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Amor accidental - B. L. Miller

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Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 9th 2012, 4:18 pm

Título Original: Accidental Love

Autora: B.L Miller

Derechos de autor: B.L.Miller 1998

Capítulo 1

Rose Grayson se subió el cierre de la sudadera azul marino y cubrió la cabeza con la capucha. El cordón que debía mantenerla en su sitio había desaparecido mucho antes de que la comprara en el almacén de descuento. No tenía duda de que la primera ráfaga del frío viento penetrante la sacaría de su cabeza pero por el momento, esto era lo único que podía hacer. Observó la intensa iluminación del estacionamiento del Money Slasher, el supermercado en el que trabajaba a media jornada.Tenía esperanzas de conseguir estar a tiempo completo a estas alturas, pero con la economía de la manera que estaba, los trabajos a tiempo completo eran difíciles de obtener. El loco horario que le asignaron le hacía imposible conseguir otro trabajo de media jornada para completar el salario y además no podía correr el riesgo de dejarlo. Había tardado semanas en conseguir ese trabajo en los almacenes de Albany.

Como el meteorólogo había pronosticado, los pequeños copos empezaron a caer cuando comenzó su turno. Ahora estaba soplando una fuerte ventisca y había caído al menos un pie de nieve. Rose bajó la mirada a sus raídas zapatilla de tenis y gimió. Ésta era la peor parte de tener el trabajo a dos millas de su apartamento. La larga caminata a casa garantizaba que sus pies ´quedarían congelados, por no mencionar el resto de su cuerpo. A veces era bastante afortunada cuando conseguía que Kim, la encargada del almacén, la llevara a casa pero no esta noche Kim habia terminado su turno hacia una hora y de ninguna manera Rose le hubiera pedido que la esperara. Respiró profundamente, metió su cabello rubio rojizo dentro de la capucha, doblándola hacía adelante, y salió al implacable clima.



*****



Verónica Cartwright echó un vistazo a su reloj con diamantes por décima vez en una hora. De todas las miserables noches tenía que hacer una aparición en Sam's, la casa del marisco que hacía también de lugar para las reuniones sociales de los ricos y poderosos de Albany. Cualquier noche uno podría ir allí y ver al gobernador, a senadores de estado, y gente común que deseaba gastar cientos de dólares en una cena. El maitre sabía quién era quién y los sentaba como correspondía. Nunca sentaria a alguien como Verónica, quien encabezaba una de las más grandes familias que poseía corporaciones en el área, cerca de alguien quien incluso no poseía su propia casa. A Verónica no le gustaba ir allí, a pesar del prestigio mundial de su cocina. Esta noche, sin embargo, tuvo poca alternativa. Mark Grace, el Zoning Board of Appeals Commisioner, peleaba una petición de cambio de zona y había acudido a ella para alisar sus arrugadas plumas y para conseguir que la negociación pujara. Sus primos llevaban una pequeña ramificación de la corporación familiar, Cartwright Car Washes. Era un negocio pequeño, en términos de los ingresos que traía a la familia, pero enorme a los ojos del público, especialmente con los treinta túneles de lavado de autos sobre el área y los numerosos anuncios de televisión. "Consiga su auto lavado adecuadamente en Cartwrights" era un muy acertado slogan, y hacía mucho tiempo, financieramente hablando, que el nombre de los varones de la familia era una noticia de casa. John y Frank, los primos a cargo del servicio de lavados de autos, deseaban construir uno nuevo en la esquina de Lake y State Streets. Era una primordial localización en un área predominantemente residencial. Incluso querían, por ahora, comprar la parte de la esquina del almacén que había estado previamente allí y las casas adyacentes en espera de conseguir la transición. Ahora el comisionado Grace estaba cuestionando la destrucción de tres "magníficos antiguos edificios" de Albany para poner otro "estúpido auto lavado". Las reuniones y negociaciones no funcionaron, ofertas de grandes donaciones cívicas no funcionaron, incluso los sobornos fallaron. Y cuando los hermanos habían agotado todas sus ideas y aún no podían dominarlo, acudieron a Verónica para poner las cosas correctas. El comisionado saltó en la oportunidad de encontrarse con una de las mujeres más elegibles de la ciudad e insistió en cenar esa noche.

Así que como resultado ella tuvo que salir de su agradable hogar en medio de una de las peores ventiscas golpeando la ciudad desde hacia años, para venir y cenar con el comisionado para que les autorizara la transición. Era una situación para negociar y Verónica estaba acostumbrada a esto. El único problema era que Grace quería más que buena voluntad de la belleza de cabello oscuro que dirigía Cartwright Corporation. Debido a su insistencia en que ellos se encontraran esa noche, no había habido oportunidad de hacer la reserva de mesa. Para casi cualquier persona, habría significado no entrar a la prestigiosa casa de la ostra. Pero para Verónica, el maitre los colocó en el bar, mientras desesperadamente intentaba encontrar un lugar para la presidente de Cartwright Corporation y su invitado. Durante la espera, la mujer de azules ojos sufría teniendo que escuchar los clamores poco recortados de un hombre que le decía todo sobre sus títulos y lo inteligente que él era y cómo ella debería realmente considerar pasar más tiempo con el. La única parte buena de la noche había sido el constante rellenar de su copa de vino con el más fino de la cosecha por parte del camarero. Por lo menos había podido gozar de un buen vino mientras le escuchaba.

Ahora una hora y media más tarde, estaban sentados en su mesa, tomando una cena que fue servida apenas pocos minutos antes.

"Verónica... usted sabe ese es un nombre tan bonito. Un nombre bonito para una bella dama," Mark extendió su tenedor para robar un pedazo de langosta de su plato. "No entiendo por qué usted cree que un área con tal clase y belleza necesita un autolavado. ¿Puede usted imaginar todo el tráfico que atravesaría por allí? Interrumpiendo a la gente mientras ellos están durmiendo, disturbándolos con todo el fuerte ruido que esas máquinas hacen." Su tenedor encontró otro pedazo de langosta, el resto de la cola. "Seguramente usted no desearía uno de esos justo al lado de su puerta, ¿no es así?"

Los azules ojos se deslumbraron en la mejor parte de su langosta que hacía su camino dentro de la boca de alguien más. Había sido cortés y agradable toda la noche y ahora era tiempo de enseñar al pequeño hombre una lección. Limpió sus labios con la servilleta de lino.

"El autolavado está únicamente abierto de ocho de la mañana a diez de la noche. Estoy segura que a nadie se le despertará y se le estará molestando, y si usted roba un pedazo más de comida de mi plato yo voy a apuñalar su mano con este tenedor, ¿me explico claramente?" Dijo llanamente mientras que llevaba la copa de vino a sus labios. "Ahora usted y yo, ambos sabemos que en esas calles hay mucho tráfico, y seguro que a los residentes les gustará la idea de que un autolavado llegue a su área, y esto también significa diez trabajos más a la comunidad. ¿Qué piensa que sucedería en las próximas elecciones si apoyamos a los Demócratas y les damos esta pequeña pieza de información? ¿Qué bueno sería su nombramiento si el nuevo alcalde decide limpiar la casa?"

"Ahora usted está justo exhalando humo, Srta. Cartwright," él dijo, recostándose y encendiendo un cigarro. Fumar por supuesto estaba prohibido en esa sección del restaurante pero Mark creía que su posición lo ponía por encima de lo que él consideraba era una tonta ley. "Los Cartwrights siempre han apoyado a los republicanos, todo el mundo lo sabe." Él tomó otra calada de su cigarrillo, el humo cosquilleó la nariz de Verónica.

¿"De verdad?" Ella vació su copa y la posó en el mantel de lino de la mesa, reprimiendo una sonrisa en el pensamiento de la bomba que estaba a punto de poner en el desgraciado comisionado. "Déjeme decirle algo, Sr. Grace. Los Cartwrights han financiado a más de un demócrata durante años y ahora que yo estoy a cargo, hay más cada vez." Sus azules ojos taladraron en los de el cuando se inclinó y tomó el cigarro de su mano, hundiéndolo profundamente en su cangrejo relleno. "Ésta transición no significa nada para mí excepto conseguir a mis primos fuera de mi espalda. Su posición no significa nada para mí. Pagaría cientos de miles en la siguiente elección si significara sacarlo de la oficina y poner a alguien que viera que el trabajo es más importante que el poder de representar, así que usted necesita tomar una decisión. Puede ser el buen individuo que trajo diez trabajos para el área o puede ser el idiota que consiguió ser votado para salir de la oficina, la decisión es suya." Verónica había ya determinando que pronto habría un nuevo comisionado. "Creo que esta reunión terminó. Espero que haya disfrutado mi cena." En su sobresaltada mirada agregó, "¿Qué? ¿Usted pensó iba a tener suerte esta noche, Sr. Grace?" Sus ojos le miraron rápidamente una vez. "Lo siento. No duermo con perros. Nunca se sabe cuándo pueden tener pulgas." Recogió su maletín y salió en grandes pasos, dejando al enojado pero arrinconado comisionado con sólo una difícil posición y la cuenta.



*****



Última edición por mariona el Septiembre 9th 2012, 4:41 pm, editado 1 vez
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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 9th 2012, 4:44 pm

Rose cruzó la calle y entró en el parque Washington, un gigantesco lugar en el centro de la ciudad. El parque estaba cerrado al oscurecer cada noche debido al crimen y al crucero que pasaba por allí. Normalmente Rose lo habría rodeado pero eso significaba seis cuadras adicionales fuera de su camino y con el alarido del viento y el agresivo frío, la ruta más directa a casa era necesaria. En las cinco cuadras de camino del supermercado al borde del parque, las orejas de Rose estaban rojas como la remolacha por el frío y su nariz había comenzado ya a moquear. No podía sentir los dedos de sus pies y los bolsillos de su sudadera no hacían nada para proteger sus dedos. Decidiendo que la falta de huellas en la nieve y la temperatura bajo cero era seguro, Rose caminó fatigosamente más allá de la enorme estatua de Moses que marcaba la entrada y la nieve cubría la señal que advertía contra estar en el parque en la noche. El feroz viento se negaba en permitirle mantener su capucha puesta y su cabello hasta los hombros ondeaba libremente sobre su cara. Su cuerpo temblaba ferozmente y todo en lo que ella podía pensar era llegar a casa y hundirse en un agradable baño caliente. Estaba a medio camino a través del parque y dentro de la vista de Madison Avenue cuando los oyó acercarse, sus rápidas pisadas cruzando la nieve bajo sus pies.

"Bien bien bien, ¿qué tenemos aquí?" Giró su cabeza para ver como cuatro hombres se le acercaban rápidamente, no corrian pero asegurándose de caminar muy rápido.

"Vamos dulzura, tenemos algo detente ya."

"Sí, ¿por qué no vienes a una fiesta con nosotros?"

El intenso frío hacía que sus piernas se sintieran como el plomo pero la idea de ser pillada a la mitad del oscuro parque por los cuatro hombres ponía nueva vida en sus pasos. Intentó ignorarlos y continuar en su camino pero los hombres continuaron siguiéndola.

"Vamos perra, deja a Danny tener algo de diversión," el más cercano dijo, provocando que el corazón de Rose comenzara a palpitar con dolorosa fuerza en su pecho. Tenía que salir de allí y tenía que salir de allí ahora mismo. Comenzó a correr, más que tropezando, a través de la nieve hacia las brillantes luces de Madison Avenue.

Verónica despreocupada atravesaba las luces de la durmiente ciudad, en medio del camino el Porshe se deslizaba sobre en la nieve. No era que alguien más estuviera alrededor a esas horas. Pasó de la calle Lark sin pensarlo y maldijo en voz alta. Ahora tendría que ir todo el camino más allá del parque cruzándolo para coger la siguiente calle. No viendo ningún auto delante, pisó el pedal de su Porche 911 y lo lanzó a toda velocidad. Iba demasiado rápido por la calle cubierta de nieve, especialmente dado que no parecía que los quitanieves hubieran pasado recientemente, pero le daba igual. No era que tuviera que parar pronto en algún momento y todavía estaba bajo el límite fijado, aunque definitivamente más rápidamente que las condiciones de las calles dictaban. El cruce siguiente estaba por lo menos a media milla. De repente un destello de azul y oro apareció delante de ella, una figura salió corriendo de entre los automóviles estacionados. Verónica colocó ambos pies en los frenos y dio un tirón duramente al volante hacia la izquierda pero no hubo tiempo. La nieve no le dio ninguna tracción y un escalofriante silencio llenó el aire mientras vió como el frente bajo del Porsche golpeaba al peatón y lanzaba a la indefensa persona contra el parabrisas. El auto deportivo rojo finalmente se detuvo varios autos más adelante y el cuerpo desecho cayó de la capota sobre el suelo cubierto de nieve. Durante varios segundos Verónica no pudo hacer nada sino agarrar el volante y mirar fijamente la telaraña que ahora constituía su parabrisas, mientras que su corazón palpitaba con fuerza despiadada. La realidad de lo que había sucedido finalmente penetró en su mente y con las manos temblorosas abrió la puerta. Echó un vistazo rápidamente por si había algún testigo pero a las 12:30 a.m., pero era martes por la noche y todo el mundo estaba en cama. Nunca vio a la pandilla de criminales que habían estado persiguiendo a la víctima darse la vuelta y escabullirse nuevamente dentro de la oscuridad del parque.

La sangre estaba ya comenzando a juntarse en el suelo debajo del cuerpo, aunque el extremo frío hacía el flujo mucho menor que el que pudiera normalmente haber sido. Verónica se arrodilló junto a la desplomada forma y con su mano enguantada giró a la víctima al otro lado. Jadeó cuando vio la maltratada cara de una joven mujer. "Oh mi dios." Un destello verde justo en el borde de su visión causó que la mujer de cabello oscuro girara y buscara. Era el reflejo de un semáforo. Echó un vistazo sobre el cruce Avenida New Sclotand. Estaba solamente a tres calles del centro médico. Abrió rápidamente la puerta del pasajero y tiró de la palanca que reclinaba el asiento. Verónica sabía que la mejor cosa era intentar inmovilizar a la mujer pero no había alguna manera que pudiera hacer eso en ese momento y el charco de sangre estaba continuamente creciendo. El hospital estaba demasiado cerca para pensar en llamar a una ambulancia y perder preciados minutos. La decisión fue tomada, Verónica deslizó sus brazos debajo de los hombros de la inconsciente mujer y la arrastró al coche. Menos de un minuto más tarde estaban corriendo hacia el centro médico.

Mientras conducía marcó a "emergencia" un pensamiento se le ocurrió a la magnate corporativa. No sólo había estado corriendo velozmente y golpeado a esta mujer sino que si un policía decidía hacerle la prueba del alcoholímetro no habría manera alguna que pudiera pasarlo, no después de todo el vino que había consumido en Sam's solo un rato antes. Giró el auto a la derecha en el último momento y giró en el que era el espacio del estacionamiento de los cirujanos. En la oscuridad con solamente la parte trasera del Porche proyectándose, nadie la cuestionaría por que estaba estacionada allí. Salió del auto y caminó hacia la entrada de emergencias, intentando desesperadamente pensar en qué hacer. La respuesta vino a cuando distinguió una camilla colocada justo en el interior de las puertas de cristal. Verónica agarró la camilla y la empujó hacía su auto. Las horas pasadas en su gimnasio privado hicieron que levantara fácilmente a la inconsciente mujer arriba sobre la camilla. Durante la transferencia, una pequeña cartera deportiva cayó del bolsillo trasero de la víctima y aterrizó en suelo cubierto de nieve. Verónica la recogió, metiéndola en su chaqueta de piel, y corrió tan rápidamente como podía mientras empujaba la camilla hacía la entrada de emergencia.

"¡Necesito algo de ayuda aquí! ¡Esta mujer fue golpeada por un auto!" Gritó tan pronto como las puertas internas se deslizaron abriéndose. La enfermera a cargo y el interno de la noche corrieron al otro lado de la camilla para comenzar las pruebas.

"Tenemos lesiones múltiples, comprobaremos el tablero y veremos a quién llamar para OR." El rubio doctor dijo. Un recepcionista se fue inmediatamente a buscar al cirujano y llamar por ayuda mientras la enfermera comenzó a tomar la presión arterial de la inconsciente mujer. Apartándose del camino, Verónica miró con horror cuando el doctor cortó la chaqueta y las ropas de la joven mujer quitándolas de su cuerpo. Todo parecía estar cubierto con sangre, especialmente los pantalones. Un viejo doctor llegó al lugar, su cabello despeinado del sueño.

¿"Qué tenemos?"

"Golpe y fuga. Se compone de fracturas de ambas tibias y peronés, Doctor Maise", el joven doctor explicó. "Probables lesiones internas también. Quienquiera que la golpeó iba rápidamente."

"Haga que ellos preparen OR 2. El tipo de sangre y análisis para coincidir seis unidades de sangre y busquen a los doctores Gannon y Marks para operar." El resto de la conversación fue perdida por Verónica cuando puso las manos en sus bolsillos y sintió la fría cartera metida adentro. Abrió la delgada cartera, sorprendida en la carencia del contenido. No había fotos, ninguna tarjeta de crédito, incluso ninguna licencia de conductor. Una tarjeta azul de la biblioteca identificaba a la víctima como Rose Grayson y decía su dirección como calle Morris. Una tarjeta de Seguridad Social y una tarjeta de una cuenta en efectivo de Money Slasher eran las únicas otras partes de su identificación. Abrió el compartimiento del velcro adentro y encontró dos boletos de autobús, una llave de casa, y doce centavos. No había nada más. Bien, por lo menos tenían un nombre y dirección para avisar, pensó mientras caminó hacía el escritorio de la enfermera a cargo. Cuando se acercó, oyó a dos mujeres detrás del escritorio hablando.

"Parece una indigente para mí. Regístrala como Jane Doe... Déjame ver..." Arrastró los papeles sobre el escritorio. "... número 77. Una vez que ella esté fuera de peligro la trasladaran al Memorial de todos modos."

"Disculpe," Verónica interrumpió. "Ella fue golpeada por un auto y gravemente lesionada. ¿Por qué ellos la trasladarán a otro hospital?"

"Mire Srta", dijo la enfermera a cargo, que en su placa simplemente se leía señora Garrison. "Este hospital está por mandato del estado de New York para proporcionar todo al que venga aquí que necesite asistencia médica urgentemente. Una vez que no corran peligro de morir por sus lesiones, tenemos que trasladarlos a otro hospital que no han llenado su requerimientos para los indigentes."

¿"Requerimientos para los indigentes?"

"Nosotros estamos requeridos a proporcionar el cuidado completo para cierto número de indigentes, en no estimar el costo de cada año. Ya hemos cubierto este requisito. Es obvio que ella no tiene dinero y muy probablemente ningún seguro. Ahora la están llevando a cirugía, intervención quirúrgica que probablemente nunca pagará. Este hospital no funciona solo de buenas intenciones. Si no tiene capacidad para pagar, será trasladada al Memorial. No han cumplido sus obligaciones este año."

La mujer de cabello oscuro entendía las implicaciones... si no se tenía ningún seguro, no permanecería en el mejor centro médico de la región. "Pero ella tiene seguro," Verónica dejó escapar, su decisión tomada. "Quiero decir... la conozco. Es empleada mía."

¿"Ella tiene seguro?" La enfermera Garrison preguntó incrédula. "Srta., estamos a veinte bajo cero allí afuera con el viento helado. Estaba corriendo por ahí con una primaveral chaqueta que parecía que fue tomada de la basura. El fraude del seguro es un crimen en Nueva York. ¿Dónde está su tarjeta del seguro?"

"No, estoy diciéndole a usted que ella tiene seguro. Mire," Verónica metió su mano dentro de su chaqueta y sacó su pequeña cartera de tarjetas de visita. "Soy Verónica Cartwright, presidenta y CEO de Cartwright Corporation." Rápidamente bajó la mirada a la tarjeta de la biblioteca en su mano. "La Srta. Grayson acaba de comenzar a trabajar para nosotros. No ha habido tiempo para que ellos expidan su tarjeta pero juro que ella tiene seguro a través de mi compañía. ¿Ahora hay algún formulario o algo que tenga que firmar para autorizar esto?"

Ahora se daba cuenta que pudo haber incurrido en una equivocación, la enfermera a cargo dio marcha atrás. Ella estiró su brazo y agarró uno de varios sujetapapeles ya instalados con una pluma inmovible y formas múltiples. "Llene las secciones del uno al diez dentro de sus posibilidades. ¿Usted sabe como entrar en contacto con sus familiares?"

"Uh, no... estoy segura que la información está en la oficina en alguna parte. Puedo llamar para eso mañana."

"Bien." La enfermera volteó para dirigirse a su compañera de trabajo. "Cambia la tabla para Jane Doe77. Su nombre es..." Miró de nuevo a la alta mujer inquisidoramente.

"Rose Grayson."

"Rose Grayson," la enfermera Garrison repitió, como si la enfermera más joven no lo hubiera oído la primera vez.

Verónica se alejó del escritorio de recepción y se desplomó en una de las sillas de vinilo anaranjadas para completar la poca información que sabía e instalarse para la larga espera.

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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 9th 2012, 4:45 pm

Durante las tres horas de cirugía Verónica estaba muy preocupada. No había tenido noticias de la joven mujer que había golpeado y la falta de conocimiento ponía los nervios de la ejecutiva en el borde. ¿Y si murió? Verónica se estremeció en el pensamiento. Entonces otro pensamiento llegó a su mente. La luz del día llegaría pronto y el daño obvio en el frente de su auto sería evidente. Evidentemente significaría preguntas, preguntas que no quería contestar. Caminó al teléfono público. La mujer que siempre concedía favores ahora necesitaba uno. Verónica marcó el familiar número. En el tercer timbrazo, una voz masculina llena de sueño contestó. "Tú, es mejor que tengas una buena razón de mierda para despertarme."

"Frank, soy Ronnie."

¿"Ronnie?" El tono cambió inmediatamente. "Hey Cuz, ¿qué pasa?"

"Yo necesito..." tragó. "Necesito un favor."

"¿Tu conseguiste que ese idiota concediera la transición?"

"Eso está en la bolsa. Escucha Frank, esto es importante." Oyó el sonido de un encendedor cuando su primo encendió un cigarro en un intento de despertarse completamente. "Necesito que vengas a recoger mi auto y me dejes otro."

"¿Desde cuando me convertí en tu servicio privado de remolque de coches?"

"Desde que tuve que pasar una noche afianzando tu trasero saliendo con esa imbécil de Grace," gruñó. "Está en el estacionamiento de emergencias en el Centro Médico de Albany. Coloca el otro auto en el estacionamiento general y tráeme las llaves a la sala de espera de emergencias. Frank, tienes que hacer esto ahora. No puedo esperar hasta mañana." Sabía que el costo de pedir el favor compensaría mucho el actual favor pero a veces era justo la manera que debía ser. Por lo menos sabía a quién avisar cuando necesitaba hacer algo discretamente. Su primo preferido no era nada si no cuidadoso.

"¿Sala de emergencias? Ronnie, ¿tu estás bien?"

"Calma, Frank. Despertarás a Agnes. Sí, estoy muy bien, solo muy conmocionada." Miró en su reloj. "Realmente necesito que vengas aquí y te lleves el auto."

"Está tu auto manejable o lo envolviste alrededor de un árbol?"

"El parabrisas y el frente están echo añicos. Tu mejor lo conduces un par de calles y después lo pones en una grúa."

"Caramba, no pides mucho, ¿no es así? Sabes que tendré que conseguir a John para ayudarme? No puedo conducir una grúa y un auto de repuesto."

"Pon el repuesto en la grúa, entonces no necesitarás otro conductor, solo haz esto ahora." Colgó y volvió a la silla que había estado haciendo su trasero incómodo por las últimas tres horas. Recogió la revista del cuarto mes de People y había justo empezado a hojearla cuando el Doctor Maise entró en el cuarto.

"Grayson. ¿Hay alguien aquí para Grayson?" Él preguntó en voz alta, aunque Verónica era la única persona en el cuarto.

"Aquí." Se levantó rápidamente. "¿Cómo está ella?"

"Tan bien como puede estar en su estado, supongo. Está descansando ahora. ¿Es usted familiar?"

"Uh... no, soy su jefa."

"Oh... ¿pudo usted ponerse en contacto con su familia ya?"

