siguió hacia una pequeña y discreta puerta, que ni tan siquiera había notado la otra noche, y observó como Dar la abría, entonces le indicó que fuese delante. "Sigue - créeme, es más rápido de esta manera. Si salgo a ese vestíbulo, me costará ocho horas ir de esta oficina a la que escogí para ti."

Kerry entró, encontrándose en un estrecho y desnudo vestíbulo, con puertas sin marcar en un lado y paredes blancas al otro. Lo recorrió inciertamente, hasta que sintió una cálida mano en su espalda. Dar la guió hacia delante unos cincuenta pies, hasta que llegó a otra puerta sin marcar, que la ejecutiva le indicó que abriese. Empujó el picaporte y entró en una segunda oficina.

Era aproximadamente cuadrada, con una mesa de trabajo rodeada por sillas a un lado y un ancho escritorio de madera en el otro. La alfombra y la cubierta de la pared eran de color borgoña, y detrás del escritorio había una ventana, del suelo al techo, mostrando la misma vista que la de Dar.

En el escritorio había un ordenador, un teléfono y nada más, y la oficina estaba desnuda de adornos, tanto que estaba claro que esta oficina nunca había sido usada. "Esta… um... " Dar se apoyo contra la puerta y le lanzó una mirada apologética a Kerry. "Algo vacía, lo sé... pero tiene lo esencial."

Kerry parpadeó ante el escritorio y el mobiliario. "Es genial." Se volvió y miró la ventana. "Con esta vista, podrías darme una caja de cartón y una lata de estaño con un cordón, y sería feliz." Soltó su cartera en el escritorio. "Mira... sé que allí estás hasta el cuello de problemas... me estableceré, conectaré y veré si puedo desenvolverme, ¿vale?"


Dar sonrió y miró abajo. "En realidad, dame una hora para aclarar esto, entonces regresaré para mostrarte esto y podremos hablar." Se aclaró la garganta. "Si no regreso en una hora, asume que el resto de la red explotó, ve y encuéntrame."

Kerry la encaró y sonrió. "Apuesta que lo haré."

La mujer morena le devolvió la sonrisa, entonces regresó al vestíbulo.

"Uuu." Kerry se sentó en el muy cómodo sillón de cuero del escritorio y echó una mirada alrededor. "Se disculpa. No puedo creérmelo… podría dar clase de aerobic aquí y se disculpa porque está un poco vacío… santo cielo." Examinó el escritorio, que estaba bien acabado, y abrió los cajones. Dentro había plumas y papel, clips y una grapadora, lo normal. El cajón grande tenía archivos colgantes que estaban, por supuesto, vacíos.

Encendió el ordenador, impresionada con la enorme pantalla que rivalizaba con la que Dar usaba. Kerry se preguntó si era lo estándar, pero se alegró, porque sus ojos tendían a dolerle después de un día entero mirando fijamente una pantalla más pequeña.

El ordenador le pidió el login de red y ella metió su id y contraseña, un poco sobresaltada cuando no apareció su menú usual, reemplazado por uno con unas cuatro veces más opciones. "Uh, oh." Le hizo una mueca." ¿Qué son todas estas cosas?" CLIPC, PLIPC, CICS… era una sopa alfabética de opciones junto con las más familiares que daban acceso a la nómina y secciones de personal, y al banco de datos de clientes. Experimentalmente escogió uno. "CLIPC.. eso era con lo que Dar estaba teniendo problemas... veamos que es."

Conectó y fisgó los resultados. "Oh... Ver la Red... vale... sé lo que es eso." Entró en la aplicación del mainframe IBM y probó una orden de despliegue total. "Uh oh… santo cielo... que enorme... uou... es realmente enorme."

La red interior fue desplegada, con montones de elementos marcados como inactivos. "Apuesto que eso es con lo que Dar está peleando, ¿eh?" Comentó, golpeando la pantalla con la punta de un dedo. "Bueno… allí en casa, en Michigan, en la universidad, hacíamos un ACTIVAR TODO…" Lo tecleó, entonces dudó. "Ahh… probablemente no es buena idea… .oh, que cuernos... no puede hacer daño." Pulsó enter.

"Eso costará una eternidad, así que…" minimizó la aplicación y pulsó el correo, sobresaltada cuando se abrió y tenía el buzón lleno. "Bueno, supongo que eso me mantendrá ocupada un rato... santo cielo… qué son todas estas cosas…" Un montón de reenvíos de Dar… asuntos en que estaba al parecer envuelta, que quería que Kerry repasara. "Bueno... veamos lo que tenemos aquí." Empezó a leer. "Jesús… diseñar bicicletas de carreras olímpicas y hacer transferencias financieras para el Banco de Nueva Zelanda… ¿podría esta compañía estar más diversificada?"

Había todo tipo de problemas. Todo tipo de problemas operacionales, como qué procesadores podrían asignarse a qué proyectos y cual proyecto adquiría prioridad. Kerry se encontró fascinada por el mosaico de relaciones mutuas y sospechó que ciertamente no iba a aburrirse.

Se levantó y sacó unos cuantos artículos personales, arreglando el escritorio a su gusto, y rondando por la oficina para descubrir todos los rincones y rendijas. Abrió la puerta delantera y atisbó fuera, dejando que una minúscula sonrisa asomara a sus labios cuando descubrió una bonita cocina justo al otro lado del vestíbulo. "Apostaría que allí hay café." Se decidió, sacando una jarra azul cobalto de su cartera y caminando hacia allí.

"Uou." Echó una mirada por la cocina y ahogó una risita. "Esto está mejor equipado que la de mi apartamento." Había una nevera, por supuesto, con una señal obligatoria en él. "No deje comida más de una semana destapada o se llenará todo de moho”. Leyó Kerry. "No voy a preguntar." No sólo una máquina normal de café regular descansaba en el poyete, si no también una máquina expresso, y había recipientes con varios tipos de leche y crema disponibles, azúcar de verdad y sacarina. Mientras seleccionaba un edulcorante artificial y se servía una taza de café, una joven entró detrás de ella y dijo un alegre hola.

"Hola." Kerry se volvió y se apoyó contra el poyete, revolviendo su café. La muchacha quitó un paquetito del congelador y lo soltó en uno de los tres grandes microondas comerciales en la mesa, cerca de la puerta. "¿Desayuno?"

La muchacha se volvió y sonrió. "Aperitivos." Se rió entre dientes. "Trabajo para Eduard Castillo... se pone gruñón sobre esta hora si no le alimento." Extendió la mano. "Mary Evers."

Kerry la aceptó. "Kerry Stuart."

Los ojos de la muchacha se ensancharon. "¡O dios mío… ¡eres la nueva ayudante de Dar Robert!"

La mujer rubia forzó una risa. "Bueno... ¿vas a decirme que soy valiente o estúpida?"

Una sonrisa atisbó en el rostro de la morena muchacha y se acercó. "Iba a decir afortunada." Le guiñó un ojo a Kerry, entonces quitó el levemente humeante paquete del microondas y lo puso en un platito que había traído con ella. "No todos pensamos que Dar es cosa mala, sabes."

Kerry estaba agradablemente sorprendida. "Bueno... es agradable oírlo, porque resulta que me cae bien." Se relajó en una sonrisa. "Y está siendo matador tener a todos mirándome como si hubiera perdido la cabeza."

"Te cae bien, ¿eh?" Mary se mordió el labio inferior y se rió entre dientes suavemente. "Es interesante… creí que venías de Associated… casi fueron machacados, sabes."

Ojos verde mar la estudiaron. "Oh sí, lo sé." Contestó tranquilamente Kerry. "Estaba aquí cuando ella encontró una manera para evitar eso."

"¿De veras?" Mary envolvió el plato con una servilleta. "Es bueno oírlo... encantada de conocerte, Kerry.. Tengo que llevarle este aperitivo al jefe antes de que rompa todos sus lápices."

Kerry estudió el paquete, que estaba envuelto en lo que parecía una vaina de maíz. "Encantada de conocerte a ti también… nos vemos luego." Hizo una pausa. "Oh.. ¿qué hace tu jefe?"

Mary se volvió, mientras estaba saliendo. "Marketing para el Caribe…nos vemos." Desapareció por el vestíbulo y Kerry miró pensativa la pared antes de llevarse el café a su oficina.

Su oficina. Sonrió abiertamente, mientras estaba con la espalda contra la pared y miraba por la ventana. "Ah, bueno… vuelta a trabajar." Dejó su taza y reasumió su lectura. Estaba tan absorta que no oyó la puerta trasera abrirse ni a alguien acercarse hasta que una mano tocó su brazo y ella saltó. "¡Uoa!"

Dar se sentó en el borde del escritorio de la mujer rubia y la miró fijamente, con una expresión enigmática. "Hola."

"Oh... hola... lo siento... no te oí entrar... estaba..." Kerry gesticuló hacia la pantalla. "Intentando ponerme al día en todo este material que me reenviaste… los he ordenado en info y acción... ¿qué?" Notó que Dar estaba sonriéndole. "¿No era lo correcto para hacer?".

"Sabes, Kerry... dicen que es la primera impresión la que perdura contigo en esta compañía." Declaró Dar. "La mía... bueno, le dije a Lester Roesanthal que podía besarme el culo y eso me ha perseguido todos estos años."

"¿De veras?" Kerry estaba intrigada.

"Mmhm… así que... ¿sabes cual va a ser tu primera impresión aquí?" Dar inquirió, sus ojos azules clavando a Kerry en su asiento.

"Uh…no," contestó Kerry, nerviosa. "Pero vas a decírmelo, ¿verdad?"
"Oh... sí… vas ser conocida como la chica nueva que llegó el primer día, se sentó, se conectó y arregló todo el sistema."

Kerry se heló y la miró fijamente. "Uh… yo no hice eso."

Dar frunció los labios y asintió sobriamente. "Eres KSTUART01, ¿verdad?"
"Um... sí." Una respuesta vacilante. "Oh... Cristo… esa orden de Ver la Red... oh, Dar.. no me digas que nadie más pensó en eso, es ridículo," protestó Kerry. "¡Es básico!"

Una gentil chispa entró en los muy azules ojos de Dar. "Mmhmm… el problema con los nerds es que, a veces, cuando las cosas salen mal, nos olvidamos de revisar primero las cosas simples. Vas a por lo complejo, involucrando más basura de por medio." Le dio golpecitos en la mejilla a Kerry. "Hicieron una carga master anoche y olvidaron que eso pone el sistema en modo consola - desactiva todas las unidades lógicas para que los nuevos programas puedan situarse sin ser usados."

"No eres una nerd". Objetó Kerry, consciente de que estaba ruborizándose terriblemente. "¿Lo eres?".

