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Hasta el amanecer, fedco

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Hasta el amanecer, fedco

Mensaje  tess el Diciembre 21st 2011, 6:09 pm

Esta historia es de este blog:

http://sololesbianas.blogspot.com

Está publicada por fedco pero no sé si es la autora original.

Hasta el amanecer

A veces la espuma del mar, un trozo de azul de cielo, unas pisadas sobre la arena, llevan dentro una de tantas historias de amor que nos vencen y nos elevan, hasta el infinito

CAPITULO 1

La luz sobre el mar despedía reflejos que le hacían entornar la vista al mirar el horizonte azul. Estaba descalza sobre la fina arena mojada con las zapatillas atadas por los cordones colgando de una mano, su mirada absorta se doraba al calor del sol de agosto, respirando el profundo olor a sal y a algas, a lágrimas y a corazón temblando en las alas del viento. Mientras paseaba, lentamente, sintiendo como el agua bañaba su piel, se dejaba invadir por el sonido de las olas que rompían y morían en la orilla; se agachó y siguiendo un impulso dibujó un corazón en la arena y en él dos nombres, Eva... y Lucía. Lucía. Se quedó mirando un momento con el tiempo perdido aquel nombre. En cuclillas, el atardecer empezó a caer sobre sus ojos y con él las primeras estrellas, levantándose, humedeció de blanca espuma su cara y pronunció su nombre en alto: Lucía. Su alma estaba muy lejos de aquella mar, su voz empezó a recordar y a dejar morir también su pena bajo la luna.
-------------------------
La puerta quedó abierta, en el vaivén sus latidos giraban al ritmo de los goznes de cobre, o tal vez de plata, sin óxido, relucientes, marítimos como las ideas que marcaban las cadencias de esa voz lejana, la brisa. No era de hierro, no tenía cerradura ni siquiera alguien que la cuidara; cuántos días habría visto pasar la madera desteñida de barniz, no se sabía, pero ahí estaba, girando una y otra vez sobre sí misma, atrás, adelante, atrás, adelante, de nuevo atrás, balanceándose sin prisa dentro de su marco blanco, absuelto de cualquier crujido o rasguño que indicara que por allí había pasado el tiempo. Se respiraba limpieza, el seco olor a cal junto con la aspereza de su tacto, el mar hacía más blanco si cabe el color del faro donde a intervalos irregulares se veían tres ventanas encajadas en sus pequeños marcos marrones con un poco de hierba, rala, creciendo en algunas esquinas.

Al fondo había una escalera, desde abajo parecía que ascendiera interminablemente, como si llevara al trono de algún Dios esperando con los brazos abiertos en la entrada del paraíso. Si empezabas a subir, te ibas dando cuenta de que algunos peldaños estaban sueltos, otros casi en equilibrio sobre el aire, algunos conservaban un aspecto libre de polvo y de humedad, en ninguno había señales de insectos o de suciedad, sólo las huellas que habían marcado el paso lento de muchas pisadas cansadas. Al llegar a la cima, lo primero que te sorprendía era el cambio tan grande, o quizás brusco, que se daba de repente en la mirada de quien subía; esperabas ver aparecer suavemente un aumento gradual en la luz, un tono cada vez más claro en las paredes, también blancas por dentro, respirar acaso el polvillo de la hojarasca y las ramillas amontonadas al levantar el vuelo una gaviota asustada... Sin embargo el blanco cambiaba de apagado a deslumbrante, radiante, en un segundo te sentías inundada por la luz como por una ola gigantesca de calor mojado, cegador, pero de una forma tan agradable que en seguida, de alguna manera, te sentías en casa, como si al levantar los ojos con una mano a su altura y desaparecer por un instante de ti misma en el horizonte inmensamente azul que se abría ante ti, siempre lo hubiera sido.

Lucía salió al balcón y se quedó mirando al mar apoyada con los codos en la vieja barandilla de hierro. La vista era realmente magnífica, desde allí se divisaba todo el Mediterráneo, parecía no tener fin, al este, norte y oeste agua, al sur el cabo de San José. Dejó escapar un suspiro, solamente podía pensar en como sería su nueva vida rodeada de todo aquel azur, siempre había querido vivir en un sitio así, ahora lo sabía, al principio de conocer la idea se había negado en rotundo, sus amigos, su casa, su familia, su ciudad... Madrid era algo que no cambiaría por nada, dijo... pero la sonrisa que se dibujaba en su rostro desmentía sus palabras.

La conoció esa misma mañana, solía ir allí a menudo, estaba enamorada del mar como tantos espíritus anclados en tierra. De vez en cuando se llevaba una mano al pelo que la brisa jugaba a despeinar, como si la hubiera presentido desvió la vista un instante hacia ella, más tarde pensaría que fue en aquel momento cuando perdió su corazón en sus manos, entonces sólo pudo sentir que rozaba el cielo al sentir sus ojos azules en los suyos. Se quedó un instante mirándola, era casi como si la hubiera estado esperando.

- Veo que has encontrado el faro por ti misma - una fresca voz sonó con el pelo alborotado - ¿esa sonrisa significa que te gusta?
- Siii... es... es sencillamente magnífico, nunca había visto el mar ¿sabes? - la miró directamente, parecía que las sorpresas allí nunca acabaran porque era la chica más guapa que había visto - mi tío me había hablado mucho de esto pero...
- ... no sabías si sería suficiente para dejar Madrid ¿verdad?... Very Happy... no me mires así, sabía que vendrías porque tu tío me lo dijo, eres la sobrina de Manuel; yo soy Eva, mis padres son pescadores y ayudo a tu tío con el faro... Tienes razón es magnífico.

