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Carol. Patricia Highsmith

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Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  masay el Enero 13th 2011, 1:14 pm


Carol, el libro que Patricia Highsmith escribió después de su éxito 'Extraños en un Tren', está considerado un clásico de literatura lésbica. Se dice que fue el primero que terminaba bien una relación de mujeres.

Cuando lo escribió Patricia Highsmith lo hizo con el nombre 'El precio de la Sal' y bajo pseudónimo, lo envió a una editorial y se lo rechazaron. En el segundo intento lo publicaron. Y contaba ella que estuvo recibiendo cartas de lectoras y lectores durante toda su vida. Gente que tenía problemas con su sexualidad y ella les recomendaba por ejemplo que si vivían en sitios pequeños se fueran a ciudades. También le daban las gracias por haberlo escrito.

No volvió a escribir más sobre este tema.

Lo he leido y me ha gustado mucho. Está muy bien escrito y se hace interesante. Y el final tiene, para mí, un punto muy importante, sobre los principios de cada uno.

Está en librerías públicas en varias ciudades, en Madrid lo encontré, también está en Bcn y en Lleida.
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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  julia el Enero 13th 2011, 4:49 pm

Me encanta este libro!!!! chicaenamorada Cuando lo leí, hace ya unos añitos, me impactó. La descripción del orgasmo en la escena de la primera vez que hacen el amor, es impresionante. Y el final, ¡que buen final! Que bonito ver a Carol a través de los ojos de Therese.

Tantas películas que se han hecho basadas en libros de Patricia Highsmith, ya podían hacer una de éste, seguro que sería un éxito.
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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  Janis el Enero 13th 2011, 11:01 pm

Me lo apunto nod

Gracias Masay ;)
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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  masay el Enero 17th 2011, 10:14 am

La escena donde tienen su primer contacto sexual, es verdad que es muy bonita, yo volví a leerla. Me gustó.

También he pensado que podían hacer una película, la historia está muy bien.

En un sitio dice que hay momentos muy bonitos en la vida, casi perfectos, y que dejarlos escapar es pensar que los has sentido. Era un párrafo que tuve que leer unas cuantas veces porque me costaba entenderlo.

Hablaba Therese por ejemplo de una cometa que habían construido que volaba muy bien y que le cortaron la cuerda porque era dejar ir esa perfección, sabiendo que había posibilidad de volver a sentirlo.
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Amores y Obsesiones

Mensaje  masay el Enero 18th 2011, 11:49 am

Fuente: El Pais

8-1-2011

"Ningún escritor revelaría jamás su vida secreta, sería como desnudarse en público", anotó Patricia Highsmith en 1990. Pero su infancia, su vida, sus obsesiones, sus amores, se cuelan en sus novelas y relatos. La novela que más ansiedad le produjo fue Carol, que seguía con fidelidad su propia vida.

No podía soportar la idea de quedar expuesta al público y en uno de sus cuadernos apuntó una lista numerada de los dolorosos sentimientos que le provocó escribirla. Apareció en 1952 con el título de The Price of salt y bajo el seudónimo de Claire Morgan. No permitió que se publicara con su propio nombre hasta 1990.

Es una historia lésbica de final casi feliz. Un encuentro fortuito fue el primer germen de Carol. Sucedió en los almacenes Bloomingdale's, donde Highsmith tenía un trabajo temporal de dependienta en las Navidades de 1948. Vendió una muñeca a una seductora clienta, que la dejó sin aliento, "parecía irradiar luz (...) Me sentí rara y mareada, a punto de desmayarme, pero al mismo tiempo sentí una elevación del espíritu, como si hubiera tenido una visión". Cuando se fue a casa escribió el argumento de una sentada. Therese, álter ego de la escritora, una adolescente creativa, salió de sus propias "entrañas", según Highsmith. En el personaje de Carol influyó también la apasionada relación que Pat mantuvo con Virginia Kent, una mujer divorciada a la que le arrebatan la custodia de su hija.