"Claro que lo soy y también tú lo eres". La informó Dar alegremente. "Buen trabajo, Kerry... tú solita has validado mi elección de ayudante, empezando tu propia pequeña leyenda al hacerlo, y yo no tuve siquiera que hacer nada."

Kerry se recreó en la cálida aprobación, degustándola con tímido placer. "Gracias.. pero no lo pretendía." Su rostro se frunció con una sonrisa sesgada. "Vaya manera de empezar, ¿eh?".

Dar se frotó la nuca y se rió entre dientes. "Hay maneras peores… oye, es casi mediodía. Bajemos y tomemos algo para comer, entonces te daré el tour." Atisbó la taza de Kerry. "Veo que ya encontraste la cocina."

Kerry asintió. "Sí... bonito lugar… me gustan los microondas, porque normalmente traigo bandejitas de cosas heladas para almorzar."

Un ceja oscura se alzó. "Tenemos cafetería". Comentó Dar secamente. "Pero si prefieres comida envasada, claro… adelante. Aunque piden que no se recalienten palitos de pescado... nos cuesta semanas sacar el olor."

"¿Es… es la cafetería tu lugar elegido para comer?". Inquirió Kerry. "Quiero decir… dios, que raro suena... lo que quiero decir es, ¿es buena? Muchas no lo son." Hizo una mueca. "Cuando pienso en cafeterías, pienso en una de la facultad… ugh."


Dar asintió. "Yo también". Admitió. "Terminé comiendo fundamentalmente helado y hamburguesas de queso durante cuatro años."

Kerry se rió tristemente mientras se ponía de pie. "Pizza y emparedados... aún no puedo soportar la vista de una caja de pizza." Siguió a Dar fuera de la oficina y hacia el ascensor. "Supongo que ahora es diferente, ¿eh?". Comentó, mientras las puertas se abrían y entraban, teniendo el ascensor para ellas.

"No," confesó Dar un poco tímida. "Hamburguesa de queso, patatas fritas y batido todavía es uno de mis favoritos habituales."

Kerry miró su elegante figura y pestañeó. "Seguro que no lo parece... debes entonces hacer ejercicio como una loca."

La mujer más alta exhaló suavemente. "Me toma buena parte de mi tiempo libre, sí". Declaró. "También es una manera de liberar la frustración." Esperó que las puertas se abriesen y las atravesó hacia la segunda planta, entonces condujo a Kerry a un par de puertas dobles abiertas con incitantes olores saliendo de ellas.

La mujer rubia observó con aturdimiento como su nueva jefa pedía tranquilamente el especial día, que era rollo de carne picada y puré de patatas, entonces procedía a añadir un gran vaso de leche a su bandeja, junto con un pedazo de pastel. Ella suspiró y seleccionó la ensalada del chef y tomó un vaso de zumo de pomelo, y siguió a Dar hasta una mesa de la esquina. "Me siento como si todos estuvieran observándome". Murmuró mientras desenvolvían los cubiertos.

"Lo están". Contestó jovialmente Dar. "Eres la chica nueva… algo tan emocionante no ha ocurrido aquí desde que un L1011 volando por encima dejó caer una puerta del compartimento de ruedas encima de nosotros y se estrelló en el atrio."

"Tch... ¡Dar!" Protestó Kerry, mientras mordisqueaba un pedazo de jamón. "Hablo en serio."


Ojos azules la miraron por encima de un tenedor repleto de patatas. "Y yo". Contestó honestamente. "Llamo la atención, todos saben quién soy, así que cuando tomo un ayudante, lo que no ha sucedido antes... son grandes noticias por aquí." Una pausa. "Te advertí al respecto, ¿verdad?"

Kerry suspiró. "Sí... lo hiciste." Levantó la vista, interiormente asombrada de cuan cómodas estaban entre ellas. "¿Ya has averiguado de dónde nos conocemos?"

Dar mordió su tenedor, pensando. "No." Negó con la cabeza. "Sé que no fue en la escuela... no me desplacé demasiado mientras crecía y nunca cerca de Michigan… y fui a la Universidad de Miami, así que eso está descartado." Se encogió de hombros. "Aparte, ¿cómo te las estás arreglando? Veo que te metiste con el correo… tengo una breve lista de proyectos de los que quiero que te encargues."

Pasaron el resto del almuerzo hablando de negocios y Kerry tuvo un poco más de idea de qué estaría haciendo. Sonaba medio emocionante, medio aterrador, y esperaba tener oportunidad de hacer algunos ensayos antes de que empezara a tomar el tipo de decisiones que Dar parecía esperar de ella. La ejecutiva declaró, llanamente, que estaba increíblemente ocupada y que no podía dedicarse a hacerle de canguro, así que Kerry estaría por su cuenta la mayor parte del tiempo y tendría que depender de su criterio.

"Eso podría volverse algo intimidante". Mencionó, mientras recogían sus bandejas y las depositaban en el área de lavado. Un hombre alto se volvió y las observó mientras pasaban, y Kerry no pudo evitar notar el odio en sus ojos cuando miró a Dar. Aunque esperó a que las puertas del ascensor se cerrasen antes de preguntar. "¿Quién era ese tipo alto y algo calvo?".

"Peter Weyrhousen". Replicó Dar. "Es el gerente de cuenta de contratos gubernamentales."
"No creo que le gustes". Declaró Kerry pesarosa.
"Mm...en realidad, me odia". La corrigió Dar. "Esos dos contratos que di a Associated vinieron de su área."
"Detesto pensar que es culpa mía si él se metió en líos". Murmuró Kerry.

Dar la sorprendió riéndose. "No te preocupes por eso... esos dos contratos fueron un regalo para mí, personalmente, del General Easton... él no los hubiera conseguido de todas formas."

Ella tenía, decidió Kerry, una risa bonita. Era grave y más del tipo de risa profundo en su pecho que otra cosa, pero normalmente ponía una minúscula mirada perversa en sus ojos y eso era algo interesante de ver.

Dar le dio el tour prometido, presentándola a varios gerentes de departamento, todos los cuales sacaron ese tipo de educada, enfermiza y dulce sonrisa de "hola, es encantador conocerte" que sabes desaparecerá en cuanto les des la espalda. Eso estaba bien, porque Dar proporcionaba comentarios cortantes sobre cada uno de ellos después de que prosiguieran.

Siguió un tour más por la decimocuarta planta. Era una planta aproximadamente cuadrada, con oficinas grandes como la de Dar, en cada esquina. La oficina de Dar estaba en la esquina nordeste y las otras tres estaban dedicadas a ejecutivos del mismo nivel que ella. En la esquina sudeste estaba la oficina de Lou Draefus, el VP de Finanzas, a quien Dar llamó Duks, después en la esquina sudoeste se encontraba John Dierhdohl, que era Vicepresidente para nuevas cuentas. La esquina noroeste mantenía el ostentoso espacio de Eleanor Anastasia, que era la jefa de Marketing y Soluciones de Negocio.

Puesto que Dar estaba a cargo de operaciones, su pequeña ala incluía el grupo de MIS, donde Mark Polenti hacía hogar, el grupo de seguridad, el apoyo de red y la división de análisis, y el pequeño ejército de personal de infraestructura que trabajaba en proporcionar recursos dentro y fuera de la compañía. Dar estaba a cargo de todo lo que fuera desde preparar nuevos circuitos para el edificio, a las facilidades (incluyendo el aire acondicionado, al parecer), a vigilar la enorme intranet privada que proporcionaba conexión a todos sus clientes y poder de computerización. Si las Nuevas ventas conseguían una cuenta y les prometían diecisiete líneas T1 con fallback instantáneo, el grupo de Dar manejaba la compra y diseñaba los circuitos, la instalación y su mantenimiento. Si el contrato también proporcionaba media docena de ordenadores AS400, el grupo de Dar los compraba, programaba, instalaba y mantenía.

Era, Kerry se dio cuenta muy rápido, el corazón de la compañía, y ahora tenía una buena idea de por qué Dar se sentaba en la posición privilegiada que tenía. Nadie quería fastidiarla, porque todos dependían de ella para tener su trabajo hecho.

Se lo dijo a Dar, cuando terminaron de regreso en la oficina de la ejecutiva y consiguió una aviesa sonrisa de reconocimiento a cambio. "Sabía que tomé la decisión correcta". Dijo Dar, tranquilamente. "Hay gente que ha estado trabajando aquí durante años y aún no se han dado cuenta de eso."

Kerry se sentía bastante orgullosa de ella misma en su primer día.
Se dio cuenta de algo más. El título de Dar y lo que hacía eran dos cosas diferentes. Estaba a cargo de operaciones, sí, pero como realmente funcionaba era como el arréglalo todo definitivo de la compañía. Si había fuego, Dar era llamada porque, en definitiva, ella sabía qué hacer y simplemente lo hacía, sin pararse ante los sentimientos de nadie, o el protocolo, o nada más.

Ninguna sorpresa que todos la odiaran. Si tenías a Dar Roberts descendiendo en tu territorio, significaba que realmente habías jorobado algo y ella estaba allí para arreglarlo. No era una sensación agradable, se dio cuenta la rubia, mientras se sentaba en su escritorio, repasando el resto de sus nuevos proyectos. También significaba que Dar estaba imposiblemente super ocupada y Kerry sospechaba que eso también causaba su reputación. Simplemente no tenía tiempo de ser educada. Tenía que entrar, tomar una decisión y salir para poder ir a la siguiente crisis.

Dar había dicho que le había dado a Kerry un diez por ciento de los proyectos actuales en el que ella misma estaba trabajando. Ahora había veintidós proyectos en la lista de trabajo de Kerry.
Un diez por ciento. ¿Cómo infiernos tenía esa mujer siquiera tiempo para dormir?

Supuso que lo averiguaría.
Dar observó salir las estrellas sobre el océano a través de su ventana y se retrepó, contenta con unos momentos de paz al final de un día muy largo y muy exasperante.

Que habría sido más largo y más exasperante si Kerry no hubiera sacado su magia esa mañana y resuelto el mayor problema de Dar, dejando todo lo demás en sólo malo y no desastroso.

María entró, su bolso colgado del hombro, para darle las buenas noches. "Te vas tarde, María." Dijo Dar por lo bajo.

"Sí... ¿y qué debería decir de ti?" Contestó la secretaria, caminando y deteniéndose al otro lado del escritorio de su jefa. "La secretaria de la oficina de tu médico tenía sólo un hueco. Es decir el jueves a las 2 p.m. tienes cita, ¿vale?".

Dar ignoró el latido de su cabeza y sonrió. "Eso es perfecto… creo que tengo una reunión la mañana del jueves, después un almuerzo con John D y su equipo, así que eso me deja la tarde libre." Hizo una pausa. "Un día bastante malo, ¿eh?"

María se sentó en una esquina del escritorio. "Esa pobre *chiquita* nueva… parece muy agradable, Dar." Su cara parecía perturbada. "Me preocupa que esa gente se la coma viva."