Se miraron un intenso segundo a los ojos.

- Yo soy Lucía. Mmmm... ¿qué te parece si me enseñas tu el resto?
- Claro. Ven, daremos una vuelta por la playa.
- Vale. Aunque da lástima dejar esta vista... durante las noches tiene que ser aún más bonita, cuando se encienda y todo sean puntos de luz.
- Si... a mi me encanta, señora poeta, Very Happy.
- Very Happy...

Bajaron por la escalera de caracol y Eva cerró la puerta pensando que parecían de la misma edad, unos 18 o 19 más o menos calculó a ojo, lo que si sabía es que le había caído muy bien, llevaba unos vaqueros desgastados y una camiseta de tirantes blanca, con el pelo negro largo. Se miraron de nuevo y se echó a reír.

- ¿Porqué me miras tanto? Very Happy... ¿te dijo mi tío que las madrileñas somos bichos de ciudad inadaptados a la costa? Tranquila, de momento no me he vuelto verde ni nada de eso...
- Very Happy... no, me preguntaba que edad tendrías.
- 18 ¿y tu?
- 19

Silencio.

- Creo que voy a estar aquí bastante tiempo esta vez, lo presiento. Mi padre ha conseguido un buen trabajo en el puerto.
- Siento lo de tu madre. Manuel me lo contó...tiene que ser duro para ti venir a una ciudad que no conoces, perder a tu madre en aquel accidente y casi no ver a tu padre.
- Si... lo es. Ahh, pero... ¿has visto que bien suenan las olas al romper en la orilla? Creo que me meteré con ropa y todo...
- Estás loca - dijo riéndose - eh!... espérame!

Eva echó a correr detrás de Lucía que ya tenía el agua hasta las rodillas y estaba quitándose la camiseta descubriendo un bikini celeste.....
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Hasta el amanecer

Mensaje  tess el Diciembre 22nd 2011, 4:45 pm

CAPITULO II

Su habitación en casa de su tío era pequeña, con las paredes pintadas de la misma cal blanca del faro y cortinas estampadas de colores claros, tenía los muebles justos para que resultara cómoda y no faltara espacio, una cama, un armario y un escritorio de madera con una silla. La ventana daba al mar, se respiraba un agradable olor a salitre; sentada en el suelo, con la cabeza contra el filo del colchón, Lucía pensaba en la sonrisa de Eva. Y en sus ojos. Y en sus brazos, bronceados por el sol y llenos de pecas. Y en sus labios. Le gustaba; si, le gustaba mucho. Mucho. Demasiado... suspiró mirando al techo, desde esa postura si giraba un poco el cuello podía ver el cielo, sin una nube, a la vez que entraba la marea de la tarde. En aquella semana le había enseñado ya todo el pueblo, el funcionamiento del faro, la playa, las rocas donde podían encontrar erizos y cangrejos... tenía una energía, una vitalidad que parecía no acabarse nunca, una risa... irresistible, sólo con oírla le daban ganas de reír también a ella; era increíble, pero solo en siete días era como si sólo existiera aquella cala y aquella chica para ella. Cada vez que la veía se sentía la chica más feliz del mundo, su piel se estremecía al más mínimo roce, sentía una especie de cosquilleo desquiciante por las caderas que le subía hasta la garganta, hasta la boca y su ansias y se mezclaba con esa otra sensación, más profunda y dolorosa, que encogía su alma dentro del pecho. Por las noches sólo soñaba con estar con ella, con saber que ella también estaba en sus sueños, que de alguna forma también le pertenecían, soñaba con confundirse con su ropa y susurrarle interminables palabras de amor para sentirla derritiéndose en sus brazos como ella se derretía al imaginarlo.

Era... intentaba encontrar la palabra que pudiera describirla, cogió el papel y escribió: ¿... como un rayo de sol reflejado en un rayo de luna, como la espuma del mar que te salpica y te llega al corazón?. Se quedó pensativa. Se llevó una mano a la cara frotándola lenta pero fuertemente; no, no. ¿Se había enamorado?... Deseaba acercarse a su oído y girar de improviso hacia su cuello, aspirar su aroma, besarla... Ayy... no, te has enamorado Lucía, te has enamorado y no es sólo este cielo, esta playa, este verano. Es tu chica. Es...

Pero no pudo terminar la frase, se echó a llorar con la cabeza entre las piernas y el alma en cada lágrima.
Se levantó y se dejó hundir en sí misma con Sinead O'Connor, Nothing compares you llenaba todo el vacío que las paredes retenían. Llevó una mano al cristal mientras contemplaba el atardecer poniéndose contra el azur salino y una palabra brotaba cálida y serena de sus labios: Eva. En ese momento se abrió la puerta. El farero se quedó mirando sin entender la escena que se escondía a sus ojos; los misterios de la juventud, pensó, se acercó a su sobrina con cariño, ese cariño natural, algo torpe y amable que caracteriza a los marinos en tierra, gente de pocas palabras y manos que se tienden, dadas.

- Como pongas la música tan alta no vas a escuchar cuando la cena esté lista y se te enfriará.
Apartó su rostro de la ventana y le dedicó la mejor sonrisa que pudo reunir.
- Lo siento, tío.

Era un hombre sin hijos, su mujer hacía tiempo que descansaba en un lugar desde donde sólo se podían ver las margaritas y los hinojos silvestres, pero reconocía lo que había detrás de aquellos ojos marrones, con aquel brillo inconfundible.

- Lucía ¿de verdad que estás a gusto aquí?
- Tío, me encanta esto, es... genial, de verdad.
- ¿Entonces qué es?
- Nada, no es nada. Sólo... nada.

