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While my guitar gently weeps, Boomer

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While my guitar gently weeps, Boomer

Mensaje  julia el Enero 23rd 2011, 12:19 am

Mandrágorafics

Autora: Boomer

Capítulo 1

Paula entró corriendo en la habitación, cerró la puerta de un puntapié, lanzó su mochila y su carpeta sobre la cama y se abalanzó sobre el armario junto a la ventana. Lo abrió, impaciente, y extrajo una funda de guitarra. Vacía. La arrojó sobre el suelo con violencia.

- ¡Mamá!

En todos los rincones de la casa resonó su grito, y en menos de un minuto, su madre entró en la habitación con la respiración contenida y una expresión de horror.

- ¿Qué pasa, Paula, qué…?

Se quedó muda al ver la funda sobre el suelo y a su hija consumida por la rabia. Su rostro se coloreó en un instante y sustituyó la expresión de preocupación por la de enfado.

- ¿Para esto gritas y despiertas a medio barrio?

- ¡Me la has vuelto a quitar!

- Te he dicho que no habrá guitarritas ni canciones hasta que no apruebes Lengua.

- Mamá, he estado trabajando como una perra seis meses para pagarme esa guitarra. ¡No puedes quitármela!

- Me da exactamente igual cómo te pongas. En dos semanas me traerás las notas, veremos a ver. Hasta entonces, olvídate. ¡Y recoge el cuarto!

La madre se marchó con un portazo similar al que había propinado Paula. La chica se tiró sobre la cama y lanzó un desesperado suspiro al techo.

(Al día siguiente…)

I don’t know why nobody told you how to unfold you love… 7.25 am, pies congelados. Paula se pelea, sin éxito, con el cable de su mp3 y éste se resiste a reproducir correctamente el audio en ambos auriculares. La voz de George Harrison puja por hacerse oír en la cabeza de Paula. Llega el 5, lento en su recorrido y veloz en su paso por la parada, como todas las mañanas. Paula olvida momentáneamente su empresa para lanzarse a la carretera y levanta su brazo. Nota que dos viejas se aproximan por detrás y sus intenciones son claras, pero ella lleva quince minutos esperando y sabe que nadie se le adelantará en la apasionante misión de entrar primero. Mientras se desengancha del cable con una mano, busca con la otra la cartera en su bolso y lanza toda su energía negativa a las señoras, cuya impaciencia puede sentir con el cogote. Por fin entra, pasa su bonobús por el sensor digital y se da prisa en llegar al fondo antes de que el conductor del bus, cual piloto del Paris-Dakar, coloque el coche de 0 a 120 en cinco segundos.

Había hecho tantas veces el recorrido del 5, conocía tan bien todas las paradas, el tiempo que el conductor se tomaba entre una y otra, el tiempo de los semáforos, el ángulo de las curvas… Habría sido imposible no reparar en la presencia de un viajero nuevo. A ella le encantaba observar e imaginarse las vidas de la gente: por qué se montaban en esa línea, a dónde se dirigían… Le gustaba pensar que quizá se acababan de mudar, o que habían iniciado una relación con alguien de ese barrio y habían dormido allí por primera vez; pensaba en coches estropeados en el taller, en días de lluvia, en peleas matrimoniales… Era una actividad divertida; cualquier cosa era divertido en ese trayecto que ya podía adivinar hasta con los ojos cerrados.

Pero ese día, además, el viajero nuevo tenía algo de especial: era una chica joven y guapa. Y ella siempre se fijaba en las chicas jóvenes y guapas, desde mucho antes de haberse dado cuenta de que debería fijarse en los chicos… Esta no debía de tener más de 17 años (su edad) y, con mucha suerte, se dirigiría también al mismo instituto al que ella iba a parar todas las putas mañanas.