"Nah." La mujer morena detrás del escritorio agitó la cabeza. "Es dura.. ¿viste la cara de Jack cuándo se coló aquí y dijo que la red misteriosamente se había arreglado? Tuve que verificar los logs para ver qué pasó… decir que mi nueva, novata e inexperta ayudante resolvió el problema en que sus técnicos de red habían estado trabajando durante doce horas… dios..." Dar se rió. "Eso me alegró el día."

María la miró fijamente, la cara arrugada frunciéndose en una sonrisa débil y confundida. "¿Te gusta ella, esta pequeña *chiquita *?"

"Creo que tiene mucho talento y potencial, sí". Contestó Dar.
"Ah, ah, ah.. " María agitó un dedo. "No, no... te gusta ella."

Un momento de silencio, mientras la luz de fuera se desvanecía y dejaba a Dar mayormente en sombras. La ejecutiva parecía estar haciéndose esa misma pregunta. "A nivel personal…". Dudó. "Sí... sí, me gusta. ¿Por qué?".

La mujer mayor suspiró. "Llevo trabajando para ti cinco años y nunca he visto que nadie más te haga sonreír tanto." Hizo una pausa. "Es bueno."

Dar estaba ligeramente aturdida por la observación, más aún cuando se dio cuenta que era verdad. "Yo... supongo que es simplemente agradable tener a alguien lo bastante brillante para deducir las cosas... no como el último puñado que intentó ese puesto."

"Sí... cierto". Estuvo de acuerdo María quedamente, todavía observándola. "Es bueno… espero que resulte." Saludó. "Buenas noches, Dar."

La mujer morena asintió, ausente. "Buenas noches, María... Te veré por la mañana." Esperó el clic de la puerta al cerrarse, entonces se dio la vuelta en su silla y se retrepó, formando una ojiva con los dedos y mirando la luna creciente. Era enorme y colgaba sobre el horizonte como una linterna de verano, enviando un ondeante río de luz a lo largo del casi calmo océano. "Yo también lo espero, María… realmente lo espero."


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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 15th 2012, 8:16 am

"Vale, creo que eso funcionará… pero ¿podemos usar ese procesador para algo más en las horas flojas?". Preguntó Kerry mientras jugaba con un lápiz, empujándolo contra la superficie de su escritorio y volviéndolo. "Sé que el grupo de banca está buscando franjas de tiempo extra durante su MIDS… ¿podemos usarlo allí?" Escuchó la respuesta, entonces sonrió e hizo una nota en su libreta. "Bien... vale, entonces voy a llamarles y hacerles saber que pueden contar contigo para eso." Una pausa. "Claro… los cargos irán hacia tu presupuesto."

Vino un agradable sonido del teléfono. "También es un placer trabajar contigo… sí, eso es correcto, Stuart, de Operaciones… bueno, gracias... lo intento… buenas noches."

Kerry se echó hacia atrás en la silla y soltó una complacida exhalación. "Eso funcionó." Garabateó unas palabras en su cuaderno, después ajustó varios elementos en la hoja de cálculo de su pantalla, recalculándolo, después envió copia a Dar y a los dos departamentos que acababa de reconciliar. Era una buena sensación... realmente estaba empezando a conseguir que se hicieran cosas, tras dos días de establecerse, y al fin sentía que estaba ganándose el incremento de salario con la que había venido su nuevo puesto.

Eso había sido una sorpresa... no se había molestado en revisar la nómina cuando Dar la había contratado, figurándose que su nueva jefa simplemente le mantendría el sueldo al nivel que había tenido en Associated. El paquete de beneficios que recibía había sido mucho mejor, después de todo, y se había alegrado por ello.

La otra noche recibió la primera paga y, de hecho, había llamado al banco creyendo que era un error. No, ningún error, le habían asegurado, era la transferencia correcta. Había entonces, tardíamente, ido y verificado su archivo de empleada, pasando varios minutos simplemente mirando fijo la pantalla con absoluta incredulidad. No es que hubiese estado mal pagada antes, pero el añadido le permitía simplemente ir y gastarse una muy satisfactoria cantidad actualizando su ordenador de casa y el portátil que llevaba con ella. "Vruum Vruum..." Observó feliz reiniciarse el nuevo portátil. "Supongo que soy una nerd". Entonces rió entre dientes al escucharse.

También había salido y seleccionó una bonita jarra, hecha de madera irrompible pintada, y se lo trajo a Dar, que había roto la propia contra la pared tan sólo el día antes. Romper jarras no era cosa nueva para la alta mujer, había averiguado por María, y la secretaria mantenía un suministro de jarras lisas azules para reemplazar las que se rompían. Dar había atisbado su ofrecimiento, entonces lanzado 'esa mirada' y reído un poco, sus ojos girando reconociendo la gentil broma a su temperamento.

Kerry había decidido que realmente le gustaba Dar, a pesar de los mercuriales humores de la ejecutiva y del constante estado de conflicto que parecía existir en su oficina. Pasaron algún tiempo juntas, entrando en una relación de trabajo bastante buena mientras Dar le daba más y más responsabilidad. Había cometido algunos errores, cierto, pero Dar le había asegurado que eran errores inteligentes y sólo le gritó un poco.

Había sido sorprendente, sin embargo, lo mucho que le dolieron los gritos. Había empezado a sentir como si le hubiese fallado a Dar y había salido al balconcito que circundaba la decimocuarta planta, mirando fijamente al océano durante un rato mientras tranquilizaba su interior. Entonces había cuadrado los hombros y regresado dentro, lanzándose al próximo proyecto, pero no antes de que encontrara un bollito con trocitos de chocolate situado en mitad de su escritorio, una ofrenda de paz que Dar sabía no rechazaría.

La mujer morena ciertamente sabía donde apuntar en lo que a ella concernía… constantemente estaba tentando a Kerry con todo tipo de golosinas y ella encontró que tenía muy poca fuerza de voluntad en lo que involucrara a Dar Roberts... estaba contemplando usar las escaleras en lugar del ascensor por la mañana para compensar el sabotaje comestible de su jefa.

Aunque esta tarde fue tranquila, ya que Dar había dejado la oficina para una cita de algún tipo, y decidió intentar terminar dos de los proyectos que tenía pendientes, entonces ver si María tenía algo que Dar estuviera demasiado ocupada para hacer y de forma que ella pudiera encargarse.

Dar había decidido, hacía tiempo, que naturalmente todos odiaban ir a la consulta del médico. Sabía que no estaba sola en eso y sospechaba que tenía más para ver con la pérdida de dignidad personal que con otra cosa. Cerró los ojos e intentó reunir paciencia mientras se sentaba en el cuarto de examen, en una bata de la mitad del tamaño de una servilleta de cocktail.

La puerta se abrió, afortunadamente, y entró el Dr. Steve. Era un hombre mayor en los sesenta y tantos, con un rostro dulce y amable. "Bueno, bueno… mira a quién tenemos aquí."

Dar suspiró. "Hola, Dr. Steve." Logró alejar de su rostro una aviesa sonrisa. El anciano había sido el médico de la familia durante años y todavía la trataba como si fuera una patosa adolescente.

Tomó el estetoscopio y lo puso en su espalda, entonces lo movió a su pecho, escuchando con esa irritante forma omnisciente desarrollada por la mayoría de los doctores. "Respira."

Lo hizo obedientemente, flexionando un poco el brazo contra el dolor de tres extracciones de sangre.

"Vale, túmbate." El Dr. Steve procedió a examinarla gentilmente, sus dedos firmes y profesionales mientras apretaban e instigaban. "Aquí tienes un cardenal."

"Sólo del gimnasio". Dijo Dar, mintiendo. Uno de los asaltantes de Kerry había tenido un puñetazo afortunado.

"Mm." El hombre mayor palpó el largo del cuello cuidadosamente, girándole la cabeza a un lado y después al otro. "Bastante rígido."

"Parte del problema, creo". La mujer morena reconoció tristemente. "Ahí es donde empieza normalmente el dolor."

"Uh, huh... ¿cómo has estado durmiendo?"

Un encogimiento de hombros. "Bien... igual que siempre."

"Oh... así que aún durmiendo cuatro o cinco horas por noche, ¿eh?".
Comentó secamente el Dr. Steve. "Te harías un favor si pescases una hora extra o dos."

Dar exhaló. "Lo intenté… simplemente no me duermo… y, si lo hago, me despierto temprano."

El anciano se apoyó en sus manos y la estudió. "No... nunca pudiste… tu padre era igual." Suspiró. "Por otra parte, ¿cómo te sientes?". Puso el estetoscopio contra su pecho y escuchó. "¿Pálpitos? ¿Te quedas sin aliento alguna vez?"

Dar pensó al respecto. "No... no que haya notado". Replicó despacio. "Cuando el dolor es realmente malo, soy más consciente del latido de mi corazón... como si estuviera causando las punzadas."

"Mm... eso es natural". Le dijo el Dr. Steve. "Siéntate."

Así lo hizo Dar, alzando y pasándose una mano a través del cabello. "Bueno... ¿cual es el veredicto... me estoy muriendo?". El comentario sobre su corazón le puso una chispa nerviosa y se notó. Su boca se quedó seca y tragó incómodamente mientras esperaba que le respondiera.

El doctor giró los ojos. "Si lo estás, eres la agonizante más saludable que jamás he examinado." Se apoyó contra la pared del pequeño cuarto. "Tu circulación sanguínea es un desastre, Dar… tu recuento de leucocitos es bajo, cada indicador de estrés que conocemos está disparado y estoy un poco preocupado por algunas de las cosas que veo con tu tensión. Te he fijado cita con el Miami Heart para una prueba de estrés... no... no discutas conmigo, ¿de acuerdo? Compláceme... soy viejo, Dar… realmente creo que lo necesitas."

Dar dejó caer la cabeza y exhaló. "No tengo tiempo para eso, Steve…"

Él extendió gentilmente la mano y le alzó la barbilla para que le mirase. "No tienes tiempo para no hacerlo, cielo... vamos, hoy no están ocupados, llevará una hora, y entonces puedes decirme que me lo dijiste, ¿vale?"

"Una hora, ¿eh?" Vaciló, entonces se rindió. "De acuerdo… pero creo que estás ladrándole al árbol equivocado."

"Uh, huh... y obtuviste tu título médico... ¿dónde?". Inquirió significativamente el anciano. "Por supuesto, podríamos prescindir de todo esto si simplemente aceptaras mi consejo y te tomases una semana libre, vagaras por los cayos o salieses en barco a alguna parte."

Una mirada astuta entró en los ojos azul pálido. "Oh... así que, ¿todo lo que tengo que hacer es estar de acuerdo en irme de vacaciones y no tengo que ir al Instituto?"