Se encogió de hombros.

- Nada.

Sus ojos decían una verdad muy distinta; era todo, todo, estaba enamorada,
perdidamente enamorada de aquellos rizos pelirrojos que soñaba acariciar una
y otra vez.

Manuel le plantó un sonoro beso en la mejilla y se encaminó hacia la puerta.

- ¿Sabes? me recuerdas a tu madre... eres igual que ella, tan melancólica,
tan lejana con esa expresión soñadora... Ella también tenía esa mirada,
siempre me recordó en brillo que tiene el metal del ancla cuando está bajo
el agua. Era capaz de conseguir cualquier cosa que se propusiera, sabía que
sólo ella podía encontrar su puerto.

No vuelvas muy tarde esta noche, tienes que ayudarme a encender el faro, Eva
tiene el día libre.

- ¿Qué?
- Que Eva tiene el día libre así que tienes que quedarte tú.
- Ah. Vale. Si, estaré a las 12.
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Re: Hasta el amanecer, fedco

Mensaje  malena el Septiembre 25th 2012, 3:38 pm

CAPITULO III

Sus reflejos se perdían varios nudos hacia el horizonte, en las puntas de la marea picada había chispas que se confundían con estrellas que se hubieran cansado de dormir el cosmos y quisieran jugar un rato con los enamorados para regalarse compitiendo con la luna. A lo lejos se solían ver los cargueros regresando a puerto, los grandes barcos de pasajeros, con sus tres pisos de camarotes y sus enormes chimeneas, puntos luminosos en la oscuridad bañados por el haz fugaz del faro y devueltos a la realidad unos instantes, justo cuando creías saber lo que estabas viendo, como en el amor, entonces la madrugada volvía a dejar caer su velo y el candil de la imaginación volvía a encenderse. A Eva le gustaba adivinar si la barca pesquera que echaba sus redes en la claridad de la luna despejada era la de su padre. Desde pequeña había vivido allí, respirando entre pescadores, redes, aprendiendo las señales en morse de los faros y creciendo entre algas y caracolas; muchas noches miraba a Lucía preguntándose si se quedaría lo suficiente para ver si le terminaba gustando tanto como a ella, o no.

Bajaron por el camino entre las rocas, con cuidado de no resbalarse, hasta la arena. Hacía un sol cegador esa mañana, Lucía hizo una visera con las manos y gritó:

- ¿Es aquí?

- Siii, espera, ya casi estamos, ahhh... esto está ardiendo, joer... ahh... tú te vas a quedar ciega pero yo me estoy quemando los pies...
-
Very Happy...

- No le veo la gracia... - los brazos puestos en jarras le daban un aire irresistible para la risa de Lucía que echó un vistazo a su alrededor tratando de contenerse -.

- No parece que venga mucha gente por aquí - recogió una concha del suelo - está demasiado limpio, sin huellas ni señales del paso de vida turística.

- Ven, mira, es aquí. ¿Qué te parece?

La cala se abría hasta una zona con cuevas en las rocas y aguas transparentes, tanto como Lucía nunca imaginó que pudieran existir, se perfilaban los tonos rojos que el coral daba a las zonas que no estaban cubiertas de algas, la fina arena submarina surcada de pececillos y tranquilidad.

- Mmmm... es precioso. Es un sitio ideal...tranquilo, apartado, en buena compañía.

- Si, yo tampoco me quejo de la compañía - guiñó un ojo al tiempo que la salpicaba de agua - Voy a dentro ¿vienes?

- Si, ya voy.

- Vaaale.

Lucía se empezó a quitar la camiseta mientras intentaba desabrocharse los pantalones y dar saltitos sobre la arena para no quemarse ella también los pies, todo a la vez. También pensaba, corriendo hacia el rompeolas: Hoy, aquí, es el día, es el sitio ideal. Si... ¿lo entenderá? - un escalofrío recorrió su cuerpo al entrar en contacto con el agua - ... ayy... Dios... ¿realmente lo entenderá?... en todo el tiempo que llevo aquí no he salido con ningún chico, aparte de la sonrisa de turno en la presentación de turno no he dicho palabra, incluso creo que alguna vez me ha visto mirarla... Si, no le des más vueltas Lucía, está decidido, lo decidiste ayer oyendo a Ismael, la ciudad parece un mundo cuando se ama a un habitante recuerdas?... Si, pero eso fue ayer, jeje.

- Pero bueno, qué seria te has puesto - Eva la miraba divertida - ¿Sabes que estas más guapa cuando pones esa cara?

- Very Happy... qué dices. Anda, te hecho una carrera, vamos!!

Cuando volvieron a la orilla el cansancio se notaba en sus movimientos, habían dado la vuelta a toda la cala y habían buceado hasta la entrada de una cueva. Lucía tenía una caracola en la mano y le daba vueltas.

- ¿Sabes? en Madrid nunca vi una de éstas como no fuera de plástico, jamás pensé que esto fuera a gustarme tanto, el lugar, la gente... tú - una media sonrisa le iluminó la cara - Al principio no quería venir, era mucho lo que dejaba atrás, mis amigos, mi familia... alguien a quien no quería dejar allí y olvidar, ahora veo que habría sido un error, aquí he encontrado...

- Espera, Lucía, antes de que sigas quiero contarte algo, algo que no sabes. Por eso te he traído a este lugar, es... es importante para mí, mucho. Y creo que debes saberlo.
Desconcertada, Lucía asintió con la cabeza. No puede ser que lo haya adivinado... ahora me dice que ya lo sabe y me muero, me muero aquí mismo delante de ella.