"No todavía. Mi secretaria está trabajando en eso," mintió. "¿Cómo está?"

"Bien, ambas piernas estaban seriamente fracturadas y había una muy fina fractura en su cráneo, muy probablemente al golpearse con el coche. Con excepción de raspones y un corte profundo en su cara que requirió varias puntadas, no había mucho más. Ninguna lesión interna de todos modos. Ella vivirá, pero pasará un buen tiempo antes de que pueda volver a trabajar, estoy seguro." Él se quitó sus lentes y los limpió con la esquina de su chaqueta. "Diría que probablemente unos tres meses para que las piernas se curen, entonces quizá tres a seis meses de terapia física."

"Oh Dios." Verónica se sentó nuevamente, incapaz de creer que en una fracción de segundo le había arruinado la vida a alguien más por quién sabe cuanto tiempo.

"¿Usted vio el accidente?" Él preguntó, sacándola de sus pensamientos.

"Uh, no, yo no," dijo, rogando que Frank no se hubiera quedado dormido y estuviera en camino con la grúa y un auto de repuesto.

"Bien, quienquiera que haya sido golpeó a esa pobre chica duramente. Probablemente algún borracho que incluso probablemente ni se dio cuenta que la golpeó."

"Probablemente," repitió.

"Bien, si usted me disculpa, necesito ir a vigilarla." Él salió de la sala de espera. Lo vió alejarse, entonces se hundió nuevamente en la silla anaranjada. La mujer, Rose, viviría. Suspiró aliviada por eso, pero la culpabilidad todavía pesaba fuertemente sobre ella. En un breve momento había destruído las piernas de la joven mujer, en su mente posiblemente la Srta. Grayson quedara lisiada de por vida.

*****

El cielo seguía estando oscuro cuando Verónica cerró los ojos, el cansancio amenazaba reclamarla. Minutos más tarde ellos se abrieron otra vez cuando su nariz fue atacada por el olor de lejos de demasiada colonia barata. "Cuz."

"Hola Frank," dijo con cansancio cuando él se sentó en el asiento a su lado. "¿Te ocupaste de eso?"

"Todo hecho," dijo orgullosamente, extendiéndole un juego de llaves. "Mazda Azul. Tercer nivel, placas del distribuidor. No hay perdida."

"Gracias."

"Seguro. Siempre feliz de hacerle un favor a mi prima preferida." Sonrió, mostrando los dientes que eran demasiado blancos para ser verdaderos. "Y bien, ¿qué hiciste? ¿Golpeaste a alguien?"

"¡Cállate!" Susurró apretando los dientes, sorprendida de la cantidad de estupidez que su primo parecía poseer.

"Lo siento." Levantó sus manos en un apaciguador gesto. "Caramba, ¿es tú tiempo del mes o algo así?"

"Gracias por ocuparte de eso, Frank. Ahora hazme un favor y asegurarte de que el Porsche sea llevado a mi casa. Colócalo en el garaje. Haré que Hans vaya y lo arregle."

"No entiendo por qué no lo llevas, podrías tener a Michael trabajando en el. Sabes que es él propietario..."

"Michael posee una representación de Toyota. Trabaja en autos de veinte y treinta mil dólares, no Porsches. Hans es el mejor mecánico que conozco. Solo asegúrate de que esté puesto en el garaje, fuera de la vista. Mueve el jeep si necesitas el lugar."

"Bien," suspiró, sabiendo que nunca ganaría la discusión. Echó un vistazo por algo que ocupaba su interés.

"¿Qué es?" Cuestionó, mirándolo mordazmente y entonces a la puerta.

"Tu no vas a decirme por qué estás aquí o por qué tu auto está todo destrozado, ¿no es así?"

"Frank, lo que sucedió a mi auto o por qué estoy aquí, es mi asunto, justo como donde todos los beneficios del autolavado vayan es tu negocio. ¿Lo entiendes?"

"Lo entiendo." Sabía que era mejor mear lejos de su prima, sabiendo perfectamente bien cómo de volátil ella podía ser a veces. Se levantó. "Sabes mi número si necesitas algo."

"Sip." Abrió la revista People y miró a través de las páginas, eficazmente despidiéndolo. Esperó hasta que salió por la puerta antes de dirigirse a la estación de enfermeras a preguntar sobre la condición de la joven mujer.

*****

Verónica salió al deprimente gris de otro día. La nieve había parado y ahora las calles estaban llenas de gente que intentaba una forma de pasar a través de la nieve congelada. Metió la mano en su bolsillo y sacó la tarjeta de la biblioteca. Morris Street. Intentó imaginar donde estaba la calle en referencia al hospital. Seguro que no estaba lejos y que podría encontrarla sin un mapa, Verónica se dirigió hacia el garaje de varios niveles del estacionamiento.

El pequeño auto azul estaba estacionado justo donde Frank había dicho que estaría. La mujer de cabello oscuro lanzó su maletín en el asiento del pasajero y dobló su largo cuerpo dentro del pequeño espacio del asiento del conductor, agachándose hasta que encontró la palanca que permitió que empujara el asiento atrás de modo que sus rodillas no besaran su barbilla. Tuvo que girar la llave varias veces antes de que el 323 pudiera chisporrotear a la vida. Verónica bombeó la gasolina en varias ocasiones hasta que el viejo auto parecía dispuesto a continuar por el mismo. "Frank, tu hijo de perra," juró que le daría una paliza como excusa por el vehículo, lentamente lo sacó del estacionamiento y lo dirigió hacía la rampa.

Verónica tomó a la izquierda del garaje del estacionamiento y condujo sobre la avenida New Scotland hacia el parque. Condujo dos calles antes de que la señal de la calle que estaba buscando apareciera. Como pensó, Morris Street era de un solo sentido, por supuesto en la dirección contraria del camino que quería ir. Un rápido giro sobre Madison y otro en Knox la puso en el otro extremo de la calle y finalmente pudo subir por la estrecha calle.

Morris Street fue una vez el hogar para doctores y familias ricas pero hacía mucho que había cambiado a una calle conocida únicamente por los esporádicos conductores que pasaban de largo y las cucarachas que algo más. Las casas estaban abarrotadas firmemente juntas, normalmente con menos de un pie entre ellas. Verónica aparcó sobre el único espacio abierto que encontró, no haciendo caso de la salida contra incendios rojo que estaba prominentemente situado sobre la rota acera. Verónica agarró su maletín del asiento al lado y salió del auto. Brevemente pensó en cerrar el montón estropeado pero decidió que no valía la pena el esfuerzo. Si un ladrón quería luchar con la cosa estúpida para conseguir que funcionara, eso estaba bien para ella. Subió sobre el banco de nieve y echó un vistazo al el número de la casa. A la mayoría de los edificios les faltaba uno o ambos dígitos pero finalmente encontró el lugar que Rose Grayson llamaba hogar.

Verónica subió los desvencijados y resbaladizos escalónes hasta que llegó al exterior de la puerta que conducía al primer y segundo piso de apartamentos. Una mirada a los tres buzones montados en la pared mostró que Rose vivía en el apartamento del sótano. Sacó del pequeño buzón de correo las cartas que había y dio un paso atrás sobre la plataforma. Maldiciendo en el pensamiento de bajar las escaleras cubiertas de nieve otra vez, la mujer de cabello oscuro puso la enguantada mano sobre el inestable metal del pasamanos y lentamente regresó al nivel de la calle. Debajo de las escaleras encontró una puerta que la mayoría de su pintura había desaparecido. Una pequeña tarjeta pegada al cristal decía simplemente "Grayson". Verónica golpeó varias veces pero no recibió respuesta. Quizás la joven mujer vivía sola. Metiendo la mano en su bolsillo, sacó la llave de la gastada cartera deportiva y la introdujo en la cerradura montada adentro en la manija de la puerta. Tomó algunos intentos pero finalmente la cerradura giró, permitiéndole a la ejecutiva entrar al pequeño apartamento.

Decir que Rose vivía en miserable pobreza habría sido amable. El primer cuarto en el que Verónica entró era muy probablemente la sala, aunque nadie habría sabido de los muebles. Una silla de jardín a la que le faltaban varias tiras estaba colocada en el centro del cuarto, libros marcados "Albany Public Library" apilados junto a esta. Ése era el alcance del mobiliario. Ni un solo cuadro o póster colgaba en las paredes. No era que una docena de cuadros hubiera hecho la diferencia. El yeso viejo, desmigajado había desaparecido en varios lugares, mostrando las secas salidas tablillas debajo. El techo estaba en un estado similar de deterioro. Las manchas amarillentas por el agua formaban accidentados círculos y en varios lugares este cedía visiblemente. Verónica dudó que pasara mucho tiempo antes de que el techo comenzara a derrumbarse. El apartamento estaba extremadamente frío y una rápida comprobación del termóstato demostró por qué. El polvo se había colocado en el marcador, indicando que la temperatura no había sido cambiada en bastantes horas. Fue establecido en treinta pero con las ráfagas que venían de las viejas ventanas el cuarto se sentía más como diez. Dejó su maletín en la desvencijada silla, entonces metió la mano en su bolsillo y sacó las dos cartas que había tomado del buzón de Rose. La primera era nada más que propaganda postal anunciando que si el número ganador igualaba con el que estaba en el sobre que "Inscrito a Grayson" sería el ganador de once millones de dólares. La otra carta era un sobre amarillo de la compañía de luz. Aunque sabía que no debía, Verónica deslizó una muy manicurada uña bajo la esquina y la abrió. Como había sospechado, era un aviso de desconexión. La metió en la parte trasera de su bolsillo y se dirigió hacia el dormitorio, esperando encontrar una agenda de direcciones o algo que indicara a quién debería avisar que la joven mujer estaba en el hospital.

El dormitorio era justo tan revelador como la sala. Una pequeña cama estaba empujada contra la pared y una silla plegada servía como un improvisado tocador. Un par de jeans que hacía mucho habían visto sus mejores días e igualmente desgastadas sudaderas componían el pequeño apilado de ropas junto con algunos pares de calcetines que parecían más como queso suizo que calzado. Una minuciosa búsqueda, no que esto tomara mucho esfuerzo, faltaba revelar alguna agenda de direcciones u otros artículos personales. Ni una carta de un amigo, ninguna fotografía, nada que indicara que Rose conocía a alguien... o que alguien conocía a Rose.

El cuarto de baño fue solo otra deprimente parada en el recorrido de Verónica. El botiquín contenía un casi vacío tubo de desodorante y un aplastado tubo de pasta dental, ambos luciendo el nombre de la marca de Money Slasher. Dos tampones situados en el mueble del retrete junto con un rollo medio vacío de papel de baño. Una gastada toalla estaba cubierta sobre el borde de la tina y tres pares de ropa interior hecha andrajos colgaban sobre el tubo de la ducha. "¿Cómo lo haces tu para vivir así?" Preguntó en voz alta mientras giraba dejando el pequeño cuarto de baño. Mientras lo hacía, notó el único artículo que previamente había pasado por alto antes. Encajonado entre la tina y la pared una pequeña caja arenera. "Bien por lo menos no estás sola." Como si hubiera oído la frase, un anaranjado y blanco gatito de no más de cuatro meses vino corriendo al cuarto de baño, maullando bastante fuerte para anunciar su presencia. "Hola allí."

"¡Mrrow!" Verónica se inclinó para acariciarlo pero el gato salió hacia la cocina. "Ven aquí. No voy a lastimarte."

"¡Mrrow!" El gato permaneció en la entrada de la cocina, negándose a acercarse. "Bien, será de esa manera, veremos si te doy algo." Pasó al lado del gatito y entró a la cocina, deseando rápidamente que no lo hubiera hecho.

La cocina era un viejo modelo de gas que probablemente fue bastante eficiente en los tiempos de su abuela. Una pequeña sartén para freír y una cafetera situados encima mientras una bien usada lamina para galletas yacía dentro del horno. Abrió un cajón y dio un paso atrás cuando varias cucarachas corrieron alrededor, intentando furtivamente regresar dentro de la oscuridad. Cerró el cajón rápidamente, pero no antes de notar el único juego de cubiertos que este contenía. El refrigerador contenía una botella de leche de plástico que había sido llenada con agua, la mitad de un frasco de mayonesa, una barra de margarina, y una casi vacía botella de ketchup. Cuando Verónica alcanzó la puerta del armario, sus piernas fueron rápidamente rodeadas por el ansioso gato.

"Meow, meow, ¿mrrrow?" Efectivamente, el armario tenía dentro una caja medio vacía de comida para gatos de Money Slasher y una caja de macarrones. "Mrrow, ¿meow?"

"Ok, Ok, entendí la indirecta," dijo, sacando la caja. El anaranjado y blanco gato correteaba sobre su tazón, esperando sin demasiada paciencia que la alta humana le diera de comer. "¿Cuánto comen los gatos de tu tamaño, pues?"

"¿Mrrow?"

"No importa." Sirvió el seco alimento en el tazón hasta que llegó al borde. "Aquí tienes, eso debe entretenerte por un rato." Miró el cuenco del agua. "Supongo que quieres un poco de agua también, ¿su majestad?" El gato estaba demasiado ocupado comiendo abajo para responder. Verónica llevó el cuenco al fregadero y tiró la restante agua antes de girar el grifo. Un horrible sonido vino de las tuberías y rápidamente lo cerró. "Parece que tu conseguiste el agua del refrigerador." Dejó el cuenco en el piso al lado del tazón de la comida y estaba a punto de continuar su búsqueda cuando oyó golpes en la puerta.

"Grayson, sé que estás allí adentro. Te oí abrir el agua." Una enojada voz en el otro lado de la puerta gritaba. "¡Es el tercero ya y quiero mi puto dinero del alquiler ahora!" Golpeó otra vez. "Maldición, estoy enfermo de tu lloriqueo sobre tu minúsculo cheque. Si tu no puedes permitirte este lugar entonces tu nunca debiste haberte mudado aquí... ¡Maldición pedazo de basura!"

La puerta fue abierta de golpe para revelar a un corpulento hombre que apestaba a alcohol a pesar de la hora temprana de la mañana. "¿Quién mierda es usted? Le dije a ella que los compañeros de cuarto costaban extra."

"¿Cuánto le debe ella?" Verónica preguntó, intentando muy difícilmente mantener su mal humor controlado.

"Cuatrocientos cincuenta. Seiscientos si descubro que está viviendo aquí también," gruñó. "¿Y quién mierda es usted?"

Verónica no contestó, en lugar de eso fue a la silla y revolvió su maletín hasta que encontró su chequera.

"¿Cuál es su nombre?"

"¿Qué le pasa a usted?"

"Si usted quiere que sea pagada la renta, necesito un nombre para endosarlo en el cheque... ¿o puedo yo solo poner la palabra estúpido pedazo de burro?"

"No tomo cheques de mierda. Ellos siempre botan."

"Garantizo que éste no botará. Déme su nombre."

"Cecil Romano, pero no aceptaré ningún cheque de mierda."

"¿Ha oído de Cartwright Corporation?" Preguntó mientras llenaba varias partes del cheque.

"Por supuesto, ¿y quién no?"

"Bien, Soy Verónica Cartwright. Este cheque es de mi cuenta personal. Si usted quiere su dinero de la renta yo le sugiero tomar este." Entregó el cheque. Cecil lo miró cuidadosamente, seguro que era un engaño.

"Necesito la identificación."

"Bien. ¿A usted le gustaría ver mi licencia de manejo o alguna importante tarjeta de crédito?" Preguntó, alcanzando el maletín y sacando su cartera. En ese momento el anaranjado y blanco gatito decidió salir y ver que era todo ese escándalo.

"¿Qué mierda es eso?"

"A mi me parece un gato. Dígame, ¿es usted capaz de formar una oración completa sin la palabra mierda en ella?"

"Le dije a ella no mascotas. No mascotas significa ninguna mascota de mierda. No mascotas, no compañeros de cuarto, no... quienquiera que usted mierda sea." Dobló el cheque y lo guardó en su bolsillo. "He tenido suficiente. Ella perrea acerca de todo desde el pequeño ruido en las tuberías, en la falta de pintura en las paredes y ahora esto. Cuando usted vea a la pequeña perra le dice que la quiero fuera de aquí antes del fin de semana. Ella y esa pulgosa cosa peluda pueden ir a vivir al banco de nieve no me importa."

"Bien. Veré que sus cosas sean sacadas de aquí inmediatamente. ¿Supongo que usted es el propietario de la vieja cocina y refrigerador de hace cientos de años?"

"Maldita sea claro que soy el propietario. Soy el propietario de esa cama en la que ella duerme también. Estaba supuestamente queriéndomela comprar por cincuenta dólares pero no la he visto todavía."

"Bien, ahora usted no ganará. Usted puede conservarla." Metió su cartera y chequera nuevamente dentro de su maletín. "¿Hay algo más o usted siente la necesidad de continuar asaltándome con su apestosa respiración?"

"No doy una mierda por usted, no puede venir a mi casa y hablarme de esa manera," gruño. "Solo asegúrese de que el lugar esté en las mismas condiciones que cuando ella se mudó o no conseguirá su garantía devuelta."

"Dudo que usted la regresaría de todos modos" Verónica contrarrestó. "Después de todo, usted es el epitome de un señor de los cuchitriles."

"Mejor toma a ese maldito gato con usted cuando se vaya o yo retorceré su cuello de mierda y lo tiraré en el banco de nieve." Salió dejando la puerta abierta, dejando que el frío aire se mezclara con el frío aire ya dentro del apartamento. "Y asegúrese de que ella reexpida su correo de mierda," gruñó cuando cerró de golpe la puerta.

Verónica volteó y frotó su frente.

"¿Meow?"

"Bien, supongo que tendré compañía por algunos días, ¿huh?" Dijo, sentándose en el vacío piso al lado del gato. "Quisiera saber tu nombre. Eso es mucho más fácil que llamarte 'gato' todo el tiempo."

"Mrrow," el gatito respondió, subiéndose en el regazo de la mujer de cabello oscuro. Verónica permitió que el ronroneante felino permaneciera por algunos minutos mientras intentaba pensar bien justo qué sucedió. Había solamente querido investigar a quién contactar para dejarles saber que Rose estaba lastimada y terminó por conseguir que echaran a la joven mujer de su casa. No que fuera mucho una pérdida, considerando las condiciones en las que vivía. No importa, decidió. Su primo Danielle, encargado de Cartwright Properties, lo solucionaría seguramente allí había un apartamento accesible disponible en el cual podrían poner a Rose. "Algo con paredes verdaderas," murmuró, mirando que el plato de comida era del tamaño del agujero en la pared opuesta. "Ok gato, hora de moverse." El gatito objetó ruidosamente pero finalmente accedió cuando la alta humana se levantó. "Vamos a conseguir juntar las cosas de tu mami y sacarte de aquí y meterte a algún lugar cálido."

Mover las pertenencia de Rose fue fácil, especialmente cuando Verónica decidió que las únicas cosas que tenían que salir del decrépito apartamento eran los libros de la biblioteca y el talonario de cheques que encontró en el cajón de la cocina. La gastada ropa, el inservible mueble... decidió que para cuatro cientos cincuenta dólares Cecil podría limpiarlo el mismo. Metió el talonario de cheques en su maletín los libros de la biblioteca bajo su brazo, y del gato dentro de su chaqueta, Verónica dejó el apartamento, no molestándose en cerrar la puerta.

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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 10th 2012, 1:28 pm

Rose abrió los ojos y miró alrededor, gimiendo de dolor y se dio cuenta de donde estaba. Una joven rubia enfermera levantó la mirada y sonrió. "Buenos días, Srta. Grayson. Mi nombre es Mary." Sacó un termómetro digital de su bolsillo, colocó una funda protectora sobre la punta, y la puso en la boca de Rose. "Usted tuvo un muy grave accidente." Envolvió el puño de la presión arterial alrededor de la parte superior del brazo de Rose y presionó su estetoscopio contra el interior del codo de la joven mujer. El termómetro pitó y Mary lo retiró comprobando la lectura. "Bien."

"Disculpe..." Rose inhaló agudamente mientras la enfermera hacía anotaciones en su tabla. Se sentía atontada pero asustada al mismo tiempo. "Qué... ¿qué sucedió?"

"Usted fue golpeada por un auto ayer por la noche. Fue muy afortunada que su jefa pasara cerca y la viera. Ella la trajo al hospital."

¿"Mi jefa? ¿Kim me encontró?"

"Oh, no sé su nombre, querida. No estaba aquí ayer por la noche. Trabajo en el turno de día." Cuidadosamente limpió la piel alrededor de la ordenada hilera de puntadas en la mejilla de Rose. "Usted estuvo en cirugía durante bastante tiempo y está en el cuarto de recuperación ahora mismo. Solo necesitamos asegurarnos de que esté estabilizada y entonces será llevada a su cuarto."

"¿Mis piernas?" Intentó incorporarse pero eso solamente sirvió para incrementar el intenso dolor que sentía en sus extremidades inferiores.

"Ambas piernas estaban quebradas. Los cirujanos trabajaron durante horas ayer por la noche colocando los huesos de nuevo en su lugar."

"Esto duele." Rose levantó su cabeza para ver el desolador blanco del yeso llenar las piernas.

"Le están dando algo para el dolor en su intravenoso," la enfermera dijo. "Le haré saber al doctor que usted está despierta."

En cuanto la enfermera salió del cuarto, Rose se echó a llorar. Su cara y costillas dolían pero no era nada comparada a la terrible agonía de como sus piernas estaban. Incluso no quería pensar en la cuenta del hospital, que sin duda aumentaba con cada hora que pasaba allí. Estiró su brazo para servirse una taza de agua de la jarra de plástico colocada al lado de la cama pero el movimiento causó tanto dolor que no pudo terminar su tarea. Lo que sea que le estaban dando para el dolor también le estaban haciendo sentir los miembros sumamente pesados y no tomó mucho tiempo para que Rose cayera nuevamente dentro de un inquieto sueño.

*****

Verónica tiró del Mazda dentro de su camino de entrada y lo estacionó al lado del garaje. Para su gran molestia, quitar la llave del encendido no apagó el motor. En su lugar el coche azul continuó chisporroteando y resoplando durante un minuto después finalmente murió. "Bien, Gato. Pienso que es seguro decir que el lugar siguiente que irá este pedazo de mierda será el deposito de chatarra."

"¿Mrrow?" El felino respondió cuando intentó subirse sobre el regazo de la alta mujer.

"No no no. Este no es tiempo para mimos." Metió al gato debajo de su brazo y abrió la puerta. "Vamos, veamos si Maria puede encontrar algo en la cocina para que tu comas."

Cuando salió del auto con el gato en remolque, Verónica echó un vistazo sobre sus tres autos en el garaje. La puerta estaba medio abierta y a través de la media luna de la ventana vio su Porsche. Silenciosamente agradeció a su primo Frank por ayudarle. El gato se retorció en su agarre. "Oh no tu no. No estaré recorriendo todo el vecindario en tu búsqueda."

Ronnie abrió la puerta deslizable y entró en la cocina. Una vez dentro puso al anaranjado y blanco gatito en el suelo. "¿María? ¿María estas aquí?" Las llaves del auto azul fueron lanzadas sobre la encimera.

"Estoy aquí," una voz desde la sala llamó.

"Tenemos compañía," Verónica dijo.

María era una vieja mujer trabajando en su trigésimo año con la familia Cartwright y era cercana y querida al corazón de Verónica. De mediana edad el cabello negro como azabache que tenía hace mucho tiempo le combinaba ahora con canas y se extendía a su regazo perfecto para que cada vez que llegara la joven niña viniera encima. Maria entró en la cocina. "No es bueno que estés fuera toda la noche, Ronnie," la regañó. "Si tu madre sabe..."

"No estaba fuera puteando por ahí, Maria," respondió, satisfecha con la impresionada reacción en la cara de la mujer mayor. Desabrochó su chaqueta y la lanzó sobre uno de los taburetes al lado de la plataforma de la cocina. "Tenemos algo aquí para alimentarlo?" Dijo señalando al gato.

"¿Mrrow?"

"¿Un gato?" Finalizó.

Maria bajó la mirada a los pies de Verónica para ver al anaranjado y blanco felino frotarse contra ella. "Oh mi. ¿Tu trajiste a casa un gato?"

"No es un permanente arreglo. Él únicamente estará aquí por algunos días mientras que su dueña está en el hospital."