El Dr. Steve le agitó un dedo. "Oh, no… pequeña tramposa… te conozco, estarás de acuerdo, después no irás durante dos años." Su voz se dulcificó. "Dar… por favor… detesto ver como te haces esto." Ladeó la cabeza. "No va a mejorar, cariño… sólo va a empeorar, a menos que empieces a tomártelo con tranquilidad."

Dar estuvo callada durante un momento, entonces finalmente asintió. "De acuerdo... capto el mensaje. Arreglaré... de alguna forma... tomarme unos días libres." Hizo una pausa. "Entretanto, ¿puedes darme algo para los condenados dolores de cabeza? Hasta ahora me los he estado aguantando, pero…"

El anciano asintió. "Ve al Instituto, te daré una receta para un combinado de analgésico y relajante muscular... eso debiera ayudar. ¿Trato?"

Dar dudó, entonces capituló. "Trato… mira, sé que estoy fatal… incluso me he conseguido un ayudante. ¿Te gusta eso?"

"¿Lo hiciste?". El Dr. Steve alzó la vista con sorprendida sonrisa. "¿Encontraste a alguien que pueda aguantarte? Virgen María... es un milagro." Se rió de la mirada en su cara. "Debe ser un santo."

Una oscura ceja se alzó. "Santa." Dar sintió su rostro fruncirse con una inesperada sonrisa.

Su propia ceja canosa se levantó. "Ah… ya veo." Golpeó gentilmente su rodilla. "Tendrás que presentarme a esta moderna Job algún día."

Dar resopló. "Vamos... no soy tan mala… Kerry trata conmigo perfectamente... es una buena chica." Otra sonrisa.

El Dr. Steve se retrepó y la consideró sabiamente. "Si te hace sonreír así, debe ser encantadora." Bromeó, observando un leve rubor de su piel. "Ahora realmente quiero conocerla."

"Bueno, mejor me visto y largo de aquí si tengo que atravesar la ciudad." Dar ignoró la instigación. "Aún tengo cosas que hacer en la oficina." Saltó de la mesa, agarró su ropa y la prescripción que el doctor le alargó. "Gracias, Dr. Steve."

Él se puso de pie y palmeó su brazo. "Es bueno verte, amiga mía... Te llamaré cuándo tenga los resultados de la prueba de estrés, ¿vale?"

"De acuerdo." Dar suspiró resignadamente. "Me voy."

"Hola, María." Kerry se deslizó por la puerta y le dirigió una sonrisa a la mujer mayor.

La secretaria levantó la vista de su tarea. "Sí... *chica *... ven aquí." Saludo con la mano a Kerry y dio golpecitos en la silla al lado de su escritorio. "¿Qué has estado haciendo? Oí a dos personas en el comedor diciendo cosas realmente adorables sobre ti."

Kerry se dejó caer cortésmente en la silla. Había costado un día o dos, cautelosamente probándose mutuamente, pero sintió que María y ella habían decidido que se gustaban. Al parecer María había creído que Dar necesitaba ayuda desde hacía bastante tiempo, pero se resentía por el usual desfile de solicitantes que tendían a tratar a la secretaria como... bueno, como una secretaria.
Kerry había tomado ejemplo de Dar, y otorgó a la mujer mayor un alto grado de respeto, demorándose con ella siempre que era posible. "Oh... esto y aquello... intentando acabar alguna de mis listas de trabajo... ya sabes." Sonrió. "¿Algo urgente de lo que necesites cuidarte con la jefa fuera de la oficina?"

María giró los ojos. "¿Cuándo no hay cosas urgentes?" Le dio una carpeta a Kerry. "Podrías querer echarle un ojo a esto... Servicio al Cliente saltó y lo puso justo en mi escritorio."

"Vale." Kerry lo tomó, entonces echó un vistazo alrededor. "¿Regresará Dar hoy?"

María también echó un vistazo alrededor, aunque estaban completamente solas. "*Sí *... se supone... pero está de medicos."

Los ojos verdes se ensancharon un poco. "Sólo una revisión o…"

La secretaria vaciló, en la disyuntiva entre conocer la naturaleza intensamente privada de Dar y su necesidad de compartir sus preocupaciones. "Son los dolores de cabeza… se han vuelto tan malos, fue a hacérselos revisar." Dijo al fin. "Pero, shhh… no le gusta hablar sobre eso."

"Mm.." Kerry asintió despacio. "Sí... noté que toma un montón de aspirinas... pero su trabajo es suficiente para darle dolor de cabeza a una piedra."

"Sí." María suspiró. "Es bueno que la ayudes… es terrible la forma en que esperan tanto de ella."

Ambas se sobresaltaron un poco cuando la puerta se abrió y Dar se deslizó dentro, dedicándoles una mirada de moderada sorpresa. "Buenas tardes." Murmuró mientras atravesaba la oficina exterior y empujaba su propia puerta. "¿Pasa algo?"

Kerry y María intercambiaron miradas aprehensivas. La conducta de Dar era tranquila y austera, y a sus ojos azules les faltaba su acostumbrada chispa. "Um…" Kerry se puso de pie y sostuvo el archivo. "Sólo material del servicio al cliente... iba a encargarme de él."

Dar la estudió un momento, luchando con su conciencia, entonces le dio un asentimiento a la mujer rubia. "Bien." Se volvió y entró en su oficina, soltando su cartera y dejándola caer en su silla. Aunque en lugar de mirar el monitor, volvió su asiento y miró fijamente por la ventana, observando la lenta fluctuación de nubes por el horizonte al este. La prueba de estrés la había agitado. No porque se hubiese sentido mal mientras estaba haciéndola... no se sintió mal. Pero los asistentes se habían agrupado sobre los monitores de datos y le habían lanzado miradas de preocupación todo el tiempo que había estado en la rueda de andar. Y los resultados habían desaparecido momentos después de que hubiese terminado, para ser 'vistos por un especialista', según la agradable joven enfermera que pacientemente le había quitado los cables de mecanismos pegados a ella.

Dar se sentía enervada y una gentil ansiedad dentro del pecho, odiando la incertidumbre más que nada. ¿Qué encontrarían? Y si encontraran algo... ¿qué haría ella?

Un suave golpe la hizo mirar alrededor. "¿Sí?" La puerta se entreabrió y Kerry introdujo su rubia cabeza. Dar exhaló y alzó una mano, indicándole que entrase. No tenía ningún sentido desahogar sus nervios en la chica, ¿verdad? "Ven aquí."

Kerry obedeció, moviéndose por la alfombra y sentándose en la silla frente al escritorio de Dar, la carpeta apretada en ambas manos. Parecía atípicamente nerviosa. "Um…" Inspiró. "¿Va todo bien?"

Dar le lanzó una sonrisa aviesa. "¿Todos en el edificio saben dónde fui?"

"No... sólo nosotras, supongo." Kerry obviamente quería decir ella misma y María. "No te enfades con María por decírmelo… sólo está preocupada por ti."

Atrapada entre irritación y turbación, Dar llegó a un compromiso girando los ojos.

"Um... olvida que pregunté." Kerry declaró apresuradamente. "Siguiente tema… creo que todo lo de Tucson va a funcionar... la infraestructura pudo completar el circuito T3 a tiempo, ahora sólo están esperando que los instaladores lleguen allí."

"Eso es bueno… temía que hubiesen fastidiado la pasada amortización… ¿te sentaste con ellos hasta que lo acabaron?".

"Bueno, no exactamente... solo que hablé con el cliente y conseguí algunas concesiones de la dirección de su edificio para facilitarles el poder terminar." Explicó tranquilamente Kerry.

"Buen trabajo." Dijo Dar, entonces vaciló. "¿Kerry?" Los ojos verdes se alzaron y encontraron los suyos. "Estoy bien... gracias por preguntar."

Kerry pestañeó. "Sé que no te gusta que la gente se meta en tus asuntos personales." Declaró suavemente. "No pretendía entrometerme o algo así… me alegra que todo esté bien."

Dar sintió un silencioso pesar ante la disculpa de la mujer rubia. "No... um... no me importa, no si es María... o si eres tú… simplemente no me gusta tener a toda la compañía involucrada." Le lanzó a Kerry una sonrisa un poco arrepentida. "Te sorprendería lo que por aquí pasan por jugosos cotilleos."

"Ah." Kerry asintió con aliviada comprensión. "Te capto… así que, si alguien sospechará que estas enferma, intentarían aprovecharse de eso."

"Exacto."
"Dar, eso apesta."

Eso le consiguió otra sonrisa arrepentida. "Bueno… no puedo decir que no esté de acuerdo y no estoy a favor de la charla inútil, pero es una verdad de la vida."

Kerry apretó los labios y asintió. "Entiendo." Hizo una pausa, entonces alzó la vista, estudiando el rostro medio en sombras de Dar. "Como sea, me alegra que las cosas estén bien."

Un levísimo toque cuestionador en su tono. Dar se inclinó hacia delante y descansó los brazos sobre el escritorio. "En su mayor parte". Admitió. "Básicamente me dijeron que debo tomarme vacaciones y no trabajar tanto." Se encogió de hombros. "Como siempre." Alejó el recuerdo de la prueba de tensión, decidiendo que su joven ayudante no necesitaba conocer esa información, por lo menos no hasta que se confirmase que algo estaba mal. Después de eso… .

Dar no quería pensar sobre después de eso. "Tengo medicamentos para los dolores de cabeza, y eso fue todo."

Kerry absorbió la información. "Bueno.. ¿cuándo fue la última vez que te cogiste unas vacaciones?". Preguntó con curiosidad. "Sé que las mías fueron hace tiempo... pasaban tantas cosas... fui a la Isla de Marco durante unos días." Había sido una excursión divertida, ella y unos cuantos de Associated; habían alquilado una pequeña cabaña en la costa oriental de Florida y pasaron el tiempo buscando conchas y vagabundeando por la playa.

Dar se concentró. "Um… creo que las mías fueron... esquiando en Colorado." Evocó. "Aproximadamente una semana... terminé conociendo de forma intima y personal a la mayoría de los árboles de Aspen." Se rió suavemente. Finalmente le cogí el tranquillo el último día... pero no he regresado desde entonces."

"Eso parece divertido… he estado esquiando unas cuantas veces… aunque no soy buena en eso". Confesó Kerry con una sonrisa. "Me tropecé con un conejo la última vez y me fui de cabeza rodando... acabé con una muñeca rota."

"Ay." Río Dar.
"Bueno… ¿vas a seguir el consejo del médico?". Inquirió Kerry. "Coger vacaciones, quiero decir."

Dar alzó la vista. "¿Intentas librarte de mí?" Su tono era ligero, pero cauto.

"No." Contestó Kerry muy seria. "Estoy intentando figurarme cómo voy a montar a tiempo una ametralladora en mi escritorio." Levantó las manos. "Rattataataa."