- En estas dos semanas que llevas aquí lo he pasado genial, han sido... especiales, siento que si ahora mismo te fueras de aquí, tu padre decidiera cambiar de lugar, esto, esta playa, yo... ninguno volveríamos a ser como antes. Por eso quiero ser sincera contigo, sé que vas a entender lo que te diga... y - ahogó una risita - me hace ilusión que así sea, que sea a ti a quien se lo diga.

Tragó saliva y le sonrió también, el pelo en los brazos se le había puesto de punta, el corazón le latía a cien por hora, pensaba que como no hablara pronto tendrían que reanimarla.

- Claro, dime

- Lucía... yo... soy lesbiana. Y estoy enamorada de alguien. Y por favor no te desmayes aquí.

- Eva... - las palabras yo también luchaban por salir de su boca pero se le atragantaban en los labios -.

- Bien, sigues ahí, uff... Lucía, Lucía, ¿conoces a Marta? la chica de la panadería... tal vez... tal vez empecemos a salir.
De repente supo lo que se sentía cuando se le helaba a una la sangre, así, de golpe, de hecho antes de pensar que ojalá se la tragara la tierra llegó a preguntarse si la temperatura no habría bajado al menos 20 grados.

- Lucía ¿hola?... - esa media sonrisa que le daba ese atractivo tan irresistible - ¿lo entiendes, verdad? por eso los chicos del pueblo sólo querían conocerte a ti, tú eres guapa, y simpática, y conmigo lo tienen todo perdido. A Marta tampoco la dejan... es increíble que se haya fijado en mi. Bien, parece que te vas recobrando, en un par de días, con dos pastillas de esto y tres de aquello se encontrará totalmente restablecida, señorita, Very Happy - fue un alivio reírse de nuevo - En serio, quería decírtelo porque eres mi amiga, la mejor que tengo y que he tenido.

- Gracias.

Tenía un nudo en la garganta, quería escapar, llorar, tirarse encima de la cama y olvidar que allí fuera había algo llamado mundo, quería gritar al aire porqué narices se sentía tan imbécil.

- Sabes que puedes contarme lo que quieras... y lo entiendo, el amor no depende del sexo de la otra persona, es del alma de quien nos enamoramos.

Eva respiró profundamente, su cara estaba radiante de alivio.
-
Siii... muacksss - le estampó un beso en la mejilla - ¿qué hora es?, tengo que ir a mi casa, ost... nos vemos esta tarde!

Y echó a correr como si le persiguiera alguien.

- Si - notaba el calor y la humedad del beso en la mejilla- si... corre, oh Dios.


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Re: Hasta el amanecer, fedco

Mensaje  malena el Septiembre 25th 2012, 3:41 pm

CAPITULO IV

- Estás muy seria, Lucía. ¿No te han llegado las cartas del novio?

- Vale ya, Luis. Déjala - dudó un instante - ¿estás bien Lucía?

- Si, estupendamente Marta - encima es amable, pensó Lucía consternada, y guapa, tiene buen gusto.

- Ehhh!... anda que esperáis.

- Very Happy... César, para variar, como nunca el último. Ya nos íbamos, sabes?

- Joer, Eva, si es que nunca me decís a donde vais hasta que ya estáis en camino, así no hay forma.

- ¿Pero tú has mirado hoy el almanaque, tonto? Dime qué día es hoy.

- ¿Hoy? pues...

- San Juan. San Juan!!...

Lucía no pudo evitar ver la mirada cómplice que unió por un momento los ojos de Eva y Marta.

- Ostias, es verdad.

- Claroo, hombre, nos vamos de hogueras, ¿verdad que sí Lucía? Lucía... ¿Lucía?... tierra llamando a Lucía, tierra...

- Si, Luis, claro. Es lo más bonito de San Juan ¿no?. Las hogueras, sólo que este año no tengo libros ni apuntes que quemar - esbozó una mueca irónica -.

- ¿Tú nunca has visto las hogueras en la playa, verdad?
Parecía que a Marta le había caído simpática, era increíble lo que hablaba en una tarde esa niña, y cada roce ¿casual? que le daba a la pierna o al brazo de Eva se le clavaba en el alma.

- Esta noche las verás, ella - señalando a Eva - lo tiene todo preparado, su padre le ha dado algunas redes viejas y él - señalando a César - traerá trast... digo muebles viejos de su casa... Va a ser una noche única.

Otra vez la mirada. Lucía se alejó ligeramente del grupo y empezó a caminar hacia la acera que estaba más cerca del mar.

- Lucía ¿dónde vas?

- Déjala, ya se le pasará, parece que necesita aire.

- ¿Y tú qué sabes de mujeres César? Eh, Lucía, Lucía!

- Este Luis... - Marta pensativa se giró hacia Eva - tú que la conoces mejor que nadie ve, anda, y quítale a ese pesao de encima.

El fuego sobre el mar era tan perfecto que alguien podía haber pensado que las llamas le estaban haciendo el amor a las olas; las ramas y los muebles crepitaban compitiendo con el rumor de la espuma que venía a morir a la orilla, las chispas saltaban jugando con el aire que llamaba a la brisa del sur para gritar al viento, al mundo, a las estrellas, que ellos eran los jóvenes, los de las miradas fugaces, los de la vida en un puño, y lo sabían. Aquellas llamas sólo propagaban una verdad, el presente es tuyo ¿puedes sentirlo?

- ¿Quién me ha pedido un Martini? - gritaba César a pleno pulmón.

- Yo! Y dame otro para Jesús

- Que sean dos.