Highsmith estaba asomada a una de las ventanas de su habitación en el Albergo Miramare de Positano, cuando vio a un hombre joven que paseaba solitario por la playa, con unos pantalones cortos y una toalla al hombro. Fue el primer germen de El talento de Mr. Ripley. Empezó a tomar notas a finales de marzo 1954. Escribió: "Lo que predije que haría algún día, lo estoy haciendo ya, en este mismo libro: mostrar el triunfo indiscutible del mal sobre el bien y recrearme con ello. Haré que mis lectores también se recreen".

Ellen Hill, con quien Highsmith tuvo turbulentos amores, es la inspiración de varias novelas. Ellen tenía un teckel llamado Henry, al que la escritora odiaba. En El cuchillo, Ellen es Clara. El perro sale bien librado, pero Clara se suicida. En la vida real, Ellen se desprende del perro, que llegó a atacar a Patricia, pero compró un caniche, de nombre Tina, al que la escritora mata en Rescate por un perro. También la viciada relación con Ellen aparece en Mar de fondo. "Quiero explorar sobre las enfermedades producidas por la represión sexual", escribió Highsmith. En El grito de la lechuza, vuelve a matar a una novia, Marijane Mecker, en el personaje de ex mujer del psicópata Robert Forester. Nos enteramos de la gestación de sus novelas y en qué y en quién pensaba cuando las escribía por las abundantes notas que dejó en sus cuadernos.

Dos años después de la prematura muerte de una de sus amantes, la adinerada Virginia Kent, Highsmith escribe: "Virginia es Lotte en El temblor de la falsificación, a la que mi protagonista nunca dejará de amar". Fue Mary Ronin, otro de sus amores, quien inspiró Ese dulce mal.

Highsmith cuenta en sus cuadernos cómo descubrió los caracoles: se fijó en dos de ellos fundidos en un largo coito en un mercado de Nueva York. Compró seis como mascotas. Según otra versión, vio a dos caracoles besándose. Cuando vivía en Suffolk tenía 300. Sus preferidos eran Edgar y Hortense. El psicópata Vic van Allen hereda esta afición en Mar de fondo y también tiene un Edgar y una Hortense. Sobre el relato El observador de caracoles, escribió: "Mi agente me ha dicho por carta que mi relato sobre caracoles, que a mí me encanta, es demasiado asqueroso para enseñárselo a los editores". Finalmente, se publicó en Granta. En esta historia, el protagonista muere asfixiado por la proliferación de sus mascotas. "Es totalmente imposible", escribió con cierto regocijo en un cuaderno, "saber cuál es el macho y cuál es la hembra, ya que su comportamiento y su apariencia son exactamente iguales"
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Biografía Patricia Highsmith

Mensaje  masay el Enero 18th 2011, 12:07 pm



Se ha publicado la biografía de Patricia Highsmith de Joan Schenkar. Está traducida al castellano por la editorial Circe y precio 29 Euros.

Un artículo en tiempodehoy

Ripley y la Araña

La biografía de Patricia Highsmith escrita por la dramaturga Joan Shenkar desvela por fin parte de su vida y milagros.

14/01/11
EN SU AZAROSA existencia, Patricia Highsmith coleccionó caracoles, bol-sos mexicanos y amantes casadas y rubias, y escribió enfermizamente, legando a su muerte, además de sus obras publicadas, un arcón con 250 manuscritos, 18 diarios y 34 cuadernos en espiral de las universidades de Nueva York y Columbia. Petulantemente, ella los llamaba sus cahiers. En sus páginas aparecen los nombres de sus caracoles, de sus amantes, de sus personajes, y kafkianas listas de labores realizadas y deseos insatisfechos. Han tenido que pasar 15 años desde su desaparición para que parte de las facetas ocultas de la creadora de Ripley, de sus tesoros y secretos, emerjan a la superficie. No, por fortuna, desde el naufragio del olvido, pues la actividad editorial nunca ha dejado de amparar sus inquietantes novelas, pero sí desde un cierto desconocimiento de su vida y milagros. La ambiciosa biografía de Patricia Highsmith escrita por la dramaturga norteamericana Joan Schenkar y editada en castellano por Circe, ha venido a llenar ese vacío con 700 páginas de minuciosa y bien cocinada elaboración documental, incluyendo, entre numerosas fotografías, un sensual desnudo de la escritora.