Llegó la parada de Gran Plaza y, tal y como había rogado a un Dios en el que no creía, la chica se bajó con ella. Miraba a todas partes, tratando de ubicarse y orientarse. Paula seguía rezando (o inventándoselo) para que le hablara a ella. Oh, I get by with a little help from my friends… ¡Qué oportunos eran siempre los Beatles!

Como la chica no se decidía ni a andar ni a preguntarle a nadie, Paula se decidió (qué demonios). Se acercó a ella, se quitó los auriculares con un gesto suave y elegante (ni ensayándolo le habría quedado tan cool):

- ¿Estás perdida?

- ¿Eh? (se la quedó mirando, incrédula) ¿Y vos sos…?

Shock. Catacrack. Stroke. Attack. Chaos. ¡Argentina!

- No soy nadie, o sea, no nos conocemos, pero te veo desorientada y me preguntaba si podía ayudarte, o sea, yo conozco esto y veo que tú no y quizá…

- Perdona, sí. Vaya, perdona, sí que estoy perdida… Sos la primera mina amable que encuentro desde que llegué, perdona si fui borde…

- Nada, no te preocupes. ¿A dónde vas?

- Busco el instituto… Martínez… Monta-algo

- Montañés, sí. Es mi instituto. (¡HURRA!) ¿Me sigues?

- A donde vos digas (Oh dear God…)

Y así fue como, una aburrida mañana de primavera, Paula conoció a Daniela. Daniela Calzoni… Imposible olvidar ese nombre.

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Re: While my guitar gently weeps, Boomer

Mensaje  julia el Enero 25th 2011, 6:24 pm

Capítulo 2

Quedaban sólo tres semanas para las evaluaciones y Paula sabía que, de seguir así, no habría manera de aprobar Lengua. Ya había intentado colarle a su madre todas las excusas típicas de la edad: que si la profe me tiene manía (un clásico), que si no me integro en clase, que si suspende todo el mundo, no sólo yo… Su madre era inflexible, básicamente porque Paula siempre había sido una alumna ejemplar y el escollo de Lengua estaba resultando demasiado difícil de salvar, para sorpresa de todos. A ella le apasionaba la materia, pero la tenía atravesada; la profesora no era lo que se puede decir un prodigio y ella tenía la cabeza cada vez más embotada con los miles de esquemas y flechitas con las que tenía que trabajar día tras día. Así que por fin se decidió y, el mismo día que conoció a Daniela, al volver a casa abordó a su madre:

- Mamá, quiero que me pongas un profe particular de Lengua y Lite.

- Claro, no tengo yo otra cosa mejor que hacer que gastarme 10 euros la hora para que tú estudies.

- Mamá, yo lo pagaré. O al menos puedo pagar la mitad. O buscaré a alguien de clase a quien yo pueda darle clases de otra cosa… Pero creo que me hace falta.

- Bueno, venga, iremos a medias, pero… si no apruebas este trimestre, voy a tener que tomar medidas más serias. De momento la guitarrita no te la voy a devolver.

- Bueno, a ver cómo vienen las notas. Ya verás cómo en tres semanas pego el apretón y apruebo el trimestral.

- No te emociones tanto y ve buscando profesor…

Al día siguiente, Paula llegó al instituto un poco más contenta. Parecía haber encontrado la solución; ahora sólo le quedaba toparse con un profe experimentado y que supiera darle algunos trucos rápidos para salvar el escollo en el segundo trimestre, y ya vería cómo se las apañaba en el tercero.

El milagro terminó de ocurrir cuando descubrió, al día siguiente en clase de Lengua, que a Daniela le apasionaba todo el rollo de la sintaxis… Ya tenía otra excusa para estar más cerca de ella, aunque no se le ocurría qué podía ofrecerle ella a la muchacha para que quisiera darle clases.

En el recreo, el milagro terminó de tomar forma…

Eran las 11,10 y todos los niños habían bajado al patio en el primer descanso. Paula adoraba los recreos al final del invierno. Le gustaba sentarse bajo el sol y tostarse la cara, pasando del resto de la clase, ignorando al resto del mundo por un rato. No era una chica insociable, pero le gustaba tener esos ratitos para ella sola.