- A ver cómo suena esto... - Marta fue a agarrar a Eva de la cintura.

"¿Yo quiero bailar, toda la noche...?"

El calor de las hogueras se iba uniendo, poco a poco, con el de la gente del pueblo que llegaba, bailando, saltando, besándose...

Lucía consintió en bailar con Luis que ya no sabía qué hacer para llamar su atención.

- SEEE QUE CUANDO LLEGA EL CALOR LOS CHICOS SE ENAMORAN... ES LA BRISA Y EL SOLLLL... ACÉRCATE, VEN, MI DESEO TE CONFESAREEEEEE...

- Luis!! Que va a llover...Very Happy...

- Ayy... si es que no me entienden, Lucía... YO QUIERO BAILAR T... ¿Dónde está Marta? ¿no estaba antes aquí?

- No... no sé, la última vez que la vi estaba poniendo música con Eva.

- Búscala, anda, que ya casi son las 12 y tú te conoces la zona y donde suele ir Eva.

- Ummm...

- Andaaa... como no vayas pronto empezaré a comerte a besos.

- Estás loco...

- Si, loco por ti.

- Very Happy... anda, voy. Además, va a llover.

Consiguió soltarse de él y esquivar a dos o tres parejas que corrían al mar. Pasó junto a las últimas hogueras y se le ocurrió ir hasta la casa de Eva. Las luces estaban apagadas, a través de los cristales sólo se veía oscuridad adivinándose las siluetas de los muebles, la puerta también estaba cerrada. ¿Dónde se habrán metido?, pensó, se acercó a la esquina que quedaba oculta a la playa de cara a las rocas, mientas volvía la esquina un pensamiento fugazmente inquietante cruzó su mente ¿qué estaba haciendo ella allí?... Recorrió la pared blanca con la mano, manchándose de cal, y se quedó parada de golpe. Eva tenía cogida a Marta por la cintura y ésta pasaba los brazos sobre su cuello a la vez que la besaba profunda y firmemente.

Lucía se sintió morir. Nada que hubiera visto se le habría afilado tanto en el alma como aquello, quería irse, echar a correr de allí inmediatamente, pero tenía los pies clavados al suelo y los ojos fijos en los labios entreabiertos de Eva.
Como si presintiera algo abrió los ojos, inconscientemente aumentó la presión sobre las caderas de Marta de forma que ésta, extrañada, también abrió los ojos separándose un poco de ella.

- ¿Qué...?

No quería hogueras, no quería baños a medianoche, sólo quería que la lluvia que caía sobre sus hombros se fundiera con sus lágrimas, así sabrían menos a sal, menos a sí mismas. Había dejado de correr, caminaba sin rumbo fijo, sentía como si dentro de ella se hubiera roto algo, una ilusión, una esperanza. No podía quitarse aquella imagen de la cabeza, había soñado tantas veces esa misma escena con ellas dos, sintiendo los labios de Eva sobre los suyos, sus manos recorriendo su cuerpo, sus contornos, sus curvas... sintiendo la pasión que ahora la ahogaba brotando de su boca a la suya, llenando sus sentidos del deseo que la volvía loca. La llave le temblaba en los dedos, las gotas empapaban la acera y la cerradura se le escapaba una y otra vez, cerró los ojos contra la puerta y asió fuertemente el picaporte mientras volvía a intentarlo. Chas, el chasquido la introdujo en las sombras de la casa que dijeron adiós a las luces de la calle. Se sentó de cara a la ventana, a lo lejos se escuchaba I need you tonight de INXS; ¿por qué? Se preguntó, ¿por qué?... Dios, la quería, la quería con toda su alma, sería capaz de dar la vida por ella... quería morirse, quería vivir para enamorarla, la odiaba por no darse cuenta de nada, la amaba por ser el amor de su vida. Las últimas gotas de lluvia mojaron los cristales, hacían reflejos a la luz de la luna, ¿pensará en mí alguna vez?... las 12 en el reloj sonaron, había salido el arco iris, creyó en la magia, aquella noche creyó, después de todo, en la magia, elevó sus sueños allí donde los deseos se confunden con el azul del cielo y creyó en el poder de la fe; miró al arco iris y se quedó un rato así, la mirada en las estrellas, el alma en los labios.

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Re: Hasta el amanecer, fedco

Mensaje  malena el Septiembre 25th 2012, 3:45 pm

CAPITULO V

Dejó el bolígrafo y guardó la carta en el cajón, su tío la llamaba.

- Lucía ¿ya estás aquí?, mira, sube al faro y si ves a Eva le dices que te ayude a cambiar la lente, ésta está ya demasiado rota.

- De acuerdo tío.

- Y anima esa cara mujer, que es verano.

- Very Happy... claro, dentro del faro hace fresquito, quién lo diría.

Los peldaños eran silenciosos, casi no se oían las pisadas a pesar del eco de las paredes, la barandilla, recién pintada lucía un brillo a nuevo dentro de todos aquellos años que el tiempo había tejido en telarañas en el techo. Arriba estaba Eva.

- Hola

- Hola

- Te fuiste sin decir nada

- ........

- Saliste corriendo... no lo entiendo.

- ... no lo hagas. - una gaviota se sumergía en el mar picado - Sería que me agobié un poco... pero ya te digo que no tienes que entenderlo.

- No; pero somos amigas ¿verdad?, si Luis se puso pesadito...

- No fue Luis.

- Es así, dice lo primero que le viene a la cabeza, se entusiasma el solito pero es buena gente.

- Ya te digo que no es por él.

- ¿Entonces por qué es?

- Por nada.

- Ahh... nací ayer ¿sabes?