No pudo evitarlo. Dar estalló en carcajadas, echándose atrás y sintiendo su cuerpo entero relajarse de la tensión del día. "Oh… dios, gracias... lo necesitaba." Felicitó a la mujer rubia, mientras descansaba los codos en los brazos del sillón, entonces apoyó su barbilla contra los dedos entrelazados. Una idea surgió en su mente y empezó a hablar antes de realmente pensar lo que estaba haciendo. "Escucha... tengo que ir a la oficina de Miami sur para una reunión rápida.. Creo que debes venir, así puedo presentarte a los tipos de allí."

"Vale". Estuvo de acuerdo Kerry amablemente, de alguna forma deleitada al poder hacer reír a Dar. "Me parece bien... y, de todas formas, está prácticamente de camino a mi casa."

"Eh… podríamos... probar ese restaurante tailandés después de la reunión... está justo por allí... no he almorzado, así que... " Dar se sintió un poco torpe pero se relajó cuando vio iluminarse los ojos de Kerry. "No he estado en mucho tiempo."

"Claro". Estuvo de acuerdo la joven, entusiasta. "He estado esperando una oportunidad... a ninguno de mis amigos le gusta el tailandés, así que.. era esperar a alguien que le gustara o ir sola." Puso una cara. "Detesto hacer eso."

Dar se miró las manos. "Me he acostumbrado a ello a lo largo de los años". Comentó ligeramente. "Pero sé lo que quieres decir." Se puso de pie. "Vale... bueno, entonces vamos... esa reunión está fijada para las cinco."

"Cojo mis cosas y te encuentro en el ascensor". Se mostró de acuerdo Kerry y se fue corriendo.

El cuarto parecía tan vacío sin ella, meditó Dar. Apenas sabía por qué había sacado lo del restaurante, aparte del hecho de que ahora tenía hambre.. y…
Y.

Dar se mordió el labio. "Y te gusta pasar el tiempo con la chica." Se dijo irónicamente. "Vamos, simplemente admítelo... tiene una perspectiva nueva… tan diferente de la tuya y, por alguna loca razón, le gustas." Un suspiro suave. "Aunque maldito si sé el por qué."

Se sentó ponderando eso durante un momento más, entonces recogió sus cosas y se dirigió fuera.


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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 16th 2012, 8:07 am

"Así que... su secretaria entra y toma la taza, ¡entonces la lava con vinagre!" Kerry cogió una gamba rellena y la mordió. "Uou... esto está genial... donde estaba… oh... allí estoy, cogiendo café y sólo la miraba..."

"Mm." Dar mordisqueó su propia gamba y escuchó, obteniendo de repente historias de cosas que ciertamente nunca vio. "Vinagre, ¿eh? Eso explica mucho sobre Vi."

"Shh… bien... así que veo que ni tan siquiera enjuaga la taza, entonces vierte descafeinado... finalmente mi curiosidad me puede… le pregunté qué estaba haciendo y ella simplemente se rió." Kerry tomó un cauto sorbo del fluido ambarino de la copa de vino que había sido colocada justo ante ella. "Oh… esto es bueno."

"No bebo mucho, pero puedo tomarme un vaso o dos de esto". Admitió Dar. "Guardo una botella de esto por la casa… a veces es agradable tomarlo en el balcón."
"Intento no exceder mucho mi límite." Suspiró Kerry. "Aunque me llevan a un club de vez en cuando y normalmente lo lamento por la mañana." Tomó otro sorbo del vino de ciruela. "Bueno... así que le pregunto y me dice que ella y unas cuantas secreta… perdona, auxiliares administrativas…" Intercambiaron un giro de ojos. "Unas cuantas realmente querían que este otro vendedor de café hiciera el edificio... o por lo menos la planta. Pero éste es el primo del gerente del edificio, o cuñado, o lo que sea... así que no lo cambiarían aunque creyesen que el café es malo."

Dar mordió otro aperitivo, que era gamba llena con carne de cangrejo y bien frita hasta estar crujiente. Tenía una salsa de naranja/miel/jengibre que le gustaba particularmente. "Bueno... no es el mejor, pero tampoco es el peor…". Comentó acerca del café.

"Eso es lo pensé yo también… quiero decir, es café de oficina... no de Starbucks, por amor de Cristo." Kerry agitó la cabeza. "Pero tienen este plan... ponen vinagre en el café de su jefa, porque saben que es una bocazas y se quejará todo el tiempo… y si lo hace el tiempo suficiente, lo cambiarán".

Dar se rió. "Oh, infierno… Vi también se queja constantemente de eso… ahora tengo un problema... la próxima vez que tengamos reunión del comité ejecutivo y empiece con lo del café, no voy a poder contenerme." Se relajó en su silla. "¿Por qué simplemente no compran el condenado café que les guste y lo llevan?"

Kerry miró el gran plato de arroz blanco y el recipiente de pollo al curry que acababan de poner delante de ella. "Uh, oh... parece que tendré comida para mañana."

"Apuesto a que no." Una rápida sonrisa asomó en el rostro de la mujer morena. "Va a desaparecer."

"Sí... en mí." Kerry dio golpecitos a su estómago irónicamente. "Oh.. sobre el café.. bueno, eso es lo que le sugerí, quiero decir.. han estado haciendo esto durante tres meses, Dar… en ese tiempo podrían haber contratado a Juan Valdés como consultor, ¿sabes?"

Dar rió disimuladamente.

"Me miraron como si fuese un perro con tres cabezas." La mujer rubia alzó las manos en un encogimiento de hombros. "Hicieron un comentario snarky (animal imaginario) sobre qué no todos trabajaban para ti y cobraban megasueldos."

Una oscura ceja se alzó. "No eres mi secretaria." Declaró Dar rotundamente. "Pago a la gente lo que merecen."

Kerry se ruborizó ligeramente y jugueteó un poco con su plato, mezclando el arroz con el oloroso pollo al curry. "Entonces les dije que simplemente suponía que había escogido al jefe adecuado." Alzó sus ojos tímidamente y encontró los de Dar. "Y creo que eso es verdad, sin tener en cuenta lo que cobre."

Dar estuvo callada durante un instante, absorbiendo el inesperado cumplido. "Así que... ¿significa eso que aún no te he espantado?" Su tono era de broma, pero había un fondo serio en él.

"Supongo que eso es lo que significa." Contestó Kerry. "Realmente me gusta lo que estoy haciendo… estoy aprendiendo tanto." Exhaló y le lanzó una sonrisa a Dar.

"Eso es un alivio." Contestó su jefa quedamente. "A partir de esta noche eres oficialmente la ayudante que más ha durado… felicidades." Dar alzó su copa y la sostuvo, permitiendo que una callada, casi ilusionada sonrisa tocara sus labios mientras Kerry rozaba su copa. "No es exactamente lo que esperabas hace dos semanas, ¿hmm?"

Una risita. "No… desde luego que no, pero… he aprendido que a veces las cosas suceden por una razón... Creo que ésta es una de esas cosas." Kerry reflexionó que brindar con su nueva jefa con vino de ciruelas sobre excelente pollo al curry tampoco era lo que esperaba, pero eso también lo aceptaba. "Sin quejas."

Dar estaba contenta. Había hecho la elección correcta y los eventos estaban demostrándolo hasta el punto que incluso Duks había hecho un comentario, dándole con el codo en las costillas y felicitándola por el manejo de Kerry de alguna cuenta u otras cosas. "Pensé que estabas escogiendo por aspecto, amiga mía.…supongo que estaba equivocado." Había sonreído afectadamente en respuesta. "Eres tan superficial, Dukky… tienes que aprender a ver bajo la superficie." Había conseguido una buena empleada y una gerente inteligente y...

Y...

Sus ojos se encontraron casualmente y Dar sintió una gentil calidez en sus entrañas. Buen Dios, incluso podría haber encontrado una amiga, tan intimidante como ese pensamiento resulta. Al menos alguien con quien podía cenar de vez en cuando sin preocuparse por aburrirse. "Me alegra oírlo."

Kerry suspiró feliz y masticó su curry. "Bueno... ". Tragó. "En esto de 'nosotros y ellos', ¿quienes, exactamente, somos nosotros, Dar?". Se limpió los labios. "Porque necesitas tantas tarjetas de puntuaciones en esa oficina que estoy considerando ponerlo en una base de datos de Access."

Dar casi se ahoga con un poco de arroz. "No me hagas reír así... me asfixiaré". Protestó. "OK… bueno, quien es nosotros... Esa es una pregunta difícil, porque todos tienen su propia agenda, te das cuenta de eso, ¿verdad?"

Kerry asintió, pero no habló mientras masticaba.

"Ducks... ese es Lou Draefus, Mariana y yo normalmente nos asociamos en reuniones de nivel senior. Eso frustra a Ventas y Marketing, porque entre Finanzas, Personal, y Ops… bueno, nos llaman Cerbero a nuestras espaldas, hablando de un perro de tres cabezas." Explicó Dar entre bocados. "Duks y yo venimos de lejos… él era interventor de nivel de cuentas cuando yo empecé y descubrimos que trabajábamos bien juntos, así que nos asociaron en muchas cosas… funcionó para ambos."

"¿Por qué le llamas Duks?". Preguntó la mujer rubia con curiosidad.

Una sonrisita afiló el rostro de Dar. "Es una larga y vergonzosa historia que involucra una bolsa de gimnasio, el lago artificial de fuera, un pato y yo teniendo que tener las alfombras de la décima suelo limpiadas en seco... yo no preguntaría".

"Por favor, no". Balbuceó Kerry, sosteniendo su servilleta sobre la boca. "No creo que pudiera soportarlo… mi cabeza puede explotar." Se aclaró la garganta. "Bueno... así que Lou, Mariana y tú sois una piña."

Dar lo consideró. "Bueno... supongo." Se encogió de hombros. "Sabemos que podemos depender los unos de los otros - al menos en el contexto de funcionamiento de nuestras divisiones." Tragó. "V y M son adversarios naturales... intentan forzar los límites y vender cosas que a veces rebasan nuestra capacidad... es mi trabajo no permitirles hacer eso." Tomó un sorbo de vino, vaciando la copa, entonces indicó al camarero que la rellenase. "Los aplastantes números de Duk tienen que aprobar todos los contratos... así que entre nosotros, tenemos realmente una relación estrecha."

"Mm." Kerry ponderó esto, sonriendo mientras el camarero ofrecía llenar su copa y asentía. "Aunque tienes la mayor influencia, ¿no?"

Dar puso un trozo de pollo en su boca y mordió, rebanándolo limpiamente. "Hago que las cosas sucedan." Declaró bruscamente. "O no.. así que supongo que lo tengo." Lo consideró. "Aunque es una espada de doble filo... porque tengo que rendir el cien por cien del tiempo."

