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Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

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Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Diciembre 26th 2010, 2:08 pm

Autoras: T. Novan, Advocate
Traducido por: Gabyxena.

Viernes, 6 de noviembre

Su fuerte y sudoroso agarre al apoyabrazos del sillón se hizo aún más fuerte, lo que le produjo un intenso alivio. Si pudiera, se mordería el labio inferior. Pero no podía. En este momento todo lo que podía hacer era repetirse: Voy a estar bien. Estoy bien. Puedo hacer esto. ¡Hasta los niños pueden hacer esto, por el amor de Dios! Ante el sonido de unos pasos, giró la cabeza repentinamente, arrugando el babero blanco de papel que tenía atado alrededor del cuello. Sus ojos grises se abrieron de par en par. ¡Oh no, alguien viene! ¡Será él!

—¡Hola! ¿Hay alguien en casa?— bromeó una voz alegre justo un segundo antes de que una cabeza calva, rodeada de un poco de pelo blanco, se asomara por la puerta entornada. —¡Hola!— El hombre sonrió a la asustada mujer y entró felizmente en la habitación. —Soy el doctor Cardozo, y eso quiere decir, que usted debe de ser… — Discretamente, mientras se ponía un par de guantes, ojeó la ficha de su paciente, ya que había olvidado su nombre. Agitando ruidosamente el segundo guante, escudriñó la información de su paciente que su asistente había resaltado con fluorescente rosa.

Lauren Strayer

Enfermedades sanguíneas: ninguna reportada

Ultimo chequeo: 12/12/14

Evaluación del paciente: Quejas por dolor crónico en…

Levantó la vista del expediente y miró a Lauren, —Señorita Strayer, cuando estuvo aquí la última vez, debió entender mal las instrucciones de mi colega. El tiempo entre chequeo y chequeo es de seis meses, no de seis años.

Su frase era un intento de regañina y Lauren asintió, pero entornó los ojos. Imbécil, pensó enfadada. Sólo vengo aquí porque está cerca de mi casa. Un comentario estirado más, y me cambio de consulta.

El doctor Cardozo observó un pequeño diagrama de una boca humana, donde una X marcaba la muela del juicio inferior izquierda. Frunció los labios durante un momento, y mientras dejaba el gráfico empujó un taburete hacia Lauren.

—Bien, ahora vamos a ver lo que tenemos.— Cogió de una bandeja llena de instrumental un pico plateado muy brillante y lo dirigió a la boca de Lauren, la cual ya estaba completamente abierta, sostenida por un extensor de mandíbula que había sido colocado por la enfermera que la había preparado. Con sólo una mirada, la enfermera había sabido que esa muela iba a ir fuera.

Unos ojos como platos y muy aprensivos, siguieron la herramienta mientras esta se acercaba hacia su objetivo. Cuando estaba a un par de centímetros de la boca de Lauren, ella sacudió la cabeza involuntariamente.

El dentista exhaló cansado —Venga Srta. Strayer, esto es solo un chequeo.— Él mantuvo el pico para que ella lo viera —Sé que le debe estar doliendo. Su mejilla está toda hinchada y enrojecida.— Un dedo frío se posó en la zona en cuestión y Lauren hizo una mueca de dolor gruñendo afirmativamente.

Ella miró al doctor enfurecida, pero, sabiendo que estaba en lo cierto, se volvió hacia él con la boca totalmente abierta. Tampoco es que tenga ninguna otra opción con esta cosa sujetándome la mandíbula y abriéndomela como si fuera un buzón de correos. Él, inmediatamente hizo un ruido siseante que ella interpretó correctamente como que algo iba mal, muy mal.

—Es necesario quitarla.— Le dijo sin rodeos. Y, aunque no hacía lo que iba a hacer muy a menudo, pensó que con esta paciente haría una excepción. Por esa razón, aún mantenía esa vieja máquina. —Esto ayudará.— Alcanzó una boquilla a la que puso una mascarilla momentos antes de situarla sobre la boca y la nariz de Lauren. —Respira normal.

Ella pareció asustada durante un momento, entonces recordó que de pequeña le habían administrado también el gas de la risa. Bonito trato al paciente. Podrías, al menos, haber explicado primero lo que estabas haciendo. Pensó Lauren enfadada. ¿Necesitarían usar el… (tragó saliva)… el láser para extraer una muela? Ella creyó que no era necesario, y con ese autoconvencimiento empezó a notar como su rígido y dolorido cuerpo se iba relajando.

—Sostén esto.— El dentista soltó los dedos de Lauren de uno de los apoyabrazos y le colocó la mano sobre la mascarilla. —Estaré de vuelta en un minuto y solucionaremos tu problema. ¿Te gustaría ver la televisión mientras esperas?

Lauren asintió agradecida. Haría lo que fuera para mantener su mente alejada de lo que estaba apunto de suceder.

—Televisión encendida.— ordenó el dentista. Tres cajas grises muy pequeñas y planas, cada una situada estratégicamente en diferentes paredes, soltaron rayos que, combinados, formaron una impresionante escena en tres dimensiones cuyos límites se fundían y dispersaban en la realidad. Ahora, ocupando la esquina de la consulta, había un guapo y atractivo presentador. Su mesa la rodeaba una gran pancarta en la que ponía en letras rojas, azules y blancas: elecciones 2020.

Lauren se quejó pero era demasiado tarde, el Dr. Cardozo ya había abandonado la habitación, presumiblemente para atender a su nueva víctima. Irritada, se quitó la máscara e intento dar el comando de voz "cambiar de canal", pero el actual estado de su boca lo hizo imposible. Sus esfuerzos sirvieron solo para que la saliva se saliera de su boca y chorreara sobre su barbilla. Intentó maldecir la situación, pero tampoco funcionó, lo que la hizo intentarlo aún más. Al final se rindió y volvió a colocarse la mascarilla. Inhaló profundamente y rezó para que en un minuto estuviera tan colocada que echara de menos a ese presentador, imitador de Ken, hablando sobre la Presidenta electa Marlowe.

La sintonía de las elecciones finalizó y, en un abrir y cerrar de ojos, Devlyn Marlowe, situada en un podio en la puerta de la Mansión del Gobernador en Columbus, Ohio, estaba a los pies de Lauren. Una brisa de final de otoño alborotó levemente el pelo oscuro de la Presidenta electa, y sus ojos azules brillaban intensamente mientras miraba fijamente a la alegre multitud.

—¡Oh, Dios!— ¡Ella otra vez no! Todos los días. Un día detrás de otro, y otro, y otro… El murmullo de la gente aumentó, y Lauren sintió como su cuerpo se hundía en la silla a la vez que una agradable sensación de abandono se apoderó de ella. Lauren estaba frente al holograma de esa carismática mujer, que llevaba un largo impermeable negro y parecía ignorar la ligera llovizna que empapaba su cabeza y su ropa.

—¿Cómo se encuentra, Srta. Strayer?— El Dr. Cardozo reapareció a su lado y ella le miró atontada. No le había escuchado entrar. Él la miró y sonrió sabiendo perfectamente que en ese momento ella no sentía nada de dolor. —Creo que hemos terminado con esto ya.— El hombre le quitó la mascarilla a Lauren amablemente. —¿No la adoras?— dijo apuntando sobre su hombro con una de sus herramientas.

Lauren frunció el ceño. ¿Adorarla? Nooooooo. Estoy harta de ella y de estas elecciones. Lauren dejó que el discurso de aceptación del cargo, la envolviera, haciendo que el tono tranquilo de la mujer de pelo negro la llevara lejos. Pero incluso en ese momento, no podía apartar los ojos de la imagen de Marlowe. Tiene una mirada tranquila. Bonito pelo, alta, su mente divagaba mientras el dentista empezó a trabajar en su boca.

Al cabo de un rato, el dentista empezó a regar con agua la boca de Lauren para succionarla después. El ruido del aspirador le impidió oír la televisión. —Subir volumen dos rayas.— ordenó ausentemente.

Lauren se sobresaltó un poco, en el momento en que la voz de Marlowe subió demasiado como para poder ignorarla.

Devlyn Marlowe se inclinó sobre el púlpito, sus manos apoyadas en los bordes. Aunque físicamente se le notaba cansada por lo que había sido una agotadora campaña, cuyos resultados finales fueron los más apretados desde el fiasco Gore/Bush 20 años atrás, se alimentó de la energía de la multitud, levantando aún más su excitación. —¡Lo conseguimos!— Levantó un puño en señal de victoria y la multitud rugió.

La Presidenta electa sonrió cálidamente, acto seguido levantó sus manos para calmarlos de modo que ella pudiera continuar. Devlyn miró y dirigió a alguien entre la multitud, una sonrisa capaz de provocar un infarto. Lauren soltó un suspiro; su estado de estupor inducido le hizo sentir que Devlyn estaba sonriéndole directamente a ella. Wow.

La mirada fija de Marlowe se apartó de la de Lauren. Metió sus manos mojadas en los bolsillos de su abrigo mientras bajaba varios escalones para poder hablar más directamente a la multitud. Una agitada actividad alrededor de ella le dejó claro que ese movimiento era inesperado para los agentes del Servicio Secreto que vigilaban todos sus pasos. Varios de ellos se pusieron sin ningún problema en una posición nueva justo antes de volver a desaparecer. —Como una de mis autoras favoritas escribió cuando nos enfrentemos ante lo que parece un reto inabarcable, solo tienes una elección… excavar dentro de ti más hondo de lo que nunca creíste posible… para cuestionar la dedicación y el esfuerzo de lo más profundo de tu ser… entonces arrojar la cautela al viento y agarrar tu destino con tus propias manos.

Lauren empezó a ahogarse, jadeando en busca de aire, sus manos golpearon la bandeja del instrumental haciendo que varias herramientas cayeran sobre sus piernas. ¡Oh, Dios mío!

La multitud, que se había quedado en silencio respetuosamente, explotó una vez más cuando Devlyn añadió —Eso es lo que hicimos, amigos… ¡Y hemos hecho historia al conseguirlo!— Su voz quedó camuflada por la vitoreante multitud. El presentador interrumpió para añadir su propio comentario.

—¡Maldita sea!— El Dr. Cardozo patosamente sacó su mano de la boca de la convulsionada mujer, cuyos dientes estaban atrapados entre los ensangrentados hierros de los forceps. Gracias a Dios que no se lo ha tragado. Mi seguro es una mierda. —¿Qué le pasa? ¿Le duele?

—¡Ci… Ci… Ci…!

—¿Qué? ¿Qué?— Preguntó desesperadamente, empezando a sentir pánico debido al agitado estado de Lauren. A lo mejor lo iba a demandar. El doctor, prácticamente, lanzó los forceps hacia la bandeja de al lado, haciendo que la muela del juicio de Lauren cayera brincando por la alfombra.

Sin avisar, la mujer se inclinó sobre la pequeña palangana de porcelana y escupió el sostenedor de mandíbula. Sus labios estaban dormidos y apenas podía formar las palabras. —Ci… Ci… — Tragó saliva y golpeó con sus manos sus mejillas y labios.

—Señor ten piedad. Niña, ¿Qué te pasa?

Lauren apuntó con su dedo a la figura del presentador, el cual aún estaba hablando felizmente. Una foto de Devlyn apareció sobre él cuando aparecieron los porcentajes.

—Ella… Ella… me…

El Dr. Cardozo la miraba expectante.

—¡Ella me ha citado!— Lauren, finalmente, fue capaz de soltarlo. Frunció el ceño y se secó un hilo de saliva que colgaba de su barbilla.

El dentista se rascó la cabeza, empezando a sospechar que la revelación de Lauren no tenía nada que ver con la odontología. —¿Huhh?

Lauren parpadeó confundida, el gas de la risa estaba haciendo que sintiera la lengua gruesa y sus sentidos torpes. —Yo soy la… la autora.— Pasó su mano por su ondulado pelo rubio, el cual le llegaba por el hombro. —Dios mío,— dijo arrastrando las palabras y pudiendo hacerlas comprensibles finalmente. —¡Si ni siquiera voté por esa Yankee!

La apreciación de algo de color le llamó la atención, y Lauren de repente miró su babero de papel, el cual estaba lleno de puntos rojos y varias manchas de color carmesí de considerable tamaño. Sus ojos se abrieron como platos y el color abandonó su cara. —¿Eso es san… sang?

—Sangre.— El Dr. Cardozo terminó la frase, mirando a Lauren, la cual se había desmayado en el sillón. —Mierda.— Paseaba alrededor de la mujer inconsciente. Se dirigió hacia la puerta y le hizo una seña a la recepcionista. —Necesito un número de teléfono…

La recepcionista se asomó a la habitación. —¿Tu abogado?

—Mi abogado.— confirmó frunciendo el ceño.

***

Lauren se acercó al aparcamiento designado para ella en el exterior del complejo donde se encontraba su apartamento. Apagó el motor con el comando de voz "apagar motor" seguido de "4213" que no era otra cosa que los cuatro últimos dígitos de su número de la seguridad social. En un esfuerzo por hacer su vida más sencilla, usaba esos mismos cuatro números para cada código que necesitaba, sabiendo también que cualquier ladrón con un mínimo de actividad cerebral podría limpiarla económicamente en un abrir y cerrar de ojos. Pero de este modo, afirmaba Lauren, nunca se había quedado fuera de su apartamento o había mandado su lista de la verdulería a la compañía de teléfono. Lo simple era lo mejor, pensó.

La mujer de pelo claro se quitó unas gafas de montura al aire pequeñas y plateadas y se inclinó, apoyando su cabeza contra el volante. Después de haberse despertando en la clínica del dentista, le había llevado casi treinta minutos convencer al hombre de que no lo iba a denunciar. Ella explicó que el desmayo era su típica reacción ante la visión de su propia sangre. Nada como hacer la tonta completamente para empezar el día con buen pie.

Lauren gruñó levemente, sentía la mandíbula como si hubiera sido golpeada por un boxeador. Sacó de su bolsillo una pequeña botella de pastillas que le había ordenado el dentista y que ella había comprado de vuelta a casa. Observó la etiqueta con los ojos entornados, después sacudió la cabeza y se volvió a colocar las gafas. ¡Tres horas más hasta que pueda tomarme otra. Perfecto! Se sintió como si fuera a explotar en cualquier momento.

Devolviendo el frasco a su bolsillo, salió del coche y despacio se dirigió hacia la puerta de la escalera donde estaba su apartamento. Vivía en un segundo piso. Con una mano cerró las solapas de su chaqueta de ante huyendo del frío. Noviembre en Nashville siempre era impredecible. La mayoría del tiempo llovía; a veces incluso había grandes tormentas. La semana pasada la temperatura había sido muy suave, 25 grados, y ella había salido con su ordenador al balcón ante el cálido sol de la tarde. En contraste, hoy, la temperatura era de 3 ºC, y nubes de lluvia cubrían el cielo. El aire frío parecía intensificar el dolor de mandíbula.

Ella giro una esquina que la conducía hasta su apartamento, mientras buscaba en su bolso las llaves que. Cuando levantó la vista, se paró repentinamente. Tres hombres tiritando ligeramente, dos vestidos con trajes y otro de sport, parecían estar esperándola en la puerta de su apartamento.

El más mayor de los tres, un hombre de complexión fuerte, en sus cincuenta y tantos, con un atisbo de barba grisácea, captó la atención de Lauren. Esta se relajó visiblemente. —¡Lauren! Me alegro de que te hayamos pillado. Intenté llamarte, pero siempre me saltaba el contestador…

Lauren cambió la cara a la vez que entornaba sus ojos. —¿Wayne?— ¿Mi agente de publicidad? ¿De Nueva York? ¿Aquí? Ellos se habían visto cientos de veces por medio de video conferencias vía satélite, pero nunca, en siete años de trabajo juntos, se habían encontrado cara a cara. Era más bajo de lo que ella había imaginado, pero su imagen virtual había retratado con mucha precisión su gordinflona cara, sus arrugadas mejillas y su personalidad paternalista.

—¡Maldita sea! Necesito ajustar el color de mi aparato. Tú eres más tirando a rubia que pelirroja.— Sus ojos parpadearon felizmente. —Hola cariño, Oooo… — rozó con sus dedos su mejilla que se había tornado de un color negro azulado.

Ella le sonrió tanto como su boca, llena de algodones, le permitió. Su manera de hablar rápida y nasal y su acento de Nueva York, parecían mucho más pronunciados en persona.

Él le devolvió la sonrisa y de pronto se vio atrapado en un gran y sentido abrazo, deseando, como lo había hecho tantas veces a lo largo de los años, haber sido lo suficientemente joven para enamorar a esa guapa mujer.

Lauren percibió un olorcillo a menta, y un ligero sonido cerca de su oreja le confirmó que Wayne estaba masticando un duro caramelo. —¿Qué haces aquí?— Le preguntó curiosamente. —Te mandé las revisiones de esos contratos hace tres días. No era necesario que vinieras para eso.—. Ella le golpeó en el brazo levemente.

Recordando que había dos extraños plantados solo a unos metros de ella, la mirada de Lauren viajó hacia esos dos hombres, los cuales vestían un traje de tres piezas de color azul marino y una gabardina gris. Ella dejó de hablar, acercó los labios contra la oreja congelada de Wayne y le susurró, —¡Te dije que no iba a hacer la biografía de Vinnie Lagulia! No me importa si está encerrado en una cárcel federal sin nada mejor que hacer. ¡No trabajo para la mafia!

—Está bromeando.— Exclamó Wayne, mirando a los hombres. —¡Por supuesto que está bromeando!— Amablemente cogió del codo a Lauren y nerviosamente la guió hacia la puerta. —Si nos dejas entrar, haré las presentaciones. ¡Tengo unas noticias estupendas!

***

—No…

La mandíbula de Wayne cayó por completo. —¿No?— repitió incrédulo. Maldita sea, ¿Qué le pasa? ¡No va a haber nada mejor que esto! —¿Qué quieres decir con el "no"?

Arqueando una ceja, Lauren se cruzó de brazos. —Es una palabra muy simple, Wayne. No me hagas traerte un diccionario.— Antes de que Wayne pudiera argumentar contra eso, ella se dio la vuelta, cogió los abrigos de los otros dos hombres y se los dio.

—Por favor, hacer saber a la Presidenta electa Marlowe que me siento muy halagada por su interés en que escriba su biografía. Pero me temo que voy a tener que declinar la oferta. Siento que hayáis venido a Nashville para nada. Os lo habría dicho por teléfono.

Michael Oaks, uno de los ayudantes en los que más confiaba Devlyn y pronto su Secretario Social para la nueva administración, estrechó de mala gana la mano de Lauren. Estaba bastante cabreado por haber tenido que volar desde Ohio hasta Nueva York y después hasta Tennesse, sólo para ver como esa jovencita declinaba su oferta en cinco minutos. Hasta donde él llegaba, Devlyn podía encontrar otra escritora… Tendría que haber una docena.

Pero Michael sabía que su jefa esperaba de él que le diera a Strayer un gran motivo, no importaba como se sintiera él sobre eso. Sus ojos oscuros se volvieron más serios. —¿Por qué, Sra. Strayer? ¿Por qué no considerará la oferta de la Presidente electa Marlowe? Es un honor incomparable. Seguramente usted no tendrá ninguna oferta mejor pendiente… — Miró a Wayne, quien movió la cabeza en gesto negativo.

La escritora sonrió dulcemente y trató lo mejor que pudo sostener su lengua. Honor, una mierda. Este es uno de esos trabajos en los que ellos te dicen qué escribir, y luego imprimen tu nombre en la portada del libro. No, gracias… Ella podía encontrarse solita otra marioneta de propaganda. —Simplemente, no estoy interesada… — Su tono era educado, pero se enfriaba por momentos.

—La oferta de compensación es más que generosa, pero aún es negociable. Nosotros consultamos a varias de las mejores compañías de publicidad, las cuales indicaron que lo que ofrecíamos estaba bastante por encima de lo que ellos pagaban a sus equipos de historiadores y biógrafos…

—Estoy segura que así es. Pero la respuesta sigue siendo "no" —insistió. No respondo bien cuando se es agresivo, amigo. Y tú acabas de cruzar esa línea.