- ¿Qué quieres que te diga? Me sentía mal y me fui a mi casa, la fiesta siguió y todos hicimos lo que queríamos hacer. No sé por qué le das tantas vueltas, no sé por qué buscas cosas donde no las hay... que yo sepa tampoco fue una pérdida tan irreparable.

- ¿Qué busco cosas donde no las hay?... joer, Lucía, no fui yo quien desapareció echando leches como si fuera visto un fantasma, eso es decir las cosas como son y al pan pan y al vino vino como decía mi abuela... Very Happy... Además de que me estás hablando como si yo tuviera la culpa de algo.

- Pues entonces déjame, déjalo, ya está ¿no?... estoy algo borde, lo sé. Lo sé. - se pasó una mano por el pelo -.

- Si, pues tú lo sabrás porque yo no me entero de nada. Primero coges, te pones a bailar con él y todos nos lo estamos pasando tan bien, vienes, me buscas, nos ves a Marta y a mi y te vas dejándonos allí alucinadas a las dos - negó con la cabeza - me parece que allí en Madrid nos os enseñan mucho sentido común.

- Ya

- Ya... (suspiró) bueno, ¿bajaras luego a la playa o tampoco?

- Ja... si claro, bajaré luego. Nos vemos.

- Vale.

- Eva

- ¿Qué?

- ...no, nada.

- Entonces hasta luego.

- Hasta luego.

Al atardecer le decían crepúsculo, a Almería la ciudad de la luz. La arena reflejaba el sol en cada poro, ahora ya perdiéndose por el oeste entre nubes rojas por el viento que haría al día siguiente y juegos de colores verde y azules. Lucía sentada encima de su camiseta levantaba de vez en cuando la mirada, el lápiz en sus manos se movía rápidamente dejando trazos como sirenas y claroscuros como velas. No oyó a Eva hasta que se sentó a su lado y sin decir nada se quedó pensativa mirando la acuarela del horizonte y después su dibujo.

- Es precioso, no sabía que también pintabas, eres toda una artista.

- Gracias. Pero no soy yo, es este paisaje que te llega... te recuerda a esos dibujos fantásticos con castillos y atardeceres interminables, interminablemente rojos, interminablemente llenos.

- Yo nunca supe dibujar tan bien, llevo toda mi vida aquí desde que era una cría y nunca lo miré así pero tu has llegado y lo has llenado de poesía.

- Very Happy... gracias; si, la verdad es que es precioso.

- Pero no es lo único bonito que hay aquí - lo dijo de una forma especial, nunca la había mirado como lo hacía en aquel momento, era casi como si estuviera a medio camino entre ese lugar y una esquina de su imaginación que sólo ella veía -.

Lucía firmó el dibujo, echó un último vistazo y se lo tendió.

- Así siempre tendrás un recuerdo mío.

Hizo un ademán de cogerlo, justo antes de levantar la mano la dejó quieta y bajó los ojos, parecía que estuviera hablando consigo misma. Se había hecho silencio, las olas lamían eternas la playa con ellas dos solas, dos sirenas encontradas por la suerte de algún destino despistado. Levantó la mirada y cuando lo hizo sus ojos tenían un brillo especial, distinto, cogió el lápiz y mordiéndolo suavemente dijo:

- Píntame. Píntame a mí.

- ¿A ti?... no es lo mismo un retrato que un paisaje.

- No te pido un retrato, quiero decir, no quiero una foto o algo así. Quiero que me pintes, que me pintes como tú me ves, aquí, en esta playa, ahora. Quiero guardar este momento de tu mano.

- Mmmm... está bien. Ponte ahí, si ahí. Quédate... quédate mirando al mar, así, muy bien. No, relájate, quédate con la mirada perdida... si... Dios, qué guapa eres.

Eva sonrió halagada, esto es lo más cercano a acariciarla que haré nunca, pensó Lucía, es casi como si el lápiz la acariciara en el papel, la cara, el cuerpo, los labios... uff, estoy a punto de derretir la punta.

Empezó a trazar los contornos suavemente, situar la perspectiva le llevó un par de minutos junto con pensar cómo pondría la luz. Soslayó por encima los tonos del mar y el perfil de Eva, cuando comenzó a dibujarla la mano le temblaba un poco. Perfiló sus hombros, la línea de su espalda, la curva de su pecho, la silueta de sus piernas cruzadas... a cada línea que surcaba el papel, a cada mirada que levantaba, notaba como se iba sintiendo llena de una calidez que era mitad nerviosismo y mitad sencilla satisfacción. No era la primera vez que se detenía a mirarla en profundidad pero sí la primera que lo hacía sabiendo que ella lo sabía; esa sensación era... pero no tenía palabras para expresarlo, estaba al borde entre seguir callada y acercarse a ella y besarla interminablemente, tan profundamente que le llegara al corazón y al alma. Sentía una creciente excitación de todos sus sentidos que le llevaba a flotar en esos instantes que quería que no terminaran nunca y a la vez que se estiraran lo suficiente para cogerla de la mano y hacer realidad su sueño.
Terminó el dibujo, lo volvió a firmar y escribió algo detrás, se levantó y se lo tendió por segunda vez.

- Espero que este si lo guardes contigo.

- A v... Lucía, es genial... - se puso de pie y le dio un beso en la mejilla - Gracias, te prometo que nunca olvidaré este verano, esto es especial para mí... porque tú también lo eres.

- Oh... espera a ver la dedicatoria, Very Happy... pero tú eres mil veces más guapa de lo que ningún dibujo puede mostrar... tú sí que eres inolvidable. Y na, que me tengo que ir ya... mi tío llevará dos horas buscándome por todo el pueblo, Very Happy. Me dijo que fuera antes de que anocheciera a ayudarle con no se qué y mira que hora es... Hasta luego.