Habían pasado sólo unos minutos de tranquilidad cuando…

- Este… ¿Molesto?

- Pues de momento me estás quitando todo el sol de la ca…

Paula se frenó al abrir el ojo izquierdo mientras se tapaba el derecho con la mano y ver a Daniela, sonriente como si fuera el día de su boda.

- Vaya, perdonáme… Paula, ¿verdad?

- Sí, sí, Paula. Tú eres Daniela, ¿verdad?

- Sí, soy yo. ¿Qué hacés aquí fuera?

- Es lunes… Además es que me gusta tomar un poco el solito entre clase y clase

- Ya te vi, sos un poco independiente, ¿no? ¿No tenés amigos acá en el instituto?

- Sí, claro que tengo, pero a ellos les gusta hacer el gilipollas en el recreo, liarse un porro, cotillear… Yo prefiero simplemente tomar el sol y poner la mente en blanco.

- Igual veo que no te costá demasiado…

Y la golpeó suavemente en el costado, acompañando a la broma, y sonrió. Paula se quedó quieta, pero rápidamente reaccionó, devolviéndole la sonrisa. Miró el reloj y luego miró a Daniela

- ¿Tú tienes clase ahora? (a lo mejor podría simplemente decírselo, así, literal: “Ayúdame con la Lengua, por favor…” ¡Demonios! Se sonrió interiormente)

- Son las 11,15 solamente, Pau… ¿Te importá a vos que te llame Pau? Mi mejor amiga allá en la Argentina se llama Paulina y todas la llamamos Pau… Quizá sea el destino haber encontrado a otra Pau acá, ¿vos qué creés?

- Todo es posible, sin duda… (sdjnfvowruniufnfni se le atropellaban las palabras, pero tenía que decirlo). Estaba yo pensando que… ¿teimportaríaayudarmeconlenguaporfavor?

- ¿Qué decís? Jajaja

- Perdona, que casi me atraganto. Te preguntaba que si te importaría ayudarme con Sintaxis… He visto antes en clase que se te da bien y yo… Pues me va a quedar otra vez este trimestre y mi madre me va a matar…

- Claro, no me importaría… Pero ¿qué me vas a dar vos a cambio?

- Pues es que no sé hacer muchas cosas… (“¡MIERDA!”), pero a lo mejor… ¿Te gusta Fito Páez?

- Bueno, es un mito allá pero no es santo de mi devoción precisamente.

- En realidad era una forma de presentarlo… Toco la guitarra

- ¿Tocás vos la guitarra? ¿Y cómo aprendiste?

- Pues yo misma, en mi casa, sola… Me gusta pasar tiempo sola y aprender cosas (“PAULA, CÁLLATE YA”)

- Jajajaja Pues si querés… A mí no me importaría tomar unas clases con vos… Y a cambio yo te enseño a vos algo de Sintaxis

- En realidad todo lo relacionado con la Lengua se me da regular (“QUE ALGUIEN ME MATE, POR DIOS”)

- Jajaja, bueno, veré que se puede hacer, en cualquier caso…

Y le guiñó un ojo. Daniela a ella. Se levantó, empezó a andar en dirección a la entrada de las clases, se giró y le guiñó el ojo izquierdo. Y siguió andando. Y Paula se quedó allí, con una sonrisa inmensa de gilipollas que hacía que le doliesen las mejillas.

Había batido el récord: este era el proceso de encoñamiento más breve de su vida. Tres cochinos días.