Ya desde sus primeras novelas y, sobre todo, desde que Hitchcock decidió adaptar para la gran pantalla Extraños en un tren, Pat se acostumbró a firmar un éxito tras otro. Junto a Truman Capote o Carson McCullers formó parte de una nueva generación de autores estadounidenses dispuestos a cambiar el modo de entender la literatura en su país y a establecer puentes con la vieja Europa. Compulsiva y precoz lectora, fuentes de inspiración tan opuestas como Dostoievski, Gide, el psicoanálisis o la Biblia pertrecharon a Patricia de intuiciones y argumentos lo suficientemente perturbadores como para crear sus héroes-criminales, con Ripley a la cabeza, en cuyos bellos cuerpos de ficción la doblez, el escapismo o la suplantación tomarían carta de naturaleza literaria. Crímenes, historias de terror, apuntes para cómics... Los proyectos inundaban su mesa. “Tengo ideas con tanta frecuencia como las ratas tienen orgasmos”, confesó con humor negro.

Paralelamente, el discurrir de Pat por Londres, Nueva York o su amada Suiza se revelaba como puro travestismo, un juego lésbico de ecos andróginos entre la sofisticación y el dolor. Encerrada en un cuerpo de mujer, pero dotada con el ser y el modo de amar de un hombre, se complicó en arácnidas relaciones de deseo, dominio y poder con una infinidad de ardientes mujeres y algún que otro encantador caballero, como el escritor Marc Brandel, con quien estuvo a punto de casarse. Desde la actriz berlinesa Tabea Blumenschein, de cuya mano se sumergió en el Berlín transformista de los 70 que había subyugado a Christopher Isherwood o a David Bowie, hasta la galerista Carolina Besterman, quien dijo que “hasta con faldas parece un marinero”, Highsmith buscó el equilibrio sentimental acaso sin desearlo realmente. En sus diarios, escritos en inglés, francés, español, alemán e italiano, definió la pasión erótica como un peligro: “Esta noche quiero deshacerme para siempre del amor, arrancándomelo como una garrapata que me chupa la sangre”.

De la que nunca pudo librarse fue de su pasión literaria. Seguramente, su único amor.

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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  miss L el Enero 18th 2011, 1:00 pm

muy interesante esta mujer, gracias masay
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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  julia el Enero 18th 2011, 1:47 pm

Muchas gracias masay besito Yo también pienso que es muy interesante todo lo que has puesto de Patricia Highsmith, porque aunque he leído bastantes libros suyos, conozco muy poco de ella. Sólo esa idea que hay, tan extendida, de que era una solitaria malhumorada, que vivía en su casa de Suiza rodeada de gatos, y que no se relacionaba con nadie.
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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  maryjoe el Enero 18th 2011, 4:47 pm

mmmmmmm que peligro, que iman, estas vidas atormentadas y eternamente insatisfechas.
gracias masay
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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  julia el Enero 21st 2011, 6:04 pm

"Sus ojos se encontraron en el mismo instante, cuando Therese levantó la vista de la caja que estaba abriendo y la mujer volvió la cabeza, mirando directamente hacia Therese. Era alta y rubia, y su esbelta y grácil figura iba envuelta en un amplio abrigo de piel que mantenía abierto con una mano puesta en la cintura. Tenía los ojos grises, incoloros pero dominantes como la luz o el fuego. Atrapada por aquellos ojos, Therese no podía apartar la mirada. Oyó que el cliente que tenía enfrente le repetía una pregunta, pero ella siguió muda. La mujer también miraba a Therese, con expresión preocupada. Parecía que una parte de su mente estuviera pensando en lo que iba a comprar ella. Luego la vio avanzar lentamente hacia el mostrador y el corazón le dio un vuelco recuperando el ritmo. Sintió cómo le ardía la cara mientras la mujer se acercaba más y más.