Sin darle tiempo a contestarle se fue hacia las tablas que cruzaban la arena, cuando estuvo segura de que no podía verla se llevó una mano a la mejilla... me ha besado, pensó, me ha besado.

Eva siguió con la vista a Lucía hasta que ésta desapareció y entonces dio la vuelta a la hoja.

"Para la sirena en tierra que una noche me enseñó que las estrellas más bonitas son las de sus ojos. Aquí está mi alma, en este mar, en estos trazos... Eterna como tu mirada en mi corazón.
Lucía"

Abrió la boca para decir algo, miró hacia donde se había ido y sin pensarlo acarició su letra. Un pensamiento se elevó a la noche, un pensamiento que era el suspiro enamorado que deseaba que sus sueños se hicieran realidad, que aquello que llevaba tanto tiempo sintiendo no fuera una locura, y que aquello que sus dedos recorrían, fueran algo más que palabras.
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Re: Hasta el amanecer, fedco

Mensaje  malena el Septiembre 25th 2012, 3:48 pm

CAPITULO VI

- No te entiendo, de verdad que no te entiendo ¿y sabes qué? no me gusta nada no entenderte.
Marta la miraba echando chispas por los ojos, la voz quebrada por los nervios; tenía en la mano derecha un cigarro, el penúltimo del paquete, al que no paraba de dar vueltas sin decidirse a encenderlo.

- No me quieres.

- Marta, déjame exp...

- No, Eva, déjame que te lo explique yo a ti, desde que llegó has cambiado, no me preguntes cómo pero lo has hecho, y yo me enamoré de alguien que no le tiraba los tejos a ninguna madrileña.

- De qué me estás hablando.

- Ya te lo he dicho no me quieres, y ahora creo que nunca lo hiciste, si me quisieras ni siquiera te habrías planteado la respuesta.

- Marta por favor, sabes que ha sido un mes genial, lo sabes; pero... no, no puedes pedirme eso, no... y si, esa es mi respuesta, este no es el momento de que me vaya a vivir contigo. Lo siento.

- ¿Por qué? ¿eh? Dime por qué... se supone que lo soy todo para ti, se supone que sólo piensas en mi, se supone que yo soy tu novia y no ella, joder, y a veces piensas más en ella que en mi. Si no es ahora el momento dime entonces cuál es, no tienes obligaciones, no tienes nada que te ate aquí que no puedas tener allí, en la capital, conmigo... ¿no te importa estar allí conmigo? ¿dormir junto a mí?... Manuel ahora la tiene a ella pero creo que eso es precisamente lo que no quieres perder.

- Tal vez... tal vez haya más cosas que me aten de las que yo creía, ¿y tu? ¿por qué no esperas?

- ¿Qué espere a qué? ¿a que te declares y te diga que si y me dejes?

- ¿Y si crees eso por qué no me dejas tú? Porque Marta, me haces preguntas que no sé contestar.

- Por qué no te dices a ti misma la verdad de una vez, por qué no me la dices a mi.

- ¿Qué verdad? Siempre te he dicho la verdad.

- Que la quieres, que estás enamorada de ella, que no te atreves a estarlo porque ella no es lesbiana, que no tienes el valor suficiente para aceptarlo.

Eva no sabía qué decir, tal vez todo lo que se podía haber dicho lo acababa de decir ella. Porqué no acababa de aceptar que su amor por Lucía era imposible... quizás lo mejor fuera acabar con esa situación, al menos así nadie sufriría mas que ella... pero no podía, no podía dejar de pensar en ella.

- Dímelo Eva, dímelo, dime que no la quieres.

La miró a los ojos, la miró largamente y hizo un gesto de asentimiento para sí misma con la cabeza.

- No puedo.

- Lo sabía.

- Es mejor que lo dejemos, es mejor... era eso lo que querías oír ¿verdad?... lo siento, lo siento Marta, lo siento. Es mi puta manía de perseguir imposibles... lo siento.

- Eres la persona por la que hubiera dado todo, pero como tú dices ya lo he oído. Ahora sólo me queda una cosa por hacer antes de irme.

Y dicho esto se dirigió a la playa.

- Marta!!...

Lucía estaba en el sitio donde esperaba encontrarla.

- Hola Marta, ¿qu...

Paf!! sin mediar palabra le pegó un tortazo en la cara.

- ¿Te has vuelto loca? - dijo llevándose una mano a la mejilla dolorida - ¿se puede saber que coño te pasa?

- Pregúntaselo a ella, seguro que te lo sabe explicar muy bien.

- Lucía! ¿estás bien?

- Si, ¿qué ha pasado? ¿por qué narices me pegas? - volvió a girarse hacia Marta.

- Mañana me voy, me voy a la capital, me voy y ella se queda, aquí, contigo.

- ¿Quéee...?

- Según ella tiene la puta manía de ir detrás de imposibles... y también la puta manía de olvidarse de decirlo.

- Mira, no sé de qué me estás hablando pero no le hables así ¿me oyes?, y menos tú.

- Ja... no sabes lo que dices.

- Sé lo que digo, no tienes derecho.

- Te duele que sea yo quien controle la situación por primera vez desde que llegaste.

- Me duele que te escondas en ella para pegarme a mí. Hazlo, repítelo, vamos, pero no la metas.