"Eso es mucha presión". Reconoció Kerry. "Dicen que Lou y Mariana son amantes... ¿es eso cierto?".

Se hizo el silencio mientras Dar consideraba cómo contestar la pregunta. "Nunca he sido invitada a sus dormitorios."

Kerry se sonrojó. "Lo siento... fue una pregunta inapropiada".

"No… el cotilleo es un hecho de vida en un lugar de este tamaño." Suspiró Dar. "Cuando quiera que tienes a dos personas pasando mucho tiempo juntas, tienes ese tipo de chismes extendiéndose… he oído los rumores y ellos son muy buenos amigos, pero más allá de eso… ¿quién sabe?".

"La gente pasa mucho tiempo haciéndose preguntas." Kerry se encogió de hombros. "Me parece algo contraproducente."

Dar se rió entre dientes. "Te sorprendería lo que es juego justo para la especulación... por ejemplo, ayer oí que había algo entre María y el jefe de seguridad nocturno."

"¿Qué?". La cabeza de Kerry dio un tirón. "¡María está casada!".

Una débil sonrisita. "¿Y tú punto es…?" Dar inquirió. "Parece que fue vista hablando con él en uno de los cuartos de suministros en voz muy baja."

Kerry resopló. "Basura... ¡Yo estaba allí!". Protestó. "Estaba diciéndole que uno de los administrativos junior estaba sacando resmas de papel del edificio."
"¿Ves?" Dar se rió entre dientes. "Es insidioso."

La cara de la mujer rubia se serenó. "María se sentiría muy herida al averiguar que la gente esta hablando sobre ella de esa manera." Declaró quedamente. "Es una mujer muy devota... y la forma en que habla sobre su marido, creo que realmente le ama."

Dar sonrió. "Creo que tienes razón, es por eso que le dije a la persona que me lo contó que si lo oía de nuevo, iba a descubrir quien estaba diciéndolo y le despediría en el acto."

Kerry la miró fijamente. "¿Puedes realmente hacer eso?"

Una sonrisa traviesa transformó el rostro normalmente sobrio de Dar. "No... pero todos creen que puedo... así que funciona genial."

Los ojos verdes frente a ella se suavizaron en algo muy similar a la reverencia. "Supongo que ese es él por qué no oigo muchos cotilleos sobre ti, ¿eh?" Murmuró.

Dar se ruborizó un poco bajo su mirada y dejó caer sus ojos, jugueteando con su tenedor. "La reputación a veces es útil, sí." Admitió. "Tiendo a ser muy protectora de mi personal… de los que se quedan, al menos... y la mayoría de la gente lo sabe."

Kerry se rió suavemente. "Bueno. Ciertamente me siento a salvo." Alzó la vista y encontró ojos azul pálido mirándola fijamente, y un débil y nada desagradable escalofrío recorrió su espalda. "Pero intentaré no hacer nada de lo que puedan hablar de mí."

"Bastante justo." Contestó Dar quedamente, levantando la vista cuando el camarero retiraba sus platos y dejaba una fuente caliente con diminutos donuts tailandeses y salsa dulce para mojar en el centro de la mesa. "No lo…"

"No... viene con su cena." El hombre se apresuró a explicar, con una leve inclinación.

Intercambiaron miradas aviesas y Dar se encogió de hombros. "Gracias." Se rió entre dientes un poco y cogió uno, zambulléndolo en la salsa y probándolo. "Mm... estos son buenos." Informó a la observadora Kerry.

Que suspiró. "Temía que ibas a decir eso." Probó uno. "La cruz de trabajar para ti... es peligroso para mi cintura... tú y todas tus galletas y cositas."

Dar se detuvo y se lamió los dedos. "Quiero asegurarme que no vas salir volando si abren las puertas allí arriba." Declaró con una risita. "Una preocupación justificable, creo… si no te importa que lo diga."

Kerry la miró fijamente, confundida. "¿Qué quieres decir?"

Uh, oh. Dar se dio cuenta de que acababa de meterse en aguas peligrosas. Casi se abofeteó, dándose cuenta que sabía mejor que su visión de alguien y la de ese alguien no solían concordar. "Um… sólo… ah... no importa." Agitó una mano, negándose a expresar su opinión de que la mujer rubia estaba lo que ella consideraba casi peligrosamente delgada, dado que la propia Kerry obviamente no la compartía.

Las rubias cejas se fruncieron. "No me van los 'no importa'." Declaró apologéticamente. "Ahora has despertado mi curiosidad." Se inclinó ligeramente hacia delante. "¿Qué?".

Dar se maldijo mentalmente, disgustada por haberse metido en esta particular esquina. "Um…" Inspiró. "Es solo mi opinión y no cuenta, pero creo que quizá debieras considerar no matarte tanto de hambre." Se estiró y tomó la mano de Kerry, volviéndola y poniendo el pulgar contra los prominentes huesos de su muñeca. "Probablemente es él por qué tienes tanto frío todo el tiempo."

Le costó a Kerry varios segundos antes de poder asimilar la parrafada, principalmente porque estaba concentrándose en la increíble calidez de los dedos alrededor de su brazo. Dar estaba refiriéndose a su hábito de envolverse a en una chaqueta, para resguardarse del frío de la decimocuarta planta. Estudió atentamente la bronceada piel, antes de alzar la vista y encontrase los claros ojos de Dar. "Tu opinión cuenta." Suspiró un poco. "Y probablemente tengas razón… de otra manera sólo recibo mucha crítica de mis padres y es más fácil no tener que aguantarlo."

Dar la soltó, el instinto diciéndole que había más en la historia, pero dándose cuenta que cruzaba los límites personales en los que no tenía ningún derecho a meterse. "Bueno... era sólo una idea." Sonrió para aliviar la tensión que se había formado. "Quizá pueda subir con algunos bocados más saludables... galletas de brócoli o algo así."

Kerry soltó una risita sorprendida. "Apostaría que detestas el brócoli." Sus ojos centellearon.

Un atisbo de mirada maquiavélica cruzó el rostro de Dar. "Alguien me dijo una vez que impedía el crecimiento... " Se señaló con una mano. "Nunca toqué esa sustancia."

La mujer rubia se relajó, contenta de que la conversación hubiese discurrido a un tema diferente. "Por cierto, ¿cuánto mides? No me di cuenta de exactamente cuánto más alta que yo eras hasta el otro día, cuando estábamos juntas en el ascensor con todos esos espejos."

"Un poco más de seis pies." Dar reconoció con una sonrisa de disculpa. "Sin tacones." Se alegraba de haber logrado fijar la atención de Kerry fuera de ella misma, pero notó que su pequeña compañera estaba alegremente terminando los diminutos donuts y sonrió en su interior. Mi opinión cuenta, ¿eh? Y tus padres en Michigan, niña... ¿qué pasa con eso? "Eh, gracias por complacer mi capricho… este lugar es bastante bueno."

Kerry se retrepó con su copa de vino y lo terminó, pensativa. "Sí... realmente lo es... creo que puedo marcarlo como un nuevo favorito."

Dar lo consideró un momento, entonces entrelazó los dedos y descansó su barbilla en ellos. "Bueno, siempre que no puedas encontrar a alguien con quien venir aquí, pégame un toque".

Una sonrisa queda cruzó la cara de la mujer rubia. "Trato hecho."

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Re: Tormenta tropical, Melissa Good

Mensaje  malena el Octubre 17th 2012, 8:29 am

Kerry meditó quedamente sobre la tarde mientras se cambiaba la ropa de trabajo por una camiseta y pantalones cortos. Levantó la vista cuando sonó un suave golpe y suspiró. "Entra."

Colleen entró de un salto y se puso las manos en las caderas. "¿Y dónde has estado, jovencita? No me digas que la gorgona ya te tiene trabajando hasta tarde... te lo estoy diciendo, Ker… no puedes permitirle que te embauque hasta esas horas."

"No exactamente..." Kerry se rió entre dientes, sacando sus patines en línea. "Quiero decir... sí, tuvimos una reunión tardía, pero fue aquí cerca y nos… encontré a alguien con quien ir a comer tailandés, así que probé ese nuevo restaurante del que te hablé."

"Cocinan gatos, sabes." Colleen la aconsejó, dejándose caer sobre el sofá y quitándose sus propios patines de alrededor del cuello. Habían planeado salir a patinar y ella había estado vigilando para cuando viera el automóvil de Kerry. "No es que puedas decir qué diablos ponen allí en todo caso."

La mujer rubia giró los ojos. "Era pollo, Col… sólo pollo, arroz, algunas gambas rellenas y esos pequeños donuts realmente buenos de postre." Se puso un patín y estiró los cordones. "Y es el Vietnamita el que usa gatos, no el tailandés."

"Mmhmm.. así que.. ¿debiera tener celos? Tienes un nuevo amigo en el trabajo, ¿eh? ¿Cuál es su nombre?". Colleen incitó traviesamente. "¿Cómo le engañaste para probar el perro asado?"

Kerry se detuvo y apoyó las manos sobre su rodilla antes de levantar la vista. "Um... es ella y es Dar, y no necesitó ningún engaño. Le gusta el tailandés."

La mandíbula de Colleen se desplomó. "No jodas. ¿Fuiste a cenar con tu jefa otra vez?" Se carcajeó por lo bajo. "Si no te conociera bien pensaría que les estabas haciendo la pelota pero bien".

"Tch… simplemente estás jorobada porque al fin encontré alguien que compartieras esas cosas conmigo." Una risa suave. "Además… ella es bastante divertida."

La pelirroja se palmeó la sien con la mano. "No lo oí." Se tapó ambas orejas. "No te estoy escuchando decir que esa dragón comefuego es 'divertida'… Kerry, esa es la perra que iba a despedirte a ti y a todos en Associated hace dos semanas, ¿recuerdas?"

"No la llames eso". Se irritó Kerry inesperadamente. "Sólo estaba haciendo su trabajo."

"Eso es lo que dijeron los Nazis". Contestó Colleen impenitentemente. "No puedo creerme que estés sentada ahí defendiéndola."

Kerry terminó de atarse los cordones, entonces se incorporó, manteniendo el equilibrio con facilidad. "Ahora es diferente, Colleen... entiendo mucho más lo qué estaba pasando detrás de todas las decisiones que estaba tomando… no es una mala persona."

"Así que.. ¿ahora está bien que simplemente despida a todos?" La pelirroja la miró fijamente. "¿Es eso lo que estás diciendo?"

"No." La cabeza rubia se agitó en negación. "Entender no es igual que estar de acuerdo… es sólo que puedo separar lo que hace de quién es."

Colleen se agarró la cabeza con ambas manos. "Estás confundiéndome puñeteramente."
"Bueno, ponte tus patines y vámonos."