-¿Puede enseñarme una de esas maletas? -le preguntó la mujer, inclinándose el mostrador y mirando a través de la superficie acristalada.

La deteriorada maleta estaba sólo a unos centímetros. Therese se dio la vuelta y cogió una caja del final de una pila, una caja que nunca se había abierto. Cuando se levantó, la mujer la estaba mirando con serenos ojos grises. Therese no lograba apartar la vista de ellos, pero tampoco podía mirarlos abiertamente.

-Esa es la que me gusta, pero supongo que no puedo comprarla, ¿o sí? -dijo señalando la maleta marrón que ha bía en el escaparate, detrás de Therese.

Tenía las cejas rubias, y subrayaban la curva de su frente. Therese pensó que su boca era tan sagaz como sus ojos, que su voz era como su abrigo, rica y suave, y que, de algún modo, parecía llena de secretos.

-Sí -contestó Therese.

Volvió al almacén a buscar la llave. Estaba colgada de un clavo que había detrás de la puerta, y sólo la señora Hendrickson estaba autorizada a cogerla.

La señorita Davis la vio y se quedó boquiabierta, pero Therese le dijo:

-La necesito -Y salió.

Abrió el escaparate, sacó la maleta y la puso sobre el mostrador.

-¿Me vende la que está en exposición? -Sonrió como si lo entendiera - Les dará un ataque, ¿no? -añadió con indiferencia, apoyando los codos en el mostrador para estudiar -añadió con indiferencia, apoyando los codos en el mostrador para estudiar el contenido de la maleta.

-Da igual -Dijo Therese.

-Está bien, ésta me gusta. Pagaré contra reembolso. ¿Y los vestidos? ¿Van con la maleta?

En la tapa de la maleta había unos vestiditos envueltos en celofán, y llevaban la etiqueta del precio pegada encima.

-No. Van aparte -dijo Therese- Si quiere vestidos de muñeca, son mucho mejores los de la sección de vestuario de muñecas que hay al otro lado del pasillo.

-Ah. ¿Podrá llegar ésto a Nueva Jersey antes de Navidad?

-Sí. Llegará el lunes -Si no llegaba, pensó Therese, lo entregaría ella personalmente.

-Señora H.F. Aird -dijo la suave y nítida voz , Y Therese empezó a anotarlo en el impreso verde de pago contra reembolso.

Como un secreto que nunca olvidaría, fueron apareciendo bajo la punta del bolígrafo el nombre, la dirección, y la ciudad, algo que quedaría grabado en su memoria para siempre.

-No habrá ningún error, ¿verdad?

Therese percibió el perfume por primera vez y, en lugar de contestar, se limitó a negar con la cabeza. Bajó la vista hacia la hoja en la que añadía concienzudamente las cifras necesarias y deseó con todas sus fuerzas que la mujer continuara hablando y le dijera:"¿Te alegras de haberme conocido? ¿Por qué no volvemos a vernos? ¿Por qué no comemos juntas hoy?". Su voz era tan indiferente que podría haberlo dicho sin el menor problema. Pero no hubo nada después del "¿Verdad?". Nada que aliviara la verguenza de haber sido reconocida como una vendedora novata, contratada para las aglomeraciones de Navidad, inexperta y susceptible de cometer errores. Therese le pasó la nota para que la firmara.

La mujer cogió sus guantes del mostrador, se dio la vuelta y empezó a alejarse lentamente. Therese vio cómo la distancia se hacía cada vez más grande. Por debajo del abrigo de piel, asomaban sus tobillos blancos y delgados. Llevaba unos sencillos zapatos de piel, de tacón alto."

Carol. Fragmento del capítulo 3, la primera vez que Therese vio a Carol.
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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  masay el Enero 25th 2011, 9:55 am

Prólogo del libro Carol.