El joven hombre negro lo intentó de nuevo. —Pero…

Lauren levantó sus manos deteniéndolo. —Primero de todo, no estoy especializada en políticos.

—Si no me equivoco, su última biografía fue sobre el Cardenal James O'Roarke. ¿Va usted a quedarse ahí plantada diciéndome que la Iglesia Católica no es una institución política?— Su voz iba aumentando de volumen, y al final había tomado un tono irónico.

Lauren sintió como su mal humor empezaba a despertar. ¿Quién se creía ese tipo que era? El hombre que estaba al lado de él, que debería haber llegado tatuado en su frente "Servicio secreto, se acercó a ella invadiendo su espacio personal y mirándola con ojos desaprobadores. Pero ella se negó a dejarse avasallar. ¿Se supone que debo sentirme intimidada por "el sin cuello'? Creo que no. ¡Ya veo como trabajas, Devlyn Marlowe! —Sólo he estado en casa unos cuantos meses, después de pasar casi dos años en Irlanda y el Vaticano, escribiendo la historia del Cardenal. Simplemente no estoy preparada de involucrarme en un trabajo que durará como mínimo cuatro años.

—Es importante para la nación que… — El Sr. Oaks continuó, no deteniéndose cuando Lauren intentó tomar la palabra varias veces.

Wayne notó que la cara de la mujer se estaba poniendo rosa, para, finalmente, volverse rojo fuerte. Masticó su nuevo caramelo nerviosamente. Oh, no. Aquí lo tenemos. ¡Hacienda va a auditar a Producciones Starlight y a mí personalmente, todos los años desde este momento hasta el fin de nuestros días! —Lauren, por favor. Sé que tenías tu corazón puesto en la historia de Maya Angelou. Pero esto es para la Presidenta de los Estados Unidos, ¡por el amor de Dios!

—No significa, no.— Lauren contuvo todo lo que pudo su mal humor. Se dirigió hacia la puerta. Automáticamente la abrió y mientras con un brazo sujetaba a su Dogo, Gremnlin, añadió —Esta conversación ha terminado.



Última edición por julia el Diciembre 26th 2010, 11:23 pm, editado 2 veces
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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Diciembre 26th 2010, 2:09 pm

Domingo, 8 de noviembre

El coche aminoró la marcha. De hecho, la mayoría de coches lo hicieron. Para un observador casual, podrían haber sido confundidos por una procesión familiar que llevaba los restos de alguien querido. Y, si no hubiera sido por la identidad de una de las personas del tercer coche, podría haber sido verdad. Antes de que el coche se detuviera completamente, unos hombres con traje oscuro lo rodearon; los hombres estaban protegiendo la vida de la Presidenta electa. Con un rápido, pero efectivo chequeo, la zona parecía completamente segura, y dos largas piernas aparecieron por detrás de uno de los coches. Devlyn Marlowe bajó del coche.

La Presidenta se inclinó, habló a uno de los otros ocupantes y cogió un ramo de rosas antes que de dirigirse despacio hacia una de las lápidas que estaban a unos metros de allí. Los hombres asignados a protegerla dudaban, pero fueron extremadamente respetuosos de su privacidad, manteniéndose tan alejados como la seguridad les permitía. Devlyn se ajusto la bufanda y se levantó las solapas del abrigo. Dev se llevó las rosas a la nariz, pero mucho de su dulce aroma fue borrado por el frío viento de otoño.

Se sentó enfrente de la lápida. La húmeda hierba mojó los bajos de su ropa. Devlyn puso las flores en un jarrón de barro que estaba pegado al mármol y quitó unas cuantas hojas que se habían depositado alrededor de la tumba. —Hola preciosa. Tenía que venir hoy porque la situación se va a poner difícil para mí muy pronto.— Dev soltó una ligera sonrisa a la vez que intentaba estudiar una hoja naranja que tenía en sus manos. —¿A quién estoy intentado engañar? La situación ya se ha puesto difícil para mí.

Dev soltó la hoja y miró como el viento se la llevaba. Se inclinó hacia delante de modo que sus dedos pudieran trazar las líneas que formaban las letras grabadas en la lápida. —Te hecho de menos. A veces, por la noche, todavía me despierto y te busco… — Sonrió y dejó caer su mano. —He estado pensando mucho sobre ti últimamente. Yo no estaría donde estoy si no hubiera sido por ti. Ojalá pudiéramos estar juntas ahora.

Su sonrisa se tornó melancólica. —Habrías sido una formidable Primera Dama.— Dev se desplomó sobre su trasero, descansando con las piernas cruzadas delante de ella. —Me pregunto cómo lo hubiera llevado la gente. Al menos pienso que te habrían llamado Primera Dama.— Sonrió, sacudiendo la cabeza. —No importa, tu fuiste, y siempre serás, mi primera dama, y eso es lo que importa.

—No creo que vuelva, Samantha, Traeré a los niños, por supuesto. Cuando ellos quieran.— Añadió. —Pero creo… Que yo… necesito intentar centrarme en el futuro por un tiempo… — Permaneció en silencio durante un largo momento, escuchando el leve susurro del viento y el sonido de los coches en la distancia. —Sí.— sonrió y afirmó. —Sabía que lo entenderías.

Dev se volvió hacia la comitiva e hizo una señal. Uno de los agentes abrió la puerta del coche de Dev, y tres niños pequeños bajaron. Ashley, una niña morena de siete años, esperó pacientemente a que sus hermanos pequeños bajaran del coche para cogerles de la mano.

La alta mujer sonrió afectuosamente mientras los niños se acercaban a ella. Se volvió hacia la tumba. —Estarías orgullosa de ellos. Son muy especiales. Aaron tiene una foto tuya en su mesilla de noche. Te besa cada noche antes de acostarse.— Su voz tembló un poco mientras hablaba. —He hecho lo posible para que te conozcan. Ellos conocen a sus dos mamás.— Sonrió —Ashley, Dios la bendiga, ha aprendido a entornarme los ojos como tu solías hacerme.

Los niños se unieron a ella y Aaron, el más pequeño con cuatro años, se sentó en las piernas de Dev abrazándose a su cuello. Mientras, los dos mayores pusieron dos pequeños ramos de flores en el césped, justo delante de la tumba.

—Hola mami.— Ashley saludó dulcemente, sentándose al estilo indio. —Me he sacado un 6 en Matemáticas. Mamá dice que estoy mejorando mucho en las mates…

En un impulso, Christopher, de 5 años, le dio al frío mármol un beso, después acompañó a su hermano sentándose en las piernas de Dev. Con 5 años, el niño rubio era con diferencia el más tranquilo de los tres. Ashley y Aaron se tomaban las visitas mensuales como algo normal. Pero Christopher, parecía pasarlo muy mal, como Dev, pero nunca se quejaba. Ella se preguntaba si debía de dejar de traerlo.

Sin embargo, Devlyn sabía que era importante hacer que esos maravillosos niños comprendieran que tenían dos madres que los querían mucho. Incluso cuando una de ellas había sido apartada cruelmente de su lado por un conductor borracho unas semanas después de que Aaron naciera. A Devlyn le dolía en el alma que ninguno de ellos pudiera recordar mucho sobre Samantha. Solo Ashley parecía tener algunos leves recuerdos. Pero Dev no estaba segura de si esos recuerdos eran reales o eran producto de sus fotos familiares.

La familia pasó unos cuantos minutos más juntos, después la Presidenta electa mandó a los niños de vuelta al coche. Se levantó inclinándose sobre la lápida para depositar un beso en ella, tal y como había hecho su hijo. —Te quiero Samantha. Siempre estarás en mis oraciones.— Respiró profundamente y se volvió al coche. No lloró mientras se dirigía hacia el vehículo y supo que eso era una buena señal.

***

Devlyn se sentó en su silla acolchada en una de las puntas de la mesa, la acompañaban los niños y su niñera. Emma era un regalo de Dios. Samantha la había contratado justo después de que Devlyn tuviera a Ashley. Y había estado ahí para echar una mano cuando Samantha tuvo a Christopher y a Aaron. La carrera de Dev la mantenía tan ocupada que nunca parecía tanto tiempo para pasar con los niños como a ella le hubiera gustado. Emma había ayudado aún mucho más después de la muerte de Samantha y Devlyn no estaba segura de qué les habría pasado a los niños o a ella sin Emma.

Emma Drysdale era exactamente lo que tu buscarías en una niñera. Dedicada y cariñosa. Su sonrisa generosa y su corazón eran apreciados por todos los que la conocían. Era una mujer delgada, con una gran personalidad, anchas caderas y pechos de matrona. Tenía una espesa cabellera de color gris plateado, y estaba más inclinada a dar abrazos que a regañar. Emma era más una abuela para los niños que una empleada. Eso le gustaba a Devlyn. Ella era una más de la familia, y sus enfados eran casi tan legendarios como sus galletas de chocolate.

—Ni pienses que te vas a levantar de la mesa hasta que te haya comido todo lo que hay en el plato.

Dev miró a los niños preguntándose quién era el problema. Después miró su propio plato y supo quién estaba metida un lío. —Estoy comiendo, Emma.— Protestó si ningún resultado.

—Estás demasiado delgada.— dijo Emma mientras tocaba un osudo hombro. —Y no estás comiendo. Estás esparciendo la comida para que parezca que comes.— Emma levantó una ceja, mirando a Dev, para luego dirigir una mirada a los niños… — No querrás dar una mala impresión a tus hijos ¿verdad?

—Sabes, —Dev pinchó un trozo de espárrago —odio cuando haces eso.

—Lo sé.— asintió la niñera mientras rellenaba de leche el vaso de Aaron. —Por eso lo hago.

—Siéntate Emma.— se quejó… — Los niños están bien. Come tú.— Dev sacudió su cabeza y se dejó caer sobre la silla. Sabía que su protesta sería ignorada esta noche, como todas las demás.

Ashley se rió y dirigió sus grandes ojos marrones hacia su madre… — Mama.

—¿Sí, cariño?— Dev decidió hacer un esfuerzo y comerse su cena, aunque estaba tan cansada que lo único que le apetecía era irse a la cama.

—¿Tiene que venir ella mañana conmigo al Zoo?

—¿Huh?— Dev intentó estrujarse la cabeza para saber quién era "ella". —Ah, quieres decir la Agente Hamlin.

Ashley frunció el ceño y Devlyn se sorprendió al verse reflejada tan claramente en ese gesto de su hija.

—Tomaré eso por un sí. Me temo que sí cariño.

La niña, muy enfadada, estrujó con el tenedor el río de lava en que se habían convertido sus Mashed Potatoes. —Ninguno de los otros niños llevan.

—Lo sé, cariño. Pero… Mira te diré una cosa, le diremos que se ponga unos vaqueros y una sudadera ¿vale?

Ashley lo pensó por un momento. Eso no estaría mal. —De acuerdo.

Christopher y Aaron pararon de comer para escuchar atentamente esa conversación.

Ellos también tenían guardaespaldas.

—De todas formas, debes acostúmbrate a la Agente Hamilton e intentar hacerte amiga suya. Probablemente va a estar contigo los próximos cuatro años.

—¿Y qué pasa con Amy?

—Mira, Moppet. Amy era de la Policía Estatal. Ella te cuidaba antes de que yo fuera elegida presidente. Ahora va a ser un agente del Servicio Secreto, y esa agente es Hamlin.— Golpeó la mano de la niña y notó que Chritopher y Aaron no parecían mucho más entusiasmados a ese respecto que Ashley. Su mirada se suavizó y sonrió. —Os llegará a gustar tanto como Amy. Estoy segura de eso.

—Vale.— Murmuró la niña.

—Mama ¿puedo ir al zoo también?— Preguntó directamente Christopher… — Yo quiero ir al zoo.

—Estoy segura de eso, colega, pero esto es una excursión de la clase de Moppet.— Ella le cogió de las manos. —Pero te diré una cosa. Intentaré programar una excursión para ti y para Aaron, ¿vale?

—Síi.— Gritaron simultáneamente Aaron y Chris. Los hermanos chocaron los cinco. Desafortunadamente, Aaron era demasiado bajo y acabó chocando en la cara de Chris. Este inmediatamente se lo devolvió y a continuación comenzó una mini-guerra de golpes con los niños gritando y riendo.

—Venga. Hora de irse a la cama.— Emma se levantó de su sitió al final de la mesa y empezó a conducir a los niños hacia las escaleras.

Dev se levanto también pero se volvió a sentar cuando la mujer mayor la miró desaprobatoriamente.

—Soy la Presidenta electa ¿sabes?— protestó la alta mujer con un falso enfado.

—Ohh, sí, sí, sí. Estoy muy impresionada, Señora Presidenta electa.— Emma apuntó al plato. —Ahora comete tu cena.

—¿Voy a hacer alguna vez algo que te impresione?— Le preguntó a la mujer que se retiraba.

—Ya lo has hecho. Sus nombres son Ashley, Christopher y Aaron. Ahora come.

***

Quedaban aún cerca de tres horas para que Dev terminara el día y esta se dirigía a su habitación. Un ayudante la paró por el camino.

—Gobernadora.

Ella dejó caer su cabeza —¿Sí?

—El Servicio Secreto le acaba de traer un archivo. Dijeron que usted lo quería inmediatamente.

Es solo un archivo, ¡Dios! Podré irme a la cama esta noche. —Gracias.— Lo cogió y observó el índice rápidamente. —Strayer, Lauren Anna. Lauren no Loren, ehh. Me había figurado que "L. Strayer" tenía que ser una mujer. La imagen que ella tenía en mi cabeza…

—¿Gobernadora?

—Oh, nada. Lo siento. Buenas noches.

—Buenas noches, señora.

Devlyn se dirigió hacia la habitación de Ashley primero. Era la típica habitación de niña. Llena de animales de peluche, casas de muñeca y todos los accesorios. Sólo la pequeña cama de dosel le servía a Dev para recordarle lo preciosa que era su hija mayor.

—Hola Moppet.— susurró en la oscuridad. —¿Estás dormida ya?

—No, señora.— La niña se giró, sus ojos oscuros brillaban ante la tenue luz proveniente del pasillo.

La mujer alta se sentó en la cama, manteniendo el archivo entre sus brazos. Observó a su hija, ordenando los alborotados mechones que caían sobre su cara. —Sé que no entiendes todo lo que está pasando, y te da un poco de miedo.

Ashley asintió.

—Pero necesito que confíes en mí, ¿Vale? Todo esto es algo bueno.

—Mi profesora dice que tu vas a ser la mujer más poderosa del mundo. ¿Es verdad?

Unos ojos claros y asombrados parpadearon. —Bueno…

—¿Incluso más poderosa que Wonder woman?— Saltó la niña en la cama.

Dev miró los asombrados ojos marrones de su hija. —No. Ni hablar. Wonder Woman patearía mi trasero. Además ella tiene ese avión invisible tan grande.— le recordó Dev, a la vez que le daba un amistoso cachete en la barriga.

Ashley asintió. —Y el lazo de oro.

—Es verdad.— Suavemente recostó de nuevo a su hija hasta que sus hombros se hundieron en la blanda almohada. Después se inclinó y frotaron la nariz. —Pero confías en mí… ¿Verdad, Moppet?

—Siempre y para siempre, mamá.— Unos pequeños brazos se cerraron fuertemente alrededor de su cuello.

Sostuvieron el abrazo durante un largo rato. —¿Le deseaste buenas noches a mami?

—Sí señora. Justo después de mis oraciones.

—Buena chica.

—La hechas mucho de menos ¿verdad?

Devlyn frunció el ceño. Hoy en el cementerio lo había pasado muy mal, y su astuta hija, obviamente, se había dado cuenta. Había estado intentando despedirse de Samantha durante tres años. Ella no era buena para las despedidas, especialmente cuando se trataba de gente a la que quería. —Por supuesto.

El gesto de Ashley se tornó pensativo. —Quizás algún día nos encuentres una nueva mami.

Un nudo se formó en la garganta de Dev. Le llevó varios segundos poder contestar a su hija. —Quizás, Moppet.— concluyó dudosa. —Pero tu mami era muy especial. Yo la quería mucho.

—Y yo… creo.

Arropó a su hija muy cariñosamente. —Por supuesto que la querías, y mami lo sabía. Te lo aseguro.

Ashley bostezó —¿Crees que ella esta sola, como tú?

Las inocentes palabras de la niña se clavaron en el corazón de Dev y sintió como empezaban a salirle las lágrimas. —No, cariño. Ella es feliz en el cielo, con el abuelo y la abuela. Ella nunca está sola…

—Vale.— sus ojos somnolientos se iban cerrando.

Dev besó a su hija en la frente. —Te quiero, Ash.— Dijo suavemente, viendo como la respiración de la niña se volvía más profunda. —Dulces sueños.—. De camino a la puerta de la habitación encendió la lamparilla de noche, que inundó la habitación de un leve resplandor azul.

A continuación, Dev entró silenciosamente en la habitación que los chicos compartían y donde ellos yacían dormidos en unas camas que imitaban la forma de unos coches de carreras. Se arrodilló entro las dos camas y sintió como las lágrimas le salían sin control. Estos niños, con el pelo rubio y los ojos azules, eran la viva imagen de la mujer que les dio la vida. Y ahora ninguno de ellos conocerían a la madre que tanto los quiso.

—Maldita sea, Samantha.— murmuró. Dev golpeó enfadada sus pies. —¿Cómo pudiste dejarnos?— Cubrió su cara con unas temblorosas manos, avergonzada de su pérdida de control. Se secó las lágrimas. —Lo siento, no quería decir eso.— La cansada mujer controló las lágrimas, apartando la última de ellas con el puño de la camiseta. —Te quiero, no quería decir eso.

Se levantó y besó a los niños en la mejilla. —Que tengáis muchas aventuras esta noche en vuestros sueños. Os quiero…

Cerró la puerta suavemente y se dirigió a su habitación. Dejó el archivo en su escritorio, al lado de la chimenea. Allí la maternal niñera le había dejado un sándwich y un vaso de leche para que se lo tomara antes de acostarse.

Sonrió y dio un sorbo al vaso de leche. Después mordió la tostada y añadió —Gracias Emma Drysdale, no superaría estos días y noches sin tu ayuda.— Se inclinó para abrir y ojear el archivo mientras degustaba su tentempié.

—Bueno, bueno, Lauren Strayer. ¡Qué guapa eres!— Había varias fotos de la joven mujer. Dev sostenía una tomada sin que la protagonista se diera cuenta. Lauren estaba en el parque paseando con su perro. La rubia llevaba una gorra de béisbol y el pelo recogido en una coleta. Vestía unos pantalones de chándal color gris y una sudadera naranja y blanca de la Universidad de Tennesse. Se estaba riendo. Tenía el brazo totalmente extendido de modo que parecía que la pequeña fiera la estaba paseando a ella.

Dev comprobó la fecha en el reverso de la foto y confirmó que fue sacada hacía un par de semanas. Pasó a la siguiente foto. En esta Lauren llevaba un traje de lino, con una falda que acababa unos par de centímetros por encima de la rodilla. La ropa más sofisticada la hacía parecer más mayor. La chaqueta del traje estaba sobre los hombros de Lauren y debajo de ella aparecían unos brazos bastante morenos. Llevaba también una blusa rosa de seda. Bajaba las escaleras de un edificio de oficinas y hablaba con una mujer que iba a su lado. En los labios de Dev se dibujó una sonrisa. Se pasó un buen rato disfrutando de las imágenes de esa hermosa mujer de devastadores ojos grises y hermosa sonrisa, capaz de derretir un iceberg.

La Presidenta electa cogió la última fotografía que, obviamente, era la del carnet de conducir de Lauren. Torció el gesto a la vez que apretaba un botón de su escritorio. El silencio de la habitación quedó truncado por un suave murmullo. Dev deslizó la foto por el corta-papeles que había situado en una de las esquinas de su escritorio. Sonrió satisfecha cuando comprobó que la foto quedó reducida a confetti.

Dejando el resto de las fotos cogió el reporte y empezó con los datos de su biografía. Las palabras empezaron a bailar por su cabeza. Cerró los ojos, sabiendo que aún le quedaban unas cuantas horas de trabajo por delante. Te dijeron que pasó la inspección de seguridad, Dev. El resto puede esperar hasta mañana.