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Re: While my guitar gently weeps, Boomer

Mensaje  maryjoe el Enero 25th 2011, 6:58 pm

gracias jul por la historia
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Re: While my guitar gently weeps, Boomer

Mensaje  julia el Febrero 13th 2011, 12:12 am

CAPÍTULO 3

When I find myself in times of trouble, Mother Mary comes to me… En este caso, probablemente no sería la virgen María la más apropiada para ayudar a Paula. Eran las 16.46, sólo tres minutos más desde la última vez que se había lanzado sobre el móvil para mirarlo. Había quedado con Daniela a las 5 en punto en su casa. Esa misma mañana le dibujó un croquis improvisado y cuando llegó a casa le mandó un link de Google maps, y la chica parecía bastante apañada como para saber desenvolverse, pero aún así Paula estaba intranquila. Claro que sus nervios no tenían nada que ver con el hecho de que Daniela pudiera perderse.

- Niña, deja ya de dar vueltas por el salón que me estás mareando…

- Mamá, estoy intentando recoger pa que la muchacha se lleve una buena impresión.

- Para eso lo primero que tienes que hacer es recoger tu cuarto que lo tienes hecho una leonera…

- Pues ya no está hecho una leonera, ¡lista! Es lo primero que recogí.

- Vaya tela con la niña, le voy a tener que decir a la Daniela esta que venga todos los días…

Su madre no sabía lo que estaba diciendo en realidad, pero a Paula esa afirmación le sonó a gloria. Eres una bollera sin remedio, se dijo, y su radicalidad le hizo sonreír.

A las 5 en punto sonó el timbre del porterillo y Paula fue a abrir. Una voz familiar contestó “Soy yo, Daniela”, y Paula sintió cómo en su cabeza retumbaba el “shhhh” del “yo” pronunciado en su boca.

Cuando subió, Paula tuvo que hacer las presentaciones pertinentes, darle una ronda rápida por casa y dirigirla a su cuarto.

- ¿Con qué querés empezar?

- Empezar… ¿qué?

- Jaja, las clases

- Ah, no sé, quizá mejor con Sintaxis…

- Me parece bien, sacaré mis libros.

Y se sentaron en el escritorio que Paula había luchado tanto por conseguir. Era un escritorio grande con una lámina gruesa de cristal encima, bajo la cual ella había colocado fotos, artículos, poemas… en los que se entretenía cada vez que iba a estudiar.

- Veo que te gustá la poesía a vos, ¿eh?

- Eh… sí, mucho.

- ¿Te gustá Benedetti?

- En realidad me gusta casi todo lo que estoy leyendo ahora. Soy mucho más de poesía que de prosa, me temo.

- Quizás por eso no se te da bien la sintaxis

- A lo mejor.

Se miraron un momento. Se hizo el silencio en el cuarto, y por primera vez, Paula vio un destello de nerviosismo e impaciencia en los ojos de Daniela.

- Bueno, volvamos al tema… Las categorías morfológ… o sea… La morfología.

- En verdad quizá sería mejor entrar directamente al tema, ¿no?

- ¿Eh? (Daniela parecía haberse quedado colgada como un ordenador)

- A la sintaxis… imagino que me estás explicando esto de los sustantivos porque crees que me falta base en las categorías gramaticales… Yo eso lo controlo pe..

Y pasó. Paula no se dio cuenta hasta que Daniela ya se había separado de su cara y la miraba con los ojos vacíos. Daniela se había acercado a ella súbitamente y la había besado en la boca. Sólo un pico, muy breve. Y ahora tenía los ojos fijos en ella, pero se habían oscurecido, como si un enorme telón de hormigón se hubiera interpuesto entre ellas.

- Pero lo que no se me da tan bien es identificar los tipos de subordinadas. Las categorías gramaticales están bien, son fáciles, o sea, un sustantivo, ¡oh! Y luego un adjetivo, un adverbio… Las preposiciones a, ante, bajo, cabe, con, contra… y los verbos no digamos, me sé todos los tiempos, hasta el pretérito anterior hube cantado, el futuro de subjuntivo fuere… Como el dicho ese, “Allá donde fueres, haz lo que vieres”… Así que creo que podríamos ir con Sintaxis porque la morfología, ya te digo, es… como pan comido.