Patricia Highsmith


La inspiración para este libro me surgió a finales de 1948 cuando vivia en Nueva York. Había acabado de escribir Extraños en un tren, pero no se publicaría hasta fines de 1949. Se acercaban las Navidades y yo estaba un tanto deprimida y bastante escasa de dinero, así que para ganar algo acepté un trabajo de dependienta en unos grandes almacenes de Manhattan, durante lo que se conoce como las aglomeraciones de Navidad, que duran más o menos un mes. Creo que aguanté dos semanas y media.

En los almacenes me asignaron a la sección de juguetes y concretamente al mostrador de muñecas. Había muchas clases de muñecas, caras y baratas, con pelo de verdad y pelo artificial, y el tamaño y la ropa eran importantísimos. Los niños, cuyas narices apenas alcanzaban el expositor de cristal del mostrador, se apretaban contra su madre, su padre o ambos, deslumbrados por el despliegue de flamantes muñecas nuevas que lloraban, abrían y cerraban los ojos y se tenían de pie y, por supuesto, les encantaban los vestiditos de repuesto. Aquello era una auténtica aglomeración y, desde las ocho y media de la mañana hasta el descanso del almuerzo, ni yo ni las cuatro o cinco jóvenes con las que trabajaba tras el largo mostrador teníamos un momento para sentarnos. Y a veces ni siquiera eso. Por la tarde era exactamente igual.

Una mañana, en aquel caos de ruido y compras apareció una mujer rubia con un abrigo de piel. Se acercó al mostrador de muñecas con una mirada de incertidumbre -¿debía comprar una muñeca u otra cosa?- y creo recordar que se golpeaba la mano con un par de guantes, con aire ausente. Quizá me fijé en ella porque iba sola, o porque un abrigo de visón no era algo habitual, y porque era rubia y parecía irradiar luz. Con el mismo aire pensativo, compró una muñeca, una de las dos o tres que le enseñé, y yo apunté su nombre y dirección en el impreso porque la muñeca debía entregarse en una localidad cercana. Era una transacción rutinaria, la mujer pagó y se marchó. Pero yo me sentí extraña y mareada, casi a punto de desmayarme, y al mismo tiempo exaltada, como si hubiera tenido una visión.

Como de costumbre, después de trabajar me fui a mi apartamento, donde vivía sola. Aquella noche concebí una idea, una trama, una historia sobre la mujer rubia y elegante del abrigo de piel. Escribí unas ocho páginas a mano en mi cuaderno de notas de entonces. Era toda la historia de The Price of SALT (El precio de la sal), como se llamó originariamente Carol. Surgió de mi pluma como de la nada: el principio, el núcleo y el final. Tardé dos horas, quizá menos.

A la mañana siguiente me sentí aún más extraña y me di cuenta de que tenía fiebre. Debía ser domingo, porque recuerdo haber cogido el metro para ir a una cita por la mañana y en aquella época se trabajaba también los sábados por la mañana, y durante las aglomeraciones de Navidad, el sábado entero. Recuerdo que estuve a punto de desmayarme mientras me agarraba a la barra del metro. El amigo con el que había quedado tenía ciertas nociones de medicina. Le conté que me encontraba mal y que aquella mañana, mientras me duchaba, me había descubierto una ampollita en la piel, sobre el abdomen. Mi amigo le echó una ojeada a la ampolla y dijo: <> Desgraciadamente, yo no había tenido esa enfermedad de pequeña, aunque había pasado todas las demás. La varicela no es agradable para un adulto: la fiebre sube a cuarenta grados durante un par de días y, lo que es peor, la cara, el torso, los antebrazos e incluso las orejas y la nariz se cubren de pústulas que pican y escuecen. Uno no debe rascárselas mientras duerme, porque entonces quedan cicatrices y hoyuelos. Durante un mes, uno va por ahí lleno de ostensibles manchas sangrantes, en plena cara, como si hubiera recibido una descarga de perdigones.