- Lucía, tu no entiendes... - Eva no sabía si seguir hablando o quedarse callada, no sabía cuánto tiempo soportaría aquella situación, la que hasta hace 10 minutos era su novia frente a su amor imposible y ella en medio. Hubiera querido gritar, apartar a la una y besar a la otra; pero de momento seguía de pie, mirando la escena que nunca pudo imaginar -.

- Claro, precisamente ése es el problema, que no entiendes. Pero yo me voy, aquí os quedáis. Agur.
Empezó a dar media vuelta pero la sujetó por un brazo.- Déjame.

- No.

- Suéltame.

- No.

- ¿Por qué, por qué lo haces? ¿por qué coño la defiendes? si no fuera por ella yo no habría venido aquí esta tarde.

- Si, es verdad Lucía, toda la culpa de lo que os pasa a las dos es mía, toda... yo... ojalá pudiera explicártelo.
Lucía soltó a Marta, se apartó ligeramente de las dos y después de echar un vistazo a su derecha miró fijamente a los ojos de Eva.

- Porque te quiero. Porque te quiero con toda mi alma. Y se fue por el camino que salía de la playa hacia la carretera.
Eva echó a correr detrás suyo dejando a Marta cruzada de brazos, totalmente ausente; era como si aquellas palabras acabaran de despertarla de un sueño.

- Lucía!!!... Lucía!

Casi al borde de caerse la alcanzó y con fuerza la hizo darse la vuelta comprobando que lloraba igual que ella.

- Lucía... oh Dios, Lucía... - empezó a tocarle los brazos, a acariciarle la cara en una mezcla de pasión desesperada y infinita ternura, a acercarse hasta que sus respiraciones fueron la misma al compás de sus dos cuerpos pegados - Te quiero, te quiero, te quiero...

Lucía le pasó los brazos por las espalda hasta la cintura y empezó a cubrirle el cuello de besos, breves, apasionados, intensos... subiendo por su piel como la lluvia encendida por el fuego, llenando su mejilla, sus ojos, la comisura de su boca de cálidos besos en torrente... cerró los ojos y cuando unió sus labios a los suyos sintió que algo de su alma subía hasta el cielo, interminablemente profundo, interminablemente azul, sujeto por esa magia que sólo tiene los sueños cuando al fin se cumplen, su lengua, sus labios, su saliva, dejaron de pertenecer a sus propios cuerpos para llegarles en un único deseo a un único corazón. En aquel momento sólo existió el amor, Eva y Lucía.
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Re: Hasta el amanecer, fedco

Mensaje  malena el Septiembre 25th 2012, 3:49 pm

CAPITULO VII

Los días pasaban rápidos, Agosto asomó entre los tejados del pueblo y las noches empezaron a alargarse mientras las tardes tenían un color dorado y las paredes acababan de blanquearse. Lucía y Eva no se separaban ni un instante, las calles silenciosas del pueblo las veían cogerse de la mano, las olas del mar las sumergían en besos y en caricias, en tardes enteras tumbadas contra la arena, en lugares apartados abrazándose, pensando a cada minuto en su sonrisa, en su pelo, mirándose, mirándose sin palabras y escogiendo tantos te quieros como estrellas. En medio de la noche la pregunta surgió, libre, en un susurro: ¿quieres hacer el amor conmigo?, la respuesta fue un beso largo e intenso y una mirada brillante y soñadora; si. Y subieron al faro, entre la oscuridad callada y las luces lejanas se desvistieron, se abrazaron y se tumbaron, una sobre la otra, las dos en un sólo cuerpo y un sólo sentimiento. Se amaron y sintieron que aquellas manos, aquella piel serían eternas y que estaban elevando en sus almas, en sus gemidos, algo que ni el tiempo podría cambiar porque en sus ojos, los unos dentro de los otros, habían creído en un sueño, habían creído que podrían hacerlo realidad. Se habían convertido en ángeles.

-------------------------

Eva se levantó, sus lágrimas se habían perdido con la marea y el recuerdo, tan cerca y a la vez tan lejos, le dolía en todos los rincones, en todas las emociones que podía sentir su corazón. Recordaba a Lucía diciéndole que su padre había perdido el trabajo y que se marchaban a Alicante, palabras que aún sonaban en su cabeza.

- No me olvidarás ¿verdad?, no me olvidarás.

- No, claro que no, Lucía, Lucía, te amo.

- Vendré, volveré, te lo prometo; conseguiré dinero y me quedaré contigo.

- Te esperaría toda la vida si hiciera falta.

- Te quiero, Eva.

- Te amo.

Todavía sentía sus besos... Suspiró. No habían pasado ni 7 días y ya la echaba insoportablemente de menos, sabía que no podía vivir sin ella, esa era la verdad más grande que había poseído jamás.
Echó a andar hacia su casa cuando una voz la llamó.

- Eva.

- .......Lucía!!!

Se abrazaron y pensó que debía estar soñando, dormida, en su cama, o haberse vuelto loca porque aquello no podía ser posible.

- ¿Qué h....?

- No, no podía, no. Le he dicho la verdad a mi padre, no podía irme porque te quiero, porque mi vida está aquí contigo, no podía dejarte. Mi vida eres tú.

- No me lo puedo creer ¿se lo has dicho?..... y te quedas... Lucía, Lucía, amor....

- Te quiero Eva, te amo...y nada, nada de este mundo podría separarme de ti.

Se volvieron a abrazar y por aquel beso, pensó Eva, valía toda su vida, toda la que había vivido y la que viviría con ella. Había algo capaz de cambiar el destino, pensó, el amor.

Y se alejaron por la playa, con la luna a la espalda reflejándose en el mar hasta el amanecer.

FIN
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Re: Hasta el amanecer, fedco

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