El ama de llaves se agachó y tomó ahora al ronroneador felino. "Odio decirte, Ronnie, pero él es ella. ¿Cuál es su nombre?"

"No lo sé. Llámalo gato por ahora."

"Hola dulzura, que linda gatita eres," María la piropeó, sosteniendo al feliz animal en su amplio pecho. "¿Te gustaría un poco de atún?" Llevó el gato a la despensa y sacó una lata. "Hmm, ¿no te parece esto rico?"

"No creo que él, quiero decir ella alguna vez comiera atún antes. Creo que solamente come alimento seco."

"Oh... bien entonces." María puso la lata en la barra y dejó al gato suavemente en el suelo. "No es bueno llevarla directo de seco a enlatado. Sería bastante sabroso para ella. Puedo mezclarlos."

"No traje ninguno. Supongo que tendremos que conseguirle un poco de alimento."

"Bien, he hecho ya las compras esta semana pero si quieres saldré ahora. Puedo comenzar a hacer la comida cuando regrese." Limpió sus manos en su delantal y alcanzó sus tirantes.

"No, está bien. Saldré y traeré un poco de alimento para ella. Supongo que necesitamos una caja también."

"¿Cogiste un gato sin incluso conseguir una caja arenera? Ronnie, ¿qué es lo que voy a hacer contigo?"

"Bien, su caja estaba sucia y no estuve ni cerca de tocarla." Verónica protestó. "Mira, solo hazme una taza de café mientras tomo una ducha y me cambio. Luego saldré y compraré las cosas que el gato necesita."

"Te haré una lista. Conociéndote, conseguirás la caja y se te olvidará la arenera."

"Graciosa," vino la sarcástica respuesta, aunque de hecho ni habia pensado en conseguir otras cosas para ponerla salvo en la caja cama. "Regreso enseguida. Intenta mantener a la bola de pelos fuera del sofá y lejos de las antigüedades, ¿Ok?"

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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 10th 2012, 1:29 pm

El centro comercial estaba abarrotado para una tarde de miércoles y Verónica terminó estacionándose al final de una hilera. Una rápida presión del botón en su control y las puertas azul brillante de la Jeep Cherokee se cerraron y una luz de advertencia sobre el salpicadero indicó que el sistema de alarma estaba activado.

Le tomó quince minutos hacer su recorrido alrededor del centro comercial hasta que encontró la tienda de mascotas. Una vez adentro, caminó hacía las estanterías hasta que encontró los suministros para gatos. Los percheros y estantes de todo desde falsos ratones y postes para arañar para morder y collares competían por su cartera. Verónica odiaba hacer compras y cuando la joven dependiente se ofreció para ayudarle a elegir las cosas para su nueva mascota, la mujer de cabello oscuro de buena gana aceptó. El resultado fueron setenta y cinco dólares del valor de la caja, el arenero, juguetes, el alimento, los catnip, y varios otros artículos que la joven chica insistió que eran necesarios para un feliz y sano gato.

Después de finalizar sus compras, Verónica fue al hospital para averiguar de Rose. Ella no estaba para nada preparada para lo que vió. La sábana que cubría las piernas de la joven mujer contorneaba la completa longitud del molde. Un horrible aspecto de la hilera de puntadas rodeadas por un igualmente horrible aspecto de la contusión cubría una mejilla y secas huellas de las lágrimas destacaban mostrándose en su cara. Un intravenoso con varias bolsas colgando desde un lado, dando a la lesionada mujer los fluídos y los medicamentos para el dolor que ella necesitaba. Un catéter desaparecía debajo de la sábana. El corazón de Verónica dolía por el dolor en que Rose estaba así como el dolor que estaría atravesando cuando se recuperara, sabiendo interiormente que su imprudencia detrás del volante era la única razón de que la joven mujer estuviera aquí. Como si sintiera su presencia, la cabeza rubia rojiza giró y verdes ojos se encontraron con ella. "Hola." Dijo educadamente, su voz un poco ronca.

"Hola Rose. ¿Cómo te sientes?"

"Agradecida de estar viva supongo," refunfuñó, sus ojos se dirigieron sobre la jarra de agua. Verónica inmediatamente se acercó y sirvió un poco en un vaso amarrillo de plástico.

"Aquí." Le dio el vaso pero entonces rápidamente recuperó su agarre en él cuando vio la mano de la joven mujer temblar. "Déjame ayudar." Juntas consiguieron que la mitad del vaso bajara por la garganta de Rose antes de que Verónica lo regresara a la pequeña mesa. "¿Recuerdas algo sobre el accidente?"

"No, no realmente. Yo estaba corriendo... algunos hombres me perseguían... yo escapaba del parque y salí corriendo a la calle... Es todo lo que recuerdo antes de despertar aquí."

"¿No recuerdas nada sobre el auto que te golpeó?" Verónica presionó. "El color, el tipo de auto, el conductor, ¿nada?"

"No, nada. Lo siento. ¿Es usted de la policía?"

"No." Por dentro Verónica suspiró con alivio. Rose no podía recordar que sucedió. Con un poco de suerte ella podría arreglar esto.

"Oh, ¿entonces supongo que usted está aquí para hablarme sobre la cuenta?" Rose preguntó, decidiendo que la hermosa, bien vestida mujer tenía que ser administradora del hospital, a pesar de usar un abrigo. Quizás estaba justo fuera de servicio, Rose razonó.

"En realidad, necesito hablar con usted sobre eso pero..."

"Yo no tengo dinero," interrumpió. "No tengo niños, yo no califico para ningún programa." Dio un suspiro de derrota. "Le daré lo que pueda cada semana pero me temo que esto no serán más de cinco dólares." Se resignó a entregar su dinero del autobús para ayudar a pagar la increíble cuenta.

"No necesita hacer eso," Verónica dijo, sorprendida que alguien obviamente con poco o nada de dinero estuviera tan rápidamente tomando la responsabilidad financiera de la cuenta del hospital. "Quizá mejor me permite explicarle." Rose asintió. "Mi nombre es Verónica Cartwright. Soy propietaria de Cartwright Corporation. Yo um... yo la encontré después del accidente y la traje aquí. Cuando me di cuenta que no tenía seguro, les dije que trabajaba para mí. Cartwright tiene un excelente paquete de beneficios incluyendo cobertura médica. Usted no tendrá que pagar un centavo por su asistencia médica, lo prometo."

¿"Usted? Pero ellos me dijeron que mi jefa..." La comprensión se instaló. "¿Usted les dijo que era mi jefa?"

"Sí."

"Oh." Rose parecía reflexionar la información. "Así que en vez de deberle al hospital, ¿le deberé a usted?"

"No no no. Para el final del día su nombre será agregado a la lista del seguro. Lo tendré posfechado antes del accidente y estará cubierta."

¿"Pero eso no es fraude?"

"No, solo si no trabajara para mí". ¿Maldición, por qué lo tenía que hacer tan difícil? ¿No podría solo aceptar que la cuenta sería cubierta? Verónica no podía entender por qué alguien que no tenía nada estaba cuestionando una buena cosa cuando le estaba siendo ofrecida. Quizá calculó mal solo por lo pobre que la joven mujer era. Necesitaba más información. "Dígame, ¿dónde trabaja ahora?"

"Yo..." Rose bajó la mirada, claramente avergonzada. "Trabajo mediotiempo como cajera en Money Slasher. Debo decir que trabajaba mediotiempo. Estoy segura que ellos no conservaran el trabajo para mí hasta que pueda caminar otra vez."

"¿Tiene alguna habilidad? Quiero decir, ¿puede mecanografiar o tomar dictado o algo así?" La abatida mirada en la cara de la joven mujer contestó la pregunta. "Bien entonces, supongo que serás una auxiliar. Es un trabajo de nivel de entrada pero es mejor que empacar comestibles."

"Pero no puedo trabajar." Bajó la mirada a los moldes que cubrían sus piernas. "No puedo incluso caminar."

"El trabajo estará allí cuando estés lista. Hasta entonces, solo concéntrate en recuperarte." ¿Eso era tan simple, por qué estaba ella haciéndolo tan difícil? Verónica no previó eso.

"¿Señora Cartwright?"

"Es Srta., pero por favor llámame Verónica."

"¿Por qué está haciendo esto? Quiero decir, usted no me conoce." Después de una vida de estar braceando abajo metida en el fondo, un acto de tan gran generosidad era demasiado para que ella lo creyera. Tenía que haber algo más en esto. Todo tenía un precio fijo.

La mujer de cabello oscuro pensaba rápidamente, corriendo a través de las historias que había inventado en su mente de camino aquí, desechándolas todas por ser tan pobres. "Supongo que solo quiero ayudar. Te vi tirada allí en la calle y reaccioné. La única manera de mantenerte aquí en el Centro Medico era decirles que tenías seguro y la única forma de darte seguro era hacerte una empleada. Dirijo una corporación grande que opera varias más pequeñas. Añadirte a la lista no es un gran reparto. Lo siento, yo no tengo una mejor explicación." La única otra explicación implicaría la verdad y Verónica no podía permitirse eso. "No te preocupes acerca de por qué estoy ayudando. Solo déjame hacerlo. Ahora ¿hay alguien a quién deba contactar para dejarles saber que estás en el hospital?"

"Um... Supongo que Kim debería saberlo para que ella pueda emplear a alguien más para mi espacio." Rose dijo reservada, doliéndole la pérdida del trabajo que había trabajado tan duramente para conseguir. Era demasiado para que creyera que le estaba siendo ofrecido un trabajo con una compañía tan grande como Cartwright Corp. "Ella es la encargada de la noche en el Money Slasher en el centro. Tengo que devolver mi delantal para obtener mi último cheque."

"¿Era la cosa gris que usabas debajo de tu chaqueta?" Rose asintió. "Me temo que el doctor en la sala de emergencias lo cortó en partes cuando estaban atendiéndote."

"Oh." Otra abatida mirada. "Ellos cargan ocho dólares por los delantales arruinados."

"No te preocupes por eso," Verónica dijo, no completamente entendiendo como importante era la pequeña cantidad de dinero para la joven mujer. Para Rose, ésa era su asignación semanal para la tienda de comestibles, casi la mitad de la cual se iba en la comida para gatos. A través de su droga que la llenaba de neblina, un pensamiento llegó a ella.

"¡Tabitha!" Exclamó. "Oh mi dios, alguien tiene que ocuparse de Tabitha."

"¿Podría ser ese tu gato?"

"Sí, ¿cómo lo sabe?"

"Encontré tu llave en la cartera y fui a tu apartamento esperando encontrar un nombre o un número de alguien para contactarlo para ti."

"¿Usted la alimentó?" Su preocupación de que alguien estuviera bajando en su apartamento fue eclipsada por su preocupación sobre la única cosa que traía un poco de alegría a su vida.

"Sí lo hice," Verónica contestó cuando Rose volvió la cabeza, dejando que un largo silencio se formara entre ellas. Una solitaria lágrima bajo de la mejilla de la joven mujer. "¿Hey, qué pasa? ¿Sientes dolor? ¿Necesitas que llame a la enfermera?" La mano de Verónica alcanzaba ya el botón de llamada.

"No," la joven mujer aspiró, limpiando la errante lágrima. "Es solo que..." Aspiró otra vez, "... si no estoy allí para ocuparme de Tabitha, ellos se la llevarán."

"No no no. Nadie estará llevándose a Tabitha lejos de ti. Lo prometo. De hecho, está en mi casa ahora mismo. Ella puede permanecer conmigo hasta que estés del todo estable." El corazón del Verónica se sacudió con el pensamiento de cómo había destruido fácilmente la vida de Rose. En un movimiento le había costado a la joven mujer su trabajo, su hogar, y mucho más dolor que alguien merecía tener. Ahora estaba sentada allí, mintiendo para protegerse ella misma. "Juro que nadie estará llevándose a Tabitha."

"Yo... yo puedo extenderle un cheque para su alimento. No come mucho. Es muy amistosa." Las palabras rodaron fuera de la boca de Rose y no hubo manera de que a la mujer mayor pudiera pasarle por alto la desesperación en su voz.

"No te preocupes sobre eso. Por favor, quisiera que te concentraras en mejorarte. Tabitha estará bien conmigo. Vivo sola, estoy segura que disfrutaré la compañía."

La mujer de cabello oscuro estaba por decir algo más cuando los firmes golpes en la puerta provocaran que ellas voltearan. El corazón de Verónica saltó latiendo en la vista del uniforme azul y la brillante placa. "Disculpen señoras. Estoy aquí para tomar un informe sobre el golpe y fuga de ayer por la noche." Entró y sacó una pequeña libreta del bolsillo de su camisa. "Usted es Rose Grayson, ¿correcto?" Continuó sin esperar por una respuesta. "Ahora, ¿entiendo que esto sucedió en la avenida Madison alrededor de medianoche?"

"Creo que eran más de las doce treinta," Rose dijo.

"Sí, doce treinta," él repitió. "Ahora hay algo que usted puede decirme, ¿cómo la marca y el modelo del auto que la golpeó, el número de la placa, el color?"

"No, nunca lo vi." Giró su cabeza hacía Verónica. "¿Usted recuerda?"

"¿Usted estaba allí también?" El oficial preguntó. Nadie le dijo que hubo algún testigo.

"Yo um... yo debo haber llegado allí justo después del accidente. No vi a nadie."

"Eso seguro era un infierno de una tormenta anoche. ¿Qué estaba haciendo fuera tan tarde, Srita...?"

"Cartwright, Verónica Cartwright. Tuve una cena de negocios con el Comisionado Grace en Sam's y estaba dirigiéndome a casa."

"Cartwright, ¿cómo los autolavados Cartwrights?"

"Sí, entre otras propiedades," contestó, molesta que después de todo su duro trabajo la parte más conocida de su compañía fuera el estúpido autolavado del primo.

"Bien... entonces;" Giró su atención de nuevo a la víctima en la cama. "Supongo que es bastante afortunada en haberla tenido a ella para encargarse de usted. Parece que la golpearon bastante bien. Probablemente un conductor borracho. Difícil de creer que el bastardo no tuvo las agallas para quedarse y asegurarse de que usted recibía ayuda pero supongo que todo lo que importa es que usted está viva."

"Sí, fui muy afortunada que la Srta. Cartwright apareciera cuando ella lo hizo. Quién sabe cuánto tiempo estuve allí."

"Bien, si puedo solo conseguir su dirección y número de teléfono para el informe, estaremos estableciendo todo. Tengo que decirle que no hay mucho por hacer así que no le daré esperanzas. A menos que ese individuo sea bastante estúpido de conducir por ahí con toda la parte delantera dañada y admitir que estaba en Madison anoche, no hay mucho realmente que podemos hacer."

"Entiendo," Rose dijo reservada. No esperaba que ellos encontraran al hombre que la golpeó. "No tengo un teléfono pero mi dirección es calle Morris 98." Las emociones encontradas de Verónica entre el alivio de tener un policía tan desinteresado en investigar el accidente y la culpabilidad en el hecho de que mentía para proteger su propia piel a expensas de la paz mental de Rose.
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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 10th 2012, 1:30 pm

"Bien, supongo si hay alguna cosa que pasé por alto, nosotros podemos encontrarla aquí. Por el aspecto de sus piernas no pienso que usted vaya a alguna parte por un rato." Verónica se erizó por el comentario pero a Rose pareció no afectarle.

"Gracias," la joven mujer dijo. El policía volteó hacia la puerta y vio a un amigo suyo caminando por el pasillo.

"Hey John, espera. Señoras, gracias. Estoy seguro que tengo todo lo que necesito ahora mismo." Salió antes de que cualquiera de las dos pudiera responder.

"Ellos no van a encontrarlo, usted sabe," Rose dijo silenciosamente. "Sé que la vida no es como en la televisión. Incluso no saben qué clase de auto buscar." Se movió levemente, gimiendo por el dolor que ahora era su compañero constante. "No importa de todos modos," suspiró. "El daño está hecho. Incluso si lo encontraran no haría que mis piernas se curaran más rápidamente."

Verónica no sabía qué decir y estaba agradecida cuando entró la proveedora de la televisión. "Buenas tardes señorita..." Miró su portapapeles. "Grayson. ¿Le gustaría encender su TV?"

"No gracias," Rose dijo rápidamente.

"¿Por qué no?" Verónica preguntó, aunque estaba segura que sabía la respuesta.

"No me gusta la televisión."

"Huh Uh." La mujer de cabello oscuro volteó hacia la proveedora. "Volteé ésta y déjela encendida mientras la Srta. Grayson esté aquí."

"Son tres dólares por día, veinte dólares por semana."

"Bien." Verónica recogió su maletín del piso y sacó su cartera. "Aquí tiene." Le dio a la mujer de la televisión dos de veinte.

"Muy bien." Hizo una anotación en su portapapeles, entonces extendió el brazo detrás de la TV y abrió el sujetador de la caja. Algunos segundos después el televisor tarareó a la vida con la Juez Judy gritando en el acusado en su sala de juicio en el programa de moda.

"Ya está, ahora tendrás algo que te ayude a pasar el tiempo," Verónica dijo después de que la proveedora saliera.

"Usted no necesita hacer eso," Rose contestó, sintiéndose muy incómoda. "Habría estado bien sin eso. Estuvo en mi apartamento. Sabe que no poseo una TV." Suspiró. "Además, lo que sea que ellos me están dando para el dolor me cansa. No sé cuánto estaría viéndola. Por supuesto que no veinte dólares."

"Vamos a hacer un trato aquí, ¿Ok? Necesitas ayuda y quiero ayudar. La televisión esta pagada ahora. Puedes aceptarla y disfrutarla o puedes dejarla apagada y mirar fijamente una pantalla en blanco todo el día."

El ruido de la televisión interrumpió su conversación. "... Y si usted piensa por un minuto que creeré que algún extraño se metió destrozando su apartamento y robó todo lo que pertenecía a su compañero de cuarto aquí y dejó todas sus cosas entonces usted es un completo idiota. No nací ayer, señor Richards. El fallo para el demandante es la cantidad de seiscientos cincuenta y tres dólares y doce centavos. Caso sobreseído." Verónica volteó para ver a Rose observando con completo interés.

"Es como estar en juicio," la joven mujer dijo, su atención nunca dejó el televisor.

"Es un buen programa."

"¿Es cada semana?"

"Todos los días, Rose. Puedes mirarlo todos los días a mediodía." Sonrió y susurró conspiradoramente. "Estoy demasiado ocupada para mirarlo cuando está al aire pero lo grabo y me pongo al corriente en el fin de semana."

"Gracias," la joven mujer dijo sinceramente, sus verdes ojos sonrieron en Verónica. "Esto hará que sea más fácil pasar el tiempo aquí."

"Es el lo menos que podría hacer." Reclinó los brazos en el pasamano de la cama. "¿Así que vas a decirme a quien puedo contactar además de tu trabajo para decirles que estas aquí? Seguramente alguien te extrañará."

La pequeña sonrisa que había estado en la cara de Rose desapareció. "No hay nadie para contactar."

"¿Nadie? ¿Ni siquiera un amigo?" Rose dio una triste una sonrisa. "No he vivido en Albany mucho tiempo," dijo, no deseando revelar la verdad, que evitó deliberadamente hacer amigos porque los amigos querrían pasar y visitarla y estaba demasiado avergonzada en sus exiguas condiciones de vida. Se movió y un dolor se disperso quemando su pierna izquierda, haciéndola gritar. "Oh Dios esto duele," silbó. Verónica inmediatamente presionó el botón de llamada en varias ocasiones.

"¿Qué pasa?" Mary preguntó cuando entró al cuarto.

"Ella siente dolor. ¿No puede usted darle algo?"

"Ella está recibiendo una cantidad apropiada a través de su intravenoso pero si necesita más puedo ponerle una inyección." Miró a Rose, que estaba intentando difícilmente no llorar. "¿Srta. Grayson?"

"Si está. ¿No puede usted ver qué está sufriendo?" Verónica replicó irasciblemente.

"Srta. Grayson?" La enfermera repitió. Rose a regañadientes asintió, el dolor era demasiado para resistir más tiempo. Para su sorpresa, una mano grande envolvió la suya. Otra punzada de dolor se disparó a través de ella y se agarró de la mano de Verónica firmemente. La enfermera salió y volvió un minuto después con una aguja. Poco ceremoniosa tiró de la sábana y de la bata de hospital atrás exponiendo la cadera derecha de Rose y metió la aguja adentro. "Esto dolerá un poco". La mano de la joven mujer agarró la de Verónica incluso más fuerte cuando el medicamento fue inyectado. "Ya está, todo hecho." La enfermera levantó la mirada en la mujer de cabello oscuro. "Probablemente se quedará dormida en pocos minutos."

"Bien, no estaré mucho tiempo." La enfermera asintió y salió, no molestándose en tirar de la sábana nuevamente en su lugar. Verónica utilizó su mano libre para cubrir la cadera de Rose con el desolador lino blanco. "Quieres que permanezca por un rato hasta que te quedes dormida?"

"No, es..." No pudo contener un bostezo. "... Está bien... Estoy bien" La potente droga actuaba rápidamente, causando que su cabeza colgara de lado y sus ojos adquirieran una vidriosa mirada. "¿Está segura que usted no es un ángel?" Preguntó adormilada cuando sus párpados cedieron. "Usted parece un ángel... usted..." Otro bostezo, "... actúa como..." Sus ojos se cerraron y la mano que había estado sosteniendo la de Verónica cayó flojamente al lado.

Esperó varios minutos hasta que estuvo segura que Rose estaba dormida antes de ponerse de pie y remeter la manta alrededor de la lesionada mujer. "Duerme bien, Rose" susurró.
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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 11th 2012, 2:08 pm

Capítulo 2


Verónica abrió la puerta y metió la caja, el arenero, el poste para rasguñar, y la bolsa de juguetes adentro. "Tabitha, ven pequeña bola de pelos, he traído juguetes para ti." Se sentó en el suelo y sacó los diversos artículos. El anaranjado y blanco gatito llegó arrojándose encima para ver lo que la alta humana estaba mostrando. Se recostó y observó mientras los paquetes fueron abiertos y los ratones falsos, bolsas de mordiscos para gatos, y los diversos juguetes fueron lanzados en una pila. "Ya está, ve?" dijo, completamente esperando que el felino saltará en la pila y jugara. Tabitha hizo lo que haría cualquier gato, pasó más allá del montón de juguetes para gatos y comenzó a golpear en los vacíos envoltorios. "Hey, los juguetes están aquí." Agarró la pequeña bola con la campana oculta adentro y la sacudió para conseguir la atención del gato. "¿Ves? Juguetes aquí, basura allí." Tabitha miró eso, miró los envoltorios, y volvió a jugar con el transparente plástico.

"Bien, será de esa manera, mira si me importa," la desanimada mujer dijo, metiendo los envoltorios en el bolso de plástico. "Te conseguí una caja, y un arenero también, ¿crees que tu usaras eso?"

"¿Mrrow?"

"Eso es lo que pensé." Se puso de pie, metiendo la bolsa del arenero bajo un brazo, la caja del gato bajo el otro, y se dirigió a la cocina. "Setenta y cinco dólares en los juguetes y la estúpida cosa quiere jugar con los paquetes en los que ellos venían." Puso la bolsa y la caja en la mesa. Una nota se sostenía en el refrigerador con un imán María le decía se había ido por hoy junto con instrucciones de cuanto tiempo la cena que había preparado debería estar en el microondas.

El agotamiento le pedía detenerse y descansar pero había ahí justo demasiadas cosas que tenían que ser hechas. Rápidamente instaló la caja arenera y la puso en el cuarto de servicio, dejando la puerta entreabierta de modo que Tabitha pudiera ir y venir libremente. Esa tarea fue hecha, Verónica a zancadas salió a la sala, descolgando el teléfono inalámbrico y marcó el familiar número en el camino.

"Seguros Cartwright, ¿en qué podemos ayudarle?" La fresca femenina voz en el otro extremo del teléfono preguntó.

"Susan Cartwright, por favor."

"Ella está ocupada ahora mismo, ¿puedo preguntar quién está llamando?"

"Verónica Cartwright. Interrúmpala, esto es importante."

"Un momento." Oyó un clic seguido por el muy aburrido tono de espera musical que jamás había oído. Tirándose en su sofá de suave piel marrón y quitándose sus zapatos, metió sus pies debajo de ella. Tabitha saltó fuera de la cocina y se subió a su lado.

"¿Mrrow?"