—Bueno, Lauren Strayer, no necesito que ningún archivo me diga que necesito tu ayuda. Eso ya lo sabía yo.

Dev se terminó la leche, se comió el sándwich y se concentró en el reporte de las negociaciones con China. Finalmente, a eso de la medianoche se fue a dormir.

Lunes, 9 de noviembre
—¿No? ¿Qué significa "no"?— Dev firmó un documento y se lo entregó a un ayudante mientras otra estaba alrededor recordándole sus tres próximas citas.

Michael Oaks sacudió la cabeza, deseando poder decir a la Presidenta electa Marlowe lo que Lauren le había dicho el día anterior. —Ella no acepta la oferta, Dev. Es tan simple como eso.

Dev lo miró fríamente. —Nada es nunca "tan simple como eso". Y tú lo sabes.— Dev asintió a su secretaria, la cual estaba en el despacho anotando las peticiones de café de los empleados. —¿Por qué no la acepta? No… — le dijo a la secretaria —Ese día no. ¿Podemos pasarlo al 21?

Michael tomó asiento al lado de la alta mujer. —Strayer me dio unas razones poco convincentes, pero creo que lo importante es que ella no está interesada en escribir tu biografía.

—Entonces tenemos que conseguir que se interese.

—Dev, ¿qué importa eso? Podemos conseguir a otra. Alguien mejor. Sé que adoras su trabajo, pero esa mujer ni siquiera te votó, ¡por el amor de Dios!

Eso llamó la atención de Dev y levantó la mirada de su agenda electrónica.

Su sonrisa desapareció de la cara. —¿Qué quiere decir que no me votó? ¿Por qué no?

Michael dio las gracias cuando le pusieron una taza de café delante. Hizo espacio en la mesa para depositar una pila de papeles. —¿No te has leído su reporte?— Preguntó mientras le acercaba a Dev su taza y él daba un sorbo de la suya.

—Lo ojeé.— dijo Dev mientras fruncía el ceño. Vale, de acuerdo, sólo miré sus fotos. Mierda…

—¿Jane?— Unos ojos azules escasearon la habitación.

—Aquí, Dev.— Jane, la secretaria personal de Dev, le entregó una carpeta.

Sus ojos se abrieron de par en par. —A veces me asustas, Jane. Lo sabes ¿verdad?

La regordeta mujer sonrió y le guiñó un ojo. —Después de 15 años, te conozco mejor que tú misma, Devlyn Marlowe.— Su sonrisa aumentó —¡Y no puedo esperar más para ser la Presidenta de los Estados Unidos!

La habitación estalló en carcajadas. Dev se unió al chiste —Y serás una maravillosa Presidenta. Y por favor, dame un puñetazo si me interpongo en tu camino.

Dev tomó un trago de café y cogió una tartaleta de mora de una bandeja. Abrió el archivo. ¿Quién eres, Lauren Strayer? ¿Y por qué me rechazaste? La habitación pareció desaparecer mientras ella se concentraba en las palabras del reporte.

Sujeto: Lauren Anna Strayer

Fecha de nacimiento: 4/7/1990

Altura: 1, 63 Peso: 55 kg Ojos: grises Pelo: rubio

Dev siguió empapándose la información. No hay nada importante en el historial medico, ningún historial criminal…

Estado civil: Divorciada (duración del matrimonio 24/1/2014 - 16/10/2017)

Familia: ningún hijo, ningún hermano, nada significativo. Padres: viven.

Sus pensamientos se detuvieron durante un momento. Parece muy sola.

Estudios: Licenciada en Historia, Máster en Literatura Inglesa, Universidad de Tennesse. Magna Cum Laude. Fecha de graduación: 05/05/2011

Devlyn sonrió cuando leyó sobre sus 11 multas de aparcamiento sin pagar en la ciudad de Nashville. Su mirada volvió a la foto que le había llamado la atención la noche anterior y sonrió de nuevo. Me pregunto cuál será el nombre de ese perro feo.

Cogió las últimas hojas del reporte para observar la información suplementaria que ella sabía que estaba ahí. Rápidamente observó la foto del ex-marido de Lauren, Judd Radison. Un arquitecto que vivía en Chicago y se había vuelto a casar dos meses después de su divorcio. Ahora tenía un niño de dos años y medio. Dev sacó cuentas y soltó una maldición. Asquerosa rata, bastardo. Decidió que se desharía de la fotografía más tarde.

Se extrañó cuando no encontró ninguna foto de los padres de Lauren, pero un detallado reporte indicaba que Howard Strayer era un fontanero retirado. Había sido miembro y fundador durante 45 años de la Union Steward. Procedencia demócrata. Nunca lo habría imaginado. Interesante. Anna Strayer era ama de casa. Había sido hospitalizada por depresión varias veces en los últimos diez años.

Cuando Dev apartó la vista de su lectura, diez minutos después, estaba sola en la sala de conferencias. Había tazas de café vacías por todos los sitios, platos de plástico por toda la habitación y, de pronto, notó un pitido intermitente que había sido programado para recordarle su primera cita. Su café se había quedado frío y apartó la taza con cara de asco.

Devlyn volvió a la primera página del reporte y descolgó el teléfono mientras daba un gran bocado a su tartaleta.

***

Lauren empezó a escarbar en su bolso hasta que finalmente encontró el pequeño espejo. —encender conducción automática. Destino número 12.4213.— Lauren apartó las manos del volante y empujó su asiento para atrás. Miró su reloj y vio que llegaba tarde. —Aumento de velocidad de 15 km/h. 4213.— Esperó el pitido de aviso —Aprobado el sobrepaso de velocidad obligatoria. 4213.

Levantando un pequeño espejo, empezó a pintarse los labios de un color muy suave. De repente su teléfono sonó asustándola y haciendo que se pintara la mejilla con el pintalabios. —Uyy.— Cogió una toallita y empezó a limpiarse la cara. Mientras el teléfono seguía sonando. Al quinto tono contestó —Hola.

—Hola.— era una voz femenina, fuerte y decidida —¿Es usted Lauren Strayer?

Lauren sostuvo el teléfono un poco alejado de su cara y se quedó mirándolo como si fuera la primera vez que lo viera. Conozco esa voz.

—¿Hola? ¿Srta Strayer?

Lauren volvió a pegarse el teléfono a la oreja, impresionada, a pesar de que no quería estarlo.

—Sí… Soy Lauren Strayer.



Última edición por julia el Diciembre 26th 2010, 11:35 pm, editado 2 veces
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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  maryjoe el Diciembre 26th 2010, 7:49 pm

uy que interesante Jul, a ver como continua la historia wink
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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Diciembre 26th 2010, 11:05 pm

Pues seguirá... y es larga, eh? Así que paciencia.
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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Diciembre 27th 2010, 10:46 am

Dev sonrió, se dio cuenta de la sorpresa que había causado en la joven mujer, y en un instante empezó a adorar su dulce acento sureño… — Me alegro de poder hablar con usted personalmente. Ah, disculpe. Soy…

—La Presidenta de los Estados Unidos.— interrumpió Lauren totalmente impresionada. ¡Dios mío! ¿Me está llamando para lo de su biografía? ¿Ella, personalmente?

—Presidenta electa, todavía.— Devlyn puso los pies encima de la mesa, deseando que su hambriento equipo no se hubieran comido todas las tartaletas. En estos momentos le apetecía una. —Habló con mi ayudante, Michael Oaks, ayer.

Lauren asintió, —Sí.— Su sorpresa empezó a disolverse al recordar su enfado del día anterior. —Y no me gusta mucho ser intimidada.— añadió en un tono que se tornó frío.

Dev se incorporó sobre su asiento —¿Qué quiere decir con "intimidada"? ¡¿Qué hiciste Michael?!

—Oh me refiero al Sr. Oaks y su compañero Big Joe junior.

¿Big Joe junior? Dev cerró los ojos. Oh, Dios, dime que no se llevó a Francis. —¿Se refiere a Francis Davies? ¿El serio y desafortunado agente del Servicio Secreto cuya cabeza parece nacer directamente de sus hombros?

A Lauren se le escapó una carcajada, e inmediatamente intentó contenerla tapándose la boca con la mano. ¿Un político con sentido del humor? ¡Está nevando en el infierno! —Sí, ese nombre me es familiar.— contestó rápidamente sin intentar disimular la sonrisa de su cara.

—Entonces por favor permítame que me disculpe inmediatamente. Estoy segura que la presencia de Francis no pretendía intimidarla.— Por favor no me preguntes que entonces para qué estaba allí.

Lauren volvió a apartar el teléfono para mirarlo, deseando poder ver la cara de Marlowe. Sonaba muy sincera. —Quizás lo malinterpreté.— Se oyó a sí misma decir.

—Srta Strayer, su trabajo es a la vez inteligente y profundo. Soy una gran fan

Lauren estaba sorprendida otra vez por el halago entusiasta de Dev y notó como sus mejillas empezaron a ponerse rojas. —Gra… Gracias.— Lo que no sabía es que Dev estaba intentando sofocar un sofoco similar al otro lado del teléfono.

La Presidenta electa se sermoneó mentalmente por sonar como una quinceañera impresionada por su ídolo. —Necesito tu ayuda. Estoy en una posición única, Srta Strayer. Una que necesita ser habilidosa y, aún más importante, detalladamente registrada. —La alarma de Dev sonó y ella la apagó irritada.

—No podría estar más de acuerdo.

Unas oscuras cejas se arquearon en señal de sorpresa. —¿Entonces lo hará?— La gente empezó a llenar la sala de conferencias.

—Yo no he dicho eso.

Devlyn suspiró frustrada. —Por favor, Srta. Strayer, ayúdeme en esto. Tengo una reunión en dos minutos. Dígame que tengo que hacer para que acepte.

El coche de Lauren paró delante de la biblioteca pública y esperó a que ella le diera el comando de "apagar motor". —No creo que tenga que hacer nada.— repitió sinceramente. —Me siento halagada, en serio… — E intrigada a más no poder. —Pero no quiero que me tengan copiando lo que escribe el Grupo de Emancipación del Presidente. Ese no es el tipo de trabajo que hago. Me encantaría poder recomendarle a alguien…

—¿De qué está usted hablando?

Lauren notó el asombro en la voz de Devlyn.

—Eso no es lo que quiero.— ¿Qué le dijo Michael?

La escritora soltó un suspiro, queriendo creer a la otra mujer, pero sabiendo que no era verdad. —Usted dice eso ahora. Pero…

—¡Pero nada!— Yo no quiero un "sí señora". El partido le va a pagar porque yo no quería que los contribuyentes pagaran esto, y si le pago yo de mi bolsillo, pondría su profesionalismo en cuestión. ¿no?

Lauren se inclinó, escuchando atentamente. —Sí, tiene razón.

—Yo necesito a alguien con honestidad, integridad y talento. La necesito a usted, Srta Strayer. Tiene mi permiso para escribir lo que usted vea y piense… — Dev saludó a la mujer que quería que fuese la próxima Ministra de Salud y Asuntos sociales. Maldiciendo al tiempo, añadió rápidamente. —Le estoy dando acceso total a todo y el completo control editorial del contenido. Su única atadura consistirá en trabajar dentro de los márgenes de la Seguridad Nacional.

Lauren se quedó mirando el teléfono por tercera vez sin creerse lo que estaba escuchando.

Dev levantó un dedo para indicarle a la gente de la sala que estaría con ellos en un minuto. Cuando la última persona entró en la habitación y se sentó, Jane cerró la puerta de la sala de conferencias. —¿Era eso lo que necesitaba escuchar, Srta. Strayer?

Lauren asintió torpemente. ¿Total acceso? ¿Control editorial? ¿Y un "sujeto" que está haciendo historia con cada cosa que hace? —Sí.— Suspiró —Eso era lo que necesitaba oír.

Jueves, 21 de enero

Dev respiró hondo y miró a David McMillian, su amigo de toda la vida además de su hombre de confianza, y ahora el nuevo Jefe de Personal de la Casa Blanca. Ella lo conocía desde sus años de estudiante en Harvard. Estudiaron juntos, e incluso compartieron habitación durante un semestre, antes de que Dev conociera a Samantha. Todo el tiempo que habían pasado juntos había cimentado su amistad, la cual se había convertido en una constante en sus vidas.

Mientras las aspiraciones políticas de Devlyn la situaban en el punto de mira, David era feliz de poder trabajar en las sombras, donde, como él le recordaba a Dev bromeando, se refugiaba el verdadero poder.

Dev cogió y giró el frio pomo de metal. Una sonrisa tonta apareció en sus labios.

—Lo conseguimos.

—Si, lo conseguimos, Señora Presidenta.

—Para con eso.— Se burló al oírle llamarla así. Ellos estaban más allá de esos formalismos, al menos en privado. Y David lo sabía. Pero aún así, era divertido picarla. —O te haré llamarme Wonder Woman.

El hombre alto y pelirrojo se rascó la barbilla en gesto pensativo, y sus ojos color avellana se abrieron de par en par. —¿Huh?

—No importa.

Acababa de amanecer, las oficinas estaban vacías, un tranquilidad casi sobrecogedora los envolvía. Así era como Dev quería que ella y David entraran por primera vez en el Despacho Oval como Presidenta y Jefe de Personal. Había contado con mucha gente para llegar hasta ahí, pero sin el apoyo de su mejor amigo nunca lo habría conseguido. Era, pues, apropiado que ellos saborearan ese momento juntos y solos.

Ella abrió la puerta pero no entró. Davis sonrió y le indicó. —Después de usted, Wonder Woman.

—Chico listo.

Entró en la oficina y respiró hondo, deteniéndose en el centro de la habitación y disfrutando cada sentimiento, abandonándose ante el placer que eso le producía. Una sonora carcajada le salió del pecho. Se giró y encontró a David de pie detrás de "el sillón".

David le sonrió y dio un golpecito en el suave cuero. —Vamos, pruébalo.

—Casi tengo miedo de hacerlo.— admitió. —Es como si al intentar sentarme en esa silla, me fuera a despertar del sueño, y todo esto vaya a desaparecer.

—No. Es real. Estás aquí y ya nada va a ser lo mismo otra vez. Has hecho historia, Señora Presidenta. Ahora vamos a darles cuatro años que no van a olvidar nunca.

Devlyn respiró profundamente otra vez y se dirigió hacia el sillón. Se hundió en el suave cuero soltando un inaudible suspiro. Estiró las manos sobre el escritorio, sintiendo la fría y lisa superficie bajo sus manos. —Soy la Presidenta de los Estados Unidos.— susurró mirando a su Jefe de Personal.

—Sí, lo eres.— le contestó soltando un suspiro. David se mordía el borde de su pequeño bigote pelirrojo, totalmente consciente de la trascendencia del momento que estaba viviendo.

Dev parpadeó y se quedó quieta recorriendo toda la habitación con unos ojos impacientes. —¡He perdido la cabeza!

—Ya lo creo.— David se aclaró la garganta. —Ahora te dejaré sola para que puedas colocar tus cosas. Están en esas dos cajas blancas de la esquina.— señaló mientras se dirigía a la puerta.

—Gracias, David.— Levantó la vista —Hey, si no odias esto mucho ¿vamos a ir a por los ocho?

—Pregúntamelo dentro de dos años. Que tengas un buen día, Señora Presidenta.

—¡David!— le gritó.

Este introdujo la cabeza por la ranura de la puerta. —¿Sí?

—Gracias por traerme hasta aquí.

—Lo hicimos juntos, Dev.— Su amigo le sonrió y salió del despacho.

Lunes. 25 de enero

Dev se había acostumbrado al grupo de gente que siempre parecía estar detrás de ella donde quiera que estuviera. Era como ser Gobernadora pero elevado a la décima potencia. Afortunadamente, hacía tiempo que había aprendido a escuchar a varias personas a la vez. Ahora, si alguien pudiera conseguirme un plato de ternera con maíz y centeno sin tener que volver de Ohio después, sería una mujer feliz.

—Tienes una reunión con la Secretaria de Energía a las tres y media.— le dijo Lizza Dennis, su nueva secretaria, mientras le daba otra carpeta. Lizza era joven y un poco mas alta que Dev. Era delgada, tenía el pelo castaño y rizado y unas encías que dejaba ver demasiado cuando sonreía. Ella estaba salvando la vida de Dev llevándola al sitio donde tenía que estar con bastante puntualidad.

Dev había aprendido a no llevar reloj al principio de su carrera política. La gente se sentía incomoda ante el gesto de mirar continuamente el reloj, lo que se solía hacer bastante a menudo cuando se llevaba uno. —¿Qué hora es?— Dev miró la puerta del Despacho Oval, la cual parecía hacerse más grande a cada paso. Esperaba poder llegar dentro antes de que alguien declarara una guerra.

—La una y cuarto, Sra. Presidenta.

—Recuérdame lo de la cita a las tres y cuarto.

—Sí, señora. Tiene una cita ahora también. Con Lauren Strayer.

La Presidenta se paró repentinamente girando sobre sus talones para ver a la joven muchacha que casi choca contra ella. —¿Es hoy?

—Sí, señora. Fue fijada para la una en punto.

Dev hizo una mueca, y de pronto se interesó mucho por su aspecto. —Maldita sea.— Se observó rápidamente estirando la chaqueta y abrochandose unos bonitos botones de ébano. —¿Cómo estoy? ¿Estoy bien?

La mente de la joven mujer se sorprendió ante el repentino cambio de tema. —Umm… por supuesto.— afirmó. —Quiero decir… Sí, señora. Está bien.

—De acuerdo.— Le devolvió las carpetas a Lizza y después se metió las manos en los bolsillos, reprendiéndose a sí misma por su nerviosismo. —¿Cuánto tiempo tengo aún para la reunión?

—Media hora, señora.

Dev se mordió el labio. Eso no iba a ser suficiente. —Retrásalo todo un poco y dame una hora para esto. Voy a necesitarla.

—Sí, señora.— Lizza abrió su cuaderno de notas. Este era sólo su segundo día, y ya se había dado cuenta que la Presidenta iba a necesitar en su agenda tiempo muerto para poder aplicarlo a lo que más falta hiciera… — Eso significa que no volverá a la residencia hasta un poco después de las siete y media.

—Si tengo suerte.— añadió mientras se paraba frente a la puerta de su despacho y esperaba a que un hombre vestido inmaculadamente la dejara entrar. Ella se preguntó si alguna vez se acostumbraría a la gente cuyo único trabajo parecía ser abrirle las puertas. Muy bien, no hay nada por lo que estar nerviosa. Respetas su trabajo. Está bien… Te encanta su trabajo. ¿Y qué? Ya has conocido a gente triunfadora antes. Dev soltó un suspiro. Era experta en esconder cómo se sentía. —Estaré lista para irnos en una hora.— Se volvió y cogió a Lizza del brazo. —Hazme un favor y tráeme un sándwich de ternera ¿vale? La comida que nos han servido en esa comida formar no era ni siquiera comestible…

—Ahora mismo. ¿Y qué hay sobre…?— Lizza señaló hacia la puerta.

—Oh, sí.— ¿Dónde están mis modales? —Espera un momento.— Dev cuadró sus hombros y entró al Despacho Oval, dejando de lado la inmediata emoción que sintió al entrar en la habitación. Eso sucedió cuando la mujer morena vio por primera vez a Lauren Strayer. Wow. Guapa es poco. Dev mentalmente corrigió su valoración de Lauren, basada en las fotos. Preciosa. Dev carraspeó y la escritora se giró, clavando unos hermosos ojos grises en la cara de Dev. Los labios de Dev enseguida dibujaron una sonrisa, y saludó a Lauren calurosamente. —Hola. He estado deseando conocerte durante mucho tiempo. Estaré enseguida contigo, te lo prometo. Sólo me estoy asegurando de tener el suficiente sustento para no desmayarme.— Paró de hablar y tomó aire. De acuerdo. Yo, normalmente, no hablo tan rápido. —¿Te apetece un sándwich?

Lauren, prácticamente, dio un salto. No había oído entrar a la Presidenta Marlowe. Sólo le llevó dos segundos romper el protocolo de la Casa Blanca. —¡Hola!— Dios, la televisión no le hace justicia.