El lunes tuve que notificar a los almacenes que no podía volver al trabajo. Uno de aquellos niños de nariz goteante debía de haberme contagiado el germen, pero también era el germen de un libro: la fiebre estimula la imaginación. No empecé a escribirlo inmediatamente. Prefiero dejar que las ideas bullan durante semanas. Y además, cuando se publicó Extraños en un tren y poco después la compró Alfred Hitchcock para hacer una película, mis editores y mi agente me aconsejaron: <> ¿Cómo qué? Extraños en un tren se había publicado como <>, en Harper & BROS –como se llamaba entonces la editorial- y de la noche a la mañana yo me había convertido en una escritora de <>. Aunque, en mi opinión, Extraños en un tren no era una novela de género, sino simplemente una novela con una historia interesante. Si escribía una novela sobre relaciones lesbianas, ¿me etiquetarían entonces como escritora de libros de lesbianismo? Era una posibilidad, aunque también era posible que nunca más tuviera la inspiración para escribir un libro así en toda mi vida. Así que decidí presentar el libro con otro nombre. En 1951 ya lo había escrito. No podía dejarlo en segundo plano y ponerme a escribir otra cosa por el simple hecho de que las razones comerciales aconsejaran escribir otro libro de <>.

Harper & BROS rechazó The price of SALT, y me vi obligada a buscar otro editor estadounidense. Lo hice a mi pesar, pues me molesta mucho cambiar de editor. En 1952, cuando se publicó en tapa dura, The Price of SALT obtuvo algunas críticas serias y respetables. Pero el verdadero éxito llegó un año después, con la edición de bolsillo, que vendió cerca de un millón de ejemplares y seguro que fue leida por mucha más gente. Las cartas de los admiradores iban dirigidas a la editorial que había publicado la edición de bolsillo, a la atención de Claire Morgan. Recuerdo que, durante meses y meses, un par de veces por semana me entregaban un sobre con diez o quince cartas. Contesté muchas de ellas, pero no podía contestarlas todas sin elaborar una carta modelo, y nunca me decidí a hacerla.

Mi joven protagonista, Therese, puede parecer ahora demasiado timorata, pero en aquellos tiempos los bares gays eran sitios secretos y recónditos de alguna parte de Manhattan, y la gente que quería ir cogía el metro y bajaba una estación antes o una después, para no aparecer como sospechosa de homosexualidad. El atractivo de The Price of SALT era que tenía un final feliz para sus dos personajes principales, o al menos que al final las dos intentaban compartir un futuro juntas. Antes de este libro, en las novelas estadounidenses, los hombres y las mujeres homosexuales tenían que pagar por su desviación cortándose las venas, ahogándose en una piscina, abandonando su homosexualidad (al menos, así lo afirmaban), o cayéndose en una depresión infernal. Muchas de las cartas que me llegaron incluían mensajes como <<¡El suyo es el primer libro de esta especie con un final feliz! No todos nosotros nos suicidamos y a muchos nos va muy bien>>. Otras decían: Gracias por escribir una historia así. Es un poco como mi propia historia…>> Y: <> A veces les contestaba sugiriéndoles que fuesen a una ciudad más grande, donde tendrían la oportunidad de conocer a más gente. Según recuerdo, había tantas cartas de hombres como de mujeres, lo que consideré un buen augurio para mi libro. El augurio se confirmó. Las cartas fueron llegando durante años, e incluso ahora llegan una o dos cartas de lectores al año. Nunca he vuelto a escribir un libro como este. Mi siguiente libro fue The Blunderer. Me gusta evitar las etiquetas, pero desgraciadamente, a los editores estadounidenses les encantan.

24 de mayo de 1989
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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  masay el Enero 27th 2011, 10:51 am

Epílogo de Carol.

Patricia Highsmith.