"¿Qué quieres?" Preguntó, estirando su mano libre para rascar detrás de las orejas del gato. "Vamos a llegar a algo francamente apropiado desde el principio, ¿Ok? Compré un poste para rasguñar para ti. Los diez mil dólares del sofá están fuera del límite para tus garras, ¿lo entendiste?"

"Mrrow." El anaranjado y blanco felino puso su cuerpo arriba en el muslo de Verónica y comenzó a ronronear.

"Ronnie, ¿cómo estás?"

"Bien hermana, escucha, yo necesito que agregues a un empleado a las listas del seguro."

"Usualmente recursos humanos envía su papeleo una vez que ellos han alcanzado el servicio apropiado marcado." Verónica oyó el sonido del teclado. "¿Cuál es su razón social?"

"Ella no está en la computadora todavía, Susan. Necesito que la agregues y presiones para terminar el papeleo."

"Ella tiene que estar en el sistema. Todos los empleados son agregados una vez que hayan completado su I-9's y W-4's."

"Ella no los ha completado todavía. Es una empleada nueva." Verónica oyó el sonido parar y el chirrido del movimiento de la silla de su hermana.

"¿Para qué departamento trabaja?"

"Um... ella es una auxiliar en la oficina contable del centro."

"¿Un nivel de entrada? Ronnie, ¿no sabes que ellos tienen que tener seis meses de servicio antes de que les demos beneficios?"

"No me di cuenta de eso." Frotó su frente, sacando una protesta del ronroneante montón de pelusa en su pierna.

"¿Qué fue eso?"

"Estoy cuidando el gato de una amiga por algunos días. Mira, la contraté personalmente y le prometí beneficios completos. ¿No puedes presionar para eso?"

"Es tan raro que mi única hermana me pida un favor. Por supuesto que puedo. Envíame por fax sus datos y la agregaré a las listas."

"Realmente Susan, necesito que tu me envíes por fax los papeles para que ella los firme. También necesito que le des a ella el mejor plan médico que tenemos y posfecharlo al primero del mes. ¿Puedes hacer eso?"

"Te costará...." la hermana más joven dijo con una voz cantarina. "¿Cena con mamá el próximo viernes?"

"¿No puedo solo comprarte un auto nuevo o algo?" La ejecutiva gimió.

"Verónica Louise, nunca pasas algo de tiempo con mamá. Jack y yo estamos allí cada viernes en la noche para cenar y Tommy está allí los domingos. Ella siempre pregunta por ti."

"Sabe mi número de teléfono, Susan. Hablo con ella."

"Lo sé. Oímos hace dos semanas que tu la llamaste en su cumpleaños. Raro, eso fue hace un mes."

"De acuerdo, de acuerdo. Faxeame todos los papeles y los regresaré más tarde esta noche."

"¿Así que te veremos la próxima semana con mamá?"

"Bien. Estaré allí, pero no esperes que me quede después de cenar mientras ella pasa a través del libro de recuerdos e intenta volver a vivir nuestra niñez."

"Por lo menos estarás allí. Eso la hace feliz."

"Lo que sea. Faxeáme eso, ¿lo harás ya?"

"Estarán allí en unos minutos. Desearía que me dejaras saber por qué empleaste personalmente a alguien para un trabajo del nivel de entrada."

"Hermana, si pensara que necesitas saberlo, te lo diría. Bueno hablar contigo también, adiós." Verónica pulsó el botón de apagado en el teléfono inalámbrico y lo dejó abajo en la mesita del café. "Bien Tabitha, todo está arreglado. Qué te parece saltar abajo y jugar con algunos de tus juguetes mientras que tomo una siesta, ¿hmm?" Intentó codear al felino pero el ronroneador montón de pelos se negó a moverse. "Bien, será de esa manera." Ajustó el extremo del cojín y cerró los ojos. Al principio el rítmico ronroneó la molestó pero en pocos minutos Verónica estaba profundamente dormida, como lo estaba una muy satisfecha Tabitha.



*****



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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 11th 2012, 2:09 pm

Rose estaba despierta pero obviamente sentía mucho dolor para el momento en que Verónica volvió al hospital. "Hola."

"Hola, Rose. ¿Cómo te sientes?" Dejó su maletín en el sofá y colocó la silla al lado de la cama.

"Todo duele pero a excepción de eso estoy muy bien," bromeó.

"¿El medicamento que ellos te dan no está ayudando?"

"Ellos me ponen a dormir, pero sí. Es la única cosa que calma el dolor," contestó, alisando la manta que la cubría.

"Traje algunos formularios que necesito que firmes. Los llené lo mejor que pude pero no sabía todas las respuestas" Sacó un fólder color manila del maletín y lo puso sobre la cama. "Nunca imaginé cuántos papeles lleva el contratar a alguien." Le tendió la pluma y estaba sorprendida de ver a Rose tomarla con su mano izquierda. "¿Eres zurda?"

"Yeah."

"Yo también," sonrió. "Solo necesitan tu firma las primeras tres. Las otras tienen algunos espacios en blanco que tienes que llenar."

"Sabe, yo todavía no puedo creer que usted este justamente dándome un trabajo, especialmente dado que no puedo incluso trabajar," Rose dijo, moviendo su cabeza. "Esto no tiene ningún sentido."

"Hago muchas cosas que no tienen ningún sentido, solo pregúntaselo a mi madre."

Rose firmó los formularios silenciosamente antes de darle la pluma de nuevo. "¿Usted es cercana a su madre?"

"No realmente. Tenemos diferencia de opiniones sobre como debo vivir." Dudó por un momento antes de decidir sacar a colación el tema que estaba tirando en su mente. "¿Qué sobre tu familia? ¿Tienes un refugio con ellos o algo? Quiero decir, me parece extraño que no quisieras que supieran que estabas en el hospital."

Verdes ojos se desviaron mirando fijamente en las persianas venecianas que cubrían la ventana. "Era un bebé cuando ellos murieron. Un accidente automovilístico. Un conductor borracho se pasó la luz de un alto y los golpeó. Eso es todo lo que sé."

"Lo siento, no lo imaginé." Se sentía mal por plantear el tema.

"Esta bien," la joven mujer dijo descartándolo con un movimiento de su mano. "No los recuerdo. Supongo que no puedes extrañar lo que nunca tuviste." Rose intentó parecer indiferente sobre eso pero Verónica sospechó que era un acto fingido para su beneficio.

"¿Quién te crió?"

"El Estado. Algunas familias adoptivas, pero sobre todo viví en orfanatos dirigidos por el Estado o en hogares. Tan pronto como me gradué de la secundaria conseguí un empleo trabajando como cajera. He estado sola desde entonces." No deseando continuar con el asunto de su pasado, Rose cambió el tema. "¿Y cómo está Tabitha?"

"Está muy bien. A ella le gusta ronronear mucho."

"Mmm, eso indica que ella es feliz," Rose contestó. "Usted debe ser buena con los animales."

"No puedo saberlo. Esta es la primera vez que tengo uno."

"¿Usted nunca tuvo mascotas cuando crecía?"

"No. Mi padre era alérgico a los gatos y mi madre tenía miedo de que un perro pudiera destrozar la casa. ¿Cómo terminaste con Tabitha?"

"Oh." Estiró la mano por el vaso de agua solo para tener a Verónica ayudándole. Tomó un largo trago del fresco líquido antes de contestar. "La encontré, o más bien ella me encontró. Estaba caminando a casa una noche y apareció saliendo de la nada. Solo piel y huesos. Siguiéndome a casa. Ha estado conmigo desde entonces." Una temerosa mirada apareció en sus ojos. "¿El casero no la vio, lo hizo? Se supone que no tengo ninguna mascota."

"En realidad... él vino al piso de abajo mientras yo estaba allí."

"Oh no." Una preocupada mirada cubrió la cara de la joven mujer. "¿Fue él amable?"

"En absoluto," Verónica contestó. "Él parece pensar que la palabra mierda es un adjetivo y que debe estarla utilizando cada vez que él abre su pequeña asquerosa boca."

"¿Qué le dijo él a usted?" El temblor era evidente en su voz.

"Nada de lo que necesites preocuparte ahora mismo."

"Él me echó a patadas, ¿no es así?" Si bien la ejecutiva podría nunca considerar eso una gran pérdida, la joven mujer estaba obviamente trastornada por la noticia.

"Rose, no te preocupes por eso, por favor, prometo que todo estará bien." Miró su reloj. "Vamos, pienso que Jeopardy aparecerá pronto. Nos recostaremos y veremos quién consigue más respuestas correctas, ¿Ok?"

"Me gusta Jeopardy," Rose dijo, presionando el botón para levantar un poco la cabecera de la cama. "Hay una TV en el salón de empleados en el trabajo y a veces mi descanso para cenar es a las siete treinta así que puedo verlo. Soy bastante buena también, aunque no sé si puedo permanecer despierta bastante tiempo."

"Oh, ¿quieres que me marche para que puedas dormir un poco?"

"No." Alcanzó la mano de Verónica. "Por favor quédese."

"Seguro, solo no te disgustes si logró más respuestas correctas. Nadie quiere jugar Trivial Pursuit conmigo."

"Oh, ¿usted tiene ese? Es un juego tan divertido. Lo jugué una vez en el centro comunitario."

"Te haré un trato. Lo traeré mañana para que juguemos y prometo no ganarte demasiado gravemente."

"Veremos quién gana a quién," Rose contradijo con una sonrisa. El tema musical de Jeopardy atrajo su atención a la televisión. "Ooh, está comenzando." Colocó su cabeza nuevamente en su almohada para mirar el programa pero antes del primer comercial del descanso estaba dormida. La ejecutiva de cabello oscuro metió suavemente la manta de Rose y apagó la televisión.

Se quedó sentada allí por varios minutos mirando el gran molde y las puntadas que formaban una línea en el pómulo de la joven mujer.

"Lo siento," susurró antes de salir del cuarto.



*****



Tabitha estaba esperando no demasiado pacientemente en la puerta cuando Verónica volvió a casa. "¡Mrrow!"

"¿Qué? Tienes comida."

"¡Mrrow!"

"Tienes juguetes y tienes alimento. ¿Qué más quieres?" Tabitha respondió frotándose contra la pierna de Verónica, dejando los anaranjados y blancos pelos por todo su pantalón negro. Se agachó y recogió al felino, al parecer girando en el botón del ronroneo al mismo tiempo. Sostuvo al feliz gato con un brazo y el maletín en el otro. "¿Deseas ver cómo trabaja la máquina del fax? Vamos."

La oficina de Verónica estaba en el primer piso cerca de las escaleras. Los formularios del seguro fueron enviadas por fax cinco minutos más tarde y la mujer de cabello oscuro se dirigió arriba a cambiarse en sus 'cómodas' ropas, a saber en sudadera y un pants de gran tamaño. Echó un vistazo en su reloj y gimió. Tenía una reunión a primera hora de la mañana y tenía todavía que repasar los informes mensuales. "Pienso que va a ser una noche larga, Tabitha." Se arrastró hacía su escritorio y encendió su computadora, teniendo pavor a la idea de pasar las próximas horas fluyendo sobre las hojas de los balances y los informes. Por supuesto, los jefes de cada división harían las mismas cosas con ella mañana pero Verónica se enorgullecía de saber exactamente lo bien o mal que cada departamento estaba haciendo antes de oír la versión lustrada de sus parientes. Un apretón del botón de power y la computadora tarareó a la vida. El logotipo corporativo de Cartwright cubrió la pantalla de veinte pulgadas. Mecanografió su contraseña y el logotipo desapareció, revelando la pantalla principal.

"¿Mrrow?"

"No. Ésta es una cosa humana, nada hay aquí arriba para tu veas", le dijo al ansioso gato que estaba parado sobre sus patas traseras en la expectativa de ser levantado. Tabitha extendió sus garras delanteras en los pantalones grises de Verónica. "Ni siquiera pienses acerca de eso."

"¿Mrrow?"

"No. Ve a jugar con tus juguetes." Giró su atención al primer informe, Cartwright Real Estate. Tommy el hermano más joven de Verónica estaba a cargo de esa división. Varios terrenos habían sido comprados a lo largo de la región en anticipación de urbanización para la construcción de viviendas pero estaban seriamente atrasados en sus proyecciones de crecimiento. El calendario pedía que cien hogares fueran construidos y vendidos, aún cuando a finales del mes pasado solamente veinte habían sido realmente terminadas y apenas la mitad de ésas tenían ofertas en ellas mucho menos vendidas. "¿Qué voy a hacer con él?" Se recargó en la confortable piel de su sillón y frotó sus ojos. El movimiento pareció ser una abierta invitación a Tabitha, quien rápidamente saltó sobre su regazo. "Vamos, no puedo hacer ningún trabajo si estás aquí." Suavemente cogió al ronroneador animal en sus brazos y lo dejó en el piso. "Ve a jugar."

El reloj abajo en la esquina derecha de la computadora leía 2:53 a.m. para el momento en que Verónica se levantó y apagó la computadora por esa noche. Salió al cuarto principal para poner la alarma para la noche cuando vio la chequera de vinil azul marino que estaba sobre la mesa de la entrada al lado de los libros de la biblioteca. Su conciencia le decía no mirar, los asuntos financiero de Rose eran privados, pero la curiosidad consiguió lo mejor de ella y se encontró sentándose sobre la suave piel del sofá marrón claro con el talonario de cheques en su mano.

No había muchas entradas. El registro era solamente de cuatro meses atrás, pero dio abundancia de penetrar en la vida de la mujer que permanecía en el hospital. La pequeña escritura, ordenada detallaba cada depósito, cada cheque. Ningún depósito era mayor de ciento cincuenta dólares. Cuatro retiros estaban enumerados como estando para la renta, cada vez borrada del dinero que había tomado la mayor parte del mes anterior, la acumulaba. Dos entradas existían para la compañía de luz, y varios fueron extendidos a Money Slasher. Cada semana los depósitos de varias exiguas cantidades fueron registradas seguidas por los cheques a la tienda de comestibles. El cheque más alto era por un poco más de diez dólares y el más bajo era por solo cinco. Lo qué Verónica encontró más interesante fueron los cheques restantes, extendidos todos a alguien llamada Delores Bickering. Esos cheques fueron extendidos en cantidades desde cinco a veinticinco dólares, cada uno hacía que quedara poco en la cuenta de la joven mujer después de pagar sus gastos semanales. Esas entradas aparecían justo tan a menudo como los cheques a Money Slasher. El actual balance mostraba unos ciento doce dólares y cambio en la cuenta de la joven mujer, mucho menos que la renta que había estado debiendo. Los ojos de Verónica fueron de nuevo a la entrada para la renta de noviembre. Era esa semana que Rose había comprado los cinco dólares y el cambio de comestibles, el registro mostraba una negativa cantidad de dos dólares y quince centavos después de esa entrada. Era la única vez que Rose había tenido en descubierto su cuenta y Verónica no podía incluso imaginar lo que había comprado la joven mujer para intentar y sobrevivir esa semana.

Cerró la chequera y la dejó sobre la mesa del café. ¿Por qué estaba Rose, quién no tenía dos céntimos para frotar juntos, constantemente expidiendo cheques a alguien más? ¿Tenía una vieja deuda que estaba intentando liquidar? ¿Qué otra explicación podía allí estar? La joven mujer dijo que no había nadie para contactar, así que esa persona Bickering no podía ser un pariente. La hora tarde y el último pensamiento tomaron su cobro cuando el agotamiento finalmente salió ganando y el sofá una vez más se convirtió en la cama de la rica mujer para la noche, con Tabitha enroscada contra ella.



*****



En alguna parte en la distancia un teléfono estaba sonando. Verónica se dio vuelta, perturbando al durmiente gato. Los timbrazos se hicieron más y más fuertes, penetrando en el mundo de sus sueños y sacándola de su profundo sueño. Su brazo salió y torpemente lo dejó caer sobre la mesa del café por el molesto teléfono. "Mmm... Cartwright."

"¿Ronnie?"

"¿Yeah?" Vino la adormilada ininteligible contestación.

"Ronnie, ¿tienes idea qué hora es?" El sonido de la voz de su hermana ayudó a despejar las telarañas en su mente mientras lentamente rodaba moviéndose para sentarse. "Son cuarto para las diez."

"¡Oh mierda!" Azules ojos se dispararon abriéndose cuando se dio cuenta del propósito de la llamada. "Maldición, me quede dormida en el sofá. Estaré allí tan pronto como pueda." Se dirigía ya hacía las escaleras, con el teléfono inalámbrico en la mano. "Susan, ni una palabra. Tengo un neumático desinflado, ¿lo entiendes?"

"No puedo creer que te quedaras dormida," la hermana más joven reía suavemente. "Pensé que tenías construído dentro un despertador. Espera a que a mamá oiga esto."

"Susan..." gruñó, llegando a la parte superior de las escaleras y corriendo dentro de su dormitorio. "Estaré allí, retenlos o algo." Golpeó el botón de apagado en el teléfono y lo tiró en la cama cuando se dirigió hacia a su baño. Quince minutos más tarde estaba en su Jeep Cherokee y de camino para Albany, los límites de velocidad eran maldecidos.

A las diez treinta, las puertas dobles de roble se abrieron de par en par cuando Verónica rápidamente entró en la sala de reunión. "Lo siento neumático, desinflado." Dijo mientras tomaba su asiento al final de la larga mesa rectangular. "¿Vamos a comenzar?" El silencio que recibió la hizo voltear. Al parecer no era la única que tuvo problemas para llegar a la reunión a tiempo. "¿Dónde está Tommy?"

"No lo sé. Lo he estado llamando desde que hablé por teléfono contigo y no hay respuesta en ninguno de sus números," Susan contestó. Sentada justo a la derecha de su hermana mayor, la jefa de seguros Cartwright nunca podría confundirse con Verónica. Susan tenía, gracias a las horas con un estilista, el llamativo cabello rojo permanentemente en un gran ensortijado que era un enjambre sobre su cabeza y hasta sus hombros. Aunque casada desde hacia trece años con un exitoso abogado, se negó a dejar de llevar el nombre de la familia, decidiendo que el status que este proporcionaba era mucho mejor que el común nombre de Smith. Diferente de Verónica, que fuera del ligero esmalte de uñas podría solo raramente estar imponiéndose en usar la más mínima cantidad de maquillaje, Susan creía sinceramente que este realzaba sus facciones y así que dedicaba dos horas todos los días aplicando todo desde la base para el rubor hasta el rimel.

"¿Intentaste en su busca?" Era una pregunta estúpida pero Ronnie todavía tuvo que hacerla. Durante los últimos meses, su hermano más joven había hecho cada vez más difícil de conseguir agarrarlo y abandonaba mucho su atención a las reuniones. Mirando su reloj, decidió no esperar al rebelde hermano más tiempo. "Bien, estamos gestionando bastante tarde, vamos solo a comenzar." Abrió su portafolio y sacó el primer informe. Uno por uno fue recorriendo el cuarto, diez distintos Cartwrights o parientes de los Cartwrights explicaban lo que sus divisiones en particular estaban haciendo y cuáles eran sus planes para el siguiente mes. La mayor parte de las palabras navegaron más allá de Verónica, que asentía de vez en cuando pero prestando apenas alguna atención. Su mente estaba a varios kilómetros, preguntándose qué estaría haciendo Rose, cómo estaba sintiéndose, y cómo Delores Bickering entraba en la vida de la joven mujer.

Eran cuarto para las doce cuando las puertas se abrieron para revelar a un hombre de cabello rubio oscuro, que estaba despeinado y arrugado. "Lo siento," él masculló, escabulléndose hacía su silla. "Puse el despertador, pero la alarma no saltó."

"¿Supongo que no tenías un traje limpio tampoco?" Verónica dijo con desaprobación. Los varios primos y parientes que rodeaban la mesa miraban de la mujer de cabello oscuro a Tommy y de regreso otra vez, completamente esperando una batalla. El hombre joven, sin embargo, fingió no notar el comentario de su hermana mayor.

"¿Me perdí algo importante?"

"No, por supuesto que no," su tono traicionó apenas su irritación en él. "Estaba justamente disponiéndome a repasar las cifras para tu último proyecto."

"Yo diría que estamos en bastante buena forma, todas las cosas consideradas," contestó. Diez pares de ojos volaron de nuevo a Verónica.

"¿Y solo qué cosas te gustaría que yo considere en las claras cifras que estoy mirando?" Sacó el informe originado en la computadora y buscó a través de las páginas hasta que encontró lo que buscaba. "Las ventas han disminuido casi el treinta por ciento que el año pasado y los costos están llegando al techo."

"No puedo evitar esto si los contratistas aumentaron sus precios. Inflación, tu sabes," se lanzó hacía atrás airadamente. Verónica no pasó por alto los enrojecidos ojos o la manera en que Tommy mantenía su mirada en su reloj.

"La inflación no tiene nada que ver con esto. Según estas cifras, más de cincuenta unidades habitacionales deberían estar terminadas. Pero la semana pasada, solamente veinte estaban terminadas. ¿Qué diablo está ocurriendo, Tommy?"

"Estoy sobre eso, ¿está bien?" Se hizo para atrás airadamente, su puño golpeó la superficie de la mesa de mármol con bastante fuerza agitando el vaso del agua delante de él. El silencio llenó el cuarto cuando todo el mundo esperaba la reacción de Verónica. En lugar de eso giró su atención a Frank.

"Escuché que conseguiste la transición que querías. ¿Cuándo estarás estropeando el suelo?" Para el resto de la reunión, la mujer de cabello oscuro se negó a mirar a su enojado hermano, y viceversa. Tommy salió en cuanto la reunión terminó, sólo añadiéndose a las especulaciones y a los comentarios de los parientes.

"Ronnie, ¿qué está ocurriendo con él?" Susan se había arrinconado a la ejecutiva a un lado, con la preocupación escrita claramente en su cara. "Ha estado tan extraño últimamente, tan irritable. No piensas que está tomando drogas, ¿es así?"

"No sé lo que pienso, hermana, yo solo sé que algo esta mal." Echó un vistazo en su reloj. "Necesito estar en algún lugar."

"Yeah, ¿qué está ocurriendo contigo? ¿Qué con esta persona Grayson?" La curiosidad natural para el chisme de su hermana más joven, particularmente cada vez que esto concernía a alguien en la familia, estaba mostrándose.

"Nada, solo alguien que conocí y que decidí emplear. ¿Te ocupaste de ese seguro?" Mientras estaba hablando, Verónica estaba dirigiéndose hacia la puerta.

"Por supuesto. Está en mi lista de las cosas para hacer hoy." Susan contestó despreocupadamente.

"No. Tiene que ser hecho enseguida. Y no se te olvide de posfecharlo al principio del mes. Es muy importante." Agarró el brazo de su hermana más joven para enfatizar su punto.

"Lo haré al instante en que vuelva a mi oficina. Realmente, Ronnie, piensas que ésta es una situación de vida o muerte."

"Solo asegúrate que esté hecho hoy, Susan. Envíame por fax las confirmaciones a casa." Verónica salió hacía el elegante vestíbulo y presionó el botón para el elevador. Entró solo para hacer que su hermana más joven le agarrara el brazo para evitar que las puertas se cerraran.

"Hey, casi me olvidé de preguntar. ¿Qué le comprarás a mama para Navidad?"

"Tengo que irme, Susan." Presionó el botón y esperó expectantemente.

"¿Quiere decir que no le has comprado nada todavía? La Navidad es solo en veinte días."

"Estos veinte días que tengo elegiré algo. No te preocupes sobre eso. Mamá tendrá un apropiado regalo de mí. Vamos, Susan. Necesito conseguir salir de aquí." Empujó el brazo de su hermana apartándolo de las puertas.

"Solo no se te olvide estar el próximo viernes en la cena con mamá. Lo prometiste."



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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 11th 2012, 2:09 pm

El jeep subía sobre la avenida de Madison justo cuando una ligera nevada comenzó a caer. Verónica recordó su promesa de traer un juego de Trivial Pursuit con ella pero las oscurecidas nubes y lo tarde de la hora hicieron que decidiera renunciar a un viaje para el centro comercial para escoger uno, prefiriendo llegar al hospital antes de que se hiciera demasiado tarde.

Caminó a través de la puerta abierta de la habitación de Rose solo para encontrar la cama vacía, un afanador cambiaba las sábanas. "¿Dónde está la Srta. Grayson?"