- Me voy (y se puso en pie)

- ¡No, Daniela! ¿Dónde vas?

- Perdona, obvio que me equivoqué contigo, yo pensé que vos… que yo… Qué sé yo. Pero me voy. Igual mañana viene mi amigo Martín de Buenos Aires. Estaré con él y así dejaré de joder con vos. No ha sido buena idea la de las clases. Adiós.

Y sin darle tiempo a más, Daniela desapareció.

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Re: While my guitar gently weeps, Boomer

Mensaje  malena el Noviembre 5th 2012, 4:46 pm

CAPÍTULO 4

7:39. Llegaba tarde a clase. Se maldijo internamente y maldijo a Tussam. A lo lejos divisó a un autobús rojo y enorme con un cartelón digital que rezaba: 23. Siempre le había gustado más, de eso no había duda. Pero hoy lo detestaba. Hoy habría deseado pulverizarlo de las líneas regulares.

Porque Daniela nunca se montaba en el 23.

El camino al instituto se le hizo eterno, a pesar de su retraso, y cuando llegó a clase y entró nadie pareció reparar en su tardanza. Daniela no estudiaba con ella, así que no podría verla hasta el primer recreo.

Eran las 11.10 y Paula evitó deliberadamente el camino al patio para dirigirse corriendo a la clase de 2º B. Sabía que Daniela solía ser de las últimas en salir, pero hoy parecía haberse dado mucha prisa, porque no estaba allí. A decir verdad, no quedaba nadie en la clase… Era raro, porque sólo eran las 11.11, y no habían tenido tiempo material de irse, ni aunque se hubiesen teletransportado al patio… Aún así, Paula decidió salir y no vio a nadie. Seguía sorprendida, pero siguió en movimiento: se fue al porche delantero, donde a veces algunos chicos se juntaban con los de los institutos vecinos cuyos horarios de recreo coincidían.

Y allí sí estaba.

Rodeada por seis niñas rubias, guapas, estupendas y parishiltonianas, Daniela lucía feliz su melena negra al viento agarrada del brazo de un moreno alto y apuesto, de una belleza clásica que a Paula le recordó a William Holden…

- Vaya… hola, Dani

- ¡Hola Paula! ¿Cómo no estás vos en el patio tomando el solecito? (Paula juraría que había cierto resentimiento bajo la sorna de su voz)

- Pues que… no sé, no había nadie y decidí pasarme por aquí.

- Ah, todo bien… Pues mira, ya que estás vos acá, te presento a Martín, mi N-O-V-I-O.

La expresión de Paula se heló, pero no por la afirmación de Daniela, dicha en un tono nada creíble, sino por la mirada que le echó Martín, que se giró hacia ella con gran incredulidad en un gesto que duró apenas un segundo: lo suficiente para alertar a Paula de que había algo raro, sin que el resto de rubias (por otro lado, nada espabiladas) se diera cuenta.

- Hola Martín… Encantada, yo soy Paula

- Paula, qué bello nombre tenés vos…

Se inclinó para darle dos besos y Paula sintió su mano izquierda acariciar su cintura, lejos de la mirada de Daniela, que charlaba distraídamente con las rubias. Martín olía bien, diferente, olía a hombre, pero a hombre joven y delicado, no olía como su padre o sus amigos, que destilaban una mezcla de sudor y testosterona que excitaba a otras mujeres, pero no a ella. Martín olía como esa clase de chico del que Paula siempre pensó que podía enamorarse. Y eso la asustó un poco, pero la hizo retirar por un segundo su mente de Daniela y el hecho de que pasaba de ella un día después de haberla besado. Quizá esto la asustó aún más.

- Bueno, chicos, me voy a la tienda de bocadillos un momento, que me ha entrado un hambre…

- Si querés te acompaño (Martín la miró suplicante. Obviamente no estaba pasándoselo en grande con esa Daniela y las rubias)

- Bueno, está bien… (“Mierda”, pensó Paula inicialmente, aunque luego… “A lo mejor consigo que el tiro le salga por la culata, y la que estará celosa será ella. ¡Ja!”)