Devlyn vestía unos modernos pantalones anchos de lana de color verde oscuro. Debajo de la chaqueta, que le hacía juego con el pantalón, llevaba un elegante jersey de cuello vuelto de color gris metálico que resaltaba la musculosa complexión de Dev y su brillante pelo negro. Tenía el cuerpo de una corredora, largo y delgado, con unas piernas interminables. Los ojos de Lauren se abrieron más cuando se dio cuenta de que no había escuchado nada después del "hola". Su mente no paraba ni un minuto. ¡Mierda! ¡Sé que sus labios se estaban moviendo!

Devlyn se extrañó ante la repentina confusión que observó en la colorada cara de la joven mujer. —¿Un sándwich?— apuntó indecisa.

De acuerdo. Eso era. —No, gracias, Sra. Presidenta. Ya he comido.— Los pocos bocados que las mariposas del tamaño de murciélago que habían en mi estómago me han permitido.

Que acento sureño más dulce. —¿Le importaría si me doy el gusto?— La NRA ha fallado en su intento de envenarme en la comida, Y estoy…

—Por supusto, Señora Presidenta.— Lauren sonrió y se colocó un mechón rubio detrás de la oreja. Se quitó las gafas y empezó a morderlas ausentemente cuando Dev se dio la vuelta.

Igual que Christopher, pensó la Presidenta. El chico siempre estaba jugueteando con sus gafas. Dev sonrió otra vez. Le gustaría saber que alguien más las llevaba. Las gafas eran inusuales en estos tiempos y sabía que Chris odiaba levarlas, a pesar del hecho de que estas corregirían su astigmatismo. Esta era la razón por la que tendría que llevarlas al menos unos años más.

—Gracias.— Dijo Dev, suspirando aliviada. ¡Sí! No está enfada porque haya llegado tarde. —Le juro que volveré enseguida.— Con eso Dev salió del despacho y cerró la puerta tras ella. —Un sándwich y una hora.— le dijo a Liza, la cual estaba explicando algo del Protocolo de la Casa Blanca a Jane Shultz, la secretaria de Dev. La Presidenta saludó a Jane y recibió una simpática sonrisa como contestación.

—Un sándwich y 56 minutos.— Le sonrió Liza mientras tapaba su cara con su reloj de pulsera.

Dev arqueó una ceja, contenta, y un poco sorprendida de que la mujer estuviera más tranquila que ella. Todo el mundo había empezado esta nueva administración de un modo demasiado formal, y aunque era lo esperado y lo apropiado, no estaba haciendo que se sintiera cómoda.

—De acuerdo. Gracias.— Dev volvió a entrar en el despacho. Inclinó los hombros sobre la puerta para cerrarla, sus ojos se cerraron y exhaló profundamente. El suspiro se convirtió en un alegre gruñido cuando la pesada puerta se cerró, aislándola del resto del mundo durante 55 minutos.

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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  maryjoe el Diciembre 27th 2010, 6:00 pm

buena, buena Julita. Gracias
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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Diciembre 28th 2010, 12:56 pm

Lauren, que estaba apoyada en el respaldo de uno de los sillones de cuero que había en el centro de la habitación, parecía divertida. Sus manos descansaban en el respaldo del sillón y parecía como si estuviera intentando aguantarse la risa.

Dev permaneció de pie, intentando recobrar al menos un poco de su actitud presidencial. Pero una mirada a unos comprensivos e indulgentes ojos hicieron que se rindiera en el instante, sonriendo mientras se apoyaba en la puerta. —Te propongo una cosa. Vamos a hacer un trato. Tú me dejas ser yo misma cuando estemos solas y podremos superar los próximos cuatro años sin volvernos locas.— Sonrió ante los interesados ojos de Lauren. —Además, si voy a ser la Presidenta de los Estatos Unidos todo el tiempo, el libro va a ser un asco, y las dos lo sabemos.

—Trato hecho.— Lauren estaba sonriendo, pero su sonrisa se desvaneció enseguida. —¿Es lo mismo, "tú" siendo "tú" que "off-the-record"?— Oh, Dios. Aquí viene. La biógrafa enseguida se reprendió por no haber hecho caso a sus primeros instintos y rechazar esta oferta.

Dev se alejó de la puerta. Se dirigió al sofá de cuero que había al lado de Lauren y se dejó caer en él. —Nop.— respondió despreocupadamente, haciéndole un gesto a Lauren para que tomara asiento. —Lo bueno, lo malo, lo desagradable de mi vida es un libro abierto para ti, srta. Strayer.— Inesperadamente la voz de la presidenta se volvió seria y dirigió una mirada a la escritora; una mirada que le hizo inclinarse mientras escuchaba. —Mis hijos, sin embargo…

—No tiene que preocuparse sobre eso, Sra. Presidenta.— la interrumpió Lauren urgentemente. —Yo nunca invadiría su espacio. Dentro de lo que concierne a su biografía, ellos son sólo una pieza relevante en la medida en que ellos la afecten a usted.

Dev la miró curiosamente y soltó una tímida carcajada. —Bueno, ellos me afectan en todo.

Lauren estaba apunto de discrepar, pero se detuvo. Cállate Lauren. Tú no tienes niños. Bueno, al menos niños de los que no beben agua del váter. Nada de suposiciones ¿Recuerdas?

La primera biografía de la escritora había sido la de Karina Jacobs, la estrella de los Juegos Olímpicos de 2016, la cual había nacido en Harlem y era adicta a la cocaína. Fue relanzada como la Wilma Rudolph del siglo XXI y terminó ganando siete medallas de oro, a pesar de las discapacidades físicas con las que había nacido. Karina era soltera y no tenía hijos.

La segunda biografía de Lauren había sido la de Meter Orlosky, el mega-idiota que había arruinado el imperio Microsoft con su nuevo sistema operativo. Podía manejarlo todo, desde un ordenador personal hasta la más amplia red global. No sólo era soltero y sin hijos, sino que además Lauren estaba completamente segura de que nunca había practicado sexo. Al menos con otro ser humano. Pero al fin y al cabo eso no lo incluyó en la biografía porque se dio cuenta que cualquier persona podía saber eso con sólo mirarlo o escucharlo.

Y, finalmente, su más reciente biografía fue la del Cardenal O'Roarke. Aunque ella estaba segura de que su secretario personal, Andre Ricardo, tenía una muy cercana relación personal con el cardenal… ellá no podía afirmar que éste tuviera ningún hijo. Por eso, ¿Cómo podría ella saber la manera en que afectaban sus hijos a la Presidenta?

—Permítame explicarme mejor… — intentó de nuevo Lauren. Su tono era un poco más serio que el de Devlyn, pero inconscientemente su gesto se había suavizado. —Puede confiar en mí a la hora de decidir qué es privado en la vida de sus hijos… y qué podría hacerles daño. Se lo prometo.

Dev asintió. —Si no estuviera segura de eso, no estarías aquí Srta. Strayer. No me arriesgo con el bienestar de mis pequeños.

Lauren sonrió agradablemente, ligeramente sorprendida por la elección de palabras de la Presidenta. "Mis pequeños"… tan personal. Maternal, Por algún motivo, no pensaba que ella sería así. —Pero me encantaría que pudiera estar relajada y ser usted misma conmigo, a pesar de mi trabajo.— se dirigió a la mujer que estaba cómodamente sentada enfrente de ella, de una manera que bordeaba la sensualidad. —Sé lo difícil que eso será para usted.— añadió amablemente.

Dev se rió, alegre de que su nerviosismo no se estuviera notando. —Bien, porque así,.— estiró la mano sobre su abdomen y, como si fuera el momento apropiado, bostezó ferozmente —soy yo… cansada, hambrienta.— apuntó a varios relojes colgados en la pared, mientras intentaba encontrar la correcta zona horaria —y un poco impuntual.

Es habladora. ¡Gracias, Dios!

—Realmente quería causarte una buena primera impresión. Pero al llegar tarde se estropeó esa idea…

¿Quería impresionarme a mí? Movió la cabeza ligeramente hacia un lado a la vez que pensaba sobre la líder del mundo libre con una creciente curiosidad. —Algunos pensarían eso.— Pero yo no sería una de ellos. Me diste una maravillosa primera impresión, Presidenta Devlyn Marlowe. Pero seguro que ya lo sabías.

—Entonces supongo que lo único que puedo hacer es decir lo siento, y esperar que puedas perdonarme.— La imagen de unos dientes blancos devolvieron la vida a la cara de Dev.

La mente de la escritora no paraba, intentaba tejer un tapiz de palabras que describieran a Devlyn. Y no había ninguna que Lauren pudiera usar para referirse y retratar a la Presidenta Devlyn Marlowe. Carisma. —Creo que bajo estas circunstancias puedo perdonarla, Sra. Presidenta…

—Gracias.— la mujer alta se revolvió un poco en el pequeño sofá y se inclinó hacia delante. Sus manos descansaban sobre sus muslos con los dedos entrelazados. Lo que quería hacer era preguntarle a la escritora por algo de su trabajo, especialmente por unas cuantas obras que había escrito bajo el pseudónimo de Lauren Gallager.

Pero no era la hora de comportarse como una fan loca. Había todavía un problema que solucionar y que Dev había dejado para su encuentro cara a cara. Algo que ella esperaba que diera a su biografía un toque de intimidad y candor que echó en falta en muchas otras. Tan sólo tienes que preguntarle Dev. Lo peor que puede decir es que no. Bueno, eso no es del todo verdad. Se podría reír, acusarte de estar loca y querer empequeñecer su trabajo y después decirte que no. —¿Has llegado a la ciudad esta mañana?— terminó preguntando casualmente.

Lauren negó con la cabeza. —Anoche. El Partido de Emancipación me ha puesto una habitación en el Hotel Hay- Adams.

—¿Y es bonita tu habitación? ¿Quiero decir que si te gusta estar allí?

Una tímida sonrisa intentó dibujarse en los labios de Lauren, pero sintió un atisbo de preocupación en su estómago. ¿A dónde quiere llegar con esto? —Bueno, es de estilo renacentista italiano. No es un motel, pero creo que me acostumbraré.— bromeó.

—Bien… Bien.— Dev, no pilló el chiste. Estaba demasiado preocupada por lo que estaba apunto de proponer. —Yo, um… bueno, de hecho tenía algo más cercano en mente. Quiero decir, que si vas a seguirme en todo momento, deberías estar más cerca. Eso estuvo brillante. Duh.

Unos ojos claros se abrieron como platos. —El Hay-Adams esta a menos de tres manzanas de aquí. Un poco más cerca y estaría viviendo en su bolsillo de atrás.

—Hmmm… es verdad… — Cállate Dev. Dios, no la asustes ahora. —Bueno, quizás no en mi bolsillo de atrás, pero ¿Qué le parece en la residencia conmigo y mi familia?

La boca de Lauren se abrió involuntariamente. —¿Dentro de la Casa Blanca?

Dev sonrió. —He descubierto que dentro de la Casa Blanca se está mucho más cómodo que fuera. Los bancos del parque de ahí afuera apestan.— Cuando Lauren no contestó, Dev siguió presionando. —Mira, si de verdad quieres conocerme y entender lo que hago, vas a tener que acompañarme todo el tiempo. Y no puedes hacer eso muy bien desde el Hotel Hay-Adams. Yo no tengo un horario muy regular. Y, simplemente, no hay suficiente tiempo durante el día para muchas entrevistas personales… — Y, aunque eso era verdad, Dev sabía que si Lauren se lo pedía, ella haría tiempo para ella cuando quisiera.

—Yo, mmmm. Sra. Presidenta, no sé qué decir.— admitió sinceramente. Seguramente eso haría las cosas más interesante, pero Lauren sabía que necesitaba privacidad. No estaba segura de que pudiera aguantar vivir en algo más parecido a una pecera de lo que estaba acostumbrada.

—Vivir aquí es el único modo de conocer realmente lo que hago.— dijo razonablemente. —No es necesario que sea así durante los cuatro años. Sólo hasta que sientas que tienes suficientes conocimientos sobre mi vida en el día a día.— Vamos Lauren, di que sí. Lauren había empezado a mecerse suavemente, y Dev sabía que lo estaba considerando. Continuó para rematar la faena —Quiero una precisa y sincera crónica de primera mano del trabajo de la primera mujer Presidenta de los Estados Unidos. No me tomo mi deber a la ligera, Srta. Strayer. La forma más sencilla para mí de darle completo acceso es tenerla al lado. No quiero correr riesgos.

—¿De verdad desea eso?— Preguntó curiosamente. Darle el control editorial del libro era un riesgo enorme, y ella lo sabía.

Unos ojos azul cielo se detuvieron en los de Lauren con una casi dolorosa honestidad. —Sí, lo deseo realmente.

Lauren encontró difícil desconfiar de las palabras de la Presidenta. Maldita sea. Seguro que eso le viene por su profesión. Pero una pequeña parte de la escritora encontraba esta oportunidad demasiado buena para ser verdad. —¿Y nadie va a susurrarme al oído lo que escribir?

La Presidenta sonrió. No te metas en eso, Dev. Mantén tu boca cerrada. —Te prometo que no te censuraré nada de lo que escribas. Y una vez el libro esté acabado, siempre y cuando nada concierna a la seguridad nacional, no te pediré que hagas ningún cambio.

Puede que haya alguien que te haga peticiones… pero puedes hacer con ellas lo que quieras.

—¿Me garantizas eso?

—Al cien por cien.— A Devlyn no se le había pasado que Lauren no había aceptado todavía la oferta de mudarse a la residencia. Pero estaba pensando sobre ello. Y algo dentro de la Presidenta le decía que a esta mujer no le gustaba ser presionada.

Tocaron ligeramente a la puerta y Dev apartó la mirada de su invitada.

—Adelante.

Una mesa de servicio para dos fue introducida y rápidamente preparada. —¿Algo más, Sra. Presidenta?— le preguntó un joven y rubio camarero.

—No. Ya está todo.— Dev miró a Liza, la cual estaba sonriendo. Era obvio que la asistenta había ordenado comida para dos. La Presidenta le devolvió la sonrisa y le guiñó el ojo. Ella asintió y el pequeño comité abandonó la habitación dejándolas solas de nuevo.

—¿Estás segura de que no quieres acompañarme? Por lo que veo mi petición de un sándwich fue completamente ignorada.— Se rió. —Hay suficiente. Todo el mundo ha estado intentando hincharme estos días.

Dev dio un gran bocado y suspiró de placer.

Lauren suspiró hastiada. —Bueno, si insiste.

Devlyn cogió otro sándwich y le dio otro bocado. El olor a ternera con maíz le llegó hasta la nariz. Liza se ha ganado un aumento de sueldo. Estoy en el cielo.

La escritora mordió el sándwich, e inmediatamente imitó la reacción de Dev. —Oh, dios.— murmuró, lamiéndose las presillas de los labios. —Esto está muy bueno.

Su mente le informó que vivir en la Casa Blanca le daría acceso a la Presidenta, pero crearía un caos en su intento de mantener una distancia profesional con el sujeto. Le dijo a su mente que se callara. Levantó de nuevo el sandwich. —¿Tendré más de estos si digo que sí?

Dev paró de masticar de golpe y levantó la vista de su plato. —Tantos como quieras.— le prometió.

Lauren cogió su servilleta y la extendió sobre sus rodillas. —Entonces prepáreme una habitación Sra. Presidenta. Me parece que va a tener invitada para rato.

—¡Excelente!— La sincera alegría de Dev estaba escrita en su cara. —Y mi nombre es Devlyn o Dev, no Sra. Presidenta…

Sin poder disimularlo, la rubia mujer, sintió como el rubor le subía por las mejillas. —Entonces, por favor, llámame Lauren.

Dev extendió su mano y cuando se encontró con la de Lauren, la apretó firmemente, absorviendo su calor con gran placer. —Es un placer conocerte, Lauren.

—El placer es mío, Devlyn.— contestó Lauren, volviendo a fijarse en su sándwich como si nunca antes lo hubiera visto. —Supongo… que debes querer hacerme tantas preguntas como yo a ti.

Dev sonrió con satisfacción y cogió un pepinillo. —Sí. ¿Cómo puede alguien acumular once multas de aparcamiento en dos días?

Esta vez el rubor de Lauren era muy pronunciado. —¿Cómo… sabías eso?— murmuró avergonzada.

Dev mordió el pepinillo, disfrutando su salado sabor. —¿De verdad tengo que contestar a eso?

Lauren se rascó la mandíbula —No, supongo que no. Bueno, digamos que empezó por un mal día.

—¿Qué terminó dos días después?

Lauren soltó una carcajada. —Algo parecido.— Levantó la botella de agua que estaba en un pequeño cubo con hielo y vertió un poco en un vaso de cristal.

—Yo tuve un día de esos una vez. Duró casi una semana.— Dev intentó alcanzar la cafetera, que estaba mucho más cerca de Lauren que de ella. La escritora rápidamente interceptó las manos de Dev.

—Déjame hacer eso a mi.— Cogió la cafetera y preparó dos tazas, decidiendo que quizás a ella también le hacía falta. —¿Cómo lo tomas?

—Solo. Y espero que esté muy fuerte. Gracias.— dijo Dev mientras tomaba la taza de la mano de Lauren. —¿Y tú cómo lo tomas? Quiero saberlo por si alguna vez te tengo que traer una taza.

—Con crema y dos terrones de azúcar.— Lauren vertió un poco de crema en el café y empezó a buscar una cucharilla, la cual apareció mágicamente delante de su cara. —Gracias.— Sonrió y cogió la cuchara de la mano de Dev. —Pero por alguna razón no puedo imaginarme a la Presidenta de los Estados Unidos preparándome el café.

—Mmm… — Dev asintió. —Tienes razón. La Presidenta probablemente no lo haría. Pero Devlyn Marlowe lo hará.

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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Diciembre 29th 2010, 8:34 pm

Martes, 26 de enero

La reunión de cada mañana con el personal estaba apunto de finalizar cuando Devlyn recordó algo muy importante. —Se me olvidaba. Ayer por la tarde conocí a Lauren Strayer, y de ahora en adelante ella asistirá a estas reuniones. Para aquellos que no lo saben aún… — Todas las personas de la sala miraron al suelo disimulando y Dev suspiró medio decepcionada, pero no sorprendida. —De acuerdo, sois unos cotillas y ya lo sabíais, pero os lo voy a explicar de todos modos. La Srta. Strayer va a escribir todo lo que suceda aquí y además se va a mudar a la residencia hoy mismo. ¿Verdad Miachel?— Dev arqueó desafiantemente la ceja en dirección a Michael Oaks, el cual afirmó resignadamente.

Él había intentado disuadir a la Presidenta, pero esa mujer cabezota no estaba por la labor. Había algo en Lauren Strayer que no le gustaba. No sólo había declinado arrogantemente su oferta en Tenesse, sino que le había dicho algo a Dev que había hecho que la Presidenta pusiera en cuestión sus procedimientos. A parte, lo que fuera que le dijo, había enfadado tanto a Dev que había hecho que transfirieran a su agente de más confianza.

Dev tomó un ultimo trago de su café y depositó la taza en su platillo de porcelana. —La Srta. Strayer empezará su trabajo hoy mismo. Cuenta con todos los privilegios y total acceso. Por favor, tratadla bien.— La última parte del discurso fue pronunciada medio en broma, pero nadie de la habitación dudaba de la sinceridad de su petición. La Presidenta miró a su equipo —¿Algo más?

El jefe de personal observó varias caras de la sala. Algunas eran nuevas tanto para él como para Dev, en cambio otros eran amigos leales.

—Deberíamos anunciar que la Srta. Strayer ha sido contratada para escribir sus memorias.— anunció firmemente la Secretaria de Prensa, Sharon Allen, mientras abría su cuaderno y anotaba unas cuantas ideas. El hecho de que no pareciera muy contenta no se le escapó a Dev. No era debido a que Lauren no estuviera cualificada. Es verdad que era muy joven, pero, a pesar de eso, su trabajo era muy respetado. Su desacuerdo se debía al hecho de que tuviera que vivir en la residencia. La Secretaria de Prensa Allen empezó a sentirse mareada por un sinfín de horribles situaciones que le venían a la cabeza. Alguien un poco más mayor y más gordo habría sido una elección más segura.