"Rayos X. La traerán de regreso en algunos minutos," el corpulento hombre respondió, metiendo la última esquina dentro. Fue a la silla en la cercana esquina y se sentó para esperar el regreso de la joven mujer.

Quince minutos pasaron antes de que Rose fuera empujada nuevamente dentro del cuarto. La primera cosa que Verónica notó eran las frescas lágrimas que bajaban por la cara de la lesionada mujer. Los dos celadores tenían tanto cuidado como podían con su paciente pero Rose todavía gritó de dolor cuando la cambiaron de la camilla de nuevo a su cama.

"Hey, ¿cómo te sientes?" La alta mujer preguntó suavemente, tirando de la dura silla de plástico más cerca a la cama.

Rose forzó una sonrisa en su cara en la vista de la mujer de cabello oscuro. Después de una larga noche de estar en agonía y de una aún más agotadora mañana de tener doctores y residentes que entraban para empujarla y pincharla, la vista de la mujer que hacía su recuperación posible fue completamente bienvenida. "Tomaron nuevas radiografías de mis piernas para asegurarse de que todo este ya colocándose correctamente." Su cara traicionó su dolor cuando se movió y frotó su cadera. "Me están dando Hepa algo para adelgazar mi sangre. El doctor Barnes está preocupado sobre la coagulación."

"¿Él dijo algo sobre cómo estás evolucionando? Quiero decir, no está previendo ningún problema a largo plazo, ¿lo hace?" Verónica estiró su brazo y ayudó a acomodar una de las almohadas detrás de la cabeza de la rubia mujer.

"Ella dijo que no sabremos eso por semanas," Rose contestó.

"¿Ella? Bien, ¿qué piensas de ella? ¿Te pareció competente? Si no te gusta, Rose, solo déjamelo saber. Te traeré otro doctor." Las palabras salieron rápidamente y Verónica estaba justo tan sorprendida como la lesionada mujer. "Quiero decir, si no estas contenta con la forma en que te está tratando, tienes el derecho de pedir otro doctor." Esperaba que su explicación no sonara tan pobre para Rose como lo hizo para si misma.

"No, ella está bien, de verdad. Quiero decir, no puede ayudarme si tengo dolor. Dijo que estoy recibiendo la mayoría del medicamento para el dolor que ella se siente cómoda dándome."

"Si necesitas más..."

"No. No pienso que ellos hagan algo bastante fuerte para calmar el dolor. Es solo que duele tanto todo el tiempo. Incluso cuando estoy durmiendo, me muevo y el dolor es tan fuerte que me despierta." Bajó la mirada desanimada en sus fracturadas piernas y tobillos. "Parece que el dolor nunca terminará," dijo con tristeza.

"Rose, esto puede no parecer así ahora, pero mejorarás. Esto solo tomará tiempo." Verónica intentó mantener su voz lo más tranquilizadoramente posible. "Tabitha es absolutamente un personaje," dijo, esperando que el cambio de tema pudiera ayudar a sacar de la mente de Rose sus lesiones.

"Ella es la mejor cosa que jamás me sucedió," la joven mujer dijo honestamente. "Siempre que la necesito, ella esta justo allí. Todo lo que pide siempre es alimento y atención."

"Y estoy segura que le das un montón de ambos," Verónica contestó.

"Bien, el amor y atención puedo darle siempre." Los ojos verdes adquirieron una mirada triste. "El alimento no es siempre tan fácil." Levantó la mirada a las esculpidas facciones de su generosa benefactora. "Estoy segura que ella es muy feliz con usted."

"Rose, no me he llevado a Tabitha lejos de ti, creéme. Únicamente la estoy cuidando mientras que estás aquí. Una vez que estés de nuevo sobre tus pies, te la traeré, lo prometo."

"No se lo que voy a hacer," dijo suavemente, lágrimas, tanto por el persistente dolor y del miedo de perder a su querida mascota nublaban sus ojos y amenazaban desbordarse. "No puedo incluso ocuparme de mí misma mucho menos de ella. Incluso no tengo un lugar para vivir."

"Ese lugar no es ni para que una rata viva adentro. Cuando salgas de aquí..."

"Cuando salga de aquí no podré caminar, no tengo dinero, y yo incluso no tengo un lugar para vivir," Rose dijo. "Usted debió haberme dejado allí en la calle."

"¡NO!" Verónica se levantó y se inclinó hasta que estuvo solo a pulgadas de la cara de Rose y miraba profundamente en los verdes ojos. "Escúchame. Tú vas a caminar otra vez y no tienes que preocúparte de encontrar un lugar para vivir. Rose, no voy a dejar que te rindas así que no vas a estar rindiéndote tu misma. Sé que eres una sobreviviente. No dejaré que te sea quitado."

"¿Qué se supone que haré cuando me den el alta? Ya hace cinco dias. Cecil habrá cambiado seguramente las cerraduras ya. Él me advirtió que nunca me atrasara con la renta."

"Ese grandote abusón no se molestará en cambiar las cerraduras."

"Él me pateó, ¿no es así?..."

"Sí," Verónica admitió. "Pero yo no te habría permitido continuar viviendo allí de todos modos. No es espacio para que un ser humano viva ahí e indudablemente no tu. Cuando te den de alta de aquí probablemente te enviarán a un centro de rehabilitación hasta que puedas caminar otra vez. Después de eso me aseguraré que consigas un lugar decente para vivir." Respiró hondo antes de continuar. "Rose, ambas sabemos que necesitas ayuda y que deseo ayudar. Sé que has estado ocupándote de ti misma durante mucho tiempo pero ahora mismo necesitas a alguien más que cuide por ti. Por favor déjame ser ese alguien."

El cuarto quedó silencioso durante un minuto Rose bajó la mirada en su regazo, mordiendo su labio inferior. "No he tenido que depender de que alguien se ocupe de mí durante mucho tiempo. Supongo que no tengo mucha elección ahora." Su cara traicionó sus sensación de fracaso y la desesperación de su situación. "Esto es difícil para mí. Prefiero pasar privaciones que recibir caridad."

Verónica encontró duro creer que fuera tan difícil para Rose aceptar la ayuda que le era ofrecida cuando las alternativas eran tan claras, pero cuando hizo una pausa para considerar la historia que la chequera decía, tuvo el sentido perfecto. Había una profundidad en el carácter de la joven mujer que ella no habría creído que todavía existiera en la edad moderna donde tanta gente parecía más que lista a aceptar cualquier cosa que el estado o el gobierno ofreciera, si ellos lo merecían o no. "No pienses en esto como caridad, Rose. No."

"¿Cómo te parece a ti?" Preguntó con curiosidad. Antes de que Verónica pudiera contestar, otra explosión de intenso dolor se disparó a través de la joven mujer, causando que su cara se arrugara con agonía. "Oh Dios, esto duele," silbó. "Esto duele tanto." Las lágrimas comenzaron a desbordarse por su cara y alcanzó a los ofendidos miembros. "Haz que esto pare, por favor haz que este dolor pare," suplicó.

Incapaz de eliminar el dolor, Verónica hizo la única cosa que podría ocurrírsele. Se sentó en el borde de la cama y le dió a Rose un apretado abrazo, sin preocuparle que las lágrimas empaparan su blusa de seda. No importaba. Nada importaba excepto intentar ayudar a que la increíblemente valiente joven mujer lograra atravesar esto. "Está bien, Rose. Te tengo," murmuró en el dorado cabello mientras que su mano suavemente frotaba arriba y abajo la desnuda espalda expuesta por la bata del hospital.

"Esto duele... esto no parará de doler... oh Dios, por favor haz que pare, haz que pare duele tanto," Rose sollozaba, su agarre alrededor del cuello de Verónica se intensificó. Los fuertes brazos le envolvieron alrededor ofreciendo consuelo, algo que casi nunca había sido ofrecido a la joven mujer antes, y Rose lo aceptó agradecida.

"Lo siento, Rose, lo siento tanto," Verónica susurró una y otra vez, sintiendo que sus propias emociones amenazaban salir vaciándose por el dolor de la joven mujer, dolor causado por sus acciones en esa fatídica noche. "Todo va a estar bien. Shhh... está bien, ahora todo estará bien." Continuó haciendo tranquilizadores ruidos y sostuvo a Rose mientras los sollozos continuaron. Afortunadamente la enfermera llegó pocos minutos más tarde y puso a la lesionada mujer una inyección que la llevó a un inquieto sueño. Verónica permaneció por bastante rato, mirando a Rose dormir y deseando que hubiera algo, cualquier cosa que pudiera hacer para quitar el dolor que le había causado a la valiente joven mujer.



*****



Rose despertó varias horas más tarde encontrándose sola. Presionó el botón de llamada para la enfermera.

"¿Qué necesita, querida?" La mujer de piel oscura dijo cuando entró.

"Nada realmente," Rose contestó, avergonzada sobre haber presionado el botón solo para ver otra cara. Habían pasado cuatro días desde que ingresó y la únicas personas que siempre veía era personal del hospital y a Ronnie.

"Bien, me alegra que usted esté despierta," la enfermera dijo. "Es hora de comprobar sus signos vitales."

"¿Usted sabe hace cuánto tiempo la Srta. Cartwright se fue?" La mujer rubia preguntó justo antes que el termómetro encontrara su camino a su boca.

"¿Sería su amiga la que estuvo aquí temprano?" Rose asintió. "Se fue justo después de que yo continuara con mis deberes así que diría que fue más o menos una hora. Le dejó una nota."

Eso fue entonces lo que vio Rose el papel color crema doblado por la mitad colocado en su bandeja de la cama. Quiso alcanzarlo pero su brazo no era suficientemente largo. La enfermera se lo dio antes de envolver el puño negro de la presión arterial alrededor de su antebrazo. Rose dejó la nota sobre su pecho hasta que la enfermera terminara, prefiriendo leerlo en privado. Gimió cuando el puño se apretó más y más alrededor de su pequeño brazo. Cuando ella pensó que no podría estar posiblemente más apretado oyó el silbido del aire que era liberado. "Bien. Su presión es buena y su temperatura es normal. A este ritmo usted estará fuera de aquí en un santiamén." La enfermera quitó el apretado puño de velcro e hizo una anotación en la tabla. "Su cena estará aquí pronto y regresaré más tarde para revisarla."

"Gracias." Rose sonrió, le habían dado alimento sólido el día anterior y su apetito había vuelto más fuerte que nunca.

Una vez que la enfermera salió Rose tomó la nota y la desdobló. Allí en el papel membretado Cartwright estaba una nota de Verónica.

Rose,

Tuve que volver a la oficina para ocuparme de algunas cosas. Estaré de regreso con tiempo para Jeopardy. Intenta descansar y no tengas miedo pedir más medicamento si los necesitas. Deja espacio después de la cena. Espero que te guste la comida china.

Ronnie

Los dedos de la joven mujer se deslizaron sobre la textura del papel. Mientras que su propia caligrafía era pequeña y ordenada, la de Verónica estaba llena de florituras y estilo. Sonrió en el comentario sobre dejar espacio después de la cena. Cuando llegara la comida, Rose sabía que podría siempre comer todo delante de ella y después algo más. Presionó el control remoto de la televisión, una vez más silenciosamente agradecida de su benefactora, y observó que estaban pasando las noticias locales. Eso significaba menos de una hora antes de que Verónica volviera. Rose tomó el peine de plástico de la mesa y lo pasó a través de su dorado cabello, intentando mirarse un poco más presentable a su nueva amiga.

"Mi amiga," dijo en voz alta, sonriendo en el pensamiento. Pensó sobre la manera en que había llorado tan duro antes y lo bien que se sintió ser sostenida por Verónica. En sus brazos, se sentía segura, cuidada, confortada. De manera extraña, Rose se encontró deseando esa sensación otra vez, ser sostenida en esos fuertes brazos, para oler la ligera fragancia de perfume en el bronceado cuello de la alta mujer, para sentir la compasión y la ternura dentro de su tacto y voz. Rose todavía no entendía por qué Verónica la había elegido para ser su amiga pero estaba agradecida que lo hiciera.

La rueda de la fortuna estaba sobre la mitad cuando a Rose le fue regalada la vista de Verónica entrando en el cuarto, un bolso pequeño por completo de comida que olía deliciosamente en una mano, el siempre presente maletín en la otra. "Hola allí."

"Hola," la joven mujer contestó, alegremente olfateando en el aire cuando Verónica dejó el bolso en la bandeja de la cama y, después de dejar su cazadora de piel en el respaldo de la silla y el maletín en el piso, tomó su acostumbrado asiento junto a la cama. "Olores maravillosos."

"¿Guardaste espacio? Traje camarón chow mein y costillas asadas a la parilla sin hueso," Ronnie decía mientras sacaba las cajas blancas de la bolsa junto con dos juegos de utensilios de plástico.

"Cuando llega la comida, siempre tengo espacio," Rose contestó, tomando el tenedor de plástico que le era ofrecido. Sus piernas palpitaban pero el dolor de alguna manera parecía estar disminuyendo por la presencia de su nueva amiga.

"No me dieron ningún tazón o plato así que justo tendremos que compartir," Verónica dijo cuando abrió las cajas para revelar el vapor de la comida caliente. "No sabía lo que te gustaba pero imaginé que no podría equivocarme con las costillas."

"Nunca he probado camarón chow mein pero sí, las costillas no durarán mucho." Su tenedor estaba dirigiéndose ya para la caja.

"Oh, tendrás que probarlo. Es realmente bueno." Retiró un tenedor de chow mein y lo puso dentro de su boca, atrayendo el aire adentro al mismo tiempo para probar y contrarrestar la ardiente temperatura caliente de la comida. Rose estaba rápidamente encargándose de las costillas de cerdo, empujaba varios pequeños trozos de carne en su boca y tarareaba con deleite.

"Oh, esto está taaann rico," murmuró alrededor del bocado de cerdo. "Gracias."

"De nada. Incluso hemos conseguido las galletas de la fortuna para el postre." Puesto que a Rose no se le ocurrió nada para hablar con el alimento en su boca, Verónica se relajó e hizo lo mismo. "No he tenido tiempo para parar en alguna parte para cenar así que pensé elegir algo y traerlo aquí."

"Oh, me alegra que lo hicieras. Esto es delicioso," Rose dijo. "Gracias." Jaló de la caja de chow mein cerca de su boca y extrajo un tenedor de vegetales y camarón. "Oh, esto está bueno."

"Te lo dije," Verónica sonrió, contenta que su elección fuera tan bien recibida. "¿Así que dime descansaste bien? Siento haberme ido pero tenía algunos asuntos de que ocuparme en la oficina."

"¿Está todo bien? Estarme ayudando no está causando ningún problemas, ¿es así?" Rose preguntó con preocupación, no deseando hacer algo que agregara estrés a su nueva amiga.

"No Rose, mis problemas son con una de las divisiones." Dejó su tenedor y dio un educado eructo. "Oh, está bueno. Había olvidado lo sabrosa que es la comida china." La música del tema musical para Jeopardy comenzó en la televisión seguida por el anfitrión que presentaba a los concursantes. "Tu no me contestaste. ¿Tuviste un buen descanso?"

"Sí, dormí muy bien, gracias." Giró para capturar los profundos azules ojos de la mujer mayor. "Gracias por permanecer hasta que me quedé dormida."

La enfermera regresó interrumpiendo su picnic. Dio una mirada en las dos vacías cajas y las miradas culpables en las caras de las mujeres y frunció el ceño. "Usted realmente no debe traer comida al hospital," regañó. "Srta. Grayson, usted no está en alguna dieta especial, ¿no es así?"

"No. Lo siento. Le pedí que ella trajera esto," Rose dijo, intentando tomar la culpa.

"En el futuro usted realmente debe apegarse a la comida que servimos. Nuestros nutriólogos trabajan duramente para diseñar un menú..."

"Ese es Abraham Lincoln," Rose dejó escapar, su atención en el programa y no en la conferencia que ella estaba recibiendo.

"Now, fue Johnson."

"No. Él no tomó la oficina en febrero, él la tomó en abril." El anfitrión confirmó que la respuesta de Rose era correcta con las fechas en que ocurrió la sucesión presidencial. La enfermera miró a las dos mujeres concentradas en la televisión y cejó en su intento de explicar por qué la comida china no era tan buena para un paciente como la comida del hospital. Salió del cuarto sabiendo de lleno adonde iba a ir en su descanso a cenar.

Justo cuando el tema musical estaba finalizando el aviso vino en los altavoces que la hora de visita había acabado. "Supongo que es mi señal para irme," Verónica dijo renuente. "Te veré mañana." Se levantó y tomó su chaqueta. "Oh, casi me olvido." Metió la mano en el bolsillo y sacó una tarjeta de visita y una pluma. "Déjame darte mi número en caso de que quieras llamar o si quisieras que te trajera algo." Escribió su número de teléfono privado abajo al reverso de la tarjeta y la dejó en la bandeja de la cama después recogió las cajas vacías de la comida y la bolsa. "De verdad, si deseas o necesitas algo, solo dame una llamada. Estoy normalmente levantada hasta las once." Alisó una arruga imaginaria en la manta antes de ponerse su cazadora. "Descansa bien, Rose. Te veré mañana."

"No quiero impedir tu trabajo."

"Confía en mi, yo mucho prefiero estar aquí que allá. Estaré por aquí vez después del desayuno. Recuerde lo que dije. Llámame siempre que desees, incluso si es solo para hablar." Solo para estar segura, Verónica empujó el teléfono un poco más cerca en la mesa lateral.

"Gracias. Buenas noches, Verónica."

"Hey, llámame Ronnie. Todos mis amigos lo hacen," dijo con una sonrisa.

"Ronnie. Buenas noches, conduce con cuidado." Rose no notó la mirada que destelló a través de la cara de la mujer más mayor antes de ser cubierto con una fingida sonrisa.

"Buenas noches, Rose."



*****



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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 11th 2012, 2:11 pm

Ronnie estaba enroscada en la cama con Tabitha puesta a su lado, cuando el teléfono sonó. Un rápido vistazo al reloj le dijo que eran casi las once. "¿Hola?"

"Um... hola, soy Rose. Espero que no esté llamando demasiado tarde."

"No, no no estás llamando demasiado tarde en absoluto." Se incorporó, mucho para el descontento de Tabitha. "¿Estás bien?"

"Yeah, yo um... supongo que yo solo quería... saber cómo está Tabitha," vino la pobre excusa. Ronnie sonrió, apoyando una almohada detrás de su espalda y reclinándose contra la cabecera de roble.

"La máquina ronroneadora está bien. ¿Deseas saludarla? Ella parece pensar que dondequiera que yo esté es un buen lugar para ella estar." Sin esperar una respuesta puso el teléfono cerca del gato. "Dile hola a mami, Tabitha." Lo sostuvo allí por algunos segundos antes de poner el receptor de nuevo en su oído. "¿Oíste su ronroneo?"

"Yeah." Ronnie podía sentir la sonrisa a través del teléfono y en vuelta sonrió misma. "¿Hay algo que quisieras que te llevara mañana? Estaré probablemente allí alrededor de las diez."

"Um... si no fuera demasiado problema, ¿crees que podrías comprobar el correo por mí?"

"Maldición, completamente me olvidé sobre eso. Tendré que parar en la oficina de correos y pondré una dirección a la que reexpidan la correspondencia para ti antes que ese idiota de Cecil comience a sabotear tu correo."

"Oh... Yo no sé a dónde podrías reexpedirlo."

"Me ocuparé de eso, no te preocupes. Pero yeah, daré una vuelta por ahí mañana y veré si tienes algo."

"Realmente apreciaría eso." Hubo un momento de silencio antes de que Rose continuara. "¿Ronnie?"

"¿Yeah?"

"Um... duerme bien, ¿Ok?" Eso provocó que la ejecutiva sonriera otra vez.

"Tu también, Rose. Te veré en la mañana."

"Buenas noches."

"Buenas noches." Esperó algunos segundos antes de presionar el botón de apagado en el teléfono y ponerlo de nuevo en el cargador sobre su mesita de noche. Tabitha avanzó lentamente sobre su pecho y comenzó a intentar imprimir marcar sus patas en los órganos internos de Ronnie. "Oof, creo que no, srita," dijo, suavemente empujando el gato nuevamente sobre la cama y recibiendo un desanimado meow en respuesta. "Vamos, tengo muchas cosas en que ocuparme mañana. Es una enorme cama. Hay demasiado espacio sin que tengas que estar justo encima de mí." No obstante, la belleza de cabello oscuro terminó quedándose dormida con el felino ronroneador enroscado contra ella.

La alarma saltó a las seis como de costumbre, anunciando que el día de Ronnie empezaba.

"¿Mrrow?"

"En un minuto," contestó adormilada, quitando las mantas y metiendo los pies en las suaves azules pantuflas esperando junto a la cama. Con los ojos medio cerrados, caminó fatigosamente a su baño. Volviendo pocos minutos más tarde, dientes cepillados y vejiga vacía, se quitó su sudadera y se puso su traje de entrenamiento gris claro antes de dirigirse hacia el sótano.

El gimnasio privado de Ronnie sería la envidia de cualquier deportista en buena forma. Con la excepción de que el cuarto contenía el calentador de agua y la calefacción, el resto del sótano estaba dedicado a un sin número de banquillos, de máquinas, y colchonetas. Creciendo en la casa que ahora era suya solamente, Ronnie había a menudo soñado con la renovación del húmedo sótano en un lugar en donde pudiera solo estar ella misma, el bombeo del hierro y el acaloramiento la hicieran sudar saludablemente. Su objetivo fue consumado con el gimnasio privado. El cuarto estaba decorado con brillantes elevadas luces fluorescentes y realzadas por las paredes de espejos. Agarró una fresca toalla del estante, encendió el estéreo, y se dirigió a la escaladora para calentar.

Duran Duran retumbó a través de las bocinas colocados a lo largo del gran cuarto mientras Ronnie empujaba sus pantorrillas y muslos a los límites en la escaladora. En su propio privado refugio, nadie podía oírla cantar en la música, ver el sudor formarse en su frente, cuello y pecho, o notar la forma en que se empujaba. Se enorgullecía de la forma y fuerza de su propio cuerpo pero ambos requerían constante mantenimiento. Veinte minutos escaló, esto nunca va a ninguna parte y avanzó a la parte siguiente del equipo, tomándose tiempo para atar su cabello para mantenerlo fuera de su cara y la nuca. Comprobó la cantidad de pesos en la barra antes de acomodarse abajo en el banco, quitó la barra de su apoyo, y la trajo abajo a su pecho. Meneó sus dedos para asegurarse que sus manos estaban en la apropiada posición y comenzar sus agotadoras repeticiones, subiendo la barra a la máxima altura antes de bajarla de nuevo sobre su pecho. Entonces estaba fuera de la pierna presionando, la máquina crujía por sus abdominales, el antebrazo se apretaba, entonces la máquina se encaminó para una buena en general sesión de ejercicios. Para el momento en que el CD estaba finalizando, Ronnie era un montón de merecido sudor y los músculos pedían un descanso. Lanzó la empapada toalla en el cesto cerca de la puerta y se dirigió de regreso a su dormitorio donde se desnudó la piel cubierta de sudor expandido por su cuerpo y entró en al baño. La ducha sobre su cabeza enviaba los pulsos de agua caliente contra su cuerpo, masajeando mientras limpiaba. Diez minutos con el secador de pelo y Ronnie estaba fresca y lista para hacerle frente a lo que sea que el día le ofreciera.

La nieve había caído durante la noche, cubriendo la ciudad con una capa ligera de blanco. La cherokee azul brillante recorría las estrechas calles de Albany, luchando con el resto del tráfico de la mañana de viernes. Encontró un espacio para estacionarse en Morris Street y cuidadosamente se dirigió a las escaleras para recuperar el correo de Rose. Lo recogió, planeando en dejar la propaganda postal para que Cecil le hiciera frente cuando un pequeño sobre atrapó su atención. Lo metió en el bolsillo interior de su cazadora y volvió al calor de su vehículo deportivo. Solo entonces lo sacó y examinó el remite. D. Bickering, RR 3 Box 4120, Cobleskill. Cobleskill, conocido más por su universidad agrícola que por algo más, era un pequeño pueblo a una hora de Albany. Fue pensado para ser sobre todo tierras de labranza, aunque había un claro número de residentes en el área. La abrumadora mayoría eran o bien granjeros o gente que estaba dispuesta a viajar cuarenta minutos o más para llegar a sus trabajos todos los días, tan lejos de una verdadera ciudad estaba el pueblo. Ronnie empujó la carta nuevamente dentro de su bolsillo y puso el jeep en marcha, determinada a llegar al hospital y entregar la carta a Rose antes de que el impulso de ir a casa y con el vapor abrir el sobre consiguieran lo mejor de ella. Desesperadamente quería saber cómo entraba el misterioso Delores Bickering en la vida de Rose y por qué la joven mujer sin dinero estaba expidiendo cheques a esta persona.