Paula dejó el recinto sin mirar atrás, pero podía sentir la mirada de Daniela fija en su cogote. O en sus caderas moviéndose rítmicamente, quizá.

- Así que vos también estudiás aquí, ¿no?

- Sí, estoy en otra clase distinta a la de Daniela, pero sí. Estoy en 2º.

- Yo también estoy en el preuniversitario allá en Buenos Aires. ¿Qué querés estudiar?

- No lo sé… Creo que alguna Filología… O traducción… No lo sé, porque este año voy fatal con Lengua y no parece muy lógico meterse en algo de eso porque… (Paula se frenó. ¿Qué coño hacía contándole su vida a un desconocido? Es que el chico le caía bien. Era amable. Y la escuchaba, lo cual era raro)

- ¿Por qué? Si te gustá, adelante! Yo quiero ser médico pero a mi madre le asusta mucho la sangre y dice que no seré feliz, jaja

- Pero a ti te gusta, claro.

- Siempre he querido ser médico. Pero no hay tradición en mi familia ni nada, es vocación pura.

- No es muy habitual eso en estos tiempos… Bueno, en Argentina no sé, pero aquí mucha gente se mete ahí por dinero…

- A mí eso no me interesa demasiado… ¡Soy un tipo libre!

Paula se rió. Estaba tan entretenida que no se dio cuenta de la hora que era.

- ¡Hostia, las 11.30! Tengo clase ahora mismo, y ¡de Lengua! Me tengo que ir, Martín. Te veo otro día, ¿eh?

- No lo dudes…

Paula se dio la vuelta corriendo y se dirigió a clase hecha una bala. “¡Vaya tela con el argentino y la argentina de los cojones!”

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Re: While my guitar gently weeps, Boomer

Mensaje  malena el Noviembre 6th 2012, 9:00 am

Capítulo 5

Había pasado una semana entera desde aquel encuentro de las chicas en el porche delantero y de la aparición de Martín. Paula tuvo que reconocer para sí misma que el tipo le gustaba, pero lo cierto es que no había dejado de pensar en Daniela, ni Daniela de pasar de ella olímpicamente todos los días y en todos los huecos que Paula buscaba para abordarla por los pasillos. Estaba empezando a cansarse del jueguecito de gato y ratón que la argentina se traía con ella. Así que llegó al instituto decidida, por una vez en su vida, a tomar la voz cantante.

Sólo necesitaba encontrar a Daniela en una situación de la que no pudiera escapar. La puñetera iba a tener que hablar con ella y explicarle a qué coño jugaba. Paula había estado todo el día vigilando la clase de al lado, la de 2º B, a la espera de que Daniela fuera al baño. Por fin, a las 13.20, hora del segundo recreo, Daniela salió pitando de clase en dirección al baño. Sola.

Paula la siguió, entró en el baño, comprobó que no había nadie en los otros tres cubículos, y esperó pacientemente a que Daniela saliera del que había ocupado. Cuando escuchó el característico ruido de la cisterna, empezaron a temblarle las manos. Pero estaba decidida.

- ¿Qué pasa contigo? (Paula se aproximó a ella, desafiante, cortándole el paso en dirección a la salida)

- ¿Qué hacés vos acá? (Daniela estaba sorprendida, pero no enfadada)

- ¿A ti qué te parece? Creo que me debes alguna explicación, ¿no?

- ¿Explicación yo? A lo mejor eres tú la que debería contarme por qué intentas ligarte a mi novio

- ¿Tu NOVIO? Venga ya, Daniela, que estamos solas aquí, que no tienes que fingir ahora. Sé que Martín y tú sólo sois colegas.