—Ooo… Tengo 38 años, no 88. Y esto me hace sentir tan vieja como las montañas.— Dev se hundió en el sillón, arrepintiéndose de haber elegido una falda en lugar de pantalones. —Y el hecho de que vayan a escribir una biografía es una señal de ello.— Le dirigió a la Secretaria de Prensa una mirada suplicante.

La habitación se llenó de risas, y Jane, que estaba apoyada sobre la pared sacudió la cabeza. Dev, a veces, era como un grano en el culo. Que Dios la bendiga.

—Vamos a llamarlo biografía y no memorias, Sharon. No estoy preparada para tener canas todavía.

Todos se levantaron cuando la Presidenta empezó a desfilar por la sala, dispuesta a empezar su atareado día. La puerta se cerró, dejando atrás a Dev, Liza y el Jefe de Personal. David miró a la joven mujer y silenciosamente le pidió un momento a solas con la jefa.

David sonrió cuando ella consultó el reloj. Dev tenía un desayuno con varios miembros de los partidos Demócrata y Republicano, incluido el ulta-conservador Portavoz de la Casa. Casi sentía pena por ella. Tendría el gran placer de reunirse con dos grupos que la criticaban y desconfiaban de ella. David siempre había pensado que la vida habría sido más fácil si Dev hubiera permanecido en el partido Demócrata.

Liza salió del despacho tranquilamente.

—Señora Presidenta.

—Sí, David.— contestó, mientras apoyaba la cabeza en su mano.

—Tengo que decirte que creo que tener a la Srta. Strayer viviendo en la residencia va a causarte problemas, Dev. Una vez la prensa se entere de eso, la van a convertir en algo más que una empleada contratada para escribir un libro.

—Hablas igual que Michael. Y no tengo intención de comunicar a la prensa que está viviendo en la residencia. Pero si eso se convierte en un inconveniente, ya lo solucionaremos cuando venga.

David entornó los ojos. —A la prensa sólo le llevará dos días descubrirlo. Y confía en mí, eso va a ser un problema. Una Presidenta soltera y lesbiana se enamora de una atractiva y soltera escritora…

—Te olvidaste de decir "muy hetero", soltera y muy respetada biógrafa.

David se puso las manos en la cintura —¿Y cómo sabes que es hetero? ¿Se lo has preguntado?

—Uhh… pee… ahh.— Dev intentaba hablar pero no le salían las palabras. —¡¿Qué?!

—Porque he leído el reporte, Dev. Y no recuerdo ninguna información haciendo referencia a su orientación sexual.

—¡Pero estaba casada con un hombre!— exclamó Dev una milésima de segundo antes de cubrirse los ojos con las manos. Dev sacudió la cabeza furiosamente. —Dios, no me puedo creer que haga dicho eso.

David se rió. —Dev el hecho de que la Srta. Strayer, en la actualidad, sea hetero o gay no es el problema. La gente va a pensar lo que quiera, y las dos sois solteras. Dev, tienes tres hijos, y sabes lo que los conservadores harán cuando…

—¡Que se jodan los conservadores!— exclamó muy enfadada. Ella se había cansado hacía mucho tiempo de oír como era pintada como la peor madre desde Joan Crawford. —Sabes que me importa una mierda lo que digan o piensen.

—Pero debería importarte.— insistió David. Él perdía casi siempre que discutían, pero nunca dejaba de intentarlo. —Están ahí fuera, y no se van a ir a ninguna parte.

Dev se inclinó sobre el borde de la mesa. —Además, quizás soy soltera, pero todavía estoy superando la muerte de mi mujer…

Los ojos de David se suavizaron —Lo sé, Dev. Pero estamos hablando sobre la fantasía de la gente, no sobre realidad.— suspiró, preguntándose si debía ir más allá. —Ummm… sabes que Samantha no querría que la estuvieras llorando para siempre.

La voz de Dev se tornó un angustiado susurro. —Lo sé.

David se dirigió hacia la alta mujer y se sentó con ella. —Mira, no quiero discutir. Sé que es importante para ti que ese libro se haga bien… pero cuando esto se vuelva contra ti y te pegue una pata en el culo… y lo hará, yo voy a estar justo aquí para decirte "te lo dije".

—Como siempre.— bromeó ella.

—Exactamente.— le golpeó en el muslo y se sorprendió de tocar carne. ¿Por qué lleva falda? Ella odia las faldas.

—Bueno si trasladar a Lauren a la residencia para que pueda trabajar, es lo peor que se va a volver contra mi, consideraré este como un mes muy afortunado.

—No va a hacer falta un mes.

Dev ignoró el pesimismo de David y se dio la vuelta, cogiendo un par de documentos que Liza le había entregado antes. Ella buscó en sus bolsillos, y David, amablemente, le alcanzó un brillante bolígrafo de metal. —Estamos hablando sobre prensa importante. El Inquisidor y las otras revistas de escándalos no cuentan…

—La prensa importante se hará eco de ello si es lo bastante jugoso. Y los dos sabemos que si tres de esas revistas de escándalos recogen a la vez la historia de Lauren viviendo en la residencia, lo será. Es una ley… como la de la gravedad, o la de Murphy.

Dev se rió para sí misma guardándose el boli de David en su bolsillo —Es verdad, Mister Pantalones Elegantes. Intentaré recordarlo.

***

Lauren se sentó en la cama nueva de su nueva habitación, en su nueva casa… la Casa Blanca. —Wow.—. Movió la cabeza sorprendida, permitiéndose disfrutar de donde estaba y lo que iba a hacer.

Desde noviembre había vivido en un continuo ir y venir para publicitar su última biografía. Eso la había dejado sin tiempo para saber o conocer algo de Devlyn Marlowe. Eso hacía que se sintiera insegura, desconcertada, como un estudiante que no había estudiado mucho para un examen y ahora se tenía que enfrentar a la consecuencias.

Lauren se rió de sí misma por sus preocupaciones. Tampoco es que no conozcas nada de ella… Su cara y esos impresionantes ojos azules han estado apareciendo en tu tele continuamente desde hace seis meses. Pero la escritora tenía que admitir que la Presidenta era mucho más agradable de lo que parecía. Vale, de acuerdo, mucho más que agradable. Divertida, simpática.

Lauren estaba por fin a solas, lo que le dio tiempo para ordenar las fotografías mentales que había sacado desde que conoció a Devlyin. No obstante esperaba poder tomarlas también con su cámara.

La emoción de estar en ese sitio, era la misma que había sentido cuando le fue permitido entrar en las más privadas y sagradas zonas del Vaticano mientras hacía la biografía del Cardenal O'Roarke. Su estómago se revolvió debido a los nervios y la excitación. Pero su tour por el Vaticano había consistido en una visita guiada. Ahora iba a vivir aquí. Al menos por un tiempo. Lauren no pensaba que su necesidad de privacidad le permitiera estar ahí mucho tiempo, pero iba a intentar aguantar el máximo posible.

Su mirada se dirigió hacia unos brillantes muebles de madera de cerezo al Estilo Colonial. La habitación era casi tan grande como todo su apartamento. Aunque no tenía cocina o cuarto de lavandería, tenía más cosas de las que un dormitorio precisaba. Un bar bien aprovisionado, una zona para sentarse con dos sofás separados por una pequeña mesa de café.

La cama era tan alta que Lauren no llegaba al suelo cuando se sentaba en el borde del colchón. Era una cama de dosel, hecha con la misma madera de cerezo que los demás muebles de la habitación. La madera brillaba tanto que Lauren podía ver su reflejo cuando la miraba. Acto seguido la recorrió con un dedo sintiendo la misma satisfacción que siente un niño al dejar sus pisadas en un manto de nieve virgen.

Un esbelto vestidor a juego, una mesilla de noche y un gran armario flanqueaban la cama. En la mesilla de noche, en un bonito jarrón de cristal, reposaban dos docenas de rosas amarillas. Su suave fragancia llenaba la habitación mezclada con el olor a madera pulida. Unas largas cortinas de color crema, que hacían juego con toda la habitación, estaban abiertas y atadas a los lados con un lazo dorado, permitiendo que la luz de la tarde entrara por las ventanas.

Unas cuantas de sus cajas habían sido desempacadas por los criados de la Casa Blanca, después, por supuesto, de que todo hubiera sido propiamente inspeccionado, radiografiado, olido y escaneado… y eso incluía también a su perro, Gremnlin, el cual estaba a los pies de Lauren intentando subir encima de la alta cama.

—Debo estar soñando, Gremlin.— Pero, mira, hablando de presión. —Espero hacerlo bien.— Lauren resopló levantando un poco de pelo rubio de su flequillo. Una risa incrédula le salió de dentro. —Esto es totalmente surrealista.— Los dedos de una mano acariciaban el satín de la colcha de su cama mientras se inclinaba sobre Kremlin para acariciarle detrás de las orejas.

Unos grises se abrieron asombrados cuando observaron el reloj y se dieron cuenta que ya era la hora a la que había quedado con Devlyn para conocer a sus hijos. Se preguntaba si estarían todos alineados como los de la familia Von Trapp esperando inspección del Comandante en Jefe. Ewww… espero que no. Además yo no sé cantar.

Estaba un poco nerviosa. Ella como hija única no estaba preparada para tratar con niños. Además, tener siempre las narices metidas en un libro cuando era una niña no la había ayudado precisamente a ser Miss Popularidad. Era guapa, pero nunca habría hecho algo vergonzoso como levantarse la camiseta y enseñar las tetas a cambio de dos chocolatinas y el asiento de ventanilla del autobús. Una sonrisa se cruzó en sus labios, por supuesto eso habría dependido de quién se lo hubiera pedido y lo buena que fuera la recompensa.

La escritora se levantó y se abrochó el cinturón, despidiéndose casi de los vaqueros porque no creía que fuera a usarlos mucho durante los próximos cuatro años. Después, lo vio de refilón. ¿Debería? pensó por un momento, después asintió. —Creo que tenemos un minuto, Grem, Vamos a llamarlo… — Lauren bromeó. —Esperemos que con esto no le dé a Wayne el ataque al corazón del que lleva preocupado cinco años. Porque seguro que se va a quedar muerto cuando le diga donde estoy viviendo.

La segunda leja de la mesilla de noche se deslizó hacia afuera, formando una pequeña mesa y haciendo accesible el teléfono desde la cama.

La mujer rubia se disponía a dar el comando de voz —telefonear.—, pero se paró cuando echó un vistazo a la elegante máquina. No tenía un registrador de voz. —Huh.— Debe ser un teléfono antiguo. Lo descolgó y se quedó mirando el cordón, estirando de él unas cuantas veces. —Vaya asco de… Vale puedo hacerlo de la forma más complicada.— Volvió a descolgar y se dirigió a pulsar la almohadilla, pero no tenía. De hecho, no había manera visible de llamar a nadie.

De repente una sonrisa iluminó la cara de Lauren. —Maldita sea, Kremlin.— El perro finalmente cogió carrerilla y pudo subir a la cama. Movía rápidamente la cola en señal de victoria y sus ojos se fijaron en la mano de su ama. —Esto es el Bat Teléfono.

Un lígero ruido sonó haciendo la atención de Lauren y Gremlin se dirigiera hacia la puerta. —Hora de ir a conocer a esos humanos en miniatura. Deséame suerte, chico.— lo acarició. —No… tú no puedes venir. Y ten cuidado.— le rogó estirando la almohada que había aplastado —Marta Washington o alguien así hizo eso probablemente. Y no quiero tener que sacar un préstamo para remplazarlo.

El perro se acercó al borde de la cama para seguirla, pero se lo pensó mejor cuando miró hacia el suelo.

—Ah ja. Ahora estás atrapado, ¿eh?— se rió Lauren mientras se dirigía a la puerta. —Te está bien merecido.

Abrió la puerta y encontró a Michael Oaks allí plantado. Lauren se sintió un poco decepcionada. ¿Por qué estaría esperando a Devlyn? Miró por encima de los hombros del hombre negro. —¿Qué? ¿No hay refuerzos esta vez?

Michael dejó pasar su alusión a la visita a Nashville, —El agente del Servicio Secreto asignado a este pasillo está en su puesto, Srta Strayer. Se lo aseguro. No he encontrado ningún motivo para traerlo hasta la puerta.— Se ajustó la corbata. —Por lo que veo está preparada.

—Sí… errr… no… sólo un minuto.— Lauren se dirigió hacia el escritorio situado contra la pared que había enfrente de la cama. Buscando en una mochila, sacó la cámara de fotos y rápidamente le puso un carrete. Esperó a cerrar la tapa de la cámara y añadió. —Ahora sí que estoy preparada.

—No puede… — apuntó hacia la cámara. —Eso no está… — empezó a decir.

Lauren arqueó una ceja. —Acceso total, Sr. Oaks. Esto es para documentación, no para publicación. Y ya tengo el permiso de David McMillian. ¿Tiene usted más poder que él?

—Ehh… por supuesto que no… pero…

—Se acabó.— Volvió a mirar al reloj. —Vamos a llegar tarde. ¿Tenemos que seguir aquí discutiendo esto?— Lauren era consciente de lo mucho que estaba enfadando al ayudante, pero estaba disfrutando cada momento.

Él le dirigió una fría sonrisa. Zorra. —Vamos.— Extendió una mano y Lauren siguió de largo, cerrando la puerta tras ella. Todavía no había dado dos pasos cuando un sorprendente ruido, seguido de un ladrido, se escuchó en su habitación.

Unos ojos grises se cerraron. ¡Ahora no, Gremnlin! Lauren se mordió el labio y se giró hacia Michael, el cual parecía mortificado. —Lo siento.— se disculpó sinceramente. —No está acostumbrado a esto todavía. Permítame calmarlo. ¿O lo puedo llevar conmigo? Sólo vamos a ir unas cuantas puertas más allá a ver a los niños ¿no?

—Pediré inmediatamente una jaula y un bozal.

Lauren se quedó parada y clavó sus ojos en el hombre bien vestido. —Puede pedirlo si quiere. Pero no serán para Kremlin…

—No puede seguir ladrando de esa manera.

Lauren colocó sus manos sobre sus caderas. —Pues lo está haciendo.

—Eso es inaceptable.— gruñó el hombre.

—Estoy de acuerdo. Debería ir a por él.

—No.— respondió Michael immutable

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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  maryjoe el Diciembre 30th 2010, 4:58 pm

esto esta muuuuuuuuuuuuuuuuy interesante.....thank you Jul
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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Enero 1st 2011, 4:18 pm

Lauren suspiró. ¡Dios, ya estaba harta de él y sólo llevaba tres horas viviendo allí! —El apartamento que había alquilado antes de cambiar mis planes permitía mascotas. Gremlin lo está haciendo lo mejor que puede…

—Esto no es un complejo de apartamentos.

—No, no lo es. Y no tengo ningún problema con volver a llamar al dueño del apartamento y ver si aún está disponible.— le contestó. —Mire, Sr. Oaks, tenemos dos opciones. O lo dejo solo y ladra; o lo llevo conmigo y se calla; o… me quedo un rato en la habitación con él hasta que se tranquilice.— Lauren cruzó los brazos sobre su pecho. —Usted elige.

—¡¿Espera que esa… esa cosa se recorra la Casa Blanca de un lado a otro?!— Michael estaba casi gritando.

—No.— respondió Lauren tranquilamente. —Él se va a calmar. Está acostumbrado a viajar, pero sólo lleva aquí un par de horas. Gremlin ha sido registrado, escaneado, vacunado, por no hablarle de ese líquido verde y brillante que le han hecho beber. ¡Lo han radiografiado varias veces, como si hubiera pensando en esconder una bomba nuclear en ese Dog Chow! Es sólo un animal. No se puede esperar que después de haber sido sometido a todo eso no reaccione.— Y con eso volvió a la habitación y se sentó al lado de Gremlin.

—Creía que teníamos una cita.— Dev asomó la cabeza, actuando como si no hubiera oído las voces de enfado. Había estado esperando impaciente a Lauren y finalmente había decidido ir a buscarla. Michael se apartó cuando vio a Devlyn.

Lauren se sobresaltó. —La teníamos… Lo… Lo siento.

—Tranquila.— dijo casualmente la mujer, sintiéndose un poco culpable por su impaciencia infantil. Pero todo el día había estado pensando en la cita de esa noche. ¡Y bien, la noche había llegado! Apuntó con la cabeza hacia la habitación y preguntó —¿Podemos entrar?

Lauren asisntió asombrada mientras Ashley, Christopher y Aaron corrieron delante de su madre sin dirigirle ni una mirada a la escritora. Se dirigieron directamente hacia el perro, el cual bajó al suelo sin problema y empezó a jugar con ellos. —Farsante.— le murmuró la mujer.

—¡Te dije que había oído un perro, Ash!— exclamó Aaron excitado. Sus manos luchaban con las de los otros niños mientras Gremlin se acostaba patas arriba para disfrutar de las caricias que le provocaban un placer orgásmico.

—Espero que no te haya molestado.— le dijó Lauren a Dev, aliviada de que la Presidenta no pareciera enfadada. —Sólo lleva aquí un par de horas y no le gustaba la idea de que lo dejara solo tan pronto.

Dev sonrió a sus hijos y contestó a Lauren sin girar la cabeza —¿Por qué no te lo trajiste contigo entonces?— Dios, sé que ahora van a querer tener un perro. Quizás soy la peor madre del mundo.

Lauren casi soltó una carcajada. Miró más allá de Dev, clavando sus ojos sobre Michael, el cual estaba todavía plantado en la puerta. —Vaya, que gran idea.

Michael se giró sobre sus talones y se fue murmurando, pero nadie le estaba prestando atención.

—Parece que ya te has instalado.— comentó Dev. La habitación parecía la misma de siempre, excepto por unas cuantas cajas sobre el escritorio.

Lauren miró alrededor de la habitación y asintió. —Sí.— Extendió el brazo hacia el sofá. —¿Quieres sentarte?

—Por supuesto.— Dev sonrió a Lauren. —Sabes lo que me gusta el relax, pero creo que antes debo hacer unas presentaciones.— Ambas mujeres miraron a los niños que estaban sentados en el suelo con el perro, riendo mientras este les lamía los dedos.

Sin pensarlo, Lauren cogió su cámara y los enfocó, sacando varias fotos.

—Lo siento.— le dijo Dev —Se suponía que tenían que esperar a mi lado y ser presentados.

—Por favor, no te disculpes.— Lauren movió una mano para quitarle importancia y después depositó la cámara sobre la mesa. —Si yo fuera ellos, también estaría más interesada en Gremlin.

Oh, yo no podría afirmar eso. A mi me pareces muy interesante. —Niños.— Dev levantó la voz y tres pares de pequeños ojos la miraron inmediatamente.

—Oh oh.— murmuró Ashley, levantándose. Christopher y Aaron la imitaron rápidamente, a pesar de que la atención del más pequeño estaba dividida entre el perro y su madre.

—Nos olvidamos de esperar en la puerta, mamá.— admitió Ashley honestamente mientras giraba el pie sobre la alfombra.

—Ya lo sé. Hablaremos sobre eso más tarde.— prometió Dev, pero sus palabras fueron suavizadas por una sonrisa indulgente… — Niños esta es Lauren Strayer. La Srta. Strayer va a escribir un libro sobre mi presidencia. Ya hemos hablado sobre que iba a estar viviendo con nosotros durante un tiempo.

—Encantada de conocerla, Srta. Strayer.— dijo Ashley educadamente, esperando poder arreglar su error anterior. Sus hermanos asintieron.

Lauren sonrió. —Yo también estoy encantada de conoceros… — Ella es una copia de su madre, excepto por los ojos marrones. Apuntó hacia el suelo. —Y ya habéis conocido a Gremlin.

Christopher sonreía tan abiertamente que Dev temió que se rompiera la mandíbula. Inconscientemente tocó las patillas de sus gafas, al observar que Lauren también llevaba.

Lauren se dio cuenta de su contenta mirada y se rió gentilmente mientras caminaba hacia ellos. —Las tuyas son iguales que las mías.— le dijo a Chris.

Chris asintió hipnotizado.

Lauren soltó una carcajada y alborotó el pelo del muchacho que era del mismo color que el de ella.