Ronnie llegó justo cuando la enfermera terminaba de comprobar los signos vitales de Rose. Como esperaba, la cara de la joven mujer mostraba el dolor que las drogas no podían completamente borrar. "Hey tu," dijo suavemente, atrayendo la atención de Rose de la enfermera a ella.

"Hola," la rubia mujer sonrió. "Parece que la nieve te atrapó."

"Solo un poco," Ronnie contestó, quitando los derretidos copos de su oscuro cabello y los hombros de su suave chaqueta café. "¿Debo regresar un poco más tarde?"

"Casi termino," la enfermera dijo sin levantar la mirada de su tarea. Se incorporó e hizo varias anotaciones en la tabla de Rose. "Ya está. Todo terminó por ahora." Se quitó los guantes de látex dejándolos en el rojo recipiente para residuos. "La doctora Barnes vendrá a visitarla dentro de poco," dijo antes de dejar a las dos mujeres solas.

La curiosidad ganó saliendo al instante que estuvieron solas. Ronnie sacó el sobre de su bolsillo y se lo dio a Rose. "Aquí está tu correo."

La sonrisa que había estado en la cara de la joven mujer desapareció en la vista de la escritura en el sobre. La abrió y leyó las palabras escritas que resaltaban en el papel mientras que Ronnie dejó su maletín en el piso y colgó su abrigo en el respaldo de la silla antes de tomar su acostumbrado asiento junto a la cama. Rose estaba silenciosa cuando acabó de leer la carta y la puso nuevamente dentro del sobre. "¿Podrías hacerme un favor y traerme mi chequera mañana?"

"¿Pasa algo? ¿Algo con lo que pueda ayudar?"

"No, es solo algo de lo que tengo que ocuparme." No pudo evitar encontrar los penetrantes azules ojos que la miraban. "Odio hacer esto, pero ¿podrías traer un sobre y una estampilla también?"

"Por supuesto, Rose," Ronnie contestó, todavía muriéndose de la curiosidad sobre el contenido de la carta. "Mira... si tienes una deuda que necesites ayuda para pagar..." Lamentó las palabras inmediatamente, pensando que ofendieran a su nueva amiga.

"No, no es eso. Es de alguien con la que viví." La cabeza de Rose nunca se levantó y su actitud totalmente cambió, retirándose dentro de si misma.

"¿Un novio?"

"Una madre adoptiva. Viví con ella cerca de dos años. Se ocupó de mi cuando nadie más pudo" Los hombros de la rubia mujer se hundieron y dejó salir un suspiro de derrota. "Ha tenido un tiempo difícil desde que el Estado le quitó a todos los niños que cuidaba. Tu no querrás oír hablar sobre esto," Dijo, dándole a su nueva amiga una salida si la quería.

"Claro que quiero hacerlo," Ronnie dijo, extendiendo su mano para envolver la pequeña mano dentro de la suya. "Esa carta pareció realmente preocuparte. ¿Te importaría compartir?" Esperó que Rose diera detalles sobre Delores pero fue sorprendida encontrar la carta empujada en su mano.

"Pienso que esto explicará todo."

Ronnie miró a Rose antes de abrir el sobre y de leer la carta.

Rose,

No he sabido nada de ti desde hace tiempo. Las cosas son de verdad duras aquí. Puedo apenas mantener un tejado sobre mi cabeza mucho menos algo más. Los idiotas de los servicios sociales no entendieron nada de lo que les dije. Sé que estás ocupada con tu vida y no tienes tiempo para una vieja señora como yo pero tienes que recordar que me ocupé de ti cuando nadie más pudo. Abrí mi hogar para ti, te di de comer y me aseguré de que fueras a la escuela. Has sido buena sobre intentar ayudarme pero realmente necesito más de lo que has estado enviando. Tú sabes que cuesta mucho alimentar a un niño más. Sin mí habrías pasado hambre. Estuve allí cuando necesitaste que alguien se ocupara de ti. Estaré esperando cualquier mis... miseria... cualquier pequeña cantidad que puedas enviarme.

Tú tía Delores


Ronnie dobló la nota y la metió en el sobre, intentando mantener su mal humor en control, que estaba rápidamente haciéndose difícil para hacerlo. Dejando el sobre abajo en la bandeja de la cama, agarró los carriles laterales de la cama tan firmemente que sus nudillos se pusieron blancos. Dio varias respiraciones intentando tranquilizarse antes de sentir los verdes ojos mirándola expectantemente. "Tú no le debes a ella, Rose," dijo a través de los apretados dientes, incapaz de levantar su cabeza para encontrar la mirada.

"Debo hacerlo," la joven mujer dijo tristemente. "Cuando estaba viviendo con ella, había cuatro de nosotros. Ella siempre dejó claro que el Estado no le daba bastante para ocuparse de nosotros."

"Mierdadetoro." Ronnie echó pestes levantándose de su asiento y acercándose a la ventana, mirando fuera en la ligera nieve cayendo. "No tengo ningún derecho de decirte qué hacer con tu dinero, Rose, pero ella solo te está usando, jugando con tu compasión. Tanto tiempo como te mantengas dándole dinero, dinero que no puedes permitirte reponer, ella solo volverá por más." Volteó la mirada en la joven mujer. "¿Ella te agradeció una vez el dinero que le has enviado hasta ahora? No, ella solo dice que tienes que enviarle más. Está culpándote de darte su dinero. Cualquier deuda que piensas que le debes, esa se pagó hace mucho tiempo. Está ahora solo chupándote hasta secarte." No queriendo perturbar a Rose más de lo que estaba, Ronnie regresó a su asiento y bajó su voz, "Ni una vez te preguntó cómo estabas viviendo, ni siquiera una palabra amable. Esa carta era nada más que 'envíame dinero'. No mereces que se aproveche de tu bondad así, Rose. Eres una persona demasiado buena para ser tratada así."

"Ella es la cosa más cercana que tengo a una familia," la mujer joven protestó, no obstante débilmente. Nunca había compartido este problema con alguien más antes y estaba sorprendida de ver la reacción de su amiga. Rose había oído por tanto tiempo sobre cómo le debía a Delores por haberse ocupado de ella que creía que era una deuda que nunca podría pagar, sin tener en cuenta sus sentimientos personales sobre esto. Tener a alguien para expresarle los sentimientos que habían estado enterrados profundamente dentro de ella era algo que no esperó.

"No necesitas una familia así. Mereces lo mejor," Ronnie dijo. Dio un resignado suspiro. "Te dije que te traería tu chequera y lo haré. También te traeré la estampilla y el sobre pero realmente quisiera que pensaras acerca de esto antes de que le envíes más dinero." Estiró su mano y tomó la mano de Rose entre las suyas. "Prométeme que lo pensarás primero, ¿Ok?"

"Ok," la mujer joven contestó, sacando una sonrisa de Ronnie. "Vamos hablar de algo más en lugar de eso, ¿Ok?"

"Seguro, dime que."

"¿Por qué no me cuentas sobre tu familia? Me encantaría oír acerca de ellos."

"No es tan interesante como es posible que pienses." Ronnie iba a intentar y sacarle la vuelta a esto pero la expectante mirada en la cara de Rose cambió su opinión. "De acuerdo, pero te advierto, que es bastante aburrida." Se movió en su asiento, deseando estar usando jeans en vez de sus pantalones de vestir. "Soy la mayor de tres. Somos Susan, Tommy y yo. Susan es completamente lo opuesto de mí. Ella dirige los seguros Cartwright. Está casada con Jack; él es abogado." Sonrió como si compartiera algún gran secreto. "Susan usa más maquillaje que Tammy Faye Baker y piensa que es una maravilla. Pero puede sumar números en su cabeza más rápido que una calculadora y trae a la división de seguros arriba del promedio de ganancias para ser una de nuestros principales creadores de ingresos. Tengo que advertirte sin embargo, no permitas que te atrape sola en una fiesta. Mi hermana es la más grande para recaudar chismes e información en el estado. Una vez que logra atraparte no te deja ir hasta que sepa todo hasta tu tipo de sangre."

"¿Qué sobre tu hermano?" Rose preguntó, mirando como la sonrisa abandonó la cara de Ronnie.

"Tommy es un alma perdida. Él tiene veinticinco años pero todavía actúa como un adolescente. Le tomó seis años y tres universidades para obtener su licenciatura porque no puede aplicarse él mismo. La familia insistió que lo pusiera a cargo de algo así que le di la División de Bienes Inmuebles." Suspiró. "Imaginé que eso estaba bien que no podría hacer algo para estropear esto. Ahora estamos pasando por el peor crecimiento desde la recesión y actúa como si no importara. Por eso tuve que regresar a la oficina ayer. Odio la irresponsabilidad."

Su conversación fue interrumpida por la llegada de la doctora Barnes. "¿Cómo está hoy, Srta. Grayson?" Preguntó.

"Igual que ayer, supongo," Rose contestó. "Oh, doctora Barnes, ella es mi amiga Ronnie. Ronnie, ella es la doctora Barnes." No vio la sonrisa formarse en la cara de Verónica por el título otorgado.

"Hola," la médica dijo. Miró la tabla de Rose por un momento e hizo una anotación. "Bien, Srta. Grayson, parece que todo está cicatrizando correctamente bien." Dejó la tabla abajo y se trasladó a la cabecera de la cama para comprobar las puntadas en la mejilla de Rose. "Los huesos están fijándose apropiadamente y no veo razón para que usted no pueda ir a casa."

"¿Casa? Pero..." Miró temerosamente a Ronnie por ayuda.

"¿Cómo puede usted enviarla a su casa? Ella no puede incluso caminar todavía," la mujer de cabello oscuro dijo, cayendo en el rol de protectora fácilmente. Parecía una cosa natural para hacer cuando venía para Rose.

"Mire Srita..."

"Cartwright, Verónica Cartwright."

"Srta. Cartwright," la doctora corrigió, sin impresionarse con el nombre de la alta mujer. "No hay nada más que podemos hacer por ella ahora mismo. Su cuerpo está reaccionando bien al tratamiento. No hay nada más que hacer, excepto esperar a que los huesos cicatricen."


"Pero no puede caminar todavía," Ronnie protestó.

"Ella no podrá caminar hasta dentro de un año," la doctora contestó. "No hay muestras de infección, los escasos agentes han evitado la formación de cualquier coágulo y la hinchazón ha ido bajando a un aceptable nivel. A este punto no hay nada más que el hospital pueda hacer, excepto proporcionarle a ella una cama. Le haré una prescripción para el dolor y debe volver el próximo viernes para retirar las puntadas de su cara. Al mismo tiempo miraré sus piernas y tobillo entonces veremos adonde vamos de allí."

La respiración de Rose estaba aumentando y parecía lista para llorar, Ronnie se inclinó rápidamente sobre la cama, bloqueando de la vista de la joven mujer de la portadora de las malas noticias. "Rose," susurró. "Déjame ocuparme de esto. Prometo que todo estará bien."

"Yo no puedo... Yo no..."

"Shh. Deja que me ocupe de esto. Confía en mi." Habló suavemente, como si calmara a un pequeño niño. "¿Confías en mi?" Recibió un tembloroso cabeceo. "Prometo que todo estará bien."

"Pero..."

"Confía en mi, Rose." Mantuvo su mirada, dejando que el intenso azul buscara y calmara al verde, intentando silenciosamente transmitirle que todo estaría bien.

Finalmente la joven mujer dejó salir una pesada respiración y asintió, poniendo su vida en las manos de la mujer que parecía tan dispuesta a ayudarla. Tan asustada como la perspectiva parecía, había un confort en saber que Ronnie estaba allí para ella.

"¿Qué necesito saber sobre el cuidado para ella?" Verónica preguntó, girando su atención a la doctora.

"Le mandaré a la enfermera para que le indique cómo bañarla adecuadamente para prevenir infecciones. Sugiero que consiga para su casa a un asistente de la salud o una enfermera privada si puede permitírselo." Ese comentario ganó un levantamiento de cejas de la mujer que había donado seis cifras al hospital el año pasado. "La cosa más importante es asegurarse que las heridas se mantengan limpias." Hizo otra anotación en la tabla. "Le mandaré una hoja de instrucciones preparadas explicándole exactamente qué necesita ser hecho cada día."

"Bien," Ronnie dijo, su mente pensaba ya qué habitación sería acomodada en un espacio para la recuperación. Era un inesperado giro en los acontecimientos, pero uno que podría manejar. Confusa observó que no era culpabilidad la que la hacía abrir su santuario a Rose, era algo más fuerte, preocupación y afecto. En alguna parte en el curso de intentar compensar su error, a Verónica Cartwright había comenzado a importarle. "Lo que sea para hacer que ella este mejor."

"Haré que la enfermera le dé todo los detalles. Firmaré los papeles de la alta antes de que comience el resto de mis rondas." Giró la mirada en su paciente. "Lo siento, Srta. Grayson, he oído que se encariñó bastante con nuestra comida." Su intento de bromear no fue recibido tan bien como esperaba, ganando solamente una débil sonrisa de la rubia. "Bien, si hubiera alguna manera que justificara mantenerla aquí, lo haría."

"Lo sé," Rose contestó. "Gracias."

"No se olvide de concertar una cita con nuestra clínica para pacientes externos para retirar esas puntadas el próximo viernes. Asegúrese que le programen la cita conmigo y no con un médico asistente. Quiero dar una mirada a esas piernas también."

"Lo haré."

"Me ocuparé de eso," Ronnie dijo firmemente, no dejando duda en la mente de la joven doctora que su paciente estaría bien cuidada.



*****


Fue una ocupada tarde para Verónica. Su teléfono celular estaba constantemente encendido, agotando la batería bastante que la ejecutiva tuvo que recurrir a usar el teléfono de la habitación de Rose para terminar sus preparativos. Llamó a una compañía de suministros quirúrgicos para comprar una cama de hospital, una silla de ruedas, y varias otras cosas que la enfermera insistió que eran necesarias para la adecuada recuperación de Rose. Pero no importó cómo duramente intento, Ronnie no podía conseguir que entregaran la cama ese día. En la frustración les dijo que solo entregaran los otros artículos y llamó a varias mueblerías hasta que encontró una que vendía camas ajustables. Incluso eso tomó un poco de trabajo para convencerlos que enviaran un camión con ésta ese día. Entonces tuvo que llamar a María para dejarle saber lo que ocurría. Explicó al ama de llaves de su confianza que habitación iban a ocupar y qué artículos necesitaban ser movidos para hacer espacio para el mobiliario nuevo. La llamada siguiente había sido a un servicio privado de ambulancias para arreglar el traslado del hospital a su casa para Rose. Las restantes llamadas habían sido a varias agencias en un intento de conseguir una enfermera privada para contratarla a largo plazo, en una base de tiempo completo, después a María otra vez para ponerla al tanto de los últimos acontecimientos.

"¿Ronnie?" Rose llamó suavemente, atrayendo la atención de la alta mujer.

"Tengo que irme, María. Llámame al teléfono del jeep si hay algún problema." Colgó el teléfono y se sentó en el borde de la cama. "Supongo que todo está listo. Ahora solo esperaremos que la ambulancia llegue."

"No sé como agradecerte," Rose susurró, su voz quebrada por la emoción.

"Shh... no necesitas estarte preocupando de cosas así."

"Pero nadie nunca... yo, quiero decir esto es tanto..." Sus ojos emergieron con el sincero sentimiento.

"Hey, no es problema, ¿recuerdas? Prometí que cuidaría de ti." Ronnie extendió su mano y cogió una lágrima antes de que pudiera rodar por la mejilla de Rose. "Hey, nada de eso. Tabitha te extraña y esta es la manera perfecta de asegurarme que ella tenga a alguien más para conseguir su atención de modo que yo pueda conseguir hacer un poco de trabajo." Recibió la más desnuda de las sonrisas. "Además, he estado sola durante mucho tiempo. Será agradable tener compañía."



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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 12th 2012, 5:15 pm

Capítulo 3


Tanto como Ronnie quería viajar en la ambulancia con Rose para proporcionarle comodidad, estaba el jeep para considerar y la idea de dejarlo en Albany de noche era un desagradable pensamiento. No había pasado cerca del Porsche desde el accidente, aunque observó que Hans había estado durante el día anterior para comenzar las reparaciones. Eso la dejó sin ninguno de los vehículos que estuviera bien en la nieve o su preciado Mustang 1967 para sacarlo y el Mustang nunca vería el salado invierno de las calles de Albany si podía evitarlo. Con reticencia eligió dejar viajar a Rose sola en la ambulancia mientras los seguía detrás en el jeep.

El conducir de Albany a Loudonville donde la casa de Ronnie se encontraba, normalmente tomaba menos de quince minutos. La mujer de cabello oscuro dio al conductor de la ambulancia una advertencia que él no estaba en una llamada de vida o muerte, y tenía que hacer lo posible para evitar golpear algún bache en su salida de Albany, incluso si significaba tomar tiempo doble para llegar allí. Loudonville era un área llena de antiguas y viejas casas, que databan de los siglos XVI y XVII. A menudo era considerado un suburbio rico de Albany incluso aunque era una entidad coempletamente separada. La única relación que Loudonville tenía con la capital era que estaban dentro del mismo condado. La gente que vivía en el prestigioso pueblo dejaba en claro que no eran residentes de Albany de ninguna manera, forma o modo.

El viaje a su casa fue el más angustioso paseo de la vida de Ronnie. Las calles eran las típicas de principios de diciembre los trozos de aguanieve y el hielo hicieron el viaje bastante movido pero con el agregado factor de los baches, la ambulancia se encontró rebotando mucho más de lo usual. Sabiendo que cada bache significaba dolor para Rose, Verónica gruñó cuando la ambulancia golpeó un bache particularmente grande justo cuando estaban saliendo de Albany y cruzando para entrar a Loudonville. La verde y blanca ambulancia rebotó y se sacudió sobre la irregular calle, convirtiendo a Ronnie en un manojo de nervios antes de que finalmente llegaran a las lisas calles de su ciudad natal y giraran sobre la entrada Cartwright.

María abrió la puerta y salió justo cuando la ambulancia subió por el camino de entrada, seguido de cerca por el jeep azul brillante. Ronnie normalmente utilizaba su control remoto para abrir las apropiadas puertas del garaje y guardar su vehículo pero tenía algo más importante que hacer. Se colocó en el área del gran estacionamiento enfrente de los garajes y esperó que las puertas traseras de la ambulancia se abrieran. Hizo lo posible para permanecer apartada cuando sacaron a Rose, observando que más de unas pocas lágrimas que le parecía ser nada peor para tener. "Y pensé que comenté que el hospital era frío," la joven mujer comentó, la manta y la sábana no hicieron nada para parar el penetrante viento que se había levantado.

"No te preocupes, estarás en el interior y te calentarás bastante pronto," Ronnie contestó, notando por la esquina de su ojo que María tenía las puertas dobles abiertas dándoles el espacio máximo para atravesar con la camilla y su preciada carga.

Lo plano en su espalda, fue lo primero que Rose notó cuando entraron a la gran estructura que tenía altos techos, oscuras vigas contra un color crema de fondo. Giró su cabeza y sus ojos se ensancharon en las vistas. La sala era enorme, fácilmente más grande de lo que había sido su apartamento completo. Cuando sintió el cambio en la altura se dio cuenta que una parte de la sala estaba hundida, algo que había visto en revistas en la biblioteca pero nunca había visto realmente en el hogar de alguien. La alfombra de pared a pared era el mismo color crema que el techo, espesa y lujosa sin una sola muestra de decolorado o desgaste. Grandes armarios de madera oscura alineaban una pared; Rose supuso que serían cerezo o caoba. Un conjunto de escaleras ocupaba otra pared. Le recordaron las escaleras del programa de televisión The Brady Bunch, excepto que en vez de tener un reducido rellano, estas escaleras curvaban alrededor en el fondo. El barandal era también del mismo intenso color que los armarios y las vigas del techo. Escuchó a Ronnie maldiciendo en alguna parte en el fondo pero no podía localizarla, no importaba como volteara su cabeza. Entonces la vio salir de una habitación en el extremo y correr arriba de las escaleras. María caminó en su línea de visión y Rose consiguió el primer vistazo real del ama de llaves. "Hola."

"Bien hola allí, ¡pobrecita!," el ama de llaves contestó. "Ronnie tuvo que ir arriba para traer algunas sábanas. Estará de regreso pronto."

"Mi nombre es Rose." Extendió su mano.

"Soy María, niña," contestó, tomando la mano ofrecida y la saludó. "Una vez que estés instalada haré algo rico de comer. Estoy segura que estás harta de esa espantosa comida del hospital."

"Es usted muy amable pero no quisiera que tuviera ningún problema."

"Oh, no es ningún problema en absoluto. Oh, aquí viene Ronnie. Mejor voy a poner esas sábanas en la cama para que puedas estar cómoda."

María tomó las sábanas de lino de las manos de Ronnie y desapareció dentro de la alejada habitación mientras la alta mujer fue al lado de Rose. "Siento sobre eso," dijo.

"Ronnie, ¿puedes hacerme un favor?"

"Claro, ¿qué quieres?"

"¿Puedes cubrir mis pies? Están congelándose." Un segundo después sintió grandes manos cálidas cerrarse alrededor de sus helados dedos de los pies, la única parte de sus extremidades inferiores no encajonadas en un molde de yeso.

"¿Por qué no dijiste nada?" Ronnie dio una mirada furiosa a los asistentes de la ambulancia mientras ajustaba la sábana y la manta para cubrir los expuestos pies. María salió de la habitación algunos minutos más tarde, anunciando que todo estaba dispuesto. "Te pondremos en la cama y entonces iré arriba y te conseguiré un par de agradables calcetines calientes," Ronnie dijo antes de apartarse del camino cuando los asistentes tomaron el agarre de cada extremo de la camilla.

Solo tomó una rápida mirada alrededor para que Rose se diera cuenta que el cuarto en la que la estaban poniendo era la oficina de Ronnie. Dos altos archiveros estaban presionados contra la pared, al parecer para hacer espacio para la cama queen sized ubicándola en medio del cuarto. Un escritorio para la computadora con el monitor más grande que había visto nunca estaba contra una pared cercana y una inmensa televisión ocupaba la pared restante donde podría verla cómodamente.

"Ok, Mike, ¿listo?" Uno de los asistentes preguntó, alzando la sábana debajo de Rose en sus manos. "A las tres," Mike contestó. "Uno... dos...tres." Fácilmente la levantaron pero en el proceso de ponerla de nuevo abajo, una esquina se resbaló de sus manos, provocando que el pesado molde de la pierna derecha cayera abajo sobre la cama. La sacudida envió ráfagas de dolor a través de Rose y el posterior grito trajo a Ronnie a su lado. "Srta. Lo siento," Mike dijo. "Necesitamos ahora rodarla sobre su costado para que podemos conseguir sacar la sábana de debajo de ella."

"No," Ronnie dijo. "Yo la sacaré." Había claramente cólera en su tono así como la preocupación que Rose no estuviera lastimada aún más. Con cuidado infinito descorrió la sábana sacándola debajo de la joven mujer hasta que finalmente salió libremente. La lanzó al compañero de Mike. "¿Hay algo que necesito firmar?"

"No Madame. Usted recibirá la factura de nosotros en algunos días."

"Bien. ¿Hay algo más?" Sin esperar una respuesta cabeceó a María, que estaba parada en la puerta, "María los acompañará a la puerta."

"Fue un accidente," Rose dijo una vez que se fueron los asistentes. Ronnie repasaba atareada las instrucciones de como operar la cama nueva.

"Fue un estúpido accidente. Él debió haber tenido más cuidado. ¿Qué, si no hubieras estado sobre la cama?" Bajó el brazo y envolvió su mano en los fríos dedos de los pies de Rose. "Déjame conseguir algunos calcetines para ti. Regresaré pronto. ¿Deseas algo de la cocina?"