Cuando escribí The Price of SALT, empezaban a aparecer, un tanto tímidamente, algunas novelas sobre la homosexualidad, aunque la propaganda de las fajas de los libros las calificaran de <>. Y los homosexuales, hombres y mujeres, las leían, como seguramente las leían algunos heterosexuales que sentían curiosidad hacia un sector de la sociedad para ellos desconocido, casi un submundo. La década de 1940 y los comienzos de 1950 eran tiempos en que los bares gays de Nueva York solían tener puertas bastante oscuras y los clubes privados celebraban fiestas los viernes por la noche, a tres dólares la entrada, consumición incluida y con derecho a invitar a un amigo. Había baile, cena y mesas con luz de velas. La verdad es que en aquellos clubes el ambiente era muy decoroso. Los gays hablaban de la última novela homosexual, y quizá se reían comentando el final de la historia.

La novela homosexual de entonces tendía a tener un final trágico. En general, solía tratar de hombres. Uno de los personajes principales, si no ambos, tenía que cortarse las venas o ahogarse voluntariamente en la piscina de alguna bonita mansión, o bien tenía que decirle adiós a su pareja porque había decidido elegir la vía recta. Uno de ellos (o de ellas) tenía que descubrir el error de sus costumbres, la desdicha que le esperaba, y tenía que conformarse para… ¿qué? ¿Para que le publicaran el libro? ¿Para garantizarle al editor que nadie le pondría un ojo morado por haber defendido la homosexualidad? Era como si hubiera que advertir a la juventud contra la atracción hacia el propio sexo, igual que ahora se advierte a la juventud contra las drogas. ¿Se les pedía a los escritores de aquellos días que cambiaran el final? Algunos de los libros así parecen indicarlo.

En 1952 se dijo que The Price of SALT era el primer libro gay con final feliz. No estoy segura de que esto fuese cierto, porque tampoco lo he investigado nunca. De todas maneras, las cartas que empezaron a llover tras la edición de bolsillo de 1953 eran sorprendentes, en número y en contenido, a veces doce diarias y manteniendo ese volumen durante semanas. Gracias, decía la mayoría, y las escribían chicas y chicos, jóvenes y de mediana edad, pero la mayoría de ellos jóvenes y dolorosamente tímidos. Me daban las gracias por haber escrito sobre dos personas del mismo sexo que se enamoraban, que sobrevivían al final y con una razonable dosis de esperanza en un futuro feliz. <> Y <> Por encima de todo, había optimismo, y aquellas cartas de Eagle Pass, Texas, de alguna parte de Canadá, de ciudades que yo nunca había oído nombrar de Dakota del Norte, de Nueva York e incluso de Australia olían a coraje. Contesté todas las que pude, puse a un alma aislada en contacto con otra similar, le pedía a una que le escribiera a tal otra y así me ahorraba el trabajo de contestar a todos, y les expresaba mi agradecimiento por sus cartas. ¿Qué le puede decir una a alguien que está solo en su pequeña ciudad excepto que se traslade a una ciudad más grande, donde habrá más oportunidades de encontrar pareja?

La década de 1980 ofrece un cuadro muy distinto. Y si una de cada diez personas es gay, o tiene cierta inclinación, según afirman las estadísticas, una pequeña ciudad no parece tan desolada como antaño. Los gays ya no se esconden. El chantaje ha perdido parte de sus garras gracias a leyes sobre el consentimiento mutuo, aunque el hecho de ser homosexual puede costarle a alguien su trabajo, dependiendo más del trabajo que del comportamiento o el carácter de la persona. Lo cual es bastante absurdo, porque un individuo con una vida personal satisfactoria está más inclinado a desempeñar mejor su trabajo que alguien que carezca de ella, sea cual fuere el trabajo.