La cara del niño pequeño se enrojeció y corrió hacia Devlyn, escondiendo la cabeza entre sus piernas.

Lauren se sorprendió —¿Qué he…?

—Es que es un poco tímido.— Dev palmeó cariñosamente la espalda del niño. —No te preocupes.— le dijo, sorprendida por la perpleja mirada de Lauren. Ella no ha estado con niños. Oh, esto va a ser muy interesante.

Aaron se dirigió hacia Lauren y le estiró del pantalón. Lauren se agachó para estar al mismo niverl que el niño de ojos azules. —Quiero hacerte una pregunta muy importante.

Lauren tragó saliva, un poco asustada… — ¿Si?

El asintió solemntemente. —¿Podemos volver a jugar con el perro?

Lauren estalló en carcajadas. —Umm… — Aún no había acabado de decir que sí cuando los niños, incluido Chris, se tiraron al suelo para seguir jugando con Gremlin. Asombrada, la mujer miró a su mascota. Le sacó la lengua al perro —Mimado.

—Pagaría mucho dinero a cualquier empresa para que me acogiera de esa manera.— comentó Dev.

—Desde luego.

Dev se arrodilló delante de Lauren. Estiró una mano hacia el perro. —¡Hey, Hola… Dios!— Apartó la mano corriendo cuando Gremlin le ladró inesperadamente, enseñando dos arqueados y afilados colmillos.

—No. Ese nombre ya estaba cogido.— bromeó Lauren.

Acto seguido, como si no hubiera pasado nada, Gremlin bostezó. Su boca se cerró e, inocentemente, siguió jugando con los niños.

La voz de Lauren se volvió seria y se dirigió hacia su amigo de cuatro patas. —¡Gremlin!— Te has metido en problemas, mierdecilla. —Lo siento mucho, Sra. Presidenta.

—Devlyn ¿recuerdas?

Lauren asintió. —Es verdad. Pero lo siento mucho. Es muy extraño.— frunció el ceño. —Grem quiere a todo el mundo… — Viendo la reacción de Dev, se dio cuenta de cómo debía haber sonado eso. —Pero ha tenido un día muy estresado. Te aseguro que es 100% inofensivo, lo juro. Si normalmente tiene miedo hasta de su propia sombra.

Dev repentinamente le ladró al perro y este pegó un salto y corrió a esconderse debajo de la cama tan rápidamente como sus piernas le permitieron. —Vale, me lo creo.— dijo Dev amistosamente. Nota mental: consultar a David sobre la mejor manera de sobornar a un perro, más gallina que perro, que obviamente me odia.

Dev se levantó del suelo. Había sido un día muy largo y necesitaba algo de relax. Se dirigió hacia los niños. —Creo que ya es hora de devolverle a la Srta. Strayer su privacidad.

—No os vayáis.— se oyó a sí misma decir, bastante sorprendida por la urgencia de su voz. Podía sentir como sus mejillas empezaban a arder.

—De acuerdo.— contestó rápidamente Dev a la vez que se le formaba una sonrisa. —¿Quieres que hablemos mientras los niños juegan?

Lauren asintió y las mujeres se sentaron en los sofás. La mujer joven se sentó primero. Dev luchó contra la necesidad de acomodarse a su lado y se dirigió hacia el sofá de enfrente.

—Es una falda muy bonita.— Los ojos de Lauren recorrieron las piernas de Dev. Debería llevarlas más a menudo. Que piernas más fantásticas.

La voz de Devl la devolvió a la realidad. Era el turno de Dev para sofocarse y esta estiró nerviosamente de la tela. —Gracias.— Devlyn se metió una mano en el bolsillo y estuvo buscando algo hasta que la sacó sosteniendo un envoltorio de aluminio. La escritora percibió un aroma suave.

—¿Quieres la mitad de mi chocolatina?— Dev le pasó un trozo de chocolate.

—¡Claro!— Lauren lo cogió felizmente. ¿Una chocolatina? Gracias a Dios que no estamos en un autobús.

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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Enero 2nd 2011, 11:29 am

Febrero de 2021

Martes, 23 de febrero

Lauren dejó de escribir y se apartó del escritorio. Inclinó la cabeza en gesto pensativo mientras leía lo último que había escrito. No era su diario personal, aunque sus observaciones personales impregnaban el escrito. Ya las quitaría después… o no. Eso dependería del tipo que fueran y de lo que aportaran o no a la historia. De todas formas, lo que estaba escribiendo era notas sueltas de su "sujeto de estudio". Aunque para ser sólo notas ya llenaban tres carpetas bastante pesadas.

La escritora tenía que admitir que su primer mes como biógrafa de Devlyn había sido como una imagen borrosa. Un torbellino de actividad y movimiento, reuniones y compromisos, tratos y sacrificios.

Le había costado 29 días acostumbrarse a levantarse a las cinco de la mañana para empezar el día con Dev. Lauren se quejó bastante cuando descubrió que los lunes, miércoles y viernes, la Presidenta y un grupo de agentes del Servicio secreto se iban a hacer footing. Sonrió para sí misma y empezó a recordar algunos momentos. No era del todo verdad, ellos no hacían footing. Corrían a toda velocidad tres millas como si les ardieran los pies. Su presencia presionó al grupo a reducir un poco la marcha, y Lauren ya conocí a Devlyn lo suficiente como para saber que eso era cosa suya.

La Presidenta abordaba sus deberes con la misma concentrada intensidad con la que hacía todo. Dev trabajaba duro. No le importaba mantener alguna conversación interesante mientras hacía su trabajo, lo cual ayudó bastante a Lauren, ya que gracias a eso podía ser atendida frecuentemente por la Presidenta. Dev, no estaba por la labor de frenar un poco el ritmo y eso hizo que Lauren se empeñara en no decaer. Después de la primera semana de trabajo Lauren dejó de desear que Dev estuviera muerta, para desear que fuera ella misma quien lo estuviera. Pero entonces su cuerpo empezó a aceptar esta nueva demanda.

Los martes, jueves y sábados, Dev hacía ejercicio en el gimnasio privado de la Casa Blanca durante una hora y media, lo cual Lauren encontraba mucho más soportable que correr. En este aspecto incluso había enseñado a la Presidenta un ejercicio o dos. El domingo era el "día de la familia", y Dev " la no perezosa" (Lauren subrayó estas palabras, dibujando en su cara una diabólica sonrisa) no hacía ejercicio —oficialmente.—. Sin embargo hay que decir que la mujer hacía más deporte ese día que cualquier otro, porque siempre daba el día libre a Emma y le tocaba encargarse a ella sola de Ashley, Chris y Aaron.

Dev incluso dormía hasta las siete y medio u ocho los domingos, a no ser que algo importante requiriera su atención. Lo cual había pasado durante los cuatro sábados sucesivos. Pero en defensa de Dev hay que decir, que se ocupaba de esos asuntos antes de que los niños se levantaran o después de acostarlos.

La escritora había descubierto rápidamente que Devlyn estaba siempre trabajando, incluso cuando no lo estaba. Y cuando Lauren podía volver a su habitación y caer agotada sobre la cama, Dev seguía ocupada con una serie de reuniones o llamadas que nunca acababan. Muchas noches Lauren oía desde su cama los pasos de Dev retirándose a su habitación… bastante después de las doce de la noche. Privadamente se preguntaba si alguien podría llevar ese ritmo de vida.

Pero a pesar de lo que ella había decidido llamar "el rollo" había también un montón de momentos placenteros que tenía en su mente y la hacían sonreír con sólo recordarlos. Había conocido a la Dev no presidenta, alejada de la Casa Blanca.

Lauren tuvo una grata sorpresa cuando viajó con Devlyn en la comitiva presidencial. La sorpresa no se la produjo la comitiva en sí. Bueno, de acuerdo, admitió para sí misma, es una gran experiencia sentir como el mundo entero gira alrededor de ti. Pero lo que fue incluso mejor, fue la oportunidad de tener unos minutos a solas con Devlyn. Y, aunque no estaba segura, parecía que Devlyn se sentía igual que ella. La mujer más mayor sonreía abiertamente mientras se dirigían hacia el coche que las esperaba.

Era en momentos como estos, solas en el asiento trasero de la limusina de Dev, cuando ellas disfrutaban de las mejores conversaciones. En el pasado, Lauren siempre preparaba preguntas que anotaba en un cuaderno para hacerles a sus biografiados. Ahora, con Dev, esto no le importaba. La presidenta siempre estaba deseosa de hablar. Era sincera y divertida. Lauren no estaba segura de cómo había pasado pero un día se escuchó a sí misma riéndose y contándole a Dev sobre sus días de instituto. Había olvidado por completo su afán de investigación a la sombra de las risas y la camaradería.

Se estaban convirtiendo en amigas, Lauren podía sentirlo. Y, mientras profesionalmente estaba segura de que era una mala idea, personalmente, no podía encontrar ni un mínimo de voluntad para luchar contra eso. Le gustaba Devlyn Marlowe, y cuanto más la conocía, más la quería conocer.

El tiempo que no ocupaba siguiendo a Dev como un perrito faldero, lo ocupaba en investigar sobre el árbol genealógico de Devlyn. Para ello consultó a varios genealogistas famosos e incluso a geógrafo cultural. Aunque el linaje de Dev no iba a ser el foco central de la biografía, muchos lectores solían apreciar que empezaras por el principio. No obstante, Lauren no iba a ceñirse a una escritura cronológica, se centraría en el presente y aportaría datos e información de todo tipo que finalmente retratarían perfectamente a la Presidenta de América, una mujer única.

Lauren había descubierto un rastro interesante que requería un poco de interés. Todas las evidencias parecían apuntar al hecho de que el re-tatarabuelo de Devlyn era un Nativo Americano, Chipewa para ser precisa, y la escritora sospechaba que Dev podía haber heredado su pelo negro, su bronceado y su estructura ósea, de esa parte de la familia. Parecía ser que esta información nunca había salido a la luz porque, a principios de 1800, la familia Marlowe había ascendido socialmente, y durante el siglo XIX, tener un amante indio era algo que nadie con privilegios habría admitido nunca.

Lauren pasó la página de su cuaderno. Dejó caer el boli cuando observó sus nuevas fotos. Una en particular captó especialmente su atención y la sacó de la funda.

Era de Dev y los niños, tirados por el suelo de la sala de estar de la residencia. Dev sostenía un libro que le tapaba la cara, y los niños estaban sobre ella. Cada uno tenía su cabeza apoyada en una parte distinta de su cuerpo. Les estaba contando un cuento de hadas. Ella había sido invitada a pasar la tarde con la familia y recordaba como ella había disfrutado de la historia casi tanto como los niños. Dev parecía más joven, su cara más relajada y más feliz. Su pelo negro descansaba alborotado sobre la alfombra, y sus ojos azules se fijaban alegremente sobre las sombras creadas por el fuego de la chimenea.

La escritora suspiró sonoramente mientras estudiaba la foto con atención, deteniéndose especialmente en la cara de Devlyn. Tiene unos ojos y unos labios tan interesantes, tan expresivos…

Era una foto bonita. Un retrato de felicidad doméstica que a Lauren le era tan ajeno como confortable. Gran parte de su niñez había sido mediocre. Aunque no se había sentido querida, tampoco se había sentido despreciada. Lo que podía definir su niñez era más bien la indiferencia.

Sus padres estaban tan atrapados en sus roles de "proveedor" y "ama de casa" que nunca se habían apeado de esa rutina interminable. Ellos habían aceptado su lugar en el mundo con tanta estoicidad que no se habían parado a pensar en su felicidad o en la de aquellos que los rodeaban.

Los sueños de Lauren de viajar y estudiar nunca habían sido alentados, pero tampoco frenados. Aprendió muy pronto que esperaban que ella se buscase la vida sola, desprovista del apoyo y el cariño familiar. A pesar de todo eso ella los quería, y sentía recíproco ese sentimiento aunque no fuera mediante palabras.

Había momentos esporádicos de dureza y severidad en su juventud, pero ella no solía pensar en eso. Había crecido y lo había superado, reduciendo el contacto con sus padres a una llamada de teléfono mensual y unas cortas visitas cada vacaciones. Lauren miró la foto otra vez y una agridulce sonrisa se dibujó en su cara durante leves instantes, después desapareció completamente. No. Su niñez no había sido ni parecida a esa.

Comparó la foto de su mano con otras en las que Dev estaba en su papel de Jefa Ejecutiva, exudando poder, intelecto y determinación por todos los poros de su piel. Lauren sonrió asombrada. Cada foto representaba perfectamente aspectos distintos de la personalidad de Dev. Nunca estaba metida en un papel o fuera de él, todos esos aspectos eran ella, no fingía.

Al principio, cuatros años estudiando la vida de Devlyn parecía mas una sentencia de castigo que una oportunidad.

Ahora Lauren se preguntaba si cuatro años serían suficiente.

Viernes, 19 de febrero

—Bien.— David se sentó justo enfrente del escritorio de su jefa sosteniendo unos cuantos periódicos en sus brazos. —Veinticuatro días no es un mes.

Dev ni se molestó en levantarla vista, sólo suspiró y extendió la mano. —¿Qué?— preguntó con una voz que se situaba en algún lugar entre la decepción y la sorpresa.

—Te.— dejó caer una copia del Washington Post en el escritorio delante de Dev —lo.— Lo siguiente que dejó caer fue el New York Times —dije.—. A continuación Los Angeles Times. Finalmente dejó caer de golpe el resto de periódicos que cargaba.

Dev buscó entre ellos hasta que encontró The Columbus Dispatch. —Oh mira. Están intentando adivinar que causó la explosión en la fábrica de pólvora.— Soltó un profundo suspiro. Se mordió los labios mientras se rascaba la cabeza con un dedo en gesto pensativo —¿Podría haber sido… Ohh, no lo sé… la pólvora?

—La mitad superior de la portada, Sra. Listilla.— David desplegó el periódico y apuntó con el dedo y con la barbilla.

Devlyn dio un pequeño recorrido por la página en cuestión —Ah, ¿Te refieres a esa pequeñita columna, de apenas dos centímetros de larga, que anuncia que ha sido contratada una biógrafa?— resopló —Pues qué bien.

—Esa columna es amable contigo porque es un periódico de tu ciudad y lo sabes. El New York Post te está comparando con Bill Clinton y quiere saber si tu y Lauren estáis jugando a las casitas en la Casa Blanca.

Ella sonrió pícaramente —No, pero podías llamar a la Asociación Médica Americana y hacerles saber que no me importaría jugar a los médicos con… — Dev enseguida se mordió la lengua y miró al sorprendido David, que prácticamente tenía los ojos fuera de las órbitas. —No has oído nada.— Le dijo amenazándole con el dedo. —¡Yo no he dicho eso!

—¡Oh, sí que lo he oído! ¡Y… sí que lo has dicho!— Nerviosamente se ajustó la corbata. Esto no era bueno, de hecho era muy malo. —Deeeeeeeev.— pronunció su nombre amenazadoramente.

—¿Qué pasó con Sra. Presidenta? Dios, incluso prefería Wonder Woman a ese Deeeeeeeeev.— Devlyn imitó su tono de preocupación perfectamente.

—¿Qué me estás diciendo con esto?

Su voz era tranquila, y Dev se sintió como un niño pillado con las manos dentro de la caja de galletas… — Nada, lo juro.— En vez de cruzar los dedos cruzó su corazón. —No está pasando nada; no va a pasar nada.— Dev frunció el ceño, incapaz de controlar cómo se sentía ante esa posibilidad. —Ella está escribiendo un libro, y yo soy la protagonista de ese libro. Final de la historia.

—Yo creo que no te quejas demasiado.— Dev apartó la taza de café que había delante de Dev y se inclinó sobre la Presidenta. —Algo está pasando entre tú y Lauren Strayer, ¿verdad?

—No.— ella le miró firmemente.

Él estudió su cara. Le estaba diciendo la verdad, más o menos. —¿Quieres que pase algo entre tú y Lauren Strayer?— David preguntó, eligiendo cuidadosamente las palabras para que no se pudiera escapar.

Los ojos de Dev se abrieron como platos. Ella no esperaba esa pregunta. Maldito seas, David. —No.— Después sacudió la cabeza, sabiendo que eso era una mentira de las gordas. —Quiero decir, sí.— pero eso tampoco era del todo cierto —Mierda, quiero decir… "tal vez ".— Dios hablo como una Demócrata. —No lo sé, David.

La mirada de David se suavizó al observar la confusión y la angustia en la cara de su amiga. Se reclinó un poco, sentándose sobre el borde de la mesa mientras esperaba que Devlyn continuara.

—Sólo sé que cuando estoy en una habitación con ella, me siento como una tonta quinceañera. Pienso en ella todo el tiempo. Me pregunto qué estará haciendo, qué estará pensando.— por qué siempre huele tan bien, qué lleva puesto añadió para sí misma. Dev se sentó, girando el sillón hacia la ventana para observar el cielo nublado. —Creo que he estado sola tanto tiempo que había olvidado cómo era pasar el rato con alguien que te hiciera sentir a gusto… confortable.

—Lauren no quiere nada de mí que no sea hablar sobre mí. Quiero decir que… sé que sólo está haciendo su trabajo. Pero a veces parece algo más. Como si de verdad le importara lo que creo y siento. No es como si me estuviera observando y estudiando para el libro.

David soltó un bufido de frustración: No quería ver a su amiga dolida, y Lauren, sin saberlo, podía acabar con su carrera y con su corazón. Pero, por otro lado, era hora de que Devlyn empezara a vivir otra vez. Samantha había sido el amor de su vida, pero esa vida se había terminado. Dev había empezado una nueva en el momento en que su mujer murió. David estaba de acuerdo con el hecho de que estaba bien volver a sentir de nuevo… incluso aunque el momento y las circunstancias no fueran las mejores del mundo. —¿Se siente uno bien… eh?

Ella asintió sin girarse, pero él pudo observar una frágil sonrisa reflejada en la ventana. —Sí.— admitió suavemente. —Ya lo creo.

David dio la conversación por terminada, lo que no era muy difícil cuando Dev estaba pensando en algo. Se mordió el borde del bigote durante un momento, y cuando iba a hablar de nuevo, tocaron a la puerta y Liza entró en el despacho.

—Siento la interrupción, Sra. Presidenta.— Liza se miró el reloj por octava vez en los últimos cinco minutos. —Es hora de la conferencia de prensa.

—No hagas que esa chica necesite un tranquilizante.— Dijo Jane desde algún lugar detrás de Liza.

Liza sonrió. Jane se atrevía a decirle cualquier cosa a su jefa, y, para Liza, la secretaria de Marlowe era como una diosa de primer orden.

Dev entornó los ojos. —Claro. Por supuesto.— Se giró y cogió su chaqueta de la percha pasándosela a David. Era como un ritual, él la sostenía mientras ella se metía dentro. Acto seguido ella se la abotonaba mientras él le arreglaba el cuello. Era un gesto simple que hablaba del afecto y la amistad que ambos compartían. Dev había hecho lo mismo para él en incontables ocasiones.

La presidenta cogió unos folios de una carpeta negra. —Manda un ejemplar de cada a Lauren.— dijo refiriéndose a los periódicos. —No quiero que esté ajena a esto. Y… ¿Podrías decirle que siento todo esto?

David asintió —Ya lo he hecho. Y le he pedido que no asistiera a la conferencia de prensa hoy. Le dije que la llamarías en cuanto acabara…

—Bueno chico. Sabía que había una razón para contratarte.

—Sí. Mi encantadora personalidad y mi buena presencia.

Dev estalló en carcajadas. Pellizcó a David en la barriga, haciendo que este se arrepintiera instantáneamente de desayunar todos los días en McDonald"s. —No, es porque eres el que mejor lleva todos los asuntos, y ambos lo sabemos.— Dev salió y cogió las tarjetas de Liza con las chuletas y se las metió al bolsillo.

—¿Me estás diciendo que no tengo buena presencia?— Cuadró los hombros indignado y arrugó la nariz.

Dev sonrió —Yo nunca diría eso. Tu mujer me patearía el culo.

—Sra. Presidenta, nos tenemos que ir ya.— le recordó Liza.