- ¿Colegas? ¿Así lo llamáis acá en España? Jaja… Mira Paula, sé que el otro día te malinterpreté pero ya está, está todo bien, ya pasó, no tenés que venir aquí a hacer como si te importara, dejame que esté con quien yo quiera y vos haz tu vida también pero con otro tipo!

- ¿Con otro tipo? ¿Pero qué estás diciendo, tía? ¡A mí quien me gustas eres tú!

Sin darle tiempo a reaccionar, Paula se acercó a ella, la cogió por la cintura y la besó. Daniela la recibió con los brazos abiertos y le devolvió el beso con mucha mayor intensidad. “Ni que lo estuviera esperando, coño…” Paula estaba flipando el colores con la actitud de la argentina, cuya barrera protectora parecía haberse ido al carajo en un segundo. Se besaron durante un par de minutos, con pasión pero sin entregarse del todo, pues era la una del mediodía y estaban en los baños del colegio. Paula sabía que la chica le gustaba, pero ahora lo sabía mucho más. Era una especie de beso clarificador. Empezaba a ver las cosas claras, pero…

- Bueno, creo que se nos acaba el recreo..

- ¿El rec…? (la mente de Paula empezaba a volver a la realidad) Ya, claro. Pero… espera, dime algo.

- Sabés que a mí también me gustás vos.

- ¿Y Martín?

- ¿Me buscábais?

Martín había aparecido en la puerta del baño de las chicas con una margarita y una sonrisa como de recién duchado. Paula se quedó tan sorprendida que ni siquiera se dio cuenta de como Daniela se marchaba corriendo, murmurando apenas un “Hola” al pasar junto a él.

- ¡Te estaba buscando a vos!

- ¿A mí? ¿Y eso?

- Nada, verás… Sólo quería ver cómo estabas vos y darte esto… Daniela me dijo que…¿ te gustan las margaritas a vos?

- ¿Hablas de mis gustos florales con Daniela?

- Hablo de vos todo el tiempo con Daniela…

Y mientras decía esto, se iba acercando a ella. Y le quedaban apenas unos metros. Y Paula estaba inmóvil, petrificada, enviado cientos de señales a sus estúpidas piernas, pero ellas no querían moverse. Levantó la cabeza y le miró a los ojos. Sabía que él la iba a besar.

- Pues qué curioso, porque yo también hablo de Daniela con otra gente… y tú sabes, de ti también, que eres un chico muy simpático y tal, y que quieres ser médico, yo no conozco mucha gente que quiera ser médico, todos dicen “Ah, la sangre, qué asco”, y a mí en verdad no me parece tan terrible y…

- Si querés, me voy, no tenés por qué estar incómoda, Paula.

- Creo que será mejor que me vaya yo…

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Re: While my guitar gently weeps, Boomer

Mensaje  malena el Noviembre 7th 2012, 12:14 am

Capítulo 6

Estás tumbada en la cama de tu habitación, mirando al techo, esperando a que se haga de noche y se iluminen las estrellitas fosforescentes que pegaste en el techo. Todo está nuevo, todo casi sin usar, sin vivir. Tus manos también están sin usar porque siempre las llevas en los bolsillos. Te rascas la oreja, te muerdes una uña, lanzas un suspiro al aire. Te incorporas para poner la radio, pero no suena nada que te enganche. Quizá algún disco. Hay algo de la banda sonora de Across the Universe en el lector de CD. Piensas que algo de los Beatles no te vendrá mal. Pulsas un botón al azar y George Harrison te asesina un poco. Something in the way she moves…. Decides que no estás de humor para romanticadas. Te levantas y te das un paseo por la casa. Te mueves de aquí a allá, revisas la lavadora, los platos sucios. Vuelves al cuarto. Te lanzas sobre la cama, esperando sentir algo revelador al chocar. No ocurre.

No puedes dejar de pensar en ella.


- ¡ Boluda!