El lector de la década de 1980 quizá encuentre a Therese demasiado tímida y vergonzosa como para ser creíble. Pero ella vivía en una época mucho más represiva. Hoy, una chica con sus ambiciones y su nivel de percepción conocería el mundo gay desde los doce años de edad, o desde la edad a la que descubriera hacia dónde se inclinaban sus deseos. Las revistas y los libros son ahora más sinceros y accesibles. Las actividades sexuales empiezan mucho más temprano que a los diecinueve años de Therese. Quizá ahora, incluso en las pequeñas ciudades, los chicos y las chicas homosexuales salen a la luz en su temprana adolescencia y al menos descubren que no están solos en su desviación del camino habitual. Pero incluso en el mundo occidental hace falta ser un chico o una chica excepcional, con un coraje excepcional, para hacer esa confesión a los padres a los catorce años, como una declaración de independencia y de libertad. ¿Se tomarán los padres esas noticias con calma? ¿No habrá una escena, amenazas e incluso una visita forzada al psiquiatra? Probablemente incluso ahora hay poca gente gay que no intente sobrevivir el máximo tiempo posible durante los terribles años que van desde los catorce a los dieciocho haciendo comedia ante los padres, esperando mantener las cosas ocultas hasta el gran día en que acaben de estudiar y puedan buscar un trabajo, irse a vivir con un amigo o encontrar un sitio propio, aunque sea modesto. A pesar de toda la liberación actual y de los sofisticados padres que pueden decir en una fiesta a sus coetáneos: << ¿A que no sabes una cosa? ¡Nuestra hija es gay!>>, hay amargura y decepción en su descubrimiento. Probablemente no habrá nietos para esa descendencia particular. La familia prevé y predice relaciones inestables y desastrosas.

En esta época, más libre, debe de haber pocas Thereses, pero siempre habrá Carols en miles de ciudades, con historias similares. Una chica se casa joven, a menudo con cierta presión paterna, con una vaga e inexplorada convicción de que está haciendo lo correcto. Unos años después, la verdad sale a la luz, tiene que expresarse porque ya no se la puede reprimir por más tiempo. Muchas veces han tenido ya algún hijo. A las furias del infierno hay que añadir la furia del marido y padre que ha <> el amor de su mujer por otra mujer. Impotentes como hombres, recurren a la ley para realizar lo que ellos ven como justicia y a menudo como venganza justificable, así que insisten en que la ley revele su peor faceta.

¿Por qué a la gente le fascina tanto la vida sexual de la otra gente? En parte es por el placer que se deriva de la fantasía. Los chismes de los periódicos son mucho más picantes si se refieren a un miembro de una familia real de donde sea, porque presumiblemente el decorado es más elegante. En parte, se debe a la primitiva y desagradable urgencia de castigar a los que se descarrían de la tribu. Si uno ve una gruesa figura con gabardina en medio de una carretera brumosa, la primera pregunta que se plantea: ¿hombre o mujer? Es una pregunta inmediata e inconsciente que necesita respuesta. Si la gruesa figura se para y pregunta una dirección, y todavía seguimos sin saber el sexo porque la persona es mayor, tiene la voz andrógina y la cabeza envuelta en una bufanda, se convierte en una historia cómica para contar a los amigos. El sexo se define por características físicas y debe indicarse en los pasaportes. El amor está en la cabeza, es un estado de la mente.

Para algunos, enamorarse es algo anticuado, peligroso, incluso innecesario. El lema es: evitar las emociones fuertes. Jugar a todo, marcar tantos y disfrutar de la vida. Para ellos, el sexo es cuestión de ego. ¿Qué pensaría gente así del difícil camino de Therese y Carol hacia una relación? The Price of SALT fue rechazada por el primer editor que la leyó y aceptada por el segundo. Tuvo <> críticas en su edición de tapa dura. Sin más críticas, fue una victoria aplastante en su edición de bolsillo, porque la publicidad fue únicamente de boca a boca. Mucha gente debió de identificarse con Carol o Therese. Así, un libro que al principio fue rechazado, llegó arriba del todo. Me alegra pensar que les dio a varios miles de personas solitarias y asustadas algo en que apoyarse.

Octubre de 1983
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Re: Carol. Patricia Highsmith

Mensaje  pke el Agosto 26th 2011, 3:51 pm

Es altamente recomendable, a mi me gustó mucho



PKE
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pke
Yujuu! me empieza a gustar el foreo
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Re: Carol. Patricia Highsmith

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