Kerry suspiró. “Mira... es simple - no me gusta lo que hace... es él por qué decidí intentar unirme a su departamento, quizá pueda conseguir que cambie de idea sobre las cosas. Pero me gusta quién es ella... me gusta ella, como persona - sin tener en cuenta lo que hace en el trabajo… ¿entiendes?".

Su amiga terminó de atarse los patines y se puso de pie, tambaleándose un poco. "Entiendo que te ha hechizado de forma bestial, eso seguro." Agitó su cabeza. "Sólo… Kerry, ten cuidado, ¿vale? No quiero verte entregarte a este trabajo, sólo para que te salga el tiro por la culata y tenerla machacándote."

Ella no haría eso. Las palabras vinieron de forma natural a sus labios, sin pensar, pero Kerry apretó la mandíbula ante ellas, dándose cuenta que no era algo que pudiese saber explicar fácilmente. "Tendré cuidado... sé que a veces las cosas pueden ponerse feas, sobre todo al nivel en el que está ella... gracias por preocuparte por mí."

"Mmph." Refunfuñó Colleen. "Alguien tiene que hacerlo…" Siguió a Kerry por la puerta y a la acera. "Bueno... de todas formas, ¿cómo está tratándote allí arriba?"

La mujer rubia siguió en un ritmo sencillo, bajando la calle pavimentada. "Bastante bien, en realidad… sigue saboteándome con galletas... cree que no peso lo bastante." Le lanzó una mirada aviesa a Colleen. "Compartimos muchos de los mismos gustos en golosinas."
"Ah." Su amiga asintió. "Bueno... consigue un punto entonces." Hizo una pausa. "Pero solo uno, no creas." Tiró de la camisa de Kerry. "He estado diciéndotelo durante meses."

"Sí, sí." La mujer rubia giró los ojos. "Vamos... te echo una carrera a la esquina."


***


Kerry entró en la sala de conferencias y dio una sonriente inclinación al grupo congregado mientras se deslizaba en una silla a mitad de la mesa. Era la primera reunión a la que iba a asistir sin la reconfortante presencia de Dar a su lado y estaba un poco nerviosa. Soltó su PDA sobre la mesa y echó un vistazo alrededor, flexionando juntas las manos.

La reunión era para coordinar un proyecto para reemplazar la tecnología actual, que estaban usando para su enorme intrarred, con un tipo más avanzado, y eso afectaba a, virtualmente, todos en la compañía. Dar había querido asistir, pero estaba en mitad de solventar un enorme problema que afectaba a toda la costa oriental y le había dicho a Kerry que simplemente fuese, tomase apuntes y no aceptara nada.
Bastante fácil.

Aunque estaba un poco preocupada por Dar.. la mañana había empezado perfecta, pero después de encargarse de los emails urgentes de la mañana, se había detenido para revisar algo y encontró a su jefa de pie junto a su ventana, mirando fijamente el agua con expresión torva. Sus preguntas habían sido contestadas con ausente descuido y tuvo que combatir el deseo de instigar a la alta mujer por lo que estaba molestándola.

Así que aquí estaba, en cambio, preocupándose por alguien a quien apenas conocía y asistiendo a una reunión para la que apenas estaba preparada. Kerry suspiró. Menos mal que era viernes. Echó un vistazo mientras un hombre alto con barba caminaba a la cabecera de la mesa y se sentaba, revolviendo algunos papeles delante de él, entonces la miró con ceño desagradable.

"¿Comprendo que no somos considerados lo bastante importantes para que la Srta. Roberts esté aquí?".

Kerry se mordió la lengua durante un instante, entonces se aclaró la garganta. "En realidad... está aclarando un desastre en la región occidental... me pidió que asistiera por ella."

El hombre más joven sentado al lado de él dio un respingo. "Uh... ¿el trato del Pacífico?".

Kerry asintió. "Obligó a Unisys a que enviara esos mainframes una semana antes y estaba presionando a algunos de allí para que consiguiese un equipo de instalación."

El hombre barbudo no pareció más feliz, pero gruñó y concentró su atención en sus papeles. "Bueno, de acuerdo... empecemos con esto." Ojeó a su vecino. "¿Tienes una presentación de tecnología?"

Kerry se asentó, abriendo su PDA y garabateó unas notas mientras las luces se difuminaban y un diagrama de circuitos aparecía en la pantalla.

Dar tomó un sorbo de agua en su escritorio y concentró la atención en la mujer que se sentaba delante de ella. La VP de Marketing estaba ocupada perfilando un nuevo esquema y deseaba la opinión de Dar sobre si su infraestructura actual podría o no manejarlo.

Inspiró y tragó, forzando abajo la náusea que se había sumado a su diario dolor de cabeza, el de hoy siendo peor de lo usual, tan malo que sospechaba que lo que realmente estaba sufriendo era una migraña. Había empezado con un periodo de visión del túnel, los bordes de su visión borrosos como un torbellino, borrosidad chispeante. Entonces el dolor había empezado, en la base del cráneo y ascendido, el martilleo tan malo que estaba revolviéndole el estómago. La voz de la VP de Marketing no estaba ayudando. Evaline tenía un desafortunado acento de Nueva York y Dar se sentía perdiendo la concentración, sin desear más que acurrucarse en un lugar oscuro y desconectar del mundo exterior.

Pero no podía. Había demasiado que hacer, así que lentamente sorbió más agua, calculando si podía arriesgarse tomando otros cuatro o cinco Ibuprofenos. "Tiene buen aspecto, Evaline... podemos trabajar el ancho de banda, pero escribiría lo primero en esos contratos T3 adicionales."

La mujer anotó, asintiendo. "Sí... sí… podemos hacerlo."

El teléfono sonó y Dar pulsó el botón del altavoz. "¿Sí?"

"Dar, tenemos un problema." La voz de Mark sonaba irritada. "T y T pidieron acceso a Internet para alguno de su técnicos senior y tienen un TCP/IP abierto amontonado en sus bandejas. Puedo darles un proxy, pero hay posibilidad de que alguien pudiera entrarles por esa condenada intranet que apoyan y pegarnos desde dentro."

"Perfecto. No." Profirió Dar, descansando la cabeza en la mano. "Diles a T y T que no hagan nada."

"Lo hice." Contestó Mark. "Pero Uthai está quejándose por todo el lugar y mordiéndome el culo."

Dar tomó una inspiración y la soltó. "Dile que yo dije no." Contestó llanamente. "Dile que si tiene problemas con eso, puede llamarme directamente y le diré a su pequeño, sucio e ininteligible culo que no."

Silencio momentáneo. "Vale." Contestó Mark despacio, arrastrando las palabras.

"Y puedes decirle de mi parte que si es tan estúpido de no comprender un simple concepto como seguridad de red, podemos encontrarle un nuevo puesto pintando rayas en el aparcamiento del Banco de Nueva Zelanda." Continuó Dar, su voz acercándose a un gruñido.

Silencio más largo. "Creo que dejaré que eso se lo digas tú." Contestó el jefe de MIS finalmente, con una risita vacilante. "No quiero privarte del placer."

El martilleo empeoró y Dar sospechó que estaba a punto de vomitar, el solo pensamiento hacía que la cabeza le doliera aun más. "Gracias." Colgó, entonces miró a Evaline. "¿Hemos acabado?".

La pequeña mujer rubia le parpadeó. "¿Estás bien, Dar?" Inquirió de forma educada. "No es que normalmente no estés de pésimo humor, pero esto parece un poco demasiado incluso para ti."

Los ojos azules la atravesaron implacablemente. "¿Hemos acabado?" Repitió irritada Dar.

La mujer se puso en pie y agitó la cabeza. "Sí… ten un buen… fin de semana, Dar." Hizo una pausa. "O lo que sea." Salió, cerrando la puerta detrás de ella con fuerza innecesaria y le lanzó una mirada a María. "Le ha picado una avispa en el culo hoy, ¿no?". Sus ojos cayeron sobre Kerry, que acababa de entrar en la oficina, y ahora estaba cerca del escritorio de la secretaria.. "Oh... lo siento, cariño... tú todavía eres bastante nueva, ¿verdad? ¿No te has hastiado todavía de ella? Dios mío... has durado seis veces más que los otros... debes ser una persona muy paciente."

Kerry la miró fijamente. "Intento serlo." Contestó ligeramente, mientras la mujer simplemente agitaba la cabeza y salía. La mujer rubia devolvió su atención a María. "Ha estado todo el día bastante enfadada… ¿pasa algo?"

María se encogió de hombros. "Te digo... algo está mal, pero no lo dice." La secretaria bajó la voz. "Estoy preocupada… recibió una llamada del médico hoy... temprano esta mañana, ha estado tan silenciosa desde entonces." Tocó con el codo a Kerry. "Mejor entras... estaba preguntando dónde estabas."

"Vale…" Suspiró Kerry, entonces recogió su ofrenda de café y suavemente llamó a la puerta, abriéndola cuando oyó la baja contestación. Entró para encontrar a Dar sentada detrás de su escritorio, los brazos descansando en su superficie. "Eh.. ¿me buscabas?" Mientras se acercaba, notó el tinte pálido en la normalmente bronceada piel de su jefa y dejó el café, mirando con preocupación a la mujer más alta.

"Sí, " Dar exhaló. "Um… esos contratos, los que Duks quería revisados... ¿los cogiste? No los encuentro..."

"¿Dar?". Kerry había rodeado el escritorio y se había arrodillado a su lado, poniendo una mano en su brazo. "Eh… ¿estás bien?".

Las cejas de Dar se fruncieron. "Sí…sólo tengo un terrible dolor de cabeza."

"Estás fatal." Kerry espetó con típica falta de tacto, algo que parecía sufrir sólo con Dar. "Dios... estás sudando…".

"Sólo... " La mujer mayor se preparó, tomando una larga inspiración. "Estoy bien… necesito encontrar esos contratos… le dije a Duks que se los devolvería esta tarde."

Kerry la estudió durante un instante. "De acuerdo... veré si puedo encontrarlos… estaba repasándolos, pero creí que los traje. Déjame revisar mi oficina."

Dar asintió en acuerdo y permitió descansar su cabeza sobre una mano. "Bastante bien."

Empezó a salir, caminando hacia la puerta pequeña que llevaba al corredor trasero entre sus oficinas, entonces se detuvo y se volvió, tomando coraje con ambas manos y regresando al escritorio. "¿Dar?".

Ojos azules levantaron la vista con leve irritación. "¿Qué?"

Kerry se sentó en el borde de la pulida madera. "Um… ¿por qué no te vas a casa?"

"No seas ridícula, Kerry." Dijo Dar irritada. "No hay nad... " Apretó la mandíbula con fuerza mientras su estómago amenazaba rebelarse y cerró los ojos. "Maldición."