***

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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  maryjoe el Enero 4th 2011, 8:53 pm

gracias Jul, me lo estoy pasando pipa con esta historia wink
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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Enero 6th 2011, 4:43 pm

Lauren abrió el papel doblado. Su boca todavía estaba abierta debido al último artículo que había leído. Aunque era imposible, su cara se volvió de un rojo más fuerte cuando divisó las siguientes palabras. —¿Jugar a casitas? ¿El pequeño juguete de la Presidenta?

Hizo una bola con el papel y lo arrojó al suelo donde una cantidad de pelotas similares cubrían los pies de la cama. —¡Aahhhhhhhh… babosos hijos de puta!— Acto seguido observó quién firmaba el artículo y resopló enfadada. —¡Eras una idiota en el instituto, Marjorie! ¡Y lo sigues siendo!

Gremlin aulló y se escondió bajo la almohada de Lauren.

Una voz inexpresiva sonó por toda la habitación. —Tiempo estimado para la conferencia de prensa, un minuto. Activar imagen.

—¡Activación autorizada… ummmm… mierda… 186… emmm, 1868… agh! Pausar activación.

Intentó recordar el número. Michael le había informado de que los cuatros últimos números de su seguridad social eran una contraseña inaceptable y había insistido en que eligiera otra. Lauren aceptó sólo para que se callara y se fuera de la habitación. Se había arrepentido desde entonces.

Cogiendo a Gremlin por las piernas de atrás, lo sacó de debajo de la almohada. —Sal… — acarició una temblorosa pierna mientras seguía intentando sacarlo de donde estaba. —¡… sal de ahí cobarde! ¡No estoy enfadada contigo!

Una vez que lo liberó, lo sujetó bien y le miró el collar. Las tachuelas brillantes se reflejaban en sus gafas. Levantó la voz y leyó su número de licencia. —Activación autorizada 1868GH89ZDC.— ¡Que alguien intente adivinar ese código! Pensó desafiante.

La imagen de video tomó la forma de una impresionante Devlyn, la cual estaba justo al lado de la Secretaria de Prensa Allen, a unos cuantos metros del podio de la sala de prensa, y justo enfrente del escritorio de Lauren. La escritora pensó que la imagen que una vez le había parecido tan vívida e intensa, ahora se quedaba corta en comparación con la mujer real. Además, yo estaba drogada aquella vez.

Gremlin empezó a ladrar a la mujer de pelo negro. Incluso en la mejor de las circunstancias, no podía evitar mostrarse "feroz" con ella.

—¡Para!— Lauren colocó la mano alrededor del hocico del animal y lo puso sobre sus piernas. —Y por última vez, tu no puedes morder eso… es sólo una imagen.

Él le dirigió una esperanzada mirada mientras movía el rabo sin parar.

Lauren entornó los ojos. —No puedes morder a la real tampoco. Ahora tranquilo que va a empezar.— Ausentemente besó la cabeza del animal y cruzó las piernas al estilo indio. —Devlyn se ocupará de esto.— asintió Lareun —Ellos no saben lo que se les viene encima.

Dev se desplazaba hacia adelante y hacia atrás mientras esperaba que la Secretaria de Prensa la anunciara. No podía evitar preguntarse cómo se estaba tomando Lauren esta noticia. Lauren es una mujer razonable y madura. Entenderá que esto es inevitable y que realmente no podía ser solucionado.

—¡Despelléjalos a tiras, Dev!— coreó Lauren.

—Damas y caballeros, la Presidenta Marlowe responderá algunas preguntas sobre los temas que hemos tratado esta mañana… — La Secretaria de Prensa Allen, ajustó el micro al podio para que fuera más cómodo para la altura de Dev.

Dev salió, y las cámaras se fijaron en ella. Cuando tomó su lugar, su mirada inconscientemente se dirigió al lugar donde solía estar Lauren. Aguantando la respiración y esperando que la decepción no se mostrara en su cara, Devlyn saludó a la prensa. —Buenos días.

Murmullos de "Sra. Presidenta"y "buenos días" le respondieron.

Devlyn colocó sus notas en el podio. —Empecemos con el tema del Registro de ADN, ¿de acuerdo?— Apuntó a un hombre de la sala y sonrió. —Pregunta, Bill. Sé que estas deseando saber sobre esto.

El calvo reportero del Chicago Tribune se levantó y ajustó la grabadora, dudando durante unos segundos sobre hacer o no la pregunta. —De hecho, Sra. Presidenta… ¿Qué nos puede decir sobre Lauren Strayer?

Lauren gruñó fuertemente. —Ponlo en su sitio, Dev.

La expresión de Dev se endureció un poco, pero contestó elegantemente. —Es una muy talentosa biógrafa, y estoy encantada de que aceptara a escribir la mía.

—¿Qué?— Exclamó Lauren a la imagen de Dev. Soltó a Gremlin, el cual corrió a esconderse otra vez. —¿Eso es todo?— El tono de la escritora era incrédulo. —¿Eso es todo lo que vas a decir?

Dev hizo un gesto a una mujer que estaba en medio de la sala. —Vamos, Kathleen. Estoy segura de que tu puedes hacerlo mejor.

La corresponsal de la CNN se levantó, apartando un pequeño mechón de sus ojos. —No estoy segura de eso, Sra. Presidenta. Quizá usted podría darnos algunos detalles como… ¿cuándo se mudó la Srta. Strayer a la Casa Blanca? O… ¿Por qué fue instalada en las habitaciones VIP? ¿Por qué en la residencia? No hubo un comunicado a la prensa sobre eso. ¿Qué están escondiendo?

—¡Nada idiota! ¡No estamos escondiendo nada!— Lauren se quitó las gafas y las tiró a la cama.

Dev miró fríamente a la reportera de la CNN. —Sólo porque no comunique cada detalle de mi vida privada a la prensa, no significa que esté escondiendo nada.— añadió Dev.

—Oh, Dios mío.— murmuró Lauren, tapándose la cara con las manos.

La Secretaria de Prensa Allen, que estaba esperando detrás, cerró los ojos mientras soltó una serie de improperios. Se giró hacia David, —Dime que no ha dicho la palabra "privada"

David contestó —No creo que pretendiera decir lo que hemos entendido… — Negó con la cabeza. —Salimos de Guatemala y nos metemos en Guatepeor, amiga mía.

Dev supo inmediatamente que había metido la pata, y no fue sólo porque la sala estallara en preguntas.

—¿Dónde conoció a la Srta. Strayer?

—¿Desde cuándo la conoce?

—¿Cómo es intentar tener una cita como Presidenta de los Estados Unidos?

—¿Es realmente rubia?

Dos ojos claros desaparecieron en el pelo de Lauren. —Nunca tendréis el placer de saberlo, amigos.— contestó enfadada.

Devlyn silenciosamente soportó el aluvión de preguntas. Consideraba que lo que ocurriera en su residencia privada era privado, a pesar del hecho de que Lauren estuviera allí como profesional. Pero ¿Por qué no tengo la impresión de que la prensa piense de la misma manera? ¡Mierda!

—¿Le cae bien a sus hijos? ¿Cómo se sienten ellos ante el hecho de que viva con ustedes?

Con esa pregunta, las mejillas de Dev se encendieron a la vez que soltaba un profundo suspiro justo antes de contestar. —Señoras y caballeros, sé que la Secretaria de Prensa Allen vino aquí y les dio un panfleto sobre cinco partes importantes de la legislación. Estoy trabajando en eso. Vine aquí para contestar preguntas sobre esos y otros asuntos importantes que atañen a nuestra nación.

Los ojos de Lauren estaban clavados en Dev.

—No he venido para contestar preguntas sobre algo que no tiene interés…

—¿Que no tiene interés?Lauren saltó tirando sus gafas contra el suelo —He sido crucificada en todos los periódicos del país, y ¿no tiene interés?— Le gritó al holograma de Dev. —¡Muchas gracias!

Un coro de voces protestó y Dev levantó sus manos para callarlos. —Estoy muy segura, que el pueblo americano está mucho más interesado en cómo pretendo hacer posible que los niños tengan un buen servicio médico. O en si habrá o no un programa de seguridad social cuando acabe mi presidencia.

La Secretaria de Prensa y David se miraron mutuamente, entornando los ojos simultáneamente.

—Y cuando estéis dispuestos a hablar sobre esas cosas, hacédselo saber a la Secretaria de Prensa Allen y volveré. Vuestra actual serie de preguntas es una pérdida de mi tiempo y de dinero público. Que tengan un buen día, damas y caballeros.

Y con eso, abandonó la sala. Necesito ver a Lauren.

***

Lauren estaba sentada en su cama con la cabeza entre sus manos. Su carrera se estaba desmoronando. ¿Qué era una historiadora y biógrafa en la que no se podía confiar para ser objetiva y honesta? Nada. Dios, voy a acabar escribiendo la vida de Ricky Martin. Lo sé.

La mujer rubia oyó como tocaban a la puerta. —Vete.

Devlyn presionó la frente contra la puerta de Lauren. No le importaba si la veía alguien. —Lauren, por favor, dame un momento.

—Has tenido tu momento. Y, si no recuerdo mal, decidiste no hacer ningún comentario.—. Pero a pesar de ella misma, se sentía atraída hacia la puerta. Dio varios pasos hacia ella, pero decidió que aún no estaba preparada para ver a Devlyn. En lugar de eso, se cayó sobre la mesa de café, haciendo que esta se desplomara por su peso.

Devlyn golpeó la puerta varias veces más, el cual había acudido en su ayuda cuando oyó el estruendo. Cuando este había vuelto a su posición, preguntó suavemente. —¿Estas bien?— Dios, es cabezota. —Venga, déjame pasar, por favor. Al menos deja que me disculpe cara a cara…

Lauren se levantó del suelo. Genial. Ahí van a ir a parar mis próximos diez cheques. Espero que a Gremlin le guste la comida para perros sin marca. Su mirada viajó hasta la puerta. Dev parecía sincera. Cruzó la habitación y abrió la puerta sólo un poco. —¿Sí?

Ahora que estaban cara a cara, Dev se encontró sin palabras. Pero al mirar esos brillantes ojos grises la frase le salió rápidamente. —Lo siento.

Lauren sintió una punzada en el pecho cuando vio el arrepentimiento dibujado en la cara de Dev, y luchó contra la urgencia de aceptar las disculpas de Dev inmediatamente. Pero las palabras de la conferencia de prensa estaban todavía en la mente de la escritora. Le dio la espalda a la escritora y caminó por la habitación. —¿Por qué te disculpas por algo de tan poca importancia como la carrera que me he estado labrando durante toda mi vida, Presidenta Marlowe?

Devlyn se estremeció ante el frío tono en el que Lauren pronunció su cargo. Por no mencionar el hecho de que no disfrutaba que sus propias palabras se volvieran contra ella. Paciencia. —Sí.— suspiró. —Sé que eso sonó mal. Lauren, yo no quería decir, ni siquiera dar a entender, que tu carrera no fuera importante. Sólo que era un asunto en el cual el pueblo no tenía porqué inmiscuirse. Lo siento.

Lauren sacudió la cabeza. Las disculpas eran buenas, pero Devlyn parecía no comprender lo que esto significaba para ambas. —Yo observo, escribo lo que veo. ¡No puedo ser un objeto de especulación!— ¿Tan ciega estoy que no he visto esto venir? —Tenías una oportunidad para acabar con todo esto, y no lo hiciste. Me prometiste que me ibas a apoyar, y no lo has hecho. Si no soy creíble, soy inservible como tu biógrafa.— Ni como la de nadie.

La Presidenta se mantuvo firme mientras las acusaciones de Lauren la golpeaban, —¡Tú no eres inservible, y nunca lo serás! Lauren, si yo me tomo esto como algo importante e intento explicarlo, no desaparecerá. Lo mejor que se puede hacer es dejar que siga su curso, y que muera lentamente. Confía en mí, mañana… Bueno vale, quizás no mañana, pero la semana que viene o el mes que viene, esto sólo será un recuerdo, y el mundo se volcará en otros cotilleos…

Dev ignoró los hombros caídos de Lauren y siguió presionando, cuando lo que realmente quería hacer era darle un abrazo. —¿No me has estado observado estos días? ¿No has visto como a veces saltaba de un tema a otro tan rápido que a veces me sentía como un canguro? Si no te has dado cuenta, quizás no eres la persona que buscaba para este trabajo…

La mujer de pelo negro apretó su mandíbula durante unos segundos, después soltó un fuerte suspiro. No quería decir la siguiente frase, pero sabía que tenía que hacerlo. —No estamos implicadas en nada y… bien… por supuesto… no eres una prisionera. Eres libre de marcharte en cualquier momento con las más altas recomendaciones que te pueda ofrecer.

Los hombros de Lauren cayeron aún más, y Devlyn sintió como sus tripas se revolvían ante la certeza de lo que había causado. —Sólo quiero que sepas que siento todo lo que ha pasado. Yo nunca te haría daño intencionadamente, Lauren.— Por favor, creeme.

La escritora cerró los ojos ante las palabras de Devlyn. Nunca había culpado a Dev de lo sucedido, sólo de no solucionarlo de una manera distinta. ¿O sólo estoy decepcionada porque no lo solucionó a mi manera? —¿Marcharme?— susurró débilmente. ¿Quería irse? No. Lo que ella quería era que el día empezara de nuevo, y no tener una pila de periódicos y una sala llena de periodistas, preguntando sobre su moralidad y profesionalidad.

Su enfado empezó a disolverse, y cuando se giró y miró a unos afectados ojos azules, los suyos se llenaron de lágrimas. —Pero no hemos hecho nada malo. ¡No es justo!— Sabía lo infantil que sonaba, pero en ese momento no le importaba. Era la verdad.

Los labios de Dev se curvaron en una sonrisa triste. —Sé que eso es la verdad, y tú también. Eso es todo lo que importa, porque mañana ya no seremos noticia… — Se mordió el labio, pero no podía dejar de hacer la pregunta que le quemaba en la lengua. —¿Sería muy horrible para ti? Quiero decir… que la gente pensara que hubiera algo entre nosotras. Dejando de lado lo del trabajo. Ha sido una estupidez, MArlowe. Si hasta yo estoy confundida.

Lauren negó con la cabeza mientras se le escapaban unas cuantas lágrimas. Se las secó enfadada, odiaba que su primera reacción cuando se enfadaba fuera gritar. La segunda era llorar. Y, para colmo de males, Devlyn había presenciado ambas. —Yo… um… — ¿Le estaba preguntando si le molestaba por el hecho de ser las dos mujeres? No estaba muy segura pero lo supuso. —No es eso.

La voz de Devlyn era ahora más suave. Recorrió los últimos pasos que la separaban de ella, no deteniéndose hasta que estaba lo suficientemente cerca como para observar las brillantes lágrimas que aún reposaban en sus pestañas… — Es duro que todo lo que haces sea observado y estudiado bajo un microscopio. Confía en mí, lo sé. Sólo necesito que creas que lo siento de verdad…

Suspiró fuertemente. —Si te quieres resignar, lo entenderé. Y me aseguraré de que Sharon de un comunicado a la prensa explicando las cosas. Sólo hazme saber lo que quieres. En cualquier caso, si hay algo que pueda hacer, házmelo saber también.

Sus ojos se cerraron, y Lauren se sintió incapaz de romper la intensa mirada de Dev. —¿Es eso… quiero decir… quieres que me resigne?— Nunca había estado tan cerca de Dev y sintió un inexplicable deseo de acercarse incluso más.

Dev negó con la cabeza. —No. Eso es la última cosa que quiero. Lo que deseo es que estés feliz y cómoda aquí.

Lauren asintió. No sabía si todavía era posible, pero estaba determinada a intentarlo. La escritora levantó la mirada. —No me rindo fácilmente, Devlyn.— Se apartó las lágrimas que le quedaban.

Dev movió las manos cuidadosamente, y tan despacio que Lauren pudo notar su temblor. —Ya lo sé. ¿Por qué crees que te quería a ti?

Lauren sonrió cuando unos suaves dedos acariciaron sus mejillas, secando gentilmente sus lágrimas. Se rió nerviosa, inclinándose inconscientemente ante la caricia de Dev.

—¿Hemos discutido?

—Vale. Porque acabo de descubrir que odio discutir contigo.— Dev sonrió, el alivio que sentía la hizo incluso marearse.

Permanecieron ahí, inmóviles durante un momento, y finalmente Dev apartó la mano de la mejilla de Lauren. —A veces, después de discutir con una amiga, un abrazo se agradece mucho.— Dev no estaba segura si se estaba adentrando en terrenos pantanosos con la escritora.

Lauren no necesitó ninguna invitación. Se inclinó rodeando con sus manos la sólida figura de Dev, suspirando aliviada cuando la presidenta la correspondió con un abrazo aún más fuerte. Su cara estaba contra la camiseta de Dev, y su corazón iba a mil. Pero también pudo notar como el pulso de Dev no era muy diferente al suyo. En esa posición tan agradable, respiró profundamente y percibió el delicado perfume de la Presidenta.

Oh, Dios. Devlyn presionó su cara contra el suave pelo de Lauren. Esperaba que la mujer no pudiera sentir su corazón, el cual estaba apunto de salirse del pecho. Apretó a Lauren un poco más y entonces se dio cuenta de que los dos o tres segundos que duraba un abrazo amistoso se habían acabado y tendría que soltar a Lauren. Dev estaba apunto de hablar cuando la puerta de Lauren se abrió. Cuando levantó la vista encontró a Christopher y Aaron plantados mirándola.

La mirada de Lauren voló hacia la puerta y se quedó sin saber que hacer mientras los niños seguían mirando, ignorantes de la tensión que había a su alrededor.

—El perro.— susurró Dev a Lauren en el oído. Su cálido aliento causó un suave temblor en la escritora. —Están aquí por él.—.

Lauren silbó de repente, y Gremlin asomó la cabeza por debajo de la cama. Este vio a Devlyn y ladró.

—¡Gremlin!— Los niños gritaron felizmente.

El perro atravesó la habitación. Pero no sin parar antes enfrente de Devlyn y ladrarle de nuevo. Acto seguido, corrió hacia los niños, quienes inmediatamente empezaron a jugar con él, olvidándose del hecho de que su madre y Lauren estuvieran todavía envueltas en un holgado abrazo.

—¡Es increíble! ¡Gremlin los hipnotiza!

—Es verdad. Mis hijos son esclavos del culto a Gremlin.

Ambas estallaron en carcajadas y se soltaron mutuamente.

Dev observó la mesa rota. —La próxima vez que te enfades conmigo, deberías pegarme a mi. Dudo ser tan valiosa como esa mesa.

—Oh, Dios mío.— Lauren exclamó marcando aún más su acento sureño. —¿En cuanto está valorada?— No es que me interese. Pero seguro que Michael Oaks me pasa una factura, por eso debo saberlo.

Los ojos de Lauren se abrieron de golpe. —Era.— dijo débilmente. Debería no haberme levantado esta mañana de la cama. Bueno excepto por ese abrazo. Me levantaría cualquier día a cambio de uno de esos.

—Sí. Era… — Dev prosiguió. —Oí que le hicieron una tasación el año pasado. Era muy cara para asegurarla.

Lauren pudo percibir una sonrisa en el rostro de Dev. —¿Tasación… eh?— Su tono era escéptico.

Dev se rió. —De acuerdo ¿te haría sentir mejor saber que la compré en un mercadillo cuando iba a la universidad. Pagué por ella cuatro dólares y la pulí yo misma? Vino conmigo desde Ohio.

—¡Tramposa! ¿Significa eso que no voy a tener que vender un riñón?

—Nada de riñón. Pero me debes cuatro pavos.

***

—Vamos entra.— Lauren abrió la puerta de su habitación. Una suave luz amarilla que había dejado encendida iluminaba la estancia. —Te va a encantar esta foto. La saqué a la hora de comer. Estaba dando un discurso al Congreso.

Las cejas de Dev se arquearon a más no poder. —¿Ashley?— Por favor dime que no es Republicana.

Las mujeres se detuvieron delante del escritorio de Lauren. La mujer más baja sonrió y le tendió a Devlyn la foto. —Uhh Huh.