"No, gracias. Puedo esperar hasta la cena."

"Huh. Uh. Bien, reconozco que necesito una taza de café. ¿Quieres algo caliente o frío para beber?"

"Um..." La mirada en los intensos azules ojos decía que era mejor elegir uno u otro. "Caliente, por favor."

"Aquí está el control para la cama." Dio el blanco aparato de plástico a Rose junto con el folleto de instrucciones. "Esto viene con calor y masaje. Solo presiona estos botones si quieres encenderlo. Éstos controlan los pies y la cabecera de la cama." Observó como la joven mujer experimentaba, levantando la cabeza hasta que estuvo en un ángulo de cuarenta y cinco grados. "Te dejaré que consigas utilizar esto y estaré de vuelta con esos calcetines."

Ronnie volvió pocos minutos después con un par de gruesos calcetines blancos y un ronroneador montón de pelusa anaranjada y blanca. "Mira a quién encontré escondida en el cuarto de servicio," dijo, dejando a Tabitha en la cama y sonriendo cuando vio los brazos de Rose envolverse alrededor de su precioso gatito.

"Hola dulzura... te extrañé," la joven mujer arrullaba a su satisfecho gato. "Has ganado peso."

"¿Mrrow?"

"¿Me extrañaste?" Abrazó a Tabitha otra vez, sin pensar en las lágrimas que se derramaban saliendo de sus ojos. "Gracias," susurró a Ronnie. "Gracias por ocuparte de ella por mí. No puedo decirte cuanto..." Su voz se interrumpió y se dio por vencida para intentar hablar.

"Lo sé," la mujer de cabello oscuro dijo suavemente. "Y de nada." Hace una semana no habría creído que podría significar tanto tener a alguien que se ocupara de su mascota pero ahora Ronnie entendía justo lo importante que el felino era para Rose.

"Hey, vamos a poner estos calcetines en ti." Se trasladó al extremo de la cama, todavía mirando la llorosa reunión entre Rose y Tabitha. "Éstos fueron los más calientes que pude encontrar," dijo mientras apartaba la manta. Reunió el tejido de algodón en sus dedos y lo deslizó cuidadosamente sobre los dedos del pequeño pie de Rose, después sobre el pie y el tobillo cubiertos por el molde. Con el talón en el lugar, parte de la punta de los calcetines caía, claramente mostrando la diferencia en el tamaño de los pies de las dos mujeres. "Lamento esto. Te conseguiré algunos calcetines que te queden mañana."

"No tienes que hacer eso, Ronnie. Éstos están bien, si no te importa que use tus calcetines. Además, tienen que ser grandes o no cabrían sobre el molde." El calor que emanaba de la cama tomó más que solo tranquilizar a Rose, esto disminuyó el dolor en sus piernas y la relajó al punto que sus párpados se sentían muy pesados y no pudo sofocar un bostezo. "¿Te importaría si descanso un pequeño rato?"

"Por supuesto que no, Rose, cuando estés cansada, solo dímelo." Ronnie observó la computadora, gimiendo internamente en el pensamiento del trabajo que había estado acumulándose toda la semana esperando por ella. "Te molestaría el teclado si trabajo un poco?"

"Oh no. Adelante. No me molestará en absoluto." Rose no sabía si lo haría o no pero no estaría diciéndole a Ronnie que no podría hacer su trabajo en su propia oficina en su propia casa. Tabitha parecía bastante satisfecha tumbada en la climatizada cama y pronto se quedó dormida.

El sueño no llegó tan fácilmente para Rose, sin embargo. El traqueteo del teclado atrajo su atención a Ronnie que trabajaba duro solo algunos metros más allá. Había computadoras en la biblioteca pública y sabía como usarlas para buscar la localización de libros pero poco más. Incluso desde esta distancia podía ver que Ronnie estaba revisando algún tipo de hoja de cálculo. Aunque la esculpida cara tenía la mirada desviada de ella, Rose no tenía ninguna duda de que la cabeza de Cartwright Corporation fruncía el ceño. Un lápiz con el extremo bien mordisqueado encontró su camino dentro de la boca de Ronnie una y otra vez. Cuando éste no estaba siendo roído, estaba siendo rebotado arriba y abajo en el escritorio, un evidente inquieto hábito. Cada tan frecuentemente como una incongruente explicación podía salir de la boca de la culta mujer y la pantalla de la computadora podía cambiar de una hoja de cálculo a otra.

Ronnie se levantó y se acercó a los archiveros, sacando un fajo de informes generados en computadora. "¿Qué diablos estás haciendo, Tommy?" Preguntó al aire antes de volver a su asiento y comparar la información sobre el papel a lo que le decía la pantalla. A través de los medio cerrados párpados Rose continuó mirando a su nueva amiga luchar para encontrarle sentido a lo que estaba observando. Varias veces Ronnie se reclinó en su sillón de piel y dejaba salir frustrados suspiros. Eran esas veces que Rose podía ver su cara, frente surcada con el pensamiento, labios fruncidos, quijada apretada. La joven finalmente se quedó dormida deseando poder hacer algo para disminuir los problemas de Ronnie de la forma en que la compasiva mujer había disminuido los suyos.



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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 13th 2012, 5:50 pm

Ronnie apagó el monitor y giró en su asiento para encontrar a Rose durmiendo, Tabitha justo a su lado. El anaranjado y blanco felino estaba ajetreado limpiando sus patas e incluso no se molestó en levantar la mirada cuando la ejecutiva salió del cuarto.

"¿Cómo está la pobrecita, querida?" María preguntó cuándo Ronnie entró en la cocina.

"Ella está durmiendo ahora. La despertaré para cuando la cena esté lista." Alcanzó un vaso del armario antes de sacar una cerveza del refrigerador. "Realmente agradezco que te hayas quedado tarde hoy para hacer esto."

"Oh, no es ningún problema para nada, Ronnie, sabes eso," la mujer mayor dijo. "Qué le sucedió?"

"Fue golpeada por un auto. No tiene familia y nadie más para ocuparse de ella. Va a permanecer aquí hasta que esté curada totalmente y no necesito que mi madre y hermana sepan sobre esto," Ronnie advirtió, deseando evitar cualquier discusión familiar.

"¿Supongo que es la madre de Tabitha?"

"Sip." Tomó un trago de cerveza y olfateó en el horno. "Olores ricos."

"Uh huh estará rico una vez que esté hecho. Incluso no pienses acercarte allí y tomar algo." María recordó que en el pasado muchas veces cuando los tenedores para la cena desaparecían los encontraba en el momento en que los sacaba del horno. "No me dijiste lo que le gustaba así que hice una cacerola de asado."

"Oooh. Suena rico." Los ojos de Ronnie se iluminaron. "Espero que hayas hecho suficiente." Tomó otro trago de cerveza y echó un vistazo en las hileras de gabinetes. "Sabes donde está esa bandeja que utilizamos cuando mamá estuvo enferma?"

"Por supuesto que lo sé. A diferencia de ti, conozco mi camino alrededor de la cocina."

"Hey, sé donde están las cosas. Encontré la cerveza sin problemas." Ronnie sonrió.

"Siempre saliéndote lo listilla, ¿no es así, Verónica Louise?"

"Únicamente contigo, María," la alta mujer contestó, inclinándose y dándole a su querida ama de llaves un beso en la mejilla y le rizó el cabello. "Tomaré mi cena en la oficina con Rose. Si necesitas ayuda solo dame un grito."

"Considerando que serví a tu familia entera cuando vivian todos aquí pienso que llevar dos cenas a la oficina no será un problema." Abrió la puerta del horno y pinchó la carne y las papas con un tenedor grande. "Ahora ve a ocuparte de tu huésped. La cena tardará por lo menos en otra media hora."

Una vez que estuvo sola otra vez en la cocina, la cara de María dejó la sonrisa. Se acercó a las puertas corredizas y miró detenidamente afuera en la noche. La lámpara grande de sodio iluminaba el garaje y el maltratado Porsche situado en el interior de éste. "Oh Verónica..." susurró. "¿Qué has hecho?"



*****



"Estaba delicioso," Rose dijo por milésima vez, poniendo su tenedor abajo en el plato vacío. "Nunca me interesé mucho por las zanahorias pero éstas estaban deliciosas."

"Creo que María pone un poco de azúcar en ellas mientras se están cocinando," Ronnie contestó, quitando la bandeja del regazo de la rubia y dejándola sobre el escritorio. "¿Estás lista para el postre?"

"¿Postre?" Verdes ojos se iluminaron.

"Postre. Sé que ella tiene pastel de chocolate y nueces recién hecho allí y si busco realmente puede que encuentre un poco de helado para acompañarlo." La mirada de completo placer en la cara de Rose trajo una sonrisa a la suya. "Manten eso y María te hará tan grande como una casa. Nada le complace más que ver a la gente disfrutar de lo que cocina." Echó un vistazo en la joven mujer aún en su bata azul y blanca del hospital. "Por supuesto parece que te puede ser útil un poco de carne en tus huesos. De modo que no sería una mala cosa. Mientras estoy en eso, te traeré algo un poco más cómodo para usar que esa cosa."

"Oh, bien supongo que es un poco espantoso," Rose contestó, levantando la tela sobre su hombro.

"No pienso que tenga algún pantalón que sean bastante grande para pasar esas piernas pero estoy segura que tengo una camisa de dormir en alguna parte. Ya regreso." Recogió los platos vacíos y salió del cuarto.

"¿Carne en mis huesos?" Rose preguntó a Tabitha una vez que Ronnie salió. "Me parece que he ganado diez libras de todo lo que he comido los últimos días."

"¿Mrrow?"

"Sip, parece que has estado disfrutando algo de lo que María cocina también," refunfuñó cuando el anaranjado y blanco gato subió sobre su muslo para posarse sobre su regazo. "No entiendo esto." Rascaba ausentemente detrás de las orejas de Tabitha mientras expresaba sus pensamientos. "Ella me encuentra en la calle, me lleva al hospital, y debería haber sido hasta ahí. En lugar de eso se ocupa de ambos como si fuéramos la cosa más importante del mundo para ella."

"¿Mrrow?"

"Oh, cielos prohibido que deje de rascarle a usted, su majestad." Reasumió su suave rascar. "Crees que puedo entender." Levantó a Tabitha sobre su pecho y frotó su nariz en la suave piel. "Eres tan adorable, cualquier persona que te ve se enamora de ti." Escuchó el suave ronronear por un minuto, tomando comodidad en sostener su precioso gatito. "Nop, no lo entiendo en absoluto. Estoy agradecida pero no lo entiendo."

"Aquí estamos," Ronnie dijo cuando entró en el cuarto. Cada mano sostenía un plato de postre con un gran pedazo de pastel de chocolate y nueces y una copa de helado de vainilla perforado con una cucharita mientras que una camisa de dormir café claro colgaba sobre su hombro. Dejó los platos abajo en el escritorio y dio la camisa de dormir a Rose.

"¿Dartmouth?" La mujer más joven preguntó, sosteniendo la camisa delante de ella.

"Sip. Conseguí mi licenciatura allí y mi maestría en Stanford," Ronnie dijo mientras le daba un plato a Rose. "Está vieja y descolorida pero todavía la amo."

"¿Cuáles son tus títulos?"

"Mmm, buena niña exploradora. Veamos... Tengo una Licenciatura en Administración de Negocios con un secundario Marketing y mi Maestría es en Dirección de Negocios."

"No me sorprende que seas la presidenta de tu compañía."

"Bien, eso es por soy la mayor," Ronnie sonrió. "Cuando esto viene de Cartwright Corp., el nepotismo se consigue por todas partes."

"Estoy segura que tomó más que eso para llegar a donde estás," Rose contestó, poniendo una cucharada del sabroso postre en su boca.

"Así es, pero si estuviera con cualquier otra compañía solo estaría en gerencia media. Mi padre murió menos de tres años después de que me gradué y entonces tomé el control de las riendas."

"Oh. ¿Estabas cercana a tu padre?"

"Supongo." Empujó el último pedazo de pastel de chocolate y nuez en su boca. "Era la mayor y por mucho tiempo la manzana de su ojos. Sabes, es curioso, no importaba lo ocupado que él estaba, encontró siempre el tiempo de asistir a cada conferencia de padres y profesores, cada juego, incluso asistió a todos los juegos de mi pequeña liga. No muchos hombres en su posición harían eso."

"Parece que él te amó mucho."

"Él lo hizo. Era el infierno criarme y estaba siempre intentando mantenerme fuera de problemas." Ronnie dejó su plato abajo y se recargó en su sillón de piel. "Recuerdo más de una vez en que uno de los floreros antiguos de mi madre se conseguía roto con mi pelotera y él estaba culpándose." Sonrió ante el recuerdo. "Solo una vez conseguí herirme y él no pudo cubrirlo por mí. Resbalaba de esa barandilla allí afuera y me caí. Me fracturé el brazo. Mamá me castigó todo el verano".

"Si creciste aquí, ¿por qué tu madre no vive aún aquí?"

"Bien, después de que papá muriera, ella vivió aquí durante un tiempo. Eventualmente comenzó a pasar más y más tiempo con sus amigas de canasta. Todas ellas viven en una comunidad de retiro cerca. Pensó que si estaba pasando todo su tiempo allí por qué no solo vivía allí, así que le compramos un condominio y asumí el control de la casa de la familia. Tiene sentido, sin embargo. Está rondando los sesenta y no necesita un lugar tan grande de todos modos."

"¿Tus hermanos no querían la casa?"

"No tuvieron una opción. Soy la mayor. Es cómo funciona en nuestra familia. ¿Terminaste con eso?"

"Oh, sí, gracias." Rose entregó el ahora vacío plato.

"Además," Ronnie continuó. "Susan y Jack tienen una agradable casa a unos pocos kilómetros de aquí y Tommy parece preferir apartamentos. Si no la hubiera tomado, probablemente habríamos puesto el lugar a la venta." Apiló los dos platos y giró alrededor en su silla para hacer frente a la gran pantalla de televisión. "Son casi las diez. ¿Estás cansada o deseas ver que está pasando?"

"No, estoy bien despierta. Esa siesta de antes ayudó." Rose se movió e inhaló agudamente. "Pienso que es hora para otro Percocet, sin embargo."

"Te lo traeré. Encuentra algo para que veamos."



*****



Tabitha estaba satisfechamente durmiendo junto a Rose, que continuaba mirando fijamente arriba en el techo. Ronnie se había ido a la cama una media hora antes, dejando a la joven mujer sola con sus pensamientos. Le sorprendió a Rose darse cuenta justo como decepcionada estaba cuando su amiga anunció que se iba a la cama. Había verdaderamente disfrutado la noche y la atención constante de la mujer más mayor. También parecía que cuando Ronnie estaba alrededor, sus piernas y el tobillo no dolían tanto ni la conducía a las lágrimas tan a menudo. Pensó de nuevo en qué había sucedido justo después que comenzaron a ver las últimas noticias.

Un incorrecto movimiento envió el atroz dolor a través de ella e inmediatamente Ronnie había estado allí. Ronnie, la sostuvo fuertemente, le susurraba consoladoras palabras, que tiernamente la acunó. Rose deseó que el abrazo no terminara nunca. Quería continuar sintiendo la cálida piel contra la suya, aspirar la fragancia del perfume de Ronnie, sentir la subida y caída del pecho de la fuerte mujer contra su mejilla. Cuando Rose finalmente la soltó, fue con gran reticencia y un sentimiento de pérdida. Ajustó la almohada detrás de su cabeza y forzó sus ojos para cerrarse, pero no hizo nada para borrar la sensación de Ronnie confortándola.

Arriba, Ronnie estaba mirando fijamente su propio techo. No quería dejar a Rose, pero no le había parecido correcto mantener a la mujer aún en recuperación levantada demasiado tarde. Escuchó los sonidos de la noche, los ocasionales camiones que bajaban por la calle principal, los búhos ululando en la distancia. Nada de eso le interesó. Lo que estaba escuchando era por el suave, melódico sonido de la voz de Rose llamarla.

"Maldición, tendría que haber conseguido un sistema de intercomunicación," murmuró en la oscuridad. ¿Y si Rose necesita ayuda con el acómodo? ¿Qué si despierta y necesita más Percocet? ¿Era seguro dejar a Tabitha con ella? ¿Qué si caminaba a través de las piernas de Rose? ¿Qué si sentía dolor otra vez y necesitaba ser sostenida? Ésos y una docena más de preguntas pasaron por su mente, todas convenciéndola que arriba no era el lugar correcto para estar. Con la puerta de la oficina abierta permitiendo a Tabitha entrar y salir en caso de que necesitara la caja de arena, no había seguramente manera que pasara por alto oír a Rose. ¿Pero qué si lo hacía? ¿Qué si Rose la necesitaba y no la oía llamarla? Sí, era por eso que tenía que estar cerca de ella... solo en caso de que necesitara algo. Agarrando las almohadas y la manta, Ronnie salió de su dormitorio y se dirigió abajo.

Acomodando la ropa de cama en el sofá, silenciosamente cruzó el cuarto y echó un vistazo en la mujer durmiendo. Después de convencerse de que Rose estaba bien, Ronnie volvió al sofá y se acomodó, el sueño tomó el control en menos de minutos.



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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 13th 2012, 5:51 pm

Ronnie se levantó alrededor de las seis. Regresó las ropas de cama a su habitación y se cambió a su ropa de entrenamiento antes de entrar en la oficina para checar a Rose. La joven mujer estaba todavía durmiendo profundamente así que se sintió segura para dirigirse abajo para introducirse en su entrenamiento. Sin embargo, esto que normalmente significaba paredes sacudidas por los decibeles de la música de los años 80 fue cambiada al silencio absoluto a fin de no perderse de oír a Rose llamándola. Lo que eran normalmente veinte repeticiones con cada máquina se tornaron en diez y la máquina de deslizamiento fue ignorada completamente. Volvió arriba y revisó a la dormida mujer una vez más antes de ir a tomar una muy necesaria ducha. Era sábado. No habría señales de María que tenía los fines de semana libre. Esto hizo que Ronnie resolviera que hacer para que ella y Rose desayunaran.

Cuando el vapor del agua enjuagó el champú de su cabello y el sudor de su cuerpo, los ojos de Ronnie se cerraron y su mente vagó de nuevo a la mujer de cabello rubio durmiendo en el piso de abajo. Había habido un casi culpable placer en sostenerla anoche, sabiendo que era la única responsable del dolor, sin embargo también la única que le proporcionaba consuelo de ese dolor. Disfrutó sostener a Rose, enterrando su nariz en el cabello de hilos dorados, envolviendo los brazos alrededor del suave cuerpo, sintiendo la cálida respiración contra su cuello...

Los ojos de Ronnie volaron abriéndose y bajó la mirada para descubrir su jabonosa mano acariciando su propio pecho izquierdo. Rápidamente se enjuagó, mentalmente regañándose por fantasear cuando tenía muchas cosas más importantes para hacer.

Rose se despertó por el sonido de Ronnie entrando al cuarto, un plato lleno de hot cakes y tocino en cada mano. "No soy una buena cocinera como María, pero por lo menos no quemé nada."

"Estoy segura que estará estupendo."

"¿Quieres café o té?"

"Oh, café sería genial," Rose dijo feliz.

"Hay una jarra recién hecha. ¿Crema y azúcar?"

"Solo crema por favor."

"Un café, crema, nada de azúcar sale de inmediato." Dejó su plato en el escritorio y el plato de Rose en la bandeja antes de colocarla en el regazo de la joven mujer. "Desayunaremos y entonces te ayudaré a bañarte. La enfermera no comenzará hasta el lunes pero pienso que puedo ayudarte."

"Sabes de verdad odio sentirme así de impotente," Rose dijo. "Quiero decir, yo no puedo incluso inclinarme sin que me duelan mis piernas. Si no pienso y meneo mis dedos del pie es incluso peor, no mencionar la cosa entera del cómodo." Sus mejillas se ruborizaron levemente con vergüenza.

Ronnie no sabía qué decir a ese comentario, sabiendo que si los papeles estuvieran invertidos no estaría probablemente tan bien sobre la completa situación. "Vuelvo enseguida con el café y después del desayuno veré si puedo encontrar ese juego Trivial Pursuit." Se dirigió hacía la puerta encontrándose con Tabitha.

"¿Mrrow?"

"¿Y supongo que quieres tu desayuno también?" Recibió su respuesta en la forma felina frotándose contra la pierna de sus pants. "Vamos, si estás comiendo no fastidiarás a tu madre por algo de lo suyo."



*****



Aunque Ronnie había ayudado a Rose ayer por la noche con el acómodo, la mujer joven estaba aún muy tímida de tener a la rica y poderosa mujer ayudándola. Ni una palabra fue dicha cuando el cuenco fue deslizado debajo de ella, hizo su deber, y Ronnie lo llevó al cuarto de baño contiguo. Bien por lo menos no tengo mi período, Rose pensó para si misma, temiendo al hecho de que era solo en una semana o algo así. No tenía idea cómo iba a manejar eso cuando se encontrara.

"Bueno, supongo que debemos conseguir asearte. ¿Quieres un Percocet ahora o después?" Ronnie preguntó cuando volvió del baño con un recipiente lleno de agua caliente jabonosa y un paño.

"Después. Me ponen a dormir también fácilmente. ¿Crees que podríamos cortar las pastillas por la mitad? Quiero decir, yo sé que la doctora Barnes quisiera que las tomara para el dolor pero odio sentirme tan atontada todo el tiempo."

"No veo ninguna razón de por que no," Ronnie contestó, dejando el recipiente en el escritorio. "Vamos a lavarte. Seré tan gentil como pueda," prometió.

La mujer de cabello oscuro era de hecho extremadamente gentil, como si estuviera asustada de causarle la más mínima cantidad de dolor. "Ok, ¿si lavo tu espalda puedes hacerlo con el resto?"

"Sip." Rose se inclinó y se quitó la camisa de dormir de Dartmouth y se la puso delante de sus pechos. Firmes dedos bajo la jabonosa toallita trabajaban de un lado a otro de su espalda, sacando un inesperado gemido de sus labios.

"¿Te lastimé?"

"No, lo siento. Supongo que me duele mi espalda de pasar tanto tiempo en esto."

"Me acostumbré a conseguir las peores tortícolis en mi espalda después de estudiar toda la noche durante los finales. Mi compañera de cuarto era estupenda en los masajes." La mente de Ronnie pensó brevemente de nuevo a algunas de las otras cosas que Christine era buena. "De todos modos," dijo, empujando la imagen de su mente. "Ella me enseñó que hacer. ¿Puedes inclinarte un poco más?" La joven mujer obedeció y Ronnie puso el trapito a un lado. Se movió un poco para conseguir una mejor posición y comenzó a masajear los apretados músculos con sus largos dedos.

"Oh, esto se siente bien," Rose murmuró adormilada, inclinándose nuevamente dentro del suave masaje. Parecía que cada dolor, cada nudo en su espalda desaparecía bajo el tacto de Ronnie. El agua jabonosa hizo que los fuertes dedos resbalan incluso más fácilmente a través de su piel. "Estás en la línea equivocada de trabajo, Ronnie. Debes haber sido una masajista."

"¿Es eso así?" Murmuró, su atención enfocada en la suave piel debajo de sus manos.

"Absolutamente," Rose gimió cuando la firme presión fue puesta en un punto particularmente adolorido. "Vas a ponerme de nuevo a dormir si mantienes eso."

"Bien, nosotras no deseamos eso ahora, ¿no?" Tomó el trapito, y limpió el resto de la espalda de Rose. "Ok, te dejaré para que termines mientras busco el Trivial Pursuit."

Una vez que Ronnie salió del cuarto, Rose puso la camisa sobre su regazo y lavó el resto de su cuerpo y áreas íntimas. Había terminado y acaba de tirar de la camisa sobre su cabeza cuando la mujer de azules ojos volvió. "Yo encontré... oh, lo siento." Ronnie cerró la puerta rápidamente. "Hazme saber cuando estés lista," dijo a través de la puerta cerrada, la vista de los firmes pechos de Rose ocupaba su mente. Ésa fue una de las cosas que echaba de menos desde que puso su propio gimnasio privado. Cuando había estado yendo al gimnasio local, había muchas mujeres guapas que andaban por el vestidor en varias etapas de desnudo. Era fácil para ella secretamente mirar sus cuerpos y gozar de la vista sin ser notada. Ronnie dejó salir un suspiro de desilusión en lo que nunca podría tener otra vez. Su experiencia en Stanford había asegurado eso.