"¿Dar?" La voz de la mujer rubia asumió una gentil suavidad. "Venga... ¿déjame llevarte a casa, ¿vale? Puedes tumbarte... sé que te sentirás mejor."
"Hay demasiado que hacer." Protestó Dar, fatigosa. "No puedo."

"Yo lo haré… venga... Te dejaré, entonces regresaré aquí y acabaré las cosas." Kerry la engatusó. "Eh... es viernes por la tarde... puedes tomarte unas horas."

Dar la miró fijamente. Kerry era buena persuadiendo y lo sabía, pero ¿desde cuándo dejó que eso le afectara a ella? Los ojos verde mar se hicieron cálidos y gentiles mientras la mujer rubia la observaba y, de repente, Dar sólo deseaba ceder. Dolía demasiado para hacer nada más. "De acuerdo." Se rindió, retrepándose en su silla y dejando descansar la cabeza contra el fresco cuero. Mantuvo los ojos cerrados, escuchando a Kerry apagando el ordenador y el leve tintineo cuando cogió las llaves del automóvil de Dar del cajón superior.

"Vamos." Kerry instó quedamente.
"Sí... de acuerdo." Dar se puso de pies, entonces se colgó el portátil y la siguió mientras Kerry cruzaba el despacho y abría la puerta. Le dedicó una mirada a María mientras la secretaria levantaba la vista, sobresaltada. "María… estoy um…"

Kerry sostuvo en alto las llaves del coche detrás de la espalda de Dar e intercambió preocupadas miradas con María.

"Estás... fuera en una reunión." Dijo María quedamente. "Sólo llamadas de emergencia, ¿sí?"

Dar asintió. "Eso servirá."

El paseo hasta fuera fue silencioso, Kerry estaba asombrada de que lograran escapar del edificio sin que Dar fuese detenida media docena de veces, pero parecía que escogieron el momento adecuado, cuando todos los demás estaba en reuniones de tarde o aún almorzando. Estaba un poco nerviosa, insegura de tomar tan enérgica actitud con Dar, pero una mirada a su pálido y ojeroso rostro rápidamente disolvió cualquier temor.

Consiguió que la ejecutiva se pusiera en el asiento del pasajero, entonces dio la vuelta y prudentemente ajustó el asiento del conductor para acomodarlo a su menor tamaño. "¿Dónde vives por cierto?" Inquirió, vacilante.

Dar sonrió fatigosamente. "Ve por la calle McArthur y al este. Es la última luz antes de que pases el último puente a la playa."

Kerry la miró confundida. "Dar, eso es la terminal de la Guardia Costera."

Una risita débil. "No realmente... hay una base de ferry justo al oeste de eso." Exhaló. "Un lugar llamado isla Fisher... has de tomar un barco para ir allí."

Kerry puso lentamente al Lexus en ralentí y salió del aparcamiento, doblando a la derecha y dirigiéndose hacia la calzada. "Oh." Meditó. "He oído hablar de eso." Le lanzó a su compañera una mirada preocupada. "¿"Tienes algo que puedas tomar para la cabeza? Quiero decir…parece que te duele bastante."

"La farmacia de la isla está llena de recetas que me dieron ayer." Contestó Dar quedamente. "Creo que esto es una migraña... nunca he tenido una antes, pero es realmente horroroso."

"Uh." Kerry giró hacia la calle y fue al este. "He tenido de esas unas cuantas veces… ¿empezó con tu visión poniéndose rara?"

Un débil asentimiento.
"¿Dolor de estómago?" Inquirió Kerry, compasiva.
Otro asentimiento.

"Es una migraña." La mujer rubia puso un gesto. "Normalmente encuentro un lugar oscuro en alguna parte para dormirla."

Hubo silencio durante un poco. "¿Cómo fue la reunión?" Preguntó Dar finalmente, cuando estaba girando metiéndose en el terminal del ferry y procediendo cautamente a través de los caminos marcados con conos. El ferry estaba justamente en el puerto, así que Kerry aparcó el coche en el aparcamiento y consideró la pregunta.

"Bien, supongo... el tipo que la presidía, Michael algo... fue realmente desagradable - tenía mala actitud, pero el ponente de tecnología era bueno."

"Districe." Asintió Dar. "Me detesta." Abrió un ojo y saludó al guardia de seguridad, que alzó una mano a modo de respuesta. "Sólo conduce hacia el ferry. Te dirán cuándo detenerte."

Kerry obedeció, enfilando el Lexus hacia la rampa, después en su sitio asignado, donde un trabajador de camisa blanca le había indicado. Frenó cuando él alzó una mano, entonces observó mientras calzaba las ruedas cuidadosamente. Una vez todos los coches estuvieron cargados, la rampa fue levantada y el ferry se alejó resoplando del muelle. Ahora tenía tiempo para fijar su vista a la derecha y estudiar a su compañera. "¿Cómo fue lo de Pacífico?".

Dar mantuvo los ojos cerrados y apoyó la cabeza contra el marco de la puerta, frío por el aire acondicionado. "Hecho." Murmuró. "Tuve que amenazar con cerrar una división, pero los bastardos lo hicieron finalmente."

"Entonces otro record para DR." Sonrió Kerry, observando como el ferry se acercaba la terminal de la isla. "Estaban realmente preocupados por el tema... oí al Sr. Draeyfus hablar al respecto en el ascensor con ese individuo de Marketing."

"Mm." Dar hizo una mueca de dolor y tragó con dificultad mientras su estómago se retorcía. Estaba patéticamente agradecida por que Kerry la llevase a casa, por la forma en que se sentía, probablemente habría terminado en la bahía Biscayne. No. Su mente objetó, cansina. No se habría marchado en absoluto y eso habría sido simplemente estúpido. "Gracias por hacerme entrar en razón, por cierto."

Los ojos verdes la observaron cálidamente, mientras Kerry simplemente se impedía acercarse y apretar el brazo de su jefa. "Parecías tan abatida… no podía soportarlo."

Un orbe azul pálido apareció y la observó con curiosidad. "¿No podías soportarlo?"

Kerry tomó una inspiración, entonces la soltó, insegura de cómo exactamente explicar su comentario. Fue salvada del problema por la llegada del ferry a puerto, lo cual le exigió concentrarse en lo que estaba haciendo. Puso el Lexus por la rampa, en una bienvenida rociada de agua que enjuagó la sal del automóvil. Entonces procedió por el único camino que podía ver, llegando a una intersección en T y mirando a Dar inquisitivamente. "¿Derecha o izquierda?"

"Derecha." Contestó Dar. "Ve por la segunda intercalación, gira a la izquierda, la señal que dice "Costa"… conduce, entonces entra en la bahía al final."

Kerry miró alrededor con curiosidad. La isla ofrecía un pequeño campo de golf en el centro y los apartamentos rodeaban el perímetro. No había mucho tráfico, pero vislumbró varios carritos de golf sorteando el camino y los árboles que rodeaban el campo aislaban los apartamentos de él. Giró donde Dar había indicado y se metieron en un complejo de condos, que tenía varios conglomerados de casas, cada una en ángulo recto con la otra. "¿Allí abajo?" Indicó el aparcamiento subterráneo.

Dar asintió. "Sí… primer o segundo sitio a la izquierda... no importa cuál escojas."

"De acuerdo." Kerry puso el automóvil en el sitio, entonces puso el freno de mano. "Aquí estamos."
"Así parece." Contestó con ironía la mujer morena. "No pensamos esto realmente bien, Kerry… si me das oportunidad de tragarme unas pastillas y dejar que hagan efecto, te llevaré a tu coche."

"No seas ridícula." Discrepó con firmeza la mujer rubia. "Puedo coger un taxi, gracias… estás aquí porque no te sientes bien, ¿recuerdas?" Abrió la puerta y saltó, literalmente, fuera. "Maldición, éste es un coche alto... oye, te dejaré descansando, entonces saldré de aquí y de tu camino."

Dar se puso derecha y salió, apoyándose contra el automóvil cuando cerró la puerta y respirando en la fresca brisa del océano con una sensación de dulce alivio. Anduvo el camino a su puerta, tomando el paquete colgaba del buzón y echándole un ojo. "Ah... las medicinas... Bien."

"¿Las entregan aquí?" Kerry estaba echando una mirada alrededor, sus dedos arrastrándose sobre la gruesa piedra de construcción. Siguió la espalda de Dar mientras la alta mujer abría la puerta y la empujaba, una ráfaga de aire limpiamente perfumado le dio en la cara.

Entró en una espaciosa habitación, de techo abovedado. La impresión inmediata que recibió fue de fresca, limpia apertura, con paredes cáscara de huevo, dos sofás de cuero oscuros y los suelos de mármol. Su atención fue inmediatamente capturada por la enorme imagen encima del sofá, una vista planetaria en oscuros, vívidos y vibrantes colores que parecían saltarle en la tenue luz. "Uou."

Dar se volvió, con una expresión confundida, entonces logró formar una sonrisa. "Realmente no esperarías armatostes de madera, ¿verdad? Creí que te causé mejor impresión que esa."

Kerry caminó hacia el cuadro y lo miró fijamente. "Es asombroso."

La mujer más alta continuó hacia la cocina. "Gracias… hay un artista que los hace... hace ese trazado como de araña con electricidad viva."

"¿Qué?" Kerry la cogió cuando alcanzó la puerta y entró en la enorme cocina. "Uoa…" Gritó, volviéndose en círculo y abarcando el cuadrado cuarto, con sus pulcramente mantenidos electrodomésticos. "Podrías meter mi coche aquí." Se rió. "Creía que la cocina de mi madre era grande."

Dar tomó un vaso del armario y abrió la puerta de la nevera, vertiendo leche en él del dispensador, entonces desgarró con impaciencia la bolsa de medicamentos. "Si esperas que esta substancia haga efecto… te daré el paseo de rigor." Consiguió abrir la botella y verificó la dosis, sacando dos píldoras y metiéndoselas en la boca, seguidas por un trago de leche. "Espero poder retenerlas." Hizo una mueca, apoyándose contra el poyete mientras una ola de dolor contraía su cráneo.

Incapaz de mantener las manos para ella misma, Kerry gentilmente cogió el codo de su compañera. "Vamos… ¿cual es el camino a tu dormitorio?"

Dar tomó una respiración sostenida y se enderezó. "Puedo hacerlo… gracias." La calidez alrededor de su brazo desapareció y se quitó la chaqueta mientras marchaba a su dormitorio. Los fríos tonos azules la aliviaron inmediatamente y logró quitarse la ropa de trabajo y meterse en su camiseta y boxers sin vomitar.
"Eh…" Llamó a Kerry, que asomó su cabeza en el cuarto. "Oye... creo... creo que mejor me tumbo hasta que esta sustancia funcione…" Sintió a Kerry acercándose, pero la mujer no la tocó de nuevo.

"Hay una terminal en el estudio... si deseas terminar esas cosas."

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