Dev sonrió y mantuvo la foto al nivel de sus ojos, —Por eso lleva puesta mi chaqueta.— La prenda llegaba prácticamente hasta el suelo en el cuerpo de esa niña de siete años. Las mangas le colgaban de modo que las manos eran invisibles. —Es tan guapa.

—Es igual que tú.

Devlyn sintió como el rubor se subía por la cara. —Supongo.— admitió tímidamente, aunque Lauren pudo oír el orgullo que emanaba su voz. —Samantha siempre me decía lo mismo.— Dev se detuvo de golpe como si hubiera dicho algo malo. Sintió un deje de culpa. Se dio cuenta de que no había pensando en Samantha durante días… no había dicho su nombre en semanas. Las lágrimas llenaron sus ojos, saliendo tan rápido que apenas las pudo detener.

Lauren acarició suavemente el brazo de Devlyn. —La echas mucho de menos, estoy segura.— sonrió.

Cuando Lauren se divorció de su ex-marido, no hubo lágrimas. Ella estaba más decepcionada por haber fallado en el funcionamiento del matrimonio que por perder a su marido. Mirando a Dev, Lauren se sintió un poco avergonzada por no haber experimentado nunca la pérdida que evidenciaba la cara de la Presidenta.

Dev asintió —Era una persona muy especial. Pero el mundo sigue su curso.— Aunque me haya tomado mucho tiempo descubrirlo. Sus ojos se clavaron en los de Lauren. —No creo que haya nacido para vivir sola.— Una esperanzadora sonrisa se dibujó en su cara. —Es más divertido vivir con alguien.

—Depende de ese alguien.— dijo seriamente Lauren.

La voz de Dev era igual de seria… — Sí, depende.

Una educada voz femenina rompió el silencio de la habitación, y Lauren miró hacia la pantalla azul. —Llamada entrante del (865) 555-9537. Llamada realizada desde un teléfono móvil. Causa: emergencia.

Lauren contuvo la respiración. Las llamadas de emergencia no sonaban en el teléfono. Una voz automatizada las respondía. Y había tenido el móvil apagado todo el día. Aunque ella llamaba una casa una vez al mes, nunca había recibido una llamada de larga distancia de sus padres. No importándole la presencia de Devlyn en la habitación, aceptó la llamada.

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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  maryjoe el Enero 7th 2011, 5:23 pm

uy como se esta poniendo la cosa!!!!
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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

Mensaje  julia el Enero 9th 2011, 2:10 pm

—¿Lauri?— Una voz de hombre con un acento mucho más pronunciado que el de Lauren irrumpió en la habitación.

—¿Qué pasa, Papá? ¿Es mamá?

Dev rodeó a Lauren por la cintura, uniéndose para recibir malas noticias. Por favor que no se haya muerto nadie. Pidió Dev.

Hubo una larga pausa, después un suspiro. —Ha estado en cama toda la semana. Ya la conoces.

Lauren parecía preocupada, y Devlyn quería preguntarle sobre su madre, pero el padre de Lauren habló antes de que pudiera.

—¡Por todos los cielos, niña! He estado intentando comunicarme contigo desde esta mañana. ¿Sabes que hora eso?

—Sé que es tarde. Acabo de volver a mi habitación…

—¿Es que esa señorita Presidenta no te deja dormir?

Esto lo dice un hombre que se levantaba todos los días a las 4: 30 de la mañana para trabajar —No importa eso ahora, papá. ¿Qué sucede?

—Te diré lo que sucede.— Citó completamente la columna del The Revealer, y las dos mujeres sintieron vergüenza ajena. El periódico había usado la frase "gatita lista y deseosa de sexo". —¡Todo el mundo el mundo está hablando de eso! Nuestro teléfono ha estado sonando todo el día. He tenido que desconectar esa cosa. ¡Y ahora hay un grupo de periodistas aparcado en nuestro jardín y no se van!

—Oh, papa, lo siento mucho. Nosotras nunca quisimos que pasara esto. Y por milésima vez, dile a mamá que deje de leer esa basura.— Aunque no es que los periódicos "respetables" fueran mucho mejor…

—¿Nosotras?— Esa pregunta fue formulada con tanto rencor como era posible. No era posible que esto fuera verdad. —¿A quién te refieres exactamente con ese "nosotras"?

—Ummm… — Lauren intentó decir algo, sintiéndose culpable a pesar de que ni ella ni Dev habían hecho nada malo.

—Niña, ¿estás viviendo ahí? ¿En la Casa Blanca?

—Sorpresa.— añadió dudosa —Os lo iba a decir el próximo fin de semana cuando llamara.

—¿No se lo habías dicho?— Le susurró Dev en el oído.

Lauren se encogió de hombros un poco a la defensiva y se alejó de Dev. Ella había estado fuera cerca de dos años, haciendo la biografía del Cardenal O'Roarke y a ellos nunca les importó en qué lugar estaba exactamente. Nunca le preguntaron la dirección. Estaban contentos con el hecho de tener el número de teléfono, aunque nunca lo usaron. De modo que no se le había ocurrido hacerles saber nada de su exacta ubicación en Washington D. C.

Hubo una pausa mientras Howard Strayer cubría el auricular con su mano. —Os dije que te alejarais de esos arbustos, ¡maldita sea!

Lauren miró a Dev alarmada cuando oyó el inequívoco sonido de su padre cargando la escopeta.

—Sr. Strayer, soy Devlyn Marlowe.— intervino Dev. —Por favor, no dispare a la prensa. Me aseguraré de que la policía local los mantenga fuera de su propiedad.

—¡Sí, claro! Y yo soy el Rey de Francia.

Lauren se tapó la boca, conteniendo una sonora carcajada.

—Yo… um… pero yo sí soy Devlyn Marlowe.— Dev persistió indignada.

—Niña, esto no es cosa de risa. Y para de hacer esa voz tan profunda y grave como si fuera la de un hombre. Creía que eras demasiado mayor para esos juegos.

Dos cejas se curvaron en señal de asombro. Dev se puso las manos en la cintura y susurró —¿Como un hombre?— a Lauren, la cual estaba contendiendo sin éxito la risa.

—Papa, es realmente la Presidenta Marlowe.— dijo finalmente Lauren cuando pudo recuperar el aliento. Se dirigió a Dev. —Di algo mientras estoy hablando, así me creerá.

—Sr. Strayer, de verdad que soy yo. Devlyn habló sobre la renovada risa de Lauren.

—¿No bromea?

—No bromeo.— Replicó educadamente, ahora era ella la que sonreía.

—Bien, entonces Sra. Presidenta, sólo tengo una pregunta que para usted.

—¡¿Qué demonios está haciendo en la habitación de mi hija a las 11:30 de la noche?!

Los ojos de Dev se abrieron ante el tono del hombre.

Oh, Dios.

Domingo, 21 de febrero.

A la escritora le gustaban los domingos. El cuarto domingo en la Casa Blanca transcurría tranquilo y bastante parecido al de una persona normal. ¿Por qué querría alguien un trabajo como este? Nunca había tiempo para descansar. Incluso hoy Dev había tenido que asistir a una reunión sobre la crisis del Medio Este. Este era el tiempo que tenía reservado para los niños y todos querían salir fuera a jugar con la nieve que había caído durante la noche.

El plan de Lauren era quedarse y escribir, a pesar de que sabía que debía sacar a Gremlin pronto a dar un paseo. Lauren estaba arañando un poco de tiempo para ella misma. Sus pequeños ojos grises se posaron en su pequeño compañero, el cual estaba acostado hecho una bola a sus pies.

Un sonido fuera de su habitación proveniente de la ventana de al lado de la cama llamó su atención. Por ella podía ver a Christopher y a Aaron, y a sus respectivos agentes, jugando con la nieve y pasando un buen rato. Los dos jóvenes agentes que les habían sido asignados estaban jugando con ellos, y se podía decir que estaban pasando un rato tan divertido como el de los niños. Notó como varios agentes estaban más retirados, observando sin perder detalle la batalla de nieve mientras bebían un líquido caliente para entrar en calor.

La mujer rubia se levantó para tener una mejor vista del paisaje invernal y se preguntó dónde estaría Ashley. Sus ojos buscaron con más detenimiento y al final se dio cuenta de que la niña no esta allí. —Venga Gremlin, vamos a dar un paseo.

Gremlin se levantó de un salto a pesar de que estaba roncando sólo un par de segundos antes. Estaba preparado para irse al instante, girando alegremente alrededor de los pies de Lauren mientras esta cogía su chaqueta y la correa.

Había varios caminos para llegar hasta el jardín, pero ella eligió la ruta que pasaba por la habitación de los niños y la sala de estar de la Presidenta. Sentada en la entrad, fuera de la sala de estar, estaba la Agente Hamlin. Mientras se acercaban, Gremlin se dirigió a la sala corriendo delante de Lauren. Voy a tener que dejarte aquí cuando termine este trabajo, ¿Verdad, Gremlin?

Cuando llegó a la puerta le escritora se paró, inclinándose sobre el marco y mirando a la niña de pelo oscuro, la cual tenía unos cuantos libros para colorear enfrente de ella. Su abrigo y su gorro, estaban en la mesa al lado de los colores.

Gremlin dio un pequeño ladrido y Asley inmediatamente levantó la vista, saltando de la silla y dejándose caer sobre la alfombra para acariciar al perro cariñosamente. Gremlin estaba encantado y ronroneaba como si fuera un gato. Lauren sabía que el perro se sentía en esos momentos como si estuviera en el paraíso canino.

La mujer se quitó las gafas y las metió en un bolsillo de la chaqueta, sabiendo que al salir se le empañarían y serían poco útiles. Además, eran bifocales y ella realmente sólo las necesitaba para leer y escribir, aunque era más fácil dejárselas puestas todo el día y olvidarse de ellas. —Ey, estábamos apunto de ir a dar un paseo. ¿Te gustaría acompañarnos?

Ashley levantó la mirada y negó con la cabeza. Pero la mirada triste de la niña le dijo más que si hubiera hablado y dado una explicación. Ella entró en la habitación y se arrodilló al lado de Gremlin.

—¿Estás segura?— preguntó amablemente. —Tus hermanos están teniendo una guerra de bolas de nieve. ¿Por qué no estás fuera con ellos?

Ashley miró hacia la puerta pero no dijo nada. Lauren suspiró —Vamos, creo que Gremlin quiere jugar. Y yo estoy un poco cansada de esta mañana. Me harías un gran favor si jugaras con él y lo sacaras fuera.

—¿De verdad?— preguntó interesada mientras el perro le lamía la mano.

—Claro.

—¿Pero no hace mucho frío fuera?

Lauren apretó los labios. ¿Desde cuando a un niño le importaba la temperatura cuando había que salir a jugar? —Bueno, supongo. Pero te abrigarás mucho, ¿Verdad? Y siempre podemos volver dentro si no aguantamos…

—Vale.— La niña se puso contenta de inmediato.

—Bien.— asintió Lauren. —Ponte tu abrigo, los guantes y… — miró la gran cantidad de ropa que había en la mesa —Y todo lo que está en esa pila, yo iré a hablar con la Agente Hamlin.

Ashley no se molestó en contestar; estaba poniéndose las botas a toda prisa.

Lauren se dirigió hacia la puerta. Se asomó y habló muy tranquila —Levanta tu culo de esa silla y prepárate para salir. Ashley y yo vamos a sacar a Gremlin a pasear. No hace demasiado frío para divertirse un poco fuera. ¿Qué piensas que están haciendo sus hermanos en este momento?— Dios, ahora me explico porque Ashley no estaba jugando fuera con su agente. Esta mujer actúa como la mujer de hielo. ¿No es Emma suficiente para ser estricta?

—Pero… — La agente miró a Lauren y su protesta murió en sus labios.

Lauren se giró y vio como Ashley y Gremlin se dirigían hacia ella felizmente. Cuando Lauren y Ashley salieron al pasillo, oyó como la agente decía por detrás de ellas. —La princesa y Súper Ratón están en movimiento. Nos dirigimos a sacar al perro a pasear.

¿Súper Ratón? ¡Súper Ratón! Oooooo… Devlyn Marlowe, espero que ese apodo no haya salido de ti. Después se rió recordando el nombre que David había propuesto para que el Servicio Secreto llamara a Devlyn. Mientras Lauren seguía a Ashley y a Gremlin esperaba que su apodo no le encajara tan bien como a Devyln el suyo. Espero que tu reunión esté yendo bien, Wonder Woman.

Viernes, 26 de febrero

Estaban sentadas en la sala de estar de Devlyn. Cansadas. Lauren miró su reloj. Eran casi las donde de la noche, y ellas habían estado en pie desde las cinco de la mañana. Llevaban casi 20 horas levantadas. Miró la cara de la mujer que había enfrente de ella, la cual daba un sorbo de su vaso de leche.

Dev pasó un plato de galletas a Lauren. Suspiró y extendió una pierna sobre la mesa de café. La chimenea estaba encendida, pero Dev no creía que las llamas fueran las responsables de las sombras que apreciaba bajo los ojos de Lauren. Había sido un día duro y ella misma estaba que no se tenía en pie. —¿Cansada?— preguntó retóricamente.

Lauren la miró como si estuviera loca, pero contestó la pregunta de todos modos. —Dios, sí. Estoy muerta.— La escritora miró su vaso de leche sin ganas. No había bebido leche desde que era una niña. ¿Cuál era la obsesión de Emma con este líquido? Cuando ellas entraron en la sala, la mujer mayor, con el pelo lleno de rulos, les dio un vaso de leche a cada una y acto seguido se fue a la cama sin pronunciar palabra. Era muy rara.

—No sé cómo haces esto cada día. Y no sé como puedo seguirte.— dijo la escritora —No estoy segura de cómo vamos a sobrevivir cuatro años.— Cogió un par de galletas Oreo y las puso en sus piernas, sin importarle un pepino que estas mancharan su falda de color crema. Para eso inventó Dios el lavado en seco. Le devolvió el plato a Dev.

—De hecho hoy fue un poco más duro de lo normal, y lo sabes. El pequeño ataque del Secretario de Defensa fue inesperado, y eso trastocó totalmente mi agenda…

—Ese hombre.— Lauren abrió una Oreo chupando la crema y quitándola con los dientes —es un idiota.

Dev asintió, metiendo su galleta en la leche hasta que quedó bien empapada. —Me odia.

—Entonces es más idiota de lo que pensaba. ¿Por qué te odia?— Lauren gimió un poco mientras bebía su leche. ¡Estaba buena!

—Por que sí.— Devlyn metió rápidamente la galleta mojada en su boca, —y… estas son sus palabras no las mías: —Dev imitó el profundo acento de Boston —es más falsa que un billete de tres dólares.

—¿Toda esa basura de hoy era porque eres gay?

La mujer alta resopló. —Muchas personas me odian porque soy gay.— dio un trago de leche y una diabólica sonrisa cruzó sus labios, causando que la leche se saliera de la boca. Dev se inclinó un poco y susurró en tono de conspiración —Quiero que el Tesoro Federal imprima billetes de tres dólares solo para joderle.

Lauren estalló en carcajadas y sólo fue capaz de evitar regar a Devlyn de los trozos de galleta que salían disparados de su boca, colocándose la mano delante. Una sonrisa se dibujó en sus labios. —No deberías querer empezar con algo tan drástico. Quizás podrías empezar con algo un poco más pequeño. Por ejemplo con sellos para coleccionar de Devlyn Marlowe en un fondo arcoiris… — Yo me compraría hasta el álbum. Después la cara de Lauren se volvió seria —¿Por qué tener un miembro del gabinete que te odia?— Miró envidiosamente los pies descalzos de Dev.

Dev, notándolo, movió alegremente los dedos de los pies. —Quítatelos. Ah, y ya que lo has dicho, tienes que estar muerto para que pongan tu cara en un sello. No le voy a dar esa satisfacción.

Rápidamente, Lauren se quitó sus zapatos. Suspiró aliviada ante la sensación del suave y frío parquet contra sus calcetines.

—Venga.— la animó Dev moviendo sus dedos otra vez —Es mucho mejor si los pones encima de la mesa.

—¿Estás segura?

—Oh, por favor. Esta no perteneció a George Washington tampoco.— Se inclinó y agarró los tobillos de Lauren.

La joven mujer gritó ante esas inesperadas manos frías.

—Lo siento.— Dev apuntó al vaso de leche fría que había estado sosteniendo. —Mis dedos no suelen estar fríos.

Lauren recordó su abrazo de la semana anterior. —Lo sé.

—Ahora, volviendo a tu pregunta.— sonrió Dev, mirando sus pies que estaban unos al lado de los otros en la mesa. Tiene unos pies muy bonitos.

—¿Sí?— le animó Lauren, preguntándose por qué Dev estaba mirando sus pies.

—¿Por qué tengo un miembro en el gabinete q me odia? Bien, costó mucho, y quiero decir mucho traerme hasta aquí. Accedí a poner a gente en puestos importantes a cambio de apoyo al Partido de Emancipación. Eso me ayudó a obtener la Presidencia y a tener que aguantar cuatro años a idiotas como el Secretario de Defensa Brendwell. La política es un juego, y así es como se juega… — Dev mojó otra galleta en leche.

—Ya entiendo.— contestó Lauren pensativa. Pero no lo entendía realmente. Al menos no a este ese preciso momento. —Entonces no sólo tienes que luchar contra los Demócratas y Republicanos… sino que tienes que preocuparte de tu propia gente también…

—Bueno, más o menos. Mi partido me apoya ahora. Sería estúpido que no lo hiciera. Se han hecho muchos sacrificios a lo largo del camino. Tenemos más enemigos alrededor que amigos. La clave aquí son los amigos que tenemos. David por ejemplo. Él es Demócrata.— suspiró —Él es mi hombre para los acuerdos. Puede cruzar de partido a partido y no parecer un falso. Le confiaría mi vida.

Lauren mostró su acuerdo. Si el pueblo supiera la influencia que David, o incluso Jane, tenían, a América le habría dado un colectivo ataque al corazón. Pero Washington era como un tiburón mortífero, y Devlyn necesitaba varios amigos tiburones que nadaran en sus aguas para asegurar que no fuera comida viva. Lauren giró la cabeza viendo como la Presidenta se comía lo que debía ser su vigésima galleta.

Dev paró a mitad de bocado. —¿Qué?

—Tú nunca has tenido que preocuparte por tu peso ¿Verdad?— preguntó envidiosa —Creo que te odio.

Aprovechando la oportunidad, Dev miró detenidamente el cuerpo en forma de Lauren. —No creo que tengas nada de lo que quejarte, Srta Strayer.— se burló —Confía en mí, con lo que nos movemos, muy pronto aprenderás a comerte todo lo que te pongan delante sin importarte lo que sea. Y ni siquiera engordarás un gramo. De hecho, ya has adelgazado un poco ¿no?

Lauren parpadeó sorprendida —Sólo un kilo.— arqueó una ceja. —¿Estás espiando mi báscula?

—No.— se rió Dev. Sólo noto cualquier cosa que te pase. —Pero esa es la mejor parte de estar aquí. De pronto, toda la comida es buena. Necesitarás toda la energía extra que puedas encontrar para superar días tan maratonianos como este.— Cogió otra galleta y se la metió en la boca. —Además, no tengo que molestarme en vigilar mi peso. Toda América me está vigilando. 320 millones de personas están interesadas en lo que engordará mi culo durante cuatro años.

Lauren hizo una mueca. —Bueno, toda América puede estar mirando tu culo. Pero nadie está mirando el mío.

Dev sonrió. —Yo no afirmaría eso.— En menos de una décima de segundo, su cara se volvió roja como un tomate y se tapó los ojos con las manos. —Yo… ehh… Yo… — Dev se frotó la cara, intentando borrar su rubor. —Yo… no quería decir algo fuera de tono como eso. A veces me pregunto cómo he llegado hasta donde estoy. David tiene razón: abro la boca y meto la pata.— Preocupada miró entre los dedos y vio una sonrisa indulgente dibujada en la cara de Lauren. —Lo siento.— dijo sinceramente Devlyn queriendo patearse ella misma el trasero. Acto seguido se descubrió los ojos completamente. ¡No recuerdo haber estado tan avergonzada en toda mi vida!

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Re: Señora presidenta, Blaine Cooper y T.Novan

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