El sonido de tu voz retumba en las paredes del cuarto, pero a nadie le importa: estás sola en casa. Se te ocurren millones de combinaciones posibles para traerla aquí pero tu estúpida cabezonería siempre te gana la partida. Sin embargo, esta mañana…

Son las 9,15 y estás en el baño de la primera planta, mirándote al espejo. El profe de Mates no ha venido y te has marchado la primera. Sabes que puede aparecer de un momento a otro, pero a quién le importa. Frente al trozo de cristal, unos ojos negros y enormes te escrutan con cierta desesperación. Agachas la cabeza para tomar algo de agua y mojarte la sien. No sientes su presencia hasta que no la tienes justo detrás de ti.

- ¿Tienes calor?

- Eh… ¡Hola, Paula!

- Hola, Dani. ¿No tienes Mates ahora?

- No ha venido Alberto, qué sé yo. ¿Y vos? ¿No tenés Inglés o así?

- Francés.

- Eso.

- No.

Su mirada se va retorciendo conforme la conversación avanza y el número de palabras va disminuyendo hasta que dejáis de hablar. No hay sonidos ni olores ni sabores ni ningún material para los sentidos, pero la estancia está increíblemente llena de una energía que hace que se te humedezcan los ojos. Ella te está mirando, detrás de ti, a través del espejo. Tu cuerpo está inmóvil como una estatua porque no sabes. No sabes qué esperar de esta muchacha tímida. ¿Tímida?, piensas tú. La forma de mirarte es desafiante, abierta, sincera, te atraviesa. Sólo un trozo de cristal impide la combustión espontánea de tus pupilas, que arden, y de tus manos, que tiemblan, y de tu respiración, que se agita.

Paula te coge la mano, la mano que tenías apoyada en el mármol del lavabo, fría y entumecida, temblorosa. Coge tu mano derecha y la acaricia con la suya, levantándola a la altura del pecho, colocándola también frente al espejo. Sus dedos se entrelazan con los tuyos como en un baile sutil. Ella no aparta la mirada de tus ojos a través del cristal, y tú no lo haces porque temes cerrar los ojos y despertarte de un sueño.

Paula conduce tu mano hasta tu vientre, donde deja reposar la suya, y te acaricia la cintura. Tu camiseta verde no deja entrever nada de la piel de debajo pero ella la levanta un centímetro, lo justo. Sigue mirándote. Parece que ni siquiera esté respirando. Tú sientes un millón de chispas explotando dentro de ti, alrededor de ti, sobre ti, bajo tus pies, entre tus piernas. No hay nadie en los baños, no hay nadie en el instituto, no hay nadie en el mundo entero. Sólo su dedo corazón recorriendo los caminos inexplorados de tu cintura, vagabundeando sin rumbo y sin intención clara.

Paula sigue mirándote como queriendo atrapar tus pensamientos, succionar todo ese trozo de alma que, dicen, escapa por entre los ojos cuando nos mira la persona adecuada. Te resulta fascinante como sus ojos se van llenando de ti, se llenan de una sustancia acuosa que aclara su iris y convierte la escena en algo casi sobrenatural.

Su mano abandona el territorio de tu cintura y sigue subiendo, hacia tu cara. Tu mano ha vuelto al mármol del lavabo, al frío, al temblor. Ella te acaricia la mejilla, dibuja con su dedo el perfil de tu mandíbula, de tu barbilla, de tus labios. Parece que han pasado doscientos años desde que entraste al baño con la idea de aclarar tu garganta con agua, pero sólo han pasado cinco minutos.

Paula está soplándote en la nuca, besando el trozo de piel de detrás de la oreja que siempre se te eriza cuando ves alguna película vieja y romántica en el salón de casa. El tacto de sus labios es como un suspiro, como una verdad gritada en medio del océano. Hay tantas mariposas en tu estómago que sientes que en cualquier momento vas a reventar. Ella te da un beso leve en la mejilla y te dice al oído:

- Me gustas mucho.

Y se marcha.

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Re: While my guitar gently weeps, Boomer

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