"Ok," la voz de Rose llamó. Entró para encontrar al cuerpo superior de la mujer postrada en cama cubierto por la camisa de dormir de Dartmouth, su cuerpo inferior oculto debajo de las mantas. "¿Lo encontraste?"

"Yeah, siento acerca de entrar sin tocar. No pensé."

"Está bien. Estoy segura que has visto a mujeres medio desnudas antes."

"Bien, aún así tendría que haber tocado." Ronnie miraba la pequeña bandeja. "Hmm... esto no va a ser bastante grande para jugar."

"Sabes?, si pones la pierna apoyada arriba sobre esa silla de ruedas, estoy segura que podría jugar en una mesa contigo."

"¿Piensas que estás lista para eso?"

"Bien, me pusieron en una para cambiar las sábanas en mi cama en el hospital. Estoy segura que si tenemos cuidado nosotras podremos hacerlo."

"No lo sé, Rose. No quiero lastimarte," Ronnie dijo con indecisión.

"Tengo dolor la mayor parte del tiempo de todos modos. No pienso que esto hará mucha diferencia". Levantó la mirada en los penetrantes azules ojos y sonrió. "Realmente deseo jugar contigo."

"¿Estas segura sobre esto?"

"Estoy segura. Además, de esa manera puedes darme un recorrido."

Ronnie vaciló por un momento, sopesando los peligros de mover a Rose y confiar que la joven mujer sabía cuáles eran sus límites. "De acuerdo, pero si te sientes cansada o quieres acostarte de nuevo me lo dices inmediatamente, ¿Ok?"

"Ok."



*****



Se requirió traer la silla cerca contra la cama y colocar a Rose en ésta pero pudieron hacerlo con una mínima cantidad de malestar. Afortunadamente, las renovaciones que Ronnie había hecho cuando tomó posesión de la casa incluían una puerta bastante ancha. Con excepción de la parte del desnivel de la sala, no había lugar al Rose no pudiera ir en el primer piso. "¿Estás lista para el recorrido?" Ronnie preguntó después de comprobar minuciosamente para asegurarse que la manta metida bajo las frágiles piernas no interferiría con las ruedas.

"Absolutamente," Rose contestó, alcanzando las ruedas solo para encontrar que la dirigían ya fuera del cuarto, las manos de Ronnie en las manijas. La oficina estaba apartada de la sala y ahora verticalmente, Rose veía incluso más de la magnífica área. Las clásicas pinturas al óleo colgaban sobre las paredes. Un antiguo perchero situado cerca de la puerta junto con un soporte para paraguas que se miraba demasiado elegante para sostener un paraguas. Cada pieza de mobiliario hacía juego, desde el decorado en el sofá de piel a las mesas del extremo a los muebles que alineaban las paredes. "Es hermoso," Rose susurró reverente.

"Es pomposo" Ronnie replicó. "Únicamente lo dejé de esta manera porque no quería escuchar lo que diría mi familia si la cambiaba. A veces tenemos que hacer reuniones aquí y estoy segura que el Monet es examinado mucho mejor que un Witherspoon." Observó la falta de respuesta de la joven mujer. "Witherspoon es un artista abstracto. Tengo algunos de sus trabajos colgando en el cuarto de juego."

"¿Tienes un cuarto solo para juegos?"

"Es un retroceder a los tiempo de mi padre. Él acostumbraba entretener a algunos de sus amigos más indecentes allí. Tiene una mesa de billar, un bar, tiro al blanco, esa clase de cosas. Es aquí. Te lo mostraré."

Entre la oficina y la cocina estaba una puerta, oculta debajo de las escaleras. "Aquí es. No había estado aquí adentro desde hace tiempo, hasta hoy en que vine a buscar el juego Trivial Pursuit. María incluso no se molesta en limpiar aquí porque nunca se utiliza, así que no te preocupes de algo de polvo que es posible que veas." Ronnie paró de empujar la silla, caminó adelante, y abrió la puerta.

Había apenas unas motas de polvo en el cuarto, a pesar de la advertencia. Rose oyó un click detrás ella y el cuarto se iluminó con una serie de luces que colgaban, todas proclamaban una marca u otra de cerveza como siendo la mejor. En la lejana pared izquierda estaba ubicado un bar completamente abastecido. En el centro del cuarto de entretenimiento una mesa de billar con el verde fieltro y al extremo derecho del cuarto había algunas pequeñas mesas con ceniceros. "Es justo como un bar."

"Casi. Papá acostumbraba a retirarse aquí con sus amigos cuando él necesitaba un descanso del congestionado mundo de los negocios. Aprendí a jugar billar justo en esta mesa." Rrecorrió sus dedos a través del fieltro en memoria. "Durante la ley seca, mi bisabuelo dirigía un improvisada taberna clandestina fuera de aquí, solo para importantes clientes, por supuesto." Caminó a la pared lejana y señaló una pequeña campana. "Ésta era la campana de advertencia. El abuelo acostumbraba utilizarla para advertir cuando venía mi abuela y años más tarde mi padre hizo la misma cosa."

"Wow," Rose dijo, realmente sorprendida en la historia del cuarto. Estiró su mano y recorrió las yemas de sus dedos a lo largo del suave costado de la madera de la mesa de billar. "Estoy sorprendida que no pases tiempo aquí. Parece un maravilloso cuarto."

"Lo es, pero estoy realmente demasiado ocupada la mayor parte del tiempo para traer amigos." Ronnie agarró las manijas otra vez. "¿Lista para ver el resto?"

"Seguro."

Salieron del cuarto de juego y se aventuraron por más, Ronnie señaló el cuarto de servicio que conducía al camino de entrada, el vestíbulo, y el segundo cuarto de baño en el primer piso. Entraron a un elegante comedor con una mesa más larga que cualquiera que Rose había visto antes. "Podrías sentar a veinte personas aquí," la joven mujer dijo.

"En realidad, es para sentar dieciocho con la tabla adentro, pero parece bastante grande, ¿no?"

"Es hermosa." La mesa hacía juego con los armarios de porcelana China construido en cada esquina así como el carro de servicio, una mesa de madera con ruedas y plegables aletas sobre los lados.

"Supongo que lo es. Nunca lo utilizo a excepción de que la familia consiga reunirse. Yo como generalmente en la cocina o delante de la computadora. Vamos, no has visto nada todavía."

Su siguiente parada fue la cocina. Ronnie empujó a Rose en el centro del cuarto para que pudiera ver todo en un solo vistazo. "Cuando tomé posesión de la casa, ésta tenía nada más que dos barras y unos pocos gabinetes. Maria y yo trabajamos con uno de los mejores diseñadores de cocinas del área para hacer esto."

"Es hermosa. Es justo como esas cocinas que tu ves en las revistas," Rose dijo. El colosal refrigerador lucía paneles de roble claro en el frente, combinando con el resto de la decoración de la cocina. Una división de lujosas artes de cocina justo en el centro del cuarto y estaba completada con una cocina y fregadero así como un hueco para la basura y construído en recortados tableros. Sobre sus cabezas estaba una barra de hierro forjado sosteniendo pulidas ollas y cacerolas de cobre. El extremo opuesto del cuarto había una puerta deslizable grande de cristal que daba hacia el camino de entrada y la cochera más allá. Toda la cocina estaba acabada con roble, cobre y acero con mucha luminosidad, dando una sensación de buena ventilación del área. "¿Qué es esa puerta?"

"Esa conduce al cuarto de lavado. Es nada excitante, nunca voy allí."

"¿Un cuarto solo para lavar? ¿Puedo verlo? Quiero decir, si no es demasiado problema."

"No es problema en absoluto, Rose," Ronnie dijo, sonriendo en la obvia aprobación de la mirada y voz de la joven mujer. Ellas se dirigieron al cuarto de tamaño mediano. Llamarlo un cuarto de lavado era un poco una subestimación. Más allá de la indispensable lavadora y secadora, también sostenía la tabla de planchar, varios estantes para almacenar la ropa fuera de temporada, un armario con todo desde suavizadores de tela y detergentes para quitar manchas y las hojas para la secadora, y un mostrador para ropas en uso.

"Esta casa es asombrosa. Si viviera aquí, nunca desearía irme." Sus ojos se ensancharon en la manera en que su declaración pudiera ser tomada. "Yo... quiero decir, es realmente un lugar agradable, no que yo..."

"Relájate, Rose, sé lo qué quisiste decir," la alta ejecutiva dijo. "No me gustaría irme de aquí tampoco. Por eso todo está diseñado para mi comodidad, y la de María por supuesto." Extendió el brazo y apagó la luz. "Bien, eso es todo," dijo cuando empujó a Rose nuevamente dentro de la cocina. "El resto del lugar está arriba o en el sótano y no vamos a aventurarnos allí hoy."

"Es realmente una hermosa casa, Ronnie."

"Gracias. Me alegra que te guste," contestó, tomando la aprobación de Rose de su hogar más seriamente de lo que ella había tomado de cualquier persona antes. "¿Así que te levantas para ese juego de Trivial Porsuit o qué?"

"Oh, esa mesa en el comedor es demasiado alta para esta silla," Rose dijo disculpándose.

"No hay problema. ¿Piensas que una de las que está en el cuarto de juego sería más adecuado?"

El resto de la mañana fue pasada en el cuarto de juego en donde completaron cuatro juegos de Trivial Pursuit, terminando con un empate de dos triunfos cada una. Entonces regresaron a la oficina en donde miraron un maratón de las cintas de la Juez Judy que Ronnie había guardado pero había estado demasiado ocupada para mirarlos. Tabitha les hizo compañía, alternándose entre acostarse en la cama con Rose y saltar en el regazo de Ronnie en el sillón.

Poco después de comer Rose tomó la mitad de un Percocet y se acomodó para tomar una siesta, las actividades de la mañana cobraron su precio en sus aún cicatrizantes piernas. Ronnie fingió trabajar en la computadora pero en verdad estaba solo esperando que la joven mujer se quedara dormida. Cuando oyó los suaves, tranquilos ronquidos, se alejó del escritorio de la computadora y se arrodilló junto a la cama. Observó la regular subida y bajada del pecho de Rose algunos minutos antes de meter la manta alrededor de ella y salir del cuarto, asegurándose que la puerta quedara entreabierta.



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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 14th 2012, 3:44 pm

Rose sacudió su cabeza grogui y abrió los ojos. Estaba oscuro afuera pero con los cortos días del invierno, no podría decir si eran las cinco o las ocho. Un vistazo a los rojos números en la alarma le dijo que eran cuarto para las seis. Su vejiga le decía que era tiempo para algo más completamente. Suspiró en el pensamiento de tener que pedir a Ronnie ayudarle otra vez con la tarea. Sus ojos cayeron en el cómodo, colocado en la pequeña mesa junto a la cama. Estaba dentro del alcance de su mano... quizás...

Ronnie estaba cortando champiñones cuando oyó el desgarrador grito. El cuchillo golpeó el piso cuando corrió de la cocina a la oficina mientras los gritos continuaban.

"Oh Dios... ahhh..." Rose todavía gritaba en angustiante dolor cuando Ronnie entró. La joven mujer había conseguido rodar sobre su costado intentando conseguir el cómodo debajo de si misma pero en el proceso su pierna izquierda cayó sobre la derecha y la torció, enviando intensas oleadas de dolor a través de su tobillo. "¡Oh Dios esto duele!"

Ronnie no perdió tiempo, agarrando el pie izquierdo y levantando la pierna apartándola de la derecha atrapada por debajo de ésta. Rápidamente consiguió colocar a Rose sobre su espalda otra vez. "¿Qué sucedió?"

"Yo... yo quería solo." Sus palabras interrumpieron en sollozos cuando ella lloró desamparadamente.

"Está bien ahora, está bien." Ronnie la levantó sobre la cama y tiró de Rose contra si con un brazo mientras alcanzaba la botella de Percocet con el otro. "Te tengo, Rose... Está bien ahora." El tapón de la botella salió volando bajo la fuerza de su pulgar. "Aquí ahora, toma esto."

Rose tomó la pastilla completa en su boca, seguida por algunos tragos de agua para conseguir bajarla. Los sollozos disminuyeron un poco, pero sus brazos seguían envueltos firmemente alrededor del cuello de Ronnie. "¿Qué pasó?"

"Yo... yo tuve que ir... y... y..."

"¿Por qué no me lo pediste? Dejé la puerta abierta para así poder oírte." Cualquier cosa que Rose intentaba dar como respuesta se perdían en sus sollozos, las únicas palabras que Ronnie podía recuperar eran 'lo siento' y 'preocupes'. "Okay... Te he entiendo," la arrulló. "Te entiendo, todo está bien."

Pasaron unos buenos diez minutos antes de que lograra que Rose se tranquilizara para conseguir el cómodo bajo sus caderas. "Pienso que mejor vamos de nuevo al hospital para que puedan asegurarse de que los huesos todavía estén alineados."

"No golpeé este duramente..."

"No sabes eso, Rose. Incluso la más mínima parte movida y tendrás problemas para caminar otra vez, lo sabes."

"No quiero volver," dijo temerosamente. "Lo siento, por favor no hagas que vuelva."

"Shh... no estoy haciendo que vuelvas. Solo quiero asegurarme de que no te hiciste ningún daño, es todo." Abrazó a Rose otra vez. "Prometo que únicamente iremos a que le saquen unas radiografías a tus piernas y entonces nosotras volveremos a casa."

Eran casi las dos de la mañana para el momento en que regresaron de la sala de emergencias. Ronnie estuvo bastante molesta durante el tiempo que tomó para que llegara la ambulancia, pero estaba aún más enojada en la hora y media que esperó para conseguir el traslado de regreso. El pensamiento de comprar una camioneta para así no tener que depender de otros para ayudarle a llevar a Rose de un lado a otro pasó por su mente más de una vez, pero para su alivio, nada estaba movido de su lugar. La cena terminó no siendo el elegante banquete que había planeado solo calentó las sobras en el microondas debido a lo tarde de la hora.

Ronnie consiguió poner a Rose nuevamente en su cama y le dio una severa advertencia sobre intentar un truco así otra vez antes de meterla. "Estaré aquí en el sofá si me necesitas," dijo antes de apagar la luz y dirigirse hacía la puerta.

"¿Ronnie?"

"¿Sip?"

"Lo siento."

Esas palabras trajeron a la mujer de cabello oscuro nuevamente a la cabecera. "Lo sé, cariño, y sé que es difícil para ti, pero por favor solo pide ayuda la próxima vez, ¿Ok?"

"Ok." Hubo una pausa. "¿Ronnie?"

"¿Sip?"

"Es tiempo."



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Re: Amor accidental - B. L. Miller

Mensaje  malena el Septiembre 14th 2012, 3:45 pm

Ronnie vació la última taza de café y se asomó a la ventana al sol de la mañana rebotando en la recién caída nieve. Detrás de ella, Rose continuaba profundamente dormida, en absoluto perturbada por las tempranas actividades de la mañana de la ejecutiva en la computadora. Ronnie dejó la taza vacía abajo sobre el escritorio y suspiró. Tres horas emitiendo declaraciones y hojas de cálculo habian fracasado, no pudiendo salir con algo sobre Propiedades Inmobiliarias Cartwright. Los contratistas fueron pagados, los recibos fueron presentados, todo parecía un negocio como de costumbre. Entonces ¿por qué sentía tan terminantemente que algo estaba terriblemente incorrecto? Cayó nuevamente en su sillón y tomó el informe otra vez. La respuesta tenía que estar allí. Pero en vez de volver al mundo de los libros mayores y entradas, los ojos de Ronnie vagaron a la cama, donde el brillante sol proyectaba un resplandor alrededor de la dormida forma. "Justo como la luz del sol," susurró para si.

El tiempo comenzó a hacer tic tac mientras continuó estudiando silenciosamente a Rose. Sus azules ojos comenzaron en la parte superior, observando el suave cabello color miel que enmarcaba la querúbica cara. Las cejas ligeramente rojizas acentuaban los cerrados parpados con las naturales pestañas rizadas. Una chiquita, respingada nariz se asentaba justo por encima de los más suaves preciosos labios. La mirada fija de Ronnie continuó descendiendo, pasando la camisa de dormir de gran tamaño y abajo a donde las curvas pararon. Sus ojos permanecieron clavados en los huesos quebrados ocultos por los moldes, recordándole apenas por qué la hermosa joven mujer estaba allí. Con una mezcla de culpabilidad y pesar, Ronnie giró su sillón de nuevo de cara al escritorio y se metió de lleno en su trabajo.

El crujido del cubrecama acompañado por un gemido de dolor anunció que la joven mujer estaba despertando. "Buenos días," Rose murmuró, intentando traer los verdes ojos en foco.

"Casi tardes, en realidad," Ronnie dijo, dejando su trabajo por un momento y girando para hacer frente a su compañera. "No tengo mucho para ofrecer entre el desayuno y la comida pero si quieres, saldré y veré si puedo conseguir un poco de comida china."

"Ooh, eso suena maravilloso." Los ojos de Rose se iluminaron como si fuera a recibir el más grande regalo de navidad en el mundo. "Quiero agradecerte otra vez por llevar eso al hospital."

"No se necesita mucho para hacerte feliz, ¿no es así?"

La joven mujer irguió su cabeza de lado a lado pensando antes de contestar. "No, no realmente. Nunca había mucho, así que extras como pedir comida para llevar era imposible."

"¿Cuánto tiempo hace que estás tu sola, Rose?"

"Oh," ella se ruborizó. "Tú no querrás oír hablar sobre mí."

"Claro que quiero." Ronnie movió su sillón más cerca y puso los pies en el borde de la cama. "Vamos, será como partir en un sueño."

"No lo se..."

"Vamos, sunshine," persuadió, dándose cuenta que había utilizado el cariñoso nombre solamente después de que lo había dicho. Se movió y echó un vistazo en la ventana. "Hace frío afuera. Llamaré para la entrega y puedes decirme todo acerca de Rose Grayson."

"No hay realmente mucho que decir. Ciertamente nada particularmente interesante."

"Déjame decidir eso," Ronnie rogó, sus ojos suplicaban para que la joven mujer se abriera.

Rose bajó la mirada a la manta por un momento, pesando sus opciones y miedos. Se sentía tan segura, tan cuidada aquí. ¿Y si algo que decía, hacía que su nueva amiga pensara diferente de ella? Pero... no había nada en los ojos de Ronnie que sugirieran que juzgaría algo que fuera dicho. Quizá si tocaba ligeramente los detalles...

"Bien, como dije, allí realmente no hay mucho para contar. Tenía casi dos años de edad cuando mis padres murieron en un accidente automovilístico. Después viví con mi abuela hasta que se puso demasiado enferma para ocuparse más de mi." Se encogió de hombros. "Después viví en diferentes lugares hasta que fui bastante mayor para estar sola. Eso es todo."

¿"Qué edad tenías cuando tu abuela enfermó?"

"Diez."

¿"Ella era tu única pariente?"

"Sip."

"Sabes que esto parece más como una entrevista que una conversación," Ronnie dijo, sacando una tímida sonrisa de la joven mujer. "Cuéntame una historia sobre ti. Dime acerca de algo agradable que te sucedió cuando eras un niña."

"Algo agradable que me sucedió, ¿eh?" Rose ponderó el pensamiento por un momento antes de salir con una apropiada historia. "De acuerdo, pero primero llamas por esa comida que prometiste."

"Trato hecho," contestó.



*****



Unos pocos minutos más tarde la comida había sido ordenada y ahora era el turno para Rose de contar su historia. "Ok, ésta fue cuando tenía seis o siete años. Mi abuela vino a mí temprano una mañana y me dijo que iríamos a un lugar especial. Nos empacó nuestros almuerzos y tomamos el autobús por lo que parecieron horas. Tuvimos que cambiar de autobús un par de ocasiones antes de que llegáramos allí." Los ojos de Rose brillaron en la remembranza y su mirada estaba a muchos años de distancia de la oficina en la casa de Ronnie.

"Ella me llevó al zoológico. No a los pequeños zoológicos de animales que podrían llegar a las ferias de vez en cuando sino a un verdadero zoológico. Allí había bastantes animales... tigres, osos, focas... era increíble. Pasamos el día entero allí y comimos el almuerzo cerca de la jaula con los osos cachorros." Puso su mano en el tobillo de la mujer mayor y se inclinó. "Mi abuela me dijo que no le diera comida pero cuando no estaba mirando lancé el resto de mi emparedado en su foso."

"Suena como un día realmente agradable," Ronnie dijo.

"Oh, lo fue. Fue uno de esos perfectos días en que no estaba demasiado caluroso o con demasiado viento o algo. La abuela incluso tenía monedas de diez centavos para poner en las máquinas para conseguir esas pelotillas para alimentar a las cabras." Rose se recostó contra su almohada y sonrió al techo. "Me quedé dormida en el camino de regreso así que no recuerdo mucho de eso sino que recuerdo lo feliz que estaba de caminar a casa con ella desde la parada del autobús."

"Parece que ella te amó muchísimo."

"Ella lo hizo," la joven mujer contestó. "La abuela siempre encontró formas de hacer agradable nuestro tiempo juntas. Después de que las tareas estaban hechas, siempre jugábamos Monopolio, cartas o algo." Los ojos de Rose se nublaron y parpadeó para dejar atrás el dolor que llegó con el recuerdo.

"Mis abuelas siempre estaban peleando la una con la otra," Ronnie dijo, esperando que una historia propia que pudiera ayudar a alejar a su amiga de pensamientos tristes en la época en la que estaba creciendo. "Ambas eran las típicas suegras. La abuela Cartwright nunca pensó que mi madre era bastante buena y la abuela Mitchell pensaba igual de mi papá. Tendrías que haberlas visto en los días de fiesta."

"¿Has tenido siempre mucha gente alrededor en los días de fiesta?"

"Yup, y siempre aquí, también, bueno, hasta que tomé posesión. Ahora las fiestas se llevan a cabo en la casa de Susan o en la casa de algún primo. Pero antes, teníamos normalmente treinta o cuarenta personas aquí cuando la familia lograba reunirse."

"Wow, debe haber sido un caos." Rose presionó el botón del control remoto para la unidad de calefacción construída en la cama, esperando que le ayudara a disminuir el contínuo incremento de dolor en sus piernas.

"Caos es una agradable forma de ponerle. La tradición es una cosa grande en ambas familias y por supuesto lo que era una tradición para los Cartwright no era una para los Mitchell. En algunos días de fiesta ahí estaban peleándose diez minutos antes de que todo el mundo llegara."

"¿Peleas?"

"Oh, no físicas... las habituales," Ronnie sonrió. "En Navidad habitualmente podía comenzar con lo que teníamos para la cena después hasta la forma de cómo el árbol fue adornado."

"Estás bromeando."

"Nop, juro por dios." Levantó su mano en solemne juramento. "La familia de mi madre siempre esperaba hasta Nochebuena para poner la estrella en la punta pero la de lado de papá la ponían arriba mucho antes, cuando ponían el árbol."

"Eso parece como una cosa tonta para que la gente se disguste, especialmente en un momento en que deberían solo estar felices de verse los unos a los otros," Rose dijo, dándose cuenta que quizás la familia de Ronnie no era tan perfecta como pensó que era.

"Bien, quizá era porque mi familia se ven demasiado los unos a los otros. Todos trabajan para Cartwright Corp. En una forma u otra."

"Piensas que podría hacerlos mas cercanos."

"A veces están demasiado cercanos," Ronnie contestó. "Es como una telenovela a veces. Todos sabemos qué está pasando en la vida de cada uno todo el tiempo. No hay verdadera privacidad."

"Nunca pensé que pudiera ser tan difícil. Supongo, no teniendo una familia, no me veo en ese lado de tener demasiada gente alrededor," Rose admitió.

"Nunca pensé de cómo solitario podría ser un único hijo." Las dos mujeres se miraban la una a la otra pensativamente cuando viejas ideas se mezclaban con nuevas establecidas verdades.

"Cuando estaba en Dartmouth," Ronnie comenzó, "amaba la libertad que estar lejos de casa me daba. Ningún toque de queda, ninguna mirada de desaprobación. Se sentía tan bien al no tener que responder a nadie o preocuparme de mi imagen."


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Re: Amor accidental - B. L. Miller

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